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CLASES MEDIAS EN SOCIEDADES DESIGUALES

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Academic year: 2020

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Clases medias

en sociedades desiguales

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Coordinadores

Rebeca Grynspan

Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

Ludolfo Paramio

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De esta edición

Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) Fundación Carolina

De los textos sus autores

Diseño: Alberto Corazón / Investigación Gráfica s.a.

Maquetación: Zita Moreno / Investigación Gráfica s.a.

Imprime: EGRAF, S.A.

Madrid, mayo de 2012

NIPO: 502-11-05-8 Depósito Legal: M. 7356-2007 ISSN: 0212-0208

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Instituto Fernando Henrique Cardoso – Brasil. Adela Cortina.Universidad de Valencia – España. Juan Pablo de Laiglesia. Representación Permanente de España ante Naciones Unidas. Celestino del Arenal. Universidad Complutense de Madrid – España. Ligia Elizondo. Programa de Naciones Unidas

para el Desarrollo. Joaquín Estefanía.Universidad Autónoma de Madrid – España. Rebeca Grynspan. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Enrique V. Iglesias.Secretaría General Iberoamericana.

José Miguel Insulza. Organización de los Estados Americanos. Ricardo Lagos.Fundación Democracia y Desarrollo – Chile. Nora Lustig. Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Otilia Lux de Coti.Foro Indígena de la Organización de las Naciones Unidas – Guatemala. José Luis Machinea. Universidad Torcuato

Di Tella – Argentina. José Antonio Ocampo. Columbia University. Francisco Rojas Aravena. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - Costa Rica. Ignacio Soleto.FIIAPP – España.

Virginia Vargas.Fundación Flora Tristán - Perú

Consejo de Redacción

Carlos Alberdi. Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) – España. Joaquín Arango. Universidad Complutense de Madrid - Instituto Universitario Ortega y Gasset – España.

Marta Arias. UNICEF – España. Soledad Gallego.Diario "El País"- España. Néstor García Canclini. Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa – México. Mónica Hirst.Universidad Torcuato Di Tella –

Argentina. Manuel de la Iglesia-Caruncho.Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) – España. Marcela Lagarde. Universidad Nacional Autónoma de México. Luis Moita. Universidade Autónoma de Lisboa – Portugal. Alfredo Moreno.Fundación Carolina – España. Julia Olmo.

Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) – España.Nina Pacari.Foro Permanente sobre Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas. Ludolfo Paramio.Consejo Superior de Investigaciones Científicas – España. Teresa Rodríguez. Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para

la Mujer – México. Liliana Rojas. Center for Global Development – USA. Juan Carlos Sánchez Alonso. Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación – España. Eduardo Sánchez Jacob. Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo – España. Inma Turbau. Casa de América – España.

Amelia Valcárcel. Universidad Nacional de Educación a Distancia - España

Directores

Jesús Andreu. Fundación Carolina Juan López-Dóriga. AECID

Secretaría del Consejo de Redacción Coordinador Técnico

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Índice

Introducción

El regreso de las clases medias

Rebeca Grynspan. PNUD

Ludolfo Paramio. CSIC-IUOG XIII

PRIMERA PARTE: CLASES MEDIAS Y DESIGUALDAD

1. El mercado laboral, el Estado y la dinámica de la desigualdad

en América Latina: Brasil, México y Uruguay.

Nora Lustig.Universidad de Tulane

Luis Felipe López-Calva.Banco Mundial 3

2. Educación, clases medias y movilidad social en América Latina.

Christian Daude.OECD 29

3. Clases medias y vulnerabilidad a la pobreza en América Latina.

Luis Felipe López-Calva.Banco Mundial

Eduardo Ortiz-Juárez.PNUD y Banco Mundial 49

4. Los efectos redistributivos de la política fiscal

José Antonio Ocampo.Universidad de Columbia

Jonathan Malagón.Ministerio de Tecnologías de la Información

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6. Experiencias de descenso social:

percepción de fronteras sociales e identidad de clase media en la Argentina post-crisis.

Sergio E. Visacovsky.IDES 133

7. Desigualdades y conflictos: las clases medias en Costa Rica.

Mylena Vega.Universidad de Costa Rica 169

8. ¿Existen las clases medias indígenas? Una mirada desde Bolivia.

Esther del Campo.Universidad Complutense de Madrid 189

TERCERA PARTE: GÉNERO, CULTURA Y POLÍTICA DE LAS CLASES MEDIAS

9. Las clases medias en América Latina:

algunas conjeturas desde la perspectiva de género.

Irma Arriagada y Ana Sojo.CEPAL 221

10. Clases medias, cultura y política.

María Luz Morán.Universidad Complutense de Madrid 245

11. Las clases medias, la política y la democracia.

Ludolfo Paramio.CSIC-IUOG 273

CUARTA PARTE: RESEÑAS

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Rebeca Grynspan

PNUD

Ludolfo Paramio

CSIC-IUOG

El regreso de las clases medias

Durante la crisis de la deuda, en la década perdida de los años ochenta, y en los primeros años de la década siguiente, como consecuencia del empobrecimiento de sectores importantes de las clases medias, del adelgazamiento del Estado y de la reducción de empleo en las empresas pri-vatizadas, las clases medias perdieron peso en las sociedades latinoamericanas. La crisis era especialmente visible en países que se habían enorgullecido de ser “sociedades de clase media”, y que ahora temían ser víctimas de una nueva tendencia a la desigualdad.

Paralelamente, la preocupación de los expertos y de los organismos multilaterales pasó a ser el combate a la pobreza, la búsqueda de políticas más focalizadas –consideradas más efica-ces– y un mayor compromiso político para lograr este objetivo, con lo que el estudio estadístico y sociológico de las clases medias pasó a segundo plano. Esto suponía un llamativo contraste con el enfoque que tradicionalmente había considerado, al menos desde Gino Germani, que las clases medias eran la clave de la modernización democrática y la racionalización de la política en la región.

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dado en llamar clases medias emergentes, que han escapado de los niveles de pobreza, aunque todavía vulnerables y que aspiran a consolidarse en su nuevo estatus social.

Las clases medias emergentes merecen especial atención no sólo porque reflejan el éxito de las políticas desarrolladas para reducir la pobreza, sino también porque apuntan la vía para romper la transmisión intergeneracional de la desigualdad, como señalaba en su subtítulo el Informe Regio-nal sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010del PNUD. El aumento numé-rico y la consolidación social de estas nuevas clases medias suponen, en efecto, un cambio potencial muy significativo en una región caracterizada por ser la más desigual del mundo. De hecho, ya se puede hablar de una reducción de la desigualdad en muchos países de la región desde el año 2000, revirtiendo lo que se veía a menudo como una tendencia fatal.

Este número de Pensamiento Iberoamericanotiene tres partes analíticamente distintas. En la

primera se estudian los cambios estructurales y las políticas públicas que explican la aparición de las nuevas clases medias, y las que se deberían desarrollar para continuar con esta tendencia y ade-más reducir el riesgo de un nuevo retroceso hacia la pobreza. En la segunda se estudian casos nacio-nales que pueden dar un perfil más concreto a los cambios de los últimos veinte años: la polarización de las clases medias en la nueva economía y la forma en que las clases medias “per-dedoras” redefinen su identidad ante la caída de sus ingresos, la expansión de las nuevas clases medias emergentes, y los procesos contradictorios de negociación y autopercepción que acompañan la formación de nuevas clases medias entre la población indígena. En la tercera se aborda desde una perspectiva de género la formación de las nuevas clases medias, se explora su impacto en la cultura política y se analizan las consecuencias de su aparición en la gobernabilidad y el conflicto político. En lo que respecta a los cambios que han permitido revertir las tendencias al crecimiento de la desigualdad que se experimentó después de la crisis de los años ochenta, indudablemente la mayor fortaleza macroeconómica y del sector financiero, la capacidad de implementar políticas anticíclicas, la mejora de las políticas sociales y la extensión de los sistemas de protección social, cumplieron un papel muy importante al evitar que, como en el pasado, las crisis recurrentes produjeran además ciclos pronunciados de empobrecimiento y mayor desigualdad. Es de subrayar además que los sis-temas financieros de la región no se vieron arrastrados por la euforia de los nuevos productos finan-cieros que finalmente provocó, al estallar la burbuja inmobiliaria, una grave crisis económica en Europa y Estados Unidos.

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grupo de clases medias incipientes, por utilizar la expresión de Christian Daude, que han superado el umbral de la pobreza pero no sólo son aún muy vulnerables a posibles cambios en el ciclo eco-nómico, sino que tienen serios problemas para asegurar la transmisión a sus hijos de su nuevo esta-tus y nivel de ingresos.

En su artículo, derivado del proyecto “Mercados, Estado y dinámica de la desigualdad en Amé-rica Latina” del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Nora Lustig y Luis Felipe López-Calva señalan varios factores que han contribuido a reducir la desigualdad. Uno es que el crecimiento económico ha aumentado la demanda de trabajadores no cualificados o de baja cua-lificación; otro el incremento de los niveles medios de cualificación gracias a la generalización de la enseñanza básica. Pero un tercer elemento es la acción del Estado, con la fijación de salarios míni-mos y otras políticas favorables a las rentas más bajas, como las transferencias condicionadas de ingresos a las familias.

La paradoja es que estas clases medias incipientes (o emergentes) una vez que superan el umbral de la línea de pobreza pierden el acceso a las políticas focalizadas en las rentas más bajas y se ven atrapadas entre la pérdida de ese apoyo y del impulso inicial que les dio la elevación de los niveles medios de educación. En la medida en que la enseñanza básica prácticamente se ha gene-ralizado, las mejoras de ingreso ligadas a la educación sólo pueden obtenerse a partir de un nivel superior de educación, es decir, mediante el acceso a la enseñanza secundaria y a los estudios uni-versitarios o equivalentes. Por lo tanto, lo que les permitió a estas clases medias incipientes escapar de la pobreza no es suficiente para consolidar ese estatus y trasmitirlo a los hijos: ellos necesitan niveles superiores de estudios para conseguir mejores ingresos.

El problema se acrecienta si consideramos que la oferta de enseñanza media de calidad es insuficiente, y que es casi generalizada la necesidad de recurrir a la enseñanza privada para obte-nerla. La voluntad de hacerlo existe: las nuevas clases medias ven el gasto que supone dar a los hijos una buena enseñanza media y superior (privada) como la mejor inversión que se puede hacer para su futuro. A ello se unen razones culturales o de estatus: la enseñanza privada es la opción adecuada para integrarse en la clase media, entre otras razones porque puede dotar a los hijos de redes de relaciones convenientes para su trabajo futuro, redes que no es probable puedan estable-cer en la enseñanza pública.

Sin embargo, los precios de la enseñanza media y principalmente superior, así como la segregación en la misma enseñanza privada, donde estudios realizados en varios países de la región señalan cómo la selección en la enseñanza privada también discrimina de acuerdo al estatus social, suponen una barrera muy importante para la movilidad vertical de las personas

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que superan los niveles de pobreza y aspiran a formar hogares de clase media. Por ello Christian Daude encuentra en su análisis que la posibilidad de ascenso social sigue siendo muy limitada en la región, y esto afecta especialmente a las clases medias incipientes en su aspiración de con-solidarse y disminuir su vulnerabilidad.

Esa vulnerabilidad es el eje del texto de Luis Felipe López-Calva y Eduardo Ortiz Juárez. Se pro-ponen por un lado alcanzar una estimación consistente del tamaño de las clases medias, pero ade-más lo hacen desde la premisa de que la definición de clases medias se basa en estar ade-más allá de la vulnerabilidad, del riesgo de recaer en la pobreza. Un punto de partida que les aleja de la mayor parte de las aproximaciones a las nuevas clases medias como incipientes o emergentes, y que les lleva a tratar de especificar un umbral que defina a la clase media como aquellos hogares con un nivel de ingresos que les permita protegerse de los riesgos de caer en pobreza a través del tiempo. A ese umbral se refieren como una “línea de pobreza ampliada”.

Su conclusión, con una línea absoluta de ingresos como umbral, para los tres casos que estudian, es que “la clase media ha crecido de forma sostenida en Chile al pasar de 28 a 53% entre 1992 y 2009. La importante expansión de este grupo también ocurrió en México (de 25 a 42% entre 1992 y 2008) y en Perú (de 23 a 39% entre 1997 y 2009), aunque el crecimiento sostenido fue evidente solo después de las crisis económicas de 1994-95, y de 1998-99 y 2001, respectivamente. La clase media no sólo aumentó en tamaño, sino que también incrementó su participación en el ingreso total”.

Aunque las diferencias metodológicas imposibilitan alcanzar un único cuadro de la evolución de las clases medias latinoamericanas en la década pasada, la imagen impresionista que puede dibujarse es la de un crecimiento tanto de las clases medias incipientes como de unas clases medias menos vulnerables, para las que las barreras educativas son más fácilmente franqueables –en espe-cial en la enseñanza secundaria–, al menos mientras la marcha de la economía no se vuelva en su contra, disminuyendo o poniendo en riesgo su nivel de renta y las oportunidades de empleo ade-cuadas para el capital educativo adquirido.

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Sin embargo, aunque los programas sociales han tenido un papel muy importante –en especial las trasferencias condicionadas de ingreso a las familias–, para Ocampo y Malagón es evidente que “el grueso del impacto redistributivo de la política fiscal se genera por la vía de los gastos básicos en educación y salud”. El efecto redistributivo a través de las transferencias sociales debe enfren-tarse en América Latina a “la fuerte desigualdad primaria del ingreso que caracteriza al grueso de los países latinoamericanos”.

Su razonamiento les lleva a concluir que para alcanzar mayor progresividad en el gasto social la vía adecuada es avanzar hacia la generalización de la cobertura, ya que por ejemplo el gasto en enseñanza secundaria –en el caso de Colombia–, que estaba inicialmente concentrado en los sec-tores medios, “con la ampliación de la cobertura desplazó sus mayores beneficios hacia secsec-tores de

más bajos ingresos. Lo que esto indica es que el gasto marginalen la ampliación de la cobertura

es altamente redistributivo, quizás tanto o más que los gastos en asistencia social”.

Apuntan así a una estrategia para ganar eficacia redistributiva y romper el círculo de la desigual-dad: ampliar la cobertura de servicios que benefician inicialmente a las clases medias –para que cubran a los sectores de más bajos ingresos–, pero de tal forma que las clases medias apoyen esa extensión en la medida en que no ponga en peligro sus propios beneficios. Esta estrategia sugiere un camino para superar el dilema fiscal –la oposición de las clases medias a un posible aumento de la tributación directa–, pero también sugiere una vía de respuesta a las demandas de las clases medias incipientes de un apoyo público para superar la barrera que suponen los costes de la enseñanza media privada y de la enseñanza superior, privada y en muchos casos también pública.

La segunda parte del número es un conjunto de estudios de caso. Con ellos se pretenden cubrir los distintos aspectos sociológicos que se pueden distinguir dentro de la tendencia actual al creci-miento de unas nuevas clases medias, o que son la otra cara de este proceso.

El artículo de Luci de Oliveira sobre Brasil presenta una espectacular historia de éxito en la for-mación de nuevas clases medias, a menudo tomada como referencia del cambio social producido en la región en la última década, aunque algunas de las políticas que lo explican vienen de los años noventa. Las transferencias sociales condicionadas y el crecimiento económico sostenido han lle-vado a un fuerte incremento de la “clase C”, la clase media-media y media-baja, cuya expansión y expectativas explican en buena medida el fuerte optimismo con el que Brasil ha vivido la primera década del nuevo siglo. Todo se resume quizá en la experiencia de una generación popular que puede decir que ha visto realizarse todos sus sueños.

La perspectiva de Sergio Visakovsky en su artículo sobre Argentina es muy distinta, y se ocupa de las respuestas de las clases medias clásicas al proceso de empobrecimiento y de pérdida de

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estatus que arranca en los años ochenta y noventa, y que tiene una nueva etapa durante la crisis de la salida de la convertibilidad a finales de 2001. “[…] En 1988 (un tiempo caracterizado por crisis económica e hiperinflación) la clase media había quedado reducida al 45% de la población del país, frente a un 44,6% de pobres. Una recuperación posterior mostraba para 1994 un 63,8 % de clase media frente a un 26,1 % de pobreza, pero en el 2002 sólo un 26% era considerado de clase media, mientras que los pobres los duplicaban. Tras la recuperación económica iniciada en el 2003, las mediciones estimaron para el 2006 que la clase media alcanzaba al 58% de la población, mientras que los sectores de bajos ingresos el 32%”.

Pero Visakovsky no realiza un estudio estadístico, sino un estudio etnográfico (entre 2004 y 2006) que analiza las estrategias sociales de los grupos medios, golpeados por la crisis y la pérdida de su nivel de ingresos, para mantener su identidad social de clase media. Esta es una historia de hábitos culturales, de preferencias de gasto en medio de una fuerte reducción de recursos, y de rene-gociación y reformulación de los límites sociales en la vida cotidiana. El punto de partida de su aná-lisis es que la autopercepción no puede ser dada de lado al analizar los cambios económicos y sociológicos que afectan a las clases medias.

El artículo de Mylena Vega sobre Costa Rica se ocupa de lo que ha llegado a ser un tópico habi-tual de la literatura sobre las clases medias: la polarización de éstas, en términos de ingresos y de prestigio, a consecuencia del cambio de modelo que ha supuesto la apertura económica vinculada a la globalización. “Hay dos grupos de las clases medias que encarnan los conflictos sociopolíticos más importantes de la época y son los empleados públicos y los grupos medios vinculados a la

lla-mada nueva economíaque lidera el estilo de desarrollo vigente en la actualidad. Si bien no se

puede hablar de grupos, dentro de la clase media, que hayan sido ganadores y perdedores absolu-tos, sí es claro que el estilo de desarrollo aperturista se ha consolidado cada vez más y es el gana-dor de las luchas políticas recientes”.

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Esther del Campo analiza, a partir del caso de Bolivia, los procesos de nuevas clases medias indí-genas en las sociedades pluriétnicas de la región. Diversos factores complican la aproximación al problema, comenzando por el peso de la economía informal –incluyendo el comercio de contra-bando– en la formación de una burguesía chola, y las complejas relaciones culturales –con el mundo criollo y con el mundo indígena en sentido estricto– que caracterizan a los grupos que se mueven en la intersección de las relaciones de mercado, a menudo con una fuerte dimensión internacional, y de las relaciones tradicionales.

Un posible resumen de la situación sería que, “si bien los ingresos no permiten hablar de la exis-tencia de una clase media popular, algunos estudios nos muestran como en los últimos años se da un proceso de auto-identificación de sectores populares como clase media, lo que hemos llamado “la clase media como aspiración”. Se trata, por tanto, de propietarios de pequeños y medianos nego-cios, con escaso capital escolar y cultural, pero que procurarán para la generación de sus hijos e hijas, nietos y nietas, un mejor nivel educativo”. Mientras, el principal rasgo del estatus al que se aspira son las prácticas de consumo, asociadas a la nueva economía del consumo barato, algo que es común en las “clases medias incipientes” de la región.

En la tercera parte se analizan aspectos y variables de importancia crucial para entender el sig-nificado y posibles consecuencias del crecimiento de las nuevas clases medias. En primer lugar Irma Arriagada y Ana Sojo formulan algunas observaciones desde la perspectiva de género. El primer hecho relevante es la aportación de las mujeres al ingreso familiar que explica en buena medida el surgimiento de las nuevas clases medias. “Puede estimarse que la participación femenina en el mercado de trabajo contribuye, según los países, entre un 3 y un 10% a la magnitud de las clases medias, y con mayor impacto en las de menores ingresos”.

Este hecho, a su vez, se explica por una serie de factores: la caída de la fecundidad implica un menor número de personas dependientes dentro del núcleo familiar, cuya estructura además se ha venido diversificando, y ello facilita una mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo. Pero la contracara de este fenómeno es que no ha cambiado paralelamente la división del trabajo en las familias, y sobre las mujeres sigue recayendo el mayor peso del trabajo domés-tico y el papel de cuidadoras de las personas dependientes. Las autoras subrayan la necesidad de políticas sociales que reduzcan el peso del cuidado sobre las mujeres, como condición para dar continuidad a esta incorporación de las mujeres al trabajo fuera del hogar.

María Luz Morán se enfrenta al complejo problema del posible impacto en la cultura política de las nuevas clases medias. La primera dificultad surge a la hora de buscar la existencia de rela-ciones entre la estructura social –las categorías de clase– y la cultura política, más aún de

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posibles subculturas ligadas a capas sociales complejas y con frecuencia poseedoras de rasgos contradictorios como las que englobamos bajo la etiqueta de clases medias. La autora parte ade-más de la existencia de lo que denomina “incomunicación” entre los estudios de cultura política y los estudios de clase sobre la estructura social.

Presentando el estado de la cuestión en ambos campos de estudio, María Luz Morán observa que “incluso los trabajos que sostienen la conveniencia de desarrollar ‘nuevas perspectivas’ se cues-tionan la posibilidad de seguir empleando el concepto de clases medias en el contexto actual. Debido a profundas transformaciones estructurales, pero también de naturaleza cultural, se trataría de una categoría social excesivamente heterogénea como para resultar útil para el análisis de la estratificación y de la desigualdad. En concreto, estas perspectivas, marcadas por el énfasis en la dimensión cultural, ponen en duda la existencia de una identidad de clase media y, por lo tanto, su influencia sobre sus estilos de vida y comportamientos colectivos”.

Pese a esta dificultad, la autora subraya que “algunos nuevos estudios optan por un doble movi-miento. En primer lugar, trasladan su interés al análisis del modo en que las “viejas” líneas de la desigualdad social son cruzadas por otras –viejas y nuevas–, como la etnia o el género. En segundo lugar, se centran en el estudio de los gustos y estilos de vida, en la medida en que entienden que las nuevas formas de desigualdad social están generándose no ya en los ámbitos de la vida material, sino en las prácticas simbólicas y culturales. No obstante, la vinculación de estas nuevas formas de identidad cultural de las clases medias con la esfera de la vida pública/política sigue siendo un terreno inexplorado”.

Aun así, “sea cual fuere el significado que atribuyamos al concepto de clases medias, se cons-tata un crecimiento –objetivo y subjetivo– de las mismas. Y, en segundo lugar, porque parece claro que estas clases constituyen un ‘locus’ especialmente adecuado para comprobar el impacto de las actuales transformaciones económicas, sociales y culturales sobre la constitución del ‘nosotros común’: los procesos de individualización, el crecimiento de la desigualdad o la polarización social”. María Luz Morán termina su análisis hablando de la necesidad de más trabajo cualitativo: “Estudiar a gente concreta, en espacios concretos y haciendo cosas concretas puede ser un buen inicio para avanzar en una etnografía de la ciudadanía entre las clases medias”.

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clases medias –asentadas o emergentes– que puede tener un papel decisivo en su comportamiento político respecto a los gobiernos: la aspiración a mantener o consolidar su estatus.

Desde esta perspectiva analiza la polarización política que se produce cuando las clases medias consolidadas se sienten amenazadas por una política económica en la que perciben riesgos de cri-sis futuras o por una política educativa que amenaza el papel que otorgan a la enseñanza privada en la reproducción de su estatus: éste sería el caso reciente de Venezuela. Pero, paradójicamente, también la falta de oportunidades educativas –por falta de una enseñanza pública de calidad, o por los altos precios de la enseñanza– puede ser un motivo de movilización para las clases medias emergentes, sobre todo cuando el mercado de trabajo exige crecientes niveles de cualificación para mantener el nivel de ingresos: éste sería el origen de los conflictos estudiantiles en Chile.

De este artículo, como de otros del número, se desprende que el crecimiento de las clases medias latinoamericanas no sólo es una buena noticia, sino que también implica la necesidad de nuevas políticas por parte de los gobiernos, para dar continuidad a este proceso de reducción de la pobreza y de la desigualdad, y para responder a las nuevas demandas que se plantean a consecuen-cia de la transformación soconsecuen-cial que conllevan.

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Primera parte:

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Nora Lustig

Tulane University

Luis F. López-Calva

Banco Mundial

El mercado laboral, el Estado y la dinámica

de la desigualdad en América Latina:

Brasil, México y Uruguay

Resumen:

Desde el año 2000, la desigualdad ha disminuido en la mayoría de los países de América Latina, aunque también ha aumentado en algunos. Este artículo analiza las causas que subyacen a la diná-mica de la desigualdad, enfocándose en dos casos en los que la desigualdad se redujo (Brasil y México) y uno en el que ésta se elevó (Uruguay). El análisis sugiere que tanto las fuerzas del mer-cado como la acción del Estado jugaron un papel importante en la explicación de la dinámica de la desigualdad. En particular, el descenso de la desigualdad en Brasil y México está asociado con la caída de los diferenciales salariales según nivel educativo y, en menor medida, las transferencias. Por el contrario, la principal fuerza que explica el aumento de la desigualdad en Uruguay durante 1994-2007 es el incremento en los retornos a la educación.

Palabras clave:

desigualdad, educación, transferencias, Brasil, México, Uruguay

Abstract:

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and less to cash transfers. On the contrary, the main element that explains the inequality increase in Uruguay between 1994 and 2007 is the raise of education returns.

Key words:

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I. Introducción

En los últimos veinticinco años, la distribu-ción del ingreso en América Latina –la más desigual del mundo– presentó dos claras tendencias. Durante el periodo comprendi-do por la llamada “década perdida” de los ochenta y los primeros años de la década siguiente la desigualdad aumentó en la mayoría de los países para los que existen datos comparables1. A partir de finales de

los noventa y principios de esta década, sin embargo, la desigualdad ha disminuido de manera generalizada (Gráfico 1). Entre 2000 y 2009, la desigualdad se redujo en 13 de los 17 países para los que se dispo-nen de datos comparables en América Latina a un ritmo promedio cercano al 1 por ciento anual mientras en otras regiones aumentó (Gráfico 2).

Si bien la disminución de la desigualdad ha sido generalizada, en algunos países la dis-tribución del ingreso se ha vuelto más desigual (Gráfico 2). ¿Por qué se redujo la desigualdad en algunos países mientras que aumentó en otros? ¿Qué tan importantes son las fuerzas del mercado y las acciones del Estado en la explicación de las distintas tendencias? Este artículo aborda estas interrogantes mediante un análisis de los resultados de tres estudios de caso que formaron parte del proyecto de PNUD “Mercados, el Estado y la dinámica de la desigualdad en América Latina”, coordinado por los autores. Las tres secciones siguientes, respectivamente, se centran en dos países en donde la desi gualdad disminuyó (Brasil y México) y uno en donde ocurrió lo opuesto (Uruguay), enfatizando el papel desempeñado por los retornos a la educación y las transfe-rencias gubernamentales sobre la dinámica de

Nora Lustig

Tulane University

Luis F. López-Calva

Banco Mundial

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Gráfico 1

Desigualdad en América Latina, años 1990-2000 Coeficiente de Gini

Fuente: Lustig et al.(2011), Gráfico 2.

Nota: Promedios no ponderados. (a) Promedio para todos los países; (b) Promedio para los países en los que disminuyó la desigualdad entre c.2000 y c.2009 (13 países).

Tabla 1

Brasil: Incidencia de pobreza y pobreza extrema, 2001-2007

Indicador 2001 2007 Variación (%) 2001-2007

Pobreza1

Incidencia 39 28 -28

Brecha2 18 12 -34

Severidad2 11 7 -37

Pobreza extrema1

Incidencia 17 10 -42

Brecha2 7 4 -40

Severidad2 5 3 -37

Fuente: Barros et al. (2009) con base en la Pesquisa Nacional por Amostra de Domicilios (PNAD), 2001-2007.

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la desigualdad. La última sección presenta las conclusiones.

II. Brasil

2

Después de presentar pocas variaciones durante años, el coeficiente de Gini de Brasil ha disminuido casi sostenidamente desde

1998. El descenso más pronunciado ocurrió después de 2000, cuando el coeficiente dismi-nuyó en 4,1 puntos porcentuales de 0,593 en 2001 a 0,052 en 2007, un ritmo anual de 1.3 por ciento3(Gráfico 3). La incidencia de

pobre-za y pobrepobre-za extrema también se redujo durante el mismo período (a un ritmo de 2,5 por ciento anual) a pesar del modesto creci-miento del PIB4(Tabla 1).

Pensamiento Iberoamericano nº10 Nora Lustig y Luis F. López-Calva

Gráfico 2

Disminución de la desigualdad en América Latina por país, 2000-2009 Cambio porcentual anual en el índice de Gini

Fuente: Lustig et al.(2011), Gráfico 3

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Con base en las tendencias observadas en pobreza y la desigualdad, el patrón de creci-miento de Brasil se podría definir como “pro-pobres”; es decir, el crecimiento del ingreso de los individuos en pobreza ha sido superior al crecimiento del ingreso de aquellos ubicados en la parte alta de la distribución. En efecto, de 2001 a 2007, el ingreso per cápita del 10 por ciento más pobre de la población creció a un ritmo anual de 7 por ciento –una tasa de

creci-miento casi tres veces el promedio nacional (2,5 por ciento)– mientras que el ingreso del 10 por ciento más rico creció sólo 1,1 por ciento (Grá-fica 4). Estos resultados apoyan la noción de que alrededor de dos tercios de la disminución de la pobreza extrema pueden ser atribuidos a la reducción de la desigualdad.

La reciente disminución de la desigualdad en Brasil se atribuye a tres factores principales: i) una reducción en los diferenciales salariales

Gráfico 3

Brasil: Evolución del coeficiente de Gini del ingreso per cápita del hogar

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por nivel educativo y un descenso de la desigualdad en educación; ii) una mayor inte-gración espacial y sectorial de los mercados laborales, en particular entre las áreas metropo-litanas y no metropometropo-litanas; y, iii) un aumento en los montos de transferencias contributivas y no contributivas del gobierno5. Si se hace una

descomposición del cambio en la desigualdad total, se observa que aproximadamente la mitad de la disminución puede ser atribuida a una reducción de la desigualdad en el ingreso laboral y la otra mitad a un descenso de la desigualdad en el ingreso no laboral6.

A diferencia de la caída en la desigualdad a finales de la década de los setenta, los factores demográficos y el empleo han jugado un papel menor en la disminución reciente. Por ejemplo, en contraste con lo ocurrido en los años setenta, los cambios en la tasa de dependencia en los hogares pobres han sido menos importantes recientemente para explicar el comportamiento de la desigualdad. Mientras que en años ante-riores el aumento del desempleo entre los pobres limitó la reducción de la desigualdad, actualmente el desempleo no ha jugado un pa -pel importante. La disminución de la desigualdad

Pensamiento Iberoamericano nº10 Nora Lustig y Luis F. López-Calva

Gráfico 4

Brasil: Tasa de crecimiento anual del ingreso per cápita por decil, 2001-2007

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en el ingreso laboral se ha debido principal-mente a la reducción de la desigualdad salarial, asociada con la reducción de la desigualdad educativa (explicada a su vez por la importante expansión del acceso educativo para el extremo inferior de la distribución) (Gráfico 5). Desde 1995, los diferenciales de ingreso laboral por nivel de educación se han reducido en todos los niveles. Esta reducción se vuelve aun más clara después de 2002, en particular para la educa-ción secundaria y superior.

Otro factor que ha contribuido a la disminu-ción de la desigualdad en los ingresos laborales

es la reducción de la segmentación espacial. En el Gráfico 6 se muestra que el diferencial de ingresos laborales se ha reducido entre las áreas metropolitanas y los municipios pequeños, y entre las áreas metropolitanas y los municipios de tamaño medio. La respuesta a cuáles han sido los factores que explican esta tendencia sigue siendo una incógnita. Posiblemente se deba a una expansión relativamente mayor de sectores productivos en zonas específicas al interior del país, en contraposición a las áreas metropolitanas, lo que ha aumentado la de -manda de mano de obra y los salarios en

Gráfico 5

Brasil: Desigualdad educativa entre trabajadores, 1995-2007

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ciudades pequeñas y medianas. La brecha de ingresos entre trabajadores formales e informa-les, en cambio, no cayó sino que aumentó. Esto podría significar que este tipo de segmentación del mercado laboral tuvo un papel desigualador durante el período 1997-2007. Los cambios en las brechas de ingresos (potencialmente discri-minación, es decir, ingresos laborales diferentes entre mujeres y hombres, negros y blancos, etc., sin diferencias en productividad) no resultaron

ser significativos para explicar la reducción de la desigualdad en el ingreso laboral.

Como se mencionó anteriormente, la dismi-nución de la desigualdad en ingresos no labo-rales es también muy importante para explicar la reducción de la desigualdad total. Dado que la magnitud de la contribución cambia en fun-ción de la metodología, para fines de consisten-cia se muestran aquí los resultados que utilizan el mismo procedimiento que aquel empleado

Pensamiento Iberoamericano nº10 Nora Lustig y Luis F. López-Calva

Gráfico 6

Brasil: Evolución del diferencial de ingreso laboral entre áreas metropolitanas y no metropolitanas, 1995-2007

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en el caso del ingreso laboral7. Los ejercicios de

descomposición buscan aislar la contribución de cada fuente de ingreso al cambio total de la desigualdad: activos (alquileres, intereses y uti-lidades), transferencias privadas y transferen-cias públicas.

Las transferencias públicas representan más del 80 por ciento de los ingresos no labora-les de las familias8, mientras que el porcentaje

de familias que cuentan con al menos un beneficiario de transferencias públicas aumentó en 10 puntos porcentuales desde 2001. El impacto de cambios en la distribución de ingresos originado por cambios en activos y transferencias privadas es limitado. La mayor parte del impacto de los ingresos no laborales sobre la reducción de la desi gualdad total se debió a cambios en la distribución de las trans-ferencias públicas, representando el 49 por ciento de la disminución total de la desi gualdad en los ingresos no laborales. Ambos tipos de transferencias públicas, contributivas y no con-tributivas, fueron factores impor tantes, aunque predominó el papel de las primeras. En particu-lar, los cambios en las prestaciones de seguri-dad social explican casi el 30 por ciento de la reducción de la desigualdad en ingresos no laborales. El aumento de la cobertura de presta-ciones no contributivas, como BPC (Beneficio

de Prestação Continuada) y Bolsa Familia–el

programa de transferencias condicionadas de Brasil– también fueron importantes. A pesar de representar sólo una pequeña fracción del

ingreso familiar total (0,5 por ciento), cada una de estas prestaciones no contributivas explica alrededor del 10 por ciento de la disminución de la desi gualdad en los ingresos no laborales.

En resumen, en el caso de Brasil, el rápido descenso de la desigualdad en ingresos obser-vada desde el año 2001 se puede atribuir a los beneficios de la expansión educativa, a los cam-bios en los patrones espaciales de demanda y oferta de trabajo, y al mayor volumen y progre-sividad de algunas transferencias públicas, tanto de seguridad social como de asistencia social, siendo las primeras las más importantes. Sin embargo, la brecha salarial entre trabajado-res formales e informales continuó en aumento y algunas políticas del gobierno moderaron los progresos en la reducción de la desigualdad. En particular, parece que el aumento del salario mínimo –que incrementa los beneficios de la seguridad social vinculados a éste– es menos eficaz en la reducción de la desigualdad y la pobreza extrema que los programas focaliza-dos, como Bolsa Familia.

III. México

9

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de Gini se redujo de cerca de 0,53 a cerca de 0,49 –cuatro puntos porcentuales. Esto signifi-ca una signifi-caída anual de 1,3 por ciento, similar a la observada en Brasil durante el mismo perí-odo de tiempo (Gráfico 7).

La incidencia de la pobreza extrema10

tam-bién ha disminuido consistentemente desde mediados de los noventa, después del repunte causado por la crisis del peso de 1994-9511

(Gráfico 8). Así, la pobreza extrema se redujo en un 43 por ciento entre 2000 y 2006. Esto es

especialmente relevante considerando que, durante este período, el ritmo de crecimiento del PIB per cápita fue modesto, a una tasa anual de 2,5 por ciento o menos. Lo anterior enfatiza el papel que desempeñó la reducción de la desigualdad en la explicación de la reduc-ción de la pobreza.

La curva de incidencia del crecimiento12

para 2006/2000 (Gráfico 9) muestra que los ingresos del 40 por ciento más pobre de la población crecieron a una tasa por arriba del

Pensamiento Iberoamericano nº10 Nora Lustig y Luis F. López-Calva

Gráfico 7

México: Coeficiente de Gini, 1984-2006

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promedio de las tasas de crecimiento de toda la distribución –la mayor de las dos líneas hori-zontales en el gráfico13. Así, durante este

periodo México experimentó un crecimiento “pro-pobre”. La pregunta central aquí es qué factores explican este patrón de crecimiento. ¿Fueron los cambios demográficos, los cambios en los patrones de empleo, los cambios en la desigualdad salarial, o los cambios en las trans-ferencias del gobierno?

Algunos ejercicios recientes de descompo-sición del cambio de la desigualdad entre 2000

y 2006, muestran los siguientes resultados. Los cambios demográficos, medidos por la propor-ción de adultos en el hogar y por la proporpropor-ción de adultos que trabajan, fueron progresivos. Esto significa que tanto la relación de depen-dencia como el número de adultos que trabajan por hogar, mejoraron relativamente más para los hogares más pobres que para los más ricos. La desigualdad en la distribución de los ingre-sos laborales y no laborales disminuyó y ambas fuentes contribuyeron a la reducción de la desigualdad total. Como se mencionó

anterior-Gráfico 8

México: Incidencia de pobreza extrema (eje izquierdo), 1968-2006

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mente, los ingresos laborales incluyen sueldos y remuneraciones de los trabajadores por cuenta propia, en tanto que los no laborales están com-puestos por ingresos de la propiedad, negocios propios y transferencias (privadas: remesas y regalos; y públicas: pensiones y transferencias monetarias condicionadas).

La reducción de la desigualdad en los ingresos laborales es, por mucho, el factor más

importante que explica la disminución de la desigualdad total. Entre 2000 y 2006, el coefi-ciente de Gini se redujo en 3,07 puntos porcen-tuales –un descenso del 5,8 por ciento. Si el único factor de cambio entre 2000 y 2006 hubiese sido el de la distribución del ingreso laboral, el coeficiente de Gini se habría reducido en 3,19 puntos porcentuales –es decir, más que la disminución de la desi gualdad total14.

Pensamiento Iberoamericano nº10 Nora Lustig y Luis F. López-Calva

Gráfico 9

México: Curvas de incidencia del crecimiento, 2006/2000

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La disminución de la desigualdad en los ingresos laborales refleja la caída en la brecha salarial entre trabajadores calificados y no cali-ficados. En el Gráfico 10 se aprecia cómo la bre-cha salarial aumentó en el período posterior a la liberalización comercial de mediados de la década de los ochenta. Este fue uno de los prin-cipales componentes que explican el aumento de la desigualdad total entre estos años y mediados de la década siguiente. Desde enton-ces, sin embargo, la tendencia ascendente de la

desigualdad en los ingresos laborales se revir-tió. Debido a que esto coincidió con la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de Amé-rica del Norte (TLCAN) en 1994, hay un creciente interés por determinar en qué medida esta ten-dencia igualadora en los salarios relativos es producto de dicho Tratado. Hasta el momento, esta pregunta sigue sin respuesta. Con el TLCAN se produjo un aumento de la demanda por trabajadores poco calificados para el sector de las “maquiladoras”. Sin embargo, durante el

Gráfico 10

México: Brecha salarial entre trabajadores calificados y no calificados: 1984-2007

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mismo período también hubo un aumento de la proporción de trabajadores que cuentan con educación post-secundaria con respecto a los que no cuentan con ella. La proporción de tra-bajadores poco calificados (aquellos con un nivel menor a secundaria) pasó de 55 por ciento en 1989 a 32 por ciento en 2006.

Por tanto, parece que tanto los factores de demanda (por ejemplo, el aumento del empleo en las maquiladoras) como de oferta (cambios en la abundancia relativa de traba-jadores poco calificados) pueden haber

jugado un papel importante en la reducción de la brecha salarial entre trabajadores califi-cados y poco calificalifi-cados. El Gráfico 11 muestra cómo, entre 1996 y 2006, los salarios de los traba jadores con menor educación y menos experiencia –es decir, los trabajadores poco calificados– aumentaron, mientras que los salarios de aquellos altamente calificados sufrieron una ligera reducción. Esto es consis-tente con la forma de la curva de incidencia del crecimiento y con la gran contribución que ejercieron los cambios en el ingreso laboral

Pensamiento Iberoamericano nº10 Nora Lustig y Luis F. López-Calva

Gráfico 11

México: Media salarial en hombres, según educación y experiencia Logaritmos

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sobre la reducción de desigualdad en el ingreso familiar total.

En suma, la disminución de la desigualdad en los ingresos de los hogares en México parece estar determinada por un aumento relativo en la demanda de trabajadores poco calificados (en relación a los trabajadores con más habili-dades) y por una caída relativa en su oferta. Esto último se explicaría como producto de los avan-ces logrados en educación, dado que un mayor número de cohortes permanecen en la escuela por más años (algo que se confirma por el aumento constante de los años de escolaridad). Por el lado de la demanda, parte de la historia podría estar relacionada con el TLCAN: una mayor demanda por trabajadores poco califica-dos en las “maquiladoras”, dado que los proce-sos de producción en América del Norte se integraron cada vez más después de que el TLCAN entró en vigor.

Otros factores que pueden haber contri-buido a un aumento de la demanda relativa de trabajadores situados en la parte baja de la distribución se refieren al aumento de las remesas y las transferencias en efectivo de Progresa/Oportunidades –el programa del gobierno de México contra la pobreza–. Sin embargo, dado que éstas se mueven más o menos a la par, el efecto directo de las reme-sas y las transferencias podría afectar el nivel, pero no necesariamente la tendencia de la desigualdad en los ingresos. Más importante pudo haber sido el efecto indirecto, es decir, la

incidencia que las remesas y las transferen-cias tuvieron sobre el empleo en las econo-mías locales pobres. Los hogares que reciben remesas tienden a utilizarlas para construir, ampliar o remodelar sus viviendas. Esto genera demanda de trabajadores de cons-trucción en la economía local, lo que a su vez incentiva la demanda de otros bienes y servi-cios, y así sucesivamente. De hecho, las reme-sas y las transferencias pueden ser vistas como numerosos “paquetes de estímulo” beneficiando a las comunidades pobres.

México, representa un caso de crecimiento débil en el PIB y en la productividad total de factores debido a que una gran parte del empleo es generado en sectores de baja pro-ductividad y bajos salarios, en lugar de secto-res altamente productivos y con salarios más altos. Sin embargo, aunque las oportunidades de nuevos empleos conllevan salarios bajos, las remuneraciones pagadas son superiores a las que este grupo de trabajadores poco califi-cados recibía antes de 2000. En este sentido, el patrón de crecimiento de México es “pro-pobres”. La puesta en marcha del programa de transferencias condicionadas Progresa/Opor tunidades hizo al gasto público más progre -sivo, aunque la mayor parte de las transferencias (las pensiones, en particular) sigue sin serlo15.

Según algunas estimaciones, sin Oportuni -dades, el coeficiente de Gini sería mayor en alrededor de un punto porcentual16. lo cual

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sigue siendo, en gran medida, poco progresivo y, en algunos casos, es claramente regresivo. Así, la reducción reciente de la desigualdad en México, aunque importante, continúa estando limitada debido a que la política social aún adolece de serias deficiencias e inconsisten-cias. La buena noticia es que esto implica la existencia de oportunidades para reducir aún más la pobreza y la desigualdad.

IV. Uruguay

17

A principios de la década de los setenta, Uruguay comenzó un proceso de liberaliza-ción que resultó en altas tasas de crecimiento económico y en un aumento de la proporción de manufacturas con respecto a las exporta-ciones totales (del 40 por ciento al 70 por ciento). Sin embargo, en los primeros años de la década de los ochenta el país sufrió una fuerte recesión, en la cual el PIB disminuyó un 17 por ciento entre 1981 y 1984. Durante la segunda mitad de esta década, junto con el restablecimiento de la democracia, se imple-mentaron políticas orientadas a la exporta-ción, se incentivaron los acuerdos de libre comercio, y se restableció el Consejo de Salarios, todo lo cual condujo a un aumento significativo de los salarios reales. En el trans-curso de esta década, Uruguay se unió al MERCOSUR y se estableció una nueva política de estabilización basada en el tipo de cambio.

El resultado conjunto fue una fuerte apre -ciación de la moneda, así como el crecimiento del PIB y de la inversión. El Consejo de Salarios fue abolido de nuevo en 1990-91 y, en su lugar, se liberalizaron los contratos laborales. Hacia finales de esta década, la inestable situación regional llevó a una recesión econó-mica que se convirtió en 2002 en una grave cri-sis: el PIB per cápita disminuyó un 11 por ciento, y las tasas de desempleo alcanzaron mayores niveles que los registrados en la crisis de 1982. Desde el último trimestre de 2003, motivada por la demanda de bienes primarios, la economía comenzó a crecer a un ritmo extraordinario. El partido de centro izquierda llegó al poder en 2005 y puso en marcha diver-sas reformas como la restauración del Consejo de Salarios, la introducción de un impuesto sobre la renta, la implementación de esque-mas de transferencias en efectivo, y la reforma al sistema de salud.

El aumento de la desigualdad es la carac-terística principal del período, analizado en esta sección (Gráfico 12). Un análisis de curvas de incidencia del crecimiento por sub períodos muestra que entre 1986 y 1994 el ingreso per cápita creció a un ritmo del 7 por ciento anual, con un incremento mayor para los percentiles más pobres que para los superiores18. Sin

embargo, el ingreso per cápita de los segundos también aumentó a una tasa superior a la media y, en consecuencia, la desigualdad total no cambió sustancialmente. Durante

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2007, el coeficiente de Gini aumentó de 0,423 a 0,466, mientras que el ingreso per cápita promedio disminuyó 2,7 por ciento por año, cayendo a una mayor velocidad entre los pobres. Por último, durante el período 2007-2009 la desigualdad disminuyó conforme el crecimiento del ingreso de los pobres fue mayor que el crecimiento medio19. Diversos

cambios de política pueden explicar este resultado: el salario mínimo aumentó en 2005 y pudo haber contribuido al descenso de la desigualdad en los ingresos laborales; los análisis ex ante de la reforma fiscal de 2008 también sugieren efectos igualadores (un

des-censo de entre 1 y 2 puntos porcentuales en el coeficiente de Gini ); y el efecto que tuvieron los programas de transferencias en efectivo sobre la desigualdad, aunque modesto, fue progresivo (con una disminución de 0.5 puntos en el coeficiente de Gini).

Para analizar la contribución de cada fuente de ingreso al cambio de la desigualdad, se realizó una descomposición del coeficiente de Gini para el primer año de cada uno de los sub-períodos analizados: 1986, 1994, 2007 y 200920. En general, los resultados sugieren

que el ingreso laboral ha jugado un papel importante para explicar el aumento de la

Gráfico 12

Uruguay: Coeficiente de Gini e ingreso per cápita del hogar, 1986-2009

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desigualdad entre 1994 y 2007. Por otro lado, la reducción en la desigualdad durante 2007-2009 se explica principalmente por el efecto igualador tanto del ingreso laboral como de las prestaciones sociales, específicamente las transferencias, mismas que se han ampliado en los últimos años.

Con el fin de identificar los determinantes que explican los cambios en la desigualdad, se estimó un modelo de micros imulación paramétrico, enfocándose en los efectos de la participación en el mercado laboral y la edu-cación21. La microsimulación se realizó para

los períodos siguientes: 2009; 1986-1994; 1994-2007, y 2007-200922. Para el perío

-do completo, 1986-2009 –durante el cual aumentó la desigualdad– el principal factor fue la contribución desigualadora de los cam-bios en los retornos a la educación y en la bre-cha salarial por género (alrededor del 70 por ciento del aumento se explica por los prime-ros, y 20 por ciento por los segundos). Entre 1986 y 1994, la desigualdad no sufrió ningún cambio. Durante este período, los cambios en los retornos a la educación fueron desi -gua ladores; sin embargo, fueron más que compensado por cambios igualadores en la distribución de horas de trabajo y por la re -ducción de la brecha salarial entre Montevi-deo y el resto de las zonas urbanas.

El catalizador principal que explica el au -mento, tanto de la desigualdad en el ingreso laboral como de la desigualdad en el ingreso

total per cápita de los hogares entre 1994 y 2007, se refiere al incremento en los retornos a la educación (representando aproximadamente 80 por ciento del cambio). La participación en el mercado laboral, la evolución de la brecha de género y la brecha regional reforzaron esta ten-dencia regresiva (los cambios en la distribución de la educación fueron igualadores, pero el efecto fue demasiado pequeño para compensar las fuerzas desigualadoras). Durante el ligero descenso de la desigualdad entre 2007 y 2009, los retornos a la educación constituyeron el principal motor detrás de la disminución de la desi -gualdad, tanto a nivel individual como a nivel de los hogares (78,5 por ciento). El aumento del empleo y la reducción de la brecha regional también tuvieron un efecto igualador, al igual que los cambios en la distribución de la educa-ción, aunque la magnitud de estos últimos fue imperceptible.

Los resultados muestran que la desi gualdad en el ingreso alcanzó un máximo cerca de 2007. Desde entonces, la desigualdad tanto en el ingreso total per cápita de los hogares como en los ingresos laborales por hora ha disminuido (Gráfico 13). Al analizar la evolución de la desi -gualdad según grupos de educación, se observa que ésta se mostró más alta entre los trabajado-res más calificados en el pasado. Hasta 2006, la desigualdad aumentó princi palmente entre tra-bajadores altamente califi cados; sin embargo, a partir de 2007 la desigualdad creció entre tra-bajadores con seis años de educación o menos

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y disminuyó para el resto. En 2009, la desi -gualdad disminuyó para todos los grupos educa-tivos, mientras que las brechas de desigualdad entre grupos también fueron a la baja. Las tasas de participación aumentaron para casi todos los grupos educativos después de las crisis y el de -sempleo alcanzó un mínimo histórico, disminu-yendo relativamente más para los trabajadores con calificación media y baja. Además, los resul-tados sugieren cambios en la estructura de la fuerza laboral por nivel educativo, siendo los tra-bajadores con un bajo nivel escolar relativa-mente más escasos –aunque esta evolución ha sido más moderada que la ocurrida en la

mayo-ría de los países de América Latina. La principal explicación de la diferente evolución de Uruguay tiene que ver con sus altas tasas de deserción escolar. Estas tasas pueden explicar por qué la desigualdad, en contraste con otros países, siguió aumentando durante la mayor parte de la década.

Los resultados arrojados por el modelo de microsimulación sugieren que las principales fuerzas detrás de la evolución de la desigualdad en el ingreso per cápita de los hogares y en el ingreso laboral fueron los retornos a la educa-ción, la participación en el mercado laboral y los factores residuales. Esto último es evidente

Gráfico 13

Uruguay: Coeficiente de Gini del ingreso per cápita del hogar y del ingreso laboral por hora, 1986-2009

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durante 1994-2007 cuando ocurrió el mayor aumento de la desigualdad. Mientras tanto, la brecha regional disminuyó, posiblemente como resultado de aumentos en el salario mínimo (que probablemente eran vinculantes en las zonas más desfavorecidas fuera de Montevi-deo), y de la presencia del Consejo de Salarios23.

En resumen, el período 1986-2009 se caracteriza por una tendencia creciente de la desigualdad. La crisis de 2002 y la recuperación económica estuvieron acompañadas por un aumento de este fenómeno. Sin embargo, la tendencia se revirtió en 2007. En general, las fuerzas del mercado laboral y los retornos a la educación fueron las principales causas, tanto del aumento como de la caída en la desi -gualdad. ¿Por qué los rendimientos de la edu-cación fueron a la baja desde 2008? Una explicación pueden ser las políticas activas en el mercado laboral: un salario mínimo más alto y la restitución de los procesos de negociación colectiva en la industria, ambas estrategias implementadas por un gobierno de izquierda. El gobierno introdujo además, una reforma tri-butaria que aumentó la tasa efectiva de impuestos para los perceptores con más altos ingresos y, por tanto, redujo la prima por califi-cación. Sin embargo, si lo anterior genera una mayor oferta de trabajadores informales las políticas activas del mercado podrían conver-tirse en fuerzas desigualadoras, lo que aumen-taría la brecha entre los ingresos del trabajo formal e informal. Es importante tener en

cuenta que la mejora de la educación no parece haber desempeñado un papel importante, ya que Uruguay es uno de los casos en los que el ritmo de crecimiento de años promedio de escolaridad ha sido particularmente lento. La reducción de la desigualdad desde 2007, por lo tanto, parece depender más de las acciones del gobierno a favor de la mano de obra y de las transferencias públicas hacia los pobres, que de los mecanismos del mercado.

V. Comentarios finales

Desde el año 2000, la desigualdad ha disminui-do en la mayoría de los países de América Latina, aunque también ha aumentado en algunos. Este artículo analiza las causas que subyacen a la dinámica de la desigualdad, enfocándose en dos casos en los que la desigualdad se redujo (Brasil y México) y uno en el que ésta se elevó (Uruguay). El análisis mostrado sugiere que tanto las fuerzas del mercado como la acción del Estado jugaron un papel importante en la explicación de la diná-mica de la desigualdad. En particular, el descenso de la desigualdad en Brasil y México parece estar fuertemente asociado con la caída de los diferenciales de salarios por hora según nivel educativo (o, en otras palabras, con la caída de los retornos a la educación) y, en menor medida, con la reducción de la desi -gualdad en educación24. La reducción de los

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diferenciales salariales, a su vez, se asocia en parte al mayor acceso a la educación logrado en años anteriores, lo que volvió relativamente escasos a los trabajadores sin instrucción o con primaria incompleta. Por el contrario, como se mencionó, la principal fuerza que explica el aumento de la desigualdad en el ingreso en Uruguay durante 1994-2007 es el incremento en los retornos a la educación. Debido a las ele-vadas tasas de deserción escolar, la composi-ción de la poblacomposi-ción por nivel educativo apenas ha cambiado en Uruguay.

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(46)

Notas

* Este artículo está basado en los resultados del

proyecto “Mercados, el Estado y la dinámica de la desigualdad en América Latina” del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, coordina-do por Luis F. López-Calva y Nora Lustig (Lopez-Calva y Lustig, 2010).

1 Ver, por ejemplo, Altimir (2008) y Londoño y

Székely (2000). Como se muestra en la si -guiente sección, en la década de los ochenta sólo se contaba con datos nacionales para seis de los países, mientras que en los siete restan-tes los datos disponibles cubrían únicamente las zonas urbanas (y en algunos casos sólo las grandes metrópolis).

2 Esta sección está basada en Barros, de Carvalho,

Franco y Mendonça (2009; 2010).

3 La disminución de la desigualdad en el ingreso

en Brasil satisface la prueba de “dominancia de Lorenz” y es estadísticamente significativa. Barros et al. (2009).

4 Barros et al.(2009). 5 Ibíd.

6 El ingreso laboral incluye sueldos y

remunera-ciones de los trabajadores por cuenta propia. Los ingresos no laborales incluyen los ingresos sobre capital, tales como intereses, utilidades y rentas sobre propiedades; y transferencias. Las transferencias, a su vez, pueden ser privadas (remesas y regalos, por ejemplo) o públicas (pensiones y transferencias monetarias condi-cionadas, por ejemplo).

7 Véase Barros et al.(2009).

8 Las encuestas de hogares normalmente no

captan con precisión a los hogares ubicados en la parte superior de la distribución de ingresos, cuyos ingresos no laborales provie-nen principalmente de activos. Esto aplica para todos los países.

9 Esta sección está basada en Esquivel, Lustig y

Scott (2010).

10 La incidencia de la pobreza extrema en México

se mide a través de la línea oficial de “pobreza alimentaria”.

11 Las cifras de 2005 deben tomarse con cautela

debido a que la encuesta para ese año puede no ser comparable con las del resto.

12 La “curva de incidencia del crecimiento”

mues-tra los cambios en el ingreso (o gasto) per cápi-ta familiar para cada percentil de ingreso (o gasto), ordenados desde los hogares más pobres hasta los más ricos.

13 El promedio de las tasas de crecimiento de

toda la distribución fue ligeramente superior a 2,5 por ciento.

14 Alejo et al. (2009). 15 Scott (2009). 16 Scott (2009).

17 Esta sección está basada en Alves et al.(2011). 18 La encuesta utilizada (Encuesta Continua de

Hogares, ECH) refleja los ingresos corrientes después de impuestos. El agregado de ingre-sos de los hogares en este análisis está com-puesto por ingresos laborales de los trabajadores asalariados, trabajadores por cuenta propia y empresarios (tanto en especie como en efectivo); ingresos de capital (prove-nientes de los intereses, rentas, regalías, y acti-vos financieros); transferencias públicas y privadas (incluyendo remesas); y la renta imputada de la vivienda. Esta definición de ingresos es diferente a la utilizada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dado que excluye el ingreso imputado por la cober-tura de seguro de salud. El INE suma a los ingresos del hogar el valor de mercado de los seguros de salud para los trabajadores forma-les. Desde 2007, cuando una importante refor-ma al sisterefor-ma de salud se llevó a cabo y se amplió la cobertura a los hijos de 18 años o menos, las series de ingresos medios no mues-tran la misma tendencia que las del INE. El coeficiente de Gini también varía cuando este ingreso imputado se incluye. A pesar de ello, la

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