Por Rubén Álvarez- Alcance Izcalli.
ESTUDIANDO LA CARTA A LOS ROMANOS
Por: Rubén Álvarez
ROMANOS 7
“Libres de la ley”
Introducción.
En el capítulo anterior comparábamos al hombre viejo viciado con deseos engañosos, el cual tiene iniquidades y concupiscencias, las cuales dan como resultado el pecado. Pero el hombre nuevo no peca, nos dice la Palabra de Dios. Por lo anterior es vital para todos nosotros, darle vida a ese hombre nuevo, creado por Dios, y hacer morir al hombre viejo.
Así que veamos como termina Pablo el capítulo 6 para introducir un nuevo tema: “Como vivir siendo libres de la ley”. Pablo disertaba sobre la posibilidad de que algunos interpretaran esta libertad de la ley como una ocasión entonces para pecar y pecar, ya que de todas formas la gracia sobreabunda donde hay pecado.
¿Es posible vivir despreocupados de la ley?
¿Es posible vivir rectamente sin conocer la ley?
¿Es posible tener una vida santa sin tomar en cuanta a la ley escrita? Desarrollo:
1. Libres del Señorío de la Ley
Romanos 6: 22 – 7: 6 “Mas ahora que habéis sido libertados del
pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la
santificación, y como fin, la vida eterna.
23Porque la paga del pecado
es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor
nuestro.
Analogía tomada del matrimonio
1
¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la
ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?
2
Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste
vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.
3
Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada
adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera
que si se uniere a otro marido, no será adúltera.
4
Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley
mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó
de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
5Porque
mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran
por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.
6
Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en
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que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo
del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”
a). “Dios me pide Santidad pero no me ha dado la fuerza de Voluntad para vencer al pecado” Esta es una de las creencias más equivocadas pero de las más arraigadas. No, no se expresa, nadie la declara, pero es una realidad de vida en muchos creyentes.
Muchos cristianos viven frustrados, con la cabeza agachada, debido a su incapacidad de vencer sobre el pecado. Creo que lo que el apóstol Pablo escribió aquí es para ellos. Hoy van a salir de aquí con nuevas perspectivas, con una nueva esperanza.
Quisiera que notáramos algo de los últimos versos del capítulo 6. Dios ha provisto para ti para:
1. Liberarte del pecado 2. Hacerte siervo de Dios 3. Fruto de Santificación 4. Destino: La Vida Eterna
El destino del pecado es la muerte, pero Dios ha provisto para ti a Cristo Jesús para que tu destino sea diferente. Así que no es verdad que Dios exija santidad pero sin proveer para ello. El grave problema de muchos cristianos es que entienden muy bien que la Voluntad de Dios es nuestra Santificación pero no echan mano de Su provisión sino que persisten una y otra vez en intentar por sus propios medios, capacidades y fuerza de voluntad lograrlo. El resultado es frustrante y avergonzador.
b). Libres de la ley para servir en un nuevo régimen del Espíritu. El apóstol Pablo hace una comparación con el matrimonio, a través del cual las personas de propia voluntad quedan vinculadas, bajo una ley que no puede romperse. Pero una vez que una de las partes muere, la otra queda en libertad para casarse otra vez.
Pablo dice que nosotros, como seres humanos hemos estado ligados a la ley, a un régimen de obedecer a la letra escrita. Pero Pablo dice que también quienes hemos creído en Jesús hemos muerto a la ley por su cuerpo muerto, pero levantados para otro servicio de quien lo resucitó de los muertos, esto es el Espíritu Santo, de quien podemos llevar abundante fruto: nuestra Santificación.
Así que mientras que no muramos para la ley sino que persistamos en vivir bajo su dominio, será imposible dar el fruto de Santidad. Es necesario morir a la ley para levantarnos por el Espíritu de Dios.
Ahora entonces empezamos a descubrir cual es la provisión de Dios para Santidad, si lo has encontrado: El Espíritu Santo de Dios. Dios es nuestro proveedor, no hay duda de ello. Nos ha provisto de Cordero, para llevar los pecados de todos nosotros. Dios ha provisto de Salvación para todos nosotros por medio la obra del sacrificio de Su Hijo Jesucristo. Su sangre nos redime, nos perdona, nos justifica, nos limpia y finalmente nos aparta para el Reino de Dios. Pero ahora descubrimos una nueva provisión extraordinaria: El Espíritu Santo de Dios en quien podemos llevar fruto de Santidad para Dios.
c). ¿Entonces la ley de Dios no es una provisión de Dios? Claro que sí, la ley es una provisión de Dios pero no para los santos sino para los pecadores, a fin de que pudieran darse cuenta de sus costumbres y hábitos incorrectos, para que pudieran modificarlos y entonces tener un estilo de vida diferente. El pueblo de Israel fue el
Por Rubén Álvarez- Alcance Izcalli. depositario de esta provisión de Dios por la cual ellos se sintieron muy orgullosos, aunque en ningún momento aquella ley pudo hacerles santos.
Miremos lo que nos dice la Palabra de Dios:
1 Timoteo 1: 8 “Pero
sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente;
9
conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los
transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los
irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los
homicidas,
10para los fornicarios, para los sodomitas, para los
secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se
oponga a la sana doctrina,
11según el glorioso evangelio del Dios
bendito, que a mí me ha sido encomendado”
Como podrás darte cuenta la ley es buena, fue dada para que nos fuera bien, para siguiéndola la gente tuviera decisiones correctas. La ley no dice todo lo que es incorrecto, pero originalmente no fue dada al hombre, sino a causa de tanta maldad que se desarrolló en el corazón. Cuando el hombre conoció el mal entonces empezó a adentrarse en ese conocimiento, por ello Dios le dio una guía para poder detectar lo malo y diferenciarlo de lo bueno.
2. Vendidos al pecado.
Romanos 7: 7 “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna
manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco
conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.
8Mas el pecado,
tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia;
porque sin la ley el pecado está muerto.
9Y yo sin la ley vivía en un
tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.
10Y
hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó
para muerte;
11porque el pecado, tomando ocasión por el
mandamiento, me engañó, y por él me mató.
12De manera que la ley a
la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
13
¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna
manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la
muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el
mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.
14
Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido
al pecado.
15Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que
quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
16Y si lo que no quiero, esto
hago, apruebo que la ley es buena.
17De manera que ya no soy yo
quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
18Y yo sé que en
mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está
en mí, pero no el hacerlo.
19Porque no hago el bien que quiero, sino el
mal que no quiero, eso hago.
20Y si hago lo que no quiero, ya no lo
hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21
Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal
está en mí.
22Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de
Dios;
23pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley
de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en
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mis miembros.
24¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de
muerte?
25Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que,
yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley
del pecado”
a). La ley es buena pero ineficaz. Todo lo que dice la ley de Dios es para nuestro provecho, es para que vayamos hacia delante y no para atrás. Quien sigue la ley de Dios aunque sea parcialmente descubrirá grandes beneficios en su vida, al menos en aquellas áreas donde las haya puesto en práctica. No obstante la ley, aunque es buena no pudo producir fruto de santidad entre la gente, sino por el contrario, el conocimiento del bien y del mal trae como consecuencia la muerte.
Todo el Salmo 119 canta sobre lo buena que la ley de Dios es, y en efecto quien siga aquella ley al pie de la letra sería una persona extraordinaria, pero encontramos un grave problema, que ningún nacido de hombre ha podido cumplirla porque existe un problema en el hombre: Está vendido al pecado.
b). Haciendo lo que no queremos. Creo que ningún cristiano podría decir que alguna parte de la ley de Dios no tiene sentido o es anacrónica. Todos comprendemos que Dios tiene mucha mayor sabiduría que nosotros, así que confiamos en la supremacía de esa ley. Pero el reconocer su supremacía no garantiza en ningún momento que se cumpla, porque no depende nuestra razón solamente, sino de nuestra naturaleza.
Entonces encontramos que queremos hacer lo correcto pero en realidad hacemos lo que aborrecemos y entonces ello produce mayor frustración. Encontramos entonces una ley: El mal habita en mí, ni para que echarle la culpa a las circunstancias ni a los demás. Mientras ese mal habite en el interior, no habrá posibilidad de tener éxito en la vida cristiana.
Aquí encontramos una gran diferencia entre justos e impíos. El justo quizá cae muchas veces, aún en el mismo problema, pero se siente muy mal por ello. El Espíritu de Dios le está redarguyendo, impulsándole a un cambio mayor. El que no cree, al impío le da lo mismo pecar que no hacerlo.
Quizá muchos de nosotros hemos experimentado en alguna área de nuestras vidas la frustración de no poder hacer lo correcto. Hemos encontrado que aunque recocemos que la Palabra de Dios es verdadera, de todas formas el pecado que vive en nosotros nos lleva a hacer lo incorrecto y ello nos frustra.
c). Miserable de mí. Entonces Pablo llega a un punto en donde se da cuenta que no hay forma de lograr un cambio contundente, pues la naturaleza de pecado en la cual fuimos engendrados nos lleva una y otra vez a hacer lo incorrecto. Pablo lo expresa con frustración y desesperación: “Miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo vendido al pecado?
Jesús dijo en su sermón del monte: “Bienaventurados los que lloran porque recibirán consolación”. Y es que quien ha experimentado esta frustración de no poder salir delante de sus propios gustos, iniquidades y concupiscencias; llora pidiendo de Dios una respuesta. ¿Cómo puedo lograr el cambio que quiero?
Sabemos que Dios pone el querer, pero también el hacer. Obviamente primero viene el querer, después viene su dádiva maravillosa, su provisión magistral, para
Por Rubén Álvarez- Alcance Izcalli. poder hacer lo que queremos hacer, para poder extirpar al pecado y salir de la ley para vivir en el Espíritu.
d). La Vida en el Espíritu.
Juan 14: 23 “Respondió Jesús y le dijo: El
que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos
a él, y haremos morada con él.
24El que no me ama, no guarda mis
palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que
me envió.
25
Os he dicho estas cosas estando con vosotros.
26Mas el
Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre,
él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he
dicho”
Es verdad que dentro de nosotros ha vivido el pecado durante muchos años. Pero tenemos una promesa de Jesús, de que tanto el Padre como Él mismo vendrían y harían su morada en nosotros. Es decir sería quitado el pecado de nuestro interior para ahora ser habitado por Dios por medio de Su Espíritu Santo. El Espíritu de Dios entonces producirá otro tipo de comportamiento de manera natural, una renovación de todas las cosas, una verdadera transformación.
Gálatas 5: 13 “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis
llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la
carne, sino servíos por amor los unos a los otros.
14Porque toda la ley
en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
15
Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no
os consumáis unos a otros.
Las obras de la carne y el fruto del Espíritu
16
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de
la carne.
17Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del
Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no
hagáis lo que quisiereis.
18Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis
bajo la ley.
19Y manifiestas son las obras de la carne, que son:
adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
20idolatría, hechicerías,
enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
21
envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a
estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes,
que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
22Mas
el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe,
23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”
Es por eso que sí, si se puede vivir una vida de santidad sin necesidad de estar al tanto de la ley. Podríamos ser totalmente ignorantes de lo que la ley dice, si esto o aquello es bueno o malo. El primero hombre quiso aprender que era lo malo, no tenía ninguna necesidad de hacerlo. Era bueno por naturaleza, pero querer conocer lo malo engendra muerte.
En cambio cuando el Espíritu de Dios está en el interior de una persona, cuando el Espíritu de Dios dirige, cuando guía, entonces el mismo es la ley de Dios
Por Rubén Álvarez- Alcance Izcalli. escrita en nuestra mente y corazón. Nuestro funcionamiento cambia. Antes hacíamos lo incorrecto de manera natural, y hacer lo bueno, lo que Dios dice, se dificultaba enormemente, pero ahora, con el Espíritu de Dios viviendo en nosotros, ¿para qué saber del mal?
Si el Espíritu de Dios vive en ti entonces el Amor de Dios estará en ti y cumplirás toda la ley, pues la ley se reduce a dos mandamientos: Ama a Dios con toda tu mente y corazón, y a tu prójimo como a ti mismo.
Me disgusta muchísimo tanta gente cristiana que siempre enseña lo que está mal, esto es malo no lo hagas, esto y aquello está prohibido por Dios. Eso está bien para quienes no quieren creer, pero para quien tiene al Espíritu de Dios viviendo en él,
¿para qué le sirve?. Veamos lo que produce el Espíritu de Dios en ti: Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; y dice la Palabra de Dios que no hay ley en contra de aquel fruto.
Ministración.
Mira tengo una propuesta para ti esta noche. Deja tu frustración, deja de intentar con tu fuerza de voluntad. Mejor ven a la provisión de Dios para tu vida, ven corre a Su Espíritu Santo y pídele perdón por menospreciarlo creyendo que podías solo.
Deja de atender a tantas enseñanzas de lo bueno y lo malo, ya no comas de ese árbol, te propongo que vengas y comas del árbol de la vida. El Camino para dicho árbol fue abierto, Jesús es el Camino que lleva a la Vida. Ven y como del árbol de la vida por el Espíritu de Dios y desecha tus propias fuerzas, tus propias ideas, tus propias costumbres.
Dios ha provisto para ti. Ven y corre a tu provisión.