HISTORIA
VERDE
DEL MUNDO
SBi 'vi . ' . : - • - __________________________________________________CLIVE PONTING
DEL MUNDO
Los cam bios clim áticos, la destrucción de la capa de ozono, la lluvia ácida, la desapa rición de la fauna y de los bosques trop ica les, la generalización de la pobreza y el ham bre, una población en rápido aum en to y una contam inación cada vez m ayor: he aquí algunos de los problem as más gra ves a los que debe en frentarse el mundo actualmente, pero, ¿son estos fenóm enos exclusivamente contem poráneos?
En el presente libro, Clive Ponting no se limita a trazar una panorám ica histórica de estas cuestiones, sino que ofrece tam bién un enfoque distinto de la historia hu mana, desde los prim eros grupos dedica dos a la agricultura y la caza hasta el día de hoy. Lo que ocu rre es que, en lugar de cen trarse en acontecim ientos políticos, m ili tares y diplomáticos, el autor se ocupa de las fuerzas fundamentales que han co n fo r mado la historia humana, en cómo y por qué los seres humanos han cam biado el mundo que les rodea y en las consecuen cias que han ejercid o sus acciones. De cada una de las áreas resultantes - e l desarrollo de las ciudades, el cam bio en los patrones de uso energéticos, la necesidad de ali m entar a masas de población cada vez más numerosas, e tc .-, Ponting da una visión histórica ilustrada con abundantes y nu m erosos ejem plos: la crónica de cómo los seres humanos han destruido gran parte del mundo natural, y de cómo las socieda des del pasado degradaron su medio am biente y se derrum baron a consecuencia d o o l i o .
A la vez que dem uestra la arraigada natu raleza de los problem as a los que se en frenta actualm ente el mundo y la decisiva im portancia de nuestra relación con el medio am biente, este libro es tam bién una interp retación fascinante de la historia mundial desde una perspectiva global y “verde”. En otras palabras: una historia del mundo para nuestro tiempo.
VERDE
DEL MUNDO
HISTORIA
VERDE
DEL MUNDO
^ E d ic io n e s Paidós
Barcelona - Buenos Aires - MéxicoPublicado en inglés por Sinclair - Stevenson Limited, Londres Traducción de Fernando Inglés Bonilla
Cubierta de Víctor Viano
Ia edición, 1992
Quedan rigurosamente prohibidas sin la autorización escrita de los titulares del “C opyright”, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedim iento, com prendidos la reprografia y el tratam iento inform ático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.
© 1991 by Clive Ponting
© de todas las ediciones en castellano, Ediciones Paidós Ibérica, S.A.,
Mariano Cubi, 92 - 08021 Barcelona, y Editorial Paidós, SAICF,
Defensa, 599 — Buenos Aires. ISBN: 84-7509-840-1
Depósito legal: B-38.298/1992 Impreso en Gráfiques 92, S.A.,
Torrassa, 108 - Sant Adriá de Besos (Barcelona) Impreso en España - Printed in Spain
Prefacio ... 13
1. Las lecciones de la isla de Pascua ... 17 Descubrimiento europeo - colonización polinesia - desarrollo y declive - el «misterio» explicado
2. Los cimientos de la historia ... 27 Influencia del mundo físico - importancia y función de los ecosistemas - influencia sobre la historia hu mana
3. Noventa y nueve por ciento de historia de la hu manidad ... 39
Forma de vida entre los grupos dedicados a la reco lección y la caza - expansión de los asentamientos
humanos - variaciones en las técnicas de subsisten cia - impacto sobre el medio ambiente
La prim era gran transición ...
La lenta transición a la agricultura - tres «zonas nu cleares», suroeste asiático, China y Centroaménca - consecuencias sociales y políticas - aparición de so ciedades complejas en todo el mundo - relación con la cultura y la guerra
Destrucción y supervivencia ...
Impacto medioambiental de la agricultura - tensión impuesta por la creación de un medio ambiente ar tificial - declive autoimpuesto de las sociedades de Sumeria y el valle del Nilo - degradación de la zona mediterránea - caída de los mayas - estabilidad com parativa de la agricultura en el valle del Nilo
La larga lucha ...
El crónico problema de alimentar a la población mundial - limitaciones de la base agrícola en la his toria de China y Europa - influencia del clima - cau sas y consecuencias de la desnutrición y el hambre - la difusión de las cosechas y los animales - la so lución europea
Expansión del asentamiento europeo ... ...
Colonización interna y transformación del paisaje - expansión de Europa - impacto sobre los pueblos y las culturas nativas de todo el mundo
Formas de pensar ...
Influencia del pensamiento clásico, judío y cristiano, sobre la visión europea del mundo - la relación en tre los seres humanos y el mundo natural - la idea del progreso - tradiciones alternativas - impacto de
la economía clásica y de la teoría marxista - la bús queda del crecimiento económico
9. El saqueo del mundo ... 221 Primeros ejemplos de destrucción de la fauna - ex tinciones - impacto de la introducción de especies no autóctonas - estudios sobre la historia de la ex plotación: pesca - comercio de la piel - caza de fo cas - caza de ballenas - la idea de-conservación
10. Creación del Tercer Mundo ... 263 Las islas atlánticas en el siglo XV como microcosmos del desarrollo colonial - esclavitud y trabajo bajo contrato - hacia una economía mundial - agricultura de plantaciones - difusión y desarrollo de cultivos para la venta - explotación de madera y minerales - consecuencias para el Tercer Mundo
11. El cambiante rostro de la muerte ... 303 Causas, impacto y difusión de las enfermedades in fecciosas - la historia de la peste bubónica - in fluencia de la agricultura, el comercio, la higiene y la pobreza - desarrollo de las «enfermedades de la civilización»
12. El peso de las cifras ... 325 Diferentes patrones de explosión demográfica - ex pansión del terreno agrícola - cambios en la tecno logía agrícola - desarrollo de la industria alimentaria - la «revolución verde» - problemas alimentarios mundiales - impacto de la agricultura - deforesta ción, erosión del suelo, salinización, desertización - desastres ecológicos en el mundo
13. La segunda gran transición ... 36l Fuentes energéticas - energía humana, animal, hi dráulica y eólica - la primera crisis energética - tran
sición a los combustibles fósiles - crecimiento de las fuentes y el consumo energético
14. El crecim iento de las ciudades ... 3 9 7 Ciudades preindustriales - crecimiento urbano - el papel de los suburbios y el transporte - la conurba- ción y las metrópolis - ciudades del Tercer Mundo - problemas medioambientales
15. Creación de la sociedad de la opulencia ... 423 La pobreza de las sociedades agrícolas - impacto de la industrialización - crecimiento del consumo y la venta al por menor - los coches y el turismo - pro blemas de la opulencia - distribución de la riqueza mundial - problemas del Tercer Mundo
16. La contaminación del mundo ... 463 Comienzos de la contaminación de las ciudades - su ministro de agua - tratamiento de los residuos - humo - comienzos de la contaminación industrial - efectos de la industrialización - lluvia ácida - enfer medades industriales - nuevos productos químicos - problemas de los residuos tóxicos - contaminación nuclear - el tráfico - mezclando nuevos cócteles - los CFC y la capa de ozono - calentamiento global
17. La sombra del pasado ...
525
Interpretación ecológica de la historia humana - es tabilidad y sostenibilidad de las sociedades humanas - lecciones del pasado
Mientras unos escalan montañas porque están ahí, otros se encuentran de pronto escribiendo libros porque no están ahí. En su prefacio a The Normans in the South, John Julius Norwich ex plica cómo, después de pasar unas vacaciones en Sicilia, sintió el deseo de comprender los orígenes de la fascinante mezcla de ci vilizaciones que se daba en la isla. Apenas encontró unos cuan tos textos especializados y se dio cuenta de que si quería una historia completa de la Sicilia normanda para el lector no espe cializado, tendría que escribirla él mismo. Pese a su poca con fianza en su propia formación presintió en el tema el interés y la importancia necesarios para abordar por sí mismo la tarea. Este trabajo debe su concepción a ese tipo de experiencia. Hay mu chos libros sobre el estado actual del medio ambiente y sobre las perspectivas de futuro, pero pocos son los que se adentran mu cho en el pasado o exploran en qué medida el medio ambiente ha conformado la historia humana, y ninguno cubría el terreno ni formulaba las preguntas que a mí me parecían importantes.
Estoy absolutamente convencido de que hacía falta un libro que aborde la historia del mundo desde una perspectiva «verde».
Este libro no pretende arrogarse ninguna erudición original. En los veinte años que he dedicado a pensar y leer sobre los te mas que se tratan en esta historia, y durante el tiempo que de diqué activamente a la investigación, he contraído una gran deu da con los muchos cientos de historiadores, arqueólogos, antro pólogos, científicos de diversas disciplinas, economistas y otros profesionales que han escrito sobre los diferentes temas que aquí se tratan. Gran parte de lo que ellos escribieron no se abordó te niendo en mente una perspectiva específicamente «verde» y, por tanto, espero que, si ello es necesario, puedan perdonar el uso que se ha dado a su trabajo. En un trabajo general de este tipo no ha sido posible incluir detalladas notas a pie de página ni acreditaciones específicas, y tengo que recurrir en cambio a una generalizada, pero no obstante sincera, expresión de gratitud.
Este libro no pretende ser una historia completa del mundo. No se ocupa de la historia política, militar, diplomática o cultu ral. Estos aspectos ya han recibido un tratamiento más que sufi ciente en otras obras. La mayoría de las llamadas grandes figuras históricas o no aparecen en absoluto en estas páginas o, como mucho, sólo se las menciona de pasada. En cambio he intenta do concentrarme en lo que para mí son cuestiones fundamenta les que quizá no siempre hayan recibido la atención que mere cen en tratados publicados con anterioridad. Estoy convencido, tras casi veinte años de defender causas «medioambientales», que los temas «verdes» no se refieren simplemente al estado del mun do natural, sino que tienen que incluir problemas cruciales como el uso de los recursos y la energía, la distribución de la pobreza y la riqueza, cómo las personas tratan a otras personas y lo que piensa la gente sobre el mundo que habita. Pero estos temas se abordan en un contexto histórico. Este libro no intenta proponer
soluciones.
He intentado escribir una historia m undial Pero estaría dis puesto a aceptar que el tratamiento de cada una de las zonas del globo no es igualitario. Una historia de los pueblos del mundo que reflejase la experiencia de la mayoría de ellos requeriría cen trar el grueso de la atención sobre la historia de China, la India y el resto de Asia. Sobre esta base, la historia de Europa y de Es tados Unidos recibe más de su justa cuota en este libro, pero esta
desproporción, creo yo, se puede justificar atendiendo a su abru madora importancia como zonas que han influido en lo que ha ocurrido en la historia mundial en el medio ambiente del globo durante los últimos quinientos años. No he desatendido delibe radamente a África; lo único que puedo alegar es una falta de material de la suficiente relevancia. Todas las fechas son después de J.C., salvo indicación en sentido contrario.
La investigación realizada para este libro supuso consultar muchos cientos de libros y artículos, a menudo de una relevan cia sólo marginal para el tema que me ocupaba. En lugar de dar una lista exhaustiva pero imposible de manejar de las fuentes a las que he acudido, he optado en cambio por dar una guía de libros particularmente valiosos que iluminan una área importan te o cuya lectura podría ser útil para quienes pudieran pensar que les gustaría investigar un tema con mayor detalle del que permite el espacio de que aquí disponemos.
Durante el curso de la redacción de este libro he contraído dos deudas concretas de gratitud. En primer lugar, con mi editor Christopher Sinclair-Stevenson, sin cuyo entusiasmo y apoyo el li bro nunca se habría escrito. En segundo lugar, como siempre, con mi esposa Sally, cuyo interés en el tema y sus agudas críti cas a los sucesivos borradores han sido de incalculable valor. También estoy agradecido a la London Library por sus eclécticos y a veces un tanto excéntricos archivos, al personal de la Main Library y la Natural Sciences Library y, no menos, al servicio de préstamos interbibliotecarios del University College de Swansea por ayudarme a encontrar algunos textos a menudo harto recón ditos. Parte del Capítulo 5 se presentó como ponencia en el con greso anual de la British Association de 1990, a quien estoy agra decido por su interés en el tema y por las contribuciones de los participantes en el congreso.
1
Las lecciones de la isla de Pascua
La isla de Pascua es uno de los lugares deshabitados más re motos de la Tierra, con una superficie de apenas 388 kilómetros cuadrados, ubicada en el océano Pacífico, a 3.200 kilómetros de la costa oeste de Sudamérica y a 2.011 kilómetros de la isla Pit cairn, el territorio habitable más cercano. En su momento de ma yor apogeo la población era sólo de unos 7.000 habitantes. Sin embargo, a pesar de su insignificancia superficial, la historia de la isla de Pascua es un solemne aviso para el mundo.
El almirante holandés Roggeveen, navegando a bordo del
Arena, fue el primer europeo que visitó la isla el domingo de Re surrección de 1722. Se encontró una sociedad en un estado pri mitivo con unas 3.000 personas que vivían en chozas de junco y en cuevas, inmersos en un casi perpetuo estado de guerra y re curriendo al canibalismo en un esfuerzo desesperado por suplir los exiguos recursos alimentarios de que disponían en la isla. Du rante la siguiente visita europea en 1770 los españoles se anexa
ron nominalmente la isla, pero ésta estaba tan remota, tan des poblada y tan carente de recursos que jamás se produjo ocupa ción colonial alguna. Hubo algunas breves visitas máaa finales del siglo xviii, incluyendo una del capitán Cook en 1774. Un bar co americano se quedó en la isla el tiempo suficiente para lle varse a veintidós de sus habitantes a trabajar como esclavos ma tando focas en la isla Mas Afuera, frente a las costas chilenas. La población siguió disminuyendo y las condiciones de la isla em peoraron: en 1877, los peruanos se llevaron y esclavizaron a to dos los habitantes menos a 110 ancianos y niños. Finalmente, Chile se anexó la isla y se convirtió en un rancho gigante para 40.000 ovejas regentado por una empresa británica, confinando a los pocos habitantes que allí quedaban a una pequeña aldea.
Lo que asombró e intrigó a los primeros visitantes fue la evi dencia, entre tanta miseria y barbarie, de una sociedad que una vez fue próspera y avanzada. Esparcidas por toda la isla había más de 600 imponentes estatuas de piedra, con una altura media de más de seis metros. Cuando los antropólogos empezaron a es tudiar la historia y la cultura de la isla de Pascua a principios del siglo xx coincidieron en una cosa. El primitivo pueblo que vivía en tales condiciones de pobreza y atraso cuando los europeos vi sitaron por primera vez la isla no podía haber sido el responsa ble de una tarea tan socialmente avanzada y tecnológicamente compleja como esculpir, transportar y poner en pie las estatuas. La isla de Pascua se convirtió por tanto en un «misterio» y pro pusieron muy diversas teorías para explicar su historia. Las tesis más fantásticas hablaban de visitas de hombres del espacio o de civilizaciones perdidas de continentes que se habían hundido en el Pacífico dejando como vestigio la isla de Pascua. El arqueólo go noruego Thor Heyerdahl, en su popular libro Aku-Aku escri to en los años cincuenta, hace hincapié en los aspectos extraños de la isla y en los misterios que se esconden en su historia. Él sostenía que la isla la colonizó por primera vez Sudamérica y que de este continente sus habitantes heredaron una tradición de es cultura monumental y de trabajo de la piedra (similar a los gran des logros incas). Para explicar el declive, Heyerdahl aventuró la idea de que en una fase posterior hubo otros colonizadores que llegaron del oeste y desataron una serie de guerras entre los lla mados «orejas largas» y «orejas cortas» que destruyeron la com pleja sociedad de la isla. Aunque esta teoría es menos extrava
gante que algunas de las que se han propuesto, nunca ha goza do de una aceptación generalizada por parte de otros arqueó logos.
La historia de la isla de Pascua no es una historia de civiliza ciones perdidas y de conocimientos esotéricos. Es más bien un llamativo ejemplo de la dependencia de las sociedades humanas respecto a su medio ambiente y de las consecuencias de dañar irreversiblemente ese medio ambiente. Es la historia de un pue blo que, a partir de una base de-recursos sumamente limitada, construyó una de las sociedades más alanzadas del mundo para la tecnología de que disponían. Sin embargo, las demandas que impusieron al medio ambiente de la isla para este desarrollo fue ron inmensas. Cuando ya no pudo soportar la presión, la socie dad que tan fatigosamente se había levantado a lo largo de qui nientos años cayó con él.
La colonización de la isla de Pascua pertenece a la última fase del interminable proceso de asentamiento humano por todo el globo. El primer pueblo llegó en algún momento del siglo xv en un período en que el Imperio Romano se estaba derrumbando en la Europa occidental, en un momento en que China aún se veía afligida por el caos que siguió a la caída del Imperio Han doscientos años antes, la India contemplaba el fin del breve Im perio Gupta y la gran ciudad de Teotihuacán dominaba la mayor parte de Centroamérica. Eran polinesios y participaban en un gran proceso de exploración y colonización de toda la vasta ex tensión del océano Pacífico. Los polinesios originales procedían del sureste de Asia y llegaron a las islas de Tonga y Samoa alre dedor del año 1000 antes de J.C. De allí siguieron hacia el este hasta las islas Marquesas alrededor del 300 después de Jesucris to, y luego en dos direcciones, por el sureste hasta la isla de Pascua y por el norte hasta Hawai en el siglo V. Las últimas fa ses de su periplo los llevaron a las islas de la Sociedad alrede dor del 600 y desde allí hasta Nueva Zelanda alrededor del 800. Cuando se completó esta colonización, los polinesios eran el pueblo más extendido de la Tierra, abarcando un enorme trián gulo desde Hawai en el norte hasta Nueva Zelanda en el suro este y la isla de Pascua en el sureste, una área con una exten sión del doble de la de los Estados Unidos continentales. Sus lar gos viajes los hicieron en canoas dobles, unidas por una amplia plataforma central para transportar y guarecer a personas, plan
tas, animales y alimentos. Eran éstas misiones deliberadas de co lonización y representaron hazañas considerables de navegación y náutica por cuanto las corrientes y vientos reinantes e a el Pa cífico impiden viajar de oeste a este.
Cuando los primeros pueblos descubrieron la isla de Pascua, descubrieron un mundo con pocos recursos. La isla era de ori gen volcánico, pero sus tres volcanes llevaban inactivos desde al menos 400 años antes de que llegasen los colonizadores poline sios. Tanto las temperaturas como la humedad eran altas y, aun que el suelo era adecuado, el drenaje era muy deficiente y no había corrientes permanentes de agua en la isla; la única agua dulce de que se disponía procedía de los lagos existentes en el interior de los volcanes extinguidos. Debido a su remota situa ción la isla apenas tenía unas pocas especies de plantas y ani males. Había treinta especies autóctonas de flora, no había ma míferos, sólo unos cuantos insectos y dos tipos de lagartija. Las aguas que rodeaban la isla tenían muy poco pescado. La llegada de los primeros seres humanos contribuyó poco a mejorar la si tuación. La subsistencia de los polinesios en sus islas de origen dependía de una surtido muy limitado de plantas y animales: sus únicos animales domésticos eran pollos, cerdos, perros y la rata polinesia, y los principales cultivos eran el ñame, el ocumo, el fruto del pan, el plátano, el coco y la batata. Los colonizadores de la isla de Pascua sólo llevaron consigo pollos y ratas y pron to advirtieron que el clima era demasiado severo para plantas se- mitropicales como el fruto del pan y el coco, y muy poco apro piado para los componentes habituales de su dieta, el ocumo y el ñame. Los habitantes se restringieron, por tanto, a una dieta basada principalmente en las batatas y los pollos. La única ven taja de esta dieta monótona, aunque nutritivamente adecuada, era que el cultivo de la batata no era demasiado absorbente y les dejaba mucho tiempo libre para otras actividades.
No se sabe cuántos colonizadores llegaron en el siglo v, pero su número probablemente no superaba los veinte o treinta a lo sumo. A pedida que la población fue aumentando lentamente, se adoptaron las formas de organización social que se conocían en el resto de la Polinesia. La unidad social básica era la familia ex tendida, que poseía y cultivaba conjuntamente la tierra. Las fa milias más estrechamente relacionadas se unieron en linajes y clanes, cada uno de los cuales tenía su propio centro de activi
dad religiosa y ceremonial. Cada clan estaba encabezado por un jefe que organizaba y dirigía las actividades y que actuaba como punto base para la redistribución de la comida y de otrog. ele mentos esenciales dentro del clan. Fue esta forma de organiza ción y la rivalidad (y probablemente el conflicto) entre los clanes lo que produjo los principales logros de la sociedad de la isla de Pascua y finalmente su derrumbe.
Los asentamientos se esparcieron por toda la isla en peque ños grupos de chozas de campesinos que realizaban los cultivos en campos abiertos. Las actividades sociales se realizaban en tor no a centros ceremoniales independientes, que estaban ocupados durante parte del año. Los principales monumentos eran grandes plataformas de piedra, similares a las encontradas en otras partes de la Polinesia y que se conocen como ahu\ se usaban para fu nerales, para orar a los antepasados y para conmemorar a jefes de clanes del pasado. Lo que hacía diferente a la isla de Pascua era que la producción de los cultivos suponía muy poco esfuer zo y por tanto disponían de mucho tiempo libre que los jefes de los clanes podían dirigir hacia las actividades ceremoniales. El re sultado fue la creación de la más avanzada de todas las socieda des polinesias y una de las más complejas del mundo para su li mitada base de recursos. Los habitantes de la isla de Pascua se dedicaron a complejos rituales y a la construcción de monumen tos. Algunas de las ceremonias consistían en recitaciones de la única forma polinesia de escritura conocida llamada rongorongo, que probablemente no era tanto una auténtica escritura como una serie de recursos mnemónicos. En Orongo, donde se en cuentran los restos de cuarenta y siete casas especiales junto con numerosas plataformas y una serie de altorrelieves esculpidos en roca, había un conjunto de complicados rituales basado en el culto a los pájaros. Los centros cruciales de la actividad ceremo nial eran los ahu. En la isla, sobre todo cerca de la costa, se construyeron más de 300 de estas plataformas. El nivel de desa rrollo intelectual de al menos algunos sectores de la sociedad de la isla de Pascua se puede juzgar por el hecho de que muchos de estos ahu tienen sofisticadas convergencias astrológicas, nor malmente apuntando hacia uno de los solsticios o hacia el equi noccio. En cada emplazamiento se construyeron de una a quin ce de las enormes estatuas de piedra que sobreviven hoy día como monumento conmemorativo único de la desaparecida so
ciedad de la isla de Pascua. Son estas estatuas las que acapara ron cantidades inmensas del trabajo de los campesinos. Las esta tuas fueron esculpidas, utilizando herramientas de piedra obsi diana, en la cantera de Rano Raraku. Se moldearon representan do de forma sumamente estilizada una cabeza y un torso masculinos. Encima de la cabeza se colocó un «moño» de piedra roja de un peso de unas diez toneladas procedente de otra can tera. Esculpir la piedra, más que ser una labor compleja/ era una tarea que llevaba tiempo. El problema más difícil era transportar las estatuas, cada una de las cuales tenía una longitud de unos seis metros y un peso de varias decenas de toneladas, de un lado a otro de la isla y después ponerlas en pie encima del ahu.
La solución de los habitantes de la isla de Pascua al proble ma del transporte nos da la clave del posterior destino de toda su sociedad. Carentes de animales de tiro, tenían que recurrir a la fuerza humana para arrastrar las estatuas por toda la isla utili zando troncos de árbol y rodillos. La población de la isla creció sin parar desde el pequeño grupo original del siglo v hasta los alrededor de 7.000 habitantes que tuvo en su momento de ma yor apogeo, en 1550. Con el tiempo, también habría aumentado el número de clanes y la rivalidad entre ellos. Hacia el siglo xvi se habían construido cientos de ahu, y con ellos más de 600 de las enormes estatuas de piedra. Entonces, cuando la sociedad al canzó su cumbre, se derrumbó de repente dejando más de la mi tad de las estatuas a medio terminar alrededor de la cantera de Rano Raraku. La causa del derrumbe y la clave para comprender los «misterios» de la isla de Pascua fue la imponente degradación medioambiental que acarreó la deforestación de toda la isla.
Cuando los primeros europeos visitaron la isla en el siglo xvm ésta carecía por completo de árboles, a excepción de un pu ñado de especímenes aislados en el fondo del cráter extinguido más profundo de Rano Kao. Sin embargo, recientes trabajos cien tíficos de análisis de tipos de polen han establecido que en el momento de la colonización inicial la isla de Pascua tenía una densa capa de vegetación, incluyendo extensos bosques. En pa ralelo al lento aumento de la población, los árboles habrían sido cortados para preparar claros para la agricultura, para conseguir combustible para calentarse y cocinar, material para construir ob jetos domésticos, postes y casas de paja y canoas para pescar. La exigencia más acuciante de todas era la necesidad de trasladar el
gran número de enormemente pesadas estatuas a los emplaza mientos ceremoniales repartidos por toda la isla. La única forma que tenían de hacerlo era con grandes cantidades de personaa que las guiasen y las deslizasen sobre alguna forma de guía flexible hecha con troncos de árbol extendidos sobre el suelo entre la cantera y el ahu. Según crecía la rivalidad entre los clanes, para erigir las estatuas se necesitarían cantidades prodigiosas de ma dera y en cifras cada vez mayores. Como consecuencia, hacia 1600 la isla estaba casi completamente deforestada y se inte rrumpió la construcción de estatuas, dejando muchas de ellas va radas en la cantera.
La deforestación de la isla no fue sólo el golpe de gracia para la compleja vida social y ceremonial; tuvo también otros drásti cos efectos sobre la vida cotidiana de la población en general. Desde 1500 la escasez de árboles estaba forzando a muchas per sonas a abandonar la construcción de casas de madera y a vivir en cuevas, y cuando la madera se agotó por completo un siglo después todos tuvieron que usar los únicos materiales que que daban. Recurrieron a guaridas de piedra excavadas en laderas o a frágiles chozas de junco cortado de la vegetación que crecía en los bordes de los lagos de los cráteres. Ya no era posible cons truir canoas y sólo se podían hacer barcas de junco, con las que era imposible realizar largos viajes. La pesca también era más di fícil porque hasta entonces las redes se habían hecho de morera (árbol con el que también se podía hacer tela) y ya no dispo nían de él. La eliminación de la capa arbórea también afectó muy negativamente al suelo de la isla, que ya venía padeciendo una carencia de abono animal adecuado para reponer los nutrientes absorbidos por los cultivos. El aumento de la exposición originó una erosión del suelo y la lixiviación de nutrientes esenciales. Como consecuencia el rendimiento de los cultivos descendió. La única fuente de alimentos de la isla que no se vio afectada por estos problemas fueron los pollos. Conforme crecían en impor tancia, tenían que ser protegidos de los robos, y la introducción de corrales defensivos construidos en piedra puede datar de esta fase de la historia de la isla. Mantener a 7.000 personas con esta base de recursos tan disminuida se convirtió en tarea imposible, y su número descendió rápidamente.
A partir de 1600 la sociedad de la isla de Pascua entró en de clive y retrocedió a condiciones de vida más primitivas que nun
ca. Sin árboles, y también sin canoas, los isleños estaban atrapa dos en su remoto hogar, incapaces de escapar a las consecuen cias del hundimiento medioambiental que ellos mismos habían provocado. El impacto social y cultural de la deforestación fue igualmente importante. La incapacidad de erigir una sola estatua más debió tener un efecto devastador sobre el sistema de creen cias y sobre la organización social, poniendo en cuestión los fun damentos sobre los que se había erigido tan compleja sociedad. Hubo crecientes conflictos por Jo s cada vez menores recursos que derivaron en un estado de guerra semipermanente. La es clavitud se hizo moneda común, y según descendía la cantidad de proteína disponible la población recurrió al canibalismo. Uno de los principales objetivos de la guerra era destruir los ahu de los clanes enemigos. Sobrevivieron unos cuantos como lugares de enterramiento, pero la mayoría fueron abandonados. Las mag níficas estatuas de piedra, demasiado grandes para destruirlas, fueron derribadas. Los primeros europeos encontraron sólo unas cuantas aún en pie cuando llegaron en el siglo xvm y todas ha bían sido derribadas hacia la década de 1830. Cuando los visi tantes les preguntaron cómo habían transportado las estatuas desde la cantera, los primitivos habitantes de la isla ya no recor daban lo que sus antepasados habían conseguido y sólo acerta ron a decir que las enormes figuras habían cruzado la isla «ca minando». Los europeos, al ver un paisaje sin árboles, tampoco fueron capaces de imaginar ninguna explicación lógica y también se quedaron perplejos.
Pese a tan grandes dificultades, los habitantes de la isla cons truyeron con enormes esfuerzos, a lo largo de muchos siglos, una de las sociedades más avanzadas de este tipo en todo el mundo. Durante un millar de años mantuvieron una forma de vida en consonancia con un complejo conjunto de hábitos so ciales y religiosos que les permitieron no sólo sobrevivir sino prosperar. Fue en muchos sentidos un triunfo de la ingenuidad humana y una clara victoria sobre un medio ambiente hostil. Pero al final el aumento de la población y sus ambiciones cultu rales resultaron demasiado grandes para los limitados recursos de que disponían. Cuando el medio ambiente quedó arruinado por la presión, la sociedad se derrumbó muy rápidamente con él, conduciendo a un estado de semibarbarie.
ban aislados casi por completo del resto del mundo, seguramen te se tuvieron que dar cuenta de que su misma existencia de pendía de los limitados recursos de la pequeña isla. Después de todo era lo suficientemente pequeña para que pudiesen reco rrerla a pie en poco más o menos un día y pudiesen ver por sí mismos lo que estaba ocurriendo a los bosques. Pero fueron in capaces de idear un sistema que les permitiese encontrar el equi librio justo con su medio ambiente. Por el contrario, consumie ron de forma constante los recursos vitales hasta que por fin no quedó ninguno. Ciertamente, fue en el pTeciso momento en que las limitaciones de la isla tuvieron que hacerse desoladoramente evidentes cuando parece haberse intensificado la pugna entre los clanes para hacerse con la madera disponible mientras cada vez se esculpían más estatuas y se transportaban por toda la isla en un intento de asegurarse su prestigio y su status. El hecho de que se dejaran tantas sin terminár o varadas en la cantera sugie re que no se tomó en consideración el número de árboles que quedaban en la isla.
El destino de la isla de Pascua tiene también implicaciones más profundas. Como la isla de Pascua, la Tierra tiene recursos muy limitados para mantener a la sociedad humana y soportar sus exigencias. Como los habitantes de la isla, la población hu mana de la Tierra no tiene medios prácticos de escape. ¿Cómo ha conformado la historia humana el medio ambiente del mun do y cómo han conformado y alterado las personas el mundo en el que viven? ¿Han caído otras sociedades en la misma trampa que los habitantes de la isla? Desde hace dos millones de años, los seres humanos han conseguido obtener más comida y ex traer más recursos con los que mantener a cantidades cada vez mayores de personas y a sociedades cada vez más complejas y tecnológicamente avanzadas. ¿Pero han tenido más suerte que los de la isla en la búsqueda de una forma de vida que no agote fa talmente los recursos de que disponen y que no dañen irreversi blemente su sistema de sustento vital?
2
Los cimientos de la historia
La historia humana no se puede entender en un vacío. Todas las sociedades humanas han dependido, y todavía dependen, de complejos procesos físicos, químicos y biológicos relacionados entre sí. Entre éstos se incluyen la energía producida por el Sol, la circulación de los elementos cruciales para la vida, los procesos geofísicos que han hecho que las masas continentales de tierra se desplacen por el globo y los factores que regulan el cambio climático. Estos elementos constituyen los fundamentos esencia les para la formación de complejas comunidades interdepen- dientes por parte de los diversos tipos de plantas y animales (se res humanos incluidos). Aunque el conocimiento científico de al gunas de estas áreas, especialmente el cambio climático, aún es esquemático, la investigación en muy diversas disciplinas está de jando cada vez más claro que la vida sobre la Tierra y todas las sociedades humanas dependen del mantenimiento de muchos delicados equilibrios entre una serie de complejos procesos y
dentro de ellos. Los descubrimientos nos ayudan a entender la influencia que ha ejercido el medio ambiente sobre el desarrollo de las sociedades humanas y, tan importante como esto, el im pacto de los seres humanos sobre la Tierra.
La historia humana se ha visto influida por la acción de fuer zas geológicas y astronómicas de gran envergadura durante lar gos períodos de tiempo. Aunque la cantidad de tierra del globo ha permanecido por regla general constante, su distnbución ha cambiado radicalmente. Las rocas que se encuentran a pocos ki lómetros bajo la superficie terrestre ^se funden y fluyen en co rrientes de convección causadas por el calor que sube del núcleo terrestre. Este flujo causa movimientos en la corteza terrestre bajo la forma de grandes «placas» que se mueven por la superficie del globo. Las corrientes de convección procedentes del núcleo te rrestre provocan ondulaciones bajo los océanos y después fluyen hacia el exterior obligando a las placas a distanciarse, de tal for ma que el Atlántico norte se está ensanchando a una media de aproximadamente 1,2 centímetros al año y el Pacífico a unos 10 centímetros anuales. El material refluye después hacia el fondo de las profundas fosas oceánicas. Donde las placas se encuentran hay una gran inestabilidad que origina terremotos y volcanes.
Estos movimientos tienen su manifestación en los desastres naturales que han salpicado la historia humana: erupciones vol cánicas como la del Thera, que puede haber aplastado la socie dad minoica de Creta, la erupción del Vesubio que destruyó Her- culano y Pompeya, o los grandes terremotos como el de la pro vincia de Shensi en China que en 1556 mató a 800.000 personas o los que afectaron a Lisboa en 1755 y a Tokio en 1923 que ma taron a decenas de miles. El impacto a largo plazo es aún ma yor. Hace unos 400 millones de años la Tierra tenía dos super- continentes, Laurasia (América del norte, Europa y Asia) y Gondwana (América del Sur, África, India, Australia y la Antárti da), divididos por el mar de Tethys. Cuando esta inmensa masa de tierra se partió, los continentes del sur quedaron ubicados en el polo sur, originando glaciares en lo que actualmente son Bra sil y Sudáfrica, y Laurasia estaba en los trópicos. Lo que ahora es Norteamérica se alejó de Europa hace unos 200 millones de años, aunque el gran desplazamiento que formó el océano Atlán tico no se produjo hasta hace 80 millones de años; Gondwana empezó a descomponerse en continentes independientes hace
unos 160 millones de años, pero la formación de la mayor parte del océano índico y la ruptura entre Australia y la Antártida ocu rrió hace 60 millones de años. África y Sudamérica se separaron hace 100 millones de años.
La deriva de los continentes por el globo ha tenido un pro fundo impacto sobre la historia de la humanidad. Ha determina do la distribución de recursos, y es la responsable de las dife rencias de flora y fauna entre los continentes. El material que fluía desde el núcleo terrestre formó parte de las masas de tierra continentales y determinó la ubicación y la concentración de los recursos minerales del mundo. La posición de los continentes en una fase anterior de su historia explica la distribución de las re servas de combustible fósil del mundo moderno. El carbón, el petróleo y el gas natural proceden de la descomposición de los inmensos bosques tropicales existentes hace 250 o 300 millones de años. La deriva continental también ha sido un factor que ha determinado de forma decisiva la actual distribución de plantas y animales. Algunos han evolucionado en solitario y otros han lle gado a extinguirse por la acción de sus competidores cuando de repente han entrado en contacto con otras partes del mundo. Por ejemplo, los mamíferos marsupiales se extendían por todo el mundo hace unos 80 millones de años. Según se alejaban los con tinentes, los marsupiales fueron sustituidos en Eurasia por los mamíferos placentales. Sobrevivieron en Sudamérica hasta que ésta se unió a Norteamérica hace unos 30 millones de años y si guen viviendo en Australia, que ha permanecido aislada. La evo lución de los animales en diferentes partes del mundo también ha tenido efectos cruciales sobre la historia humana. El aisla miento de las dos Américas de la masa de tierra eurasiàtica hizo que los animales domesticados en Europa y Asia, como las ove jas, las cabras, el vacuno y los caballos, no estuviesen presentes allí. Esto influyó tanto en su agricultura como en su transporte; los animales domesticados eran relativamente poco importantes y, aunque las sociedades de las Américas conocían el principio de la rueda, no podían utilizarlo al no disponer de animales de tiro.
El clima ha sido una fuerza fundamental en la conformación de la historia humana. Un año tras otro las variaciones climáticas influyen sobre los rendimientos de los cultivos, pero hay ten dencias a largo plazo significativamente mayores que han afecta do a la capacidad de los seres humanos para asentarse en
algu-ñas áreas del globo, que han influido en la distribución de las plantas y de los animales allí instalados y que han limitado los cultivos que se pueden realizar. La división de los continentes también ha sido uno de los factores determinantes del clima. Los efectos de los períodos glaciales, que han dominado el clima mundial desde hace dos millones y medio de años, dependen del actual reparto de las masas de tierra del hemisferio norte. Las grandes placas de hielo no se pudieron formar y desplazar se más hacia el sur cuando el clima se deterioró, sin que los con tinentes se agrupasen hacia el polo norte y sin la formación de un océano Artico rodeado de tierra hace unos tres millones de años.
La posición de los continentes, es sólo uno más de los facto res que influyen sobre el clima mundial. Aparte de la cada vez mayor producción de energía solar y de los niveles de gases como el dióxido de carbono y el metano en la atmósfera, el prin cipal factor que determina el clima es una serie de ciclos astro nómicos que afectan a la Tierra y a su órbita alrededor del Sol. Esta teoría la propuso en la década de 1920 un científico yugos lavo, Milhankovic, pero fue ampliamente ignorada. Sólo en los treinta últimos años, con el análisis científico de los núcleos ex traídos de los sedimentos oceánicos y las placas de hielo que dan una información sobre el clima que se remonta a cientos de mi les de años, se ha empezado a aceptar estas teorías. A lo largo de un período de 90.000 a 100.000 años la órbita terrestre cam bia de ser casi circular a ser más elíptica. En el momento pre sente la órbita se está haciendo más circular y se está reducien do la diferencia entre los momentos en que el calor del Sol que llega a la Tierra está en su máximo y en su mínimo. El segundo ciclo, el tiempo de máximo acercamiento de la Tierra al Sol, se completa cada 21.000 años. En este momento la Tierra está más cerca del Sol durante el invierno del hemisferio norte. Esto re duce el impacto del cambio climático estacional en el norte, al tiempo que lo aumenta en el hemisferio sur. El tercer ciclo afec ta a la «inclinación» de la Tierra, que varía en un período de unos 40.000 años. En este momento la inclinación está decreciendo, lo que una vez más reduce la diferencia entre las estaciones. Aunque hay otros ciclos a corto plazo, como variaciones meno res de la energía del Sol en un período de 22 a 23 años (ligado a la actividad de la mancha solar y a inversiones del campo mag
nético solar), es la combinación de los tres ciclos a largo plazo lo que determina en gran medida el cambiante clima de la Tierra.
Los ciclos a largo plazo alteran la distribución de la energía solar que cae sobre la Tierra. La actual cercanía de los continen tes en el hemisferio norte hacia el polo tiene una importancia crucial porque un descenso de sólo el 2 por ciento del calor del Sol puede iniciar una glaciación. Los veranos fríos permiten que la nieve y el hielo del invierno sobrevivan hasta el siguiente in vierno, y la creciente capa de nigve origina un nuevo enfria miento al aumentar la reflexividad de las* capas de hielo y los gla ciares. Este mismo proceso no puede funcionar en el hemisferio sur cuando los cambios en la órbita terrestre producen allí vera nos fríos. Aparte de la Antártida no hay la suficiente tierra cerca del polo ni demasiada agua (que modera las temperaturas) para permitir la formación de placas glaciales continentales. Durante los últimos dos millones y medio de años ha habido un ciclo de períodos glaciales que ha afectado al clima de la Tierra; los pe ríodos interglaciales normalmente han sido cortos, con un total de unos 250.000 años durante los últimos dos millones. La épo ca interglacial más cálida fue la que se produjo hace unos 120.000 años (con unas temperaturas superiores a las actuales en unos 2 °C).
Cambio climático
(miles de años antes de hoy)
Las diversas formas de vida de la Tierra, incluyendo a los se res humanos, no existen independientemente; forman parte de ecosistemas, un término que se utiliza para referirse a una co munidad de organismos y a su medio ambiente. Hay muchos ti pos distintos de ecosistema, como el bosque tropical, el herbazal o el arrecife de coral, pero el fundamento de todos ellos, y por tanto la base de toda la vida existente sobre la Tierra, es la fo
500 --- {450 ---j— ---,--- 1--- |---,--- ,---,---,400 350 300 250 200 150 100 50
Período glacial Período glacial
Riss Würm
Cambios en la cantidad de sol en el verano del hemisferio norte. (Las depre siones coinciden en el tiempo con los avances de las placas glaciales.)
tosíntesis, el proceso mediante el cual las plantas y ciertos tipos de bacteria utilizan la energía de la luz solar para crear los com ponentes químicos esenciales para la vida. Es ésta la única vía por la que la energía se introduce en el sistema. Muy poca ener gía solar se convierte, de hecho, en materia (a menudo tan sólo un 0,2 por ciento), y no hay forma alguna de mejorar esta efica cia por cuanto ello depende de la cantidad de luz que llega a la Tierra, de las leyes de la física y de la cantidad de dióxido de carbono de la atmósfera. (La alimentación selectiva de plantas no aumenta la eficacia de la fotosíntesis* simplemente hace que las plantas desarrollen un mayor esfuerzo en la producción de aque llas partes que a los seres humanos les resultan útiles a costa de otras partes.)
Dentro de un ecosistema concreto los fotosintetizadores (como las plantas, los árboles y las hierbas) proporcionan el aporte energético básico. Están en la base de una cadena ali menticia que liga entre sí a los diferentes organismos. Los foto sintetizadores se descomponen en el suelo al morir por la acción de descompositores como los hongos, y sus elementos esencia les quedan disponibles para ser utilizados por otras plantas. (En un medio ambiente marino el proceso es similar.) Los fotosinte tizadores son también comidos por animales (herbívoros) que son capaces de extraer de la planta una nutrición básica. Los her bívoros son comidos a su vez por otros animales (carnívoros) que son capaces de extraer su alimento de los animales. Algunos animales, conocidos como carnívoros superiores, pueden comer tanto herbívoros como otros carnívoros. Cuando todos estos ani males mueren sus cadáveres se pudren y los elementos esencia les se reciclan. La mayoría de los ecosistemas tienen complejas cadenas alimenticias con numerosas interrelaciones entre sus di versas partes. Sin embargo, detrás de esta complejidad hay una regla de hierro. Cuanto más alto esté un animal en la cadena ali menticia, más escaso será. A cada paso que se asciende en la ca dena alimenticia más alejado se está de la producción primaria de los fotosintetizadores y por tanto menos energía se produce; en consecuencia, desciende la cantidad de individuos que se pueden mantener. Una vaca, por ejemplo, sólo puede almacenar un 0,6 por ciento de la producción primaria de la hierba de un campo. Por esta razón, dentro de un ecosistema sólo puede exis tir un número muy pequeño de carnívoros en comparación con
Cadenas alimenticias
CADENA ALIMENTICIA GENERALIZADA
Fotosintetizadores
Detritos orgánicos
Planta acuática \
N ^
\. —
Plantas de las marismas y Mosquito ---X Grillo
\ ó \ ~ \
y \\
/ \ V \ / \ Almeja _ \ \ Pe)esaP^ N Martín pescador Mirlo alirrojoFlujo energético (el grosor de las flechas representa la importancia relativa de la fuente de alimento) SECCIÓN DE LA CADENA ALIMENTICIA DE UN ESTUARIO DE LONG ISLAND
el número de los productores primarios. En el caso de un bos que de caducifolios del sur de Inglaterra, el 88 por ciento de la producción primaria de los fotosintetizadores (en este caso árbo les, plantas y hierbas) acaba cayendo y se descompone sobre el suelo boscoso, y otro 8 por ciento queda almacenado como
ma-dera muerta, que al final se descompone. Sólo alrededor de un 3 por ciento queda para alimento de los herbívoros, y todavía menos para los carnívoros que viven de los herbívoros.
Los ecosistemas no son estáticos. Con el paso del tiempo se van desarrollando a través de una serie ordenada y predecible de cambios que resultan de la modificación del medio ambiente por parte de las mismas plantas y animales para culminar en un sis tema clímax que tiene el máximo número posible de plantas y animales para el aporte energético de que dispone. Se tarda mi les de años en pasar de la roca desnuda a los liqúenes y los mus gos primero, después a los heléchos y las plantas, y finalmente a los árboles para crear un bosque clímax que pueda sobrevivir durante períodos muy largos, siempre y cuando no haya interfe rencia humana. Las especies pioneras que ocupan la roca están adaptadas para vivir en suelos pobres o sin suelo. Lentamente, según se acumula la materia descompuesta, se crea un suelo me jor, capaz de sostener plantas anuales y, sucesivamente, a las de hoja perenne, las hierbas, los arbustos y los árboles. A medida que el ecosistema se desarrolla y cambia, también cambian las plantas y los animales que puede mantener. Este desarrollo de un ecosistema se ha producido incontables veces a lo largo de la historia de la Tierra; por ejemplo, la retirada de una placa de hie lo después de un período glacial deja al descubierto roca desnu da, que unos cuantos miles de años más tarde se convierte en un bosque clímax templado. Cuando un ecosistema se destruye (como a menudo ocurre mediante la intervención humana para aclarar los bosques) el posterior proceso de cambio se acelera porque ya existe un buen suelo. Por ejemplo, la tierra de cultivo (resultado del clareo de un bosque en una fase anterior de su historia) dejada sin cultivar en Inglaterra, se convertirá en un bos que de roble y fresno, a través de una sucesión de malezas, hier bas y arbustos cultivables como el espino y el matorral mixto, en un plazo de 150 años.
Los diferentes tipos de ecosistema dependen en gran medida de la temperatura y del nivel de precipitaciones de lluvia. Se en cuentran'por tanto en anchas franjas entre los polos y el ecua dor. Los cambios del clima terrestre hacen que estas franjas cam bien de ubicación, a menudo a una distancia de cientos de kiló metros en un período de varios miles de años, al tiempo que producen grandes variaciones locales. En el momento presente,
cerca de los polos, las bajas cantidades de lluvia, las bajas tem peraturas y el permafrost producen tundra (con mala absorción de agua, suelos ácidos cubiertos de maleza baja). Más lejos del polo, en el hemisferio norte (aunque no en el sur porque no hay tierra en el lugar apropiado) están los grandes bosques de coni feras conocidos como la taiga. Aún más lejos de los polos están los bosques templados con su rica flora secundaria, sus mejores suelos, su alta caída de hoja y una cantidad correspondiente mente mayor de descompositores. Están a continuación los her bazales, que tienen menos lluvia que los. bosques templados y suelos más pobres. En dos franjas situadas a unos 30 °N y 30 °S del ecuador hay grandes áreas desérticas, consecuencia del siste ma climático global que concentra grandes masas de aire muy seco en estas latitudes. Finalmente en los trópicos, alrededor del ecuador, donde hay mucha lluvia y altas temperaturas, están las inmensas selvas lluviosas tropicales. Hay por supuesto muchas variaciones locales dentro de este patrón global, como las saba nas tropicales de herbazal con árboles espinosos dispersos y los bosques de lluvia moderada del noroeste de América y del sur de Nueva Zelanda.
La productividad de los diferentes ecosistemas varía enorme mente. En la tundra el nivel de producción primaria es bajo de bido al frío y a la falta de luz solar. Esto significa que son pocas las especies que se pueden mantener, y no en grandes cantida des. La cadena alimenticia es por lo tanto corta y relativamente simple. Los océanos abiertos son verdaderos desiertos, mientras que los arrecifes de coral y los estuarios rebosan de vida, alcan zando niveles equivalentes al más productivo de todos los siste mas terrestres, el bosque tropical. Estos bosques, que cubren aproximadamente un 6 por ciento de la superficie terrestre del mundo, producen alrededor del 40 por ciento de toda la pro ducción primaria terrestre de plantas, y contienen más o menos la mitad de todas las plantas y animales de la Tierra. Los bosques lluviosos son relevantes no sólo por la cantidad de vida que se encuentra en ellos, sino también por su diversidad; un trozo de bosque típico de unos diez kilómetros cuadrados contendrá las siguientes especies (no individuos): 1.500 plantas de flor, 750 ár boles, 125 mamíferos, 400 pájaros, 100 reptiles, 60 anfibios, 150 mariposas y probablemente más de 50.000 insectos. (En total, en los bosques tropicales hay probablemente 20 millones de espe
cies de insectos.) Los bosques tropicales son, no obstante, muy diferentes en su estructura a los bosques templados, que tienen ricos suelos. Las tres cuartas partes de todos los nutrientes se en cuentran en las plantas y en los árboles, y sólo el 8 por ciento en el suelo. Muy poca agua de lluvia llega al suelo; más de la mitad se evapora y la otra mitad es absorbida directamente en su mayor parte por las plantas y los árboles. El propio suelo es fino, ácido y de baja calidad, con muy poco humus. Si se destruye el ecosistema mediante el clareo de los bosques la mayor parte de los nutrientes se destruyen también; el suelo dispone de pocos elementos para soportar los cultivos o la hierba, y la tierra ex puesta corre el peligro de convertirse rápidamente en arcilla seca endurecida.
El suelo es el producto de un ecosistema; ha sido creado por las plantas y los animales vivos y continúa dependiendo de ellos para seguir siendo fértil y productivo. Antes de que las primeras formas de vida emergiesen del mar no había suelo; toda la tierra era roca desnuda erosionada y desiertos. Los suelos se forman a lo largo de miles de años a través de procesos físicos, químicos y biológicos a medida que la roca se erosiona en diminutos frag mentos y se ligan a los restos de plantas y animales muertos para formar un medio que soporte plantas y árboles más grandes mientras el ecosistema llega a un clímax. La fertilidad se incor pora y se mantiene como un proceso activo mediante la interac ción de la capa vegetal, el suelo existente, la acción de los des compositores y otros factores medioambientales como la lluvia y la temperatura. Todos estos procesos hacen de los diversos tipos de suelo que se encuentran en diferentes partes del globo uno de los más complejos sistemas vivientes de la Tierra. Unas 40 áreas de buen suelo de una región templada contendrán unos 125 millones de pequeños invertebrados, y treinta gramos de ese suelo contendrán un millón de bacterias de un solo tipo, 100.000 células de levadura y 50.000 hongos micelio. Aunque los suelos se crean a lo largo del tiempo este proceso es, según una esca la temporal humana, tan lento que el suelo es en efecto una fuente no renovable. También es muy frágil. Los ecosistemas se desarrollan naturalmente de una forma que protege el suelo del que dependen. En los herbazales secos son las raíces de la hier ba lo que mantiene unido un suelo pobre, y en los bosques tem plados es el proceso de la abundante caída de hoja en otoño, en
conjunción con un gran número de descompositores que viven del material muerto, lo que mantiene un suelo sumamente fértil. En los bosques tropicales, donde los suelos son por lo general pobres en nutrientes y potencialmente vulnerables a las abun dantes lluvias y las altas temperaturas, el ecosistema se ha desa rrollado de una forma que protege el suelo. Una vez que los ár boles y las plantas de un ecosistema resultan destruidos o gra vemente dañados, el subsuelo se ve sujeto muy rápidamente a una grave tensión y el viento y la lluvia pueden destruirlo o ero sionarlo fácilmente, dejando sólo un remanente degradado.
Para comprender plenamente las partes individuales de un ecosistema, es necesario verlas como parte de un todo mayor. Todas las partes de un ecosistema están interconectadas a través de un complejo conjunto de ciclos autorreguladores, de bucles y lazos de realimentación entre las diferentes partes de la cadena alimentaria. Por ejemplo, la fertilidad, estabilidad y textura de un suelo depende de una interacción con las otras partes del eco sistema que lo han producido. Si se elimina o se altera una par te de un ecosistema ello repercutirá sobre las demás partes del sistema. El alcance de las repercusiones variará por supuesto de pendiendo de la naturaleza, la envergadura y la duración de la alteración inicial, de la importancia relativa de la parte o las par tes afectadas y de la resistencia del ecosistema. Por ejemplo, si una especie de animal es aniquilada (por enfermedad o por ser cazada hasta su extinción), habrá ramificaciones hacia arriba y hacia abajo en la cadena alimentaria. Una forma de alteración que destruya a los productores primarios (como un incendio fo restal o un clareo deliberado del bosque) constituirá un ataque a la base de la cadena alimentaria y tendrá efectos desastrosos so bre todas las partes de la cadena.
De la misma manera que las plantas y los animales de un ecosistema forman parte de un todo mayor, también los ecosis temas forman parte de un todo mayor, la Tierra misma. A todo efecto práctico, la Tierra es un sistema cerrado. Aunque llegue la luz del Sol y proporcione la energía necesaria para la vida, el res to de los recursos son finitos. El hecho de que la Tierra sea un sistema cerrado significa también que nada puede salirse de él. Todos los residuos deben ir a algún sitio. Este hecho, combina do con los recursos limitados de que se dispone para todas las cosas vivientes, hace que el reciclaje de los materiales necesarios
para la vida sea una función esencial de todos los ecosistemas y de los demás procesos físicos y químicos de la Tierra. No obs tante, pueden aparecer problemas cuando «eliminamos» los resi duos artificiales depositándolos en los ecosistemas, por ejemplo vertiéndolos al mar o descargándolos al aire. Hay otros muchos productos que los sistemas naturales no pueden reciclar en ab soluto, o al menos no en las concentraciones en que se encuen tran como resultado dé la actividad humana, y permanecen como contaminantes en algún lugar del sistema. Toda contaminación está, por tanto, abocada a afectar a los procesos naturales y a los ecosistemas, tanto en la tierra como en los océanos o en la mis ma atmósfera.
Los humanos forman también parte de los ecosistemas te rrestres, tanto si siempre son conscientes de este hecho y de sus implicaciones como si no lo son. Todas las plantas y animales tienden a modificar el medio ambiente mientras compiten y co operan con otros por sobrevivir y crecer. En su relación con el ecosistema, hay dos factores que distinguen a los seres humanos de los demás animales. En primer lugar, ellos son la única espe cie capaz de poner en peligro e incluso destruir los ecosistemas de los que dependen para su existencia. En segundo lugar, los seres humanos son la única especie que se ha esparcido por to dos los ecosistemas terrestres y después, mediante el uso de la tecnología, los ha dominado. (Han llegado incluso a desarrollar formas de explotar, también en exceso, los ecosistemas marinos.)
La tarea más importante de toda la historia humana ha sido encontrar una forma de extraer de los diferentes ecosistemas en los que han vivido las personas recursos suficientes para mante ner la vida: comida, ropa, refugio, energía y otros bienes mate riales. Inevitablemente, esto ha supuesto intervenir en los ecosis temas naturales. El problema de las sociedades humanas ha sido establecer un equilibrio entre sus diversas necesidades y la ca pacidad de los ecosistemas para soportar las presiones que se han generado.
________ 3
Noventa y nueve por ciento
de historia de la humanidad
Excepto en los últimos milenios, los seres humanos han ob tenido su subsistencia en sus dos millones de años de existencia a través de una combinación de recolección de productos ali menticios y de caza de animales. Prácticamente en todos los ca sos los pueblos vivieron en pequeños grupos nómadas. Fue éste sin duda el modo de vida más eficaz y flexible adoptado por los seres humanos y el que menos daño causó a los ecosistemas na turales. Les permitió esparcirse por toda la faz del globo en todo tipo de ecosistemas terrestres y sobrevivir no sólo en áreas favo rables donde podían obtener fácilmente alimentos, sino también en las rigurosas condiciones del Ártico, la tundra de la Europa glacial y las secas tierras marginales de Australia y del sur de África.
Los orígenes y el principio del desarrollo de los seres huma nos y de sus antepasados inmediatos hay que deducirlos de los escasos datos de que se dispone, normalmente restos fosilizados