N°1/Diciembre 2009
Magíster en Psicología Social
Editor: Héctor Berroeta Torres.
Disponible en:
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Correo: [email protected]
Fono: 32-2508619
Av. Brasil 2140, Valparaíso. Chile
Cuadernos de Postgrado en Psicología UV es una publicación on-line de la Dirección de Postgrado
de la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso.
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Índice
Presentación 3
I. Epistemología y Teoría Psicológica, Desarrollos Teóricos Contemporáneos
en Psicología Social.
Algunas Consideraciones Sobre Filosofía de la Mente, Epistemología y Psicología
5
Errol Dennis Moraga
Epistemología, Conocimiento Psicológico y Complejidad
11
Osvaldo Corrales Jorquera
Una lectura a la Crisis y Reconstrucción de la Psicología Social.
18
Juan Sandoval Moya
II. Mención Intervenciones Psicosociales
Segunda Modernidad, Individuación y Calidad de Vida
31
Jaime Alfaro Inzunza
Política Social: Un Marco Introductorio para la Acción Psicosocial.
38
Héctor Berroeta Torres
Investigación – Acción: Propuesta para el Trabajo Comunitario
46
Carlos Acevedo González
Luis Bustos Titus
III. Mención Psicología Jurídica
Tensiones y Desafíos de la Intervención en Maltrato Infantil: Análisis de las 52
Percepciones de los Profesionales que Trabajan en Centros de Intervención
Especializada del SENAME
Gonzalo Lira Mendiguren
La Escuela Clásica en Criminología y Algunos de sus Planteamientos Actuales
62
Karen Guzmán Valenzuela
“Good Life Model”: Nuevas Propuestas para la Intervención con Jóvenes Ofensores 71
Sexuales
Rodrigo Venegas Cárdenas
IV. Tesis de Grado
Sistematización del Sentido de las Prácticas Profesionales que Realizan los 80
Delegados que Trabajan en el Programa de Intervención Ambulatoria
SIDTEL Maipú – Cerrillos, de la Región Metropolitana.
Caroline Guardiola Ramírez
V. Programas de Postgrados y Postítulos Escuela de Psicología
Magíster Psicología Social
94
Mención en Intervenciones Psicosociales
Mención en Psicología Jurídica
Magíster Psicología Clínica 96
Mención en Psicoterapia Constructivista y Construccionista
Magíster Psicología del Trabajo y de las Organizaciones 97
Mención Desarrollo Organizacional y Gestión del Capital Humano
Diplomado Neuropsicología Cínica 98
Diplomado Desarrollo del Pensamiento 99
En Los Procesos de Enseñanza - Aprendizaje
Postítulo Intervención en Violencia Familiar y Abuso Sexual Infantil. 100
Un Abordaje Integral y Multidisciplinario.
Postítulo Psicología, Familia y Derecho 101
Mención Intervenciones Psicosociales en Sistemas Familiares
Presentación
En el marco de las actividades que conmemoran los 20 años de creación de la Escuela de Psicología de la Universidad de Valparaíso, hemos querido inaugurar esta iniciativa editorial que da materialidad y visibilidad a la reflexión que se genera en los procesos formativos de nuestros programas de Postgrado. La serie “Cuadernos de Postgrado en Psicología UV”, es una iniciativa desarrollada por la Dirección de Postgrado y Postítulo de la escuela de psicología cuyo objetivo es proporcionar a nuestros estudiantes y al lector interesado, un manuscrito electrónico de textos producidos al interior de los diversos programas de postgrado que nuestra unidad imparte. Se trata de comunicaciones introductorias o de profundización que complementan la labor docente; de reflexiones conceptuales y/o aplicadas en los campos específicos de los programas; y de ensayos, investigaciones y sistematizaciones generadas por nuestros académicos y egresados.
En este primer número de los Cuadernos de Postgrado en Psicología UV se compilan un conjunto de textos elaborados por docentes del Magister en Psicología Social mención Intervenciones Psicosociales y mención Psicología Jurídica. Estos trabajos, que fueron producidos especialmente para este dossier, se encuentran organizados en torno a los ciclos formativos del programa: los primeros tres artículos corresponden al ciclo de formación básica, los profesores Dennis, Corrales y Sandoval escriben en torno a los cursos Epistemología y Teoría Psicológica, y Desarrollos Contemporáneos en Psicología Social; los trabajos que le siguen de los docentes Alfaro, Berroeta y Bustos discurren sobre tópicos específicos de la mención Intervenciones Psicosociales, abordan contenidos de los cursos: Modelos y Herramientas de Intervención Psicosocial, Políticas Sociales y Taller de Intervenciones Psicosociales respectivamente; en tanto los académicos Guzman, Venegas y Lira desarrollan los trabajos de la mención de Psicología Jurídica asociados a los cursos Modelos de Comprensión e Intervención en Crimonología y Modelos de Comprensión e Intervención en Victimología. Por último Nuestra ex alumna titulada Caroline Guardiola presenta su trabajo de Tesis de Grado.
El primer trabajo, firmado por el Profesor Errol Dennis Moraga analiza las teorías psicológicas desde sus supuestos epistemológicos y la racionalidad que le subyace.
Osvaldo Corrales Jorquera, en el trabajo “Epistemología, Conocimiento Psicosociológico y Complejidad” analiza la pertinencia del paradigma epistemológico positivista en la psicología social moderna y reflexiona sobre su preeminencia en el marco de la ciencia contemporánea.
Juan Sandoval Moya en el trabajo “Una lectura a la crisis y reconstrucción de la Psicología Social” realiza una revisión del contexto de producción de la denominada crisis de la psicología social y propone una lectura de los efectos teóricos que esta produjo.
En el texto “Segunda Modernidad, Individuación y Calidad de Vida” Jaime Alfaro Inzunza analiza el origen de la preocupación social por el Bienestar, la Calidad de Vida y la Felicidad. El articulo “Política Social: Un Marco Introductorio para la Acción Psicosocial” de Héctor Berroeta Torres, Revisa un conjunto de antecedentes acerca de Política Social y su relación con la Acción Psicosocial.
Carlos Acevedo y Luis Bustos en el texto “Investigación – Acción: Propuesta para el Trabajo Comunitario” realizan una interesante revisión de los antecedentes histórico-conceptuales de la Metodología de Investigación – Acción Participativa profundizando en el enfoque de investigación socio- crítico de Paulo Freire.
“La Escuela Clásica en Criminología y Algunos de sus Planteamientos Actuales" de Karen Guzmán Valenzuela, revisa críticamente dos de las principales teorías de la criminología contemporánea: la Teoría de las Actividades Rutinarias y la Teoría de Delito como Elección Racional.
En el trabajo “Good Life Model”: Nuevas Propuestas para la Intervención con Jóvenes Ofensores Sexuales”, Rodrigo Venegas Cárdenas contrasta dos modelos de intervención con jóvenes que agreden sexualmente y describe las características de aplicación de uno de ellos.
“Tensiones y desafíos de la intervención en Maltrato Infantil: Análisis de las percepciones de los profesionales que trabajan en Centros de Intervención Especializada del SENAME”
de Gonzalo Lira Mendiguren, revisa las opiniones y percepciones de los profesionales del área psicosocial que trabajan en la problemática del maltrato infantil grave, identificando desafíos y tensiones.
Por último, Caroline Guardiola Ramírez, presenta en formato articulo su tesis de magister “Sistematización del Sentido de las Prácticas Profesionales que Realizan los Delegados que Trabajan en el Programa de Intervención Ambulatoria SIDTEL Maipú – Cerrillos, de la Región Metropolitana”. Aquí aborda la tensión que se produce entre la práctica profesional que realizan los equipos de trabajo de las unidades de atención a niños y adolescentes en conflicto con la ley y las políticas sociales que circunscribe dicha práctica.
Esperamos que estos cuadernos se constituyan en un aporte, tanto para nuestros estudiantes, como para quienes se interesan por los temas que abordan nuestros programas. Es un deber de la Universidad Pública contribuir a la reflexión nacional.
Héctor Berroeta Torres Director de Postgrado y Postítulo Escuela de Psicología
I. Epistemología y Teoría Psicológica, Desarrollos Teóricos
Contemporáneos en Psicología Social.
1. Introducción
Las relaciones entre la filosofía de la mente, la epistemología y la psicología se revelan como cruciales al momento de optar por una de las distintas propuestas teóricas emanadas de la psicología como disciplina científica. La elección se facilitaría si tuviéramos clara la fundamentación epistemológica que justifica nuestra decisión ante las alternativas en juego.
Es un hecho que el psicólogo debe optar ante una serie de propuestas teóricas que, la mayoría de las veces, son contradictorias o incompatibles entre si.
Esto, generalmente, produce en aquellos que se orientan al estudio de la psicología una confusión conceptual, una "mescolanza" teórica que se resuelve en un mal entendido eclecticismo lleno de inconsistencias y debilidades. Este eclecticismo, que en el ámbito de lo pragmático puede ser útil (esto es, cuando el hacer psicológico se aproxima al arte en el campo de la psicología aplicada), es poco recomendable en el ámbito teórico porque, por un lado, socava su capacidad explicativa y predictiva y, por otro, la multiplicidad de alternativas teóricas y el no contar con un modelo aceptado por la comunidad científica atenta contra el estatus científico mismo de la psicología al presentarla como una disciplina preparadigmática. Para aquellos que piensan que esto es una virtud más que un defecto, porque permite la discusión interteórica en una disciplina tan polémica como la psicología, debemos aclarar que la aceptación de un modelo por la comunidad científica no implica que la disensión y el progreso no sean posibles. El "programa de investigación" de Lákatos y el "criterio falsaciónista" de Popper contienen implícitos la noción de cambio. Lo único que exigen es que el cambio esté justificado por la racionalidad interna de la ciencia y que el progreso esté definido por la conmensurabilidad de la Teoría2 respecto de la Teoría1 y el mayor grado de verosimilitud de T2 en relación a T1. Considerando lo dicho, este artículo se enmarca dentro de la visión del racionalismo interno de la ciencia y, en un espectro más amplio, en la discusión de la ciencia ligada al marco epistemológico anglosajón. Esta advertencia se hace necesaria, porque, en una tradición más ligada a la filosofía
continental, la fundamentación de la psicología se da en una conceptualización totalmente diferente. La filosofía hermenéutica, la filosofía comprensiva y la fenomenología, v.gr:, se plantean los problemas semánticos, epistemológicos y metodológicos de la psicología desde otra perspectiva.
Psicología Comprensiva
En la interpretación comprensiva de la ciencia, para W.Dilthey, v.gr:, ésta se divide en "ciencia de la naturaleza" y "ciencia del espíritu" abarcando esta última, entre otras, a la psicología. Los rasgos que describen a la ciencia de la naturaleza o explicativa son que hay “toda subordinación de un campo de fenómenos a una conexión causal por medio de un número limitado de elementos (es decir, partes integrantes de la conexión) determinados unívocamente" y "..puede lograr su meta únicamente valiéndose de hipótesis" (W.Dilthey, 1951 p.193). En la ciencia del espíritu o comprensiva, sin embargo, "las hipótesis no desempeñan en modo alguno... el mismo papel que dentro del conocimiento natural... la conexión es dada de un modo originario y constante en el vivir: la vida se nos da únicamente como conexión... no necesita, por lo tanto, de conceptos subyacentes logrados por una inferencia inductiva para establecer una conexión que abarque a los grandes grupos de hechos psíquicos" (op.Cit. p.197). Este aspecto originario, idiosincrásico de captación de lo psíquico queda justificado por el acceso privilegiado a la propia mente que hace el sujeto por medio de la introspección y en la autoridad que sobre la comunidad tiene el informe que éste hace de sus contenidos mentales.
La tradición recién mencionada reconoce una estrecha filiación con el cartesianismo y un análisis somero de él permitirá evaluar la viabilidad de una psicología fenomenológica. La proposición central de Descartes, en lo que atañe, es que existen dos tipos de substancias independientes entre si y con atributos absolutamente diferentes "...advierto aquí primero que hay
Algunas Consideraciones Sobre Filosofía de la Mente, Epistemología y Psicología
Errol Dennis Moraga
1Resumen
El presente texto hace una revisión de las teorías psicológicas que, desde que en el siglo XIX ésta se constituye como ciencia, han orientado preferencialmente la explicación y predicción del comportamiento humano. Esta revisión ha sido orientada por los supuestos epistemológicos y la racionalidad que subyacen a cada propuesta teórica mostrando, en lo posible, sus fortalezas y debilidades. La psicología comprensiva, el psicoanálisis, el conductismo, la neuropsicología y el funcionalismo se analizan, así, en referencia a los supuestos epistemológicos que los apoyan.
Palabras clave: comprensión, pseudociencia, verificacionismo, teoría tipo-tipo y funcionalismo
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1 Psicólogo, Magíster en Lógica y Filosofía de la Ciencia por la Universidad de Valparaíso. Académico de la Escuela de Psicología, Universidad de Valparaíso. E-mail: [email protected].
grandísima diferencia entre el espíritu y el cuerpo; el espíritu, por su naturaleza, es enteramente indivisible... Pero en lo corporal o extenso ocurre lo contrario; pues no puedo imaginar ninguna cosa corporal o extensa, por pequeña que sea, que mi pensamiento no deshaga en pedazos... Esto bastaría a enseñarme que el espíritu o el alma del hombre es enteramente diferente del cuerpo..." (R.Descartes, 1945 p.148). Por un lado, el dualismo explícito del cartesianismo ha generado el problema ontológico de la interacción causal. ¿Como pueden interactuar causalmente dos entidades radicalmente diferentes? Y, el innatismo de las ideas, ha generado el problema semántico del solipsismo. ¿Cómo pueden comunicarse significados que sólo están en mi cabeza?. Por otro, la introspección ha generado el problema epistemológico de cuan certero e irrefutable es este acceso privilegiado a los contenidos de la propia conciencia, tema especialmente importante para la psicología. Recordemos que (a) la emergencia del conductismo watsoniano estuvo estrechamente asociado a la crítica del introspeccionismo derivado del estructuralismo wundtiano y (b) la propuesta del conductismo lógico de Ryle a su crítica del pensamiento cartesiano como génesis de gran parte de los problemas que debe enfrentar la filosofía de la mente.
El compromiso ontológico con el dualismo, el semántico con la adquisición del significado por ostensión interna, el epistemológico con el acceso privilegiado a la propia mente y el metodológico con la validez de la introspección generan tantos problemas que, según Hempel, lo más que podemos esperar de ella es un valor heurístico, "su función reside en sugerir hipótesis psicológicas que puedan servir como principios explicativos en el caso considerado" (C.Hempel, 1965 p.242).
La opción entre una psicología comprensiva o una explicativa toca aspectos cruciales del ser humano que involucran más de lo que pretende este artículo y nos embarcaría en una polémica no resuelta entre aquellos que piensan que sólo es posible acceder válidamente a la realidad mediante la evidencia empírica y el razonamiento hipotético y aquellos que no lo consideran así. La discusión compromete sistemas complejos de creencias como la religión, el arte, la historia etc.. Los partidarios de la comprensión aducirán que la opción misma entre una psicología u otra está condicionada a un darse previo como posibilidad y este darse previo, este presupuesto que otorga sentido al acto electivo, sólo es accesible por la comprensión. Los otros le niegan un valor cognoscitivo válido a esta experiencia, dicen que lo único que podemos afirmar de ella es que accede a un mundo fenoménico para un sujeto y sus informes no necesariamente deben coincidir con una descripción del mundo real, ya que el lenguaje que la manifiesta debe considerarse como expresivo y no descriptivo, por ende no se puede predicar de ellos la verdad o la falsedad, requisito fundamental de los enunciados científicos.
Psicoanálisis Pseudociencia
En otra interpretación de la ciencia, si aceptamos la taxonomía de Hempel entre una "ciencia formal" y otra de la "naturaleza" como canónica y consideramos que esta última abarca la psicología como caso especial, nuestro panorama adquiere otro cariz si podemos demarcar los criterios entre ciencia y pseudociencia.
No es fácil establecer los límites entre ciencia y pseudociencia, existen pseudociencias exitosas y ciencias débiles y "lo que caracteriza a la conducta científica es un cierto escepticismo incluso con relación a nuestras teorías más estimadas. La profesión de fe ciega en una teoría no es una virtud intelectual sino un crimen intelectual" (I.Lákatos, 1983 p.10). Hempel (C.Hempel, 1979) propone que toda ciencia debe cumplir dos criterios sistemáticos: la relevancia explicativa y la contrastabilidad. Popper (K.Popper, 1994) incluiría, dentro de esta última, la falsación de la hipótesis y el contenido empírico como criterio esencial de la demarcación. Lákatos, a su vez, cuestionando el criterio falsacionista ingenuo de Popper, agregaría "las llamadas refutaciones no indican un fracaso empírico como Popper ha enseñado, porque todos los programas crecen en un océano permanente de anomalías. Lo que realmente importa son las predicciones dramáticas, inesperadas, grandiosas; unas pocas de éstas son suficientes para decidir el desenlace; si la teoría se retrasa con relación a los hechos, ello significa que estamos en presencia de programas de investigación pobres, regresivos" (op.cit. pag.15).
El psicoanálisis es, quizás, la más popular de las teorías psicológicas. El lego en psicología probablemente ignora los nombres de W.James, B.F.Skinner y J.Fodor, por sólo mencionar algunos conspicuos, pero, al menos en occidente, el nombre de S.Freud es parte de nuestro acerbo cultural. No confundamos popularidad, eso si, con validez y justificación de una teoría. Desde sus inicios el psicoanálisis ha sido cuestionado en los ámbitos académicos y su popularidad podemos atribuírsela, probablemente, a factores extracientíficos. Su incursión en la interpretación de las conductas patológicas, del comportamiento normal, de las creencias religiosas, del arte y el comportamiento social han ejercido una seducción permanentes en artistas, estadistas y el público en general por la enorme carga emocional y valorativa que poseen sus afirmaciones sobre la sexualidad. Para Cioffi el psicoanálisis es una pseudociencia exitosa y agrega "Una pseudociencia no está constituida meramente por tesis formalmente defectuosas, sino por procedimientos metodológicamente defectuosos... Para que una actividad sea científica no es suficiente que deba haber estados de hechos que pudieran constituir una disconfirmación de las tesis que se propone investigar; también debe darse el caso de que su procedimiento sea tal que esté calculado para descubrir si tales estados de hechos existen. Utilizo la palabra calculado premeditadamente. Porque para establecer que una empresa es pseudocientífica no es suficiente mostrar que los procedimientos que emplea impedirían u obstruirían de hecho el descubrimiento de estados de hechos desconfirmatorios, sino que su función es obstruir ese descubrimiento" (F.Cioffi, 1974 p.328) y "Si las afirmaciones psicoanalíticas no son hipótesis, esto no se debe a ninguna deficiencia formal apreciable que ellas exhiban, sino a que no es ese el papel que jugaron en las vidas de aquellos que las originaron... No se interpretaron sueños, síntomas, errores, etc., debido que estuviese descubierto que fuesen significativos, sino que se insistió en que eran significativos gracias a que se podía interpretarlos... no encontramos sorprendente que resulten ser incapaces de demostración y que den lugar a desacuerdos intratables, porque este no es un problema de probar que una tesis aislada del psicoanálisis no se ajusta a un criterio particular, sino de percibir un rasgo en el conjunto total" (op.cit pag.357). Es decir, el psicoanálisis está constituido, por un lado, por enunciados con apariencia de hipótesis con forma de leyes y, por
otro, con un procedimiento que impide la refutación. En términos de Lákatos, la resistencia a la refutación abarca el núcleo firme de la teoría psicoanalítica, es decir los postalados axiomáticos de ella (que no es desconfirmable) y el cinturón protector, es decir las hipótesis auxiliares de ella (que es desconfirmable) y la heurística negativa del programa, que establece sólo del núcleo duro la regla de no refutarlo, dice en el caso del psicoanálisis, tanto del núcleo duro como del cinturón protector: no refute, sino interprete. Esto, por supuesto, atenta contra uno de los criterios fundamentales de la demarcación entre ciencia y pseudociencia (Popper): la desconfirmación de una hipótesis por aplicación del Modus-Tollens.
Conductismo y Reduccionismo Analítico
La discusión académica más frecuente en la actualidad, dentro de la psicología, se ha dado en torno a la tradición conductista y el cognoscitivismo funcionalista. El análisis se ha dado fundamentalmente en un contexto lingüístico.
En el ámbito del lenguaje natural encontramos un grupo de expresiones o modismos del tipo X cree que Y, X desea que Y, X piensa que Y. Estos enunciados se conocen como de "actitud proposicional" y se dice que capturan un tipo de entidades que pueden describirse como poseyendo dos atributos propios de lo mental: la intencionalidad y la racionalidad; y el análisis de estos enunciados ayudaría a revelar la naturaleza de la mente y la posibilidad de incorporarla a las ciencias naturales. Esta aserción es, por supuesto, discutible ya que estos enunciados, por su cualidad de ser referencialmente opacos, son refractarios a describir nomológicamente las entidades que caen bajo su rango. La ciencia necesita hacer explicaciones nomológico-causales y la mente debe ser descrita, por lo tanto, como un agente causal. Esta necesidad de describir la mente causalmente y la imposibilidad de hacerlo desde la perspectiva intencional se debe a lo que Ryle denomina el error categorial cartesiano. Error que puede repararse al descubrirse que la interpretación de la mente como intencional es, precisamente, sólo un error. Un ejemplo de esto es lo siguiente: "Un extranjero ve por primera vez un partido de fútbol. Aprende cuál es la función de los arqueros, los defensores, los delanteros y del árbitro y pregunta: "¿No hay nadie en el campo de juego que tenga como función contribuir a la conciencia de equipo? Veo quien ataja, quien defiende y quien ataca, pero no veo a nadie a quien corresponda ejercitar el "sprit
de corps" ...habría que explicar que está buscando lo que no
corresponde. La conciencia de equipo no es una parte del fútbol complementaria de las otras; es, en términos generales, el empeño con que se lleva a cabo cada una de esas funciones.." (G.Ryle, 1967 p.20) y, por lo tanto, "se diluye la consagrada oposición entre mente y materia..." (op.cit. p.24). Para Ryle el mal entendido de confundir el lenguaje mental y el físico como pertenecientes a la misma categoría lógica ha producido confusiones y problemas ontológicos, como suponer la existencia de una relación causal entre lo mental y lo físico, cuando lo único que hay es una mala utilización del lenguaje. La solución a este problema estriba en encontrar un definiens físico adecuado para el definiendum mental o, como dice Fodor, "Por cada prodicado mental que pueda ser empleado en una explicación psicológica, debe haber al menos una descripción de la conducta con respecto a la cual ese predicado guarda una conexión lógica" (J.Fodor, 1980 p.83). El problema se nos
traslada, así, del ámbito ontológico al semántico y al lógico. Al semántico, porque, para que un enunciado tenga significado, debemos estipular las condiciones operacionales que determinen la conducta observada y al lógico, porque, para que la sinonimia sea adecuada el enunciado de la derecha y el de la izquierda deben ser equivalentes, es decir, deben poseer los mismos valores de verdad. Si el programa de Ryle tuviera éxito solucionaría varios problemas. Primero, diluye el problema ontológico de las entidades mentales, segundo, evita el problema semántico de la opacidad referencial al reemplazarlos por enunciados significativos, contrastables y verficables
operacionalmente y, tercero, permite presentar los enunciados de la teoría psicológica en un esqueleto lógico y determinar su carácter y cierre deductivo. Según el verificacionismo el problema de la definición queda resuelto por el uso de definiciones parafrásticas que, en el caso de la psicología deben ser conductuales, empíricas. El programa, sin embargo, ha sido cuestionado, porque, en primer lugar, el criterio de empiricidad atenta contra el mismo criterio de significado al no poseer éste carácter empírico y, en consecuencia, se autorrefuta. En segundo lugar, el análisis de los términos de creencia no mantienen la equivalencia lógica entre el lado izquierdo (definiendum) y el derecho (definiens) de la definición, v.gr:
"Pérez cree que hay un incendio en la cercanía =def. Bajo circunstancias especiales, al existir un incendio en la cercanía, Pérez se comportará de modo adecuado a la existencia de un incendio en su espacio próximo, podría ser falso en una de sus
partes y verdadero en otra. Podemos concebir a Pérez en un ejercicio bomberil y comportarse como si hubiera un incendio cercano. Casualmente podría producirse un incendio y Pérez no saberlo, sin embargo Pérez no cree que existe un incendio y se comporta como si lo hubiera. Así, el definiendum es falso y, sin embargo, el definiens es verdadero" (J.Cornman,1987, p.182). El conductismo analítico, en su acepción fuerte, epistemológica
el verifiacionismo y en la débil, como teoría psicológica, ha visto
declinar su influencia en la psicología académica desde fines de la década del cincuenta. El supuesto de una "caja negra" carente de organización y de la cual no se puede decir nada se ha visto seriamente dañado por los aportes de la etología, la experimentación en psicología (v.gr: García y Kölling y el
principio de la adecuadión del estímulo) y la teoría de la
información que hace suponer, como mínimo, que la "caja negra" es un poderoso procesador de tipo booleano. Todos estos aportes hacen difícil aceptar los supuestos duros del programa conductista como son la correspondencia entre aprendizaje y realidad externa y la equipotencialidad de estímulos, especies e individuos. El legado conductista se mantiene, sin embargo, en dos ámbitos: el de la clínica y el de la metodología. Tanto el éxito empírico de las estrategias de cambio conductual, así como la exigencia de un diseño experimental riguroso y la necesidad de la autoridad de la comunidad científica en los enunciados de la psicología científica, mantienen su vigencia como un aporte específico de esta tradición psicológica. Pero la incapacidad de la teoría para hacer predicciones osadas y producir una nueva tecnología ha orientado a la psicología por otros rumbos. El reduccionismo biológico y el funcionalismo son las alternativas teóricas privilegiadas de las postrimerías de este siglo.
Neurociencias y Reduccionismo Fisiológico
Mencionamos que el tipo de enunciados que se dice captura los atributos mentales toma la forma "X cree (piensa, desea etc..) que Y", y que el esfuerzo contemporáneo por dilucidar el estatus de la psicología como ciencia estaba ligado al análisis de éstos. El rasgo definitorio de los lenguajes y de los símbolos en general es la referencialidad. En esta última podemos distinguir dos dimensiones: el sentido o significado y la denotación. Entendemos por la primera "el modo de darse de un objeto" y por la segunda "la designación del objeto". Existen, por lo tanto, dos estrategias para eliminar los enunciados de actitud proposicional. Uno atendiendo a la reducción de los significados y, por lo tanto, a una crítica en el ámbito de lo analítico, camino seguido por Ryle y el conductismo lógico o verificacionismo; y otro, en el nivel contingente, reduciendo el "objeto mental" a su "objeto físico". Este segundo camino lo ha seguido la teoría de la identidad tipo-tipo" o materialismo reduccionista que "afirma que existe una especie de «identidad» entre los procesos mentales y determinados procesos cerebrales: no una identidad en sentido lógico, pero aun así existe una identidad del tipo de la que existe entre «la estrella verpertina» y «la estrella matutina», que constituyen nombres alternativos de uno y el mismo planeta, Venus, por más que también denoten diferentes apariencias del planeta Venus". (K.Popper, 1980 p.62). En consecuencia, la reducción es posible, porque la clase de objetos descritos por los enunciados de actitud proposicional es coextensiva con la clase de objetos descrita por los enunciados de la teoría física. La teoría de la identidad o teoría tipo-tipo propone que podemos hacer una taxonomía de los estados mentales y los estados cerebrales que sean numéricamente iguales, podemos, entonces, establecer una relación de identidad biunívoca entre unos y otros a través de una reducción interteórica. Esto significa que para todo x que sea idéntico a todo y debe darse que si y sólo si predicamos F de x entonces también predicamos F de y (Ley de Leibniz -ver nota6-). En síntesis, lo que pretende la teoría de la identidad es reducir el vocabulario de la psicología popular al lenguaje de las neurociencias (y, en última instancia, al de la física por ser ésta la ciencia "dura" por antonomasia). Este proyecto se basa en el éxito de las neurociencias al lograr identificar ciertas áreas funcionales del cerebro y los notables avances de la química cerebral y su relación con el comportamiento afectivo, cognoscitivo y motor. Fenómenos como el lenguaje, la percepción, la adicción a las drogas y las esquizofrenias han demostrado la estrecha relación entre cerebro y conducta. La teoría de la identidad no niega que las descripciones propuestas por la teoría de la psicología popular sean correctas, lo que niega es que la teoría de la psicología popular sea una teoría adecuada para explicar y predecir los fenómenos psíquicos, ya que ésta carece de un marco conceptual bien definido y su lenguaje, más que falso, es vago e insuficiente para describir lo mismo que, de modo más riguroso y exacto, realiza la teoría neuropsicológica. Utilizando el ejemplo del reconocimiento de caras de la nota10 , decir que Juan no puede reconocer el rostro de Inés (prosopagnosia) equivale a decir que las fibras de la neuronax en las áreas de Brodman 20 y 21 del hemisferio derecho de Juan no han sido activadas (más correcto aún, toda incapacidad para reconocer rostros es equivalente con
toda inactivación de las fibras de la neuronax en las áreas de
Brodman 20 y 21 del hemisferio derecho, de ahí la identidad
tipo-tipo).
De la ley de Leibniz, se deriva un corolario denominado "ley de los epítetos transferibles" que estipula que los predicados de una como de otra teoría son equivalentes y, por lo tanto, intercambiables. Se aduce, sin embargo, que sería absolutamente incorrecto decir que, por ej., si la fibra de la neuronax que se encuentra a 2cms del tálamo está activada debido a un dolor agudo en mi pierna derecha, yo pueda decir que tengo un dolor agudo a 2cms del tálamo. O, viceversa, hablar que "X cree que Y" pueda parafrasearse como "la neuronax cree que Y". La teoría de la identidad se enfrenta, además, al problema, v.gr:, de identificar el tipo de dolor (mental) con una enorme variedad de diversas instancias físicas de las cuales éste puede predicarse. Podemos perfectamente imaginar un marciano hecho de silicio que presente todos los rasgos conductuales del dolor y, sin embargo, el tipo físico es de una naturaleza distinta a las entidades carbónicas. La identidad, en este caso, es más apropiado pensarla entre instancias (tokens) que entre tipos. Antes de revisar las teorías de la identidad como instancias debemos mencionar un tipo de materialismo que no apela a la reducción interteórica, sino a la eliminación del lenguaje mentalista.
Materialismo Elimiacionista
El eliminacionismo postula que las teorías que usan un lenguaje psicológico-mentalista son falsas, tienen referencia vacía y, por lo tanto, son puras ficciones. No es que sean incompletas y que su lenguaje sea deficiente, es que su lenguaje no designa nada y, por ende, hablar de un estado mental como el dolor es como hablar de Don Quijote. El ejemplo paradigmático es la teoría de los esquizofrénicos como posesos. En la medida que la psiquiatría ha progresado sabemos que la causa del delirio esquizofrénico no está en una posesión demoníaca, sino en un trastorno que compromete al neurotransmisor dopamina. La teoría de la posesión no es un lenguaje incompleto, sino falso. Nunca existieron los demonios, siempre se trató de un déficit dopaminérgico. Lo mismo sucede con el lenguaje mentalista. Nunca ha existido la creencia que P, lo único que ha existido siempre es la descarga de la fibra de la neuronax. En consecuencia, dice el eliminacionismo, el progreso del conocimiento y de la ciencia reemplazará naturalmente los vocables falsos del lenguaje mental por el correcto de la neurociencia y la física. El problema con la interpretación eliminacionista es que niega que los deseos, creencias, razones etc.. hayan tenido alguna importancia causal en la economía e historia del comportamiento humano y, a su vez, se autorrefuta ya que podemos predicar de ella lo mismo que dice J.B.Pratt del epifenomenismo "decir que un pensamiento es incluso en un grado mínimo causa del pensamiento siguiente sería erróneo. En el proceso conocido como razonamiento, por lo tanto, es un error suponer que las relaciones lógicas conscientes tengan algo que ver con el resultado... Puede ser que pensemos lógicamente; pero si lo hacemos, esto no se debe a que la lógica tenga algo que ver con nuestras conclusiones, sino porque las moléculas cerebrales, para decirlo de alguna forma, han colisionado de una manera adecuada. Queda claro, entonces, que ninguna conclusión que los seres humanos podamos alcanzar pueden basarse en la lógica. Es imposible, para siempre, demostrar que cualquier tesis es lógicamente necesaria" (J.W.Cornman, 1987, p.168).
Funcionalismo
El funcionalismo es un tipo de fisicismo que, a diferencia de la teoría tipo-tipo, establece un isomorfismo entre lo mental y una dimensión física intangible como es la información, es decir entre lo mental y la organización de la materia prescindiendo de la estructura que ésta asuma; esta última característica lo hace una identidad entre instancias (tokens) más que entre tipos y evita, por lo tanto, la crítica de que el mismo estado mental lo podamos imaginar como dándose en diversas entidades físicas. El nivel de descripción del funcionalismo no es, por tanto, el sustrato físico (hardware) de los dispositivos procesadores de información, sino una descripción de nivel más abstracto, la dimensión sintáctica de ésta (software). "La teoría de la Identidad como Instancia plantea la cuestión de cómo han de categorizarse los eventos mentales si esta categorización ha de ser diferente de la que se aplica a los eventos cerebrales. Los defensores de la Teoría de la Identidad como Instancia han propuesto que los eventos mentales se definan funcionalmente" (W.Bechtel, 1991 p.149). Los estados mentales juegan un rol causal entre las entradas sensoriales y las salida motoras y desempeñan un rol funcional en la economía cognoscitiva. Ha sido un logro teórico de magnitud el considerar la información como una dimensión física. (Que instrucciones de los programas (software) puedan dañar el dispositivo físico (hardware) es una realidad a la que se ve enfrentada nuestra tecnología de las computadoras y los virus computacionales son un tema de preocupación cotidiana). Se han planteado varias formas de funcionalismo de entre las cuales las más relevantes son el funcionalismo de la psicología popular, el funcionalismo de tabla de máquina, el funcionalismo de Inteligencia Artificial (IA) y el funcionalismo homuncular. Por el momento prescindiremos del análisis de gran parte de ellos y nos centraremos en el funcionalismo de IA por ser el modelo prototípico dentro de la psicología.
El funcionalismo de IA o de "High Church" se concibe como el paradigma en sentido kuhniano, de la psicología norteamericana finisecular. Su tesis central, o de Church-Turing, establece que la mente puede interpretarse como un artificio formal que, mediante cómputos finitos, opera por un procedimiento recursivo (o efectivo o algorítmico o mecánico) y es capaz de simular todos los comportamientos mentales. La mente es, en consecuencia, un dispositivo formal que puede describirse en téminos de la máquina de Turing. Esto se conoce como la interpretación fuerte de la IA y ha sido criticada desde varios flancos. La primera se debe a Lucas y hace referencia a los límites de los sistemas formales demostrado por Gödel. Éste enuncia en su teorema que todo sistema coherente lo suficientemente poderoso para producir simple aritmética, producirá formulas bien formadas que son indecidibles dentro del sistema, pero que pueden aceptarse intuitivamente como ciertas. Aplicado a la máquina de Turing, ésta, procediendo recursivamente, seguiría funcionando ad aeternum tratando de decidir el carácter de esa fórmula: "El teorema de Gödel debe ser aplicable a las máquinas cibernéticas, porque es fundamental para la condición de máquina el ser un ejemplo concreto de un sistema formal. De ello se deduce que, dada una máquina que sea coherente y capaz de efectuar operaciones aritméticas simples, existe una fórmula cuya autenticidad es incapaz de demostrar (o sea la fórmula es-indemostrable-dentro-del-sistema), aunque nosotros veamos que es cierta. De ello se
infiere que ninguna máquina puede ser un modelo exacto o adecuado de la mente, y que las mentes son fundamentalmente distintas a las máquinas (J.R.Lucas, 1985 p.77). A esta crítica contraargumenta Putnam diciendo que es una aplicación errónea del teorema de Gödel y que, si suponemos que T es una máquina que me representa, "lo único que puedo hacer es hallar una propuesta U con la que yo pueda demostrar: (i ) que si T es coherente, U es cierta, en la que U es indeterminable por T, si T es realmente coherente. Sin embargo, !T puede también demostrar perfectamente (i )! Y la afirmación U, que T no puede demostrar (asumiendo la coherencia), tampoco yo puedo demostrarla (a menos que pueda demostrar que T es incoherente, lo cual es improbable, si T es muy complicada)" (H.Putnam, 1985, pp.130-131).
Una segunda crítica proviene de Searle y su famoso Gedankexperiment de la habitación china. La tesis central de la IA afirma que la máquina opera sobre símbolos (Newell, Simon, Fodor, Shank, Phylyshyn etc..). es decir el cómputo se hace sobre símbolos y no sobre números (los 1s y 0s del sistema binario), pero el único aspecto de los símbolos sobre el que puede operar una máquina formal es la sintáctica, no la semántica. La crítica de Searle apunta a que la manipulación de la sintaxis jamás dará origen a la comprensión semántica. Para ello propone el siguiente experimento mental: un sujeto se encuentra en medio de una pieza donde debe operar símbolos escritos en chino. El sujeto domina todas las reglas sintácticas de formación de estos símbolos y puede producir fórmulas bien formadas dentro de ese lenguaje, lo que Searle llama dominar el libro de reglas, de modo que, al recibir dichos símbolos, puede combinarlos de modo adecuado y sacar una cadena aceptada por las reglas de ese idioma. Afuera de la habitación hay chinos que entienden la lengua y, cuando reciben las respuestas que les da el sujeto que se encuentra dentro de la habitación, pueden interpretarlas y comprenderlas, pero, dice Searle, el sujeto que las manipula sigue sin entender ni una palabra, no comprende nada de chino (en otra variante del experimento, debida a Block, se concibe a la nación entera de chinos manipulando símbolos, sin embargo, no existe una emergencia de la comprensión a nivel de ésta). La crítica de la "pieza china" es contrargumentada por Boden quien en "Escape de la Habitación China" considera que existen distintos niveles de comprensión y que Searle ha incurrido en un error categorial al no distinguirlos y ha considerado la sintaxis como lógica formal no interpretada, siendo que los programas computacionales hacen cosas y que "la representación concreta de un programa de computadora, ya sea que la realice el hombre o una máquina fabricada, sí entraña entendimiento, al menos del libro de reglas" (M.Boden, 1994, p.114).
La respuesta de Boden introduce nuevos problemas en la filosofía de la mente. La idea de dos tipos de contenido uno
procesual y otro informativo o declarativo plantea nuevos retos a
la comprensión de la mente. La propuesta de un contenido
estrecho, independiente del mundo y otro contenido amplio
dependiente de éste, ha sido expresado por Block en los siguiente términos: "El enfoque que tengo en mente ha sido sugerido, de modo independiente, tanto por filósofos como por científicos cognitivos: por los primeros, bajo el título de "semántica de rol conceptual", y por los últimos, bajo el título de
"semántica procedimental [ "procedural semantics"] . La doctrina hunde sus raíces en el positivismo, en el pragmatismo y en la idea wittgensteiniana del significado como uso... La versión que a mi me gusta es una "teoría de dos factores"... La idea de una versión de dos factores es que hay dos componentes del significado, un componente del rol conceptual que está enteramente "en la cabeza" (el significado estrecho) y un componente externo que tiene que ver con la relación entre las representaciones en la cabeza (con sus roles conceptuales internos) y los referentes y/o condiciones de verdad de esas representaciones en el mundo... Para los propósitos presentes, la naturaleza exacta del factor externo no es relevante... El factor interno, el rol conceptual, es algo [ que concierne al] rol causal de la expresión en el razonamiento y la deliberación y, en general, a la manera en que la expresión se combina e interactúa con otras expresiones para mediar entre los inputs sensoriales y los outputs conductuales..." (Block, 1995 pp.306-308).
Las dificultades generadas por la propuesta de Block son que cuanto más rica es la semántica más abstracta o tolerante parece ser la sintaxis. Sin importar la estructura física de las marcas lingüísticas se puede tener la misma sintaxis, distintas estructuras sintácticas pueden tener el mismo carácter, la misma proposición puede ser expresada por oraciones con distinto carácter y, por último, distintas proposiciones pueden atribuirle propiedades semejantes al mismo individuo.
Palabras Finales
Creo que la ciencia progresa en la medida que las teorías van adquiriendo mayor contenido empírico, es decir, que su carácter informativo y novedoso es mayor que las teorías precedentes y, por consiguiente, sus hipótesis implican más enunciados verdaderos. Lo anterior se expresa, a su vez, en un mejor poder explicativo, predictivo y un mayor éxito tecnológico. Es cierto que tanto la neuropsicología como la IA crecen, como dice Lákatos, en un mar de anomalías, pero así como la termodinámica fue un avance respecto del calórico y la teoría de la relatividad respecto de la física de Newton, las teorías cognoscitivistas contemporáneas han permitido hacer predicciones y avances tecnológicos que, con el instrumental teórico conductual, las interpretaciones psicoanalíticas o las intuiciones fenomenológicas no habríamos logrado. El hecho de que, tanto las neurociencias por un lado, como el cognoscitivismo por el otro, sean cuestionables, no invalidad el hecho de que en comparación con las teorías que les precedieron poseen un mayor grado de verosimilitud, en consecuencia debería guiar la investigación y teorización psicológica y aumentar así el progreso teórico en esta disciplina. Quisiera terminar este artículo incitando a todos aquellos interesados en la disciplina a mantener una actitud de constante revisión de sus contenidos teóricos y a recordarles que una profesión ciega en
una teoría es un crimen intelectual y no una virtud y que, a
2.500 años de Sócrates, el lema de la sabiduría sigue siendo el dicho "sólo sé que nada sé".
Referencias
Bechtel, William (1988) Filosofía de la mente.Tecnos, España Block, Ned (1995) Aviso en Favor de Una Semántica Para la Psicología en: Filosofía de la Mente y Ciencia Cognitiva Eduardo Rabossi, comp. Paidós, España
Boden, Margaret (1994) Escape de la Habitación China en: Filosofía de la Inteligencia Artificial FCE, México
Cioffi, Frank (1974) Freud y la Idea de Pseudociencia en: La Explicación en las Ciencias de la Conducta. Alianza, España Cornman, James W. (1987) Philosophical Problems and Arguments: An Introduction.Hackett. Indianapolis/Cambridge. Dennett, Daniel (1991) La Actitud Intencional. Gedisa, España Descartes, Renato (1945) Meditaciones Metafísicas, Espasa-Calpe, Argentina
Dilthey, Wilhelm (1951) Psicología y Teoría del Conocimiento, FCE, México
Fodor, Jerry (1980) La Explicación Psicológica. Cátedra, España Hempel, Carl (1965) La Explicación Científica. Paidós, Argentina
Hempel, Carl (1979) Filosofía de la Ciencia Natural, Alianza, España
Kuhn, Thomas (1985) La Estructura de las Revoluciones Científicas, FCE, México
Lákatos, Imre (1983) Los Programas de Investigación Científica. Alianza, España
Lucas, J.R. (1985) Mentes, Máquinas y Gödel en: Controversia Sobre Mentes y Máquinas. Orbis, Argentina
Popper, K.R. y Eccles, J.C (1980) El Yo y su Cerebro, Roche, Suiza
Popper, Karl (1994) Conjeturas y Refutaciones, Paidós, España Putnam, Hilary (1985) Mentes y Máquinas, en: Controversia Sobre Mentes y Máquinas
Ryle, Gilbert (1967) El Concepto de lo Mental, Paidós, Argentina
Al momento de iniciar una revisión crítica de las distintas posturas epistemológicas existentes tanto en el nivel de la Psicología en general como de la Psicología Social en particular, llama profundamente la atención la perseverancia y el vigor que, al interior de la disciplina, exhibe aún hoy una visión clásica de la ciencia asociada al positivismo (muchas veces en su versión experimentalista más radical). Y decimos que llama profundamente la atención porque existen numerosos e importantes argumentos que han sido generados tanto al interior de la propia disciplina como en el contexto de otras ciencias que invitan a la revisión, transformación y superación de esta visión. Nuestro propósito en este ensayo es trazar el recorrido que nos lleva a considerar que este paradigma resulta inadecuado para la Psicología Social contemporánea y desarrollar un intento de explicación acerca de por qué creemos que, no obstante la evidencia, la visión clásica - positivista mantiene su fuerza al interior de la disciplina.
1. Epistemología y ciencia positiva
A pesar que el término es utilizado con múltiples propósitos, podemos decir que en lo esencial la epistemología se preocupa por el problema del conocimiento: de lo que se trata es de saber cómo se produce el proceso del conocer y, particularmente, de esa forma especial de conocer representada por la ciencia. Respecto de esto último, la idea es identificar las características distintivas del conocimiento llamado científico para, a partir de allí, establecer la diferencia con otros tipos de conocimiento (como el desarrollado por el sentido común o el religioso) que desde ese momento pasaran a ser considerados como no científicos o pseudocientíficos.
La respuesta del positivismo a esta pregunta es, en términos generales, que el conocimiento científico es un tipo particular de aproximación al mundo que permite el establecimiento de leyes explicativas universales acerca de los fenómenos que estudia, cuestión que es posible gracias a que posee una herramienta de observación privilegiada que posibilita el acceso a la realidad de los objetos tal cual éstos son, con independencia del sujeto que los observa y de las distorsiones que, eventualmente, éste pueda introducir. Esta herramienta es el método científico y su característica central es permitir “la exclusión del error mediante verificación y comprobación” (Pardo, pág. 68).
En palabras de Domènech e Ibáñez (1998):
“La ciencia positiva, pues, está pensada como proceso que garantiza la autonomización del producto respecto de sus condiciones particulares de producción. La producción del conocimiento científico debe ser un
proceso sin sujeto, un proceso desde ningún lugar, un proceso, en fin, ahistórico y asocial.” (Pág. 15).
Es la superación de las condiciones particulares en las cuales un determinado conocimiento fue producido (sociales, históricas y culturales) lo que permite la formulación de leyes generales, que son las que le dan su especificidad y potencia al conocimiento científico. De esta forma y siguiendo a los autores arriba citados, el proceso de la ciencia positiva que posibilita la obtención de este tipo de resultados sería, más o menos, el que sigue:
“El científico se interesa por determinado fenómenos, por un aspecto de la realidad. Diseña unos procedimientos para recoger una información objetiva sobre ese aspecto de la realidad, es decir, para
Epistemología, Conocimiento Psicológico y Complejidad
Osvaldo E. Corrales Jorquera
1RESUMEN
No obstante las numerosas evidencias producidas tanto dentro como fuera de la disciplina que han puesto de manifiesto las dificultades y limitaciones explicativas del paradigma clásico positivista y su inadecuación para el desarrollo de explicaciones satisfactorias e integrales en el ámbito del comportamiento humano, gran parte de la investigación en Psicología Social sigue estando presidida por estos preceptos y guiada por el afán de establecer leyes generales del comportamiento humano aplicables a todos los individuos, en cualquier lugar y tiempo. El propósito del presente ensayo es, precisamente, hacer una breve revisión de dichos hallazgos y sus implicancias epistemológicas así como trazar algunos elementos que permitan comprender por qué la Psicología Social se ha mostrado más bien refractaria a ellos.
Palabras clave: Psicología Social, Epistemología, Complejidad
“Tenemos que comprender que estamos siempre en la era bárbara de las ideas. Estamos siempre en la prehistoria del espíritu humano. Sólo el pensamiento complejo nos permitirá civilizar nuestro conocimiento.” E. Morin.
1 Psicólogo, Magíster en Comunicación Social por la Universidad de Chile. Doctor (c) en Psicología Social por la Universidad Complutense de Madrid. Académico de la Escuela de Psicología, Universidad de Valparaíso. E – mail: [email protected].
recolectar un conjunto de datos fiables sobre ese aspecto, elabora una teoría que da cuenta de este conjunto de datos y somete su teoría a una
contrastación empírica para ver si es corroborada o
desmentida por la realidad.” (Pág. 16).
Así el método se erige como el dispositivo que garantiza la “pureza” del conocimiento científico y su correspondencia con la realidad (al menos provisionalmente) ya que permite que sean los propios hechos (el “tribunal de los hechos”) los que afirmen o desmientan, confirmen o rechacen las afirmaciones que el científico realiza sobre el mundo. Es desde el método desde donde surge la eficacia del conocimiento científico (en términos de predicción y control) y es también desde él que se establecen las condiciones que le dan su carácter acumulativo y autocorrectivo.
Como se ha señalado, en la visión clásica - positiva de la ciencia lo que se busca es reducir la “aparente” complejidad del mundo a un conjunto de leyes universales que expliquen causalmente cómo es que ésta se produce, es decir, cuál es y cómo opera el “orden del universo”:
“Con esa voluntad de simplificación, el conocimiento científico se daba por misión la de develar la simplicidad escondida detrás de la aparente multiplicidad y el aparente desorden de los fenómenos.” (E. Morin, pág. 87).
Obviamente, esta visión de la ciencia parte de una serie de supuestos que son, en mi opinión, los que hoy día aparecen fuertemente cuestionados. En primer lugar, la existencia de una separación radical entre sujeto y objeto: los objetos están en el mundo y poseen ciertas características con total independencia de los sujetos que los observan y estudian (son exteriores a ellos); hay una relación de precedencia entre sujeto y objeto según la cual el objeto observado es anterior al sujeto observador. En segundo lugar, que el sujeto es capaz de acceder a las características “reales” del objeto, es decir, a lo que este es “en sí mismo” (el conocimiento como representación de la realidad). En tercer lugar, que es posible explicar (o más bien reducir) la multiplicidad de lo real a un conjunto de leyes explicativas de valor universal las cuales establecerían la cadena causal en torno a la que se organizan los distintos fenómenos del universo.
Como resulta claro, el modelo a partir del que se construyó esta perspectiva (y sobre el que ha basado su éxito) es el de la física newtoniana y ha sido aplicado, sin demasiadas mediaciones, a la Psicología Social partiendo de la idea de que existe continuidad en el conocimiento científico, es decir, que los mismos procedimientos aplicables a las ciencias naturales son aplicables, de igual forma, a las ciencias sociales.
Así, quienes conciben la Psicología Social bajo este prisma la ven entonces como una ciencia empírica (y, en la medida de lo posible, experimental) cuyo objetivo es el establecimiento de leyes universales (ahistóricas, atemporales y transculturales) que expliquen el comportamiento de los seres humanos en sociedad.
2. El rechazo al paradigma desde la Psicología Social
Uno de los primeros argumentos desarrollados para rechazar la aplicación radical del paradigma clásico y positivista de la ciencia a la Psicología Social, parte precisamente del cuestionamiento de esta idea de continuidad del conocimiento científico, cuestionamiento que se basa en un análisis de las características específicas de su objeto de estudio.
Ya en 1924, Ortega señalaba, aunque para el caso de la historia, la necesidad que diferenciara su método del de la física entendiendo que, dado que su objeto de estudio era distinto, su método también había de serlo:
“La exactitud de la física, se entiende, la exactitud de aproximación que le es propia, no procede de su método constructivo como tal sino que le viene impuesta por su objeto, la magnitud. Lo exacto no es, pues, tanto el pensar físico como su objeto -el fenómeno físico. Es, pues, un quid pro quo extenderse en elegíacas lamentaciones sobre la incapacidad de exactitud que aquejará siempre a la historia. Lo lamentable sería más bien lo contrario. Si la historia, que es la ciencia de las vidas humanas, fuese o pudiese ser exacta, significaría que los hombres eran pedernales, piedras, cuerpos físico - químicos y nada más.” (Pág. 21).
Del mismo modo que Ortega, pero varios años más tarde, Kenneth Gergen (1998), ante el imperativo de la visión clásica - positivista en orden a imponer la utilización del método de las ciencias naturales para establecer las leyes generales de la conducta y las “lamentaciones elegíacas” de sus colegas frente a las dificultades para conseguir este propósito, señalaba que existía una diferencia radical entre el objeto de estudio de las ciencias naturales y el de la psicología social y reclamaba que ésta fuese considerada como una ciencia histórica (lo que hace aún más pertinente la cita de Ortega) atendiendo a las características propias de dicho objeto. En su ya clásico artículo “La psicología social como historia”, desarrollaba el siguiente argumento:
“El notable éxito de las ciencias naturales en el establecimiento de principios generales se puede atribuir, en gran medida, a la estabilidad general de los acontecimientos en el mundo de la naturaleza. (...) Es porque son estables por lo que se pueden establecer extensas generalizaciones con un alto grado de seguridad, se pueden comprobar empíricamente las explicaciones y se pueden desarrollar fructíferamente. (...) Si los acontecimientos naturales fueran caprichosos, la ciencia natural sería reemplazada en gran parte por la historia natural.” (Págs. 39 - 40) Podemos observar cómo Gergen, al igual que Ortega, señala que lo que permite el desarrollo de leyes generales en las ciencias naturales no es tanto el método de observación (el método científico) como la propia naturaleza del fenómeno observado (especialmente su carácter de estable). Al ser distinto el objeto de estudio de una ciencia social como la Psicología Social, obviamente no resulta esperable obtener el mismo tipo de
resultados que los que se obtienen de una ciencia natural y eso es, precisamente, lo que busca establecer en su artículo:
“Este artículo se propone demostrar que la psicología social es ante todo una indagación histórica. A diferencia de las ciencias naturales, trata con hechos que son en gran medida irrepetibles y que fluctúan ostensiblemente a lo largo del tiempo. Los principios de la interacción humana no pueden generalizarse fácilmente a lo largo del tiempo porque los hechos sobre los cuales se basan generalmente no permanecen estables. El conocimiento no puede acumularse en el sentido científico usual, porque tal conocimiento normalmente no trasciende sus fronteras históricas.” (Pág. 40).
Aunque no lo señala explícitamente mediante este término, una buena parte de los argumentos desplegados por Gergen en esta materia se orientan a resaltar el carácter esencialmente reflexivo de la investigación psicosociológica, en tanto los sujetos que investigan forman parte constitutiva y constituyente del propio sistema investigado y el conocimiento que generan a través de su quehacer se reintegra activamente como información dentro de él. En su perspectiva tres elementos darían clara cuenta de esta situación:
En primer lugar, que la generación de conocimiento psicosociológico produciría lo que él denomina “sesgos prescriptivos”: cuando se da a conocer una cierta investigación junto con informar (descriptivamente) los resultados de la misma, el “científico social” comunica sutilmente sus propias valoraciones acerca de ellos, entregando al público prescripciones acerca de las formas de comportamiento más deseables.
En segundo lugar, que el conocimiento acerca de los fundamentos explicativos de la conducta “libera” a los sujetos de las implicancias conductuales de dichos fundamentos: si soy consciente de que ante un evento cualquiera ‘x’ lo común es que reaccione desarrollando la conducta ‘y’, el propio conocimiento de este hecho me permite gestionar mi conducta aumentando mis alternativas comportamentales de tal modo de no desarrollar ‘y’ en presencia de ‘x’ cuando no lo desee. De esta forma, los conocimientos modifican e incluso pueden llegar a disolver los modelos de conducta previos.
En tercer lugar, la conciencia de que las teorías válidas acerca del comportamiento social constituyen una poderosa herramienta de control que deja en una posición vulnerable a aquellos con los cuales se relacionan dichas teorías (en tanto su comportamiento se hace predecible para los demás en virtud de ellas), sería razón suficiente para que esos individuos desarrollaran un patrón conductual orientado sistemáticamente a invalidar dicha teorías y evitar, de esta forma, quedar en una posición de desventaja frente a los demás. Esto provocaría un proceso de invalidación teórica que afectaría con más fuerza a aquellas teorías más potentes y generales, precisamente por que su difusión pública es mayor y existirá un mayor número de personas involucradas en ella e interesadas en falsearla.
En otro orden de cosas, el carácter contexto-dependiente del conocimiento psicosociológico queda de manifiesto al observar que los fundamentos que guían la conducta de los individuos en
un determinado contexto histórico son susceptibles de cambio y no necesariamente serán los mismos en el futuro (por ejemplo, las variables que predecían el activismo político en décadas pasadas no son las mismas que las que lo predicen hoy).
De esta forma, la utilización del paradigma clásico de la ciencia no resultará fructífera aplicada al objeto de estudio de la Psicología Social en tanto su propia naturaleza impide el establecimiento de leyes generalizables más allá de los contextos en que se ha observado su aplicación.
He aquí un conjunto de criterios emanados desde la propia disciplina que cuestionan la unidad del conocimiento científico a partir de una caracterización de su objeto de estudio como diferente del de las llamadas “ciencias duras” y diferente en un registro que resulta clave que es el de la estabilidad, lo cual condicionaría las posibilidades de obtener un conocimiento generalizable, lo que en ningún caso implica que no pueda obtenerse ningún tipo conocimiento relevante.
Quienes se adscriben a una visión clásica de las ciencias podrían rechazar este razonamiento y refutarlo señalando, por ejemplo, que más allá de ciertos condicionantes históricos debería ser posible encontrar, en algún nivel, leyes generales que sean explicativas del comportamiento social y que el que no hayan sido descubiertas da cuenta más de la incapacidad de la disciplina (o de la falta de procedimientos adecuados para acceder a ellos) que de su inexistencia.
3. La ciencia de la complejidad
Sin embargo y como se indicara al comienzo de este ensayo, existe un conjunto de evidencias que se han producido al interior de las mismas disciplinas ejemplares del paradigma clásico de la ciencia y que han generado las bases para su superación. En efecto, desde comienzos del
siglo pasado al interior de disciplinas como la física, la química y la biología (e incluso en las llamadas “ciencias formales” como la lógica y la matemática) comenzaron a realizarse una serie de observaciones que fueron socavando las ideas que hasta ese momento se tenían sobre el mundo y su organización y, con ellas, los pivotes sobre los que se apoyaba la visión positivista - experimentalista de las ciencias.
Un primer elemento que introduce un quiebre con esta visión tiene que ver con los resultados de las investigaciones desarrolladas en el ámbito de la biología del conocimiento y, especialmente, en el campo de la percepción visual. En dichos estudios se establece que nuestra percepción de la realidad depende más de las características de nuestro sistema nervioso (es decir, de nuestra forma específica de acceder al mundo) que de las características de los objetos observados:
“Como sistema determinado por la estructura, el sistema nervioso no puede operar con representaciones de un entorno; en efecto, nada externo a él puede especificar qué sucede en él. Esto se debe al determinismo estructural de nuestro sistema nervioso o, mejor aún, se debe a nuestro determinismo como sistemas vivientes, que no podemos distinguir en la
experiencia entre percepción e ilusión.” (Maturana, 1996, págs. 53 -54).
Esto implica que no podemos acceder a las características de los objetos de acuerdo a lo que ellos son en sí mismos sino que sólo tenemos acceso a las construcciones que nuestro sistema nervioso realiza sobre ellos, siendo el propio proceso de construcción inconsciente para nosotros lo que nos impide distinguir entre percepción e ilusión.
Esta situación ya había sido evidenciada por Gregory Bateson (1997) quien, basándose, por ejemplo, en los estudios sobre la percepción de la profundidad realizados por el oftalmólogo Albert Adames, había afirmado como un presupuesto básico que “no hay experiencia objetiva” puesto que “son nuestros cerebros los que fabrica las imágenes que creemos ‘percibir’.” (pág. 27). De esta forma, si toda experiencia (incluida la de un científico) es subjetiva, no existe posibilidad de que la ciencia, sea cual fueren sus instrumentos, permita un acceso “objetivo” que de cuenta de la realidad de los objetos en sí mismos, con lo cual una de las pretensiones de la visión clásica positivista de la ciencia (que somos capaces de acceder al mundo tal cual este es) queda en entredicho.
Sin embargo, la ruptura más importante con esta visión paradigmática de la ciencia se produce, precisamente, al interior de aquella disciplina que le sirvió como ejemplo y modelo, la física (más precisamente en la física subatómica) y tuvo que ver con la demostración empírica de la interdependencia entre sujeto y objeto.
Efectivamente, la física subatómica estableció que, a ese nivel, un determinado objeto se comportará como una partícula o como una onda dependiendo del instrumento con el cual se observa o, más misteriosamente, de la forma en que se interrogue ese “objeto” (es la llamada dualidad onda-corpúsculo). Es decir, el instrumento de observación (dispositivo tecnológico que modifica los umbrales perceptivos del observador y que, por este motivo, se trasforma en parte de su sensorium) afecta al objeto observado (que posteriormente estimulará su percepción), con lo cual se fractura el principio de independencia y de precedencia del objeto respecto del sujeto. Esta ruptura tiene un cierto carácter radical porque ya no sólo se trata de afirmar que no podemos acceder a la realidad tal cual ésta es sino que lo que se nos dice es que, de alguna forma, las características del objeto observado quedarían configuradas en su relación con el sujeto observador, es decir, que la relación entre sujeto y objeto es una relación constituyente:
“Así es que el mundo está en el interior de nuestro espíritu, el cual está en el interior del mundo. En ese proceso, sujeto y objeto son constitutivos el uno del otro.” (E. Morin, pág. 69)
Adviértase que esta situación no puede desestimarse simplemente como algo menor o acotado sólo al ámbito disciplinar en el que se ha constatado, puesto que éstas observaciones han sido realizadas sobre los elementos que, se supone, constituyen la pieza elemental y el soporte material sobre el que está construido el universo, o sea, que son la base de todo lo existente. De esta forma es lo real (en el sentido fuerte
del término) lo que se transforma, de pronto, en algo frágil e inestable, en palabras del Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine (1993):
“Las partículas elementales han resultado ser casi todas inestables, y distan mucho de constituir el soporte permanente de las apariencias cambiantes, como auguraban las doctrinas atomistas.” (pág. 48)
Un tercer elemento que se suma a los anteriores en el proceso de cuestionamiento al paradigma de la ciencia clásica positivista, tiene que ver con el reconocimiento de los límites inherentes a la medición, explicación y predicción científicas. En este punto hay al menos dos contribuciones claves:
En primer lugar encontramos el llamado “principio de incertidumbre” formulado por el alemán Werner Heinsemberg y de acuerdo con el cual resultaría imposible determinar precisa y simultáneamente la posición y velocidad de un objeto en movimiento. Este no sería un problema de sofisticación tecnológica de los métodos de observación sino que, más bien, sería una imposibilidad inherente al proceso de observación - medición. David Locke (1997) resume de esta forma los alcances de este principio:
“Aunque el principio se aplica a todo objeto en movimiento, la formulación es tal que la incertidumbre resulta significativa sólo en el caso de las partículas subatómicas. El término incertidumbre parece sugerir el tipo de dificultad experimental discutida, pero lo que implica de hecho es un problema inherente a la forma en que el experimentador debe reaccionar frente al mundo natural, un problema que ninguna cantidad de sofisticación experimental puede superar.” (Pág. 54). Tenemos entonces que, lejos de la precisión y exactitud que son propias de la medición científica en la visión positivista clásica, existen limitaciones que son inherentes a la práctica de la ciencia y que implican que, en determinadas circunstancias, determinados ámbitos de la realidad serán imposibles de medir quedando bajo la sombra de la incertidumbre, por lo cual tampoco resultará posible predecir su comportamiento.
El segundo aporte en este sentido lo representa el teorema propuesto por el matemático austriaco Kurt Gödel y según el cual la consistencia de la aritmética no podría ser establecida a partir de un conjunto de axiomas ubicados dentro del propio sistema aritmético, siendo necesario recurrir, al menos para una de sus proposiciones, a un sistema lógico más elevado que operaría como un metasistema respecto del primero. Este teorema (conocido como teorema de Gödel) resulta de gran relevancia por dos motivos: por una parte, debido a la gran dependencia de la ciencia respecto de las formalizaciones de tipo matemático y al hecho de que, a la luz de este planteamiento, no existiría ninguna garantía de que el pensamiento matemático se encuentre completamente libre de contradicciones; y, en segundo lugar, porque lo dicho para las matemáticas resulta extensible a cualquier sistema formalizado de proposiciones, por lo cual ningún sistema teórico resultará completamente coherente desde sí mismo teniendo siempre que remitir a otro de un nivel lógico superior: