UNIVERSIDAD CENTRAL DEL ECUADOR FACULTAD DE CIENCIAS PSICOLÓGICAS INSTITUTO DE INVESTIGACION Y POSTGRADO
PROGRAMA DE ESPECIALIDAD Y MAESTRÍAS
“Estudio de la función ejecutiva en menores infractores de 14 a 16 años del Centro de Adolescentes Infractores (CAI) Virgilio Guerrero”
Trabajo de Grado Académico de Maestría, previo a la obtención del Título de Magister en Neuropsicología Infantil
AUTORA: Dra. Isabel Patricia Ruiz Lapuerta DIRECTORA: Dra. Martha De La Torre
Promoción 2007 - 2009 Quito - 2013
FICHA CATALOGRÁFICA
PG 0185
R859 Ruiz Lapuerta, Isabel Patricia
Estudio de la función ejecutiva en menores infractores de catorce a dieciséis años del Centro de Adolescentes Infractores Virgilio Guerrero/ Isabel Patricia Ruiz. –Informe final del trabajo de post-grado, previo a la obtención del título de Magister en Neuropsicología Infantil. - Quito: Universidad Central del Ecuador, Facultad de Ciencias Psicológicas, Instituto Superior de Post-grado, 2013.
208 p., fts. Tbls.
iii
AGRADECIMIENTO
Al Todo Poderoso, por dejarme sentir su presencia, darme la fortaleza que
día a día me mantiene viva.
Me complace de sobre manera a través de este trabajo exteriorizar mi
sincero agradecimiento a la Facultad de Ciencias Psicológicas de la
Universidad Central del Ecuador y en ella a los distinguidos docentes
quienes con su profesionalismo y ética puesto de manifiesto en las aulas,
enrumban a cada uno de los que acudimos con sus conocimientos que nos
servirán para ser útiles a la sociedad
A mis maestros de esta maestría, formadores de líderes, en especial a mi
Tutora, Doctora Martha De La Torre por la gran voluntad mostrada.
A mis amigos, por todo lo que me enseñaron y quienes desde el inicio
fomentaron mi, el entusiasmo por seguir creciendo como persona.
Un especial agradecimiento los profesionales del CAI “Virgilo Guerrero” por
su colaboración para la realización de ésta investigación.
DEDICATORIA
A mi ESPOSO Pablo, que ha estado a mi lado dándome cariño, confianza y
apoyo incondicional para seguir adelante para cumplir otra etapa en mi vida.
A mis HIJAS Cristina y Gabriela, que son el motivo y la razón que me ha
llevado a seguir superándome día a día, para alcanzar mis más apreciados
ideales de superación, ellas fueron quienes en los momentos más difíciles me
dieron su amor y compresión para poderlos superar, quiero también dejar a
cada uno de ellas una enseñanza que cuando se quiere alcanzar algo en la
vida, no hay tiempo ni obstáculo que lo impida para poderlo lograr.
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RESUMEN DOCUMENTAL
Trabajo de grado académico de maestría sobre Neuropsicología Infantil, Psicopatología, específicamente síndromes neuropsicológicos. El objetivo fundamental es determinar presencia de alteraciones del lóbulo frontal, con la finalidad de proponer nuevas alternativas de reeducación. El problema identificado es el desconocimiento de las causas neurofisiológicas que determinen conductas disociales, en adolescentes internados en el Centro Virgilio Guerrero. La hipótesis dice: la batería de test neuropsicológicos para evaluación del lóbulo frontal determina alteraciones en el córtex frontal (síndrome disejecutivo) de los adolescentes infractores. Se explica teóricamente con el enfoque cognitivo conductual de Luria y Damasio, cuyo basamento son las relaciones entre lesiones pre-frontales cerebrales y el conjunto de trastornos cognoscitivos y comportamentales, para lo cual de plantean cuatro capítulos en el marco teórico: función ejecutiva, etiología del comportamiento antisocial, y reeducación de las funciones ejecutivas en adolescentes. Investigación descriptiva no experimental, se ha aplicado el método inductivo, clínico y estadístico. Se ha levantado la historia clínica, a través de entrevista, y una batería de tres test para evaluar función ejecutiva a una muestra de catorce adolescentes varones entre catorce y dieciséis años con familia, se ha excluido a los abandonados. Se concluye con la aprobación de la hipótesis muy significativamente, se ha conseguido el objetivo y detectado presencia de alteraciones pre-frontales, por lo que se propone establecer otra forma de evaluación, diagnóstico y tratamiento
CATEGORÍAS TEMÁTICAS
PRIMARIA: NEUROPSICOLOGÍA INFANTIL
PSICOPATOLOGÍA
SECUNDARIA SÍNDROMES NEUROPSICOLÓGICOS
DESCRIPTORES:
ADOLESCENTES INFRACTORES – DISFUNCIÓN EJECUTIVA LÓBULO FRONTAL - ALTERACIONES NEUROPSICOLÓGICAS ENI EVALUACIÓN NEUROPSICOLÓGICA INFANTIL
TORRE DE MÉXICO – TEST
FUNCIONES EJECUTIVAS - REEDUCACIÓN ENI - TARJETAS DE WISCONSIN – TEST STROOP – TEST DE COLORES Y PALABRAS
CENTRO DE ADOLESCENTES INFRACTORES VIRGILIO GUERRERO DESCRIPTORES GEOGRÁFICOS:
SUMMARY DOCUMENTARY
Academic grade work of Childish Neurophysiologic masters, Physiopathology and especially Neurophysiologists syndrome. The fundamental objective is to determinate frontal lobules alteration presences, with the purpose of propone new reduction alterations. The indentify problem is the unknown from the neurophysiologist which determinate dissocial behavior from boarding school adolescent in the Virgilio Guerrero Centre. The hypothesis says: the neurophysiologist battery test for the frontal lobules evaluations determinate alterations in the frontal cortex (disexecutive syndrome) of the Adolescent Offenders. It’s theoretical explain to emphasize conductible cognitive of Luria and Damassio, which is based in relations between prefrontal cerebral injuries and the conjunction of cognoscitives disorder behavior less, to state four chapters in the theoretical frame: executive function, etiology from antisocial behavior, reeducation of the adolescent executive functions. Investigation which describe all of the frontal lobules alterations, no experimental, inductive has been applied, clinic and statistical. The historical clinic has lift up, through interview, and a three test battery to evaluate executive function to a fourteen male adolescent sample between fourteen and sixteen years old, with family, it has been excluded abandon ones. It’s concluded with the very significantly hypothesis probation, it has been obtained the objective, with the prefrontal alterations, for which it has been proponed to establish a new evaluation way, diagnostically and treatment
THEMATIC CATEGORIES:
PRIMARY: CHILDISH NEUROPHYSIOLOGIC
PHYSIOPATHOLOGY
SECONDLY: NEUROSIS CO LOGICS SYNDROMES
DESCRIPTORS:
ADOLESCENT OFFENDER-EXECUTIVE DYSFUNCTION FRONTAL LOBULES- NEUROPHYSIOLOGIC ALTERATIONS
ENI NEUROPHYSIOLOGIC CHILDISH EVALUATION-MEDICAL TOWER-TEST EXECUTIVE FUNCTIONS-REEDUCATION
ENI-WISCONSIN CARDS-TEST
STROOP-WORDS AND COLORS TEST
ADOLESCENTE OFENDER CENTER-VIRGILIO GUERRERO
GEOGRAPHIC DESCRIPTOR: SIERRA-PICHINCHA-QUITO
ix TABLA DE CONTENIDOS A. PRELIMINARES Ficha catalográfica ... ii Dedicatoria. ... iv Declaratoria de Originalidad... v
Autorizacion de la Autoria Intelectual ... vi
Resumen documental ... vii
Summary documentary ... viii
Tabla de graficos Tabla de contenidos ... ix
B. INFORME FINAL DEL TRABAJO DE POSTGRADO PROBLEMA...12 OBJETIVOS ...12 OBJETIVO GENERAL...12 OBJETIVOS ESPECÍFICOS ...12 HIPÓTESIS ...12 JUSTIFICACIÓNEIMPORTANCIA: ...12 MARCO CONCEPTUAL ...14 MARCO TEÓRICO ...15 CAPITULO I ...16 1. FUNCIÓNEJECUTIVA ...16
1.1 DESARROLLOFILOGENÉTICOYONTOGÈNETICODELASFUNCIONES EJECUTIVAS. ...16
1.2 LASFUNCIONESEJECUTIVASDURANTEELENVEJECIMIENTO ...28
1.3 NEUROPSICOLOGÍADELOSLÓBULOSFRONTALES ...30
1.4 NEUROANATOMÍAFUNCIONALDELOSLÓBULOSFRONTALES. ...32
1.4.1 CORTEZA FRONTAL DORSOLATERAL ...33
1.4.2 CORTEZA MOTORA Y PREMOTORA ...33
1.4.3 CORTEZA PREFRONTAL DORSOLATERAL ...34
1.4.4 CORTEZA ORBITOFRONTAL. ...35
1.4.5 CORTEZA FRONTOMEDIAL ...36
1.5 ELLÓBULOFRONTALYLAFUNCIÓNEJECUTIVA ...36
1.5.1 CONEXIONES CORTICO Y SUBCORTICALES ...38
1.6 EVALUACIÓNDELASFUNCIONESEJECUTIVASENELNIÑOYEL ADOLESCENTE:BATERIASYTESTNEUROPSICOLOGICOS. ...46
1.7 ELSÍNDROMEFRONTALYTRASTORNOSDELCOMPORTAMIENTO...56
1.8 TRASTORNOSDELASFUNCIONESEJECUTIVASENLAINFANCIAY ADOLESCENCIA ...60
1.8.1 BAJO PESO AL NACER ...61
1.8.2 ANSIEDAD DURANTE EL EMBARAZO ...62
1.8.3 TABAQUISMO Y CONSUMO DE DROGAS ...64
1.8.4 HIPOXIA ISQUÉMICA PERINATAL ...65
1.8.5 EL EFECTO DE GOLPES-TRAUMAS Y ALTERACIONES DEL LÓBULO FRONTAL ...66
1.9 FUNCIÓNEJECUTIVAYCONDUCTASIMPULSIVAS ...67
1.10 DISFUNCIÓNEJECUTIVAYPSICOPATÍAS ...69
1.10.1 NEUROPSICOLOGÍA DE LA PSICOPATÍA: ...70
CAPITULO II ...72
2. ETIOLOGÍADELCOMPORTAMIENTOANTISOCIAL. ...72
2.1 FACTORESNEUROBIOLÓGICOS ...73
2.1.1 SISTEMA LÍMBICO ...73
2.1.2 NEUROQUÍMICA ...74
2.1.3 ESTUDIOS DE NEUROIMÀGEN ...74
2.1.4 ASPECTOS BIOQUÍMICOS DEL COMPORTAMIENTO ANTISOCIAL ....76
2.2 FACTORESAMBIENTALESEINTERACCIONESGENOTIPO–AMBIENTE . ...78
2.2.1 NEUROGENÉTICA DE LA AGRESIÓN...78
2.2.2 FACTORES AMBIENTALES Y COMPORTAMIENTO ANTISOCIAL ...80
2.2.3 FACTORES DE RIESGO ...81
2.2.4 EL “BULLYING” OTRA FORMA DE VIOLENCIA ADOLESCENTE ...82
2.3 VARIABLESFAMILIARESASOCIADASALACONDUCTAANTISOCIAL INFANTIL ...84
2.3.1 FACTORES DE RIESGO FAMILIARES ...84
2.3.2 FACTORES DE RIESGO INDIVIDUALES ...87
CAPITULO III ...89
3. REEDUCACIÓNDELAFUNCIÓNEJECUTIVAENADOLESCENTES INFRACTORES. ...89
3.1 ELPRINCIPIODEREHABILITACIÓN,SANCIONESYMEDIDAS ...91
3.1.1 DELINCUENCIA Y DELITOS ...91
3.1.2 CRIMEN Y CRIMINALIDAD ...92
3.1.3 HECHOS DE SANGRE Y AGRESIÓN CON ARMA ...92
3.1.4 JÓVENES AGRESORES SEXUALES ...93
3.1.5 DELITOS CONTRA EL PROPIO GRUPO SOCIAL ...93
3.1.6 SANCIONES, MEDIDAS ...93
3.2 LOSPROGRAMASSOCIOEDUCATIVOSYDESEGUIMIENTO ...94
3.2.1 PERSPECTIVA FARMACOLÓGICA ...95
xi
3.3 REEDUCACIÓNNEUROPSICOLÓGICA ...97
3.4 PROGRAMADEREHABILITACIONDELASFUNCIONESEJECUTIVASDE SOHLBERGYMATEER ... 101
3.4.1 SELECCIÓN Y EJECUCIÓN DE PLANES COGNITIVOS ... 102
3.4.2 CONTROL DEL TIEMPO... 103
3.4.3 AUTORREGULACIÓN DE LA CONDUCTA ... 103
3.4.4 DESARROLLO DE UNA BUENA RELACIÓN TERAPÉUTICA ... 104
3.4.5 MANIPULACIÓN DEL AMBIENTE O ENTORNO ... 104
3.4.6 ADIESTRAMIENTO EN ESTRATEGIAS PARA TAREAS RUTINARIAS ESPECÍFICAS ... 105
3.4.7 ENTRENAMIENTO EN LA SELECCIÓN Y EJECUCIÓN DE PLANES COGNITIVOS ... 105
3.4.8 ESTRATEGIAS METACOGNITIVAS Y ENTRENAMIENTO EN AUTOINSTRUCCIONES ... 106
3.5 PROGRAMADERESOLUCIÓNDEPROBLEMASYFUNCIONES EJECUTIVASDEVONCRAMONYVONCRAMON ... 106
MARCO METODOLÓGICO ... 109
METODOLOGÍAAPLICADA ... 109
POBLACIÓNYGRUPODEESTUDIO ... 110
TÉCNICASEINSTRUMENTACIÓN ... 111 RECOLECCIÓNDEDATOS ... 113 RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN ... 114 CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES ... 147 CONCLUSIONES ... 147 RECOMENDACIONES ... 148 C. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS ... 149 TANGIBLES ... 149 VIRTUALES ... 149 ANEXOS ... 150
PROYECTODEINVESTIGACIÓNAPROBADO ... 150
B.
INFORME FINAL DEL TRABAJO DE POSTGRADO
PROBLEMA
La batería de test neuropsicológicos para la evaluación de la función ejecutiva determinó la presencia de alteraciones a nivel del lóbulo frontal en los adolescentes infractores de 14 a 16 años del CAI “Virgilio Guerrero”
OBJETIVOS
OBJETIVO GENERAL
Evaluar las Funciones Ejecutivas en Menores Infractores de 14 a 16 años del Centro de Adolescentes Infractores de “Virgilio Guerrero” de la ciudad de Quito con la finalidad de determinar la presencia de alteraciones en lóbulos frontales y funciones ejecutivas para establecer un modelo reeducación neuropsicológica. Se determinaron causas con bases neurofisiológicas que determinaron el aparecimiento de conductas disociales y delictivas en los adolescentes en condición de internamiento.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Analizar capacidad de regulación e inhibición de comportamientos motores, inhibición comportamental, flexibilidad cognitiva, mantenimiento, planificación en menores infractores. Establecer la correlación existente entre la disfunción del córtex prefrontal y el Síndrome disejecutivo en menores infractores como un factor determinante en el aparecimiento de conductas disociales.
Determinar los factores etiopatogénicos para el aparecimiento de alteraciones de los lóbulos frontales y de las funciones ejecutivas en adolescentes.
HIPÓTESIS
La batería de test neuropsicológicos para evaluación del lóbulo frontal determina alteraciones en el córtex frontal (síndrome disejecutivo) de los adolescentes infractores.
JUSTIFICACIÓN E IMPORTANCIA:
La madurez de las funciones ejecutivas se encuentra estrechamente relacionada con la edad, pues se sabe de antemano que los criminales violentos comienzan en edades muy tempranas a cometer delitos. Las lesiones de lóbulo frontal tienen una frecuencia significativamente más alta de conducta agresiva y violenta que personas con lesiones en otras partes del cerebro. Aunque por el momento no existe una comprensión completa de los complejos mecanismos que subyacen a la conducta agresiva y antisocial, se poseen hallazgos científicos y un cuerpo creciente de literatura que muestra que la violencia está asociada con factores genéticos, neurobiológicos y psicofisiológicos, lo que está impulsando el resurgimiento de la criminología biológica. Para comprender la etiología de este fenómeno de la forma más exacta y certera posible, hay que tener en cuenta la interacción de variables biológicas con aspectos psicosociales y de aprendizaje.
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En la prevención de estos actos y el tratamiento de los agresores y delincuentes impulsivos, es crucial considerar que los individuos con alto riesgo biológico pueden ser particularmente vulnerables a los efectos negativos de la exposición a ambientes adversos a lo largo de su vida. En nuestro País no hay investigaciones con esta temática, por tal motivo nace el interés por estudiar los factores que determinan el aparecimiento de conductas antisociales y delictivas en los adolescentes que se encuentran en internamiento en el CAI “Virgilio Guerrero” de la ciudad de Quito.
MARCO CONCEPTUAL
Lóbulo frontal: Es un área en el cerebro de los humanos y otros mamíferos, localizada en la parte frontal de cada hemisferio cerebral y está por delante del lóbulo parietal y por encima y delante de los lóbulos temporales.
Síndrome Disejecutivo: Constelación de alteraciones cognitivo conductuales relacionadas con la afectación de funciones ejecutivas. Así, se ha acuñado el término “síndrome disejecutivo” para definir a las dificultades que exhiben algunos pacientes con una marcada dificultad para centrase en la tarea y finalizarla sin un control ambiental externo.
Función Ejecutiva: La función ejecutiva es un conjunto de habilidades cognoscitivas que permiten la anticipación y el establecimiento de metas, el diseño de planes y programas, el inicio de las actividades y de las operaciones mentales, la autorregulación y la monitorización de las tareas, la selección precisa de los comportamientos y las conductas, la flexibilidad en el trabajo cognoscitivo y su organización en el tiempo y en el espacio.
Flexibilidad Cognitiva: Funciones mentales para adoptar estrategias cambiantes o modificar el punto de vista, especialmente implicadas en la resolución de problemas.
Capacidad de inhibición: La inhibición es la capacidad que nos previene de producir una respuesta que ya no es apta para el contexto. Podemos inhibir nuestras acciones y comportamientos cuando ya están en proceso. Esto se conoce como inhibición comportamental. También podemos inhibir nuestras emociones y memorias. Se utilizan diferentes partes de la corteza prefrontal, la región ubicada en la parte frontal del cerebro, para interrumpir estos tipos de comportamientos o pensamientos. Algunas teorías sugieren que el rol de la corteza prefrontal es detener todas las acciones o pensamientos no adecuados para dejar espacio a las acciones más apropiadas.
Control cognitivo: El control cognitivo incluye la capacidad de reconocer y comprender el contexto en el que está ocurriendo la situación y seleccionar el curso de acción apropiado. Además de estar relacionada estrechamente con este centro para comprender el contexto, es un sistema de vigilancia que nos alerta sobre los conflictos entre una acción y los resultados esperados entre dos informaciones contradictorias.
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MARCO TEÓRICO
El 13 de septiembre de 1848, Phineas P. Gage sufrió un horrible accidente cuando una barra metálica le atravesó el cráneo, lo que le produjo lesiones en el cerebro y cambió su vida después de una sorprendente recuperación. Dichas lesiones se localizaban en territorios cerebrales frontales. A partir de ahí, Gage cambió su personalidad: de ser una persona responsable y adaptada a la sociedad, se convirtió en un individuo inestable, impulsivo, indiferente ante los demás e incapaz de planificar el futuro; es decir, mostró conductas contrarias a una adecuada integración social. De esta forma, Gage marcó el origen de las investigaciones en torno a la relación entre el lóbulo frontal y los comportamientos psicopáticos.
Gage había perdido la capacidad de apercibirse de los cambios que se habían producido en su forma de ser. Era como si hubiera perdido la capacidad de verse a sí mismo en el espejo de las reacciones de los otros hacia él. La relación entre daño en el lóbulo frontal y criminalidad es particularmente intrigante y compleja. Sabemos que el daño en los lóbulos frontales provoca el deterioro de la intuición, del control del impulso y de la previsión, que a menudo conducen aun comportamiento socialmente inaceptable. Esto es particularmente cierto cuando el daño afecta a la superficie orbital de los lóbulos frontales. Los pacientes que sufren de este síndrome “pseudopsicopático” se caracterizan por su demanda de gratificación instantánea y no se ven limitados por costumbres sociales o miedo al castigo, de manera que recuerdan al patrón de comportamiento posterior a la lesión mostrado por Gage.
Las funciones ejecutivas se vinculan a las capacidades implicadas en la formulación de metas, planificación de las actividades para llevarlas a cabo y ejecución de las conductas de forma. Como muestran las técnicas de neuroimagen, el sustrato anatómico subyacente al comportamiento psicopático se refleja en diferencias estructurales o funcionales vinculadas al lóbulo frontal y a la corteza ventromedial, que se vinculan a la autorregulación, la reversión del aprendizaje y la toma de decisiones. En este sentido, los psicópatas sufren un déficit en la integración del mundo emocional con el razonamiento y la conducta.
El objetivo de esta revisión es analizar las repercusiones, para la neuropsicología forense, de las alteraciones estructurales y funcionales que se están encontrando en los sujetos psicópatas
CAPITULO I
1. FUNCIÓN EJECUTIVA Introducción:
La reciente eclosión de las neurociencias cognitivas ha generado un creciente interés por comprender las funciones ejecutivas y los sustratos neurales de las denominadas funciones cognitivas de alto nivel. En las últimas dos décadas, la neurología conductual y la neuropsicología hay evolucionado a pasos agigantados bajo el influjo de los modelos teóricos provenientes de la psicología cognitiva, pero también por el avance de nuevos y sofisticados métodos que permiten estudiar la actividad cerebral durante los procesos cognitivos. Las técnicas de neuroimagen y los modelos computacionales de las funciones cognitivas de alto nivel han arrojado nuevos datos y modelos sobre el intrincado mundo del funcionamiento cerebral.
Durante muchos años se han postulado que los lóbulos frontales se hallan implicados en la secuenciación de los actos motores requeridos para ejecutar eficazmente una acción, sin embargo se ha ido profundizando en el papel que juegan los lóbulos frontales y como su función se extiende hacia el control de los procesos cognitivos. Un sólido cuerpo de evidencia científica demuestra que en esta región cerebral, como estructura, se halla implicada en la ejecución de operaciones cognitivas específicas, tales como la memorización, meta cognición, aprendizaje y razonamiento. De esta relación se infiere que los lóbulos frontales se encargan de una función ejecutiva o supervisora de la conducta.
El córtex prefrontal es la región cerebral con un desarrollo filogenético y ontogenético más reciente, y por ello, la parte del ser humano que más nos diferencia de otros seres vivos y mejor refleja nuestra especificidad y constituye aproximadamente el 30% de la corteza cerebral. Desde un punto de vista funcional, se puede afirmar que en esta región cerebral se encuentran las funciones cognitivas más complejas, el desarrollo de las operaciones formales del comportamiento, la conducta social, la toma de decisiones y el juicio ético y la moral.
1.1 DESARROLLO FILOGENÉTICO Y ONTOGÈNETICO DE LAS FUNCIONES EJECUTIVAS.
Ontogenéticamente, la corteza prefrontal es una de las últimas regiones cerebrales en completar su desarrollo (Stuss, 1992), debido a que la maduración cerebral sigue un modelo jerárquico que tiene como último eslabón las áreas de asociación.
Algunos estudios recientes se han aproximado a la cuestión de la evolución de la corteza prefrontal). Usualmente se acepta que el Homo sapiens apareció hace unos 150, 000 años, y durante este tiempo, la evolución de su cerebro ha sido mínima. Esto significa que los humanos que existían hace 150,000 años tenían básicamente la misma organización neurológica que el hombre contemporáneo, incluyendo los fundamentos biológicos de las funciones ejecutivas.
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Coolidge y Wynn (2001) asumen que es posible comparar muchas de las características de las funciones ejecutivas con actividades reconstruidas a partir de evidencia arqueológica. Se analiza la aplicación potencial de varias funciones ejecutivas: (a) Memoria secuencial, en donde la producción y uso de proyectiles hechos de hueso es un marcador potencial. El producto final depende de una serie de acciones secuenciadas. Es una tecnología de múltiples pasos. (b) Tareas de inhibición, en las que algunas acciones y gratificaciones son demoradas, son más difíciles de identificar arqueológicamente. La agricultura requiere de tal inhibición. Ayudas como las trampas, que funcionan ocasionalmente, son tecnologías de inhibición y probablemente estuvieron presentes en el mesolítico europeo. Los ejemplos del paleolítico son menos convincentes. Frederick considera que nada del paleolítico medio requeriría de tareas de inhibición. (c) La organización y planeación, es otra función ejecutiva básica que probablemente fue requerida para actividades tales como la migración y colonización.
Coolidge y Wynn concluyen que los registros arqueológicos apoyan la hipótesis que las funciones ejecutivas son una adquisición crítica y tardía en la evolución cognitiva humana. Mithen ha propuesto la accesibilidad a módulos mentales como el detonador de la cultura humana en la era de la transición del paleolítico medio/superior, hace alrededor de 60,000 a 30,000 años. Identificó estos módulos mentales como inteligencia general, inteligencia social, inteligencia histórica natural, inteligencia técnica y lenguaje.
Se puede especular que la habilidad para resolver algunos problemas del ambiente tiene que ser descubiertos por cada generación y no puede ser transmitida a menos que exista una herramienta de transmisión. El punto crucial en el origen de las funciones ejecutivas es la posibilidad de transmitir y acumular progresivamente el conocimiento acerca del mundo.
No existe entonces evidencia convincente de que el hombre del paleolítico haya utilizado funciones ejecutivas comprendidas como “la habilidad para planear…etc.”. Durante miles de años probablemente las habilidades prefrontales fueron usadas exclusivamente para satisfacer los impulsos básicos de acuerdo a estrategias socialmente aceptables.
Se puede conjeturar que algunas invenciones fueron cruciales para impulsar la evolución cultural. Se ha postulado que la fluidez cognitiva es un requisito básico para ejecutar actividades humanas complejas. El lenguaje puede ser considerado como el elemento crucial que impulsó el desarrollo de la evolución cultural. El lenguaje permite la transmisión del conocimiento. Sin él, los niños pueden aprender de los padres por imitación, pero este aspecto se limita a algunas actividades muy elementales, tales como hacer un hacha de piedra. El lenguaje es el principal instrumento para representar al mundo y para el pensamiento Obviamente el desarrollo del lenguaje fue un proceso lento que tomó miles de años, pero el elemento crítico del lenguaje humano es el uso de la gramática, la cual probablemente apareció hace unos 50,000 años. Probablemente, el hombre de Neandertal no poseía un lenguaje con gramática y de acuerdo a la evidencia arqueológica, no utilizaba funciones ejecutivas. El lenguaje gramatical pudo haberse desarrollado de la internalización de las acciones.
El lenguaje escrito representa una extensión del lenguaje oral. La escritura apareció hace apenas 6,000-8,000 años y su difusión ha sido tan lenta que aún hoy en día cerca del 20% de la población mundial es analfabeta (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO], 2007). El desempeño en pruebas que evalúan funciones ejecutivas está correlacionado significativamente con el nivel educativo. Por ejemplo, Gómez-Pérez y Ostrosky-Solís observaron que mientras las pruebas de memoria son sensibles al envejecimiento, las pruebas relacionadas con funciones ejecutivas son más sensibles especialmente al nivel educativo. Se puede argumentar que los analfabetos poseen funciones ejecutivas básicas pero carecen de un instrumento importante para organizar las funciones ejecutivas.
El análisis de las funciones ejecutivas representa una de las preguntas más estudiadas en las neurociencias contemporáneas. El énfasis en el razonamiento, habilidades de abstracción, anticipación de las consecuencias de la conducta y habilidades similares, ha contribuido a la idea errónea de que la conducta humana está guiada por la racionalidad. La historia humana evidentemente contradice esta idea.
Esta interpretación de la conducta humana está unida a la suposición de que el cerebro humano es único y “superior” al cerebro de otras especies. Nos referimos a nuestra especie como “hombre sabio” (Homo sapiens). Al analizar las funciones ejecutivas, tenemos que concluir que existen dos tipos diferentes de estas funciones; metacognitivas y emocionales, las cuales dependen de sistemas cerebrales diferentes. Se puede argumentar que sólo el primer tipo de funciones puede ser considerada como función ejecutiva; sin embargo, usualmente ambos tipos son considerados dentro de la mayoría de definiciones de funciones ejecutivas, asumiendo cierta unidad.
La evaluación actual de las funciones ejecutivas se ha centrado en la abstracción, solución de problemas y habilidades metacognitivas similares. Cuando las situaciones sociales y las motivaciones biológicas están involucradas, la habilidad para solucionar problemas de manera racional parece disminuir de manera significativa. Las estrategias actuales de evaluación de las funciones ejecutivas presentan limitaciones importantes en su validez ecológica.
Las habilidades metacognitivas representan una adquisición humana reciente, no dependiente de cambios biológicos recientes. Se ha sugerido que el desarrollo de algunos instrumentos culturales, resultaron en un nuevo tipo de evolución. El lenguaje no sólo permite conceptualizar la experiencia inmediata, sino también, gracias a su capacidad de transmitir conocimiento, ha sido propuesto como el principal instrumento cultural de metacognición. La complejidad del lenguaje ha incrementado históricamente con el desarrollo del lenguaje escrito. Sin duda alguna, otros instrumentos culturales también han contribuido al desarrollo de habilidades metacognitivas; por ejemplo, las matemáticas, el dibujo y la tecnología (de la rueda a las computadoras). Las normas sociales (dadas por la ética, el sistema legal, las tradiciones culturales, etc.), también representan instrumentos importantes para las funciones ejecutivas metacognitivas.
Las funciones ejecutivas se desarrollan durante la infancia y la adolescencia en paralelo a los cambios madurativos que moldean la corteza prefrontal y sus conexiones con el resto del cerebro (Stuss, 1992). Así mismo, su desarrollo está modulado por la adquisición previa de otras habilidades cognitivas con las que mantiene una estrecha relación, como la atención o la
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memoria. Esta lentitud en su desarrollo y, así, como la amplia distribución de los circuitos que la sustentan, hace que las funciones ejecutivas resulten especialmente frágiles durante la infancia y la adolescencia.
La adquisición de las Funciones Ejecutivas muestra un comienzo alrededor de los 12 meses de edad y de ahí se desarrolla lentamente con dos picos a los 4 y los 18 años, se estabiliza posteriormente y declina en la vejez (curva en forma de U invertida). El aumento del volumen de la corteza prefrontal es lento hasta la edad de 8 años, rápido entre los 8 y los 14 años de edad y en adelante se estabiliza hasta adquirir los valores del adulto hacia los 18 años de edad. Los cambios en el desarrollo posnatal de la corteza prefrontal lateral dorsal (áreas 46) y lateral ventral (áreas 12 y 45) encontrados en los estudios de neuroimàgen funcional y anatómica muestran un crecimiento no lineal del volumen de la sustancia gris con maduración tardía. El crecimiento lineal del volumen de la sustancia blanca mostró que, en los niños mayores, las estructuras involucradas son más diversificadas que en los pequeños. La velocidad de ejecución, la capacidad para resolver problemas más complejos y la activación de las áreas 12, 45 y 46 aumentan progresivamente con la edad en los estudios con neuroimágenes durante pruebas neuropsicológicas que miden la aplicación de estrategias, la memoria de trabajo y la inhibición. Los estudios longitudinales con resonancia magnética funcional (RMf) entre las edades de 7 y 32 años mediante el empleo de una tarea que requiere generar palabras muestran un aumento progresivo con la edad de la activación en la región izquierda lateral dorsal (área 46) y la corteza parietal, pero ésta disminuye gradualmente con la edad en otras regiones corticales sin conexión con el cuerpo estriado.
Inicialmente el bebé responde a la estimulación ambiental con un repertorio de reflejos inherentes a su programación genética, que le permiten regular su postura y movimientos, de acuerdo con la información perceptiva y vestibular que reciben del propio cuerpo y del exterior. Los movimientos generados de esta forma son integrados en el sistema nervioso central como pautas de movimientos básicos sobre los que se constituirán patrones de movimientos cada vez más complejos, en la medida en que el desarrollo del sistema nervioso central y su interacción con el ambiente se lo permitan.
Sólo hasta el año y medio en adelante, los comportamientos de autocontrol dirigidos a mantenerse en una tarea hasta alcanzar su meta consiguen una mayor estabilidad. A esta edad ya es posible observar un mejor control de la inhibición para contener impulsos, resistir la distracción y no responder impulsivamente; todos ellos, comportamientos que reflejan el desarrollo de la capacidad del niño/a para controlar su comportamiento en respuesta a las exigencias ambientales, a partir del uso de procesos de inhibición.
La memoria de trabajo aparece ya a los 8 meses, reflejándose en la capacidad de permanencia del objeto y la capacidad para coordinar medios-fines; actividades del bebé que requieren de dos funciones atribuidas a la memoria de trabajo, la representación del objeto y su mantenimiento en la mente. Para Beckley, se desarrolla primero la memoria de trabajo no verbal y, a continuación, la memoria de trabajo verbal. La apropiación de ambas subdivisiones de la memoria de trabajo permite, a su vez, la adquisición de la capacidad de simbolización, de representar en la mente estímulos sensoriales y respuestas motoras y que, posteriormente, soportarán representaciones más complejas, como la imagen de situaciones futuras e, incluso, de entidades abstractas. El desarrollo de la inhibición y la memoria de trabajo posibilitan la aparición de acciones humanas que, a su vez, posibilitan el desarrollo de nuevas habilidades. Es el caso de la imitación, que aparece alrededor de los nueve meses de vida como resultado del desarrollo de las dos tareas ejecutivas mencionadas anteriormente, permiten al niño refinar sus movimientos voluntarios por medio de la observación y práctica de los movimientos realizados por otros.
Durante los primeros años de vida, el niño parece vivir en un tiempo presente con reacciones solamente a estímulos que se encuentran en su alrededor inmediato, y es posteriormente cuando, es capaz de representar estímulos del pasado, planear el futuro, y representar un problema desde distintas perspectivas que le permite escoger soluciones apropiadas. Esta capacidad para planear y solucionar problemas constituye probablemente el inicio de las funciones ejecutivas. La emergencia de las funciones ejecutivas es evidente entonces, cuando el niño da muestras de tener la capacidad para controlar la conducta usando información previa y progresivamente se van optimizando con la interlocución de por una parte la maduración cerebral y por la otra, la estimulación ambiental. Dicho con mayor precisión, existe evidencia del desarrollo de la función ejecutiva durante el primer año de vida.
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Tomando como ejemplo el recurso Piagetiano para estudiar el conocimiento que el lactante tiende que un objeto permanece aun cuando es removido de su vista. Se ha encontrado que es hacia los cinco meses de edad cuando el bebé sabe que un juguete continúa existiendo aun cuando está fuera de su vista; sin embargo, es a partir de los 9 meses de edad aproximadamente que buscará de manera activa el juguete. Es en este momento, cuando se observa que el lactante puede actuar sobre un objeto utilizando información previa.
Otro ejemplo de la emergencia de la función ejecutiva es el uso de herramientas. Quizás la situación más evidente para todos es cuando el bebé jala hacia él la manta sobre la cual se encuentra colocado un juguete con el fin de alcanzarlo.
Finalmente, la posibilidad de solucionar problemas es otra conducta que da pautas sobre el desarrollo emergente de la función ejecutiva. Diamon diseñó una caja con 4 de sus 5 lados cubiertos con un acrílico transparente. Ella encontró que es hacia la edad de 9 meses que el bebé logra sacar un juguete de la caja cuando la abertura está hacia arriba y no es sino hasta el año de edad que es capaz de alcanzar el juguete cuando la abertura es colocada por un lado. Solucionar el problema de tomar el juguete que está al alcance de su vista cuando la trayectoria de su mano es interrumpida por una barrera (la pared de la caja) requiere por una parte la inhibición de conductas anteriores; es decir, de aquella conducta inadecuada para cumplir con su objetivo, y por la otra, del trazo de un plan para resolver el conflicto.
Su autorregulación sólo comenzará a darse alrededor de los dos años de edad, momento en el que comienza a organizar sus acciones de acuerdo con las instrucciones verbales del adulto, pero que solamente realizará, apropiadamente, hacia los cuatro años de edad. La mediación verbal de otros sociales y la capacidad del niño/a para comprender esta mediación también favorece el desarrollo de la inhibición y memoria de trabajo.
Particularmente, mejora la capacidad inhibitoria, al permitirle al niño controlar su impulsividad ante tareas sencillas. Observamos así que, ya a edades tempranas, el lenguaje se convierte en herramienta para formular intenciones y acciones, realizar correcciones y evaluar el significado adaptativo de su actuar. En este punto del desarrollo, el lenguaje está dirigido hacia la regulación del comportamiento, marcando el paso de los movimientos semivoluntarios a los voluntarios.
Hacia los seis años de edad, se observa el pleno dominio de los procesos de inhibición motora y control de impulsos, mientras que sólo hacia los diez años se maneja efectivamente la capacidad sostenida y selectiva de la atención, habilidades dependientes de la capacidad inhibitoria del sujeto.
Estos resultados, en conjunto, apoyan la teoría de Barkley de que la inhibición es un pre requisito para el desarrollo de funciones ejecutivas más complejas, siendo esencial su adquisición en edades tempranas. Según este autor, la memoria de trabajo será la habilidad que asuma el mayor peso para asegurar el adecuado funcionamiento ejecutivo. El desarrollo y apropiación de los procesos ejecutivos dela inhibición, autocontrol, memoria de trabajo y autorregulación por medio de su mediación verbal permiten la adquisición de nuevas habilidades ejecutivas, como la planificación logro que, a su vez, posibilita la apropiación de nuevos comportamientos.
Así, la ejecución continua de estas cinco habilidades permite la solución de problemas sencillos hacia los seis años de edad.
Pineda, en su artículo Las funciones ejecutivas y sus trastornos, nos describe minuciosamente el desarrollo de esta función. Según dicho autor, esta unidad no es operativa hasta que el niño no está en un margen de edad comprendido entre los cuatro y los siete años, continuando su desarrollo hasta la juventud.
.El período de mayor desarrollo ocurre entre los seis los ocho años de edad. En este lapso, los niños adquieren la capacidad de autorregular sus comportamientos y conductas, pueden fijarse metas, anticiparse a los eventos sin depender de las instrucciones externas, aunque aún está presente cierto grado de descontrol e impulsividad. Esta capacidad cognoscitiva está claramente ligada al desarrollo de la función reguladora del lenguaje, a la aparición del nivel de las operaciones lógicas formales y a la maduración de las zonas pre frontales del cerebro, lo cual ocurre tardíamente en el proceso de desarrollo infantil. A los diez años, la habilidad de la inhibición atencional, de inhibición de estimulación irrelevante, así como de respuestas perseverativas, está prácticamente desarrollado. Por lo general, los niños de doce años ya tienen una organización cognoscitiva muy cercana a la que se observa en los adultos, sin embargo, el desarrollo completo de la función se consigue alrededor de los dieciséis años. Su desarrollo está modulado por la adquisición previa de otras habilidades cognitivas con las que mantiene una estrecha relación, como la atención o la memoria. Willis y Mateer mantienen que la función ejecutiva posee dos características importantes: es adaptativa y está dirigida a una meta. De esta forma, las alteraciones que se producen en esta función en edades tempranas pueden ser predictivas del impacto en el desarrollo cognitivo, social y/o comportamental posterior del que las padece.
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Los procesos de maduración comprenden una multiplicidad de elementos tales como la mielinización, el crecimiento dendrítico, el crecimiento celular, el establecimiento de nuevas rutas sinápticas y la activación de sistemas neuroquímicos
Al igual que sucede con el lenguaje en donde los diversos niveles tienen períodos de aparición de tipo escalado, etapa por etapa, las diferentes dimensiones que integran la función ejecutiva comprenden diversas edades de aparición y consolidación, continuando su desarrollo posterior hasta la pubertad e incluso algunos años más.
Ontogenética y filogenéticamente, la corteza pre frontal es una de las últimas regiones cerebrales en completar su desarrollo, debido a que la maduración cerebral sigue un modelo jerárquico que tiene, como último eslabón, las áreas de asociación.
a) El primero de ellos ocurre entre los dos meses y los doce años de edad y se relaciona, principalmente, con el aumento del número de neuronas.
b) El segundo pico ocurre alrededor de los siete años y se caracteriza por el aumento en el número de conexiones interneuronales y por la especialización sináptica. Según los anteriores investigadores, la especialización y la lateralización de las funciones del lóbulo frontal pertenecen a las últimas adquisiciones durante el desarrollo del segundo pico. Tanto la madurez de los neurotransmisores como la mielinización, desempeñan un papel importante en las funciones del lóbulo frontal, según los anteriores autores. La mielinización se considera un proceso madurativo que abarca toda la vida del ser humano, se cree que es el resultado neuroanatómico de los procesos de aprendizaje involucrando la cognición y la adaptación emocional en referencia a los requerimientos del medio ambiente.
Algunas de las funciones ejecutivas que han sido más estudiadas en psicología son el control atencional, la habilidad para planear, la flexibilidad cognoscitiva y la fluidez verbal. A continuación se presentan los hallazgos más relevantes asociados al desarrollo de estas funciones en el niño:
(1) Control atencional
El control atencional incluye una mejor atención selectiva y mantenida, y un dominio en la capacidad para inhibir comportamientos automáticos e irrelevantes Para que el niño haga una selección apropiada de la información pertinente y mantenga su atención durante periodos prolongados es esencial que aprenda a inhibir respuestas que surgen de manera automática. El desarrollo del componente inhibitorio de la conducta se ha evaluado tradicionalmente en psicología utilizando el paradigma Piagetiano de “A no B” y tareas del tipo “respuesta demorada. En la tarea de “A no B” el niño mantiene en la memoria la localización espacial de un objeto o alimento. Para estas tareas se utilizan dos recipientes (A y B) en uno de los cuales se oculta, en presencia del niño, un objeto que es usualmente un juguete; después de un periodo de demora, se le pide al niño que busque el objeto. Cada vez que se originan dos aciertos consecutivos se cambia el objeto al otro recipiente. La tarea de “respuesta demorada” es similar a la anterior con la diferencia de que en esta última se le impide al niño ver los recipientes mientras transcurre la espera. En las dos tareas, sin embargo, el niño debe mantener activa en memoria de trabajo o memoria operativa la localización del objeto.
El niño menor de un año tiene la tendencia en la tarea “A no B”, de tratar de encontrar en el recipiente A un objeto que se pasó, en su presencia, al recipiente B; esta tendencia a responder al recipiente A es difícil de inhibir aún en casos en los que el objeto está claramente visible en el recipiente B. Uno de los cambios más importantes que ocurre en el niño hacia el año de vida es que éste es ya capaz de inhibir el comportamiento automático en mención y comienza a buscar espontáneamente el objeto dentro del recipiente correcto.
Otra prueba utilizada para evaluar la capacidad inhibitoria de respuestas automáticas es la prueba “día/noche esta prueba fue construida bajo el mismo paradigma de la prueba de Stroop en la que el niño debe inhibir una respuesta que surge automáticamente ante la presencia de un estímulo visual. En la prueba “día/noche” el niño debe responder con la palabra día cuando se le presenta una lámina con un dibujo de la luna y con la palabra noche cuando se le presenta una figura del sol.
Entre los 3 y 4 años de edad, el niño realiza esta tarea con mucha dificultad ya que le es difícil inhibir las respuestas verbales de “día”, suscitada por el estímulo visual del sol, y la palabra “noche” suscitada por el estímulo visual de la luna Esta misma prueba tiene, sin embargo, un bajo nivel de dificultad en niños mayores de 6 o 7 años.
Mediante pruebas de acción-inhibición como son aquellas que utilizan los paradigmas Go/No-Go y Stop/Signal, se ha demostrado que la capacidad para inhibir respuestas automáticas continúa mejorando a lo largo de la infancia. Es así como, Williams, Ponesse, Schachar, Logan, y Tannock (1999) encontraron una capacidad para inhibir respuestas significativamente mejor en niños de 9 y 12 años comparados con niños de 6 a 8 años. La superioridad del control atencional en niños de 9 a 11 años fue corroborado por Brocki y Bohlin (2004) en la prueba de Ejecución Continua (Continuous Performance Test).
En esta tarea el niño se enfrenta con una serie de estímulos muy semejantes entre sí, pero debe responder únicamente a un estímulo específico, por ejemplo, a la letra X oprimiendo una tecla o levantando la mano. Los errores por comisión en esta prueba denotarían una dificultad
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inhibitoria. Se ha sugerido que la adquisición de un nivel adulto del control inhibitorio en este tipo de tareas sucede hacia los 10 años de edad.
La incapacidad para inhibir respuestas automáticas, observada en niños pequeños no parece ser el resultado de una falta de comprensión de las reglas de una tarea particular. Livesey y Morgan (1991) estudiaron el desempeño de niños de 4 y 5 años en pruebas de acción-inhibición y encontraron que a pesar de que los participantes eran capaces de realizar una discriminación verbal entre las instancias de acción (go) e inhibición (no-go) y que entendían las reglas de la actividad, no eran capaces de realizar la tarea correctamente al no poder inhibir la respuesta motora inapropiada.
(2) Planeación
La habilidad para planear se refiere a la capacidad para identificar y organizar una secuencia de eventos con el fin de lograr una meta específica. Desde la edad de tres años, el niño comprende la naturaleza preparatoria de un plan y es capaz de formular propósitos verbales simples relacionados con eventos familiares. De igual manera, puede solucionar problemas y puede ya desarrollar estrategias para prevenir problemas futuros. Este tipo de planeación es, sin embargo, simple y menos eficiente a la habilidad para programar que se encuentra en niños de 7 y 11 años, quienes mantienen un plan de acción mucho más organizado y eficaz. La ventaja en la solución de problemas asociada con la edad ha sido analizada utilizando pruebas como la Torre de Hanoi y la Torre de Londres. En estas pruebas hay que solucionar una serie de problemas viso-espaciales utilizando unos discos de diferentes colores y tamaños que deben ser colocados en estacas. El problema es solucionado cuando el niño logra reproducir un modelo con un mínimo número de movimientos de los discos dentro de las estacas y teniendo en cuenta que nunca se puede colocar un disco grande sobre un disco pequeño. Es por ello esencial para la adecuada solución del problema, que el niño antes de actuar tenga un plan de acción. Se encontró que a la edad de 3 a 5 años ya hay una capacidad para programar entre dos y tres movimientos en la solución de problemas de la Torre de Hanoi; esta capacidad de anticipación de los movimientos continúa desarrollándose durante los años preescolares y su desarrollo es paralelo al decremento en el número de movimientos que no están dirigidos al logro una meta clara y que son más bien exploratorios del tipo “ensayo y error”.
La presencia de movimientos al azar en niños pequeños sugiere una carencia en la representación mental de un objetivo final usaron el meta-análisis para demostrar que el período de mayor desarrollo en las habilidades para planear, medidas con las pruebas de las Torres de Londres y de Hanoi, ocurría entre los 5 y los 8 años de edad. Después de esta edad no parecen observarse cambios mayores en la destreza para solucionar estos problemas. Más aún, se ha sugerido que los niños entre los 9 y los 13 años alcanzan ya niveles equivalentes a los del adulto en el desempeño en estas pruebas.
Recientemente Matute y colaboradores confirman que la etapa de desarrollo comprendida entre los 5 y los 8 años se caracteriza por una mejoría acelerada en la solución de problemas que se desacelera entre los 9 y los 10 años. Estos autores utilizan una versión semejante a la de las torres pero sin que se utilicen estacas. Esta versión es conocida como Pirámide de México y forma parte de una batería neuropsicológica. Los resultados obtenidos por Matute y colaboradores sugieren una etapa de desarrollo caracterizada por importantes cambios entre
los 5 y los 8 años, que se van haciendo más paulatinos a partir de los 9 y 10 años en cuanto a la precisión en la ejecución en tanto que, la velocidad para realizar los diseños continúa disminuyendo hasta la edad de 16 años. Es interesante anotar que Matute y colaboradores encontraron una leve disminución en el número de aciertos en la solución de problemas en la Pirámide de México en el grupo de los niños de 11 y 12 años, disminución que ya había sido mencionada por Anderson y colaboradores en 2002.
Esta regresión según Anderson podría ser indicio del cambio de estrategias cognoscitivas que el niño sufre antes de entrar en la adolescencia que coincide con el uso de de estrategias más conservadoras y menos arriesgadas. Vale la pena mencionar que este cambio en la velocidad en el progreso de la solución de problemas que se ha descrito en la adolescencia no se extiende necesariamente a otras funciones ejecutivas. Así por ejemplo, se ha descrito un incremento lineal en la precisión y velocidad de tareas de no verbales de tipo inhibitorio después de la adolescencia.
Tal parece entonces que desde el nacimiento hasta la adolescencia se observa un desempeño gradualmente mejor en tareas de solución de problemas, progreso que se desacelera pero se mantiene durante la adolescencia. En la mayoría de los casos el desempeño en esta etapa del desarrollo es ya equivalente al del adulto. De Luca y colaboradores encuentra que la cúspide en las habilidades para solucionar problemas se logra, sin embrago, después de la adolescencia entre los 20 y los 29 años.
(3) Flexibilidad cognoscitiva
La flexibilidad cognoscitiva se refiere a la habilidad para cambiar rápidamente de una respuesta a otra empleando estrategias alternativas. Implica normalmente un análisis de las consecuencias de la propia conducta y un aprendizaje de sus errores Se estima que la flexibilidad cognoscitiva aparece entre los 3 y los 5 años cuando al niño se le facilita cambiar de una regla a otra, por ejemplo, en tareas de clasificación de objetos Es claro que esta flexibilidad es dependiente del número de reglas que se incluyan en la tarea. Es así como al incrementar el número de reglas y, por lo tanto, la complejidad de la tarea, se hace evidente mayor número de respuestas de tipo perseverativo que denotan menos flexibilidad cognoscitiva.
Zelazo y Frye conciben el desarrollo de las funciones ejecutivas como derivado de los cambios en el grado de complejidad de las reglas que el niño puede formular y aplicar a la solución de un problema. De acuerdo con esta teoría conocida como del Control y la Complejidad Cognitiva, el niño a la edad de tres años puede mantener en la mente solamente una regla (o principio), por ejemplo el color, al realizar una prueba de clasificación de tarjetas (“si la tarjeta es roja, va aquí; si la tarjeta es azul, va acá”). Si a un niño de esta edad se le pide que cambie la regla y empiece a clasificar las tarjetas siguiendo una regla diferente, por ejemplo figura en lugar de color, el niño de esta edad probablemente perseverará en clasificar las tarjetas de acuerdo con el principio de color.
De hecho, algunos autores creen que hasta los 7 años de edad, el niño continúa presentando dificultades en pruebas de clasificación en las que se debe mantener acceso mental a varias reglas para poder hacer cambios de una regla a otra durante el desempeño de la tarea. De Luca y colaboradores encuentran que la habilidad para cambiar de una estrategia a otra alcanza el
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La capacidad del niño para seguir unas reglas en tareas de clasificación y para cambiar de una categoría a otra; está presente en los años preescolares pero se consolida hacia los 6 años de edad y adquiere un nivel adulto hacia los 10 años.
(4) Fluidez verbal
La generación verbal se considera una función ejecutiva que usualmente se evalúa mediante pruebas de fluidez que piden la producción de palabras pertenecientes a un grupo específico dentro de un límite de tiempo. Se conocen dos tipos de pruebas de fluidez verbal: fonológica (o alfabética) y semántica. Dentro de las estrategias cognoscitivas que se consideran más importantes para el éxito de estas tareas se encuentra la búsqueda de palabras por agrupaciones bien sea de sonidos similares o de categorías semánticas. Igualmente la habilidad para cambiar de una categoría a otra, una vez la primera haya sido saturada, es otro elemento importante para el éxito en esta tarea.
En general, diversos estudios han mostrado que los puntajes en pruebas de fluidez verbal mejoran con la edad. De tal suerte que hacia los 6 años un niño puede generar alrededor de 10 nombres de animales en un minuto, a los 9 cerca de 13 y a los 15 años logra una producción aproximada de 15 animales en un minuto. Un correlato semejante se observa entre la producción de palabras en categorías alfabéticas y la edad del niño a pesar de que el incremento con la edad en las categorías fonológicas es menor que en las categorías semánticas debido posiblemente a un nivel de dificultad mayor. Los niños de 6 años producen en un minuto un promedio de 3 a 4 palabras que comienzan por una misma letra y hacia los 12 años son capaces de generar el doble de palabras.
No es claro si después de esta edad continua aumentando la producción de palabras en pruebas de fluidez verbal. Algunos autores han encontrado que los niños de 10 años ya logran un nivel equivalente al del adulto en pruebas de fluidez, mientras que otros sugieren que esta habilidad continua su desarrollo durante la adolescencia y aún en la adultez temprana .Matute y colaboradores encontraron que las habilidades semánticas alcanza el nivel del adulto entre los 14 y los 15 años mientras que las habilidades de fluidez fonológica no alcanzan el nivel del adulto a esta edad.
El desempeño en pruebas de fluidez verbal está influido por los niveles de y por el medio socio-cultural en el que vive. Así por ejemplo, un bajo nivel educativo de los padres ha sido asociado con una baja producción de palabras en el niño en pruebas de fluidez verbal.
Se puede concluir entonces que las habilidades de fluidez verbal semántica y fonológica mejoran con la edad y parecen alcanzar su máximo desarrollo entre la adolescencia y la adultez temprana. El nivel de dificultad de los dos tipos de pruebas de fluidez no e el mismo, teniendo la prueba de fluidez fonológica un nivel de dificultad mayor lo cual se refleja en una menor producción de palabras al compararla con la prueba de fluidez semántica.
1.2 LAS FUNCIONES EJECUTIVAS DURANTE EL ENVEJECIMIENTO
Las funciones ejecutivas son de las habilidades cognoscitivas más sensibles al proceso del envejecimiento. De hecho se ha visto que los procesos cognoscitivos mediados por el lóbulo pre frontal sufren un deterioro con la edad, lo que no sucede con habilidades mediadas por áreas cerebrales más posteriores. La observación de una vulnerabilidad especial del lóbulo pre frontal a los efectos de la edad, junto con la observación del deterioro específico de ciertos procesos cognitivos, llevó al desarrollo de la teoría del “envejecimiento del lóbulo frontal”, la cual propone que los procesos cognoscitivos mediados por el lóbulo frontal son los primeros en sufrir deterioro con la edad avanzada
(1) Control atencional
Es ampliamente reconocido que el control de la atención constituye una de las áreas cognitivas donde se observan mayores efectos con la edad avanzada. Entre las teorías más influyentes que intentan explicar los procesos de atención en los ancianos se encuentra la hipótesis de déficit inhibitorio de la cual propone que un mal funcionamiento de los mecanismos de inhibición es responsable por una gran variedad de problemas cognitivos asociados con la edad. En particular, la falta de control inhibitorio produce, según las autoras, el ingreso a la memoria de trabajo de información irrelevante a la tarea que se realiza, limitando así la capacidad de procesamiento de información relevante. Este déficit inhibitorio trae como consecuencia una mayor distractibilidad, así como un incremento en el número de respuestas inapropiadas y en el tiempo necesario para producir respuestas correctas. El control de la atención, y en especial el funcionamiento de los mecanismos inhibitorios, muestran un déficit con la edad avanzada. Los resultados a veces contradictorios obtenidos en diversos estudios podrían quizá explicarse por la variabilidad en el tipo de tarea; en otras palabras, es posible que la relación entre la edad y el control inhibitorio solamente sea evidente mediante el uso de ciertas pruebas de atención y no de otras.
(2) Planeación
Otra de las funciones ejecutivas que parecen sufrir cambios con el envejecimiento en la capacidad para planear. Investigaron a un grupo de adultos menores de 65 años y encontraron un decremento en la habilidad para regular el comportamiento de acuerdo a un plan. Se
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movimientos necesarios para completar esta tarea, y una lentificación gradual en la velocidad de ejecución de la prueba, así como un aumento en el número de movimientos por ensayo y error. Los autores concluyen que la prueba de la Torre de Hanoi no solamente es un instrumento eficaz para determinar los efectos de la edad sobre algunos aspectos de la cognición, sino que también es indiferente a los efectos de la educación. Los resultados de los estudios mencionados permiten concluir que de hecho existe un efecto de la edad sobre el rendimiento en pruebas ejecutivas que evalúan la capacidad de planear, a pesar de que se mantiene indefinida la edad precisa en la que este deterioro es evidente por primera vez así como los posibles efectos que tengan la complejidad y las características de prueba de medición que se utilice.
Un estudio reciente demostró que al utilizar una prueba de planificación más ecológicamente válida (la planificación de un horario de trabajo) en vez de una prueba neuropsicológica estandarizada como sería la Torre de Londres, las diferencias en eficiencia entre un grupo joven y uno adulto desaparecen Estos resultados sugieren entonces que la capacidad para planear dependería significativamente del tipo de tarea que se utilice.
(3) Flexibilidad Cognoscitiva
Las capacidades de flexibilidad cognoscitiva en la población adulta han sido extensivamente estudiadas mediante la prueba de Clasificación de Tarjetas de Wisconsin (Wisconsin Card Sorting Test [WCST]), aunque no se han obtenido aún resultados concluyentes encontraron un incremento significativo en el número de errores y respuestas perseverativas después de los 60 años, así como una disminución en el número de categorías completadas. Se reportó un incremento en el número de perseveraciones junto con un decremento en el número de categorías obtenidas.
La mayoría de la investigación sobre flexibilidad cognoscitiva ha demostrado que con el paso del tiempo las personas de edad avanzada cometen más errores de tipo perseverativo y necesitan más tiempo para la realización de la tarea. Sin embargo, estos hallazgos no son siempre consistentes. Estas diferencias podrían ser resultantes de variabilidad en el tamaño de las muestras estudiadas y en inconsistencia en los niveles educativos de los participantes.
(4) Fluidez Verbal
El estudio de los cambios en la fluidez verbal en la población de edad avanzada ha generado resultados opuestos y contradictorios. Mientras algunos autores aseguran que no existe un efecto de la edad sobre la fluidez verbal otros sugieren que los jóvenes obtienen mejores puntajes que las personas mayores en este tipo de pruebas. No se ha encontrado evidencia alguna que sustente la teoría de un efecto negativo de la edad en la fluidez verbal, con la excepción de paradigmas que incluían la manipulación simultánea de información. Algunos autores sugieren que la fluidez verbal se mantiene sin cambio por la edad gracias a que depende de una fuente de conocimiento verbal que se mantiene intacta con el paso de los años. De hecho varios autores han encontrado que el nivel de vocabulario es poco sensible al paso del tiempo y solamente se hacen evidentes en la octava década de la vida.
El desarrollo de las funciones ejecutivas está estrechamente relacionado con la maduración del lóbulo frontal, en especial de la región pre frontal, la cual está relativamente inmadura en el niño recién nacido y continúa su maduración durante la niñez y hasta entrada la adolescencia. Los cambios principales que se observan en el lóbulo pre frontal durante su desarrollo incluyen procesos de arborización, mielinización y sinaptogénesis El desarrollo progresivo de las funciones ejecutivas durante la infancia coincide con la aparición gradual de conexiones neuronales dentro de los lóbulos frontales.
Se han demostrado períodos en el desarrollo humano en los que aparece un desarrollo más marcado de la corteza pre frontal con mayor mielinización, y con el consecuente incremento de la sustancia blanca. El primero de estos períodos se observa entre el nacimiento y los 2 años, el segundo entre los 7 y los 9, y el último al final de la adolescencia, entre los 16 y los 19 años.
La relación entre las funciones ejecutivas y los lóbulos pre frontales ha sido igualmente confirmada por estudios con poblaciones infantiles que presentan daño cerebral. Así, por ejemplo, los niños con lesiones frontales presentan dificultad en la solución de problemas, con disminución de su flexibilidad cognoscitiva.
Se ha observado además que estos niños tienen reducción en la capacidad para planear así como en el control de sus impulsos. Está claro, sin embargo, que los lóbulos frontales dependen en gran parte de las numerosas aferencia y aferencias con otras regiones del cerebro y, por lo tanto, su maduración no es independiente de otras áreas del cerebro; ello bien podría simplemente reflejar la integración en el desarrollo general de la corteza cerebral. Más aún, se ha sugerido que el desarrollo de las llamadas funciones ejecutivas podría entonces depender en gran parte del desarrollo gradual del lenguaje, de la rapidez en el procesamiento de la información, y de la capacidad de atención y de memoria.
1.3 NEUROPSICOLOGÍA DE LOS LÓBULOS FRONTALES
El estudio científico de la neuropsicología del lóbulo frontal se inicia con Luria (1973), quien atribuye al lóbulo frontal la responsabilidad de la planificación, la coordinación y la monitorización del comportamiento, viéndose reforzado por las investigaciones realzadas en el primer tercio de nuestro siglo sobre los efectos producidos por la lobotomía frontal en pacientes psicóticos (Portellano, 1998).
El propio Luria considero la necesidad de que las áreas pre frontales estuvieran preservadas para que se realizasen de modo satisfactorio las funciones ejecutivas, encargadas de iniciar, supervisar, controlar y evaluar la conducta (Portellano, 2001). Una lesión en estas áreas produce una profunda alteración en los programas conductuales complejos, con marcada deshinbinición ante estímulos irrelevantes.
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El término lóbulo frontal define una entidad estructural, pero no enfatiza el hecho fundamental de que el cerebro es una unidad funcional integrada. Dicho término, a veces se reemplaza por el término “sistema frontal”, que le otorga un matiz más interactivo, pero que igualmente subraya la base anatómica. Actualmente, hay una creciente conciencia de que los procesos mentales del lóbulo frontal describen un “constructo” más que funciones anatómicas (Soprano, 2003). En realidad, y según el anterior autor, términos tales como “control ejecutivo”, “sistema supervisor” o “síndrome disejecutivo” remiten más directamente al concepto psicológico que al trastorno anatómico. A este substrato neuroanatómico y neurocomportamental se le ha denominado de manera genérica, frontal, pre frontal o áreas cerebrales anteriores, de ahí que estas referencias se toman como sinónimos en la literatura neuropsicológica (Pineda, 2000) haciendo referencia en realidad a diferentes zonas de la corteza pre frontal.
Esta zona, representa la parte del cerebro que se sitúa por delante del surco central, constituyendo el 30% de la masa cortical (Fuster, 1997). Es la región cerebral con un desarrollo filogenético y ontogenético más reciente, y la parte del ser humano que de manera más significativa nos diferencia de otros seres vivos y que mejor refleja nuestra especificidad (Goldman, 1984). Constituyen en la especie humana un tercio de la masa total de los hemisferios cerebrales, abarcando todo el tejido situado por delante del surco central, que constituye el límite posterior. Por su parte inferior el límite de los lóbulos frontales lo constituye la cisura de Silvio o cisura lateral, en su zona medial el límite lo forma el surco singular y justo por encima el cuerpo calloso. Esta zona de la corteza cerebral no es funcionalmente homogénea.
El lóbulo frontal no actúa como una unidad funcional, sino que puede dividirse en distintas regiones cuya citoarquitectura, filogenética, especificidad funcional e interconexiones son diferentes. Según criterios cito arquitectónicos y funcionales resultan tres grandes divisiones corticales frontales: córtex motor, córtex premotor y córtex pre frontal.
No existiendo acuerdo entre los diversos investigadores con relación a esta subdivisión. Así, Passingham (1993) y Portellano (1998), considera que el lóbulo frontal puede dividirse funcionalmente en dos bloques bien diferenciados: corteza motora, que comprende el córtex motor primario y el córtex premotor y área prefrontal, que ocupa el polo frontal del cerebro y
constituye la mayor parte de la superficie externa e interna de ambos lóbulos frontales, encargado entre otros aspectos de regular la programación, la toma de decisiones y la ejecución de las actividades.
Stern y Prohaska (1966), por su parte, describen tres áreas diferenciadas: dorsolateral, orbital y medial. Estévez, García y Barraquer (2000), también coincide en tres partes, aunque discrepan con relación a su denominación y ubicación: dorsolateral, orbitofrontal o ventral y frontal media o paralímbica o frontal límbico, mientras que Stuss y Benson (1984,1986) señalan cuatro áreas: dorsolateral, basal, medial y orbital. Quintana dividen el córtex frontal en función de las proyecciones que reciben de los núcleos talámicos específicos: (a) Córtex precental: incluye área pre motora y área motora suplementaria (AMS), y sus proyecciones proceden de los núcleos ventromediales. (b) Córtex prefrontal o anterior, recibe proyecciones del núcleo dorsomedial del tálamo y (c) Córtex singular, con proyecciones que provienen del núcleo ventral anterior.
La importancia, por consiguiente, del lóbulo frontal es cualitativamente superior a la de las restantes áreas del córtex. Ya que, en ella reside una gran parte tiene una función asociativa, con capacidad para integrar las distintas funciones sensoriales, facilitando la programación de la inteligencia y el pensamiento abstracto.
1.4 NEUROANATOMÍA FUNCIONAL DE LOS LÓBULOS FRONTALES.
Los lóbulos frontales son las estructuras más anteriores de la corteza cerebral, se encuentran situadas por delante de la cisura central y por encima de la cisura lateral. Se dividen en tres grandes regiones: la región orbital, la región medial y la región dorsolateral; cada una de ellas están subdividida en diversas áreas. A continuación se revisan de forma breve las características funcionales y anatómicas de estas áreas.