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TABLIEGA

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Academic year: 2020

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Tabliega, apellidada a veces de Losa y antaño conocida como Abadía de Tabliega –como dice Madoz–, es una pequeña población que se localiza en el extremo septentrional de la provin-cia de Burgos, a 9 km de Medina de Pomar en dirección norte. Ubicada en el extremo más occidental del Valle de Losa, su menguado caserío se asienta en el fondo de un vallejo de ten-didas laderas cubiertas de encinas que delimitan un estrecho espacio dedicado al cultivo y arti-culado en pequeñas parcelas. Su iglesia parroquial de San Andrés se halla ligeramente aparta-da del casco urbano, en su extremo oriental.

Aunque desconocida, la fundación del lugar bien pudo hacerse durante la intensa repobla-ción que se desarrolla en toda la comarca desde fines del siglo VIII, ocupando en este caso un

lugar de cierta relevancia, junto a las salinas de Ruipio. Pero no será hasta comienzos del siglo

XI cuando aparece una primera referencia, en un documento en el que el presbítero Martín

–“preste” dice el texto, palabra que se ha tomado como su apellido– y sus hermanos Flavio y Tello, donaban al abad Íñigo (o Eneco) de Oña “la nuestra casa que es en aquel logar que los omes de la tierra llaman Tabliega Diaz, fecha en nombre de los Sanctos Sant Andres, apostol, e los otros Sanctos sin cuenta e de San Peiro e de Sant Bartholome e de todos los otros Sanctos, de los quales son y reliquias condessadas”. Su fecha exacta ha sido muy controvertida, interpre-tándola López Rojo y Villasante como 1023, Oceja 1032, del Álamo 1037, Aldea y colabora-dores 1071, Argáiz 1082 y otros autores de forma indistinta –y muchas veces contradictoria–, aunque casi siempre oscilando entre las dos primeras. En realidad el documento se conoce por una copia del siglo XVIy se data en la era hispánica, en la de “mill e sesenta e un años” para unos,

y en la de “mil e setaenta años”, para otros, apostillándose que era entonces “reynante el rey don Fernando en Leon e en Castilla, e su hermano don Garzia, en Nagera e en Castilla Uieja”. La última data, correspondiente a 1032, es sin duda la más aceptada, pero de todos los autores que han recogido esta información sólo Juan del Álamo –según él mismo también Pérez de Urbel– y Nicolás López reparan en el hecho de que en 1032 ni Fernando ni García habían sucedido a

TABLIEGA

Tabliega, en torno a su antigua abadía

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su padre Sancho, ni el 14 de las kalendas de diciembre era viernes, ni San Íñigo era aún abad de Oña, circunstancias que sí se dan todas en 1037, seguramente la fecha más aceptable. Al mar-gen de las dudas de autenticidad que tales discordancias pueden mar-generar, en la donación se inclu-yen también todas las tierras, viñas, molinos, huertos, casas, vestimentas eclesiásticas, cálices, libros y muebles, con la condición de que la administración continuara a cargo de un miembro del linaje de los donantes, elegido por los propios parientes: “si clerigo ouiere que la tenga cle-rigo, y, si clerigo no ouiere, que la tenga lego, el mas onrrado que y fuere, el que escogieren entre si los parientes”. A su vez el abad de Oña adhiere a Tabliega el monasterio de Ovilla, en Mena, y varias tierras en Soba, Para de Espinosa y Valdivielso, bienes a los que en 1105 se sumará tam-bién el monasterio de San Saturnino de Covides, cuando una serie de personajes, patronos del mismo, lo entregan a Oña, pero poniéndolo bajo la jurisdicción de Tabliega: imperio Tabulatense ecclesie Sancti Andree preposito.

Resulta ser aquella carta un interesante documento que refleja el patronazgo familiar de un monasterio, una de las peculiaridades que caracterizan el monacato hispánico altomedieval. Pero quizá lo más sorprendente es que el privilegio de elegir abad dentro del mismo linaje se mantuvo largamente, y así es recordado en 1282, cuando los clérigos “et nos toda la uezindat de Sant Andres de Tabliega”, acuerdan con el abad de Oña que cuando muera el de Tabliega “que tome clerigo de nuestro llinnage aquel que el abbat de Onna entendiere que cabterna mejor el monesterio en sos derechos el que leuare el monesterio adelant que aquel que faga el abbat de Onna abbat de Tabliega, et non a otro ninguno”. En el mismo documento se especifica que si el elegido no cumple correctamente con sus obligaciones el abad oniense le deberá deponer, nombrando “otro del nuestro llinnage, aquel que entendierdes que aprouechare los bienes del logar”. Incluso cuando en las postrimerías de la Edad Media dejaría de haber aquí comunidad monástica para convertirse en abadía secular, la costumbre se mantiene.

Según Sáinz de Baranda en el siglo XVI el abad de Oña deja de elegir abad de Tabliega

para hacerlo los vecinos nobles de la merindad de Castilla Vieja y de la jurisdicción de Medi-na de Pomar, aunque en presencia y con las bendiciones del abad de San Salvador. Y todavía en el siglo XVIIIse reviven los viejos acuerdos con Oña, tal como refleja una visita episcopal

de 1729 que recoge López Rojo, donde se dice que el abad “debe ser descendiente de los fun-dadores, y natural de las siete Merindades de Castilla la Vieja, o de la villa de Espinosa o de sus barrios o aldeas, así como de la villa de Medina de Pomar”.

Durante los siglos medievales, como lugar dependiente de Oña, se benefició de los nume-rosos privilegios con que los reyes favorecieron a ese monasterio benedictino, aunque a veces el beneficio es explícito hacia Tabliega, como ocurre en un documento de 1269 en el que Alfonso X dispone que los adelantados prestameros no tomen yantares aquí ni en otros sitios de Oña que se detallan. No obstante este privilegio debía ser bastante más antiguo, pues el mismo rey extiende una confirmación en 1278 donde dice que los yantares ya no los pagaban en tiempos de Alfonso VIII (1158-1214).

De todos modos pronto los nobles entraron el liza por el dominio sobre la aldea de Tabliega y así en 1304 se conoce un privilegio de Fernando IV en el que exime a Rodrigo Fer-nández de Tovar del pago de servicios, martiniega, fonsadera y otros pechos por las posesio-nes que tenía en “el solar de mediavilla de Touiellas et el moposesio-nesterio de Tabliega, con el solar de Ladrero”, beneficio que será confirmado por Alfonso XI en 1326. No sabemos muy bien la relación que pudo tener la abadía de Tabliega con ese personaje, pues además entre ambas fechas –exactamente en 1312– consta que Oña cede vitaliciamente a Sancho Ortiz y a su mujer los solares que tenía aquí y en otros lugares, como pago del trigo y dinero que le adeu-daba. No mucho después, el Libro Becerro de las Behetríasreconoce un doble señorío, eclesiástico y laico: “este logar es del monesterio de Tabliga e de Martin Alfonso de Arniellas”.

Pertenece esta localidad a la Junta de Traslaloma, una de las seis circunscripciones en que se dividía la merindad de Losa durante el Antiguo Régimen y todavía hoy superviviente. 093. TABLIEGA 2/10/09 17:35 Página 2016

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E

L TEMPLO ACTUAL ESTÁ CONSTRUIDOa base de sillería

arenisca, con planta articulada mediante ábside semicircular –hoy rodeado por el cementerio–, presbiterio, nave de dos tramos, el primero en realidad formando un crucero, sobre el que además se eleva la torre, mientras que en el segundo se abre la portada, pre-cedida por un pórtico al que también se adosa la escalera de caracol. Como hemos podido comprobar tiene varias advocaciones, rastreándose en sus decoraciones constan-tes símbolos alusivos a San Pedro y San Andrés, aunque finalmente sea la advocación a este último la que se ha popularizado.

El edificio se levantó a lo largo de tres grandes etapas, perteneciendo a la fase románica la estructura de la cabe-cera, el crucero y la base de la torre.

Al exterior, el ábside, con un pequeño zócalo en la base, se organiza en tres paños, conformados por dos pilastras que en el tercio superior dan paso a sendas semi-columnillas con basas de doble toro y escocia sobre plin-to y capiteles labrados en caliza y decorados, representan-do el meridional una pelea de galgos azuzarepresentan-dos por un hombre –aunque para Pérez Carmona representa a un pas-tor que lucha con el lobo que le acaba de quitar una oveja–, rematándose la escena por unas volutas, mientras que el septentrional, también con las mismas volutas, muestra cuatro gallos, afrontados en las esquinas de dos en dos. El alero tiene cornisa de billetes, sostenida por diez

canecillos cuya decoración y labra recuerda a algunos de los de San Pedro de Tejada o El Almiñé, mostrando diver-sos animales –como perros, cerdos o águilas– o figuras humanas –rabelista, flautista, peón armado de lanza y tocando un cuerno, similar al que aparece en un canecillo de El Almiñé–, caracterizadas éstas por el alargamiento de los cuerpos y las grandes cabezas y todos por la sencillez pero elegancia en la ejecución, tallados además, según cree-mos, en caliza blanca.

Una imposta de billetes recorre horizontalmente el muro del ábside, a media altura, interrumpida por las pilas-tras. Sobre ella se asientan los tres ventanales –uno en cada paño–, formado el central por saetera enmarcada entre columnillas cuyos capiteles representan una lucha de cua-drúpedos, bajo volutas, con cimacio también de billetes y arquivolta achaflanada con decoración de medias bolas, cobijada bajo chambrana igualmente abilletada. Los dos laterales siguen un esquema común: falsa ventana, ciega, formada por sencillo arco de medio punto, de arista aboce-lada en dovelas y jambas, con chambrana del mismo tipo que la anterior, apoyando en impostas similares.

El presbiterio tiene planta rectangular, de corto reco-rrido y ligeramente más ancho que el testero absidado. Exteriormente muestra una ventana en cada lado, idénticas a las dos laterales del ábside y con alero igualmente de billetes pero esta vez con la particularidad de no tener canecillos.

Iglesia de San Andrés

Fachada sur de la iglesia de San Andrés

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Planta

Alzado sur

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En planta destaca un crucero de cortos brazos remata-dos lateralmente en senremata-dos hastiales, el del sur parcial-mente enmascarado por añadidos posteriores y con venta-nita central. Los cortos aleros tienen cornisa de billetes sostenida en cada caso por tres canecillos con decoración geométrica, tallados ahora en piedra arenisca y de distin-to estilo a los de la cabecera.

Sobre el crucero se eleva una torre ligeramente rectan-gular, de la que sólo los fundamentos son románicos. Sería ese primitivo campanario del tipo de los que adornan otras iglesias burgalesas y de los que quizá uno de los prototi-pos emblemáticos sea el de San Pedro de Tejada: esquinas achaflanadas, con semicolumnas adosadas que llegan hasta el alero, cuerpo inferior macizo, articulado a base de arcos ciegos que recorren los muros –en Tabliega con aristas aboceladas– y cuerpo superior aliviado con ventanales en todos los frentes, que en nuestro caso no existen, o mejor

dicho, son muy posteriores. Si esta torre llegó a construirse o no es difícil de averiguar, aunque dadas sus dimensiones y la robustez de lo que se ha conservado debió planificarse con una altura bastante mayor que la actual. Bien por derrumbe o bien por falta de conclusión pensamos que pudo ser ya en el siglo XVIcuando se eleva el sencillo

cuer-po del campanario, apenas clareado cuer-por algunos ventanales de medio punto.

Hasta aquí llega la construcción románica, que reco-rreremos ahora por el interior, donde el ábside está par-cialmente cubierto por el retablo del siglo XVII y

total-mente revocado por unas pinturas murales del siglo XVI,

sobre las que luego volveremos a hablar. Una de las falsas ventanas laterales ha sido horadada mediante un boquete cuadrado en época posmedieval, mientras que de la que preside la cabecera llegan a verse tras el retablo los dos capiteles, uno con un león y otro al menos con un águila.

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Sección transversal Alzado este

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El muro presenta a media altura una imposta de billetes, muy deteriorada y otra idéntica, pero muy bien conserva-da, en la base de la bóveda de horno.

El presbiterio se cubre con bóveda de cañón apuntado que arranca de la típica imposta; los muros, muy transfor-mados a finales de la Edad Media, conservan parcialmente los ventanales románicos, prácticamente completo el del lado del evangelio, con saetera enmarcada por columnas de capiteles vegetales, compuestos por doble nivel de hojas planas que se enrollan en los extremos formando volutas, con cimacios de billetes, chambrana del mismo tipo y arqui-volta achaflanada, con medias bolas, siguiendo el mismo diseño que muestra la ventana del testero hacia el exterior. La del otro lado apenas si conserva el arco, o al menos eso es todo lo que llega a verse.

En las postrimerías de la Edad Media se erigieron dos arcosolios funerarios en este presbiterio. El más sencillo ocupa el muro norte, con arco apuntado, moldurado, apo-yando sobre ménsulas y alojando en su interior relieves con los elementos de la Pasión flanqueados por la Luna y el Sol. El sarcófago presenta una gran cruz en la lauda, mientras que la caja, semioculta por el entarimado, mues-tra tres recuadros flanqueados por sendos escudetes que en conjunto y de izquierda a derecha representan: cruz pata-da, llaves de San Pedro, Cordero Místico, flor de lis y cruz de San Andrés, elementos que creemos más de referencia eclesiástica que nobiliaria.

Sobre el arcosolio aparece un frontal de piedra, pinta-do con tres casetones, en blanco el de la izquierda, el cen-tral con un Calvario y el de la derecha con tres personajes: un ángel flanqueado seguramente por Santa Bárbara y San Martín, todo ello según trazas claramente tardogóticas. Pero al margen de estas representaciones, el arcosolio también se halla policromado en colores verde, rojo y

amarillo, resaltando las zonas más profundas en negro, si bien en tiempos más o menos modernos fue completa-mente encalado.

El sepulcro del lado de la epístola alcanza una notable calidad. Un arco conopial, con profusa decoración vege-tal, entre dos soberbios pináculos, sirven de marco al arco-solio funerario. Bajo aquél se representa en relieve una Anunciación –de ejecución un tanto tosca y despropor-cionada–, flanqueada a su vez por dos escudos heráldicos, el de la izquierda representando cinco hoces o cuchillos sobre ondas, el de la derecha cuartelado, con cruz florde-lisada en 1º y 4º, y castillo en 2º y 3º. El arcosolio propia-mente dicho es de arco apuntado, moldurado, con pilas-trillas en la base y lacería calada, típicamente gótica, en el intradós. En el muro interior aparece una inscripción fune-raria en caracteres góticos con el siguiente texto de fecha inconclusa:

AQUI IAZE EL HONRADO ALFONSO GARCIA DE BARZENA CLERIGO DE QUINTANILLA E ABAD DE TABLIEGA IH(e)S(us) E MA(ría) A(ño) DE MIL E QUI NIENTOS E

Sobre ella aparecen los elementos de la Pasión, a la vez que se halla flanqueada por los dos escudos que veíamos más arriba, aunque el cuartelado intercambia la disposi-ción de los emblemas.

El frontal del sarcófago muestra varios escudetes en el frente, que de izquierda a derecha son: llaves de San Pedro, cruz de San Andrés, figura con báculo (¿San Martín?) y cruz patada, con una flor de lis entre los dos primeros y un arbolillo de ramas desnudas entre los dos últimos. La lauda,

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de superficie curvada, está organizada a partir de una gran cruz flordelisada, con la parte interna totalmente cubierta de argamasa y con otros dos escudetes al exterior, uno con la cruz de San Andrés y el otro con cuarteles ya descritos, según la disposición del que flanquea a la Anunciación. El conjunto aparece actualmente enjalbegado, aunque duda-mos de que estuviera así en origen.

El personaje aquí enterrado es Alfonso García de Bár-cena, responsable de la ampliación que se llevó a cabo en la iglesia en el año 1500, momento en que debió encargar asimismo su sepultura, dejando la inscripción casi acabada, sólo a falta de precisar el año concreto del fallecimiento, sin que llegara a completarse cuando éste ocurrió.

Un amplio arco toral comunica cabecera y nave. Es de medio punto, doblado, soportado por semicolumnillas con basas flanqueadas de bolas envueltas en hojas, dispuestas sobre podio. El capitel septentrional, con cimacio de roleos

formados por tallos de tres puntas, representa a dos perso-najes sentados, con las piernas abiertas, agarrando largas volutas que nacen de la base de la cesta, de una especie de pequeñas cabecitas y que a su vez enmarcan una piña. El meridional muestra a un peón tocado de casco alanceando la espalda de un león, mientras éste vuelve la cabeza; tras el sol-dado se halla una cabeza de cuya boca parten dos volutas. En este caso el cimacio es de palmetas pentafolias.

Pasando al crucero, cada brazo está precedido de un arco ligeramente apuntado y doblado, de organización similar al triunfal. El que da acceso al brazo del evangelio muestra el capitel oriental con gruesas y macizas hojas dis-puestas en dos planos y en el frente la misma cabecita de la que parten dos largas volutas que ya veíamos en el capi-tel contiguo del triunfal. Comparte también con éste el mismo tipo de cimacio. El capitel occidental presenta tres líneas de pequeñas y abultadas bolas colgantes –muy 2022

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Interior Cabecera

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característico de la comarca, por ejemplo en San Pantaleón de Losa, Siones, San Pelayo de Ayega o Vallejo de Mena, alcanzando hasta San Martín de Elines– con volutas en las esquinas y con cimacio de celdillas cuadradas.

En el lado de la epístola el capitel oriental muestra un diablesco personaje cornado, de amplias fauces de las que parten dos volutas; parece estar desnudo –tan sólo con un largo cinturón– y con los brazos y piernas abiertas, aga-rrando con las manos sendas tiras que cuelgan de las esqui-nas del capitel rematadas en piñas, mientras que dos cabe-citas monstruosas –de las que a su vez parten dos largas volutas, a modo de grandes cuernos– le muerden los pies. El cimacio es de palmetas con pentafolias.

El occidental es mucho más simple y de ejecución más tosca, con decoración de cestería rematada por dos finas volutas, apenas sin relieve, aunque el cimacio es como el anterior.

Cada brazo del crucero esta cubierto por una bóveda de cañón apuntado, transversal al eje de la iglesia y partiendo de impostas de billetes. En los muros occidentales se dispo-nen sendos arcos ciegos, apuntados y de traza sencilla, aun-que más interesantes son los aun-que aparecen en los muros orientales. Se trata de dos pequeños absidiolos –el del evan-gelio totalmente cubierto por un retablo barroco pero le suponemos idéntico al de la epístola– formados por un vaciado del muro en el interior del templo, sin que nada al exterior manifieste su existencia, cubriéndose con pequeña bóveda de horno y con la arista exterior recorrida por un bocel, mientras que una saetera de reducidas dimensiones –ahora cegada en ambos casos– arrojaba luz sobre el altar que ahí se dispone. Se trata de unos elementos que no son sino un remedo de las triples cabeceras habituales en los grandes edificios románicos y que, como aquéllas, sirven para multiplicar altares, algo que vemos por ejemplo también Sepulcro gótico de Alfonso García de Bárcena, cubriendo la ventana románica

del presbiterio

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en Butrera, un templo cuya planta guarda muchas similitu-des con Tabliega , aunque no tanto el alzado.

El centro del crucero –que ejerce de primer tramo de la nave– se cubre con bóveda de crucería simple, cuyos ner-vios parten de cuatro ménsulas angulares con representa-ciones de cabezas animales. Presenta esta cubrición algu-nas dudas respecto a su cronología: a juicio nuestro las ménsulas son románicas pero la bóveda es gótica, de acuerdo con los escudetes que decoran los nervios. Proba-blemente en origen hubo –o al menos así debió planificar-se– una cúpula hemisférica, como suele ser habitual en este tipo de cruceros, pero pudo reformarse cuando se trazó la torre actual, o tal vez antes, para solucionar el pro-blema de una cubierta que debía estar latente, más aún si la torre románica no se concluyó nunca.

Del cuerpo central del crucero se pasa a la nave pro-piamente dicha a través de un nuevo arco toral románico, levemente apuntado y doblado y de morfología igual a la descrita en los casos anteriores. El capitel norte, bajo cimacio de flores de lis, se decora mediante una extraña composición en formas aspadas –sierpes entrecruzadas, para Pérez Carmona– asociadas a cabecitas de aire felino, motivo también bastante recurrente en la zona, donde aparece bajo diversas morfologías en lugares como Siones, Butrera, Vallejo de Mena o Bárcena de Pienza. El meridio-nal muestra dos grandes cabezas de forma hemisférica de largas barbas puntiagudas, rematadas en estrechas volutas muy similares a las que aparecen en el capitel contiguo del brazo del crucero. En este caso el cimacio es de palmetas con hojas de cinco lóbulos.

Hasta aquí la parte del edificio que responde a una fase románica, a excepción de las salvedades reseñadas. La nave como tal, formada por un sólo tramo cuadrangular, es una construcción gótica. Ligeramente más ancha que el cuerpo central del crucero, al exterior es de sillería arenisca, muy maciza y con pesados contrafuertes angulares. El interior, con paredes de mampostería revocada, se cubre con bóve-da estrellabóve-da decorabóve-da con pinturas murales. Los nervios parten de ménsulas con bustos de ángeles que sostienen escudetes adornados con distintos emblemas: cruz de San Andrés, llaves de San Pedro, y las composiciones heráldicas a base de hoces y cuchillos sobre ondas y cruces flordelisa-das y castillos que vimos en el sepulcro de Alfonso García de Bárcena. Todos estuvieron policromados.

Las nervaduras lucen pinjantes en las claves, de nuevo con escudetes: cruz de San Andrés, llaves, hoces o cuchi-llos –ahora sin las ondas–, cruz patada y el habitual cuar-telado de castillos y cruces, ocupando éste la clave central. En el hastial de la nave se dispone el sencillo coro de madera, bajo el cual se ubica la pila bautismal, hemisféri-ca, obra probablemente de los siglos XVIo XVII.

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Absidiolo en el brazo sur del crucero

Capiteles entre la cabecera y el crucero, lado norte 093. TABLIEGA 2/10/09 17:35 Página 2024

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La portada se abre a mediodía, formada por arco apun-tado gótico, de tres arquivoltas molduradas que descansan en finas columnillas, con los típicos capitelillos de las pos-trimerías del gótico de minuciosa labor vegetal y animal. Se cobija bajo una corta chambrana rematada en mutiladas cabezas.

Sobre la puerta se dispone una lápida rectangular pre-sidida por un relieve de la Anunciación, sin duda realizada por el mismo escultor que trabajó en el sepulcro de Alfon-so García de Bárcena. Está flanqueado a la izquierda por el tan repetido escudo cuartelado a base de cruces flordelisa-das –ahora dispuestas como aspas– y castillos. A la dere-cha una inscripción trazada en caracteres góticos:

ESTA CAPILLA HIZO E L HONRADO SENOR ALFO(n)SO GARCIA DE B ARZENA CLERIGO D

IENZA E ABAD DE TABLIEGA ANNO DE MIL E QUINIENTOS

Pocos años más tarde se edificaría un pórtico para cobi-jar a la portada, a la vez que se trazó la escalera de caracol de acceso a la torre y seguramente se construyó ésta. Tal pórtico consiste en un amplio arco de tradición gótica y pequeña bóveda interior, estrellada, con cinco escudetes en otras tantas claves, cuatro de ellos con la cruz de San Andrés y la central con un emblema partido, con comple-ja composición a base de sotueres en 1º y ondas en 2º.

Uno de los elementos más destacables de la iglesia son las pinturas murales que cubren por completo muros y bóvedas interiores, quizá más por el valor histórico y cul-tural, por ser uno de los pocos templos que han conserva-do íntegramente a la vista el aspecto que debieron tener otros muchos a lo largo de la Edad Media y siglo XVI, que

por el valor propiamente artístico.

Hay dos momentos y dos estilos bien diferenciados. El más antiguo corresponde a la fase constructiva gótica lle-vada a cabo por Alfonso García de Bárcena. Los muros de mampostería y la bóveda se enlucieron en el mismo momento de su construcción, dibujando en aquéllos un sencillo despiece de pequeños sillares a base de líneas blancas y negras. Mayor profusión decorativa se dispuso en la bóveda: en las nervaduras se representaron feroces dragones que partían de las claves, unos rojos y otros gri-ses; en la plementería se dibujaron también sillares como los de las paredes, acompañados de los símbolos de los cuatro evangelistas en los paños laterales, aunque el águi-la de San Juan se ha perdido.

Algunas décadas después se procedió a enlucir la igle-sia románica, según el gusto renacentista imperante, pre-dominando el gris, amarillo, blanco y rojo, pero con com-binaciones que dotan al templo de gran colorido. Los muros se rellenaron de distintos motivos geométricos, con cuadrados y zigzag, rematados en la parte superior con rombos o las típicas cenefas del XVIcompuestas por

bus-tos de angelibus-tos, delfines y vegetación enlazada. En el cascarón del ábside, representando la bóveda celeste, se dispusieron el Sol y la Luna, mientras que la del presbite-rio tiene tan sólo despiece de sillares y en el muro de la epístola se recoge la pequeña imagen de un dominico. Por su parte, en el crucero aparecen diversos motivos: las lla-ves de San Pedro o una cruz flanqueada por los símbolos de la Crucifixión, por la cruz de San Andrés y la cruz de Santo Domingo, así como por dos blasones cuya heráldi-ca se repite en otro más del arco triunfal. Muestran estos escudos, de forma apergaminada, campo de oro con seis Capitel del brazo sur del crucero

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estrellas azules de seis puntas y bordura de gules. El lina-je a que deben corresponder y que sin duda fue el que promovió la decoración muraria, es el de los Rojas, fami-lia con ampfami-lias posesiones en el norte burgalés, aunque este blasón contaría con una estrella más de las que habi-tualmente llevan.

Cabe concluir pues que la iglesia de San Andrés de Tabliega, como sucede generalmente, es una suma de eta-pas constructivas y de reformas. Nada sabemos del templo anterior prerrománico, de cuya existencia no cabría dudar si se acepta como auténtica la carta de donación de 1037. Cuando la corriente artística que denominamos románico está en pleno desarrollo se decide la construcción de un nuevo edificio, cuyas referencias más inmediatas se hallan en muchos templos de la zona, aunque lo difícil de deter-minar es de dónde toma influencias y hacia dónde las deriva. Posiblemente su construcción pudo tener lugar hacia mediados del siglo XII, recogiendo una tradición e

impulsándola hacia otros edificios, una cronología que también consideran Palomero e Ilardia, si bien Pérez Car-mona la supone del último cuarto de siglo, idea que pare-cen compartir Lojendio y Ruiz Vélez. Las relaciones que presentan los canecillos de la cabecera con los de San Pedro de Tejada parecen apuntar hacia aquella cronología de mediados de siglo, aunque también hemos señalado cómo algunos capiteles se relacionan con otros de San Martín de Elines –edificio que se fecha en la primera mitad del XII– y a la vez con Vallejo de Mena, Siones o

Butrera, datados en los años finales de esa centuria. Las pautas arquitectónicas, como la rica cabecera recorrida

por pilastras de las que nacen cortas columnas, la empa-rentan con Villacomparada de Rueda, Quintanarruz, Aguilar de Bureba, Padilla de Abajo y una vez más con el edificio señero en la región, San Pedro de Tejada –que fue dependencia de Oña–, pero igualmente con San Martín de Elines y con edificios del norte palentino vinculados al obispado de Burgos, como son San Vicente de Becerril del Carpio o Santa Eufemia de Cozuelos, de cronología similar e incluso bastante anterior, como ocurre con la cabecera de Cozuelos. Otras características sin embargo nos llevan hasta tiempos muy posteriores, como veremos a continuación.

El crucero de cortos brazos con torre que se eleva en el centro es una solución que se repite con cierta frecuencia en tierras burgalesas, con numerosos ejemplos en el entor-no, tal es el caso de El Almiñé, Valdenoceda, Escaño o, por supuesto, San Pedro de Tejada, y que igualmente alcanza a algunas tierras más meridionales, con el ejemplo más antiguo de San Quirce, si bien nuestra duda en el caso de Tabliega es si la torre llegó a concluirse, hipótesis que no parece muy probable. En el interior la cubrición se hace con bóveda de crucería, que nosotros llevamos ya al siglo

XVo XVI, aunque hay quien la ha considerado también

ele-mento original y muestra de una cronología románica tar-día para el conjunto.

En el crucero, en los muros orientales, se abren dos pequeños absidiolos, que no se manifiestan al exterior. Su finalidad, multiplicar los altares, es costumbre que arqui-tectónicamente ha quedado reflejada en los grandes edifi-cios de triple cabecera pero que en templos más pequeños 2026

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Bóveda que soporta a la torre 093. TABLIEGA 2/10/09 17:35 Página 2026

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parece recurrirse al sistema empleado en Tabliega. Así sucede también en Butrera, en el zamorano monasterio de Moreruela y en varios templos de la provincia de Soria, como en la ermita de San Mamés de Montenegro de Cameros, San Vicente y San Miguel de Almazán o Santa María la Mayor y San Juan de Rabanera en la capital, entre otros, edificios que se fechan en los últimos años del XII

cuando no en los primeros del XIII.

Entre los artífices que trabajan, parecen diferenciarse al menos dos escultores, uno más hábil que elabora los cane-cillos de la cabecera y la mayor parte de los capiteles y otro que es el responsable de los dos capiteles del ángulo suroccidental del crucero, aunque ambos elaboran una iconografía poco común, al menos en algunos casos. Posi-blemente de otra mano sean también los canes del cruce-ro, aunque creemos que todos trabajaron dentro de una misma fase constructiva, que no se dilataría más de unos pocos años. La policromía que presentan algunos de los capiteles parece deberse a etapas posteriores, cuando se enluce el templo en su conjunto.

A finales de la Edad Media, bien porque la nave románica no llegó a terminarse o bien porque se derrumbó –circunstancia sólo verificable mediante exca-vación arqueológica–, se construye la parte posterior del templo tal como la conocemos ahora. La obra se ejecuta al gusto del gótico tardío, con pinturas murales inclui-das, y bajo los auspicios de un mentor, Alfonso García de Bárcena, abad de este templo. Corría el año 1500 y mandó entonces también construir su tumba en el pres-biterio, en lugar privilegiado, que quedó lista, tan sólo a

falta de precisar la fecha de su fallecimiento, que nunca llegaría a escribirse. Su escudo coincide a grandes rasgos con el de Fernández y Fernández del Valle –parientes acaso de los Fernández Vélez de Valdivielso, abades de Tabliega en los siglos XVI y XVIII–, aunque no hemos reconocido aquí ni en ningún otro lugar de la iglesia las dos lagartijas que según Sáinz de Baranda portaba el emblema de los Fernández por su condición de patronos de esta abadía.

Por esos años es frecuente enlucir el interior de los templos. En los muros se dibujan pequeños sillares con tra-zos negros o rojos y en los nervios de las bóvedas se pin-tan dragones. Conocemos múltiples ejemplos de ello, aun-que seguramente sean muchos más los aun-que han desa-parecido en las últimas décadas por la moderna cos-tumbre de dejar la piedra vista. No lejos de aquí aparecen este tipo de decoraciones en los muros románicos de El Almiñé, aunque mejor trazados son los que se hallan en San Juan de Ortega.

Algunas décadas después, a mediados del XVI, se

com-pleta la decoración muraria ya con un estilo renacentista, totalmente distinto del anterior. Cambian los motivos y los colores y las nuevas pinturas se disponen sobre los muros y bóvedas de época románica, seguramente bajo el patrocinio de algún miembro de la importante familia de los Rojas.

Tal vez por esas mismas décadas se levante el pórtico, a instancias de algún otro linaje que dejó su emblema heráldico en la clave de la bóveda y que de momento no hemos podido identificar. Parece que es entonces cuando Capiteles en el encuentro

del crucero y la nave, lado norte

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se construye la escalera de caracol que sube a la torre y tal vez también ésta, completando la inacabada románica, quedando definitivamente perfilada la estampa de la igle-sia de San Andrés tal como hoy la vemos.

En siglos posteriores pudo acometerse alguna reforma de pequeña entidad: se abrió una ventana más amplia en la cabecera, destruyendo parcialmente una románica y se adosa al sur del crucero una sacristía, que más moderna-mente ha sido desmantelada, permaneciendo como testi-go su puerta tapiada.

López Rojo habla de una talla románica de San Pedro en madera policromada, aunque en realidad, por la foto-grafía que aporta, se trata de una escultura de época gótica.

Texto y fotos: JNG - Planos: MOGG

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