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Sobre el valor de los marginalia en la tradición manuscrita. Análisis del ms. 11/8544 de la Real Academia de la Historia de la Crónica de la población de Ávila

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DE LA HISTORIA DE LA CRÓNICA DE LA POBLACIÓN DE ÁVILA

MANUEL ABELEDO

IIBICRIT (SECRIT) – CONICET Universidad de Buenos Aires

La necesidad de prestarle especial atención a las anotaciones posteriores al momento de la copia en manuscritos medievales fue clara y categóri-camente reseñada por David Hook, quien sostiene que

if a book, printed or manuscript, contains later annotations to the text, this is an essential dimension not only of the history of the individual volume as a physical object, but of the intellectual history of the text or texts contained therein, and of the society in which the annotator lived. (Hook, 1997: 135)

Es este espíritu, el de prestar atención a los marginalia no solamente como testimonio codicológico sino también como documento invaluable de la historia de la lectura de una obra o de una época, el que anima el presente trabajo; terreno en el que, aun si han aparecido varios estudios en este sentido1, existe todavía una deuda del ámbito académico

hispá-nico, como ya señalaba el mismo autor:

1Véanse, a modo de ejemplo, Weiss (1990), Heusch (1993), Dagenais (1994), Lucía Megías

(1994), Rodríguez Velasco (2001), Fradejas Rueda (2009). Incipit XXX (2010), 111-132

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An attempt to set out general principles applicable to the study of an-notation is perhaps necessary, particularly in the context of medieval Spanish studies, where the examination of marginalia in not as well developed as might be desired. (Hook, 1997: 136)

Las glosas son, por supuesto, un especial elemento de interés cuan-do se trata de glosas de autor, eruditas o que, al menos, aportan algún tipo de información. La gran mayoría de los trabajos referidos hacen hincapié en estos sentidos. Pero es parte fundamental del espíritu de lo dicho por Hook entender que toda inscripción es válida para realizar el estudio y análisis de una tradición de lectura de un texto o un códice, aun si, desde el punto de vista del contenido, no agrega nada a los sig-nificados del texto tutor.

Así, la intención es analizar aquí una serie de marginalia que apa-recen en los fols. 9 a 832 del manuscrito 11/8544 de la Real Academia

de la Historia. Se trata de los folios correspondientes al texto de la Cró-nica de la población de Ávila, y se analizan estos y no los subsiguientes (aunque se tienen en cuenta en algunas ocasiones) porque, en primer lugar, es el interés por este texto historiográfico y la preparación de una edición crítica del mismo los que generan la inquietud que da origen al presente trabajo, y en segundo lugar porque, como se verá, los glosado-res se comportan aquí de una forma sistemática y particular que no se reproduce de la misma manera en el resto del códice.

2Para el texto de la Crónica utilizo aquí la misma foliación que sigo para la edición de la

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La Crónica se conserva en cuatro testimonios: el ms. 1745 de la Biblioteca Nacional de Madrid, reconocido como ms. A; el ms. B, con signatura 18.634 de la misma biblioteca; el ms. D, que es el 9-5171 de la Real Academia de la Historia, y el que interesa al presente trabajo, cuya signatura ya fue mencionada, que se conoce como ms. C, datable alrededor del 1600 por su letra procesal encadenada.

Este manuscrito es de escasa relevancia a la hora de la edición crítica del texto, aunque presenta algunas lecciones atendibles, siendo en general preferibles las de A y B, principalmente por razones estemá-ticas y por la calidad de las copias. Sin embargo, el entramado de glosas al margen que acompaña el texto es particularmente interesante, y el códice aventaja en este sentido al resto de los testimonios. El ms. B no contiene una sola glosa, y el D presenta solamente una, que no es más que la repetición de un nombre del texto tutor con distinta ortografía, probablemente de la mano del mismo copista. El ms. A sí presenta un puñado de glosas, todas de la misma mano, que en la gran mayoría de los casos consisten en la repetición de un antropónimo que se encuentra en el cuerpo del texto, a veces agregan una fecha y en dos o tres ocasio-nes hacen comentarios de posible interés. El ms. C, en cambio, acopia un abundantísimo número de marginalia, de muy diversas manos, que ocupan prácticamente todo el espacio del margen, muchas de las cuales resultan sumamente interesantes, aportando información de diversa índole, y merecen ser reproducidas en una edición crítica de la Crónica, prestándose a un análisis particular3.

Una cantidad importante de glosadores escribe al margen en in-tervenciones relativamente breves a lo largo de todo el texto. Muchas

3Todas estas glosas de interés aparecerán en nota al pie en mi edición del texto. Las que

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veces estas glosas son de muy difícil lectura, y es difícil identificar las manos, incluso dilucidar si dos marcas pertenecen a la misma. Se trata fundamentalmente de comentarios, y a veces de marcas consistentes en una frase corta o en una palabra repetida del texto que ubican temáti-camente el fragmento de la Crónica correspondiente. Sin embargo, el elemento que más visiblemente ocupa el espacio marginal de las glosas en el manuscrito es la transcripción al margen del texto casi completo, llevada a cabo por tres manos distintas que alternan en la copia; las tres son posteriores a, cuando menos, la mayoría de las demás glosas que aparecen en el texto, como se puede deducir de la forma en que unas y otras se acomodan al espacio del margen. De esta manera, el texto, casi en su completitud, aparece repetido al margen. El primer motivo, in-eludible para entender este fenómeno, es la oscura caligrafía del copista (de difícil comprensión ya al principio del códice, empeorando a medida que avanza) que impide una lectura fluida de la Crónica. Sin embargo, no se puede reducir toda observación a esta dificultad de lectura, por lo que es posible sacar algunas conclusiones, lo que constituye el inte-rés primordial del presente trabajo. Es necesario, para ello, describir la actividad de estos amanuenses.

Un primer glosador, al que se denominará aquí “G3”4, cuya

cali-grafía es de la primera mitad del s. XVII, transcribe tres pasajes

aisla-4En mi edición de la Crónica nombro a los transcriptores según su orden de aparición,

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dos. Interviene escasamente en el resto del códice, con muchísima me-nos frecuencia que en la Crónica, y no transcribe pasajes. Al principio del texto, en fols. 10r-10v, copia el episodio de la refundación de Ávila. Comienza con el inicio del texto y se interrumpe en la mitad del episo-dio. Dos explicaciones posibles surgen acerca de por qué interrumpe la transcripción. El texto marginal incluye las primeras frases, en donde aparece la decisión de refundar la ciudad por parte de Alfonso VI y Rai-mundo de Borgoña y los lugares de origen de la población migratoria. Es a continuación, en el medio de la aparición del origen mítico basado en un agüero, que se detiene, por lo que se puede especular que el glosa-dor está interesado en los datos históricos concretos y no en los relatos legendarios de fundación. A su vez, la copia se detiene precisamente en una lectura particularmente difícil: el nombre del agorador, que siguiendo el ms. B es llamado con el nombre de “Muño Echaminzuide”, pero que tanto en este códice como en los restantes presenta lecciones confusas como “Muño en aue mudo” (ms. A), “murio en havemudo” (ms. D) o “muño entraua mudo” en el caso de la copia aquí trabajada. Por lo tanto, se puede suponer que es la inquietud acerca de qué copiar lo que lo desanima a seguir adelante. G3 puede haber interrumpido la copia por cualquiera de estos dos motivos, y probablemente por la com-binación de ambos, suponiendo que la dificultad de lectura determina el momento exacto de la decisión de interrumpir la copia de un texto por el que, en realidad, hace varias líneas que ya ha perdido el interés. De lo dicho se deduce que, si no conoce el contenido del texto a descartar antes de haber copiado algunas frases del mismo, no habría practicado una transcripción planificada sobre un texto ya conocido, sino que lo habría hecho con el correr de la lectura.

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en una lección legible, se puede inferir una falta de interés o de compe-tencia, o que después de haber transcurrido muchas dificultades, a esta altura del códice ya se resigna fácilmente. La glosa copia el agüero y omite la etimología toponímica que viene a continuación. Quizás no le resultara de interés, pero también es posible aventurar otra hipótesis. Se trata de un abulense, o de alguien que maneja conocimientos sobre Ávi-la, ya que en otras partes de la Crónica agrega abundante información en glosa relativas a la población: en fol. 26 aporta información sobre los epitafios de las tumbas de Sancho Ximeno5 y Gómez Ximeno, en

fols. 28v-29v narra una historia sobre una procesión a san Leonardo y en fols. 31v-32r agrega la ubicación de la tumba de Enalviello. De esta manera, es posible que el topónimo “Barbacedo” le resultara absoluta-mente conocido y la conclusión del relato fuera tan evidente que no le pareciera necesaria.

Su tercera y última transcripción es, por mucho, la más extensa. Ocupa los fols. 59v-62r y abarca varios episodios. Comienza con un final de capítulo, arrancando a mitad de frase, en la conclusión que exalta el honor y bravura de los de Ávila. El episodio siguiente narra una expedición abulense precedida por un debate entre sus líderes, cosa infrecuente en la Crónica. Este debe haber sido el principal motivo de interés, no solo por su extraordinariedad, sino además por el abundante acopio de antropónimos que contiene. Pareciera confirmarse entonces la tendencia del primer fragmento a preferir el dato histórico concre-to, y especialmente las menciones a personajes de cierta importancia. Interrumpe la transcripción justamente cuando este debate termina y nuevamente frente a una lección confusa: “uio funeras”, error del co-pista por “brafuneras” que el siguiente transcriptor, G1, entiende como “funeral”. En este sentido, es posible confirmar como uso de G3 que la dificultad de las lecciones es el elemento que lo disuade de copiar,

5Este epitafio, en latín, aparece incluso transcripto. El texto de la tumba pareciera

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perdido el interés, en el momento en que la razón por la que se interesó en transcribir en primer lugar aparece ya diluida.

G2, el segundo de los transcriptores, con letra de la segunda mitad del s. XVII, casi no interviene fuera de los folios de la Crónica, salvo en el folio numerado como 137, en el fragmento titulado “Parrochias que tubo Avila antiguamente”, que comienza siendo de su mano y en el que después alternan en su factura diversos copistas. Sus apariciones al margen son aisladas (de hecho, no es evidente que sea en efecto la caligrafía de G2) y jamás transcribe el cuerpo del texto como en el tramo de la Crónica.

Tampoco G2 decide copiar en demasiadas oportunidades: son cinco fragmentos los que repite al margen. Sus primeras tres intervenciones aparecen en el primer tercio del texto y las últimas dos recién en el apéndice “De la lealtad de los cavalleros de Ávila”, dejando un impor-tante trecho de la Crónica casi sin huella propia. Estas transcripciones son prácticamente su única práctica de considerable presencia, más allá de algunas aclaraciones sueltas de lecciones oscuras y algunos datos biográficos sobre figuras regias al principio del texto, en fol. 13v.

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ámbito, narra las expediciones de los abulenses en tierra de moros. Se confirman aquí tres tendencias que se veían en la primera reescritura al margen. Primero, el interés por los problemas políticos internos de la ciudad más que por las expediciones externas: el extenso fragmento copiado (mucho mayor que cualquiera de los otros de G3 o suyos) es el compendio de los hechos fundamentales en torno a la disputa entre serranos y mercaderes. En segundo lugar, el hecho de que nuevamente copia un fragmento hasta descubrir que no le resulta de interés pone en evidencia que el trabajo de copia es paralelo al de lectura. Finalmen-te, la interrupción de la copia en coincidencia con el cambio de cara confirma, en relación con los usos de G3, que existe una influencia de cuestiones mecánicas de la lectura en la práctica del glosador.

La tercera transcripción, en fol. 24, copia un episodio relativo a Zorraquín Sancho. Nuevamente se interrumpe al final de la cara. El motivo del interés en el episodio no está muy claro, pero en cualquier caso no es muy firme o constante, ya que abandona el episodio por la mitad, lo que llama la atención, ya que el personaje es uno de los más notorios y el relato de los más logrados dentro del texto, por lo que la interrupción de la copia evidencia un desinterés o una decepción que, entonces, difícilmente se explique por cuestiones de valor narrativo. El personaje es de los más relevantes en los libros de Ayora y Ariz, de manera que el conocimiento previo del antropónimo puede haberle despertado algún interés a G2 vinculado con lecturas anteriores. Por otro lado, el episodio inmediatamente anterior enfrenta a Zorraquín con Blasco Cardiel, culminando en la formación de un nuevo linaje prove-niente de este en Calatayud, por lo que puede haber sido la sospecha de una nueva división política interna plasmada en el texto lo que lo haya motivado a copiar, suponiendo que ello es motivo de interés para G2, desistiendo al ver que se trataba no más que de los relatos de las hazañas de Zorraquín Sancho.

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del siglo XVI y a continuación de la breve presentación que se hace al fragmento en el mismo siglo. El extenso espacio que deja sin volver a copiar puede ser síntoma de una decepción con los contenidos o de una fatiga frente a la dificultad de la copia, como la que se deducía en algunas actitudes de G3. Es evidente que rápidamente sus expectativas se vieron frustradas, ya que después de copiar unas pocas palabras del folio vuelto interrumpe la copia a mitad de frase. Las razones por las que se vio estimulado a transcribir al margen pueden ser varias. La introducción anterior le puede haber resultado promisoria. O el mismo título, que anuncia un texto distinto de lo que se viene leyendo (ya que es, fuera del que encabeza el episodio de Enalviello, el único titulado además de numerado) y cuyo tema puede haber resultado de interés. El comienzo del fragmento aquí transcripto, “Dina de memoria fue la lealtad de los de Oviedo e Calatayud”, puede haberle producido una inquietud ligada a lo dicho más arriba sobre el anterior fragmento que copia: si antes, cuando aparecía la referencia a Zorraquín y Blasco Car-diel, esperaba descubrir una oposición entre Ávila y Calatayud, quizás este comienzo le diera la falsa esperanza de conseguir aquí lo que no había encontrado antes. En cualquier caso, las razones de su abandono pueden ser varias, y más que suficientes. El texto apologético no aporta información alguna y el episodio que lo sigue repite el episodio de las Hervencias, que no solamente ya estaba en la copia, sino que además G2 ya había transcripto. Por otro lado, de la misma manera que aparecía en G3, G2 interrumpe la copia en un pasaje particularmente oscuro: “que ellos oyendo el [?] dicho como paso”.

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culminación del texto, percibido por el glosador al dar vuelta la cara y encontrarse con el final. De hecho, ya había copiado en el texto de la crónica el mismo elemento, junto con el resto del episodio de las Her-vencias que no vuelve a copiar en su repetición del apéndice.

De G1 tenemos algunos datos más concretos. Sabemos que el ma-nuscrito perteneció a Rafael Serrano y Brochero, que rubrica el manus-crito en varios folios al azar, y que el glosador es su hermano Agustín, que menciona a ambos en el colofón que aparece en el folio numerado como 288:

Por los años de 1790, adquirió en Madrid Don Agustin Serrano un ejemplar de la citada obra, el cual la confió a su hermano Don Rafael, tesorero que era de rentas reales de Avila i su provincia; este sin duda la confió á algun amigo, i el resultado es que la tal obra ha desaparecido con arto sentimiento del Don Agustin.

La identidad del glosador queda clara en el folio numerado como 285, en el que firma “Sevilla 4 de Febrero de 1810. Agustin Serrano”. Este mismo fragmento nos da también una datación post quem para este glosador, la de 1810, mejorada en el folio con número 134, en que presenta un agregado que incluye la fecha de 1812. Es probable que la datación de la glosa no sea demasiado posterior, ya que es frecuente la aparición de fechas y esta es la más tardía. Es el copista de varios de los últimos textos que aparecen en el códice, y glosador prolífico a lo largo de todo el manuscrito.

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Esta práctica de copiar pequeños fragmentos es la que mantiene en el texto preliminar que pondera los esfuerzos hechos por Bernal de Mata en el siglo XVI por la ciudad de Ávila, y entre ellos en particular, por la copia del texto de la Crónica. En el comienzo de la misma se en-cuentra con la transcripción de G3, continuada por G2. Como se dijo, G3 interrumpe en una lectura difícil que G2 deja en blanco para seguir a continuación. G1 llena ese blanco con la lección como la interpreta (“muño entraua el mudo”, la lectura es difícil porque está guillotinada), y continúa la transcripción en el momento en que la abandona G2. En este sentido, pareciera que G1 también, como había pasado con G2, co-mienza la transcripción estimulado por la práctica de sus predecesores, ya que al principio operaba según su costumbre de resumir momentos importantes, visible en todo el resto del códice (en el que hay fragmen-tos de mucho peor lectura y que G1 no transcribe pero sí glosa, por lo que se puede ver que le resultan también interesantes y que logra leerlos en una medida razonable). A partir de ahí, G1 completa la transcripción al margen copiando todo lo que G2 y G3 no habían ya repetido antes, con escasas interrupciones que, en su gran mayoría, se deben a falta de espacio.

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senti-do, pareciera claro que dejar la transcripción incompleta resulta en una angustia que debe subsanar con una marca aclaratoria.

Otro rasgo interesante de G1 es su claro interés por los topónimos. Existen solamente dos pasajes relativamente extensos de la Crónica en que G1 no transcribe, aun teniendo espacio para hacerlo, y se limita a copiar pequeños fragmentos que sirvan de guía, como ya se dijo que hace al principio de la Crónica y en el resto del códice. Se trata de los fols. 26v-28r y 37v-40v. En el primer caso, marca al margen aspectos de interés. De las nueve inscripciones, seis se concentran en la aparición de una indicación de lugar, y en la última de estas, al final del capítulo, retoma la transcripción corrida en una etimología toponímica, la de la torre de Fortún Fortunes. En el segundo espacio mencionado, en el que transcurre el capítulo undécimo, dos de sus tres marcas consisten en topónimos.

Es pertinente explicar por qué en este segundo pasaje la interven-ción de G1 es tan escasa. Podría pensarse que, sencillamente, se modera su interés, pero sería raro teniendo en cuenta que no desatiende ningún otro pasaje de la Crónica y que este, tratando de diferentes servicios que los abulenses presentaron a Alfonso VIII, dista de ser el más anodino o irrelevante. El capítulo está abundantemente anotado por un glosador anterior, que no tiene tanta presencia en el resto del texto. Podría con-siderarse que esta intervención constante resulta en un obstáculo para mantener regularmente una transcripción al margen, pero también es posible que este glosador coincidiera razonablemente en sus intereses con G1, que considerara el capítulo ya suficientemente anotado, espe-cialmente por antropónimos, cuya proliferación y centralidad es una característica particular del capítulo y que son, aunque en menor medi-da que los topónimos, un aspecto de interés para G1, como puede verse en diferentes pasajes de la crónica (fols. 9r, 13r, 18v y 44r, por ejemplo).

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inferior “Aberrazo capitan moro”. La ortografía normal para el nombre, como se ve en los otros testimonios, es “Aveyaco”, por lo que no puede considerarse una enmienda. La ortografía que elige en la glosa es la de la transcripción de G2, que aparece en la cara anterior (en un lugar no especialmente cercano al de su glosa), por lo que se puede notar que está leyendo a su predecesor antes que al texto tutor en este caso. En el fol. 44r el copista tiene un evidente error al escribir “gran canpestran en [?] la huste”. G1 tacha y enmienda “carestia en la hueste” que es, según los otros testimonios, la lección correcta. Nada en el resto del códice indica que G1 contara con otra copia del texto. La enmienda de la palabra “hueste” es fácilmente deducible. La de “carestia” probable-mente lo fuera, pero lo más probable es que se haya guiado por la glosa que se encuentra al margen, que dice “don Alfonso el sabyo - carestia”. A su vez, es habitual (por ejemplo, en 22v y 47v) que G1 incorpore un término aislado copiado al margen por un glosador anterior en su propia copia del texto, adaptando los espacios a tal fin.

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fol. 62r de “uio funeras” como “funeral”, nuevamente sin sentido en el texto. Estos son solo algunos ejemplos de un comportamiento habitual en G1 tendiente a copiar las grafías confusas sin intento de enmienda, aun si genera un texto incomprensible.

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de G1 es la de pretender completar enteramente la transcripción de la Crónica. En más de setenta folios, deja sin copia del texto tutor menos de cinco. Esta tendencia hace que sea difícil deducir sus temáticas de interés, ya que no discrimina la copia en ese sentido, pero las marcas que deja esporádicamente más allá de la transcripción llevan a pensar que presta una particular atención a los topónimos, y en menor medida a los antropónimos. Su actitud hacia las lecciones de difícil lectura indica una cierta inseguridad de comprensión que marca su lectura. En varios pasajes, además, da muestra de prestar atención a las glosas anteriores que encuentra en el códice. Como tendencias compartidas, G2 empieza a transcribir después de encontrarse con la primera trans-cripción de G3, y G1 lo hace después de ver las de sus dos predecesores, dando indicios de que la práctica pudo haber surgido “por contagio”. A su vez, los tres son autores de otras inscripciones en el códice además de sus transcripciones.

Descriptas las actividades de estos tres glosadores, resulta posible sacar aquí algunas conclusiones. En primer lugar, es necesario rescatar la relevancia que tienen estos elementos analizados que, si bien no cons-tituyen en sí la Crónica de la población de Ávila, hacen de una manera u otra a su identidad, y son relevantes al analizarla como hecho discursi-vo. Desde la perspectiva de la recepción, el texto no existe en el papel, ni siquiera en el lenguaje, sino en la mente del lector en el momento de la recepción. Dice en este sentido Wolfgang Iser: “Sólo mediante la acción constitutiva de una conciencia que lo recibe el texto llega a su realidad, de manera que la obra artística es el proceso de constituirse el texto en la conciencia del lector” (1987: 44). Que la glosa no forme parte de la obra pero sí de su sentido, entendido como efecto estético (Iser, 1987: 27), no resulta contradictorio:

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Partiendo de esta base, la práctica de estos glosadores (y de todos los glosadores en general, justamente la intención de este trabajo es ejemplificar la posibilidad de analizar todas las intervenciones, incluso las, en apariencia, más irrelevantes) resulta atendible en, al menos, dos sentidos distintos y solidarios.

En primer lugar, si el texto llega a su realidad en la lectura, un aná-lisis del mismo debiera prestar atención a los indicios existentes, más escasos a medida que su objeto se aleja en el tiempo, de la forma en que ese texto fue leído en diferentes épocas y circunstancias. Así, las trans-cripciones constituyen un documento acerca de esos modos de lectura ineludible, y se han relevado aquí algunas cuestiones atendibles en este sentido. El hecho de que un texto sea leído con la lentitud que exige detenerse a transcribirlo muestra que la forma de lectura es propia de una búsqueda de información, concentrada en la objetividad del valor testimonial antes que en seguir, en dejarse llevar por la fluidez del texto corrido. El posible conocimiento de otros escritos relacionados, como el de Ariz o Ayora, apoyaría esta idea. De esta manera, varios de los recursos narrativos que aparecen en la Crónica parecerían no alcanzar su efecto, como la clara apelación al pathos que reviste el episodio de las Hervencias, la admiración heroica que pretenden generar las hazañas caballerescas de Zorraquín Sancho o de Vicente Nuño, la narratividad fluida de la leyenda de Enalviello o la emotividad del abrazo de Alfonso VIII a don Yagüe6. Probablemente esta forma de lectura esté influida

por la dificultad de comprensión. No solamente la que presenta la cali-grafía del copista, de la que se han relevado las evidencias presentes en el códice, empezando por la existencia misma de estas transcripciones, sino también por las dificultades que presenta el estadio arcaico de la lengua en que está escrita la Crónica, que genera abundantes confu-siones en un lector tardío. Estas dificultades no modifican el modo de

6Sobre el carácter literario y narrativo de la Crónica como texto de tradición caballeresca,

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lectura solamente en la medida en que el texto se entiende o no, sino en una predisposición general con la que el sujeto se enfrenta a él. Ya se comentó la inseguridad con la que los transcriptores encaran el tex-to. En este sentido, es posible ver cómo el tipo de letra, la calidad de la copia y la lengua utilizada por cada códice particular son elementos claramente determinantes de la lectura de un texto, y en los casos en que los testimonios son escasos, esto termina resultando fundamental en la tradición de lecturas de la obra en sí.

Se comentó ya también que factores como el momento del texto en el que se produce el salto de plana, la capitulación o las lecciones oscuras determinan conductas de los glosadores y, con ello se infiere, de los lectores. Si un transcriptor, por ejemplo, deja de copiar cuando no entiende un término, es probable que ese sea también el lugar en el que un lector abandona o interrumpe la lectura. Con lo dicho se pone en evidencia cómo la lectura de los textos está condicionada por elementos mecánicos, consecuencia de las cuestiones básicas relativas a la factura del códice, y que dan una nueva evidencia de que la materia ecdótica es relevante no solamente a la hora de una edición crítica, sino que resulta fundamental a la hora de pensar en la historia y la tradición de lectura de un texto.

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Los elementos que resultan de interés a los transcriptores, releva-dos más arriba, resultan también contradictorios con las formas en las que se plasman los intentos de narratividad de la crónica: topónimos, antropónimos, referencias a personajes históricos castellanos trascen-dentes, listados de nombres propios, etc. Y no solamente este modo de lectura difiere del que propone narrativamente la Crónica, sino además del que proponen sus prologadores del siglo XVI, mucho más cercanos en el tiempo de los transcriptores. En el texto introductorio relativo a lo actuado por Bernal de Mata, se dice que el principal interés de la Crónica es el de

inquirir y buscar el fundamento de la dicha ciudad, e dónde avia avido origen, e como se avian ganado las armas reales que tienen e sus previ-legios, sobre lo cual halló [...] cuaderno de es[c]riptura que es el siguien-te, en que hay relación de alguna parte de lo sobredicho, e de muchas cossas notables que los cavalleros antiguos d’esta dicha ciudad fizieron en servicio de los reyes de Castilla, en que se nota grandes enxemplos de cavalleria e lealtad e fedelidad

La introducción al apéndice “De la lealtad de los cavalleros de Avila” resalta igualmente el heroísmo y la lealtad de los abulenses. Salvo por el interés de G2 y G3 en la fundación de la ciudad (limitado, por otra parte) nadie pareciera haber reparado especialmente en la heroi-cidad y el carácter ejemplar de los abulenses en los que los fragmentos citados hacen hincapié (el final de capítulo copiado por G3 en 59v pareciera resaltar esta heroicidad, pero es difícil, partiendo de esa base, entender por qué copió ese y no tantos otros donde los valores de los serranos aparecen mucho más claros y mejor narrados).

El interés de G2 por la oposición entre serranos y mercaderes es testimonio, por el contrario, del éxito de una de las pautas organizativas de la Crónica, ya que la exposición de esa antinomia y la apología de una de las partes es uno de los principios constructivos sobre los que se cimienta el texto.

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fue leído por diversos lectores posteriores, incluyendo a los transcripto-res. Así, una glosa resulta en un testimonio de cómo fueron leídas las anteriores, y se hace evidente que estas forman parte del horizonte de lectura de aquella. Se han señalado algunas cuestiones que sustentan esta influencia de las glosas en la lectura del texto. Fue comentada más arriba la posibilidad de que las transcripciones previas fueran un estí-mulo importante para que un glosador agregara la propia. Es evidente, por otra parte, que las glosas informativas dan una nueva información al lector que no puede ni tiene por qué ignorar, como se vio en la en-mienda de G1 del término “carestía”, extraído de una glosa anterior. También se señaló ya que en algunos pasajes es posible ver que, al menos en ocasiones, los lectores no siguen el texto del copista sino el de los transcriptores, probablemente en virtud de su claridad, haciendo así evidente la relevancia que tiene en la historia de las lecturas de la obra una versión que, desde el punto de vista de la edición crítica, no merece siquiera ser tenida en cuenta.

En este sentido, es preciso recordar que el hecho de que el códice es (con sus glosas, inscripciones e intervenciones posteriores a la copia del texto) el soporte en el que la obra es leída, no es un fenómeno ex-clusivamente medieval, sino que se da en siglos muy posteriores, como testimonia G1, lector, glosador y transcriptor del ms. C en el siglo XIX. Si, una vez más, el acto de la lectura es el modo en que un texto llega a su realidad, no se puede soslayar el hecho de que las glosas, como todos los fenómenos ecdóticos propios del manuscrito, han sido parte de ese acto hasta hace no demasiado tiempo.

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EFERENCIASBIBLIOGRÁFICAS

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Referencias

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