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[Mario Bunge] Vigencia de La Filosofía

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Mario Bunge

Vigencia

de lafilosofía

U n i v e r s i d a d

Inca G arcilaso de la Vega

Nuevos Tiempos. Nuevas Ideas F O N D O E D I T O R I A L

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M ario Bunge

Nació en Buenos Aires en 1919, es físico, filósofo de las ciencias naturales y sociales. Desde 1966 es profesor de Filosofía y luego Frothingham professor de Lógica y Metafísica en la McGill University de Montreal, decana de las universidades canadienses.

En 1982 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades.

El profesor Bunge ha propuesto un sistema filosófico, en sentido estricto y ampliamente reconocido en el mundo académico. Su obra troncal es

Treatise on Basic Philosophy, que está compuesta por ocho tomos. Sus

contribuciones en filosofía y estrategias de investigación son influyentes en la comunidad científica y filosófica. El sistema bungeano comprende aportes en ontología, gnoseología, semántica, lógica y ética. Sus obras más recientes son Crisis y reconstrucción de la filosofía (2002), Emergencia y

convergencia. Novedad cualitativa y unidad del conocimiento (2003), A la caza de la realidad (2006), Filosofía y sociedad (2008), los dos volúmenes

de su obra Tratado de filosofía, semántica I, sentido y referencia (2008),

Tratado de filosofía, semántica II, interpretación y verdad (2009), Filosofía política (2009). El Fondo Editorial de la UIGV ha publicado: Vigencia de la filosofía (1998 y 2009), Una filosofía realista para el nuevo jnilenio (segunda edición aumentada y corregida, 2007), Estrategias de la

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Mario Bunge

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Mario Bunge

Vigencia de la

filosofía

U n i v e r s i d a d

Inca Qarcílaso de la Vega

Nuevos Tiempos. Nuevos Ideas

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FICHA TÉCNICA

T ítu lo : V ig e n c ia d e la f ilo s o fía

A u to r: M a r io B u n g e

S e rie : O b ra s e s c o g id a s / F ilo s o fía

C ó d ig o : FILO - 007-2009

E d ito ria l: F o n d o E d ito ria l d e la U IG V

F o rm a to : 140 m m X 220 m m 379 pp .

Im p re s ió n : O ffs e t y e n c u a d e r n a c ió n e n rú s tic a S o p o rte : C u b ie r ta : f o lc o te c a lib r e 12 In te rio re s : b o n d m a r file ñ o d e 85 g S o b re c u b ie r ta : c o u c h é d e 150 g P u b lic a d o : L im a , P e rú . O c tu b re d e 2009 N ° E d ic ió n : S e g u n d a T ira je : 1000 e je m p la r e s U n iv e rs id a d In c a G a rc ila s o d e la V eg a R e c to r: L u is C e rv a n te s L iñ á n V ic e r re c to r: J o rg e Lazo M a n r iq u e J e fe d e l F o n d o E d ito ria l: L u c a s L a v a d o © U n iv e rs id a d In c a G a r c ila s o d e la V e g a Av. A r e q u ip a 1841 - L in c e T eléf.: 471-1919 P á g in a W e b : w w w .u ig v .e d u .p e F o n d o E d ito ria l E d ito r: L u c a s L a v a d o

C o rre o e le c tr ó n ic o : lla v a d o m @ h o tm a il.c o m Jr. L u is N . S á e n z 557 - J e s ú s M a ría Teléf.: 461-2 745 A n e x o : 3712

C o rre o e le c tr ó n ic o : fo n d o _ e d ito r ia l@ u ig v .e d u .pe

C o o rd in a c ió n a c a d é m ic a : C a rm e n Z e v a llo s C h o y R e v is ió n y c o rr e c c ió n : L o u rd e s A b a n to B o jó rq u e z C a ra tu la : M a r io O u iro z M a rtín e z

D ia g ra m a c íó n : C h r is tia n C ó rd o v a R o b le s

P r o h ib id a su re p r o d u c c ió n to ta l o p a rc ia l p o r c u a lq u ie r m e d io , s in a u to riz a c ió n e s c rita d e lo s e d ito re s .

H e c h o e l D e p ó s ito L e g a l e n la B ib lio te c a N a c io n a l d e l P e rú N - 2009 - 04050 IS B N : 978-9972-888-92-2

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índice

Prefacio del Fondo Editorial...13

Prefacio a la segunda ed ición ...21

Prefacio a la prim era ed ició n ...27

Ciencia, técnica y epistem ología... 29

Prim era p arte... 31

Concepto general de ciencia ...31

Ciencia formal y ciencia fáctica... 36

Endomoral de la investigación... 39

Seudociencia...40

Ciencia básica y ciencia aplicada... 44

Exomoral de la técnica...45

Seudociencia y seudotécnica... 46

Diálogo... 51

Segunda p a rte ... 63

Cometidos de la epistemología... 63

Análisis de conceptos básicos... 63

Construcción de puentes entre disciplinas... 69

Epistemologías descriptiva y normativa...70

Ramas de la epistemología... 73

Semántica de la ciencia...74

Gnoseología... 75

Ontología de la ciencia... 77

Axiología y ética de la ciencia... 79

Algunas controversias de actualidad... 80

Paradigma e inconmensurabilidad... 80

Constructivismo... 83

Relativismo...84

Sociologismo...86

Diálogo...87

Problem ática epistemológica de actualidad en ciencias naturales y socionatu rales...105

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M A R I O B U N G E

Prim era p arte...107

Relatividad física y relativismo filosófico...107

Objetivismo y subjetivismo... 110

Causalidad y azar. Determinismo e indeterminismo... 117

Caos: verdad y mito...121

Diálogo... 125

Segunda p a rte ... 137

Problemas filosóficos sobresalientes en biología y psicología...137 Origen de la vida... 137 Las bioespecies... 141 Qué evoluciona...144 El problema mente-cerebro...150 Diálogo...

157

Preguntas del público... 169

Problem ática epistem ológica de actualidad en las ciencias y técnicas sociales... 171

Prim era p arte... 173

Las falsas dicotomías: ciencia natural, ciencia social...173

Positivismo, cientificismo... 182

Tres visiones de la sociedad: individualista, colectivista (holista) y sistémica... 184

Diálogo... 193

Segunda p a r te ... 205

Tendencias actuales en estudios sociales. Orientación científica y orientación humanística (o literaria)...205

Dos orientaciones tradicionales en los estudios sociales ....210

Breve referencia al marxismo...213

Cuantificación y seudocuantificación... 215

Referencia a la microeconomía...219

La historia... 222

Diálogo...225

Preguntas del público...233

Universidad tradicional y universidad m oderna...237

Prim era p arte... 239

Vicios de la enseñanza tradicional...239

Profesionalización... 246

Puentes entre las ciencias... 248

Características de la enseñanza moderna, laboratorios, talleres...253

Información y conocimiento... 256

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Diálogo... 261

Segunda p a rte ...271

Problemas de organización universitaria...271

Méritos y fallas de la reforma universitaria de 1918... 277

Dedicación parcial y dedicación exclusiva de docentes y estudiantes... 278

Importancia de los talleres...280

Trabajo conjunto de docentes, administradores y estudiantes...282

Extensión universitaria... 286

Alfabetización...288

Educación femenina... 289

Diálogo... 291

Conocimiento y desarrollo so cial... 305

Prim era p arte... 307

Desarrollo nacional... 308

Efectos perversos de reformas'sectoriales... 313

Desarrollo equilibrado de la educación... 315

Colaboración de especialistas y expertos... 318

Función de la consulta democrática... 319

Diálogo... 323

Segunda p a rte ... 337

La carretera de la información... 337

La sociedad electrónica o cibersociedad... 341

Diálogo... 349

Preguntas del público... -359

índice onomástico... 367

Recortes periodísticos...373 V I G E N C I A DE LA F I L O S O F Í A

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Prefacio del Fondo

Editorial

Este libro sí que tiene una historia: se gestó en el primer curso internacional conducido por el profesor Bunge, en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega en Lima del 8 al 12 de julio de 1996. En medio de controversias y polémicas, muchas veces muy acres, visitó el Perú en abril del mismo año, para realizar un ciclo de conferencias del 22 al 26 del • mismo mes en la Universidad de Lima.

Los hechos, descritos brevemente, sucedieron de este modo: el profesor Bunge fue invitado a un coloquio en la Universidad Católica y sus anfitriones, profesores de filosofía y también de otras disciplinas, se sintieron ofendidos cuan­ do el invitado encaró las preguntas de sus interlocutores con su habitual crítica directa y yendo al corazón mismo de la filosofía hermenéutica, fenomenológica y posmodernismo. Como lo hace siempre, poniendo a prueba sus argumentos y sobre todo examinando si tienen algún aporte a la cultura y los problemas que conciernen a nuestro tiempo.

La reacción fue de disgusto inicial, seguido de artículos muy agresivos en los medios. Se le calificó erróneamente de positivista y se le endilgó adjetivos tales como que lo había escuchado “despotricando apasionadamente” (Quintanilla, 96: 8), se le acusó de “autoritario” e “intolerante” (Vallaeys, 96: 8), hasta diatribas como la de ser “un espécimen en vías de extinción” y “un científico fanático” (Giusti, 1996) y otras expresiones que no merecen ser repetidas. Desde el lado del profesor Bunge respondimos varios profesores

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L U C A S L A V A D O

universitarios, entre los que destacan lo dicho por el filó­ sofo peruano David Sobrevilla (“El Dominical”, 7 de julio) y el filósofo francés Michel Lhomme (“El Dominical”, 4 de agosto). La polémica en los medios duró desde abril hasta septiembre, y muy bien podría servir para una tesis. Sus­ citó tanto interés en sectores amplios que un periodista, habitualmente enterado, reseñó que a su juicio “en un par de aspectos interesa vivamente a la política. Estos aspectos son la legitimidad académica de las ideas que sustentan al neoliberalismo económico y la creciente militancia política de la ciencia empírica, que el argentino Bunge representa” (Lauer, 1996: 6). Tremendo error a la luz de toda la produc­ ción anterior y posterior del profesor Bunge.

Pero ¿cuáles eran los motivos para que esta reacción tan beligerante tuviera como centro la falsa y alarmante idea de que el profesor Bunge es positivista? La respuesta era y es simple: que el filósofo de la ciencia más importante de nuestro tiempo estaba vulnerando el centro de los argu­ mentos de los hermenéuticos, de los fenomenólogos y de sus líderes Husserl, Heidegger, Habermas y los posmodernos. Desde ese entonces han transcurrido exactamente 13 años y la pregunta que debemos contestar es en qué medida las tesis de Bunge se han cumplido y qué hay de los desgasta­ dos argumentos de los adversarios filosóficos. En el fragor del debate respondimos a los críticos con un breve artículo en “El Dominical” de El Comercio el cual reproducimos íntegramente sin las erratas de entonces.

DE LA NAVAJA DE OCKAM A LA GLOBALIZACIÓN: BUNGE ENTRE NOSOTROS

Decía un historiador que se podía contar la historia a partir del presente, luego remontarnos a los orígenes. Creo que tiene pertinencia para presentar una perspectiva de lo que constituyó la presencia del filósofo argentino Mario Bunge (1919) entre no­ sotros, los días 22 al 26 de abril pasado. El caso es que algunos profesores de filosofía de la Universidad Católica, anfitriona de una de sus múltiples presentaciones, reaccionaron de un modo excepcionalmente interesante.

El profesor Miguel Giusti (Expreso 12/5/96) lo presenta como un “personaje atractivo, porque se trata en sentido estricto

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PR E F A C I O DEL F O N D O E D I T O R I A L

de un espécim en en vías de extinción” com o una “curiosa m ezcla entre el rigoi'ism o científico y el fan atism o”. Esta desproporcionada reacción con un artículo titulado “La navaja de Bunge”, tiene una larga data. Es que Bunge, desde la fundación y conducción de la revista filosófica Minerva, en Argentina, hace más de medio siglo hasta sus numerosos libros en castellano, con sus 8 volúmenes de Treatise on Basic Philosophy (Tratado

básico de Filosofía) y sus más de 600 trabajos presentados en

congresos y publicaciones periodísticas, ha refutado sin tregua a las posiciones filosóficas irracionalistas “para impulsar la plena racionalidad [que] involucra no solo investigar, argumentar y enseñar, sino también pelear”. Pelear ya no rescatando la “navaja de Ockam” sino la racionalidad total y el método sistémico.

El profesor Giusti desde una postura innegablem ente despectiva, afirma no sorprenderse de la actitud que despierta Bunge “entre ciertos sectores ávidos de seguridad, ni que sus libros de divulgación circulen hoy entre los ambulantes a dos o tres soles, en una edición y formatos muy parecidos a los viejos textos de Martha Harnecker”. Se equivoca, se venden hasta en un sol y esto no es todo. “Ert>ominical” del diario El Comercio, también le dedica con frecuencia un espacio importante debido a que con el transcurrir de los años y su dedicación a la investi­ gación, ha logrado escribir en un lenguaje sencillo los problemas centrales de la filosofía actual. Aparte hay otra explicación. No en la popularidad de Bunge por haber logrado mayor pulcritud en sus escritos, sino en el hecho de que los herederos de Heidegger y Husserl, han sido arrinconados por su incansable esfuerzo en tratar las diferencias entre pseudociencia y ciencia genuina y así como, pseudotecnología y tecnología genuina. De esta manera, Bunge propugna una filosofía científica y una ciencia con soporte filosófico. Su mérito es, haber calado a fondo y haber vulnerado la construcción de una postura académica que pretende ilustrar desde una perspectiva irracionalista, subjetivista e individualista, tal como apunta Bunge.

El articulista culmina su crítica a la “actitud” de Bunge sin dejar de admitir el hecho de que les “haya quedado una cierta cu­ riosidad por averiguar qué puede haber suscitado tanto alboroto”, calificándola, asimismo, como una discusión entre positivistas y filósofos. Cosa de verdad extraña. Pero el misterio no demora en develarse. Una semana después, la profesora Rizo-Patrón, de la misma Universidad, presenta su versión de lo ocurrido, tratando de desmentir las “referencias distorsionadas” acerca de la doctora Patrón (una de las panelistas de la ponencia de Bunge) quien “incluso bajo la lluvia de insultos del exaltado argentino guardó en todo momento serenidad” (cursivas nuestras). Domingo de

La República, 19/05/96.

La verdad es que, más allá de estas manifestaciones car­ gadas de emotividad y palúdicas en argumentos, se avizora

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L U C A S L A V A D O

el hecho de que este filósofo ha logrado además desarmar el andamiaje teórico de la fenomenología, del existencialismo y del psicoanálisis. Ha puesto en evidencia que ios viejos debates entre los positivistas y las posturas de Windelband, Rickert y sus seguidores, pertenecen al pasado. Afirma que el psicoanálisis “es un auténtico quiste de la cultura contemporánea” tan pseudo- científiea como la parasicología. Asimismo, que la fenomenología ha desviado a las ciencias sociales de la investigación empírica y la ha retrasado confinándola a las “humanidades”. Denuncia, asimismo, al constructivismo por confundir sistemáticamente la realidad social con las representaciones que nos hacemos de ellas y las leyes objetivas con los enunciados de leyes, por mencionar dos críticas puntuales.

Bien harían los fenomenólogos y hermeneutas locales en reparar que, para Bunge, la filosofía tiende a ser más científica y sirve a las disciplinas científicas y, que una de las exhortaciones de la ética de la filosofía científica es “no te atarás a dogma alguno en particular, no acatarás filosofía de iglesia ni de partido, y no te encerrarás obstinadamente en una escuela; tomarás el partido de la verdad [...]” (Ética y ciencia).

Ojalá que todos sus libros, o por lo menos los más impor­ tantes se vendieran a dos soles. ¿Qué sería de los ávidos lectores sin dinero, de la desordenada Lima, sin la lectura de buenos libros que se venden en las “librerías del suelo”? Hay que recordar tam­ bién que este filósofo argentino jocundo y crítico ha sido tradu­ cido a más de 10 idiomas. La computadora y el acceso a Internet están a la mano. Con un poco de entereza y modestia no habría sido difícil leer sus más vivaces debates y aportes, mostrando un comportamiento de profesores de filosofía de una universidad moderna. No dudamos que lo son. Por ello no es malo record­ arles que en el “Decálogo de la maestra moderna” el “exaltado argentino” afirmaba: “Enseñarás a aprender y obrar por cuenta propia y a ser útil a los demás” (El Dominical de El Comercio, 11/06/95). I-a propuesta de Bunge está yendo más allá. Luego de encarar los problemas anteriores, ha incursionado a fondo en la epistemología de las ciencias sociales, particularmente de la economía, lingüística y sociología. Frente a las alternativas indi­ vidualistas y Violistas en sociología ha formulado una propuesta sistemista. No es extraño, entonces, que algunos destacados profesores como Guillermo Rochabrún, quien entre numerosos trabajos ha escrito Sodalidad e individualidad, Sinesio López

(El dios mortal y muchos otros), que a su vez han realizado in­

vestigaciones sociales relevantes, no se hayan pronunciado en el mismo tono y con las mismas herramientas conceptuales que sus colegas de universidad. No vale el argumento de que unos son filósofos y otros científicos sociales. No. A nadie es extraño que la sociología, la politología y las demás ciencias sociales tienen componentes filosóficos innegables.

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P R E F A C I O DEL F O N D O E D I T O R I A L

Finalmente, es menester prepararse para el cambio y lo inesperado. La chocante y provocadora actitud intelectual de Bunge no fue otra cosa que una confrontación racional típica­ mente filosófica.

Este artículo fue aludido indirectamente en muchos casos y directa en otros. Pero el tiempo se ha encargado de confirmar las tesis del profesor de la McGill University. En principio, la primera respuesta a fondo es la publicación de esta obra memorable Vigencia de la filosofía. En este libro se recoge lo más fielmente posible todo el curso; es decir, las ex­ posiciones del profesor Bunge y el diálogo con el auditorio. Haríamos bien en leer lo que el profesor David Sobrevilla escribió en El Dominical de El Comercio (17/1/99) acerca de este libro que continúa ganando lectores.

“VIGENCIA DE LA FILOSOFÍA” DE MARIO BUNGE

En julio de 1996 la Universidad Inca Garcilaso de la Vega organizó un primer curso internacional sobre Vigencia de la Filosofía. Ciencia y Técnica, Investigación y Universidad, cuyo expositor fue el famoso filósofo argentino Mario Bunge. Al curso invitó como moderadores y panelistas a un reconocido grupo de intelectuales nacionales. El seminario tuvo un éxito resonante. Ahora dicha Universidad ha tenido la feliz iniciativa de publicar las conferencias dictadas por Bunge a las que ha agregado las intervenciones de los panelistas invitados y del público asistente, así como fotos de las sesiones de trabajo.

Esta publicación constituye un gran acierto por diversas razones. En primer lugar porque recoge un curso memorable en el que Bunge despliega sus enciclopédicos conocimientos sobre lo que son la ciencia y la técnica, la pseudociencia y las pseudotécnicas; sobre los cometidos de la epistemología, los de las ciencias naturales y socionaturales y de las ciencias y técnicas sociales; su concepción de lo que es una universidad tradicional y otra moderna y sobre el aporte que el conocimiento puede brindar al desarrollo social. Su exposición es magistral: clara, informada y profundamente didáctica.

Bunge se introduce con competencia y casi sin esfuerzo en todos estos importantísimos temas. Además, no se repite ni se contradice: en este libro hay desarrollos que van más allá de los de otros textos anteriores suyos sobre estos temas. Ello es

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lu c as lav ado

resultado de la renovación de sus ideas al ritmo de los nuevos conocimientos y de su maduración para ofrecerlos después, actualizados y accesibles, a sus auditores y lectores.

En segundo lugar, Bunge no se limita a informar sino que orienta sobre las cuestiones disputadas de las que trata. Lo hace en los casos más bien tradicionales del psicoanálisis o de la ho­ meopatía, a los que califica con buenas razones de pseudociencia y pseudotécnica, respectivamente, muy rentables por cierto e inverificables. Pero lo hace también en otros casos más recientes como la lógica paraconsistente, a la que acusa de traicionar el núcleo mismo de la racionalidad que es la contradicción; o la teoría de las supercuerdas, a la que descalifica por no haber ren­ dido hasta hoy nada y por ser excesivamente fantasiosa. Aun allí donde uno no esté de acuerdo con Bunge, su pose contestataria es estimulante y sus argumentos se apoyan en sólidas razones. En este sentido, esta publicación muestra al autor cumpliendo plenamente el ideal de profesor que propone: no como un mero difusor de ideas ajenas y como un predicador de dogmas, sino — a semejanza de Sócrates— como una abeja, araña y tábano.

En tercer lugar, la lectura de este texto nos lleva a pre­ guntarnos sobre cómo fue posible que un grupo de profesores peruanos pretendiera descalificar a Bunge en medio de una polémica lamentable, en la que se llegó a calificarlo de “igno­ rante”, “fanático”, “exaltado”, adjetivos que hoy se vuelven contra quienes los lanzaron. Y cómo intentó presentarlo como un “di­ vulgador del positivismo”, “cientificista reduccionista”, “negador de la filosofía” y “mensajero del totalitarismo”. En efecto, de este texto se comprueba que Bunge quiere presentar los resultados de su propia investigación, tal como hemos dicho: sostiene que no hay fronteras entre la ciencia y la filosofía — algo que los posi­ tivistas no hubieran admitido— y declara su gran admiración por Marx y Engels y por la ciencia social que desarrollaron a la vez que expresa sus reparos sobre la misma. Sin duda, en aquella polémica se mezclaron la audacia y el desconocimiento de la obra bungeana; pero, en cualquier caso, la publicación de Vigencia de

la filosofía puede ahora informar al lector desprejuiciado sobre

las verdaderas tesis de ese extraordinario pensador que es Mario Bunge, probablemente el más importante filósofo latinoameri­ cano vivo.

En cuarto lugar, el debate con los panelistas invitados muestra un grupo verdaderamente interdisciplinario discutiendo con Bunge. Allí destacan el neurólogo Pedro Ortiz Cabanillas, los filósofos Luis Piscoya el recordado Julio Sanz y el físico Modesto Montoya. Este debate muestra no solo la sapiencia de Bunge sino además su capacidad para estar alerta, su disposición para dialogar —cuando las preguntas no proceden de la ignorancia o de la mala fe— y su gran sentido del humor. Esta es una de las publicaciones filosóficas más importantes realizadas en el Perú en

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PR E F A C I O DEL F O N D O E D I T O R I A L

los últimos años y por ella hay que felicitar a la Universidad Inca Garcilaso de la Vega y al equipo que la ha editado, coordinado por [...] La impresión casi no tiene erratas y - a excepción de la carátula y las fotos— está agradablemente impresa. El libro ha aparecido en una edición de lujo empastada y otra en rústica.

El profesor Bunge, después de 1996, retornó dos veces más a la Universidad Inca Garcilaso de la Vega: en mayo de 2001 para impartir un curso internacional, de donde ha resultado otro estupendo libro Una filosofía realista para el

nuevo milenio y este año 2009 para dictar un curso interna­

cional sobre filosofía política. Ambos cursos tuvieron, como es ya habitual, una enorme audiencia, con participantes venidos de todo el país y el extranjero.

Desde la famosa polémica que duró más de un semes­ tre, y si tomamos como referencia solamente la primera edición de Vigencia en 1998, su producción intelectual ha sido impresionante y tiene sin duda una enorme repercu­ sión. Un listado incompleto sería: Las ciencias sociales en

discusión (1999), Buscar la filosofía en las ciencias sociales

(1999), Biofilosofía con el biólogo Martin Mahner (2000),

La relación entre la sociología y la filosofía (2000), Crisis y reconstrucción de la filosofía (2002), Cápsulas (2003), Emergencia y convergencia (2004), 100 ideas (2006), A la caza de la realidad (2007) y Filosofía y sociedad (2008).

Durante este año (2009), se han publicado en castellano el segundo tomo de su Tratado y su Filosofía política. A sus noventa años continúa trabajando con lucidez, talento y persistencia. Cuando uno se pregunta acerca de por qué el filósofo Mario Bunge suscita tantas controversias las res­ puestas están en todos sus libros de comienzo a fin y lean solo a modo de ejemplo cómo finaliza su libro La relación

entre sociología y la filosofía: “[q]ue todos los intelectuales

auténticos se unan a la brigada de la Verdad y ayuden a desmontar el caballo de Troya ‘posmoderno’, estabulado en la academia, antes que él nos destruya”. Entonces, el lector comprenderá por qué ha ganado tantos enemigos, también amigos, por supuesto.

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L U C A S L A V A D O

Finalmente, como para desmentir a todos sus detrac­ tores y críticos, el 12 de julio El Dominical de El Comercio publicó una suscitadora entrevista que es presentada con palabras del propio Bunge: “Somos víctimas de una mala filosofía política”.

Julio de 2009 Lucas Lavado Fondo Editorial

Referencias:

Giusti, Miguel (1996) “La navaja de Bunge”. En Expreso. Lima, 12 de mayo, p. Editorial. 42 A.

________ . (1996) “Cuestión filosófica”. En Debate. Julio-agosto, pp. 62-64.

Lauer, Mirko (1996) “Filosofía polémica”. En La República. Lima, 1 de agosto, col.

Lliomnte, Michel (1996) “Los últimos fósiles de las ideologías”. En “El Dominical” de El Comercio. Lima, 4 de agosto, p.8.

Miró Quesada C., Francisco (1996) “La polémica sobre Mario Bunge”. En “El Dominical” de El Comercio. Lima, 7 de julio, p. 4.

Quintanilla, Pablo (1996) “¿Qué fue el positivismo lógico?”. En “El Domini­ cal” de El Comercio. Lima, 30 de junio, pp.8-9.

Rizo-Patrón, Rosemary (1996) “El frustrado debate Bunge-Patrón. ¿Quién es Edmund Husserl?”. En “Suplemento de Altes & Culturas” de

La República. Lima, 19 de mayo.

Roehabrún S., Guillermo (1996) “La identidad de los contrarios”. En La

República. Lima, 23 de julio, p. 19.

Sobrevilla, David (1996) “Mario Bunge en Lima. Crónica de un acontec­ imiento”. En “El Dominical" de El Comercio. Lima, 9 de junio, P-7

-________ . (1996) “Una réplica”. En “El Dominical” de El Comercio. Lima, 7 de julio, p. 9.

Vallaeys, Frangois (1996) “El profeta Bunge y la universidad peruana”. En

La República. Lima, 18 de julio, p. Opinión.

________ . (1996) “El caso Bunge. ¿Existió un debate?”. En “El Dominical” de El Comercio. Lima, 1 de setiembre.

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Crisis y filosofía

Quien dude de la pertinencia de la filosofía a la vida social hará bien en recordar la advertencia de John May- nard Keynes, el fundador de la macroeconomía moderna: “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando tienen razón como cuando no la tienen, son más potentes de lo que se cree comúnmente. En efecto, el mundo es regido por poco más que ellas. Los hombres prácticos, que se creen libres de influencias intelectuales, son habitualmente esclavos de algún economista difunto” (1936: 383).

Todos los presuntos expertos concuerdan en que la crisis económica que comenzó bruscamente en setiembre de 2008 se debe en gran parte a la filosofía económica y política libertaria, o de laissez-faire, que el financista George Soros llamó “fundamentalismo del mercado” (1998). Re­ cordemos brevemente ciertos de los principios, algunos explícitos y otros implícitos, y algunos microeconómicos y otros macroeconómicos, de esta filosofía fracasada. P i Todos los recursos naturales son inagotables o susti-

tuibles.

P2 Todos los seres humanos son motivados básicamente por el afán de lucro.

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M A R I O B U N C E

P3 Todas las personas son económicamente racionales: saben lo que les conviene y siempre actúan protegiendo sus propios intereses.

P4 Cuando emprenden una actividad, todas las personas y empresas procuran maximizar sus utilidades espe­ radas.

P5 La propiedad privada es, o debiera ser, tanto ilimitada como inviolable.

P6 Todos los medios de producción, comunicación, co­ mercio y finanzas están o debieran estar en manos privadas.

P7 Economía = Mercado = Capitalismo.

P8 El mercado libre es autosuficiente y autorregulado. P9 En un mercado libre, los precios suben y bajan conforme

a la demanda.

Pío El mejor orden social es el que involucra el mercado más libre y los impuestos más bajos.

P11 El mejor mercado es el que puede crecer sin límites. P12 Los empresarios no tienen obligaciones morales. P13 La principal función del Estado es proteger los intereses

privados.

Repito que esta es una colección heterogénea de máxi­ mas positivas y consignas ideológicas, antes que una teoría coherente y limpia, como las teorías que aprenden los es­ tudiantes de ciencias sociales o empresariales. Lo que nos importa señalar aquí es que esa colección de supuestos ha guiado durante dos siglos la confección de políticas econó­ micas, tanto estatales como empresariales, salvo en los casos del Estado benefactor y de las empresas cooperativas.

Examinemos brevemente los supuestos en cuestión. El supuesto Pi, que la naturaleza es infinita, y que las tecnologías futuras podrán sustituir cualquier recurso natu­ ral que se agote, no es sino un deseo piadoso, ya que nues­ tro planeta es finito. Sus únicas funciones son proteger la

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PR E F A C I O A LA S E G U N D A E D I C I Ó N

explotación irracional de los recursos naturales y oponerse a cualquier iniciativa de protección del ambiente.

El postulado P2 no fue sometido a pruebas experimen­ tales hasta hace muy poco. Lo han refutado varios experi­ mentos, los que han mostrado que la mayoría de nosotros somos “reciprocadores fuertes” (Gintis et al., 2005). O sea, casi todos los seres humanos no se contentan con retribuir favores, sino que suelen dar sin esperar reciprocidad, y a veces corren riesgos al corregir conductas antisociales.

El postulado P3, de racionalidad económica, falla todas las veces que compramos o vendemos algo impulsivamente, que no hacemos previsiones, o que nos endeudamos sin tener la seguridad de saldar la deuda. Si todos obráramos racionalmente, no ocurriría que las dos terceras partes de las nuevas empresas norteamericanas se funden en menos de cinco años, como lo muestra el anuario Business Failure

Record.

El postulado P4 sobre maximización es impreciso, por­ que el concepto de utilidad esperada no está bien definido, aunque sea porque incluye el concepto de probabilidad sub­ jetiva o personal, que no es medible objetivamente. Además, recordemos la advertencia de Oskar Morgenstern: puesto que todas las variables de un sistema están ligadas entre sí, toda vez que maximicemos una de ellas minimizaremos otras, acaso más importantes.

El postulado P5 es violado por todo código que reco­ nozca límites a la propiedad privada, p. ej. cuando se la confisca para construir obras públicas o para pagar im­ puestos atrasados.

El postulado P6, fundado en la creencia de que el Es­ tado es mal administrador, es refutado por las numerosas empresas estatales europeas que no dan pérdidas y sirven bien al público. Además, el postulado de marras ata las manos del Estado que se proponga suplir las deficiencias del sector privado, especialmente en los países en desarrollo, donde solamente el Estado dispone de medios suficientes para emprender obras de gran envergadura.

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El postulado P7, que afirma que todo tiene su precio, pasa por alto todas las actividades no mercantiles, tales como la crianza de niños, el deporte, la atención médica y el voluntariado.

El postulado P8 es falso por varios motivos. Primero, el mercado requiere un contexto institucional y una fuente de mano de obra sana y calificada. Segundo, si el mercado se regulase espontáneamente, no estaría sujeto a ciclos, sino que nunca sufriría escaseces ni plétoras.

El postulado P9 es falso allí donde la mayoría de las industrias importantes son de propiedad de unos pocos consorcios, como ocurre con el petróleo, los armamentos y la industria de la alimentación.

Los cuatro últimos supuestos pertenecen a la filosofía política “neoliberal”, o sea, neoconservadora. Pío es falsea­ do por los países escandinavos, Holanda y Japón, donde el sector privado está estrictamente controlado, los servicios públicos son adecuados, y sin embargo la economía com­ pite ventajosamente en el mercado mundial. P11 pone en peligro el nido de la humanidad, ya que da piedra libre al consumismo. P12 protege a los fabricantes y mercaderes de armas ofensivas, de semillas que contienen el gen “termina- tor”, y los que patentan tus genes, lector. Finalmente, P13 incita a los políticos a recortar o aun eliminar los servicios sociales, que son distintivos del Estado desde el comienzo de la civilización hace cinco milenios.

Los defensores de la economía estándar nos dirán que la ciencia económica es objetiva y políticamente imparcial. Pero de hecho no nos han explicado cuál fue la falla en el sector privado o en el sector público que causó el desastre que estamos viviendo. ¿Falló la teoría o su aplicación? Pre­ sumiblemente, Milton Friedman (1991), el jefe de la escuela de Chicago, que tanto daño hizo en América Latina, habría dicho que la teoría es inocente, ya que es perfecta, como lo muestra el que no ha habido que modificarla desde 1870. Tal vez diría, como aquella vez en que las recomendaciones que le hizo al presidente Reagan causaron una crisis, que

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fueron mal aplicadas. Esta argumentación es la misma de Stalin: la teoría es perfecta, pero hay que fusilar a los que la pusieron en práctica, porque la sabotearon.

Sin embargo, es innegable que los postulados P2, P3, P4 y P8 justifican el llamado mercado libre y la correspondiente filosofía política de laissez-faire. Esta es, precisamente, la que fracasó tan estrepitosamente a fines de 2008, al me­ nos según admitieron los mandatarios conservadores que la habían aplicado fielmente. No sabemos qué piensan los millares de profesores de economía, finanzas y gestión que la han estado enseñando sin ponerla en duda.

El único economista famoso que se arrepintió fue Alan Greenspan, el ex presidente del Federal Reserve System, o banco central de EE.UU. reconoció públicamente que se había equivocado al creer que el egoísmo que predican los postulados P2, P3 y P4 bastaría para asegurar la prospe­ ridad. Pero sin ese egoísmo, ¿cómo se sostendría el orden social actual? ¿Acaso no es el afán de lucro, antes que el servicio a la comunidad, lo que mueve a los empresarios? ¿O se puede imaginar un orden social diferente, en que el egoísmo sea morigerado por el altruismo? En mi opinión, este es el problema central de la filosofía política actual (Bunge 2009).

Una filosofía económica nos ha botado a la peor depre­ sión económica desde 1929, y ciframos nuestra esperanza en una filosofía política en construcción. No hay escapatoria de la filosofía. Solo podremos evitar la mala filosofía si nos atenemos a la razón, a la ciencia y a la moral que manda disfrutar la vida y ayudar a vivir.

Mario Bunge Department of Philosophy McGill University Montreal, Cañada mayo de 2009

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Obras citadas

Bunge, Mario (2009) Filosofía política. Barcelona, Gedisa.

Friedman, Milton (1991) “Oíd wine innewbottles”. En Economic Journal 101: pp. 33-40.

Gintis, Herbert, Samuel Bowles, Robert Boyd, and Ernst Fehr, compils. (2005) M oral Sentiments and Material Interests: The Founda-

tions o f Cooperation in Economic Life. Cambridge MA, M1T

Press.

Keynes, John Maynard (1973) [1936] The General Theory ofEmployment,

Interest, and Money. En Collected Works, vol. 2. Cambridge,

Royal Economic Society.

Soros, Gcorge (1998) The Crisis o f Global Capitalism [Open Society En-

dangered], New York, Public Affairs.

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Prefacio

Este libro contiene las lecciones que impartí en la Uni­ versidad Inca Garcilaso de la Vega, así como las interven­ ciones de los panelistas y algunos de los asistentes al curso. El texto fue elaborado por el pfofesor Lucas Lavado sobre la base de los videos. Yo lo he revisado. Pero hemos acordado conservar el estilo informal de las lecciones, esperando que esto haga su lectura más placentera. Por serio que sea el asunto, no hay motivo para presentarlo en forma acartonada y aburrida. Enseñar y aprender debieran ser ocupaciones placenteras y estimulantes, no gravosas obligaciones.

Quedo muy agradecido al rector de la Universidad, Dr. Benjamín Boecio La Paz, por haberme invitado a dictar el curso, y a la Dra. Magy Me Gregor por haber cuidado su organización hasta el menor detalle. También agradezco a los distinguidos panelistas por sus observaciones y críticas, todas ellas pertinentes e interesantes. Igualmente, expreso mi reconocimiento al profesor Lucas Lavado, quien me ha asistido y acompañado en todo momento. Finalmente, agradezco muy especialmente la participación de mi viejo amigo Paco Miró Quesada Cantuarias, así como la de mi nuevo amigo David Sobrevilla Alcázar. Todas las personas mencionadas contribuyeron a que mi estancia en Lima durante el curso haya sido una de mis experiencias más positivas y memorables. También espero que el curso y las discusiones hayan servido a los asistentes, ya por la infor­ mación transmitida, ya por los problemas suscitados.

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Estos habrán servido para corregir la imagen del pro­ fesor como mero difusor de ideas ajenas y predicador de dogmas. Creo que el bicho universitario más útil es el que hace sucesivamente de abeja, araña y tábano.

Mario Bunge Corfú, junio de 1997

o UI GV

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Primer día (8 de julio de 1996)

CIENCIA, TÉCNICA Y EPISTEMOLOGÍA

Presidente de la mesa: David Sobrevilla Alcázar

Panelistas: Luis Piscoya Hermoza Holger Valqui Casas

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M a r io B u n g e e n e l p r im e r d ía d e l C u r s o In te rn a c io n a l V ig e n c ia d e la F ilo s o fía

D e Iz q u ie rd a a d e re c h a : M a r io B u n g e , D a v id S o b re v illa , L u is P is c o y a y H o lg e r V a lq u l

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Ciencia, técnica y epistemología Primera parte

Mario Bunge

Concepto

general

lie ciencia

Vamos a ocuparnos hoy de unas ideas muy generales, empezando por la idea o el concepto de ciencia. Hay que te­ ner en cuenta que la ciencia no es simplemente un cuerpo de conocimientos, sino que es una actividad de investigación, es una actividad que se da además en una sociedad, se da en el curso de la historia, etc. Es decir, que hay un aspecto conceptual, hay un aspecto empírico, hay un aspecto social y un aspecto histórico. Hay que tener todo esto en cuenta cuando se quiere caracterizar el concepto de ciencia. Y aquí han fallado precisamente los filósofos que han pretendido definir la ciencia o el concepto de ciencia en un solo renglón. Es como decir «el elefante es orejudo». Esto es cierto pero no basta. Pues bien, la ciencia es un objeto tan complejo como un elefante.

Defino una ciencia particular CP como una decatupla: CP = <C, S, D, G, F, B, P, A, O, M>

Ante todo está la comunidad de investigadores (C), sin la cual no hay ciencia viva. Es decir, los investigadores científicos no están solos sino que forman una comunidad más o menos cohesiva. No quiere decir que no haya con­ flictos entre ellos, por supuesto que los hay. Cada vez que hay cooperación también hay conflicto. El que los inves­ tigadores en un campo científico formen una comunidad

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significa simplemente que están en comunicación entre sí, que los unos aprenden de los otros, que los unos corrigen a los otros, que no se da, al menos en la ciencia moderna, el sabio aislado.

A partir del siglo XVII, digamos de la época de Descar­ tes y Galileo, todos los científicos han estado en correspon­ dencia entre sí, aun cuando no había todavía sociedades científicas. Se escribía muchas veces a través de Mersenne1. Este notable matemático y físico era una especie de agente de enlace de los científicos de su tiempo.

Como cualquier otra comunidad, la científica está in­ mersa en alguna sociedad (S). ¿Por qué es preciso hacer referencia explícita a la sociedad? Porque hay sociedades que no toleran la investigación científica: son sociedades cerradas, por ejemplo las teocráticas, en las que no se tolera la búsqueda de la verdad, porque la verdad ya se encuentra en algún libro. Para que florezca una comunidad científica, la sociedad en que está inmersa tiene por lo menos que tolerar la actividad de los miembros de esa comunidad.

Después aparece el dominio (D), universo del discurso o clase de referencia. Este es el conjunto de ideas o de hechos, a los que se refieren o que estudian los miembros de esta comunidad. Por ejemplo, el universo del discurso de la bio­ logía es el conjunto de organismos y de ecosistemas, y el de la economía es el conjunto de los productores, mercaderes y consumidores de bienes y servicios.

En cuarto lugar aparece algo que casi siempre se desconoce cuando no se niega explícitamente: los supuestos

filosóficos que tiene toda ciencia (G). Para un positivista

no hay tales supuestos filosóficos; al contrario, la filosofía siempre debe ajustarse a la ciencia, la que va devorando paulatinamente todas las ramas de la filosofía. Pero de hecho, los científicos dan por sentada una cantidad de tesis

i En el siglo XVII se empezaron a formar las primeras asociaciones de científicos.

Entre los promotores de estas comunidades destaca nítidamente la labor del padre Mersenne, fraile mínimo jesuita educado en la Fleche de París, quien mantenía correspondencia con Torricelli, Descartes, Fermat, Gassendi, Pascal, Hobbes y otros, sirviéndoles de nexo y de lugar de animadas discusiones.

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de tipo filosófico. Por ejemplo, hay supuestos ontológicos, tales como que el mundo exterior existe independiente­ mente del investigador; que el mundo exterior es legal, es decir no hay milagros, hechos ilegales. Hay supuestos gnoseológicos, tales como el de la posibilidad de alcanzar la verdad, al menos parcial y aproximada. Finalmente, hay una ética del investigador: los imperativos de la búsqueda de la verdad, de la coherencia y de la claridad; la propiedad común de los conocimientos, la promesa tácita de no usar el saber para dañar, etc. Quien viola estos preceptos mora­ les no se considera un investigador científico propiamente dicho. Naturalmente, la mayor parte de los científicos no se ocupan de desenterrar esos supuestos, ésa es una de las tareas del filósofo, averiguar la filosofía que hay metida en la ciencia.

El quinto componente es el fondo form al (F). En toda ciencia se supone tácitamente que valen las reglas del dis­ curso racional, del debate racional, las que son codificadas por alguna teoría lógica. Es decir, no se admite, por ejem­ plo, la contradicción, no se admite los círculos viciosos, ni se admite la imprecisión, excepto al comienzo, y se busca siempre la exactitud, como meta por lo menos.

Luego viene el fondo específico (B). Hay una sola ciencia que no supone ninguna otra ciencia, y esa es la matemáti­ ca. Los matemáticos no presuponen la física ni la biología, ni la sociología, ni la economía, ni la historia, nada. Los matemáticos, en principio, o las matemáticas, se bastan a sí mismas. No ocurre así con la física, que presupone la matemática; ni con la química que presupone la matemática y la física; ni con la biología, que presupone la matemática, la física y la química, y así sucesivamente. Es decir, hay un fondo específico que toda ciencia, con excepción de la ma­ temática, admite y no discute. Por ejemplo, un químico no discute las proposiciones de la física, a menos que él mismo se convierta en físico.

Luego viene P, la problemática, es decir el conjunto de problemas abordables por la ciencia en cuestión. En el caso de las ciencias básicas, estos problemas son puramente

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cognoscitivos. P es el conjunto de los problemas posibles, es un conjunto abierto, de modo que no es un conjunto en el sentido matemático. Más bien, es una colección variable en el curso del tiempo, porque algunos problemas se van resolviendo, otros problemas se decide que no han sido bien planteados o que no vale la pena investigarlos, pues aparecen problemas completamente nuevos. Cada vez que se conoce algo existe la posibilidad de formular nuevos problemas. De aquí el crecimiento exponencial del fondo de conocimientos científicos.

Luego está el fondo de conocimientos acumulado (A). En matemática sobre todo se ve que el progreso es acu­ mulativo. Es cierto que muchas teorías matemáticas ya no interesan en el momento actual. Con todo, no se discute que son adquisiciones que se pueden perfeccionar. A medida que se va subiendo la escala de las ciencias se ve que ese fondo es cada vez menos seguro. Por ejemplo, sabemos que las teorías físicas más exactas de todas no son completamente verdaderas, sabemos que tienen defectos y esperamos que alguna vez esos defectos se corrijan.

Pero no hay revoluciones científicas completas a partir de la Revolución Científica del siglo XVII. Cuando se produ­ ce alguna transformación científica, se agrega o se quita algo a ese fondo de conocimiento, pero no se niega todo el resto. Creo que hubo solamente dos revoluciones científicas en la historia. Una fue el nacimiento de la ciencia en el siglo V a. C., en la Grecia antigua; la segunda revolución científica fue el renacimiento de la ciencia o el nacimiento de la ciencia moderna en el siglo XVII.

El noveno componente de la decatupla está constituido por los objetivos (O) de la ciencia. ¿Cuáles son los objetivos de la ciencia básica, a diferencia de los objetivos de la cien­ cia aplicada y de la técnica? Simplemente, adquirir nuevos conocimientos, nuevas verdades. El científico se propone entonces averiguar la verdad o, mejor dicho, verdades que no tienen por qué ser completas y precisas ni, por lo tanto, definitivas.

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Finalmente está la metódica (M), o sea la colección de métodos generales, especialmente el método científico y el método experimental, y métodos particulares, por ejemplo el método de muestreo estadístico, los métodos especiales utilizados para hacer microscopía electrónica o para redac­ tar y circular cuestionarios en sociología, etc.

En resumen, CP = <C, S, D, G, F, B, P, A, O, M >, donde: C = comunidad S = sociedad D = dominio G = supuestos filosóficos F = fondo formal B = fondo específico P = problemática A = fondo de conocimientos O = objetivos M = metódica

Ahora bien, hay ciertas condiciones que debe cumplir esta decatupla o, mejor dicho, una disciplina para ser con­ siderada científica, además de las que he mencionado. Una de estas condiciones es que no debe estar aislada. Es decir, toda ciencia forma parte de un sistema de ciencias, en el sen­ tido de que cada una de estas ciencias tiene alguna ciencia vecina con la que se solapa aunque sea parcialmente. Por ejemplo, en el caso de la física y la química, el solapamien- to es la fisicoquímica. La biología y la física se combinan formando la biofísica, y así sucesivamente. La sociología y la economía se unen en la sociología económica y, aun más íntimamente, en la socio-economía. La historia y la sociología se combinan formando la historia sociológica y la sociología histórica.

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Si alguien menciona una disciplina totalmente aislada, que no forma parte del sistema de las ciencias, esto indica que no es ciencia genuina. Una de las características de la parapsicología y psicoanálisis, etc., es que no se solapan con ninguna otra disciplina: están aisladas, no forman parte de la familia de las ciencias.

Otra condición es que ninguna de los componentes de la decatupla permanece constante. Es decir, van variando en el curso de la historia. Por ejemplo se van modificando desde luego las comunidades, las sociedades se van modi­ ficando, el dominio o universo del discurso de cada ciencia se va ampliando habitualmente. Por ejemplo, se restringe cuando una ciencia se subdivide en varias ramas. Otro ejemplo: se descubre nuevas cosas o se descubre que algo que se creía que existía, de hecho no existe. En todo caso, ninguna ciencia auténtica permanece constante. La ciencia perenne es una ilusión.

Ciencia formal y ciencia fáctica

Ahora quisiera hacer una diferencia radical entre dos grupos de ciencias: las ciencias formales principalmente la matemática, y las ciencias de hechos o tácticas. Desde luego que lo que voy a decir pertenece a una cierta filosofía de la matemática, la mía. Hay muchas otras filosofías de la matemática, pero de ellas no podemos ocuparnos en detalle ahora; puede ser durante el periodo de la discusión.

En matemática se da por sentado que los objetos mate­ máticos —tales como los números, las figuras, las estruc­ turas algebraicas y los espacios topológicos— existen de una manera muy diferente de la manera en que existen los objetos físicos, como existe este micrófono, o como existe alguno de nosotros. Los objetos matemáticos carecen de propiedades físicas: no tienen masa, no tienen carga eléc­ trica, etc. Carecen de propiedades biológicas: no están ni vivos ni muertos. Carecen de propiedades, sociales: no son prosociales ni antisociales.

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Los objetos matemáticos no cambian por sí mismos: son, como decía Platón, eternos. Esto no quiere decir que existan por sí mismos. Si uno es idealista, en particular platónico, dirá que sí, que la matemática preexiste a los matemáticos, así como las rocas preexisten a los geólogos.

Si adoptamos una posición realista, diremos que los objetos matemáticos son creaciones de los matemáticos. El día que deje de haber matemáticos, o al menos personas capaces de entender algo de matemática, dejará de haber objetos matemáticos. Pero eso sí, hacemos de cuenta o fin­ gimos, que los objetos matemáticos tienen una existencia propia y que sus características son independientes de la manera en que se los piense.

Por ejemplo, usted y yo pensamos seguramente el mis­ mo número 3 de manera diferente, porque nuestros cere­ bros, aunque son muy parecidos, tienen algunas diferencias. Sin embargo estamos ambos diciendo «estoy pensando en el número 3». Cuando alguien demuestra el teorema de Pitágoras pasa por un proceso mental diferente del proceso mental por el cual pasó el mismo Pitágoras o, mejor dicho, aquel miembro de la escuela de Pitágoras que demostró el teorema justamente famoso.

En resumen, hacemos de cuenta o fingimos que esos objetos matemáticos existen de por sí y no tienen propie­ dades físicas, biológicas, ni sociales. Dicho de otro modo, todas las propiedades de los objetos matemáticos son con­ ceptuales. De modo que la matemática (incluida la lógica) es la ciencia en que todas las propiedades son atributos (o predicados).

Totalmente diferente es el caso de las ciencias tácticas. Por ejemplo la física, la biología, la sociología y la historia se ocupan de hechos. Se supone que estos hechos ocurren, ya en el mundo exterior ya en el mundo interno, el mundo de la experiencia subjetiva. Es decir, estos hechos ocurren fuera o dentro de nuestros cerebros, los que son cosas concretas o materiales. Por lo tanto, estos hechos tienen propiedades físicas, biológicas, sociales, etc. En cambio, no

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tienen propiedades matemáticas, aunque en muchos casos se los puede representar matemáticamente.

Admitimos entonces dos tipos de existencia: existencia formal y existencia material. Por ejemplo, Euclides demos­ tró el teorema según el cual hay infinitos números primos (es decir números que no son divisibles por otros números salvo por ellos mismos). Acaso alguien pregunte dónde están esos números. Respuesta: en ninguna parte. Pero al menos ¿están en la mente de alguien? No. Nadie puede pensar sucesivamente una infinidad de números, ni primos ni com­ puestos. Se hace de cuenta que estos conjuntos, numerables pero infinitos, existen de por sí: son ficciones.

Los objetos matemáticos, según esta filosofía de la mate­ mática, son ficciones, no todas las cuales son pensables. Son pensables en principio, pero de hecho no lo son. Por ejem­ plo, podemos escribir un número tal como 10 elevado a la 10 elevado a la 10 elevado a la 10; pero no tenemos la capacidad de concebir un número tan grande como este. Sin embargo, nadie puede impedirnos utilizar ese concepto que no ha sido pensado y que no puede pensarse. Otros ejemplos: la recta infinita, o conjunto de todos los números, «reales», y la familia de todos los subconjuntos de ese conjunto.

En las ciencias tácticas se utiliza un concepto filosófico muy importante que es el de verdad. Este es el de la verdad de hecho, radicalmente diferente de la verdad de razón. (Esta dicotomía se debe a Pascal y Leibniz.)

La proposición «este es un vaso de jugo de papaya», es independiente de todo contexto teórico y de toda ideología: no es neoliberal ni socialista, católica ni atea. Está ahí el jugo de papaya: existe independientemente de que yo lo piense o lo beba.

En general, si afirmo que una proposición es verdadera de hecho, es porque hay un conjunto de hechos que son descritos adecuadamente, correctamente, más o menos exactamente por esa proposición. Estos hechos conocidos son el soporte empírico de la proposición de marras. En otras palabras, esta proposición será declarada verdadera si

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y solo si corresponde a esos hechos. Por ejemplo, si digo que “está lloviendo en este momento en alguna parte” (que no sea Lima, desde luego) esta proposición va a ser verdadera si y solo si de hecho llueve en alguna parte del mundo.

Luego hay hechos que están fuera de la proposición, pero a los cuales se refiere una proposición dada. En cambio, la negación de esta proposición será falsa si no hay ningún hecho que la apoye. Una vez que logro afirmar la proposición p, no-p queda excluida completamente. Con mayor razón queda excluida la conjunción de ambas, es decir, p y no-p. Este es un principio clave de todas las lógicas propiamente dichas. Sin él no podríamos hacer ciencia de ningún tipo, formal ni fáctica, básica o aplicada.

Sin embargo, hay que aclarar que lo anterior vale sola­ mente para las proposiciones precisas, que solo contienen predicados exactos. Si en cambio enuncio proposiciones imprecisas, tales como: «Fulano es más o menos bueno», o «Zutano es más o menos joven», estoy empleando conceptos imprecisos. En estos casos también puede valer la contra­ dictoria, tal como «Fulano de tal es más o menos malo».

El concepto de verdad, aunque central en las ciencias tácticas, en las técnicas y en la vida diaria, tiene muy poco que hacer en la matemática pura. En la matemática pura lo que importa es el concepto de deducibilidad: el saber si a partir de un cierto grupo de suposiciones iniciales (axiomas y definiciones), se deduce tal o cual teorema de acuerdo con ciertas reglas de lógica deductiva.

Endomoral de la investigación

Ahora demos un vistazo a lo que llamo la endomoral de la investigación, a diferencia de la exomoral, que se refiere a la responsabilidad social del investigador.

Quien primero investigó la moral inherente á la investi­ gación científica fue el sociólogo norteamericano Robert Merton, quien fundó la sociología científica de la ciencia en los años 30. Según Merton, los dos principios básicos

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MARIO BUNGí

de la moral de la ciencia básica son: la búsqueda honesta de la verdad y la participación en la propiedad colectiva de los conocimientos, o comunismo sistémico. Es decir, a diferencia de este jugo de papaya, que es mío —a nadie se le ocurra tomarlo— los conocimientos científicos son pro­ piedad común de la sociedad, son compartidos por quienes quieran adquirirlos o utilizarlos.

Por eso es tan importante la comunicabilidad, el he­ cho de que no haya secretos científicos. Justamente para asegurar la búsqueda de la verdad necesitamos libertad de investigación. No se trata de la libertad de propagar men­ tiras o de incitar a la gente a la violencia, sino de la libertad para buscar y enseñar la verdad. En la ciencia no podemos admitir otras restricciones que las restricciones lógicas y las restricciones empíricas, es decir, la necesidad de ajustarse a los hechos conocidos.

Ahora examinemos brevemente al concepto de seudocien- cia. Una seudociencia es un conjunto de ideas o prácticas que se presenta como ciencia aunque de hecho no lo es. Es decir, se la vende como ciencia pero no es científica. Por ejemplo, en una época la grafología fue considerada una ciencia. Hoy día ya nadie la toma en serio. Por ejemplo, los tribunales ya no recurren a grafólogos, porque saben muy bien que se puede imitar la letra y en todo caso la letra no es un indicador de personalidad.

Otra seudociencia, todavía muy difundida, es la para­ psicología. Esta es la disciplina que afirma la posibilidad de la transmisión del pensamiento, del conocimiento del futuro, de la telequinesis y de la comunicación con muertos. Es una mera superstición legada por la antigüedad. Pero es la única seudociencia en la que se hace experimentación. Sin embargo, los que han estudiado los experimentos parapsicológicos han encontrado que adolecen de una de dos fallas: o bien no hay gru­ pos de control o bien hay fallas de razonamiento estadístico.

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En todo caso, el estatus científico de la parapsicología se ve distinto desde dos perspectivas epistemológicas dife­ rentes. Por ejemplo, un empirista dirá que la parapsicología no está probada ni refutada: que lo único que podemos afirmar es que hasta ahora nadie ha logrado transmitir pensamientos, a menos que sea por fax, por teléfono, o de viva voz. De modo que debemos seguir experimentando.

En cambio, un epistemólogo realista y materialista afirmará que tales experimentos son una pérdida de tiem­ po. Razonará así: el pensamiento no existe de por sí, sino que es un proceso neurofisiológico. Por consiguiente, no se puede transmitir sin canales físicos, de la misma manera que no se puede transmitir un dolor de barriga, un latido del corazón o una emoción. Todos estos son procesos fisiológicos intransferibles, aunque por supuesto comuni­ cables por la palabra o el ademán. Por consiguiente, no es necesario esperar un número ilimitado de años para ver si alguien logra confirmar alguna hipótesis parapsicológica. Si alguien persiste en hacer experimentos, que los pague de su bolsillo.

Analogía: consideremos la proposición «Todos los hombres son mortales». Hasta ahora ha sido confirmada empíricamente: toda la gente eventualmente ha muerto. Pero un empirista podría argüir que esto no prueba la imposibilidad de que alguna vez, en alguna parte, existan seres humanos inmortales. ¿Qué contestaría un realista científico? Veamos.

En primer lugar, la hipótesis de la inmortalidad huma­ na es inverificable. En efecto, para confirmarla habría que esperar un tiempo infinito. Segundo, no hace falta esperar ese tiempo, porque los que investigan el proceso de enve­ jecimiento han descubierto una cantidad de mecanismos de envejecimiento. Por ejemplo, mutaciones, acumulación de sustancias tóxicas, apotopsis (muerte celular «progra­ mada» genéticamente), etc. Sabemos que necesariamente cada uno de nosotros va a morir, no exactamente cuándo, pero lo sabemos.

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Ahora voy a hacer una breve mención al psicoanálisis, que —junto con la homeopatía— es la más rentable de las seudociencias. En efecto, los psicoanalistas cobran por lo menos cien dólares por hora, mientras que los parapsi­ cólogos no hacen consultas (a menos que oficien como espiritistas).

Las hipótesis psicoanalíticas se pueden dividir en dos clases: las comprobables y las incomprobables. Entre las incomprobables está la hipótesis de la represión, porque según los psicoanalistas si uno no admite algo, por ejemplo si una niña no admite que su padre ha abusado sexualmente de ella, es porque ha reprimido ese recuerdo; y cuanto más se niega tanto más prueba esto la represión. Entonces, ¿cómo hacemos para refutar la hipótesis?

Otro ejemplo: la hipótesis de que todo varón sufre el complejo de Edipo. Si un varón ama realmente a su padre, los psicoanalistas dicen que el superyó del sujeto está re­ primiendo el odio. Cuando afirma que ama a su padre está probando que, en realidad, lo odia. La sola presencia de hipótesis incomprobables en el psiconálisis muestra que es una seudociencia.

Las hipótesis psicoanalíticas comprobables son en principio de tres tipos: las que han sido verificadas, las que han sido falseadas, y las que no han sido puestas a prueba. Yo no conozco ninguna que haya sido verificada. Una tras otra, las que han sido puestas a prueba, han sido refutadas.

Una de ellas es la hipótesis de que hay dos tipos de per­ sonalidad, la oral y la anal. Quien tiene una personalidad anal es disciplinado, serio y más bien introvertido; en cam­ bio, los sujetos con personalidad oral son despreocupados, indisciplinados y extravertidos.

Hace ya una cuarentena de años se probó que no hay ninguna correlación entre la personalidad y la manera en que al niño de corta edad le han entrenado los esfínteres. Otro mito freudiano es el del orgasmo vaginal. También este ha sido refutado hace una cuarentena de años.

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Uno de los mitos psicoanalíticos más absurdos y renta­ bles es la tesis de que todo olvido es debido a la represión. Los psicólogos científicos han descubierto hace un siglo que lo excepcional no es el olvido sino el recuerdo. Y en el curso de las últimas décadas se ha descubierto el mecanismo de la memoria: la formación de sistemas de neuronas activadas por algún acontecimiento. Estos sistemas se van formando y deshaciendo en el curso del desarrollo. No se nace con recuerdos: el cerebro del recién nacido es demasiado pri­ mitivo para formar recuerdos que no sean de impresiones muy básicas. En resumen, la hipótesis de que todo olvido se debe a la represión es incompatible con la psicología experimental y la neuropsicología.

Esto no quita que no exista toda una industria: la tera­ pia de los recuerdos reprimidos. Este negocio, hasta hace poco floreciente en los EE.UU., se ha desinflado en años recientes. El negocio consiste en lo siguiente. Una persona, por lo común una mujer, acude donde una psicoanalista porque tiene algún problema psicológico. Puede ser que el o la psicoanalista le diga:

Lo que ocurre es que su padre ha querido o ha lo­ grado violarla cuando usted era chica.

¡Oh no, de ninguna manera! Yo me llevaba bien con mi padre, quien siempre me trató con cariño y considera­ ción.

No, lo que pasa es que usted ha reprimido ese re­ cuerdo. Yo voy a ayudarla a recuperar ese recuerdo repri­ mido.

El mago o la maga «ayuda» a la paciente incauta con hipnosis (sugestión), y con drogas tales como embutal si es necesario. Finalmente, ocurre una de dos: la paciente abandona el tratamiento, o termina admitiendo que sí, que su padre la violó. En este segundo caso el mago o la maga ha logrado implantar un recuerdo ficticio. En psicología experimental es cosa sabida que se puede injertar recuerdos. Dicho sea de paso, uno de los primeros ejemplos que aparece en la literatura no científica figura en La guerra y la paz de

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M A R I O B U N G E

Tolstoi, escrita hace más de too años. En esta novela una chica le injerta un recuerdo a su amiga.

En todo caso, en los EE.UU. ha habido algunos juicios espectaculares, en los cuales mujeres han acusado a su pa­ dre de haberles arruinado la vida por haberlas violado en su infancia. El único testimonio exhibido era el testimonio de un psicoanalista. La presunta perjudicada entablaba un juicio a su padre. Este era encarcelado y quedaba arruinado, y su familia quedaba desmantelada, etc. Finalmente, los tribunales de California han decidido que no van a aceptar más ese tipo de testimonio de psicoanalistas. Existe, ade­ más, una Fundación para el estudio y la denuncia de esta industria.

Nada de esto implica que en algunos casos haya habi­ do incesto. Pero esos casos han sido descubiertos de una manera muy diferente. Han sido verificados por testigos y visitadores sociales. No se ha recurrido a sugestión ni a drogas, nadie ha injertado recuerdos. Bueno, en todo caso, si hay interés podremos volver al psicoanálisis cuando nos ocupemos de la Psicología.

Ciencia básica y ciencia aplicada

Hay ciencias básicas, hay técnica, y en el medio tenemos las ciencias aplicadas, por ejemplo la farmacología, la toxico- logia, la criminología, etc. Estas disciplinas buscan verdades, lo mismo que las ciencias básicas. Pero las verdades que buscan son de posible utilización práctica, de posible valor práctico. Ejemplo, la investigación de productos naturales en química, bioquímica y farmacología, con la finalidad de ver si algunos de ellos podrían utilizarse en la industria farmacéutica.

La definición o caracterización de una técnica es parecida a la caracterización de una ciencia. Pero hay un componente adicional, de modo que tenemos una endecatupla. El undéci­ mo componente es un conjunto de juicios de valor. El técnico, a diferencia del científico, asigna valores a todas las cosas.

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CIENCIA, TÉCNICA Y EPISTEMOLOGÍA

Para un biólogo vale tanto, en principio, un mosquito como un elefante. En cambio, para un epidemiólogo norma­ tivo los mosquitos son disvaliosos, y para un técnico forestal los elefantes son una plaga. Para un ingeniero, las estrellas no tienen el menor valor. En cambio, tal vez la Luna pueda alcanzar algún valor, ya que tal vez podamos enviar mineros a la Luna y traer minerales de ella.

En cambio, las estrellas y el pasado de la humanidad no tienen el menor valor para un técnico, porque él se propo­ ne modificar la realidad. Mejor dicho, se propone diseñar aparatos o procesos capaces de cambiar, sea el curso de la naturaleza, sea las acciones humanas. De modo, pues, que para el técnico el conocimiento es un medio, un instrumento para hacer, o para permitir que otros actúen guiados por esos diseños o esos planes.

Naturalmente, la técnica moderna se apoya sobre la ciencia moderna, pero no sobre toda ella. La mayor parte de la ciencia, empezando por la matemática, no es inme­ diatamente relevante a la técnica. Por ejemplo, el diseño y la fabricación de armamentos le deben poco a la ciencia básica, aunque ese poco sea indispensable.

El técnico original, en cuanto diseñador de artefactos, procesos u organizaciones, tiene ideas nuevas. No le basta con exprimir a la ciencia: usa algo de ciencia, pero tiene que agregar investigación e imaginación.

Exomoral de la técnic a

Desde el punto de vista ético, es interesante observar que la técnica tenga la misma endomoral que la ciencia básica. Pero también está sometida a lo que yo llamo exo- moral, es decir a exigencias sociales. Se da por supuesto que el técnico debe ajustarse a la verdad, buscar la calidad y no debe engañar a su cliente. Todas estas exigencias figuran en los códigos de ética profesional.

Pero estos códigos son incompletos. En efecto, en una sociedad mínimamente justa el técnico tiene obligaciones

Referencias

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