LA ALFARERIA
TUROLENSE DE CALANDA
..
y HUESCA DEL COMUN
por Mar(a Isabel Alvaro Zamora
Tinajamanual Calanda (ParadorVillarluengol.
Trata r de Calanda y Huesa del Común es refer irse a los dos únicos alfarestrad iciona les acti vos que toda- vía quedanen Terue l, además de la producció n cerám ica de la prop ia capita l. Es tamb ién aprox imarnos a dosproduccio nesalfa rerasdife rentes que nos ilust ran acerca de la canta- rerí a manual turolense en el primer caso, y sobre su canta rer ía de torno en el segundo, siendo por su parte
Calanda el único centro de su espe- cialidad que perman ece aún vivo en todo Aragón. Ambos alfa res se en- cuent ran enlo s momentos finales de su desarro llo, peligrosamente próxi- mos a su extinci ón si nada loreme- dia,conclusióna la que se puedelle- gar sise tieneen cuentala edad avan- zada y pron ta ju bilació n de susúlti- mos represe ntantes.
Calanda se sitú aalnortedela pro-
vincia de Teruel,en la zona del Bajo Aragón, muy próxima a Alcañiz,y en la'confluencia de los ríos Guada- lope y Guadalopillo. Ha sido y es centro alfarero en una zona tradi- cionalmente rica en produccióncerá- mica, como lo prueban las ya extin- guidas producciones de Foz (tam- bién manual). de Alcañizy de Aleo- risa (cantarería de torno y ollería en ambos casos), por mencionar únicamente algunos de los ejemplos más cercanos. Es, desde luego, eje principal de la que he denominado cerámica "ti po Calanda" que con unas características técnicamente si- milares se hacía tanto en la villa de este nombre como en el antes men- cionado Foz, pueblo muy próximo a aquél. Producción repetidamente cantada por las coplas popularesque nos recu erdan aún un pasadoen gran parteperdido (1). aldecir :
"El Alcor isa pucheros en abun- dancia / en Foz fabrican los cocios / y en Calanda las tinajas",o también:
"En Calanda venden cocios,/ en Al- corisa pucheros, / en Alcañ izbuenas mozas, / y en Caspe buenos saleros".
Además esta producción ha sido repet idamente mencionada por viaje- ros e histor iador es, desde Antonio Ponz (1788) a Pascual Madoz (1849) o Pedro Prunecla (1866). los cuales, y especialmen teel segundo, han elo- giado la calidad, duración y est ima de sus barros.
Sin embargo este prest igio viene de muy atrás y su producción tiene unas raíces mudéjares,que podemos sin duda constatar de nuevo en la propia fiesta de los cantareros, con- servada hasta la actualidad y en la que los mismos cantaban a su patro- no San Bias, diciéndole (2): "...San Bias de Sabaste / que de Sabaste has andado / y has venido a Calanda / a convertir los del Barrio. / Los del Barrio convertidos, / por la mano delSeñor...",
Esto nos prueba la situac ión de los obrado resen elbarrio de los mo- riscos, y por tanto el origenmedieval mudéjarde esta producción ,asentada a su vez sobre una tradición muy an- terior.
Porot ro lad ola cantarer ramanual de Calanda se inscribe en una más amplia representació n que de este tipo hubo en Aragón y que estuvo extend ida por ot ros cent ros de Te-
Fig. B CALANDA: a) Rollo. B) 1: Mozo; 2: Molde.
Dibujos: María Isabel AlvarolZamora.
ruel (los de Gea de Albarracrn,Cabra de Mora, Cantavieja, Mora de Rubie- los y Rafalesl, en varios de la de Za- ragoza (Sestrica, Illueca, Jarque y Tierga) de los que tenemos datos do- cumentaies de arHfices mudéjares a lo largo del siglo XV (31. Yen algu- nos de Huesca (desdeSarsamarcue llo, Abiego, Cuatro-Corz, La Puebla de Castro, el más improbable de Alcam- pel y el recientemente dado a cono- cer de Nueno). Entre estos últimos centros oscenses y Calanda existió una evidente relación que no sólo es clara desde un punto de vista técnico y formal (formas y decoraciónde las piezas), sino también humano, pues como ya señalé en otra ocasión, a través de las encuestas y trabajo de campo he podido co nst at ar que al menos en parte del siglo XIX y XX la producción oscense de Sarsamar- cuello era realizada por cantareros de Calanda que trabajaban all ( la mitad del año y se dedicaban perso- nalmente a la venta de su obra en el resto del mismo (4).
Este dato nos puede señalar tam- bién la amplia expansión de la pro- ducción de Calanda, que no sólo di- fundió su obra mediante la venta sino también mediante la emigración de los componentes del oficio. En cuan- to a la irradiación por venta llegaban por el sur hasta Teruel capital, porel oeste hasta la zona de Sestrica, en clara competencia con la producción manual de esta área zaragozana, y hasta la propia Zaragoza y pueblos cercanos, en tanto que por el norte lo hacían hasta Huesca e incluso Jaca.
Pero hablemos en finde la propia producción de Calanda extinguida y viva.Sobre la misma nos aportóda- tos el último cantarero de Calanda:
Pascual Lavartas,A sus años ha visto muchas cosas que aún recuerda, como que hasta 1936 hubo por lo menos unos 18 cantareros activos, número al que habrra que añadir el de sus propios familiares que les ayudaban como decoradores y apren- dices, en una producción que tuvo siempre un carácter esencialmente fa- miliar . De todo ello no nos queda hoy sino Pascual Lavadas, ya con más de 70 años,con el que presumi- blemente habrá de extinguirsela can- tarerrade Calanda.
Toda la producción se concentró en el barrio denominado "de Canta- reros", sito en la calle del mismo nombre, área en la que se situaron obradores y hornos.
La tierra y su manipulación
La arcilla local de buena calidad , tradicionalmenteempleada,se ha id o agotando y porello Pascual Lavarras ha tenido que ir a buscarla de otros lugares más alejados,como la partida
conocida como "Val de la Piedra" o las proximidades de la central eléctr i- ca que suministra fluido a Calanda.
Acarreada hasta la explanada ante el obrador,sela triturabasucesivamente pasándole un "ro llo" (fig. A) ocilin-
Fig.A
dro de piedra con dos enganches de hierro laterales, que tiradopor una ca- balleda "arrollaba" repetidamente la tierra hasta su desmenuzamiento to- tal. Esta labor era seguidamente de otra de "porgado" con un cribillo, por la cual se eliminabanotras impu- rezas, depositando la arcilla en un montón en cuyo centro se abr Ia un hueco en el que se echaba elagua con la que se harCa elbarro ,tras una doble labor de "pisao" y "so bao"
(con los piesy las manos respectiva- mentel. Todo este trabajo ha sido simplificadoen los últimosaños,sus- tituyéndolo por la mezcla de agua y tierra y realización del barro en dos' pilas situadas en el interior del obra- dor, lo que es seguido de un amasado en el "sobadero" y el depósito final delbarro, bien tapado, en un rincó n oscuro y húmedo delobrador.
La fabricación de las piezas:
el urdido
La técnica de trabajo empleada en Calanda sigue el procedimiento de modelado manual mediante tiras de barro o urdido, y dentro de él, del modelado "con movimiento", que a diferencia del modelado "estático"
en elque el alfareroestá quieto mien - tras realiza la pieza, requiere el que éste se mueva en torno a la misma en tanto dura elproceso de su reali- zación.
Para esta labor los canta re ros de Calanda han contado con unos útiles imprescind ibles, en primer lugar la mesa de trabajo o alto cilind ro de barro, ligeramente más ancho por su base y con escotaduras laterales que permiten su traslado de un lugar a otro,que recibió el nombrede "mo- zo" (fig. B-1). Sobre el mismo se coloca el "mold e" (fig. B-2), espe- cie de plato redondo de tres patas fabricado por lo s mismo s alfa re- ro s en barro cocido, sobre el cual se modelaba la pieza, variando su diámetro según el tamaño de
la vasija a realizar y sirviendode base a la misma, que permitiera trasladar- la sin deformarla, hasta la colocación de ésta en el horno para su cocción. Por eso el número de "moldes" en un obrador tenra que ser alto, por lo menos tantos cuantas piezas com- prendieran unaho rnada.
. Instrumentosno menosim prescin- dibles eran las paleta s y broqueles, ambos de madera . La paleta ancha y plana tieneunmango que perm itesu sujecc ión fácil.Elbroquel,de dist in- tos tamaños, presentatambiéncoge- dor y forma semicircu lar.La manera de trabajar por urdido es a la vez, compleja y simple; se inicia en cualqu ier vasija por hacer su base o
"c ulo" medianteun puñado de barro, sigue preparando unas gruesas tiras del mismo materialo"m arreles" que elalfarero lleva apoyadas en el hom- bro en tanto las pega concéntrica- mente (" m arrelar") sobre dichabase, de modo que elabo ra una primera parte de la pared queacont inuación
"pega" con los dedos y pasa después a "paletear" llevand o en la mano iz- quierda y por el in terio r el broquel y en la mano derecha y por el exterior la paleta, labor que realiza marchan- do hacia atrás y dando constante- mente vueltas en torno a la pieza,de modo que puede ver la labo r hecha a la vez que va dando formayconsis- tencia a la pared.Esta técnicade tra- bajo requiere fasesde descansoint er - medias (qu e se llam an en Calanda
"veces"), que permite n que elbarro se oree y adquiera fuerza suficiente para poder asen ta r nuevas tiras de barro yrepe tir lalabor hasta configu- rar tota lme nte su forma . Hecha.la pieza "en basto" y dada la forma a
"la red o nd a" (se llama asealensan- chamiento esféricocent ra l),se coloca la boca,se ponen las asas,silas hay, y se alisay concluye lapared .A esto sigue la decoración decualqu iertipo . El número de "veces" que prec isa una vasija varea n en relación con el tamaño de la misma, alternándose norma lmente la confección de varias piezas de vez, para no desperdiciar las horas de trabajo .
2 3
4
Fig.C. - Pro ducción deCalanda.
1. Cántaro(puedetenerdecorac ión).
2. Botejó n decampo.
3. Med;ocántaroojarra grand e.
4. Tinaja.
Dibujos : María Isabel Alvaro Zamora.
La pro ducción de Calanda
La producc ión últ ima de Calanda oscila entre dos tipos de piezas, las tradic ionales y las nuevas, habiendo aú n otrasquesehan idoeliminand o por su dif icu lta d o más diffcil ve nta a lo largo sobretodo elsiglo actual.
Dentro de las primeras destaca la
"perrets", amodo de pequeñatina ja de panza marcadamen te esféri ca y boca con rebor d e plano, cuyo uso prefe ren te era el de guard ar ace i- tunas.
El cántaro (fig. Cvl], igualmen- te globular (forma que se relacio- na con el propio proceso técni·
ca) tien e cuello diferen tec iado , algo exvasado y dos asas planas que asientan en forma de espá- tula. Se hac ra en tres tamaños:
grande, artillero y centerico. El rallo o botijade rallo, se dif erencia delanter io r en que añade rallo en la boca y pit orr overt edor en el centro alto de su panza, siendo la versión caland ina del bot ijo aragonés. El
botejó n de campo (fig. C·2) en la Irnea delos dos ant eriores,se diferen·
cia por present aruna formaestilizada.
El medio cántaro o jarra grande (fig.C-3)es una especiede jar ra con vert edo ry un asa,cuyacapacid ad de cinc o litroses la mitadde un cántaro (10Iitros].
Ent re las piezas más grandesestán lastinajas(fig.C-4) que en los tarna- ños grandes quie br an su pared mos- trando las etapas de su fabricac ión , pudiend o tener enalgunos ejemplares ant iguos tres o cuatro asitas ornamen- tales a la altur a de la boca(lám, 1).
Los cocios, cuezos o coladores fue ron también globulares, de base estrecha, boca ancha y orificio infe- rior, siendo su uso elde colado de la ropa. De acuerd o con su tamaño, de mayo r a menor, recibier o n distintos nom bres: derrisl, dececheno, cocico, peñelero , berre ño yraboso,empleán- dose este últ imo para fregar los pla- tos. EIlebrillo es elterrizo trad ic io- nal hecho en dos tamaños:grande y
pequeñoorebosico.
De esta producción tradicional han desaparecido en la act ualida dlas últimas formas: tinajas, coc ios y le- brillos. PO f otra parte entre la obra nueva sobresalen : las án foras, muy estilizad as y em parentadas co n la forma tfpica de sus cánt aros. La boteja redonda o de tractorista, a mod o de botijo-boin a achatado, que aún derivando del botijo levan- tino, se ha modificadoyemparentado co n la form a globular, constante en este alfar. Los morteros, ierricospe- queños, soportes para jarras ocánta- ros, bebederos y comederos de ani- males, además de los "marcianos", vasijas antropomorfas con los distin- tivos sexuales, de más bien dudoso gusto aunque de bast ante demanda comercial.
La decoración de las piezasesde diferentes tipos. La ornamentación pintada usa del óxido de manganeso (antes venra de la mina de Crivillénl, y se aplica mediante pincel-peine doble o trip le,que da lugar a anchas bandas onduladas y horizontalesde
las que salen chorretones más o me- nos acusados. La decoración incisa actual (con instrumento fino y pun- zante) se basa en rayas o zig-zag sobre todo, viniendo hoya sustitu ir a otra fórmulamás antigua de deco- ración estampillada a base de caña recortada que marcaba so b re el barro pequeños crrculos discontinuos. Sin uso actual ,fue no menos trad icional el empleo de cordones digitados o con uñadas,querefo rzab an y decora- ban las piezas, siendo sobre todo H- pico de las grandes tinajas elque se combinaran las tres modalidades de
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Fig.O.
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ornamentación pintada,cordonada y estampillada con cañas (as( grandes tinajas fechad as en elsiglo XVII del Museo Prov inc ialde Bellas Arte s de Zaragoza).
El hornoylacocción
En la actua lidad ya no queda en Calanda ningún horno en pie. Hace unos años (en 1976) todavralo s ha- bra, aunque PascualLavarras no lo s empleaba ya porel deter ioro en que se encont raban (fig.O). Lo más desta - cado delHorno de Calandaerasuforo. ma circular por el inter io r y exterior, su construcción de adobe y piedra, sus dos cámaras, tiro vertical y la bóveda fija ,abierta por un a solachi- menea central, nota que habrta de ser modificada en lo s últ imos años por el propio Lavarfas que abrió otras aberturas en derredor para fa- vorecer el tiro. La cochura fue co- munal (d e ello nos da id ea elgran
tamaño de lo s horn o s), de manera que cada alfarero dist ingu(a su obra de la de lo s demás por una marca particular consistente en unas pince- lad as de color en las asas. Hoy Lava- rras marca sus piezas con un cuño con susiniciales: P.L.
El horno se cargaba fo rm and o
"pilas" o rimeros, poniendo las pie- zas más pesadas debajo y las más li- geras arriba, y relle nan do el interior de las primeras de vasijas menores (ést as se cocran al "b añ o Marra" }, a la vez que entre unas y otras seco- locaba un relleno de "casco s" , que evitara que se tocaran y favoreciera su asien to .
La pincanteríade torno de Huesa del Común
Huesa del Común (5) se sitúa tam biénal Nordeste dela prov inciade
Teruel, ju nt o al reo Aguas Vivas y en elpiedemontede la Muelade Ana- dón (Sistema Ibérico ). Como Calan - da, Huesa constituyó una de las pro- ducciones alfareras más destacab les de Teruel, tanto por la persona lidad y belleza de sus formas, cuanto por la extensión de su gran volum en de producc ión .Pero como all(o en tan- tos otros centros, hoy queda el re- cuerdo , aún vivo , en la persona de su últ imo repr esen tante:PabloBene - dicto Ayet e , el mismo que nos da not icia de la ex iste ncia antes de la guerra civil de unos nueve o diez obradores activos, en una act ividad que también él abandonó en 1970 para vol ver al oficio de nuevo en 1977. Su ob rador está situado en las afuerasde la localid ad , en lo que fue su barr io alfarero ("Las Olle- rras"). donde se sitúa su horno, de·
pend encias de trabajo y almac ena - mientode obraylaexp lanada.
Cántaro Huesa del Común."
La tierra y la elaboración del barro Las tierras empleadas en este al- far procedían de dos zonas deltér- mino : "La Salad illa" y "El Val", usándose también otra del término de Muniesa, cogida en "Los Terre- ros" (6). Pero a diferencia de otras cantarerías de torno tradicionales , en Huesa no se emplearon balsas sino un procedimiento de hacer el barro similar a Calanda y ot rosceno trosde obra manual. Se usó sucesiva- mente el "rollo " de piedra, el "pur- gadero", colocando la tierra en un montón , echándo le en el centro el aguay haciendo con amb osel barro.
El "pisao" y "sobao" sucesivoscomo pleta r tan la labor.
El torno y la producción cantarera Se usa en Huesa el tornotradicio-
nalde pie (la"ru eda"). de dos discos y eje vertical, ambos en madera.En éste semodelaban las piezas,tornean- do prime ro su panza hast a elarran- quedelcuello,dejando orear la pieza después y pegándo le más tarde la boca previamente hecha por el alta - rero en el torno . Para finalizar la misma se lecolocaban las asas, pito- rros, etc. en el caso de que la pieza lo requiriese.
La producción cantarera (7) está basada en las siguientes formas. El cántaro[lám.2) que se hizoen dos tao maños:grande ypeq ueño (unos dieci- séis litros respecti vamente
l.
tor neán- dose todavíaun tercero,denominado cántaro de vinoomediocántaro, que tal com o indicasu segunda acepc ión erade cincolitrosdecapacidad.En todos aparece la formatrpica delcántaro de Huesa,repetidacomo por mimetismo en elresto de las pie-
zasde su producción,de perfil ovala- do, con base estrechaycuellovertí- cal con boca aún más cerrada, de donde parten dos asas altas, peque- ñas y redondas. Esevidente la abso- lutafuncion alidadde losmismosque se adaptan perfect am ente al hueco entreel brazo y la caderade lamujer que losacarrea desde la fuente, pu- diendo igualme nte mant enerse sobre su cabeza o permit iend o ser cogidos con facilidad pasando dosdedospor lasasas, ase estaba calcu lada laposibi- lidad de acarrear con aguahasta cin- co cántaros cada vez.
El botijo por su part e repite la forma del anterior, aunque su tarna- ño sea menor.Se hacfaen tresmedio das: grandeoalforjero (treso dosli·
tros), mediano V pequeños (entre un litroo menos, difere nciándose de todos los ant eriores por tener sólo un asa ycarece rde decoración ). Los botij os más gran des podían incorpo- rar un pitorroopichelen la zo naalta de su panza, co noc iéndose entonces con el nombre de "botijo de cho-
rro", lo que permiHa beber direct a-
mente de él.
Labotijaes una variantedelante- rior, manteniendola forma vistahasta ahora,y difiriendodel botijopor laano"
chura de boca,ligeramente mayor.Sus variantes más co nocid as son labotija de rallo (fig. E), que añade un cedazo
Fig. E. - B allo de Huesa delComún.
con seisagujeros cerrándole la bóca por elinterio r, y labotijacon rallo V pichel que incorpora,como el botijo de chorro, un vertedor alto. Final- mente, algo distinta era labotija de torre, hecha en tamaño pequeño, con vertedor también y la conclusión de su cuellosuperioren forma cerra- da y apuntada,puesta en coneordan- cia con los pequeños apéndicesque se pegan vert icalmente en la parte alta de sus asas. Es en este caso, una botijacasera,que une lo funcional y lo decorat ivoen su perfil.
Se hacen también: macetas, alar- gadas y altas, algún botijo de tipo
de lacochu ra yque se complet acon ot ros seis pequeños agujeros lat era- les, dispuestos rad ialment e. Elcomo bust ib le habitualmenteempleado era el monte bajo , recogid o por losmis- mos alfare ros.
Ellos también vendfan su pro pia producción llevándola co n caballerfas porlos pueb los, por el nortehast ala provincia de Zaragoza (Moyuela y Azoa ra) y haciael sureste hast a gran parte delos pueblos de su provincia, inclus o la zona del Maestra zgolirnr- tro fe con Caste lló n.Aqufy en otras zonas ent rarfa en competencia con las producciones locales, extendi én- dose en la última época aprovech an- do la desaparición de mucho sde los alfa res turolen ses deest a área.
Notas bibliográficas
(1) Marra Isabel Alvaro Zamo ra:Alfare·
rfa popu lar aragone sa. Libros Pó rti- co. Colección Estudios.n.? 6.Zara- goza , 19 80.pág.15.
(2) Angel L.GonzalvoVallesp (:Lafiesta de las cantarerasdeCala nda.Rev.Te- ruel,4.BoleHn In formativo delaDi·
putación Provinc ial.Teruel.Octubre- dic iembre(19 84) . pdgs.3941.
(3 ) Marra Isabel Alvaro Zamora: Pervi - vencíastécnicas y ornamentalesde la cerámica medievalmudéjsrenlaal fa·
rerfa aragonesaposterioral1610.Co-
municaciónpresentadaalII Coloqu io
Internacional de Cerámica Medieval delMediterráneoOccidental.Toledo.
2-7noviembre1981 En prensa.
(4) Idem,op,cit.,1980.Cap,· 1.pdgs.33 Vsigtes.
(5) Idem, op.cit., 1980.Cap," 11,págs, 60Vsigtes.
(6) Francisco Burillo Mozota: Laettere- r(a de Huesa del Común. Teruel,
198 3,pdg.10.
(7) M,1. Alvaro,op.ctt., 1980.VF,au. rillo ,op.cit.,1983.
(81 ld em,op. cit.,1983.
Fig. F.:-
ll ón), en lo refe rente al uso de enqal- bas nat ur ales, ricas en óx idode hie·
rro (en algunos cent ro s sustit uid as por manganeso), sibienen elsent ido for mal adopta una forma person alr- sima como es la de los "ramo s o alas" V bandas ondu ladas que carac- terizan su obra ant igua.Este aspecto decorativo yel uso del pince l-peine se relacion an pues con una posible cont inu idad de una producc ión an- terior, ibérica, de la que el arqueó- la go Franc isco Burillo ha encont rado restos ensu término (8). El también plantea la existenc ia de una produc- ción de oller fa, hace mucho tiempo desaparecida (nadie la recuerda), que estarra justificada por el hech o de conocerse lo s obradores de Huesa
aún hoy como "Las Ollerras" y por elhallazgo de escombrerasconfrag·
mentos de vidri ado plumb(fero ver- doro, en algunos fragmen tos unido atrazos decorat ivos rojizos como los de su canta rerra. Se trata- ra de una oller fa que está ,pues,aún ,por est u- diar.Otraproducc iónant igua sertala de tejas y qu izás la de "perillanes"
(c ristos modelados de barro, en los que por su aparició n en otraszonas, habrra que precisar si son una pro- ducció n local o su hallazgo corres- ponde únicame nte al testimonio de un ritoreligioso).
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Dibujo: Marfa IsabelAlvaro Zamora, 1976.
El hornoyla cocción
El aqufusado escua drangularpor fueray circularpor el interior, de pie- dra y ado be , con refuerzos en lases- qu inas (fig. E).De do ble cáma ra y tiro vertical, tienebóveda abierta med iant e gran chimenea circular cen t ral, que se cierra mediante "cascote s" antes levantino, de forma menos habitua l,
tuberfas para agua,cilfndr icasy enea- jables por muescas, huchas (co n el trpico "Rec uerdo de Huesa" ) y lo que se llaman jarrones, que no son sino una variante del tfpico perf il de sus cántaros encajadaa este nuevo uso. Toda esta producciónenumera- da alfina l,asrcomo elpropiobot ijo de torre, parecen ser una incorpora- ción reciente a su producción más antigua (q uizás a part ir del siglo XIX), pues lo más tradiciona l pare- cen haber sido: cántaros , bot ijos V botijasde rallo.
La decoración
Huesa se caracteriza por emplear un tipo de decoración pintada,obte- nida medianteel uso de una engalba localo tierra natural rojiza(óxidode hierro). procedente de un cabezo próximo al alfar, la partida de "La Val", Desmenuzada V diluida en agua, se aplica sobre la pieza cruda V va oreada, empleándose para ello un pincel-peine, instr umento sencillo V rudimentario, hecho por los pro- pios alfareros , consistente en un cuadrado de madera alque se atan cuatro pince les, cortos , fabric ados a base de pelos de cola de caballo.
Conéste traza la mujer de Pablo Bened icto (Vsiemp re mujeres) lade- coración , a base de bandas hori zon- tales rectas u onduladas [asr en el cuello Vasas de las vasijas, Ven la panza alta de algunas piezas, como los botijos grandes V medianos V bot ijas de rallo), las "alas" o "ra- mos" , situados en el frente de al- gunas piezas, en número de dos o tres según su capacidad (as( en can- taras y botijos grandes de chorro) , motivo este último que se logra pa- sando el pincel-peine verticalmente , de modo que deje cuatro trazos coro tos Vcurvos, Y rematando este mo- tivo por debajo mediante una rúo brica corta, lograda por el apoyo exclusivo del primero de dichos pino celes.
A estos motivos tfpicos seha uni- do el trazo de "espigas" (un ejever- tical con trazos cortos )en piezasde introducción másrecient e, comorna- cetas ,botijosde torre o jarrones.
Esta engalba una vez cocida ad- quiere uncaracte rfstlcocolor rojizo- terroso o anaranjado , suave, que se acopla perfecta mente a la tonalidad rosad a-pejiza-amarille nt a delbarro de Huesa ya usado, expo nente de la atract iva belleza de esta senc illa rna- teria.
La decoració nde la obra de Huesa delComún se conecta con la forma de la ornamentac ión pinta da de Ca- landa y Tronchón en Teruel, asf como la de la alfare rra de Priego (Cuenca). La Galera (Tarragona) u Olocau del Rey y Traiguera (Caste·