Navas se sitúa en el extremo septentrional de La Bureba, al pie de los Montes Obarenes y del Pico Pan Perdido. El acceso desde Burgos se realiza por Briviesca a través de la carretera que une Santa María Ribarredonda con Oña y Villarcayo, que abandonamos por un cruce a la derecha pasado Quintanaélez, situándose Navas un kilómetro de la N-232.
La primera mención a la localidad la encontramos recogida en un documento del Cartu-lario de San Millán de la Cogolla de la temprana fecha de 1003, por el cual el conde castella-no Sancho concede al monasterio riojacastella-no la villa de Quintanilla de Bureba, que dice sita inter Soto longo et Navas, otorgándola comunidad de aprovechamiento de pastos y bosques junto con Solduengo, Navas y Videvallejo y sus mismas exenciones. Como señalan García de Cortázar y Zabalza, esta actuación, mediante el sistema de presura, vendría a intentar reforzar el men-guado poblamiento de la estratégica comarca burebana. Tres días después de extender el documento fundacional de San Salvador de Oña, es decir, el 15 de febrero de 1011, el mismo conde Sancho, junto con su esposa Urraca, hacen donación al monasterio de nostram uillam de Sotolongoy las dos iglesias de cada uno de sus dos barrios, estableciendo los límites de su tér-mino y citando la localidad de Navas.
En 1070 recibió el monasterio de Oña diversas viñas y heredades en Navas, por don Miguel y su mujer Sartuera. La reina Urraca, el 18 de enero de 1111, acrecentó las heredades del monasterio oniense al entregarle mea hereditate in uilla que dicitur Nauas, tam de terris quam de uineis et de solares pobolatos et despobolatos et de molendinis et de defesis, et de uobis exitus et regressus et quantus in ipsa uilla ad me pertinet ad integrum cum suo salione; la imprecisión del diploma, sin embargo, no permite asegurar sin dudas que se trate de Navas de Bureba, lo que se extiende a la confirmación de esta donación en 1144 por Alfonso VII y a un privilegio de Alfonso VIII de 1176 que hace alusión al “coto de las Nava” (quizá en alusión al valle de las Navas, entre Peñahorada y Temiño). Abso-luta certeza tenemos, en cambio, sobre otro documento de octubre del mismo año, en el que Alfonso I de Aragón dona al monasterio de San Juan de Entrepeñas –sito entre Navas y Barci-na de los Montes y dependiente de Oña– varias heredades en su entorno, alguBarci-nas de las cua-les se extienden junto a la uia de Barçina ad Nauas. También recibió el abad oniense Cristóbal II, en 1135 y de manos del conde Rodrigo, la villa de La Vid de Bureba y su hacienda en Navas. Varios habitantes de Navas actúan como testigos en documentos onienses, caso de la permuta realizada en 1200 entre el monasterio y Juan Pérez y su mujer doña Sol.
En 1204 se data el documento de compra por parte del abad de Oña a Pedro Oriolo en la villa de Navas, entre las que se incluyen illas domos que sunt super ecclesiam Sancti Stephani, infor-mándonos así de la advocación de uno de los templos del lugar, cuya quinta parte es también objeto del acuerdo; entre los testigos firma un Iohannes, presbiter, de Nauas. Con este mismo Pedro Oriolo realizó el abad Munio un trueque de heredades en Navas el 1 de marzo de 1223, infor-mándonos el documento de la existencia de dos barrios en la villa –inter uicum Sancti Stephani et uicum Beate Marie–, uno de ellos denominado de Santa María. El acuerdo fue refrendado por omne concilium de Naua de uia Uallejo. En noviembre del mismo año Pedro Oriolo acabó vendiendo a Oña todos sus bienes en Navas: omnem hereditatem quam habeo in Nauas de patrimonio meo et totum quod adquisiui et obtinui qualicumque de fratribus meis, incluido el patronato que gozaba in ecclesia Sancti Ste-phani et in rebus illius ecclesie, aunque en 1229 el abad Miguel II se las dio en censo perpetuo a cam-bio de pagar anualmente al monasterio 100 tabladas de pan con la medida de Oña –mitad cen-teno y mitad trigo– y 10 maravedís. Ya en 1290 la documentación oniense recoge la sentencia en la que se desestima la reclamación de Alfonso Fernández al monasterio en relación a la ter-cia de la iglesia de San Esteban, que él argüía haber comprado a su abuelo Pedro Oriolo.
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N A V A S D E B U R E B AEl incontestable dominio oniense sobre la localidad de Navas provocó pleitos entre éste y el riojano de San Millán a causa de la titularidad de algunos bienes en el pueblo(solariis que dicuntur de los Aluos)y la propiedad de la iglesia de Altable, documentados en 1259-1260 y aún por resolver a finales del siglo XIII.
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A IGLESIA PARROQUIAL DENAVASse sitúa en el centrodel caserío, presidiendo la pequeña plaza que cierra por el norte. El edificio responde, pese a los añadi-dos y reformas, al tipo característico de las iglesias romá-nicas burebanas, con su nave única dividida en tres tramos hoy cubiertos con bóvedas de crucería simple, portada meridional y cabecera compuesta de tramo recto presbite-rial cubierto con cañón apuntado y ábside semicircular con cascarón apuntado, ambas bóvedas sobre impostas de listel y nacela. La fábrica románica se elevó en excelente sillería arenisca de grano fino y tono rojizo, mientras que
los numerosos añadidos y reformas posteriores utilizaron el mampuesto como aparejo (salvo la mala sillería de la sacristía adosada al norte de la cabecera), así en la cilla adosada al norte de la nave en el siglo XV–donde hoy se
conserva desmontado el maltrecho retablo de San Andrés de Soto de Bureba– y en la capilla meridional.
La cabecera se alza sobre un zócalo que salva el cierto desnivel norte-sur y muestra al exterior un recrecido postme-dieval de entramado y tapial. El tambor absidal, retran-queado respecto al presbiterio, queda dividido en tres paños por dos rotundos haces de triples columnas, de casi
Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Vista exterior del templo
Planta
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N A V A S D E B U R E B AAlzado sur
Sección transversal
el doble de diámetro la central, al estilo de las cercanas iglesias de Soto, Los Barrios de Bureba y Valdazo o las rio-janas de Treviana y Junquera, estas últimas que, como en Navas, alcanzan una excesiva notoriedad. Se alzan sobre basas de perfil ático, de aplastado toro inferior y sus capi-teles alcanzan la cornisa, ésta ornada con una banda de zigzag en resalte. Los capiteles que las coronan muestran cestas achatadas como los del interior, decorándose los del haz meridional con un cortejo de tres ángeles ataviados con ropas talares y portando libros, flanqueados por aves de cabeza humana y alas explayadas en los capiteles late-rales. Los capiteles del haz de columnas septentrional reci-ben, respectivamente, una pareja de aves afrontadas alzan-do sus patas interiores, una pareja de rugientes leones opuestos que alzan la cola sobre el ábaco y otra arpía-ave similar a las anteriores, ésta barbada. La misma ruda talla de estos relieves se repite en la variada serie de canecillos que soportan la cornisa en el hemiciclo y tramo recto, decorados con bustos humanos, la mayoría grotescos y gesticulantes, como el que porta una extraña cornamenta a modo de disfraz, otro de llameantes cabellos o uno con grandes orejas a modo de liebre y una cruz sobre la fren-te, prótomos de animales fantásticos y reales (bóvidos, jabalí) y hojas de puntas incurvadas.
En el eje del hemiciclo se abre una amplia ventana en torno a la estrecha saetera que daba luz al altar, hoy cega-da al encontrarse el interior del hemiciclo recubierto por el retablo. Su curiosa estructura de arco doblado y polilo-bulado, del tipo a los vistos en el interior de San Facundo de Los Barrios de Bureba, en la ventana absidal de Encío y en las iglesias riojanas de Treviana y Valgañón, remite más
al artificioso juego decorativo de la arquitectura de muy finales del siglo XIIy principios del XIIIque a una
inspira-ción musulmana, como se ha señalado. Apean estos exóti-cos arexóti-cos en una pareja de columnas acodilladas y dis-puestas en dos niveles, cuyas basas áticas de toro inferior aplastado y capiteles vegetales de hojas lanceoladas de nervio central o acogiendo caulículos en las puntas demuestran a las claras lo avanzado de la cronología del edificio. En el muro meridional del presbiterio se abría otra ventana de similares características –parcialmente solapada por una capilla–, de arco interior trilobulado y externo pentalobulado, sobre dos parejas de columnas coronadas por capiteles de arpías y vegetales similares a los señalados.
La nave aparece hoy dividida en tres tramos, aunque el descentramiento de la portada y el cambio de aparejo, par-ticularmente notorio en el muro septentrional, nos indican que esta articulación y las propias bóvedas de crucería que la cubren responden a una reforma posterior, probable-mente de época bajomedieval. Conserva aún así el robus-to arco triunfal que da paso desde la nave al presbiterio, apuntado y doblado, que reposa en dos gruesas semico-lumnas. Sus basas presentan el mismo perfil ático degene-rado ya visto (fino toro superior, escocia y toro inferior aplastado), alzándose sobre plintos y altos basamentos; en sus achaparrados capiteles volvemos a encontrar, tras el grueso enfoscado que los recubre, el rudo estilo de los exte-riores. El del lado del evangelio es vegetal, a base de hojas lanceoladas partidas de gruesos bordes, de cuyas puntas avolutadas penden pequeñas palmetas acogolladas, ornán-dose el fondo con una banda superior de triples hojitas
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N A V A S D E B U R E B Apuntiagudas. En la cesta de la epístola se representó una tosca figuración de Daniel en el foso de los leones, con el personaje bíblico en el centro de la escena, ataviado con larga túnica y las dos bestias ante él, apoyando sus patas exteriores en su cintura.
La portada, de extraordinario desarrollo, se abre en el muro meridional, probablemente en un antecuerpo hoy solapado por las reformas posteriores, que añadieron hacia el este un cuerpo para el mecanismo del reloj y hacia el oeste un cubo que alberga la escalera de caracol que da ser-vicio al coro alto del fondo de la nave y a la angosta que se alza sobre este tramo central del muro sur. Al confuso aspecto de este sector del edificio contribuye por último el cerramiento con sillería y ladrillo del arco exterior de la portada, a ras con los muros exteriores, que determina así, aprovechando el gran abocinamiento del acceso, una espe-cie de mínimo atrio. La portada se compone de arco apun-tado ornado con un grueso bocel y cinco arquivoltas igual-mente baquetonadas, protegido el conjunto por chambrana ornada con puntas de diamante. Apean en imposta de chaflán y en jambas escalonadas en cuyas aris-tas se integran fustes sencillos en el arco y dobles –unidos por una arista– en las arquivoltas. En los capiteles que coro-nan dichos fustes por el lado derecho, y de interior a exte-rior, se suceden los motivos siguientes: un atlante que suje-ta con sus manos alzadas el ábaco de la cessuje-ta, un águila –o arpía– descabezada con las alas explayadas, una cabeza barbada y coronada entre dos hojitas, una hoja cóncava con remate avolutado y un prótomo monstruoso rugiente y con orejas puntiagudas. En los capiteles del lado izquierdo del espectador se suceden temas similares: en la cesta interior vemos otro atlante que parece soportar el peso con su espal-da mientras ase con ambas manos el astrágalo, el busto de un personaje barbado que alza ambas manos, en actitud de bendecir con la diestra, un mascarón monstruoso de rasgos
Capiteles de la cabecera Capiteles de la cabecera
Interior
felinos que muestra los dientes, la cabeza de un hombre barbado, de gruesos labios y ojos almendrados entre dos hojitas y un capitel vegetal similar al del lado del evangelio del triunfal.
Sobre la portada se alza hoy una extraña torre que pare-ce aprovechar la estructura de una primitiva espadaña. No obstante, el más descuidado aparejo de la misma y las evi-dencias de remontaje nos hacen dudar del carácter original de la misma. Es posible que en principio se proyectase una espadaña sobre el arco triunfal, al estilo de los cercanos ejemplos de Los Barrios, Soto, San Martín de Piérnigas, etc., como parece indicar tanto la propia fortaleza del mismo como el contrafuerte que aún hoy se observa en la fachada meridional alzándose sobre la cornisa del presbi-terio, aunque éste pudiera simplemente corresponder al primitivo alzado de la nave. Sea como fuere, de la primiti-va estructura se reutilizaron las dos troneras apuntadas de arcos baquetonados al interior y exterior, que apoyan en
ambos lienzos en columnas adosadas a los codillos y rema-tadas con capiteles en los que se repiten los temas ya vis-tos: máscaras humanas barbadas de marcados pómulos y ojos almendrados, arpías de alas explayadas y capiteles vegetales de hojas lisas rematadas en caulículos y palmetas pinjantes.
Las fechas aportadas por los templos arquitectónica-mente vinculados a este de Navas, es decir, la ermita de Los Barrios (1181) y San Andrés de Soto de Bureba (1176), aparecen aquí como límites post quem para esta obra, que demuestra tanto en el diseño de su portada como en la propia decoración su dependencia de los talle-res más inerciales del románico y, al mismo tiempo, el conocimiento del nuevo lenguaje gótico que iba ganando terreno, por lo que quizá su construcción haya que llevar-la ya fines del primer tercio del siglo XIII.
Texto: JMRM - Planos: OMAA - Fotos: JMRM/JLAO
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Capitel de la portada