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BEi^LaiéMffim

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Q>Ayta/ile

(9)
(10)
(11)

PORTUGAL

Y

GALICIA

(12)
(13)

RIBERA

Y

ROVIRA

ENSAYOS

IBERISTAS

PORTUGAL

Y GALICIA

NACIÓN

IDENTIDAD

ÉTNICA, HISTÓRICA,

LITERARIA

FILOLÓGICA Y ARTÍSTICA

(14)
(15)
(16)

OBRAS DE RIBERA Y

ROVIRA

Mos

TRES AMORS.

Poesics. 1901.

LlGEIROESTUDO DA HTTERUTURA E DAS ARTES PORTUGUEZAS CON-TEMPORÁNEAS. Estudio crítico. Publicación del semanario

de

Thomar

(Portugal).

A

Verdade. 1902.

De Thomar

áValladolid. impresiones de viaje. Publicación

de El Píade Bages, de Manresa. 1903.

Groniques de Portugal

1900á 1906,

Publicación deLa

Re-naxensa^ CatalunyaArtística y La VeudeCatalunya,de

Bar-celona.

Chronicas da Catalunha

de 1904 a 1911.

Publicación del Diario de Noticias, de Lisboa.

Castilho e Garrett:

Uma

polémica e

um

discurso. 1905.

Portugal artistic. 1905. Prefaciode Alberto Bessa.

A

NoiTE DO 25 DENovembro. Publicación del Diario de

Noti-cias. 1905.

Poesía

&

Prosa. 1905. Prólogo deJuan Maragall.

Iberisme. 1907. Prólogodel Dr. Teófilo Braga.

La

Crisis de la Monarquía portuguesa. Publicaciónde El

Po-blé Cátala,de Barcelona. Conferencia publicaenelC. N. R.

1908.

EsGUARDs. Poesies. 1908.

Leandre, deJulio Brandao. Traducción. 1909.

A

Semana trágica. Publicacióndel Diario deNoticias. 1909.

La

Integridadde la Patria..1910. Prólogo de Maragall.

Los Lusiadas. Publicación deLaCataluña, de Barcelona. 1910. Las Primeras leyes de la República Portuguesa.

Conferen-cia. 1911.

EN

PRENSA

Del

País dels tarongers.

Portugal literari. Prefacio de Consiglieri Pedroso.

Zollverein peninsular.

La

Cenadels Cardenals.—Roses de tot l'any, de Julio

Dan-tas. Tradúcelo.

Portugaleconomic.

(17)

A

la

memoria

del

Excmo.

Señor

D.

Domingo

Juan

Sanllehy

ciudadano

ejemplar

No

olvidaré nunca^miestimado amigo

Ri-berayRovira,cuánto contribuyó V. d la

bri-llantezdeaquellahermosa«Exposición

Inter-nacional de Arte», consiguiendopor su

pro-pioytínico esfuerzo,sinmediacióndel Esta-do,aportarnos de Portugal, obras de arte de

losmejoresartistasdeaquella nación y con-siguiendoque el mismoReyylaReina

vinie-ranaquíá exponer cuadrosoriginalessuyos.

Tampoco olvidaré la satisfacción que

ex-perimenté al depender d V. cerca del

Go-bernador y del Gobierno de las calumnias

deque fué V. victima. Manifestandoal

pri-mero,para que lo trasmitiera al Gobierno,

la sinceridad y patriotismo con que V.

obraba y tuvieron que reconocer después.

(18)
(19)

País

ambientehermano,sensual; paísde cielo serenamentedecostumbresluminoso,sencillasdeyausteras;luz gloriosatierray

venturosa sembrada de flores, arrullada por el

murmullo

del

mar

infinitoyla vibrante añoranza delfado melodioso,

hospita-laria y amiga;tierra bendita de poetas yartistas; tierra heroica tendida

alextremo occidental de la Europa altanera,

como un

ansia de

fraterni-dad que aproxima dos

mundos;

tierra donde el corazón pulsa al influjo

de losnobles sentimientos, donde aún se ama; tierrade patriotas, Lusi-tania hermana... ella es la que, en días de prueba para

mi

patria,

glori-ficó generosa el

nombre

excelso de Cataluña.

¡Portugaly Cataluña!

No

sé qué insignes gestas de

un

pasado

es-plendoroso

me

evocan los

nombres

de estasdos grandes patrias; no sé

qué radioso presente

me

revelan, no sé qué esperanzador futuro

me

prometen. Tienen vibraciones de palabras proféticas; complázcome en veren ellas lafirme base de unavenidera política ibérica, de una

más

lejana fraternidad latina.

Lectorque ansiasconocer las modalidades de aquelpueblo

herma-no: siguelasenda que ha de conducirteá él guiado por este

amor

ta-maño

que letengo,

amor

purificado, acrisoladopor elodio con que

me

victimaronlos eternos enemigosde

mi

patria.

Revolviendo viejosapuntes,deparé,el otro día,enunoscomentarios

que escribí á la

campaña

emprendida por los periódicos centralistas

es-pañoles, contra lasafirmaciones por

formuladas en aquella tan so-nada conferencia del Real Instituto deLisboa, en Marzo de 1907.

Envejecen tanto las cosas de la vida exhaustiva y vertiginosa que

llevamos, que, decorridos apenascuatro años,ya pareceelasunto añejo,

sabiendo hasta á cosa arcaica. Pero ello constituye

un

episodio

simpá-tico de

mi

juventudJuchadora, y

hoy

me

place recordarlo, no en

un

(20)

(12)

adhesión áaquellasdoctrinas de iberismo,que

aún

creo salvadoraspara

laspatrias peninsulares.

¡Ypensar que originó tan enconadas discusiones una sencilla

di-sertaciónante

un

público instruido yconocedor de aquellas doctrinas

que rememoré, con su razón científica consagrada, evidenciada por la

Naturaleza, y divulgadas por eminentes pensadores, geólogos y

antropo-logistas!

La

afirmación fué esta: Portugaly Galicia— óGalicia yPortugal, si

así quieren los espíritus susceptibleséirritables—formanuna nacionali-dadcon loscaracteres

supremos

de identidad de raza, de lengua, de

te-rritorio, de historiay de misióncivilizadora.

O

más

exactamente,

trans-cribiendolos propios períodos de

mi

discurso:

«La Patria Portuguesa afírmasepor sutenacidad,por elentusiasmo

conque ha conservado su idealpatriótico á través de todas las

vicisitu-des históricas, por eldesarrollo de su misión civilizadora manifestada vigorosamente en losdescubrimientos, en la epopeya manuelina, en la

literatura esplendorosa del Seiscientos, y por la

manera

heroica

como

se revoltó siempre contra los invasores, desde los

romanos

hasta los castellanos.

La

vitalidad del genioportugués afírmase enla persistencia étnica

yfilológica.

La hermosa

lengua lusitana haevolucionado

gloriosamen-te, creando

una

fuertemodalidadpoética.

De

la patriaportuguesa, de la unidad moral del patriotismo de los

pueblos atlánticos,

una

rama

nobilísimalos azares de la política ibérica

han

desgajado: Galicia, esa región hermana, laboriosay dulcísima, que

porel carácter de su población, por su historia, por sustradiciones, por su mesología y etnogenia, integra la nacionalidad portuguesa,

como

parte constitutiva del núcleo nacional del occidente hispano, la nación

galaico-portuguesa

.

Yo

veo en la Galicia de

hoy

alPortugal del siglo xvi quenos

rela-tanlas crónicas; yen elPortugal de entonces, aparte losesplendores y

elfausto de la cortelusitana, la Galiciade hoy.

La

independencia políti-ca, larealizacióndel idealoceánico,trajoáPortugal lariqueza, la

inicia-tiva, elprogresoeconómico, el desarrollomercantil,la eclosiónartística, ladepuración del idioma, que se perfeccionó en eluso literario. Y, en cambio, laGaliciasometida, dependiente, sujetaá una hegemonía

opre-sora,sinlibertad nacionalysin finalidad patriótica, desde su integración

enla unidad católico-monárquica española, Galicia ha visto detenerse el

curso de sucivilización, desnaturalizada su política, estáticasu lengua,

interrumpida su historia.

Portugal, enmurallando su aislamiento, ha ido desatendiendo las

relaciones fraternales con Galicia. ¿Por qué se separaron esosdos

pue-blos hermanos?

¿Qué

diferencias habrán surgido entre ellos? ¡Oh!

Nin-guna. Apatía, sí: de ningún

modo

desafecto. Pornegligencia, los

(21)

de-(13)

berlaestarintegradoen sus fronteras espirituales. Para

enmendar

el

error secular,es necesario quese inicie unaintensapropaganda de

amor

y fraternidad, á la que ayudarán esos millares de sufridos y honrados

gallegos que se abrigan en la hospitalaria tierra portuguesa, y veréis

como

elalma de Galicia vendrá cariñosamenteal alma de Portugal,para caminar juntashacia

un

íuturo de paz y de justicia ibérica.»

Alrededor de estaafirmación, algunos espíritus inquietosy amables,

forjaron equívocos y provocaron escándalos, dieron

un

sabor agridulce ásus crónicas periodísticas, pidieronrayos á Júpiter, y á

Maura mi

ca-beza,

me

llamaron traidor, y callaron filosóficamente ante la apatíadel almaespañola, á la que no hizo vibrar el formidable crimen de lesa

pa-tria perpetrado desde el sillón mugriento deuna academia portuguesa por

un

español mal nacido. El sinapismo chovinistade los rotativos no

conmovióla opinión.

Y

enmudecieron los Aristarcos, sesudamente.

A

mis adversarios—

más

que adversarios, enemigos

de entonces, dedico, sin

sombra

de rencor, estos comentarios; pues que ellos, con su ignoranciay necedad, dieron á

mi

nombre

obscuro el son de

un

clarín guerrero yle aureolaron con lafama y notoriedad efímera de

largos díasde vibrantespolémicasperiodísticas.

De

aquelindeleble episodio de

mi

vida, quelevantó procelas de

ren-cores, porel choque violento de los dos espíritus, de los dos criterios que

hoy

se disputan la hegemonía espiritualde España

elcatalán y el

(22)
(23)

La

unidad

nacional

atlántica

peninsular

Sus

fundamentos

étnicos

Hallar

semejanzas, afinidades, entre Portugal y Galicia,

descu-brir elementos étnicos, filológicos y mesológicos

comunes

á

ambos

pueblos, no es novedadpara aquelquesehapreocupado

alguna vez del estudiode los organismos que integranla

pa-tria peninsular.

Lo

menos

quese le puede exigir áun español culto es

que conozca su tierra, para que supatriotismo no sea un paroxismo

pa-tológico, sino

un

sentimiento racionaly consciente.

Y

ello es que los

cultísimos orientadores de la opinión pública española, los rotativeros

madrileños, acaparadores de la cienciay del patriotismo, ignoranlo que

por tan sabido ya ni es

mentado

siquiera.

Si en definitiva y en justicia lospueblos peninsulares han de

al-terar el statnquo político actual, pararesolverse en

un

equilibrio futuro,

es lícito vislumbrar la futura situación, ponderación, en

un

régimen

más

perfecto.

De

la iniquidad presente nació

mi

teoríade lastres nacio-nalidades ibéricas: Portugal, Castilla yCataluña; y entorno de estostres

núcleos nacionales agrupé todos aquellos elementos disgregados ó

ano-dinos que presentaban caracteres de identidad nacional. Por eso, si en

la nacionalidad oriental hispana reintegré todos aquellos núcleos que

componen

lospueblos informados por el ideal catalán, en la naciona-lidad centralreuní aquellos otros núcleos queviven el ideal castellano,

(24)

dis-(i6)

persas de la nacionalidadatlánticaimpulsadas porel espírituportugués,

mayormente

cuando esas tres unidades nacionales, nacidas en teoría,

responden á

una

respectiva unidad real con particulares atributos

étnicos, filológicos, mesológicosé históricos.

En

elensueño de una Iberia futura no es dislate prever la natural

unión de Portugal y Galicia, antes es lógica consecuencia

aún

de las

afirmaciones presentes dela cienciay de laspasadas de la historia.

Ga-licia fué elprincipalfocode culturadurante la

Edad

media en España,

y enese su territorio se manifestaron las tendencias de autonomía

so-cial que determinaron el

momento

histórico de laformación dela

nacio-nalidad portuguesa cristalizandoen la

más

perfectaorganizaciónde

un

Estado.

En

los orígenesprehistóricos de Portugal reconocemoslas

dife-rencias étnicasde su población, lo que haceque se dividiera

científica-mente

el territorio atlántico peninsular, formado por los actuales Gali-cia y Portugal,endos zonas:

una

verdaderamentegaí/aana,desarrollada

conla entrada de

ramas

aricas,siendo loslusitanoslosprimeros repre-sentantesde esainmigración; y otra algarvia, que se desarrolló

precoz-mente

por lavenida delosfenicios ála explotación metalúrgica,

cons-tituyendo al surdel territorio, que vino á serPortugal, la notable

civili-zación bástulo-fenicia.

En

eldecurso histórico estasdos zonas se

aproxi-maron

yconfundieron, siendo sólo enlos

nombres

localesdonde

aún

se

observala diferencia,

como

Tajo (Tagus) y Guadiana (Ana), fenicios,

como

feniciaes también la denominación Lusitania—según, el erudito Bochar, quefué el primero en indicar los

muchos

orígenes fenicios que se encuentran enlas designaciones corográficas de la Península

proveniente de luz

almendras

tal vez lusi—lleno de almendros

y la

terminación tan, que, según Herculano, es púnica,

mientras en los

nombresde las poblaciones predominalaforma célticabrtg ó briga,yen

las costumbresaparecen vestigios de la influencia griega.

En

efecto: al

norte dela orla marítima se establecieron colonias griegas, en tantoque

al sur se fijaban las colonias libio-fenicias. La actualBeira erael punto

de contacto, y es poresto quetodoslosantiguosescritoresconsideraban

la Beira, como, por decirlo así, el centrode costumbres nacionales por-tuguesas, el del aticismo del lenguaje; mientras que la organización del

hecho político de la nueva nacionalidad sólo

comenzó

próximo del río

Miño, ó sea en Galicia.

En

la incorporacióndel territoriode Portugal, la

Beirafué elcentro de oscilación, ya paraintegrarse en Galicia

lo que

prevaleció en la política hastaen tiempo de D, Fernando

yapara ex-tenderse hacialos Algarvesde áquem-mar y de além-maren África.

Pre-valeció esta últimatendencia, que se halla siempre en los pueblos que

tiendená regresar hacia su punto de partida, según afirma Teófilo

Bra-ga en su admirable estudio cA Patria portugueza.

Recapitulando. Contestes están todoslos historiadores en admitir

quela Hispania, habitada por tribus autóctonas, indígenas, sufrió dos

inmigraciones sucesivas del Asia: la de losiberos (euskaldunac) y la de los celtas. El elemento autóctono debía ser asimilado por cada

uno

de

(25)

NUNO

GON^ALVES

PANEL

DEL INFANTE

(antes de restaurar)

(26)
(27)

(17)

estospueblos, y lasluchas, bien

como

la asociaciónde las dos razas de

manera

directa ópormediación de otros pueblos,

como

el ligurio, pro-dujeron en elterritorio central, donde se daba

más

inmediatamente el

contacto, las tribus mixtas denominadas celtibéricas. El elemento

cel-tibérico subsistía con el ibérico y elcéltico,aquél en el levante penin-sulary ésteen el poniente, influyendo elprimero en lospueblos

medi-terráneosy el segundo en los atlánticos, cuyas diferencias étnicas aún

subsisten, pues, según afirma Edwards, los pueblos antiguos

reapare-cen enlos tipos y costumbres de lospueblos modernos. Quien observe

los vestigios étnicosdelos pueblos ibéricos conservados por Strabón en

sudescripción geográfica y los

compare

con las costumbres actuales,

se pasmaráde su extraordinaria persistencia y supervivenciasi no

ad-mite que ellos persisten por fenómenos de recurrencia altipo ibérico á travésde las sucesivas invasiones. El eminente antropologista Broca, discurriendo sobre el determinismo antropológico, óhereditariedad del tipofísico, formulaeste principio, ya previsto por MüUer:

«Cuando

dos

razas viven en el

mismo

suelo yse fusionan, eltipofísico altérase

prin-cipalmenteen laproporcióndelaintensidaddel cruzamiento;después, la

raza mestizada tiende á regresar, en la serie de generaciones sucesivas,

altipo delaraza

madre

como

más

numerosa.El tipofísico queresiste al

cruzamientocon

más

ó

menos

pureza, es entoncesel de aquella razaque

predomina numéricamente.»Estohace,enlaPenínsula,queaquellos

pue-blos que

más

denodadamente

resistiéronlas invasiones, que

más

celosos

se mostraron de su autonomía nacional,

como

el catalán, elbasco y el

portugués,

mantengan

hoyloscaracteres étnicos pecufiares,presentando

una marcada diferenciación sobreotros pueblosque, cual el castellano,

seha conservado en

un

podríamosllamarle eclecticismo antropológico.

Lo

que sucede es que, si bienel tipo físico regresapor la superioridad

numéricadelinvadido,el tipo moral se superiorizacon la

mayor

cultura

delinvasor; y,correlativamente,cuando la superioridadmoral existeen

el pueblo invadido, éste ejerce sobre el pueblo invasor unaverdadera dictaduraespiritual.

Y

continúaafirmando el sabioBroca en sus Mémoi-resd'Anthropologie; «Al cabo de cierto

número

de generaciones, cuando

la fusión se efectuó, laraza cruzadatiende cada vez

más

áaproximarse

altipo físico dé la raza

más

numerosa, al paso que algunas veces la len-gua de la raza

menos numerosa

es la que suplantay substituyela de la

mayoría.»

En

la etnogénia delos pueblospeninsulares,estehecho antro-pológico esde una inmensa luz. Losíberos ocuparon la Península, á la

quedieron elnombre, suplantandopor el

número

y por la superioridad decultura laspoblaciones autóctonas y trogloditas, de las que

aún

se hallan vestigios craneanos.

No

obstante, ápesar de sucivilizaciónmetalúrgica, una invasión de

celtasvenidos de las Gallas, por su

más

elevada capacidad y cultura

moral,

como

se observa por el druidismo,fácilmentese

impuso

álos ha-bitantesdelsuelo ibérico, fusionándose en una población celtibérica en quela superioridad numérica estaba enel íberoyla superioridadmoral

(28)

(i8)

en la celta.

La

verdadera historia de Galiciaempieza en los celtas.

Es-cribe Murguía, el granhistoriador gallego:

«Los celtas gallegos,ó,

como

decía el latino, los célticos, ocuparon

todo el suelo dela vieja Galletia. ElpromontorioNerio,que,

sonlas pa-labrasde Strabón

forma á la vez la extremidad delcostado occidental

ydel septentrional dela Iberia, sirve

como

una oportuna división

geo-gráfica para separar dos pueblos numerosos, célticos

ambos

é

impor-tanteslosdos: uno, el de los lusitanos, á quienes el príncipe de los geó-grafos hace llegarhasta elCabo Nerio; otro, el de los cántabros.

Con

gran sentido distinguía Strabón á los celtasastures y lusitanos de los

celtíberos é íberos.

No

tardará

mucho

lacienciahistórica en probar con

mayoresdatos esta separación ydiferenciación de las costumbres y de

laslenguas íberas, de las gálico-lusitanas: estas soncélticas porentero.»

Todos los pueblos deloccidente europeo de marcado ancestralismo

céltico, conservanaún

hoy

una manifiesta identidad enel genio poético.

El norte de Portugal yGalicia revelanelfondo

común

étnicohastaenlas

leyendas célticas comunes, semejantesá las de Irlanda yá algunas bre-tonas.

Aún

en la mitologíarse hallaesa identidad. Los cánones

concilia-riosde Braga serefieren ála adoración quegallegos yportugueses, la

población noroeste peninsular, teníaporloselementos, el sol, la luna, el

fuego, los

monumentos

megalíticos, las piedras religiosasá las que

to-davía enel siglo vi el pueblo

denomina

altares en Bretaña, en Portugal yenGalicia. Laspoblaciones mauritanas ylibio-fenicias que entraron enla península hispánica hicieron, por elcruzamiento conlos celtiberos,

regresaral tipo ibérico, pero persistiendo la cultura céltica,que

coad-yuvó de

un

modo

excepcionalenla implantaciónde la cultura y de las

instituciones provinciales

romanas

en la Península. Los

romanos

do-minaron

la Hispania, no por el

número:

la superioridad administrativa

ysu audaz yfuerte incorporaciónen nada inñuyó en el tipo físico en

tantoque radicóla ilustraciónmunicipal en armoníacon elantiguo espí-ritu separatista ó cantonal,y el latínsubstituyó al celta coadyuvado por

las analogías primordialesde

un

fondo arico

común. Cuando

las

hor-dasgermánicas invadieronel Imperio, estaban en

un

grande atraso y

barbarie: entre losvisigodos venían tribusescíticas delnorte,

como

los alanos, quefavorecían la persistencia del tipo físico del íbero,y por eso

la impetuosidad germánica en su conquista sometióse á la cultura

ro-mana, traduciéndole los códigos yhablando los dialectos románicos

di-ferenciados porla carencia de escritura. Aquí dase

una

ilusión en los

historiadoresde la Penínsulaque atribuyen todos los orígenes sociales y literarios de la

misma

á losromanos, cuando éstos, por su diminuto

número,no ejercieron

más

que una acción moral, siendo el idioma el

instrumento de asimilacióncon el cual el conquistador serelacionó con

el pueblo vencido y civilizado.

Ea

la invasiónde los árabes, dos fuertes razas y dos civilizaciones se hallaron enconflicto, yporesto

(29)

penetra-(19)

ronse,

como

seve en la imitación de las costumbresárabes porlos

mu-zárabes y después en la asimilación de lascostumbres hispanas por los

mudejares; la lengua árabe vulgarizábase en la araira yla lengua

romá-nica arabizábase en la aljamia; pero una de ellas llegaría á imperar de

un

modo

absoluto. Había deser aquella que lueraórgano de

mayor

ci-vilización: ellatín. Los árabesfueron coadyuvados en la conquista de la

Hispania porel elementomauresco, verificándose así el regreso al tipo

ibérico, las convulsiones históricasdel cual favorecieron la persistencia

(30)
(31)

II

La

base

histórica

Con

la coexistenciaenlaPenínsula delos tresnúcleos étnicos

prin-cipales

iberos, celtas y celtíberos

se justifica la diferencia-ción de las futuras nacionalidades y el agrupamiento de los

elementos afines en núcleos de identidades étnicas. Los celtas

quedaron formandocinco grupos de tribus bárbaras: cántabros, astures

yvascos al septentrión; galaicosylusitanos al occidente.

Ocupaban

es-tosúltimos, segúnStrabón, elterritorio cercado por el océano alnortey poniente, ylimitado al surpor el Tajo. Alorientees difícil determinar

susfronteras, que se dilataban'muyallá de las actuales.

De

aquí que se deba rectificar el

nombre

de Lusitania dadoal

Por-tugal actual, ya que estáfuera de toda

duda

que los limites

meridio-nales de la antiguaLusitaniaapenasllegabaná las orillasdelTajo.

Según

el

mismo

Strabón, el elemento céltico del cabo Finisterre, no obstante, era del

mismo

origenquelosceltasó cletas quehabitaban laregión

com-prendida entre el TajoyelGuadiana.

.

En

la historia de Portugal se observa que el

Condado

de Galicia,

luchando por su independencia contra la absorción castellana, se

ex-tiende primero hasta el Duero, y enla segunda época

ó sea cuandola

superioridad de los galaicos se desarrolló

merced

á inmigraciones de

otras tribus galaicas

llega hastalas

márgenes

del Tajo.

Asimismo

el

Condado

de Portugal, en las luchaspor su constitución autónoma,

(32)

prolonga-(22)

miento; y sólodespués de repelidasestasambiciones,que reaparecieron en elreinado de D. Fernando, el territorio nacional portugués se con-quista á losárabesdel Alemtejoydel Algarve, donde en laépoca céltica sehabían establecido losturdetanos ótúrdulos, pueblo afín con los

lu-sitanos,que lolimitaban al norte.

Con

este establecimiento de las tribus túrdulas, el territorio

confinado por el

Miño

empieza á corresponder á

una

realidad etnoló-gica, designada con el

nombre

de Lusitania, cuya separación de Galicia

conla cual tenía

un

fondo céltico

común—

era apenas debida al

cru-zamiento con los libio-fenicios, origen de una pálida modalidad

ét-nica,

comenzando

desde entonces la confusión entre el sentido

geo-gráficoy nacionalde las dosdenominaciones Galicia yLusiiania,

conoci-das indistintamente; lascuales, transmitidaspor laspoblaciones, llegan hastaloscronistas de la

Edad

media, embarazando las investigaciones

delos eruditos. Los accidentes históricos de laconquista neogótica,

ha-ciendo variar aún los limitesde Galicia, tornaron la confusión

verda-deramente laberíntica. Por la bravura de Fernando el Magno,

exten-diéndose la reconquista hasta el Mondego, todo el territorio fué

desig-nado con el

nombre

de Galicia. Las conquistas hacen variar aún los

límitesmeridionales de Galicia hasta el Tajo,

quedando

sin realidad el

nombre

de Lusitania. Establecida la independencia del

Condado

Portu-calense, destacado administrativamente de Galicia y ampliado hasta el

Mondego,

aun aparece esa confusión en Lucas de Tuy, quienemplea

si-multáneamente losdosnombres.

Indudablemente presentan

aún hoy

mayores afinidades étnicas los

pueblos extendidos en elterritorio que va del Tajo alcabo Ortegal, que

los comprendidos entre este rio yelcabo San Vicente.

No

obstante, en

todosellos dase la identidad nacional favorecida por las semejanzas de raza,ysobre todo por la

mancomunidad

histórica, sirviendotodos á

un

idénticoideal político. Por esto son ciertas las palabras del historiador inglésStephens:

«Cuando

Felipe II se anexionó Portugal en 1580,fuépor

ylo

menos un

siglo tardepara poderse operar laíusiónde portugueses

yespañoles.

Ya

entonces habían existido Vascode

Gama,

Alfonso de

Al-buquerque yotros grandes capitanes y exploradores, que enseñaron á

Europa el camino marítimode la India; y la lengua portuguesa, que

erael dialecto romance de Galicia, análogo á los de Castilla y Aragón, se había transformado enuna gran lengua literaria con el genio de

Camoes

y Sá de Miranda. Consciente de su historia nacional, la nación portuguesa se separó otravezde España en 1640.»

La

bandera rojo-verdecubre ápueblos que son de sangre gallega.

Su

lengua es tan nuestra

como

sus mares. Nuestras montañas

dice

Murguia

salvan todolímite,ycon sus brazos de granito unen,

como

en

otrostiempos, á losquetienen

un

mismo

origen y

una

misma

historia.

Á

veces arraigael árbolentierra de

ambas

regiones y da sombraá

(33)

III

El

elemento

céltico

de

la

unidad

luso-galaica

evidenciado

en

la

literatura

y

el

carácter

Otro

tanto aconteció con Cataluña.

Cuando

Fernando el Católico

intentóyrealizó en apariencialaunidadpolítica española,

efec-tuóse ésta á lo

menos

tresó cuatro siglos tarde para poderse operarla fusiónde catalanesy castellanos.

Ya

entonces habían

existido

Ramón

Berenguer el Grande, Jaime I, Pedro III, Pedro IV, aquellosgrandes monarcas queguiaron sabia y heroicamente elpueblo

catalán haciael ideal mediterráneo, ejerciendo una hegemonía triunfal

en elmediodía de Europa; y la lengua catalana se inmortalizaba en los

insignes códices del Consulat de

Mar

y de los Usatges, dictaba la

disci-plina filosóficade Lull yse hermoseaba con la poesía de AusiasMarch,

transformada ya enuna granlengua literaria. Consciente de su historia

nacional, laNación Catalana, si,cuallaportuguesa, no conquistó aúnsu

autonomía política,

mantuvo

siempre enhiesta labanderade sus

reivin-dicacionesnacionalistas,persistiendo en la heroica

demanda

de su

liber-tad, resistiendo ála opresión extraña.

Elterritorio en elcual se constituyó lanacionalidad portuguesa

há-llase dividido en trespartes distintaspor los geógrafosantiguos,

princi-palmente por Strabón.

Una

parte extendíase desde el cabo Finisterre

hasta el Duero: eraá loque propiamente sellamaba Galicia, ó territorio

de losgallegos; otra parte extendíase desde el Duero hasta el

(34)

Ptolo-(24)

meo; yla otra extendíasedesdeel Guadianahasta elcabo Sacrum, yera

laTurdetania.

Con

ellase constituye ycompleta launidad de Portugal.

La

nacionalidad portuguesa

comenzó

á organizarse enla región

en-treDuero y Miño, donde existía

más

elemento étnico de razaarica,

so-bretodolas colonias griegas y

romanas—

igual que aconteció á la nacio-nalidad catalana, organizadaallí donde existía

más

elemento étnico de

razaarica y ligúrica—

como

se ve por elrégimen enfitéutico de la

pro-piedad enlaprovincia delMiño; asimilóse fácilmente la región central á

título de libertación del dominio árabe,y conservóla agregación por la

acción vigilante delas Órdenes de Caballería; y, por último,la tercera región,

como

refugio de los árabes que era, fué conquistada por las

incursiones marítimas en que el genio de la nueva nación serevelaba,

manifestándose con

una

conciencia de su misión histórica enla

con-quista de losAlgarves dealém-mar, ó África delNorte, entiempo de

don

Juan I, cuando apuntabaya el idealoceánico enla política nacional

por-tuguesa.

Existe, pues, unidad étnica entrelos elementos constitutivos de la

nacionalidad portuguesa, y la persistenciade loscaracteres de las razas

vestigiosibéricos, tradicionesy tipo celta

explicanyjustifican el

in-dividualismo nacionalportugués subsistiendo siempre contralas

conti-nuas y tempestuosascorrientes de unificación castellana, leonesa ó

na-varraá pesardeno existir fronteras naturales poderosas que separen Portugal de España.

La

preponderancia del elemento celto-ligúrieo en

elportuguésy gallego, nodesnaturalizado por inñuencias de otros

pue-blos invasores,

como

en las regiones centrales hispanas, caracteriza y

separa aquel individualismo nacional, favorecido por la situación

geo-gráfica. El ligurio era el celta marítimo: el pueblo portugués presenta

estos dos caracteres fundamentales : el genio amoroso yel aventurero

enlasexpedicionesoceánicas. Elsueño de lasIslasEncantadas lo lanzó á

la exploración del

Mar

Tenebroso; yel idealde

un

triunfador venidero, personificado

más

tarde enel infeliz D. Sebastián, inspiró á los poetas

quecantaron eldestinode Portugal

como

el quinto imperio del

mundo.

Estas tradiciones tienen raíces étnicas profundas. Suetonio,hablando de

laelevación de Galba alimperio, alude al hecho dela leyenda de que una virgen cantábrica profetizó que de Híspanla había de salir el

do-minador detodo el

mundo,

y que esta profecía fuéhecha hacía

más

de

dos siglosyse realizaba enGalba.Este no era hispano,pero elhecho

tie-ne gran importanciaal mostrarnos la proveniencia de

una

tradición de

salvadoresque aunpersiste entre el pueblo, en la forma de Santiago y

San Jorge,del Cid y de D. Sebastián.

De

todas las tradiciones medie-vales, las que prevalecieron enPortugal, ya entre el pueblo, ya en la

li-teratura,fueron lasbretonas, porque estaban en el carácterportugués.

Si buscamos elfilón célticoen la literatura portuguesa, fácilmente

podemos

narrar

muchos

hechos que denotan una predilección, por

de-cirlo así orgánica, para preferirestas leyendas.

En

el Cancionero de

An-gelo CoUaci existen diferentes lais bretones adaptadosá la poesía

(35)

por-NUNO

GONgALVES

PANEL DEL ARZOBISPO

(antes de restaurar)

(36)
(37)

(25)

tuguesa: el condeD. Pedro coligió en suNobiliario latradición delRey Lear; D. Juan I reproduce enla jerarquía caballeresca de su corte el

sé-quito de los compañeros del rey Arturo y

manda

traduciren portugués

la

Demanda

deSan Graal^ que se conserva enparte inédita en la

bibliote-ca de Viena; el condestable Nun' Alvares Pereira imita en sus

moceda-des la virginidad heroica de Galaaz; D. Juan II, en lasfiestas palatinas, vístese á la

manera

delCaballerodel Cisne,y, enla bibliotecade su

abue-loel rey D. Duarte, guardábanse las principales novelas del ciclo de la

Tabla Redonda,

como

el Baladro de Merlín, Tristány Galaaz, al paso

que no se halla allí ninguna de lasgrandes gestas galo-francas.

En

el

onomástico dela sociedad civil deprincipios del siglo xv, las

damas

to-man

el

nombre

de Iséa (Yseult), de Genebra (Geniwer), de Briolanja (Brengienne),, de Viviana; y los

hombres

llámanse en general Tristáo Arthiir,Lisuarte.

Y

atiéndase que,duranteelperíododeconstitucióndela

nacionalidadportuguesa,fueron

muy

íntimaslasrelacionesde aquel

pue-blo conFrancia; puesni

aún

así las gestas penetraron tan profundamen-te entreelpueblo

como

lastradiciones bretonas en el corto intervalo de lasrelaciones dela corte portuguesa de D. Juan I con Inglaterra. Esta

circunstancia,aparentemente maravillosa, sólo puede explicarse por la

persistencia de

un

gran elemento céltico enel pueblo portugués.

Tanto losescritoresextranjeros

como

los nacionalesdistinguen álos

portuguesespor su carácter amoroso; y la obra

más

famosa de las

lite-raturas medievales, el Amadisde Gaula, se íunda sobre ese sentimiento

llevado hastael heroísmo de lafidelidad.Las tradicionesde Juan Soares de Paiva, trovadorque

muere

por

una

princesa; de D. PedroI, que

coro-naá Inésde Castrodespués de muerta; delBeato

Amadeu

por la

empe-ratrizD.= Leonor; de Bernardim Ribeiro porJuana de Vilhena; de

Cris-tóbal Falcáo, el cantor delCris/al, por María Brandáo; de los Docede In-glaterra; de

Manuel

Sepúlveda por Leonor de Sá; de Mariana Alcoíora-do,la inefable religiosa, laapasionada autora delas Cartas daReligiosa

portugueza; dela fidelidadde Paulina, que

asombró

por la verdad de su

amor

al propio Casa-Nova, quela exalta en sus Memorias... todas estas

tradiciones exceden loque hayde

más

extraordinario enlosotros pue-blos. Antetantos asertos no admira quelos escritores nacionales

formu-lasencon tanto acierto esta característica. El rey D. Duarte, en elReal

Conselheiro, dice:

«em

geral os mais de todososportuguezes

som

leaes e de boos coragSes»; y Gil Vicente, hablando de los portugueses en la

tragicomedia de las Cortesde Júpiter, acentúa: «Saoextremos nos

amo-res.»

En

la comedia Eufrosina, JorgeFerreira de Vasconcellos define

admirablemente estegenio amoroso.

«Enao

me

neguéisseresta a principal inclinagáoportugueza e d'esta

Iheveiu a cavalheirosa opiniáodeprimorque

tem

sobretodosess'outros,

e estimarem as mulheres sobre todos

como

atilado, gentil, galante e

nobre esposo,

compadece

todos os effeitos do

amor

puro, nao consinte

(38)

(26)

dia oode e

como

aveja, quería sempre estar

com

ella,

emmagrece

com

cuidados e

vida,

muda

todaa

condigáo-

em

boa, queima-se por dentro

em

pensamentos, que humilde representa

em

lagrimas e

suspi-ros, signaesde verdadeira dór.

Em

todo o seu quererunido econforme

com

o d'ella, constante

em

sua fée

chama

sempre

em

suasaífrontas,

como

a alcanga nunca a deixa até a morte e assi a faz senhora de si

mesmo;

nao pretende proveito, salvo o d'ella pelo qual

commette

íouto todos os perigos;

nem

dormindo

perde d'ella lembrañga, antes n'isso se deleita,determinando vivere morrer

com

ella, sedesespera mata-se ou

faz extremos mortaes, tudo isto e muito mais se acha no

bom

portu-guez, desua natural constellagao apurado noamor...»

Aproximando

de esta últimaírase de Jorge Ferreira loque

Cervan-tes dice, en su HistoriadePersilesy Sigismunda, de los portugueses, que

entre ellos eracasicostumbremorirsedeamor,

vemos

que esta

caracterís-ticafundamental aún subsiste

como

en los siglos xviyxvii.

El suicidio es

una

enfermedad contagiosa en Portugal^ y en las

cla-ses popularesy enlajuventudseperpetrasóloporamor.

La

nostalgia,la

añoranza, la saudade, estambién unadolencia privativa delgallego ydel

portugués insular.

En

las Epanaphorasda Historiaportugueza, escribe D. Francisco

Manuel

de Mello, «onosso natural éentreasmais nagoes

co?i-hecidopor amoroso...» Loscastellanosloconfiesan por boca de sus

mayo-res genios.

Lope

de Vega, en la sublime comediade Dorotea, dice con

una

ingenuidad encantadora: «Yo, señora, tengo ojos de niño y alma de portugués.»

Y

VicenteEspinel, en ElEscudero Marcos de Obregón, deja

este trazo: «enamoraba (cortejaba) á todas

como

un

portugués».

Madame

de Sévigné, respondiendoáunacartasentimental, recela volverse

una

por-tuguesa:ídl

me

parle deson cceuratoutesligues;sije lui faisaisréponse surle

méme

ton, ceseraitune Portugaise». Baizac personifícalapasión loca en el

tipo ideal delportugués Ajada-Pinto. Edgar Quinet, en las Vacances en

Espagne, describe las portuguesas

como hermanas

de laSacuntala, así

apasionadas ytristes; y

Gamoes

explicaba la metafísica del lirismo

por-tugués por elgusto que lasmujeres sentían por

un

concepto de

Petrar-ca ó de Garcilaso, Realmente el lirismo portugués distingüese poreste

excitado subjetivismo, sinanalogía entre ninguna delasliteraturas

mo-dernas: las Folhas cahidas, de Garrett; el

Campo

deFlores, de Joao de Deus; algunas delas elegías de Soares de Passos; y,

como

fenómenosde

regresión étnica en ellirismo brasileño, losversos de Alvares de

Azeve-do, Castro Alves, Casimiro de Abreu, Fagundes Varella; expresan

cuan-to elalma

humana

puede sentir en el lenguaje

más

comunicativo. Las

canciones populares, la cuarteta improvisada, los despiques de

conversa-dos, los fados plangentes, la cantiga solta^ están llenos de expresiones profundísimas de verdad, relámpagos dentro del

mundo

moral,

revela-cionessubjetivas que no se derivan deuna especulaciónmental, sinode

una pasividadinconsciente: son

como

voces de la naturaleza, desde el

(39)

(27)

pueblo entiéndense instintivamente, porque los hidalgos de los

si-glos XIII y XIV introdujeron en sus Cancionerosla corriente tradicional

delas serranillas, yesta savia orgánica de la inspiración nofué

desco-nocida de los grandeslíricos portugueses. El

amor

es eltema mater de la literatura portuguesa, y la propia epopeya nacional Os Luziadas fué

creada por el

«amor

do ninho seu paterno».Es poreso quelos

portugue-sesson todos poetasen la edad juvenil,en lasilusiones de lavida;poetas y soldados

como

Camoes, Diego do Couto, Héctor da Silveira;

un

gran

número

conserva la pasión de lapoesía enlas luchas parlamentarias,

como

Garrett; en las especulaciones matemáticas,

como

José Anastasio

da Cunha; en

medio

de los trabajosanatómicos,

como

Soares Franco; y

hasta en elbanco de ministro. Inglaterra, bajo su utilitarismo salvaje,

no comprendiendo laexistencia de

una

naciónde poetas, llamó á

Por-tugal una nación despreciable (i).

Esos caracteres de

un

sentimiento amoroso, nostálgico, patriótico, los

vemos

por igual en Portugalque en Galicia, por lo

mismo

que

des-cubrimos en

uno

y otro pueblo las identidades étnicas. Hablando de la

invasiónromana, elgranhistoriador

Mommsen

afirmala independencia

de lasregiones centralesdelNorte y Oeste dela Península,que no acep-taron el

yugo

de laslegiones, mostrándose absolutamente refractarias á

la civilizaciónyal dominio del invasor. Esto explícase atendiendo al

di-verso grado decultura de los pueblos hispanos. Mientraslos levantinos

poseían una regular civilización

vinculada por la permanencia en su

territoriode puebloscultos,

como

ellenicio, quepor espacio de 500años

habitóel Oriente peninsular echandolos gérmenes del muoicipalismo,

que,

como

dice Renán, constituyendo la base de sociedades ulteriores,

tan extraordinaria influencia ejercería en lascostumbres políticas de la

Iberia

las rudas y numerosas poblaciones delNordeste peninsular re-sistieron

más

tenazmente la imposición dela cultura romana. Poresto

allí se conservaron las tradiciones poéticas productoras de esa

eflores-cencia lírica tan prematura que hacía considerar al

Marqués

de

Santi-llana,

aun

en el siglo xv, ágallegos y á portugueses

como

los primeros que ejercieron«este Arteque

mayor

sellama». El espíritu de resistencia contra el dominio

romano

conservalos cantos populares

como un medio

de excitar el valor.

A

más

de esto, la proximidad del foco poético de la

Aqaitania, donde la razase conservó

menos

perturbada porlas

invasio-nesárabes, hizo queen la reviviscencia de ciertas formaslíricascupiese

á Galicia y áPortugal laacción iniciadora. Y, en verdad,los Cancioneros galaico-portugueses,segúnconfesión de losfilólogosalemanes, encierran

las composiciones líricas

más

bellasde todo cuantoresta de la

Edad

me-diaen este género.

¿Cómo

se puede explicar esta belleza excepcional

sinoporuna

mayor

pureza de tradición?

(40)
(41)

IV

La

personalidad

de

Galicia

A

vanzando en elestudio de la historia,

vemos

que durante la

Re-/^

conquistaya se manifiestan los separatismos nacionales.

Ga-JL

V

^icí^ intenta varias veces sacudir el

yugo

asturiano,

como

cuandoFruela,

ayudado

por la nobleza y magnates gallegos,

destronó al hijo de Ordoño, proclamándose rey en Oviedo, y cuando

SanchoI y

Bermudo

García, rey deGalicia,reinaba enel territorio

com-prendido entre el cabo Ortegal yel

Mondego;

ytodas las anteriores y posteriores divisiones delterritorio debidas eran casi siempre á

ambi-ciones delos condesy reyesgobernadores y no áluchas derefracciones étnicas ó nacionales.

Los limites del reino de Fernando el

Magno

sehabían dilatado

ha-ciaelOccidente peninsular,conquistadassucesivamente Lamego,Vizeu,

Seiay Coimbra, Galicia, cuya frontera variaba continuamente, según

los cristianos extendían susdominios por esta parte

más

hacia el sur ó tenían que retroceder ante las armas de los sarracenos,

muchas

veces

victoriosas,dilatóse finalmente hastael

Mondego.

Coimbra, que, no sólo

porlaantigüedadygrandeza relativa, sino por ser militarmente

como

la llave del territorio encerrado entre esteúltimo ríoyelDuero, erauna

población importante,fué erigida encapital de

un

nuevo

Condado

ó dis-trito, cuyogobierno el guerreropríncipe confió á

uno

de sus

mas

bri-llantes capitanes, que así nacían los pequeñosEstados en aquellas eras,

(42)

(30)

rencores, intereses dinásticos... casi nunca inspirados por

un

ideal

na-cional; territorioscuyos limitespodían variar ácapricho de su señor sin

mengua

de la nacionalidad,queaun no estabaafirmada por

un

ideal y por

un

patriotismo.

Antes de esa época, Galicia—bien

cómo

las

demás

provincias de la

antigua monarquía leonesa—estaba regidapor diversos condes, cuyos

territoriosvariaban de extensión.

Unas

veces esos condes tenían bajo

suautoridad

más

de

un

distrito; otras, estaban sujetos á

un

conde su-perior ó á

un

virrey. Entre esos gobiernos es donde á mediados del

sigloXI aparece el

Condado

Portucalense. Así

como

Coimbraera la po^ blación

más

importante sobre el Mondego, Portucale, situada junto al

Duero, era cabeza yprincipal población de

un

territorio que abarcabaal

norte

una

parte del litoral de la

moderna

provincia portuguesa del

Miño, yal surlas tierras que hasta el

Vouga

se habían sucesivamente conquistado. Sesnandoó Sisenando, hijode David, rico muzárabe de la

que hoy llamamos provincia de la Beira, señor de Teutugal y de otras

tierras enterritorio conimbricense, había sidointroducido enla cortede

Sevilla en tiempo de Ibn-Abbad, y por sus talentos é importantes servi-ciosalpríncipesarracenollegó áocuparelcargodevivir en eldiwan,esto

es, de ministro ó

miembro

del

supremo

consejo del emir, que lo

distin-guía perfectamente entre susconsejeros. Sesnando era temido en las

guerras contralos enemigos de Ibn-Abbad, porque en sus empresas

guerreras siempre le

acompañaba

la victoria. Ignórase el motivo por

que abandonó al emirde Sevilla para entrar al servicio del rey

Fernan-do; pero su proceder posterior indica que alguna grave ofensa le ha-brían inferidolos sarracenos. Admitidoen la corte del rey de

León

y de

Castilla,logró convenceral

monarca

de lasventajas que obtendría

inva-diendo el Occidente dela antiguaLusitania. El resultadode la invasión

justificó las previsiones de Sesnando, y el rey de

León

retribuyó el

buen

servicioque el muzárabe le había prestado, dándole el gobierno de

un

distrito constituido con las nuevas conquistas ycon la tierra por-tucalesa del surdel Duero.

Los hijos de Fernando el

Magno

se dividieron el reinopor volun-tad de su padre, cabiendo á D. García, Galiciay Portugal, junto con los territorios recién conquistados á los

moros

entre el Duero y el

Monde-go.

Con

el

nombre

de Portucalense ya era antes conocida esta tierra,

origen de la naciónlusitana y su principal foco (i). Sublevándose los

noblesportugueses y gallegos contra el carácter irascible, inconstante

yfácil de D. García, al recurrirlosprimerosal auxilio delreyde León,

que se incorporó Portugal, quedaron

momentáneamente

separados Portugaly Galicia.

Desdefines de 1093, ^ principios de 1094,

vemos

aludido el conde

Raimundo

de Borgogne, casado con D.'Urraca,

dominando

la Galicia y

el territorio lusitano norte hastaCoimbra.

Y

en documentos deesa

(43)

(30

ca consta que su soberanía,dependiente de D. Alfonso VI de León, se

extendía por todo el territorio galaico y lusitano hasta aquel entonces conquistado.

Integrando Galicia, hasta aquella data, el territorio denominado en

documentos y crónicasde los siglos xiy xii, Porlucale, Terra

portucalen-sis, comienza entonces á figurar

como

provincia distinta,

aunque

en lo

sucesivo variaran suslímites.

Y

cuandoelreyGarcíagobernaba Galicia, este reino llegaba hasta el

Mondego,

dividido en condados sometidos.

El conde borgoñón D. Henriques, casado con la infanta D.* Teresa, hija

del rey deLeón,lanzólosfundamentosdelnuevo Estado. Muerto el

con-de gobernador, D.'*^ Teresa se proclamó reina de la naciente

nacionali-dad, extendiendo su territoriocon la conquista de los distritos de

Tuy

y Orense; pero hastalas proezas de suhijo Alfonso Henriqu-es no se

ci-mentó

sobre bases duraderas elhecho de la organización política.

Cuando

laviuda delconde borgoñón D. Henriques, la infanta doña

Teresa, quisosolidar la independencia déla naciente nacionalidad,

ex-tendía hacia el nortesus dominios, rindiéndole vasallaje los pueblos de

más

allá de Orense; ysi lasincursiones de los

moros

al sur no hubieran

distraído de Galicia sus fuerzas, seguramentelasfronteras delnuevo

Es-tado hubieran ultrapasado en

mucho

las fronteras del Miño.

En

una magnífica lápida de

mármol

blanco empotrada encima de la

puerta de comunicación con el recinto interior del poético castillo de Almourol, léese unainscripciónlatina que dice:

EN

LA

ERA

DE

1209

1171

DE LA

ERA

DE

J.

C.—

EL

MAESTRE

GUALDIM

DE BRAGA,

QUE

ES

CABEZA

DE

GALICIA,

EDIFICÓ

EL

CASTILLO DE

ALMOUROL

CON

LOS

CABALLEROS

SUS

HERMANOS

Dedúcese de esto que en aquel tiempo, Braga, ciudadlusitana, era

considerada cabeza de Galicia, capitalde aquel extensoterritorio;lo que

demuestralaidentidadterritorial entre GaliciayLusitania para los

efec-tos políticos y eclesiásticos.

Lastradiciones y cantospopulares del

Miño—

Norte de Portugal

complétanse por elestudio simultáneo y comparativo de las tradiciones

de la región asturo-galaico-portuguesa, asuhstractum—

como

dice Teófilo

Braga

de una nacionalidad que se extendía por la orla marítima del

oeste y queabrazó la Beiraportuguesa».

La primitiva unidad territorial de los pueblos gallegosylusitanos

(44)

galai-(32)

eos álos lusitanos.

Cuando

el

Marqués

de Santillana consideraba á

ga-llegos yportugueses los primerosque ejercieron enEspañael arte pro-venzal de trovar, mal sabía queesa región pertenecía á aquel elemento

étnico que creóel lirismo trovadoresco. Desde 863 existía Galicia

como

condado independiente, luchando tenaz por su autonomía contra la

anexiónleonesa en885, que deshizo al cabo de veinticinco años de

lu-cha, para caer

más

tarde en la unidad con los

demás

Estados

peninsula-res de occidente, sofocada la revuelta separatista del981,

Más,

mucho

más, podría acrecentar sobre este asunto, y suplan

mi

falta de erudición los concienzudos trabajos de Teófilo Braga,

Her-culano, Oliveira Martins, Masdeu, Lafuente, Mariana, Fita y otros, que

podránconsultar con provecho aquellos queal invectivarme

demostra-ron la

más

supina ignorancia sobre cuestiones que merecen

más

bien

atento estudio y que es ley exijamos á los que con la

mayor

desapren-sión levantan cátedra de doctores.

Son

tantosloshechos históricoscomprobativos de esa identidad

ét-nica, de esa

comunidad

moral entre gallegos y portugueses, que es

puerilidad, ignorancia ó mala fe

impugnar

modernamente

aquellas doctrinas quereconocenuna verdad elemental y que consagran la histo-ria ylaciencia.

En

España se abren paso

modernamente

lasteoríasnacionalistas

si-guiendola orientación generaldeEuropa; y, ápesar de los cien años de

centralismoque han sufrido los pueblos hispanos, es vivo el

naciona-lismo decatalanes, castellanos, vascos y gallegos. Esa doctrina de las

nacionalidades ha detriunfar en elporvenir.

Epilogando esas desaliñadas consideraciones, repetirélo que sobre

la patria portuguesa escribí en1905 para

mi

Iberisme, bastante antesdel

incidenteprovocado por laconferencia delRealInstituto deLisboa. «Los rencores de los

hombres—

decía

han mutilado la

más

hermosa de las

nacionalidades peninsulares: el pueblo portuguésyel pueblo gallego no

sonotra cosa, en suactual situación,que dos entidades artificiales,hijas

de una

misma

entidad étnica, filológica é histórica.

Hoy

Galicia repara

en su personalidad, ytiene

un

historiador, el malaventurado Murguia;

tiene

un

poeta, Curros Enriquez; tiene

un

gramático, Antonio de la Iglesia; tiene

un

crítico, Augusto Besada; entrevé el hermoso

resurgi-mientodel espíritu regional que defendía Brañas: regionalismo alque

no faltabanenemigos para templarle en la lucha: elantirregionalismo

del ejércitoacaudilladopor Vidard, Zancada, Arévalo, Neira y otros.

Quien recorra Galicia yconozca la región portuguesa llamada

mi-nota, creerá encontrarse en

un

país de idéntico territorio y entre la

misma

gente. Portugal y Galicia forman una sola nacionalidad bien

ca-racterística: el primero resistiendo siempre á laincorporación leonesa,

navarra y castellana; la segunda conservando en elinfortunio los

carac-teresde supersonalidad; en una y otra, la persistencia de la propia

fi-sionomía, elinstintivo

amor

á la nacionalidad:

amor

que en Portugal ha

(45)

NUNO

GoNgALVES

PANEL

DEL INFANTE

(restaurado)

(46)
(47)

(33)

gloriosa yuna aspiración actual en el deseo de autonomíaregional.

En

la remodelación política de la Iberia, Portugal y Galiciaformarán

fatal-mente

unanacionalidad indivisa.»

Esa soluciónfataldesmorona el sistema unitario ycentralizador que

sufrimos en España, ysus corifeos no se

amagan

de contrariar aquélla

de una

madera

ostensible.La proclamaciónrecientedelaRepública Por-tuguesa constituye

un

verdadero avance en el camino de las

reivindi-caciones ibéricas. La increíble rareza es queaquí sonlos partidos

libe-rales yalgunos núcleos republicanos los quecon

más

saña

combaten

la

teoríade las nacionalidades hispanas, sinverqueinutilizantodarealidad

de susideales enla monarquíaó enla repúblicaluchando contrala

hos-tilidad de los nacionalismos ibéricosá los que niegan satisfacción en

un

nuevo régimenprogresivo. El espíritu centralista español, aferrado á la

unidad católico-monárquica, combatirásiempre cualquier solución

po-lítica ibérica que definan o quieranimponerlos núcleos nacionales

cata-lanes ó portugueses, porque éstos, por la virtualidad de sus

autono-mismos, tenderían forzosamentehacia

una

soluciónfederalista.

Hace poco tiempo, alproclamarlas Cortes constituyentes lusitanas

la República que implantó la revolución del 5 de Octubre de 1910,

cuando se preparaba entierras de Galicia

un

movimiento sedicioso de

los escasos partidarios de losBraganzas, unperiódicomadrileño, órgano

del partido liberal español, y tan ministerial

como

La Mañana, escribía

que para cumplirse elideal de Teófilo Braga, publicado en The Times,

y que consiste «en unafederación ibérica de cuatroó cinco repúblicas,

basadas enlas divisiones de raza,y unadelas cualessería Portugal con

Galicia», el aludido diario monárquico-liberaldecía que «elideal del

pa-cífico filósofo puede

ser—

será—alrevés, seguramente;y,

donde

se lee

Portugal con Galicia, debe leerse Galicia con Portugal, ysin el gorro

frigio,que no aconsejan las circunstanciasy que rechaza la estética».Es decir,

una

nueva manifestación del atavismo hegemónico y absorbente de la política castellana, tan opuesta al criterio liberal, pimargalliano, de la opinión de Cataluña.

(48)
(49)

Identidad

artística

La

peculiarvélase en todosetaogénialosdelaspectospueblode su vidaportugués,social,tan trasciende áacentuada, re-las

é

costumbres ycarateriza su arte.

Y

esacaracterística,que se manifiesta

aún

vigorosa en

nues-tros días ápesar de las intensas relaciones históricas y de reciprocidad

espiritual entrelos pueblos de la Península hispana, y

aún

entre los

fo-cos dela civilización occidental latina, constituye la

suprema

razón de

laautonomía dela patrialusa.

En

lo político, Portugal ha desarrollado á través de los siglos su bien definida misión histórica;yaquel pueblo de navegadores, de

civi-lizadores, ha contribuido ála cultura de la

humanidad

de una

manera

preclara.

Solamente en el

campo

nobilísimo del arte parecía

como

siel

tem-peramento lusitano nada hubiera creado de propio, nutriéndose de la

influencia y dictadura de las escuelas extranjeras.

Y

era tanto

más

de extrañar esafalta de personalidad artística de los lusitanos, cuando,

re-conocida la existencia del temperamento peculiar de la raza, no

im-primió ésta

un

cuño característicoen el arte nacional. Era voz corriente

queel arte portuguésno habíaformado una escuela propia.

Y

más

con-firmaba esa creenciael no coexistir—en el

momento

ascensional del

es-píritu portugués

con la nacionalización poética del alma épicade

Ca-móes

y del teatro popular de Gil Vicente una escuela primitiva de

(50)

(36)

arte cincocentista, la época áurea de las faustosidades manuelinas. Para losque consideraron Portugal, la civilización portuguesa,

un

nuevo episodiode la civilización española, así

como

para los que

creye-ron Cataluña, la civilización catalana,

un

prolongamiento ó

una

fase

más

ó

menos

interesante de la misma;para todosesos,laexistencia

autó-noma

de las escuelas de arte catalana y lusa les descubre un

campo

extensopara lainvestigación histórica. Esa injusta incorporación delas específicasculturas portuguesa ycatalana enla genéricaespañola, sin

dar gloriaá España, ha contribuido á que quedara oculta unaparte

in-signe delpatrimonio artístico peninsular, ha desviado la atenciónde

los críticos,

sembrando

de confusiones la historia, y ha dado ocasión á

que se perpetraranverdaderos despojos.

Cataluña, alverrenacer

modernamente

su civilización, ha

reivin-dicado enlo espiritual yen lopolíticoelalto relievede su personalidad.

Del arte españolha desglosado loslegítimos esplendores de su escuela,

de sutemperamento estético. Portugal empieza ahora ádesentrañar la

característica de su genio nacional, en el arte, de la síntesis artística

constituida por la historiageneral española.

En

una

carta que elilustre crítico José de Figueiredo dirigió, en

Abril de 1910, al añorado sabio ylaborioso Dr. Sousa Viterbo,

comen-taba asi eseprofundotema:

«No hay

duda

que el territorio español está lejos de poseer

un

clima y

una

vegetación uniformes.

Más

de una vez y

demorada-mente

hemos

recorrido sus diferentes provincias, desde el extremo

norteal extremosur,y

hemos

constatado

como

susregiones son

relativa-mente variadas. Pero, desde que

pongamos

de parte Galicia, que no es

otracosaquelaprolongacióndenuestroMiño,lacostamediterránea que, por lo

menos

enparte, es lacontinuación de la Provenza francesa y su región pirenaica,quese íunde en laregiónlimítrofe de esteúltimopaís,

llegamos á la conclusión de que su carácter general es

aproximada-mente

el

mismo. Dada

laresignación del gallego y la indiferencia del basco, sólo el catalán vive en

una

verdadera paz

armada

conel

caste-llanodominador.

»EnPortugal, la diferenciación es casi nula.Pueblo

más

pequeño y

poblado por razas idénticas, el

hombre

del sur yel del norte

fundié-ronseligadospor los

mismos

interesesypor la

misma

aspiración de

in-dependencia queloshizo fraternizaren AljubarrotayMontes-Claros.

»Y, noobstante, la influencia climatérica es de talimportancia en

la evolucióndel arte, y especialmente de lapintura, que nuestro

mo-vimiento pictural primitivo del surdel país distingüese enlatonalidad del norte. Los paneles delas escuelas dela Beira-Alta son

más

oscuros, del verde profundo de los pinares y castaños, y del verde suave del

musgo;

mientras quelosalemtejanos son

más

clarosy dorados, del

ru-biode lasmiesesy del tono amarillento de los vastos

campos

en que el

(51)

(37)

se manifiesta la distinción de una yotra escuela, distinción

más

superfi-cial que la que separaba lasescuelas de las diferentes regiones

españo-las, en tanto el arte del Renacimiento no lo niveló todo con sus cánones

asfixiantes. Hasta mediados del siglo xvi, las escuelas españolas eran

casi tantas

como

las provincias, siendo relativamente característicasla

Aragonesa, la Castellana y laCatalana.»

Está por hacerlahistoria del arte portugués.

El trabajo previode inventariarla riqueza artísticanacional,siesya

muy

valioso, dista

mucho

de constituir unabase sólida ycompleta. Las

monografías y estudios de críticostan notables

como

Joaquín de

Vascon-cellos, Sousa Viterbo,

Ramalho

Ortigáo, José de Queiroz, Raczynski, José de Figueiredo,

Braancamp

Freiré, Coelho de Carvalho, Vieira Natividade, y algunos otros, con ser

un

repositorio precioso, no repre-sentan, ni de

mucho,

los materiales definitivospara la gran historia

ge-neral delarte luso. Reivindican, todo lo más, la personalidad artística

dePortugal, desglosándola gloriosamente de lahistoriaespañola. Trans-parentase en esos trabajos aislados toda la grandeza de una escuela

primitiva, todo

un

desarrollo ininterrumpido de

un

marcado

tempera-mento

nacional. Incorpórase á Portugalel prestigiode

nombres

ilustres

que Españase había indebidamente apropiado. Resucítase la historia

artística portuguesa, definiéndola

como un

todo homogéneo, vivido, fruto del genio creador de la occidental nación ibérica.

De

todosesos trabajos de investigación yde críticadestácase, porla

trascendencia de suscasi definitivas conclusiones, el que

mi

querido

amigoJosé de Figueiredo acaba de publicar sobre el pintor portugués

Nuno

GoDQalves, su obra y su época. La magistral monografía del

jo-ven director del

Museo

de Arte Antiguo de Lisboa, revela, no sólo la

existencia de una escuela de pintura lusitana en el siglo xv, sino la

grandeza incomparable que enla obrade

Nuno

Gongalvesalcanzóelarte

portugués, de tal manera, que sólo acreditando en precedentes de

es-cuela nos la explicamos; y precedentes genuinospor cierto, pues el

na-turalismo de

Nuno

Gon§alves, libertado de la influencia van-eyckiana,

nacionaliza brillantementemente la pintura portuguesa de la época, fruto del

temperamento

especial de la raza lusa. Rectifícase así la

opinión de quelosprimitivos portugueses eran una variante poco

afor-tunada de la escuelañamenca.

El hecho de acentuarse la tendencia serena y luminosa del

natura-lismo portugués de los siglos xv y xvi hacia unaadhesión ála escuela

de

Van

Eyck, sin que vengaá destruir, es claro, lainfluencia bizantina y

giottesca en lospredecesores de

Nuno

Gon9alves, indica, á

mi

ver, una

identidadafectiva de temperamento, ambiente social y

medio

físico

en-tre portugueses yflamencos, de talmanera, que aquéllos, apartándose de la visión artística torturada y lúgubre, de colorido brillante y

desar-mónico, de laescuela castellana, en la flamenca, plácida y suave, lumi-nosa é idílica, encontraban lagenuina adaptación de su temperamento.

(52)

(38)

Y

ese

temperamento

lusitanoestátanvivamente en el espíritu de

la raza, que, cuando se encarna en Velázquez, irrompe victorioso de los

precedentes étnicos adoptivos (Velázquez era portugués nacido en

Es-paña), y revela en su obra todo elancestralismo lusitano, de tal

modo

inadaptable altemperamento castellano, que la escuelavelazquiana no tieneaquí continuadores.Eselcasodelportugués Sanches Coelho,

tam-bién.

Y

ha de ser en Cataluña—gracias á la paridad del temperamento

nacional catalán conelportugués, depronunciado ancestralismoligúrico

que Velázquez vese notablemente comprendido en Viladomat.

Como

ya antes, enlos primitivos, esa casiidentidad en elgenio artístico hizo

que coincidieran portugueses ycatalanes enla aproximación ála

escue-laflamenca, caracterizada entre nosotros por Dalmau.

Y

unaparticularidad singularísima, queacentúaJosé de Figueiredo en su libro

O

Pintor

Nuno

GoNgALVES, y que proclama la unidad espi-ritual de gallegosy portugueses, esla de que «la pintura primitiva

por-tuguesa evolucionó, primeramente á travésdela gallega, ó, mejor,

con-juntamente con ella, bajo la influencia bizantina, influyendo aún en

nuestra pintura hasta mediados delsiglo xv, y simultáneamente con

aquélla, sus derivadas francesa é italiana, y en especial, desde ñnesdel

siglo XIV, las escuelassienenseyflorentina.Después,á partir delavenida de Juan

Van

Eyck

á Portugal, al acabar el primer tercio del siglo xv, nuestros artistas comienzan áfijarse enla escuela flamenca, pero ésta sóloinfluye decisivamente desde finesde ese siglo».

Sobrelaidentidad originaria del arte luso-gallego, José de

Figuei-redo hace notabilísimoscomentarios en el capítulo tercero desu libro. Esa doctrina dela irmandad delarte gallego y portugués desde el

periodo gótico, ha sido posteriormente confirmada por la autorizada

opinión de

Manuel

Murguía, elgran historiador, y Eladio Arce, el sabio

arqueólogo. El propioJoséFigueiredo se complace en insistir sobre ese

punto.

De

la carta mencionada dirigida por el autor al Dr. Sousa

Viterbo, destacamosestos períodos:

aEn

mi

libro

O

Pintor

Nuno

Gon^alves, procuré acentuar bien la

unidad de Galicia y Portugal. Para quien conozcaáíondo el territorio

de

una

yotra orilla del Miño, esas regionesno son sino partes

compo-nentesdel

mismo

todo. Laraza gallega yla portuguesa delasprovincias

limítroíes,es indudablementela misma, con las

mismas

costumbres y la

misma

lengua,

aunque

algo deformada, desde elsiglo xv, porla

influen-cia delcastellano.

Y

la orografía yel clima son también exactamente

iguales. Reclus, que es autoridad enel asunto y estáfuera de cualquier

sospecha, asi lo proclama.

)»La comunidad de vida aun hoy se mantiene,y en épocas remotas

no había portugués de pro que nofuera, una vez al menos, hasta

San-tiago, devisita al túmulo del Apóstol compostelano. El proverbio

po-pular lo confirma diciendo

«quem

ali nao fosse

em

vida, lá iría

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