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José Mª García Mauriño Antonio Moreno de la Fuente

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Estado laico, Iglesia laica

José Mª García Mauriño y Antonio Moreno de la Fuente Editado por:

PUNTO ROJO LIBROS, S.L. Cuesta del Rosario, 8 Sevilla 41004 España 902.918.997 [email protected] Impreso en España ISBN: 978-84-15679-13-4 Depósito Legal: SE 3760-2012

Maquetación, diseño y producción: Punto Rojo Libros

© 2012 José Mª García Mauriño y Antonio Moreno de la Fuente © 2012 Punto Rojo Libros, de esta edición

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización por escrito de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de esta edición mediante alquiler o préstamos públicos.

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con la esperanza de que ellos vivirán en un Estado laico y también, si son cristianos, en una Iglesia laica. Antonio

A mis compañeros y compañeras de la Comisión de Laicidad de Iglesia de base de Madrid, Adelaida Román, Ana Casasnovas, Angel Villagrá, Lutgarda Reig, José María Ramírez, Tomás Maza, con los que he trabajado durante una larga temporada y hemos colaborado en muy distintos temas que aparecen en el libro. José María

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Índice

Prólogo ... 15 

Introducción ... 19 

1ª PARTE ESTADO LAICO... 25 

Capitulo 1: ¡Por un estado laico YA! ... 27 

Capítulo 2: Los primeros pasos 2005: planteamientoinicial de la Laicidad ... 31 

Capítulo 3: Los procesos históricos de la laicidad ... 43 

3. 1. Sacralidad y laicidad en la antigüedad y edad media... 45 

3.2. El trono y el altar: de la alianza a la ruptura ... 72 

Capítulo 4: Retos de la laicidad a la ciudadanía ... 101 

Capítulo 5: Por una escuela publica, laica y de calidad .... 113 

Capítulo 6: Libertad religiosa, laicidad y laicismo en EE.UU. ... 123 

Capítulo 7: ¿Es España un estado laico o laicista? ... 143 

2ª PARTE IGLESIA LAICA ... 155 

Capítulo 1: Afirmando la laicidad. Apropósito de las visitas del Papa ... 157 

1.1. Tremendo engaño ... 157 

1.2. Carta al papa Benito XVI ... 159 

Capítulo 2: Jesús profeta laico ... 163 

Capítulo 3: ¿Iglesia sacerdotal o Iglesia laica? ... 171 

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Capítulo 5: Mesa compartida, sí, ni sacrificio,

ni sacerdocio ... 201 

Capítulo 6: Retos de la laicidad a los

cristianos de base ... 207 

Capítulo 7: ¿Sacerdocio o ministerio de la

mujer en la Iglesia? ... 215 

Capítulo 8: ¿El fin de la parroquia? ... 221 

Capítulo 9: Financiación de la Iglesia católica ... 229 

Capítulo 10: A favor de las procesiones

y procesión atea ... 243 

Capítulo 11: Los símbolos religiosos en

los espacios públicos ... 247 

Conclusión: otra iglesia no es posible, por ahora ... 255 

Apéndice: Manifiesto de Redes Cristianas

por la Laicidad ... 259 

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Prólogo

Los autores de este libro me han invitado a prologarlo y he aceptado, ya que valoro el trabajo y esfuerzo, que desde las creencias cristianas, mujeres y hombres, son capaces, en su fe, de “enfrentarse” a un modelo de iglesia, según ellos poco “cristiana” y a una jerarquía religiosa dogmática y autocrática, que tratan de esconder su boato, riquezas y miseria, con el manto de la denominada “obra social de la iglesia”, de la que “ellos” (los jerarcas) están muy alejados, ya que, independientemente del origen y de los objetivos de esa obra social, los que la alimentan, con su esfuerzo, son personas de buena fe, entre ellos muchos cristianos de los denominados “de base”, alejados de toda ostentación.

Trataré, en estas escuetas líneas, de explicar la posible intención de los autores al dar a luz estas páginas, de desvelar algunas de las virtudes de este documento y de ofrecer unas pinceladas breves de apuntes muy personales.

Con el Vaticano II, parecía que la “Iglesia católica oficial” iba recorrer, aunque fuera de forma tibia y lenta, su actualización. Sin embargo, en este casi medio siglo, que ha pasado, se ha enrocado aun más, en su boato y en la acumulación de riquezas, en sus consignas autocráticas, en sus dogmas con tendencias a la homofobia y la misoginia, en su hipocresía, en esconder a los clérigos pederastas, en su apoyo a dictaduras, especialmente, en América latina…, al mismo tiempo que expulsaba a millones de cristianos de buena fe, y también, a los denominados como “teólogos y teólogas de la liberación”. Por lo tanto, pienso que es un buen momento, para un libro de esta naturaleza.

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El libro consiste en una recopilación de documentos elaborados, de forma colectiva, en el seno de diversas comisiones de cristianos por el socialismo, comunidades populares cristianas, redes, etc. junto a artículos y reflexiones individuales de los autores. En mi opinión, puede ser válido, tanto para creyentes de las más diversas religiones, como para no creyentes. Sus propuestas tratan de fomentar el espíritu crítico del lector… es un libro, también, para “indignados” y menos indignados.

Lo han dividido en dos partes: “Estado Laico” e “Iglesia laica”. Con la lectura de la primera parte me he sentido bastante identificado, no tanto en algunas de las reflexiones ―algo controvertidas― de la segunda parte: Esta percepción desigual que he tenido, pienso que es una de las virtudes de este documento.

Aun cuando disfrutan de enormes privilegios simbólicos, jurídicos, económicos y en materia de enseñanza, los jerarcas de “iglesia católica romana”, junto a grupos de seglares muy integristas, se han propuesto “re-cristianizar España”. No lo van a conseguir: Las “cruzadas” ya pasaron y ellos bastante tienen, con sus miserias y contubernios, que agranda un galopante desprestigio que acumulan en todo el mundo, más por sus deméritos, que por supuestos “ataques anticlericales”, que ponen como excusa a ese descredito creciente que sufren, sobre todo, entre los más jóvenes.

Frente a esta insana y torpe voluntad de la iglesia católica oficial, anclada en el siglo XVIII, los autores, ya en la introducción, expresan que “desean contribuir a crear una conciencia colectiva propia de una sociedad que, poco a poco, va superando la mentalidad tradicional, propia de años de nacionalcatolicismo” Y yo digo más, de una sociedad que se ha secularizado tremendamente, donde cada vez hay menos ceremonias por el rito católico, donde cada vez menos niños asisten a religión en la escuela. Donde más de dos tercios de la población española se pronuncian, claramente, por la separación del Estado de la iglesia católica y del resto de las confesiones, donde tan sólo un 9% de jóvenes menores, de entre 16 y 30 años,

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se declaraban “católicos practicantes” en 2006, mientras que se acercaban al 50% los que se declaraban indiferentes, agnósticos y ateos *(Encuesta de la Fundación Santa María), sorprendentemente, frente a una inercia, todavía, “pro―católica” de una mayoría política.

Suscribo el apartado que dedican a la “escuela pública y laica”, en todas las propuestas y preguntas que se hacen: (Tema de rotunda actualidad). En este sentido, hay que valorar la crítica que desarrollan del principio neoliberal: “el derecho absoluto de los padres a elegir centro educativo que más convenga a sus intereses”. Que en mi opinión, además de lo que expresan los autores, rompe los principios de igualdad y de justicia social, favorece los intereses de la corporación religiosa católica y vulnera la Convención de los Derechos de la Infancia.

Es muy interesante para la reflexión y la confrontación de ideas, el capítulo 7. de la parte primera: “¿Es España un Estado laico o laicista?”. Por supuesto, también, desarrollan evidencias muy claras y actuales, en los dos apartados dedicados a los “privilegios simbólicos y económicos”, de los que disfruta la iglesia católica en España.

Por fin, resalto una reflexión que se hace en el capítulo 6 de la parte segunda: “…el imperialismo religioso…impone a todos los creyentes la única interpretación válida de la moral y de la doctrina cristiana que es la del Magisterio de la Iglesia. Desde entonces no se tiene otro punto de referencia que la autoridad de la jerarquía católica. Desde entonces hemos andado con las muletas prestadas por la religión. Nada de pluralismo, nada de igualdad, nada de diálogo, nada de libertad; prevalece el sentido de sumisión y obediencia debida, de abajo arriba”. (Esta reflexión, en mi opinión, se puede decir ―prácticamente― de todas las religiones)

Y continúa: “Paralelamente, sabemos que existen otras formas de ver el mundo. Así, nos enriquecemos con lo que significa la modernidad, el ateísmo, la sociedad civil, el pluralismo religioso, moral y político. Y esto hace que vayamos entrando en

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la mayoría de edad del mundo, sin necesidad del apoyo de la religión. Se trata de la lenta maduración de la historia de la humanidad para ser más libre y feliz”.

Este libro, pretende ―en mi opinión― contribuir a fomentar el ideal laico. Aunque, posiblemente, en la Conclusión, cuyo título es: “Otra iglesia no es posible, por ahora”. hay una parte de las respuestas a muchas preguntas, sin dejar de deslizar un hilo de esperanza reivindicativa.

El ideal laico, nos indica el filósofo francés Henrí Peña―Ruiz en su libro la “Emancipación laica”, “implica una cultura de la autonomía de juicio, basada en el principio de la razón. En un mundo desgarrado por las intolerancias religiosas, por los dogmas excluyentes… el ideal laico abre camino hacia una autentica concordia de alcance universal”.

Pues sí, amigos autores, en las máximas coincidencias y con algunas discrepancias, trataremos de caminar juntos y lo trasmitiremos a hijos, nietos y biznietos, para lograr el sueño solidario de la emancipación del ser humano, que no es, sino la emancipación laica, alejada de todo dogma religioso, económico, político...

Albacete, junio de 2012

Francisco Delgado Presidente de Europa Laica

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Introducción

El Papa Benedicto XVI, en el avión que le traía desde Roma a Santiago de Compostela, durante su visita a España el 6―7 de noviembre del año 2010, hizo esta sorprendente declaración: “En

España nació una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo en los años treinta. Esta disputa o desencuentro entre fe y modernidad…se realiza hoy también de nuevo en España” (1). Para el Papa, por tanto, en la España de hoy se da un

anticlericalismo y un laicismo tan agresivo como, a su juicio, existió durante la II República de los años treinta. ¿Es esto verdad? ¿Es hoy España un Estado laicista y anticlerical? En esta dirección van también las declaraciones de muchos obispos quejándose de que, durante el gobierno del PSOE, muchas leyes tuvieron un signo anticlerical manifiesto, como la del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la asignatura de Educación para la ciudadanía etc. Por estas leyes aún vigentes la jerarquía católica experimenta que la Iglesia está menospreciada y atacada por el Estado, como lo fue durante la II República.

Por otra parte, Alfredo Pérez Rubalcaba, en el congreso del PSOE celebrado en Sevilla, el 4 de febrero del 2012, afirmó que si

ganase de nuevo las elecciones “se replanteará seriamente la revisión de los Acuerdos con la Santa Sede”. ¿Qué tienen estos Acuerdos? Los Acuerdos, firmados el 3 de Enero del 1979 entre

la Santa Sede y el Estado español, son los que rigen hoy las relaciones del Estado español con la Iglesia católica y en los que se reconoce a la Iglesia española un trato preferente y privilegiado,

1 Corriere della Sera, 06/112010. [En línea:

http://www.corriere.it/politica/1

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muy distinto del reconocido a las otras confesiones religiosas. Baste citar la financiación de la Iglesia por el Estado y que el PSOE modificó en el 2007, al elevar la asignación a la Iglesia católica, en la casilla del IRPF, del 0,52 % al 0,7 %. Es cierto que la Conferencia episcopal española (CEE) renunció a la exención del IVA, pero no al Impuesto de bienes inmuebles (IBI) de todos los edificios propiedad de la Iglesia. Otro de los privilegios es la enseñanza de la religión en el currículo escolar y la libre elección por los obispos de los profesores que la impartan, corriendo su pago a cuenta del Estado; lo mismo que el pago de capellanes en el Ejército, en las prisiones y hospitales, etc., etc. ¿En qué quedamos? ¿Existe en España un anticlericalismo y laicismo que menosprecia y persigue a la Iglesia católica y demás religiones? o ¿sigue gozando la Iglesia católica en nuestra patria de privilegios como en tiempos pasados, siendo España un estado aconfesional como lo dice art.

16, parágrafo 3 de nuestra Constitución: “Ninguna confesión

tendrá carácter estatal”?

Esta cuestión, que parecía resuelta o dormida en nuestro país, vuelve a tomar de nuevo, como se aprecia, máxima importancia y relevancia, máxime ahora que, tras el triunfo electoral del Partido Popular, muchas de las leyes aprobadas durante el mandato del PSOE: ley del aborto, matrimonio de homosexuales, píldora del día después, etc., serán revisadas o derogadas. De nuevo, pues, cobran fuerza estos interrogantes: ¿Es España un Estado laico, laicista o anticlerical? ¿Qué entendemos por Estado laico o laicista? ¿Cuáles deben ser las relaciones del Estado con la Iglesia católica y con las otras confesiones y religiones?

El tema, sin embargo, de la laicidad o el laicismo no es exclusivo de la Iglesia católica ni de España. Lleva casi dos siglos de debate sobre todo en Occidente. Concretamente, en Europa la mayoría de los Estados son confesionales, como Grecia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y Finlandia. Hay otros Estados no confesionales como Francia, Alemania, Italia, Suiza, España y en menor grado Holanda y Bélgica. La laicidad que tratamos no es antirreligiosa ni anticlerical, como pueden creer muchos españoles, pero si decimos que es claramente anticonfesional. No vamos a

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tratar en profundidad las difíciles relaciones, jurídicas y políticas, entre la Iglesia y la sociedad española. Sí aventuramos la opinión de que la laicidad es una limitación del poder político y religioso. Una nítida separación entre Iglesia y Estado. La palabra laicidad

no aparece en el Diccionario de la Real Academia y sí el término

laicismo que lo define como: “Doctrina que defiende la

independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”. En este sentido, nos pronunciamos por un laicismo nada beligerante y siempre respetuoso con todas las creencias y convicciones. El laicismo reivindica la existencia de las condiciones políticas, jurídicas y sociales que permitan garantizar el derecho de las personas al pleno ejercicio del derecho a la libertad de conciencia, en cualquiera de sus manifestaciones y en un plano de igualdad. Por supuesto, no defendemos un laicismo que intente expulsar a la religión católica y a las otras confesiones de la vida pública, sino que reivindicamos una religión pública no privada en la sociedad, pero reivindicamos, al mismo tiempo, los mismos derechos para los agnósticos y ateos.

Este libro quiere ser una sencilla aportación al tema de la laicidad y del laicismo. Deseamos contribuir a crear una conciencia colectiva, propia de una sociedad que poco a poco va superando la mentalidad tradicional, propia de años de nacional―catolicismo. Y nos empeñamos en actualizar, en la sociedad y en la Iglesia, la vigencia jurídica de un Estado aconfesional que lentamente se va abriendo paso en la historia de nuestro país. Esperamos que más pronto que tarde sean anulados los Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español de 1979 que privilegian a la religión católica en

detrimento de las demás confesiones religiosas y van en contra del principio de Igualdad y de justicia. Muchos capítulos son textos escritos y publicados con anterioridad, pero que hemos revisado y puesto a punto en este año. Otros capítulos son textos preparados para el presente libro.

En dos partes dividimos el contenido del libro. En la primera parte, después de oír el grito que resonó en la manifestación de Madrid, del día 23 de octubre del 2010: “¡Por un Estado laico

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YA!”, nos planteamos y analizamos qué es un Estado laico. Y exponemos a continuación los primeros pasos o planteamiento inicial de la laicidad y realizamos un análisis de los procesos históricos de la misma que a través del tiempo se han dado en Occidente. Se trata de ver el largo camino que el Estado occidental ha recorrido para reconquistar su autonomía frente a la Religión y la Iglesia o, lo que es lo mismo, para romper “la santa alianza” que siempre existió entre el Altar y el Trono. Nos referimos también al fenómeno de “salida o expulsión de las religiones” que se da particularmente en la sociedad occidental de nuestro tiempo y nos preguntamos si, de nuevo, retornará o no la Religión. No dejamos de comprender que hay muchos interrogantes y tratamos de proporcionar alguna luz, preguntándonos sobre los retos que plantean esta laicidad o laicismo a los ciudadanos. Por ello nos planteamos la pregunta y tratamos de responder sobre el verdadero significado de las palabras laicidad y laicismo. A continuación vemos qué significado tiene en España una sociedad laica en un Estado laico y los problemas actuales que conlleva, referidos sobre todo a una Escuela pública, laica y de calidad. En otro capitulo exponemos la solución dada, por primera vez, en Estados Unidos al problema de la libertad religiosa dentro de un estado laico, cuestionándonos, finalmente, si es España actualmente una estado laico o es un estado laicista como quiere el Papa. Y constatamos que, a pesar del estado laico o aconfesional que proclama el art.. 16, & 3 de la Constitución, se da en nuestro

país, en virtud de los Acuerdos firmados entre el Estado español y el Vaticano, más que una colaboración, una subordinación del Estado a la Iglesia católica. Por ello abogamos por su supresión definitiva.

En la segunda parte, titulada Iglesia laica, pretendemos analizar y presentar a la Iglesia católica desde el punto de vista de una institución laica. A lo largo de estos últimos años ha habido una serie de manifestaciones públicas, sociales y religiosas, que son expresión de una sensibilidad muy cercana a las posturas del Vaticano, pero que no se compaginan con los planteamientos laicos propios de una sociedad cada vez más secularizada y de una

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modernidad que sigue avanzando. En su contraposición, creemos que la Iglesia católica no es una Iglesia clerical, una Iglesia dominada por la jerarquía, sino una Iglesia del pueblo cristiano, laica, en donde él tiene también su voz. Partimos, ante todo, del tremendo engaño que para nosotros han supuesto las visitas que Benedicto XVI realizó a España en los años 2010 y 2011. Visitas

realizadas más como un jefe de Estado que busca el aplauso mediático y no el cuidado pastoral de los que creemos en Jesús. Por ello, contraponemos a continuación la figura de Jesús que encontramos en los Evangelios y que se nos presenta no como un sacerdote, ni un hombre de la religión de su tiempo, sino como un profeta laico, que no quiso fundar una religión, ni tampoco una Iglesia como la entendemos hoy. Por ello nos preguntamos a continuación ¿qué clase de Iglesia aparece en el Nuevo Testamento, una Iglesia sacerdotal o una Iglesia laica? Exponemos qué significa, para nosotros, que la Iglesia es laica, cuestionando la preeminencia durante siglos del clero y del sacerdocio en la Iglesia. Exponemos que en esta Iglesia existe una igualdad de derechos para todos, afirmando que la Eucaristía, particularmente, no es patrimonio de los sacerdotes, sino que su celebración es un pan y una mesa compartida entre todos. Sabemos, sin embargo, que el proceso de la laicidad en la Iglesia española es un proceso largo y por eso presentamos los obstáculos y los retos que habría que superar para llevar a buen término esta laicidad. En los capítulos siguientes tratamos de responder a ciertas cuestiones candentes, tales como ¿puede ser la mujer ordenada de sacerdote en la Iglesia? ¿Estamos asistiendo al fin de la Parroquia como base organizativa de la institución eclesial? ¿Tiene que financiar el Estado Español a la Iglesia católica? Finalmente damos también nuestra opinión sobre la presencia de símbolos religiosos, como crucifijos, biblias, etc, en la sociedad, así como sobre las procesiones religiosas y, particularmente, las manifestaciones ateas que últimamente se han dado en muchas ciudades españolas. Y concluimos con el sueño despierto de una Iglesia laica en un Estado laico.

Al impulsar entre nosotros un laicismo sano y positivo, esperamos que la lectura del libro te sirva, amiga lectora o amigo

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lector, para conjurar que no vuelva a darse, en nuestra España de hoy, el desgarro de las “dos Españas de Machado”, e impulsar entre nosotros un laicismo sano y positivo, plural, tolerante y dialogante, tanto en un Estado laico como en una Iglesia laica.

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1ª Parte: Estado laico

“La legitimidad de este Estado no se funda ya sobre la voluntad divina implícita en el principio monárquico, sino sobre el conjunto de los individuos-ciudadanos formalmente libres e iguales, sobre la soberanía popular y la responsabilidad laica del Estado ante el pueblo”.

NICO POULANTZAS Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, p.149

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Capitulo 1:

¡Por un estado laico YA!

José María García―Mauriño Octubre 2010

El periodista JUAN G. BEDOYA expresaba así en su periódico ELPAIS, del día 24 de octubre de 2010, el hecho de la expresión

pública de una petición también pública de la instauración de un Estado verdaderamente laico, propio de una Constitución aconfesional y por tanta laica. Un hecho hasta ahora inédito en una democracia que es naturalmente laica. El título (de su nota de prensa (1)) era este: “Un centenar de entidades reclaman el “estado

laico, ya”.

“Un centenar de organizaciones, convocadas por Europa Laica y el Observatorio de la Laicidad, llamaron ayer en Madrid a movilizarse "por un Estado laico, ya".Lo hicieron con ese lema en el Parque de la Cornisa, en la zona donde el cardenal Antonio María Rouco quiere construir una monumental Ciudad de la Iglesia con el generoso beneplácito del Ayuntamiento local.

La concentración se produce dos semanas antes de la visita del Benedicto XVI a Santiago y Barcelona, sobre la que se exhibieron numerosas pancartas, como "Papa gorrón, contigo ni Dios" y "Papa o califa paguen sus visitas". El presidente de Europa Laica, Francisco Delgado, desvinculó el acto de ayer del viaje del Pontífice romano, asegurando que cuando se convocó no

1 Véase:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/centenar/entidades/reclaman/Estado/laic o/elpepisoc/20101024elpepisoc_3/Tes . Consulta 25/10/2010]

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conocían esta circunstancia. "El Papa puede venir a España cuando quiera", dijo. Reprocha, sin embargo, que sea recibido con honores de jefe de Estado y que la visita se financie con cuantiosos fondos públicos.

En el "acto laicista" participó Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida, uno de los convocantes. "El Estado hoy no solo está de rodillas ante el poder financiero, sino también ante el Vaticano. Nunca hasta ahora se habían dado tantas ayudas publicas a la Iglesia católica", dijo. Según los cálculos de Europa Laica, son "unas cifras cercanas a los 10.000 millones de euros"

cada año.

La reivindicación del Estado laico también contó con el apoyo de organizaciones católicas, como Redes Cristianas de Base de Madrid y Cristianos por el Socialismo presentes en la concentración junto a dirigentes vecinales, sindicales, ecologistas o de partidos como Izquierda Republicana o Esquerra Republicana de Cataluña.

La laicidad, según el manifiesto leído por la actriz Ruth Gabriel y el cineasta Emilio Ruiz Barrachina, pasa por la derogación de los Acuerdos de España con el Estado de la Santa Sede, de 1979. También se reclama al Gobierno una ley de

libertad de conciencia que sitúe en pie de igualdad a todas las creencias y convicciones, sean de origen religioso o no. La concentración se desarrolló en un ambiente lúdico, con actuaciones, entre otras, del italiano Leo Bassi”.

Y así lo contábamos nosotros: ‘Por un Estado Laico ¡Ya!’ El sábado, 23 de Octubre, tuvo lugar en Madrid un importante Acto público, en defensa de un “ESTADO LAICO”. Fue convocado por “Europa Laica” y suscrito por decenas de organizaciones, asociaciones, redes sociales, etc. (entre ellas Redes Cristianas, Iglesia de Base de Madrid y Cristianos por el Socialismo). Varios cientos de personas coincidieron en dicho Acto, el primero que se celebra en la calle desde 1939, para

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por igual y ofrezca las mismas oportunidades a todas las personas, sea cual sea su credo, su ideología, etc., de modo que todas, sin distinción, puedan ejercer libremente sus derechos, sin ningún tipo de privilegios en razón de su credo religioso o sus convicciones éticas o filosóficas.

La asistencia general fue muy digna y los pocos miembros de comunidades cristianas que allí estuvimos vivimos una experiencia no solo interesante, sino muy enriquecedora. Era la primera vez que, de manera expresa uníamos nuestras voces desde convicciones muy distintas, cristianos de base, asociaciones de ateos, librepensadores, militantes de algún partido político, etc. para reclamar unas reivindicaciones comunes: No a los privilegios de la Iglesia Católica, ni de ninguna otra confesión religiosa; no a los símbolos religiosos en los espacios públicos; no a la religión en las escuelas financiadas con fondos públicos….etc.

Nuestra presencia no pasó desapercibida. Aprovechamos para repartir unos trípticos y que explican la posición de la Iglesia de Base de Madrid a favor de una sociedad laica. Algunos se sorprendían por nuestra presencia y se interesaban en saber nuestras motivaciones. Tuvimos, por tanto ocasión de explicar nuestros planteamientos a algunos de los asistentes. Y pusimos en práctica, modestamente, el principio de que vivir un Cristianismo laico y defender el Estado laico no sólo no son elementos contrapuestos sino que, para ser creíbles, se implican mutuamente.

En medio de esas vivencias positivas, una sombra velaba nuestra satisfacción: ¿Dónde están nuestros hermanos de las Comunidades de Base de Madrid? ¿Por qué no han venido? ¿No les habrá llegado bien la convocatoria? ¿No estarán convencidos de su valor u oportunidad? ¿Será que lo del ‘Estado laico’ genera todavía temores o inseguridad? ¿Cómo no darse cuenta de que solo en una sociedad laica el testimonio de Jesús de Nazaret puede ser un mensaje de vida y liberación, y no de imposición, privilegios o coacción de las conciencias?

Invitamos a todas las personas, cristianas y de cualquier confesión religiosa, laicas, agnósticas y ateas a reflexionar sobre

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estas o similares preguntas y abrir, si lo consideran oportuno, un intercambio de puntos de vista en torno a la gran cuestión de la Laicidad… del Estado, de la sociedad y del propio Cristianismo.

Los capítulos que siguen quieren ser una toma de postura de los autores, miembros de Cristianos por el Socialismo y las Comunidades Cristianas Populares de España, sobre estas inquietantes y actuales cuestiones.

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Capítulo 2:

Los primeros pasos 2005:

planteamientoinicial de la Laicidad

José María García―Mauriño Diciembre 2005 El problema

Por qué tratamos el tema de la Laicidad. Porque a partir de determinadas leyes promulgadas por el Estado (aborto, divorcio, matrimonio homosexuales, células madre, educación, etc.) la jerarquía de la Iglesia católica se ha sentido perseguida y se ha creado un clima de tensión entre la Iglesia y el Estado. La sociedad española ha sufrido muchos cambios y parece que no los acepta la Jerarquía. Son otros tiempos. Es el tema de la autonomía del poder temporal del Estado. La Jerarquía de la Iglesia Católica no acaba de reconocer la independencia del poder político. El Estado legisla para todos los ciudadanos, sean del credo que sean, sin tener en cuenta las directrices de la Iglesia católica, aunque sean mayoría sociológica en España.

Este tema nos afecta a todos por tres motivos que son indiscutibles: En primer lugar, todos somos Seres Humanos (SH) y no lo podemos evitar; en segundo lugar, somos Ciudadanos, y nadie es libre de dejar de serlo. Y en tercer lugar, cada uno o una opta libremente por una determinada creencia religiosa, ya sea cristiana, judía, musulmana, protestante, etc. o por cualquier adscripción política.

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Hay, pues, cuatro elementos a tener en cuenta:

1.― Estado, poder político, aconfesional, laico. Relaciones

con la Iglesia.

2.― La Religión católica, (la Iglesia) exponente de “lo sagrado”.

3.― Sociedad civil, proceso de profundos cambios que se va haciendo plural.

4.― La ciudadanía: laica, plural, democratizadora.

1.― El Estado es aconfesional.

a) La Constitución de 1978

Establece el carácter a―confesional, es decir, laico, del Estado en el artículo 16. En ese mismo artículo, en su párrafo

tercero, establece que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”. En ese sentido, y sólo en ese sentido, se puede y se debe decir que la sociedad española es una sociedad laica. Es decir, es un Estado constitucionalmente laico. Por eso nuestra Constitución, en su artículo primero, no empieza nombrando la religión, sino la soberanía del pueblo español. Por tanto, los poderes del Estado y las normas de convivencia no tienen su origen ni su fundamento en ninguna instancia trascendente, sobrenatural o religiosa.

b) El Tratado europeo.

De la misma manera, el Tratado Constitucional Europeo (TC) establece que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”. Y añade: “Este derecho implica la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así como la libertad de manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado, a través del culto, la enseñanza, las prácticas y las observancias de los ritos” (Parte II―artículo 70, párrafo 1). Este Tratado es el que se votó

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en referéndum en distintos países en el 2003. En Francia y Luxemburgo prevaleció el NO. En España triunfó el Sí. Más tarde, en 2008 fue sustituido por el Tratado de Lisboa, aprobado por todos los Parlamentos europeos. El contenido permanece el mismo aunque con expresiones parecidas.

Una consecuencia: La laicidad.

De estos textos constitucionales se desprende la noción de Laicidad. Existen diferencias entre el término laicismo y la laicidad. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no reconoce el término “laicidad”, solamente el término laicismo, del que dice: “Doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa”.

Lo que ocurre es que, cuando hablamos de palabras, no es lo mismo su significado que su uso. Y sabemos que el término “laicismo” está asociado a la exclusión e incluso a la persecución de las instituciones religiosas. Para muchos, en efecto, hablar de “laicismo” es lo mismo que hablar de ataques a la religión, a los creyentes y sobre todo a los dirigentes religiosos. Por eso, si se utiliza el término “laicismo”, debe entenderse tal como lo presenta el Diccionario de la Real Academia, es decir, como independencia del Estado con respecto a la Religión, pero nunca como rechazo o simple hostilidad hacia las ideas y las prácticas religiosas.

―Lo propio de la laicidad

La Laicidad es el carácter y comportamiento del Estado con las confesiones religiosas; y se apoya en dos principios: a) tiene que observar una estricta neutralidad e independencia en relación con las distintas religiones y b) éstas no pueden ejercer su autoridad sagrada sobre el poder político. Un Estado democrático es un Estado laico.

Valores superiores: la Libertad, la Igualdad, la Justicia, el Pluralismo político, son valores que se formulan en el Art. 1,1, de

la Constitución española. Lo primero y lo más fundamental que afirma nuestra Constitución es esto: “todos los españoles son

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iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de... religión”. (Art. 14). Lo que tiene que prevalecer

siempre es el principio determinante de la sociedad laica: Ninguna confesión religiosa goza de privilegios, tampoco la católica, porque rompería el criterio de igualdad. (Art. 16,3).

El Estado tiene que organizar la convivencia de los ciudadanos, no a partir de privilegios religiosos, que existieron en otros tiempos pero que ya no existen Esto es ilegal y, en consecuencia, los poderes públicos no pueden permitirlo. La tienen que organizar no desde la confesionalidad de una determinada creencia, sino desde la laicidad, es decir, la autonomía de la sociedad civil de la esfera religiosa para que sea realmente posible y efectiva la igualdad de todos ante la ley. Queda, pues, una cosa clara. Son exigencias de la libertad religiosa: todo ser humano debe verse libre de coacción en materia religiosa por parte de cualquier poder humano. Si el Estado legisla sobre matrimonios homosexuales, sobre el divorcio, sobre células madre, sobre la enseñanza de la religión en las escuelas, debe ser únicamente en función del bien común o del orden público, pero no fundándose nunca en motivaciones religiosas.

En el Tratado de la Constitución de la Unión Europea: “respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad” (Art, 2 en el Tratado de Lisboa).En definitiva, se trata de comprender que vivimos en una sociedad que ha elegido libremente regirse, no por los tradicionales valores religiosos, que emanan de tradiciones y creencias muy diversas y hasta opuestas, sino de los valores cívicos, de los que dice con razón la Constitución Europea: “Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y el principio de igualdad entre mujeres y hombres y la no discriminación”

c) Las relaciones del Estado con la Iglesia:

El pensamiento fundamentalista no se cansa de repetir que sin religión no hay ni puede haber verdadera libertad, ni orden, ni educación sana, ni progreso verdadero. La sociedad civil no puede

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vivir ni subsistir independientemente de la religión. Por tanto, la potestad civil debe estar subordinada a la eclesiástica, como lo está el cuerpo al alma, lo temporal a lo eterno.

El pensamiento laico defiende la separación de la Iglesia y el Estado. Las relaciones de estas dos entidades son relaciones de respeto e independencia mutuas. El Estado no tiene que estar sometido a la Iglesia, como el cuerpo no está sometido al alma, ni el cuerpo es la cárcel del alma, como quería Platón.

En la actualidad no hay Concordatos del Vaticano con el Estado español. El último fue de 1953. Hoy están vigentes los

“Acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español” de 3 de Enero de 1979, sobre Asuntos Jurídicos, Educativos, Culturales y

Económicos. Estos Acuerdos ya están pasados de fecha. Después de más de 25 años de vigencia han pasado muchas cosas, ha habido profundos cambios, y es preciso reconducirlos a las necesidades y retos actuales, sobre todo en lo relativo a la Enseñanza.

Un pensar laico quiere tanto como decir un pensamiento flexible, no rígido, ni dogmático, ni que tenga que ver con fundamentalismos absolutistas. Los valores laicos van en la línea de los valores humanos, derechos humanos, valores cívicos, propios de una sociedad que apuesta por la igualdad, no por valores “religiosos”. No se contraponen, lo que pasa es que no hay valor cristiano que al mismo tiempo no sea un valor humano. Derechos y deberes entre iguales, sin que en este tema prime lo religioso―espiritual sobre lo laico―material. No es una contradicción. Cada uno tiene su propio espacio.

2.― La Religión:

El Cristianismo es una religión y no es la única verdadera. Existen otras muchas religiones en nuestro país tan verdaderas como la católica: la religión musulmana, anglicana, protestante, judía, luterana, etc. Pero ¿Es el Cristianismo una Religión laica? Podemos afirmarlo en el sentido de que entre los primitivos

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cristianos “lo sagrado” no se ponía ni en los templos, ni en los ritos, ni el culto, sino en las personas, en su dignidad y felicidad, en la Vida. En este sentido, en la Religión cristiana que se deduce de los Evangelios no hay nada sagrado: ni personas sagradas (sacerdotes, obispos, monjas, cardenales, papa) ni templos sagrados (catedrales, iglesias, etc), ni cosas sagradas (libros, altares, copones, vestiduras, fuego).

La palabra ekklesía, ecclesía, significa desde Herodoto “asamblea del pueblo que tiene poder de decisión”, y que en Atenas representaba el poder soberano del Estado. Los Obispos, proviene de la palabra griega episcopoi, que eran inspectores enviados por Atenas para salvaguardar el orden. La“liturgia” las

leitourgíai no tenían nada que ver con lo religioso o con lo sagrado, sino que eran las obligaciones especiales impuestas a los ciudadanos más ricos para utilidad de la población en general. La palabra presbiteroi, presbíteros,se refiere no son los sacerdotes, sino los ancianos.

Es decir, al igual que la Iglesia, también la Liturgia eran, en los primeros tiempos del cristianismo, realidades “profanas” y, en ese sentido, “laicas”. El “sumo Pontífice es uno de los títulos que se dan al papa. Y está tomado de los emperadores romanos, el “summus pontifex”, que tenía atribuciones de dios. Los cristianos que no daban culto al emperador, eran tenidos por “ateos”.

Nada de esto se ve en el Evangelio. Todo es profano, secular, laico, civil. Todas estas cosas las hemos “sacralizado”, les hemos asignado un carácter sagrado a cosas profanas. Esta sacralización proviene de categorías antiguas de la cultura griega. Lo sagrado es lo específico de la Religión, es lo que está apartado, lo distinto, lo que exige veneración, respeto y derechos. Las religiones reclaman siempre lo sagrado y forman parte de la cultura de un pueblo.

Sagrado: Lo que está dedicado a Dios y al culto divino. Lo perteneciente o relativo a la divinidad y a su culto. Lo que con gran dificultad se puede alcanzar con medios humanos. Sitio que se asegura de un peligro, ‘acogerse a sagrado’. Diccionario de la Real Academia Española, II,1828.

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Mientras que “lo sagrado” nos da seguridad, dignidad y poder, la relación con “lo humano” es fuente de incesantes problemas. La relación con Dios (religión, = re―ligación) no está en la observancia de “lo sagrado”, sino en la relación con lo humano, La religiosidad que arranca de Jesús no es ya la religión de “lo sagrado”, sino la religión de lo humano, es decir, una religión laica. Jesús fue un hombre laico, no fue sacerdote, no tuvo privilegios. Fue condenado a muerte por motivos políticos y religiosos. La religión que le agrada a Dios es la Religión laica. La religión pura y no contaminada consiste en “mirar por los huérfanos y las viudas en sus dificultades y en no dejarse contaminar por el orden éste” (Sant.1, 27). En el Juicio definitivo

de las Naciones, nada se dice de relaciones religiosas, sino de ayuda a las necesidades de la gente: enfermos, presos, inmigrantes, hambre, sed, etc. (Mt. 25).

3.― La sociedad vive en un proceso de cambio:

Es un hecho que no tiene vuelta de hoja: la sociedad, el mundo, vive un constante, rápido y profundo proceso de cambio. Esto nos afecta a todos.

a) Cambio en el interior, en la vida privada.

Llegan hasta el corazón mismo de nuestra vida emocional. Son otros los sentimientos que brotan de las entrañas, otra la visión de la vida y de la muerte, de la familia, de las relaciones humanas.

Un reciente estudio que ha coordinado el profesor de la Universidad de Michigan, Ronald Inglehart 1. Teniendo en cuenta que, de los 81 países que ha analizado el estudio de

1 R. Inglehart, Human Values and Social Change: Findings from the World

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Inglehart, resulta que España es el país que está viviendo el cambio social más rápido y más profundo en todo el mundo2.

Estos cambios se están produciendo en todo el mundo, debido al fenómeno de la globalización, en los países ricos y en las sociedades avanzadas tales cambios se producen con mucha mayor rapidez y sobre todo alcanzan niveles de profundidad que seguramente no imaginamos.

b) Cambios profundos:

Disturbios en París (Noviembre de 2005). No es la revuelta de los estudiantes del Mayo del 68.Entonces, protestaban las ideas, ahora es la revuelta de los inmigrantes y protestan las necesidades. Ha comenzado la revolución del mundo pobre frente al mundo rico. La protesta de los pobres tiene más fuerza que el poder de los ricos. Una cosa es clara: los pobres ya no aguantan más en su resignación por la supervivencia. Hasta hace pocos años, los pobres no veían otra salida que aspirar a sobrevivir, resignados a “ir tirando”. El hambre es muy mala. Tan mala, que llega el momento en que la gente ya no aguanta más. Y ese momento ha llegado. Y aquí es importante tener muy clara una cosa: esto no hay quien lo detenga. No lo van a detener ni las murallas de Ceuta o Melilla, ni los policías de los aeropuertos, ni los guardias civiles que vigilan las costas y apresan a los que vienen en las pateras. Los grandes movimientos migratorios, impulsados por el hambre y la desesperación, no se detienen ni con leyes, ni con amenazas, ni con policías. Sólo se detienen con la puesta en práctica de la justicia, con el respeto a los derechos humanos.

Algunas reflexiones:

a) Resistencia al cambio en sectores de la población que se sienten amenazados por las transformaciones que les rodean.

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b) No es un fenómeno coyuntural. Cuando hablamos de cambios en nuestra sociedad, no estamos ante un fenómeno pasajero, de manera que pronto (como piensan algunos) las cosas volverán a “su sitio”. No sólo no estamos en una época de cambio, sino que vivimos ya en un cambio de época, de vida, de Historia.

c) Nuevas culturas, nuevo modelo de Ser Humano. Está emergiendo una nueva cultura y, con ella, un nuevo tipo de SH. Con unas creencias y unos valores que, en cuestiones muy fundamentales de la vida, son completamente distintos de las creencias y valores que han dado sentido a la vida de las generaciones pasadas e incluso de muchas gentes que todavía viven.

d) Nuevas relaciones humanas, del Estado con la Iglesia, de la Iglesia con la sociedad, y de los ciudadanos con cada una de estas entidades. Es evidente, que el valor que hoy se da a la libertad, a los derechos de las personas y a las relaciones humanas no se parece casi en nada al valor que se les daba a esas cosas hace treinta años.

Resumiendo: 1) Estamos asistiendo a un cambio muy

profundo que está afectando al mundo entero. 2) No tenemos datos para concluir que se avecina un fin apocalíptico de la humanidad. 3) Ya tenemos elementos de juicio suficientes para pensar que el sistema económico y político vigente se tambalea y que, por tanto, se nos avecina un orden mundial diferente.

e) La sociedad va siendo plural.

Uno de los cambios más significativos es la aparición de un

pluralismo moral que no admite imposiciones dogmáticas de

ningún tipo. Así, la religión católica que, durante muchos siglos, fue en España la base de las convicciones morales de gran parte de la población, ya no es en la actualidad el único referente ético para una mayoría de los ciudadanos. El fenómeno del pluralismo moral

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está unido en nuestro país al creciente peso de la moral laica y a la aparición del pluralismo religioso, vinculado, en gran medida, al creciente fenómeno de la inmigración.

Coexisten distintos pluralismos.

Pluralismo étnico: [comunidad humana definida por sus afinidades raciales, lingüísticas, culturales] las diversas etnias de origen Africano (subsaharianos, magrebíes, etc.) de la Europa del Este (búlgaros, rumanos, checos, etc.) o de América Latina (brasileños, ecuatorianos, bolivianos, mexicanos, etc,), de la única Raza Humana que existe en el Planeta.

Pluralismo moral: existen diversas morales, la católica no es la única.

Pluralismo religioso: hay distintas religiones en el país.

Pluralismo político: diversas concepciones de la política, partidos, sindicatos.

Pluralismo cultural: distintas maneras de concebir la vida y la muerte.

Todo esto desencadena una serie de problemas legales, políticos, culturales, sociales y religiosos, que son de todos bien conocidos. Y aquí es decisivo convencerse de que la sociedad no va a retroceder para recomponer el “monolito cultural” de tiempos pasados. Nuestra sociedad es y será cada día más plural y diversificada en todos los órdenes de la convivencia humana. El origen étnico, cultural o religioso, la identidad y la orientación sexual de cada persona pueden y debe quedar integrado en el derecho de ciudadanía.

4. La Ciudadanía:

a) El Estado democrático pretende organizar la convivencia de todos los ciudadanos desde la Laicidad, sin tener en cuenta la dimensión religiosa de ninguna Institución. El Estado gobierna

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para todos, sean de la índole religiosa que sea, de la clase social, o político, o económica que sea. Tiene que gobernar sólo desde su independencia y neutralidad. “España se constituye en un Estado social y democrático” (Const. Esp. 1, 1). Únicamente en un

Estado así constituido, es realmente posible la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. Porque la soberanía reside en el pueblo y no en ningún monarca absoluto.

b) Retardar o acelerar este cambio que se está dando, depende en gran medida de todos y cada uno de nosotros. Hay esperanzas

en las luchas que se mantienen. Pero hay que luchar, no nos regalan nada. Las recientes revueltas en los barrios periféricos de Paris así lo ponen de manifiesto. Como lo pone también en evidencia la “mundialización de los movimientos de resistencia” que, de año en año, va en aumento de un extremo al otro de la Tierra 3.

c) La sociedad laica nos permite vivir juntos a pesar de las diferencias de opinión, de moral y de creencias. Lo esencial de esta sociedad radica en tres temas: Neutralidad del Estado, de la escuela. Independencia del Estado frente a las Iglesias y viceversa. Libertad de conciencia y de culto. Pero, la Iglesia católica no puede dictar e imponer sus normas morales a toda la sociedad civil. En todo caso solamente a los creyentes.

d) Desde un pensamiento laico, no fundamentalista., la ciudadanía puede ayudar a la convivencia. El conjunto de la sociedad tiene que integrar el origen étnico, cultural o religioso, la identidad y la orientación sexual de cada persona. Y los ciudadanos, que no podemos dejar de serlo porque necesariamente pertenecemos a un país concreto (ciudadano/a español, francés, búlgaro, etc), podemos ejercer una ciudadanía activa, sintiéndonos ciudadanos de verdad, no súbditos ni vasallos. El activo es el que

3 Así lo explica cada año el anuario que publica el Centro Tricontinental de

Lovaina.Cf. Samir Amin y François Houtart, Globalización de las resistencias. El estado de las luchas 2003, Barcelona, Icaria , 2002.

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hace algo, el que se compromete a algo, no esperando que nos lo den todo hecho. Es decir, respondemos activamente desde la democracia haciendo posible la convivencia entre todos, desde la libertad, la igualdad, la pluralidad.

e) El comportamiento debería ser cívico, basado en valores cívicos, y derechos humanos que son universales o universalizables. Una conducta basada en una moral cívica, laica, no religiosa. Es decir, basada en valores democráticos de la Igualdad: todos somos iguales ante la Ley, con iguales derechos y deberes, pero sin privilegios de ningún tipo. No hay ciudadanos de primera, de segunda o de tercera. Los ciudadanos pobres, parados, jubilados, pensionistas, campesinos, marineros, albañiles, etc. son tan ciudadanos como los ricos y potentados. Otra cosa es que la sociedad, reconozca de hecho esta igualdad en la escala de lo social, de los derechos y de los deberes.

f) En resumen: Todo ciudadano y ciudadana no es neutral, no puede menos de mantener cierto tipo de relaciones con la Religión, con la Política, con la Sociedad. Cada cual según sus preferencias. Es un ejercicio de la Libertad. Y en este ejercicio es como podemos asumir la tarea de democratizar la democracia. Esto significa que tenemos la obligación cívica de llevar los planteamientos de la democracia hasta sus últimas consecuencias. Concretamente, sabemos que no es lo mismo una democracia representativa que una democracia participativa. En España, el sistema democrático es meramente representativo. Porque son los partidos políticos los que “representan” la voluntad de los ciudadanos. “La soberanía reside en el pueblo”. Sin embargo, una gran mayoría de ciudadanos no se sienten representados por los diputados del Congreso o del Senado. Lo cual quiere decir que no son los ciudadanos quienes directamente “participan” en la toma de decisiones. Mientras no se cuente con la ciudadanía en la toma de decisiones, sobre todo en lo referente a lo económico, no es verdadera democracia. Nuestra democracia o es participativa o no será democracia.

12 de Diciembre de 2005

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Capítulo 3:

Los procesos históricos de la laicidad

Antonio Moreno de la Fuente Diciembre del 2011

Según Marx, la estructura económica condiciona la superestructura, es decir, la economía condiciona a las instituciones jurídico―políticas y las ideológicas (religiosa, filosófica, moral, artística etc), pero no las determina, es decir, la economía influye en todo, como hoy lo vemos con la crisis financiera y económica que vive Europa, pero, a su vez, se deja influir por las instituciones jurídico―políticas y la ideología, del mismo modo que se influyen entre ellas. Los políticos Angela Merkel y Nicolás Sarkozy son los que dirigen hoy la política económica de la Unión Europea. Lo político influye también en lo jurídico y ambos se relacionan con la cultura, la religión, la moral, la filosofía, la estética etc., y éstas entre sí. La condena al juez Baltasar Garzón por las escuchas telefónicas del caso Gürtel y declararse competente en las causas de las víctimas de la represión de la dictadura franquista, es una muestra clara de la influencia de la política en el ámbito jurídico. Lo mismo ocurre con las mutuas relaciones entre la Política y la Religión, tan patentes en nuestra cultura occidental. Efectivamente, diversas, estrechas y azarosas han sido las relaciones que ha habido en Occidente entre Mito y Logos, entre Religión y Política, entre poder político y religioso. Este es precisamente el objeto de este capítulo y del siguiente. Veremos que el análisis de estas relaciones sentará las bases de los procesos históricos tanto de la sacralidad del poder religioso y

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civil, como también de su laicidad y laicismo. Siguiendo en parte a Marcel Gauchet (1), tales relaciones, difíciles y con frecuencia

enfrentadas, podríamos reducirlas a tres. En la primera, la Religión se identifica y absorbe al Estado, con lo que el poder religioso prevalece sobre el civil, el sacerdote sobre el rey, lo que ocurre en las teocracias. En la segunda, Estado y Religión, poder político y religioso, se consideran campos diferentes y autónomos, respetándose ambos y dando origen a la distinción y diferenciación de los poderes civil y religioso, como ocurrió en el mundo griego y en el cristianismo, aunque con las matizaciones que expondremos. En la tercera el Estado es independiente y autónomo de la Religión, el poder civil prevalece sobre el religioso, como ocurre en Occidente, tras la Revolución francesa y, a veces, lo anula y lo absorbe, como ocurrió en el nazismo y en la antigua Unión Soviética que, al declararse estados ateos, la Religión se consideraba actividad humana alienante, por lo que era prohibida y perseguida. Las dos formas primeras están representadas en el mundo greco―romano y en el mundo cristiano primitivo y de la Edad Media, por ello las estudiamos en este capítulo. En el segundo analizamos el desarrollo de la tercera relación que se extiende desde el Renacimiento hasta nuestros días.

1 Presentado por Mardones, José Mª. “Democracia y religión en un mundo

laico”, en Mate, Reyes y Zamora, José Antonio (eds). Nuevas teologías políticas: Pablo de Tarso en la construcción de Occidente. Rubí (Barcelona): Anthropos, 2006, pp.209―228.

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3. 1. Sacralidad y laicidad en la antigüedad y

edad media

1.― Identificación entre lo religioso y lo político

En las sociedades primitivas sagrado y profano, religión y organización socio―política se conciben de muy diversa forma a como lo hacemos nosotros. Mircea Elíade es el autor que más ha estudiado estos temas (2), afirmando que lo sagrado y lo profano

constituyen dos modalidades de estar en el mundo, dos situaciones existenciales asumidas por el hombre a lo largo de su historia. Para los antiguos lo sagrado pertenece a otro mundo,pero se manifiesta en el nuestro a través de objetos naturales y profanos, como el sol, las montañas, una roca, un árbol, una serpiente etc., que muestran un algo “completamente diferente”, una realidad que no pertenece a nuestro mundo, sino a la esfera de los dioses. Al ser tocados

estos objetos naturales y profanos por ese algo misterioso se convierten en sagrados, en pertenecientes a la divinidad y así habrá objetos sagrados, espacios, lugares y tiempos sagrados. La naturaleza entera, el cosmos, son sagrados porque reflejan lo divino. Ejemplos de ello son el escarabajo egipcio, los templos, los santuarios en las cimas de los montes o montaña mágica. En el Antiguo Testamento encontramos estos objetos sagrados en la piedra sobre la que Jacob duerme y tiene la visión de la “escala de Jacob” (Gen 28, 11―19), en el monte Horeb, llamado el monte

2 Especialmente en sus libros: Lo sagrado y lo profano. Trad. Luis Gil. 4ª ed. Madrid:

Guadarrama, 1981. [En línea:

http://libros.literaturalibre.com/wp―content/uploads/2008/11/lsylp―me―libr osliteraturalibrecom.pdf. Consulta 10/09/2011].― Mito y realidad. Trad. de Luis Gil. Barcelona: Labor, 1991.[En línea:

http://www.thule―italia.net/Sitospagnolo/Eliade/Eliade, Mircea ― Mito y Realidad.pdf . Consulta 10/09/2011]

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de Dios, en donde Moisés encuentra la zarza que ardía sin consumirse (Ex. 3, 1―5) (3). En realidad, no es que el hombre

primitivo adore o venere a los árboles, montañas o al sol en cuando tales, por sí mismos, sino por el hecho de que estos objetos manifiestan o muestran algo que ya no es ni piedra ni árbol, sino lo sagrado, lo “totalmente otro”, denominando Mircea a este fenómeno como “hierofanía” o “teofanía”. Sagrado y profano son ciertamente aspectos contrapuestos, pero están unidos

al mismo tiempo en los momentos en que esos objetos, lugares y tiempos manifiestan a la divinidad, son sagrados. El hombre y la mujer occidental, en cambio, experimentan cierto malestar ante estas formas de manifestación de lo sagrado y les cuesta trabajo aceptar que, para determinados seres humanos, lo sagrado pueda manifestarse en las piedras o en los árboles o en otros seres. El occidental solo percibe en las cosas u objetos de este mundo su ser o su esencia común (4).

De esta visión o percepción sagrada del mundo procede la religión del hombre primitivo, expresada en su “mitología” que trata de sus dioses y héroes y de los cultos y prácticas rituales que se les tributan para tenerlo a favor de los seres humanos. “Los

mitos, nos dice Mircea Elíade, relatan no sólo el origen del Mundo, de los animales, de las plantas y del hombre, sino también todos los acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha llegado a ser lo que es hoy, es decir, un ser mortal, sexuado, organizado en sociedad, obligado a trabajar para vivir y que trabaja según ciertas reglas” (5). Los mitos están

“vivos”, no sólo porque ofrecen una explicación del mundo y del propio existir humano, sino, sobre todo, porque al rememorarlos y reactualizarlos el ser humano es capaz de repetir lo que los dioses o los antepasados hicieron. Conocer los mitos es saber cómo son

3 Sobre esto véase Escudero Freire, Carlos. El Evangelio es profano. Córdoba: El

Almendro, 2011,c.1, pp. 15―25.

4 Una visión de esta capacidad racional del homo occidental, puede verse en

Mate, Reyes. Tratado de la injusticia. Rubí (Barcelona): Anthropos, 2011, pp. 42―76.

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las cosas y también, mediante el rito, dónde encontrarlas y cómo hacerlas reaparecer cuando desaparecen. Ahora bien, este conocimiento y el poder de reactualizar los mitos estaban ordinariamente reservados a los gurus, chamanes o sacerdotes, que, a su vez, están subordinados al jefe tribal o al rey, coincidiendo, a veces, sacerdote y rey en la misma persona. El rey―sacerdote sólo debe cuidarse de tener a su favor a los dioses, mediante sacrificios u otros ritos, para mantener la subsistencia de la tribu o vencer a sus enemigos. En la antigüedad existe, por tanto, una integración total de lo religiosos con lo político, entre la ley religiosa y la ley política, permaneciendo subordinado lo político a lo religioso. Esto es lo que ocurre ordinariamente en las teocracias, sean politeístas como Roma o monoteístas, como la religión judía y la islámica.

Roma que, en ciertos momentos de su historia hace diferencia entro lo político y lo religioso, en otros lo identifica al declarar la deificación del gobernante. Esta deificación tiene sus orígenes en tiempos de Numa Pompilio, el segundo rey de Roma, a quien se atribuye que tuvo como consorte y consejera a la diosa romana de las fuentes y los partos, Egeria (6). La deificación del gobernante se

afianza a la muerte de Julio Cesar y su sobrino Octavio, el primer emperador romano, que toma el nombre de Cesar Augusto y alcanza su cima en tiempos de Domiciano (81―96 de nuestra

era) quien se declaró a sí mismo dios mientras aún vivía (7), con lo

que, al establecerse formalmente en la religión romana el culto al Emperador, éste entra en el Olimpo de los dioses. De hecho, Julio Cesar se autoproclamó Pontifex Maximus, atribuyéndose así al Emperador el cargo y funciones pertenecientes al sacerdote

6 Mitología romana.

[En línea: http://es.wikipedia.org/wiki/Mitología_romana. Consulta 10/09/2011]

7 Culto imperial (antigua Roma).

[En línea: http://es.wikipedia.org/wiki/Culto_imperial (Antigua Roma) . Consulta 10/09/2011]

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principal de la religión tradicional romana (8). La deificación del

Emperador y la asunción por su parte del nombre y función del sacerdote principal o Pontífice máximo de la religión hacen confluir en manos del Emperador romano tanto el poder civil como el religioso. El Estado es reconocido por ser sujeto de la sacralidad, como expresión de una voluntad sagrada o divina, no humana. Sus leyes, por tanto, gozarán de esta prerrogativa de ser expresión de una voluntad divina, serán sagradas. La Religión se identifica con el Estado, se declara religión de estado y ella misma es absorbida por el Emperador, dando origen a lo que podríamos llamar una teocracia civil, muy diferente del pensamiento griego y cristiano, como veremos (9).

2.― Diferenciación y relaciones entre lo religioso y lo político.

2.1.― En Grecia, en un principio, la religión era como en la

mayoría de los pueblos primitivos, una proyección de las fuerzas humanas expresada en su rica mitología. Pero los griegos descubren pronto que entre Mito y Logos hay diferencia. Los

Mitos griegos siguen siendo relatos sobre la génesis del mundo, tal como aparecen en las obras de Hesiodo: Teogonía y Los trabajos y los días, para quien todos los seres provienen del Caos inicial o del desmembramiento sacrificial de un ser divino. También en

Orfeo, aunque éste hace más hincapié en el movimiento de

retorno al origen, enseñando un repliegue a la interioridad, a la mística de la unidad, por la influencia recibida del hinduismo. “Fragmentación de la “divinidad” – nos dice Salvador Pániker (10)

― y “retorno al origen” son los dos momentos esenciales que, más o menos vagamente, reproducen las distintas mitologías”.

8 Máximo Pontífice.

[En línea: http://es.wikipedia.org/wiki/Máximo_Pontífice. Consulta 10/09/2011].

9 Ratzinger, Joseph. Iglesia, ecumenismo y política. Madrid: Biblioteca de autores

cristianos, 2005, pp. 178―179

10 Pániker, Salvador. Filosofía y mística: Una lectura de los griegos. 2ª ed.

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Sin embargo, con Tales de Mileto (c.624―546 a.C.) nacen el Logos y la Ciencia al descubrir que la naturaleza sigue unos principios consistentes que podrían ser descifrados, con lo que empieza el largo proceso de reemplazar la noción del origen del mundo en las acciones de los dioses por la de un universo regido por leyes propias de la naturaleza (11). “A diferencia de las

sociedades orientales, nos dice Salvador Pániker, como Mesopotamia y Egipto y en las que se expresaba la relación entre el rey y el mundo, los griegos inventan la polis, un espacio social centrado en el ágora donde se debaten los asuntos de interés general, donde todos los ciudadanos participan igualmente en el poder, donde la palabra deja de ser ritual y se convierte en logos” (la cursiva es mía) (12). Esta nueva categoría de lo político,

inventada por los griegos, según la cual el destino de lo humano está en las propias manos y no en la de los dioses, culmina en Sócrates, Platón y Aristóteles, quien define al ser humano como animal político, es decir, que vive en la ciudad (polis), siendo el origen de la definición democrática del Estado, diferenciado y diverso de la Religión dirigida por los sacerdotes. La actividad política sería la principal, la religiosa, en cambio, sería una

actividad cívica más ejercida en la polis, orientada hacia la realización humana y subordinada a la actividad política de la misma polis o del Estado. La religión de los griegos, nos dice

11 Hawking, Stephen, Mlodinow, Leonard. El gran diseño. Tr. De David Lou i

Mirabent. Barcelona: Crítica, 2010, p.23, lo exponen también con estas palabras: “La ignorancia de las formas de actuar de la naturaleza condujo a los antiguos a inventar dioses que dominaban cada uno de los aspectos de la vida humana. Había dioses del amor y de la guerra, del sol, la tierra y el cielo, de los ríos y los océanos, de la lluvia y los truenos, e incluso de los terremotos y los volcanes…Pero con Tales (c.624―546 a.C.) eso empezó a cambiar. Surgió la idea de que la naturaleza sigue unos principios consistentes que podrían ser descifrados y así empezó el largo proceso de reemplazar la noción del reinado de los dioses por la de un universo regido por leyes de la naturaleza (la cursiva es mía) y creado conforme a un plan que algún día aprenderemos a leer”. Esta crítica a la religión la veremos también en el tiempo de las revoluciones, que exponemos en el capítulo siguiente

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Salvador Pániker: “es una religión sin dios único, sin Iglesia, sin clero, sin dogma, sin credo, sin promesa firme de inmortalidad…su religión es, ante todo, una religión cívica,

orientada hacia la vida terrestre y la realización humana” (la cursiva es mía) (13). Con ello, lo político es el ámbito o marco de

lo sagrado. Y la clave de la salvación, objeto de lo religioso, está en el desciframiento de las leyes del cosmos y de la polis, lo que constituye la sabiduría griega. El Logos envuelve y abraza al Mito, éste queda subordinado a aquel, aunque ambos mantienen su diferencia. Esta relación, diferenciadora pero subordinada, de la Religión al Estado permanece durante el período helenístico o alejandrino (14) posterior, a pesar de que el gobierno de la polis

adquiere diversas formas como la tiranía, el imperio bajo Alejandro Magno y la monarquía en los reyes de las dinastías que heredan el imperio de Alejandro. Pero siempre se mantiene la división de funciones entre la actividad religiosa que dirigen los sacerdotes y la actividad cívica o política propia de la polis.

2.2.― El cristianismo, que iba como religión oriental o sapiencial basado en el judaísmo, se cruzó y se mezcló con la sabiduría griega y romana. El Cristianismo toma su origen en el judío Jesús de Nazaret, ajusticiado bajo el procurador romano Poncio Pilato, hacia el año 30 de nuestra era, siendo, junto a la cultura greco―romana, el fundamento de nuestra cultura occidental (15). “Cristianos” se llaman, por vez primera, a los

13 Ibid., p.87.

14 Período helenístico [En línea:

http://es.wikipedia.org/wiki/Período_helenístico. Consulta 13/09/2011]

15 Benedicto XVI expresaba estos tres asientos en su discurso ante el Parlamento

alemán, el 22―09―2011, con estas palabras: “La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma – del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa”, en Magíster, Sandro. Hay un juez en Berlín. Y quiere de nuevo al Rey Salomón.

[En línea: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1349569?sp=y . Consulta: 24―09―2011]

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seguidores de Cristo (Hch.11, 26), en Antioquia, hacia el año 50,

durante el período helenístico de la cultura greco―romana, dando origen a una nueva religión conocida como Cristianismo ¿Cuál es lo específico de esta religión y en qué se distingue de la Religión greco―romana del período helenístico? Y ¿qué relaciones establece el Cristianismo entre Religión y Estado?

A. En la Antigüedad cristiana

A1. Lo específico de la Religión cristiana. San Pablo, el

primer teólogo cristiano, es quien mejor expresa lo específico de la Religión cristiana y las diferencias tanto con la religión helenística de su tiempo, como con el judaísmo, al decir en su primera carta a los Corintios (1, 22―23): “los judíos piden señales (milagros) y

los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”. La sabiduría que buscaban los greco―romanos estaba contenida, según dijimos, en su filosofía y en la polis: en la cuestión del ser, en el desciframiento de las leyes del origen y fin del cosmos, de las cuestiones acerca del ser humano, su conocimiento, sus pasiones y su lugar en la realidad y su actividad en la polis. La actividad cívica de los griegos y romanos en la polis abarcaba también a su religión, al considerarla como una actividad cívica más, orientada hacia la realización humana. La dimensión fundamental del ser humano –su sabiduría― se identificaría con la inteligencia del cosmos y con su dimensión política en la ciudad, no con su religión. En definitiva se identificaba el fin últimode ser humano con elfin de la polis y del cosmos.

El judío, en cambio, pedía signos, milagros, algo excepcional como prueba de la existencia de un mas allá del cosmos natural, de un Ser supremo o Dios único al que llamaban Yahvé. El “signo” supremo de esta trascendencia sería para ellos la manifestación (la

hierofanía o teofanía a que nos referíamos al principio) de ese Dios en el Mesías, Rey―Ungido, al que esperaban y mediante el cual el pueblo judío revelaría a los demás que Yahvé es el único Dios y ellos su pueblo elegido. Para relacionarse con Yahvé era

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