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Sobre Ernesto de la Torre Villar, La independencia de México

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Academic year: 2020

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RESEÑAS

Ernesto de la

T O R R E V I L L A R :

La independencia de México.

México: Fondo de Cultura E c o n ó m i c a , 1992, 304 pp.

ISBN 968-16-3882-4.

En la d é c a d a de los noventa, estamos entrando a la proximidad de la é p o c a del bicentenario de la guerra de independencia mexicana. Aunque es u n poco temprano para identificar u n creciente interés entre historiadores y el público en general en el periodo 1810-1821, se puede decir que la marcha de los cam-bios está comenzando. Desde la realización de la independen-cia hasta el presente, la d é c a d a de la guerra y la lucha de los líderes b e n e m é r i t o s como los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, h a b í a n sido una piedra de toque para identificar y explicar el nacimiento de la n a c i ó n mexicana. Historiadores como Lucas A l a m á n , Carlos María de Bustamante, José María Luis Mora y ahora Ernesto de la Torre, buscaban las raíces de la nacionalidad y explicaban el papel de las revoluciones de inde-pendencia y su influencia en el siglo XIX. Hacia el fin del siglo, 1877-1882, Juan E. H e r n á n d e z y Dávalos, y en 1910, para con-memorar el p r i m e r centenario, Genaro García, publicaron colecciones monumentales de documentos cardinales sobre el proceso de independencia. Con las obras de los historiadores

les. Ellos crearon u n p a n t e ó n blanco para las fuerzas de libe-r a c i ó n e independencia y otlibe-ro neelibe-ro palibe-ra el palibe-rtido de los

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realistas, de cjuienes hicieron los representantes de crueldades, racismo, dependencia, r e a c c i ó n e " i n i g u a l i d a d " . Cada estu-diante de escuela puede recitar incidentes heroicos de la gran lucha y cada mexicano reconoce las figuras valientes de Hidalgo y Morelos que en todas partes del país están pintados en mura-les o esculpidas en basalto volcánico como u n símbolo popular de los o r í g e n e s de la nación independiente.

En cualquier país, el problema con los mitos nacionales es que pueden oscurecer y volver definitiva una realidad exagera-da o incluso parcialmente apócrifa. Después de todo, Hiexagera-dalgo, Morelos y muchas figuras patrióticas de la rebelión no sobrevi-vieron los a ñ o s posteriores a 1815. Con jefes como Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, el quijotesco Francisco Javier Mina, o la figura desagradable de Agustín de Iturbide, la d é c a d a se hacia a la vez más interesante y más confusa. Y todo esto, sin estudiar cuidadosamente los líderes y partidos realistas que iró-nicamente se auto de nominaban la causa justa . Con el bicen-tenano, la madurez de la n a c i ó n y una larga distancia de los sucesos, los historiadores de nuestra é p o c a buscan nuevas inter-pretaciones y publicarán diferentes selecciones de documentos para las obras conmemorativas del bicentenario.

El presente libro de Ernesto de la T o r r e Villar consiste en cinco capítulos interpretativos, una sección biográfica sobre los líderes, una cronología de la d é c a d a de la guerra, una selección de documentos primarios y una bibliografía. El autor, un histo-riador distinguido con muchas publicaciones sobre el periodo de independencia mexicana, De la T o r r e comienza con u n acercamiento amplio que diferencia el caso de México de las otras guerras de e m a n c i p a c i ó n en las colonias españolas. En la Nueva España, la Ilustración inició reformas del pensamiento y a d m i n i s t r a c i ó n que eventualmente impulsaron las fuerzas de rebelión y revolución. Sin embargo, los estratos más bajos de una sociedad desigual no disfrutaban los beneficios de la e c o n o m í a , la burocracia b o r b ó n i c a reformista, o el optimismo de los crio-llos. La r e b e l i ó n e independencia de las 13 colonias angloame-ricanas, la Revolución francesa y la introducción de nuevas ideas liberales reformistas en México estimulaban nuevos cambios.

Con las guerras internacionales del siglo X V I I I , comenzando con el temor de u n ataque inglés en 1761, el gobierno imperial en Madrid autorizó la creación, en Nueva España, de u n ejército regular y de milicias provinciales. Aunque De la Torre mencio-na que el ejército había crecido a 40 000 hombres enganchados

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en 1808, sin embargo, c a r e c í a n de conocimientos militares, e d u c a c i ó n , disciplina o armas efectivas. El ejército acantonado en Jalapa, en el mismo a ñ o , era una fuerza bastante diferente cjue la descripción de De la Torre, l í. . .con espíritu de clase,

lle-no de privilegios y de fueros" [p. 83]. En realidad, la mayoría de los oficiales y soldados pensaban solamente en sus familias e intereses. A d e m á s , ellos expresaban " u n terror p á n i c o " cuando contemplaban el prospecto de servicio en el clima malsano de Veracruz. Aterrorizados con la epidemia de vómito negro, mu-chos desertaban y h u í a n a sus provincias o vivían como vaga-bundos al margen de la sociedad. Es verdad, como explica De la Torre, cjue del ejército surgieron algunos de los jefes del movi-miento insurgente, pero en realidad el núcleo del ejército regu-lar y miliciano de la colonia, con la excepción de las unidades del Bajío, soportaban la causa realista y servían para prolongar el con-flicto y evitar u n golpe revolucionario de las fuerzas populares.

En su tratamiento de las c a m p a ñ a s de los rebeldes de 1810¬ 1811, el autor mantiene el foco tradicional en la desorganización de la h o r d a desordenada crue o c u p ó Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao, antes de destruir a los defensores de la A l h ó n d i g a de Guanajuato. Detrás de las batallas, en Valladolid, Guadalajara y en otros pueblos, Hidalgo y los líderes principales no t e n í a n la capacidad para organizar el partido de la insurrec-ción. En las batallas de Acúleo, Guanajuato, Puente de Calde-r ó n y en muchas escaCalde-ramuzas gCalde-randes y p e q u e ñ a s , las fueCalde-rzas realistas de Félix María Calleja —una c o m b i n a c i ó n de las unida-des del ejército viejo colonial y de hombres provincianos realis-tas— derrotaron totalmente a las fuerzas independentistas y tomaron como prisioneros a Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Mariano J i m é n e z , Juan Aldama y otros líderes. Desde el punto de vista del autor, las ejecuciones de los dirigentes del movi-miento impidieron la i n t r o d u c c i ó n de u n programa revolucio-nario. La p o b l a c i ó n de México t e n í a que esperar otros jefes y más años para ganar . .la libertad ansiada y el derecho a ser nación independiente" [p. 92].

Desafortunadamente, esta interpretación heroica y naciona-lista no explica la complejidad cíe ios movimientos que frag-mentaron la vieja provincia de la Nueva España. Los t é r m i n o s patriota, realista, rebelde, bandido, cabecilla y otras expresiones negativas, oscurecen una guerra civil que c o m p r e n d i ó y confun-dió varias causas, regiones y actitudes. En los 11 años de atroz combate, t e n d r í a m o s que describir una guerra de insurgencia,

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contrainsurgencia y movimientos guerrilleros basados en algu-nas regiones y ciudades. Con esta compleja f r a g m e n t a c i ó n , zonas como la provincia de Veracruz, los llanos de Apan, el lito-ral del lago de C h á p a l a y la Dirección del Sur (hoy estado de Guerrero) se convirtieron en focos casi permanentes de guerra. En su tratamiento de las c a m p a ñ a s de José María Morelos, De la T o r r e Villar mantiene e l ideal de sacrificio y de u n conflicto desigual entre u n ejército poderoso y bien armado de 40 000 soldados realistas de línea y 40 000 milicianos, contra fuerzas sin armas n i recursos que peleaban por la libertad y la independen-cia. La realidad era muy diferente. En una guerra de sitios, sor-presas y operaciones en terrenos muy á s p e r o s de barrancas, m o n t a ñ a s y florestas, y distante de las vías de comunicaciones y pertrechos, donde los realistas sufrieron u n proceso gradual de debilitamiento. Sin tropas frescas expedicionarias de Europa para mantener la moral de los realistas, después de 1816 la gue-rra se volvió u n empate sin solución hasta el compromiso de Agustín de Iturbide.

El autor sigue los procesos políticos y constitucionales del lado revolucionario, el impacto de los modelos estadounidenses y franceses y del liberalismo de la C o n s t i t u c i ó n e s p a ñ o l a de

1812. Sin embargo, d e s p u é s de la Constitución de Apatzingán, proclamada en 1814, en u n pueblo p e q u e ñ o y distante de las ciudades y centros intelectuales de México, como muchos histo-riadores, De la Torre encuentra u n vacío que se extiende hasta 1817 y la llegada de la e x p e d i c i ó n de Francisco Javier Mina. Aunque el autor cita los documentos de Calleja en donde el jefe realista e x p r e s ó sus frustraciones por la incapacidad de no poder exterminar a sus enemigos, estas opiniones representa-ban el fracaso gradual de u n comandante que confrontaba una guerra popular interminable. A pesar del programa de indultos para los rebeldes y la política suave del virrey Francisco Javier de Apodaca, entre 1817 y 1820 el ejército realista c a r e c í a de la capacidad para mantener comunicaciones y en muchas provincias, el campo estuvo en manos de distintos cabecillas i n -surgentes. A l contrario de la o p i n i ó n del autor, quien sostiene que la lucha en 1819 se redujo a las fuerzas de los jefes Vicente Guerrero y Pedro Ascencio, en realidad, la lucha se transformó en una m u l t i t u d de bandas de guerrillas que constantemente renacían y se desarrollaban. Con la subdivisión de batallones y c o m p a ñ í a s en miles de guarniciones p e q u e ñ a s , el ejército realis-ta no tenía fuerzas operacionales nara combatir cada amena z3

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A d e m á s , la población de las ciudades y de los territorios realistas no p o d í a n ya soportar el alto costo de la guerra en impuestos, p r é s t a m o s forzosos, y la falta de mano de obra en los campos, minas e industrias. Con la r e i n t r o d u c c i ó n de la C o n s t i t u c i ó n e s p a ñ o l a en 1820, casi todas las comunidades de la Nueva Es-p a ñ a desmovilizaron sus milicias urbanas y rurales. A u n sin Iturbide y el Plan de Iguala, la guerra no p o d í a continuar.

En este estudio, el autor identifica transformaciones socio-e c o n ó m i c a s socio-en la Nusocio-eva España qusocio-e distingusocio-en socio-estsocio-e movimisocio-en- movimien-to de otras guerras de e m a n c i p a c i ó n en H i s p a n o a m é r i c a . Aunque se trata de una distinción importante, es una lástima que el autor desatienda las obras recientes de muchos investiga-dores importantes como Timothy Anna, Virginia Guedea, Brian Hamnett, Carlos Herrejón, Jaime Rodríguez, John Tutino, Eric Van Young y otros. Con más bibliografía, que incluyera las nue-vas investigaciones de esta g e n e r a c i ó n de historiadores del periodo de independencia mexicana, el libro de Ernesto de la T o r r e hubiera avanzado m á s allá de una i n t e r p r e t a c i ó n tradi-cional. Después de 11 años de guerra civil y revolución social, en 1821 México g a n ó la independencia como u n Estado fragmenta-do por satrapías regionales y jefes que lucraban del desorden. Con la d e s t r u c c i ó n acarreada por la guerra y una g e n e r a c i ó n arrancada de sus ocupaciones y casas, la nación miraba hacia u n futuro difícil. En su conclusión, De la Torre expresa esta reali-dad que la guerra h a b í a transformado la colonia y la sociereali-dad novohispana desde sus raíces.

Christon I . ARCHER

The University of Calgary

Ricardo

RENDÓN GARCINI:

El prosperato. El juego de equilibrios

de un gobierno estatal (Tlaxcala de 1885 a 1911).

México:

Universidad Iberoamericana-Siglo Veintiuno Editores,

1993, 288 pp. ISBN 968-23-1891-2.

La primera parte del título de este libro, El prosperato. El juego de equilibrios de un gobierno estatal. . ., es u n título para iniciados. La segunda parte no, ya que el autor tuvo el buen cuidado de ser preciso e indicar q u é estado y q u é periodo cubre su trabajo. Es u n título para iniciados porque a muchos les resultará ajena esa d e n o m i n a c i ó n de prosperato, que a lo sumo remite a la de

Referencias

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