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PORTUGAL
Y
GALICIA
RIBERA
Y
ROVIRA
ENSAYOS
IBERISTAS
PORTUGAL
Y GALICIA
NACIÓN
IDENTIDAD
ÉTNICA, HISTÓRICA,
LITERARIA
FILOLÓGICA Y ARTÍSTICA
OBRAS DE RIBERA Y
ROVIRA
Mos
TRES AMORS.—
Poesics. 1901.LlGEIROESTUDO DA HTTERUTURA E DAS ARTES PORTUGUEZAS CON-TEMPORÁNEAS. Estudio crítico. Publicación del semanario
de
Thomar
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Groniques de Portugal
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Uma
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Poesía
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Conferen-cia. 1911.
EN
PRENSA
Del
País dels tarongers.Portugal literari. Prefacio de Consiglieri Pedroso.
Zollverein peninsular.
La
Cenadels Cardenals.—Roses de tot l'any, de JulioDan-tas. Tradúcelo.
Portugaleconomic.
A
lamemoria
del
Excmo.
Señor
D.
Domingo
Juan
Sanllehy
ciudadano
ejemplar
No
olvidaré nunca^miestimado amigoRi-berayRovira,cuánto contribuyó V. d la
bri-llantezdeaquellahermosa«Exposición
Inter-nacional de Arte», consiguiendopor su
pro-pioytínico esfuerzo,sinmediacióndel Esta-do,aportarnos de Portugal, obras de arte de
losmejoresartistasdeaquella nación y con-siguiendoque el mismoReyylaReina
vinie-ranaquíá exponer cuadrosoriginalessuyos.
Tampoco olvidaré la satisfacción que
ex-perimenté al depender d V. cerca del
Go-bernador y del Gobierno de las calumnias
deque fué V. victima. Manifestandoal
pri-mero,para que lo trasmitiera al Gobierno,
la sinceridad y patriotismo con que V.
obraba y tuvieron que reconocer después.
País
ambientehermano,sensual; paísde cielo serenamentedecostumbresluminoso,sencillasdeyausteras;luz gloriosatierrayventurosa sembrada de flores, arrullada por el
murmullo
delmar
infinitoyla vibrante añoranza delfado melodioso,hospita-laria y amiga;tierra bendita de poetas yartistas; tierra heroica tendida
alextremo occidental de la Europa altanera,
como un
ansia defraterni-dad que aproxima dos
mundos;
tierra donde el corazón pulsa al influjode losnobles sentimientos, donde aún se ama; tierrade patriotas, Lusi-tania hermana... ella es la que, en días de prueba para
mi
patria,glori-ficó generosa el
nombre
excelso de Cataluña.¡Portugaly Cataluña!
No
sé qué insignes gestas deun
pasadoes-plendoroso
me
evocan losnombres
de estasdos grandes patrias; no séqué radioso presente
me
revelan, no sé qué esperanzador futurome
prometen. Tienen vibraciones de palabras proféticas; complázcome en veren ellas lafirme base de unavenidera política ibérica, de unamás
lejana fraternidad latina.Lectorque ansiasconocer las modalidades de aquelpueblo
herma-no: siguelasenda que ha de conducirteá él guiado por este
amor
ta-maño
que letengo,amor
purificado, acrisoladopor elodio con queme
victimaronlos eternos enemigosde
mi
patria.Revolviendo viejosapuntes,deparé,el otro día,enunoscomentarios
que escribí á la
campaña
emprendida por los periódicos centralistases-pañoles, contra lasafirmaciones por
mí
formuladas en aquella tan so-nada conferencia del Real Instituto deLisboa, en Marzo de 1907.Envejecen tanto las cosas de la vida exhaustiva y vertiginosa que
llevamos, que, decorridos apenascuatro años,ya pareceelasunto añejo,
sabiendo hasta á cosa arcaica. Pero ello constituye
un
episodiosimpá-tico de
mi
juventudJuchadora, yhoy
me
place recordarlo, no enun
(12)
adhesión áaquellasdoctrinas de iberismo,que
aún
creo salvadorasparalaspatrias peninsulares.
¡Ypensar que originó tan enconadas discusiones una sencilla
di-sertaciónante
un
público instruido yconocedor de aquellas doctrinasque rememoré, con su razón científica consagrada, evidenciada por la
Naturaleza, y divulgadas por eminentes pensadores, geólogos y
antropo-logistas!
La
afirmación fué esta: Portugaly Galicia— óGalicia yPortugal, siasí quieren los espíritus susceptibleséirritables—formanuna nacionali-dadcon loscaracteres
supremos
de identidad de raza, de lengua, dete-rritorio, de historiay de misióncivilizadora.
O
más
exactamente,trans-cribiendolos propios períodos de
mi
discurso:«La Patria Portuguesa afírmasepor sutenacidad,por elentusiasmo
conque ha conservado su idealpatriótico á través de todas las
vicisitu-des históricas, por eldesarrollo de su misión civilizadora manifestada vigorosamente en losdescubrimientos, en la epopeya manuelina, en la
literatura esplendorosa del Seiscientos, y por la
manera
heroicacomo
se revoltó siempre contra los invasores, desde los
romanos
hasta los castellanos.La
vitalidad del genioportugués afírmase enla persistencia étnicayfilológica.
La hermosa
lengua lusitana haevolucionadogloriosamen-te, creando
una
fuertemodalidadpoética.De
la patriaportuguesa, de la unidad moral del patriotismo de lospueblos atlánticos,
una
rama
nobilísimalos azares de la política ibéricahan
desgajado: Galicia, esa región hermana, laboriosay dulcísima, queporel carácter de su población, por su historia, por sustradiciones, por su mesología y etnogenia, integra la nacionalidad portuguesa,
como
parte constitutiva del núcleo nacional del occidente hispano, la nacióngalaico-portuguesa
.
Yo
veo en la Galicia dehoy
alPortugal del siglo xvi quenosrela-tanlas crónicas; yen elPortugal de entonces, aparte losesplendores y
elfausto de la cortelusitana, la Galiciade hoy.
La
independencia políti-ca, larealizacióndel idealoceánico,trajoáPortugal lariqueza, lainicia-tiva, elprogresoeconómico, el desarrollomercantil,la eclosiónartística, ladepuración del idioma, que se perfeccionó en eluso literario. Y, en cambio, laGaliciasometida, dependiente, sujetaá una hegemonía
opre-sora,sinlibertad nacionalysin finalidad patriótica, desde su integración
enla unidad católico-monárquica española, Galicia ha visto detenerse el
curso de sucivilización, desnaturalizada su política, estáticasu lengua,
interrumpida su historia.
Portugal, enmurallando su aislamiento, ha ido desatendiendo las
relaciones fraternales con Galicia. ¿Por qué se separaron esosdos
pue-blos hermanos?
¿Qué
diferencias habrán surgido entre ellos? ¡Oh!Nin-guna. Apatía, sí: de ningún
modo
desafecto. Pornegligencia, losde-(13)
berlaestarintegradoen sus fronteras espirituales. Para
enmendar
elerror secular,es necesario quese inicie unaintensapropaganda de
amor
y fraternidad, á la que ayudarán esos millares de sufridos y honradosgallegos que se abrigan en la hospitalaria tierra portuguesa, y veréis
como
elalma de Galicia vendrá cariñosamenteal alma de Portugal,para caminar juntashaciaun
íuturo de paz y de justicia ibérica.»Alrededor de estaafirmación, algunos espíritus inquietosy amables,
forjaron equívocos y provocaron escándalos, dieron
un
sabor agridulce ásus crónicas periodísticas, pidieronrayos á Júpiter, y áMaura mi
ca-beza,
me
llamaron traidor, y callaron filosóficamente ante la apatíadel almaespañola, á la que no hizo vibrar el formidable crimen de lesapa-tria perpetrado desde el sillón mugriento deuna academia portuguesa por
un
español mal nacido. El sinapismo chovinistade los rotativos noconmovióla opinión.
Y
enmudecieron los Aristarcos, sesudamente.A
mis adversarios—más
que adversarios, enemigos—
de entonces, dedico, sinsombra
de rencor, estos comentarios; pues que ellos, con su ignoranciay necedad, dieron ámi
nombre
obscuro el son deun
clarín guerrero yle aureolaron con lafama y notoriedad efímera de
largos díasde vibrantespolémicasperiodísticas.
De
aquelindeleble episodio demi
vida, quelevantó procelas deren-cores, porel choque violento de los dos espíritus, de los dos criterios que
hoy
se disputan la hegemonía espiritualde España—
elcatalán y elLa
unidad
nacional
atlántica
peninsular
Sus
fundamentos
étnicos
Hallar
semejanzas, afinidades, entre Portugal y Galicia,descu-brir elementos étnicos, filológicos y mesológicos
comunes
áambos
pueblos, no es novedadpara aquelquesehapreocupadoalguna vez del estudiode los organismos que integranla
pa-tria peninsular.
Lo
menos
quese le puede exigir áun español culto esque conozca su tierra, para que supatriotismo no sea un paroxismo
pa-tológico, sino
un
sentimiento racionaly consciente.Y
ello es que loscultísimos orientadores de la opinión pública española, los rotativeros
madrileños, acaparadores de la cienciay del patriotismo, ignoranlo que
por tan sabido ya ni es
mentado
siquiera.Si en definitiva y en justicia lospueblos peninsulares han de
al-terar el statnquo político actual, pararesolverse en
un
equilibrio futuro,es lícito vislumbrar la futura situación, ponderación, en
un
régimenmás
perfecto.De
la iniquidad presente naciómi
teoríade lastres nacio-nalidades ibéricas: Portugal, Castilla yCataluña; y entorno de estostresnúcleos nacionales agrupé todos aquellos elementos disgregados ó
ano-dinos que presentaban caracteres de identidad nacional. Por eso, si en
la nacionalidad oriental hispana reintegré todos aquellos núcleos que
componen
lospueblos informados por el ideal catalán, en la naciona-lidad centralreuní aquellos otros núcleos queviven el ideal castellano,dis-(i6)
persas de la nacionalidadatlánticaimpulsadas porel espírituportugués,
mayormente
cuando esas tres unidades nacionales, nacidas en teoría,responden á
una
respectiva unidad real con particulares atributosétnicos, filológicos, mesológicosé históricos.
En
elensueño de una Iberia futura no es dislate prever la naturalunión de Portugal y Galicia, antes es lógica consecuencia
aún
de lasafirmaciones presentes dela cienciay de laspasadas de la historia.
Ga-licia fué elprincipalfocode culturadurante la
Edad
media en España,y enese su territorio se manifestaron las tendencias de autonomía
so-cial que determinaron el
momento
histórico de laformación delanacio-nalidad portuguesa cristalizandoen la
más
perfectaorganizacióndeun
Estado.
En
los orígenesprehistóricos de Portugal reconocemoslasdife-rencias étnicasde su población, lo que haceque se dividiera
científica-mente
el territorio atlántico peninsular, formado por los actuales Gali-cia y Portugal,endos zonas:una
verdaderamentegaí/aana,desarrolladaconla entrada de
ramas
aricas,siendo loslusitanoslosprimeros repre-sentantesde esainmigración; y otra algarvia, que se desarrollóprecoz-mente
por lavenida delosfenicios ála explotación metalúrgica,cons-tituyendo al surdel territorio, que vino á serPortugal, la notable
civili-zación bástulo-fenicia.
En
eldecurso histórico estasdos zonas seaproxi-maron
yconfundieron, siendo sólo enlosnombres
localesdondeaún
seobservala diferencia,
como
Tajo (Tagus) y Guadiana (Ana), fenicios,como
feniciaes también la denominación Lusitania—según, el erudito Bochar, quefué el primero en indicar losmuchos
orígenes fenicios que se encuentran enlas designaciones corográficas de la Península—
proveniente de luz
—
almendras—
tal vez lusi—lleno de almendros—
y laterminación tan, que, según Herculano, es púnica,
—
mientras en losnombresde las poblaciones predominalaforma célticabrtg ó briga,yen
las costumbresaparecen vestigios de la influencia griega.
En
efecto: alnorte dela orla marítima se establecieron colonias griegas, en tantoque
al sur se fijaban las colonias libio-fenicias. La actualBeira erael punto
de contacto, y es poresto quetodoslosantiguosescritoresconsideraban
la Beira, como, por decirlo así, el centrode costumbres nacionales por-tuguesas, el del aticismo del lenguaje; mientras que la organización del
hecho político de la nueva nacionalidad sólo
comenzó
próximo del ríoMiño, ó sea en Galicia.
En
la incorporacióndel territoriode Portugal, laBeirafué elcentro de oscilación, ya paraintegrarse en Galicia
—
lo queprevaleció en la política hastaen tiempo de D, Fernando
—
yapara ex-tenderse hacialos Algarvesde áquem-mar y de além-maren África.Pre-valeció esta últimatendencia, que se halla siempre en los pueblos que
tiendená regresar hacia su punto de partida, según afirma Teófilo
Bra-ga en su admirable estudio cA Patria portugueza.
Recapitulando. Contestes están todoslos historiadores en admitir
quela Hispania, habitada por tribus autóctonas, indígenas, sufrió dos
inmigraciones sucesivas del Asia: la de losiberos (euskaldunac) y la de los celtas. El elemento autóctono debía ser asimilado por cada
uno
deNUNO
GON^ALVESPANEL
DEL INFANTE
(antes de restaurar)(17)
estospueblos, y lasluchas, bien
como
la asociaciónde las dos razas demanera
directa ópormediación de otros pueblos,como
el ligurio, pro-dujeron en elterritorio central, donde se dabamás
inmediatamente elcontacto, las tribus mixtas denominadas celtibéricas. El elemento
cel-tibérico subsistía con el ibérico y elcéltico,aquél en el levante penin-sulary ésteen el poniente, influyendo elprimero en lospueblos
medi-terráneosy el segundo en los atlánticos, cuyas diferencias étnicas aún
subsisten, pues, según afirma Edwards, los pueblos antiguos
reapare-cen enlos tipos y costumbres de lospueblos modernos. Quien observe
los vestigios étnicosdelos pueblos ibéricos conservados por Strabón en
sudescripción geográfica y los
compare
con las costumbres actuales,se pasmaráde su extraordinaria persistencia y supervivenciasi no
ad-mite que ellos persisten por fenómenos de recurrencia altipo ibérico á travésde las sucesivas invasiones. El eminente antropologista Broca, discurriendo sobre el determinismo antropológico, óhereditariedad del tipofísico, formulaeste principio, ya previsto por MüUer:
«Cuando
dosrazas viven en el
mismo
suelo yse fusionan, eltipofísico altéraseprin-cipalmenteen laproporcióndelaintensidaddel cruzamiento;después, la
raza mestizada tiende á regresar, en la serie de generaciones sucesivas,
altipo delaraza
madre
como
más
numerosa.El tipofísico queresiste alcruzamientocon
más
ómenos
pureza, es entoncesel de aquella razaquepredomina numéricamente.»Estohace,enlaPenínsula,queaquellos
pue-blos que
más
denodadamente
resistiéronlas invasiones, quemás
celososse mostraron de su autonomía nacional,
como
el catalán, elbasco y elportugués,
mantengan
hoyloscaracteres étnicos pecufiares,presentandouna marcada diferenciación sobreotros pueblosque, cual el castellano,
seha conservado en
un
podríamosllamarle eclecticismo antropológico.Lo
que sucede es que, si bienel tipo físico regresapor la superioridadnuméricadelinvadido,el tipo moral se superiorizacon la
mayor
culturadelinvasor; y,correlativamente,cuando la superioridadmoral existeen
el pueblo invadido, éste ejerce sobre el pueblo invasor unaverdadera dictaduraespiritual.
Y
continúaafirmando el sabioBroca en sus Mémoi-resd'Anthropologie; «Al cabo de ciertonúmero
de generaciones, cuandola fusión se efectuó, laraza cruzadatiende cada vez
más
áaproximarsealtipo físico dé la raza
más
numerosa, al paso que algunas veces la len-gua de la razamenos numerosa
es la que suplantay substituyela de lamayoría.»
En
la etnogénia delos pueblospeninsulares,estehecho antro-pológico esde una inmensa luz. Losíberos ocuparon la Península, á laquedieron elnombre, suplantandopor el
número
y por la superioridad decultura laspoblaciones autóctonas y trogloditas, de las queaún
se hallan vestigios craneanos.No
obstante, ápesar de sucivilizaciónmetalúrgica, una invasión deceltasvenidos de las Gallas, por su
más
elevada capacidad y culturamoral,
como
se observa por el druidismo,fácilmenteseimpuso
álos ha-bitantesdelsuelo ibérico, fusionándose en una población celtibérica en quela superioridad numérica estaba enel íberoyla superioridadmoral(i8)
en la celta.
La
verdadera historia de Galiciaempieza en los celtas.Es-cribe Murguía, el granhistoriador gallego:
«Los celtas gallegos,ó,
como
decía el latino, los célticos, ocuparontodo el suelo dela vieja Galletia. ElpromontorioNerio,que,
—
sonlas pa-labrasde Strabón—
forma á la vez la extremidad delcostado occidentalydel septentrional dela Iberia, sirve
como
una oportuna divisióngeo-gráfica para separar dos pueblos numerosos, célticos
ambos
éimpor-tanteslosdos: uno, el de los lusitanos, á quienes el príncipe de los geó-grafos hace llegarhasta elCabo Nerio; otro, el de los cántabros.
Con
gran sentido distinguía Strabón á los celtasastures y lusitanos de los
celtíberos é íberos.
No
tardarámucho
lacienciahistórica en probar conmayoresdatos esta separación ydiferenciación de las costumbres y de
laslenguas íberas, de las gálico-lusitanas: estas soncélticas porentero.»
Todos los pueblos deloccidente europeo de marcado ancestralismo
céltico, conservanaún
hoy
una manifiesta identidad enel genio poético.El norte de Portugal yGalicia revelanelfondo
común
étnicohastaenlasleyendas célticas comunes, semejantesá las de Irlanda yá algunas bre-tonas.
Aún
en la mitologíarse hallaesa identidad. Los cánonesconcilia-riosde Braga serefieren ála adoración quegallegos yportugueses, la
población noroeste peninsular, teníaporloselementos, el sol, la luna, el
fuego, los
monumentos
megalíticos, las piedras religiosasá las queto-davía enel siglo vi el pueblo
denomina
altares en Bretaña, en Portugal yenGalicia. Laspoblaciones mauritanas ylibio-fenicias que entraron enla península hispánica hicieron, por elcruzamiento conlos celtiberos,regresaral tipo ibérico, pero persistiendo la cultura céltica,que
coad-yuvó de
un
modo
excepcionalenla implantaciónde la cultura y de lasinstituciones provinciales
romanas
en la Península. Losromanos
do-minaron
la Hispania, no por elnúmero:
la superioridad administrativaysu audaz yfuerte incorporaciónen nada inñuyó en el tipo físico en
tantoque radicóla ilustraciónmunicipal en armoníacon elantiguo espí-ritu separatista ó cantonal,y el latínsubstituyó al celta coadyuvado por
las analogías primordialesde
un
fondo aricocomún. Cuando
lashor-dasgermánicas invadieronel Imperio, estaban en
un
grande atraso ybarbarie: entre losvisigodos venían tribusescíticas delnorte,
como
los alanos, quefavorecían la persistencia del tipo físico del íbero,y por esola impetuosidad germánica en su conquista sometióse á la cultura
ro-mana, traduciéndole los códigos yhablando los dialectos románicos
di-ferenciados porla carencia de escritura. Aquí dase
una
ilusión en loshistoriadoresde la Penínsulaque atribuyen todos los orígenes sociales y literarios de la
misma
á losromanos, cuando éstos, por su diminutonúmero,no ejercieron
más
que una acción moral, siendo el idioma elinstrumento de asimilacióncon el cual el conquistador serelacionó con
el pueblo vencido y civilizado.
Ea
la invasiónde los árabes, dos fuertes razas y dos civilizaciones se hallaron enconflicto, yporestopenetra-(19)
ronse,
como
seve en la imitación de las costumbresárabes porlosmu-zárabes y después en la asimilación de lascostumbres hispanas por los
mudejares; la lengua árabe vulgarizábase en la araira yla lengua
romá-nica arabizábase en la aljamia; pero una de ellas llegaría á imperar de
un
modo
absoluto. Había deser aquella que lueraórgano demayor
ci-vilización: ellatín. Los árabesfueron coadyuvados en la conquista de la
Hispania porel elementomauresco, verificándose así el regreso al tipo
ibérico, las convulsiones históricasdel cual favorecieron la persistencia
II
La
base
histórica
Con
la coexistenciaenlaPenínsula delos tresnúcleos étnicosprin-cipales
—
iberos, celtas y celtíberos—
se justifica la diferencia-ción de las futuras nacionalidades y el agrupamiento de loselementos afines en núcleos de identidades étnicas. Los celtas
quedaron formandocinco grupos de tribus bárbaras: cántabros, astures
yvascos al septentrión; galaicosylusitanos al occidente.
Ocupaban
es-tosúltimos, segúnStrabón, elterritorio cercado por el océano alnortey poniente, ylimitado al surpor el Tajo. Alorientees difícil determinarsusfronteras, que se dilataban'muyallá de las actuales.
De
aquí que se deba rectificar elnombre
de Lusitania dadoalPor-tugal actual, ya que estáfuera de toda
duda
que los limitesmeridio-nales de la antiguaLusitaniaapenasllegabaná las orillasdelTajo.
Según
el
mismo
Strabón, el elemento céltico del cabo Finisterre, no obstante, era delmismo
origenquelosceltasó cletas quehabitaban laregióncom-prendida entre el TajoyelGuadiana.
.
En
la historia de Portugal se observa que elCondado
de Galicia,luchando por su independencia contra la absorción castellana, se
ex-tiende primero hasta el Duero, y enla segunda época
—
ó sea cuandolasuperioridad de los galaicos se desarrolló
merced
á inmigraciones deotras tribus galaicas
—
llega hastalasmárgenes
del Tajo.Asimismo
elCondado
de Portugal, en las luchaspor su constitución autónoma,prolonga-(22)
miento; y sólodespués de repelidasestasambiciones,que reaparecieron en elreinado de D. Fernando, el territorio nacional portugués se con-quista á losárabesdel Alemtejoydel Algarve, donde en laépoca céltica sehabían establecido losturdetanos ótúrdulos, pueblo afín con los
lu-sitanos,que lolimitaban al norte.
Con
este establecimiento de las tribus túrdulas, el territorioconfinado por el
Miño
empieza á corresponder áuna
realidad etnoló-gica, designada con elnombre
de Lusitania, cuya separación de Galicia—
conla cual teníaun
fondo célticocomún—
era apenas debida alcru-zamiento con los libio-fenicios, origen de una pálida modalidad
ét-nica,
comenzando
desde entonces la confusión entre el sentidogeo-gráficoy nacionalde las dosdenominaciones Galicia yLusiiania,
conoci-das indistintamente; lascuales, transmitidaspor laspoblaciones, llegan hastaloscronistas de la
Edad
media, embarazando las investigacionesdelos eruditos. Los accidentes históricos de laconquista neogótica,
ha-ciendo variar aún los limitesde Galicia, tornaron la confusión
verda-deramente laberíntica. Por la bravura de Fernando el Magno,
exten-diéndose la reconquista hasta el Mondego, todo el territorio fué
desig-nado con el
nombre
de Galicia. Las conquistas hacen variar aún loslímitesmeridionales de Galicia hasta el Tajo,
quedando
sin realidad elnombre
de Lusitania. Establecida la independencia delCondado
Portu-calense, destacado administrativamente de Galicia y ampliado hasta el
Mondego,
aun aparece esa confusión en Lucas de Tuy, quienempleasi-multáneamente losdosnombres.
Indudablemente presentan
aún hoy
mayores afinidades étnicas lospueblos extendidos en elterritorio que va del Tajo alcabo Ortegal, que
los comprendidos entre este rio yelcabo San Vicente.
No
obstante, entodosellos dase la identidad nacional favorecida por las semejanzas de raza,ysobre todo por la
mancomunidad
histórica, sirviendotodos áun
idénticoideal político. Por esto son ciertas las palabras del historiador inglésStephens:«Cuando
Felipe II se anexionó Portugal en 1580,fuéporylo
menos un
siglo tardepara poderse operar laíusiónde portuguesesyespañoles.
Ya
entonces habían existido VascodeGama,
Alfonso deAl-buquerque yotros grandes capitanes y exploradores, que enseñaron á
Europa el camino marítimode la India; y la lengua portuguesa, que
erael dialecto romance de Galicia, análogo á los de Castilla y Aragón, se había transformado enuna gran lengua literaria con el genio de
Camoes
y Sá de Miranda. Consciente de su historia nacional, la nación portuguesa se separó otravezde España en 1640.»La
bandera rojo-verdecubre ápueblos que son de sangre gallega.Su
lengua es tan nuestracomo
sus mares. Nuestras montañas—
diceMurguia
—
salvan todolímite,ycon sus brazos de granito unen,como
enotrostiempos, á losquetienen
un
mismo
origen yuna
misma
historia.Á
veces arraigael árbolentierra deambas
regiones y da sombraáIII
El
elemento
céltico
de
launidad
luso-galaica
evidenciado
en
laliteratura
y
elcarácter
Otro
tanto aconteció con Cataluña.Cuando
Fernando el Católicointentóyrealizó en apariencialaunidadpolítica española,
efec-tuóse ésta á lo
menos
tresó cuatro siglos tarde para poderse operarla fusiónde catalanesy castellanos.Ya
entonces habíanexistido
Ramón
Berenguer el Grande, Jaime I, Pedro III, Pedro IV, aquellosgrandes monarcas queguiaron sabia y heroicamente elpueblocatalán haciael ideal mediterráneo, ejerciendo una hegemonía triunfal
en elmediodía de Europa; y la lengua catalana se inmortalizaba en los
insignes códices del Consulat de
Mar
y de los Usatges, dictaba ladisci-plina filosóficade Lull yse hermoseaba con la poesía de AusiasMarch,
transformada ya enuna granlengua literaria. Consciente de su historia
nacional, laNación Catalana, si,cuallaportuguesa, no conquistó aúnsu
autonomía política,
mantuvo
siempre enhiesta labanderade susreivin-dicacionesnacionalistas,persistiendo en la heroica
demanda
de suliber-tad, resistiendo ála opresión extraña.
Elterritorio en elcual se constituyó lanacionalidad portuguesa
há-llase dividido en trespartes distintaspor los geógrafosantiguos,
princi-palmente por Strabón.
Una
parte extendíase desde el cabo Finisterrehasta el Duero: eraá loque propiamente sellamaba Galicia, ó territorio
de losgallegos; otra parte extendíase desde el Duero hasta el
Ptolo-(24)
meo; yla otra extendíasedesdeel Guadianahasta elcabo Sacrum, yera
laTurdetania.
Con
ellase constituye ycompleta launidad de Portugal.La
nacionalidad portuguesacomenzó
á organizarse enla regiónen-treDuero y Miño, donde existía
más
elemento étnico de razaarica,so-bretodolas colonias griegas y
romanas—
igual que aconteció á la nacio-nalidad catalana, organizadaallí donde existíamás
elemento étnico derazaarica y ligúrica—
como
se ve por elrégimen enfitéutico de lapro-piedad enlaprovincia delMiño; asimilóse fácilmente la región central á
título de libertación del dominio árabe,y conservóla agregación por la
acción vigilante delas Órdenes de Caballería; y, por último,la tercera región,
como
refugio de los árabes que era, fué conquistada por lasincursiones marítimas en que el genio de la nueva nación serevelaba,
manifestándose con
una
conciencia de su misión histórica enlacon-quista de losAlgarves dealém-mar, ó África delNorte, entiempo de
don
Juan I, cuando apuntabaya el idealoceánico enla política nacional
por-tuguesa.
Existe, pues, unidad étnica entrelos elementos constitutivos de la
nacionalidad portuguesa, y la persistenciade loscaracteres de las razas
—
vestigiosibéricos, tradicionesy tipo celta—
explicanyjustifican elin-dividualismo nacionalportugués subsistiendo siempre contralas
conti-nuas y tempestuosascorrientes de unificación castellana, leonesa ó
na-varraá pesardeno existir fronteras naturales poderosas que separen Portugal de España.
La
preponderancia del elemento celto-ligúrieo enelportuguésy gallego, nodesnaturalizado por inñuencias de otros
pue-blos invasores,
como
en las regiones centrales hispanas, caracteriza ysepara aquel individualismo nacional, favorecido por la situación
geo-gráfica. El ligurio era el celta marítimo: el pueblo portugués presenta
estos dos caracteres fundamentales : el genio amoroso yel aventurero
enlasexpedicionesoceánicas. Elsueño de lasIslasEncantadas lo lanzó á
la exploración del
Mar
Tenebroso; yel idealdeun
triunfador venidero, personificadomás
tarde enel infeliz D. Sebastián, inspiró á los poetasquecantaron eldestinode Portugal
como
el quinto imperio delmundo.
Estas tradiciones tienen raíces étnicas profundas. Suetonio,hablando delaelevación de Galba alimperio, alude al hecho dela leyenda de que una virgen cantábrica profetizó que de Híspanla había de salir el
do-minador detodo el
mundo,
y que esta profecía fuéhecha hacíamás
dedos siglosyse realizaba enGalba.Este no era hispano,pero elhecho
tie-ne gran importanciaal mostrarnos la proveniencia de
una
tradición desalvadoresque aunpersiste entre el pueblo, en la forma de Santiago y
San Jorge,del Cid y de D. Sebastián.
De
todas las tradiciones medie-vales, las que prevalecieron enPortugal, ya entre el pueblo, ya en lali-teratura,fueron lasbretonas, porque estaban en el carácterportugués.
Si buscamos elfilón célticoen la literatura portuguesa, fácilmente
podemos
narrarmuchos
hechos que denotan una predilección, porde-cirlo así orgánica, para preferirestas leyendas.
En
el Cancionero de An-gelo CoUaci existen diferentes lais bretones adaptadosá la poesíapor-NUNO
GONgALVESPANEL DEL ARZOBISPO
(antes de restaurar)(25)
tuguesa: el condeD. Pedro coligió en suNobiliario latradición delRey Lear; D. Juan I reproduce enla jerarquía caballeresca de su corte el
sé-quito de los compañeros del rey Arturo y
manda
traduciren portuguésla
Demanda
deSan Graal^ que se conserva enparte inédita en labibliote-ca de Viena; el condestable Nun' Alvares Pereira imita en sus
moceda-des la virginidad heroica de Galaaz; D. Juan II, en lasfiestas palatinas, vístese á la
manera
delCaballerodel Cisne,y, enla bibliotecade suabue-loel rey D. Duarte, guardábanse las principales novelas del ciclo de la
Tabla Redonda,
como
el Baladro de Merlín, Tristány Galaaz, al pasoque no se halla allí ninguna de lasgrandes gestas galo-francas.
En
elonomástico dela sociedad civil deprincipios del siglo xv, las
damas
to-man
elnombre
de Iséa (Yseult), de Genebra (Geniwer), de Briolanja (Brengienne),, de Viviana; y loshombres
llámanse en general Tristáo Arthiir,Lisuarte.Y
atiéndase que,duranteelperíododeconstitucióndelanacionalidadportuguesa,fueron
muy
íntimaslasrelacionesde aquelpue-blo conFrancia; puesni
aún
así las gestas penetraron tan profundamen-te entreelpueblocomo
lastradiciones bretonas en el corto intervalo de lasrelaciones dela corte portuguesa de D. Juan I con Inglaterra. Estacircunstancia,aparentemente maravillosa, sólo puede explicarse por la
persistencia de
un
gran elemento céltico enel pueblo portugués.Tanto losescritoresextranjeros
como
los nacionalesdistinguen álosportuguesespor su carácter amoroso; y la obra
más
famosa de laslite-raturas medievales, el Amadisde Gaula, se íunda sobre ese sentimiento
llevado hastael heroísmo de lafidelidad.Las tradicionesde Juan Soares de Paiva, trovadorque
muere
poruna
princesa; de D. PedroI, quecoro-naá Inésde Castrodespués de muerta; delBeato
Amadeu
por laempe-ratrizD.= Leonor; de Bernardim Ribeiro porJuana de Vilhena; de
Cris-tóbal Falcáo, el cantor delCris/al, por María Brandáo; de los Docede In-glaterra; de
Manuel
Sepúlveda por Leonor de Sá; de Mariana Alcoíora-do,la inefable religiosa, laapasionada autora delas Cartas daReligiosaportugueza; dela fidelidadde Paulina, que
asombró
por la verdad de suamor
al propio Casa-Nova, quela exalta en sus Memorias... todas estastradiciones exceden loque hayde
más
extraordinario enlosotros pue-blos. Antetantos asertos no admira quelos escritores nacionalesformu-lasencon tanto acierto esta característica. El rey D. Duarte, en elReal
Conselheiro, dice:
«em
geral os mais de todososportuguezessom
leaes e de boos coragSes»; y Gil Vicente, hablando de los portugueses en latragicomedia de las Cortesde Júpiter, acentúa: «Saoextremos nos
amo-res.»
En
la comedia Eufrosina, JorgeFerreira de Vasconcellos defineadmirablemente estegenio amoroso.
«Enao
me
neguéisseresta a principal inclinagáoportugueza e d'estaIheveiu a cavalheirosa opiniáodeprimorque
tem
sobretodosess'outros,e estimarem as mulheres sobre todos
como
atilado, gentil, galante enobre esposo,
compadece
todos os effeitos doamor
puro, nao consinte(26)
dia oode e
como
aveja, quería sempre estarcom
ella,emmagrece
com
cuidados e
má
vida,muda
todaamá
condigáo-em
boa, queima-se por dentroem
pensamentos, que humilde representaem
lagrimas esuspi-ros, signaesde verdadeira dór.
Em
todo o seu quererunido econformecom
o d'ella, constanteem
sua féechama
sempreem
suasaífrontas,como
a alcanga nunca a deixa até a morte e assi a faz senhora de simesmo;
nao pretende proveito, salvo o d'ella pelo qualcommette
íouto todos os perigos;nem
dormindo
perde d'ella lembrañga, antes n'isso se deleita,determinando vivere morrercom
ella, sedesespera mata-se oufaz extremos mortaes, tudo isto e muito mais se acha no
bom
portu-guez, desua natural constellagao apurado noamor...»
Aproximando
de esta últimaírase de Jorge Ferreira loqueCervan-tes dice, en su HistoriadePersilesy Sigismunda, de los portugueses, que
entre ellos eracasicostumbremorirsedeamor,
vemos
que estacaracterís-ticafundamental aún subsiste
como
en los siglos xviyxvii.El suicidio es
una
enfermedad contagiosa en Portugal^ y en lascla-ses popularesy enlajuventudseperpetrasóloporamor.
La
nostalgia,laañoranza, la saudade, estambién unadolencia privativa delgallego ydel
portugués insular.
En
las Epanaphorasda Historiaportugueza, escribe D. FranciscoManuel
de Mello, «onosso natural éentreasmais nagoesco?i-hecidopor amoroso...» Loscastellanosloconfiesan por boca de sus
mayo-res genios.
Lope
de Vega, en la sublime comediade Dorotea, dice conuna
ingenuidad encantadora: «Yo, señora, tengo ojos de niño y alma de portugués.»Y
VicenteEspinel, en ElEscudero Marcos de Obregón, dejaeste trazo: «enamoraba (cortejaba) á todas
como
un
portugués».Madame
de Sévigné, respondiendoáunacartasentimental, recela volverseuna
por-tuguesa:ídl
me
parle deson cceuratoutesligues;sije lui faisaisréponse surleméme
ton, ceseraitune Portugaise». Baizac personifícalapasión loca en eltipo ideal delportugués Ajada-Pinto. Edgar Quinet, en las Vacances en
Espagne, describe las portuguesas
como hermanas
de laSacuntala, asíapasionadas ytristes; y
Gamoes
explicaba la metafísica del lirismopor-tugués por elgusto que lasmujeres sentían por
un
concepto dePetrar-ca ó de Garcilaso, Realmente el lirismo portugués distingüese poreste
excitado subjetivismo, sinanalogía entre ninguna delasliteraturas
mo-dernas: las Folhas cahidas, de Garrett; el
Campo
deFlores, de Joao de Deus; algunas delas elegías de Soares de Passos; y,como
fenómenosderegresión étnica en ellirismo brasileño, losversos de Alvares de
Azeve-do, Castro Alves, Casimiro de Abreu, Fagundes Varella; expresan
cuan-to elalma
humana
puede sentir en el lenguajemás
comunicativo. Lascanciones populares, la cuarteta improvisada, los despiques de
conversa-dos, los fados plangentes, la cantiga solta^ están llenos de expresiones profundísimas de verdad, relámpagos dentro del
mundo
moral,revela-cionessubjetivas que no se derivan deuna especulaciónmental, sinode
una pasividadinconsciente: son
como
voces de la naturaleza, desde el(27)
pueblo entiéndense instintivamente, porque los hidalgos de los
si-glos XIII y XIV introdujeron en sus Cancionerosla corriente tradicional
delas serranillas, yesta savia orgánica de la inspiración nofué
desco-nocida de los grandeslíricos portugueses. El
amor
es eltema mater de la literatura portuguesa, y la propia epopeya nacional Os Luziadas fuécreada por el
«amor
do ninho seu paterno».Es poreso quelosportugue-sesson todos poetasen la edad juvenil,en lasilusiones de lavida;poetas y soldados
como
Camoes, Diego do Couto, Héctor da Silveira;un
grannúmero
conserva la pasión de lapoesía enlas luchas parlamentarias,como
Garrett; en las especulaciones matemáticas,como
José Anastasioda Cunha; en
medio
de los trabajosanatómicos,como
Soares Franco; yhasta en elbanco de ministro. Inglaterra, bajo su utilitarismo salvaje,
no comprendiendo laexistencia de
una
naciónde poetas, llamó áPor-tugal una nación despreciable (i).
Esos caracteres de
un
sentimiento amoroso, nostálgico, patriótico, losvemos
por igual en Portugalque en Galicia, por lomismo
quedes-cubrimos en
uno
y otro pueblo las identidades étnicas. Hablando de lainvasiónromana, elgranhistoriador
Mommsen
afirmala independenciade lasregiones centralesdelNorte y Oeste dela Península,que no acep-taron el
yugo
de laslegiones, mostrándose absolutamente refractarias ála civilizaciónyal dominio del invasor. Esto explícase atendiendo al
di-verso grado decultura de los pueblos hispanos. Mientraslos levantinos
poseían una regular civilización
—
vinculada por la permanencia en suterritoriode puebloscultos,
como
ellenicio, quepor espacio de 500añoshabitóel Oriente peninsular echandolos gérmenes del muoicipalismo,
que,
como
dice Renán, constituyendo la base de sociedades ulteriores,tan extraordinaria influencia ejercería en lascostumbres políticas de la
Iberia
—
las rudas y numerosas poblaciones delNordeste peninsular re-sistieronmás
tenazmente la imposición dela cultura romana. Porestoallí se conservaron las tradiciones poéticas productoras de esa
eflores-cencia lírica tan prematura que hacía considerar al
Marqués
deSanti-llana,
aun
en el siglo xv, ágallegos y á portuguesescomo
los primeros que ejercieron«este Artequemayor
sellama». El espíritu de resistencia contra el dominioromano
conservalos cantos popularescomo un medio
de excitar el valor.
A
más
de esto, la proximidad del foco poético de laAqaitania, donde la razase conservó
menos
perturbada porlasinvasio-nesárabes, hizo queen la reviviscencia de ciertas formaslíricascupiese
á Galicia y áPortugal laacción iniciadora. Y, en verdad,los Cancioneros galaico-portugueses,segúnconfesión de losfilólogosalemanes, encierran
las composiciones líricas
más
bellasde todo cuantoresta de laEdad
me-diaen este género.
¿Cómo
se puede explicar esta belleza excepcionalsinoporuna
mayor
pureza de tradición?IV
La
personalidad
de
Galicia
A
vanzando en elestudio de la historia,vemos
que durante laRe-/^
conquistaya se manifiestan los separatismos nacionales.Ga-JL
V
^icí^ intenta varias veces sacudir elyugo
asturiano,como
cuandoFruela,
ayudado
por la nobleza y magnates gallegos,destronó al hijo de Ordoño, proclamándose rey en Oviedo, y cuando
SanchoI y
Bermudo
García, rey deGalicia,reinaba enel territoriocom-prendido entre el cabo Ortegal yel
Mondego;
ytodas las anteriores y posteriores divisiones delterritorio debidas eran casi siempre áambi-ciones delos condesy reyesgobernadores y no áluchas derefracciones étnicas ó nacionales.
Los limites del reino de Fernando el
Magno
sehabían dilatadoha-ciaelOccidente peninsular,conquistadassucesivamente Lamego,Vizeu,
Seiay Coimbra, Galicia, cuya frontera variaba continuamente, según
los cristianos extendían susdominios por esta parte
más
hacia el sur ó tenían que retroceder ante las armas de los sarracenos,muchas
vecesvictoriosas,dilatóse finalmente hastael
Mondego.
Coimbra, que, no sóloporlaantigüedadygrandeza relativa, sino por ser militarmente
como
la llave del territorio encerrado entre esteúltimo ríoyelDuero, erauna
población importante,fué erigida encapital de
un
nuevoCondado
ó dis-trito, cuyogobierno el guerreropríncipe confió áuno
de susmas
bri-llantes capitanes, que así nacían los pequeñosEstados en aquellas eras,
(30)
rencores, intereses dinásticos... casi nunca inspirados por
un
idealna-cional; territorioscuyos limitespodían variar ácapricho de su señor sin
mengua
de la nacionalidad,queaun no estabaafirmada porun
ideal y porun
patriotismo.Antes de esa época, Galicia—bien
cómo
lasdemás
provincias de laantigua monarquía leonesa—estaba regidapor diversos condes, cuyos
territoriosvariaban de extensión.
Unas
veces esos condes tenían bajosuautoridad
más
deun
distrito; otras, estaban sujetos áun
conde su-perior ó áun
virrey. Entre esos gobiernos es donde á mediados delsigloXI aparece el
Condado
Portucalense. Asícomo
Coimbraera la po^ blaciónmás
importante sobre el Mondego, Portucale, situada junto alDuero, era cabeza yprincipal población de
un
territorio que abarcabaalnorte
una
parte del litoral de lamoderna
provincia portuguesa delMiño, yal surlas tierras que hasta el
Vouga
se habían sucesivamente conquistado. Sesnandoó Sisenando, hijode David, rico muzárabe de laque hoy llamamos provincia de la Beira, señor de Teutugal y de otras
tierras enterritorio conimbricense, había sidointroducido enla cortede
Sevilla en tiempo de Ibn-Abbad, y por sus talentos é importantes servi-ciosalpríncipesarracenollegó áocuparelcargodevivir en eldiwan,esto
es, de ministro ó
miembro
delsupremo
consejo del emir, que lodistin-guía perfectamente entre susconsejeros. Sesnando era temido en las
guerras contralos enemigos de Ibn-Abbad, porque en sus empresas
guerreras siempre le
acompañaba
la victoria. Ignórase el motivo porque abandonó al emirde Sevilla para entrar al servicio del rey
Fernan-do; pero su proceder posterior indica que alguna grave ofensa le ha-brían inferidolos sarracenos. Admitidoen la corte del rey de
León
y deCastilla,logró convenceral
monarca
de lasventajas que obtendríainva-diendo el Occidente dela antiguaLusitania. El resultadode la invasión
justificó las previsiones de Sesnando, y el rey de
León
retribuyó elbuen
servicioque el muzárabe le había prestado, dándole el gobierno deun
distrito constituido con las nuevas conquistas ycon la tierra por-tucalesa del surdel Duero.Los hijos de Fernando el
Magno
se dividieron el reinopor volun-tad de su padre, cabiendo á D. García, Galiciay Portugal, junto con los territorios recién conquistados á losmoros
entre el Duero y elMonde-go.
Con
elnombre
de Portucalense ya era antes conocida esta tierra,origen de la naciónlusitana y su principal foco (i). Sublevándose los
noblesportugueses y gallegos contra el carácter irascible, inconstante
yfácil de D. García, al recurrirlosprimerosal auxilio delreyde León,
que se incorporó Portugal, quedaron
momentáneamente
separados Portugaly Galicia.Desdefines de 1093, ^ principios de 1094,
vemos
aludido el condeRaimundo
de Borgogne, casado con D.'Urraca,dominando
la Galicia yel territorio lusitano norte hastaCoimbra.
Y
en documentos deesa(30
ca consta que su soberanía,dependiente de D. Alfonso VI de León, se
extendía por todo el territorio galaico y lusitano hasta aquel entonces conquistado.
Integrando Galicia, hasta aquella data, el territorio denominado en
documentos y crónicasde los siglos xiy xii, Porlucale, Terra
portucalen-sis, comienza entonces á figurar
como
provincia distinta,aunque
en losucesivo variaran suslímites.
Y
cuandoelreyGarcíagobernaba Galicia, este reino llegaba hasta elMondego,
dividido en condados sometidos.El conde borgoñón D. Henriques, casado con la infanta D.* Teresa, hija
del rey deLeón,lanzólosfundamentosdelnuevo Estado. Muerto el
con-de gobernador, D.'*^ Teresa se proclamó reina de la naciente
nacionali-dad, extendiendo su territoriocon la conquista de los distritos de
Tuy
y Orense; pero hastalas proezas de suhijo Alfonso Henriqu-es no se
ci-mentó
sobre bases duraderas elhecho de la organización política.Cuando
laviuda delconde borgoñón D. Henriques, la infanta doñaTeresa, quisosolidar la independencia déla naciente nacionalidad,
ex-tendía hacia el nortesus dominios, rindiéndole vasallaje los pueblos de
más
allá de Orense; ysi lasincursiones de losmoros
al sur no hubierandistraído de Galicia sus fuerzas, seguramentelasfronteras delnuevo
Es-tado hubieran ultrapasado en
mucho
las fronteras del Miño.En
una magnífica lápida demármol
blanco empotrada encima de lapuerta de comunicación con el recinto interior del poético castillo de Almourol, léese unainscripciónlatina que dice:
EN
LA
ERA
DE
1209—
1171DE LA
ERA
DE
J.C.—
EL
MAESTRE
GUALDIM
DE BRAGA,
QUE
ES
CABEZA
DE
GALICIA,
EDIFICÓ
EL
CASTILLO DE
ALMOUROL
CON
LOS
CABALLEROS
SUS
HERMANOS
Dedúcese de esto que en aquel tiempo, Braga, ciudadlusitana, era
considerada cabeza de Galicia, capitalde aquel extensoterritorio;lo que
demuestralaidentidadterritorial entre GaliciayLusitania para los
efec-tos políticos y eclesiásticos.
Lastradiciones y cantospopulares del
Miño—
Norte de Portugal—
complétanse por elestudio simultáneo y comparativo de las tradiciones
de la región asturo-galaico-portuguesa, asuhstractum—
como
dice TeófiloBraga
—
de una nacionalidad que se extendía por la orla marítima deloeste y queabrazó la Beiraportuguesa».
La primitiva unidad territorial de los pueblos gallegosylusitanos
galai-(32)
eos álos lusitanos.
Cuando
elMarqués
de Santillana consideraba ága-llegos yportugueses los primerosque ejercieron enEspañael arte pro-venzal de trovar, mal sabía queesa región pertenecía á aquel elemento
étnico que creóel lirismo trovadoresco. Desde 863 existía Galicia
como
condado independiente, luchando tenaz por su autonomía contra la
anexiónleonesa en885, que deshizo al cabo de veinticinco años de
lu-cha, para caer
más
tarde en la unidad con losdemás
Estadospeninsula-res de occidente, sofocada la revuelta separatista del981,
Más,
mucho
más, podría acrecentar sobre este asunto, y suplanmi
falta de erudición los concienzudos trabajos de Teófilo Braga,
Her-culano, Oliveira Martins, Masdeu, Lafuente, Mariana, Fita y otros, que
podránconsultar con provecho aquellos queal invectivarme
demostra-ron la
más
supina ignorancia sobre cuestiones que merecenmás
bienatento estudio y que es ley exijamos á los que con la
mayor
desapren-sión levantan cátedra de doctores.
Son
tantosloshechos históricoscomprobativos de esa identidadét-nica, de esa
comunidad
moral entre gallegos y portugueses, que espuerilidad, ignorancia ó mala fe
impugnar
modernamente
aquellas doctrinas quereconocenuna verdad elemental y que consagran la histo-ria ylaciencia.En
España se abren pasomodernamente
lasteoríasnacionalistassi-guiendola orientación generaldeEuropa; y, ápesar de los cien años de
centralismoque han sufrido los pueblos hispanos, es vivo el
naciona-lismo decatalanes, castellanos, vascos y gallegos. Esa doctrina de las
nacionalidades ha detriunfar en elporvenir.
Epilogando esas desaliñadas consideraciones, repetirélo que sobre
la patria portuguesa escribí en1905 para
mi
Iberisme, bastante antesdelincidenteprovocado por laconferencia delRealInstituto deLisboa. «Los rencores de los
hombres—
decía—
han mutilado lamás
hermosa de lasnacionalidades peninsulares: el pueblo portuguésyel pueblo gallego no
sonotra cosa, en suactual situación,que dos entidades artificiales,hijas
de una
misma
entidad étnica, filológica é histórica.Hoy
Galicia reparaen su personalidad, ytiene
un
historiador, el malaventurado Murguia;tiene
un
poeta, Curros Enriquez; tieneun
gramático, Antonio de la Iglesia; tieneun
crítico, Augusto Besada; entrevé el hermosoresurgi-mientodel espíritu regional que defendía Brañas: regionalismo alque
no faltabanenemigos para templarle en la lucha: elantirregionalismo
del ejércitoacaudilladopor Vidard, Zancada, Arévalo, Neira y otros.
Quien recorra Galicia yconozca la región portuguesa llamada
mi-nota, creerá encontrarse en
un
país de idéntico territorio y entre lamisma
gente. Portugal y Galicia forman una sola nacionalidad bienca-racterística: el primero resistiendo siempre á laincorporación leonesa,
navarra y castellana; la segunda conservando en elinfortunio los
carac-teresde supersonalidad; en una y otra, la persistencia de la propia
fi-sionomía, elinstintivo
amor
á la nacionalidad:amor
que en Portugal haNUNO
GoNgALVESPANEL
DEL INFANTE
(restaurado)(33)
gloriosa yuna aspiración actual en el deseo de autonomíaregional.
En
la remodelación política de la Iberia, Portugal y Galiciaformarán
fatal-mente
unanacionalidad indivisa.»Esa soluciónfataldesmorona el sistema unitario ycentralizador que
sufrimos en España, ysus corifeos no se
amagan
de contrariar aquéllade una
madera
ostensible.La proclamaciónrecientedelaRepública Por-tuguesa constituyeun
verdadero avance en el camino de lasreivindi-caciones ibéricas. La increíble rareza es queaquí sonlos partidos
libe-rales yalgunos núcleos republicanos los quecon
más
sañacombaten
lateoríade las nacionalidades hispanas, sinverqueinutilizantodarealidad
de susideales enla monarquíaó enla repúblicaluchando contrala
hos-tilidad de los nacionalismos ibéricosá los que niegan satisfacción en
un
nuevo régimenprogresivo. El espíritu centralista español, aferrado á la
unidad católico-monárquica, combatirásiempre cualquier solución
po-lítica ibérica que definan o quieranimponerlos núcleos nacionales
cata-lanes ó portugueses, porque éstos, por la virtualidad de sus
autono-mismos, tenderían forzosamentehacia
una
soluciónfederalista.Hace poco tiempo, alproclamarlas Cortes constituyentes lusitanas
la República que implantó la revolución del 5 de Octubre de 1910,
cuando se preparaba entierras de Galicia
un
movimiento sedicioso delos escasos partidarios de losBraganzas, unperiódicomadrileño, órgano
del partido liberal español, y tan ministerial
como
La Mañana, escribíaque para cumplirse elideal de Teófilo Braga, publicado en The Times,
y que consiste «en unafederación ibérica de cuatroó cinco repúblicas,
basadas enlas divisiones de raza,y unadelas cualessería Portugal con
Galicia», el aludido diario monárquico-liberaldecía que «elideal del
pa-cífico filósofo puede
ser—
será—alrevés, seguramente;y,donde
se leePortugal con Galicia, debe leerse Galicia con Portugal, ysin el gorro
frigio,que no aconsejan las circunstanciasy que rechaza la estética».Es decir,
una
nueva manifestación del atavismo hegemónico y absorbente de la política castellana, tan opuesta al criterio liberal, pimargalliano, de la opinión de Cataluña.Identidad
artística
La
peculiarvélase en todosetaogénialosdelaspectospueblode su vidaportugués,social,tan trasciende áacentuada, re-lasé
costumbres ycarateriza su arte.Y
esacaracterística,que se manifiestaaún
vigorosa ennues-tros días ápesar de las intensas relaciones históricas y de reciprocidad
espiritual entrelos pueblos de la Península hispana, y
aún
entre losfo-cos dela civilización occidental latina, constituye la
suprema
razón delaautonomía dela patrialusa.
En
lo político, Portugal ha desarrollado á través de los siglos su bien definida misión histórica;yaquel pueblo de navegadores, decivi-lizadores, ha contribuido ála cultura de la
humanidad
de unamanera
preclara.Solamente en el
campo
nobilísimo del arte parecíacomo
sieltem-peramento lusitano nada hubiera creado de propio, nutriéndose de la
influencia y dictadura de las escuelas extranjeras.
Y
era tantomás
de extrañar esafalta de personalidad artística de los lusitanos, cuando,re-conocida la existencia del temperamento peculiar de la raza, no
im-primió ésta
un
cuño característicoen el arte nacional. Era voz corrientequeel arte portuguésno habíaformado una escuela propia.
Y
más
con-firmaba esa creenciael no coexistir—en el
momento
ascensional deles-píritu portugués
—
con la nacionalización poética del alma épicadeCa-móes
y del teatro popular de Gil Vicente una escuela primitiva de(36)
arte cincocentista, la época áurea de las faustosidades manuelinas. Para losque consideraron Portugal, la civilización portuguesa,
un
nuevo episodiode la civilización española, así
como
para los quecreye-ron Cataluña, la civilización catalana,
un
prolongamiento óuna
fasemás
ómenos
interesante de la misma;para todosesos,laexistenciaautó-noma
de las escuelas de arte catalana y lusa les descubre uncampo
extensopara lainvestigación histórica. Esa injusta incorporación delas específicasculturas portuguesa ycatalana enla genéricaespañola, sin
dar gloriaá España, ha contribuido á que quedara oculta unaparte
in-signe delpatrimonio artístico peninsular, ha desviado la atenciónde
los críticos,
sembrando
de confusiones la historia, y ha dado ocasión áque se perpetraranverdaderos despojos.
Cataluña, alverrenacer
modernamente
su civilización, hareivin-dicado enlo espiritual yen lopolíticoelalto relievede su personalidad.
Del arte españolha desglosado loslegítimos esplendores de su escuela,
de sutemperamento estético. Portugal empieza ahora ádesentrañar la
característica de su genio nacional, en el arte, de la síntesis artística
constituida por la historiageneral española.
En
una
carta que elilustre crítico José de Figueiredo dirigió, enAbril de 1910, al añorado sabio ylaborioso Dr. Sousa Viterbo,
comen-taba asi eseprofundotema:
«No hay
duda
que el territorio español está lejos de poseerun
clima y
una
vegetación uniformes.Más
de una vez ydemorada-mente
hemos
recorrido sus diferentes provincias, desde el extremonorteal extremosur,y
hemos
constatadocomo
susregiones sonrelativa-mente variadas. Pero, desde que
pongamos
de parte Galicia, que no esotracosaquelaprolongacióndenuestroMiño,lacostamediterránea que, por lo
menos
enparte, es lacontinuación de la Provenza francesa y su región pirenaica,quese íunde en laregiónlimítrofe de esteúltimopaís,llegamos á la conclusión de que su carácter general es
aproximada-mente
elmismo. Dada
laresignación del gallego y la indiferencia del basco, sólo el catalán vive enuna
verdadera pazarmada
conelcaste-llanodominador.
»EnPortugal, la diferenciación es casi nula.Pueblo
más
pequeño ypoblado por razas idénticas, el
hombre
del sur yel del nortefundié-ronseligadospor los
mismos
interesesypor lamisma
aspiración dein-dependencia queloshizo fraternizaren AljubarrotayMontes-Claros.
»Y, noobstante, la influencia climatérica es de talimportancia en
la evolucióndel arte, y especialmente de lapintura, que nuestro
mo-vimiento pictural primitivo del surdel país distingüese enlatonalidad del norte. Los paneles delas escuelas dela Beira-Alta son
más
oscuros, del verde profundo de los pinares y castaños, y del verde suave delmusgo;
mientras quelosalemtejanos sonmás
clarosy dorados, delru-biode lasmiesesy del tono amarillento de los vastos
campos
en que el(37)
se manifiesta la distinción de una yotra escuela, distinción
más
superfi-cial que la que separaba lasescuelas de las diferentes regiones
españo-las, en tanto el arte del Renacimiento no lo niveló todo con sus cánones
asfixiantes. Hasta mediados del siglo xvi, las escuelas españolas eran
casi tantas
como
las provincias, siendo relativamente característicaslaAragonesa, la Castellana y laCatalana.»
Está por hacerlahistoria del arte portugués.
El trabajo previode inventariarla riqueza artísticanacional,siesya
muy
valioso, distamucho
de constituir unabase sólida ycompleta. Lasmonografías y estudios de críticostan notables
como
Joaquín deVascon-cellos, Sousa Viterbo,
Ramalho
Ortigáo, José de Queiroz, Raczynski, José de Figueiredo,Braancamp
Freiré, Coelho de Carvalho, Vieira Natividade, y algunos otros, con serun
repositorio precioso, no repre-sentan, ni demucho,
los materiales definitivospara la gran historiage-neral delarte luso. Reivindican, todo lo más, la personalidad artística
dePortugal, desglosándola gloriosamente de lahistoriaespañola. Trans-parentase en esos trabajos aislados toda la grandeza de una escuela
primitiva, todo
un
desarrollo ininterrumpido deun
marcadotempera-mento
nacional. Incorpórase á Portugalel prestigiodenombres
ilustresque Españase había indebidamente apropiado. Resucítase la historia
artística portuguesa, definiéndola
como un
todo homogéneo, vivido, fruto del genio creador de la occidental nación ibérica.De
todosesos trabajos de investigación yde críticadestácase, porlatrascendencia de suscasi definitivas conclusiones, el que
mi
queridoamigoJosé de Figueiredo acaba de publicar sobre el pintor portugués
Nuno
GoDQalves, su obra y su época. La magistral monografía deljo-ven director del
Museo
de Arte Antiguo de Lisboa, revela, no sólo laexistencia de una escuela de pintura lusitana en el siglo xv, sino la
grandeza incomparable que enla obrade
Nuno
Gongalvesalcanzóelarteportugués, de tal manera, que sólo acreditando en precedentes de
es-cuela nos la explicamos; y precedentes genuinospor cierto, pues el
na-turalismo de
Nuno
Gon§alves, libertado de la influencia van-eyckiana,nacionaliza brillantementemente la pintura portuguesa de la época, fruto del
temperamento
especial de la raza lusa. Rectifícase así laopinión de quelosprimitivos portugueses eran una variante poco
afor-tunada de la escuelañamenca.
El hecho de acentuarse la tendencia serena y luminosa del
natura-lismo portugués de los siglos xv y xvi hacia unaadhesión ála escuela
de
Van
Eyck, sin que vengaá destruir, es claro, lainfluencia bizantina ygiottesca en lospredecesores de
Nuno
Gon9alves, indica, ámi
ver, unaidentidadafectiva de temperamento, ambiente social y
medio
físicoen-tre portugueses yflamencos, de talmanera, que aquéllos, apartándose de la visión artística torturada y lúgubre, de colorido brillante y
desar-mónico, de laescuela castellana, en la flamenca, plácida y suave, lumi-nosa é idílica, encontraban lagenuina adaptación de su temperamento.
(38)
Y
esetemperamento
lusitanoestátanvivamente en el espíritu dela raza, que, cuando se encarna en Velázquez, irrompe victorioso de los
precedentes étnicos adoptivos (Velázquez era portugués nacido en
Es-paña), y revela en su obra todo elancestralismo lusitano, de tal
modo
inadaptable altemperamento castellano, que la escuelavelazquiana no tieneaquí continuadores.Eselcasodelportugués Sanches Coelho,
tam-bién.
Y
ha de ser en Cataluña—gracias á la paridad del temperamentonacional catalán conelportugués, depronunciado ancestralismoligúrico
—
que Velázquez vese notablemente comprendido en Viladomat.Como
ya antes, enlos primitivos, esa casiidentidad en elgenio artístico hizoque coincidieran portugueses ycatalanes enla aproximación ála
escue-laflamenca, caracterizada entre nosotros por Dalmau.
Y
unaparticularidad singularísima, queacentúaJosé de Figueiredo en su libroO
PintorNuno
GoNgALVES, y que proclama la unidad espi-ritual de gallegosy portugueses, esla de que «la pintura primitivapor-tuguesa evolucionó, primeramente á travésdela gallega, ó, mejor,
con-juntamente con ella, bajo la influencia bizantina, influyendo aún en
nuestra pintura hasta mediados delsiglo xv, y simultáneamente con
aquélla, sus derivadas francesa é italiana, y en especial, desde ñnesdel
siglo XIV, las escuelassienenseyflorentina.Después,á partir delavenida de Juan
Van
Eyck
á Portugal, al acabar el primer tercio del siglo xv, nuestros artistas comienzan áfijarse enla escuela flamenca, pero ésta sóloinfluye decisivamente desde finesde ese siglo».Sobrelaidentidad originaria del arte luso-gallego, José de
Figuei-redo hace notabilísimoscomentarios en el capítulo tercero desu libro. Esa doctrina dela irmandad delarte gallego y portugués desde el
periodo gótico, ha sido posteriormente confirmada por la autorizada
opinión de
Manuel
Murguía, elgran historiador, y Eladio Arce, el sabioarqueólogo. El propioJoséFigueiredo se complace en insistir sobre ese
punto.
De
la carta mencionada dirigida por el autor al Dr. SousaViterbo, destacamosestos períodos:
aEn
mi
libroO
PintorNuno
Gon^alves, procuré acentuar bien launidad de Galicia y Portugal. Para quien conozcaáíondo el territorio
de
una
yotra orilla del Miño, esas regionesno son sino partescompo-nentesdel
mismo
todo. Laraza gallega yla portuguesa delasprovinciaslimítroíes,es indudablementela misma, con las
mismas
costumbres y lamisma
lengua,aunque
algo deformada, desde elsiglo xv, porlainfluen-cia delcastellano.
Y
la orografía yel clima son también exactamenteiguales. Reclus, que es autoridad enel asunto y estáfuera de cualquier
sospecha, asi lo proclama.
)»La comunidad de vida aun hoy se mantiene,y en épocas remotas
no había portugués de pro que nofuera, una vez al menos, hasta
San-tiago, devisita al túmulo del Apóstol compostelano. El proverbio
po-pular lo confirma diciendo