LA VALIDEZ DE LA INVESTIGACIÓN EN VALORES: Descripciones de las culturas, indicadores psicológicos y macrosociales
comparados con las posiciones en valores de las naciones. Dario Páez y Elena Zubieta
Universidad del País Vasco.
Este es un borrador del capítulo publicado con el mismo título (2001) en M.Ros y V. Gouveia (Coords.) Psicología Social de los valores humanos (Pp.285-329). Madrid. Biblioteca Nueva. ISBN
84-7030-981-1
En este capítulo revisaremos la validez de la investigación transcultural de valores de Hofstede y Schwartz, utilizando como criterios, la convergencia de estos con indicadores macropsicológicos, es decir, con las medias de muestras nacionales en rasgos de personalidad y afectividad, así como la congruencia con indicadores macrosociales.
Además, contrastaremos las descripciones de la cultura y del "carácter nacional" de algunos países (China, India, etc.) con estudios sobre valores, rasgos de personalidad y estereotipos sobre nacionalidades. Cada una de estas formas de investigación tiene sus limitaciones que revisaremos a continuación. El acuerdo entre diferente métodos de investigación aplicados a un mismo tema o triangulación, nos permitirá examinar la validez de diferentes formas de investigación transcultural. Nuestro capítulo busca triangulizar las descripciones etnográficas de culturas, con las investigaciones de cultura y personalidad, y con las características psicológicas de las personas pertenecientes a una cultura en comparación con otras, como una forma de evaluar la validez de la investigación en valores. Sintetizaremos la información existente en lo referente a valores, personalidad y afectividad. Los indicadores colectivos y los promedios obtenidos por países se correlacionaran entre ellos, ignorando la variabilidad interna. Los resultados sirven para caracterizar a las culturas y no son automáticamente aplicables a los individuos.
Investigaciones sobre cultura, carácter nacional y estereotipos.
Las investigaciones antropológicas se basan en la observación participante, la entrevista a informadores claves y una familiarización con el lenguaje y la cultura estudiada. Las descripciones de las culturas están sometidas a las limitaciones de los estudios de tipo etnográfico y cualitativo: focalización sobre lo saliente y confianza en entrevistas con informantes expertos que no necesariamente representan las actitudes y creencias dominantes. Dado que se estudia las obras escritas y las normas enunciadas de una cultura, las investigaciones antropológicas muchas veces pueden reflejar la Gran Tradición de una élite cultural o la "cultura ideal", lo que la gente enuncia que se debería hacer, más que la conducta social real. La observación corrige en parte estas limitaciones, pero, muchas veces la información que se entrega es impresionista y las descripciones etnográficas no siempre coinciden entre ellas. Por ejemplo, unas etnografías concluyen que en India hay una gran distancia afectiva entre padres e hijos (en comparación con Occidente) y otras que los niños están muy integrados en la vida de los adultos (Sinha y Tripathi,1996).
Las descripciones del carácter nacional y las investigaciones de cultura y personalidad buscan describir los rasgos psicológicos más frecuentes de una nación o cultura. Estas investigaciones se han basado en entrevistas clínicas y observaciones poco sistemáticas, en las que en ocasiones lo más sobresaliente para el observador no es lo más frecuente, ni siquiera lo que específicamente caracteriza a una sociedad dada. Por ejemplo, se interpretó el carácter "obsesivo"
de los japoneses como un producto de una socialización que enfatizaba la limpieza, la separación de las partes puras e impuras de espacios y cuerpos. Sin embargo, los estudios sistemáticos encontraron que los norteamericanos estaban más preocupados por la limpieza que los nipones.
Las investigaciones sobre estereotipos nacionales toman una posición más relativista que las de cultura nacional y buscan saber como se perciben a sí mismos y como son percibidos ciertos grupos nacionales o culturales, sin presuponer que estas percepciones correspondan a una realidad psicológica estable. El acuerdo entre la auto y la heteropercepción, sobre todo si los grupos culturales percibidos y que perciben tienen una cierta familiaridad, se pueden concebir como confirmando el núcleo de verdad de un estereotipo nacional, que refleja por ende la cultura y los rasgos psicológicos de una sociedad dada, al menos en comparación con otra.
Peabody (1985) comparó las afirmaciones sobre los rasgos psicológicos de las naciones según los estudios de carácter nacional y los atributos estereotípicos asignados a esas naciones por estudiantes universitarios, encontrando un acuerdo sustancial en el caso de alemanes, italianos, norteamericanos, franceses e ingleses, así como coincidencias entre la descripción estereotípica y los estudios de carácter nacional. Sin embargo, mientras los rusos tendían a percibirse a sí mismos como expresivos, sociables y poco asertivos o pasivos, (lo que además era congruente con los estudios sobre carácter nacional ruso), eran percibidos como autocontrolados y asertivos por estudiantes europeos. La falta de familiaridad (directa, por informes de otros y por literatura, prensa y mass media) con los rusos medios, hacían que se infirieran los rasgos psicológicos de la orientación ideológica y la política exterior del régimen soviético (Peabody & Shmelyov, 1996).
Otra investigación con muestras representativas de los años 60 sobre los rasgos psicológicos nacionales en Europa encontró un favoritismo endogrupal (los sujetos asignaban a su grupo nacional más características positivas que lo que hacían las personas de otras naciones) y al mismo tiempo un acuerdo entre los auto y hetero-estereotipos en la mayoría de los casos. Coincidían los porcentajes que se asignaban a su grupo nacional y los que les asignaban países europeos a italianos (r media=0,72), belgas (r media=0,73), alemanes (r media=0,63) y holandeses (r media=0,64). En cambio, no había coincidencia entre el autoestereotipo y el heteroestereotipo nacional en el caso francés (r media=0,23) e inglés (r media=0,17). Se atribuía a los italianos ser más enamoradizos (38%), excitables (33%), románticos (31%), alegres (28%) flojos (20%) y frívolos (16%) que todos las otras naciones. Además se consideraba que eran menos disciplinados, concienzudos, fríos y científicos. A los belgas se les atribuía ser trabajadores (41%), poco románticos y frívolos. Los alemanes se les percibía como trabajadores (46%), científicos (30%), enérgicos (30%), disciplinados (27%) y concienzudos (26%). Los holandeses eran percibidos como trabajadores (37%), de confianza (26%) y concienzudos (26%) (Koomen & Bähler, 1996).
Tanto las investigaciones sobre estereotipos como las de rasgos de personalidad, además frecuentemente se apoyan en muestras de conveniencia y comparan unos pocos países entre ellos. Los resultados son más satisfactorios cuando se apoyan en muestras representativas (como ocurre en el caso de los indicadores de bienestar afectivo que utilizaremos) o comparan muchos países a partir de un mismo instrumento adaptado a cada país, como ocurre con los indicadores de Extraversión, Neuroticismo y Psicoticismo o con los indicadores de valores.
Investigaciones sobre Valores y Cultura Nacional.-
de una nación o cultura sobre las metas laborables deseables (Hofstede) o sobre los fines y medios deseables en la vida (Schwartz). Los valores se conciben como los objetivos deseables, que sirven como principios de orientación vital. Los valores son representaciones conscientes de tres tipos de necesidades:
a) requisitos de coordinación social - aspecto que comparten Schwartz y Hofstede; b) necesidades de los individuos como organismos biológicos
c) necesidades de sobrevida y bienestar de los grupos (Schwartz, 1994).
Así, se define la Cultura como la programación cultural de la mente que diferencia a un grupo de otro, Hofstede describe cuatro dimensiones culturales, vinculadas a cuatro requisitos básicos de coordinación:
La distancia de poder, vinculada a la relación con la autoridad, se refiere hasta qué punto los miembros menos poderosos de los grupos aceptan las desigualdades de poder. Países de baja distancia de poder son Dinamarca y Nueva Zelanda, países de alta distancia de poder serían Malasia y Guatemala.
a) La dimensión de Individualismo-Colectivismo, vinculada a la relación persona-grupo, se refiere a la prioridad dada a la persona o al grupo o al colectivo (a menudo a la familia extensa). Países colectivista son Guatemala, Indonesia y Taiwan, y países individualistas USA y Europa del oeste.
b) La masculinidad-feminidad, vinculada a las relaciones entre sexos, se refiere al grado en que las culturas marcan la máxima distinción entre hombres y mujeres. Las culturas masculinas enfatizan las conductas estereotípicas de género y los valores dominantes como el éxito, el dinero, la competición y la asertividad. Las culturas femeninas no enfatizan las diferencias de rol de género, no son competitivas y valoran la cooperación y el cuidado de los débiles. Países masculinos son Japón, Austria y México, países femeninos son los países escandinavos, Países Bajos, Chile y Costa Rica.
c) La evitación de la incertidumbre, vinculada al control de la agresividad, se define como el grado en que la gente se siente amenazada por las situaciones ambiguas, que intentan evitar por medio de códigos y creencias estrictas. Las naciones de alta evitación de la incertidumbre, como Grecia y Portugal, son emocionales, buscan la seguridad y son intolerantes ante la incertidumbre. Las naciones con baja evitación de la incertidumbre, como Jamaica y Dinamarca, son más relajadas, aceptan más los riesgos y son más tolerantes. Hofstede (1991) proporciona los datos de 52 países en las dimensiones culturales de individualismo-colectivismo, masculinidad-feminidad, distancia de poder y evitación de incertidumbre. Dichas puntuaciones se basan en los cuestionarios sobre valoración de 32 metas laborales suministrados a 160.000 empleados de IBM a nivel mundial en los años setenta. Estas puntuaciones muestran validez convergente con las encuestas de valores y los estudios transculturales actuales (Schwartz, 1995; Smith & Bond, 1993). Por ejemplo, las puntuaciones de Hofstede y las de Triandis de individualismo correlacionan entre sí (r=.83). (Los datos de Triandis son de 1995, descritos en Diener et al., 1995). Altas puntuaciones significan más individualismo, masculinidad, evitación incertidumbre y distancia de poder. Fernández et al. (1997) replicaron conceptualmente la investigación de Hofstede en 1989-1990 en nueve países, incluido China y Rusia, con muestras de hombres de negocios y estudiantes de ciencias empresariales (la muestra total fue de 7.201 personas). Las puntuaciones standard de ambos países se han incluido en el análisis. Schwartz entrega los datos sobre las medias de 38 naciones, basado en muestras de profesores, en relación a los valores de Autonomía Afectiva, Intelectual, Conservación, Compromiso igualitario, Jerarquía, Conservación, Armonía y
Competencia (véase tabla 1,2 y 3 para las puntuaciones nacionales de los países de los estudios recogidos en este texto).
Las investigaciones de valores han sido criticadas por plantear cuestiones muy abstractas, con poca relación con las instituciones y conducta social, y que pueden reflejar mas que nada la cultura ideal (la norma ideal) o la cultura real de una forma muy limitada. Además, las evaluaciones de valores pueden en realidad reflejar lo inverso, es decir, los aspectos deficitarios de una sociedad ; así, se puede valorar la autonomía personal de forma idealizada, siendo la sociedad mas bien conformista, o se puede valorar la misma autonomía porque la sociedad es muy gregaria (Fiske, Kitayama, Markus & Nisbett,1998). También debemos decir que muchas de las muestras utilizadas en la investigación sobre valores no son representativas, sino que son muestras apareadas de estudiantes. Ante la dificultad de obtener muestras representativas, las muestras apareadas de estudiantes permiten comparar sujetos igualmente atípicos de diferentes sociedades y evaluar los efectos culturales en esa población especifica.
Investigaciones sobre personalidad, bienestar y afectividad.
La extroversión y el neuroticismo se han medido transculturalmente mediante el Cuestionario de Personalidad de Eysenck (EPQ). En este capítulo reanalizamos los resultados de un estudio sobre las diferencias nacionales en extroversión, neuroticismo, psicoticismo y ciertos correlatos sociales. La metodología general desarrollada en este estudio es presentada por Lynn y Martin (1995), que recopilan las medias de 37 naciones en extroversión y neuroticismo medidas por el Cuestionario de Personalidad de Eysenck (EPQ). Las muestras varían de una n=430 a n=1476.
Las naciones estudiadas aquí, a las que se han añadido los valores de las variables culturales, psicológicas y sociales figuran en la tabla 4. La muestra final está compuesta de 24.196 sujetos. Se han empleado las medias nacionales de extroversión y neuroticismo medidas por el EPQ. Las versiones nacionales del EPQ tienen diferente número de ítems, dicho problema se ha resuelto prorrateando todas las escalas sobre 30 ítems. Véase Lynn y Martin (1995) para una descripción más detallada del estudio.
El neuroticismo se define como una dimensión de personalidad caracterizada por la tendencia a experimentar emociones negativas, incluidas la ansiedad, hostilidad y depresión. La extroversión incluye calidez, gregarismo y tendencia a experimentar emociones positivas (Ozer & Reise, 1994). La investigación correlacional y experimental ha encontrado consistentemente que la extroversión se asocia a más afecto positivo y el neuroticismo a más afecto negativo (Diener & Larsen, 1993). La extraversión da una visión del grado de sociabilidad emocional de la sociedad. El bajo psicoticismo y o alto autocontrol permiten tener una idea del grado de regulación emocional dominante. Se ha criticado los estudios de Eysenck por el tipo de análisis factorial realizado para probar la similaridad estructural de las diferentes versiones del EPQ (van de Vijver & Leung, 1997). Sin embargo, algunos estudios han empleado estas puntuaciones para probar las relaciones entre los correlatos sociales, el "carácter nacional", el bienestar y la salud mental, confirmando la validez de constructo transcultural de las puntuaciones EPQ a nivel colectivo (Arrindell, Hatzichristou, Wensink, et al, 1997; Lynn & Martin, 1995).
Se han empleado medidas de bienestar subjetivo para evaluar el bienestar de las naciones transculturalmente. Estas medidas incluían: auto-informes de evaluación cognitiva general de la vida o satisfacción vital, medidas de felicidad general, y medidas que comparaban el grado de
emociones positivas menos el grado de emociones negativas durante un lapso de tiempo (generalmente el último mes). Diener (1996), basado en Vanderhooven, proporcionaba en su artículo medidas comparables de bienestar subjetivo para 43 países a partir de muestras representativas. Inglehart (1999) proporciona indicadores de felicidad y satisfacción, así como un indicador de equilibrio de afectos. El índice de bienestar es la media del porcentaje que responde feliz menos no-feliz por país, más el porcentaje que responde satisfecho menos el que responde insatisfecho en la investigación de Inglehart. También se ha tomado en cuenta el porcentaje responde que se puede confiar en la gente, así como la puntuación en afectividad positiva y negativa de la escala de Bradburn (rango 0-5). La investigación de Inglehart se basa en muestras representativas y las entrevistas se realizaron en los años 90 (véase tabla 5).
Se han empleado auto-informes para medir transculturalmente la intensidad, frecuencia y normas emocionales de las naciones. Se han obtenido en 40 naciones indicadores de deseabilidad, intensidad y frecuencia de emociones negativas (cólera, miedo, tristeza y culpa) y cuatro emociones positivas (orgullo, alegría, afecto y contento o satisfacción). La metodología general de dicho estudio es descrita por Suh, Diener, Oishi y Triandis (1998). Las naciones estudiadas son aquéllas incluidas en el estudio de Suh, Diener, Oishi et al. (1998) para las que hemos encontrado información cultural y socio-económica (véase tabla 3). La muestra final está compuesta por 5142 estudiantes (70% mujeres) con una media de edad de 21.26 años. Los participantes primero puntuaban la frecuencia con que experimentaban emociones y sentimientos ("durante el pasado mes, ¿cuántas veces ha sentido cada emoción?) puntuando de nunca (1) a siempre (7). La frecuencia se supone que refleja las prácticas comunes de una cultura o sociedad o la frecuencia de escenarios emocionales. El segundo grupo de cuestiones pregunta a los sujetos acerca del grado de intensidad en que experimentan las ocho emociones y sentimientos (Cuando experimenta esta emoción, no importa cuán frecuentemente, típicamente ¿cuán intensa es su experiencia emocional?), variando de nada (1), a extremadamente intensa (7). Esta medida representa la activación emocional media de las naciones. Finalmente, los sujetos indicaban en qué grado creían que las emociones eran socialmente deseables (Indique cuán apropiado o deseable es experimentar ciertas emociones), variando de extremadamente indeseable o inapropiado (1) a extremadamente deseable o apropiado (7). La deseabilidad social se supone que refleja "lo que debe ser" o las expectativas sociales y las sanciones sociales de la conducta emocional de los individuos. Las tres medidas mostraban coeficientes de consistencia interna satisfactorios (véase tabla 6).
Las investigaciones con instrumentos de personalidad y de bienestar afectivo tienen la limitación intrínseca que generalmente estas escalas se han elaborado en Occidente, a partir de premisas individualistas, de una visión psicologista y dualista de la persona. Por ejemplo en la escala de Alexitimia TAS-20 hay una serie de preguntas sobre la falta de diferenciación entre emociones (implícitamente psicológicas y mentales) y sensaciones físicas.
En muchas culturas el lenguaje emocional es corporal y no existen conceptos emocionales mentales diferenciados del cuerpo. Además, las preguntas están influenciadas por la sociedad y cultura. Por dar un ejemplo banal, en la escala de extraversión, una pregunta del estilo Prefiero leer a estar con la gente, presupone que la población es alfabeta, tiene acceso a libros y la potencialidad de cierta privacidad, lo que no ocurre en muchas sociedades del mundo.
Todas las puntuaciones han sido estandarizadas, de forma que son comparables, oscilan entre menos 3 y más 3 y siguen aproximadamente una distribución normal. Correlaciones entre las puntuaciones estandarizadas se han llevado a cabo para contrastar la congruencia entre valores e indicadores psicosociales. Los resultados que se comentan son aquellos que son significativos con
las muestras de mayor tamaño o representativas, y que comparando dos o más investigaciones muestran resultados similares. La descripción etnográfica y del carácter nacional de ciertas sociedades se han comparado entre sí y con las puntuaciones estandarizadas en valores, personalidad y afectividad, así como con estudios puntuales sobre personalidad y estereotipos, para contrastar cualitativamente la validez de la investigación de valores.
Convergencia de los valores entre sí y con variables sociales.
Las puntuaciones nacionales de valores individualistas según Hofstede coinciden con la Autonomía Afectiva, r(24)=0,47,p<0,01, la Autonomía Intelectual, r(24)=0,46,p<0,02 y se asocia negativamente al Conservacionismo, r(24)=-0,46,p<0,02. Las puntuaciones nacionales de distancia al poder según Hofstede coinciden con la Jerarquía, r(24)=0,31,p<0,08, y con el Compromiso Igualitario, r(24)=-0,35,p<0,05. La masculinidad cultural correlaciona con la Competencia (r=0,54,p<0,01) y la Evitación de la Incertidumbre con la Armonía (r=0,44,p<0,02). Todos estos resultados son congruentes, aunque el individualismo se asocia también negativamente a la jerarquía (r=-0,53,p<0,01) y al Compromiso igualitario (r=0,50,p<0,01). La distancia al poder se asocia también negativamente a la Autonomía afectiva (r=-0,45,p<0,02) e intelectual en menor medida (r=-0,32,p<0,07), así como al Conservacionismo (r=0,28,p<0,10). Schwartz (1994) que no utiliza las puntuaciones de China y Rusia ha encontrado resultados similares ; en nuestro caso se refuerza la relación entre masculinidad cultural y bajo compromiso igualitario (r=-0,33,p<0,07).
En conclusión, las dimensiones culturales de valores muestran validez convergente, aunque los valores vinculados a las desigualdades de status y los del colectivismo tienden a solaparse. Hay que destacar que de todas maneras las dimensiones culturales comparten entre el 9 y el 25% de la varianza, por lo que no se pueden esperar que los indicadores de Hofstede y Schwartz muestren una congruencia muy alta en su asociación con otras variables.
Individualismo y personalidad.
Con respecto a las relaciones entre las dimensiones culturales y rasgos de personalidad, Smith y Bond (1993) vinculan teóricamente la evitación de la incertidumbre con la inestabilidad emocional (o neuroticismo en términos de Eysenck) y al individualismo con la extroversión. Se supone que el individualismo se asociaría a la extroversión dado el énfasis de éste a abrirse a la experiencia y a las relaciones sociales fluidas. El colectivismo supondría una conducta consistente con la introversión (timidez y modestia). Confirmando el ajuste entre los valores culturales dominantes y las dimensiones de personalidad, los chinos extrovertidos se ajustan mejor a la cultura individualista que los introvertidos. Por el contrario, los occidentales introvertidos expatriados a culturas colectivistas muestran mejor ajuste que los extrovertidos (Moghaddam, Taylor & Wright, 1993). Ser amable y confiado con la gente, un aspecto de la extroversión, se asocia al individualismo: las personas de USA son más confiadas y asumen que las otras personas se comportarán de manera amable más que los sujetos de culturas colectivistas como Japón (Yamagishi & Yamigishi, 1994). Sin embargo, nuestro análisis muestra que la asociación entre individualismo y extraversión se da de forma débil y no significativa con las puntuaciones de Hofstede, r(26)=0,18,p<0,19 y con las de autonomía afectiva, r(17)=0,19,p<0,24. El conservacionismo se asocia negativamente al neuroticismo, r(17)=-0,59,p<0,02 y el individualismo de Hofstede no muestra una relación significativa.
El individualismo (r(42)=0,62,p<0,001 para el indicador de Diener y r(29)=0,77,p<0,01 para el indicador de Inglehart) y la autonomía afectiva se asocian al bienestar afectivo (r(42)=0,31,p<0,09 para el indicador de Diener y r(29)=0,52,p<0,03 para el indicador de Inglehart). El individualismo y la autonomía afectiva también se asocian a un equilibrio afectivo positivo según la escala de Bradburn, r(26)=0,49 y r(15)=0,40,p<0,07 respectivamente. Aunque la asociación con la frecuencia de emociones positivas y negativas es congruente con la idea que el individualismo se asocia a una sociedad de más recompensas, la asociación es baja y no significativa (r(34)=-0,17,p<0,17 y r=0,13,p<0,22 con emociones positivas y negativas respectivamente).
El individualismo (r(34)=0,45,p<0,05 y r=0,38,p<0,02) y la autonomía intelectual (r(21)=0,52,p<0,01 y r=0,52,p<0,01) se asocian positivamente a la intensidad emocional negativa y positiva. La autonomía afectiva muestra correlaciones similares pero no significativas (r(21)=0,25,p<0,14 y r=0,28,p<0,11). El conservacionismo se asocia negativamente con la intensidad de las emociones negativas y positivas (r(21)=-0,43,p<0,04 y r=-0,33,p<0,08).
El individualismo y la autonomía intelectual se asocian a una mayor deseabilidad de las emociones negativas (r(34)=0,43,p<0,01 y r(21)=0,38,p<0,05). El individualismo se asocia a la deseabilidad social de las emociones positivas (r(34)=0,43,p<0,01) al igual que la autonomía intelectual, aunque de forma no significativa (r(21)=0,27,p<0,11).
En su conjunto, los resultados muestran que el conjunto de valores del individualismo se asocian a una mayor aceptación de las emociones, a una mayor intensidad de ellas y a un mayor bienestar afectivo - aunque es la autonomía afectiva la que se asocia al bienestar y la intelectual a la intensidad y aceptación de las emociones. Se confirma que el individualismo al orientar la atención en la persona y valorar la expresión de sus atributos internos, en particular el indvidualismo cognitivo, se asocia a una mayor intensidad y aceptación de emociones, aunque sean negativas. La mayor libertad de elección y de satisfacción de metas personales asociadas al individualismo, en particular la autonomía afectiva, se asocia también a una mejor valencia de la vida emocional o a un mayor bienestar subjetivo - aunque esto no se refleje en una fuerte asociación entre individualismo y mayor frecuencia de emociones positivas y menor de negativas.
Distancia al poder, jerarquía, compromiso igualitario, bienestar y afectividad.
La distancia al poder, r(26)=0,27,p<0,09 y la jerarquía, r(16)=0,41,p<0,07 se asocian a un mayor psicoticismo y el igualitarismo a un menor psicoticismo, r(16)=-0,49,p<0,03. Es decir, las culturas que justifican la desigualdad de status se caracterizan por una baja fuerza del yo o psicoticismo, lo que se puede interpretar como apoyando la idea de un superyo más débil y externalizado en las culturas de alta distancia al poder, como la China. La jerarquía se asocia a una mayor introversión (r(16=-0,37,p<0,08) al igual que la alta distancia al poder, aunque en este caso la asociación es más débil y no significativa (r(26)=-0,17,p<0,20). Los valores que justifican las diferencias de status se asocian congruentemente a una menor sociabilidad y sobre todo impulsividad, como sugiere la asociación negativa entre valores de desigualdad y la baja intensidad afectiva (véase más abajo).
La distancia al poder y la jerarquía se asocian negativamente (r(42)=-0,55,p<0,01 y r(21)=-0,60,p<0,01 para los datos de Diener y r(29)=-0,78,p<0,01 y r(14)=-0,65,p<0,01 para los datos de Inglehart) y el compromiso igualitario positivamente (r(21)=0,31,p<0,09 para los datos de Diener y r(14)=0,48,p<0,01 para los datos de Inglehart) al bienestar afectivo. La distancia al poder se asocia a una mayor frecuencia de emociones negativas (r(34)=0,31,p<0,04) aunque esto no
ocurre con la jerarquía y el compromiso igualitario. De forma congruente, la distancia al poder se asocia negativamente al equilibrio afectivo medido por la escala de Bradburn (r(26)=-0,57, aunque ni el compromiso igualitario ni la jerarquía muestran asociaciones significativas. La jerarquía se asocia a una menor frecuencia de emociones positivas (r(20)=-0,52,p<0,01) y un perfil similar presenta la distancia al poder, aunque de forma no significativa (r(34)=-0,20,p<0,13).
La distancia al poder y la jerarquía se asocian negativamente a la intensidad emocional positiva (r(34)=-0,56,p<0,01 y r(20)=-0,87,p<0,01 respectivamente) y negativa (r(34)=-0,59,p<0,01 y r(20)=-0,73,p<0,01 respectivamente). El compromiso igualitario se asocia positivamente a la intensidad emocional positiva y negativa (r(20)=0,42,p<0,04 y r=0,52,p<0,01 respectivamente).
La distancia al poder y la jerarquía se asocian negativamente a la deseabilidad social de las emociones positivas (r(34)=-0,53,p<0,01 y r(20)=-0,75,p<0,01 respectivamente), ocurriendo lo inverso con el compromiso igualitario (r(20)=0,49,p<0,01). Finalmente, la distancia al poder se asocia negativamente a la deseabilidad social de las emociones negativas (r(34)=-0,34,p<0,01), aunque ni la jerarquía ni el compromiso igualitario muestran asociaciones claras.
Se confirma que las sociedades con culturas jerarquicas, probablemente por la asimetría y desigualdad existentes en ellas, generan mayor frecuencia de emociones negativas y una peor valencia o bienestar emocional. La alta distancia al poder se asocia al neuroticismo, la afectividad negativa y la frecuencia de emociones negativas, a una menor frecuencia e intensidad de emociones positivas, a una peor valencia emocional, menor expresividad y mayor rechazo de emociones negativas y positivas. La jerarquía se asociaba sin embargo a menor neuroticismo, aunque congruentemente con los resultados anteriores, el compromiso igualitario y la jerarquía mostraban asociaciones negativas con el bienestar. La jerarquía también se asocia negativamente con la frecuencia de emociones positivas.
También se confirma que las culturas que justifican las diferencias de status, jerárquicas, poco igualitarias y de alta distancia al poder, que valoran las muestras de respeto y deferencia, y en las que la expresión emocional fuerte aún de alegría puede ser una señal de descortesía, muestran una menor deseabilidad de emociones positivas y negativas.
Finalmente, también se reafirma que son culturas que enfatizan la normatividad emocional y la menor expresión afectiva y que de forma exitosa socializan a las personas en una menor intensidad emocional. De forma coherente, los valores que legitimizan las diferencias de status se asocian a una menor intensidad de la vida emocional. Son sociedades represivas o "freudianas" parcialmente exitosas. Al mismo tiempo, se trata de sociedades del alto psicoticismo, lo que se puede interpretar como una muestra de control social externo y de baja fuerza del yo.
Sólo de forma muy parcial se confirma que los valores de desigualdad se asocian a la introversión, probablemente a la baja impulsividad.
Masculinidad, Competencia, bienestar y afectividad.
La masculinidad cultural y la competencia no se asocian a la extraversión. La masculinidad cultural y la Competencia muestran una asociación negativa con el bienestar afectivo según los datos de Inglehart (r(29)=-0,30,p<0,06 y r(14)=-0,40,p<0,08 respectivamente), así como la Masculinidad cultural con el equilibrio afectivo (r(26)=-0,30,p<0,07). La asociación negativa es más débil con los datos de Diener (r (22) entre Competencia y Bienestar es de -0,09 y entre
Masculinidad y Bienestar la r(41) es similar de
(-0,09). La masculinidad cultural se asocia al neuroticismo, a la mayor frecuencia de emociones negativas y psicoticismo (r(25)=0,41,p<0,02, r(34)=0,29,p<0,01 y r(25)=0,30,p<0,08). Correlaciones similares con el neuroticismo, aunque no significativas muestra la Competencia (r=0,28,p<0,14), dimensión cultural que también se asocia a una baja frecuencia de emociones positivas (r(22)=-0,41,p<0,04), lo que también ocurre, aunque de forma menos intensa con la Masculinidad cultural (r(34)=-0,20,p<0,12). Ninguna de las dimensiones se asocian ni a la intensidad ni a la deseabilidad social de las emociones negativas, aunque la Competencia se asocia a una menor intensidad de emociones positivas (r(22)=-0,39,p<0,05). Los resultados son congruentes con la idea que las culturas masculinas son sociedades más competitivas y agresivas.
En síntesis, la masculinidad cultural y la competencia se asocian al neuroticismo y la afectividad negativa, a la frecuencia e intensidad de emociones negativas. La competitividad y "dureza" de las culturas masculinas se refleja en un predominio de las experiencias emocionales negativas y en una mayor agresividad. El fuerte apoyo social de las culturas femeninas (recordemos que se trata de sociedades con un fuerte estado de bienestar y tolerantes), inducen una mayor frecuencia de emociones positivas y un mayor bienestar emocional. La baja relación entre femineidad y bienestar se puede explicar porque esta asociación emerge en los países más desarrollados socio-económicamente, donde los recursos permiten aplicar medidas de apoyo y protección social que redundan en una mejor calidad de vida, lo que no ocurre en el caso de los países femeninos pobres (véase Arrindel et al,1997 para la demostración de esta relación).
Evitación de la incertidumbre, armonía, bienestar y afectividad.
Empíricamente el neuroticismo se relaciona con la evitación de la incertidumbre (Lynn & Martin, 1995; Arrindell, Hatzichristou, Wensink, et al., 1997), lo que se confirma en nuestra muestra. La evitación de la incertidumbre y la armonía se asocian al neuroticismo (r(26)=0,26,p<0,02 y r(17)=0,62,p<0,01), a la frecuencia de emociones negativas (r(34)=0,28,p<0,06 y r(20)=0,36,p<0,06) y a la intensidad emocional negativa (r(34)=0,22,p<0,10 y r(20)=0,66,p<0,01) y positiva (r(34)=0,26,p<0,08 y r(20)=0,73,p<0,01). La evitación de la incertidumbre se asocia al malestar afectivo (r(42)=-0,45,p<0,01 con el indicador de Diener, r(29)=-0,47,p<0,01 con el de Inglehart y r(26)=-0,61,p<0,01 con la escala de Bradburn), a una baja deseabilidad de emociones negativas (r(34)=-0,26) y alta deseabilidad de emociones positivas (r(34)=0,22,p<0,10). La Armonía se asocia un peor equilibrio afectivo (r(15)=-0,75,p<0,01 con la escala de Bradburn) aunque no se asocia con el indicador de bienestar de Diener ni el de Inglehart. Tanto la Evitación como la Armonía se asocian a una mayor frecuencia de emociones negativas (r(34)=0,28,p<0,07 y r(20)=0,36,p<0,06), aunque también la Armonía se asocia a una mayor frecuencia de emociones positivas (r(20)=0,56,p<0,01).
La evitación de la incertidumbre y en menor medida la Armonía se asocian a un equilibrio afectivo negativo y a la ansiedad de forma congruente, confirmando que en sociedades en que predomina la intolerancia a la ambigüedad y la necesidad de reglas son estresantes ;dominan el neuroticismo y a una alta frecuencia e intensidad de emociones negativas. La evitación de la incertidumbre también se asocia a una fuerte normatividad emocional: un fuerte rechazo de las emociones negativas y una aceptación de las emociones positivas. Siendo sociedades que buscan controlar las situaciones ambiguas con normas - aunque estas sean irreales - las culturas de alta evitación de la incertidumbre muestran una fuerte normatividad emocional. También son sociedades menos tolerantes y más estresantes en las que hay menos frecuencia de emociones positivas y una mayor facilitación de experiencias emocionales negativas. La alta frecuencia de
emociones negativas y su fuerte rechazo entran en contradicción con el fuerte rechazo normativo de estas. Este conflicto exigirá de los sujetos un mayor esfuerzo de afrontamiento, que será probablemente una de las fuentes de malestar emocional. Las culturas de alta evitación de la incertidumbre son culturas "freudianas" fallidas, en la que lo reprimido o rechazado (las emociones negativas) reaparece o se produce con frecuencia. La Armonía no muestra asociaciones ni con la deseabilidad ni con el bienestar e inclusive muestra una asociación positiva con la frecuencia de emociones positivas, asociadas probablemente a la sensación de integración del hombre con el medio que caracteriza a esas sociedades. Sin embargo, tanto la UAI como la Armonía se asocian congruentemente con una mayor intensidad emocional general y no solo negativa, sugiriendo que en estas sociedades la tonalidad emocional es más intensa - como ya sugería Hofstede (1991).
Cultura y Personalidad China.
La sociedad china representa demográficamente el 20% de la humanidad. Durante tres mil años se ha logrado mantener como un estado unitario, de gran tamaño y densidad de población, basado en el cultivo intensivo de arroz y una red de irrigación, controlada por un estado centralizado, legitimado por una religión secular que prescribía un orden moral.
Hoy en día, la sociedad china es una sociedad agrícola que enfatiza fuertemente la cohesión familiar y se preocupa por las relaciones interpersonales.
1. Relación hombre-mujer.
La sociedad china se caracteriza por ser fundamentalmente patrilocal y exogámica. La familia esta anclada en el villorrio y el clan del padre y los hombres son más valorados que las mujeres. Los casamientos se hacen entre personas de clanes diferentes. Las mujeres que se casan se van residir con el clan o familia del esposo y es el apellido del padre el que se transmite de generación en generación. Aunque en la tradición filosófica china la relación entre la mujer y el hombre se concibe como complementaria y armoniosa, tal como postula el simbolismo del Yin y el Yang (véase más abajo), la mujer tiene un status secundario ante el hombre, se prefiere a los hijos que a las hijas, la nuera esta bajo el dominio de su suegra, los matrimonios eran arreglados por los padres y las mujeres no tenían bienes propios que transmitir a la herencia del clan. La mujer debía obedecer a su padre cuando era joven, luego a su esposo y finalmente a su hijo mayor cuando era viuda.
Por otro lado, la mujer china estaba mas cerca afectivamente de los hijos que el padre, tenía ciertos bienes propios que se llevaba con ella cuando se casaba y controlaba parte de la economía domestica (Char & al,1980; Bodley, 1997).
2. Relación entre el individuo y el grupo.
La cultura china es colectivista y le da importancia al grupo, en particular a la familia y al clan. La organización social china se basaba en el "tsu", clan o linaje patrilineal. Algunos autores describen al "tsu" o clan como una familia extensa, una unidad cohesiva, armoniosa y autónoma. Otros autores lo conciben como un linaje que se caracteriza tanto por la armonía como por el conflicto entre segmentos (Tsu, 1963; Freedman, 1966).
La representación social de la persona es interdependiente y fuertemente asociada a la familia y al clan familiar. Se insiste en el carácter interdependiente y poco individualista de la
persona. Mantener una buena imagen y tener un capital de contactos sociales es muy importante, así como causar una buena impresión y mantener una red de intercambio de favores personales. Se evita la confrontación y la negación se hace de forma sutil e indirecta. Se enfatiza la armonía intragrupal. Se valora la competición y perseverancia, pero, en el marco de los intereses colectivos, particularmente familiares. Se enfatiza el conservadurismo, la continuidad generacional y el respeto a los ancianos, lo que se hace patente en la importancia que se da al culto a los ancestros.
3. Relación con la autoridad.
Según los análisis antropológicos la cultura china enfatiza, en parte por la herencia confuciana, el respeto a la jerarquía.
La cultura china confuciana enfatizaba la jerarquía paternal entre padres e hijos, maestros y discípulos, hombres y mujeres. El confucianismo es una tradición moral de la élite china que enfatiza la piedad filial y afirma que el orden social se basa en la virtud que proviene de la realización del deber y del respeto a los rituales y tradiciones. El "hsiao" o piedad filial exige la subordinación del hijo al padre, del padre a su padre, y la subordinación de todos al tsu o clan patrilineal. El clan respetaba al emperador y este al Ti o dios superior. La armonía familiar se basaba en honorar a los ancestros y la aceptación de la jerarquía social.
El taoísmo, otra tradición religiosa relevante en China, también enfatiza el cumplimiento de los deberes sociales y rituales, aunque tiene aspectos místicos (el confucianismo es totalmente secular).
Finalmente, el Budismo, la última tradición religiosa importante, fomentaba el desapego por los bienes terrenales y rechazaba la jerarquía aristocrática. Hay que decir que la Gran tradición confuciana impregnaba, tomando en cuenta la situación de 1900, al 8% de los habitantes de las ciudades y a las personas alfabetizadas. El resto de la población vivía en el campo, eran campesinos, mercaderes y artesanos. Estos últimos practicaban una religión que combinaba elementos chamánicos, confucianos, taoístas y budistas. Los elementos culturales compartidos eran el sistema familiar básico, con su énfasis patrilineal y el culto de los ancestros, y una visión cosmológica común, que se caracterizaba por la oposición complementaria de los elementos. El yin que era femenino, terráqueo, oscuro, frío, débil y pasivo, y el yang que era masculino, vinculado al cielo, brillante, cálido, fuerte y activo.
4. Regulación y control de la incertidumbre.
La cultura china enfatiza lo particular y las relaciones personales, por encima de lo universal y las reglas abstractas.
Se pone en relieve una moralidad relativista y contextual, centrada en la situación, poco basada en abstracciones, con una orientación externalista del ego, poco desarrollo del superyo y de un sentido abstracto del pecado.
El régimen maoista prohibió el matrimonio arreglado por los padres, el concubinato y durante la revolución cultural se cuestionó el culto de los ancestros y el legado confuciano. Se ve también como la modernización económica que acompaña a la revolución en cuestión el colectivismo así como otros aspectos de la cultura tradicional china (Bodley, 1997).
Congruencia entre valores y cultura china.
Se ha descrito a la cultura china como patriarcal. Sin embargo, China puntúa solo medio en masculinidad cultural (0.17), si bien por encima de la media general. Esto reafirma la idea de que la dominación patriarcal, siendo importante, se ha visto debilitada por la evolución histórica. La investigación transcultural sobre valores, en cambio, muestra que es una cultura de baja armonía (-0,92), es decir, que no enfatiza la integración armoniosa y estética con la naturaleza (lo que puede ser sorprendente si lo comparamos con el desarrollo del arte chino, aunque no si consideramos la falta de preocupación ecológica actual de esa sociedad).
El carácter colectivista de la cultura China es parcialmente congruente con la investigación transcultural sobre valores de los años 90: China puntúa medio bajo en autonomía afectiva (-0,41 DT) y bajo en individualismo (-0,96 DT), aunque tiene puntuaciones solo por debajo de la media en autonomía intelectual (-0,07) y en conservación (-0,03). Es decir, el fuerte rechazo del derecho de pensamiento independiente y el mantenimiento de la tradición, no caracterizan a la sociedad China actual. Como dice Bond (1996), la sociedad china no es una sociedad prototípicamente colectivista. De forma coherente con el perfil anterior, la investigación transcultural en valores caracteriza a China como una cultura de alta Competencia (1,21 DT), es decir, como una cultura que enfatiza el cambio activo y el dominio del entorno en pos de ciertos objetivos o fines que son probablemente aquellos del grupo familiar, por el carácter colectivista de la cultura China y aquellos asociados a una visión jerárquica de la sociedad.
Las investigaciones sobre valores confirman que la sociedad china se caracteriza por alta puntuación de jerarquía (2,40 en DT), bajo igualitarismo (-1,36) y alta distancia al poder (1,05), lo que es coherente con la influencia confuciana.
La investigación transcultural confirma que es una cultura de evitación de la incertidumbre media (0,31 DT), lo que es congruente en parte con lo anterior. El carácter contextual y flexible del pensamiento chino se debería asociar a una baja evitación de la incertidumbre, sin embargo, la importancia de los ritos y códigos sociales también se asocia a una alta evitación de la incertidumbre (por su posición superior a la media mundial en evitación de la incertidumbre parece que predomina este aspecto, aunque que hay que destacar que China tiene una puntuación en esta dimensión menor a la de muchos países cristianos y occidentales).
En síntesis, el carácter jerárquico o de alta distancia al poder, un colectivismo moderado en su aspecto afectivo y al mismo tiempo una competencia alta caracterizan a la cultura china actual. Los rasgos de tradicionalismo, patriarcal o masculino y de baja evitación de la incertidumbre son más relativos.
Congruencia entre valores, cultura y personalidad china.
Como conclusión a una reciente revisión sobre la investigación en psicopatología en China, se dibujó el siguiente perfil de la personalidad china: "énfasis en el bienestar y confort corporal (coherente con la somatización), imbricación continua, intensa y compleja de la persona con su familia y comunidad (coherente con el carácter colectivista moderado y relacional), sentido de privacidad y reticencia a hablar sobre sí mismos; control en la expresión de impulsos y emociones; y evitación de los excesos"(Draguns,1996,p.428). Como veremos las investigaciones confirmaran este perfil.
Estudios de personalidad utilizando el California Personality Inventory mostraron que chinos-americanos y de Taiwan mostraban puntuaciones altas en femineidad, autocontrol y en el aspecto referido a dar buena impresión, lo que es coherente con la importancia dada a las relaciones interpersonales y al respeto a las reglas sociales. La femineidad alta también es coherente con el hecho que la cultura china no es fuertemente masculina (Tsai, Teng & Sue, 1985).
Investigaciones utilizando pruebas de personalidad comparando estudiantes chino-americanos con norteamericanos han confirmado que los primeros son más conformistas, lo que se asocia al colectivismo (Tsai,Teng & Sue,1985). Investigaciones utilizando pruebas de personalidad como el EPQ y el NEO-PIR confirman que los pertenecientes a muestras chinas, como promedio, son más introvertidos que sujetos de EEUU ; son más distantes interpersonalmente, menos excitables y emocionales (McRae, Costa & Yik, 1996; Cheung,1996). La puntuación de la muestra china en la dimensión de Extraversión (-2,09 DT), es coherente con la cultura china ; aunque la introversión no se asocie en general al colectivismo.
Investigaciones que utilizaban rasgos de personalidad para caracterizar a grupos sociales o de auto y hetero-estereotipo, realizadas con estudiantes chinos en USA, confirmaban el carácter colectivista y de alta distancia al poder de esta cultura, así como una personalidad más introvertida: los chinos se autopercibían como más tímidos, más obedientes, más serios y calmados que los norteamericanos. Veían a estos como más valientes y rudos, activos, agresivos, materialistas, que se caracterizaban por hablar fuerte y de forma ostentosa. Los estudiantes chinos percibían a los americanos como más abiertos y amistosos, pero, creían que no tenían la paciencia, sensibilidad, formalidad y seriedad que permitiera profundizar las relaciones. Los estudiantes norteamericanos percibían a estudiantes chinos como dependientes, excesivamente formales y corteses (Klein, Miller & Alexander, 1985), lo que es congruente con la alta distancia al poder que caracterizaría a la cultura china.
Desde el punto de vista de los rasgos de personalidad, los chinos puntúan medio alto (1,49 DT) en baja fuerza del yo o psicoticismo, lo que se puede interpretar como un apoyo a la idea de un superyo más débil y externalizado. Dada la baja prevalencia de conductas antisociales es poco probable que sea el aspecto agresivo de la dimensión de psicoticismo la que explique este resultado. Investigaciones con el MPPI muestran que los chinos puntúan más alto que muestras occidentales en indicadores de psicoticismo, y esto se explica en parte porque sujetos de esa cultura evalúan de forma más deseable o aceptable socialmente conductas y emociones que se consideran síntomas de psicopatología, como la apatía, la baja actividad y activación emocional, la prudencia, la modestia y la baja asertividad interpersonal (Cheung,1996). En otras palabras, se da una relativa aceptación de emociones y conductas negativas, en su vertiente de baja activación en particular, lo que es coherente con los datos sobre normas emocionales (véase más abajo).
Colectivismo y Distancia al Poder en la cultura china y su influencia en la vida emocional.
La cultura China, como toda aquella que presenta una alta distancia al poder, se caracteriza por un mayor malestar afectivo. De forma coherente, las muestras chinas puntúan muy bajo en bienestar subjetivo en comparación con otros países (una y dos Desviaciones Típicas por debajo de la media mundial en el indicador de satisfacción y felicidad de Inglehart y Diener respectivamente). Investigaciones en las que se han utilizado pruebas de personalidad comparando chinos-americanos con norteamericanos, han confirmado, que estos mostraban menor bienestar emocional y menor auto-confianza (Tsai,Teng & Sue,1985). Sin embargo, la muestra china en el EPQ esta en una posición media en neuroticismo. Las investigaciones epidemiológicas muestran que la presencia de
trastornos neuróticos y depresivos es menor en China que en Occidente (Cheung,1996).
Según algunos autores, la cultura china tradicional enfatiza la represión y supresión de emociones negativas para la armonía social y refuerza la expresión somática de las emociones, así como la baja elaboración intrapsíquica. El carácter colectivista de la cultura desviaría la atención y desvalorizaría la vida interna del sujeto, orientándolo hacia los aspectos interpersonales, lo que explicaría la baja elaboración psicológica de las emociones. Las investigaciones de Psiquiatría Transcultural sugieren que los chinos enfatizan los aspectos relacionales y somáticos de las experiencias emocionales. No elaboran los aspectos mentales o intrapsíquicos y externalizan la vivencia emocional mediante una experiencia y expresión somática de las emociones (Kleinman, 1985). Varias investigaciones confirman que los síntomas somáticos son inseparables de los emocionales en la depresión (Cheung,1996). Sin embargo, otros autores señalan que la somatización no implica automáticamente un déficit de razonamiento psicológico y mencionan que el lenguaje chino posee un rico vocabulario emocional (Russell & Yik, 1996). La cultura china, en parte por su carácter relacional, enfatiza la expresión emocional sutil. La acción y no la expresión verbal y emocional se enfatizan en la interacción y comunicación en China (por ejemplo, el amor es raramente verbalizado y se manifiesta o demuestra por conductas de cuidado y ayuda al otro). La falta de expresividad se debe a que los chinos son socializados para no expresar sus emociones personales. Los chinos insisten en que los niños no deben expresar sus emociones ; al no expresarlas verbal y abiertamente, evitan imponer sus sentimientos a los otros y buscan mantener la armonía y tranquilidad interpersonal (Gao, Ting Toomey & Yik, 1996). El control del medio social se obtiene mediante el equilibrio estudiado entre las emociones, la posición social y las características especificas de la situación. La fuerte expresión no equilibrada de las emociones se considera como algo negativo y conducente a la enfermedad (Lewis-Fernandez & Kleinman, 1994).
Por otro lado, la alta distancia al poder de esta cultura se asocia a la supresión e inhibición de emociones fuertes, especialmente negativas, que amenazan el orden de los roles. Por ejemplo, niños y adolescentes presentan menos síntomas agresivos y conductas antisociales que en Occidente, lo que reflejaría esta socialización (Draguns,1996). Confirmando lo anterior, a nivel colectivo, los chinos puntúan más bajo en frecuencia e intensidad de emociones tanto positivas como negativas (tres Desviaciones Típicas por debajo de la media mundial), lo que confirmaría la posición de la supresión emocional. Por otro lado, China presenta una baja deseabilidad de emociones positivas (-2 DT) lo que reafirma la idea de una cultura represiva afectivamente.
Para otros autores, las emociones se desenfatizan o se consideran irrelevantes en la cultura china (Rusell & Yik, 1996). Investigaciones antropológicas sugieren que más que una inhibición emocional, lo que aparece es una expresión emocional relativamente libre, (con la excepción de ciertas emociones positivas como el amor y la afección) pero, que las emociones son consideradas irrelevantes para la conducta y dinámica social: lo que importa es lo que la persona hace y como lo hace, y no lo que siente (Potter, 1988). Las emociones no servirían para obtener fines sociales y no son necesarias para legitimar el orden social en la cultura china.
China presenta una aceptación relativa de emociones negativas (1DT), lo que relativiza la idea de una cultura de fuerte represión afectiva, y confirma en parte la segunda idea, la del carácter irrelevante socialmente de las emociones y la aceptación relativa de emociones negativas. La investigación antropológica de Potter (1988) confirmó que la afección y el amor no se podían expresar libremente, lo que no ocurría con las emociones negativas. Aunque tampoco se puede decir que se acepten las emociones en general, ya que tanto las emociones positivas como la intensidad y frecuencia emocional son devaluadas. El perfil es más bien de una sociedad que
desenfatiza la intensidad y la frecuencia de situaciones emocionales negativas (-1,38) y positivas (-3,6). Una sociedad de supresión emocional más que de represión y que no focaliza la atención en los aspectos internos de la vida social, incluyendo las emociones (Hsu en Potter,1988). El bajo bienestar afectivo se explicaría por la baja frecuencia de emociones positivas.
Concluyendo, los siguientes rasgos caracterizan a personas pertenecientes a la cultura china y son congruentes con los valores que la caracterizan: una cierta femineidad vinculada a un patriarcalismo debilitado, un rasgo de autocontrol y una necesidad de dar buena impresión, un cierto conformismo, etc., Por otro lado, los chinos son introvertidos, lo cual está en parte vinculado al colectivismo afectivo, presentan un menor bienestar e intensidad afectiva, y un rechazo de expresiones fuertes de emociones positivas, lo cual se vincula a la alta distancia al poder que presentan. Al mismo tiempo, los caracteriza un menor rechazo de emociones negativas y un mayor psicoticismo o aceptación de conductas de apatía y baja activación, lo que es coherente con la moral contextual y flexible (lo que puede ser contradictorio con la importancia otorgada a las relaciones personales y la moderación). Desde el punto de vista de la percepción social, se les ve coherentemente como más tímidos, serios, calmados, formales y deferentes.
Cultura Hindú y aspectos psicológicos.
India es un país mayoritariamente agrícola y cuya población también representa alrededor del 20% de la población mundial como la China. Los creyentes hinduistas constituyen el grupo cultural más importante del subcontinente indio, compuesto por cerca de 700 millones de personas en India, Bangladesh y Nepal. Además hay 300 millones de creyentes islámicos en India, Bangladesh y Pakistán. Mientras la cultura tradicional China se apoyaba en una religión secular de principios éticos y en clanes patrilineales para mantener el orden social, la cultura Hindú en contraste, utilizaba la autoridad moral de la religión para apoyar un sistema endogámico de castas y se apoyaba en la coerción política en mayor medida. Además el tamaño de los estados hindúes era menor que el Chino, se trataba de pequeños reinos de corta duración. Este sistema cultural se apoyaba en el regadío por estanques, que dependían de la lluvia del monzón.
1. Relación con la autoridad y entre la persona y el grupo.
La cultura hindú se caracteriza por su sistema de castas, que enfatizaba la jerarquía entre grupos, la pureza ritual y la preocupación por el contagio o polución. La ley se basaba en la tradición y en el dharma, la ley religiosa, basada en los textos vedicos y los mitos clásicos. Ambas enfatizaban el deber ante la casta y en relación a los diferentes fases del ciclo vital.
Se ha caracterizado a la cultura hindú como esencialmente holística y jerárquica, la representación social de la persona estaría basada en su relación con el colectivo, en el status y su visión sería la del homus hierarchicus. La representación social de la persona en la India es jerárquica y refleja la división en castas. Se debe evitar el contagio mezclándose con personas de otras castas. Cada jati o casta constituía un grupo asociado a una ocupación y con un rango social dado. Se pertenecía a ese grupo por nacimiento. Las varna o castas clásicas eran: los Sudra o siervos y cultivadores, que poseían el rango más bajo; los Vaisya o mercaderes y propietarios de tierras de rango intermedio; los Kshatriya o guerreros y gobernantes; y los Bhramanes o profesores y religiosos. Fuera de los 4 varna estaban los intocables o fuera de casta, que llevaban a cabo ocupaciones que les ponían en contacto con sustancias impuras y los hacían intocables. Hay miles de castas y sub-castas en la actualidad y se ha declarado ilegal la condición de intocable en Pakistán y la India. Coexisten las tendencias a casarse exogamicamente entre sub-castas y a la hipergamia
(casarse con una sub-casta superior). La familia extendida subordinada al padre es frecuente y el ideal cultural. Las creencias religiosas hindúes legitimizan estas diferencias. La creencia en la reencarnación (samsara) afirma que el alma (atman) renace en cada generación en un nuevo organismo, no necesariamente un hombre - lo que conlleva que la vida y los animales son sagrados (por ejemplo, el considerar a las vacas sagradas). La forma en que se renace depende del karma o destino, influenciado en parte por la conducta en las vidas anteriores del sujeto, pero, también por entidades sobrenaturales. Honrar a los dioses y llevar una vida virtuosa permite moshla o el renacer como un alma de tipo superior que escapa al ciclo de la reencarnación. Estas tres creencias religiosas inducen una actitud de aceptación de la desigualdad, ya que el destino actual es un reflejo de las vidas anteriores y la próxima reencarnación podrá ser más placentera que la existencia actual.
Por otro lado, la religión hindú permite una gran variedad de creencias idiosincrásicas y eclécticas, lo que puede alimentar una tendencia a la individualización (Smith & Young, 1998).
2. Relación hombre-mujer.
Es una sociedad patrilocal y endogámica en el sentido que el casamiento se debe hacer entre miembros de la misma casta. Las mujeres están separadas de los familiares del marido (purdah). Hombres y mujeres llevan vidas separadas. Esta separación se asocia al mantenimiento de la integridad de la familia patrilineal extensa, unidad social básica en una sociedad estratificada basada en la agricultura de irrigación por estanque como la hindú.
Las mujeres se conciben como particularmente vulnerables a los impulsos sexuales y agresivos, por lo que debe ser protegida manteniéndosela en casa. La mujer tiene un status secundario ante el hombre, se prefiere a los hijos que a las mujeres; la India es uno de los pocos lugares donde la expectativa de vida de la mujer es mas baja que la del hombre. El matrimonio es un ritual muy importante, en el que se invierten muchos recursos, tradicionalmente los matrimonios eran arreglados por los padres y se entrega una dote por la novia. La castidad es un prerequisito, en particular entre las castas altas, y está asociado a otros rasgos como el matrimonio infantil, la prohibición del divorcio y de que una viuda se case de nuevo, así como el ideal del sati o auto-inmolación de la viuda en el que una "mujer virtuosa" se crema con el cuerpo de su difunto marido para y se transforma en una diosa. Los mitos clásicos hindúes, que enfatizan el amor romántico y la devoción al marido, entran en contradicción con la realidad de los matrimonios arreglados y la distancia del marido. El prudah o separación entre hombres y mujeres refuerza la distancia social entre hombres y mujeres, intensifica las diferencias de roles. El purdah se asocia a una visión del honor y del respeto familiar basado en la evitación del adulterio y en la virtud femenina, así como en la capacidad del hombre para mantener y defender a su familia (Gilmore, 1994). El purdah también es un marcador de clase, ya que solo las clases altas pueden aplicar las reglas estrictamente.
Por otro lado, la cosmología hindú al igual que la China también permite la coexistencia y complementariedad de principios opuestos. Por ejemplo el Dios Siva es creador y destructor, hombre y mujer. Muchas de las deidades locales y generales hindúes son femeninas, por lo que se afirma que pese al predominio masculino, la cultura hindú es en gran medida femenina o andrógina.
3. Regulación y control de la incertidumbre.
Los principios del sistema de castas implican la oposición de lo puro y de lo impuro. La pertenencia de casta implica no solo el contacto intimo entre miembros de la misma casta, sino que
también una serie de reglas de alimentación e higiene. Los intocables, por trabajar con sustancias "polucionantes" como los muertos, con su mero contacto contagiaban a los miembros de castas altas y se les excluía de muchos rituales públicos (Gilmore,1994;Smith & Young,1997; Bodley, 1998).
Congruencia entre Cultura Hindú y Valores.
La India se sitúa en una posición media alta en distancia al poder (0,84), lo que es coherente con la importancia del sistema de castas. Tiene una puntuación media baja en Masculinidad (0,39), lo que es coherente con la mezcla de predominio masculino y de cosmología andrógina o femenina. La posición intermedia en individualismo-colectivismo (0,23) no es incoherente con la descripción etnográfica. La baja evitación de la incertidumbre (-1,07) parece contradictoria con la importancia dada a las reglas de separación entre castas y a la importancia de evitar la polución. Sin embargo, la aceptación de la ambigüedad y de lo contradictorio en la cultura hindú, así como la calma emocional, que caracterizan a las sociedades de baja evitación de la incertidumbre, son coherentes con la descripción de la cultura hindú. Más aún, la cultura religiosa hindú, a diferencia de las religiones monoteístas como el Cristianismo y el Islam, no adhiere a la idea de que hay una sola verdad revelada, que excluye al resto. En la religión hindú la necesidad de evitar la ambigüedad y poseer la única versión correcta es menor, lo que puede explicar que India tenga una baja puntuación en evitación de la incertidumbre (Hofstede, 1991,p.131; Sinha & Tripathi, 1994).
Cultura y personalidad hindú.
Carstairs (1958 descrito en Jahoda, 1989) realizó un estudio clásico sobre la cultura y personalidad de campesinos hindúes. En base a entrevistas, tests y observación sistemática, este psiquiatra con formación antropológica dibujó un perfil psicológico del hindú medio. Las creencias en el contagio por la impureza y el control de las emociones y pulsiones se asociaban. El control social de la sexualidad y de la conducta social es fuerte; las reglas de conducta hindúes implican, no solo, no mezclarse con castas inferiores, sino que también proscriben las faltas respeto ante los mayores y los excesos emocionales, ya sean eróticos, agresivos, de miedo o ansiedad. Se valoriza el control de las pulsiones. Al mismo tiempo que el niño aprendía a controlar los esfínteres, se le enseñaba a evitar la polución por contacto con miembros de castas inferiores - cada vez que el niño contactaba con una persona de casta inferior se le hacía tomar un baño, hasta que el contacto con un miembro de una casta inferior le provocaba el mismo asco que el contacto con un excremento. Los restos de comida también se consideraban sustancias impuras. La excepción son los restos del padre, el que puede dar restos de su comida a los hijos como un favor. La aceptación agradecida de estos, según Carstairs, demuestra la importancia de la sumisión a la autoridad paternal y es el modelo de la buena relación con el padre, de él se aceptan hasta las sustancias impuras. El padre permanece distante del niño por una norma que prohibe las demostraciones afectivas. Los padres se manifiestan distantes de los hijos y se prohiben las manifestaciones afectivas fuertes. El padre es una autoridad todopoderosa ante la que se debe mostrar contención emocional, se debe evitar excesos de bebida, de cólera, de ansiedad, etc. De allí que los niños tengan una gran fijación por la figura materna, que es la fuente de afectividad. La excepcional fuerza de apego a la madre sería característico de la cultura hindú. Cuando el padre interviene es en tanto que autoridad todopoderosa, a la que se debe obedecer. Aun cuando adulto, en presencia de su padre, un hijo o hija debe suprimir toda manifestación emocional espontanea y alusión a su vida sexual o intima. La inhibición sexual se asocia a la idea que el esperma hay que guardarlo, porque se produce lentamente y es fuente de salud, por ende eyacular mucho debilita. Todo este conjunto cultural es
fuente de conflictos. Los conflictos se suprimen o evitan más que resuelven y predomina una calma emocional, un modo de vida afable y cortés.
En una familia hindú reina una calma y una moderación, basada en gran medida la supresión más que el afrontamiento de los conflictos y en el marco de relaciones controladas, con menor espontaneidad y carga afectiva que en las familias occidentales, pero, no por eso, menos profundas (Carstairs, citado en Jahoda, 1989; Gilmore, 1994).
Congruencia entre valores, cultura y personalidad india.
Los indios puntúan alto en extraversión (1,84), lo que es poco probable que se debe al componente de impulsividad de la extraversión y se deba más bien al componente de gregarismo o de sociabilidad, de sentirse bien en compañía humana, en el marco indio en base a reglas de conducta estrictas y basadas en la separación de castas. La alta puntuación en psicoticismo (2,44), se puede explicar por la percepción de situaciones negativas. Items que miden esta dimensión son "le preocupan mucho las enfermedades contagiosas" o "se altera mucho cuando ve sufrir a un niño o a un animal" y las respuestas negativas corresponden a una adaptación a las condiciones de vida.
La baja deseabilidad social de emociones positivas (-0,68), la baja intensidad emocional positiva (-1,36) y negativa (-1,15), son congruentes con la descripción de la socialización en el control de las pulsiones y las reglas de moderación afectiva. La puntuación de malestar afectivo (-1,13 en el indicador de Diener y -1,6 en el de Inglehart) y de neuroticismo medio (0,46) sugiere que es una sociedad en el que la desigualdad social y la jerarquía producen un predominio de emociones negativas, y es coherente con el hallazgo general que las sociedades de alta distancia al poder se asocian al malestar afectivo. También es coherente con la visión de una sociedad en la que la cultura produce frustraciones por las desigualdades entre hombres y mujeres.
Investigaciones que utilizaban valores para caracterizar a grupos sociales o de auto y hetero-estereotipo, realizadas con una muestra representativa en Singapur, que incluía Indios, Malayos y Chinos, confirmaba que los indios se autopercibían como corteses, obedientes, responsables, honestos y ambiciosos, rasgos coherentes con el carácter jerárquico, de alta distancia al poder y regulado de la cultura hindú. Los chinos y malayos veían a estos como más ambiciosos, capaces, independientes e intelectuales (De Leon & Selmer,1989), probablemente reflejando un grado de autonomía afectiva e intelectual mayor que las culturas confucianas más colectivistas. Investigaciones sobre actitudes confirman la idea que los indios se caracterizan por la coexistencia de individualismo y colectivismo; los sujetos elegían entre respuestas individualistas, colectivistas y mixtas mayoritariamente las últimas en una escala actitudinal (Sinha & Tripathi, 1994).
Más que un auto-concepto colectivista, se ha planteado que los indios tienen un auto-concepto contextual y flexible, caracterizado por una alta tolerancia ante la disonancia, es decir, que coexisten sin conflicto conductas y actitudes contradictoria entre ellas. Hasta que punto esta aceptación de la disonancia es típica de los indios o de las culturas asiáticas en general es discutible y Carr (1996) argumenta que la tolerancia hacia cogniciones contradictorias (por ejemplo creer simultáneamente que las enfermedades tienen causas y tratamientos biomédicos y religiosos) es algo común en Africa y Asia. En el mismo sentido de confirmar que la aceptación de creencias contradictorias es un fenómeno general en Asia y Africa, y no es privativo de India, una revisión de la investigación sobre la disonancia, es decir, que después de elegir una conducta negativa contradictoria con la actitud previa, las personas racionalizan y cambian su actitud hacia una posición más favorable hacia la conducta que han realizado, encontró en 5 de 6 investigaciones