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EL CRECIMIENTO REAL DE LA POBLACIÓN Y LAS MIGRACIONES

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EL CRECIMIENTO REAL DE LA POBLACIÓN Y LAS MIGRACIONES

El CV permite comprender la dinámica natural de las poblaciones, pero se dan otros mecanismos (migraciones) que actúan directamente sobre las cifras de población (Crecimiento Real = CV + Saldo migratorio), y posteriormente sobre la propia dinámica de la población: las zonas que emiten emigrantes pierden población joven, en edad de procrear, se envejecen y ven reducirse su natalidad y su TCV;

mientras tanto, las zonas que reciben inmigrantes aumentan su población joven, aumentan su TBN y u TCV. El caso español es significativo: hasta finales de los años noventa las TCV eran reducidísimas, muy por debajo del 1‰, y la TCR era similar, dado que la llegada de inmigrantes era limitada. En la tabla se observa el cambio en la situación: la fuerte llegada de inmigrantes desde 1998-1999 hace crecer la TCR y se refleja, como hemos señalado antes en un incremento de la TBN, que ocasiona el repunte de TCV, que desde 2001 está por encima del 1‰.

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En el mapa que representa el reparto provincial de la TCR en 2006 observamos que esta es mayor en:

- Las provincias que rodean Madrid, especialmente en Guadalajara y Toledo, que localizan las localidades próximas y/o bien comunicadas con la capital que están recibiendo la población joven que llega (inmigrantes extranjeros y españoles) para trabajar en la capital del estado o para hacerlo en actividades deslocalizadas desde ella, aunque organizadas por la misma, y también la población joven que sale de Madrid, buscando una vivienda más asequible o vivir en localidades menos incómodas que la gran ciudad. Son provincias con fuerte inmigración y fuerte TCV. Madrid presenta cifras de crecimiento por encima de la media española, pero lo hace gracias al crecimiento de su provincia, mientras la capital presenta cifras negativas.

- Los litorales mediterráneo y atlántico andaluz son zonas progresivos, pero se observa una mayor heterogeneidad. Vemos que Barcelona crece menos de la mitad de la TCR española, pero que las provincias que lo rodean (Girona, Lleida y Tarragona) lo hacen de forma importante. Sucede algo similar con Valencia, Castellón, Albacete y Alicante. Sin duda se trata de un caso similar al de Madrid, aunque aquí hay que sumar el peso de la atracción que ejerce sobre la población inmigrante el desarrollo de actividades endógenas, como una agricultura innovadora y orientada a la exportación y el turismo, que lleva asociado el impulso del sector de la construcción. Por otro lado, observamos que, de forma más autónoma, tenemos los dos archipiélagos, Málaga, el bloque Murcia-Almería y el formado por Cádiz-Huelva, donde esas actividades endógenas, con mayor o menor peso cada una de ellas según el lugar, han resultado determinantes como causas de ese crecimiento.

- Zaragoza y las provincias de Teruel-Cuenca presentan también cifras superiores a la media.

En la primera, el afianzamiento de su posición de encrucijada entre las diferentes áreas centrales españolas, implementada aun más con el desarrollo de las nuevas redes de transporte (AVE, red de autovías…) y la atracción ejercida por el desarrollo del sector de la construcción asociado a las obras realizadas por la Exposición Internacional de 2008, explican este crecimiento. Para las otras dos provincias la explicación no es tan sencilla, dado que se trata de provincias con una población notablemente envejecida, con un claro predominio de actividades económicas escasamente atractivas para la inmigración, con un saldo migratorio interior negativo y con una baja TBN. La explicación deviene del peso que, en una reducida población (Teruel, escasamente 144.000 habitantes, y Cuenca un poco más de 211.000) tiene la llegada de unos pocos miles de inmigrantes (menos de 3.500 y 4.400 respectivamente).

Los mapas que representan la variación poblacional entre 1996 y 2006 confirman y explican estas tendencias provinciales: el desarrollo del eje mediterráneo (y los dos archipiélagos), la deslocalización demográfica desde las grandes ciudades tradicionales hacia otras próximas y/o bien comunicadas con ellas, el afianzamiento del valle del Ebro y del eje Toledo-Albacete como corredores de conexión entre los lugares centrales españoles, pero también se observan otros fenómenos:

- El Noroeste peninsular aparece como una zona fuertemente regresiva, exceptuando las capitales provinciales y sus áreas suburbanas y dos subcentros: Valladolid y su hinterland y un sinuoso eje litoral gallego, que va de A Coruña a Vigo, pasando por Santiago.

- Se consolida un eje extremeño entre Cáceres y Mérida-Badajoz, con extensiones hacia el interior, por Montánchez y otras localidades.

- Andalucía crece demográficamente, destacando tres ejes: el litoral mediterráneo (vinculado al fomento del turismo), Almería (en íntima relación con Murcia) y el valle del Guadalquivir, con un claro centro en Sevilla.

- La zona pirenaica, tradicional regresiva, presenta ahora áreas de fuerte crecimiento. Se trata de las zonas con un fuerte desarrollo turístico y de la construcción: el valle de Arán, el del río Aragón y el de Tena, que aparecen como islotes aislados en un conjunto que aun permanece regresivo.

En el mapa que representa las desviaciones con respecto a la media en la comparación de las poblaciones en 1996 y 2006 obtenemos la confirmación de los fenómenos descritos, y observamos con nitidez la situación regresiva del cuadrante noroeste peninsular, de la mayor parte de las localidades rurales del Sistema Ibérico y de las zonas altas de las Subbéticas y penibéticas, no vinculadas con el turismo.

2.1 LAS MIGRACIONES

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2.1.1 Las migraciones exteriores. La emigración.

El descenso de la mortalidad en España provocó, ya desde el siglo XIX un aumento del CV que no tuvo un aumento paralelo de los recursos disponibles. Este hecho, acentuado por las grandes diferencias sociales (en el reparto de los recursos) provocó un fuerte desequilibrio entre población y recursos, que originó que España fuese durante muchos años un país con un saldo migratorio negativo. La situación cambió en el quinquenio 1980/85, cuando se redujeron drásticamente las cifras de salidas y comenzaron a aumentar las de llegadas de inmigrantes. Las causas hay que buscarlas en el aumento considerable de recursos, la mejora en su reparto, la ralentización de nuestra TCV y el consiguiente envejecimiento demográfico, que ha ocasionado que la población activa aumente menos que la demanda de mano de obra de nuestra economía, que se encuentra, como la economía mundial, en una fase expansiva.

La emigración exterior española durante el siglo XX tomó fundamentalmente dos direcciones:

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El perfil de estos emigrantes se correspondía con el de los agricultores, mayoritariamente varones, pobres y escasamente cualificados, que buscaban paliar su miseria o estaban siendo expulsados por la al principio lenta, pero desde 1960 rapidísima, modernización agraria española, y no encontraban trabajo en las ciudades españoles en las que se localizaban los focos industriales.

Las consecuencias positivas de esta sangría demográfica fueron el alivio del paro en España, la obtención de recursos (mediante los envíos de los emigrantes a sus familias) para financiar el desarrollo económico del país, una renovación de las mentalidades (muchos emigrantes regresaron al cabo de unos años, trayendo niveles técnicos muy superiores a los que tenían cuando marcharon y nuevas mentalidades empresariales. Desde el punto de vista negativo, amén de las situaciones personales negativas de los emigrantes en países extraños, con lenguas diferentes, donde les esperan los peores empleos y los peor remunerados, la fuerte corriente emigratoria hacia Europa supuso la ausencia en la estructura demográfica española de 2 millones de personas en edad de trabajar/procrear, lo que colaboró en el envejecimiento poblacional de nuestro país.

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De 1960 a 1973 salieron anualmente de España una media de 109.000 emigrantes (71.000 si descontamos los retornos). Si contamos los emigrantes ilegales o “sin papeles”, las cifras suben hasta casi los 200.000.

La situación cambió radicalmente en 1974. La fuerte crisis económica disminuyó el empleo en toda Europa y los países que antes necesitaban inmigrantes para ocupar los empleos que los

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nacionales no querían, ahora tenían cifras de paro crecientes: ya no había demanda de inmigrantes.

Por otro lado, España había sufrido un fortísimo proceso de desarrollo económico que hacía que la situación no fuese tan penosa como hacía 14 años. Además, nuevos países competían ahora en el mercado laboral de la inmigración. Turcos y norteafricanos constituían una mano de obra más barata que la española. En estas condiciones, se frenaron drásticamente las salidas y se incrementaron los retornos (1974-1985 regresaron 302.022 emigrantes asistidos).

Desde la segunda década de los ochenta la situación aún cambió más. España, como ya hemos señalado, en un proceso de creciente identificación con el modelo europeo, dejó de ser un país emisor para convertirse en un país receptor. Los emigrantes españoles ya no son agricultores de zonas deprimidas que huyen de la miseria, sino que progresivamente son cada vez más técnicos y profesionales que, enviados por sus empresas o instituciones, van a realizar tareas específicas.

En el mapa se observa que son las provincias que se encuentran en los lugares centrales y las que localizan las actividades con mayor potencial de crecimiento las que presentan un mayor volumen emigratorio. Sólo hay que hacer la salvedad de Asturias, A Coruña, Pontevedra y Ourense que, aunque con cifras muy reducidas, siguen manteniendo una cierta tradición emigratoria.

El resultado de estas salidas al extranjero es el siguiente gráfico de residentes españoles censados en países extranjeros:

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En cuanto a los destinos a los que van nuestros emigrantes, destaca la UE, con casi la mitad de nuestras salidas, como es propio de unas economías que presentan una fuerte integración. Dentro de la Unión, destacan las cifras de Francia, Reino Unido y Alemania, que en su conjunto suman el 64%

de la emigración a la UE, el 54% de la destinada a toda Europa y más del 30% del total de todas las salidas. Del resto de los continentes destaca América, con el 35% de todas las salidas, destacando las cifras de EE UU, con 2.400 emigrantes, casi tantos como al Reino Unido. De los países latinoamericanos, destacan las cifras de Argentina.

En cuanto a África, cuyas cifras tan apenas suponen el 4,6% del total de las emigraciones, destaca el papel de Marruecos, que acoge a más de la mitad de esos emigrantes. Las cifras de Asia y Oceanía son aun menores.

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2.1.2 Las migraciones exteriores. La inmigración.

En el capítulo de las migraciones exteriores hemos señalado como España, a partir de 1973 se convierte en un país emisor y receptor de migrantes. Las cifras de salidas tenderán a disminuir, mientras que las de entradas a aumentar. Los retornos de antiguos emigrantes (vuelven a España) y la llegada de inmigrantes, fundamentalmente magrebíes y guineanos, al principio lenta, y después de 1981 cada vez más rápida, comienzan a dar cifras de saldo migratorio positivas para España. Pero la llegada de inmigrantes se ha hecho importante a partir de la segunda mitad de los años noventa. En la década de 1996 a 2006, han estado llegando a España un promedio de 393.000 emigrantes años, con cifras que manifiestan un clarísimo aumento.

El 1 de enero de 2007, residíamos en España, según el Padrón municipal, 45.200.737 personas, de las que 5.249.993 eran extranjeras, estas cifras son sin contar los inmigrantes no regularizados, que afortunadamente, después de la Ley de Extranjería del año 2000, y de sus reformas y reglamentos de 2001, 2003 y 2004, representan un número cada vez menor, que en 2007 se estima en unos 300.000. En resumen, teniendo los inmigrantes regularizados regularizados representan en la actualidad más de un 11,62% del total de los habitantes de España, y hay algo más de 13,13 inmigrantes cada 100 españoles. Si contamos las cifras de los no regularizados y la de aquellos que están en trámites para hacerlo, las cifras suben a un 12,72% de los habitantes y algo más de 14,37 inmigrantes cada cien españoles.

Comparando nuestras cifras con las europeas, observamos que, en cuanto a número total de inmigrantes, España ocupa el segundo lugar de Europa, tras Alemania, por delante del Reino Unido y Francia. Si analizamos las cifras en función del porcentaje que esos inmigrantes representan sobre la población residente en el país, vemos que, dejando de lado los peculiares casos de Estonia y Letonia, con una importante colonia de población rusa, España se encuentra entre los países con un mayor impacto de la corriente inmigratoria, detrás de las peculiares cifras de Luxemburgo (casi un 40% de su población es extranjera), pero en el mismo grupo de Alemania, Austria o Bélgica. No obstante, lo que es realmente destacable es que España es el país que más inmigrantes extranjeros está recibiendo, y, si no se producen cambios significativos, parece que la situación va a continuar.

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Respecto a las causas que han originado que España se convierta en ese importante foco de atracción para la inmigración, tenemos que señalar que:

1. España ha presentado importantes cifras de aumento de la producción (ver la tabla con la tasa de crecimiento del PIB), en el marco del ciclo expansivo de la economía mundial, que ha originado importantes cifras de crecimiento del empleo.

2. La población española, muy envejecida, ha presentado problemas para hacer frente a semejante oferta de empleo, teniendo que recurrir a la importación de esa mano de obra.

3. El desarrollo económico y su consiguiente aumento en las rentas ha dado lugar a un retraso en la edad de incorporación al mundo laboral, lo que ha limitado el número de activos, incrementando el de inactivos.

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4. La posición geográfica de España en una de las vías de contacto entre Europa y África la sitúa como un lugar de interés para quienes migran con destino a Europa y buscan un país de tránsito. Por otro lado, las especiales relaciones históricas y culturales con Latinoamérica hacen de España un país atractivo para su emigración que, además, comparte idioma.

5. La especialización española en sectores productivos que presentan una cierta intensidad en mano de obra y que tienen un nivel tecnológico bajo y medio (construcción, turismo y sectores industriales con demanda y contenido tecnológico medios y bajos, etc.) convierten a nuestro país en un lugar atractivo para la mano de obra sin cualificar proveniente de África. Europa y Latinoamérica y para algunos sectores europeos que presentan una ligera cualificación.

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Respecto al origen o procedencia de estos inmigrantes hay que constatar que ha cambiado a lo largo del tiempo, en ocasiones porque las situaciones críticas que los han impulsado a salir de su país han cambiado, otras veces porque han surgidos otros países que resultan más atractivos, y otras porque los nichos de empleo hacia los que se dirigían ya se han saturado. Por estos cambios, la procedencia de la inmigración española se puede estudiar desde dos perspectivas:

1. El origen de las corrientes migratorias actuales.

2. El origen del conjunto de los residentes extranjeros en España.

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En este gráfico observamos el fuerte crecimiento en las llegadas de inmigrantes y la constancia de las llegadas desde otros países europeos, mientras que las que provienen de África manifiestan una cierta tendencia al estancamiento, aunque con periódicos saltos. La inmigración desde América presenta un fortísimo crecimiento entre 1999 y 2002-2003 relacionado con las consecuencias de las crisis financieras que sacudieron esos países, especialmente Ecuador y Argentina. En conjunto, en la actualidad, se observa como la inmigración europea y la americana, con cifras muy similares son, con mucho las más importantes.

Pormenorizando en los datos vemos que:

- La inmigración procedente de Europa supone más de una tercera parte del total y que, se están observando cambios en su interior. Tradicionalmente dominaba la proveniente de los países desarrollados de la UE, se trataba de jubilados que venían a residir a España buscando su buen clima, su calidad de vida y sus precios relativamente bajos y también de técnicos que venían a trabajar en empresas extranjeras o españolas. En la actualidad, la mayor parte de los inmigrantes extranjeros provienen de los Balcanes y de centroeuropa, destacando el peso de Rumanía, que aportó casi el 14% de las llegadas, en 2006.

- La inmigración americana (un poco más de un tercio de las llegadas en 2006) tiene una clara procedencia en los países latinoamericanos y presenta una notable variedad. En 2006, destacó la relevancia de la procedencia boliviana, aunque en años anteriores fue muy importante la ecuatoriana y la argentina. Como ya hemos señalado, en la distribución concreta de esos orígenes pesa de forma decidida la coyuntura que atraviesan los respectivos países.

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- África aportó en 2006 un poco más del 11% de las llegadas, destacando el peso de Maruecos (casi un 8%). El resto de los países se reparten porcentajes bajos y similares.

- La inmigración asiática representó un 3,71% del total de las llegadas, destacando el peso de China, que aportó el 1,64% del total.

Como peculiaridades de los colectivos inmigrantes según su origen destacan:

- El carácter predominan-temente masculino de la emigración africana (casi el doble de hombre que de mujeres). Predominan los hombres, aunque con un porcentaje menor, en el caso de los inmigrantes asiáticos. Por el contrario, es mayor el número de llegadas femeninas entre la inmigración latinoamericana.

- El carácter temporal de la inmigración africana, ESPE-cialmente de la proveniente de los países del norte de ese continente, que vienen con el objetivo de trabajar unos meses o unos años y volverse a su país habiendo mejorado su calidad de vida con los ingresos obtenidos por su trabajo en España.

- En general, como ya hemos señalado, excepto en el caso chino y algún otro, se trata de mano de obra asalariada que encuentra trabajos de baja cuali-ficación. En sus países de origen residían en áreas rurales deprimidas o en los barrios populosos de las grandes ciudades.

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En la tabla se observa el porcentaje que corresponde a cada país de origen sobre el conjunto de la población extranjera que residía en España en 2007. Destacan las cifras de Marruecos (11,6% de toda la población extranjera), Rumanía (11,23%) y Ecuador (9,19). Entre los tres países aportan el 32% de la inmigración hacia España. También presentan cifras importantes Reino Unido (6,62%), Colombia (5,77%), Bolivia (4,35%) y Argentina (4,12%). Entre estos siete países se reparte más de la mitad (52,9%) de nuestra inmigración.

Por grupos de países, tenemos que Europa aporta al total un 38,08% del total de la población extranjera, del cual, el 34,03% corresponde a los 27 países de la Unión Europea. Le sigue en importancia la aportación americana, con un 36,26%, destacando América del Sur, con un 32,18%.

África es el origen del 16,32% de los extranjeros residentes en España, de los que, como ya hemos señalado, el 11,6% son marroquíes. Los países asiáticos aportan un 4,6% y los de Oceanía no llegan al 0,1%.

En el gráfico siguiente se observa la importancia que tiene la inmigración sobre el total de la población residente en España, según su procedencia. Aquí las cifras son mucho menores, estando por encima del uno por ciento sólo Rumanía y Marruecos

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En otro orden de cosas, en el apartado de origen de la inmigración, podemos analizar los orígenes y el tamaño de los municipios de destino. Si partimos del hecho de que aquellos municipios de menos de 10.000 habitantes se consideran en España “rurales”, podemos hacernos una idea de a qué sector económico se pueden dedicar.

De la tabla anterior se puede deducir que más del dieciséis por ciento de los inmigrantes residen en municipios rurales, por lo tanto, que ocupan puestos de trabajo en actividades desarrolladas en ese ámbito, esto es agrarias o relacionadas con la mutifuncionalidad de estas (más de un 6% de los activos inmigrantes, mientras que los españoles lo hacen en un 4,61%). Esto es especialmente destacable en la población que tiene su origen en Rumanía y Bulgaria, que son los que ocasionan el 6,95% que le corresponde a los inmigrantes de la UE. También son importantes las cifras de los africanos, que son las que dan lugar al 10,03 de “Resto del mundo…”.

Con respecto a las actividades urbanas, pueden hacerse las siguientes afirmaciones generales:

- La inmigración presenta escasa ocupación en industria (un 10,23% frente al 16,22% de os españoles), sin duda debido a su baja cualificación.

- En el sector servicios también se da un porcentaje más bajo de ocupación, aunque las diferencias son menores que en industria. Un 64,97 % de la población activa española se dedica a este sector, rente a un 57,35% de la inmigrante. Los inmigrantes de América Latina

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son los que presentan un porcentaje más parecido al español, por su ocupación en sectores relacionados con el turismo, la hostelería y otros intensivos en mano de obra de baja cualificación, en los que el idioma español es importante. El porcentaje más bajo se da entre los de “Resto del mundo…”, muy influidos por la inmigración africana.

- El sector que más ocupación da a la inmigración es la construcción: el porcentaje de activos inmigrantes que se dedican a este sector (22,65%) duplica al de los españoles (11,335). Esto se explica por las características de la mano de obra del sector: intensiva, de baja cualificación y con posibilidades de empleo de corta o media duración. Aunque las cifras por lugar de procedencia son muy similares, destaca el papel de los africanos, que otorgan ese 26,44% al capítulo “Resto el mundo”. Las cifras menores corresponden a los latinoamericanos.

- En cuanto a las cifras de paro, las cifras correspondientes a aquellos que buscan su primer empleo son mayores entre los inmigrantes que entre los españoles, destacando el subgrupo de “Resto del mundo…”. En el apartado de parados que han dejado su empleo hace más de un año, los porcentajes son ligeramente superiores en los activos españoles, pero en la inmigración hay notables diferencias: los latinoamericanos presentan porcentajes sensiblemente más bajos, debido a una mayor adaptabilidad a las ofertas de empleo, mientas que el resto de los orígenes presenta porcentajes suavemente superiores a los españoles.

En cuanto al destino de los inmigrantes, observamos que, tanto en el mapa del total de inmigrantes llegados a España como en el que representa las llegadas en 2006, se mantiene unas constantes:

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- Las provincias que reciben más inmigrantes se corresponden con los grandes centros económicos:

o Madrid y las provincias próximas donde se está produciendo deslocalización de actividades y residencias desde la ciudad central.

o El eje mediterráneo, con un centro destacado en Barcelona y su hinterland (Girona y Tarragona), y los subsistemas Valencia-Alicante-Castellón, Murcia-Almería y Málaga - El País Vasco y su zona de deslocalización presentan cifras modestas, mientras que Zaragoza,

como centro del eje del valle del Ebro tiene importantes cifras en su capital, pero mucho menores en la provincia.

- Los archipiélagos presentan importantes cifras de llegadas y de residencia.

- El interior peninsular (las dos Castillas y Extremadura), el interior gallego y Asturias y Cantabria presentan las menores cifras.

Las causas de este reparto se encuentran en el reparto de las ocupaciones que suelen tener los inmigrantes: hay mayores llegadas y mayor número de inmigrantes donde se concentran actividades del sector de la construcción, de las actividades agrarias competitivas, fundamentalmente las orientadas a la exportación, y donde hay un fuerte desarrollo turístico, con actividades, como la hostelería y la restauración, intensivos en mano de obra de baja cualificación.

Si atendemos al tamaño de los municipios de residencia, obtenemos los siguientes resultados:

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- La mayor parte de los inmigrantes (46,5%) residen en grandes ciudades y capitales de provincia, donde:

o Encuentran vivienda relativamente asequible en la zona pauperizada de los cascos históricos o en los barrios envejecidos por la salida de la población joven española hacia las áreas suburbanas.

o Se concentra un porcentaje importante de la oferta de trabajo.

- Un 16,24% de los inmigrantes residen en municipios pequeños del ámbito rural, donde se ocupan en actividades agrarias o relacionadas con su multifuncionalidad.

- El resto de los inmigrantes tienen destino en poblaciones de tamaño medio, la mayor parte de las veces bien comunicadas con las grandes ciudades o situadas en el litoral español, cerca de los empleos antes descritos.

En cuanto a la estructura por edades de la población inmigrante, se observa una clara relación con el tipo de migración que realizan: al ser un movimiento que tiene motivos esencialmente laborales, la población (el 68,8%) que la realiza son adultos jóvenes (16-45 años), teniendo especial relevancia la fracción entre 25 y 35 años (30,8%).

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Por último trataremos el tema de las repercusiones que está teniendo la llegada de inmigrantes sobre la población española. Ya hemos comentado las repercusiones demográficas, en cuanto suponen un cierto rejuvenecimiento y un ligero incremento en la TBN, también hemos señalado la ocupación de puestos de trabajo en sectores intensivos en mano de obra de baja cualificación para los que la demanda de empelo española es escasa, bien porque los salarios no se acomodan al nivel de renta que los trabajadores españoles esperan, bien porque la envejecida población española no aporta un crecimiento de su población activa suficiente para la oferta de empleo. Pero hay también otras consecuencias:

- La población inmigrante regular está aportando unos ingresos a la Seguridad Social que ayudan a mantener el gasto que origina el elevado porcentaje de población envejecida. Los inmigrantes, si bien llegan a nuestro país con notables carencias médicas que se aprestan a cubrir con nuestro sistema social de salud, son población joven que presenta niveles de gasto médico y sanitario menores que la media española, mucho más envejecida y, por tanto, con mayores riesgos y gastos de salud.

- La población inmigrante busca alojamiento en viviendas relativamente baratas, que se encuentran en los cascos históricos (en las zonas pauperizadas) y en los antiguos barrios de trabajadores que ahora, como ya hemos comentado, se encuentran envejecidos por la salida de la población hacia las áreas suburbanas. En estas zonas encuentran viviendas baratas, aunque las condiciones de habitabilidad no son las mejores. La concentración de importantes índices de población inmigrante, a veces de orígenes similares, da lugar a la aparición de fenómenos de segregación que plantean importantes problemas sociales.

- La llegada de un número importante de población de otros lugares, con otras lenguas, otras costumbres, otras culturas, otras religiones, etc. y su concentración en barrios que ofrecen vivienda relativamente barata ocasiona fenómenos de aculturación sobre la población española que convive con ellos, y puede dar lugar a fenómenos de rechazo si no se consigue una integración democrática de esas formas de vida dispares. Esas actitudes de rechazo, llevadas al campo de la intolerancia, pueden manifestarse en la forma de ideologías y comportamientos racistas.

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Pueden analizarse más informaciones en el anexo a este capítulo.

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