Una Voz En El Desierto, Parte 5

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1 Introducción

Dios está llamando a las personas a arrepentirse y creer en el Evangelio, a entregar sus vidas a Él, para que Él pueda sanarlas y ponerlas en el camino de la justicia. Dios les está diciendo a las personas que rechacen sus propias ideas sobre la vida y obedezcan Su palabra. Pero Él es una voz en el desierto en nuestra sociedad.

En el advenimiento de Cristo, los sacerdotes y levitas en Jerusalén sabían que el tiempo para que el Mesías apareciera estaba cerca debido a las profecías de Daniel.1 Se preguntaban si Juan el Bautista era el Mesías o no, y enviaron una delegación para interrogarlo:

Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues?

¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. (Juan 1:19-23 RVR1960)

Juan estaba citando la profecía de Isaías:

Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.

(Isaías 40:3 RVR1960)

¿Por qué Juan se llama a sí mismo una "voz en el desierto"? ¿Cuál es el significado de esta expresión? Esta es la voz de Dios hablando al corazón del hombre. El desierto es el corazón del hombre. La humanidad es testaruda e imposible de enseñar. Hay malos frutos que provienen de nuestra falta de voluntad para aprender la verdad. ¿Cómo podemos venir del desierto y vivir la vida para la que Dios nos ha creado? ¿Cómo podemos ser restaurados a una relación correcta con Dios?

Hay una voz llamando en el desierto. ¿Le prestaremos atención?

2 El Corazón del Hombre es el Desierto - Parte 1 3 La Humanidad no es Enseñable – Parte 2

4 El Fruto de Nuestra Rebelión – Parte 3 5 Viniendo Desde el Desierto – Parte 4

6 Restaurados a una Relación Correcta – Parte 5

Por lo tanto, nuestra aflicción nos ha llevado al punto en el que estamos en busca de una solución. Queremos tener paz con Dios. No queremos pasar nuestras vidas luchando en una batalla que nunca podremos ganar, luchando contra alguien que es infinitamente más fuerte que nosotros.

No solo estamos cansados de luchar contra Dios, sino que no queremos estar del lado de aquellos a quienes Dios llama malvados y perversos. Todo lo que tenemos que hacer es mirar alrededor a las personas luchando contra Dios. Ellos proclaman su libertad para involucrarse en toda clase de mal, y solamente son seguidos por el sufrimiento y la miseria. Su camino perecerá.

Sabemos que no queremos estar entre ellos:

Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá. (Salmos 1:5-6 RVR1960)

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Entonces, ¿cómo quita Dios nuestra rebelión? ¿Cómo nos limpia Dios del pecado que está tan intrincadamente entrelazado en nuestros corazones? Dios promete darnos nuevos corazones:

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. (Ezequiel 36:26-27 RVR1960)

Pero incluso si Dios nos da nuevos corazones para seguirlo, todavía tenemos una deuda contra Dios. Él prometió que castigaría nuestro pecado con la muerte. ¿Cómo podría Dios reconciliar Su justa ira contra el pecado y Su justa necesidad de castigarlo, con Su amor y deseo de perdonarnos? La pena debe ser pagada, o Dios no sería justo. Dios dijo que Él mismo pagaría la pena que nuestros pecados merecían, y Él envió a Cristo, Su Hijo, a pagar nuestra pena y redimirnos de la muerte:

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino;

mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros … Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. (Isaías 53:5-6,8 RVR1960)

Jesucristo, el Mesías, es llamado el Cordero que quita el pecado del mundo:

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. (Juan 1:29 RVR1960)

Cuando Jesús murió en la cruz, intercambió nuestro pecado por Su justicia:

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2 Corintios 5:21 RVR1960)

La justicia de Dios se llevó a cabo por medio de la muerte de Cristo. Ahora Dios es libre para perdonarnos por nuestra rebelión. Pero, ¿cómo hace eso? Él nos ordena que tengamos fe en el sacrificio de Cristo por nosotros. Él nos da libremente Su perdón, sin costo alguno y sin necesidad de méritos propios:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (Efesios 2:8-10 RVR1960)

Nosotros recibimos un nuevo corazón cuando somos nacidos de nuevo del Espíritu Santo de Dios. Jesús le dijo a Nicodemo que debemos nacer de nuevo para entrar en el Reino de los Cielos:

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (Juan 3:3-8 RVR1960)

Nuestro nuevo nacimiento es un nacimiento espiritual por la voluntad de Dios el Padre.

¿Cómo nacemos de nuevo? Debemos recibir a Cristo como nuestro salvador por medio de la fe:

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En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. (Juan 1:10-13 RVR1960)

Reconocemos a Jesucristo como nuestro Señor y confesamos que murió en nuestro lugar y que resucitó para que seamos justificados:

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación … porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. (Romanos 10:9-10,13 RVR1960)

En el momento en que confesamos a Jesucristo como Señor y creemos que Dios lo levantó de entre los muertos, somos salvos. No tenemos que esperar una futura salvación. Ya hemos nacido de nuevo.

Es el amor de Cristo y de Dios lo que nos abrió el camino para que seamos perdonados y salvos, y para que nuestra rebelión sea vencida:

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

(Romanos 5:8 RVR1960)

Ya habiendo nacido de nuevo, el deseo de nuestros corazones es conocer a Dios, conocer a nuestro Salvador y entender Su propósito en nosotros. Jesús dijo que solo Él conoce al Padre porque vino de Él, y solo Jesús puede mostrarnos quién es el Padre:

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. (Mateo 11:27 RVR1960)

La Biblia nos dice que Jesús es la imagen exacta del Dios invisible. Para conocer a Dios, debemos conocer a Cristo:

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. (Colosenses 1:15-18 RVR1960)

Por otro lado, el uso del término "primogénito" en este contexto significa que Jesucristo es el heredero de toda la creación de la misma manera que un hijo hereda la riqueza de su padre. No solamente eso, sino que Él es el primogénito de entre los muertos, el primero en recibir el cuerpo glorificado y eterno que nos ha sido prometido a cada uno de nosotros los que confiamos en Él.

Entonces, nuestra propósito después de obtener nuestra salvación es llegar a conocer más y más de Cristo, para que podamos conocer más y más de Dios. Usamos la verdad de la palabra de Dios para santificarnos en este mundo, para separarnos de las cosas en este mundo que Dios aborrece. Jesús oró para que todos los discípulos fueran santificados por la palabra de Dios. Él ora lo mismo para nosotros, que podamos ser santificados por la verdad:

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. (Juan 17:17- 19 RVR1960)

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¿Cuál debería ser nuestra respuesta a todo lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, a todas las promesas que tenemos en Él? Deberíamos darle la espalda a todo lo que Dios aborrece:

Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. (2 Corintios 7:1 RVR1960)

Nuestra respuesta a Dios debería ser mostrar gratitud entregándole nuestras vidas. Él es quien nos ha redimido de la muerte y nos ha dado vida eterna:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

(Romanos 12:1-2 RVR1960)

Anteriormente, estábamos en rebelión y vivíamos en una tierra árida y sedienta. Ahora, Dios nos ha hecho Sus hijos e hijas, coherederos con Cristo de todo lo que el amor y el poder del Dios que creó el universo puede proporcionar:

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. (Romanos 8:16-17 RVR1960)

Cuando venimos del desierto de nuestros corazones, hacemos el intercambio de una muerte segura por la vida eterna.

7 Conclusión - Parte 5

Dios dice que la rebelión de hombres y mujeres contra Él no se permitirá para siempre. Un día, cada uno deberá inclinarse delante de Él y reconocer Su verdad, justicia y gloria. Él le dice a la gente que use ese conocimiento para ayudarlos a volverse hacia Él y ser salvos:

Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados. (Isaías 45:22-24 RVR1960)

La resurrección de Cristo es la prueba de que Dios ha designado a Jesús para llevar a cabo Su juicio sobre la rebelión de la humanidad:

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. (Hechos 17:30-31 RVR1960)

Será delante del Señor Jesucristo resucitado que toda rodilla se doblará:

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11 RVR1960)

No solamente viene juicio sobre la rebelión del hombre, sino que el universo, este mundo y todo lo que hay en él será quemado como resultado de ese juicio. Dios creará un mundo nuevo, un mundo sin rebelión o pecado, un mundo en sujeción a nuestro Señor y Salvador:

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los

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cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 Pedro 3:10-13 RVR1960)

Ninguna cosa en esta tierra es más valiosa que la vida eterna que recibimos de nuestro creador. Y la única forma de recibir esa vida eterna es rechazando el llamado de este mundo en nuestros corazones, un llamado a quedarnos en el desierto.

Dios es la voz en el desierto llamándonos, diciéndonos que vengamos a Él, la fuente de agua viva, y vivamos en paz con el Dios que nos creó. No dejes que tu rebelión te cuente entre aquellos cuyo destino es el lago de fuego por toda la eternidad:

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe;

porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:5-8 RVR1960)

No seas obstinado. Escucha el llamado del Señor y ven del desierto:

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. (Apocalipsis 22:17 RVR1960)

Derechos de autor © 2019, Stephen W. Lange. Todos los derechos reservados.

DOC=2019-12-31. Traducido por Manuel Can.

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