Desde la Puerta del Sol
La Puerta del Sol madrileña, en la que se encuentra el punto kilométrico 0 de España, creemos es un buen enclave para formalizar un juicio de lo que pasa en el país, lo que podemos alargar a Hispanoamérica y al resto del mundo. Con esa idea nos hemos situado junto el oso y el madroño, desde donde saludar a nuestros amigos
oco ha variado el ambiente en cuanto a las inquietudes que tenemos respecto a España. Eran de esperar. En todo caso, que el pasar de los días y cumplirse los acontecimientos que había previstos para el domingo 14, la cosa iría a peor. Dicen algunos, a través de la prensa, que Pedro
Sánchez ha sacado el asunto tal como lo tenía previsto con su mago Ivan Redondo. Si no resbala todavía algún voto en sentido contrario, el PSOE del exministro de sani-dad que tan colosalmente ha llevado el te-ma del coronavirus, señor Salvador Illa, ha quedado el primero por número de votos aunque con los mismos escaños que ERC, lo que le deja al pie de los caballos, según el dicho popular.
No obstante, lleno de ardor combativo, rá-pidamente se ha lanzado el señor Illa a las clásicas consultas con todos los partidos políticos proponiéndoles que le nombren presidente de la Generalidad, que no hay nada mejor. Omitiendo, en dicha consulta, a VOX que, como se va extendiendo por campos y ciudades, al parecer es portador
de un virus peor que el covid-19 con el que se las ha tenido el señor Illa, debiendo ser portador de señales aciagas, nefastas para la política, por más que resulte el único par-tido que anuncia la vida sana, el sol cautivador, la paz verdadera, la verdad y no pocas otras canciones que alegran el haber nacido y el poder discurrir por este mundo tan funesto, tan putrefacto, con tan pestilente olor. ¿Por qué le tienen tanta tirria toda la iz-quierda y los separatistas? ¡Ah! Seguramente porque es el partido que pone mayor
ím-P
Todo sigue igual…, pero peor, Emilio Álvarez
Frías
La hipnosis de la serpiente o el mal de Cataluña, Javier Barraycoa
Sánchez ha dado su mayor victoria al independentismo, Francisco Torres García Los muertos que VOX matáis, José Alejandro
Vara
VOX a Gabriel Rufián como el mosso
constitucionalista: «La república catalana no existe, imbécil», Segundo Sanz
Buscando explicaciones, Manuel Parra Celaya Podemos pagó a otra fundación vinculada a Montero 100.000€ en cursos para una «nueva cultura militante», Teresa Gómez y Fernán
petu en que España no se vaya al garete y encamine su ruta por donde siempre debió andar.
En esas anda el licenciado Illa. Esperanzado con acceder al más destacado asiento de la Generalidad, lo que le resultará sumamente difícil ya que los partidos independentistas, que lo tienen sencillo, harán lo necesario para juntándose y acaparar todos los cargos de la misma. El listo ha sido Miguel Iceta, el anterior secretario del PSOE en Barcelona, que, conociendo el percal, e intuyendo lo que podría pasar, hizo el cambio por el minis-terio de Política Territorial y Función Pública.
Aunque lo españoles lo hemos querido ocultar durante todos estos años, quizá por la ilusión de entrar en un periodo en el que íbamos a conseguir lo que nos faltaba en cuando a la libertad tan cacareada por otros gallineros, o por porque por vaguería teníamos la esperanza de equivocarnos, delegamos en el hado que nos proporcionaría los hojalateros que podían ir soldando las puntas que habían ido quedando sueltas en el texto de la Constitución, o los lañadores que empalmaran todo aquello que aparecía como volátil. Pero, lo cierto, lo que terminó sucediendo es que esos hados se equivocaron y contra-taron a unos hojalateros y lañadores que se ocuparon de coger los trozos de la Cons-titución que no quedaban claros y, mediante nuevas leyes y reglamentos, fueron retor-ciendo lo que unos pusieron con empeño y otros con diferentes miras. Quizá, aunque estuviéramos tan contentos, la transición empezó con mal pie al empeñarse en ver a todo el mundo como bueno, santificado. Y no fue así. Los que no se confesaron y por ello no renunciaron a las inclinaciones negativas de su ADN, fueron propensos a sacar adelante los órdenes que ese ADN indicaba.
Franco, el «dictador», encarriló el camino que se podía seguir, sin imponer ninguna con-dición. Dejó bastante claro que a él ya no le correspondía dirigir los destinos de España y pensó que encomendaba el país a un responsable, el rey Juna Carlos I, que, con todos los cambios que sabía habían de producirse, seguiría por la trocha que tanto había cos-tado limpiar de virus nocivos, de hierbas venenosas, de rocas que podrían cambiar el recorrido. Como edecán más adelantado, el rey se apañó con Adolfo Suárez y fue bus-cando nuevos colaboradores cuyas inclinaciones eran distintas.
El transcurso del tiempo fue aportando con un material humano de menor preparación, con intenciones distintas a las que aceptó la transición en el primer momento, for-mándose gobiernos que cada vez eran menos representativos, la calidad de sus compo-nentes iban siendo manifiestamente más bajas, y poco a poco, sin apreciarse demasiado, se iba desmoronando también el ADN del país. El toque de campana que anunciaba que se estaba produciendo un incendio lo dio el 23F. Donde hubo de todo: errores, traiciones, cobardía, miedo, y discurso del rey. Y luego, la acción de los nuevos lampistas y hojalate-ros que, pasando el gobierno de unos a othojalate-ros, no supieron actuar con la seriedad que el caso merecía, con la energía precisa, permitiendo que la porquería se fuera acumulando más, tanto por debajo como por encima de las alfombras, ya fuera en los palacios o las escombreras, rebajando el nivel de los valores tradicionales, adoptando nuevos modos destructores,... hasta caer en la ciénaga en la que nos encontramos.
Lo diremos una vez más para no ser confundidos por nuestras apreciaciones sobre la marcha del país y de quienes asumieron la obligación de acrecentarlo en todos los aspec-tos respecto a cómo lo tomaban, pues es condición de todo heredero hacer lo preciso para entregar el patrimonio en mejor situación que lo tomaron. Desde nuestra pequeña atalaya, desde nuestro castillo interior que diría Teresa, la santa de Ávila, nos movemos y manejamos con ideas propias –seguramente no siempre certeras aunque sí encamina-das desde la honradez y la honestidad– pues, queriendo ser libres, no nos sometemos a los dictados despóticos con los que no comulgamos, sean de quien sean, ni los
compor-tamientos de ninguno de los partidos políticos que campan por España. A lo más, a veces coincidimos con alguno en momentos puntuales y a él le damos
nuestro voto aun sabiendo que no harán un total buen uso de él. Somos lo que de vez en cuando surge en cualquier rincón del país, un Juan Español hasta las cachas como diría un castizo, defensores de los valores de los que fuimos dotados al nacer, y opuestos a todo propósito que los descerebrados, pérfidos y malvados intentan im-ponernos.
Por ello tenemos como tótem al botijo, pieza de artesanía que ya existía en España en tiempos de los fenicios, que se ha seguido fa-bricando con la misma hechura aunque los distintos alfareros, a lo largo de los siglos, han ido introduciendo variedades sin salirse del
esquema básico, complementado a veces artistas en su decoración. Como recuerdo de esa antigüedad, hoy traemos un botijo de cultura fenicia, del siglo IV a.C., sin duda ori-ginal, con la boca vertical en un lateral y pitorro en forma habitual.
ay un mito sobre las serpientes: su capacidad de hipnotizar a las presas dejando-las inmovilizadas e incapaces de defenderse. Cierto o no, el victimario animal tiene una característica parecida. Ante un depredador, y agotada la presa, esta se deja morir entre sus fauces como aceptando un fatal destino contra el que es imposi-ble luchar.
Esta reflexión viene a cuento de lo que está aconteciendo en Cataluña durante décadas. La población catalana se ha ido dividiendo subliminalmente en depredadores (que se disfrazan de víctimas) y víctimas (a las que se les acusa de depredadores). El naciona-lismo ha tejido una red simbólica de la que es prácticamente imposible pensar una Cata-luña sin una elite dirigente nacionalista copando todos los resortes de poder que la Constitución le permite, a la par que todos
los abusos igualmente consentidos por los gobiernos centrales.
Durante décadas se ha estado alimen-tando al depredador. Y a la víctima, otrora robusta, se la ha dejado languidecer como preparando su postrer sacrificio. Una par-te fundamental de la sociedad catalana nunca ha encontrado en los gobiernos de España, desde la Transición, respaldo al-guno ante los ataques incesantes, prime-ro sutiles y luego abrumadores, del nacio-nalismo. Las autoridades autonómicas
han quebrados leyes, derechos y dignidades… y desde Madrid sólo llega un silencio cóm-plice.
El Virrey de Cataluña, Jordi Pujol, fue un niño consentido desde Madrid que bien sabía los pasos que debía dar y el ritmo que había de marcar. PSOE y PP fueron sus
progeni-H
tores A y B. Y si bien Cataluña, en 1978, fue una de las regiones de España que más apoyo dio a la Constitución, solamente en cuatro décadas el constitucionalismo se ha visto reducido a cenizas. Y que nadie crea que el PSC es constitucionalista, pues su deseo más íntimo es dinamitar el texto constitucional desde el interior de sus tripas. El PSOE siempre fue mecido por la mano de PSC que obligó a Felipe González a salvar el pellejo de Pujol en el caso de Banca Catalana. El PP consumó la traición a sus votantes catalanes con el Pacto del Majestic.
En las democracias, la casta política se convierte en la elite aristocrática que dirige las masas. Y cuando las elites traicionan a los suyos, estos primero sufren una fase des-nortada, en la que aún fían sus intereses a sus dirigentes. Si la traición persiste, les do-mina una inercia apática y aún prestan sus voluntades (votos) a los que dicenepre-sentarles. Por fin, si la situación se prolonga angustiosamente, se retiran a un remanso sombreado a esperar la muerte política (la abstención).
Este fenómeno lo vimos cuando Pascual Maragall, contra la voluntad de muchos catala-nes, incluso de sus votantes, propuso una reforma es-tatutaria que nos llevó a la situación actual. El por-centaje de votos real que recibió el nuevo Estatuto no llegó a un 30% del censo. Pero fue la excusa para que el separatismo tuviera un casus belli, por haber sido retocado ligeramente el texto por un Tribunal Cons-titucional totalmente deslegitimado por su tardanza y obediencia penosa al gobierno.
La mayoría de catalanes rechazó el Estatuto de 2006… pero desde la abstención. Las masas democráticas cuando no se atreven a enfrentarse a sus oligarquías, no se revelan, no votan contra ellas, simplemente se retiran a la cueva de la abstención. Las elites catala-nistas no consiguieron movilizar tampoco a la mayoría de catalanes para participar en su absurdo referéndum del 1 de octubre de 2017. Pero la inanición de los go-biernos de Madrid, dejaron entender que ellas eran los depredadores y Cataluña su coto. Los partidos nacio-nales entregaban a sus votantes a los voraces partidos nacionalistas.
El fenómeno de las elecciones del 14 de febrero lo hemos visto repetirse en otros comi-cios con abstenciones masivas rozando el 50%, siendo paradójicamente elecciones cru-ciales para el destino de Cataluña y España. ¿Cómo interpretar esta incongruencia? La explicación es relativamente sencilla: una masa de electores no independentista se ha sentido profundamente abandonada por los partidos nacionales. Sólo el PSC ha sabido jugar su baza en estas últimas autonómicas haciendo una campaña más españolista que la de Vox. El PSC se ha puesto su disfraz de PSOE, reclutando el voto que antaño le había robado Ciudadanos.
Pero las cifras no cuadran. Faltan muchos votos, miles y miles, que se han quedado iner-mes en casa, incapaces de enfrentarse a la serpiente separatista. Ante ella, y sin sus elites, no han sido capaces de movilizarse y luchar para cortar la cabeza al reptil. Se han quedado hipnotizados, en sus casas, esperando una muerte de la que podían haber esca-pado si alguien les hubiera liderado. Pero no había nadie. Sus líderes estaban en Madrid, negociando unas poltronas a cambio de un territorio llamado Cataluña. Nada ha cam-biado en estas elecciones, excepto quizá un voto de resistencia que no quiere creer ya
en líderes ni en partidos; un voto de hastío, pero no de derrota; un voto que clama estar dispuesto a sobrevivir ante el depredador, mande quien mande en Madrid, traicione quien traicione en Madrid. Mucho se ha de ver y padecer aún en estas tierras de la Cata-luña hispana, pero no todo es masa informe. Y entre el erial hay rocas inamovibles contra las que habrán de chocar los depredadores y los que los han criado.
(El Correo de España)
iempre dejo algún breve lapso de tiempo a la hora de analizar los resultados de unas elecciones y la respuesta que a ellos da cada actor. Valga cómo inicio decir que la noche del domingo se hicieron irremediablemente reales los datos previsi-bles de las elecciones catalanas con el triunfo independentista. Una consulta que ha tenido algo de cuento de la lechera para el habitante de la Moncloa. Recordemos que estos comicios se han realizado condicionados, limitando aún más de lo habitual la liber-tad en Cataluña, por decisión de Pedro Sánchez y contra el inicial criterio en contra de casi todos. La justicia –no podía ser de otro modo– se apresuró a darle la razón cuando impugnó la norma que las aplazaba y no ha habido valor en la Junta Electoral para frenar un desatino que llevaba directamente a una alta abstención.
Han sido unas elecciones cocinadas por los hábiles gourmets de la Moncloa de la mano del célebre Iván Redondo, el hombre del presidente al que habrá que motejar de Iván el Terrible (cuentan que en el PP suspiran por un Iván). Estos tenían en su mano todos los
condimentos necesarios para presentar un plato único que debía de ser aderezado con el aroma de las encuestas para servirlo cali-ente al votante. Y la verdad es que casi le sale bien al inquilino de la Moncloa, aunque al final no haya conseguido todos los objeti-vos que tenía previstos en la minuta del 14 de febrero. Al menos, en los postres, rehe-chos en función de las circunstancias de la noche electoral, podía afirmar que el socia-lismo había ganado las elecciones, e incluso animar a jugar de farol cuando su candidato, el exministro Illa, anunciaba que se presen-taría para formar gobierno. Misión imposible, porque la pequeña distancia obtenida en una victoria a los puntos hace imposible al socialismo obtener la presidencia de la mesa del parlamento autonómico, lo que es clave para ser candidato. No parece, a fecha de hoy, que ningún juego de pactos –el PSOE no es ni un mal necesario para los independentistas–, salvo que una explosión del odio latente que existe entre ERC y Juntos por Cataluña cambiara la situación, pude investir a Illa. Aunque en caso de no conseguir el pacto independentista, lo que dicta la lógica es que nos viéramos abocados a nuevas elecciones en octubre. Pero Sánchez es un hábil jugador que maneja bien sus cartas y sabe moverse explotando las ambiciones de unos y otros, por lo que sabe hacer de la necesidad virtud.
Aunque nadie ha querido entrar en ello a la hora de trazar el análisis de lo sucedido, de estas elecciones se extrae una irreal conclusión inicial: la catastrófica gestión de la pan-demia, la crisis sanitaria actual y el anuncio de la crisis económica inmediata, no pasa
S
factura electoral a Pedro Sánchez (la apuesta arriesgada por el Ministro de Sanidad, responsable último de una gestión en la que se han dejado la vida más de 120.000 españoles y que ha abierto una sobremortalidad aún no valorada en toda su extensión, ha sido un éxito), ni tampoco a los responsables autonómicos de la catástrofe. Ahora bien, esta lectura inicial, facilona, se revela en la reflexión como errónea porque en Mon-cloa ya habían descontado ese castigo, situándolo en el terreno de una abstención como opción, a la que había que dar la posibilidad de utilizar esa vía de escape desincentiván-dola a participar. Para ello mantener las elecciones en la fecha prevista y aminorar me-diáticamente los costes se presentaba como lo más ventajoso.
Cuando Tezanos y su CIS cocinaban las encuestas lo hacían estimando que en las elec-ciones catalanas, atendiendo a la situación sanitaria, solo iban a acudir a las urnas, ma-yoritariamente, los votantes fidelizados de cada opción, aquellos a los que era más fácil movilizar, lo que arrojaba unos resultados favorables para un PSOE que podía recuperar el voto que en las anteriores migró hacia Ciudadanos, solo era necesario difundir un dis-curso de tonos medios moderadamente alejado del independentismo, que sonara bien (algo que el PSOE ya había hecho con Maragall y Montilla para luego dar alas al nacio-nalismo). Ese movimiento táctico, asumiendo que Cs era una opción neutralizada, junto con la desafección general, podía dar una victoria suficiente a Illa, que en el caso de Cataluña se movía en unos pocos puntos por-centuales de diferencia. Lo demás era cues-tión de aritmética.
El sueño de Sánchez era clonar su modelo en Cataluña. Un ejecutivo en minoría que obli-garía a la siempre molesta ERC a seguir ata-da a su destino. Ha fallado el cuento de la le-chera por el exceso de abstención que ha so-brepasado en 10 puntos lo previsto y el nau-fragio absoluto de Ciudadanos, pues la pelea por los últimos escaños ha estado básicamente entre ERC y Juntos por Cataluña, con lo que no variaba el bloque independentista. La resultante ha sido la victoria de los indepen-dentistas que pueden gobernar en coalición, o incluso dar a ERC un gobierno en minoría de izquierdas con la abstención socialista o con su apoyo, porque Sánchez los necesita para mantener el gobierno nacional. Y Sánchez sabe hacer de la necesidad virtud porque él juega siempre con el ahora y no con el mañana.
El empeño de Sánchez, por mero cálculo electoral, a la hora de celebrar de forma inme-diata las elecciones, ha dado a los independentistas su mayor victoria, pues sus votos se sitúan por encima del 50%, con lo que pueden presentarse avalados por una falsa legitimidad popular. Las consecuencias las vamos a pagar todos los españoles, incluyen-do a los catalanes.
A diferencia de Sánchez, los independentistas no se engañan. Saben que el hecho de que solo haya votado la mitad del censo, que por tanto todos hayan obtenido menos vo-tos que antes –todos menos VOX–, muestra un índice general de rechazo importante – los catalanes de a pie no han votado– y que, en estas circunstancias, de celebrarse un referéndum inmediato lo perderían; tampoco es tiempo de declaraciones de indepen-dencia fulminante (ERC y la CUP asumen que la situación social y económica en Cataluña tiene negros nubarrones a la vista a los que hay que hacer frente para llegar a la repu-bliqueta). Necesitan tiempo para ganar el referéndum y para pasar la factura a Sánchez durante el resto de la legislatura a cuenta de los Presupuestos Generales del Estado. Por ello, se han dado un plazo de cuatro años para poder asegurar el control del voto en esa
consulta y encararla de forma segura; pero eso hay que hacerlo desde el poder. Lo había dicho la CUP y está en la propuesta para un pacto de investidura que, de un modo u otro, bajo el lema «Indultos, consulta y autodeterminación», se fue filtrando en la noche electoral: referéndum en 2025. Paso previo para la destrucción de España.
Lo que ha sucedido es que los independentistas, fundamentalmente ERC, tienen a Sán-chez donde querían y SánSán-chez, en este juego, puede acabar siendo el cazador cazado. También esto se puso de manifiesto en las sucesivas comparecencias de la noche elec-toral.
Como daños colaterales Sánchez esperaba la caída de Ciudadanos y una nueva vuelta de tuerca para la argolla con que sujeta a Igle-sias, al asumir que en una coalición el más po-deroso acaba, como Saturno, devorando a sus hijos. Sin embargo, contadas las papeletas, es-to solo parcialmente se ha producido. Iglesias ha mantenido sus resultados, pero en Cataluña está Colau que mantiene al partido fuera de las quiebras internas, por lo que, salvo a efectos de propaganda, nada hace presagiar que Unidas Podemos vaya a obtener réditos políticos de su paso por el gobierno, aunque Cataluña le haya dado un respiro. Se ha confirmado, por otro la-do, que la estrategia de Arrimadas, su centrismo progubernativo, sólo conduce a la mu-erte política de Ciudadanos o al retorno de Albert Rivera, y que su voto se fracciona irre-mediablemente hacia el PSOE y hacia VOX, aunque en Cataluña una gran parte se haya quedado en casa.
VOX ha sido el gran triunfador de la noche, lo que resulta innegable, no solo por sus escaños sino porque ha conseguido representación en las cuatro provincias catalanas, lo que se antojaba complicado, abriendo aún más la crisis latente que hay en un PP al que VOX ha cuadriplicado. Dato importante, porque VOX es un partido insuficientemente es-tructurado territorialmente, con una capilaridad reducida y unos liderazgos regionales débiles y en muchos casos mudos, y a pesar de eso está creando graneros de votos de singular importancia a nivel nacional.
Eso sí, Sánchez también tiene al PP donde quería, acomplejado y en bronca pelea con VOX, con un equipo de gobierno cada vez más desnortado incapaz de ver que han caído en la trampa de Sánchez.
(Vozpópuli)
rtega Smith ya apenas vocifera. Ni siquiera invade Gibraltar o vota a bríos. Parece hasta más bajito y se le ha puesto cara de oficial de la guardia suiza. Iván Espi-nosa no incurre en el humor vitriólico y los chistes agresivos de sus primeras campañas. Maldita la gracia. Se maneja ahora con temple de notario y esa circunspección de quien ha extraviado las interjecciones. Rocío Monasterio tiene ya más de lo segundo, de lo monástico, que de lo primero, el ozú. Dejó atrás la bronca y la zapatiesta, se su-mergió en el debate sobrio, en la trifulca contenida. Saca las uñas cuando es preciso,
frunce el ceño cuando la irritan pero acompasa sus famosos arranques coléricos al metrónomo de Beethoven, siempre más lento de lo que imaginas. Macarena Olona gasta aún usos de fierecilla indomable, con todos sus colmillos al viento y la quijada en guardia permanente. Su verbo es hiriente como un alfange y suave como el flautista de Manet. Santiago Abascal siempre fue así, rudo por fuera y prudente por dentro, de esa ama-bilidad puesta en razón. No le agradan los gritos sino los argumentos. Expele, eso sí, una imagen que a tantos seduce y a unos cuantos confunde.
Poco conservan los dirigentes de Vox de aquella estampa de jóvenes airados con la que irrumpieron en la escena andaluza hace un par de años y se hicieron con doce diputados en el inexpugnable cortijo socialista. ¿Y estos, quién coño son? Defendían el campo, los toros, la caza, el gazpa-cho, las sevillanas y la bandera de España. Repudiaban la inmigración ilegal, los chiringuitos de amiguetes, el feminismo hipertrofiado, el ecolo-gismo ortopédico y el comunismo en todas sus variantes. Los tacharon de ultraderecha, franquistas, maltrata-dores, pistoleros, tramperos, tram-posos y trumpistas. Súbitamente, doce escaños. Algo pasaba.
En las generales subsiguientes, las de abril del 19, lograron 24 escaños y el PP, atentos, se quedó en 66. Algo seguía pasando. En las municipales y regionales se erigieron en pieza clave en Madrid y Murcia y se hicieron importante hueco en Burgos, Santander, Badajoz, León, Almería, Guadalajara, Granada, Alicante y algunas más... Pasaba algo, en efecto, ¿pero qué? En las generales de noviembre, 52 diputados. La consagración. Se acabaron las dudas y las incógnitas y se despejaron algunos interrogantes. Se evaporó el fantasma de lo efímero, se desintegró la coartada de la casualidad. Tercera fuerza en el Congreso. Luego se produjo el chasco en Galicia y la sorpresa en País Vasco. O sea, un empate. Y ahora, el estallido catalán, once escaños, más que PP y Cs juntos.
El voto de la cólera, la papeleta del cabreo
El voto del cabreo, claro. De la protesta y hasta de la cólera. Hay gente que incluso en el estanque dorado catalán, ese paraíso sedado y maniatado, todavía siente una cierta molestia cuando le pisan el cuello, le tapan la boca y observa cómo le trepanan las neuro-nas a sus hijos en el patio de la escuela. Esos catalanes furiosos ya inundaron las calles de Barcelona tras el discurso del Rey, llenaron primero los balcones con banderas y luego las urnas con votos de Ciudadanos, que ganaron las elecciones.
En esto llegó Vox. También de la nada, de cero escaños, como en el milagro andaluz. Un hecho accidental, un movimiento puntual, un ladrido aislado, la queja del hartazgo, fugaz y pasajera... los politólogos jibarizan la magnitud del cimbronazo. «No compiten en la liga de los grandes, juegan a otra cosa, están en el extrarradio de la realidad, en los suburbios de lo concreto, en otro planeta».
Este domingo, con menos pasión, quizás la pandemia, quizás las dudas, esta singular especie de indomables no ha pestañeado en el momento de confiar su papeleta a un ignoto odontólogo, joven y «negro» (como decía ese pseudofilósofo de flequillo imbécil en el debate de TVE, el menos visto de la historia), a quien han perseguido, escupido y
hasta apedreado con esa saña que los racistas amarillos le dedican a cuantos descreen de las consignas supremacistas y se apartan del rebaño estelado.
Bueno, quizás estos marcianos hayan llegado para quedarse. Quizás se trate de un fenó-meno sociopolítico similar al de Podemos en 2015. Quizás sea, en efecto, algo transitorio, como la canción del verano o un dolor de barriga. El caso es que aquí están, han entrado en la Diagonal y han plantado sus reales en la Ciudadela. Con fuerza creciente y con enormes posibilidades de arrinconar al bloque de la derecha y enviar al PP y a Cs al ce-menterio de elefantes. Sólo si Casado y Arrimadas reaccionan con vocación de unidad, aparcan sus ambiciones personales y fusionan al unísono sus pasos en defensa de la Constitución podrían esquivar su incierto futuro. No lo harán. Abascal, claro, seguirá
cre-ciendo. En esos «arrabales» de los que hablan los profetas. También Le Pen empezó en los
bidonvilles y ahí la tienen, a dos
pasos del Elíseo.
En este infernal presente, la di-rección de Vox se ha alejado de su caricatura. Ofrece una es-tampa de tanta serenidad «que es ya dolor», como escribió Cla-udio Rodríguez. «No teman, ya no nos dedicamos al asalto ni al degüello», podrían bromear en homenaje a los salvajes uilita-rios de Borges. Aún los pintan envueltos en cuernos y pieles, como el bisonte aquel que asaltó el Capitolio. Son otros los que cercan congresos y rodean parlamentos, en Madrid, Barcelona o Sevilla. Son otros los que levantan cordones sanitarios y escupen sobre el diálogo, como el candidato Illa, falso hasta en sus melindres.
Gobernar con los golpistas
Vox es el único partido que, en la campaña catalana, no habló de pactos ni cambalaches. Cierto que hospeda a alguna gente de ideario irritante y prosodia chillona. Ecos de las cavernas. Se supone que lo irán puliendo. También es cierto que hay realidades con las que no traga, como la actual burocracia europea (¿quién aplaudiría a Ursula y sus inexis-tentes vacunas?) ni la estructura autonómica del Estado (¿a quién, salvo a Rajoy, le complace el batiburrillo periférico?) ni la ley de violencia de género. Mucha gente no comparte su ideario. Y hasta le repele. Pero nada de cuanto plantea es inconstitucional. Menos aceptable, desde el punto de vista legal, se antoja promover un golpe de Estado, algo que a Illa no le incomoda. Incluso pretende ahora gobernar junto a sus impulsores, aunque sea de complaciente monaguillo, resuelto con los cálices, la campanilla y las vinajeras.
Abascal ha ratificado en las urnas que su discurso de claridad y firmeza tiene amplia acogida en un sector del electorado. El sentimiento de hartazgo aflora imparable, el dra-ma le remite oleadas de náufragos hacia su orilla. No parece que vaya a quedar, al me-nos de momento, desplazado a esos «arrabales de la irrealidad» al que le envían las ca-catúas. Todo lo contrario. Vox se ha erigido en una fuerza fundamental para hacerle frente a la creciente pesadilla. La noticia de su efímera existencia parece prematura.
(OKdiario)
l debate de la moción de ERC para emplazar al Gobierno a negociar un «referéndum de autodeterminación», iniciativa que ha rechazado el PSOE, no ha salido como esperaba al portavoz de los republicanos en el Congreso, Gabriel Rufián, que ha escuchado como el diputado de Vox Javier Ortega Smith ha recordado aquellas palabras del mosso constitucionalista para espetarle a la cara: «La república catalana no existe, imbécil».
Así, durante el debate de dicha moción, apenas tres días después de las elecciones cata-lanas donde Vox irrumpió con 11 escaños como primera fuerza constitucionalista frente a la negociación de ERC y PSC, la formación de Santiago Abascal e Ignacio Garriga ha sido objeto de múltiples ataques por parte de Rufián, que ha vuelto a calificar de «fas-cista» al tercer partido del país y cuarto en Cataluña, con cerca de cuatro millones de votantes.
Ante tales mentiras y descalificaciones, Ortega Smith ha señalado: «En Cataluña la re-presión la sufren los padres que quieren educar en libertad a sus hijos, los comerciantes
que quieren rotular sus tiendas como les dé la gana, todos los catalanes que se siente orgu-llosos de Cataluña pero tam-bién de España y quieren ha-blar en la lengua materna y no pueden, o partidos como el un-estro que intentan hacer una campaña libre y democrática y no les dejan sus esbirros». «El 14-F los separatistas han recibido uno de cada cuatro votos de todo el electorado ca-talán, y hablan del proyecto de la república catalana… sobre esto no ahondaré mucho; repetiré aquella frase mítica de un mosso d’esquadra a un violento manifestante del 1 de octubre: la república catalana no existe imbécil», ha sentenciado Ortega Smith, dejando en silencio a la Cámara antes de los aplausos de la bancada de Vox.
Ortega Smith también ha criticado a Rufián que lo del 1-O del año 2017 no fue un «re-feréndum de autodeterminación», sino «el preludio de un golpe de Estado, desacataron a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, desobedecieron la sentencia de los tribunales, pisotearon la Constitución», ha lamentado.
«Quemando Barcelona»
Además, el también portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid ha negado, a diferen-cia de lo que sostiene ERC en su moción, que los independentistas sean «gent de pau» («gente de paz», ha dicho en catalán), cuando «están quemando Barcelona porque se ha cumplido la orden de un tribunal», ha recordado en alusión a los disturbios callejeros
E
contra la condena y orden de prisión para el rapero Pablo Hásel por múltiples delitos. Sin embargo, este delincuente es icono de los independentistas y de Unidas Podemos, parti-do presente en el Gobierno de la Nación que incluso ha registraparti-do en el Ministerio de Justicia la petición forma de indulto para el rapero.
La formación de Pablo Iglesias se ha abstenido en esta iniciativa de ERC, ya que si bien comparte la celebración de un referéndum de autodeterminación, no ve oportuno el mo-mento de presentación de esta moción dado que todavía no se ha formado el Govern ni se ha convocado la «mesa de diálogo» Moncloa-Generalitat, según explican los morados. En concreto, los de Oriol Junqueras señalan en el texto de la moción debatida este miér-coles que «el proyecto de la República Catalana, como sucede en todas las sociedades democráticamente maduras, suscita puntos de vista y valoraciones plurales y variadas dentro de nuestro país; si bien, prosiguen, «esta diversidad de opiniones no constituye una amenaza para la convivencia democrática, justo lo contrario, es un elemento nece-sario para continuar construyendo una sociedad participativa, tolerante y activa desde el respeto a la libertad de pensamiento, de expresión y de participación política del con-junto de la ciudadanía», agregan.
Para finalizar, Ortega Smith ha apuntado a Gabriel Rufián que sólo coincide con él en que muchos trabajadores han votado a Vox en Cataluña. «Prepárese, porque serán millo-nes», le ha advertido.
Fue expedientado
El Departamento de Asuntos Internos (DAI) de los Mossos d’Esquadra llegó a abrir expe-diente al agente que pronunció aquella famosa frase de «¿Qué república ni qué collons? ¡La república no existe!» en el marco de las protestas que tuvieron lugar el 21 de diciem-bre de 2018 contra el Consejo de Ministros celebrado en Barcelona.
En el marco de las aquellas revueltas agitadas por los autodenominados Comités de De-fensa de República (CDR), un agente de los Mossos d’Esquadra trató de impedir junto a otros compañeros el avance de los violentos, entre los que se encontraba un guarda forestal. En ese momento el mosso preguntó al manifestante: «Usted es funcionario co-mo yo ¿verdad? Entonces defiéndeme a mí y no a estos hijos de puta».
Otro agente forestal que participaba en la protesta también espetó entonces al mosso: «Yo defiendo la república». Y el mosso le contestó: «¡Qué república ni qué collons!» Para añadir a continuación, mientras se abría paso entre los radicales y permanecía firme ante sus amenazas: «¡La república no existe, idiota!».
espués de darle muchas vueltas, solo hemos encontrado dos posibles: o esto es de instituto frenopático o se trata de una burda maniobra surgida de covachuelas más o menos secretas. El espectáculo se ha difundido extraordinariamente, como no podía ser menos, y basta con un simple recuerdo: un acto de supuesto homenaje a la División Azul, donde una señorita ataviada con camisa azul lanza una proclama anti-semita, digna de Torquemada, del Conde de Gobineau o de Rossemberg. El escándalo me-diático está servido…
Es muy viejo y gastado el recurso de rodear de una coreografía azul (himno, saludo, ca-misa) algo que, en realidad, estaba en las antípodas de la manera de pensar y de la ma-nera de ser del falangismo; es una variante de otro manido truco que viene a ser un clá-sico de los servicios de inteligencia o de la agitprop: Logra que tu adversario haga lo
que a ti te interesa.
Porque el absurdo y la barbaridad de mezclar a la División Azul con el antise-mitismo, a la Falange con el fascismo o a los herederos de los skin con el patrio-tismo obedecen a esa conocidísima tácti-ca.
Ni siquiera nos cabe una explicación más ingenua: que los promotores, voceros o coreógrafos del acto en cuestión fueran todos alumnos desventajados de la ESO y, en consecuencia, mezclaran en su imaginario infantil a la División Azul, a los Tercios de Flandes, a los tres mosqueteros y a la Guardia Roja; o a la Falange, al Instituto de Colonización, al fascismo y a la ley de ordenación bancaria de 1953, por poner algunos ejemplos de disparates.
Quienes conocemos el pensamiento falangista, sabemos de la oposición rotunda del humanismo joseantoniano, de inequívoco fundamento católico, con cualquier forma de racismo, que es contradictorio además con la interpretación española de la historia, la que promovió el mestizaje y la evangelización de todos los hombres. De igual modo, qui-enes nos hemos aproximado a la historia del siglo XX sabemos de las razones que lleva-ron a la División Azul a su formación y participación en la guerra mundial: el anticomu-nismo, o, como dijo un divisionario, devolver la visita a quienes nos visitaron durante
nuestra guerra civil.
Solo se pueden dejar engañar los ignorantes; o, como hemos dicho, los pacientes de un frenopático; no descartemos, sin embargo, la vieja maniobra de descrédito preparada por inteligencias no muy brillantes.
(OKdirario)
odemos pagó a la Escuela Paulo Freire, entidad vinculada a su fundación Instituto 25M para la Democracia que dirige Juan
Carlos Monedero, más de 100.000 euros para sufragar cursos y seminarios para que sus afiliados pongan en práctica una «nueva cultura militante». Así consta en la documentación que la abogada despedida por Podemos, Mónica Car-mona, ha entregado al juez Juan José Escalonilla que investiga el caso Neurona.
Entre los cientos de folios que la responsable de
cumplimiento normativo –despedida en 2019 por investigar las presuntas
des– aporta a la causa aparecen varios «convenios de colaboración» con uno de los pro-yectos que lidera Rafa Mayoral, secretario de Relación con la Sociedad Civil y Movimien-tos Sociales de Podemos.
En particular, OKdiario desvela los documentos relativos a 2018 y 2019. El segundo de ellos incluye un presupuesto de 102.690 euros para contratar a tres personas (un «coor-dinador general» que cobra 33.665 euros, una persona centrada en «elaboración de con-tenidos» que recibe otros 33.665 euros y un responsable de «organización logística» que se embolsa 20.200 euros). Además, se financian «costes de actividades»: 15.160 euros para «alojamiento y dietas del personal laboral y material fungible como carpetas, bolis o rotuladores».
En lo relativo al ejercicio 2018, aunque no aparece el dinero que Podemos aporta a esta escuela, se recoge que se financian «18 sesiones formativas en las diferentes comunida-des autónomas». La documentación interna del partido expone que el primer módulo versó sobre la «introducción al movimiento popular: proyectos sociales, facilitación
soci-al, comunicación popular y Derechos Hu-manos» y la segunda unidad trató sobre «introducción al movimiento popular». Por otra parte, se celebró un «taller específico de comunicación popular con colectivos sociales» y un «taller específico de intro-ducción al movimiento popular». Las acti-vidades se celebraron en San Sebastián, Barcelona, La Coruña, Gijón, Elche, Ali-cante, Cartagena, Madrid, Segovia, Mála-ga y Valencia.
Tal como recogen las redes sociales de la escuela, a las sesiones acudieron menos de medio centenar de personas. Como se celebraron 18 por año, cada día de charlas le cuesta al partido 5.705 euros.
Los participantes llevaron a cabo encuen-tros en lugares emblemáticos como La Granja de San Ildefonso, en la provincia de Segovia, durante cuatro días. Disfrutaron de obras de teatro («Teatro de la Oprimida»), hablaron de «nueva cultura militante para un partido-movimiento», ecologismo o dere-chos humanos y asistieron a una manifestación por el clima. Asimismo, se celebraron talleres sobre facilitación social, debates sobre el movimiento estudiantil y distintas asambleas. También se montó un espacio feminista, sólo para mujeres, y un taller de «nuevas masculinidades».
Cursos de formación
Estos cursos son la vía con la que el partido recluta a agitadores que defiendan en las calles la ideología podemita. Al comprobar el temario, se puede apreciar la importancia que Podemos concede a la «comunicación popular» para que los activistas utilicen los medios de comunicación para difundir las ideas de la formación de Pablo Iglesias.
Detrás de este centro de formación, tal como ha podido saber este periódico, está Sabela Rodríguez, la ex candidata de Podemos que robó un crucifijo en un debate electoral en un colegio mayor, y Adan Zurdanov, quien se hizo pasar por un joven supuestamente anónimo y ex adicto a las apuestas que, en realidad, tenía un cargo en las juventudes del partido morado. Zurdanov no declaró su conflicto de intereses.
Por otra parte, cabe destacar la opacidad de la Escuela Popular Paulo Freire. A pesar de que las redes sociales de Podemos promocionan constantemente los actos de este centro de pensamiento, no hay transparencia sobre la forma jurídica de esta entidad y su forma de financiación. En su página web únicamente figura el apartado de «Condiciones legales y privacidad», que enlaza directamente a la página web del Instituto 25M para la Democracia.
«Caso Neurona»
El nuevo director de la fundación de Podemos, Juan Carlos Monedero, fue imputado este martes en el caso Neurona, tras un informe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional que revelaba una «factura falsa» de 30.000 dólares (26.000 euros). Los investigadores consideran que esa factura se realizó ad hoc por-que está fechada un domingo 30 de diciembre y, a pesar de ser al filo del cierre del ejercicio, figura como la primera expedida en el año. Además, como ha publicado
OKdia-rio, llama la atención otro contrato
de 30.000 euros a la fundación Ins-tituto 25M para la Democracia para sufragar gastos electorales. Esto, junto al convenio con la escuela que gestiona Rafa Mayoral, completan el cúmulo de movimientos sospe-chosos en el partido de Pablo Iglesias.