La Facultad de Ciencias Eclesiasticas de la Universidad de los Andes (1943-1930)
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(2) LA FACULTAD DE CIENCIAS ECLESIASTICAS DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES (1843-1930).
(3) CONTENIDO. AGRADECIMIENTO INTRODUCCION .............................................................................................. 1. CAPITULO I LOS ESTUDIOS ECLESIASTICOS EN MERIDA ANTES DE IMPLANTARSE LA UNIVERSIDAD ............................................................. 1. . La enseñanza de Dominicos y Agustinos ....................................................... 2. . El Colegio San Francisco Javier (1628-1767) ................................................ 3. . La Casa de Educación y el Colegio Seminario de Fray Juan Ramos de Lora (1785-1810)................................................................................................... 4. . Las asignaturas de carácter eclesiástico en la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros (1810-1812)....................... 5. . Los estudios eclesiásticos en la Universidad de Mérida entre 1832 y 1843 ...... 5 5 13 16 25 28. CAPITULO II EL CODIGO DE INSTRUCCION PUBLICA DE VENEZUELA DE 1843 Y LA CREACION DE LA FACULTAD DE CIENCIAS ECLESIASTICAS DE LA UNIVERSIDAD DE MERIDA .............................. 31. 1. . El Código de Instrucción Pública y la reorganización de la Universidad Republicana .................................................................................................... 31. 2. . La Facultad de Ciencias Eclesiásticas de la Universidad de Los Andes (1843-1930).................................................................................................... 38. 2.1. Organización inicial ................................................................................ 38. 2.2. Plan de estudio ........................................................................................ 41. 2.3. Textos de estudio .................................................................................... 52. 2.4. Autoridades: Elección y designación ....................................................... 59. 2.5. Profesores ............................................................................................... 80. 2.6. Estudiantes.............................................................................................. 102. 2.7. Destino de los egresados ......................................................................... 193.
(4) CAPITULO III DIFICULTADES PARA EL FUNCIONAMIENTO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS ECLESIASTICAS .......................................................................... 203. 1. . Carencia de profesores ................................................................................... 2. . Insuficiencia de alumnos ............................................................................... 3. . Decreto de Antonio Guzmán Blanco contra la Iglesia .................................... 4. . Conflicto de la Universidad con la Iglesia merideña ....................................... 5. . Etapa final de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas........................................... 203 205 207 210 213. CONSIDERACIONES FINALES ..................................................................... 216. APENDICE ......................................................................................................... 220. Documentos fundamentales de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas .................... 220. FUENTES DOCUMENTALES, BIBLIOGRAFICAS Y HEMEROGRAFICAS ....................................................................................... 258.
(5) Agradecimientos A la Ilustre Universidad de Los Andes, por abrirme sus puertas y darme la oportunidad de lograr una formación profesional.. Al profesor Ali Enrique López Bohórquez, mi tutor, por su dedicación, apoyo y orientaciones acertadas, para lograr la culminación de este trabajo.. Al Archivo de la Universidad de Los Andes, en especial a los Licenciados Pedro Molina, María José Ríos Paz, José Mejía, Diana Hernández y Ana Parra, por todo el apoyo que me han dado para poder finalizar este trabajo.. Al personal de la Biblioteca Central Tulio Febres Cordero, en especial a la señora Miriam Torres, por sus palabras y colaboración en esta investigación.. A todos los que siempre estuvieron preocupados en apoyarme y prestarme su ayuda.. Gracias. ...
(6) INTRODUCCION La Universidad de Los Andes ha sido una institución que a través de los años ha jugado un papel muy importante en la educación superior de Venezuela, en especial dentro del Estado Mérida y la región andina del país. Transcurridos casi doscientos años desde su creación, el 21 de septiembre de 1810, la Universidad fue diseñando su estructura académica a partir de cátedras y Facultades. Unas desaparecieron en el tiempo, mientras que otras sobrevivieron y existen en sus actuales planes de estudio. Una de las facultades que funcionó por más de ocho décadas de los siglos XIX y XX fue la de Ciencias Eclesiásticas, establecida por el primer Código de Instrucción Pública de Venezuela del 20 de junio de 1843, con lo cual se dio organización a los estudios eclesiásticos que se venían haciendo en la institución desde su creación. A esta Facultad asistirían fundamentalmente los estudiantes del Colegio Seminario para cursar las clases de Teología Dogmática y Moral, así como los Fundamentos y Apología de la Religión Católica o los Lugares Teológicos, la Historia de la Iglesia, la Historia Sagrada, los Prolegómenos del Derecho Canónigo, Derecho Común Eclesiástico y la Disciplina de la Iglesia. Estos cursos fueron variando a través del tiempo en razón de las necesidades que debía tener esta enseñanza, tanto para la formación eclesiástica como para quienes simplemente deseaban complementar sus estudios de Derecho o de Filosofía. La Facultad de Ciencias Eclesiásticas atravesaría por diferentes problemas derivados de las vicisitudes de la Universidad, como consecuencia de su situación económica y la intervención de los distintos gobiernos durante los años de existencia de dicha Facultad. Esta tuvo su auge, en determinados momentos, así como también su decadencia; esto último en razón de situaciones políticas o militares que incidían en el mal funcionamiento de la Universidad o por los pocos recursos que el Ejecutivo Nacional ordenaba enviar para los respectivos gastos, lo cual determinaba que los catedráticos hicieran su enseñanza sin remuneración alguna. El hecho más notable de ello aconteció durante el primer gobierno del General Antonio Guzmán Blanco, debido al Decreto contra la Iglesia Católica del 21 de septiembre de 1872 que dispuso el cierre de los Seminarios, la expropiación de más bienes y la modificación de los estudios 1.
(7) eclesiásticos por el Decreto del 2 de julio de 1874. Ello afectó particularmente el funcionamiento de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas, si se considera que sus alumnos provenían mayoritariamente, de ese instituto fundado por Fray Juan Ramos de Lora como Casa de Educación el 29 de marzo de 1785. A esto debe agregarse el hecho del traslado del Seminario a la Isla de Curazao en 1898, por orden del Obispo Antonio Ramón Silva, en razón de que los seminaristas debían cursar sus estudios de manera obligatoria en este instituto, pues si los realizaban en la Universidad no veían, validos ni tampoco podían ocupar sitiales importantes en la administración eclesiástica. En todo este tiempo, desde 1873 hasta 1898, se manifestó en diferentes periodos carencia de alumnos, como encontramos en los años de 1872 a 1883 y con la salida del Seminario de la ciudad de Mérida también se afectaría la presencia de los estudiantes entre los años de 1902 a 1908, y con ello el buen funcionamiento de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas. Las actividades académicas de esta Facultad se reiniciarían normalmente a partir de 1909, pero de manera inestable, ya que no conferiría más títulos y sus clases eran inconsistentes por falta de compromiso de sus alumnos. Como puede advertirse en los documentos consultados, sólo hubo estudiantes hasta 1915, profesores hasta 1920 y para el año de 1931 aun se elegían autoridades que hacían que se mantuviese viva la Facultad; pero sin actividad alguna, cumpliendo los catedráticos funciones de docencia en la Facultad de Ciencias Políticas. Siendo la Facultad de Ciencias Eclesiásticas olvidada y desconocida por la mayoría de los universitarios merideños, en la cátedra de Historia de la Universidad de Los Andes, coordinada por el profesor Alí Enrique López Bohórquez, surgió la idea de desarrollar una investigación sobre la misma entre 1843 y 1930. El tema como tal no ha sido tratado, existiendo solamente referencia en algunos artículos y libros. El primero en abordarlo fue el Presbítero José Humberto Quintero, quien en 1935 publicó en el diario El Vigilante un artículo titulado “Las Ciencias Eclesiásticas en la Universidad de Mérida”,1 en el que dio cuenta del desarrollo de los estudios eclesiásticos antes de la creación de aquella Facultad, su desarrollo a partir de 1843, y como fue desapareciendo, 1. José Humberto Quintero: “Las Ciencias Eclesiásticas en la Universidad de Mérida”, El Vigilante, N° 741. Mérida, sábado 21 de septiembre de 1935. Este artículo luego sería publicado, sin modificación alguna, en la Gaceta Universitaria, N° 9 (Mérida, 21 septiembre 1936), pp. 82- 95.. 2.
(8) dando a conocer los nombres de sus profesores, sus materias y las dificultades por las que pasó durante los gobiernos de Guzmán Blanco. Todo ello relatado con mucha brevedad y sin referencia documental alguna. Años después, Eloi Chalbaud Cardona, en su Historia de la Universidad de Los Andes, 2 incluyó documentos fundamentales para el conocimiento de los estudios eclesiásticos en Mérida y en particular de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas, existentes en el Archivo Histórico de la ULA y en el Archivo Arquidiocesano. De igual manera hizo comentarios y anotaciones adicionales a dichas fuentes que permiten conocer aspectos diversos del funcionamiento de aquella dependencia universitaria. Más recientemente, Carlos Chalbaud Zerpa en su Compendio Histórico de la Universidad de Los Andes de Mérida,3 incluyó una síntesis de la mencionada Facultad, utilizando la información suministrada por José Humberto Quintero y Eloi Chalbaud Cardona. Esta situación historiográfica-documental determinó que la investigación se sustentara fundamentalmente en los documentos que existen sobre la Facultad de Ciencias Eclesiásticas desde su instauración hasta que dejó de funcionar, los cuales se localizan en el Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes, particularmente en la colección de Documentos Empastados y en especial los tomos referidos a dicha Facultad: Facultad de Ciencias Eclesiásticas, sus varias organizaciones y otros documentos (1872-1914). Tomo CXXXI. Libro de Actas de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas de la Universidad de Los Andes. De 1924 en adelante; Tomo CCXXIV: en donde encontramos todas las actas de las elecciones de sus autoridades; Asuntos varios, disciplina y otras Materias (1836-1889). Tomo CXIII: en esta documentación encontramos algunas materias que pertenecían a la Facultad al igual que sus catedráticos y en algunos casos aparecían los estudiantes; Catedráticos, Benemérito, Jubilados y otras materias (1843-1897). Tomo XCV: hallamos en este los profesores que se le otorgaban grados de distinción por su tiempo de entrega a la Universidad y encontramos algunos catedráticos de la Facultad; Cuadro y nominas de cursantes (1844-1906). Tomo CII: 2. Eloi Chalbaud Cardona: Historia de la Universidad de Los Andes. Mérida, Ediciones del Rectorado/ Universidad de Los Andes, 1973, Tomo I-X.. 3. Carlos Chalbaud Zerpa: Compendio Histórico de la Universidad de los Andes de Mérida de Venezuela. Mérida, Universidad de Los Andes, Vicerrectorado/ Académico, 2000, pp. 185-186.. 3.
(9) (1855-1907). Tomo CIII: (1888-1906), Tomo CIV: (1840-1907). Tomo CX: Disciplina, horarios de clases, compensaciones y otras materias (1846-1899). Tomo CXIV: Expediente de estudios (1900-1901). Tomo CXXXVIII; (1902-1904). Tomo CXXXIX: (1904-1905). Tomo CXL: (1908-1910). Tomo CXLII: en esta documentación vemos todo lo relacionado a sus cursantes; Libros de Matrículas (1841-1872). Tomo CLX: (1848-1861). Tomo CXCVI: (1862-1872). Tomo s/n: (1884-1885). Tomo s/n: (18871888). Tomo s/n: (1889-1903). Tomo s/n: N° 25, (1890-1891). N° 26, (1891-1892); (1893-1894). Tomo s/n: (1929). Tomo CCLIII: encontramos a los cursantes y las materias en cursos para los años reflejados; Grados de Ciencias Eclesiásticas (18871907). Tomo LV: Grados en Derecho Canónico (1808- 1876). Tomo LII: Grados en Teología (1808-1897). Tomo LIII: vemos en estos tomos los graduandos de dicha Facultad; Inventario del edificio, muebles, aparatos, máquinas, enseres y archivos (18361907). Tomo CXXXIV: se puede ver en esta documentación un inventario completo de todo lo relacionada a la Universidad en los años señalados, y encontramos los egresados de la misma; licencia a empleados y profesores (1843- 1881). Tomo XCIV: Nombramientos y posesión de empleados y profesores (1817- 1881). Tomo LXXXIX: Provisión de Cátedras (18817-1881). Tomo XC: (1810-1883). Tomo XCI: (1805- 1883). Tomo XCII: hallamos en esta documentación a los catedráticos que hacían vida en esta Facultad. Así, el trabajo quedó organizado en tres capítulos, cuyos contenidos resumimos seguidamente. El primero trata sobre los estudios eclesiásticos en Mérida antes de implantarse la Universidad, dando a conocer los antecedentes por medio de los Conventos, Colegio y Seminario en los que se implantaron dichos estudios. El segundo capítulo concentra su atención en el Código de Instrucción Pública de 1843 y la creación de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas, comprendiendo lo relacionado a su organización inicial, plan y textos de estudio, elección y designación de autoridades, profesores, estudiantes y el destino de los egresados. En el tercero nos referimos a las dificultades para el funcionamiento de la Facultad de Ciencias Eclesiásticas y el final de la misma. Finalmente incluimos un apéndice de documentos fundamentales para el estudio de esta dependencia universitaria. 4.
(10) CAPITULO I LOS ESTUDIOS ECLESIASTICOS EN MERIDA ANTES DEL ESTABLECIMIENTO DE LA UNIVERSIDAD. 1. La enseñanza de Dominicos y Agustinos La orden de Santo Domingo de Guzmán llegó a tierras americanas hacia la primera década del siglo XVI, incorporándose a la evangelización a través del maestro general Tomás Vio Cayetano, que el 3 de octubre de 1508 ordena al Vicario de España, señor Tomás Matienzo, envíe quince frailes a la isla La Española para la fundación de conventos y la predicación del evangelio, llegando estos específicamente en septiembre de 1510. A partir de entonces realizaron su primera actuación evangelizadora, teniendo cuatro frailes; tiempo después llegarían los restantes religiosos que había autorizado el Rey, 4 obteniendo de esta manera una familiarización con el nuevo territorio caribeño descubierto, el cual fungió de puente que unió Europa con América durante el proceso de colonización hispánica en el Nuevo Mundo. Desde su arribo, los dominicos tenían clara su presencia y actuación en tierras americanas. Con la llegada de sus religiosos se daría inicio a la expansión evangelizadora en América. Comienza con el envío de dos de sus frailes a Cuba, partiendo en junio de 1511, con el fin de iniciar la evangelización de los naturales de aquella isla, pero dicha labor expansionista se vería afectada por algunos acontecimientos que frenarían los avances de adoctrinamiento. Para el 21 de diciembre de 1511, los religiosos que se encontraban en la isla La Española deciden plantear públicamente, por medio de un sermón, los derechos que tenían los aborígenes frente a los derechos del dominio español en aquellos territorios, trayendo ello como consecuencia escenarios hostiles, como la negación de parte de los españoles del sustento a la orden dominica y su deportación hacía España, al igual que las amenazas de parte del Rey Fernando y su provincial con España, pero los religiosos, haciendo caso 4. Antonio Bueno Espinar: "Dominicos" en Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Polar, 1997, Tomo II, p. 134.. 5.
(11) omiso a tales hechos, se negaron a renunciar a sus ideas ya que eran capaces de abandonar América antes de renegar del dictamen de sus conciencias. Todo esto conllevaría a que después de haber escuchado el Rey los motivos del porque de la actuación de los frailes en defensa de los naturales, aprobaría las primeras Leyes de Indias (1512).5 Luego de estos acontecimientos seguiría el proceso de evangelización en los territorios americanos; será la comunidad de Santo Domingo la primera en llegar a Colombia, Perú, Ecuador y Chile, para acompañar a los conquistadores Gonzalo Jiménez de Quesada, Francisco Pizarro, Sebastián de Balalcázar y Pedro de Valdivia. 6 El territorio venezolano se encontraba bajo dominicos de la provincia de Santa Cruz de las Indias hasta que se erigieron las nuevas provincias. A partir de ese momento pertenecerá a San Antonio del Nuevo Reino de Granada la zona occidental andina y los llanos de Barinas hasta el Apure, y de Apure hasta el Brasil. Quedaría para la provincia de Santa Cruz todo lo que comprendía las provincias de Venezuela, Cumaná y Margarita.7 Los dominicos llegan a tierras venezolanas luego del éxito obtenido por la orden en defensa de los naturales, logrando que enviaran un nuevo contingente de religiosos, acrecentándose de esta forma su presencia en el Caribe. Para el año de 1514 arriban a las costas de Venezuela, siendo integrada por Fray Antonio Montesino, Fray Francisco de Córdoba y Fray Juan Garcés. A su llegada se establecieron en la región de Píritu, en la Provincia de Maracapana, no lejos de donde hoy se encuentra la ciudad de Barcelona, asentándose entre los guaiqueríes donde fueron bien recibidos; aunque sólo llegan con dos de sus religiosos, ya que el primero de ellos cae enfermo a su paso por San Juan, mientras que los otros dos frailes continuaron su camino y se establecieron con los naturales. La expedición no tendría éxito como otras, ya que se vería envuelta en un acontecimiento que acabaría con la vida de los predicadores, siendo la siguiente, con la presencia de un grupo de rescatadores de perlas y saqueadores de los indígenas, capitaneado por Gómez de Ribera, la que logró a base de engaños la aprehensión de 5. Miguel Ángel Medina: Los Dominicos en América: Presencia y actuación de los Dominicos en la América Colonial española de los siglos XVI-XIX. Madrid, Mapfre, 1992, pp. 17-18.. 6. Antonio Bueno Espinar: Op. Cit., Tomo II, p. 134.. 7. Ibíd.. 6.
(12) algunos aborígenes. Ante tal acto, los naturales de Píritu retuvieron a dos religiosos, pidiendo la devolución de los esclavizados a cambio de ambos pero los opresores, haciendo a un lado tal propuesta, provocaron que los frailes pagaran con sus vidas, quedando de esta forma muerta y fracasada la expedición y el primer intento de asentamiento en estas tierras.8 Volverán ellos a realizar nuevo intento de asentamiento, a pesar de la tragedia ocurrida en la región de Píritu. La organización de este nuevo viaje será llevado por Pedro de Córdoba para el año de 1515, integrándose algunos franciscanos encabezados por Juan Garceto. Se instalarían los franciscanos en Cumaná y los dominicos en Chichiriviche. La orden de predicadores, en su intento por establecerse en estas tierras, levantaron con sus propios esfuerzos una casa pequeña para cuatro de sus religiosos; desde allí atenderían la evangelización de los aborígenes de aquella provincia y las necesidades espirituales de los españoles asentados en la vecina isla de Cubagua, pero fracasarían en su intento de establecerse, ya que terminan en tragedia el 3 de septiembre de 1520 por las mismas causas que el anterior intento de asentamiento.9 Luego de varios esfuerzos por llegar y quedarse en estas tierras, la orden de predicadores arribó nuevamente a Venezuela con las capitulaciones de los Welser, ya que el emperador Carlos V, en 1528, encomendó a Antonio de Montesino pasar a la provincia de Venezuela con el oficio de Protector de Indios. El territorio que fue otorgado a los alemanes se extendía entre Maracapana y el Cabo de la Vela. Con Montesino pudieron viajar hasta 40 dominicos. El 25 de octubre de 1528 embarcaron 20 religiosos con Ambrosio Alfínger, siendo ésta la mayor cantidad de predicadores enviados a estas tierras para el momento. Para el 8 de marzo de 1530 llegaría la expedición de Nicolás de Federmann. En estos viajes realizados no existió un proyecto de evangelización en esas zonas adonde arribaron, como tampoco se logró establecer casa o convento alguno. Pasarían varios años para la venida de religiosos, siendo finalmente en 1556 cuando Gregorio Beteta predicara entre los araucos o araucanos 8. Miguel Ángel Medina: Op. Cit., pp. 18-19; Antonio Bueno Espinar: Ibíd., Tomo II, p. 135.. 9. Miguel Ángel Medina: Ibíd., pp. 19-23.. 7.
(13) acompañados por Francisco de Montesino, al que dejara en Margarita. Montesino volvería años después convertido en provincial de Santa Cruz de Indias, dirigiendo una misión pobladora en Cumaná producto de un acuerdo logrado con el rey Felipe II. Este convenio, que abarcó entre Maracapana y el río Amazonas, tendría en este nuevo intento de asentamiento dos acompañantes, siendo ellos Álvaro de Castro y Juan Camacho; alcanzándose en este intento la fundación de Cumaná. Obtenido éxito en esta expedición, se da informe al Rey el 18 de mayo de 1562. Entre los años de 1567 y 1576 llegarían a Margarita varios dominicos para continuar la misión evangelizadora de los araucos;10 con esto se conseguiría un establecimiento más permanente en estas tierras ya que se pasaría a la fundación de conventos y casas de noviciados, convirtiéndose en centros de enseñanzas en donde se impartían los estudios eclesiásticos, dándolos a conocer detalladamente en la enseñanza eclesiástica que esta orden de Santo Domingo impartía. La llegada de la orden de Santo Domingo a estos territorios trajo consigo sus conocimientos y enseñanzas que compartirían con los habitantes de las provincias. Para ello, daremos paso a conocer lo que sería la creación de conventos, monasterios y casas de noviciado en donde se impartirían las clases. El primer asentamiento conventual se dio en Margarita; el Capítulo General de 1589 aceptó como convento formal a la casa del Santísimo Rosario de Margarita, designando prior a Juan Díaz. Pasaron algunos años donde los predicadores impartieron sus enseñanzas aunque muy precariamente. En el año de 1811 se pretendió despojar el convento, y en 1813 la situación era de extrema pobreza, encontrándose Fermín Hernández como Vicario y José Placencia como converso. Sin encontrarse reseña alguna de lo acontecido en este tiempo en la enseñanza ni en la vida del convento, este quedaría completamente eliminado para el año de 1833. Luego del convento de Margarita y con la existencia de una casa de orden de predicadores en Caracas, se daría paso a la creación del convento de San Jacinto de Caracas. Esto ocurriría a finales del siglo XVI; tenían apenas para el momento de su creación cuatro religiosos que vivían de las limosnas. Entre los años de 1630 y 1644. 10. Antonio Bueno Espinar: Op. Cit., Tomo II, pp. 135-136.. 8.
(14) pasaría a formar parte de los conventos formales, erigiendo a José Zaá como prior de San Jacinto. El convento comienza a tomar auge en la provincia, categorizándose como uno de los más importantes. En el año de 1670 se establece una casa de noviciado y estudios generales; instituyéndose cuatro cátedras, siendo ellas: Artes, Teología Escolástica, Teología Moral y Sagrada Escritura. A partir de aquí se inicia la enseñanza eclesiástica en dicha casa de educación, que dará sus frutos y llegará a situarse en los lugares más importantes en los estudios universitarios. Para el año de 1741 se presenta al Claustro Universitario de Santa Rosa de Lima Pedro González y propone crear 2 cátedras, una de Filosofía y otra de Sagrada Escritura. De este modo se integran a los estudios eclesiásticos dentro de la Universidad, debido a que estas materias sólo la regentarían en propiedad los dominicos. La propuesta fue aceptada y con ello los religiosos se incorporaban a la docencia universitaria en Caracas. Aunque tiempo más tarde vendría el final del convento, que llegaría a finales del siglo XVIII; motivo de este hecho fue el terremoto ocurrido en 1812. Pero para el año de 1813 aun continuaba en actividad, según informe enviado al Arzobispo Narciso Coll y Prat. Para esta fecha se regentaban algunas cátedras como la de Filosofía y Sagrada Escritura. Todo llegaría a su fin con el decreto de supresión de conventos expedido por el General Antonio Guzmán Blanco. En 1874 es demolido el convento y la iglesia.11 Entre otros de los centros de educación que existían, pertenecientes a la orden de Santo Domingo, encontramos el de Cumaná. En el año de 1618 el Capítulo General aceptó una solicitud emanada por la provincia para el establecimiento del convento de San Antonio de Cumaná, siendo éste aprobado en 1644, instituyéndose como primer prior a Francisco Clavijo, y como predicador general a Juan de San Jacinto. En lo que respecta a los estudios, éste se destacó por poseer clases de Gramática y Moral, conjuntamente en los estudios eclesiásticos. El convento se mantendría en pie hasta el año de 1853, ya que por motivos de un terremoto se destruyó.12. 11. Ibíd., Tomo II, pp. 136-137.. 12. Ibíd., Tomo II, p. 137.. 9.
(15) En la zona central se establece en El Tocuyo una casa de noviciado por iniciativa del Obispo Dominico Pedro de Ágreda, el 17 de enero de 1576. Se lograría erigir la casa en el año de 1595 con la ayuda de Juan Díaz, Visitador de la provincia de Santa Cruz, la cual establece con los religiosos dispersos como casa de la Inmaculada Concepción, concediéndole la licencia el 5 de febrero de 1596. No existe evidencia de que en esta casa se llevaron a cabo estudios eclesiásticos. Fue eliminado para el año de 1821. En San Felipe, San Carlos y La Guaira sólo se aperturaron casas. Los últimos conventos erigidos fueron el de Nuestra Señora de Trujillo y el de San Sebastián de Maracaibo. Para el año de 1677, en el primer convento se impartían clases de Gramática, Arte y Teología, observándose que en el primero sí se llevaba a cabo la enseñanza eclesiástica, y mientras del segundo no se poseen dato alguno de lo que se enseñaba. 13 Los religiosos de Santo Domingo llegaron a Mérida con Juan Rodríguez Suárez el 9 de octubre de 1558, cuando se funda por medio de su Capellán, Rodrigo de Adrada, quien fue el primer Prior, el convento de San Vicente Ferrer. Ya conociendo el territorio, estos misioneros establecen la primera comunidad de religiosos conformada por Alonso de Ortega, Juan Rioja, Luis Maldonado y Pedro Castro. Estos frailes se encargaron de adoctrinar a las aldeas, caseríos y regiones existentes en el pueblo de La Sal, Acequia, Aricagua y Torondoy. Dicha labor era originada y compartida por otras órdenes, cuál era el caso de los agustinos.14 Tiempo más tarde el convento sufriría una gran pérdida, el de su edificación, ya que por medio del terremoto de 1644 quedó destruido. Después, ya repuesto el convento, se solicita para 1777 al Capítulo General que el mismo sea elevado a convento formal y casa de noviciado. De igual manera, se solicita les sean asignados los religiosos que se encontraban de misiones en Barinas y Apure. Acerca de esta casa de noviciado no se tiene información alguna respecto a que se hayan dado estudios de carácter religioso, ya que la propuesta del Obispo Fray Cándido de Torrijos, para los religiosos dominicos, era el de organizar un instituto de enseñanza científica, no llevándose a cabo por la repentina muerte de éste. En el obispado del Dr. Santiago 13. Ibíd.. 14. Tulio Febres Cordero: Décadas de la historia de Mérida. Mérida, El Lápiz, 1920, Tomo I, pp. 176-177.. 10.
(16) Hernández Milanés no se propone ningún instituto de enseñanza dentro del recinto de los dominicos. Con el pasar de los tiempos el convento quedaría suprimido. 15 Respecto a la orden de los agustinos encontramos que estos llegan a Venezuela en los inicios de la colonia. Su misión principal fue el adoctrinamiento de los pueblos. Utilizaron como método catequístico las enseñanzas de San Agustín. Toda la tarea que va a tener la orden llegó gracias al padre Requejada, 16 primer religioso en llegar a tierras americanas y, para el año de 1530, a las costas venezolanas, recorriendo con la ayuda y exploraciones de algunos españoles el Occidente y el Centro de la antigua provincia de Venezuela. La orden de San Agustín llegó a Mérida años después de su fundación (9 de octubre de 1558), estableciéndose definitivamente para el año de 1591. Tras su llegada a la cuidad, la orden se dedicó al fin a de las diferencias existentes entre los seguidores de su fundador Juan Rodríguez Suárez y Juan Maldonado, siendo este conflicto el motivo de algunas divisiones presentes en la ciudad. Con la pacificación de sus habitantes y vecinos, la orden dio paso a la construcción del convento en 1591. Al igual que otras congregaciones, los agustinos recibieron donación de terreno para que llevaran a cabo la obra.17 Concluida la labor, la orden le dio el nombre al convento de San Juan Evangelista. Los religiosos, ya establecidos en diferentes puntos de la provincia, como en Mérida, San Cristóbal y San Antonio de Gibraltar, dieron paso a lo que sería su trabajo perenne que era el de adoctrinar a los indios. Dicha responsabilidad fue compartida con los dominicos.18 Al convento de Mérida pertenecerían las doctrinas de Mucuchíes, Tabay, Valle de Carrasco, Mucupíche, Mucurumote y Cacute, al igual que Lagunillas, Aricagua, Santa Rita de Pueblo Nuevo y algunos caseríos de los llanos hasta Miricao y Pedraza la Vieja. 15. Antonio Bueno Espinar: Op. Cit., Tomo II, pp. 137- 138.. 16. El padre Requejada, pasó seis años seguidos en Venezuela, durante 1530 a 1536, siendo el precursor de los agustinos en América. Lo encontramos en: Fernando Campo del Pozo: Historia documentada de los Agustinos en Venezuela durante la época colonial. Caracas, Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 1968, Volumen 91, p. 7.. 17. Ibíd., p. 25.. 18. Tulio Febres Cordero: Op. Cit., Tomo I, pp.176- 177.. 11.
(17) En la labor educacional llevada por esta orden encontramos la que inició el padre provincial Antonio de Cárdenas, como fue la apertura del noviciado en el convento San Juan Evangelista, gracias al consentimiento del señor Obispo Fray Juan Ramos de Lora y al Cabildo, lo cual fue aprobado por el Rey Carlos III, el 22 de mayo de 1788.19 Con este noviciado se inició la formación de nuevos religiosos en tierras merideñas. Observamos que en el plan de estudios de la orden de San Agustín hubo poco interés por cátedras de orden eclesiástico, predominando las de Gramática y Filosofía.20 Este noviciado evitaría que las familias no tuvieran que enviar a sus hijos a los centros educacionales de Tunja o Santa Fe, que eran los lugares más cercanos. Sin embargo, sus clases de Gramática no duraron mucho tiempo, ya que se vieron afectados por la innovación de las ideas que se venían dando a conocer con la Ilustración o Siglo de las Luces, como es llamada esta centuria, al igual que por el espíritu liberal que se venía manifestando en Europa, influenciando a todas las colonias; siendo estos actos adversos al progreso de las órdenes religiosas, de la Iglesia y de la misma cultura.21 El convento de San Agustín en Venezuela durante la época colonial era considerado como uno de los cuatro mejores de la provincia de Nuestra Señora de Gracia. Su estabilidad no durará por mucho tiempo ya que sus bienes, que no eran pocos, porque poseían una hacienda y tejares, siete solares y una estancia para sembrar trigo. A finales del siglo XVIII y comienzos de XIX serán parte de un conflicto y disgustos para los religiosos, ya que sus bienes serán confiscados y el número de religiosos se disminuirá poco a poco, quedando el monasterio completamente extinguido en tiempos de la Gran Colombia. Ante la ausencia de los religiosos, estas pertenencias pasaron primero al gobierno y luego, en 1843, a la Universidad de Mérida.22. 19. 20. Fernando Campo del Pozo: Op.Cit., p.37. Podemos notar que la importancia de la formación estaba basada en la enseñanza por la Gramática, ocurriendo este interés en la mayoría de las órdenes. Todo esto ocurría debido a la importancia de esta cátedra, ya que a partir de esta se podía aprender otras materias, en este caso de orden eclesiástico como son la Teología y Sagrada Escritura, entre otras.. 21. Fernando Campo del Pozo: Op. Cit., p. 37.. 22. Ibíd., pp. 38-40.. 12.
(18) 2. El Colegio San Francisco Javier (1628-1767) Los colegios coloniales surgieron en América casi siempre bajo el amparo y protección de una orden religiosa. Con la ayuda económica de los vecinos y el consentimiento de las autoridades civiles, el Colegio San Francisco Javier fue uno de ellos, creado bajo esta realidad por los Jesuitas. El inicio de la acción Jesuita en Venezuela se dará a conocer en el último tercio del siglo XVI. A inicios del siglo XVII ocurre el intento de fundación de un centro educacional en las tierras andinas, siendo una de las primeras privilegiadas Nuestra Señora de la Paz de Trujillo, aunque no se llevó totalmente a cabalidad. La fundación del primer Colegio de la Compañía de Jesús tuvo lugar en la ciudad neogranadina de Mérida en 1628.23 Toda esta creación surgió gracias al esfuerzo y dedicación de los padres Juan de Arcos y Juan de Cabrera, al igual que por las limosnas concedidas por los habitantes de la ciudad y la gran generosidad del clérigo Ventura de la Peña, quien otorgó la hacienda de Las Tapias, la cual anualmente producía como renta más de dos mil pesos,24 obteniéndose de ésta una gran ayuda para el inicio de un colegio que iba apenas a dar sus primeros pasos. La fundación del Colegio San Francisco Javier se realizó bajo lo establecido en la legislación indiana, con aprobación de manera unánime del Cabildo merideño en 1629. 25 Así pues, en el centro de la ciudad se inicia la fábrica del Colegio, que luego se convierte en uno de los centros de estudios más reconocidos e importantes de la época. Durante el proceso de construcción los padres Jesuitas se hospedaron en una residencia, mientras que la sede terminaba de construirse. Una vez finalizada, quedó distribuido en una casa claustrada en redondo, nueve aposentos, un refectorio, una cocina, dos cuartos y una. 23. Edda O. Samudio, José del Rey Fajardo y Manuel Briceño Jáuregui: Virtud, Letras y Política en la Mérida Colonial: Biografía del primer Colegio de Humanidades en Venezuela. Mérida, Universidad Católica del Táchira, 1996, Tomo I, p. 41.. 24. Idelfonso Leal: El Colegio de los Jesuitas en Mérida 1628-1767. Mérida, Concejo Municipal de Libertador, 1983, p.35.. 25. Archivo Arquidiocesano de Mérida. Seminario. Caja I. Inventario de los papeles del archivo del Colegio San Francisco Javier de Mérida. Finalizado el 22 de octubre de 1773. Fol. 21v.. 13.
(19) huerta cercada de tapias.26 De este modo, para la época, tenía lo básico para la formación, y así dio inicio a las clases. Debemos tener presente que los Jesuitas no eran la única orden religiosa existente en la Mérida colonial, pues ya existían otras órdenes religiosas como ya se indicó, la orden de los predicadores de Santo Domingo de Guzmán fundó su primer convento con el nombre de San Vicente Ferrer en el año de 1567, al igual que la orden de San Agustín, en la última década del siglo XVI, que estableció el convento de San Juan Evangelista. Estas doctrinas se desenvolvieron durante las centurias de dominación hispánica.27 A pesar de que existía desde mucho antes, la recién llegada congregación jesuita no llegó a fundar una institución educativa sino casas de noviciados. Tampoco llegaron a tener tanto auge y reconocimiento como lo tendrá. Será el Colegio San Francisco Javier, considerado el primer colegio de humanidades y el primero de la Compañía de Jesús en el territorio de la actual Venezuela. 28 Las clases en el Colegio San Francisco Javier se iniciaron en 1628, dando paso a las enseñanzas de las primeras letras y los estudios más amplios de Gramática, siendo ésta la base para los cursos superiores de Filosofía, Teología, Derecho y Medicina, por tanto, los estudiantes que querían continuar estudios superiores lo hacían en la Universidad de Santa Fe de Bogotá o en la Universidad de Santo Domingo, en la isla La Española. A partir de 1721, ya podían hacerlo en la Universidad de Caracas. El Colegio se organizaba bajo estas autoridades académicas, en función de cinco personas fundamentales: la figura de un Rector, un Director de Estudios, un profesor de Humanidades, un Director de las cosas espirituales y un Procurador. El Rector, estaba en la cúspide de la organización jerárquica y era el responsable del buen funcionamiento del Colegio, por ello tenía que ser ejercido por un hombre de autoridad y de gran 26. Idelfonso Leal: Op. Cit., p.6.. 27. Edda O. Samudio, José del Rey Fajardo y Manuel Briceño Jáuregui: El Colegio San Francisco Javier en la Mérida Colonial: Germen Histórico de la Universidad de Los Andes. Mérida, Universidad de Los Andes/ Ediciones del Rectorado, 2003, Tomo I, p.20.. 28. Ibíd., Tomo I, p.20.. 14.
(20) experiencia. El Director de Estudios debía asegurar la unidad docente; el profesor de Humanidades debía estar a cargo de la enseñanza y las actividades pedagógicas que implementaban los Jesuitas; el Director de las cosas espirituales, velaba por el cumplimiento de los deberes, al igual que la observancia de las normas escolares, por la diligencia en los estudios; y mientras que el Procurador se enfocaba en la proyección de la economía local. 29 La organización del pensum de estudio del Colegio se desarrolla bajo las bases humanísticas. Este comprendió tres años de Gramática, uno de Humanidades propiamente dicha y uno de Retórica. 30 Las enseñanzas eclesiásticas no las vemos reflejadas de manera expresa e independiente, ya que como anteriormente se dijo, se enseñaba la Gramática, y a partir de ella se conocían las otras materias, entre éstas las de orden eclesiástico. Esto quiere decir que la enseñanza del bagaje eclesiástico, en principio, se encuentra supeditada a otra asignatura y no gozaba de su propio pensum de estudios. Parece paradójico que, siendo un Colegio impartido y dirigido por religiosos, la religión no ocupase un sitial preponderante como tema de estudio, existiendo otras por preocupaciones en la formación educativa de sus alumnos. Continuando con el auge que estaba teniendo la institución, observamos que va a estar estable por cierto tiempo, ya que para la fecha de creación del Colegio, Mérida se encontraba en una muy buena posición económica. 31 Pero todos los bienes adquiridos con el esfuerzo de la orden Jesuita, de la misma forma con la ayuda de los habitantes, se verá desvanecida al momento de producirse su expulsión de las colonias americanas en 1767, siendo sus bienes confiscados a favor de la monarquía en 1799. Las propiedades de la institución que albergó tantos jóvenes y niños para su formación académica y el crecimiento intelectual de la ciudad merideña, fue la primera en verse afectada. Las 29. 30. 31. José del Rey Fajardo: “Jesuitas”, en Diccionario de Historia Venezuela. Caracas, Fundación Polar, 1997, Tomo II p. 841. Ibíd., Tomo II, pp. 840-841. Este auge económico nos los dan a conocer, en varios puntos los autores, Edda O. Samudio, José del Rey Fajardo y Manuel Briceño Jáuregui: El Colegio San Francisco Javier en la Mérida Colonial: Germen Histórico de la Universidad de Los Andes. Tomo I, pp.26-38.. 15.
(21) mismas se disgregaron, beneficiándose las otras órdenes religiosas establecidas en la ciudad, como fue el caso de los dominicos que recibieron parte de las posesiones jesuíticas por Real Cédula de 6 de enero de 1773. Para este recibimiento debían cumplir y comprometerse con la fundación de un Colegio de misioneros para que evangelizara los llanos desde Barinas hasta Apure, adquiriendo esta orden religiosa la iglesia, el Colegio y las haciendas Las Tapias y La Ceiba. Con la disposición realizada por la Corona hacia la orden de Santo Domingo no se cumplió de manera efectiva, ya que para el año de 1787 los bienes otorgados pasaron al recién creado Colegio Seminario de San Buenaventura, pues los bienes de la orden de los jesuitas estaban abandonados y en deterioro. Con el auge y la importancia que adquirieron los Jesuitas en tiempos de la época colonial, las pertenecías adquiridas por éstos y el gran aporte realizado a la Corona por su evangelización en nuevas tierras inexploradas hacen ver que algunos historiadores opinen que la expulsión de la Compañía de Jesús en varias partes de América no fue muy acertada, ya que produjo trastornos en la organización de la instrucción pública, pues en algunos lugares resultó muy difícil reemplazar a esta orden religiosa que por más de tres centurias había administrado y llevado la enseñanza a sectores de la población indígena y criolla como fue el caso de Mérida. 32 3. La Casa de Educación y el Colegio Seminario de Fray Juan Ramos de Lora (17851810) La Diócesis de Mérida de Maracaibo fue erigida por la Bula Magnitudo Divinae Majestatis del Sumo Pontífice Pío VI, el 16 de febrero de 1778. Por Real Cédula de 1783 fue aprobada por el Rey Carlos III, la cual tuvo un impacto tanto en el escenario religioso como en el educativo de Mérida. Como primer Obispo se designó al señor Fray Juan Ramos de Lora, franciscano, quien además de dictar diversas disposiciones de carácter organizativo y moral para el funcionamiento del obispado, mostro interés por la educación, ante el abandono en que se encontraba la misma en la ciudad. Ello continuaría, como hemos señalado, una tradición, “…Desde sus mismos orígenes, 32. Idelfonso Leal: Op. Cit., p. 43.. 16.
(22) Mérida de Maracaibo fue nido del saber y de la educación formal. No sólo el claustro conventual albergó ciencia: dominicos, agustinos, franciscanos, y clarisas ya impartían enseñanzas a poco de la fundación de Santiago de los Caballeros; y los Jesuitas, desde 1628, en medio de grandes dificultades, sostuvieron el Colegio San Francisco Javier, hasta la expulsión de la Compañía (1767), durante casi ciento cincuenta años. Por su parte, el Pbro. Dr. Francisco Antonio Uzcátegui (el célebre, ´Canónigo´) sostuvo en Mérida, con su propio peculio, desde 1782 (tres años antes de la llegada de Juan Ramos) una escuela de primeras letras para las clases populares, que duró treinta años, y fundó otra, en 1788, en el cercano Ejido”.33 La creación del Real Colegio Seminario Tridentino de San Buenaventura de Mérida fue el resultado de las acciones que se llevaron a partir de 1785 por Ramos de Lora, el mismo comunicó al Rey que destinaba el convento de San Francisco para una especie de Colegio y le pedía de algún modo de perpetuidad que se designase, el 3% que para el Colegio de Caracas se cobraba en la Diócesis; las tierras de San Jacinto, Santa Catalina, Los Cacutes, San Jerónimo, La Virgen y el Hato de Pagüey, que había pertenecido a los padres Jesuitas; al igual que los pocos ornamentos para el culto, que dejaron los religiosos dominicos; y, por último, que tuviese a bien aprobar la transformación de la Casa de Educación en Colegio Seminario Tridentino. A solicitud del propio Obispo el Rey Carlos III aprobó por Real Cédula del 4 de septiembre de 1786, la erección del Seminario Tridentino suprimiendo el convento de los religiosos franciscanos, con el 3% de las rentas eclesiásticas de esa Diócesis, y para el aumento de sus dotaciones se les otorgó algunas tierras y haciendas como la de Santa Catalina, San Jacinto, Hato de Pagüey y otras que fueron de los Jesuitas y que se encontraban sin destino.34 En realidad aquel Obispo Franciscano consciente de su deber episcopal, aquel. 33. Néstor Fernández Pacheco: Perfiles, Semblanza de los Arzobispos, Obispos, y de algunos eminentes presbíteros del clero secular de la historia de la Arquidiócesis de Mérida / Venezuela. Mérida, Editorial Casa Blanca, 2001, p. 88.. 34. Eloi Chalbaud Cardona: Op. Cit., Tomo I, p. 84.. 17.
(23) que emanaba el Concilio Tridentino, tenía la orden de establecer un Seminario para la nueva Diócesis. 35 Con aquellas Constituciones del 29 de marzo de 1785 de la Casa de Educación, el Obispo se propuso formar los curas que requería su Diócesis, por lo cual utilizó el antiguo convento de los franciscanos. El ingreso de estudiantes y catedráticos a este centro de educación eclesiástica fue establecido en dichas Constituciones. El mecanismo de admisión consistió en que cada aspirante debía dirigir una solicitud por escrito al prelado y someterse a un interrogatorio, que se componía de cinco preguntas. El mismo se aplicaba tanto a los colegiales como a los profesores en términos de igualdad a fin de que probaran si eran blancos, nacidos de matrimonios legítimos, descendientes de cristianos viejos, sin ninguna mezcla de mala raza, ni ancestros condenados por la Inquisición.36 Además, las normas redactadas por Ramos de Lora contenían 13 reglas que daban a conocer una sencilla estructura educacional, dirigida a las personas de la Casa de Educación, como los maestros y estudiantes, siendo las siguientes: el plantel se compondría de un Director que regiría la Casa y a quien todos debían obedecer. Este velaría para que los catedráticos y estudiantes cumplieran sus obligaciones, y además tenía como deber la enseñanza de las materias Morales, para aquellos alumnos sobresalientes en Gramática. Existía un maestro, cuyo oficio era el de enseñar la lengua latina a los jóvenes. También se encontraba la figura del Procurador o Mayordomo y el de un Cocinero, con sus obligaciones señaladas. En las constituciones figuraban las vestiduras y los deberes que poseían los profesores y alumnos, estos debían portar hábitos clericales, se confesarían y comulgarían todos los primeros domingos, rezaría el Rosario, y los sábados por las tardes dirían las oraciones y catecismos conforme a los sinodales de Caracas. Los estudiantes poseían un horario muy estricto que el señor Obispo consideraba acto para 35. “Sección XXIII, Capítulo XVIII: Se da el método de erigir Seminario de Clérigos, y educarlos en él”, en El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento. Paris, Librería de Rosa y Bouret, 1860, pp. 291-299.. 36. Gabriel Picón Febres, Hijo: Datos para la historia de la Diócesis de Mérida. Caracas, Ediciones Solar/ Instituto de Acción Cultural/ Consejo de Desarrollo Científico Humanístico y Tecnológico, 1998, p. 46.. 18.
(24) los cursantes que querían educarse en la vida sacerdotal. En lo que corresponde a la alimentación encontramos que la misma era austera y sobria, ajustada a la pobreza de la iglesia y del lugar. En los días festivos el Director se dirigía a la misa en la catedral, acompañado de los maestros y cursantes, sirviendo algunos de ellos como acólitos, instruyéndose de esta manera a la Liturgia. 37 Será para el 30 de diciembre de 1785, cuando el Obispo Lora modifica las antiguas constituciones, haciéndole una adición. Con el fin de evitar la desidia de los alumnos, se determinó que practicasen exámenes dos veces al año. Uno desde el 1° al 6 de enero y el otro desde el 24 al 30 de junio. Los maestros de Latinidad harían los exámenes tomados de los libros del Arte de Nebrija, certificando de esta manera el aprovechamiento, la aplicación y aptitud. Finalizada la prueba se le entregaría los resultados al Obispo, quien determinaría la continuación o salida del alumno. Con esto se lograría puesto a otros jóvenes más aptos, y que los alumnos retirados se dedicaran a otros oficios provechosos.38 El 21 de abril de 1787, el Obispo envía un informe al monarca participándole sobre el progreso de la institución, al mismo tiempo que le solicita la aprobación de la fabricación de un nuevo edificio que sirviera de sede, explicándoles que el convento donde funcionaba el Colegio se encontraba deteriorado por los temblores ocurridos, debiendo alquilar una casa para acomodar a los alumnos. Ante esta evidente necesidad Carlos III aprobó la transformación de la Casa de Estudio en Colegio Seminario Tridentino, por Real Cédula del 9 de junio de 1787, así como las rentas y propiedades para su funcionamiento. Será entonces, el 20 de marzo de 1789 que el Rey Carlos IV le confiera al Colegio el título de Real Colegio Seminario de San Buenaventura, con. 37. Eloi Chalbaud Cardona: Op. Cit., Tomo I, pp. 88-90; Antonio Ramón Silva: Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida. Mérida, Imprenta Diocesana, 1908, Tomo I, pp. 296-300.. 38. Encontramos dos fechas en donde nos acreditan la modificación de las constituciones, ya que Antonio Ramón Silva nos dice que fue el 30 de noviembre de 1785 y el autor Eloi Chalbaud Cardona el 30 de diciembre de 1785. Lo podemos observar en: Eloi Chalbaud Cardona: Ibíd., Tomo I, pp. 93-94; Antonio Ramón Silva: Ibíd., Tomo I, p. 300.. 19.
(25) afiliación a la Universidad de Caracas en lo referente a otorgamiento de grados, autorizando también, la construcción del edificio para su sede. 39 La construcción del edificio se inició con las rentas del prelado, adquiriendo tres solares situados a media cuadra de la plaza mayor de la ciudad para la una sede de dos pisos. Esta finalizó el 21 de junio de 1790, produciéndose el traslado formal de los estudiantes el 2 de noviembre de ese mismo año, fecha en que el Obispo Ramos de Lora otorgó cinco becas a los colegiales merideños Buenaventura Arias, y Domingo Antonio Pacheco; a los trujillanos Emigdio Briceño e Ignacio de Frías, y al maracaibero José Hipólito Monsant. El acto estuvo presidido por su secretario, el presbítero Mateo José Mas y Rubí, quien por orden del Obispo procedió a la bendición de la Capilla del Colegio Seminario, ya que el señor Lora había pedido que su cuerpo quedase sepultado allí, y también invistió a los cinco niños que becó, ya que no quería dar lugar a que el edificio fuese confiscado como espolios. 40 Siete días después falleció Fray Juan Ramos de Lora,41dejando instalado el Colegio Seminario que le había ordenado en su Bula de nombramiento el Papa Pío VI y lo emanado en el Concilio de Trento. Fue enterrado en la Capilla del edificio recién construido como lo había dispuesto antes de su muerte. Con la muerte del Obispo Fray Juan Ramos de Lora, pasó a ocupar la rectoría el Dr. Luís Dionisio Villamizar, quien era nativo de Pamplona, egresado de la Universidad de Santa Fe, cura párroco de Mérida desde 1763 a 1784, designado Provisor del Obispo Fray Juan Ramos de Lora, el señor Villamizar fue el primer canónigo de la catedral de Mérida. No tuvo mucha duración en su cargo y prácticamente el Colegio Seminario continuó con la enseñanza eclesiástica establecidas por las constituciones del 29 de marzo de 1785 sin sufrir ningún cambio, pues renunció el 3 de julio de 1792. 42 Le siguió. 39. Eloi Chalbaud Cardona: Ibíd.., Tomo I, pp. 102-104.. 40. Ibíd., p. 110.. 41. Podemos encontrar la partida de entierro de Fray Juan Ramos de Lora Obispo de Mérida de Maracaibo, registrada por el Pbro. Dr. Don Luis Dionisio Villamizar, cura Rector de la iglesia Catedral de Mérida. Firma y Rúbricas: Luis Dionisio Villamizar. AAM. Sección 45B, Libros varios. Libro Nº 1 Lora-Milanés, Oficiales (1777-1812), p. 314.. 42. Néstor Fernández Pacheco: Op. Cit., p. 90.. 20.
(26) en el cargo el Licenciado Hipólito Elías González. Éste ocupó el rectorado del Seminario hasta agosto de 1794. Sin embargo, desde la muerte del Obispo Lora, había quedado vacante la Diócesis, pero tiempo después llega a esta ciudad el Dr. Fray Manuel Cándido Torrijos el cual fue designado Obispo y Rector, teniendo también una gestión breve, ya que falleció el 22 de noviembre de 1794,43 dejando importantes aportes como lo fue una valiosa biblioteca, aparatos científicos y notables catedráticos que ayudaron a elevar el nivel cultural del obispado, también se preocupó por reorganizar el Seminario, encomendándole esta tarea al Licenciado Hipólito Elías González, en el que estableció un conjunto de normas que le dieron una nueva organización, ya que las constituciones redactadas por Ramos de Lora no respondían a las exigencias de un Seminario. Con las normas establecidas por el Licenciado Hipólito Elías González, ocuparía el rectorado el Doctor Juan José de Mendoza, Trujillano que había cursado Filosofía y Teología en la Universidad de Caracas, obteniendo en la Real y Pontificia Universidad de Santa Fe el grado de Doctor. Algunos autores lo califican como un egregio civilizador que condujo al Seminario en su periodo de Rector, por claros rumbos de progreso efectivo y severa disciplina. Hombre esclavo del método, de amplia cultura, de gran carácter, de vida hecha a las líneas rectas, su paso por el rectorado dejó huellas tan profunda que el instituto se pudo considerar como uno de los más importantes de su género en América. 44 Preocupado el doctor Mendoza por la calidad que debía existir en la institución, creó las cátedras de Derecho Civil y de Derecho Canónigo, ya que en el Colegio Seminario solamente se dictaba Gramática de Latinidad, Filosofía y de Teología Moral. 45. 43. Se puede ver la partida de entierro del Ilustrísimo Don Manuel Cándido Torrijos, certificado por el Pbro. Jaime Volcán, Cura interino de la Catedral de Mérida de Maracaibo. Firma y Rubrica: Jaime Volcán. En: AAM. Sección 45B libros varios. Libro Nª 1 Lora – Milanés. Oficiales (17771812), p. 314.. 44. Héctor García Chuecos: El Real Colegio Seminario de San Buenaventura de Mérida 1785-1810. Caracas, Biblioteca de autores y temas merideños, 1963, p. 43.. 45. Gabriel Picón Febres, Hijo: Op Cit., p. 61.. 21.
(27) Será a partir del 9 de enero de 1800 cuando se comienzan a realizar las primeras gestiones para convertir al Colegio en Universidad, teniendo presente que uno de los momentos que dio inicio a esta idea fue cuando el Deán de la Catedral de la Diócesis, el Licenciado Francisco Javier de Irastorza, pidió apoyo al Gobernador de la Provincia de Maracaibo Fernando Miyares, y al Cabildo Eclesiástico, para erigir el Real Colegio Seminario Conciliar de San Buenaventura en Real y Pontificia Universidad de Mérida, como una de las soluciones a la deserción escolar que presentó el Colegio en 1799, la cual se originó debido que no tenía la facultad de otorgar grados mayores ni menores. Quienes optaban en estudiar en Universidades donde pudieran obtener los grados correspondientes, lo hacían. De esta forma muchos jóvenes, debían finalizar sus estudios en otras ciudades fuera de la Diócesis merideña, y la mayoría de ellos no regresaban a está.46 Entre otras características que expresó en la mencionada solicitud, fue el reducido número de doctores que vivían para entonces en la ciudad de Mérida. Tomando en cuenta que éstas fueron algunas de las necesidades que dificultaron el desarrollo del Real Colegio Seminario. La solicitud de Francisco Javier Irastorza tuvo importantes repercusiones en Maracaibo, Caracas y España, pues se pidieron diversas opiniones al Gobernador del obispado de Mérida, Hipólito Elías González, al Gobernador de Venezuela, Manuel Guevara de Vasconcelos, y al Claustro Pleno de la Real y Pontificia Universidad de Caracas, para la presentación de un informe, entregándolo el 12 de marzo de 1802, donde sólo indicaron que era conveniente fomentar el Seminario, negando de esta forma la erección de la Universidad de Mérida.. 47. A la llegada del nuevo Obispo el 25 de septiembre de 1802, el señor Doctor Hernández Milanés, se dará a la tarea de estudiar la organización del instituto en todas sus pertenencias de cátedras, profesores, dotaciones, rentas, entre otras necesidades que podía carecer esta Casa de Estudios, a tanto de estas necesidades se une a la causa de poder elevarla a Universidad, para evitar que los jóvenes estudiantes migraran, dándoles así, mayores posibilidades. Entonces, se inicia la reformación del Seminario, el 27 de 46. Eloi Chalbaud Cardona: Op. Cit., Tomo I, p. 315.. 47. Ibíd., p. 112.. 22.
(28) octubre de 1803. Redacta una nueva constitución, contenidas en treinta y cinco artículos, suplantando a las constituciones realizadas en 1785 por el Obispo Fray Juan Ramos de Lora para la institución, y la del Licenciado Hipólito Elías González. Dichas normas reformaron la institución y aumentaron la calidad y la cantidad de cátedras existentes, estatutos que regían hasta el presente año a la Casa de Estudios. Estas nuevas constituciones establecen normas semejantes, pero adecuándose a la realidad social en la que se encontraban. Observando que estos estatutos mantuvieran discretamente el ingreso de la élite criolla como se establecían en otras instituciones.48 Las normas de 1803 se elaboran bajo un grupo de rectores, cuya finalidad era la búsqueda de un mejor funcionamiento tanto administrativo como académico para el desarrollo de la institución. Teniendo como objetivos la constancia de la religión católica y una formación de profesionales útiles al Estado y a la Iglesia. Hernández Milanés solicita al Rey las disposiciones de la Real Orden del 14 de septiembre de 1786, donde se les otorgaban al Seminario ciertas propiedades de los Jesuitas, obteniendo de esta manera, el poder para atender debidamente a las necesidades y al fomento del plantel, y mejora de las asignaciones, como las siguientes cátedras: Teología de Prima, Teología de Víspera, Teología Moral y Práctica, Derecho Canónigo, Derecho Civil, 2 en Filosofía, Elocuencia, Menores, Mínimos, Primeras Letras.49 Establecida la nueva constitución y con algunos arreglos en las cátedras y en sus rentas, el Obispo Milanés se ocupará de la solicitud para hacer que esa Casa de Estudios se convierta en una Universidad. El 7 de mayo de 1805 envía al Rey y a su amigo el Ministro Caballero la petición para la erección de la Universidad. Después de algunos viajes y de visitas en distintas partes de la Diócesis y el rechazo de las solicitudes hechas al Rey para la erección de la Universidad, se preocupa por el mejoramiento de los estudios que se enseñaban en el Seminario, por lo que, para el año de 1806 crea nuevamente nuevas cátedras, entre éstas tenemos las siguientes: Derecho Canónico,. 48. Héctor García Chuecos: Op. Cit., p. 88.. 49. Ibíd., pp. 87-88.. 23.
(29) Derecho Civil, Prima en Teología, Vísperas, Teología Moral, 2 en Filosofía, Menores y Mínimos, Primeras Letras, Canto Llano, Medicina, y Mayores y Elocuencias. 50 La respuesta impaciente y esperada por muchos merideños y por el Obispo Milanés en particular, no llegaba. La crisis en la que se encontraba España; el bloqueo continental, las rebeliones de Bonaparte, las invasiones de Miranda y el gran desacuerdo que existían con Inglaterra, hicieron difícil la obtención de una respuesta efectiva de la Corona española, pues veían que no contaba con los argumentos necesarios, ya que varios personajes se dieron a la tarea de evitar a toda costa la erección de la Universidad, que para algunos era muy importante.51 A pesar de ello, fueron estudiadas por el Consejo de Indias desentendiéndose de los diversos acontecimientos que estaban ocurriendo. Las aspiraciones desiguales existentes entre Maracaibo y Mérida, al igual que el desfavorable informe otorgado por el Claustro Pleno de la Universidad de Caracas, pesaban grandemente en contra de las aspiraciones existentes en Mérida. El Consejo procedió dar a conocer su postura ante este caso, negando de esta forma la solicitud realizada, pero reconoció el justo derecho que Mérida poseía por realizar los esfuerzos civilizadores, y hallando muy nobles sus aspiraciones, autorizan al Seminario el poder conferir grados mayores y menores. Con lo dicho y otorgado por el Consejo de Indias, de aprobar que el Seminario concediera grados mayores y menores, el Rey Carlos IV por Real Cédula del 18 de junio de 1806, aprueba lo concedido por el Consejo, al Real Seminario, los cuales tendrían el mismo valor de los recibidos en las Reales y Pontificias Universidades de Caracas y Santa Fe. Estas disposiciones sólo favorecían al otorgamiento de los grados mayores y menores, en Filosofía, Teología y Cánones, y no en Derecho Civil. 52 Esta Real Cédula no llega a su destino, ya que la misma es extraviada producto de la guerra que España. 50. Ibíd., pp. 94-95.. 51. Ibíd., p. 96.. 52. “Real Cédula del Rey Carlos IV concediendo al Colegio Seminario la facultad de Conferir Grados Mayores y Menores” (Aranjuez, 18 de junio de 1806) en Eloi Chalbaud Cardona: Op. Cit., Tomo I, pp. 390-391.. 24.
(30) sostenía con Inglaterra. Teniendo presente el Rey la perdida de la Cédula, autoriza para que la misma se le expidiera un duplicado la cual se otorga en octubre de 1807, llegando a su destino a mediados de marzo de 1808. Van a ser muchos los beneficiados por este otorgamiento, ya con la Real Cédula en tierras merideñas, se procederá a la entrega de dichos títulos a los catedráticos existentes en el Seminario, entre ellos se encontraban: José Lorenzo Reyner como Doctor en Cánones, Mateo Mas y Rubí, quien obtuvo el título de Doctor en Sagrada Teología, y Buenaventura Arias a quien se le otorgó el título de Doctor en Teología. 53 Los merideños debían esperar dos años más para que, por medio de la Junta Patriótica, se dictara: la erección de la Universidad que se conseguiría el 21 de septiembre de 1810, gracias a hombres que pudieron comprender la necesidad que padecía el pueblo para la educación de sus ciudadanos. 4. Las asignaturas de carácter eclesiástico en la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros (1810 - 1812) Antes de mencionar y describir las asignaturas de carácter eclesiástico, que se dictaron en la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros es necesario hacer referencia a la creación de este instituto de educación superior. Existen diferentes fechas sobre su establecimiento, se han usado varios términos para explicar su origen, como los de la fundación, transformación, erección y elevación del Seminario a la categoría de Universidad. Son varios los autores que han tratado el hecho fundacional de la Universidad de Los Andes, sin que la institución todavía tome una decisión al respecto, a pesar de que en 1910 celebrará su centenario y en 1960 su V centenario. Algunos sostienen que surgió con el establecimiento de la Casa de Educación de Fray Juan Ramos de Lora el 29 de marzo de 1785, la cual se convirtió en Colegio Seminario de San Buenaventura en 1787, como antes se indicó.54 En contraste, también se sostiene 53. Ibíd., Tomo I, pp. 400- 402.. 54. Luis Spinetti-Dini: Documentos para la Historia de la Universidad de Los Andes. Mérida, Publicaciones de la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes, 1950, pp. 44-45; Juan Nepomuceno Pagés Monsant: “Resumen Histórico de la Universidad de Los Andes.” Mérida, Anuario de la Universidad de Los Andes, Tomo I, (Mérida) 1891, pp.1-13; José Mendoza. 25.
(31) sólidos argumentos históricos que fue erigida por decisión de la Junta Superior Gubernativa de Mérida, mediante decreto del 21 de septiembre de 1810.55 Al respecto, para el año de 1800 se realizaron las primeras gestiones entre algunos miembros del Cabildo Eclesiástico merideño y autoridades de la Provincia de Mérida de Maracaibo. Particularmente por el Deán Francisco Javier de Irastorza, con el objeto de elevar el Colegio Seminario Tridentino de San Buenaventura de Mérida a la categoría de Real y Pontifica Universidad. Ello dio origen a un voluminoso expediente en el que participaron además, el Ayuntamiento de Mérida, la Real Audiencia de Carcas, el Gobierno de la Provincia de Venezuela y el Claustro Pleno de la Universidad de Caracas. No obstante ella, la Real Cédula de Carlos IV del 18 de junio 1806 negó aquellas gestiones, por lo que Mérida debió esperar los inicios de un proceso emancipador para contar, a partir del 21de septiembre de 1810, con la Real Universidad de San Buenaventura de Mérida de los Caballeros que, en 1832, se denominaría Universidad de Mérida y en 1883 Universidad de Los Andes. 56 Al dar inicio a sus actividades académicas, a la Universidad de Mérida se le concede la facultad de otorgar todos los grados mayores y menores en Filosofía, Medicina, Derecho Civil y Canónico y en Teología, estableciendo a su vez las cátedras Angulo: Discurso del Rector de la Universidad de Los Andes, Dr. José Mendoza Angulo, 199 Aniversario de la Universidad de Los Andes 1785-1984. Mérida, Talleres Gráficos Universitarios, 1984; Jesús Rondón Nucete: La perennidad de la obra. Caracas, Editorial Venezolana, 1986, pp. 25-27; Carlos Chalbaud Zerpa: Op. Cit., p. 78. 55. Tulio Febres Cordero: “Tres Universidades de Venezuela”. El Lápiz. Mérida, Instituto Autónomo Biblioteca Nacional Tulio Febres Cordero/Consejo de Publicaciones/ Universidad de Los Andes, 1984, p.171; Pedro Pablo Barnola: Tres Conmemoraciones Merideñas. Mérida, Ediciones del Rectorado/ Universidad de Los Andes, 1961, pp. 27-49; Héctor García Chuecos: Op.Cit., pp. 146-147; Idelfonso Leal: “Breve Reseña Histórica de la Universidad de Los Andes en Nuevas crónicas de Historia de Venezuela”. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1985 (Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela, 38), pp. 397-430; Alí Enrique López Bohórquez: “La Universidad de Mérida: De las Constituciones del Seminario al Primer Código de Instrucción Pública de Venezuela (1810-1843)”, en Reformas y Planes de Estudios de las Universidades de América y Europa. Córdoba (Argentina), Junta Provincial de Historia de Córdoba, 2006.. 56. Al respecto véase el artículo de Alí Enrique López Bohórquez: “Maracaibo se opone al establecimiento de una Universidad en Mérida y solicita el Colegio Seminario Conciliar de San Buenaventura”, Boletín de la Academia Nacional de la Historia, 361 (Caracas, enero-marzo de 2008), pp. 90-91; los documentos relacionados con el acta de creación de la Real Universidad de Mérida de los Caballeros fueron publicados por Eloi Chalbaud Cardona: Op. Cit., Tomo II, pp. 17-18. 26.
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