SÍNTESIS DEL PERÍODO COLONIAL EN CHILE
Carlos I: rey de España (1516-1556) Carlos V: emperador de Alemania
(1519-1558)
Felipe II: rey de España (1556-1598)
¿Cómo era la administración durante la Colonia?
Desde un comienzo, España centralizó todo lo referente a la administración de las colonias que poseía en América y Asia, teniendo a la cabeza al rey, quien era asesorado por el Consejo de Indias.
El Consejo de Indias
Creado en Sevilla en 1511, estaba integrado por un presidente, cinco consejeros, un fiscal y otros empleados menores. Entre sus funciones estaba el proponer al rey el nombramiento de altos funcionarios civiles y eclesiásticos que se desempeñarían en las colonias. Además, se encargaba de dictar las leyes, que junto a decretos, reglamentos y ordenanzas conformaban el derecho indiano, reunido en 1680 en las Recopilaciones de Leyes de Indias. Este organismo actuaba también como tribunal supremo, ya que analizaba las apelaciones a los fallos de las Reales Audiencias y sometía a virreyes y gobernadores a juicio de residencia, durante el cual podían presentar acusaciones quienes no estuvieran de acuerdo con las decisiones tomadas por los funcionarios. Mientras durara su cargo, estos últimos no podían casarse con habitantes del lugar, establecer negocios, comprar propiedades o apadrinar niños.
Real Audiencia
El máximo tribunal de justicia durante la época colonial era la Real Audiencia, organismo político-administrativo que se instaló en las principales ciudades del continente americano.
Estaba formada por cuatro oidores o magistrados de alta jerarquía. Era tribunal de primera instancia en algunos casos, y de apelación de las sentencias de los jueces inferiores. De sus fallos podía apelarse, solo en cuestiones de gran importancia, ante el Consejo de Indias; pero en la práctica los procesos eran finiquitados en el mismo tribunal.
La Real Audiencia podía inmiscuirse en diversos asuntos de la vida pública, ya que la Corona le había dado otras funciones. Por ejemplo, tuvo atribuciones políticas, donde servía de consejera al gobernador e incluso tomaba decisiones con este en temas muy complicados. En Chile, la Real Audiencia fue establecida en 1609 en Santiago.
División administrativa de América española Cabildo
El Cabildo era el órgano representativo de la comunidad. Se encargaba de administrar las ciudades, y en el caso de regiones muy alejadas o sin comunicación con la Corte, actuaba como representante del rey. Para ser parte de él, había que ser vecino o encomendero, y quienes eran nominados para estos cargos estaban obligados a aceptarlos y ejercerlos por el período de un año.
El Cabildo estaba formado por dos alcaldes, seis regidores, un secretario y un procurador. Sus atribuciones eran variadas: se preocupaba de la administración local, del aseo y ornato, la salud pública, aspectos judiciales, legislativos y políticos. En caso de que se generara peligro colectivo, se convocaba a un Cabildo Público, al cual asistían todos los vecinos para deliberar. Los cabildos tuvieron gran importancia, ya que estaban compuestos por criollos amantes del país que intentaban representar de la mejor forma a sus compatriotas.
División territorial
En esta época, América estaba dividida territorialmente en virreinatos, capitanías generales y presidencias. Los virreinatos estaban gobernados por un virrey, que era representante directo de la Corona. Su administración duraba cinco años, aunque podía ser nombrado por otros períodos.
Durante el siglo XVI se crearon en América dos virreinatos: el de Nueva España o México (1535) y el de Perú (1544); en el siglo XVIII se agregaron otros dos: Nueva Granada (1717) y Río de la Plata (1776).
Las capitanías generales, por su parte, eran territorios que aún no habían sido conquistados por completo, por lo que necesitaban un jefe militar que ejerciera el poder civil y judicial. Al término de la Colonia existían en América cuatro capitanías generales: Santo Domingo, Guatemala, Venezuela y Chile.
Finalmente, las presidencias eran pequeños gobiernos establecidos en tierras ya pacificadas. El poder lo ejercía el presidente de la Real Audiencia, como era el caso de Ecuador y Bolivia.
Padre Luis de Valdivia, propulsor de la guerra
defensiva
Los mapuches adoptaron rápidamente el uso del
caballo
Soldado español con su mosquete
Guerra de Arauco
Los seguidores del padre Bartolomé de las Casas propugnaban la llamada guerra defensiva, que consistía en esencia en
eliminar todo intento de conquista violenta y dejar que los evangelizadores realizaran su tarea.
Las ideas expuestas por el padre dominico Bartolomé de las Casas (1510), que no justificaba las guerras que se hacían para evangelizar a los indígenas y proponía la supresión de las encomiendas y la libertad a los indios, contaron con el apoyo de muchos teólogos y juristas. Todos ellos coincidían en propugnar la guerra defensiva, que en esencia consistía en eliminar todo intento de conquista violenta y dejar que los evangelizadores redujeran a los indígenas mediante sus misiones.
En esta empresa estaba el padre jesuita Luís de Valdivia, quien había celebrado con los indios el parlamento de Paicaví (1612) y los veía dispuestos a la paz. Sin embargo, la primera entrada de tres misioneros terminó en tragedia, ya que fueron asesinados por los indígenas.
A pesar de los esfuerzos del padre Valdivia y los del gobernador Alonso de Ribera, la guerra defensiva resultó ser un fracaso. Así, este sistema de guerra existió legalmente hasta 1626, cuando el rey Felipe IV autorizó volver a la guerra ofensiva, y por la falta de trabajadores en las haciendas declaró vigente la Real Cédula de 1608, que hacía esclavos a los rebeldes.
De este modo, el ejército profesional reorganizó la defensa de los fuertes y volvió a realizar malocas, con la finalidad de provocar a los indígenas y así poder esclavizarlos, ya que según la Real Cédula esta pena se disponía para aquellos que eran sorprendidos con armas. Los indios, a su vez, respondían con malones, en los que atacaban las estancias vecinas a la frontera, robando ganado y raptando niños y mujeres.
El desgaste mutuo, la larga data del conflicto –casi medio siglo –, la destrucción ocasionada por la guerra, a la que se sumaron la erupción del volcán Villarrica y los sismos que asolaron la región, y la siempre presente idea de evangelizar a los indígenas, fueron propiciando nuevas formas de entendimiento ocasional.
Una innovación de la guerra en este período fue el establecimiento de parlamentos, es decir, verdaderas conferencias o reuniones generales que celebraron los españoles con los diferentes jefes indígenas que representaban a los butalmapu en un lugar señalado de antemano con el fin de establecer una política de paz.
En 1639 asume Francisco López de Zúñiga, Marqués de Baides, partidario de buscar el entendimiento, y bajo su gobierno, en 1641, se produjo el parlamento de Quilín. En esta reunión hubo banquetes, intercambios de regalos, discursos y promesas de paz por ambos lados. Los españoles reconocieron la libertad de los indígenas en sus tierras y estos permitieron el
ingreso a la Araucanía de misioneros. Sin embargo, estos ofrecimientos incluían solo al grupo familiar, por lo que los que no estuvieron presentes en la reunión continuaban con los malones, en forma aislada, a lo que los españoles respondieron con nuevos ataques, convirtiendo la frontera del Biobío en escenario de un continuo conflicto.
Los parlamentos siguieron celebrándose cada vez que asumía un nuevo gobernador, pero ninguno dio frutos. El último de la época colonial fue convocado por Ambrosio O’Higgins, en Negrete (1793).
Estos parlamentos, más la labor de los misioneros y la influencia de los comerciantes, fueron configurando un especial modo de vida fronteriza. En la práctica, el límite se constituyó en una zona de intercambio que favorecía tanto a los españoles como a los indígenas.
Estos últimos adquirían artículos de hierro, géneros, caballos, vino y aguardiente. Por su parte, los españoles requerían ponchos, alimentos y ganado.
Los malones eran incursiones de los indígenas en territorio español
Parlamento de Negrete
Los parlamentos fueron reuniones periódicas entre las autoridades españolas y los mapuches. Constituyeron una forma de relación pacífica, al igual que el comercio y las misiones. El mestizaje también contribuyó a las relaciones
pacíficas, puesto que el mestizo servía de nexo entre ambos pueblos.
Ambrosio O’Higgins:
gobernador de Chile entre 1788 y 1796. Entre otras obras, celebró el parlamento de Negrete y abolió la
encomienda.
La relativa paz y la voluntad mapuche permitieron crear algunos asentamientos al sur
del Biobío: Lota, Arauco, Nacimiento, Negrete, Angol,
Paicaví, Purén, Repocura y Boroa. Estos aseguraban la comunicación terrestre entre
Concepción y Valdivia, que desde 1646 contó con fortificaciones que impedían el
desembarco de piratas y corsarios.
La economía colonial
Cuando la etapa de la Conquista terminó, los españoles habían arrebatado el oro y la plata acumulado por los indígenas. En la época colonial comenzaron a explotar lavaderos y minas, generando una importante riqueza a costa del trabajo de los indígenas chilenos.
De acuerdo a los principios mercantilistas existentes durante la Colonia, la riqueza de cada nación tenía directa relación con la acumulación de metales preciosos que poseía cada una, por lo que la Corona española creó en Sevilla en 1503 la Casa de Contratación, encargada de regir el comercio con las Indias. Pero más tarde sumó a sus responsabilidades autorizar la salida de pasajeros de América, zanjar disputas mercantiles, encargarse del correo, preparar cartas de navegación y a los pilotos que irían en la travesía.
En cuanto a la organización económica en Chile, en este período existieron dos clases de contribuciones. Unas referentes a ciertos servicios de la población, que pertenecían a los Cabildos, y otras -más generales- que gravaban la producción y los negocios del país, pertenecientes al rey. Por otro lado, la Corona percibía contribuciones extraordinarias de parte de los colonos, denominadas derrama, lo que era considerado injusto por los gobernadores de la época.
Pero esto no era todo. La Corona, para dar cumplimiento a su política económica, dispuso que las colonias solo comercializaran con ella a través de flotas escoltadas por naves de guerra, para evitar que los extranjeros obstaculizaran este proceso y por los posibles ataques de piratas y corsarios. Pero especialmente, lo que más quería evitarse era que el oro y la plata se fugaran de sus manos.
Entre oro y plata
Cuando la etapa de la Conquista terminó, los españoles habían arrebatado el oro y la plata acumulado por los indígenas. En la época colonial comenzaron a explotar lavaderos y minas, generando una importante riqueza a costa del trabajo de los indígenas chilenos. Las minas se convirtieron en un gran pilar de la economía durante este período, influyendo fuertemente en la vida social de la población, por lo que la Corona se encargó de proteger todo tipo de explotaciones mineras, el oro y la plata, no solo por lo que significaba para la comunidad, sino porque el quinto real, tributo del 20 por ciento que se pagaba por estos elementos, era esencial para la metrópoli.
La hacienda colonial
Durante el siglo XVII, la hacienda se fue consolidando como unidad económica de múltiples facetas, mientras la encomienda cedía como sistema de trabajo e institución social. La hacienda se fue conformando en una segunda etapa económica del período colonial, ya que fue sustituyendo a la explotación minera del comienzo. La tierra empezó a adquirir un alto valor, lo que llevó a una gran presión por ocupar los terrenos que quedaran disponibles.
El siglo XVIII se convirtió en el siglo del trigo, debido a la creciente importancia que adquirió la agricultura y la cantidad de exportaciones de este cereal al Perú. Las haciendas dejaron de ser simples unidades autosuficientes, que se preocupaban de satisfacer las necesidades básicas de sus inquilinos, convirtiéndose ahora en exportadoras. Las que se encontraban más cerca de las rutas de acceso a los puertos, se encargaron de ampliar su superficie de cultivos, con lo que pudieron llevar sus productos a Valparaíso y Concepción en carretas tiradas por bueyes.
Esta consolidación de la hacienda hizo necesario contar con mayor cantidad de mano de obra, para lo que se contrataron peones libres -en su mayoría mestizos-, que trabajaban a cambio de alimentos y algo de dinero.
Además de bienes agrícolas, la hacienda encerraba faenas artesanales, para satisfacer las necesidades de quienes tenían menos recursos, como los aborígenes, los campesinos y los mestizos. Las mujeres se dedicaban a la elaboración de ponchos y frazadas; se fabricaban objetos de cerámica con greda y se trabajaba la madera, el hierro y el cuero.
Durante este siglo se estableció una nueva estructura social agraria, donde la cabeza, en orden jerárquico, era el hacendado o patrón de la hacienda; bajo él se encontraba el resto, entre capataces, peones, inquilinos y vaqueros. En esta nueva estructura, cada cual se distinguía del otro por su vestimenta.
Dentro de la misma hacienda, existía también un sistema de préstamo, donde el patrón entregaba a crédito productos como azúcar, yerba mate, tabaco y aguardiente. Los peones recibían esto a cambio de su trabajo futuro, manteniéndose constantemente endeudados con su patrón, lo que los llevó a estar siempre por debajo del hacendado, ejerciendo este un fuerte poder a nivel social.
El capataz (izquierda) era el encargado de las faenas propias de una hacienda. En la jerarquía rural tenía sobre sí al patrón, y bajo él, a vaqueros y peones. El peón (derecha) era un trabajador que recorría las haciendas en busca de trabajos temporales, especialmente en la época de rodeo y matanza. (Detalle de lámina de Claudio Gay)
La sociedad colonial
La sociedad colonial se caracterizó por ser muy jerarquizada; la clase social más alta era la aristocracia.
La aristocracia
La sociedad colonial se caracterizó por ser muy jerarquizada; la clase social más alta, la aristocracia, estaba compuesta principalmente por blancos, es decir, españoles y criollos. Los españoles eran un grupo reducido en estas tierras, que iban rotando de acuerdo a las circunstancias; muchos regresaban a su patria, otros llegaban, etc. Los criollos, en cambio, eran los hijos de españoles nacidos en territorio chileno, que cada día fueron aumentando, aunque más adelante la sangre que corrió por sus venas era mezclada.
La aristocracia chilena tenía en su poder las grandes haciendas y encomiendas.
Eran los más poderosos y ricos de la sociedad, su nivel cultural era el mayor, y ejercían gran influencia en los asuntos públicos. Durante esta época, llegaron incluso a comprar títulos de nobleza y a establecer mayorazgos con el permiso del rey; esto último significaba que los bienes de la familia debían pasar a manos del hijo mayor, quedando prohibida su división.
En total, en el Chile colonial hubo 21 mayorazgos.
El sector medio
Este sector estaba formado por aquellos que no tuvieron tanta suerte durante la Conquista o que llegaron al país después de esta. Entre ellos estaban - principalmente- los artesanos finos, escribientes, mercaderes, empleados de confianza y mayordomos. Eran españoles o criollos, y mestizos que no demostraban muchos rasgos indígenas
.
Todos ellosestaban socialmente subordinados a la aristocracia.
Los aborígenes
Durante mucho tiempo, la población indígena quedó sometida al dominio de los españoles y criollos. Sin embargo, poco a poco fue disminuyendo en número, como consecuencia del proceso de mestizaje que se vivía durante la época. Residían principalmente en el campo, donde ni siquiera pudieron mantener su idioma original, ya que los españoles impusieron su lengua natal. Pero al otro lado del Biobío (al sur) la historia era distinta. Si bien no estaban del todo libres y también fueron reducidos por los españoles, los huilliches que habitaban la región de Valdivia y Osorno se encontraban en una relativa independencia.
Los grupos mezclados
La población mayoritaria en la época colonial era la mestiza, que vivía casi en su totalidad en el área rural. Al ser descendientes de blancos y aborígenes, esta población era muy inestable, pues no pertenecía a ningún lado, siendo despreciados por españoles y criollos, y no bien mirados por los nativos. Ante esta situación, los mestizos se automarginaban.
Por otro lado, estaban los mulatos y los zambos. Los primeros eran hijos de blancos y negros, y los zambos eran hijos de negros y aborígenes. Este grupo era mucho más humillado que los mestizos.
Incluso, si eran muy negros de piel los utilizaban como esclavos.
En la Colonia todos los grupos eran reconocibles, pero con el tiempo la mezcla fue disminuyendo los rasgos diferenciadores, lo que derivó en un individuo que fundía todas las características en uno solo.
Tertulia, actividad social típica de la aristocracia