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Reposicionamiento en prácticas teóricas: Un análisis conceptual y experimental

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Academic year: 2020

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UNIVERSIDAD VERACRUZANA

CENTRO DE ESTUDIOS E INVESTIGACIONES EN CONOCIMIENTO Y APRENDIZAJE HUMANO

REPOSICIONAMIENTO EN PRÁCTICAS TEÓRICAS: UN ANÁLISIS CONCEPTUAL Y EXPERIMENTAL

TESIS PARA OBTENER EL GRADO DE DOCTOR EN CIENCIA DEL COMPORTAMIENTO

PRESENTADO POR:

LUIS RENÉ BAUTISTA CASTRO DIRECTOR:

DR. RICARDO PÉREZ-ALMONACID

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Agradecimientos

Al Doctor, maestro y amigo, Telmo Peña por haberme puesto en el camino que se me convirtió en la vida misma.

Al Doctor Ricardo Pérez-Almonacid por su ejemplo de honestidad académica y por su disposición permanente a sacar lo mejor de mí, pero sobre todo por su amistad y por el

ofrecimiento sincero de un segundo hogar en tierras lejanas.

A quienes en su momento fueron mis compañeros en el CEICAH, por la interlocución y la amplitud de corazón para acogerme como uno más de los suyos.

Al Doctor Emilio Ribes por su paciencia en el intento constante de encausar a un díscolo abstruso incorregible; por cada estimulante conversación; por la generosidad de cada tarde en

Villa Mesura; por el invaluable obsequio de la inspiración.

A mi amada familia, por los auxilios para continuar, por los motivos para perseverar y por los valores que reconozco como mi fundamento, especialmente en tiempos difíciles.

A Diana, por lo humano y lo divino:

Por su colaboración directa e indirecta en todo el proceso.

Por el amor bonito; por las tantas vidas vividas a su lado; por estar, por confiar y por alentar en cada momento.

A mi hijo, por cada vez que impidió que me distrajera de lo más importante de mi vida: Él mismo.

(5)

Nuestro saber forma un enorme sistema.

Y sólo dentro de ese sistema tiene lo particular el valor que le otorgamos.

(6)

Tabla de Contenido

Lista de Figuras ... 12

Lista de Tablas ... 15

Resumen ... 16

Introducción ... 18

Capítulo 1. El Ajuste Categorial: Origen, Evolución y Perspectivas ... 25

Introducción ... 25

El concepto de medio de contacto ... 26

El medio de contacto convencional. ... 28

El ajuste categorial ... 31

Ajustes, logros y comportamiento pertinente. ... 40

Logros conceptuales y categoriales. ... 44

Relaciones entre logros conceptuales, categoriales y estructuras funcionales ... 49

Síntesis y conclusión ... 53

Capítulo 2. Posicionamiento en Prácticas Convencionales ... 55

Introducción ... 55

Participación y posicionamiento en las prácticas convencionales ... 56

Actividad humana como participación individual en prácticas convencionales ... 58

El concepto de posicionamiento ... 64

Prácticas interindividuales y posicionamiento ... 69

Facetas del posicionamiento ... 75

(7)

Posicionamiento y fundamento ... 80

El carácter sistémico del posicionamiento ... 82

La naturaleza actuativa del posicionamiento ... 84

Posicionamiento teórico y conocimiento ... 86

Posicionamiento y desplazamiento ... 88

Síntesis y conclusión ... 91

Capítulo 3: Consideraciones Preliminares para la Indagación Empírica sobre el Reposicionamiento en Prácticas Teóricas. ... 93

Reposicionamiento y cambio creencias ... 93

Reposicionamiento y cambio conceptual ... 98

Características genéricas de una preparación experimental para la evaluación del posicionamiento en prácticas teóricas ... 104

Una propuesta para el estudio del reposicionamiento teórico ... 108

Capítulo 4 ... 112

Indagación Empírica: Estudio 1. ... 112

Método ... 113

Participantes ... 113

Instrumentos ... 114

Tarea experimental ... 114

Análisis de la posición ... 119

Análisis de la perspectiva ... 121

(8)

Análisis de la postura ... 124

Procedimiento ... 127

Resultados ... 129

Caracterización de la posición ... 129

Caracterización de la perspectiva ... 130

Caracterización de la postura ... 134

Análisis de las relaciones conceptuales y categoriales de la postura ... 137

Discusión Estudio 1 ... 140

Sobre la medición del posicionamiento ... 140

Sobre la caracterización del posicionamiento ... 142

Sobre el establecimiento de una dimensión como eje del posicionamiento ... 146

Estudio 1b. ... 150

Ausencia de opciones consistentes ... 150

Método ... 152

Participantes ... 152

Procedimiento ... 152

Resultados ... 154

Análisis de la posición ... 154

Análisis de la perspectiva ... 155

Análisis de la postura ... 158

(9)

Discusión Estudio 1b ... 166

Sobre las bondades y limitaciones del instrumento ... 167

Sobre los efectos de la exposición a situaciones de inconsistencia por ausencia ... 168

Sobre la sensibilidad diferencial a la inconsistencia ... 170

Análisis de la relación entre la postura, perspectiva y posición por dimensión del espacio categorial ... 175

Estudio 2: efectos de la exposición a situaciones de inconsistencia por incompatibilidad sobre el posicionamiento en prácticas teóricas. ... 178

Situaciones para la ratificación-rectificación del posicionamiento ... 179

Eje de abstracción en el reposicionamiento en prácticas teóricas ... 184

Situaciones de conflicto ... 185

Método ... 192

Participantes ... 192

Diseño ... 193

Instrumentos ... 193

Tarea experimental ... 194

Procedimiento ... 194

Fase A ... 194

Fase B ... 196

Fase A’ ... 196

Resultados ... 196

(10)

Efectos del conflicto por incongruencia conceptual sobre la DFe ... 199

Sensibilidad a la inconsistencia por ausencia ... 201

Discusión Estudio 2 ... 203

Estudio 3: Efectos de la densidad de exposición a situaciones de inconsistencia por ausencia, sobre el reposicionamiento en prácticas teóricas ... 209

Método ... 213

Participantes ... 213

Diseño ... 214

Instrumentos ... 214

Tarea experimental ... 214

Procedimiento ... 214

Fase A ... 214

Fase B ... 215

Fase A’ ... 216

Resultados ... 216

Establecimiento de la dimensión de fundamentación episódica ... 216

Efectos del conflicto por incongruencia conceptual sobre la Dfe ... 218

Sensibilidad a la inconsistencia por ausencia ... 221

Discusión Estudio 3 ... 223

Discusión General y Conclusiones ... 228

Virtudes y limitaciones de la presente preparación experimental ... 239

(11)

Referencias ... 246 Apéndice A: Descripción de las Dimensiones del Espacio Categorial (Adaptado de Pérez-Almonacid, 2018). ... 255 Apéndice B: Ejemplos de Situación para la Evaluación de la Perspectiva (Versión

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Lista de Figuras

Figura 1. Esquema de organización jerárquica de los criterios convencionales. ... 45

Figura 2. Caracterización de la dimensión dinámica de la participación individual en prácticas convencionales. ... 90

Figura 3. Esquema de la preparación experimental para estudiar el posicionamiento: Múltiples episodios con diversas opciones actuativas (Op) que permiten establecer diferentes configuraciones. ... 110

Figura 4. Comparación gráfica de una posición indefinida y una posición definida. ... 121

Figura 5. Ejemplo de representación esquemática de la postura. ... 125

Figura 6. Posición de los participantes en el espacio categorial, en comparación con una posición definida. ... 130

Figura 7. Proporción de justificaciones encontradas en cada dimensión del espacio categorial 132 Figura 8. Comparación de las anomalías de la perspectiva: incongruencia (Icg) e incoherencia interna (In), en cada dimensión del espacio categorial (D1, D2, D3, D4). ... 134

Figura 9. Trayectoria episódica de las elecciones justificadas de los participantes. ... 135

Figura 10. Proporción de anomalías por incoherencia externa. ... 137

Figura 11. Caracterización paramétrica de la postura de los Participantes 2 y 3 ... 140

Figura 12. Comparación de la posición documentada en el Estudio 1 y la posición en situaciones de inconsistencia por ausencia (I-A), por participante (P1, P2 y P3). ... 155

Figura 13. Comparación de la proporción de justificaciones provistas por los participantes 2 y 3, en situaciones de consistencia (C) y en situaciones de inconsistencia por ausencia (I-A) ... 156

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(14)
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Lista de Tablas

Tabla 1. Relación entre logros de pertinencia y ajustes funcionales. ... 50

Tabla 2. Análisis del posicionamiento y sus facetas, en comparación con los análisis de logro y funcionales. ... 79

Tabla 3. Características de una preparación experimental para abordar posturas ... 108

Tabla 4. Comparación de las elecciones de los 3 participantes en la Fase B ... 165

Tabla 5. Ejes de estructura de situación en que puede ocurrir la ratificación o rectificación del posicionamiento. ... 183

Tabla. 6. Ejes de estructura de situación, ampliados por nivel de inconsistencia. ... 186

Tabla 7. Tipos de situaciones de conflicto. ... 187

Tabla 8. Niveles de complejidad de las situaciones de conflicto. ... 190

Tabla 9. Proporción de justificación episódica por dimensión (D). ... 198

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Resumen

(17)
(18)

Introducción

(19)

¿Cómo podemos conocer con precisión los factores de los que depende que el estudiante note el problema y sus implicaciones? ¿cómo podemos determinar con igual nivel de precisión los factores de los que depende que el estudiante decida recorrer el camino? ¿de qué se trata en estricto sentido aquello que se llama en el ejemplo “crisis epistemológica? ¿cómo interpretar a la luz de una teoría psicológica el ejercicio socrático del profesor? ¿es suficiente decir que el estudiante cambió su concepto de “la mente” o sus creencias sobre ello? ¿cómo podemos conceptualizar los elementos más relevantes de casos como este, de modo que sea posible hacerlos comparables entre sí, aun cuando no se hable de psicología o incluso de ciencia, sino de política, o religión? ¿cómo podríamos estudiar experimentalmente un proceso tan complejo? El presente trabajo ofrece una alternativa para abordar todos estos interrogantes, que pretende al menos sugerir una vía posible para iniciar el largo recorrido que se puede anticipar en este sentido.

(20)

En ese contexto, se sugiere que es posible analizar específicamente esta pertinencia del comportamiento humano (i. e. su dimensión categorial) en términos de logros conductuales, utilizando un esquema jerárquico de la organización de los criterios que permiten predicar estos logros. El esquema recoge heurísticamente la propuesta aristotélica sobre conceptos y categorías como géneros y especies (en la misma vía de la propuesta de Ribes, 2006), de modo que, en términos generales, de acuerdo con la propuesta de Pérez-Almonacid, Rangel y Hernández (2014) se plantea la posibilidad de identificar logros conductuales correspondientes con estas especies y géneros: logros con respecto a conceptos, y logros con respecto a categorías (sin que esto suponga, necesariamente, ajustes funcionales distintos). Esto, a su vez, se subdivide en dos variantes: logros de instanciación y de explicitación, denominada también “abstracción de criterios”, siendo entonces la abstracción categorial el logro conductual más complejo dentro de este entramado. Sin embargo, se plantea también que estas categorías pueden relacionarse entre sí, de manera que describan un “dominio” o ámbito convencional para el comportamiento individual, por lo que en realidad abstraer o explicitar las relaciones categoriales de ese dominio serían un logro de mayor complejidad, que podría por supuesto conllevar implicaciones importantes en la conducta posterior de quien lo logra.

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categoriales). Así, toda inserción en una práctica convencional implica un posicionamiento en referencia a dicha práctica y todo posicionamiento ocurre necesariamente a partir del proceso de inserción; aprender a jugar fútbol, o insertarse en la práctica del fútbol, no es otra cosa que hacer y decir cosas pertinentes de acuerdo con las prácticas a las que se tenga a bien llamar “fútbol” en un contexto particular. Al mismo tiempo aprender a jugar fútbol implica que necesariamente se juega de alguna manera, lo que permite identificar al jugador en términos de una posición dentro del juego.

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En seguida se propone que el posicionamiento, en cualquiera de los tres tipos de práctica, se puede caracterizar en términos de tres atributos o aspectos: (a) la manera particular en la que una persona “ve” lo que está ocurriendo en un episodio particular, que se concreta en la manera como hace y dice en circunstancia; (b) la tendencia a comportarse de esa manera y de justificarlo en términos de criterios categoriales y conceptuales; y (c) las coordenadas que ocuparía el comportamiento del individuo en el dominio que sea de interés analítico, lo cual sería un análisis de tipo formal, no psicológico. A lo primero se le denomina “perspectiva”, a lo segundo, “postura” y a lo tercero, “posición”.

Por último, se realiza una caracterización de las propiedades del posicionamiento y se proponen algunas especificaciones importantes para el caso del posicionamiento en prácticas teóricas, con el fin de definir los aspectos que deberían ser tenidos en cuenta para abordar empíricamente este fenómeno de forma no reduccionista. Entre ellos, se resaltarán: (a) la propiedad de fundamentación del comportamiento, (b) los atributos funcionales del posicionamiento, (c) la articulación sistémica de los criterios que sirven como fundamento, y (d) su dinámica o posibilidad de modificación.

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Finalmente, el Capítulo 4 muestra una serie de cuatro estudios que exploran la funcionalidad de la preparación sugerida, así como la influencia de algunos factores que podrían promover o dificultar el reposicionamiento, en el dominio particular de las prácticas científicas en psicología. En particular se presenta, en primer lugar, un estudio piloto que permitió poner a prueba la preparación experimental sugerida, así como una serie de parámetros derivados de dicho ejercicio. En segundo lugar, se presenta un segundo estudio en que se introdujo una pequeña modificación a la tarea que consiste en exponer a los participantes a situaciones que carecen de opciones conductuales acordes con su posicionamiento inicial, denominadas “situaciones de inconsistencia por ausencia” y que permitió evaluar si el posicionamiento originalmente documentado se mantiene o no en estas situaciones. En ese contexto, la inconsistencia se desarrolló conceptualmente como un universo extenso de diversos tipos o niveles que permiten parametrizar las situaciones a las que puede estar expuesto un individuo, y que podrían eventualmente generar un cambio en su posicionamiento inicial (reposicionamiento). En efecto, se realizó un tercer estudio en que, de acuerdo con la conceptualización elaborada, se puso a prueba el posicionamiento ante un tipo diferente de inconsistencia, en la cual se mostraba a los participantes que los criterios conceptuales que utilizaban para justificar su comportamiento no podían ser aplicados en situaciones específicas (i. e. situaciones de conflicto conceptual). El cuarto estudio, derivado de un análisis de los datos de los tres precedentes, evaluó cómo aparentemente cierto tipo de experiencia previa en situaciones de inconsistencia podría probabilizar el reposicionamiento.

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(25)

Capítulo 1. El Ajuste Categorial: Origen, Evolución y Perspectivas Introducción

(26)

El concepto de medio de contacto

En el contexto teórico del modelo de campo propuesto por Kantor (1921) se introduce el concepto de medio de contacto, por extensión del concepto aristotélico de medio (Kantor y Smith, 1975; Ribes y Pérez-Almonacid, 2012). Este concepto describe un tipo de condición sin la cual no se establecerían las relaciones psicológicas (v. g, luz, aire, etc.), de modo que se precisa una distinción entre los segmentos de estímulo y respuesta de una interacción y las condiciones que hacen posible su contacto funcional, sin asumir que estas condiciones lo determinan o lo provocan1.

La utilidad de esta precisión, de acuerdo con Kantor, es que permite plantear como “pseudoproblemas” todas aquellas preguntas relativas a cómo un individuo se ajusta psicológicamente ante condiciones que no son dimensiones de objetos de estímulo. No tendría sentido, por ejemplo, indagar en la investigación psicológica por ‘cómo percibimos la luz’; por el contrario, tendría sentido preguntarnos por cómo percibimos visualmente un objeto siempre que haya luz, aunque la presencia de luz no garantice que se perciba visualmente el objeto. En términos conductuales, sería entonces “gracias a” medios de contacto que resulta posible tanto la adaptación o ajuste psicológico de un organismo a estímulos situados a distancia, como la evolución de respuestas variadas, demoradas e inhibitorias ante ellos (Kantor, 1921, p. 258; Kantor, 1933, p. 32-33). Sin embargo, de acuerdo con este uso, la utilidad del concepto original se restringe al análisis de ajustes perceptuales extendidos en espacio y tiempo; de hecho, el propio autor propone

1 En ese sentido la expresión ‘medio de contacto’, como concepto, es distinta de expresiones

(27)

que hay ausencia de medios de contacto en lo que denomina el “comportamiento ideacional” (Kantor, 1921, p. 258).

Por su parte, Ribes y López (1985) sugirieron un desarrollo particular del modelo de campo kantoriano al clasificar las propiedades funcionales de los objetos de estímulo de forma tal que tenía implicaciones directas sobre el concepto mismo de medio de contacto. El de Kantor sería el medio para contactar propiedades fisicoquímicas2 (i. e. las que se actualizan como contacto

sensorial próximo o ‘a distancia’), pero podían reconocerse también otros dos tipos de propiedades estimulativas: las organísmicas o ecológicas, y las convencionales, que se definen respectivamente según si los objetos de estímulo (incluyendo a otros organismos o individuos) adquieren sus propiedades funcionales por hacer parte de una dinámica ecológica o convencional.

Las propiedades ecológicas son entonces aquellas características de los objetos y organismos que se derivan de las relaciones de supervivencia o reproducción en un nicho particular. Por ejemplo, es posible actuar con respecto a otro organismo no sólo en términos perceptuales sino también con respecto a lo que hace; además de ver o escuchar sus movimientos, se puede responder a ellos porque quien los ejecuta es un ‘predador’, una ‘presa’, un ‘macho alfa’ de la manada, una hembra proceptiva, etc. Por su parte, las propiedades convencionales son aquellas características de un objeto o individuo respecto a los cuales se actúa en virtud de lo que está acordado o normado socialmente sobre ellos, como cuando se actúa frente a un objeto en términos de su carácter de “sagrado”, “alquilado”, “ilegal”, etc.

2 Cabe aclarar que Kantor (1921) también establece una distinción entre tipos genéricos de objetos

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Por lo tanto, al retomar el modelo de campo propuesto por Kantor, estos autores, si bien incluyen el concepto de medio de contacto, amplían su función y lo cualifican en términos de los tipos de propiedades de estímulo y respuesta que pueden entrar en contacto en una relación psicológica. Al respecto afirman:

El medio de contacto es el conjunto de circunstancias fisicoquímicas, ecológicas o normativas que posibilitan la relación particular implicada en una función estímulo- respuesta. En ese sentido el medio de contacto designa exclusivamente las condiciones que hacen posible una interacción, pero que no forman parte de la interacción. Son las condiciones sí o no, participantes en un campo (p. 45).

Se habla entonces de tres tipos de medio de contacto correspondientes con los tres tipos de propiedades estimulativas de los objetos que hacen parte de una interacción, así como con tres tipos de sistemas reactivos que permiten, como condición del individuo implicado, el contacto con tales propiedades: físico- químico, ecológico y convencional. Desarrollos posteriores de esta propuesta (ver particularmente Ribes, 2007; Ribes y Pérez-Almonacid, 2012) precisan esta distinción en términos de lo que posibilita cada uno, y en términos de las condiciones, dimensiones, modos y formas de su operación (para ver en detalle la propuesta, consultar Ribes, 2007).

El Medio de Contacto Convencional.

En ese contexto, el concepto de medio de contacto convencional se refiere a las condiciones de posibilidad para la actualización de propiedades funcionales convencionales en el comportamiento individual3. Al respecto señalan Ribes y López (1985): “En lo que toca a la

3 Para una caracterización de las prácticas sociales, ver Ribes (2001); allí se sugiere que estas se

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propiedad convencional de un evento, sea de estímulo o de respuesta, ésta es asignada por convención o acuerdo del grupo social y, normalmente, es específica de las circunstancias sociales en que tiene lugar” (p. 57). Así, por un lado, las convenciones o acuerdos son resultado de la práctica interindividual, pero por otro, preceden y trascienden el comportamiento de individuos específicos que participan en ella y, por tanto, permiten que miembros del grupo indiquen a otros lo que es ‘socialmente posible’ hacer y decir en relación con objetos, artefactos, o incluso con respecto a otros organismos y sus acciones. Como afirma Ribes (2012) “El hacer y decir de los individuos y su relación con las cosas, otros individuos y los acontecimientos, constituyen parte de un sistema que los engloba pero que, a la vez, no es independiente de ellos” (p 115).

Así, este medio de contacto convencional opera como tal a partir de la aceptación de una forma de vida, que puede ser vista como un “sistema de diferenciaciones compartidas basadas […] en funciones de estímulo institucionales” (Ribes y Pérez-Almonacid, 2012, p. 243); por lo tanto, se asume que los convenios o acuerdos constitutivos de una práctica social operan como una red, entramado o sistema de límites funcionales para acciones individuales particulares4. En efecto,

aquello que se indica con el concepto de medio de contacto convencional es el sistema de demarcaciones o límites que ofrece la práctica social en que se desarrolla el comportamiento individual. Adicionalmente, es posible afirmar que estos límites se instancian o traducen en la

4 Teniendo en cuenta que, como se ha mencionado, el concepto de medio de contacto indica

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práctica como criterios5 en tanto que permiten predicar (i. e. hacer juicios) la adecuación del

comportamiento individual a la práctica social (Ribes y Sánchez, 1994; Ribes, 2012; Ribes y Pérez-Almonacid, 2012). Al respecto Pérez- Almonacid y Quiroga (2010) señalan:

Acciones y expresiones pueden hacer parte de gramáticas diferentes [...] Identificar la gramática de una acción o expresión es interpretar su “sentido” o sus criterios de pertinencia […] criterios que definen que lo que se hace en el juego sea pertinente, tenga sentido o sea absurdo […] La gramática profunda del juego de lenguaje es una organización, ésta se define por límites que diferencian cosas y eventos; no hay orden si no hay límites. En el caso humano, éstos se establecen en la forma de palabras, normas, sanciones, permisos, predicaciones, aserciones, jerarquías, secuencias, roles, etc. (p. 51).

En suma, la práctica social opera como condición de posibilidad para el comportamiento individual en tanto que provee un sistema de límites que permite acotarlo en virtud de su adecuación convencional. En efecto, el medio de contacto convencional no indica la posibilitación del comportamiento individual en términos de su ocurrencia, sino en términos de su pertinencia (cf. Ribes & Pérez-Almonacid, 2012; Pérez-Almonacid, García & Ortiz, 2015). De esta manera, la categoría de medio de contacto convencional subraya que aquello que se hace posible a partir de la práctica social no es la ocurrencia de acciones sino el establecimiento de contactos funcionales pertinentes (independientemente del tipo de contacto que tenga lugar, funcionalmente

5 Se reconocen cuando menos tres usos genéricos del concepto de criterio: 1) juicio o

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hablando), entendidos como aquellos que resultan ser apropiados, correspondientes o ajustados a lo socialmente acordado. En otras palabras, el sistema de delimitaciones de la práctica social funciona como el medio de contacto convencional que hace posible que el comportamiento pueda recibir el atributo de ser pertinente, es decir, que corresponda con el sistema de límites convencionales de una práctica social particular. Así, lo pertinente es lo adecuado a lo socialmente acordado; lo que se reconoce como perteneciente a un sistema de prácticas particular.

El Ajuste Categorial

Lo desarrollado en el apartado anterior implica, en primera instancia, que las acciones en sí mismas no son pertinentes (o impertinentes), dado que, tal como ha sido definida, la pertinencia no es una propiedad absoluta o inherente de la acción; por el contrario, en tanto atributo convencional, su carácter de pertinente depende de la práctica de referencia. Al respecto Ribes (2006) afirma: “Las palabras y actos en sí y por sí carecen de sentido o función. Es su ocurrencia como actos y expresiones apropiadas a una situación lo que les da sentido” (p. 94). Esta relatividad ha sido recogida posteriormente bajo el concepto de ‘actuar como’:

Podemos considerar a los fenómenos psicológicos como diversas formas de “actuar como”. Esta noción subraya la relatividad funcional de todo comportamiento y su pertenencia siempre a una de múltiples prácticas-criterio identificables institucionalmente. Consiste en pensar en el comportamiento psicológico como si fuera siempre parte de un juego de lenguaje, con todas las consecuencias lógicas del caso (Ribes, 2012, p. 115).

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El grado en que dichos actos y expresiones pueden ser funcionales en distintas situaciones depende del juego de lenguaje; es decir, no depende de los objetos y personas per se con los que se interactúa, sino del criterio que regula o determina dicha interacción. El criterio no es externo a la situación, ni tampoco fijo. El criterio puede identificarse con la finalidad o razón funcional de la situación […] la semejanza o diferencia en los atributos de los objetos o símbolos no es una propiedad inherente de las cosas, sino que es condicional al criterio o criterios que determinan la funcionalidad de la situación (Ribes, 2006, p. 94).

A dichos criterios de pertinencia funcional del comportamiento Ribes (2006) los vinculó explícitamente con el universo temático de las categorías. Estas fueron concebidas como posibilidades de demarcación de sentido y pertinencia del comportamiento humano de modo que corresponden con criterios de ajuste convencional. Así, y de acuerdo con la tradición propuesta por Kantor (1950), las categorías se plantearon como entidades lingüísticas (y por tanto convencionales) susceptibles de construcción, evaluación, cambio, etc., a diferencia de las posturas tradicionales en que las categorías son asumidas como límites inherentes de los objetos del mundo ante los cuales un organismo forma representaciones abstractas (i. e., conceptos), o como clases de objetos de estímulo ante los que se responde discriminadamente:

Asumimos que las categorías y conceptos están indisolublemente vinculados al lenguaje como sistema de articulación de las relaciones sociales (y culturales) […] Asumimos que las categorías y los conceptos, como fenómenos lingüísticos en un sentido amplio (Ribes, 1993), constituyen la arquitectura convencional del ambiente humano y de los sistemas reactivos correspondientes, respectivamente6 […] categorías y conceptos son funciones del lenguaje

6 Cabe anotar que esta distinción está relacionada pero no es idéntica con la que sugiere Kantor

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que otorgan sentido y pertinencia a los actos de los individuos, incluyendo a los actos de hablar y escribir (Ribes, 2006, pp. 90-93).

En ese sentido, teniendo en cuenta que el comportamiento humano puede ser visto como una actualización permanente de las delimitaciones de pertinencia de los sistemas de prácticas que constituyen el medio de contacto convencional, el autor afirmó que en todo comportamiento humano puede reconocerse un ajuste categorial7:

El individuo humano se ajusta siempre a criterios categoriales (lo que es o no es, lo que pertenece o no pertenece, lo que es apropiado o no es apropiado) en la forma de actualización pertinente de logros que se identifican con la adquisición, posesión, aplicación o expresión de conceptos […] por ello, no es impropio decir que todo ajuste posibilitado por un medio de contacto convencional es un ajuste categorial (Ribes, 2007, p. 236).

En ese contexto, Ribes (2006) sugiere una clasificación de cinco formas o tipos de ajuste con base en criterios categoriales, o de ajustes categoriales: (a) aceptar, reconocer y reproducir prácticas (y por ende sus criterios) en diversas situaciones (ajuste por aceptación); (b) usar efectivamente lo que ha aprendido, a partir de la identificación del criterio de ajuste mediante su propia práctica (ajuste por uso); (c) permutar criterios ante un mismo conjunto de objetos de estímulo (ajuste por elección) y en el que “En términos de Ryle, el comportamiento del individuo puede transitar por una variada geografía lógica de posibilidades que le den sentido a sus acciones” (p. 98); (d) modificar el criterio transfiriendo reglas de otra situación produciendo equivalencia de sentido entre las dos situaciones (ajuste por correspondencia); y, (e) formular nuevos criterios en relación con los que conoce, y en efecto, estipular las condiciones de pertinencia que serán vigentes

construcciones (productos/ objetos) sociales, dado que hablar de sistemas reactivos no es lo mismo que hablar de interconducta, ni hablar de objetos es lo mismo que hablar de criterios.

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para su propia acción. “…tienen que ver directamente con el ajuste lingüístico a circunstancias puramente simbólicas” (p. 99).

En esa misma vía, Pérez-Almonacid y Quiroga (2010) señalan que el ajuste categorial, como sinónimo de actuar pertinente, “es el comportarse en términos de un medio de contacto convencional o lo que es lo mismo, criterios categoriales particulares” (p. 52). Sin embargo, estos autores, inspirados en Kantor (1950), plantean una distinción entre tipos de categorías: categorías episódicas como límites convencionales que se actualizan en segmentos específicos de actividad práctica de un individuo, y categorías teóricas como abstracciones lingüísticas o explicitación de tales límites de pertinencia (cf. p. 52). Dicha distinción implica una modificación del concepto de ajuste categorial, ya que permite extender la distinción del tipo de categoría con respecto de la cual tiene lugar el ajuste; así, las categorías, como criterios de pertinencia, se actualizarían actuativa o implícitamente, y explícitamente.

Más adelante, Ribes y Pérez-Almonacid (2012) precisan este concepto en virtud de la distinción sugerida, en lo que constituiría un ‘tercer momento’ o una tercera versión. De acuerdo con los autores, el medio de contacto convencional implica un universo de propiedades potenciales que se hacen ‘acto’ siempre en forma de comportamiento individual en situación, de modo que dichas propiedades se actualizan como tales de dos formas genéricas: (a) participando en las prácticas pertinentes, lo que se identificaría mediante un saber hacer respecto de los otros o de una situación problema, de manera que podría verse como una actualización implícita en el contexto de ajustes funcionales particulares; y (b) a partir del “reconocimiento lingüístico de los límites funcionales de un dominio contingencial,8 sea este de carácter institucional o sea un dominio

8 De acuerdo con Pérez-Almonacid (2010) el domino se refiere al ámbito funcional en que tiene

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teórico práctico, un saber hacer” (p. 246). A esta última forma de actualización es a lo que se le denominaría en estricto sentido un ajuste de naturaleza categorial. De tal manera, el ajuste categorial sería ahora un tipo particular de conducta convencional, que se distingue de otros en tanto que implica la identificación o reconocimiento explícito de los límites de pertinencia de un dominio, que son, o pueden ser, vigentes para la actividad propia. En suma, bajo esta nueva óptica sería posible distinguir ajustes pertinentes implícitos o explícitos, siendo estos últimos los ajustes genuinamente categoriales.

Estos momentos de la evolución del concepto de ajuste categorial, como ajuste pertinente implícito y como ajuste pertinente explícito de naturaleza teórica9, implican semejanzas, pero

también permiten trazar algunas diferencias que sugieren una re-delimitación del universo empírico originalmente implicado por el concepto. Con respecto a los puntos en común, es posible afirmar que las tres propuestas subrayan y reiteran la sutil pero importante distinción entre los conceptos referidos a prácticas sociales que utilizan las ciencias sociales, y la abstracción que hace la psicología de ellos, como medio de contacto convencional, en función de la definición del comportamiento psicológico. Todas estas variaciones de alguna manera señalan que el medio de contacto es un concepto que sólo tiene sentido para la psicología y en tal virtud no se hace equivalente a “la cultura”, o “la sociedad”, o a las “instituciones”, pues desde una óptica psicológica lo importante es que implican una propiedad específica funcionalmente relevante para el comportamiento individual: ofrecen un sistema de delimitaciones que permiten predicar su

9 Sería posible entonces distinguir estos dos momentos como ‘ajuste pertinente’ o convencional y

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pertinencia10, lo cual permite sugerir el carácter ‘psicológicamente vacío’ del concepto de medio

de contacto (cf. Ribes, Pulido, Rangel y Sánchez-Gatell, 2016, p. 20 y Ribes, 2018). Así mismo, hay una coincidencia en que un análisis ‘puramente’ psicológico de la conducta humana sería, por el contrario, aquel dirigido a sistematizar tipos o dinámicas contingenciales, entendidas como aquellas en que se establecen relaciones sistemáticas entre ocurrencias que involucran objetos de estímulo y acciones de un individuo (cf. Ribes y López, 1985; Ribes, 1997; Ribes, 2018). Los criterios de pertinencia aparecen en ese análisis psicológico como propiedades funcionales de los objetos de estímulo. Pero el análisis de su gramática no es en sí misma de interés psicológico.

De tal manera, bajo la lógica general de la propuesta, el análisis psicológico del comportamiento humano siempre es de carácter funcional y no categorial, a pesar de que la forma que asume lo funcional sea categorialmente delimitada:

Las propiedades funcionales convencionales del objeto de interacción están determinadas por la organización categorial particular de las prácticas sociales en las que se halla involucrada la persona [El sistema categorial] define cuál es la propiedad funcional del objeto de interacción. El contacto funcional […] está encauzado por los límites de los sistemas categoriales y en particular por el que se actualiza. De esta manera [se hace referencia a] un contacto funcional particular (contextual, suplementario, selector, extra o transituacional) delimitado categorialmente, es decir, pertinente a los criterios de una práctica social (Pérez-Almonacid y Quiroga, 2010, p. 53).

10 Al respecto afirma Ribes (2007): “el medio de contacto es la categoría clave en la teoría de la

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Así, un análisis funcional del comportamiento asume una tipificación de relaciones funcionales posibles y el objetivo de identificar el tipo de relación funcional actualizado en circunstancias concretas. Por lo tanto, responde a preguntas tales como: ¿qué tipo de relación funcional se actualiza? ¿De qué depende que se actualice un tipo u otro? ¿Cuál es el rango de valores paramétricos que se observan en tales tipos de relación funcional? ¿Qué regularidades paramétricas se observan? La propuesta de Ribes y López (1985) persigue ese objetivo. Mientras tanto, una caracterización categorial es aquella que está orientada a establecer relaciones entre eventos en términos de criterios de pertinencia, de modo que este análisis se dirige a comprender la pertinencia de los actos humanos: cómo se actualiza esta dimensión en el comportamiento humano y qué implicaciones (posibilidades) tiene, de manera que responde a preguntas del tipo ¿Es pertinente un acto particular? ¿Existen diversos tipos de actos pertinentes? En tal caso, ¿de qué depende que se actualice uno u otro tipo?

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convencionales: bien sea que el ajuste es categorial cuando es simplemente pertinente, o bien sea que el ajuste es categorial cuando se caracteriza por la identificación de un límite o criterio de pertinencia.

Por lo tanto, de los tres momentos del concepto de ajuste categorial se deriva que el análisis y la tipificación de la dimensión categorial del comportamiento es ortogonal o independiente del análisis o tipificación de su dimensión contingencial, dado que implican criterios diferentes para su caracterización. En otras palabras, el tipo o cualidad funcional no depende del carácter categorial de la acción; puede haber ajustes funcionales no categoriales, aunque el atributo categorial siempre se da como una particularidad del ajuste funcional; es decir, siempre se requiere un ajuste funcional del que se pueda predicar su adecuación convencional. Por lo tanto, habría ajustes funcionales pertinentes y no pertinentes, o ajustes funcionales convencionales categoriales y no categoriales, dependiendo de la propuesta. En ese sentido, como será desarrollado en el apartado siguiente, lo categorial no tiene una correspondencia unívoca y completa con algún tipo particular de ajuste funcional.

No obstante, como se mencionó antes, las precisiones del concepto de ajuste categorial suponen elementos que no son idénticos y que orientan el interés investigativo en el área de manera diferente. Dichos elementos son fundamentalmente dos: el requisito conductual de explicitación de los límites de pertinencia como criterio de identificación del ajuste categorial, y el carácter sistémico de dichos límites implicado en el concepto de dominio.

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categorial, como sí lo es en la propuesta de Ribes y Pérez-Almonacid (2012). Es decir, si bien en primera instancia se asumió que solo algunas formas de ajuste categorial implicarían la explicitación verbal o la operación lingüística sobre los límites de pertinencia vigentes para la conducta propia, en el desarrollo del concepto se distingue el ajuste pertinente del ajuste genuinamente categorial enfatizando que este se refiere a un acto lingüístico del propio individuo, que le permite anticipar las características y criterios del dominio en el que va a participar y, por consiguiente, la pertinencia funcional de su comportamiento en dichas condiciones. Aquí, el ajuste categorial constituiría un acto de explicitación de los criterios bajo los que va a tener lugar un ajuste funcional en una situación determinada.

Por otro lado, en la propuesta original las primeras formas de ajuste categorial se plantean con respecto a criterios particulares, mientras que en la propuesta de Ribes y Pérez-Almonacid (2012) se sugiere que el ajuste categorial implica la identificación o explicitación de los límites funcionales de un dominio. En ese sentido, y a partir del reconocimiento del carácter sistémico del medio de contacto convencional (presente también en la propuesta de Pérez- Almonacid y Quiroga, 2010), ajustarse categorialmente implicaría precisamente reconocer dicho sistema antes que criterios particulares o aislados. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que explicitar el sistema implica identificar relaciones entre los criterios constitutivos del dominio, el ajuste categorial podría ser visto desde una óptica funcional como conducta sustitutiva, específicamente de naturaleza no referencial, en tanto que esta se caracteriza por vincular o relacionar lingüísticamente segmentos igualmente lingüísticos de estimulación (cf. Ribes y López, 1985)11.

11 También es posible rastrear esta intuición en la propuesta original de Ribes (2006) aunque con

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En suma, si bien en el contexto amplio de las precisiones del concepto de ajuste categorial parece posible distinguir entre ajustes funcionales ‘implícitamente categoriales’ y ajustes funcionales ‘explícitamente categoriales’, la elaboración más reciente del concepto de ajuste categorial se refiere a este último universo: el reconocimiento explícito de un sistema de categorías que funcionan como marco funcional para la actividad del propio individuo, lo que supondría la ocurrencia de ajustes funcionales de tipo sustitutivo no referencial.

Ajustes, logros y comportamiento pertinente.

Tal como se ha sugerido, las precisiones sobre el concepto de ajuste categorial terminan enfatizando el rol de las categorías como criterios con base en los cuales se predica la adecuación del uso abstracto del lenguaje (cf. Ribes, 2006). En ese sentido, usar el término ajuste, aplicándolo a lo categorial, podría apuntar a dos aspectos conexos pero distintos del fenómeno; por un lado, hablar de ajuste podría aludir al carácter dinámico del cambio conductual o proceso que lleva a lograr la explicitación lingüística de estas categorías, pero por otro, podría indicar el resultado funcional convencional de dicho proceso: la identificación o explicitación lingüística de hecho12.

En esta última acepción, sin embargo, en el contexto de la propuesta original de Ribes y López no se sugiere una cualificación de resultados funcionales del comportamiento, por lo que estos en general, se han tratado indistintamente como logros o ajustes (Ribes, 2010a, p. 97) aun cuando es posible distinguirlos analíticamente para señalar propiedades diferentes del comportamiento, tal como se ilustra a continuación.

y López, 1985; Ribes, 2007, donde Ribes afirma que el uso conceptual o categorial de las palabras constituye el “legítimo desligamiento funcional de la conducta lingüística”), lo que corresponde definicionalmente con el universo empírico del comportamiento sustitutivo.

12 Esta distinción es análoga a la que se puede trazar entre la actualización y el acto, o la energeia

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De acuerdo con la propuesta de Ribes y López (1985) podemos definir a los ajustes como un proceso que lleva a un estado particular del campo implicado en una función psicológica (cf. Ribes, 2007). Por lo tanto, bajo la óptica de esta propuesta, los ajustes siempre implican cambios en la cualidad o estructura funcional del comportamiento, que son predicados con base en criterios de mediación y desligamiento (cf. Ribes y López, 1985; Ribes, 2018) 13. Al respecto, el propio

Ribes (2010) afirma: “las cinco funciones contempladas en la taxonomía desarrollada en la TC puede caracterizarse como un tipo o forma de relación con base en el criterio de ajuste14 que se

logra o satisface al tener lugar un desligamiento funcional determinado”. Así mismo menciona: “no se puede observar un ajuste determinado independientemente de cierta forma de desligamiento funcional que, a su vez, es inherente a un tipo de relación y al mediador que la articula (p. 64). De tal manera que habría un criterio de ajuste específicamente relacionado con cada función planteada en la taxonomía (i. e. diferencialidad, efectividad, precisión, congruencia y coherencia).

Por su parte, el término “logro” se refiere fundamentalmente a la satisfacción de un criterio de efectividad constitutivo de una tarea particular (cf. Ribes, Moreno y Padilla, 1996; Pérez-Almonacid y Quiroga, 2010), en la que se especifican componentes reactivos y estimulativos. De esta forma, los logros pueden ser cambios en dimensiones conductuales particulares (v.gr., situaciones de aprendizaje) o extensiones de dichos cambios (v.gr., situaciones de transferencia). En otras palabras, los logros pueden ser cambios o extensiones, tanto de aspectos cuantitativos como morfológicos de la relación conductual, sin implicar necesariamente un nivel de ajuste

13 Esta lógica que permite identificar al comportamiento psicológico en términos de ajuste es

consistente con la propuesta de Kantor (1933, p. 3-10; 1968, pp. 17, 18, 35, 62), ya que para Ribes y López lo psicológico se da siempre como estructura funcional, mientras que para Kantor lo psicológico se define en términos de lo ‘ajustivo’, de modo que lo funcional siempre es ajustivo y el ajuste siempre es funcional, si bien para Kantor el ajuste implica con mayor énfasis la dinámica de la adaptación sucesiva en función de la historia individual.

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particular. Por ejemplo, es posible afirmar que alguien logra tener 80% de aciertos en una tarea de aprendizaje, o que logra mantener ese porcentaje de aciertos en una tarea de transferencia y esto no indica necesariamente que hubo un tipo de desligamiento particular correspondiente con ese logro (si bien, por definición, podría identificarse el desligamiento en cualquier tipo de conducta). Por lo tanto, es claro como logros y ajustes si bien señalan resultados conductuales que se especifican con respecto a criterios, son términos que enfatizan aspectos diferentes de dichos resultados conductuales.

En ese contexto, de acuerdo con Pérez-Almonacid, García y Ortiz (2015) el atributo ‘categorial’ no es un predicado necesario ni de logros ni de ajustes, ya que se dirige a caracterizar la pertinencia de una relación conductual, mientras que, como se ha señalado, hablar de ajustes psicológicos o logros implica hacer predicados en virtud del desligamiento o la efectividad de dicha relación, respectivamente. Por ejemplo, si se le pregunta a alguien cuánto es tres por cinco y responde quince, esa respuesta es “efectiva” y pertinente, pero si responde “azul”, esta respuesta no es que sea correcta o incorrecta, sino que es absurda o impertinente; si responde “doce” es pertinente, pero no es correcta o efectiva, y si responde quince es tanto pertinente como efectiva o correcta. De tal manera, si bien la predicación de cualquiera de las tres propiedades del comportamiento implica criterios, estos no son del mismo tipo. Al respecto los autores señalan:

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Adicionalmente, la dimensión categorial del comportamiento, como potencialidad actualizada, no implicaría un carácter dinámico como sí ocurre para el caso de los ajustes (cf. Kantor, 1933, pp. 4-5, 19), o como en el caso de los procesos que llevan a la consecución de logros; en otras palabras, la dimensión categorial consiste en la atribución de pertinencia sobre el comportamiento y en tal virtud no describe en estricto sentido un cambio conductual.

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pertinencia y desligamiento, y por lo tanto la independencia entre estas propiedades no necesariamente es total (i. e. no se trata de una relación de completa ortogonalidad), sino parcial.

Logros conceptuales y categoriales.

Los criterios convencionales, por definición, son límites que permiten demarcar la pertinencia de la actividad individual, antes que entidades psicológicas per se (cf. Ribes, 2006). Al respecto, la propuesta interconductual recoge la lógica jerárquica sugerida para las categorías por Aristóteles (1908) y Ryle (1949), de modo que se sugiere que estos criterios convencionales se pueden distinguir en términos de una organización jerárquica de géneros y especies. A los primeros se les considera categorías, mientras que a los segundos se les considera conceptos, de modo que toda categoría implica conceptos, mientras que todo concepto pertenece o instancia una categoría. A su vez, como se ha sugerido, estas categorías pueden estar organizadas o configurar sistemas o geografías lógicas (Ryle, 1949) que constituyen un dominio convencional específico (Pérez- Almonacid, 2010, p. 96; Pérez- Almonacid, et al., 2014; Pérez- Almonacid, et al. 2015).

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es que aquello que posibilita el medio de contacto convencional es comportarse de acuerdo con las delimitaciones que ofrecen los criterios de pertinencia que, en conjunto, podrían asumir la organización presentada en la Figura 1, independientemente del dominio convencional particular, y que dicho comportamiento individual puede ser analizado en términos de cómo el individuo transita por esta organización.

Figura 1. Esquema de organización jerárquica de los criterios convencionales

¿En qué consiste entonces este tránsito individual por el espacio convencional? Lo primero que hay que tener en cuenta es que, bajo una óptica funcional, si bien las propiedades convencionales se actualizan siempre como tales, en objetos o dimensiones de objetos de estímulo, estas pueden ser caracterizadas como conceptuales o categoriales en la medida en que estos objetos de estímulo se traten como ejemplares de una clase (cf. Pérez- Almonacid, et al. 2015); es decir, se habla de propiedades conceptuales o categoriales de un objeto o evento en la medida en que se responde a él en términos de las propiedades que comparte con otros, de acuerdo con un criterio convencional particular, de manera que en estricto sentido se respondería al objeto o evento como una instancia de una clase. Por lo tanto, categorías y conceptos se actualizan como funciones

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convencionales de los objetos de estímulo, solo en la medida en que el individuo participe en un dominio práctico cuya geografía lógica permita que se actualicen dichas funciones. Por lo tanto, la estructura de la Figura 1 se traduce en que conductualmente las instancias conceptuales y categoriales son los objetos de estímulo contactados en términos de sus propiedades convencionales (Ribes, 2010, p. 90).

Así, de acuerdo con Pérez-Almonacid et al. (2015), desde un punto de vista psicológico, un concepto puede ser visto como un criterio de instanciación; en ese sentido un individuo podría lograr comportarse ‘conceptualmente’ cuando satisface dicho criterio, respondiendo a eventos y objetos en términos del criterio mismo, como por ejemplo cuando es capaz de organizarlos pertinentemente. En otras palabras, se logra instanciar un concepto cuando se puede actuar pertinente y consistentemente de acuerdo con un criterio de instanciación convencional15. No

obstante, de acuerdo con la sugerencia teórica de los autores y los hallazgos que presentan, es posible distinguir el logro de identificar instancias del logro de explicitación del criterio o concepto; es decir, no es lo mismo lograr clasificar adecuadamente objetos en una clase, que identificar verbalmente la propiedad común a todos los elementos de la clase; esto último es lo que los autores denominan logro de abstracción o conceptualización (p. 35)16. En este caso, el concepto

15 En la literatura tradicional se ha supuesto que dicho logro es equivalente a la clasificación de

instancias como en los denominados logros de “categorización”: Bruner, Goodnow y Austin (1954); Madox, (2002); de “discriminación”: Keller y Schoenfeld (1950); de “identificación de atributos”: Bourne, Ekstrand y Dominowsky, (1975); o de “establecimiento de membresías”: Rosch y Mervis (1975); no obstante, es importante recalcar que el logro de instanciación o de uso conceptual no se agota en la clasificación adecuada de instancias (cf. Ribes, 2006; Pérez-Almonacid et al. 2014), de modo que identificarlo con indicadores de clasificación reduce o enfatiza sólo una dimensión del fenómeno.

16 Coincide parcialmente con algunos casos de lo que se ha denominado “nominación”: (Horne y

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o criterio mismo se objetiva como producto de la interacción precedente de modo que se hace posible tratarlo en tanto tal; a su vez, esto hace posible la vinculación funcional del criterio con otros productos o criterios del mismo tipo (‘horizontal’), o bien su vinculación con los criterios que subordinan estas relaciones: i. e. categorías (‘vertical’). En ese sentido, como se ha sugerido previamente, las categorías, como géneros de conceptos son, funcionalmente hablando, criterios de pertinencia para el uso conceptual del lenguaje, o, en otras palabras, criterios de instanciación de conceptos abstraídos verbalmente. En efecto, poder explicitar estos criterios de organización conceptual sería lo que constituiría un logro categorial propiamente dicho.

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categorías y conceptos, lo que podría caracterizarse como la identificación de la ‘geografía lógica’ de dicho dominio.

Por otra parte, esta caracterización de la organización de criterios convencionales permite una serie de distinciones funcionales en virtud de, por lo menos, tres ejes analíticos adicionales particularmente relacionados con los logros de explicitación: (a) el grado de extensión de aquello que se explicita, (b) el grado de molaridad o integración de lo explicitado y, recogiendo el espíritu de aquello señalado por el concepto de ajuste categorial en su versión más reciente, (c) la posibilidad de subordinación de la conducta a partir de la explicitación:

Así, el grado de extensión se refiere al número de criterios de pertinencia explicitados dentro de un sistema, de modo que es un indicador, por un lado, de la competencia lingüística del individuo17 y, por otro, de la amplitud del segmento o región del espacio convencional que es

identificada lingüísticamente. Por su parte, el grado de molaridad se refiere al nivel de articulación de los criterios identificados, bajo el supuesto de que puede ser distinguido el logro de identificar lingüísticamente un sistema de límites o criterios, del logro de explicitación de los criterios individuales que lo componen de manera aislada. Identificar un sistema, en tanto tal, consistiría en un logro que tendría propiedades distintas a las del logro de identificar sus elementos constitutivos porque la cualidad “sistémica” se refiere justamente a la integración o relación explícita de los criterios individuales; en ese sentido, por ejemplo, se podrían analizar propiedades tales como la “coherencia” de las relaciones lingüísticas establecidas, como indicador de la actuación pertinente en este nivel de abstracción18. La subordinación, por su parte, se refiere a las implicaciones

17 De hecho, Ribes y Pérez-Almonacid (2012) sugieren que es necesaria una aptitud sustitutiva no

referencial para los ajustes categoriales.

18 Lo cual es consistente con que en propuestas como la de Ribes (2007; 2018), la coherencia sea

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conductuales de la explicitación de criterios del sistema (o bien de un sistema de criterios), lo que permitiría hacer un primer uso heurístico de las formas de ajuste categorial originalmente propuestas por Ribes (2006), justamente como tipos de subordinación de la actividad posterior al ajuste categorial: podría ser posible la aceptación, transformación o aun la creación de criterios o sistemas diferentes, una vez éstos son explicitados.

En ese sentido, el eje de extensión mencionado previamente se refiere al número y tipo de criterios identificados verbalmente por un individuo particular, mientras que el eje de molaridad se refiere al grado de integración que logra establecer entre ellos. Por su parte, las implicaciones conductuales pueden ubicarse conceptualmente como formas de subordinación categorial del comportamiento, y, en consecuencia, se distinguen de las implicaciones conductuales que son producto de una dinámica contingencial derivada de relaciones de contigüidad o probabilidad (cf. Pérez-Almonacid, 2015), tal como ocurre en los fenómenos conocidos como generalización, transferencias modales, relacionales o dimensionales, derivación de relaciones, etc. (v. g., Sidman & Tailby, 1982; Hayes, Barnes-Holmes & Roche, 2001; Varela & Quintana, 1995); así mismo, permite ubicarlas como consecuencias funcionales de logros específicos, si bien en sí mismas no califican como un tipo particular de logro.

Relaciones entre logros conceptuales, categoriales y estructuras funcionales

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interpretados como ajustes funcionales particulares. En otras palabras, si bien no existe una correspondencia unívoca entre logros (conceptuales o categoriales), y ajustes funcionales, ciertos ajustes funcionales sí implican cierto tipo de logros conceptuales o categoriales, o viceversa: de acuerdo con la tipificación desarrollada en el apartado anterior, ciertos logros conceptuales y categoriales implican cuando menos un nivel de desligamiento específico.

Tabla 1

Relación entre logros de pertinencia y ajustes funcionales

Ajuste funcional (Ribes y López,

1985)

Logros conceptuales y categoriales no verbales Logros conceptuales verbales Logros categoriales verbales Logros de dominio

Contextual X

Suplementario X

Selector X X

Sustitución

Referencial X X X

Sustitución no

referencial X X X X

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‘regla convencional’ orientada a modificar o establecer una dinámica contingencial ulterior. En cambio, la relación entre criterios conceptuales requiere forzosamente la separación o desligamiento de cualquier situación particular a través de su objetivación lingüística, de manera que se supone que cualquier dinámica contingencial ulterior relacionada con el establecimiento de esta relación se dé en virtud de la dinámica categorial establecida.

Por lo tanto, los logros de instanciación de criterios se pueden dar como parte de un ajuste contextual, suplementario, selector o sustitutivo; mientras que identificar o explicitar un criterio conceptual (i. e. conceptualizar, abstraer o definir) requiere un ajuste mínimamente selector, en tanto que requiere la independencia del comportamiento con respecto a cualquier instancia específica implicada por el criterio de instanciación, así como su sensibilidad a propiedades relacionales. En otras palabras, identificar un criterio de instanciación requiere cuando menos un ajuste en el cual se presente el desligamiento de las propiedades absolutas de los estímulos (lo cual es diferente a aquello que ocurre en las llamadas relaciones de ‘control de estímulos’) y en efecto, una interacción precisa, más que efectiva, en términos de la tipificación ofrecida por Ribes (2010). Por tanto, el logro de abstracción de criterios se distingue funcionalmente del logro de identificación de propiedades o relaciones unívocas entre ocurrencias como podría implicar un ajuste contextual o suplementario.

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contextual, suplementaria y selectora (funciones situacionales), implican una ruta que se dirige de la arquitectura contingencial a la explicitación lingüística, mientras que la función sustitutiva referencial implicaría una ruta en la dirección opuesta: la explicitación lingüística orientada a modificar la arquitectura contingencial. Por su parte, la función sustitutiva no referencial implica la explicitación lingüística de categorías y sistemas categoriales que permiten subordinar la dinámica contingencial relacionada con dichos límites o criterios de pertinencia. En esa misma dirección, Ribes (2012b) señala: “Puede especularse que los límites categoriales se conforman a partir de la práctica social en las tres funciones situacionales, se determina la aplicación de distintos límites categoriales en situación (entre personas) en la sustitución extrasituacional, y se manipulan en la sustitución transituacional” (p. 26).

En suma, el análisis anterior intenta señalar dos puntos: en primer lugar, que el análisis de la pertinencia y la efectividad del comportamiento humano son distintos al análisis de su cualidad funcional; es decir, se muestra cómo, en principio, no es posible establecer una equivalencia entre comportamientos pertinentes, con logros ni estos con ajustes. En segundo lugar, que, a pesar de lo anterior, es posible que pertinencia, efectividad y cualidad funcional se superpongan, cuando aquello que está bajo análisis es la pertinencia como logro, en situaciones en que dicho logro

implica por necesidad una forma particular de desligamiento funcional. En breve, se ha sugerido entonces que puede existir ortogonalidad parcial entre los tres tipos de análisis, cuando se enfatiza analíticamente la efectividad del comportamiento convencional.

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si el estudio de la pertinencia se hace con referencia a criterios categoriales el estudio de los logros se realizan con referencia a criterios de efectividad, y el estudio de los contactos contingenciales se hace con referencia a criterios funcionales basados en desligamiento y mediación, entonces no puede haber ningún caso de identidad entre estos análisis, por lo que sistemáticamente serían ortogonales.

Lo anterior ocurriría incluso en el caso de los logros categoriales o de dominio, señalados en la Tabla 1. Desde la perspectiva de la sustitución transituacional, aquello que resulta importante estudiar la práctica teórica individual en tanto comportamiento que traduce sistemas categoriales entre sí, con independencia del tipo de sistemas categoriales y sus particularidades; esto puede abstraerse o subordinarse analíticamente a las consideraciones sobre lo que ocurre funcionalmente hablando. En cambio, desde una perspectiva que plantee la delimitación categorial del comportamiento como foco analítico, el interés sería justamente la cualificación de este comportamiento en virtud de las particularidades del sistema categorial, al margen de sus cualidades funcionales específicas; esto es justo lo que se abstrae o se subordina analíticamente en tal contexto.

Síntesis y conclusión

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concepto de ‘ajuste categorial’, este ha subrayado la importancia de situar el comportamiento humano en sistemas concretos de prácticas convencionales, lo que supone complementar en términos de dichos sistemas la caracterización del comportamiento individual que provee el análisis funcional, admitiendo establecer tipos de logros, y lo que se ha denominado su extensión, su molaridad o sus efectos de subordinación de la práctica posterior.

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Capítulo 2: Posicionamiento en prácticas convencionales Introducción

El objetivo fundamental del presente capítulo es sustentar la tesis de que, a partir del abandono del concepto de ajuste categorial, el análisis del curso que toma la conducta humana respecto a las delimitaciones de pertinencia consiste en caracterizar lo que será denominado el posicionamiento individual en prácticas convencionales. Las razones que se ofrecerán para sustentar dicha tesis son las siguientes: (a) el carácter convencional de los eventos en las interacciones psicológicas humanas se deriva inmediatamente de la participación de un individuo en una práctica social, ya que se dice que un individuo genuinamente ‘participa’ en ella si y solo si puede comportarse de acuerdo con sus límites de pertinencia; (b) esta participación puede ser caracterizada según la efectividad y pertinencia: por un lado, el dominio o destreza, que se refiere a la efectividad del proceso de conocimiento progresivo de los aspectos característicos de la práctica, y por otro, el posicionamiento en la práctica, que se refiere a la forma sistemática de ‘hacer’ conforme a la aceptación implícita o explícita de los límites de dicha práctica.

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También se distinguirán tres facetas o aspectos inherentes de todo posicionamiento individual: (a) la perspectiva, como la manera de hacer y decir episódico respecto de algo ; (b) la postura, como la tendencia o propensión justificada que se configura a través de la actualización sistemática de una perspectiva, y (c) la posición, entendida como las coordenadas que ocupa el comportamiento de un individuo en un espacio categorial analíticamente definido, y que se identifica a partir de la perspectiva y la postura.

Participación y posicionamiento en las prácticas convencionales

Tal como se señaló en el capítulo anterior, la propuesta sobre el ajuste categorial (Ribes, 2006) ha sufrido variaciones que si bien implican precisiones diversas, permiten delimitar universos empíricos pertinentes para la comprensión de algunos fenómenos de conducta humana compleja desde una perspectiva no mediacional, atendiendo a su vez a sus propiedades convencionales (Almonacid y Quiroga, 2010; Ribes y Almonacid, 2012; Pérez-Almonacid, 2014; Pérez-Pérez-Almonacid, García y Ortiz, 2015). En ese contexto, la precisión realizada por Pérez-Almonacid y Quiroga (2010) sugiere que el ajuste categorial, como ajuste a criterios de pertinencia de una práctica social, conlleva dos aspectos de relevancia analítica: i. e. la aceptación de dichos criterios de pertinencia y el desplazamiento por el sistema de criterios aceptados (pp. 86-90).

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denominamos creer” (p. 87). De tal manera, dichas relaciones parecen “dadas” o evidentes de modo que se convierten en una segunda naturaleza en la que la conducta humana tiene lugar (cf. Ter Hark, 1994; Ribes, 2012).

Por su parte, el desplazamiento hace referencia al “despliegue de actos pertinentes simultáneos y sucesivos con respecto a criterios aceptados. Una vez la persona se inserta19 en un

sistema de prácticas sociales, transita entre estas” (p. 88). En tal virtud, los autores sugieren que este tránsito o desplazamiento puede ser visto en dos direcciones: i. e. vertical y horizontal, que se traducen en dos ejes, respectivamente: abstracción y extensión. La abstracción es definida como el “tránsito desde categorías episódicas a categorías teóricas [que] se concreta en transiciones sub y supracategoriales en la forma de relaciones género- especie progresivas” (p. 88). De acuerdo con lo sugerido en el capítulo anterior, los autores afirman además que, en los casos de mayor abstracción, esta forma de ajuste categorial coincidiría con contactos funcionales transituacionales, dado que implica vínculos teóricos novedosos entre sistemas de categorías asimismo teóricas. Por su parte, la extensión se refiere a “transiciones entre sistemas categoriales prácticos, como cuando una persona cambia la forma de tratar a otra una vez que conoce que es su suegro, o cuando una persona deja de creer en algo para creer en otra cosa” (p. 88). Por lo tanto, este tipo de desplazamiento se vincula con el universo empírico del cambio conceptual o la resistencia al cambio (cf. p. 99).

La propuesta que será desarrollada en el presente capítulo es que los conceptos de aceptación y desplazamiento siguen siendo útiles en tanto subrayan aspectos de laparticipación individual en sistemas de prácticas convencionales. Sin embargo, se requiere su redelimitación más allá del concepto de ajuste categorial, dado que, como se mostró en el capítulo anterior, en Ribes y

Referencias

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