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UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
PROYECTO CURRICULAR DE CIENCIAS SOCIALES
LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN CIENCIAS SOCIALES -LEBECS-
DOCUMENTO PARA REGISTRO CALIFICADO Decreto 1295 del 20 Abril de 2010
EQUIPO SISTEMATIZADOR:
Piedad Ramírez, Patricia Liscano, Diego Arias, Nubia Moreno, Juan Francisco Aguilar, Orlando Silva, Jorge Blanco.
MONITORES: Diana Pérez, José Pardo, Miguel González, Kevin Ramírez.
COLABORADORES: Maritza Pinzón, Rodolfo Nieto, Frank Molano, Néstor Fajardo, Omaira De La Torre, Adriana Castillo, Meyra Páez, Víctor Ávila,
Liliana Rodríguez, Luis Carlos Ortiz, José Novoa, Elkin Agudelo, Diana Gómez, Francisco Guerra, Javier Betancourt, Miguel Ramírez, Jorge Luis
Quintero, Eugenio Gutiérrez, Angélica Rodríguez, Angie Castelblanco.
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CONTENIDO
PRESENTACION ... 5
5. CONDICIONES DE CALIDAD DEL PROGRAMA ... 6
5.1. DENOMINACIÓN ... 6
5.2. JUSTIFICACIÓN ... 8
5.3. CONTENIDOS CURRICULARES ... 36
5.3.1.LOSPROPÓSITOSDEFORMACIÓNDELPROGRAMA,LAS COMPETENCIASYLOSPERFILESDEFINIDOS ... 36
5.3.3.PLANDEESTUDIOSREPRESENTADOENCRÉDITOSACADÉMICOS ... 39
5.3.4ELCOMPONENTEDEINTERDISCIPLINARIEDADENELPROGRAMA .... 49
5.3.5.LASESTRATEGIASDEFLEXIBILIZACIÓNPARAELDESARROLLODEL PROGRAMA ... 56
5.3.6.LINEAMIENTOSPEDAGÓGICOSYDIDÁCTICOS ... 56
5.3.7.CONTENIDOGENERALDELASACTIVIDADESACADÉMICAS ... 62
5.3.8.ESTRATEGIASPEDAGÓGICASPARAELDESARROLLODE COMPETENCIASCOMUNICATIVASENUNSEGUNDOIDIOMA ... 64
5.4 ORGANIZACIÓN DE LAS ACTIVIDADES ACADEMICAS ... 64
5.4.1.REFERENTESNORMATIVOSPARALAORGANIZACIÓNYREALIZACIÓN DEACTIVIDADESACADÉMICAS ENLALEBECS ... 64
5.4.2LAPERSPECTIVAINTERDISCIPLINARIA:FUNDAMENTACIÓN CONCEPTUAL ... 66
5.4.3ELSENTIDODELASACTIVIDADESACADÉMICAS ... 67
5.4.4TIPOSDEACTIVIDADESACADÉMICAS ... 68
5.5. INVESTIGACIÓN ... 76
5.5.1.LAINVESTIGACIÓNENLAUNIVERSIDADDISTRITAL ... 76
5.5.2.LAINVESTIGACIÓNENLALICENCIATURAENEDUCACIÓNBÁSICACON ÉNFASISENCIENCIASSOCIALES ... 83
5.5.3ELAPORTEDELOSPROFESORESDELALICENCIATURAEN EDUCACIÓNBÁSICACONÉNFASISENCIENCIASSOCIALESENLA INVESTIGACIÓN ... 84
5.5.4.GRUPOSDEINVESTIGACIÓN... 85
5.5.5 PROYECTOS DEINVESTIGACIÓN ... 87
5.5.6.PRODUCTIVIDADACADÉMICADELOSPROFESORES ... 89
5.5.7.LÍNEASDEINVESTIGACIÓN ... 89
5.5.8.SEMILLEROSDEINVESTIGACIÓN ... 90
5.5.9.PROYECTOSINSCRITOSENELCICLODEINNOVACIÓN ... 91
5.5.10.MONOGRAFÍASDEINVESTIGACIÓN ... 92
5.5.11.LASTICSYLAINVESTIGACIÓN ... 93
5.6. RELACIÓN CON EL SECTOR EXTERNO ... 97
5.6.1.VINCULACIÓNCONELSECTOREDUCATIVO ... 100
5.6.2.TRABAJOCONLACOMUNIDAD ... 107
5.6.3.IMPACTODEGRADUADOS ... 108
5.6.4.GENERACIÓNDENUEVOSCONOCIMIENTOS... 108
5.7. PERSONAL DOCENTE ... 109
5.7.1ESTRUCTURADELAORGANIZACIÓNDOCENTE ... 109
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5.7.3.RELACIÓNDELPERSONALDOCENTECONELSECTOREXTERNO .. 115
5.7.4.DOCENTESCONEXPERIENCIAACREDITADAENINVESTIGACIÓN ... 116
5.7.5.ESPACIOSACADÉMICOSACARGODELOSDOCENTES ... 117
5.7.6.ESTATUTOPROFESORAL ... 117
5.7.7.PLANDECAPACITACIÓNDOCENTE ... 118
5.7.8.PLANDEVINCULACIÓNDOCENTE ... 120
5.8. MEDIOS EDUCATIVOS ... 120
5.8.1.BIBLIOTECASYCENTROSDEDOCUMENTACIÓN ... 120
5.8.2.CENTRODEAYUDASEDUCATIVASAUDIOVISUALESDELAFACULTAD DECIENCIASYEDUCACIÓN ... 128
5.8.3.RECURSOSINFORMÁTICOSYDECOMUNICACIÓN ... 133
5.9 INFRAESTRUCTURA FÍSICA. ... 136
5.9.1.CONSIDERACIONESFINALESSOBREINFRAESTRUCTURAFÍSICA .. 136
6. CONDICIONES DE CALIDAD DE CARÁCTER INSTITUCIONAL ... 137
6.1. MECANISMOS DE SELECCIÓN Y EVALUACION ... 137
6.1.1MECANISMODESELECCIÓNYEVALUACIÓNIMPLEMENTADOSENLA LEBECS ... 137
6.2.1DEFINICIÓN ... 143
6.2.2. ESTRUCTURAADMINISTRATIVAYACADÉMICA ... 143
6.2.3.ESTRUCTURAACADÉMICAYADMINISTRATIVADELPROYECTO CURRICULAR ... 149
6.2.4.SISTEMASDEINFORMACIÓNYMECANISMOSDEGESTIÓN ... 151
6.3 AUTOEVALUACIÓN ... 154
6.3.1.ANTECEDENTESENLAUNIVERSIDADDISTRITAL ... 154
6.3.2ELMODELODEAUTOEVALUACIÓNENLAUNIVERSIDAD ... 156
6.4 PROGRAMA DE EGRESADOS ... 179
6.4.1.ESTADÍSTICASDEGRADUADOSDELALEBECS(2005-2010) ... 179
6.4.2.ESTRATEGIASDESEGUIMIENTOAEGRESADOSENLAFCEYENLA LICENCIATURA ... 180
LOS ESTUDIOS DE SEGUIMIENTO DE EGRESADOS ... 180
MONOGRAFÍAS DE GRADO Y PROYECTOS DE MONITORIA ... 181
UNIDAD DE EGRESADOS DE LA UNIVERSIDAD DISTRITAL ... 182
6.4.3.FORMULACIÓNDEPOLÍTICASSOBRESEGUIMIENTODEEGRESADOS PARALAFACULTADDECIENCIASYEDUCACIÓN... 184
6.4.4.RESULTADOSDELASESTRATEGIASDESEGUIMIENTOAEGRESADOS ENLALEBECS ... 184
RESULTADOS DEL ESTUDIO UNA MIRADA RETROSPECTIVA DE LOS EGRESADOS DE LA FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN PARA LA LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN CIENCIAS SOCIALES DE CIENCIAS SOCIALES ... 185
6.4.4.ESTUDIODEEGRESADOSDELALEBECSATRAVÉSDEENCUESTAS TELEFÓNICASENEL2010-II ... 188
6.4.5.PROGRAMACIÓNDEEVENTOSESPECIALESYENCUENTRODE EGRESADOS ... 189
6.4.6.ELDESEMPEÑODELOSEGRESADOSDESDELAÓPTICADELOS EMPLEADORES ... 190
6.5. BIENESTAR UNIVERSITARIO ... 194
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6.5.2.SATISFACCIÓNDENECESIDADES ... 199
6.5.3.PRESUPUESTOS ... 207
6.5.4.CONSIDERACIONESFINALES: ... 208
6.6. RECURSOS FINANCIEROS ... 209
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PRESENTACION
El presente documento del proyecto curricular de ciencias sociales en su Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital, recoge la síntesis del documento maestro elaborado para fines de Registro Calificado de acuerdo al decreto 1295 del 20 de abril de 2010. Este documento fue elaborado por el equipo de docentes durante los años 2010 y 2011 mediante la organización de grupos de trabajo y el apoyo de los monitores, además se utilizaron los siguientes insumos de acopio de información desde el año 2005: informes de autoevaluación, documentos anteriores de registro calificado y de acreditación de alta calidad, informes de monitorias, balances de coordinación, pasantías de investigación y sistematización y diversos escritos elaborados por docentes y estudiantes que dan cuenta del caminar académico y administrativo de la licenciatura hasta la fecha.
El documento elaborado se presenta atendiendo a cada uno de los requerimientos del decreto 1295 y se hace una recopilación de documentos institucionales y del proyecto curricular que se adjuntan como anexos, dado que contribuyen en la fundamentación y verificación de los procesos académicos y administrativos realizados a través de la amplia trayectoria del proyecto curricular, y a su vez, se constituyen en soportes de las afirmaciones, análisis y consideraciones presentadas.
En general, cada ítem describe las condiciones institucionales, de facultad y del proyecto curricular, y las características del programa académico que se ofrece para la Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Ciencias sociales. Adicionalmente, el documento intenta dar respuesta a todos los requisitos establecidos en el decreto.
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5. CONDICIONES DE CALIDAD DEL PROGRAMA
5.1. DENOMINACIÓN1
Nombre del programa: LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN CIENCIAS SOCIALES
Título otorgado: Licenciado en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales
Año de iniciación: 2000
Duración: 10 semestres
Jornada: Diurna
Periodicidad de admisión: Semestral
Lugar de funcionamiento: Cra. 3 No. 26A-40. Sede Macarena A
Norma interna de creación: Resolución No. 1259 del 17 de mayo de 2000
SNIES: 130143703001100111100
Certificación de alta calidad: Resolución 2240 de junio de 2005. Número total de créditos: 160
Nivel: Profesional Universitario
En 1975 inicia labores la Licenciatura en Ciencias de la Educación especialidad en Ciencias Sociales en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, mediante el Acuerdo 207 del 12 de septiembre de 1975 del ICFES. Posteriormente, en 1981, el Consejo Superior Universitario reglamenta la estructura académica de la Universidad y crea el Departamento de Ciencias Sociales. En 1982 el ICFES realiza una visita de renovación de la Licencia de funcionamiento de la carrera y aprueba, mediante resolución 1072, el programa por una vigencia de 5 años, hasta 1987, y es desde entonces que la licenciatura ha venido funcionando y otorgando el título de Licenciados en Ciencias Sociales. Luego, con la resolución 661 expedida por el ICFES en 1988 se prorrogó la vigencia del programa hasta diciembre de 1992 y en 1993 se inicia un proceso de reforma curricular, que se empieza a aplicar en 1994, adaptando la estructura curricular a las nuevas tendencias del pensamiento, tanto en ciencias sociales como en educación y pedagogía.
Para finales de 1996 se introducen algunas modificaciones al plan de estudios vigente, y se redefine el perfil del egresado como un profesional de las ciencias sociales con un énfasis en investigación. Luego, en los dos años siguientes se desarrolló una interesante discusión y reflexión interna acerca del perfil profesional, las características de la carrera, y las implicaciones del decreto 272 de 1998 sobre formación de profesores. La implementación del decreto se adelantó con base en una reflexión colectiva que implicó la realización de seminarios internacionales, eventos, talleres, la presentación de propuestas por parte de los diferentes grupos de profesores, estudiantes y egresados, y un amplio proceso de
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7 consulta acerca de las características que asumiría la nueva licenciatura. Algunas de las principales discusiones quedaron registradas en un video y el documento de la licenciatura en la Revista Conjeturas (ver anexo 1 Revista conjeturas No 5).
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5.2. JUSTIFICACIÓN2
La historia de las ciencias sociales, está marcada por un proceso que, podría resumirse, va de una creciente disciplinarización a la configuración de escenarios de interacción disciplinar. Se ha pasado de la proyección de unas ciencias sociales que buscaban configurarse separadamente, cada una en la búsqueda del reconocimiento de su estatus como ―ciencia‖, al uso de conceptos como interdisciplinariedad, multidisciplinaridad o transdisciplinaridad o, incluso, a perspectivas ―indisciplinadas‖. Estas transformaciones han afectado, sin duda, las formas de concebir la enseñanza de las ciencias sociales tanto en los ámbitos universitarios como escolares. Justificar, por tanto, la existencia de un programa de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Ciencias Sociales, debe partir de una concepción de estos desarrollos.
En primer lugar habría que considerar la actualidad del campo de saber específico y de su pertinencia para una sociedad como la colombiana, marcada por la fragmentación y la exclusión social, la violencia, la corrupción, el narcotráfico, entre otros problemas (Camacho, 2001: 51-72), que han generado muchas veces perplejidad en los intentos de comprensión o interpretación de nuestra complejidad. El objetivo de este apartado es hacer una presentación somera de, en primer lugar, el desarrollo de las ciencias sociales desde este proceso inicial de configuración de campos especializados de conocimiento social, para luego dar cuenta de los modos en que las ciencias sociales han sido enseñadas en nuestro país y en la Universidad Distrital, haciendo breve alusión al desarrollo de la formación de profesores en esta área del conocimiento.
Lo que buscamos es encontrar el derrotero que guía el actual proyecto, los modos en que este proyecto se inscribe en los actuales problemas y discusiones de las ciencias sociales y sus posibles contribuciones a la búsqueda de soluciones a los problemas propios de nuestra sociedad. En buena parte del texto, suscribimos los planteamientos de Wallerstein (2006) sobre el desarrollo de las ciencias sociales y los retos que para estas representa la creciente complejización del mundo en la actualidad. Los planteamientos de este autor para interpretar el desarrollo de las ciencias sociales son complementados con otras posturas para aclarar cada momento y algunos elementos que se consideran pertinentes sobre los paradigmas que éstas han generado en su desarrollo histórico.
De las disciplinas a las perspectivas integradas.
En términos históricos, siguiendo a Wallerstein (2006), las ciencias sociales surgen a fines del siglo XVIII y, a partir de este momento, pueden identificarse tres momentos. El primero que da cuenta de su génesis, en la fecha indicada y sigue su desarrollo hasta mediados del siglo XX; el segundo que comienza con el fin de
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9 la Segunda Guerra Mundial y va hasta finales del siglo XX y, un tercer momento que comprende la actualidad.
Tal como lo plantean Marcuse y Habermas, a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, se da el salto entre la filosofía y la teoría social. Este salto significó la configuración de unos campos de pensamiento y acción que buscaban entender lo social desde una perspectiva científica no especulativa. Este proceso (de la mano de pensadores como Comte, Saint Simón, Smith, Ricardo, Marx, entre otros), caminó hacia la legitimación de una forma de concebir científicamente lo social, siguiendo los parámetros de las ciencias naturales más desarrolladas. En ese momento, lo que se buscaba era la configuración de objetos definidos para cada ciencia, así como la elaboración de métodos, técnicas y perspectivas teóricas que les dieran la solidez necesaria para establecer leyes que permitieran dar cuenta racionalmente del mundo social en sus distintas dimensiones: política, económica, histórica y cultural. La búsqueda de leyes de explicación de estas dimensiones fue su piedra angular y el reconocimiento del estatuto de cientificidad mediante estas leyes, su propósito más relevante.
La idea de separarse de las ―especulaciones filosóficas‖, puede considerarse otro de los elementos centrales del surgimiento de las ciencias sociales. En términos políticos, podríamos decir que la idea del progreso dominó esta génesis de las ciencias sociales. Se asumió que el conocimiento científico debía contribuir a un progreso racional de toda organización social. La vocación universalista, la idea de una humanidad, leída desde la perspectiva europea, abrieron paso a la configuración de perspectivas totalizantes, a la idea de una ―historia universal‖ y a la lectura de los pueblos no occidentales como atrasados o bárbaros o, en el mejor de los casos, como sociedades inmaduras o muestras de la ―infancia de la humanidad‖, especie de piezas de museos vivos que los europeos podían estudiar para dar cuenta de su propio desarrollo en un pasado remoto.
No obstante estas pretensiones, el mismo conocimiento que comienzan a producir, hace que aparezca la idea de un hombre atado a los procesos históricos, sujeto de estos procesos y, por tanto, su mismo conocimiento servía para cuestionar la solidez de las afirmaciones ―científicas‖ de las ciencias sociales y de la ciencia en general. Michel Foucault (1968) consideró que las ciencias humanas, refiriéndose inicialmente a ciencias como la sicología o la economía, surgieron de un vacío en el desarrollo de la ciencia en general. Desde el siglo XVII o XVIII plantea este autor, se había ampliado el campo de lo que él denomina la ―episteme moderna‖ a casi la totalidad del mundo de los objetos físicos. Pero había un hueco en ese saber: el hombre individual o colectivamente considerado. Para llenar este vacío, surgen estas ciencias y rápidamente buscan su legitimidad, intentando acercarse a los métodos y técnicas de las ciencias naturales.
10 humano: su historia, sus formas de organización social, sus modos de producción, sus representaciones, etc. De este modo, en el periodo que va de finales del siglo XVIII hasta 1945 se configuran las ciencias sociales como un campo de conocimiento múltiple y heterogéneo, aunque guiadas por su pretensión de conocimiento superior y capaz de producir verdades y leyes universales.
Disciplinas como la historia, la sociología, la economía, la ciencia política, el derecho, la antropología, los estudios orientales, la psicología, la geografía, hacen parte de este proceso de ―disciplinarización‖ del saber, de esta búsqueda de racionalización del mundo para controlarlo, de este intento de abarcar un mundo cada vez más abierto al saber humano. Este periodo es, en términos del pensamiento social, un proceso de fragmentación del saber. Un proceso marcado por la búsqueda de llenar los espacios vacíos en la explicación del comportamiento humano.
De esta manera, puede considerarse que las ciencias sociales son producto de un proceso de generación de condiciones de posibilidad para un nuevo tipo de conocimiento. Wallerstein describe, de manera sucinta, el desarrollo histórico del proceso de configuración de las ciencias sociales. Plantea que las mismas son la consecuencia de la modernidad y su búsqueda de construir un conocimiento cierto sobre el mundo natural y social. Son consideradas sucesoras de una larga tradición occidental que ha buscado explicar las acciones, relaciones e interacciones entre los hombres, entre éstos y las fuerzas espirituales, aunque esta ascendencia es negada por las mismas. Los propósitos fundamentales de las ciencias sociales se establecen ya desde el siglo XVI a partir de la gestación de la idea de la construcción de un conocimiento secular sistemático de la realidad que tuviera como soporte algún tipo de validación empírica. A esta pretensión se le dio el nombre de scientia, lo que, según Wallerstein (2006: 4), significaba conocimiento.
En este proceso de validación las ciencias sociales se enfrentan con una serie de obstáculos. El primero de ellos, y tal vez el más relevante, es el problema de la objetividad. Este problema es consecuencia de la imposibilidad de la validación empírico/experimental de sus afirmaciones, lo que ponía a estos saberes en condiciones de inferioridad frente a las ciencias naturales más ―desarrolladas‖. Las afirmaciones y planteamientos de las ciencias sociales, dada esta ―debilidad‖, son asumidos como especulaciones filosóficas, de ahí la idea de autores como Comte de alejarse de esta ―negatividad‖ y la búsqueda de una ciencia positiva de aplicación universal.
11 estados-nación modernos, tales como Inglaterra, Francia y Alemania. En palabras de Wallerstein (2006: 9-10):
La historia intelectual del siglo XIX está marcada principalmente por esa disciplinarización y profesionalización del conocimiento, es decir, por la creación de estructuras institucionales permanentes diseñadas tanto para producir nuevo conocimiento como para reproducir a los productores de conocimiento. La creación de múltiples disciplinas se basaba en la creencia de que la investigación sistemática requería una concentración hábil en las múltiples zonas separadas de la realidad, la cual había sido racionalmente dividida en distintos grupos de conocimiento. Esa división racional prometía ser eficaz, es decir intelectualmente productiva. Las ciencias naturales no habían esperado la resurrección de la universidad para establecer algún tipo de vida institucional autónoma, habían sido capaces de reaccionar antes porque tenían la capacidad de solicitar apoyo social y político con base en su promesa de producir resultados prácticos de utilidad inmediata. El ascenso de las grandes écoles creadas por Napoleón, reflejan la disposición de los gobernantes para promover las ciencias sociales. Quizá los científicos naturales no tenían necesidad de las universidades para continuar con su trabajo.
De esta manera, se van constituyendo unos espacios diferenciados de construcción de conocimiento, cada uno con la pretensión de legitimar sus planteamientos:
En el curso del siglo XIX las diversas disciplinas se abrieron como un abanico para cubrir toda una gama de posiciones epistemológicas. En un extremo se hallaban primero las matemáticas (actividad no empírica), y a su lado las ciencias naturales experimentales (a su vez en una especie de orden descendente de determinismo – física, química, biología). En el otro extremo estaban las humanidades (o artes y letras), que empezaban por la filosofía (simétrica de la matemática como actividad no empírica) y junto a ella el estudio de las prácticas artísticas formales (literatura, pintura, escultura, musicología), y llegaban a menudo en su práctica muy cerca de la historia, una historia de las artes. Y entre las humanidades y las ciencias naturales así definidas, quedaba el estudio de las realidades sociales con la historia (ideográfica) más cerca de las facultades de artes y letras, y a menudo parte de ellas, y la „ciencia social‟ (nomotética) más cerca de las ciencias naturales. A medida que la separación del conocimiento en dos esferas diferentes cada una con un énfasis epistemológico diferente, que se endurecía cada vez más, los estudiantes de las realidades sociales quedaron atrapados en el medio, y profundamente divididos en torno a esos problemas epistemológicos. (Wallerstein, 2006: 12).
12 del hombre (ciencias sociales o ciencias humanas), está marcado por operar en los intersticios, en las fronteras de las demás ciencias.
Es en estos vacíos, planea Foucault, donde las ciencias sociales encuentran sus objetos de estudio. Lo que les interesa es el hombre en cuanto productor de representaciones. No es el trabajo como operación de un cuerpo biológicamente considerado lo que interesa a estas ciencias, sino las formas de representarse el trabajo históricamente y socio-espacialmente; no es la producción en sí misma, sino el sentido de la producción. De este modo, las ciencias sociales se desdoblan en unos objetos que hace que ellas mismas se conviertan en objeto de su propia reflexión: historia de la historia, sociología de la sociología, economía de la economía, psicología de la psicología, etc. El saber que aparece, es uno que está históricamente condicionado y esto pone en peligro no sólo las afirmaciones de las propias ciencias sociales y humanas, sino a las demás ciencias. Así, aunque se sigue buscando su formalización con el uso de la matemática, es precisamente, plantea Foucault, alejándose de la matematización de lo social, que las ciencias sociales encuentran sus objetos de estudio, al menos hasta que se desarrolla el funcionalismo primero y, luego, el estructuralismo más radical de un Levi-Strauss (1968).
Frente a este desarrollo, podríamos decir que, cada cuestionamiento que se plantean las ciencias sociales, independiente de las áreas de interés y de los métodos utilizados para buscar verdades ―científicas‖, está mediado por la búsqueda de un conocimiento cierto, del cual no se pudiera dudar, lo cual puede ser considerado como una pretensión moderna. Para Otto Friedrich Bullnow (2001: 17), por ejemplo, esta búsqueda es considerada como el intento de establecer un principio arquimédico para el conocimiento, particularmente el científico. Bullnow, considera, en este sentido que:
La teoría del conocimiento clásica se caracterizaba por la búsqueda de un „punto arquimédico‟ a partir del cual se pudiera construir, paso por paso, un conocimiento cierto, previa exclusión de todo lo dudoso. En esto coincidieron las dos corrientes aparentemente opuestas del filosofar moderno. Tanto el empirismo como el racionalismo buscaban ese punto arquimédico, es decir, un punto de partida seguro que permitiera eludir la relatividad de las opiniones y edificar un conocimiento definitivamente cierto…
13 En relación con la configuración de las disciplinas de las ciencias sociales y los momentos en los que aparecen, así como sobre sus motivaciones, Wallerstein muestra que la primera ciencia social que se desarrolla es la historia, una ciencia que, por las características de sus planteamientos y de sus métodos, no busca en principio, por no acercarse a la ―especulación filosófica‖, el descubrimiento de leyes o el planteamiento de teorías. Así, desde la historia, en el siglo XIX, se buscó explicar, a partir de archivos y fuentes documentales, la realidad ―tal y como había sucedido‖, en particular, una realidad delimitada geográfica y políticamente por las fronteras de los Estados nacionales en construcción. La historia que surge, de este modo, no es nomotética, pues, en su afán de alejarse de la filosofía y las generalizaciones propias de ésta, niega la posibilidad de leyes universales y lo que afirma es el desarrollo de los estados nacionales. Después de esta historia, surgen la economía, la sociología, la ciencia política y más tarde, la antropología. Esta última como resultado de la expansión occidental y del contacto con otras culturas3. Estas últimas disciplinas se caracterizan, en mayor o menor grado, por la búsqueda de generalizaciones con bases empíricas, de allí su denominación de ciencias nomotéticas. Este desarrollo se relaciona con los proceso de disciplinas como el derecho, el cameralismo y en general, las denominadas ciencias del Estado; disciplinas éstas que buscaban su legitimidad en la producción de un conocimiento útil para la aplicación de políticas estatales, tanto en la búsqueda de integración nacional, como en las pretensiones expansionistas de algunos de sus promotores.
Al hacer un rastreo general sobre los planteamientos de los principales exponentes de las distintas ciencias sociales, lo que se puede encontrar es la idea, no sólo de un conocimiento cierto y validado científicamente, a través de ―pruebas‖, sino además, un conocimiento útil para el progreso y para el orden, tal como lo plantearon Comte y otros.
Esta idea del orden y el progreso es propio del positivismo que, aunque no fue la única corriente teórica que se generó en el periodo inicial de las ciencias sociales, sí fue la dominante. Una corriente que, al decir de sus críticos, terminaba por des-historizar al sujeto que conoce y sobrevalorarlo en términos de sus capacidades para explicar ―la realidad‖, más allá de cualquier juicio de valor y subjetivismo (Marcuse, 1994; Horkheimer, 2003).
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14 Si quisiéramos sintetizar lo anterior tendríamos que decir que la configuración inicial de las ciencias sociales estuvo condicionada por la consolidación de los Estados-nacionales imperiales, por la institucionalización de la ciencia en las universidades y por la búsqueda de diferenciación y legitimidad de sus planteamientos, a través del desarrollo metodológico y la precisión de sus objetos de investigación. A esto se puede sumar la configuración del capitalismo como modo de producción dominante, la constitución de una modernidad colonial, el fortalecimiento de los mercados nacionales y la configuración de un mercado mundial.
Europa, de este modo, y luego los Estados Unidos, se convierten en el referente de explicación de todos los procesos sociales, económicos, culturales, políticos e históricos. Sus formas de concebir el mundo, se establecen como las formas ―más‖ elaboradas, sistemáticas y válidas, para dar cuenta de lo social en sus distintas dimensiones. Lo que se configura son unas ciencias sociales que sirven a ―la era del imperio‖ y son el soporte epistemológico/ideológico, de buena parte del dominio occidental sobre el resto del mundo.
Así, la ciencia que se desarrolla es una ciencia positiva, que sigue los planteamientos de las ciencias naturales y que busca convertir en objetos a las acciones y relaciones sociales. Es un conocimiento objetivo que parte del principio de separación y de imparcialidad del observador frente a los hechos observados. Ahora, si por sus particularidades la historia no podía dedicarse a la búsqueda de leyes del desarrollo humano, la sociología no tenía este tipo de obstáculos. En esta dirección, Augusto Comte, desde la perspectiva de Herbert Marcuse, es quien sienta las bases de una ciencia positiva al considerar que el estudioso de la sociedad, el sociólogo, podría llegar al descubrimiento de leyes. Marcuse (1994: 331-332) plantea, en esta dirección que para Comte:
La sociedad era considerada… como un complejo más o menos definido de hechos, regido por leyes más o menos generales; como una esfera que habría de ser tratada como cualquier otro campo de investigación científica. Los conceptos que explican este campo habrán de derivarse de los hechos que lo constituyen, en tanto que las implicaciones de largo alcance de los conceptos filosóficos quedarán excluidas. El término “positivo‟ era un término polémico, que indicaba esta transformación de una teoría filosófica en una teoría científica. Naturalmente, Comte aspiraba a elaborar una filosofía omnicomprensiva, como lo indica el título de su obra más importante, pero es evidente que, dentro del contexto del positivismo, la filosofía significa algo muy diferente de lo que antes significaba, hasta el punto de que repudia el verdadero contenido de la filosofía. „La filosofía positiva‟ es, en última instancia, una contradicción in adjecto. Se refiere a la síntesis de todo el conocimiento empírico ordenado dentro de un sistema de progreso armonioso, que sigue un curso inexorable. Toda oposición a las realidades sociales queda fuera del discurso filosófico.
15 positivismo es el desanclaje del conocimiento humano, de los dogmas religiosos y de las creencias que afirmaban la inferioridad de este frente a los poderes divinos. Sin embargo, como argumenta Marcuse (1994), en esta vía termina por sustituir una divinidad por otra (el mismo Comte, funda la iglesia de la ―Humanidad‖), y se llega a sobrevalorar la capacidad del hombre para acercarse a realidades complejas, dejando de lado los condicionantes ideológicos de los mismos observadores. Se llega a considerar al hombre como alguien capaz de dar cuenta de la realidad mediante observaciones ascéticas, libres de toda tergiversación ideológica. En esta dirección, puede evidenciarse cómo, si por un lado se combatían las formas tradicionales de validación del conocimiento, atadas a la teología y la metafísica, se impone progresivamente una nueva ideología, esta vez basada en la creencia de la capacidad humana de alterar autónomamente las formas políticas, pero teniendo como base el descubrimiento de las bases naturales del progreso humano. Así, la idea del progreso, o mejor, la idea de un progreso ordenado (“orden y progreso” es la consigna comtiana), se convierte en ley que guía el desarrollo de la humanidad y esto, si tenemos en cuenta la creciente influencia del evolucionismo, ponía a los grandes hombres como los agentes del mismo y a los demás sólo como sujetos pasivos. En palabras de Marcuse (1994: 333-334):
… De hecho, el resultado del positivismo comtiano viene a ser un sistema religioso con un elaborado culto a los nombres, los símbolos y los signos. Comte mismo desarrolló una „teoría positiva de la autoridad‟ y se convirtió en el líder autoritario de una secta de seguidores ciegos. Este fue el primer fruto del desprestigio de la razón en la filosofía positiva.
Así las cosas, las pretensiones del positivismo naciente, de fundar un conocimiento verdadero, que fuera capaz de desterrar de la faz de la tierra las creencias metafísicas, de todo tipo, termina convirtiéndose en una nueva metafísica del conocimiento y cayendo en el pensamiento religioso que pretendía eliminar. Una nueva religión nació, basada en la pretensión de una objetividad empírica, capaz de establecer ―leyes objetivas‖ sobre el ―ordenado progreso‖ de la humanidad. Lo metafísico aquí es que se parte de este progreso como algo ―ordenado‖, diríamos, por fuerzas extra-sociales, claro hasta que la luz llega a los hombres y éstos se ―dan cuenta‖ de su propio progreso y lo orientan, ahora, científicamente, lo que quiere decir, también, ordenadamente. Cada actor social, debía cumplir con la tarea asignada por la ley del progreso, todos guiados por los iluminados miembros de la iglesia de la humanidad4.
La ideología del progreso sirvió, de este modo, de soporte para la configuración de las ciencias sociales y para la adquisición de su estatus como ciencias. Universidades, Estados y una compleja red de instituciones sociales son los
16 suportes de este proceso y sobre esta ideología y estas instituciones se justificó, de distintas formas, el imperialismo, el colonialismo, la dominación de unos hombres sobre otros y una distribución desigual de los recursos, etc. Se justificó del mismo modo, el dominio epistemológico de la ciencia sobre otras formas de saber más allá de occidente.
Dentro de esta idea del progreso, el historicismo se establece como el justificador de la explotación de los pueblos no occidentales y las ciencias sociales en general, desde la historia hasta la antropología, pasando por la geografía, la economía, la ciencia política, la sociología y las demás disciplinas van a contribuir con su ―granito de arena‖ para la dominación, cuando no el exterminio de muchos pueblos en el mundo.
Ahora bien, hasta aquí se ha hecho una exposición somera de un desarrollo de las ciencias sociales dominado por el positivismo, pero como se enunció antes, no fue la única corriente de pensamiento. El materialismo histórico también hace parte de este proceso y desde el principio se establece como una respuesta al positivismo. Esta perspectiva plantea la existencia de unos condicionantes o determinantes históricos (en sus versiones más radicales) y socio-económicos del mismo conocimiento humano. Éste se asume como el resultado de procesos históricos que llevan a los hombres, dentro de ciertas condiciones materiales, a plantearse preguntas sobre sus propias condiciones de existencia y sobre las posibilidades de éstas de ser alteradas racionalmente. La idea de las ciencias sociales construidas al amparo de esta perspectiva teórica va configurando un campo de saber que permite identificar invariables del desarrollo histórico de la humanidad, a partir de la dialéctica de este mismo desarrollo, una dialéctica de las fuerzas sociales, frente a los medios de producción, que configuran todo modo de producción.
17 La perspectiva materialista de la historia, así como de la economía, la ciencia política, entre otras ciencias sociales, va a tener desarrollos en dos ámbitos centrales. Desde una perspectiva ideológica el marxismo se convierte en una lectura de las sociedades que termina en una nueva metafísica del desarrollo histórico de las mismas. Esta nueva metafísica establece como punto de partida de toda comprensión de las relaciones sociales, al menos dentro de la sociedad capitalista, la tensión entre capital y trabajo (principio establecido por Marx), que conduce a la liberación del trabajo, mediante la lucha revolucionaria de los proletarios (actores centrales de toda posible transformación) unidos. Desde otro lugar, el marxismo se desarrolla teóricamente en la teoría crítica, de la escuela de Frankfurt, que intenta recuperar el elemento teórico, más que ideológico de los planteamientos de Marx, acercándolos a otros pensadores modernos como Nietzsche, Freud y, algunos, a Heidegger. La historia como disciplina, la sociología, la psicología y la antropología van a ser impactadas por los desarrollos teóricos de la denominada escuela de Frankfurt y, con estos desarrollos comienzan a abrirse ya espacios de articulación disciplinar. Los referentes son cada vez menos ―puros‖, en términos disciplinares, de ahí que autores como Bloch y Duby, desde la historia le apuesten al trabajo interdisciplinario para ampliar las explicaciones de los complejos procesos históricos. Diríamos, no sólo se le apuesta a elaboraciones desde las ciencias sociales, sino a la integración del conocimiento geológico, geográfico, literario, económico, entre otros, para responder a las preguntas de los historiadores.
En el camino hacia la interdisciplinaridad
El proceso de consolidación de las ciencias sociales, no obstante lo anterior, da cuenta también de la constitución de un campo en el que el hombre se asume a sí mismo como el productor de sus propias condiciones de vida. El pensamiento pre-moderno buscó otras explicaciones, generalmente extra-sociales, para dar cuenta de su propia existencia y de su destino. El pensamiento moderno y dentro de este el pensamiento marxista, por el contrario, como se ve, expone una visión en la que la acción humana, cada vez más racional, es decir, consciente de los costos y los beneficios de una acción determinada, es la generadora del orden social. Así,
… en el mismo momento en que las estructuras institucionales de las ciencias sociales parecían estar por primera vez plenamente instaladas y claramente delineadas, después de la Segunda Guerra Mundial, las prácticas de los científicos sociales empezaron a cambiar. Eso debía crear una brecha, que estaba destinada a crecer, entre las prácticas y las posiciones intelectuales de los científicos sociales, por un lado, y las organizaciones formales de las ciencias sociales, por el otro (Wallerstein, 2006, 36).
18 legitimidad tanto de su saber, como de su civilización como las únicas formas o las más válidas para dar cuenta del mundo y para organizarlo. La Primera Guerra Mundial, luego la Segunda y en general las grandes catástrofes de la primera mitad del siglo XX dieron pronto cuenta de lo nocivo del denominado progreso del poder europeo y occidental en general.
Si en un momento determinado se consideró que la ciencia liberaba al hombre de las ataduras de la metafísica y los saberes tradicionales. que lo conduciría a la verdadera libertad sustentada en la autonomía de la razón (creencia en la que cayeron la mayor parte de impulsores de las ciencias sociales de este periodo) luego, con estas catástrofes y con la puesta en evidencia por un buen número de críticos, de los límites del progreso, debido a una más sistemática subordinación del hombre a la tecnología, se puso en evidencia lo contrario: el progreso traía dominación, pobreza, hambre, exterminio de pueblos enteros, exclusión y explotación sin precedentes de unos hombres sobre otros. Dentro de este proceso signado por la búsqueda de mayor precisión de los conocimientos en las distintas ciencias, se había producido una creciente fragmentación del saber, lo que dio origen a la constitución de instancias separadas dentro de las instituciones de carácter universitario. Esta fragmentación fue pronto cuestionada como vimos con los ejemplos de Bloch y Duby.
De este modo, podemos ver cómo el desarrollo de las ciencias sociales permite comprender también del desarrollo de la misma modernidad; intenta explicarla y para hacerlo constituye un cuerpo heterogéneo de disciplinas, cada una buscando su propia legitimidad, pero todas legitimando la dominación occidental. Así:
A fines del siglo XIX había tres líneas divisorias claras en el sistema de disciplinas erigido para estructurar las ciencias sociales. La línea entre el estudio del mundo moderno/civilizado (historia más las tres ciencias sociales nomotéticas) y el estudio del mundo no moderno (antropología más estudios orientales); dentro del estudio del mundo moderno, la línea entre el pasado (historia) y el presente (las ciencias sociales nomotéticas); dentro de las ciencias sociales nomotéticas, las muy marcadas líneas entre el estudio del mercado (economía), el estado (la ciencia política) y la sociedad civil (sociología). En el mundo posterior a 1945 todas esas líneas divisorias fueron cuestionadas (Wallerstein, 2006: 40).
Siguiendo a Wallerstein, el primer elemento o factor que va a generar crisis en las distinciones de las ciencias sociales marcado por el crecimiento de la importancia económica, política y cultural de los Estados Unidos en el mundo de la segunda postguerra, es la creación de los denominados estudios de área5. Éstos van a generar la articulación de los, en otros tiempos dicotómicos, campos de conocimiento de las ciencias sociales. En conjunción con esto, la ampliación mundial del campo intelectual y académico institucionalmente hablando, impulsa
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19 vínculos entre las distintas disciplinas sociales, con lo que entra en cuestión la validez del conocimiento de estas ciencias para ser aplicado únicamente a las sociedades occidentales. Se comienza a hablar de otras historias, de otras economías, de otros procesos de constitución de los estados. Un nuevo concepto, se va a hacer visible, con importancia creciente: el desarrollo, que desplaza la idea del progreso aunque su fundamento seguirá siendo el mismo. El conocimiento científico, particularmente de las ciencias sociales, daría las bases para que las sociedades que no se desarrollaban lo hicieran, mediante una adecuada planificación de sus procesos económicos, de sus representaciones culturales, de sus universos simbólicos, de sus estructuras sociales, de sus tradiciones y costumbres. Cada uno de estos elementos se puso bajo los ojos de los científicos sociales, para generar los procesos que conducirían a la unificación del mundo bajo la idea de la modernización y el desarrollo (Escobar, 1999: 33-97).
La teoría que va a responder a este proceso es la de la modernización/desarrollo. Mediante ésta se plantea que no todas las sociedades se desarrollan del mismo modo, pero todas siguen o debería seguir una misma línea. Las ciencias sociales contribuirían a constituir un corpus teórico que explica las diferencias, pero esto lo hacen a través de estudios multidisciplinares y, en ocasiones transdisciplinares. Lo que se busca es un referente común que explique esas diferencias entre sociedades, pero también sobre la base de dar cuenta de leyes del desarrollo y la modernización. Esto hace que metodologías, objetos y procesos de investigación, se fusionen y que las disciplinas entren en contacto, dando como resultado una nueva configuración institucional de las ciencias sociales. Así:
Se proponían cambios fundamentales en la disciplina de la historia con ayuda de las vecinas ciencias sociales. Las ciencias sociales tenían instrumentos que podían contribuir al estudio de dimensiones del pasado que estaban “por debajo” o “detrás” de las instituciones, ideas y acontecimientos históricos (dimensiones como el cambio económico, el crecimiento demográfico, la desigualdad y la movilidad sociales, las actitudes y los comportamientos de masas, las protestas sociales y los patrones de votación), instrumentos que el historiador no tenía: métodos cuantitativos, conceptos analíticos tales como clase, expectativas de papel o discrepancia de estatus; modelos de cambio social. Ahora algunos historiadores intentaban utilizar “datos masivos” como los registros de matrimonio, los resultados electorales y la documentación fiscal, y para eso era indispensable volverse hacia las ciencias sociales. A medida que la historia (y la antropología) se fue abriendo cada vez más a la investigación cuantitativa, surgió un proceso de refuerzo circular: el dinero, el número de estudiantes y la legitimidad social se alimentaban mutuamente y fortalecían el sentido de auto confianza en la justificación intelectual de las construcciones conceptuales de la ciencia social. (Wallerstein, 2006: 46-47).
20 binomio modernización/ desarrollo, la constitución de campos de saber antes abandonados como la economía política, el resurgimiento de ideas como la de historia económica, o economía histórica, o antropología histórica o, incluso, geografía histórica. Se nota en esto un gran papel para la historia, pues afecta a los otros campos de saber de las ciencias sociales. Esto trae consigo el surgimiento de nuevos términos de referencia para las ciencias sociales o para conjuntos de estas tales como estudios de la comunicación, ciencias administrativas y ciencias del comportamiento (Wallerstein; 2006: 52).
De este modo, el desarrollo de las ciencias sociales a comienzos de la segunda mitad del siglo XX, puede interpretarse como un retorno a las generalizaciones por parte de la historia, o como la búsqueda de establecer más sólidos vínculos con las ciencias sociales en la dirección de construir explicaciones generales sobre el desarrollo desigual y diverso de las distintas sociedades. Desde una perspectiva crítica, puede notarse cómo no obstante el eurocentrismo de las explicaciones permanece. Occidente sigue siendo el patrón a partir del cual se juzgan esos desarrollos diferentes y desiguales. A partir de la Segunda Guerra Mundial, en parte gracias al desarrollo de los estudios de área impulsados principalmente por los Estados Unidos (estudios que habían ―regionalizado al mundo‖), el mundo comenzó a dividirse en tres: el primer mundo compuesto por las sociedades europeas y Estados Unidos; el segundo mundo, constituido por los en ese momento países del bloque socialista, y el tercer mundo, constituido por las sociedades atrasadas que pretendían su desarrollo y modernización por la vía de la ―democracia liberal‖6
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El resultado de este proceso, vivido particularmente entre1950 y 1960, es un creciente cuestionamiento de la división de las ciencias sociales en las áreas específicas que se habían constituido. Esto en la medida en que los mismos estudios que se impulsan en este momento contribuyen a romper las fronteras que durante años habían intentado establecerse. Ello no quiere decir que las divisiones entre las disciplinas se hayan agotado, muy por el contrario, siguen las pretensiones de muchas de éstas por establecer sus objetos y métodos de manera clara y distinta a los de sus ―vecinas‖, sólo que se reconoce ahora como necesaria la integración de esos métodos y esos objetos para resolver los profundos problemas teóricos que se visibilizaban con la entrada de otras voces, de voces disidentes como la de las mujeres, los africanos, los latinoamericanos, actores todos que se sentían excluidos de la producción de conocimiento o sólo reconocidos como sujetos pasivos de los procesos históricos. Habían sido asumidos como objetos de análisis e interpretación, mas no como agentes productores de conocimiento y de sus propias historias y explicaciones del mundo (Escobar, 1999).
A esta crisis, que podemos llamar de representatividad de los discursos occidentales, siguió una crítica sobre la manera en que las ciencias sociales habían contribuido a la dominación, la explotación y el exterminio de miles de
21 personas en las sociedades africanas, latinoamericanas, del medio oriente y del continente asiático, sobre el supuesto de la superioridad científica y tecnológica de occidente.
Este proceso de desencantamiento de las ciencias sociales en el mundo occidental y no occidental puede ser equiparado a lo que Jonathan Friedman (2001) denomina como la crisis de la hegemonía y la homogeneidad occidental. Crisis que se visibiliza en lo que podríamos denominar la crisis de la modernidad como proceso histórico, en el que el hombre había buscado llegar a explicar a través de las distintas ciencias el mundo natural y social tal y como ―este era‖; una crisis en la que occidente pierde su rostro de homogeneidad y al interior mismo de sus fronteras comienzan a cuestionarse la ideas del progreso, del avance siempre positivo y sin límites de la ciencia y la tecnología. Esta es una crisis en la que occidente comienza a cuestionarse a sí mismo y se hacen visibles otros escenarios de producción de conocimiento y de identidad. De este modo se cuestiona el universalismo en las ciencias (no sólo en las sociales), sino incluso en las ciencias naturales y el poder derivado o legitimado desde las mismas.
Para Wallerstein (2006: 52-53)
Hasta el fin de 1970, pasaron al primer plano otras dos cuestiones que habían surgido en el periodo de posguerra: el grado en que las ciencias sociales (y en realidad todo conocimiento) eran “eurocéntricas” y por lo tanto el grado en que el patrimonio heredado de las ciencias sociales puede ser considerado parroquial, y el grado en que la arraigada división del pensamiento moderno en las “dos culturas” era un modo útil de organizar la actividad intelectual…
Así, lo que se pone en cuestión es la capacidad y legitimidad del mundo occidental y, específicamente, de las ciencias sociales que avalan el discurso de occidente, de dar cuenta y razón, con alcances universales, de las distintas sociedades a lo largo y ancho del mundo. A partir de los años 60, particularmente durante los años 70 y 80 y hasta la actualidad, gracias a los procesos de descolonización (las guerras de independencia africana, por ejemplo), a la importancia creciente de otras economías no occidentales, entre otros fenómenos, se va a cuestionar fuertemente la capacidad de las ciencias sociales de construir explicaciones de validez universal. En este sentido el cuestionamiento central es que los mismos investigadores asumen una posición que intenta dejar por fuera u ocultar, consciente o inconscientemente a la hora de describir, analizar e interpretar, tanto su propia sociedad y cultura, como otras distintas7.
Del mismo modo se han producido rupturas en torno a la dicotomía entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. Las perspectivas de las mismas ciencias
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22 naturales, sobre el conocimiento que producen y sobre el grado de objetividad han sido cuestionadas. Se viene asumiendo que, incluso en las ciencias naturales, los investigadores modifican lo medido de acuerdo a la posición que asuman, de acuerdo a los parámetros (metodología, instrumentos, categorías y técnicas de investigación) que establezcan para estudiar y explicar lo natural. Se ha asumido así una posición que reconoce lo indeterminado, lo complejo y caótico del mundo natural, y se han desarrollado con posturas más prudentes o modestas frente a sus desarrollos y planteamientos. De este modo la distancia que en ocasiones se entendió como insalvable, entre las ciencias naturales y las ciencias sociales y las humanidades, comenzó a reducirse, muchas veces en contra de algunos científicos sociales que asumieron posturas de hecho más duras que aquellas provenientes de las denominadas ―ciencias duras‖.
Ideas como pensamiento complejo, caos, indeterminación, entre otras, comenzaron a ganar terreno, tanto en el discurso de las ciencias naturales, como en el de las ciencias sociales. De hecho, algunas ideas que habían sido excluidas de la retórica de las humanidades, como la de teoría comenzaron a usarse frecuentemente.
Con todo lo anterior entra en cuestión no sólo el universalismo eurocentrista, sino también la supuesta objetividad de los científicos a la hora de estudiar el mundo social y natural. Se ha hecho evidente que los científicos plantean sus problemas a partir de intereses específicos y que a partir de éstos diseñan sus programas y proyectos de investigación, así como sus marcos teóricos y sus metodologías, con lo que la realidad que se explica está ya afectada por el lugar o posición que asuman los investigadores para afrontar esta misma realidad8.
Otro resultado de este proceso es la creciente dificultad que afrontan los distintos científicos sociales para establecer las fronteras de sus disciplinas. Esto en la medida en que son cada vez más frecuentes proyectos de investigación que desde el principio plantean la necesidad de integrar distintas miradas disciplinares. Hoy, palabras como interdisciplinar, multidisciplinar y transdisciplinar, acompañan una gran cantidad de proyectos de investigación, no sólo en el área de las ciencias sociales, sino también en las ciencias naturales y las humanidades.
Un ejemplo de lo anterior puede verse en los estudios sobre medio ambiente, que de hecho no son tratados desde campos exclusivamente ―científicos‖ en el sentido más tradicional y conservador, refiriéndose con esto a la biología, la física o la química. Muy por el contrario, este es un problema frente al cual son frecuentes los trabajos multidisciplinares, interdisciplinares, cuando no transdisciplinares, en los cuales se articula el trabajo de científicos de distinto origen: pedagogos,
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23 biólogos, químicos, físicos, geólogos, geógrafos, historiadores, antropólogos, sociólogos, politólogos e incluso abogados y administradores públicos.
De este modo las ciencias en general han tenido que adaptarse a un contexto en el que se demanda un conocimiento holístico de la naturaleza y la sociedad, un conocimiento en el que muchas veces se ha renunciado a las universalizaciones y tomado partido por particularismos que no necesariamente son positivos. Este proceso de adaptación es leído por Wallerstein, quien plantea que en primer lugar, las fronteras entre las ciencias sociales, las ciencias naturales y las humanidades parecen diluirse y en este proceso las ciencias sociales tienen la oportunidad de dejar de ser el pariente pobre de las primeras, en beneficio de una mayor y tal vez más productiva y benéfica articulación de saberes (Wallerstein, 2006: 75).
El siglo XX, por esta vía, lo que muestra son, en un primer momento, las tendencias del siglo XIX a marcar, delimitar precisamente los objetos de estudio de las distintas ciencias sociales y, además, el establecimiento de una especie de jerarquía entre las mismas de acuerdo a los métodos y perspectivas de análisis de cada una de ellas. Así, el problema del método es central para Durkheim (1982), quien asume el reto de constituir a la sociología como el marco de referencia principal para entender a las sociedades modernas y, más allá, cualquier sociedad. Con éste se sientan las bases del funcionalismo, que luego a partir de las obras de Parsons (1974; 1986), se convierte en una mirada estructural-funcionalista. En un primer lugar, el método de acercamiento es fundamental, en un segundo momento, son las categorías de análisis las que cobran importancia.
Ahora bien, estas tendencias a configurar los métodos y categorías centrales de las ciencias sociales, se dirigen también a configurar una legitimidad del conocimiento que producen. De este modo, se pasa progresivamente de una mirada que pretende explicaciones generales (funcionalismo, estructural-funcionalismo, marxismo, etc.) a otras miradas que le apuntan a la comprensión de la sociedad. Es conocido el modo en que Max Weber en su obra principal asume la sociología como una ciencia que pretende comprender la sociedad interpretándola. Desde este lugar las categorías son tipos ideales, que sirven de instrumento de interpretación de la sociedad, pero siempre reconociendo la complejidad de la misma y los límites tanto de las interpretaciones como de la comprensión de la misma.
24 En esta misma dirección, el estructural-funcionalismo parsoniano es reconfigurado por Lhumann (1996), quien invierte el proceso de explicación de la sociedad. Para éste el concepto de sistema social adquiere un nuevo significado y la categoría de sistema (acompañado de las categorías de autopoiesis, autolimitación, auto-fundación) permitiría niveles de abstracción mucho mayores a los establecidos en desarrollos teóricos anteriores. El autor asume que la sociología pasaba por un estancamiento del cual debía salir. Estudios empíricos no eran suficientes para construir una teoría general de la sociedad y, por tanto, su obra le apunta a sacar a la sociología y, por tanto a las demás ciencias sociales del estancamiento en el que estaban sumidas. Con los aportes de estos autores se va configurando una nueva lectura de las ciencias sociales, en la búsqueda de interpretación y comprensión de la sociedad, en algunos casos más modesta que en otros gana terreno en contra de perspectivas que se asumían como desde una un objetivismo metafísico.
Estas miradas se despliegan en las distintas ciencias sociales, muchas veces borrando sus fronteras de objeto y de método. Comprender, interpretar, atraviesan a la psicología, la historia, antropología, la geografía, la sociología entre otras. El discurso cobra relevancia y las formaciones simbólicas, los procesos comunicativos, las configuraciones de los procesos comunicativos ganan relevancia, en algunos casos, dejando de lado los fundamentos materiales de las relaciones sociales. Una perspectiva que se desarrolla desde los años 80 intentará articular los estudios del discurso, sin desconocer la importancia de las relaciones sociales de producción. Esta será denominada postestructuralismo (Escobar, 1999). Desde esta mirada la sociedad es el resultado de la articulación compleja entre procesos de dominación marcados por los modos de producción; pero estos modos de producción son más que materialidad. Es el discurso el que configura su sentido, de ahí la necesidad de atender tanto a las relaciones sociales de producción (y las relaciones sociales de poder derivados de estas), así como a las formaciones discursivas que los legitiman y orientan.
Para terminar este aparte es necesario mencionar cómo uno de los factores que han contribuido a complejizar el estudio de la naturaleza y de la sociedad, ha estado representado por los denominados ―estudios culturales‖. En éstos se ha asumido como base fundamental la necesidad de darle la voz al otro, de contemplarlo dentro de las explicaciones que se pretenden dar sobre él y de vincular distintas formas de conocimiento para acercarse mejor a la realidad que efectivamente vive ese ―otro‖. Desde estos estudios, así mismo se ha buscado darle mayor relevancia a los excluidos, haciendo énfasis en lo local y se ha criticado el papel de la tecnología como instrumento de dominación (Bunge, 2000: 71).
25 así, pretende desplazar al universalismo, sin que se busque mediar entre cada uno de ellos (Bunge, 2000: 72 y ss).
Frente a esto último, desde los estudios culturales y desde las nuevas perspectivas de las ciencias sociales en general, catalogadas la mayoría como postmodernas, se ha negado la posibilidad de las teorías o de la construcción de conocimiento objetivo sobre cualquier realidad. Esto a partir de la idea de la indeterminación, sobre el supuesto de la imposibilidad de construir miradas realmente objetivas (pues el científico no se puede aislar como ser humano histórico, político, cultural e ideológicamente condicionado). Algunos autores han sido duros críticos de estas perspectivas y han cuestionado la validez de dichas afirmaciones o al menos han buscado establecer límites a las mismas.
De las críticas al postmodernismo, uno de los más duros representantes es tal vez el filósofo y humanista (además de físico) Mario Bunge (2000: 263-311), quien ha afirmado que aunque son válidas las críticas al conocimiento científico, particularmente en el campo de las ciencias sociales, llevar estas críticas hasta el extremo de plantear el fin de la ciencia, lejos de favorecer la construcción de conocimientos que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de las distintas sociedades y a resolver los profundos problemas teóricos y epistemológicos, contribuyen al inmovilismo de los pensadores.
Como puede verse hasta el momento, las ciencias sociales han estado marcadas por el desarrollo de las mismas sociedades donde éstas se han establecido y crecido. Como hijas de la modernidad han sido testigo de sus avatares, de sus vicisitudes y de sus crisis. Esto permite ver un elemento que hasta el momento apenas si ha sido enunciado en el presente texto y es el del carácter histórico de todo conocimiento. Esto quiere decir que las ciencias sociales han sido no sólo testigos y lectoras de los cambios de las sociedades que las han producido, sino que sus mismas producciones dan cuenta de las preocupaciones de los científicos sociales en un momento determinado. Así, puede entenderse cómo en el momento en el que occidente se reconocía a sí mismo como la imagen del progreso, de la civilización y de la cultura, las ciencias sociales entraron allí a construir los argumentos ―científicos‖ que permitieran corroborar, empírica o racionalmente esta imagen. Del mismo modo, en el momento en el que el mundo occidental pierde el ímpetu que traía hasta por lo menos la Primera Guerra Mundial los científicos sociales buscan dar cuenta de esta crisis y pretenden encontrar salidas.
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De la enseñanza de las ciencias sociales a la enseñanza para la comprensión del mundo social.
En medio de estos debates se desarrolló la propuesta de la Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales, enmarcada en la reglamentación de la Acreditación previa y del Decreto 272 que asumía la pedagogía como el saber fundante en la formación de maestros. De tal forma y con base en estos fundamentos se buscó plantearle al país y al Distrito una propuesta curricular integrada en el área de las ciencias sociales, en la cual sus perspectivas teóricas, paradigmas, métodos y técnicas se articulen alrededor de núcleos temáticos, problémicos y proyectos de investigación. Frente a otros programas de formación pedagógica en ciencias sociales, nuestra propuesta se reconoce como una innovación, no sólo en los nombres que asumen sus espacios académicos, sino en sus contenidos.
La propuesta de integración curricular de la actual Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital, asume la interdisciplinaridad y una concepción integrada del currículo. Si se echa un vistazo al desarrollo de la enseñanza de las ciencias sociales en Colombia, se encuentra que éstas estuvieron, durante mucho tiempo, orientadas ideológicamente hacia la construcción de la unidad e identidad nacional, desde una perspectiva que le daba prioridad a la historia de los héroes y próceres de la patria. Dentro de este contexto, la historia y la geografía se constituían en los ejes de referencia de la nacionalidad y, por tanto, de la legitimidad de una democracia representativa. Así, los problemas pedagógicos y de construcción del conocimiento terminaban siendo subordinados a la producción simbólica de la nacionalidad, por la vía de una historia heroica. Esto se evidencia en el primer plan de estudios de la misma Universidad Distrital, que tenía 13 asignaturas de historia, 8 de geografía, 9 de economía, 5 dedicadas a temas filosófico-metodológicos, 7 a la investigación y 9 a la pedagogía y la psicología (Conjeturas, 2000: 6-7).
Estas orientaciones curriculares se van a ver afectadas por determinaciones del Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES), ya a comienzos de los años 90, pues recomienda a la Universidad Distrital fortalecer la formación interdisciplinaria y el componente de investigación (desarrollo de líneas de investigación que se refirieran a problemas nacionales). De este modo,
27 De este modo, vemos como las reformas de los noventa (la anterior fue sucedida por modificaciones en 1996, 1997 y 1998), le apuntaban ya a combatir las formas tradicionales de comprender y enseñar las ciencias sociales. Este proceso no se ha detenido, y dentro de las intensas discusiones de finales de los años 90 se fue configurando una nueva propuesta de formación de licenciados en ciencias sociales que le apuntaba, de una manera más radical, a dejar atrás las construcciones curriculares ―asignaturistas‖, en las que la enseñanza de los productos de la historia, la geografía, la economía, la ciencia política, la sociología o la psicología, recibían la mayor parte de espacios académicos (Conjeturas, 2000).
Estos saberes disciplinares, dentro de la propuesta actual, sirven de referentes conceptuales y metodológicos para la interpretación, análisis y comprensión del desarrollo de los sujetos y las sociedades y del conocimiento social. Temas, problemas y proyectos orientan las reflexiones disciplinares y, para esto, el proyecto de ciencias sociales se nutre de una variedad de docentes especialistas en distintos campos disciplinares. Estos profesionales de la educación, especializados en historia, economía, filosofía, pedagogía, contribuyen con sus saberes a plantear propuestas formativas articuladas, para responder a los complejos problemas del Distrito y del país en términos educativos y políticos, bajo la propuesta de que en el campo escolar, las ciencias sociales tienen una función específica: contribuir a la comprensión del mundo social, por parte de los sujetos de la educación básica y media. No formamos, en esta dirección, enseñantes de las ciencias sociales, sino profesionales de la pedagogía, que aplican conocimientos de las ciencias sociales para la interpretación crítica del mundo social. Así, el profesional de la Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Ciencias Sociales, se asume como:
un profesional de la pedagogía, especialista en los procesos de la educación básica colombiana, que posee un énfasis de su formación en las Ciencias Sociales, que se asume como un sujeto crítico, propositivo, autónomo, con compromiso de humanidad, formado éticamente en los valores de la convivencia social y los derechos humanos (Conjeturas,2000).
28 En relación con los sujetos a quienes se orienta la formación de nuestros profesionales, la infancia y la adolescencia se convierten en ejes centrales. La motivación principal (y es aquí donde se produce tal vez la ruptura más significativa frente a las propuestas anteriores y frente a propuestas actuales de otras universidades en el país) es que se busca que nuestros profesionales sean capaces de formar a la infancia y a la adolescencia en la adquisición de las herramientas y habilidades conceptuales y metodológicas que les permitan comprender mejor el mundo social (Conjeturas, 2000: 10-11).
De este modo, los elementos que le dan sentido a la LEBECS dejan la mirada puesta en la utilidad de los saberes de las ciencias sociales, para contribuir con la formación integral de los sujetos de la educación con quienes trabaja. La comprensión del mundo social se asume como la tarea de nuestros profesionales, mas no la enseñanza tradicional de las ciencias sociales.
Como queda expuesto esta propuesta de formación es el resultado de un proceso casi tan largo como la misma existencia del proyecto de ciencias sociales, que comenzó hace 35 años. Es el resultado de una serie de reformas, que han incorporado crecientemente el discurso de la interdisciplinaridad como enfoque curricular. De ahí que su especificidad sea la de asumir la integración de conocimientos de las ciencias sociales para la comprensión y transformación del mundo social desde el campo pedagógico.
Problemas a los que responde el programa.
El ingreso de la sociedad colombiana al siglo XXI está marcado por profundos desajustes estructurales. Éstos pueden resumirse en los altos índices de exclusión de millones de colombianos desde el punto de vista económico, social, cultural y político. Esta situación le exige a los diversos sectores sociales contribuir a reconfigurar las políticas públicas, las prácticas sociales y los campos de producción del conocimiento en la perspectiva de un desarrollo humano, integral, incluyente y de restitución de derechos. En otras palabras se requiere la organización de escenarios que permitan la constitución de sujetos del conocimiento, con condiciones éticas para incidir en sus contextos cercanos y resueltos a hacer de Colombia un país más democrático y equitativo en todos los espacios de la vida social.