LAS MARAS EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN DEL TRIÁNGULO DEL NORTE
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA
FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES INTERNACIONALES CARRERA DE RELACIONES INTERNACIONALES
BOGOTÁ D.C JUNIO DE 2019
LAS MARAS EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN DEL TRIÁNGULO DEL NORTE
MARÍA ALEJANDRA GARCÍA RINCÓN
PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA
FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y RELACIONES INTERNACIONALES CARRERA DE RELACIONES INTERNACIONALES
BOGOTÁ D.C JUNIO DE 2019
TABLA DE CONTENIDO
Introducción 5 Capítulo 1: El proceso de integración de la región
Triángulo del Norte
1.1 ¿Qué es la integración?
1.2 Trayectoria histórica de los procesos de integración 1.3 Triángulo del Norte 1.3.1 Alianza para la Prosperidad del Triángulo del Norte 1.4 Estados Unidos como participe en la región americana Capítulo 2: Dinámicas de seguridad y desarrollo al interior
del Triángulo del Norte
2.1 Conformación de las dinámicas de seguridad en Centroamérica
2.1.1 Guatemala 2.1.2 Honduras 2.1.3 El Salvador 2.1.4 Estados Unidos en Centroamérica 2.2 El giro de los noventa
2.2.1 El Proceso de difusión de la violencia a mano del crimen organizado: El Salvador
2.2.2 Estados Unidos en el Triángulo del Norte 2.3 Seguridad o desarrollo Capítulo 3: Las maras en el Triángulo del Norte 3.1 ¿Qué son las maras?
3.1.1 La Mara del Barrio 18 (Barrio 18) 3.1.2 Mara Salvatrucha (MS13) 3.1.3 Conjunto
3.2 Relevancia de las maras en el proceso de determinación
de las amenazas reconocidas como comunes en la región 3.3 Respuesta regional a las maras
3.3.1 Plan internacional de operaciones simultáneas 3.3.2 Plan Regional para el Combate a la Criminalidad
Organizada Transnacional en los países del Triángulo del Norte de Centroamérica
3.4 Alineación Estados Unidos
4. Conclusión 5. Bibliografía
12 12 13 17 19 20 22 22 22 24 25 26 27 27 29 34 36 36 36 37 38 39 43 44 45
46 48 50
TABLA DE SIGLAS
B18: Barrio 18
BID: Banco Interamericano de Desarrollo
CARSI: Iniciativa Regional de Seguridad para Centroamérica
CICIG: Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala
EE. UU: Estados Unidos de América
FAR: Fuerzas Armadas Rebeldes
FMLN: Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional
IICA: Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura
MACCIH: Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras
MS13: Mara Salvatrucha
ODECA: Organización de Estados Centroamericanos
OEA: Organización de los Estados Americanos
PAPTN: Plan Alianza para la Prosperidad del Triángulo del Norte
SICA: Sistema de la Integración Centroamericana
TdN: Triángulo de Norte
UNODC: Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito
5 INTRODUCCIÓN
En la trayectoria histórica del proceso de integración del Triángulo del Norte de Centroamérica se vislumbran dinámicas de seguridad y desarrollo que han moldeado su consolidación.
En la actualidad, más allá de los conflictos político-sociales, de las crisis económicas y humanitarias y del terrorismo se encuentra el crimen organizado, un reto contemporáneo de gran complejidad, que se ha instaurado en las sociedades logrando impactar diversas esferas de un país. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito un grupo criminal organizado está conformado por
Un grupo de tres o más personas que no fue formado de manera aleatoria; Que ha existido por un periodo de tiempo; Actuando de manera premeditada con el objetivo de cometer un delito punible con, al menos, 4 años de encarcelamiento; Con el fin de obtener, directa o indirectamente, un beneficio financiero o material. (UNODC, 2018)
Pese a carecer de tendencia política, el crimen organizado sí logra permear la política de un país y hasta de una región. (Milian, 2008, p. 6). “[I]ncluye todas las actividades criminales serias con fines de lucro y que tienen implicaciones internacionales” (UNODC, 2018). En la mayoría de los casos, el fenómeno se ve presente en Estados con falencias institucionales y que carecen de capacidades para proveer seguridad lo cual les da mayor libertad para ampliar su alcance. Dicho alcance le ha dado la categoría de transnacional, es decir que refiere
[N]o sólo a ofensas cometidas en más de un Estado, sino también a aquellas ofensas que tienen lugar en un Estado pero que son llevadas a cabo por grupos que operan en más de un Estado, así como delitos cometidos en un Estado pero que tienen un impacto substancial en otro Estado (UNODC, 2018).
Ejemplo de esto es América Latina y el Caribe. A partir de los años 90, la criminalidad, el contrabando y el tráfico de armas y personas fue aumentando; en la mayoría de los casos, el crimen organizado se ve presente en Estados débiles con falencias institucionales, incapaces de garantizar el cumplimiento de la ley, de asegurar el bienestar de la población y de brindar seguridad (Arias, 2006). Particularmente, una región que encaja con las características
6 mencionadas anteriormente es el Triángulo del Norte, un área geográfica constituida por El Salvador, Guatemala y Honduras. Con el aumento en el índice de violencia y criminalidad tras la llegada y asentamiento del grupo criminal maras en 1994, la zona se ha convertido en un referente de análisis sobre el fenómeno, en concreto, la Mara Salvatrucha o MS13 y Barrio 18 se han categorizado como organizaciones criminales percibidas como la nueva amenaza que atentan contra el orden y seguridad en Centroamérica.
De esta manera el crimen organizado transnacional es un fenómeno que trasciende las fronteras de los Estados tal como ocurre en el Triángulo del Norte.
Así, este trabajo de grado surge de la necesidad de rastrear si el proceso de integración del Triángulo del Norte se ha visto condicionado por las maras. Para esto, el trabajo se valdrá del enfoque teórico del Complejo de Seguridad Regional, propuesto por Barry Buzan que, brinda una base teórica y analítica pertinente para la investigación. Buzan junto a Ole Wӕver comprenden las regiones en términos funcionales de seguridad, recalcando la importancia de la historia y la proximidad geográfica como factores determinantes en la construcción de un complejo de seguridad. Dependiendo de dichos factores se puede llegar a desarrollar un dilema de seguridad, mayores amenazas y el surgimiento de relaciones de conflicto.
Por otro lado, Buzan (2003) en Regions and Powers: The Structure of International Security, afirma que los complejos de seguridad regional requieren de Estados fuertes que tengan capacidad de proyección y que el nuevo escenario de seguridad internacional requiere ser analizado a la luz de la Teoría de los Complejos de Seguridad Regional, pues de no ser así se estaría pasando por alto una realidad constitutiva del mundo contemporáneo, que se relaciona con los procesos de regionalización de la seguridad y que ha venido cobrando fuerza evidente a partir de los fenómenos provocados por la descolonización y el fin de la Guerra Fría (Otálvora, 2010, p. 224).
En este caso, la región de estudio es el denominado Triángulo del Norte de Centroamérica.
“Este proceso de integración se firmó en su primera etapa en el año 1991 cuando El Salvador y Guatemala firmaron un tratado de libre comercio, el cual se amplió en 1992 con el ingreso de Honduras, por medio del tratado de Nueva Ocotepeque” (ICESI, 2008). En la actualidad,
7 y como se mencionó anteriormente, más allá del factor económico, los países que conforman el Triángulo del Norte se unen por una amenaza en común: el crimen organizado.
Ahora bien, respecto al concepto maras, es necesario definirlo. La mara es una pandilla transnacional que ejemplifica la magnitud del fenómeno del crimen organizado transnacional. Formada “en los barrios pobres de Los Ángeles a inicios de la década de los 80 del siglo pasado, con el objetivo de proteger a los salvadoreños que emigraban hacia esa ciudad debido a la guerra civil que vivía el país centroamericano” (Toro, 2015). Las maras se han convertido en la amenaza más latente para la seguridad del continente latinoamericano en especial de Centroamérica por el gran uso de violencia, la promoción del narcotráfico y la tregua con otras pandillas.
Respecto al concepto de región;
Según Fernando Leal Carretero, es una palabra con múltiples significados que pueden provocar confusión y malos entendidos. Ésta se deriva del vocablo latín regio, relacionado con el verbo regere, que significa dirigir, guiar, trazar límites o regir, y evoca, en una primera instancia, la connotación de un espacio o un territorio. Del mismo modo, señala la existencia de tres componentes básicos: el geográfico, el político y el territorial. Leal (citado por Vergara, 2013, p. 37)
Sin embargo, los teóricos no han llegado a un consenso; aunque se han hecho aproximaciones a partir de factores económicos, geográficos y de seguridad, el concepto como tal sigue siendo ambiguo. A continuación, se expondrán algunas perspectivas. Según John Gerard Ruggie, representante del constructivismo, la región puede referirse a “la interacción de diversos actores en diferentes áreas pueden ser capaces de crear dimensiones estructurales que expresen un determinado tipo de práctica o norma a seguir en un espacio determinado”
Ruggie (citado por Vergara, 2013, p. 42). Por su parte, Raimo Vayrynen señala que la región puede definirse a partir de lo físico que recoge lo geográfico y estratégico, y lo funcional que recoge económico, ambiental y cultural. Bajo estas propuestas, se entiende la región como la,
8 Configuración de procesos históricos que provienen de la reproducción de relaciones específicas que implican la convergencia en el ejercicio de ciertas prácticas de índole comercial, política, cultural, social o simplemente religiosa en un espacio geográfico determinado y claramente identificado, el cual por cierto puede o no tener contigüidad territorial. (Vergara, 2013, p. 43).
Complementando, Barry Buzan como representante de la Escuela Inglesa afirma que la geografía es elemental para conceptualizar la región. La geografía deja entrever que la interacción entre individuos es más proclive cuando las distancias son cortas. “En términos históricos, es fácil ver como las invasiones, migraciones, poluciones, penetraciones culturales y similares han trabajado de manera más fácil y rápida en cortas distancias” (Paul, 2012, p.
22). Así, la geografía no solo refiere a factores terrestres sino a como ésta puede moldear la relación entre Estados a partir de sucesos históricos y culturales generando una interacción.
Igualmente, Buzan recalca que para la comprensión de la región también deben tenerse en cuenta las dinámicas de seguridad. Aunque el postulado parte de la teoría del Complejo de Seguridad Regional, “supone que la construcción y la deconstrucción de las amenazas no se pueden analizar de manera separada la una de a otra, ya que existe un alto grado de interconexiones entre ellas” (Frasson-Quenoz & Ayala Piñeros, 2014, p. 18). La geografía presupone, en algunos casos, una cercanía territorial que puede influenciar las dinámicas de los Estados en todo ámbito, en especial el de seguridad pues, las amenazas no conocen fronteras.
Referente al concepto de seguridad se debe recalcar que hay múltiples perspectivas de estudio y definición sobre el mismo concepto. Thomas Hobbes (1651) en el Leviatán establece que el concepto de seguridad no se limita únicamente “a la garantía de la existencia física, sino que va más allá y se extiende, también, a la estabilidad social que permite disfrutar de una vida libre de amenazas” (Orozco, 2005-2006, p. 164). Bajo esta idea es el Estado el garante de la seguridad del individuo.
9 Por otro lado, Emmanuel Kant (1651) va más allá que Hobbes y afirma que para tener seguridad se debe crear un ordenamiento jurídico internacional que tenga la capacidad de legislar y desarraigar las acciones violentas de los Estados. De esta forma, se entiende que la seguridad tiene como ideal brindar estabilidad por medio de diversas herramientas. En adición se tiene en cuenta la teoría del Complejo de Seguridad Regional definida como
“conjunto de unidades en el cual los procesos de securitización/desecuritización están tan vinculados que los problemas de seguridad de los unos no pueden ser estudiados/resueltos sin tener en cuenta los de los otros” Buzan y Wӕver (citado por Frasson-Quenoz & Ayala Piñeros, 2014, p. 17) es la base del trabajo pues, complementa y brinda el sustento teórico correspondiente.
Para finalizar, el desarrollo puede ser entendido bajo la perspectiva de Mark Duffield, quien en el texto Global Governance and the New Wars, establece que el desarrollo ya no debe ser entendido únicamente a partir de factores económicos, sino que, por el contrario, como
un intento preferiblemente a través de asociaciones cooperativas, para cambiar las sociedades enteras y el comportamiento y actitud de las personas dentro de ella. Al trata de promover un cambio social directo, el Desarrollo ha llegado a asimilarse a una serie de proyectos y estrategias para cambiar los valores y modos de organización indígenas y reemplazarlos con liberales. (Duffield, 2001, p. 42)
En este orden de ideas, la propuesta conceptual y teórica que brinda Buzan permite comprender cómo el fenómeno de las maras se ha convertido en dinámica de seguridad en el desarrollo de los Estados de Centroamérica y, en especial a aquellos que conforman el Triángulo del Norte dada la proximidad geográfica y las fronteras porosas. Al tener carácter estático, los Estados no tienen la capacidad de proyectar su poder a largas distancias y por tal motivo, generan dilemas al interior de la región y pueden llegar a recurrir a potencias hegemónicas como Estados Unidos.
Ante este contexto, se formula la siguiente pregunta de investigación:
¿Cómo el proceso de integración del Triángulo del Norte ha sido condicionado por la actividad de la Organización Criminal Transnacional maras?
10 Siguiendo esta pregunta, el objetivo principal de la investigación será, rastrear cómo el proceso de integración del Triángulo del Norte ha sido condicionado por la actividad de la Organización Criminal Transnacional maras. Lo cual derivará en los siguientes objetivos específicos:
1. Realizar una breve retrospectiva histórica sobre el Triángulo del Norte y el proceso de integración.
2. Analizar la relación entre seguridad y desarrollo dentro de la región del Triángulo del Norte.
3. Analizar la incidencia de las maras en las dinámicas de seguridad compartida.
Lo mencionado sirve de guía para analizar la relevancia de las maras en el proceso de integración del Triángulo del Norte partiendo de variables históricas, políticas y sociales junto con temas de seguridad y violencia criminal.
Sobre la base de las consideraciones de la postura epistemológica, la metodología de este trabajo investigativo se centrará en cuatro métodos. Primero, el process tracing, una
“herramienta adecuada para realizar inferencias causales a partir del análisis de un solo caso y, en particular, para poner en evidencia los mecanismos causales que conectan las variables independientes con los resultados que nos interesa explicar (Bril-Macarenhas, Maillet, &
Mayaux, 2017, p. 680). En este caso, el process tracing permite conectar variables históricas, documentos y datos para evidenciar el papel de las maras y de Estados Unidos en el proceso de integración del Triángulo del Norte.
Segundo se recurrirá a la representación histórica, método expuesto por Kevin C. Dunn y que permite identificar la construcción de identidades sociales. Dado que la “verdad” no es absoluta, Dunn propone constituir diferentes interpretaciones de ésta para tener una aproximación (Dunn, 2008). Como método de investigación la representación histórica permite acercarse al objetivo de conocer qué es la integración y como se fue consolidando.
Tercero, está el análisis del discurso que “explora y analiza cómo los textos son hechos significativos en sus procesos y cómo contribuyen a la constitución de realidades sociales al hacerlos significativos” (Urra, Muñoz, & Peña, 2013, p. 51). En este caso, el análisis del
11 discurso es fundamental para interpretar los interés de los actores, Estados Unidos y los países miembro del Triángulo del Norte. En el mismo sentido, tal método permite analizar la incidencia de las maras y de Estados Unidos en la región. Como cuarto método se hará uso del estudio de caso único que,
sistematiza a lo largo de un período de tiempo una o varias experiencias o procesos, sus momentos críticos, actores y contexto con el fin de explorar sus causas, y entender por qué la/s experiencia/s o proceso/s objeto de estudio se desarrolló como lo hizo, obtuvo los resultados que obtuvo, y qué aspectos merecen atención particular en el futuro. (BID, 2011, p. 2).
Con estas características el estudio de caso único es una ventaja para el trabajo de investigación pues permite poner a prueba la propuesta teórica acercándose a las dinámicas de seguridad de las maras para analizar si estas han condicionado el proceso de integración.
A partir de tal metodología, el trabajo cuenta con tres capítulos. El primero, hace una revisión sobre el concepto de integración desde la visión de Ernst Haas y una revisión académica y documental sobre los procesos que anteceden a la fundación del Triángulo del Norte como proceso de integración. Esta última, tendrá como fuente primaria documentos oficiales de los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras y como fuentes secundarias lecturas e informes de organizaciones. Así mismo, la revisión se centrará en un análisis de la postura estadounidense sobre la región latinoamericana. Para esta, se tendrá en cuenta los aportes e informes de los gobiernos, en especial de los Estados miembro del Triángulo del Norte.
El segundo capítulo, examina el papel de Estados Unidos en América Central haciendo énfasis en las dinámicas de seguridad y desarrollo al interior de la región del Triángulo del Norte. A su vez, describe el periodo de conflictos internos para analizar la relación Estados Unidos-Triángulo del Norte. Por último, el tercero explica la relevancia de las maras en el proceso de determinación de las amenazas reconocidas como comunes en la región. Para esto, expone qué son las maras y cuáles son sus dinámicas. De igual forma, describe la respuesta dada por los Estados del Triángulo del Norte para verificar su alineación con las políticas estadounidenses. Tal estructura tiene como objetivo brindar coherencia al estudio y poder orientar la investigación de manera ordenada.
12 CAPÍTULO I: EL PROCESO DE INTEGRACIÓN DE LA REGIÓN TRIÁNGULO
DEL NORTE.
El primer capítulo de este trabajo de investigación busca exponer los momentos históricos que dieron paso a la constitución del Triángulo del Norte como región. Para poder tratar el tema con mayor profundidad el capítulo estará dividido en cuatro partes: la primera explicará qué se entiende por integración, la segunda describirá los diferentes procesos de integración que anteceden la consolidación del Triángulo del Norte en la tercera se explica la constitución del Triángulo del Norte y, por último, se expone el papel de Estados Unidos en la región.
1.1 ¿Qué es la integración?
Al igual que el concepto de región, la integración ha sido motivo de debate entre los teóricos de las relaciones internacionales. No obstante, en el ámbito académico se han acuñado las propuestas de Ernst Haas y Walter Mattli.
Por un lado, Ernst Haas define la integración como “el proceso por el que los actores políticos en varios marcos nacionales distintos se persuaden a cambiar sus lealtades, expectativas y actividades políticas hacia un nuevo centro, cuyas instituciones poseen o piden jurisdicción sobre los Estados nacionales preexistentes” Haas (citado por Posada, 2005, p. 251). Por otro lado, Walter Mattli entiende integración como “la vinculación voluntaria en áreas económicas de dos o más estados anteriormente independientes en esas áreas de regulación doméstica a fin de extender aquella autoridad a un nivel supranacional” Mattli (citado por Quadrana, 2016, p.7). Aunque parten de diferentes esferas, política y económica, respectivamente, los teóricos dan cuenta que la integración implica la construcción de instituciones con la capacidad de regular y ejercer autoridad.
De manera semejante, la integración como fenómeno regional puede ser entendida como un proceso en el cual dos o más Estados “se mezclan, confunden y fusionan voluntariamente con sus vecinos, de modo tal que pierden ciertos atributos fácticos de la soberanía, a la vez que adquieren nuevas técnicas para resolver conjuntamente sus conflictos” Haas (citado por
13 Malamud, 2011, p. 219-220). Así mismo, se puede comprender como un proceso histórico en el cual hay altos niveles de interacción entre las unidades políticas dada la convergencia y similitud de las ideas, métodos y toma de decisiones de los actores (Dabene, 2009) dando paso a la construcción de espacios intrarregionales.
En este sentido, el estudio de la integración regional busca responder y explicar cómo se da este proceso de integración del Triángulo del Norte.
1.2 Trayectoria histórica de los procesos de integración
Para comprender la construcción del proceso de integración del Triángulo del Norte como región, es pertinente conocer los hechos históricos que contribuyeron a su consolidación. El estudio de tratados, acuerdos y convenios dan cuenta del momento en el cual comenzaron a surgir vínculos entre las Repúblicas de El Salvador, Guatemala y Honduras.
Los procesos de integración centroamericana se remontan a la mitad del siglo XX (Dabene, 2009). En 1948 se buscaba mejorar el sistema de educación superior pública. Para esto, algunas de las universidades públicas del istmo centroamericano se integraron para crear el Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), el “primer organismo regional del proceso de integración centroamericana” (CSUCA, 2004-2006, p. 1) que buscaba el fortalecimiento del sistema educativo, modernización de las instituciones, cooperación regional en materia de educación y creación de programas académicos. Con los años, el Consejo fue empoderando proyectos como el primer y segundo plan para la Integración Regional de la Educación Superior Centroamericana donde se crearon los Sistemas Universitarios Regionales y Redes Académicas, que han sido el motor para la integración y regulación de la educación por parte de los Estados (CSUCA, 2004-2006).
En 1951 se creó la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA) con el fin de promover la cooperación fraternal entre los Estados de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua (Carta de San Salvador). Dentro del artículo 1 de la carta fundacional, de San Salvador, los Estados integrantes constituyeron la Organización con el objeto de
14 Fortalecer los vínculos que los unen, consultarse mutuamente para afianzar y mantener convivencia fraterna en esta región del continente; prevenir y conjurar toda desavenencia y asegurar la solución pacífica de cualquier conflicto que pudiera surgir entre ellos; auxiliarse entre sí; buscar solución conjunta a sus problemas comunes y promover su desarrollo económico, social y cultural, mediante la acción cooperativa y solidaria. (Carta de San Salvador, 1952, p.142)
En 1962 los Estados decidieron modificar la Carta de San Salvador con el fin de establecer a los Estados miembro como “una comunidad económica-política que aspira a la integración de Centroamérica” (ODECA, p. 1) y, de dejar la Carta abierta para que la República de Panamá se adhiera en cualquier tiempo. Así, con la instauración de la ODECA se dio el primer paso hacia un sistema de integración centroamericana, el compromiso de los presidentes constitucionales de las Repúblicas permitió fortalecer los vínculos de vecindad y fraternidad que, en los años venideros dio cuenta de la relevancia de la cooperación e integración para promover la democracia y el desarrollo en la región. Ejemplo de esto fue el comienzo de la firma de tratados multilaterales en pro de la integración económica. Sin embargo, la eficacia de la cooperación se pone entredicho por sucesos como la violencia, y los conflictos internos de la década de los ochenta.
Para 1958, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua firmaron el Tratado Multilateral de Libre Comercio e Integración Económica de Centroamérica. Posteriormente, en 1960 los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras buscaban impulsar el desarrollo económico y consolidar la cooperación económica entre los tres países para empoderar la integración económica centroamericana (Cordero, 2017). Para esto, constituyeron el Tratado de Asociación Económica el cual tenía como objetivo “acelerar la integración y desarrollo de las economías de la región; con el fin de establecer a corto plazo un mercado común para estimular en forma conjunta la producción y las inversiones” (SICE, 2019). Bajo esta idea el Tratado tenía como estrategias
aumentar las fuentes de ocupación; aprovechar mejor el potencial humano y los recursos naturales; promover el desarrollo industrial y tecnificar la agricultura: incrementar la productividad y reducir costos para beneficio de los consumidores; estimular la inversión de capitales nacionales y extranjeros en la región y facilitar el acceso a las diversas fuentes de
15 crédito; y aumentar el número de consumidores y el poder adquisitivo de los mismos. (SICE, 2019)
Con el cumplimiento de dichos parámetros y con la garantía de libre circulación de personas, bienes y capitales entre los territorios, el Tratado permitió la construcción de una unión aduanera y un mercado común centroamericano. La constitución de la asociación sentó precedente pues, constituyo el inicio de la integración entre las tres Repúblicas centroamericanas.
En 1963 se constituyó el Tratado General de Integración Económica Centroamericana el cual integraba a los gobiernos de las Repúblicas de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Siguiendo la línea del Tratado de 1960, éste “buscaba unificar las economías de los cuatro países e impulsar en forma conjunta el desarrollo de Centroamérica a fin de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes” (SICE, 2019). Además, se acordó el fortalecimiento de la integración industrial, el establecimiento de un mercado común, la constitución de una unión aduanera entre los territorios, la libertad de tránsito por rutas habilitadas.
Un elemento fundamental del tratado en cuestión es que dentro del capítulo X, disposiciones generales, artículo XXV, se estableció que los Estados signatarios convienen en no suscribir unilateralmente con países no centroamericanos nuevos tratados que afecten los principios de la integración económica centroamericana. Con esta norma se da cuenta de la necesidad de los países centroamericanos en fortalecer su integración, en este caso, integración económica.
A pesar de los avances en el proceso de integración, la región centroamericana se vio afectada por la crisis institucional, la recesión económica mundial, la crisis política y los conflictos armados de las décadas de 1970 y 1980. Pese a los intentos de superar la crisis no fue hasta 1986, con la Declaración de Esquipulas que los países centroamericanos retomaron la paz y reactivaron el proceso de integración (Cordero, 2017).
Ahora bien, más allá de la esfera económica, a finales de la década de los 80 los Estados retomaron la iniciativa de un proceso de cooperación. El 12 de noviembre de 1986, los
16 gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras firmaron el Acuerdo de Cooperación Técnica con la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) dando origen al Plan Trifinio. Este “nació como consecuencia de una preocupación de conservación forestal: la defensa del bosque nuboso que corona el Macizo de Montecristo, en tomo del punto de confluencia de las fronteras de El Salvador, Guatemala y Honduras” (OEA, 1993). Entre 1987 y 1988 se definió la estrategia de desarrollo y financiamiento del proyecto, contando con el financiamiento de la Comunidad Económica Europea (CEE) y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Formalmente y desde 1991, inició una nueva era para Centroamérica; durante la que las Repúblicas de la ODECA consideraron pertinente la actualización del marco jurídico de la Organización y, para esto implementó el Protocolo de Tegucigalpa. Dicho Protocolo modificó la estructura institucional centroamericana para fortalecer y “garantizar el desarrollo, equilibrado y armónico, de los sectores económico, social, cultural y político”
(Protocolo de Tegucigalpa, p. 4); al igual que dar autonomía funcional a los órganos e instituciones encargados de promover y regular la integración por medio de la creación del SICA, Sistema de la Integración Centroamericana.
Por último, en 1992 se instauró el Plan Trifinio, un organismo regional que incentiva la integración regional pues, la integración es el “mecanismo que ha permitido la consolidación de la iniciativa trinacional y a la vez ha sido una de las principales directrices que marcan el rumbo hacia el desarrollo sostenido de la región” (García, López, Hernández, & Ramírez, p.
29). Además, “el Plan Trifinio es un esfuerzo concreto por hacer tangible la integración centroamericana, mediante una alternativa diferente a las anteriores, esto es, el desarrollo regional fronterizo” (OEA, 1993). Lo cual ha conllevado a procesos de interdependencia entre los Estados y al fortalecimiento del Sistema de la Integración Centroamericana.
17 1.3 Triángulo Del Norte
“Por su cercanía y posición geográfica, así como por sus iniciativas de integración y negociación colectiva, al conjunto que forman Guatemala, El Salvador y Honduras se le conoce como el ’Triángulo del Norte’ […]” (Presidencia de la República, 2016).
El 12 de mayo de 1992, por medio de la Declaración Conjunta y los Acuerdos de Nueva Ocotepeque, Honduras ingresó al acuerdo de libre comercio, inversión e integración económica que había dado inicio entre El Salvador y Guatemala (ICESI, 2008). Inspirados en la democracia, desarrollo y justicia social, los presidentes de las tres Repúblicas Alfredo Cristiani, Jorge Serrano y Rafael Leonardo Callejas, buscaban fomentar la economía de la región “convencidos de que la creación de un mercado regional, mediante la integración, constituye la mejor alternativa para acelerar sus respectivos procesos de desarrollo y responder así a las necesidades de los sectores menos favorecidos de nuestros países”
(Declaración Conjunta y Acuerdos de Nueva Ocotepeque, 1992). Pues, consideraban el crecimiento económico como factor fundamental en la consolidación de la democracia y la paz.
Más allá de reafirmar los vínculos fraternos entre los países, fortalecer el respeto a las normas de buena vecindad y crear la Comunidad Económica del Istmo Centroamericano; el Acuerdo de Libre Comercio, Inversión e Integración Económica entre las Repúblicas de El Salvador, Guatemala y Honduras buscaba “transformar las zonas fronterizas en áreas de entendimiento, convergencia e integración” (Declaración Conjunta y Acuerdos de Nueva Ocotepeque, 1992), entre los países miembro. Con esto, implicaba no solo un acercamiento económico sino político, cultural y social para fortalecer el vínculo entre Estados.
Ahora bien, para impulsar aún más el desarrollo económico del Triángulo del Norte desde 1992, se ha fomentado la creación de vínculos comerciales con el fin de poder integrarse gradualmente a la economía global (ICESI, 2008). Chile, Panamá, República Dominicana y Taiwán hacen parte de la lista. Sin embargo, los tratados de libre comercio más exitosos para el Triángulo del Norte han sido con Colombia, México y el plan regional con Estados Unidos.
18 El 29 de junio del año 2000 se dio la firma del Tratado de Libre Comercio entre el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y los Gobiernos de las Repúblicas de El Salvador, Guatemala y Honduras, en el Castillo de Chapultepec. Bajo la premisa de incentivar la integración latinoamericana y de “extender y afianzar las libertades, que son consustanciales al desarrollo y a la democracia” (Zedillo, 2006). El Tratado, hasta hoy, ha promovido la formación de asociaciones estratégicas que incentiven el emprendimiento, la competitividad y la inversión. Ejemplo de dichas asociaciones se vislumbra en el inicio de negociaciones en el 2006, entre Colombia, Guatemala, El Salvador y Honduras para la creación de un Tratado de Libre Comercio (MinComercio, 2019).
Dicha integración, al igual que la efectuada con México sigue en pie y busca, “alcanzar un mejor equilibrio en sus relaciones comerciales; crear un mercado más amplio y seguro para las mercancías y servicios producidos en sus respectivos territorios […] preservar su capacidad para salvaguardar el bienestar y el orden público” (Gobierno de Honduras, 2006).
Todo con el fin de generar un beneficio colectivo para la economía e integración latinoamericana.
Respecto a Estados Unidos,
Según el comunicado del Departamento de Estado, la Corporación de Inversión Privada en el Extranjero (OPIC) ya ha invertido y movilizado más de 1.000 millones de dólares en el Triángulo del Norte, desde 2017, enfocado en necesidades como infraestructura, energía, crecimiento económico y generación de empleo. (Voz de América-redacción, 2018).
Aunque no cuenta con un Tratado como tal, la relación con Estados Unidos ha beneficiado el desarrollo de los Estados Miembro del Triángulo del Norte.
Ahora bien, retomando lo anteriormente mencionado, la denominación “Triángulo del Norte”
refiere al proceso de integración económica entre El Salvador, Guatemala y Honduras. Sin embargo, desde su instauración el termino ha sido acuñado para referirse a la región conformada por las tres Repúblicas, ya sea en procesos económicos, políticos, culturales y sociales. Ejemplo de eso es la Alianza para la Prosperidad.
19 1.3.1 Alianza para la Prosperidad del Triángulo del Norte
Para 2014, el ritmo de crecimiento económico de El Salvador, Guatemala y Honduras había disminuido y no había permitido generar crecimiento u oportunidades para la población sumado a que la violencia y la inseguridad iban en aumento causando grandes olas de emigración, sobre todo de menores, hacia Estados Unidos. Así
Con el propósito de brindar una respuesta a la problemática de la migración irregular y crear las condiciones de desarrollo necesarias que permitan el arraigo de las poblaciones, los presidentes de los tres países acordaron diseñar una estrategia conjunta. Para ello, establecieron el Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte (PAPTN), como una solución estructural que aborda las raíces económicas, sociales e institucionales del fenómeno migratorio. (Banco Interamericano de Desarrollo, 2018)
El PAPTN “combinado con acciones de contención-detención en la frontera sur de México y a lo largo de las rutas migratorias del país, fue oficialmente nominado Programa Frontera Sur; algunos lo llaman Plan Sur” (Solís D. V., 2018, p. 95). De acuerdo con el Programa Nacional de Competitividad de Guatemala (2016), el Plan no solo toma en cuenta el factor económico como objetivo, sino que se centra en dinamizar el sector productivo, en el desarrollo de capital humano, mejorar de la seguridad ciudadana y justicia, y en el fortalecimiento de las instituciones y mejorar la transparencia. Lo anterior, con el fin de brindar una respuesta estructural al fenómeno migratorio para hacer del Triángulo del Norte una región fructífera y con un gran índice de desarrollo y crecimiento.
Para la elaboración, cumplimiento y aprobación del PAPTN contó con el financiamiento y asesoría del Gobierno de Estados Unidos, principal socio cooperante, y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). “En el transcurso de 2015 el gobierno de Barack Obama gestionó ante el congreso de su país un apoyo por mil millones de dólares para los tres países involucrados” (Solís D. V., 2018, p. 95). Con esto, el país norteamericano abrió una nueva etapa en su estrategia intervencionista y en su política de seguridad hacia Centroamérica.
20 1.4 Estados Unidos como participe en la región americana
Estados Unidos, como superpotencia hegemónica, se ha caracterizado por su hegemonía en el sistema mundial. Desde 1823 con la Doctrina Monroe y el lema “América para los americanos” ha dejado en claro su zona de influencia. En su vecindario de América del Norte, comprendido por México y Canadá las relaciones han tenido fluctuaciones dada la contrariedad en intereses. Sin embargo, Washington ha mantenido su participación en la Cumbre de Líderes de América del Norte, mecanismo de cooperación entre Estados Unidos, México y Canadá para fortalecer la prosperidad e impulsar la competitividad en la región (Secretaria de Relaciones Exteriores, 2018).
Bajo dicho mecanismo, Estados Unidos ha tomado el rol de líder para promover el desarrollo en la región. Para 2016, durante el mandato de Obama, tuvo lugar la octava Cumbre de América del Norte, espacio donde los dirigentes acordaron el fortalecimiento de las relaciones y la implementación de proyectos en materia de energía, infraestructura y seguridad como el Plan de Trabajo de Competitividad para América del Norte (PTCAN).
(Secretaria de Relaciones Exteriores, 2016). Dos años después, en 2018, durante reunión del G20, la administración Trump buscó también fortalecer las relaciones entre los Estados por medio de la firma del Acuerdo EE.UU-México-Canadá (USMCA), el nuevo acuerdo comercial que busca potencializar la economía norteamericana y brindar un espacio de integración que beneficie a todas las partes en materia económica (Bloomberg, 2018).
Orientado a América Latina, Estados Unidos ha seguido la misma línea de acción que en América del Norte, tomando el rol de líder en conjunto con un carácter protector. El intervencionismo de Estados Unidos en Latinoamérica se ha fortalecido. Para la década de los cincuenta la influencia estadounidense se fue expandiendo hasta participar en la creación de instituciones. “En 1948 se fundó la Organización de Estados Americanos (OEA) a partir de la experiencia previa de la Unión Panamericana, la nueva y fortalecida institución estableció sus oficinas centrales en Washington, medida que reconocía y facilitaba el liderazgo estadounidense” (Lowenthal, 2010, p. 555). Desde la instauración de la OEA se fue vislumbrado continuidad en las relaciones interamericanas, no obstante, los cambios entre las administraciones desde John F. Kennedy hasta el actual mandatario Donald Trump
21 son inminentes las nuevas dinámicas y los complejos de interdependencia, conflicto y cooperación en la región.
En particular, en los Estados de frontera inmediata, como lo son los Estados centroamericanos y caribeños, se ha vislumbrado la injerencia estadounidense en los asuntos internos de éstos desde la década de los cincuenta, con la acción de la CIA para derrocar al gobierno de Jacobo Árbenz en Guatemala. En los ochenta con la asistencia masiva a los militares salvadoreños quienes se enfrentaban con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) y la asistencia en Nicaragua para derrocar el gobierno sandinista.
(Guignot, 2013-2014). Y en años más recientes, en especial desde el segundo mandato de Barack Obama, ha aumentado su presencia en la región del Triangulo del Norte, dado el empoderamiento del crimen organizado. (Ellis, 2017). En este sentido, las amenazas en la región centroamericana han sido motivo de intervención estadounidense y, por tanto, de injerencia en los asuntos internos de cada uno de los Estados. Ahora, con el crimen organizado, en especial con el grupo criminal maras, el Triángulo del Norte se ha convertido en un tema de primera agenda pues pone en riesgo la promoción de la gobernanza democrática y la protección de los derechos humanos.
En suma,
las relaciones interamericanas aun estarán moldeadas por los cambios globales y las oportunidades, por los acontecimientos regionales y subregionales, así como por las presiones y exigencias internas tanto de Estados Unidos como de cada uno de los países latinoamericanos –y no tanto por los designios hemisféricos, los paradigmas académicos, las categorías polémicas o la retórica fácil. (Lowenthal, 2010, p. 616).
De modo que, los procesos de cooperación e integración entre los Estados latinoamericanos y Estados Unidos son construidos a partir de las dinámicas del continente. La preeminencia en el subcontinente es inminente; pese a los cambios, los intereses hegemónicos de Estados hacen del país un actor activo en la región.
22 CAPITULO 2: DINÁMICAS DE SEGURIDAD Y DESARROLLO AL INTERIOR
DEL TRIÁNGULO DEL NORTE.
El presente capítulo busca exponer los momentos de inestabilidad que llevaron a la intervención estadounidense en el Triángulo del Norte y a la consolidación de dinámicas de seguridad y desarrollo establecidas por los Estados. Para poder desarrollar la temática, el capítulo comenzará con una retrospectiva histórica de los años ochenta que ejemplifique el primer momento de intervención estadounidense dados los conflictos internos en Centroamérica. En segunda instancia, se tendrá en cuenta la etapa de posconflicto que llevó al surgimiento de grupos de crimen organizado transnacional. Por último, se hará un recuento lineal de la historia para analizar la relación Estados Unidos-Triángulo del Norte con el fin de evidenciar las dinámicas de seguridad y desarrollo.
2.1 Conformación de las dinámicas de seguridad en Centroamérica
2.1.1 Guatemala
Como afirma Collier (2010), dos de los factores de riesgo para una Guerra Civil son el bajo crecimiento económico y una historia previa de Guerra Civil (Collier, 2010). La República de Guatemala fue escenario de un gran conflicto de 36 años de duración, de los más extensos en América Latina. Uno de los primeros momentos de tensión fue la adopción de la resolución impulsada por Estados Unidos, con el fin de derrocar el gobierno del coronel Jacobo Arbenz cuyas tendencias eran izquierdistas. Tras el triunfo de la acción, en 1954 se comenzó a vislumbrar un escenario de conflicto dada:
la injusticia estructural, el cierre de los espacios políticos, el racismo, la profundización de una institucionalidad excluyente y antidemocrática, así como la renuencia a impulsar reformas sustantivas que pudieran haber reducido los conflictos estructurales, constituyen los factores que determinaron en un sentido profundo el origen y ulterior estallido del enfrentamiento armado. (Comisión para el Esclarecimiento Histórico, 1999, p. 24).
23 En 1958 sube al poder Miguel Ydígoras Fuentes, de carácter autoritario, a quien, la oposición, intenta derrocar por medio de un fallido golpe de Estado en 1960. En 1962 se creó el Movimiento Revolucionario de l3 (MR-13) quien, con apoyo del partido comunista y del Partido Guatemalteco del Trabajo, derrocan a Ydígoras en 1963, año en el cual se crean las FAR, Fuerzas Armadas Rebeldes (Paz, 2017). Desde dicho momento, el país se sumió en un periodo de inestabilidad. La división entre derecha e izquierda, la polarización y la institucionalización del poder militar llevaron a la exacerbación del conflicto.
Tras Ydigoras, llegó el gobierno de Enrique Peralta Azurdia, quien instauró los denominados
“escuadrones de la muerte” cuya finalidad era secuestrar, torturar y asesinar a aquellas personas, en especial a sindicalistas y simpatizantes del socialismo que se oponían al gobierno. En respuesta, en 1965, la FAR realizó ataques para contrarrestar la violencia del gobierno. Pese al conflicto, en 1966 se convocaron elecciones donde quedó electo Julio César Méndez Montenegro, quien instauró una campaña contrainsurgente para combatir a las guerrillas guatemaltecas. Dicha campaña tuvo gran éxito, se dio la captura y ejecución de líderes de algunas guerrillas y la entrega voluntaria de algunos miembros al gobierno. (Paz, 2017).
Influenciado por la Guerra Fría, esta campaña tuvo gran apoyo por parte de la política anticomunista estadounidense. “En el caso guatemalteco se concretó en el plano militar mediante asistencia destinada a reforzar los aparatos de inteligencias nacionales y entrenar a la oficialidad en la guerra contrainsurgente, factores claves que incidieron en las violaciones de los derechos humanos durante el enfrentamiento armado” (Comisión para el Esclarecimiento Histórico, 1999, p. 24). Así, la Doctrina de Seguridad Nacional, instaurada por Estados Unidos, se convirtió en política de Estado en Guatemala.
Tras cuatro años, nuevamente, se dio un cambio de mandato y en 1970 llegó al poder Carlos Manuel Arana Osorio. Durante su mandato, la violencia aumentó y se dio la creación de grupos paramilitares como la Nueva Organización Anticomunista (NOA) que, alineados a la campaña de Méndez, buscaban eliminar a cualquier individuo opositor. En respuesta a estos grupos, comenzó a surgir el Ejército Guerrillero de los Pobres cuya finalidad era tomar el poder del gobierno (Comisión para el Esclarecimiento Histórico, 1999). Luego de varios
24 procesos de elecciones y de mandatos, en 1983 el General Ríos Montt fue derrocado por el general Óscar Humberto Mejía Víctores quien convocó una asamblea nacional constituyente para la creación de una nueva Constitución, instaurada en 1986. Asimismo, se convocaron nuevas elecciones en las cuales quedó electo Marco Vinicio Cerezo Arévalo, quien logró iniciar el proceso de paz, el cual culminó con la firma de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera en 1996.
2.1.2 Honduras
En contraste con Guatemala y El Salvador, y pese a estar sumida en una dictadura militar desde 1963, Honduras no sufrió los altos impactos de un conflicto armado interno. Durante la década de 1980 “Honduras fue usada como trampolín para el movimiento de todo tipo de mercancías ilícitas, desde drogas hasta armas y contrabando —aun después de concluida la guerra, se mantendrían estas rutas de tráfico” (InsightCrime, 2018).
Para los años ochenta, dicha dictadura fomentaba la represión y persecución política, limitando la democracia y la movilización de sectores populares. En adición, el país se enfrentaba a una crisis de refugiados provenientes de El Salvador. Con este escenario, Estados Unidos mostraba preocupación por los acontecimientos. El Secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos Viron Vaky se presentó ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos con un informe;
conocido como el Informe Valky “contenía un análisis sobre la realidad regional en donde proponía un conjunto de medidas y líneas de acción para reorientar la política norteamericana en el área” (Vallejo,2010, p. 2). Pasando a un acercamiento a las dinámicas centroamericanas.
Bajo tal informe, la cooperación entre los gobiernos de Honduras y Estados Unidos se incrementó sustancialmente. Como afirmó John Bushnell (1980), secretario adjunto para Asuntos Interamericanos:
era evidente que el país no lo necesitaba, pero que ante la realidad actual salvadoreña y dada la cercanía geográfica de ambas naciones está clara esa necesidad, puesto que Honduras se
25 ha convertido en la llave geopolítica del proceso que Estados Unidos espera que surja en América Central (Vallejo, 2010, p. 3).
En este orden de ideas, Honduras se convirtió en un territorio estratégico para el intervencionismo1 estadounidense en Centroamérica.
Para 1982, con la visita del presidente Ronald Reagan, dicho intervencionismo se reflejó en:
acompañamiento político en búsqueda del retorno a la democracia; el entrenamiento militar para el ejército hondureño con el fin de tener capacidad de actuar en posibles conflictos con los países vecinos y cooperación económica inmediata. (Vallejo, 2010). Sin embargo, la intensiva actividad externa en Honduras llevó a que la intervención estadounidense fuera condenada ya que, el país fue utilizado “…como una base militar para los “contras”, que era un ejército de nicaragüenses organizado, entrenado y financiado por los Estados Unidos, el cual combatió al gobierno sandinista en Nicaragua” (Manz, 2008, p. 3). Así, la sociedad hondureña comenzó a sentirse reprimida por la doctrina de seguridad impuesta por Estados Unidos.
2.1.3 El Salvador
Para 1978, El Salvador se encontraba en una etapa de tensiones brindado por el autoritarismo militar, la desigualdad en la distribución de las riquezas, la muerte de miles de indígenas tras el levantamiento campesino e indígena, los fraudes electorales, el contexto de la Guerra Fría y la lucha antidictatorial en Nicaragua (Martín-Baró, 2015). Bajo ese panorama, había una gran insatisfacción por parte de la población. En adición, la represión del Estado dio paso a la creación de movimientos revolucionarios como el Ejército Revolucionario del Pueblo (EPR), las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) junto a otros que, motivados por el triunfo
1 El comportamiento de un actor internacional hacia otro puede ser calificado como intervención cuando la forma de comportamiento constituye una ruptura con las formas de relaciones convencionales, y cuando este comportamiento se orienta a cambiar o preservar la estructura de la autoridad política en la sociedad intervenida. (Rosenau, 1969).
26 de la revolución sandinista unen fuerzas y crean el Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional, el cual lidera posteriormente la lucha social (Martín-Baró, 2015).
Para 1980, tras la acumulación de tensiones estalla la Guerra Civil. Los movimientos revolucionarios, cansados de la ineficiencia del Estado, se organizan para demandar mejoras en las condiciones sociales y laborales del país. La dictadura militar respondió con represión ignorando las necesidades del pueblo salvadoreño lo cual intensificó el malestar y el descontento del FMLN. Las evasivas estatales fomentaron el empoderamiento y fortalecimiento de los movimientos revolucionarios que poco a poco fueron derrotando los obstáculos del Estado. Tras doce años de lucha, el proceso de negociación culminó con los Acuerdos de Nueva York, en 1991 y con la firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992, en Chapultepec, México.
2.1.4 Estados Unidos en Centroamérica
La región centroamericana se convirtió en tema de primera agenda en la política exterior estadounidense puesto que, con los conflictos y la inestabilidad, la región se hacía, a los ojos de la administración estadounidense, propensa para el asentamiento del comunismo. Con el fin de evitar una derrota como la de Vietnam, Estados Unidos se enfocó en hacer de América Central su arena de juego. Durante la presidencia de Jimmy Carter (1977-1981) y Ronald Reagan (1981-1989) la política exterior estadounidense se orientó en promover espacios diplomáticos que evitaran el escalamiento. Sin embargo, el apoyo a los regímenes dictatoriales por parte del gobierno de Carter exacerbó el conflicto. Contrario, durante el gobierno de Reagan se decidió apoyar a las fuerzas militares.
Pese al contexto de inestabilidad política, económica y social bajo el cual se encontraban los Estados en Centro América, en 1983 surgió una iniciativa latinoamericana que buscaba la solución pacífica de los conflictos. Presidida por los gobiernos de Colombia, México, Panamá y Venezuela (Grupo Contadora) y por los gobiernos de Argentina, Brasil, Perú y Uruguay (Grupo de Apoyo); se intentaba fortalecer los procesos de pacificación, así como la interdependencia entre paz y desarrollo. Años después, suscribieron los acuerdos de
27 Esquipulas II, cuyo objetivo era establecer la paz duradera en Centroamérica. En la misma línea, en 1984, la Comunidad Europea puso en marcha del “Diálogo de San José”, un espacio de discusión para encontrar medidas de solución que evitaran el desbordamiento del conflicto centroamericano. Motivados por las iniciativas, en 1986 los países centroamericanos formaron cumbres presidenciales con el fin de iniciar negociaciones (Cordero, 2017). Lo anterior llevó a la consolidación de acuerdos en cada una de las repúblicas.
Sin embargo, en el caso salvadoreño, el acuerdo tuvo implicaciones negativas que denotaron un cambio en la acción estadounidense dado que, ya no era cuestión de comunismo sino de la inseguridad presentada por la creación de grupos y pandillas criminales.
2.2. El giro de los noventa
A comienzos de la década de los setenta, América Central entraba en un periodo de crisis dado los conflictos internos y la situación económica en la región. Tras largos años de dictaduras, el establecimiento de gobiernos autoritarios y los enfrentamientos armados en El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Honduras y Nicaragua, la inestabilidad en la región se exacerbó y, para los años ochenta, Centroamérica se encontraba en una etapa crítica. No obstante, por medio de negociaciones y diálogos en los años noventa se instauraron procesos de paz que propiciaron un cambio en el escenario de conflicto que se venía presentando.
2.2.1 El proceso de difusión de la violencia a mano del crimen organizado: El Salvador El acuerdo que puso fin al conflicto tenía como objetivo cesar las tensiones político-militares entre el FMLN y el gobierno, así como apaciguar las tensiones sociales que se habían generado. Sin embargo, lo que se evidencia desde 1993 es la continuación e incremento de dichas tensiones. De acuerdo con Azar (1990), los conflictos sociales en El Salvador se transformaron generando un aumento en la inseguridad y según el informe de InSight Crime (2017) estos; “abrieron un nuevo tipo de conflicto criminal violento, el cual ha dado lugar a
28 la agitación política y social que amenaza con destruir lo que los acuerdos habían logrado”
(InSight Crime , 2017).
Pero ¿qué dio paso a la instauración del crimen organizado en el país?
Tras la Guerra Civil, el Estado quedó débil y sin capacidad suficiente de control sobre el territorio y la población. Esto hizo que los discursos de seguridad se reorientaran hacia el orden público. “Muchos exguerrilleros, se mantuvieron al margen de los acuerdos, nunca entregaron sus armas y no se reinsertaron a la vida civil, creando sus propias empresas criminales, como el robo de vehículos, el secuestro y el tráfico de personas” (InSight Crime , 2017). Demostrando la incapacidad de velar seguridad a la población. Junto a eso, con la Guerra Civil, miles de salvadoreños huyeron de la violencia hacia Estados Unidos, lo cual llevó a una preocupación estadounidense sobre su seguridad y a un reconocimiento de la migración como “amenaza” a sus dinámicas internas.
En este sentido, Estados Unidos comenzó a experimentar, desde los años cincuenta, la aparición de pandillas como los Latin Kings, los Cholos, los Chicanos. Al mismo tiempo, el país norteamericano se enfrentaba a altos índices de criminalidad que resultaron en la instauración de políticas como la “Ley de Reforma de la Inmigración Ilegal y de Responsabilidad del Inmigrante” (1995) que daba la facultad al gobierno de deportar a aquellas personas que cometieron delitos menores. En este sentido, la reforma se convirtió en una estrategia para hacer frente a las pandillas que desestabilizaban a la Nación estadounidense y ponían en riesgo la seguridad de sus ciudadanos.
Pese a las ventajas que trajo para Estados Unidos la reforma, esta tuvo graves consecuencias para Centroamérica por los flujos de deportaciones entre 1994 y 1997. “La deportación […]
transformó la dinámica de las pandillas locales, no solamente por las cantidades que regresaron al país, sino por el impacto cultural y organizacional que ellos produjeron en las pandillas y los jóvenes en los barrios” (Savenije, 2007). A El Salvador migran dos pandillas callejeras: la MS-13, originada en Estados Unidos, y que “fue fundada por migrantes salvadoreños […] sus letras significan mara salvatrucha; mara: salvadoreño y trucha: listos”
(Felipoff, 2014); y la Mara 18, la cual fue creada por migrantes mexicanos en Estados
29 Unidos. Desde su llegada El Salvador, las maras se convirtieron en la pandilla transnacional, símbolo del crimen organizado en el país y en la región, ejemplificando las nuevas dinámicas de crimen y violencia.
De modo que, Estados Unidos volvió a incidir en la agenda de los países del Triángulo del Norte. Como estipula Barry Buzan, la geografía presupone, en algunos casos, una cercanía territorial que puede ser determinante en la construcción de un complejo de seguridad e influenciar las dinámicas de los Estados en todo ámbito, en especial el de seguridad pues, las amenazas no conocen fronteras. Así pues, las amenazas internas, como las maras, se convirtieron en una cuestión transnacional que, según la perspectiva estatal, podía permear las dinámicas domésticas.
2.2.2 Estados Unidos en el Triángulo del Norte
Tras la década de los noventa, y con la reforma migratoria, Estados Unidos había frenado y contenido la crisis tras los conflictos armados en Centroamérica. En vista de un panorama de relativa estabilidad, la ayuda económica estadounidense proveniente de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional decreció llegando a tan solo un 16% para 1997 (Lowenthal, 2010). Así, durante finales de la década de los noventa y comienzos de los 2000, Centroamérica había desaparecido del radar del gobierno estadounidense. Pero, tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, “…la cuestión de la seguridad interior, fronteriza y hemisférica se convirtió en una prioridad para el gobierno de Estados Unidos” (Solís, 2018, p. 115). De esta manera, los países del Triángulo del Norte, por los flujos migratorios hacia Estados Unidos, retomaron importancia en la agenda de seguridad del país norteamericano.
Dicha relevancia incrementó pues, en el período comprendido entre el 2000-2005, en el Triángulo del Norte de Centroamérica se dieron las mayores incautaciones de narcóticos, altos niveles de comercialización, tráfico de armas y altas tasas de homicidio. Según estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)
[…]Cuando el índice de homicidios excede de 10, una sociedad se enfrenta a un cuadro de criminalidad “epidémica”, […] En el caso extremo de El Salvador, en 2006 se registraron
30 3,928 homicidios a nivel nacional, lo cual implicaría una tasa de casi 68 homicidios por cada 100 mil habitantes, esto es, 6.8 veces la tasa considerada “epidémica” por la OPS. (Castillo, 2009, pp. 34-35).
A condición, las dinámicas internas de seguridad del TdN llegan a ser consideradas como amenaza para la seguridad y desarrollo de Estados Unidos por su cercanía geográfica, el alto flujo migratorio y la composición de redes criminales que conectan los territorios. De ahí que, en el año 2006, Estados Unidos se viera afectado por el narcotráfico y el crimen organizado proveniente de México.
Bajo el presente contexto, en 2007 “los presidentes George Washington Bush y Felipe Calderón, estableciendo las bases para una cooperación regional y binacional en beneficio de la Seguridad hemisférica, conocida al principio como “Plan México” para luego denominarse plan “Iniciativa Mérida” en diciembre del 2008” (Jiménez, 2016, p. 31). Dentro de la Iniciativa, se involucra a Centroamérica, el Caribe, República Dominicana y Haití para hacer de la cooperación regional una herramienta más efectiva para combatir el narcotráfico, el terrorismo y el crimen organizado.
Con el fin de hacer más efectiva la Iniciativa Mérida, los gobiernos crearon cuatro pilares fundamentales. Como primer pilar, se encuentra el afectar la capacidad operativa del crimen organizado por medio del decomiso de narcotráficos; segundo, institucionalizar la capacidad para mantener el Estado de derecho, por medio de programas: tercero, crear la estructura fronteriza con el fin de modernizar la seguridad en las fronteras y, por último, construir comunidades fuertes y resilientes para crear consciencia y respeto sobre las normas y la ilegalidad del crimen organizado. Aun así, la iniciativa no tuvo éxito en sus objetivos dado los altos índices de violencia (Embajada y consulados de Estados Unidos en México, 2015).
En consecuencia de la violencia que asediaba a Centroamérica, y teniendo como antecesora a la Iniciativa Mérida, se fundó, en el año 2008, la Iniciativa Regional de Seguridad para Centroamérica (CARSI; por sus siglas en inglés). Financiada por Estados Unidos y teniendo como base la cooperación, la CARSI se centra en cinco pilares, definidos en conjunto entre los gobiernos de Estados Unidos y los centroamericanos para garantizar la seguridad (U.S Department of State, 2017):
31 1. “Calles seguras” que busca disminuir la delincuencia para la seguridad de los
ciudadanos en la región;
2. interrumpir el movimiento de delincuentes y el contrabando;
3. gobiernos fuertes capaces y responsables para garantizar el cumplimiento de la ley;
4. presencia efectiva del Estado en comunidades en riesgo;
5. por último, niveles mejorados de cooperación.
En este sentido, la CARSI responde a la crisis de inseguridad en la región centroamericana apoyándose en agencias estadounidenses que se suman a la lucha contra el crimen organizado dado que este representa, según los Estados, una amenaza para la seguridad nacional y regional.
Ahora bien, años después de la constitución de las iniciativas mencionadas, entre 2014 y 2015, Estados Unidos recibió, lo que denomina, una “ola” de inmigración procedente del Triángulo del Norte. Bajo esta “crisis migratoria”, el Congreso de Estados Unidos tomó la decisión de aportar $750 millones de dólares a la región, a través del plan Alianza para la Prosperidad. Esta propuesta se centra en estimular el sector de producción, fomentar la economía y el desarrollo. Es decir, fortalecer las instituciones públicas del TdN para limitar los flujos poblacionales.
Con estos objetivos, Estados Unidos ha jugado un papel esencial en la financiación del plan.
Gráfico 1. Presupuesto estadounidense 2016. (millones de dólares)
Elaborada con base en (García, 2016) Ayuda al
desarrollo,
$299 Seguridad, $200
Prosperidad económica, $184 Iniciativas
militares, $26
Varios, $4
Presupuesto estadounidense 2016
Ayuda al desarrollo Seguridad Prosperidad económica Iniciativas militares Varios
32 De acuerdo con la hoja Informativa de la Casa Blanca, para el año fiscal 2016, EE. UU.
dividió el presupuesto de $750 millones de dólares para el TdN. A partir del gráfico es posible dar cuenta que más del 60% de los aportes van dirigidos a la seguridad y desarrollo mientras que, lo que respecta a la salud mundial, entrenamiento militar, y otros programas de prosperidad regionales (categoría varios) cuenta con menos del 5% del presupuesto. Esto denota la urgencia estadounidense de contrarrestar la violencia y criminalidad presente en el Triángulo del Norte.
Sin embargo, para los gobiernos del TdN, esta asistencia económica significó condicionalidad. El congreso de los Estados Unidos estableció que el 25% de la asistencia a los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras sería retenida hasta que la Secretaría de Estado de los Estados Unidos certificara que los gobiernos estén cumpliendo con: 1) informar a los ciudadanos sobre los peligros de la ruta ilegal de migración hacia Estados Unidos; 2) combatir el tráfico de personas, mejorar la seguridad en las fronteras y facilitar la reintegración; 3) repatriación y retorno seguro de migrantes indocumentados (The White House, Office of the Press Secretary, 2016).
En el mismo sentido, durante la administración Obama, se estableció que un 50% adicional de la asistencia sería entregado solo cuando se certifique que los gobiernos estén tomando medidas frente a (The White House, Office of the Press Secretary, 2016):
1. Combatir la corrupción y fortalecer las instituciones públicas;
2. mejorar la jurisdicción civil;
3. hacer frente a las actividades de crimen organizado;
4. proteger los derechos humanos;
5. promover programas para la equidad y;
6. aumentar los ingresos de los gobiernos.
Pese a las obligaciones de los gobiernos del Triángulo del Norte, la financiación y el apoyo de los Estados Unidos para el plan Alianza para la Prosperidad, es un proyecto con interés propio. Como lo estableció la Casa Blanca en la Conferencia del 2017 sobre Prosperidad y Seguridad en América Central “Los Estados Unidos ven la seguridad y prosperidad de