La lógica del mercado como desreguladora de la sociedad
Market logic and deregulation of society
Miyan Bradley Cordero Ramírez1
Julian Andres Ortiz Ibañez1
1 Universidad Industrial de Santander. Calle 9 # 27, Bucaramanga, Santander, Colombia, Código Postal: 680002.
Resumen. En este artículo se intentará mostrar, como primer objetivo, la noción de la lógica de mer-cado dentro de la estructura económica dominante. La diferencia de la concepción del mercado natural y mercado artifi cial –tal como el sistema económi-co lo económi-coincide hoy día– es trascendental si se quiere comprender la incidencia que este último tiene en la actualidad. Como segundo objetivo se hará un acer-camiento de cómo la lógica de mercado se conside-ra la única estructuconside-ra económica dominante de la sociedad, autoproclamándose universal y negando cualquier otra posibilidad de sistema económico. Por otra parte se describirá el surgimiento de alter-nativas frente al modelo actual referenciándonos a las posibilidades que trae la Economía Social y So-lidaria; asimismo se revisará cuáles deberían ser los fundamentos –desde la ESS– a regir a un sistema económico que se guie por una lógica humana y no de intereses económicos particulares.
Palabras claves: lógica de mercado, economía de mercado, Economía Social y Solidaria.
Abstract. In this article we will try to show, as its
fi rst objective, the notion of market logic within the dominant economic structure. The diff erence be-tween the conception of natural and artifi cial mar-ket – as the economic system coincides today – is crucial if we want to understand the impact that the artifi cial market has today. The second objective is to make an approach of how the market logic is considered the only dominant economic structure of the society, proclaiming itself universal and de-nying any other possibility of economic system. Furthermore we will describe the emergence of al-ternatives that face the current model referring to the possibilities that brings the Social and Solidar-ity Economy. Also, we will review what should be the basics - from the SSE - into eff ect an economic system that is guided by a human logic and not by economic interests.
Key words: market logic, market economy, Social Solidarity Economy.
Introducción
El carácter de las teorías neoclásicas se cu-bre dentro de un paradigma aparentemente científi co. Este discurso de la teoría ortodoxa exclama un carácter de neutralidad; lo que no parece tenerse en cuenta es que el manto de sus fundamentos es, también, ideológico. Sus postulados están llenos de juicios de valor e in-tereses que han permutado en verdades con el
el mundo han de contener un soporte desde una lógica económica que no se rige precisa-mente por principios éticos hacia la sociedad; el egoísmo e interés de sectores privados, la concepción utilitaria y mercantilización de lo existente, la tendencia a la maximización de benefi cios y minimización de costos, la pro-ductividad y competitividad extrema, etc. Para Karl Polanyi, existe un factor primordial en el actual estado de cosas dentro de la eco-nomía que ha permitido un afi anzamiento de la estructura económica –hasta nuestros días–. La concepción “liberal” del discurso económi-co se económi-confi ó en la acción autorreguladora de su columna vertebral: la noción de mercado.
En esa medida, el presente artículo revisará en primera instancia la noción de mercado den-tro de la estructura económica dominante. La diferencia de la concepción del mercado na-tural y mercado artifi cial –tal como el sistema económico lo coincide hoy día– es trascenden-tal si se quiere comprender la incidencia que este último tiene en la actualidad. Lo que se entiende por la palabra mercado en la economía actual no es, por lo tanto, como diría Polanyi, algo que sea parte de una ley natural, ni mu-cho menos que garantice un debido ordena-miento de los procesos llevados en el mundo y la sociedad.
Aun así, la ciencia económica se empeña en mantener un concepto de mercado abstracto, que no permite ver las reales dimensiones de éste y que además fortalece sus propios postu-lados ideológicos (el egoísmo, el carácter utili-tario, el laissez faire, etc.)
En la segunda parte del escrito se llevará a cabo una breve revisión de las propuestas. La noción abstracta de mercado, al no inspeccio-nar lo que queda por fuera de su propia lógi-ca, no tiene en cuenta factores que escapan del juego determinista de la economía capitalista. Tomando en cuenta, en gran medida, algunos puntos de los estudios de José Coraggio, se ob-servará la posibilidad de una Economía Social y Solidaria; asimismo se revisará cuales deberían ser los fundamentos a regir a un sistema econó-mico que se guie por una lógica humana y no por intereses económicos. Finalmente se con-cluirán desde una perspectiva crítica las posibi-lidades de encontrar una salida factible a la pro-blemática de la ciencia económica que sostiene al mercado como máximo regidor del mundo. El escrito consistirá básicamente en una revi-sión argumentada de algunas lecturas sobre la crítica y problemática de las bases que dominan actualmente las estructuras de la economía. Por
tanto, el contenido de algunas de las propuestas de Economía Social y Solidaria no se refi ere en absoluto a la posición de los autores.
La idea del mercado: regulador
económico, desregulador del mundo
El papel del mercado no es una simple ca-racterística básica de la estructura económica; es la que permite su sentido último, su médu-la espinal, y, en ese sentido, es médu-la divinización para el economista en común. La idea de mer-cado no es original del estudio económico. En la Grecia Antigua, el comercio que se daba por medio del mercado radicaba en dos formas de intercambio; el intercambio natural y el in-tercambio artifi cial. El primero se distingue por el intercambio directo que se lograba para una utilización inmediata de las cosas, a diferencia del segundo, que se diferencia por la acumula-ción de benefi cios. Ahora bien, ya que la cien-cia económica promueve una emancipación de los juicios de valor, la moral, los sentimientos y las opiniones del comportamiento racional del hombre –esto con el fi n de no interponer-se a la coherencia del sistema económico y a la acumulación de riquezas–, el predominio del intercambio artifi cial sobre el intercam-bio natural se hizo evidente. Aquello que en la antigüedad se consideraba como artifi cial, ahora se acogía como parte del orden natural económico, “en el que la ‘mano invisible’ ase-guraba, al margen de toda regla moral, que los impulsos individuales de ese egoísmo primor-dial [...] se tradujeran en resultados altamente deseables” (Naredo, 2003, p. 137).
El resultado es evidente; los cambios pro-porcionados por el ambiente ideológico del auge de un sistema económico produjeron que la noción antigua de intercambio se redujera a la idea de un mercado abstracto y autorregu-lador. El mercado aparece como el regulador natural de los procesos económicos, donde cualquier tipo de mecanismos y/u organiza-ción no serían necesarios. Para Karl Polanyi, esta noción de mercado, tal y como se conoce en la modernidad y se desarrolla en la ciencia económica, era desconocida en otro tipo de ci-vilizaciones (1992, p. 71):
tan persistente en el siglo XIX, la ganancia y el benefi cio obtenidos en el cambio nunca tuvieron anteriormente un papel tan importante en la economía humana. [...] Un pensador de tanto cali-bre como Adam Smith sugirió que la división de trabajo de la sociedad dependía de la existencia de mercados, o usando sus palabras, de “la propen-sión del hombre a trocar, permutar o cambiar una cosa por otra”. De esa frase debía derivarse poste-riormente el hombre económico.
El concepto de mercado en la economía servía como estimulante de la competencia, la cual era respaldada por ese sistema eco-nómico. Las dimensiones del mercado como simple intercambio fueron propagándose como una razón de ser de la economía. En esas condiciones, es que la noción abstracta de un mercado autorregulador se implantó no sólo en la ciencia económica, sino, en adelante, en la infl uencia de la visión general de la socie-dad. Al convertirse en la piedra angular de la economía, el mercado toma forma como un concepto universalmente válido: “El mercado, pues, modeló tanto la organización de nues-tra existencia material real como las perspec-tivas desde las cuales estamos supuestamente en condiciones de captar la esencia de todas las formas de organización social” (Sánchez-Albornoz in Naredo, 2003, p. 142). La presen-cia de un mercado que pueda autorregularse implica que todo el proceso económico –la producción, recursos, trabajo, consumo, ingre-so, etc.– se adhiera como mercancía en estos mercados. Polanyi (1994) señala que, tras la instauración del mercado como regidor de los procesos económicos, el hombre y la naturale-za se pusieron a la merced de lo que el orden económico –del siglo XIII hasta nuestros días– determinara con estos:
El trabajo y la tierra fueron transformados en mercancías, es decir, fueron tratados como si hubiesen sido producidos para ser vendidos. [...] Adquiriendo y vendiendo libremente el trabajo y la tierra, se logró aplicarles el mecanismo del mercado. Ahora había oferta y demanda de tra-bajo, oferta y demanda de tierra. [...] Se puede en-tender todo el alcance de este paso si se recuerda que “trabajo” es sinónimo de hombre y “tierra” no es más que un sinónimo de la naturaleza. La
fi cción de la mercancía ha sometido el destino del hombre y de la naturaleza al juego de un autó-mata que se mueve por sus propias normas y se rige por sus propias leyes (1994, p. 273).
En ese sentido, la autonomía de aquel meca-nismo del mercado sometió no sólo al sistema
económico y productivo, sino además a todas las actividades cotidianas que se realizaban en la sociedad. Tanto el desarrollo de los medios necesarios para la existencia básica (hambre), así como los incentivos de la acumulación y las expectativas de nuevas riquezas (ganancias) mantenían en pie la estructura de mercado in-tacta, a fi n de que ningún grupo humano pu-diese escapar de la gran esfera económica:
Mientras que todos aquellos que carecían de prop-iedad fueran obligados a vender su trabajo para satisfacer su necesidad de alimento, y mientras to-dos aquellos que tenían propiedades fueran libres de comprar en los mercados más baratos y vender en los más caros, la ciega máquina seguiría arro-jando cantidades siempre mayores de mercancías en benefi cio de la raza humana. El temor de los trabajadores a la miseria y la avidez de los emplea-dorespor lograr benefi cios mantendrían en pie ese enorme aparato (Polanyi, 1994, p. 254).
En otras palabras, las motivaciones del sis-tema económico, que contaban con el afi anza-miento de la noción de mercado, tuvieron que ser aceptadas por el hombre moderno, que no tenía alternativa si no quería ser aplastado por la forzada concepción utilitarista y competido-ra de ese mercado. Es este apacompetido-rato institucio-nalizado quien determina en última instancia quién o qué es útil para el sistema económico. Y al determinar las cosas de esa manera, se cree que lo que mueve al ser humano es precisamen-te ese carácprecisamen-ter utilitarista y económico. Con la vida y la naturaleza convertidas en mercancías y objetivizadas por medio del mercado, las fuerzas universales de la oferta y la demanda determinan sus destinos como recursos –tanto naturales como humanos– explotables; todo lo que reside en el mundo tiene su precio.
Con el tiempo, las elaboraciones de los jue-gos automáticos de la oferta y demanda entra-ron en confl icto por las contradicciones de he-chos de la realidad y fueron perdiendo algo de fuerza en la evolución de la ciencia moderna –tal como sucedió con el laissez faire y la com-petencia perfecta. Sin embargo, las nuevas ela-boraciones se acomodaron en la misma estruc-tura coherente de equilibrio general en que se mantiene la noción del mercado. Ya que no se podía mantener la estructura automática del mercado a la perfección, se fueron añadiendo nuevas formulaciones con el fi n de lograr un grado mayor de realismo. La noción de mer-cado fue tomando mejor estructura conforme evolucionaban sus principales bases teóricas dentro de presupuestos cada vez más irrea-les, llegando a incluir variables que aparentan extender su forma abstracta. Estas incluyen la “imperfección, opacidad y monopolio, e inclu-so, consideraciones institucionales y otras que se salen del campo de ‘lo económico’” (Na-redo, 2003, p. 143), lo cual fue disolviendo la consistencia que le dio fuerza al concepto en su origen.
Y como la noción del mercado ha perdido su fuerza originaria, no queda de otra que recono-cer que ésta también perdió su carácter de neu-tralidad, desde su abstracción como concepto, hasta la aprobación del interés propio como su regulador natural. En ese sentido, al creer que el mercado funciona de una manera automáti-ca, se está obviando que éste se encuentra en gran medida regido por poderes dominantes –háblese de gobiernos de naciones desarrolla-das, de empresas multinacionales y privadesarrolla-das, o cualquier otra clase de poder económico y poder político–, quienes son los que pueden determinar el rol del mercado según la conve-niencia de sus propios poderes. Así, por ejem-plo, una organización de gran tamaño puede alterar a su complacencia las condiciones, sea de los precios, de la demanda u oferta, en que el mercado se encuentre. Del mismo modo, una negociación que transcurra en el mercado puede ser fácilmente interferida en benefi cio de aquellos que tienen un mayor poder de nego-ciación. El contexto moral que era rechazado en la noción de mercado hoy aparece como una de las caras que más se denotan dentro de su es-tructura, aunque hoy se diga lo contrario. Más allá de lo que la teoría dictamine del mercado, el intercambio dentro de éste se encuentra fuer-temente ligado a las infl uencias de poder, que rompen contra las estructuras que aparentan ir más allá de formas morales y neutrales. Por lo
cual se hace evidente que en la economía, más que un carácter científi co abstracto, se mantie-ne dentro de un orden social-jerárquico, lo cual es obviado dentro de los estudios de la ciencia económica.
Lo cierto es que la noción de mercado abs-tracto ha marcado el destino en que se en-cuadran todos los procesos tanto económicos como sociales y naturales. Es la creencia en esa ideología de mercado lo que en gran medida ha transformado una sociedad que no tiene más opción que entrar dentro de esta lógica, o, en consecuencia, ser aplastada por esta misma. También se sabe que el egoísmo económico no es lo único que rige la voluntad del hombre dentro de sus decisiones (véase Smith, 2004):
Aunque esté impulsado por el interés propio, el mercado aún depende en forma absoluta de una comunidad que comparta valores tales como la honestidad, la libertad, la iniciativa, la frugali-dad y otras virtudes cuya autorifrugali-dad no puede ser reducida por mucho tiempo a un gusto personal, como hace explícitamente la fi losofía del valor positivista eindividualista en la que se basa la te-oría moderna (Daly y Cobb in Loy, 1997, p. 209).
Hoy esto no parece negarse en ninguna parte donde se discuta. Sin embargo, el deter-minismo sobre la noción abstracta de mercado sigue patente. El marco ideológico se obsesio-na por mantener intacta esa creencia en la per-fección del mercado por medio de supuestos que comprenden al hombre como un ser racio-nalmente economizado, a la sociedad como una máquina perfecta, y a la naturaleza como una bodega de recursos infi nitos. No por nada hoy se promulgan los valores económicos y utili-tarios como mandamientos que pertenecen coherentemente a la vida moderna, por per-tenecer al camino de progreso indefi nido. De manera que el marco en que se encuentran los supuestos que mantienen al mercado, con sus juicios de valor e ideología, adopta una ética de desprecio hacia el futuro del planeta y de la humanidad.
La Economía Social y Solidaria como
una respuesta a la lógica del mercado
existente en el planeta. Por lo tanto el sistema económico imperante, al otorgarle máximas capacidades al mercado, y con ello determinar quién –y quien no– es merecedor y acreedor de las libertades y los derechos, hace que el mun-do se sujete a la lógica del mercamun-do. Es con este mecanismo que los humanos de la sociedad son tratados como agentes económicos, que in-teractúan de modo puramente utilitario en el mercado, a la manera de los modelos estándar de la microeconomía.
En ese sentido, la ciencia económica no se encontró en la capacidad de inspeccionar aquellos componentes económicos que no entraban en sus reglas de juego, ajustadas tan-to por el mercado como por sus herramientas de análisis metodológicas. Estos componentes constituyen relaciones económicas diferentes a las pertenecientes de los supuestos del mer-cado, es decir, aquellos elementos que van más allá de la pura maximización de benefi cios y minimización de costos. De esta manera, la lógica del mercado es indiferente a los otros modos tradicionales del sistema del intercam-bio natural existentes en otras sociedades. Para Pablo Guerra, la ciencia económica resalta sus visiones más neoclásicas y ortodoxas, en una ciencia que impone una teoría económica don-de sobresalen los intereses válidos para predo-minar en la sociedad; “de esta forma, descono-cía la riqueza de formas, modos y maneras de hacer economía, distintas a las que coincidían con su modelo establecido como el único po-sible en sociedades complejas” (Guerra, 1999). José L. Coraggio –trabajador de la obra de Karl Polanyi– nos presenta un argumento que niega la universalidad del modelo. Para esta teo-ría dominante, la economía se entiende como el estudio del comportamiento de los agentes en los procesos económicos, bajo el supuesto del individualismo metodológico, por lo que su objeto de estudio se reduce a un simple análisis mi-croeconómico de quienes interactúan dentro del mercado. Este autor enmarca el concepto de economía real y su relación con lo social:
La economía, en su expresión más profunda y abarcativa, es el sistema que se da una comunidad o una sociedad de comunidades e individuos, para defi nir, generar y administrar recursos a fi n de de-terminar y satisfacer las necesidades legítimas de todos sus miembros (Coraggio, 2003, p. 2).
Por lo tanto, Coraggio describe en sus tra-bajos que no existe la posibilidad de un único sistema económico, y en menor medida, que no existe algún sistema que posea la capacidad
de un alcance total de los fenómenos económi-cos. Su estudio sobre las variaciones históricas y contemporáneas registradas trata de demos-trar ese fenómeno (Coraggio, 2011).Es en este contexto donde se describe la verdadera cara del mercado y se plantean las políticas de glo-balización del modelo neoliberal imperante en la sociedad que, contrariando sus propuestas idealizadas, ha generado altos índices de des-igualdad, que trajo efectos contraproducentes. Como respuesta a esta problemática se ha tratado de establecer alternativas colectivas que se enmarcan en resaltar otros valores, comúnmente conceptualizadas como estrate-gias de necesidades elementales. Esta ha sido una alternativa que ha sido chocante frente a
los valores y supuestos predominantes dentro
del mercado capitalista. Algunas propuestas de economía social se han fundamentado en otorgarle al trabajo un valor imperante dentro de las nuevas estructuras que se están dan-do como alternativas, y que se perdieron por completo con los postulados y el cambio de objeto de estudio de los neoclásicos:
Esa trama puede ser la base para el desarrollo de un sector de economía social centrado en el traba-jo, tomando como células las unidades domésti-cas, sus extensiones como organizaciones cooper-ativas y su participación en la economía pública y en la capitalista. Su orientación está dada por el principio de “reproducción ampliada de la vida de todos”, y tienen un fuerte componente aso-ciativo, de solidaridad de la clase trabajadora (en sentido amplio) y de control democrático de los recursos públicos (Coraggio, 2002a, p. 2).
De esta manera se pretende dar oposición a la prioridad utilitarista, productivista, com-petitiva, y a la concepción egoísta del hombre en que se ha fundamentado la teoría neoclási-ca hasta nuestros días, y que ha servido para afi anzar los poderes económicos privados de unos pocos capitalistas. Coraggio plantea que para hacerlo posible es necesario democratizar los estados y los sistemas políticos nacionales, lo cual no se puede lograr sin la constitución de un poder social generado de abajo hacia arri-ba, para obtener autonomía con fuertes bases materiales, así como para alcanzar un nivel de reconocimiento y fortalecimiento frente a los intereses privados y a sus élites gobernantes:
valoración y el desarrollo pleno de las capaci-dades humanas, organizando de manera cada vez más adecuada y justa el uso de los recursos ma-teriales y la aplicación de conocimientos y sabi-durías para satisfacer las necesidades de todos de acuerdo a modos de consumo racionales en ar-monía con la naturaleza (Coraggio, 2002b, p. 2).
En la actualidad surgen diversas propues-tas que intentan dar el gran paso alternativo para la organización de las prácticas económi-cas populares y lograr ser ejemplo de una eco-nomía social. Ello sin dejar al margen la satis-facción de las necesidades de las personas, del bienestar de las colectividades y del desarrollo humano sostenible del planeta. Así es como lo plantea la Economía Social y Solidaria (ESS), que es considerada como la corriente ideológi-ca más signifi cativa para impulsar una econo-mía social en América Latina.
Cabe hacerse la pregunta: ¿Qué se entiende por Economía Social y Solidaria? Existen varias visiones sobre lo que se basa la ESS dentro del contexto académico. Por un lado, se encuen-tran algunas tendencias que plantean que ésta debe ser entendida como espacio desde el cual se cuestiona, desafía y busca superar al capitalismo. Tal es el caso de Euclides Mance (in Abramo-vich, 2008) quien considera la posibilidad de establecer una especie de pos-capitalismo, me-diante la superación de su lógica dominante. La superación de las ideas del capitalismo es solamente posible por medio de las llamadas redes de colaboración solidaria, las cuales diver-jan estrechamente de la acumulación de rique-zas por parte de poderes económicos. Tanto la economía así como la política y la cultura deben participar en el ejercicio de estas redes que tratan de actuar de manera estratégica en pro de “la construcción de una nueva forma-ción social, [de modo] que se confi gure como
una sociedad postcapitalista” (Mance in
Abra-movich, 2008, p. 230). En ese mismo contexto se encuentra Paul Singer. Para este autor, la Economía Solidaria ha de ser en esencia una superación de la lógica del mercado: La ESS precisamente nació de una idea de construir sobre el capitalismo “una alternativa supe-rior por proporcionar a las personas que la adoptan en cuanto productoras, proveedoras, consumidoras, etc., una vida mejor” (Singer in Abramovich, 2008, p. 230).
Por otro lado hay quienes no atribuyen tensiones tan amplias a la ESS. Si bien es pre-ciso cuestionar fuertemente las bases del capi-talismo y del mercado, ello no precisamente debe ir acompañado de una superación total
de la lógica dominante. Se pueden organizar acciones que no precisan en un modo radical “destruir” la noción de mercado en la teoría dominante; más bien las ESS se deben concen-trar en el desarrollo de cuestionamientos sobre las tendencias dominantes, con el fi n de tener más control y organización sobre sus prácti-cas, su producción y sus poderes públicos (La-ville in Abramovich, 2008, p. 231). En términos de Gaiger (in Abramovich, 2008), se trataría de un cambio en la “forma social de producción” –entendida como la forma en que se organiza el trabajo en los emprendimientos–, pero no en el modo de producción.
Estos trabajos sin duda han aportado al for-talecimiento del fundamento de la Economía Solidaria. Más aún, José Luis Coraggio, en su libro Economía Social y Solidaria: El trabajo an-tes que el capital (2011, p. 372-373), nos ofrece una aclaración sobre la ESS más referente a sus posibilidades como real alternativa. Este autor plantea dos signifi cados principales de la lla-mada ESS:
(i) Es un sistema económico cuyo funciona-miento asegura la base material integrada a una sociedad justa y equilibrada; y/o (ii) Es un
proyecto de acción colectiva (inclu yendo
prác-ticas estratégicas de transfor mación y cotidianas de reproducción) dirigido a contrarrestar las ten-dencias socialmente negativas del sistema exis-tente, con la perspectiva –actual o poten cial– de construir un sistema económico alternativo.
Como se ve, el primer signifi cado depende-rá de las especifi caciones de cada cultura con-creta en cada momento concreto, entretanto que el segundo signifi cado se establece por un proyecto sociopolítico y cultural que propone nuevas prácticas conducentes. Es precisamen-te en esprecisamen-te segundo signifi cado donde más se centra el estudio de la ESS, ya que le ha per-mitido reforzarse institucionalmente mediante un procedimiento de transformación social. En ese sentido, las ESS se apoyan en labores que no pertenecen a los principios del mercado global, que corresponden a una diversifi cación del fenómeno económico de la comunidad, y que pueden equipararse a una institucionali-zación no regida por la lógica económica del mercado dominante.
un instrumento que contribuye a la mejora de la calidad de vida de los individuos y su co-munidad. Plantear sus principios en conside-raciones éticas, igualdad, respeto, solidaridad, justicia, respaldados por principios que colo-can al individuo y la sociedad en el centro del desarrollo. Principios económicos que hacen operar a las iniciativas asociativas empresa-riales, económicas y fi nancieras que respaldan toda propuesta y proyecto de ESS.
De esta manera la ESS ha contribuido con varios cambios en el contexto social, económi-co, político y cultural. Ella se reconoce como un movimiento de defensa alternativo de la sociedad ante la lógica del mercado neoliberal. Se han incorporado nuevas formas de inter-vención estatal asociadas a la economía social, generando cambios en las estructuras políticas de los países afectados. Estos cambios se han dado frente al consumo, trabajo, distribución y producción, y surgen en pequeñas comunida-des, localidades y/o regiones. La gran limitan-te de la ESS ha radicado en la incapacidad de abarcar un sistema económico a nivel macro, lo cual no le ha permitido alcanzar un estatus a nivel global. Es así que las condiciones de la ESS han evolucionado como una nueva mira-da que trata de posibilitar un cambio de para-digma heterodoxo frente a la teoría y política económica dominante.
Conclusiones
La lógica del mercado ha llegado a terre-nos impensables para la sociedad del siglo XX y XXI. Las consecuencias de la racionalización económica del mundo y la sociedad conllevan a una disposición de lo existente por el carác-ter económico. El incarác-tercambio artifi cial que evolucionó en la noción del mercado fortaleció los supuestos de la ciencia económica desde su nacimiento. En la modernidad, el avance de la sociedad a través de la idea de progreso indefi nido dio cabida para que el factor eco-nómico fuera primordial dentro de la estruc-tura de la época. La mano invisible de Adam Smith era el salvamento teórico que permitiría la autorregulación de los procesos económicos mediante la ideología liberal. La armonización de la sociedad era dada automáticamente li-berando los intereses individuales; los vicios individuales eran considerados virtuosos para el progreso de la sociedad.
La mano invisible habrá perdido fuerza en su discurso dentro de los neoclásicos, pero el concepto de libertades económicas en estos
últi-mos contiene su base fundamental. De modo que con la teoría neoclásica ya no se hablará de mano invisible, sino de mercado autorregulador, concepto que se mantiene hasta nuestros días. En el último tiempo, las alternativas frente a las fuerzas que dominan el saber de la econo-mía no se hicieron esperar. Una de estas alter-nativas que ha tenido gran acogida dentro de Latinoamérica es la llamada Economía Social y Solidaria. Como ya se discutió líneas arri-ba, ésta nació como oposición a las formas del sistema económico predominantes. El alcance de sus propuestas en pequeñas comunidades es casi innegable: ejemplos de ello pueden ser vistos en comunidades de Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia. Ahora bien, cabe hacerse una pregunta ¿Cuál es (o será) el verdadero alcance de la Economía Solidaria a nivel mun-dial? ¿Es posible que se pueda pensar en la ESS como una alternativa frente a la teoría do-minante como es la neoclásica? Lo que parece obvio a simple vista es que todo propósito y acción de alcance social estará sometida a las políticas públicas de los gobiernos de cada na-ción, que siempre harán lo posible para pro-teger los intereses particulares y privados del mercado.
Con la revisión anterior, podemos señalar la existencia de visiones que buscan encontrar una respuesta alternativa frente a la economía de mercado. Una de ellas hace alusión al carác-ter espacial –que abarca el aspecto cultural, po-lítico, social y económico–, donde se cuestiona, desafía y busca superar al capitalismo. Otras hacen alusión al desarrollo desde el punto de vista del trabajo y no desde la producción, planteando que la ESS ha de ser en esencia una superación de la lógica del mercado entendida como la forma en que se organiza el trabajo en los emprendimientos, pero no en el modo de producción.
dentro de un paradigma positivista que se dice científi co: hablan de “lo que es”, en agente eco-nómico, o, en otras palabras, el hombre como ser egoísta por naturaleza. Queda siempre en duda de si esa es la verdadera naturaleza del ser humano, pero lo que sí es cierto es que bajo este supuesto se ha elaborado el gran castillo teórico neoclásico. En nuestro criterio, si las ESS quieren tener la oportunidad de superar el capitalismo y la lógica de mercado, se deberá por comenzar a discutir los cimientos de la teoría dominante misma, antes de proponer algo so-bre ella.
Para fi nalizar nos haremos una última pre-gunta ¿Existirá una alternativa en un futuro frente a la noción dominante del mercado, sin que esta logre metamorfosear su objeto de estudio bajo los intereses académicos de esta tendencia ideológica? Sólo el tiempo lo dirá.
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