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Adolfo León Gómez, el desterrado (1858-1927)

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1 Adolfo León Gómez, el desterrado (1858-1927)

ALFREDO MOLANO JIMENO

Trabajo de grado para optar por el título de: Historiador

Director Rigoberto Rueda

PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA Facultad de Ciencias Sociales

Carrera de Historia Bogotá D. C.

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2 ARTÍCULO 23 DEL REGLAMENTO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD

JAVERIANA

“La Universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por los alumnos en sus trabajos de grado, sólo velará por que no se publique nada contrario al dogma y la moral católicos y por que el trabajo no contenga ataques y polémicas puramente personales, antes

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Bogotá D. C.

Febrero 4 de 2013

Señor

GERMÁN MEJÍA PAVONY

Decano Académico

Facultad de Ciencias Sociales

Pontificia Universidad Javeriana

Respetado decano:

Me permito presentarle el trabajo de grado titulado: “Adolfo León Gómez, el desterrado” para optar por el título de historiador.

Este texto recoge la vida de Adolfo León Gómez (1858-1927), un escritor, periodista, abogado, historiador y político colombiano que figura como una de las personas más importantes del país a finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, su historia ha sido desterrada tal y como lo fue él en vida.

Declaro conocer y aceptar el reglamento y las disposiciones de los trabajos de grado en la Carrera de Historia de la Pontificia Universidad Javeriana.

Atentamente,

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4

Bogotá D. C.

Febrero 4 de 2015

Señor

GERMÁN MEJÍA PAVONY

Decano Académico

Facultad de Ciencias Sociales

Pontificia Universidad Javeriana

Me permito poner a su consideración el trabajo de grado titulado: “Adolfo León Gómez, el

desterrado”, realizado por el estudiante Alfredo Molano Jimeno, bajo mi asesoría, para optar por el titulo de comunicador social con énfasis en periodismo.

El trabajo abarca la historia de Adolfo León Gómez, un importante periodista, político y abogado de finales del siglo XIX y principios del XX.

Declaro conocer y aceptar el reglamento y disposiciones de los trabajos de grado en la Carrera de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana.

Atentamente,

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6 Tabla de contenido

INTRODUCCIÓN 8

CAPÍTULO I. ADOLFO LEÓN GÓMEZ EN SU TIEMPO 15

La educación 16

La justicia como profesión 18

Guerras civiles de finales del Siglo XIX 20

La Regeneración 22

La Guerra de los Mil Días 27

La pérdida de Panamá y el quinquenio de Reyes 27

Entre el periodismo y la política 30

De la fama al leprosorio 31

CAPÍTULO II. EL POLÍTICO 36

Reintegración 37

Patria y Patriotismo 38

Raza, Unión Suramericana y antiimperialismo yankee 39

Partidos 42

Costumbres políticas 45

El republicanismo 47

La funciónpública de Adolfo León 54

CAPÍTULO III. ADOLFO LEÓN, PERIODISMO E HISTORIA 61

Censura de prensa y delito de opinión 61

Sur América, la tribuna de León Gómez 63

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El cuarto poder 68

El periodismo, la última etapa de Adolfo León 68

Adolfo León Gómez, el historiador de sus ancestros 70

Diego Fernando Gómez desde la intimidad 74

El Tribuno de 1810, la muestra historiográfica de León Gómez 76

CONCLUSIONES 81

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8 INTRODUCCIÓN

Adolfo León Gómez es uno de los precursores del periodismo político en Colombia.

Desciende del tronco familiar de José Acevedo Gómez, más conocido como el “Tribuno del Pueblo de 1810”, y a la vez es tío abuelo del asesinado candidato presidencial del M-19, Carlos Pizarro Leóngomez. Su vida pública contiene una gran variedad de facetas: abogado que llegó a la Corte Suprema de Justicia; político que alcanzó una curul en el Congreso de la República; historiador fundador de la Academia Colombiana de Historia y propietario del periódico Sur América. La historia de este intelectual, tan reconocido en el siglo XIX, no ha sido recopilada y hay muy pocos escritos sobre él. Apenas existen unos escritos familiares publicados en bajo tiraje y pequeñas menciones en artículos y libros sobre la Colombia de la segunda mitad del Siglo XIX. Este trabajo pretende reconstruir tres facetas de la vida de Adolfo León Gómez: el tiempo que vivió y el desarrollo de su vida, sus ideas políticas y su oficio periodístico e historiográfico. El objetivo de este trabajo es construir un relato biográfico de la vida de Adolfo León Gómez, abordado por facetas.

La vida de Adolfo León Gómez es una de las grandes deudas de los historiadores de los siglos XIX y XX en Colombia. En la mayoría de casos existen menciones tangenciales sobre algún episodio de su vida pública, pero poco se sabe sobre su perfil humano, político o periodístico. Los trabajos que ofrecen una semblanza de Adolfo León Gómez son textos familiares, que no alcanzaron un lugar en los estantes de las bibliotecas públicas y que permanecen diseminados entre sus innumerables descendientes o algunos historiadores que no se han dado a la tarea de brindarle un lugar en la historia del país. Es el caso del libro titulado Semblanza de Adolfo León-Gómez1, escrito por uno de sus hijos. En este se hace un breve repaso de su vida. Es un texto de 29 páginas que, a pesar de ser corto, es lo máximo que se ha escrito sobre Adolfo León.

Otro de los trabajos que he encontrado sobre el personaje es un breve texto escrito por Efraím Otero –esposo de una de las nietas de Adolfo León–, quien para acceder como numerario de la Academia Colombiana de Historia hace una breve presentación sobre Adolfo León. Efraím Otero presenta a León Gómez como abogado, historiador, político, poeta y cofundador del Republicanismo. La tesis del libro de Otero –quien es médico de formación– es que Adolfo León (1858-1927) fue un perseguido político y que su destierro al lazareto de Agua de Dios (1918) se debió a las continúas críticas que hacía a los gobiernos colombianos por la pérdida de Panamá y la sospechosa relación que sostenían con Estados Unidos.

Otero brinda un breve recuento de la vida de Adolfo León Gómez y deja una serie de indicios de los textos que sobre él se han escrito, sin embargo, ninguno de estos se ha podido encontrar. Refiere la existencia de una tesis de pregrado elaborada en 1972 por Alegría Navas Bernal para la facultad de comunicación social de la Universidad Javeriana. El trabajo de grado no aparece en la Biblioteca General ni se ha encontrado el rastro de él. Otero también afirma que existe una biografía inédita escrita por Alberto Leongómez Amador –hijo de Adolfo–, pero tampoco ha sido posible acceder a ella.

1Leongómez Amador, Jorge. Semblanza de Adolfo León-Gómez. Talleres gráficos Montoya y Araujo. Bogotá.

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Otro de los trabajos hallados es la antología poética de Adolfo León Gómez, compilada por Mario de Jesús Muñetón López y publicada en 1992. El título de poeta es uno de los que con mayor frecuencia se le ha asignado a Adolfo León, dejando de lado su obra política y periodística, sobre la cual este trabajo de grado pretende profundizar. Al respecto, uno de sus nietos, Alberto Leongómez Herrera –hijo de Jorge León Gómez–, escribió en una carta enviada al diario El Tiempo en 1999 pidiendo se rectifique una información sobre su

abuelo. “Puesto que desde hace mucho tiempo la rara vez que se le otorga algún crédito o se le menciona públicamente es para decir que fue un „poeta colombiano muerto en Agua de Dios‟, es importante aclarar que ni fue poeta ni fue leproso”, alega.

La mayor fuente de información sobre Adolfo León Gómez fue publicada por él mismo en su periódico Sur América y en una serie de libros como: Poesías (1890); El soldado (1882);

Secretos del panóptico (1905); Ofrenda a la Patria en el centenario de su independencia

(1910) y La ciudad del dolor, (1925), entre muchos otros. También existe una saga de textos de carácter autobiográfico como Hojas dispersas, publicado en 1913, y Al través de la vida (1917).

El lugar que le han dado los historiadores y los académicos a Adolfo León ha sido mínimo. Sólo figura mediante pequeñas menciones en textos sobre el periodismo del siglo XX en Colombia o en artículos que cuentan someramente aspectos puntuales de su vida. Es el caso de Luis Fernando García Núñez2, quien en la revista Credencial Historia, publicada en marzo de 2008, ilustra las anécdotas más conocidas de la vida pública de León Gómez y exalta algunos apartes de sus libros más conocidos. Se trata de una reminiscencia que conmemora el siglo y medio del nacimiento de Adolfo León.

Otra referencia aparece en el texto “El Grito de Irreverencia del Gil Blas”, escrito por

Maryluz Vallejo3 para la revista Estudios Sociales de la Universidad de los Andes, en el que sostiene que Adolfo León fue condenado a muerte por el atentado del 10 de febrero de 1906 contra Reyes, por lo que huyó de Colombia protegido por un cura influyente. Esta misma autora hace otras referencias de Adolfo León en: A plomo Herido4.

En el libro Memorias de un país en guerra. Los Mil Días 1899-1902, editado por Gonzalo Sánchez y Mario Aguilera, figura un fragmento de Secretos del Panóptico, y en la reseña

que se hace del autor afirma que fue un “abogado, dirigente liberal, parlamentario, diplomático y periodista”5.

El historiador Roberto Velandia también brindó a Adolfo León un párrafo en la

Enciclopedia histórica de Cundinamarca6, en la que escribió: “Adolfo León Gómez,

jurista, escritor, periodista, historiador, polemista, uno de los fundadores de la Academia Colombiana de Historia en 1902. Por su exaltado liberalismo y sus críticas al Gobierno fue

2 García Núñez, Luis Fernando. Anécdotas y dramas: los sufrimientos de Adolfo León Gómez. En: Revista

Credencial Historia. Edición 219. Marzo de 2008

3 Vallejo Mejía, Maryluz. El grito de irreverencia del Gil Blas. En: revista Estudios Sociales de la

Universidad de los Andes. 19 de julio de 2010.

4 Vallejo Mejía, Maryluz. A plomo herido. Planeta. 2006.

5 Sánchez y Mario Aguilera (Editores). Memoria de un país en guerra. Los Mil Días 1899-1902.Editorial

Planeta. Bogotá. 2001.

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10 perseguido y encarcelado en el Panóptico de Bogotá tres veces”. En dicho texto, en el capítulo dedicado a Agua de Dios, Velandia escribe: “En Agua de Dios han sido recluidos

Ilustres personajes, entre ellos el célebre político, historiador, escritor, jurista y poeta

Adolfo León Gómez, fallecido allí el 9 de junio de 1927”.

Lo mismo hizo Mario Aguilera en Insurgencia urbana en Bogotá motín, conspiración y guerra civil 1893-1895, quien califica a Adolfo León como un liberal y cita algunos extractos de Secretos del panóptico. Otra pequeña mención se le hace en el Diccionario de Escritores Colombianos, escrito por Luis María Sánchez López, en el que figura como nacido en Pasca, Cundinamarca, el 19 de septiembre de 1857, y muerto en Agua de Dios, el

9 de junio de 1927. “Abogado, parlamentario, político, diplomático, académico, dramaturgo, comediógrafo, cuentista, fabulista y poeta”7, escribe el autor, quien a su vez lo

define como: “escritor fecundo y vate tierno, melancólico y sentimental: cantor del dolor y de la tristeza en forma clara y sencilla; poeta popular. A sus poemas Las noches de Agua de Dios y Muertos que lloran se les adaptó música.

Ya en los archivos de prensa se pueden encontrar algunas otras cosas. El periódico Sur América aparece casi completo en la Biblioteca Nacional. En el archivo de El Tiempo

también aparece un texto relevante. Fue publicado el domingo 30 de marzo de 1926 y se

titula “La Pesadilla de Agua de Dios”8. Se trata de una entrevista que hace “El pasajero” en la que León Gómez cuenta su experiencia en el leprocomio, las razones que lo llevaron allí y las penas que ha sufrido en lo que denomina presidio. En la búsqueda de archivos figura que quien realizaba dicha entrevista es llamado Adolfo López Gómez.

Salta a la vista que hasta hoy es muy poco lo que se sabe de Adolfo León Gómez. Que la mayoría de textos que lo mencionan lo hacen como liberal o como poeta. De manera que es mucho lo que aún falta por desentrañar de este apasionante personaje de la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

Para rastrear la vida de Adolfo León Gómez fue necesario hacer una exhaustiva búsqueda en las bibliotecas públicas y privadas. Sus textos se ubican en colecciones de restringido uso por tratarse de documentos irrecuperables, sin embargo, en la Biblioteca Nacional reposa un importante número de escritos del desaparecido periodista. Por ejemplo, se encuentra la colección de periódicos Sur América; otra copia se encuentra en los anaqueles del centro de documentación Caro y Cuervo, en Hierba Buena.

Esta investigación trabajará a partir de sus escritos; sus tres libros principales, en los que da cuenta de detalles de su vida y expresa sus principales ideas políticas; el periódico Sur América, del que fue director hasta sus últimos años de vida y algunos trabajos, de índole familiar, que cuentan detalles de la intimidad de León Gómez. De igual manera, se siguió la genealogía familiar del personaje y se entrevistó a sus descendientes; nietos en su mayoría, con el propósito de desentrañar la memoria familiar de este personaje

Aunque Adolfo León imprimió algunos ejemplares de Secretos del Panóptico o de La Ciudad del Dolor, dos de sus obras más conocidas, estos textos conocieron la luz en el periódico Sur América. De ahí la importancia de revisar estos extensos documentos. Los

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libros fueron revisados en función de reconstruir cronológicamente la historia de su autor. Se identificaron fechas claves: su nacimiento, su grado, su matrimonio, año de publicación y ciertos momentos que cobrarían relevancia en su vida.

Al mismo tiempo se avanzó en la identificación de sus descendientes. Sus nietos, hoy en avanzada edad, me abrieron las puertas de sus casas. Gloria Leóngomez y Adolfo Leóngomez me suministraron información básica sobre la vida de su abuelo. Mientras que Alberto Leóngomez me permitió conocer algunos textos que sólo su familia conserva. Como una breve biografía familiar, escrita por Jorge Leongómez9 Amador, uno de los hijos menores de Adolfo.

Todos los textos fueron leídos con el entusiasmo de reconstruir la vida del personaje. De ellos se extrajeron fechas y nombres que permiten establecer un contexto histórico y otro social. Al mismo tiempo se identificaron los escritos que pudieran dar una idea de Adolfo León en tres ámbitos: el histórico; su oficio periodístico y finalmente, todo lo relativo a su pensamiento político y personal.

Después vino la búsqueda de menciones en autores que trabajaron la época en que vivió Adolfo León Gómez. Incluso, entrevisté a sus autores para conocer qué tanto conocían del personaje. Lamentablemente la búsqueda fue bastante estéril. Mario Aguilera hizo alguna mención un uno de sus libros10; Mariluz Vallejo le dedicó una página en su historia del periodismo11 y Gonzalo Sánchez apenas si ubicaba su nombre como el de un poeta del siglo XIX. Acudí entonces a la Academia Nacional de Historia. Allí figuraba una ponencia escrita por el médico Efraím Otero –esposo de Gloria, nieta de Adolfo León- dedicada al abuelo de su conyugue; también me ofreció su versión el presidente de la ANH, Juan Camilo Rodríguez12, quien conocía muy poco de la obra de León Gómez.

De las entrevistas con familiares de Adolfo León conseguí reconstruir la memoria familiar sobre nuestro objeto de estudio. Conseguí anécdotas que sus hijos han contado a sus nietos y que hoy hacen parte del patrimonio familiar. Establecí las razones por las que los hijos de León Gómez utilizaron sus apellidos unidos y conseguí algunos relatos de cómo vivieron los hijos del intelectual una vez este fue recluido en el leprosorio de Agua de Dios. Las entrevistas me ofrecieron un panorama de Adolfo León visto desde la actualidad y desde la memoria oral. Y al mismo tiempo, me permitieron acceder a documentos inéditos que de otra manera no hubiera conocido jamás.

De igual forma, vale la pena advertir que muchas de las apreciaciones de sus familiares fueron tomadas con beneficio de inventario, pues en la mayoría de los casos no conocían más que por oídas la historia de su abuelo. En muchos casos su versión de lo sucedido está atravesada por la idealización de su familiar, asignándole virtudes y desconociendo defectos. La principal conclusión que extraje de las fuentes orales –tanto familiares como de expertos- fue que existe un desconocimiento casi total de la obra de Adolfo León

9 Leongómez Amador, Jorge. Semblanza de Adolfo León-Gómez. Talleres gráficos Montoya y Araujo.

Bogotá. 1987.

10 Aguilera, Mario. Insurgencia urbana en Bogotá motín, conspiración y guerra civil 1893-1895. Colcultura.

1997

11 Vallejo Mejía, Maryluz. A plomo herido. Planeta. 2006.

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Gómez. Hasta hoy, no se ha encontrado una persona que tenga un conocimiento integral sobre el personaje. Algunos conocen un libro, otros recuerdan alguna anécdota y la gran mayoría le asigna roles que no corresponden a su carácter. Por fortuna, Adolfo León fue un prolífico escritor que detalló su vida a lo largo de cientos de Hojas dispersas13.

La perspectiva conceptual de este trabajo es la biografía. Un género que el escritor francés Francois Dosse, caracterizó como un ejercicio que se nutre tanto de la historia como de la

literatura. “La biografía se ha convertido, a lo largo del tiempo, en un discurso de lo

auténtico, y remite a una intención de veracidad de parte del biógrafo, pero la tensión permanece constante entre la voluntad de verdad y una narración que debe pasar por la ficción y que sitúa la biografía en un espacio, en un vínculo entre ficción y realidad

histórica, en una ficción verdadera”14, explica. Con esto el escritor francés pretende explicar que el método biográfico toma los elementos más relevantes del transcurrir histórico del personaje y ambienta aquellos episodios sobre los que no hay mayores elementos de juicio, para determinar de qué manera ocurrieron. Dicha operación pasa por la lectura del contexto, por la reconstrucción, en la que se sitúa el personaje.

En este mismo sentido se puede encontrar un sinnúmero de biógrafos que han dejado su legado en la manera como rehicieron sus personajes. Es el caso del autor norteamericano John Lynch, quien trabaja la vida Simón Bolívar y produce una maravillosa obra que retrata las intimidades del libertador, pero también su tiempo y su legado. Lynch se remite a los documentos escritos por el propio Bolívar, a sus biógrafos y a aquellos contemporáneos que de alguna manera dejaron evidencia histórica de la vida del padre de la independencia suramericana. En el capítulo introductorio, Lynch ofrece algunos elementos sobre su

método. “Hay quienes cuestionan la importancia de la biografía y rechazan el culto al héroe. Según ellos, el significado de las luchas de liberación se ha de buscar en el estudio de las estructuras económicas, las clases sociales y la coyuntura internacional, no en las acciones militares ni en las vidas de los libertadores. Desde esta perspectiva, la afirmación de Carlyle según la cual la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres se considera equivocada, y su idea de que la sociedad está fundada en el culto de los héroes,

una curiosa exageración”15, anotó.

Dosse afirma que la biografía como término, aparece en francés a finales del siglo XVII. En 1721 el Dictionnaire de Trévoux presentasu definición. Marc Fumaroli, quien estudio la vida de Montaigne, Poussin, Corneille, Pascal, explica que existen dos corrientes que se

ocuparon de las “microhistorias” en el desarrollo de occidente: la narración de las vidas,

hasta el siglo XVII, y la biografía, a partir de la llamada modernidad. En principio, estos documentos estuvieron asociados al bios: ciclo vital de las personalidades públicas. Pero la biografía que nace en el período entre guerras rompe con el método de selección de esos personajes e incluye personas de diversos rangos sociales, ya no sólo las grandes personalidades públicas.

13 Así titula uno de sus libros. Ver: León Gómez, Adolfo, Hojas dispersas. Imprenta Sur América.

Bogotá.1913

14 Dosse, Francois. El arte de la biografía entre historia y ficción. Universidad Iberoamericana. México.

2007. Pág. 18.

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Por su parte Lynch sostiene que la vida y obra de Bolívar sigue estando “repleta de interrogantes y polémicas” y que sus motivaciones más íntimas y proyectos últimos aún son

un reto para los historiadores. A la vez deja pistas que vienen al caso de Adolfo León Gómez. Y dice Lynch: “Este reto es más una cuestión de interpretación que de hechos, pero sin estos es imposible proponer una interpretación y, con frecuencia, son ellos mismos los

que son objeto de debate”16. Palabras más, palabras menos, en la obra biográfica el biógrafo debe terciar en la tensión entre realidad y ficción que se crea, una reflexión que sin duda viene al caso de Adolfo León Gómez.

Otro autor, Daniel Madelélant, establece tres paradigmas para diferenciar entre las corrientes de la biografía. La biografía clásica, que va de la Antigüedad hasta el siglo XVIII. La romántica, que a finales del siglo XVIII y los albores del XX pretendió reconstruir la intimidad de los personajes, y la biografía moderna, de la que nace el relativismo, nutriéndose de documentos históricos y de los aportes de la sociología y la psicología.

Y vuelve Dosse, quien sostiene que los historiadores abandonaron el género de la biografía porque el biógrafo estaba obligado a llenar con elementos ficcionados los vacíos que dejaba la investigación documental. Entonces la biografía tiende el puente entre historia y

literatura. “Recurrir a la ficción para el trabajo biográfico es inevitable, en la medida en que

es imposible restituir la riqueza y la complejidad de la vida real. No sólo debe el biógrafo recurrir a su imaginación ante las lagunas de su documentación y los huecos temporales que se esfuerza por llenar, sino que la vida misma es un entretejido constante de memoria y

olvido”17. Y concluye: “Podemos soñar lo que sería una verdadera biografía, que respondiera al deseo de Baudelaire: la biografía servirá para explicar y para verificar, por decirlo así, las misteriosas aventuras del cerebro; Bio-grafía, escritura viva y múltiple,

ficción lógica”18.

Dosse también ordena los elementos que deben componer el género de la biografía. En primer lugar, debe seguir un orden cronológico que permita mantener la atención del lector interesado en un futuro que sólo se revela de manera progresiva. André Maurois, también francés, advierte que la segunda regla artística de la biografía es nunca alejarse del centro en relación con el héroe, nunca hundirlo hasta dejarlo desaparecer en el telón de fondo.

Otro de los teóricos de la biografía, según Dosse, es Marcel Schwob, quien hizo énfasis en que el biógrafo sólo tiene que crear a partir de la verdad, de los rasgos humanos, más

humanos del personaje, y advirtió que el gran error del biógrafo es “creerse hombre de ciencia”. Dosse concluyó esta idea valiéndose de una cita de Virginia Woolf según la cual

la biografía es un género transversal, nacido de la unión incestuosa entre la ciencia y la

ficción. “La biografía es un género bastardo, sin pedigrí, nacido del matrimonio contra

natura de la ficción y los hechos y, como resultado, es un género duro de roer y al que no se

deja de cuestionar”19.

16 Óp. Cit.

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El trabajo aborda distintas facetas de la vida de Adolfo León Gómez. La primera, consiste en ubicar a Adolfo León en el contexto histórico que lo rodeó. Establecer personajes que lo influyeron intelectual y emocionalmente. Observar cómo León Gómez vivió los principales episodios históricos de su tiempo: las guerras civiles, los gobiernos, la pérdida de Panamá y el acontecer político en general, sobre el cual este periodista escribió suficientemente. Se trata pues de animar el telón de fondo en que se desarrolló la vida de León Gómez.

La segunda faceta corresponde a su pensamiento. Adolfo León fue un hombre eminentemente político. Sus ideas lo acercaban más al liberalismo que al conservatismo; sin embargo fue un furibundo detractor de estas colectividades, hasta el punto que militó en el Republicanismo. En sus escritos, León Gómez dejó evidencia de su lucha contra la intransigencia de los partidos, el reclutamiento forzado de pobres, la independencia del sistema judicial, el voto popular, la necesidad de una educación pública de calidad y gratuita o la austeridad en el manejo del Tesoro Público. Las críticas a los políticos que durante años vivieron del Estado y a los altos sueldos de los funcionarios diplomáticos, también fueron tema recurrentes en sus escritos. Sus críticas fueron causticas e insistentes.

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15 CAPÍTULO I

Adolfo León Gómez en su tiempo

En esta primera parte del trabajo se hará una especie de semblanza de Adolfo León Gómez, en la que el personaje se insertará en el desarrollo histórico de la Colombia de su tiempo, para así traer sus palabras, sus pensamientos y algunas de sus obras sobre el contexto histórico. Así como también se hace un recuento de los momentos cruciales de la vida de este personaje de finales del siglo XIX y principios del XX. La construcción de este apartado es cronológica e incluye menciones a asuntos que se tratan en profundidad más adelante, al analizar su obra periodística e historiográfica. Veremos las posiciones de Adolfo León frente a los distintos gobiernos que vivió, sobre la Guerra de los Mil Días, la pérdida de Panamá y el surgimiento del Republicanismo.

Adolfo León Gómez nació en una familia con gran prestigio intelectual y político. Su

bisabuelo fue José Acevedo y Gómez, más conocido como el “Tribuno del Pueblo de 1810”; y sus abuelos maternos, María Josefa Acevedo de Gómez, la primera mujer poeta de

la República, y Diego Fernando Gómez, militar independentista. Estas figuras jugaron un determinante papel en la formación de León Gómez, y así lo reconoce él en varios escritos. Sobre la fecha de nacimiento de León Gómez existe un debate sin zanjar. En su partida de bautismo figura que nació el 29 de septiembre de 1957. Fecha que aparece en las reseñas que se han hecho de él. Incluso en el documento que registra su muerte se afirma que tenía 70 años en el momento de su deceso. Sin embargo, su madre20, su hijo21 y el doctor Efraím Otero22 afirman que fue el 29 de septiembre en 1858.

En todo caso, sea un año u otro, Adolfo León Gómez vino al mundo en tiempos en que el liberalismo radical gobernaba Colombia. Eran días en que burgueses y artesanos aparecían en el escenario político para exigir reformas sociales y económicas fundando el Partido Liberal. A su vez, la clase terrateniente, el clero y las familias tradicionales se aglutinaban en el Partido Conservador, encabezado por Mariano Ospina Rodríguez. Pero estos nacientes partidos no gozaban de homogeneidad ideológica. Ambos eran librecambistas y se orientaban en materia económica por aceptar que los países latinoamericanos eran productores de materias primas. Los conflictos entre estas dos tendencias se daban principalmente por el papel que la religión ocupaba en la educación y la estructura político administrativa del Estado, entre federalismo y centralismo.

Adolfo León Gómez nació y creció en una familia en la que liberalismo y conservatismo convivían pacíficamente. Su padres, Anselmo León Bustos y Rosa Gómez Acevedo, vivían en la Hacienda “El Retiro” en Pasca (Cundinamarca) de propiedad de la familia Gómez.

20 Adolfo León incluye en uno de sus libros una carta escrita por su madre el 19 de septiembre de 1877 para

celebrar su cumpleaños. En dicho documento Rosa Gómez afirma que su hijo nación 19 años atrás. En: León Gómez, Adolfo. Al través de la vida. Imprenta de Sur América. Bogotá. 1917. Pág. 61.

21 Leongómez Amador, Jorge. Semblanza de Adolfo León-Gómez. Talleres gráficos Montoya y Araujo.

Bogotá. 1987. Pág 6.

22 Otero Ruíz, Efraím. Adolfo León Gómez (1858 - 1927), Republicano, poeta y mártir. En: Boletín de historia

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16 Sobre este lugar Adolfo León recuerda: “Aunque soy bogotano por educación y por

carácter y por haber pasado en Bogotá toda mi vida, nací, sin embargo, en jurisdicción de la más humilde aldea de la República: Pasca. Soy de Pasca, porque vi la luz –donde ojalá hubiera visto la sombra de la tumba- , en la elegante casa de El Retiro, la rica y pintoresca hacienda que era de mis padres, y que como lujosa y señorial morada domina los fértiles y

hermosos campos”23.

Y un poco más adelante recuerda lo siguiente: “Cuando mis padres, en medio de la

prosperidad y de la dicha, residían en El Retiro, iban allí de visita o pasaban algunas temporadas (según oí referir más tarde a mi madre, pues yo no pasé en la hacienda sino los cuatro o cinco años primeros de mi vida y después algunos felicísimos diciembres) iban, digo, ya de visita D. Josefa Acevedo de Gómez o a sus hijos, ya por causas políticas, muchos conspicuos personajes, cuyos nombres figuran en no pocas páginas de la historia de Colombia. De esos honorables huéspedes fueron el General José Hilario López, el Dr Obaldía, el General José Acevedo Tejada, el Dr Azuero, el Dr López Aldana, el Dr. Rafael Núñez, el Coronel Anselmo Pineda y otros muchos. Especialmente en épocas de guerra, el hogar de mis padres fue seguro y leal asilo para cuantos fugitivos de las diversas fracciones

tocaban a sus puertas”24 . A la Hacienda El Retiro volverá Adolfo León por causas profesionales en su madurez.

A diferencia de muchos de sus ancestros, Rosa y Anselmo no dejaron mayor rastro histórico, pero si fueron determinantes en el carácter de Adolfo León Gómez. La prematura muerte de Anselmo, en 1868, padre de 10 niños, puso en una precaria situación económica a la familia. Rosa Gómez era una mujer tradicional de la clase acomodada bogotana; vivía de la renta de su esposo y el prestigio familiar, de tal forma que con la muerte del padre los jóvenes León Gómez se vieron en la obligación de aportar a la economía familiar trabajando.

El niño Adolfo León veía por sus ventanas un país de fuertes debates políticos. El general Tomás Cipriano de Mosquera, tres veces presidente de la República, había adelantado radicales reformas contra la Iglesia, lo que empujó una confrontación armada de casi dos años. Tras una dura campaña, el ejército de Cipriano Mosquera se tomó Bogotá el 18 de julio de 1861 y proclamó a su general presidente de la Confederación Granadina. Dos años después, en 1863, convocó a una Asamblea Nacional Constituyente. La Convención de Rionegro se reunió el 8 de mayo de 1863 dando paso a la fundación de los Estados Unidos de Colombia, bajo los principios liberales y el federalismo. Mosquera estuvo como presidente hasta 1867.

La educación

Adolfo León tenía 10 años y Ernesto, el hermano mayor 15, cuando murió Anselmo. “En

mi educación nadie tuvo que costear ni un solo centavo. Mi padre me enseñó a leer y a formar las letras; y luego, un poco después de su prematura muerte y siendo yo aún muy niño, se me dijo un día que desde el siguiente debía ir al colegio de D. Ricardo Carrasquilla, quien me recibía en balde, en atención a mi orfandad, a la ruina en que había caído la

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familia y a que Ernesto (mi hermano mayor) estaba colocado allí, y era timbre de honor para el colegio”, anotó Adolfo León en el mismo texto. La escuela fue una amarga experiencia para Adolfo León, lo que lo convirtió en un muchacho retraído que iba sólo a recibir las lecciones y el resto de tiempo lo pasaba caminando solo.

Así retrató León Gómez sus años escolares: “D. Ricardo, el literato ilustradísimo, el orador

elocuente, el poeta, el instructor inmejorable, era un hombre excelente: por todos conceptos respetable y por todo el mundo respetado. Su grato recuerdo es la luz de mi infancia, como el del Dr. José Vicente Concha (padre) la de mi juventud. D. Ricardo me formó el corazón y el Dr. Concha el carácter: un corazón sincero y un carácter honrado, con que he resistido las innumerables pruebas de una existencia de dolorosa de incesante lucha y de asiduo

trabajo”25. El colegio de Carrasquilla fue cerrado y muchos de sus estudiantes pasaron al de José Vicente Concha. El cambió fue traumático para Adolfo León, quien encontró un espacio de jóvenes

“Las pesadas burlas de los patanes (así eran llamados los jóvenes ya barbados que estudiaban jurisprudencia, y que eran los más famosos del colegio), las burlas de ellos, digo, y por mi pobre vestimenta, hacían día por día más penosa la idea fija que me mortificaba siempre: la de que yo estaba allí de balde y que por consiguiente era inferior a

todos y no podía participar de los juegos de los grandes ni tratar de igual a igual a nadie”, refiere León Gómez. A continuación narra un episodio en que un “mozo fornido, de aire de jayán y modales bruscos”, que lo maltrataba recurrentemente, le ridiculiza por su sombrero,

diciéndole: “Dígale a su mamá que le compre un sombrero, porque este desacredita el colegio. No sea miserable ¿No le da vergüenza salir con eso?”26.

La burla era a todo pulmón y delante de muchos otros estudiantes que, entre risas y aplausos, se agolpaban a su alrededor suyo. Entonces, cuenta Adolfo León, el patán se entusiasmo y le quitó el sombrero, lo atravesó con un palo por el roto que tenía en la copa y lo voleó hasta romperlo del todo. Adolfo León montó en cólera y enfrentó a su verdugo a puños y puntapiés, pero siendo más pequeño y débil también allí fue objeto de carcajadas

de los espectadores. “Desde aquel día mi retraimiento fue extremo: solo iba a las horas de

clase, pues en las de estudio o recreación me estaba por la calle perdiendo tristemente el

tiempo y paseando solo.”27

En ese contexto crecía la familia León Gómez, pero su situación económica era alarmante.

“Mi pobre madre que demasiada gracia hacía gobernando y educando 10 muchachos, estaba en absoluta imposibilidad de defender sus intereses, que fueron menguando poco a poco (merced a la voracidad de múltiples pillos que viéndola sola y desamparada la explotaron inicuamente y la redujeron a la miseria), fue preciso pensar en buscar una

colocación en que yo ganara algo, aunque truncara mi carrera y suspendiera mis estudios”,

narra León Gómez en el texto anteriormente mencionado28. Entonces se empleó como copista del Dr. Pedro Navas Azuero –fundador de la Compañía Colombiana de Seguros-,

quien le pagó ocho pesos, que Adolfo León al recibir llevó a su madre y anotó: “Los que

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siempre han tenido lo necesario y no se han visto obligados a trabajar no saben lo dulce que

es el fruto del trabajo honrado”29. Después fue dependiente de la librería de don Fidel Pombo, hermano del poeta Rafael Pombo. Un trabajo que lo hacía profundamente infeliz por tener que estar sentado todo el día tras un escritorio en un estricto régimen. Sin embargo, a escondidas dedicaba su tiempo a leer sobre sus antepasados. Luego de que la librería fue cerrada, otro amigo de la familia le ofreció un nuevo destino como sellador de guías.

La Constitución política, federalista y ultraliberal, dio pasó a dos décadas conocidas como la era del Olimpo Radical. Un tiempo de bonanza en el que el librecambismo agilizó el comercio y empujó una incipiente industrialización. Llegaron los trenes; el telégrafo electrónico; el primer banco comercial; se reabrió la Universidad Nacional, que había desaparecido en los 60, pero la economía seguía siendo muy precaria y la industria nacional se veía en desventaja con las importaciones. Al mismo tiempo se cocinaban duros enfrentamientos ideológicos que rápidamente dieron paso a dos guerra civiles: en 1876 y 1885.

La justicia como profesión

El joven Adolfo León sintió vocación por la justicia. Quizá tenga que ver su legado familiar, ya que su abuelo materno, don Diego Fernando Gómez, alcanzó las más altas dignidades en esta materia: magistrado y presidente de la Alta Corte de las Provincias Libres de Nueva Granada, así como también revistió la investidura de ministro y juez de la Alta Corte de Justicia. A la vez debieron influir en el carácter de Adolfo León las constantes burlas a las que fue sometido en el colegio. Este sin duda va a ser el primer encuentro de León Gómez con la justicia o con su anatema: la injusticia, que aborreció a lo largo de su vida y contra la que luchó hasta que se le extinguieron las fuerzas.

Convencido de que defendería desde los estrados el más alto valor de una sociedad, como lo diría más tarde, se hizo doctor en Derecho y Letras, primero del Colegio Mayor del Rosario y posteriormente del de don José Vicente Concha. Paralelo a sus estudios trabajaba para solventar la situación económica de su familia. Fue así como consiguió un puesto de escribiente en el Tribunal de Cundinamarca. Posteriormente, alcanzó la dignidad de juez de circuito y más adelante consiguió un puesto en la Corte Suprema. Sus oficios como juez, abogado litigante y magistrado de la República aún están por ser estudiados. Sin duda, el círculo social de la familia León Gómez ayudó a que el joven Adolfo consiguiera sus primeros empleos.

La lectura de la historia de sus antepasados obsesionó a Adolfo León en épocas de juventud. Así lo cuenta en Hojas dispersas. Narra que se había retirado del Colegio de Derecho porque necesitaba dinero para pagar el arriendo de la casa y había conseguido un empleo como sellador de guías, que consistía, palabras más palabras menos, en sellar los papeles que se entregaban en los peajes. Dice que el oficio le causaba humillación y

explica: “Además, yo estaba muy ufano con ciertos relatos que me habían hecho

precisamente en esos días, referentes a mis antepasados, muchos de los cuales ocuparon altos puestos en el país y dejaron brillante nombre en la historia. De modo que mi orgullo

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ocasionado por méritos ajenos sufrió un rudo golpe cuando me vi convertido en

insignificante sellador de guías”30.

Un tiempo después, y por tener algunas nociones de francés, el secretario de Gobierno, Nepomuceno J. Navarro, le encargó hacer unas traducciones para un periódico llamado La Doctrina. Trabajo que Adolfo León recibió con una sonrisa en la boca y que de alguna manera lo pondría sobre el riel de su pasión: el periodismo. Y dijo recordando esos días:

“Han pasado muchos años, y hoy, volviendo la vista atrás y fatigado de la vida, digo: Hijos

míos, tal vez me honra más haber sido sellador de guías para poder principiar una carrera, que haber ocupado después un puesto en la Corte Suprema o en el Congreso para concluirla, porque aquel primer paso implicaba una humillación y un sacrificio, mientras

que el último venía a ser una recompensa”31.

Adolfo León rondaba los 20 años y el país vivía un polarizado debate político. La educación laica era el centro de la discusión. Los gobiernos del Olimpo Radical habían expulsado a la compañía de Jesús, le quitaron sus facultades educadoras y adelantaron una política de desamortización de la tierra en manos muertas, lo que significó la ocupación de las haciendas de la compañía religiosa. Eso venía generando una creciente molestia en los sectores más conservadores, que no vieron más opción que lanzarse a la guerra. El 9 de julio de 1876, un grupo de caciques regionales, entre quienes figuraba Antonio Basilio Cuervo, Sergio Arboleda y Manuel Casablanca, juntaron 16 mil hombres para defender “la moral y la cruz”.

En menos de cinco meses las fuerzas conservadoras fueron aplastadas por un Ejército Liberal de casi 30 mil hombres y encabezado por el general Aquileo Parra32. El joven León Gómez seguía con atención el debate. Le aterraba la manera como los partidos políticos se valían del reclutamiento forzado de gentes pobres para engrosar sus Ejércitos. Y esto precisamente va a ser una de sus luchas más frecuentes: la eliminación del servicio militar obligatorio, o por lo menos, cómo Adolfo León lo afirma, la democratización del mismo, para que no fueran sólo los pobres quienes pelearan en los campos de batalla. Una postura que será transversal en su vida política y periodística, como se verá más adelante. Ya Adolfo León y su hermano Ernesto garabateaban poesías y ensayos políticos, ya tenían en mente un proyecto periodístico. Sin embargo, las obligaciones económicas los mantenían madrugando por un sueldo.

Guerras civiles de finales del Siglo XIX

30 Óp. Cit. Pág. 43. 31 Óp. Cit. Pág. 44.

32“Mientras el gobierno estuvo en manos del partido liberal, se presentó un conflicto entre el proyecto liberal

y la iglesia, principalmente durante el periodo de 1850-1880. En efecto, el liberalismo tendió a ver en la iglesia un obstáculo para el progreso, sobre todo al adoptar ésta universalmente posición antiliberales y antimodernistas. Este conflicto condujo, como ocurre con frecuencia en estos casos, al reforzamiento de los elementos tradicionalistas, que lograron obtener un gran apoyo entre los sectores populares del país, vinculados todavía a estructuras productivas no capitalistas y formados en proceso de socialización

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Luego de que la rebelión conservadora fue contundentemente derrotada vinieron años de nuevas convulsiones. La crítica más recurrente a los gobiernos liberales y a su Constitución era que no había conseguido la seguridad y que su economía era extremadamente librecambista. En 1880, el político liberal y banquero bogotano Miguel Samper consideraba

que “le faltaba al país un gobierno que garantizara la seguridad, que diera paz y el orden a

cuya sombra se desarrollaban tantos elementos de prosperidad”33.

Esto, en parte, se debía a que el Federalismo no había podido garantizar una estabilidad política. Y se acusaba a la Constitución de 1863 de conducir a un federalismo que fortaleció las elites regionales. Desde la perspectiva económica se creía que el modelo de desarrollo estaba centrado en el librecambio y que la economía, basada en la exportación de materias agrícolas y mineras, no había tenido los efectos esperados. En la segunda mitad de los 70 Colombia vivió una fuerte crisis económica. Algunos analistas se la atribuyeron a los efectos de la crisis mundial de 1873 que, además, se había ahondado con la guerra de 1876. La crisis produjo una repentina caída de la economía agraria de exportación; el tabaco, que se enviaba principalmente a Alemania, cayó vertiginosamente. El déficit que produjo obligó a cubrir el hueco aumentando las exportaciones de oro.

Entonces vino otro movimiento financiero que profundizó la crisis: la importación de papel moneda, la contrajo y aumentó las tasas de interés. “La actividad bancaria se desarrolló

fuertemente entre 1871 y 1881. El primer año se fundó el Banco de Bogotá y para el primer año de los 80 ya existían 42 establecimientos bancarios, principalmente en

Antioquia y Cundinamarca”34. De esta manera, los banqueros constituyeron uno de los

sectores más fuertes de la época. “El hecho de que los bancos pudieran emitir moneda y

recibieran las consignaciones de los fondos de la tesorería nacional les había dado una poderosa preponderancia económica. Para esta época el país seguía siendo eminentemente rural: la población alcanzaba tres millones de personas y en las tres ciudades más

importantes (Bogotá, Medellín y Barranquilla) vivían apenas 140.000 personas”35.

Los principales propietarios de la tierra eran los comerciantes y los banqueros. Estos grupos económicos habían aumentado sus rentas gracias a políticas como la distribución de baldíos, el remate de tierras de la Iglesia y las transacciones que provocaron las guerras civiles. En 1880 una nueva clase de empresarios rurales se había hecho a los campos, se trataba de un sector de terratenientes urbanos más ilustrados, dispuestos a ensayar un nuevo modelo de extracción, tecnificado y productivo. Era un sector influyente en la política, inclinado hacia la fundación de grandes haciendas, a la apertura de bancos y a la construcción de vías de comunicación. Muchos de estos personajes venían de estudiar en el

exterior, principalmente en Estados Unidos e Inglaterra. “De modo que para atraer el

capital requerido para construcción de ferrocarriles y otras obras, era preciso mostrar a los inversores una nación en paz. Así, la reorganización jurídica del país debía preparar el

terreno para la incorporación al sistema capitalista, mediante la inversión extranjera”36.

33 Samper Agudelo, Miguel citado por: Melo, Jorge Orlando. Colombia hoy. Imprenta Nacional. Bogotá.

1996. Pág. 43.

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En esta coyuntura aparece Rafael Núñez, un liberal ilustrado que había conseguido amplio respaldo en su partido. En las elecciones de 1880, salió elegido presidente y de inmediato impulsó la creación del Banco de la República y la elevación de las tarifas aduaneras, abandonando así las políticas librecambistas y marcando una ruptura con las tesis del partido que lo eligió. Núñez se vio obligado a realizar maniobras para ganarse el apoyo de siete de los nueve poderes ejecutivos regionales y asegurar su reelección para el período 1884-1886. Con los liberales radicales acorralados se vino la guerra de 1885, una contienda que duró diez meses y de la cual el liberalismo salió derrotado. Vencidos lo radicales, Núñez declaró la abolición de la Constitución de 1863 y convocó a una Asamblea Constituyente. La nueva carta política fue redactada por el filólogo conservador Miguel Antonio Caro y tenía una naturaleza centralista y autoritaria que le otorgaba amplias facultades al Presidente de la República en casos de conmoción interior.

Ya por esos días, Adolfo León había empezado su carrera en el mundo judicial, mientras concluía sus estudios en jurisprudencia trabajaba como escribiente del Tribunal de Cundinamarca. Uno de los primeros textos políticos hallados es un escrito satírico sobre personajes de la vida pública de la época. En este se observa uno de valores sociales más repetidos a lo largo de la obra de Adolfo León: el honor. Así se ve en el texto titulado

“Historia de un duelo a espada”37.

Cuenta León Gómez que corría el año de 1882, cuando él era escribiente del Tribunal de Cundinamarca. Por esos mismos días redactaba un periódico llamado El Bogotano, que fundó junto con su hermano Ernesto y un amigo llamado Pedro Pineda. Narra que entonces su genio era alegre, picaresco y burlón, por lo que se le encargó hacer las revistas del periódico con versos picantes y satíricos. Atendiendo el encargo escribió un suelto donde

contaba que al barrio Egipto llegaron tres conocidos personajes: un “general de la guerrilla”,“un secretario de lo más galano” y “otro conservador muy afamado que redacta

un Periódico Ilustrado”. Haciendo poses de bondadosos, recorrieron el barrio de arriba a abajo dijeron: “Nos manda aquí la autoridad suprema a decir al egipcio: nada tema. Desea

el gobernador dejar seguras vuestras casas aquí, y hará escrituras a todos favorables, sólo quiere en pago de los bienes que os hiciere, que, sin tener firmes opiniones, nos ayudeis a

hacer las elecciones”38.

Al siguiente día de la publicación se presentaron ante el Tribunal el general Manuel Briceño y el señor Wenceslao Pizano, dos reconocidos hombres de vida pública, quienes afirmaron que en los versos escritos por León Gómez se insultaba gravemente al general Alberto Urdaneta, al doctor Alejandro Borda –secretario de Hacienda– y al mencionado señor Briceño. Adolfo León sostuvo que a nadie había nombrado, y los reconocidos personajes le increparon que eso era precisamente lo peor y le exigieron una inmediata retractación. El supuesto agresor dijo que estaba dispuesto a hacerlo si le demostraban que los hechos relatados eran falsos, y los caballeros le dijeron que estaba en la obligación de hacer lo que se le pedía en pago por la amistad que el doctor Urdaneta tenía con su familia. El joven Adolfo León preguntó a sus socios qué opinaban del asunto y ratificó cuanto había escrito con la persona que le había suministrado el cuento de aquel episodio. Entonces empezó un divertido cruce epistolar entre León Gómez y los doctores Pizano y Briceño.

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El tono de la queja fue creciendo y la advertencia de los doctores no se hizo esperar:

“Urdaneta exige perentoriamente a usted una retractación de sus calumnias y una

satisfacción cumplida, y si usted insiste en negarse, le notifico que tendrá que batirse con

él”. No habiendo más remedio que la retractación o el duelo, el brioso joven escritor optó

por defender su honor y aceptó el duelo, pero exigió que se hiciera con pistolas. “Si el

duelo se hace a espada, como pretendía el general, yo la pasaré muy mal porque Urdaneta es militar y además zurdo, y con rebanarme las narices probará que lo he calumniado y dejará muy limpio su honor, mientras yo, que no he visto más espadas que la de Damocles

que me ha puesto encima el general Briceño, quedaré mal herido y peor parado”39, escribió recordando el episodio.

Los representantes del general insistieron en que el duelo debía ser en las condiciones que el ofendido escogiera, atendiendo el código del duelo que rige para caballeros. A lo que

contestó León Gómez: “No reconozco artículos ni códigos de desafíos desconocidos en Colombia, eso sería en tiempos de los caballeros andantes, cuando D. Quijote desfacía agravios. Hoy no hay más reglas que la lealtad y la igualdad de armas, pues sería cobarde el que pretendiera ir con ventajas sobre el otro”. La cosa se fue poniendo de castaño a oscuro

y Adolfo León se estaba cansando de tener que responder cartas todos los días. Pero trascendió que el enfrentamiento se hizo cada vez más público, hasta el punto de que la Sociedad Filantrópica, a la que pertenecían tanto Urdaneta como León Gómez, tuvo que intervenir para evitar que el hecho terminara en el mencionado duelo. Y así fue que todo quedó en tablas. Otro dato que arroja la narración anterior es el carácter religioso de Adolfo León Gómez, quien participó de diversas fundaciones filantrópicas y fue un devoto practicante del catolicismo.

La Regeneración

Con 25 años, el joven Adolfo León vio venir los estandartes de la Regeneración, que con el triunfo electoral de un liberal converso como Rafael Núñez en las elecciones, abrió la senda para la instauración de un régimen político ultraconservador que impondría una nueva hegemonía de la toga y el fusil. La Constitución de Núñez y Miguel Antonio Caro empezó a regir en 1886 y de ella fue ferviente critico Adolfo León, como veremos en el capítulo dedicado a la faceta política del personaje. El sistema electoral adoptado favorecía a los candidatos oficiales, así que para el período 1888-1904 tan solo fueron elegidos dos representantes a la Cámara por parte del liberalismo, entre estos, Rafael Uribe Uribe, quien después será reconocido como uno de los próceres del liberalismo. La rama judicial también estaba sometida al Ejecutivo, que nombraba los jueces de la Corte Suprema y de los tribunales regionales. “Las instituciones centrales se fortalecieron mediante la creación

del monopolio estatal de emisión de papel moneda y la fijación de su curso forzoso, la restauración de la autoridad de la iglesia católica dentro de la sociedad, la introducción de la censura de prensa y el restablecimiento del Ejército Nacional. Pero la mayor reforma

fue, quizás, la proclamación de Colombia como república unitaria”40

39 León Gómez, Adolfo. Óp. Cit. Pág.70

40 Fischer, Thomas. “De la Guerra de los Mil Días a la perdida de Panamá”. En: Gonzalo Sánchez y Mario

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Algunos estudiosos han visto en las políticas de la regeneración las raíces de la Guerra de los Mil Días. Es el caso de Charles Berquist41, quien realizó un juicioso trabajo sobre el comportamiento de la economía cafetera y su relación con el sentimiento de malestar que

desató lanzó al liberalismo a la guerra. “En 1885 los liberales perdieron el control de la

política a favor de los conservadores; la perspectiva liberal fue rechazada y se hizo dominante en el país una filosofía económica y política de corte conservador, acorde con el

regreso del país a una economía agraria relativamente cerrada”42, sostiene Berquist. Para Adolfo León la reconquista del poder por parte de las fuerzas más conservadoras significó una situación de gran dificultad, ya que muy pronto sería perseguido por sus críticas al gobierno. Al tiempo que Adolfo León estudiaba expedientes y leyes, reeditó una

obra de su abuela Josefa Acevedo. “Mi afición a la literatura dramática me movió a poner en drama el cuadro histórico publicado en prosa con el mismo título de El Soldado, por mi

abuela”43. En la dedicatoria, León Gómez aclara que decidió reescribir el texto de su abuela

por la acogida que tuvo en su tiempo, pero sobre todo por su interés de “propender a la fundación del Teatro Nacional”, así como por “ayudar a proscribir y reprobar las funestas

guerras de partidos que han sido la desgracia de la Patria”, pero sobre todo por contribuir a “extirpar de Colombia el infame reclutamiento, a mi juicio más cruel y más injusto que la antigua esclavitud, y tan salvaje como la caza de hombres en el África central”44, escribió. El problema del reclutamiento va a convertirse en una de las banderas política de Adolfo León Gómez, quien hasta los últimos días de su vida denunció esta práctica y se la atribuyó a los partidos políticos. Y así como su texto adquirió reconocimiento en la escena intelectual bogotana y fue llevada a las “tablas”, su autor iniciaría su carrera como

perseguido político. Una profesión que le duró el resto de la vida, que lo condujo a la muerte y que lo reviste 90 años después su muerte. En una edición posterior, cuya fecha no fue incluida pero que por la dedicatoria y la introducción pareciera ser de después de 1892, pues se le insertan los documentos oficiales y las contestaciones en que León Gómez da conocer su primer desencuentro con el poder político y su instrumento represor.

En las primeras páginas inserta un cruce de cartas entre la Secretaría de Gobierno de Cundinamarca, en manos de José Vicente Concha (hijo), y la Junta de Censura. En ella, el

secretario escribe: “El Sr. Gobernador me da instrucciones para manifestar a ustedes que ha visto con extrañeza suma el que esa Junta haya permitido llevar a la escena la pieza dramática denominada El Soldado, del Sr. Adolfo León Gómez, en que, con el supuesto fin de censurar abusos en el reclutamiento del Ejército, se ataca la institución militar, se escarnece la justicia, las instituciones y autoridades de la República, por lo cual, según el

artículo 523 del Código de Policía, no se pudo dar el pase a la obra aludida.”

La censura de la obra produjo la solidaridad de un grupo de intelectuales, como se evidencia en los documentos que se incluyeron la reedición del texto. Allí se ven los artículos de defensa de los periódicos El Criterio y El Telegrama, así como también se

41Bergquist, Charles. “Café y conflicto en Colombia, 1886-1910. La guerra de los Mil Días: sus antecedentes

y consecuencias. FAES. Medellín . 1980

42 Óp. Cit. Pág. 8

43 León Gómez, Adolfo. El Soldado, drama en verso. Imprenta de Medardo Rivas y Co. 1982. Bogotá. Pág.

42.

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incluye una carta del escritor Vargas Vila a Adolfo León manifestándole su gusto por el escrito y aprecio por su familia, especialmente por el difunto Ernesto León. También lleva una misiva del célebre escritor Jorge Isaacs. Años más tarde, en Secretos del Panóptico Adolfo León explicará lo que aconteció con dicha obra: “Alguien me dijo que el motivo de

mi primera prisión, (…), había sido el hecho de haber salido con mi firma entera en una

hoja liberal un soneto mío sobre la tal Policía. Y como yo objetase que eso no podía ser, porque la composición era viejísima, pues fue publicada en Bogotá en 1885 y reproducida luego aquí mismo –Sur América– y de algún periódico de fuera, me contestaron que en ello no había inconveniente, pues el Gobierno, que era lince en averiguar conspiraciones, solía tardar en descubrir lo subversivo en los trabajos literarios; y que la prueba era que El Soldado, cuadro histórico de mi abuela, no fue tachado de tal en largos años y que cuando lo puse en verso y en forma de drama, lo prohibieron como desquiciador de la sociedad, porque entonces si se le notó lo subversivo que era”45

Al poco tiempo de salir del Panóptico, el 27 de octubre de 1890, Adolfo León Gómez contrajo matrimonio con Dorila Amador, con quien tendría once hijos, y dedicaría cientos de menciones a lo largo de su obra. Siempre adulándola, destacándola y no pocas veces extrañándola. Por estos años, Adolfo León viviría tiempos de reconocimiento, arduos trabajos intelectuales e iniciaría su carrera pública.

La polarización política amenazaba con convertirse en una nueva guerra civil y de una manera u otra, sin ser militante de ninguno de los partidos, Adolfo León resultaría involucrado con uno de los bandos y perseguido por el otro. Pues a pesar de nunca haber militado en el liberalismo, lo acusaron de pertenecer a dicho partido y lo encarcelaron en más de una ocasión, como se verá más adelante.

En estos años de turbulencia política vino la prematura muerte de su hermano mayor Ernesto. A él dedicó extensas páginas y en su honor bautizó a su primer hijo. El primer escrito de Hojas dispersas se titula “Mi hermano Ernesto”46 y afirma que lo escribe para que sus hijos aprendan a venerar la memoria su hermano, pues a él debe lo bueno que tenga. No duda Adolfo en señalar que su hermano mayor fue la influencia más grande de su vida, que los recuerdos de infancia conducen a su nombre y lo califica como un “verdadero poeta”. Su hermano mayor fue quien le enseñó a estudiar, le mostró el camino de la

espiritualidad y lo influyó para despertar el sentimiento de caridad. A tal punto que lo llevó a vincularse a la sociedad filantrópica de San Vicente de Paúl. Junto a él, Adolfo despertó la intelectualidad, fundó sus primeros periódicos, un par manuscritos y otros impresos.

En el mencionado escrito, Adolfo León detalla minuciosamente el deceso de su hermano. En los primeros meses de 1891, Ernesto fue nombrado Director General de Instrucción Pública de Boyacá, por lo que tuvo que trasladarse a vivir a Tunja. Cuenta Adolfo que el 26 de marzo de 1892 recibió un telegrama en el que le advertían que Ernesto se hallaba

“gravemente enfermo”. Lo siguieron varios más que referían el incurable estado de salud.

Le advertían que sufría del corazón y que urgía trasladarlo a un clima menos frio. De inmediato Adolfo León marchó a Tunja en rescate de su hermano.

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Al llegar a Tunja le encontraron moribundo. Los médicos recomendaron trasladarlo a Bogotá y se arregló todo para iniciar el regreso al día siguiente. Adolfo León recuerda esa noche como espantosa por la agonía de su hermano, que no encontraba descanso ni en el sueño ni en la vigilia. Al siguiente día montaron cabalgaduras e iniciaron la marcha. Narra Adolfo León que su hermano iba animado pero que al caer la noche volvió la enfermedad, y les hizo pasar espantosa noche. A la otra mañana Ernesto se levantó bastante enfermo y con mucho esfuerzo avanzaron hasta Chocontá. La noche traía angustias y dolores para el joven maestro de escuela. A las 8 de la mañana retomaron sus cabalgaduras y alrededor de la 5:30 arribaron al Sisga. Ernesto se veía fatigado y pidió un brandy. Resolvieron entonces

dormir en aquel poblado. “Era aquella noche espléndida: de esas que convidan a las almas

tristes al descanso eterno; de esas que sin duda habían inspirado al poeta moribundo sus dulces y melancólicos cantares; de esas como en la que, diez y seis años más tarde, volaba al cielo, entre rayos de la luna y en medio de un dolor para mi más grande aún, el alma de

mi compañera de mi vida, llevándose mi últimos ensueños, mis últimas venturas”47, escribió refiriéndose al deceso de su esposa.

Cayó entonces la noche, vino la madruga y las últimas palabras de Ernesto a su hermano

Adolfo fueron: “Quiero dormir, apague por esta última hora”. “Yo, con tristeza profunda,

pensaba en la horrible desgracia que ya llegaba, en la separación del único amigo intimo que en mi vida tuve, en la situación de la familia, en aquella muerte oscura y triste, después de tantos sueños y tantas ilusiones de un porvenir que como brillante le había vaticinado

siempre”48. A las 3:00 de la mañana expiró Ernesto León Gómez con 39 años.

Con el dolor de la pérdida de su hermano y la ilusión de su reciente matrimonio, Adolfo León redobló sus horas de trabajo, pero la guerra ya se asomaba. Adolfo León iniciaba su carrera intelectual con publicación de carácter periodístico, las cuales según él lo llevaron a

conocer las celdas del Panóptico de Bogotá. “En julio se desató, a causa de algún triunfo

revolucionario, una nueva persecución contra los enemigos del Gobierno en la capital. Las cárceles se llenaron de gente y yo fui a dar al Panóptico por orden del general Aristides

Fernández. (…) En efecto, ese señor usando, o mejor dicho abusando, de su autoridad, me

hizo quitar desde el principio del año mi máquina de escribir que prestaba inmenso y continuo servicio en mi agencia judicial; y como yo no me conformase con tan injusta e inmotivada exacción no hecha a los demás abogados, me propuse elevarle memoriales tras

memoriales respetuosos y atentos, reclamando mi máquina de escribir”49, recuerda el entonces brioso Adolfo León.

Arístides Fernández era en ese momento el jefe de la Policía, posteriormente sería Ministro de Guerra y sin duda fue uno de los grandes enemigos públicos de Adolfo León Gómez, como lo ilustra la siguiente anécdota. Adolfo León cuenta que un día se atrevió a ir a preguntarle al temible jefe de Policía sí había resuelto los memoriales y le respondieron que

regresará al siguiente día. “Concurrí a la cita, y la autoridad con una villanía propia de las

gentes de la policía secreta, lo que hizo fue enviarme al Panóptico sin decir por qué, pero

por orden del Sr. Fernández”50, refiere Adolfo León. Unas páginas más adelante agrega un

47 Óp. Cit. Pág. 23

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26 párrafo que vale la pena traer a este escrito: “El general Fernández me colocó injustamente

en el rastrillo del Panóptico, pero yo lo coloqué en los Secretos del Panóptico. Su prisión

durará más que la mía”51. Incluso, en otro texto, León Gómez afirma fue apresado por ser crítico de la Regeneración.

Así relata la primera vez que fue puesto en la cárcel de Santa Inés, a finales de 1899: “Y

digo que fue injusta esa primera prisión, porque yo, aunque enemigo franco de la funesta Regeneración, y aunque deseoso –como todo hombre honrado– de un patriótico y digno cambio de gobierno, no había hecho hasta entonces absolutamente nada en pro de la revolución”52.

En este trance andaba Adolfo León Gómez al tiempo que el gobierno de La Regeneración adelantaba sus reformas políticas y electorales. La ciudadanía podía elegir a los mandatarios departamentales, pero se limitó el voto a sólo aquellos representantes que tuvieran propiedades, supieran leer y escribir. A su vez, los votantes elegían a sus electores, uno por cada 100.000 habitantes, quienes escogían presidente y vicepresidente por un período de seis años. Pero la Regeneración fracasó como acuerdo político; la exclusión del liberalismo de la contienda electoral y la persecución a la que fue sometida la oposición, además de la grave crisis económica por la caída de los precios internacionales del café gestaron un descontento creciente e hicieron de la guerra civil el único medio de

participación política. “Las dos guerras: de 1895 y de los Mil Días (1899-1902) dieron testimonio de que la Constitución de 1886 no había logrado establecer reglas del juego

aceptables para toda la clase dirigente”53.

Al acercarse las elecciones, Adolfo León se encontró del lado del liberalismo. En 1897 se elegiría Presidente y vicepresidente para el periodo 1898-1904. Adolfo León apoyó, como miembro del Consejo Consultivo del Partido Liberal, la candidatura de Miguel Samper, pero de este encuentro con la política salió más bien decepcionado. “Yo estaba demasiado acostumbrado a la línea recta del juez para poder marchar por las curvas de los políticos”54,

escribió en sus recuerdos de la guerra. “El gobierno no sólo no dio garantías a los electores sino que cometió los atentados más indignos, y el debate eleccionarios fue una farsa inicua

y un insulto a todo el partido liberal y a la gran parte del conservador no gobiernista”55, agregó León Gómez.

La Guerra de los Mil Días

La derrota del liberalismo desató la persecución a sus miembros e incluso creó una división en el partido conservador. A comienzos de 1896, los conservadores históricos, que eran una corriente pacifista y menos radical, firmaron un duro manifiesto contra los

51 Óp. Cit. Pág. 143

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