• No se han encontrado resultados

EL ECODESARROLLO COMO ALTERNATIVA

In document V.i Geo. - Cebrian Abellan_ Aurelio (página 166-177)

ÍNDICE SISTEMÁTICO

5. EL ECODESARROLLO COMO ALTERNATIVA

Los primeros movimientos ecologistas parten de EE UU, donde los problemas de la contaminación se dejaban sentir con especial virulencia como derivación del potencial industrial adquirido durante la etapa posterior a la II Guerra Mundial, cuando, como país triunfante y abastecedor del resto de potencias involucradas en el conflicto tuvo la obliga-

ción de atender a las necesidades de medio mundo. Y más tarde incidió otra conciencia- ción social paralela: los efectos sobre las personas de las armas químicas utilizadas por su ejército durante la guerra de Vietnam. Pero el año 1968 significó un cambio de actitudes en las sociedades más avanzadas del mundo con respecto al medio, cuando los movimientos pacifistas (procedentes de la contracultura estadounidense, una derivación de la cultura dominante) y las corrientes de pensamiento difundidas por Russell y Marcuse introdujeron nuevas mentalidades, que, más tarde, quedarían reflejadas en los Informes del Club de Roma. Buena parte de las nuevas ideas fue recogida por científicos británicos en el Ma- nifiesto para la supervivencia, que abogaba por minimizar los riesgos sobre el medio por la acción incontrolada del hombre, con el resultado de la destrucción o alteración de los procesos ecológicos y el agotamiento de los recursos no renovables. En el fondo se estaba cuestionando a una sociedad consumista, a un modelo no deseable.

En 1972 se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, que atendía a dos frentes: la conservación del medio, y la lucha contra la contaminación. Se llamó la atención a los gobiernos sobre los problemas ambientales, se repudiaron las pruebas nucleares, se decidió vigilar la situación de la atmósfera, etc. Pero los resultados fueron más bien escasos, porque pronto surgieron las contradicciones entre las naciones industrializadas y las dependientes de recursos primarios, aunque sirvió para difundir al desarrollo sostenible. Y el primer Informe del Club de Roma (Los límites del crecimiento) expuso las bases del problema y propuso el crecimiento cero. En el segundo (La humanidad entre la encrucijada) planteó soluciones a escala regional, mientras en el tercero identificó los problemas ambientales. En conjunto lograron institucionalizar el problema ambiental, haciéndolo extensible a escala planetaria.

El final de la década de los ochenta fue testigo del interés por el mantenimiento de los ecosistemas, y de la búsqueda de instrumentos técnica y financieramente eficaces, debate que sirvió para alumbrar la Estrategia mundial sobre biodiversidad, el Convenio sobre conser- vación de la biodiversidad biológica, y la Agenda 21. Entre todos contribuyeron al desarrollo de fórmulas, aunque restaron por establecer las medidas que llevaran a progresos significa- tivos. Así las conferencias mundiales sobre el medio universalizaron la toma de conciencia sobre los problemas ambientales, y a su través las Naciones Unidas establecieron planes de conservación en diferentes áreas del mundo, y de ellas derivaron las conferencias sectoriales, aunque su aportación real ha sido discutida. La de Río (1992) introdujo varios convenios y, sobre todo, la Agenda 21 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo, 1992), que defraudó en sus expectativas al no ser firmado unánimemente el de biodiversidad, no aprobar un código ético para evitar el colapso en la explotación de los recur- sos naturales y en la gestión de los residuos y desechos, no establecer ni metas ni plazos, no conseguir los medios financieros necesarios, y no alcanzar acuerdos sobre la protección de los bosques. Pero estableció la biodiversidad como componente clave del desarrollo sosteni- ble, y planteó actuaciones no vinculantes sobre cuestiones sociales, económicas y ambienta- les. La Agenda fue concebida como un amplio plan de trabajo, de ámbito mundial (en torno a medidas nacionales y a la cooperación internacional sobre desarrollo sostenible y protección ambiental hasta bien entrado el siglo XXI), con dos dimensiones socioeconómicas:

– Combatir la pobreza, cambiar pautas de consumo, mejorar la salud humana, y la búsqueda del desarrollo sostenible.

– La conservación y gestión efectiva de los recursos (proteger la atmósfera; combatir la deforestación, desertización y sequía; la protección de las áreas de montaña; la conservación de la diversidad biológica; la protección y gestión de los océanos y agua dulce; el empleo más seguro de los productos químicos tóxicos; y la gestión de los residuos peligrosos –esencialmente los radiactivos– y aguas residuales.

Por su parte, la Estrategia mundial sobre biodiversidad sostiene que sólo se deten- drá la pérdida de ecosistemas cuando sea posible utilizar los recursos biológicos de manera justa a escala local, nacional e internacional, y que son los Estados quienes tendrán que explotar el medio, valorando sus recursos y protegiéndolos. Va más allá de la conservación al introducir cuestiones relativas al comercio, el uso del agua, los métodos de preservación de ecosistemas, etc., y establece vínculos entre y dentro de las naciones, indicando que la gestión de la biodiversidad supone un cuádruple esfuerzo: biológico, social, económico, y político. Sus propuestas se centran en: catalizar la cooperación internacional; intentar la reforma de las políticas nacionales mediante pautas generales; introducir al sector privado en la gestión de la biodiversidad; y establecer un sistema de incentivos para la conservación del medio a escala local, fortaleciendo la situación de los espacios protegidos y la capa- cidad para conservar las especies en hábitat naturales, y aumentar el aprecio sobre los valores de la biodiversidad. Pero también fortalecer el papel que desempeñan en la meta del desarrollo sostenible los grupos principales: mujeres, infancia y jóvenes; los pueblos indígenas; las ONGs; las autoridades locales; los trabajadores y sindicatos; y los científicos, técnicos, agricultores... Por último contempla los medios para la puesta en práctica: finan- ciación, transferencia tecnológica, etc. Con todo su problema es ser gubernamental y no vinculante, y quizá por ello quedan pendientes desde su entrada en vigor (1993) muchas cuestiones graves:

– Las colecciones ex-situ ya existentes. Se trata de los materiales en poder de grandes empresas o Estados que han quedado fuera del reparto de costes-bene- ficios entonces acordado. De estas colecciones sólo se beneficiarán los países avanzados (quienes las lograron con anterioridad a 1993, y que son significativas en materiales orgánicos e inorgánicos de larga vida), mientras los productores han quedado fuera de los beneficios, aunque se hayan beneficiado de los costes. – Los mecanismos de financiación. Se creyó conveniente establecer un fondo

propio, aunque pronto el G7-8 (el auténtico ejecutivo económico mundial) transfirió esa posibilidad al Banco Mundial.

– La transferencia tecnológica del Norte al Sur. Se trata de un reto muy difícil de conseguir cuando el sector privado no está sujeto a controles gubernamentales. – La bioseguridad. En el trasfondo sólo se enmarca una doble corriente: los países

avanzados no quieren desprenderse de sus adelantos para aprovechar íntegramen- te los recursos del medio; y los atrasados quieren participar de unos mecanismos que desconocen, al margen de sus posibilidades inversoras.

La conclusión más obvia es el logro de una sociedad sostenible, que no altere los procesos ecológicos, que sea preventiva y conservadora, y que equilibre las condiciones de explotación con las necesidades de las sociedades desarrolladas (pues condicionan el desarrollo de las más atrasadas). El objetivo central es respetar el equilibrio de la biosfera reduciendo actividades contaminantes, aplicando una tecnología no agresiva con el medio, y reciclando y devolviendo productos no dañinos al medio. Y ello sólo puede conseguirse mediante nuevas alternativas energéticas (solar, eléctrica...), y generando una conciencia ambiental, asumiendo unos principios:

– El hombre no tiene el derecho de destruir el medio, porque las consecuencias re- vertirán rápidamente sobre el propio hombre.

– Superar la visión económica del desarrollo a costa del medio y de cualquier precio, e introducir la de progreso-calidad de vida, que incluye la conservación de los re- cursos naturales.

– El futuro depende de la conservación del medio, porque de él proceden la mayor parte de los recursos. Para ello se convierten en imprescindibles mecanismos co- activos, educativos, de modificación de los hábitos consumistas, de transformación de los modos de vida, etc.

Entre las estrategias más relevantes y lógicas para conseguir esos principios se en- cuentran:

– Las agrarias. Con nuevas técnicas que permitan una producción creciente sin alterar el equilibrio de la biodiversidad: el riego por goteo (que permite ahorro de agua y evita la salinización masiva de los suelos), el retorno al cultivo múltiple frente al abuso del monocultivo (que evita las adaptaciones de las plagas y malas hierbas y evita a los pesticidas), y la potenciación de los cultivos de montaña (que actúan eficazmente contra la erosión).

– Las energéticas. Con un menor consumo de combustibles minerales se reducirá la contaminación, sustituidos por unas energías alternativas con menor grado de agresividad ambiental.

– Las industriales. Han de conseguir cuatro objetivos: menor consumo de materias primas, reducción de las emisiones contaminantes a la atmósfera, optimización del consumo energético, y menor generación de residuos. Para ello se requiere un proceso industrial integrado, que incluya el reciclaje de residuos (que también depende de los hábitos de consumo) y la actuación legal sobre las industrias con- taminantes o despilfarradoras de materias primas.

Las encargadas de llevar a la práctica esas estrategias son las organizaciones interna- cionales:

– Dentro de las Naciones Unidas:

* Agencias especializadas: UNESCO (Organización de las Naciones Uni- das para la Educación, la Ciencia y la Cultura), FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), OMS (Organización Mundial de la Salud), OIT (Organización Internacional del Trabajo), OMM (Organización Meteorológica Mundial), OMI (Organización Marítima Interna- cional), y ONUDI (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial).

* Comisiones económicas regionales: CEPE (de las Naciones Unidas para Eu- ropa), CEPAL (para América Latina), CESAP (para Asia y el Pacífico), CEPA (para África), y CEPAO (para Asia Occidental).

* Organismos y programas: OIEA (Organismo Internacional de la Energía Ató- mica) y PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente). – Organismos intergubernamentales fuera del sistema de las Naciones Uni-

das: CE (Consejo de Europa), UE (Unión Europea) y OCDE (Organización de Coope- ración y Desarrollo Económicos).

– Organizaciones internacionales no gubernamentales: UICN (Unión Internacio- nal para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales), WWF (Fon- do Mundial para la Vida Silvestre), FEEA (Fundación Europea para la Educación Ambiental en el Medio Rural y Urbano), FPNE (Fondo Patrimonio Natural Europeo), GREENPEACE, etc.

Estos organismos e instituciones son también los que deben forzar el cumplimiento real de convenios y tratados, y adoptar los informes. Entre ellos resaltan los siguientes:

– Los programas intergubernamentales sobre el Hombre y la Biosfera (MAB) de la UNESCO (1970), destinados al análisis de sistemas ecológicos y su exposición a la actividad humana (en cada país existe un Comité Nacional del MAB): ecosistemas forestales tropicales y subtropicales; gestión de la tierra en paisajes forestales me- diterráneos y templados; pastoreo en sabana, pradera y tundra; regadío en zonas áridas y semiáridas; recursos de agua en zonas costeras; impactos humanos en ecosistemas montanos; ecología y uso racional de sistemas insulares; material ge- nético en zonas naturales; gestión de plagas en ecosistemas terrestres y acuáticos; efectos ecológicos de las obras de ingeniería; ecosistemas urbanizados e industria- lizados; demografía y sus repercusiones ambientales; calidad ambiental; y efectos ecológicos de la contaminación.

– La Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Humano (1972), el acto internacional que más huella ha dejado en las políticas ambientales de todo el planeta. De ella salió la Declaración de Estocolmo, que establece metas globales y principios inspi- radores de políticas ambientales.

– La Carta de los Suelos, del Consejo de Europa (1972), que los declara como bien esencial y frágil, e indica la necesidad de protección, inventariado, uso racional y planificación.

– La Declaración sobre las políticas de medio ambiente de carácter anticipativo de la OCEDE (1979), que se decanta por la integración de las políticas ambientales con las económicas para detectar las problemáticas de forma precoz, adoptar los instrumentos económicos, adecuar los modelos urbanos, agilizar las decisiones, establecer los controles de calidad, promover la educación ambiental, y desarrollar la cooperación interinstitucional e interestatal.

– La Estrategia Mundial para la Conservación (1980), elaborada por la UINC, PNUMA, WWF, FAO y UNESCO, que intenta armonizar el desarrollo y la conserva- ción de los recursos. En el trasfondo se encuentran las ideas de mantenimiento de los sistemas vitales, la diversidad genética y el aprovechamiento sostenido de los ecosistemas. Entre sus principios básicos están: el desarrollo sostenible, el mantenimiento del patrimonio biológico, el uso limitado de recursos renovables, el desarrollo de las tecnologías limpias, etc.

– La sustentabilidad, una estrategia para el cuidado del planeta (1991), que desa- rrolla la Estrategia Mundial para la Conservación, ahora pensada para la década de los noventa. Se apoya en el desarrollo sostenible, pero incorpora estrategias de población y economía. Ya introduce la problemática del agujero de la capa de ozono, la lluvia ácida, los desequilibrios Norte-Sur, etc.

– Nuestro Futuro Común, el Informe Brundtland (1992), presentado en la Cumbre de la Tierra o Cumbre de Río de Janeiro, que muestra la interconexión entre las realidades ambiental y socioeconómica, y señala la necesidad de reconducir los parámetros de las políticas económicas actuales con el objetivo de conseguir el desarrollo sostenible.

– La Primera Revolución Global (Informe del Club de Roma, 1992), que contiene la idea de una política internacional en la reducción de emisiones de dióxido de car- bono para evitar el sobrecalentamiento de la Tierra, y posibilitar la reforestación y el desarrollo de formas de energía alternativas.

– Tratados Internacionales sobre el Medio Ambiente. Se sustentan en la adop- ción de acuerdos multilaterales sometidos al Derecho Internacional Público e incor- porados al ordenamiento jurídico internacional. Entre ellos resaltan:

* El convenio sobre Conservación de la Fauna y Flora en estado natural (Londres, 1933).

* El convenio sobre Regulación de la pesca de la ballena (Washington, 1956), no adoptado por Japón.

* La convención sobre el Control de seguridad en materia de energía nuclear (París, 1957).

* El tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares en la Atmósfera, el Espacio Ultraterrestre y Bajo el Agua (Moscú, 1963).

* La convención sobre Protección del patrimonio mundial, cultural y natural (Pa- rís, 1972).

* El convenio sobre Prevención de la contaminación del mar por vertido de dese- chos y otras materias (Londres, México D.F, Moscú y Washington, 1972). * El convenio para la Protección del Mediterráneo contra la contaminación (Bar-

celona, 1976).

* El convenio para la Prevención de la contaminación marina provocada por ver- tidos desde buques y aeronaves (Oslo, 1983).

* El convenio para la Protección de la capa de ozono (Viena, 1985).

* El convenio sobre Cooperación, preparación y lucha contra la contaminación por hidrocarburos (Londres, 1990).

* El Tratado Antártico (Washington, 1959 y su Protocolo sobre la protección del Medio Ambiente, Madrid, 1991).

* El convenio marco de las Naciones Unidas sobre El cambio climático (Nueva York, 1992).

* El convenio sobre La diversidad biológica (París, 1992).

– Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), o Conferencia de Río, de la que han salido de inicio o reforzados: * La Declaración de Río sobre el medio ambiente y el desarrollo.

* El Programa 21 (programa para aplicar una política ambiental mundial). * El convenio marco de las Naciones Unidas sobre El cambio climático. * El convenio sobre La diversidad biológica.

– La Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático (Buenos Aires, 1998) que intentó frenar la emisión de gases contaminantes a la atmósfera y que acabó con un mínimo acuerdo entre países pobres y ricos para reducir las emisiones de dióxi- do de carbono un 5,5% (con respecto a 1990) hasta el año 2012. Pero sólo unos pocos países ratificaron los acuerdos previos de la Conferencia de Kyoto (1997). La disputa surge cuando los países más desfasados se niegan a ratificar los acuerdos, ante lo que EE UU (el primer contaminador mundial) reacciona de igual modo. Ante tal panorama la I Conferencia Cumbre sobre Medio Ambiente y Desarro- llo (Río de Janeiro, 1992) determinó las reformas ambientales necesarias a largo plazo. En la II Cumbre (Nueva York, 1997) se comprobó la ineficacia de la anterior,

sobre todo en lo referido a emisiones de CO2. Y no se llegó a un acuerdo en las reducciones de estos gases en un 15% para el año 2010 con relación al nivel de 1990. Para reducir la degradación ambiental la idea del crecimiento continuado debe de abrir paso a un uso más racional del medio. Y la respuesta ante el cambio climático se ha materializado en dos instrumentos jurídicos, la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (1992, pero entró en vigor en 1994), y el Protocolo de Kyoto (1997), que dota de contenido a una Convención ratificada por 186 países, con el objetivo de estabilizar las concentraciones de ga- ses invernadero en la atmósfera.

– La política ambiental en la Unión Europea. Los denominados Programas de Acción sobre el medio, que comienzan en 1972, han logrado imponer la interna- cionalización de los costes ambientales (quien contamina paga) y hacer partícipes a los ciudadanos en el diseño y gestión de determinadas políticas ambientales. Han involucrado a instituciones no gubernamentales en la Oficina Europea del Medio Ambiente, con el respaldo de la Comisión Europea. Prioritariamente se ocupan de: tratamiento de residuos (reciclaje, recuperación y reutilización); agricultura, con el fomento de la biológica u orgánica, mantenimiento de cultivos leñosos en las zonas sujetas a erosión, disminución de la carga ganadera sobre territorios frágiles, etc.; lucha contra la contaminación atmosférica y de aguas, seguridad nuclear, energía, etc.; y conservación de flora y fauna (Red Natura 2000). Con el Acta Única ya se dispone de base legal, pues el art. 130 R (Tratado de Maastricht) se centra en: la conservación y mejora de la calidad de vida y del ambiente (protección a la salud de las personas, y uso racional de recursos y medidas ambientales), la adopción de me- didas preventivas y armonizadoras entre los Estados miembros, y la cooperación con terceros países mediante acuerdos. El art. 130 S encarga al Consejo la elaboración de las disposiciones y medidas para el desarrollo y ejecución de la política ambiental de la Unión mediante instrumentos legislativos, operativos y financieros.

* Entre los legislativos hay un amplio conjunto de directivas, reglamentos y deci- siones.

* Entre los operativos están los Programas de Ejecución e Investigación y la Agencia Europea del Medio Ambiente (incorporan los preceptos del desarrollo sostenible emanados de la Conferencia de Río, y consideran prioritarios a los sectores de industria, energía, transporte, agricultura y turismo, y para su desa- rrollo se asume la subsidiariedad).

* Entre los financieros se encuentran: el Fondo de Cohesión Social, los Fondos Estructurales (FEDER, FSE y FEOGA), el Banco Europeo de Inversiones, los Fondos de Cohesión y fondos específicos de los programas de ejecución e investigación.

La Unión también dispone de programas específicos (ejecución e Investigación): AL- PENER (para el fomento de energías renovables y limitación de las emisiones de dióxido de carbono), LIFE (para restablecimiento de hábitats y biotopos originarios), ENVIREG (con Fondos Estructurales que ayudan a los programas ambientales en regiones desfasadas de la Unión), EPOCH (instrumento financiero para la prevención de desastres naturales e investiga- ción climatológica), MATERIAS PRIMAS Y RECICLADO (con varios subtipos, materias primas primarias, reciclado de metales no férreos, etc.), MAST (para ciencia y tecnología marinas), MEDSPA (para el medio mediterráneo), NORDSPA (para zonas costeras de Irlanda, Mar del Norte, Báltico y Noroeste Atlántico), PROGRAMA DE RESIDUOS RADIACTIVOS (para el análisis de almacenamiento de los mismos), y STEP (para la protección del medio).

BIBLIOGRAFÍA

Beck, U. (1993) “De la sociedad industrial a la sociedad del riesgo”. Revista de Occidente, N.º 150; pp. 19-40.

Bequette, F. Cero desechos. http://www.unesco.org/courier/1999_02/sp/planete/intro.htm Borras, A. (1985) Problemas internacionales del medio ambiente. Universidad Autónoma

de Barcelona, Barcelona.

Bosquet, M. et al. (1980) Crisis ecológica y economía. Miraguano, Madrid.

Boukhari, S. Suelos al borde del agotamiento. http://www.unesco.org/courier/1999_01/sp/ planete/txt1.htm

COMISIÓN MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO (1987) Nuestro futuro co- mún. Oxford University Press, Oxford.

Fernández Guillén, M.ª y Jongman, R. H. (1994) “Diversidad y agricultura”. El Campo. Mo- nográfico Agricultura y Medio Ambiente. BBV, Madrid; pp. 65-80.

García Abril, A. y Martín, M.ª A. (1994) “Medio ambiente y agricultura: las posibilidades de futuro”. El Campo. Monográfico Agricultura y Medio Ambiente. BBV, Madrid; pp. 9-30. García Barreno, P. (1994) “Desarrollo y Medio Ambiente”. El Campo. Monográfico Agricul-

In document V.i Geo. - Cebrian Abellan_ Aurelio (página 166-177)