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V.i Geo. - Cebrian Abellan_ Aurelio

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T

emario

V

olumen

I

Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria

Relación de títulos que componen esta especialidad: • Temario Vol. I

• Temario Vol. IV • Temario Vol. II

Temario Vol. III

• Volumen Práctico • Programación Didáctica • Ganar Oposiciones.

El éxito de la experiencia

Este libro desarrolla los temas del primer volumen del temario de Oposiciones para el Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria de la especialidad de Geografía e Historia que Editorial MAD pone a disposición de todos aquéllos que aspi-ren a conseguir una excelente preparación que garantice su éxito en las oposiciones. Los temas desarrollados en este volu-men corresponden a los materiales de Geografía Física, Huma-na y RegioHuma-nal (temas 1 al 19).

Los temas que ofrecemos no han sido improvisados para su publicación, sino que son el fruto de muchos años de dedica-ción a la preparadedica-ción de opositores de Geografía e Historia, y cuya calidad ha quedado sobradamente contrastada por los excelentes resultados.

Estamos convencidos de que esta obra encontrará, entre los aspirantes al profesorado de Enseñanza Secundaria que preparan su oposición, la acogida que se merece, pues tiene la garantía de disponer de unos temas de alta calidad, extraordi-nario rigor y gran claridad expositiva, además de una perfecta actualización, gran abundancia de datos que permiten perso-nalizar cada tema si se desea, una exhaustiva y selecta biblio-grafía, un adecuado enfoque y planteamiento de cada tema, una presentación esquemática y ordenada por el modo de abor-dar los asuntos planteados desde una perspectiva que conjuga la exposición genérica y la sistemática. En fin, aquí encontrará el opositor absolutamente todo el material que necesita para preparar su oposición al más alto nivel.

Su autor, el profesor Dr. D. Aurelio Cebrián Abellán, autor de numerosas obras, posee una amplia experiencia en la prepara-ción de opositores de Geografía e Historia, así como en la docencia universitaria.

Geografía

Historia

e

Aurelio Cebrián Abellán

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Temario

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Geografía Física,

Humana y Regional

Geografía

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Historia

ISBN-10: 84-665-7936-2 ISBN-13: 978-84-665-7936-0

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Coordinación: Isabel García Lucas TRIVIUM. Centro de Oposiciones de Murcia

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Autor de veinte libros y de 150 publicaciones (capítulos de libros, artículos, comunicaciones a congresos, ponencias, etc.).

Profesor invitado en las universidades Rafael Landívar (Centroamérica), Universidade Regional do Noroeste do Río Grande do Sul (Brasil), Universidad Nacional de Misiones (Argentina), Universidad de Columbia (Paraguay), Universidad Mayor de San Simón (Bolivia), Centro de Estudios Superiores Universitarios de la Universidad de Cochabamba (Bolivia), Universidad Andina Simón Bolivar (Bolivia), Universidad San Martín de Porres (Perú), Universidad de Utrecht (Holanda), Universidad de Toulouse (Francia), Universidad Mohamed Ben Abdellah (Marruecos), Universidade de Santa Cruz do Sul (Brasil).

© Editorial MAD, S.L. © El autor.

Segunda edición, septiembre 2007.

Depósito Legal: SE-3790-2007 (I) (650 páginas)

Derechos de edición reservados a favor de EDITORIAL MAD, S.L. Prohibida la reproducción total o parcial sin permiso escrito del editor. IMPRESO EN ESPAÑA.

Diseño Portada: EDITORIAL MAD, S.L. Edita: EDITORIAL MAD, S.L.

Plg. Merka, c/B. Nave 1. 41500 ALCALÁ DE GUADAÍRA (Sevilla). Telf.: +34 902 452 900.

WEB: www.mad.es

ISBN-13: 978-84-665-7941-4. ISBN-10: 84-665-7941-9.

ISBN-13 obra completa: 978-84-665-0942-8. ISBN-10 obra completa: 84-665-0942-9.

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Presentación

El libro que tiene en las manos corresponde al temario de Oposiciones para el Cuerpo de Profesores de Enseñanza Secundaria de la especialidad de Geografía e Historia que Editorial MAD pone a disposición de quienes aspiren a conseguir una preparación que garantice, en la medida de lo posible, su éxito en las oposiciones. Los temas aquí desarrollados son los corres-pondientes a Geografía Física, Humana y Regional.

A la hora de escribir el temario de oposiciones el criterio básico ha residido en redactar cada tema con la finalidad de que el opositor no tenga necesidad de dispersarse en otras obras de consulta, es decir, que encuentre en el propio temario el material que necesita. La premura con que casi siempre se estudia una oposición exige que toda la materia se muestre de forma clara, al mismo tiempo que sistemáticamente expuesta, conjugando todo con un nivel de com-prensión que no requiera del opositor un doble esfuerzo: entender el tema y entender al redac-tor del mismo. Siempre he optado por lo primero. Por lo demás, y aunque no siempre es sencillo tratándose de Geografía, he procurado no verter opiniones personales, entre otras razones para que no calen y sean expuestas por el opositor, sobre todo en cuestiones controvertidas (sin ir más lejos las referidas a epistemología).

Disponer de un temario completo, contrastado y renovado, otorga al futuro profesor de Geografía e Historia la garantía de contar con un material que le ahorre múltiples esfuerzos y que le asegure una razonable preparación.

Mi experiencia durante bastantes años en la preparación de opositores me ha permitido comprobar, habiendo tenido alumnos de todas las Comunidades Autónomas, que, por lo gene-ral, aproximadamente entre una cuarta y una tercera parte de los temas son “nuevos” (en su contenido), para los recién licenciados y también para muchos doctorados, una proporción que se eleva en los licenciados en Historia del Arte, al no haber cursado los aspectos fundamentales de esos temas durante su formación como alumnos en las diferentes universidades. Por eso este temario incorpora no sólo el material (y de forma abundante) necesario para la compren-sión de cada tema, sino muchos otros datos que posibiliten la comprencompren-sión de los mismos. Estimo que es preferible que los datos y las explicaciones sobreabunden a que escaseen, pues el opositor siempre podrá “recortar” o sintetizar lo que estime más relevante.

Los resultados obtenidos durante bastantes años por muchos de nuestros alumnos en diferentes convocatorias y en tribunales de oposición de las diferentes Comunidades Autónomas nos animan a seguir con estos textos.

Espero que con estos temas el opositor pueda superar el ejercicio teórico. Es el principal deseo que guía a todos los que queremos contribuir a esta tarea.

Francisco de Asís Veas Arteseros TRIVIUM. Centro de Oposiciones de Murcia.

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Índice

Tema 1. La concepción del espacio geográfico. Corrientes actuales del

pensa-miento geográfico ... 11

Tema 2. Metodología del trabajo geográfico. Técnicas de trabajo... 45

Tema 3. La diversidad del medio geográfico en el planeta. La interacción de

facto-res ecogeográficos... 77

Tema 4. Climas y zonas bioclimáticas. El tiempo y el clima como condicionantes

de las actividades humanas... 111

Tema 5. La acción humana sobre el medio. Problemática actual... 143

Tema 6. La población mundial: modelos demográficos y desigualdades espaciales 177

Tema 7. El espacio rural. Actividades agrarias: situación y perspectivas en España

y en el mundo... 207

Tema 8. El espacio y la actividad industrial. Materias primas y fuentes de energía 241

Tema 9. Las actividades terciarias en las economías desarrolladas... 275

Tema 10. El proceso de urbanización en el planeta. Repercusiones ambientales y

socioeconómicas... 307

Tema 11. Los países de la Unión Europea: aspectos físicos, sociales y

económi-cos... 339

Tema 12. China: sociedad y economía ... 375

Tema 13. Japón y el área del Pacífico: desarrollo industrial y comercial... 405

Tema 14. África: territorio y sociedades. África Mediterránea y África

Subsaharia-na: contrastes físicos, socioeconómicos y culturales ... 437

Tema 15. Canadá y Estados Unidos: aspectos físicos y humanos ... 471

Tema 16. Los países iberoamericanos: problemática económica y social ... 501

Tema 17. La Península Ibérica: relieve, clima y vegetación. Diversidad regional de

la España peninsular e insular ... 533

Tema 18. La actual ordenación territorial del Estado español. Raíces históricas.... 573

Tema 19. La población española. Comportamiento demográfico. Fenómenos

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La acción humana

sobre el medio.

Problemática actual

Tema

1

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ÍNDICE SISTEMÁTICO

1. INTRODUCCIÓN

2. LA CONCEPCIÓN DEL ESPACIO GEOGRÁFICO 2.1. El objeto de la disciplina

2.2. La tipología espacial

2.3. El espacio geográfico evolucionado. Espacio y cambio global 3. EL ANÁLISIS ESPACIAL

3.1. Principios y métodos

3.2. El estudio y la tipología espacial 3.2.1. Principios y ramas geográficas 3.2.2. La concepción del espacio regional 3.2.3. Los espacios centrales: la región urbana 3.2.4. De la región sistémica a la concepción marxista 3.3. La tipología de espacios regionales

4. LAS CORRIENTES ACTUALES DEL PENSAMIENTO GEOGRÁFICO 4.1. La construcción de la ciencia geográfica

4.2. Los antecedentes clave 4.3. Las modernas renovaciones

4.3.1. La Geografía cuantitativa y el positivismo lógico 4.3.2. Las reacciones al cuantitativismo y positivismo lógico 4.3.3. La Geografía espacio-temporal

4.3.4. La Geografía de la percepción y del comportamiento 4.3.5. La corriente humanística-historicista

4.3.6. Las geografías radicales 4.3.7. La Geografía Política

4.3.8. El realismo y el postmodernismo BIBLIOGRAFÍA

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1. INTRODUCCIÓN

Humboldt y Ritter convirtieron a la ciencia en explicativa al aplicar unos principios me-todológicos. Humboldt relacionó a los paisajes con las actividades humanas, y en su obra El cosmos (1845) asentó los argumentos de la Geografía Moderna con el paso de la des-cripción aislada al análisis evolutivo desde dos principios:

– La causalidad (que busca las razones de los fenómenos subrayando las interco-nexiones entre ellos y su distribución sobre el espacio).

– La comparación (que establece la relación entre los fenómenos pasados y los observados, el encadenamiento secuencial de los acontecimientos geográficos). Ritter (1822) indicaría que en el espacio se compaginan Naturaleza e Historia, y esta-blecería la correlación entre el medio natural y las sociedades. Y entre ambos aportarían la síntesis geográfica. Posteriormente, Richthofen definiría a la Geografía como la ciencia en-cargada del estudio de la superficie terrestre y de los fenómenos que la caracterizan. Había consenso en que el objeto formal era el paisaje, el espacio, y para abordarlo se estable-cieron unos principios metodológicos (localización, universalización, conexión y evolución), comunes a otras ciencias, sólo que aplicados a la superficie terrestre. A este paso contri-buyeron decisivamente: Hettner (discípulo de Richthofen) al afirmar que la Geografía es la ciencia del estudio de espacios concretos; Hartshorne (1959), para quien es la ciencia de la diferenciación espacial (regional); Orlando Ribeiro, al señalar que la entidad observable es el paisaje, pero la analizable es la región, etc.

Por tanto, la región (para la escuela francesa) o el paisaje (para la alemana) es el ob-jeto de estudio geográfico. Pero en los años sesenta los economistas introducen el término análisis regional, con el que se entra en una etapa de estudio multidisciplinar del espacio. No obstante, la Geografía sigue viéndolo como un conjunto, en sus combinaciones espacia-les, pues como indican East y Wooldridge el espacio no es otra cosa que el resultado de la combinación de elementos o factores físicos, biológicos y humanos. Los factores (causas) actúan sobre los elementos afirmándolos, eliminándolos..., y a la Geografía compete ana-lizar esas circunstancias, llegando a la síntesis y al estudio de los paisajes naturales (sólo afectados por elementos físicos y biológicos) y culturales (humanos), estos últimos con fórmulas diferentes, derivadas de la proliferación de corrientes geográficas recientemente experimentadas. Para el resto de las ciencias queda el estudio de los fenómenos aislados. El objeto de la disciplina, el espacio, ha estado presente en sus fases evolutivas: la larga etapa dominada por las ideas individuales de los grandes pensadores; la intermedia (a partir de finales del siglo XVIII), dirigida por las sociedades geográficas; y la reciente (a

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partir del siglo XIX), controlada por las directrices de los departamentos universitarios y de los centros nacionales de investigación. El punto de convergencia ha sido la superficie de la tierra, la relación de la población con el medio, cuyo estudio ha sido enfocado desde análisis espaciales, ecológicos o regionales. Pero en las últimas décadas se han producido bruscos cambios paradigmáticos, que van desde el movimiento positivista lógico (esencial-mente normativo), desarrollado a mediados de la década de los años cincuenta, hacia una visión más fenomenológica, que desde los años setenta admite la validez intuitiva. De esos paradigmas han derivado nuevas visiones, casi todas con la pretensión de dotar a la ciencia de utilidad práctica, de dar repuestas a los problemas sociales, territoriales, ambientales, organizativos del espacio, etc.

2. LA CONCEPCIÓN DEL ESPACIO GEOGRÁFICO

2.1. El objeto de la disciplina

La Geografía, de ciencia del dónde pasó a ser la ciencia de la cartografía, si bien el enfoque regional o corológico (dónde y cómo) continuaba estableciendo las relaciones en el espacio, apoyándose en un método descriptivo. Desde el Renacimiento se investigan los fenómenos que se dan en la superficie terrestre y los porqués de su emplazamiento, si bien el gran impulso llegaría con la Revolución Industrial y el surgimiento de los nacionalismos, con una ciencia geográfica apoyada por el Poder, que le reclamaba información sobre el espacio, dejando de lado a la Geografía General. Pero habría que esperar desde la década de los años cuarenta hasta los años ochenta de la pasada centuria para que se experimen-tara una clara evolución, ahora explicada por la búsqueda de métodos más precisos. Será en la década de los años sesenta cuando se busque la síntesis operando empíricamente, rechazando a la ciencia global. De ahí surgirá la autonomía de sus ramas, para Hartshorne incoherentes unas con otras (porque cada cual dispone de su objeto y de su método), pero confundiéndolas incluso con la Geografía.

Como resultado de esta evolución, indica Paul Claval que se carece de paradigma gene-ral en una ciencia que integra a todos los mundos posibles dentro de la superficie terrestre (como han señalado desde Richthofen hasta Cholley, Otremba…). Para Bertrand el objeto de estudio es la conjunción en el paisaje del potencial biológico y el uso antrópico, que Cholley calificará en equilibrio inestable. Entre tanto, para Hettner, las ramas de la Geografía son las partes de un todo, mientras para Philiponeau, la ramificación de la Geografía supone una formación parcial, la incapacidad de abordar el objeto geográfico, pues de lo que se trata es de no olvidar ni perder el sentido general del objeto geográfico. Hartshorne indica que ha habido un error de apreciación, porque a la especialización no se llega reduciendo el campo de acción geográfico. En suma, que la Geografía debe continuar siendo la ciencia que analiza a la naturaleza de los lugares y las regiones (Unwin), la que se centra en la relación entre el hombre y su medio, entre lugar y espacio (Nir), la que dispone de la región como núcleo central. Pero también el centro de encuentro de los intereses y saberes específicos.

2.2. La tipología espacial

El espacio geográfico es diferenciado debido a sus antecedentes y cambios continuos. Para analizarlo se hace uso de la descripción que, contrariamente a lo que induce a pen-sar el término, no sólo describe sino que valora, clasifica y ordena sus elementos. En la

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valoración resulta clave la contemplación de la herencia histórica, porque todo cambio se alimenta a partir de una evolución en la que se han sucedido interacciones no simétricas ni en el tiempo ni en los efectos (incluidas las modificaciones que introduce el hombre), mar-cada por ciclos y anomalías. Aún así, un espacio puede gozar de homogeneidad, externa o interna, por lo que cualquier porción terrestre puede pertenecer a varios espacios. De ahí que sea necesaria la escala (clasificar las montañas por altura, los climas por precipitacio-nes, los países por niveles de desarrollo...). La escala general para los conjuntos espaciales es la de los isoesquemas (zona, dominio, provincia, región, comarca, distrito, manzana, y parcela), y sobre ellos la cartografía es quien permite la esquematización y localización.

De las diferenciaciones surgen los tipos de espacios:

– Naturales. Los no humanizados (cada vez menos y más reducidos).

– Modificados. Pueden ser una transición hacia los ordenados al experimentar la huella de la actividad humana.

– Ordenados. Son el reflejo de actuaciones meditadas y conscientes para que de-terminadas sociedades extraigan beneficios, lo que implica acondicionamientos continuados, que dependen de las técnicas y de la evolución de las sociedades actuantes.

En los dos últimos la diferencia estriba en que las velocidades y ritmos son diferentes según las sociedades, los recursos (una llanura permite la mecanización) y los obstáculos naturales (una vertiente exige terrazas). De ahí derivan valorizaciones y desvalorizaciones, porque cada medio ofrece diferentes posibilidades, que exigen adaptaciones. Pero, como indicó Vidal de la Blache, el determinismo no es absoluto, y por ello en los medios mane-jables los paisajes cada vez son menos naturales.

Sin embargo, el espacio geográfico es algo más, porque cada grupo humano tiene una percepción diferente del territorio que ocupa, cambiante incluso según las épocas. El espacio acondicionado es la consecuencia de cada civilización (definida por el equilibrio entre población y recursos disponibles), y está dividido en rural y urbanizado, a veces con fronteras difusas, y regional:

– El rural es el ámbito de las actividades agropecuarias y forestales, del descanso y del recreo (en las sociedades avanzadas), y su fisonomía se ajusta a los climas, topografía y técnicas de trabajo. Comprende al espacio cultivado, que se define por su parcelación, trama infraestructural, hábitat, funciones complementarias, etc. – El urbano es el de desarrollo de las ciudades (que le permite penetrar en los

espacios rurales), el que concentra el hábitat en una superficie limitada, está equipado, dispone de actividades altamente productivas, es permeable a las trans-formaciones, rige al entorno rural, se desarrolla exponencialmente, se emplaza en lugares privilegiados (la posición explica la localización de las ciudades, y a veces las funciones y el crecimiento), es diverso, refleja mejor que el rural a la sociedad que lo hizo y desarrolla (los barrios la composición social, las industrias su dedica-ción preferente, las áreas urbanas los contrastes de riqueza y la clasificadedica-ción socio profesional...), la población es móvil, se renueva incluso con ciudades de su misma red urbana, y se apropia de la plusvalía del campo.

– El regional, una porción organizada e inscrita en un conjunto mayor, lo que permite hablar de regiones urbanas, homogéneas, económicas, naturales, etc. Para Labas-se las regiones viven gracias a su centro (la ciudad que las organiza), y para Perroux es el territorio configurado por un conjunto de unidades motrices, el arrastrado por un polo, nudo o centro.

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Se trata, por tanto, de espacios organizados, entendiendo por organización el acondicionamiento efectuado para atender a las necesidades de una sociedad. Pero a cada tipo de sociedad corresponde una forma de organización, de lo que se infiere la existencia de tipos de espacios:

– Recorridos, pero no organizados.

– Acondicionados por sociedades no desarrolladas (la utilización del espacio es el reflejo de cada grupo que lo ocupa).

– Acondicionados por sociedades no urbanas (con desarticulaciones urbanas y territoriales, yuxtaposiciones de formas y ritmos de vida, heterogeneidades y pola-rizaciones medianamente jerarquizadas...).

– Acondicionados por y en sociedades industrializadas (con redes diversificadas y complementarias, articulación de actividades localizadas, adscripción a conjuntos más amplios y abiertos...).

La Nueva Geografía no ofrece un cambio sustancial en la concepción del espacio geo-gráfico, aunque los geógrafos cuantitativos proponen un conocimiento orientado al futuro, un móvil utilitario, desde un tratamiento del espacio diferente, mediante:

– Métodos cuantitativos, con los cuales todos los elementos y sus interrelaciones en el espacio pueden ser analizados con la correlación de variables que permiten formular una explicación generalizada del espacio.

– La teoría sistémica y la modelística. La articulación de los datos aportará las tendencias de las formas espaciales, como demostraron los modelos de Von Thü-nen y Christaller. Así las propuestas obtenidas permiten elaborar diagnósticos sobre el espacio.

La mayoría de los trabajos realizados con la marca de cuantitativos se expresan en forma matemática, aunque padecen de una escasa relación con teorías o modelos, ya que han prestado poca atención a las hipótesis y leyes. De ahí que la Geografía cuantitativa disponga de una concepción del espacio poco satisfactoria, pues ha separado al espacio y al hombre, y hasta, como indica Folke, ha olvidado que la organización social es un todo. Aún así la vía cuantitativa ha influido en los estudios espaciales de dos formas:

– Con la introducción de las técnicas estadísticas, que mejoraron las descripciones tradicionales.

– Con el espacialismo, que logró clarificar determinadas cuestiones formales de la organización espacial.

Pero ha sido muy parca su contribución teórica al conocimiento del espacio.

Desde la Geografía crítica hay una oposición, tanto a las visiones tradicionales del espacio como a las neopositivistas o cuantitativistas, al asumir el contenido político del conocimiento científico (como hizo el enfoque anarquista propuesto por Kropotkin y Re-clus). Lacoste presenta la dicotomía del saber geográfico en el plano político y académico, y desde las revistas Antipode y Hérodote se propone una renovación teórica y práctica sobre el espacio. El enfoque alcanza su cumbre en los años setenta, basándose en las propuestas de Dresch, en la Geografía Activa de Pierre George, Lacoste, Kayser, etc., todos opuestos a la Geografía aplicada y defensores de la denuncia de las realidades espaciales injustas. Para esta corriente el espacio pasa a ser la base social y su organización (reflejo de la actividad económica). Incluso algunos, como Pierre George, intentaron abandonar

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definitivamente la visión paisajística del espacio. Pero este tipo de Geografía no rompía con el análisis geográfico tradicional ni desarrollaba una metodología.

La Geografía Humana también ha participado recientemente en el intento de clarificar el concepto espacial, aunque el marco geográfico que aborda está determinado por el carácter histórico. Así, el espacio visible no es producto del trabajo, sino que el trabajo es producto del espacio geográfico, con un buen exponente en Milton Santos, para quien la unidad de análisis espacial es el Estado.

2.3. El espacio geográfico evolucionado. Espacio y

cambio global

El espacio como producto social puede entenderse como:

– Heterogéneo, en el que existen relaciones marcadas por las desigualdades. Se trata de un espacio dinámico en el que tienen importancia las relaciones existen-tes, y que responde a los principios de totalidad, jerarquización, diferenciación, finalidad, es decir, a los fundamentales en la definición de los sistemas.

– Resultado de las relaciones sociales. El espacio no es neutro, y por ello es posible analizar la vinculación entre las desigualdades sociales y los contrastes espaciales, el efecto de determinados agentes sociales en la organización espacial, etc.

– Resultado de la actividad económica. Las interrelaciones entre la actividad económica y el espacio constituyen el objeto esencial de la Geografía Económica (espacio como fuente de recursos, como obstáculo a los desplazamientos, o como soporte físico de las actividades), y los efectos derivados del desarrollo desigual en el proceso histórico marcan la profunda división entre los espacios desarrollados y subdesarrollados.

– Resultado o condicionante de las estructuras políticas imperantes. Ahora tiene importancia el papel de la planificación.

El primer geógrafo preocupado por el concepto de espacio social fue David Harvey (1973), tras abandonar el positivismo, que lo define por la complejidad, heterogeneidad y discontinuidad, asumiendo una fuerte carga de valor simbólico y la influencia sobre el com-portamiento. Los cambios en el espacio pueden asociarse a las profundas transformaciones en los procesos de acumulación de capital, ahora más flexibles, frente al fordismo presente hasta los años setenta. Dentro de este nuevo concepto del espacio resaltan los plantea-mientos de Milton Santos, al considerarlo como un conjunto de formas representativas de las relaciones sociales del pasado y del presente. Para este autor el espacio humanizado se presenta como parte de un sistema-mundo, y por tanto afectado por intensos procesos de globalización. Es la derivación de la introducción en el sistema mundo de todos los luga-res y de todos los individuos a través de un único espacio técnico-científico-informacional, sujeto a intensos flujos a diferentes niveles, intensidades y escalas, que determinan una globalización perversa. El espacio pasará a ser una realidad relacional (cosas y relaciones condicionadas), y la estructura espacial aparecerá modificada por los procesos de la mun-dialización (la naturaleza se transforma en su totalidad en una forma productiva, y aparecen diferencias de integración y participación).

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Ni el espacio ni el tiempo se modifican aisladamente, sino uno con otro, de modo que se entiende el concepto de tiempo como una variable geográfica desde el momento en que sólo a través del tiempo es posible hallar sistemas espaciales. En suma, que el espacio no es otra cosa que el resultado de una acumulación desigual de tiempos. Y si tiempo es igual a espacio se recupera para el análisis geográfico el pensamiento de Einstein, para quien espacio y tiempo eran simultáneos y equivalentes. De esta forma, si todo lo que exis-te articula al presenexis-te, al pasado y al futuro se necesitan los enfoques espacio-exis-temporales en los estudios geográficos, ya que es posible empirizar al tiempo por medio de técnicas apropiadas.

Pero hay muchos factores más que permiten explicar los profundos cambios que experi-menta el espacio. Así la denominada Tercera Revolución Industrial incorpora la información y una alteración del sistema productivo. Con ellas se rompe con la organización fordista, se pasa a una producción flexible, y se llega a una economía internacional. En esta eta-pa las nuevas tecnologías crean un nuevo eseta-pacio de producción caeta-paz de transformar rápidamente las regiones y las ciudades, puesto que se basan en la conexión con centros de investigación, la proximidad a emplazamientos estratégicos, la ausencia o escasa tradi-ción sindical, la dispositradi-ción de capital de riesgo, y en una buena red de comunicaciones y transportes. Se trata de unas premisas que inciden claramente en la división territorial de los procesos, en la descentralización metropolitana, en la individualización de los espacios, etc., de tal manera que unos espacios se revalorizan mientras otros pierden primacía. Además, la automatización de las técnicas productivas aporta nuevos elementos: suprime puestos laborales, presiona sobre la clase trabajadora hasta forzarle a abandonar la repre-sentatividad sindical, exige el incremento de la cualificación, difunde el trabajo en precario, genera esferas sociales diferenciadas, confirma la creación de las ciudades globales, etc.

Todo ello indica que la tecnología se transforma en un producto de la reestructuración del capitalismo, que altera al modelo territorial. Pero no acaba ahí la contribución, porque la información y la tecnología desbordan a las fronteras y dispersan la producción en el espacio, generando nuevas formas de centralización y de regulación de los lugares de pro-ducción, alumbrando el dominio de unos espacios y ciudades privilegiadas, las que ejercen el influjo en la organización espacial. Aquí la contribución de la Geografía en la redefinición de espacios sería clave, aunque para Milton Santos continúa siendo una ciencia viuda de espacio, por mucho que se autodefina como ciencia espacial. Ahora, para comprender el espacio es preciso abordar las nuevas interrelaciones, la inserción en la globalización, un proceso no uniforme, que afecta de diferente forma a los espacios, y hasta dispone de re-presentaciones diferenciadas, la económica (un mundo sin fronteras), la cultural (un modo de vida occidental) y la política (un dominio de las transnacionales).

Así pues, no todas las regiones se insertan del mismo modo y en el mismo momento en la globalización, si bien es cierto que se produce una homogeneización muy sesgada, que incluso incrementa la desigualdad existente. Ahora el espacio se comprime, porque la localización geográfica ya no importa como en el pasado, y con ello se genera un desarrollo desigual, que implica otra desigualdad geográfica. Es evidente que el economicismo im-puesto por la globalización se olvida del espacio, cuando el desarrollo se da precisamente en el espacio, y cuando las desigualdades espaciales hay que buscarlas en las interaccio-nes económicas, políticas y culturales.

El estudio de las externalidades sobre el espacio ha encontrado su reflejo en el análisis del espacio urbano, con las aportaciones de la Geografía de la Percepción, con sus mapas mentales. El enfoque humanista intenta comprender el mundo vivido, y con él aparece una preocupación por el paso del espacio al lugar a través de los lazos que unen al hombre al mismo. Hay seis sentidos del lugar:

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– Social (orientado a las relaciones sociales).

– Apático (no se manifiesta interés por ningún lugar).

– Instrumental (el lugar es significativo en la medida que proporciona oportunidades). – Nostálgico (responde a una situación del pasado).

– Plataforma (es significativo por su propia existencia). – Arraigo (por el sentido de pertenencia a un lugar).

Lo cierto es que los intensos procesos de globalización constituyen un nuevo paradigma para la comprensión de los diferentes aspectos de la realidad espacial. Se está ya en un proceso de formación de espacios de redes, constituidos por infraestructuras materiales y flujos inmateriales de información y capital, donde prima la mejora de la conectividad de los espacios centrales frente a otros periféricos, y que determina la aparición de regiones ganadoras frente a otras perdedoras. No obstante, el espacio de la mundialización determi-na, a su vez, que estos mismos espacios se vuelvan singulares y específicos, de tal modo que cada lugar es distinto al resto, aunque también unido al resto por los modos de acu-mulación universales. Además, esta mundialización tiene acusados efectos ambientales, globales y locales, ya que la tecnología permite con mayor intensidad captar y manipular las energías, crear materias, intervenir en los procesos naturales, y producir, manejar y transfe-rir informaciones. Todo ello determina tres tipos de transformaciones sobre el medio:

– Sobreexplotación de la productividad natural, por encima de la capacidad de rege-neración.

– Exceso en la generación de residuos biodegradables, superior a la capacidad de reciclado de la naturaleza.

– Creciente presencia de residuos ajenos a un sistema natural que no puede elimi-nar, con manifestaciones evidentes en los ciclos hidrológico (alteraciones de las reservas de agua dulce, transformaciones en las estructuras de los acuíferos...), bioatmosférico (alteraciones del ozono y aparición del efecto invernadero), y edáfi-co (aceleración en los procesos de desertificación, pérdidas de fertilidad...). Y la constatación de estos problemas está generando un incremento en la preocupa-ción por los problemas ecológicos, el equilibrio entre crecimiento económico e intereses ecológicos, que afecta tanto a los espacios desarrollados como a los subdesarrollados (aunque con desigual intensidad y problemática), y urbanos y rurales.

Probablemente el mejor exponente de la globalización de los espacios se encuentre en la cibernética, ya que los ordenadores, como herramientas, han configurado una red global (la World Wide Web). Y con ellas se está ante un nuevo concepto de espacio, el ciberes-pacio, definido como una enorme red de comunicaciones entre ordenadores. En la era de la información en este ciberespacio no existen fronteras, pues se ha generado un espacio donde la información fluye libremente, porque Internet no pertenece a nadie. El ciberespa-cio es un espaciberespa-cio, y hasta un espaciberespa-cio vivido, aunque la navegación por la red conduce a la pérdida del sentido del lugar, lo que vendría a indicar que no existen los lugares dentro de la red. El ciberespacio (su idea principal es la red) está anclado en el geoespacio, lo que implica que para la existencia de la red deben estar primero los lugares, aunque la realidad también señala que éstos son tales precisamente porque están en la red. El progreso es de tal magnitud y celeridad que en el atlas del ciberespacio se refleja el diferente nivel de desarrollo de los países, puesto que la mayor parte del tráfico de la red se corresponde con flujos dentro y entre las principales metrópolis, al igual que dentro y entre los principales

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países, con una acusada polarización de los flujos. Así, la casi eliminación de las distancias en las redes telemáticas ha llevado a que muchos se inclinen ya por el dominio del tiempo sobre el espacio, oponiéndose a la unicidad tiempo-espacio de Milton Santos. Hasta Har-vey habla de la aniquilación del espacio desde el tiempo, mientras para Santos no existe la desterritorialización, porque el cambio en el espacio no significa no estar en el espacio.

3. EL ANÁLISIS ESPACIAL

3.1. Principios y métodos

La definición de un espacio o paisaje exige la aplicación de cuatro principios:

– Localización. Es el punto de partida, introducido por Mackinder al plantearse que las primeras respuestas a todo estudio geográfico son dónde (el cartografiado) y por qué (las razones o causas).

– Universalización o comparación. La aportación procede de Vidal de la Blache, pero fue desarrollada por su discípulo De Martonne al señalar que el estudio geo-gráfico de un fenómeno supone plantearse la posibilidad de que se dé en otros puntos de la Tierra. La comparación permitirá establecer las analogías y una mejor caracterización de los espacios al generalizar los principios que los definen. Cuanto más repetido sea el fenómeno tanto más generalizable y geográfico resulta. De ese modo lo geográfico es el espacio definido por las formas y los fenómenos repetibles en distinto grado, lo que permite el establecimiento de principios desde el estudio comparado. Blanchard llegaría a afirmar que la comparación es la auténtica razón de ser de la Geografía.

– Conexión o coordinación. Los fenómenos geográficos no suelen darse aislados, y por ello han de extraerse las conexiones mutuas entre los hechos. Ratzel desarro-llaría este principio, pero de manera equívoca al considerar al hombre como sujeto pasivo y sometido a dichas combinaciones de fenómenos que se dan en el medio (determinismo geográfico).

– Evolución o dinamismo. Todo espacio terrestre es resultado de los cambios expe-rimentados con el tiempo, un principio aplicable a los estudios físicos, no obstante la lentitud de los cambios, y a los espacios humanizados a pesar, ahora, de la rapidez de los mismos. De ese modo los fenómenos actuales también están refle-jados evolutivamente sobre un espacio. Sauer indicaría que todo estudio geográfico requiere de una dimensión cronológica.

Definido un espacio a través de sus principios, para muchos autores los problemas claves se articulan en torno al método, condicionado por dos aspectos: el estudio de la diferenciación del espacio en la superficie terrestre, y el correspondiente a las relaciones hombre-medio. Se trata de problemas que han sido abordados desde posiciones diferentes (positivista y antipositivista, o también naturalista e historicista), aunque han interferido cuestiones epistemológicas: el equilibrio entre la Geografía como disciplina regional (o corografía) y sistemática, su posición como ciencia, y la conceptualización de las relacio-nes entre el hombre y el medio. Y prácticamente a ninguna de ellas se le ha encontrado una solución aceptada por todos. Hasta los años cincuenta el paradigma imperante fue el regionalista, momento en que nació una corriente crítica, centrada en decidir entre la disyuntiva de si la Geografía se ocupaba de lo exclusivo o de lo general, y en la diferencia

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entre descripción y explicación. Dicha corriente derivó hacia planteamientos como el de Schmithüsen, que argumentó cuatro categorías de razonamiento básico para el estudio geográfico del espacio:

– Total-general (implica una comprensión holística de los fenómenos).

– Parcial-general (supone un estudio de las partes como tales para llegar a conclu-siones generales).

– Parcial-especial (relacionado con la comprensión de fenómenos individuales o idio-gráficos).

– Total-especial (intenta comprender las características particulares de las unidades complejas, como los paisajes o regiones).

Y si bien es cierto que ninguna otra disciplina se interesa por la superficie de la Tierra y sus diferentes partes (por la asociación de los fenómenos en el espacio, por las variaciones de las distribuciones espaciales de los fenómenos, así como por las relaciones del medio natural con el hombre, y la individualización y análisis de las regiones) se continúa teori-zando en relación con el objeto, el paso previo al método. Para Milton Santos el espacio geográfico es la naturaleza alterada o modificada por la acción humana a través de su tra-bajo, un espacio social o humano contenido, a su vez, en distintos tipos de espacios, cuyos análisis ya son propios de las disciplinas particulares. El espacio geográfico pasa a ser una construcción social del pasado y del presente, y aparece como un hecho social, por lo cual puede ser interpretado como:

– Factor social. El espacio primado se retroalimenta en sus funciones, y el marginal o apartado se mantiene distanciado de las innovaciones.

– Instancia social. El espacio es un hecho social que se impone a todos los miem-bros de la sociedad, sin imponerse a la sociedad.

La forma de abordar este objeto ha sido una de las cuestiones recurrentes en la Geo-grafía, la discusión entre si debe de ser una ciencia:

– Idiográfica (preocupada por lo único y singular, por los hechos o acontecimientos, por las condiciones circunstanciales en el tiempo y el espacio).

– Nomotética (preocupada por lo constante y permanente, tratando de descubrir leyes de la naturaleza).

Tanto Hettner como Hartshorne, a mediados del siglo pasado, hacían una distinción entre Geografía sistemática (dedicada a formular generalizaciones empíricas o leyes) y el estudio de lo único en Geografía Regional (por medio del cual se comprueban las generali-zaciones). Schaeffer (1953) instó al estudio de la Geografía sistemática, y Haggett (1965) planteó una base nomotética, ya con procesos en la investigación (localización-modelo geográfico-explicación).

Pese a todo, son muy numerosos los autores que han considerado a la Geografía Regio-nal como el centro de la materia, entendiendo a la Geografía sistemática como el área en la que se formulan leyes, y a la Regional como el campo en que dichas leyes se comprueban empíricamente. La culminación de la Geografía Regional viene a ser, por tanto, la verifica-ción de las leyes geográficas y la presentaverifica-ción de una síntesis de los fenómenos físicos y humanos dentro de un área o región. Desempeñar correctamente este papel ha sido, sin embargo, difícil, tanto que, de hecho, la investigación se ha limitado durante mucho tiempo a las ramas sistemáticas.

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Con todo, en la Geografía de las últimas décadas han aparecido intentos de reinterpre-tación. Johnston apuesta por promover a la Geografía dentro de la planificación, identifi-cando como núcleo a la naturaleza de las regiones o lugares. Entrikin dirige su interés hacia el concepto específico de lugar. Stoddart propone como objetos la localización, posición, distancia y área, cuya conjunción puede ayudar a demostrar el carácter distintivo del lugar. El interés por esta temática se puede apreciar desde: las corrientes histórico-hermenéuti-cas (que han intentado comprender el significado humano del paisaje), los planteamientos marxistas (que han prestado atención a las relaciones entre naturaleza y sociedad), y una tercera corriente que intenta interpretar las relaciones entre el hombre y el medio a través del concepto de territorialidad.

Por tanto, los términos espacio, paisaje o región son polisémicos y, como consecuen-cia son variados los criterios de caracterización:

– Intuitivos, los basados en el estudio real, de campo. Sarre identificó a la región con el área de extensión de un paisaje, uniendo al paisaje geográfico y a la región geográfica, aunque ello sólo es posible en regiones homogéneas, algo que sucede muy rara vez, pues lo más frecuente es que existan regiones geográficas o espacios integrados en otros más amplios y heterogéneos, y cuyo nexo de unión pueda ser, por ejemplo, una ciudad; entonces se estará hablando de un espacio organizado, que alumbra a una región funcional.

– Cuantitativos, sustentados en métodos que ayudan a clarificar la compleja reali-dad geográfica de un espacio. Se trata de expresar numéricamente a los fenóme-nos que caracterizan a un espacio (elementos climáticos, económicos...) mediante criterios analíticos (indican la naturaleza de los vínculos entre fenómenos) y sintéti-cos (señalan las intensidades de dichas relaciones).

3.2. El estudio y la tipología espacial

3.2.1. Principios y ramas geográficas

Conocer los factores y principios que regulan a un paisaje corresponde a la Geografía General, y averiguar sus combinaciones sobre un espacio compete a la Geografía Regional. Como se puede deducir, se trata de dos modos de contemplar a una misma realidad. La Geografía General se ocupa de los estudios aislados a escala general, y de cada uno de los factores y sus combinaciones e interferencias; y a partir de ahí crea los principios que regulan las variedades espaciales. La Geografía Regional analiza las combinaciones que tipifican a las diversas porciones de la superficie terrestre. Y para ello debe partir de los prin-cipios de la Geografía General (mientras ésta se sustenta en las aportaciones particulares de la Regional para establecer sus principios). Por tanto, la Geografía General se ocupa de las regularidades y de las leyes que rigen la superficie terrestre, y la Regional aplica esos principios a espacios concretos.

Para estudiar las específicas combinaciones de los fenómenos en el espacio hay otras dos ramas de la Geografía:

– Geografía Física, que se ocupa de los fenómenos naturales, y estudia la génesis de los paisajes a través de la Climatología (el clima es un elemento y factor del espacio), la Hidrología (también las aguas), la Geomorfología (y el relieve), y la Biogeografía (de igual modo los seres vivos), esta última subdividida en

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Geobo-tánica (estudia la vegetación), Zoogeografía (vida animal) y Edafogeografía (los suelos). Para la Geografía Física el espacio es una porción de la superficie terrestre (epigeosfera) caracterizada por la interactuación de subsistemas (abiótico, biótico y antrópico) que se modifican o evolucionan en bloque. Se trata de un ámbito definido por: la globalización (es un todo), la interactuación de subsistemas (de componentes de distinta naturaleza dependientes entre sí), la dinamización (en-tradas y salidas de energía y materia), la espacialización (todo se da en una escala espacial); y la temporalización (todo evoluciona).

– Geografía Humana, que estudia las colectividades humanas, sus modificaciones sobre el paisaje y la actividad que generan sobre los espacios hasta transformarlos de naturales en culturales. Sus objetos de estudio son: el hombre-habitante (dis-tribución y dinamismo, que estudia la Geografía de la Población), las modificacio-nes sobre el paisaje natural (agricultura y sus variantes, que estudia la Geografía Agraria), los factores de localización (industria y sus derivaciones, que estudia la Geografía Industrial), los asentamientos (las ciudades y sus relaciones, que estudia la Geografía Urbana), la organización (actividades, que estudia la Geografía de las Comunicaciones), y la actividad económica (de variables múltiples y de las que se ocupa la Geografía Económica).

Ante tal variedad de ramas para estudiar un mismo objeto, el espacio, Stoddart defien-de que la tarea defien-del geógrafo defien-debe ser la defien-de idefien-dentificar problemas específicamente geográfi-cos (no de historia, economía, geomorfología o sociología), y tratar las cuestiones referidas al hombre y al ambiente dentro de las regiones. Milton Santos hace un planteamiento más pragmático, abogando por una mayor atención al espacio, entendido como un produc-to social en el que participan objeproduc-tos geográficos, naturales y sociales, y la sociedad en movimiento. Para Haggett (1965) la localización, las relaciones entre los seres humanos y el medio, y las regiones como subdivisiones distintivas son el objeto, al que se puede añadir el paisaje (tanto natural como cultural), mientras la síntesis se realiza en la región, de la que se ocupa la Geografía Regional.

3.2.2. La concepción del espacio regional

De la aproximación ecológica a las relaciones entre el hombre y la naturaleza ha deri-vado el interés espacial, aunque a muchos geógrafos les ha preocupado más la resultante de esas relaciones, la construcción del espacio, el nacimiento de las culturas diferenciadas, el espacio cultural; y a otros tantos las formas de ocupación, los sistemas derivados de la apropiación del espacio, y las organizaciones creadas. En la tradición francesa, la emanada de Vidal de la Blache, se plasma la integración del hombre como elemento y agente activo, como constructor de paisajes. Sin embargo, para Hettner la región era el paisaje complejo, una idea retomada por Harsthorne, y reflejada en lo que posteriormente sería la escuela de Ciencia Regional de Chicago. La propuesta regional se convirtió en la razón de la per-durabilidad científica de la Geografía, que aunaba el interés por el conocimiento general y particular, lo que permitió el mantenimiento corológico (con estudios interrelacionados, físicos y humanos de los espacios). En ello tuvieron que ver las delimitaciones estatales, que ceñían los datos estadísticos a espacios concretos. Y frente a la región geográfica sur-gía otra más economicista, la de los fundamentos nodales, polos o programas, la del área urbana o región urbana.

Al fin la región, al margen de que haya padecido de numerosas interpretaciones, es un espacio a interpretar y deslindar, un fragmento del espacio diferente a otros, una construcción

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intelectual y un ente real al mismo tiempo, de tal modo que puede hablarse hasta de regiones inventadas (una construcción mental en razón de los objetivos buscados por el investigador) y reales (las geográficas). Conforma una realidad a escalas, organizada, abierta y caracterizada por las conexiones verticales y horizontales, internas y externas. Pero bien entendido que la regionalización está en función del objetivo marcado para el estudio del espacio, como tam-bién de los criterios seguidos, etc.; de ahí que una misma región pueda ser natural, cultural, económica, etc., porque a partir de los años sesenta los conceptos de jerarquía, intensidad de flujos, densidad de relaciones, etc., pasan a ser básicos. De manera que tanto la región como el método para abordarla están condicionados por el objetivo buscado.

3.2.3. Los espacios centrales: la región urbana

La génesis de esta fórmula surge con el crecimiento continuado de las ciudades y el papel preponderante de las funciones y papeles que desarrolla la ciudad. La región urbana parte de la geográfica, aunque requiere de un centro organizador y de la integración en un conjunto más amplio, donde la ciudad desempeña su función. Y es el desarrollo de los transportes y de las comunicaciones quienes aportan nuevos conceptos de región, con una connotación cada vez más funcional. Por tanto, sólo será aplicable a las regiones con determinado grado de urbanización.

Las contribuciones de Cabot sobre las estructuras urbanas, las de Rochefort sobre las funciones de las ciudades, las de Labasse sobre las atracciones de las capitales, etc., reci-bían ya influjos del campo económico, de la escuela de Ciencia Regional, y específicamente de la distribución de los servicios sobre el territorio, de los flujos, de las jerarquías, etc. Las aportaciones de Mackinder con su concepto de nodalidad, las de Christäller y Lösch con sus modelos reticulares y áreas de influencia de los centros de mercado, etc., llegan a la capacidad de organización del territorio. Es así como se acaba en la región nodal, gravita-cional, diferenciada en sus diferencias, como aparece en Geografía el concepto de cen-tralidad (la región como unidad espacial desde las funciones concentradas en un espacio urbano, y ejercidas desde las infraestructuras). Los flujos abarcarán a un territorio, lo que implicará una jerarquía de ciudades, una red urbana, cuya clave organizativa se encontrará en las infraestructuras. Ahora bien, como indicará Kayser, no toda ciudad llegará a consti-tuir una región funcional, especialmente cuando aparecen las ciudades ínsulas, desligadas del entorno territorial.

De modo que sólo la ciudad polarizante es la generadora de la región, mientras las demás son intermediarias, distribuidoras, dinamizadoras, pero no centralizadoras. Incluso para que sea polarizadora debe de arrastrar una carga histórica y hasta la inserción en un conjunto más amplio. Para Hauser se consolida, así, el concepto de región como área donde se ejerce la acción de un centro urbano, que para Gottmann es la región viva, la dominada por la ciudad, para Pierre George la zona de influencia de una ciudad metrópoli, para Juillard la región fundida con el espacio organizado por una ciudad, y para Labasse la región sujeta a los influjos invisibles.

3.2.4. De la región sistémica a la concepción marxista

El método de abordar a la región recibiría el impulso de la Teoría General de Sistemas, en la que el espacio constituye un sistema complejo y en equilibrio, con subsistemas in-terconectados, con relaciones verticales y horizontales y relaciones externas. La escuela

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francesa del grupo de Reclús, encabezada por Brunet, realiza en la década de los noventa el desarrollo de un sistema mundial, y junto con los positivistas enfatiza en los procesos, es-tructuras, conexiones, huyendo del método de superposición regional clásico. La región sis-témica se presenta, así, como dinámica y en proceso constante de reorganización espacial, basada en la retroalimentación, la entropía (todo sistema cerrado se mantiene en equilibrio inestable), y el reequilibrio (en interacción con otros subsistemas, pero con tendencia a la búsqueda de la estabilidad). Y, además, la aplicación de la teoría sistémica permite la formulación de leyes generales, las definidoras de un sistema regional. Para Auriac se da un vuelco a la región clásica, con un sistema que introduce el concepto de dinamismo, desde el equilibrio hacia otro equilibrio diferente, aunque el paso de una estructura a otra pueda ser debido a la propia desorganización interna del sistema, a las múltiples combi-naciones entre factores y elementos (que llegan a desestabilizarlo, y hasta a transmitir las consecuencias a los sistemas anexos).

Por tanto, lo que define a una región no es su composición estructural permanente, sino su actividad y desarrollo, de modo que la diferenciación regional ha de ser establecida a partir de la confrontación de ritmos dinámicos, más o menos directamente influidos por factores incidentes desde regiones próximas. La región no es sólo sinónimo de extensión, sino un área organizada, una estructura caracterizada por las relaciones entre sus compo-nentes (aunque la cohesión entre ellos disminuya con la dimensión superficial). Y todo ello no es identificable con homogeneidad, dada la existencia de regiones heterogéneas y, sin embargo, funcionales. La Teoría General de Sistemas define, por tanto, la región como un compuesto integrado, lo que implica un sentido de globalidad que supone tres procesos: delimitar el sistema, definir sus componentes, y establecer las pertinentes interacciones. Esta orientación hace surgir a la Geografía Sistémica, que prima el análisis de los procesos que definen a los espacios interdependientes.

Desde una visión diferente, la corriente de inspiración marxista incorporaba la dimen-sión espacial al valorar la importancia del espacio en el desarrollo social, especialmente en el sistema capitalista. Para Gilbert la región es una organización espacial de los procesos sociales asociados a un modo de producción. El espacio pasa a ser un reflejo de los intere-ses socioeconómicos, cuyas funciones se determinan por los usos. Para Lung la periodiza-ción del espacio se basa en la plusvalía, de tal modo que a una plusvalía absoluta, basada en el dominio del trabajo, corresponden los espacios polarizados. Otros autores, como Li-pietz definen las formas avanzadas de capitalismo por el desdoblamiento geográfico, tanto del proceso del trabajo como de la valorización del capital, con una fase monopolista (que establece la distribución espacial del trabajo) y otra de transportes y centros de mercado.

3.3. La tipología de espacios regionales

La región geográfica parte del edificio humanístico instaurado como reacción al po-sitivismo naturalista, y está definida por la interrelación entre los hechos físicos y humanos que han configurado un paisaje, un espacio construido, limitado e individualizado, una región natural humanizada caracterizada por la organización de los recursos debido a la acción del hombre. La región funcional arranca a mediados del siglo XX, con la Geografía Teorética o Nueva Geografía, con Schaeffer, con la concepción de un espacio individuali-zado, dominado por las funciones, y alrededor de un núcleo aglutinador, la ciudad (de ahí que se hable de región funcional o económica). La Geografía Sistémica concibe al territorio como un sistema abierto integrado por elementos interdependientes, vinculado a otros es-pacios periféricos, en evolución continua, etc. La región económica (agrícola, industrial…)

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se inscribe en divisiones territoriales uniformes, si bien la realidad indica la existencia de territorios contiguos con diferente grado de desarrollo. Y para corregir los desequilibrios surge la región plan, que es posible abordarla desde ciertas magnitudes (población activa, densidad de comunicaciones, flujos migratorios, etc.), desde las cuales se trazan las líneas que delimitan las áreas específicas de cada región económica.

Por tanto, habrá muchos tipos de regiones y de espacios, porque variada es también la superficie terrestre y complejas las relaciones entre los fenómenos que coinciden en un espacio. Entre las regiones resaltan cuatro:

– Naturales, definidas por sus componentes naturales que, combinados, le aportan uniformidad e individualidad, es decir, equilibrio homogéneo hacia fuera y hetero-géneo hacia dentro.

– Administrativas o políticas, las delimitaciones que servían de marcos regionales sobre los cuales versaban las descripciones y representaciones en los albores de la ciencia geográfica. La región histórica refleja una realidad regional, es una forma de organización espacial. Para Sauer la Geografía es una ciencia genética, si bien Harsthorne niega el historicismo espacial. El mayor uso de las regiones históricas procede de las reivindicaciones culturales y políticas, de las denominadas deudas pendientes. Por tanto, el valor actual de la región histórica dependerá del contenido que se le asigne al concepto.

– Humanas. Son divisiones territoriales definidas por variables macroeconómicas que les confieren comportamientos individualizados, y que permiten no sólo definir sino establecer equilibrios y desequilibrios.

– Funcionales. La unidad la confieren los flujos (comerciales o de servicios) que se establecen entre una unidad y un espacio, de tal manera que derivan jerarqui-zaciones, que al quedar establecidas en un punto alumbran a una región nodal o polarizada.

Pero también es posible distinguir otra tipología no ceñida a sus caracteres físicos o humanos, sino a su organización y evolución:

– Homogéneas, con parámetros constantes, si bien la alteración de alguno puede incidir sobre toda la región.

– Polarizadas, con nodos funcionales interrelacionados.

– Planificadas, ordenadas y transformadas. Para Hauser la región planificada o eco-nómica se entiende como un mercado regional determinado por las relaciones entre los hombres con los de otros territorios, por la territorialización de las actividades. Por tanto, una región puede ser identificada por un rasgo predominante, y así es posible hablar de regiones naturales, litológicas o bioclimáticas, y también de otras que presentan la huella del esfuerzo humano, variante que presentará una amplia tipología de espacios heterogéneos, cuya coherencia le será proporcionada por alguna de sus funciones. Así la región ha pasado a tener una concepción muy flexible, un concepto intuitivo que permite disponer de divisiones territoriales para ser estudiadas atendiendo a criterios diversos. Y en cada región habrá de darse prioridad al análisis de sus estructuras dominantes, las que justifiquen su organización.

Pero en su análisis si algo denota es interdisciplinariedad, bajo el influjo de la denomi-nada Nueva Geografía Regional o Geografía Regional Reconstituida, centrado en la Geogra-fía Territorial, definida por la organización y regionalización, la economía política regional y

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la vinculación al desarrollo local y territorial, planteamientos que para Juillard son inducidos por las presiones civiles, por la dinámica de algunos territorios y por el nacimiento de nue-vos modelos organizatinue-vos, como ha ocurrido en la UE de dos formas: con la reordenación de territorios y con la especialización (con las políticas de convergencia y la atención prefe-rente a las regiones desfavorecidas).

4. LAS CORRIENTES ACTUALES DEL PENSAMIENTO

GEOGRÁFICO

4.1. La construcción de la ciencia geográfica

No es lineal y acumulativa, no es el resultado de contribuciones específicas de autores determinados dentro de un tiempo concreto, sino la consecuencia de contribuciones colecti-vas, dispersas en el tiempo, no exentas de fracturas, evoluciones y hasta involuciones. Y de esa secuencia han derivado errores, como la confusión de la historia de la Geografía con la correspondiente de la Cartografía o de la misma secuencia de los descubrimientos, una falsa apreciación que ha proporcionado a la ciencia geográfica la imagen de un cajón de sastre en el que tienen cabida todos los conocimientos relacionados con el espacio terrestre.

No ha sido la construcción de la ciencia geográfica una parcela de la ciencia en la que han dominado los padres fundadores. Para un grupo de autores será en Alemania, durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando se defina realmente una Geografía moderna, cuando se crea el proyecto de un campo específico de conocimientos geográficos, con la distinción entre saber y práctica. Es cierto que se le ha concedido notable importancia a la etapa clásica de la Geografía, pero, los momentos posteriores son los de gran desarrollo, con la Geografía moderna, tras la Segunda Guerra Mundial, con un marcado acento anglosajón. Para otros autores (desde Paul Claval hasta Vilá Valentí), ha dominado la oposición entre una etapa clásica y otra moderna o de la nueva Geografía. El año 1945 es para Johnston el momento en que se produce esa división entre clasicismo y modernismo geográfico, concretamente en los ámbitos anglosajones, y en relación estrecha con las filosofías del positivismo lógico y el racionalismo crítico. En suma, que resulta todavía complejo abordar la cuestión evolutiva, si bien hay más consenso al adjudicar el nacimiento de la Geografía moderna a la explicación, como indica Foucault.

La Geografía contemporánea es la que domina en el viejo mundo en el momento de difusión del positivismo y evolucionismo, del materialismo. El surgimiento del neoposi-tivismo, entre las décadas de los años treinta y cincuenta del siglo pasado, impone la vuelta atrás, hacia el naturalismo positivista, con la aplicación e imposición de las fórmulas físicas a la Geografía humana, y con la correspondiente vuelta hacia la previsión, en vez de la explicación. Con el neopositivismo o cuantitativismo se llega a la desvalorización de la ciencia regional, para Schaeffer una actitud a-histórica, que duraría poco, porque hacia mediados de los años sesenta se inicia la revisión del neopositivismo con el desarrollo de las corrientes existencialistas, plasmadas en la Geografía de la Percepción, que vuelven a poner de manifiesto a la geografía humanística, unida en el tiempo al desarrollo de las teorías marxistas, que permiten su difusión.

Por tanto, en su evolución, esta ciencia ha seguido los derroteros de otras próximas, como la Geología o la Economía, aunque las corrientes positivista, historicista, neopositivis-ta, humanista y marxista únicamente han dominado a una parte de la comunidad de

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geó-grafos. Pero sobre esta cuestión tampoco hay consenso: Preston James indica que hasta mediados del siglo pasado se impusieron sólo tres paradigmas (exploratorio, ambientalista y regional); Johnston señala que han sido otros (la ciencia espacial, la vertiente behaviorista y la radical-estructural); Stoddart ni siquiera habla de paradigmas; Kuhn alude a fases (la de ciencia normal y la de ciencia anormal, definida esta última por la dificultad de la elec-ción de presupuestos no científicos a la hora de elegir los paradigmas); Harvey indica que será el planeamiento y las nuevas exigencias sociales, así como los cambios internos en el mismo pensamiento científico (tras el influjo de Popper y el Círculo de Viena, que impulsará la reacción antipositivista al abordar las pocas aportaciones del cuantitativismo, seguida de las críticas desde la Escuela de Frankfurt, desde principios de la década de los sesenta, con Adorno y las coetáneas reflexiones marxistas); etc. Lo cierto es que al cuantitativismo se le califica de abstracto y de poco significativo, al no haber dado respuesta a los proble-mas reales, unido al descubrimiento por los estadounidenses de las imperfecciones de su sistema social, al que se olvidaba.

Con todo, puede hablarse de cuatro grandes corrientes actuales:

– Geografía Clásica. Prosiguen los estudios regionales tradicionales, aunque con algunas novedades que intentan adaptarlos a las modernas necesidades, como la tendencia a los aspectos más relevantes del estudio espacial (mientras el resto se presenta como complementario), y la intensificación de los estudios monográficos regionales.

– Nueva Geografía o Geografía Cuantitativa. Su objeto es formular hipótesis, leyes y teorías que demuestren científicamente las realidades de los diferentes espacios terrestres. En contra de esos postulados Harsthorne ha incidido en que cada espacio es irrepetible, y que no pueden formularse teorías generales válidas para unos lugares que son únicos. Schaeffer llega a señalar también que a las regiones únicamente cabe aplicarles teorías enmarcadas dentro del excepcionalis-mo. Pero, en contrapartida, los cientifistas siguen alegando que se debe partir del método científico, es decir, plantear el problema, formular las hipótesis pertinentes, cuantificar los fenómenos y clasificarlos, y demostrar o rebatir las hipótesis para establecer las leyes probabilísticas.

– Geografía Ecológica. El desarrollo de la Ecología dentro de las Ciencias Biológicas ha conllevado la extensión de estudios a la Ecología Humana (que Troll ya había cultivado en sus análisis ecológicos de los paisajes).

– Geografía Aplicada. La rama que se ocupa de los problemas de ordenación y ordenado de los espacios, donde prima el criterio espacial y no el sectorial de otras ciencias. Esta será la principal contribución para ayudar a las instituciones a pro-gramar los desarrollos espaciales, lo que obliga a que deba ser la más sintética de todas las variantes geográficas.

Cabe mencionar la rapidez con que han ido aportando cada cual sus contribuciones al avance geográfico, aun a pesar de ciertos antagonismos entre ellas. Para algunos autores ha sido, precisamente, la dialéctica interna de la ciencia geográfica quien la ha sacado del inmovilismo, porque desde los defensores del positivismo, humanismo, radicalismo, cuan-titativismo, hasta las más modernas formas de concepción de la ciencia, han contribuido a los notables avances en método y técnicas, a hacer más útil a la ciencia del espacio. Con todo el notable desarrollo general en los últimos años no ha quedado exento de dificultades y debilidades. Hoy no se trata tanto de analizar las acciones antrópicas, sino las fórmulas de planeamiento para organizar el territorio, porque la acción humana sobre el medio es sólo una parte de lo analizable, pero no exclusiva. En realidad, de lo que debe tratarse es

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