Título: Nosotras Cuatro
Autor: Katherine Daihana Quezada Ilustraciones: Cuadro del autor ISBN: 9798650703563
Mayo de 2020 ~ Primera Edición
Copyright © 2020 Katherine Daihana Quezada Todos los derechos reservados.
Índice
Contenido
SINOPSIS 1 Escuela 2 Escuela II 3 Detención 4 Detención II 5 Amigas 6 La Plegaria 7 El Concurso 8 Casualidades 9 Cupcakes X Beso 10 Anónimos
11 Más Anónimos 12 Canciones
13 Primera Conversación 14 No es un juego
15 Negro
16 Nuevo Vecino 17 Travesuras 18 Rebuscando 19 La Culpa
20 Espiando al enemigo 21 La Cita
22 La mejor parte 23 El Encuentro 24 Castigados 25 La Reunión 26 El Cine
27 ¿Por qué Nosotras?
28 El Secreto 29 La Verdad 30 Seguras 31 Mr. Sheldom 32 El Primero 33 Mi Estrella 34 Sombras 35 El Secuestro 36 ¿Quién eres tú?
37 Hotel Palace 38 El Trato 39 Game Over EPÍLOGO
Sinopsis
Kate, Lory, Walky, y Yule eran cuatro jovencitas que asistían a la misma escuela, frecuentaban los mismos lugares y además tenían la misma edad. Por alguna extraña razón, sus vidas estaban ligadas por muchas razones que las hacían relacionarse aún sin saber nada sobre ello. No sabemos si por casualidad o coincidencia, ninguna de ellas vivía con sus padres, sin haber nacido ni siquiera cada uno de
ellos las abandonaron de manera fugaz y repentina, sin darles chance a verlos nuevamente. Pero esa solo sería una de las razones por las cuales al crecer estarían corriendo un grave peligro.
Cuando ellas se conocieron, no fue de la forma más apropiada, pero si la más divertida, y a partir de entonces decidieron volverse
amigas, a pesar de no saber el futuro que les aguardaba.
¿Quieres saberlo? ¿Me acompañas a averiguarlo?
Capítulo 1
Escuela
¡Mmmm... Dormir! Es lo mejor que puede hacer el ser humano.
Recargar sus energías en una cómoda cama y abrigado con una manta súper suave, es lo mejor del mundo. Excepto cuando tienes que ir a la escuela y un objeto pequeño interrumpe tu paz. ¡Cómo odio los despertadores! Era el aparato más ruidoso y molesto que mi madre pudo haberme comprado. ¿A qué mente humana se le ocurrió crear esto? ¿O peor aún, por qué mi mamá decidió comprar eso?
Me levante a duras penas de la cama frotándome los ojos y entre al baño a darme una ducha. Al mirarme en el espejo del baño mire mi cabello y estaba hecho un desastre, sin embargo, peinarme no era mi mayor virtud. Me duché y me vestí rápidamente puesto que mamá ya me gritaba desde la cocina:
- ¡Kate, ven a desayunar, llegarás tarde a clases!
- Si, ya voy mamá. - respondí al instante.
Bajé a la cocina y vi a mamá colocar dos platos en la mesa cuando de pronto me miró fijamente, tratando de encontrar algo, aunque su vista no se despegaba de mi cabeza.
- Kate, ¿Qué es lo que tienes en el cabello? ¿Pretendes ir así a la escuela?
- Mamá, - dije haciendo pucheros al mismo tiempo que me sentaba en la mesa. - no es necesario que me peine, me veo lo suficientemente aceptable para salir. Iré a la escuela, no a un concurso de belleza. - y comencé a devorar todo lo que había en mi plato.
- Cómo digas, luego si te preguntan por ahí no digas que eres mi hija ¿Vale?
- Si, mamá. – Respondí en una carcajada, terminé mi desayuno y me levanté de la mesa. – Ya me voy, te quiero. – y besé su mejilla.
- No te metas en problemas hija. – gritó cuando estaba en la puerta.
Intentaré seguir sus indicaciones, pero no prometo mucho.
(...)
Mi escuela no quedaba muy lejos de mi antigua casa, solo a diez minutos, pero recién me mudé a este nuevo vecindario que está más lejos y pues, tenía que caminar un poco más para poder llegar a tiempo al lugar "que me haría una persona eficiente en el futuro" o más o menos así decía la directora de la escuela, la Señora Guzmán, una mujer no muy agradable.
Andaba despacio para conocer este nuevo lugar, sin embargo, una llamada hizo detener mi caminata.
- ¡Ana! ¿Cómo estás? – respondí alegre.
- No tan bien como suenas amiga, llamaba para despedirme. – se instaló un silencio desde la otra línea.
- Pero ¿Por qué? Pensaba que te irías en el fin de semana como dijiste. ¿Cómo es que te vas ahora? – repliqué entristecida.
- Lo siento, mi mamá adelanto el vuelo a los Estados Unidos porque mi padre nos quiere allá cuanto antes. – pude percibir su tristeza desde aquí.
- Ay Ana, te voy a extrañar muchísimo y ni siquiera nos dieron tiempo a despedirnos.
- Sí, yo también te extrañaré mucho, amiga. Pero te llamaré todo lo que pueda para que siempre estemos en contacto.
Las despedidas hacia tus seres queridos nunca son buenas, pero siempre significan un ciclo nuevo por el cual estas a punto de experimentar. En este caso Ana siempre había sido mi mejor amiga, creo que desde muy pequeñas y desde siempre hemos estado juntas. Hemos mantenido una muy linda amistad y tenemos mucho
en común. Esta vez, ella debía viajar fuera del país porque su padre había conseguido obtener su residencia internacional y la de su madre y esta era una maravillosa experiencia que ella iba a comenzar a vivir. Estaba triste en cierto aspecto porque la extrañaría mucho, pero a la vez estaba muy contenta por ella.
- Ten un feliz viaje amiga. No olvides que te quiero mucho. – la escuché suspirar.
- Yo también te quiero. Prometo enviarte fotos.
- Esta bien, adiós. – me quedé pensativa luego de terminar la llamada, lo que hizo acordarme de todas las travesuras que Ana y yo hacíamos cuando teníamos tiempo libre, o sea, a cada rato.
Nunca olvidaré lo que le hicimos a un vecino gruñón que teníamos llamado el Señor Pérez.
Cavamos un hoyo a unos pocos centímetros de su casa y en el fondo pusimos pintura vieja. El Sr. Pérez casi no podía ver y como era de esperarse, cayó en el hoyo, que tampoco era muy profundo, creo que le llegaba hasta las rodillas al pobre viejecito. Éramos muy chicas, pero sí que nos burlamos bastante cuando le escuchamos gritar y quejarse por nuestra broma. Pasamos muchos momentos divertidos, pero luego mi mamá dijo que nos mudaríamos del barrio, pero de todas maneras nos seguíamos viendo, pero entonces surgió lo de su residencia internacional y no había nada que hacer en contra de eso.
Estaba muy feliz por ella, pero me quedaría sola y sin amigas, puesto que mi única amiga era ella y encima de toda esto, tenía que ir a la escuela.
Retiro lo dicho, no estoy para nada feliz.
Capítulo 2
Escuela II
Definitivamente, esta había sido la mañana más aburrida que he tenido. Desesperada sólo contaba los segundos para que esta primera clase tuviera su fin, puesto que comúnmente, los primeros días de clase eran un poco pesados y aburridos. El timbre sonó al fin anunciando la conclusión de esta primera clase y creo que, si se tardaba un minuto más, yo misma lo haría sonar. Tal era mi desesperación que cuando salí del salón, tropecé con tres chicas que estaban paradas frente a la puerta.
- ¡Fíjate por donde vas espantapájaros! – gritó una de ellas, justamente la que menos soportaba.
- Nadie te mandó a estar en el medio. - le dije al momento de empujarla para quitarla de mí camino.
- ¡Oye espantapájaros! ¿Cómo te atreves a tocarme? – gritó una vez más. Suspiré hastiada y me di la vuelta para acercarme. Ella, me miraba con aire desafiante, pero no lograría intimidarme.
- Por lo menos espanto pájaros. – dije bastante irritada y noté como muchos se acercaron a nosotras para observar la escena, algo que no me hacía gracia en lo absoluto. – En cambio, tu no espantas ni una mosca, estúpida. – proseguí. Al instante, todos los que me escucharon se echaron a reír y, aunque no buscaba exaltar la ofensa, no les negaré que eso me hizo sentir un poco mejor. Ella roja del enojo quiso contrarrestar mis palabras con una bofetada, sin embargo, detuve su mano justo a tiempo y apretándola bastante fuerte, le dije:
- No te atrevas a ponerme un solo dedo encima. – intensifiqué aún más el agarre que tenía en su brazo, lo que provocó una expresión de dolor en su rostro. – No sabes lo que puede pasarte, así que deja de molestarme, Alicia.
Les cuento, Alicia era una de las chicas más odiosas e insoportables de mi escuela y siempre andaba acompañada de sus dos fieles seguidoras Lisa y Elisa, hermanas, por cierto. Este trío, por desgracia, siempre había pertenecido a todas mis clases, por lo que desde siempre nos hemos llevado mal. Sin embargo, ya les había dicho a las hermanitas, que no sería su presa para molestar, pero a Alicia, eso aún no le había quedado claro.
Solté a Alicia con la intención de apartarme e irme de ahí, pero esta me lanzó un golpe nuevamente, atinando esta vez. Eso era lo único que faltaba para que mi paciencia se agotara y con toda la rabia que tenía la tomé por los cabellos, la tiré al piso y me monté encima de ella para golpearla sin compasión. Más y más personas llegaban a ver esta pelea y aunque en realidad no quería meterme en problemas, en lo único que podía pensar, era en darle una buena paliza a Alicia, quien, gritando como loca, intentaba cubrirse de los golpes con sus manos, pero yo estaba furiosa, así que la golpeaba una y otra vez.
La cosa es que todo se volvió un caos, escuchaba a muchos chicos que gritaban mi nombre, otros gritaban el nombre de Alicia, y otros sólo gritaban cosas inentendibles, pero entonces al final del otro pasillo, se escuchó otro alboroto, sin embargo, lo que hizo que me detuviera fueron las manos de la maestra Robles que me agarraba fuerte del brazo para separarme de Alicia.
- ¿Qué es lo que está pasando aquí? - pregunto brusca y rápidamente, todo mundo se fue a sus salones de clases. Alicia, que logró sobreponerse, se levantó quejumbrosa y exagerando sus gritos hasta más no poder dijo:
- Kate me tiró al suelo, comenzó a golpearme, sin razón alguna y sólo por gusto. Yo me acerqué a ella para conversar como buenas
compañeras y de la nada comenzó a maltratarme. - ¿Ya les comenté que Alicia era manipuladora por defecto? – Sí cree que estoy mintiendo, Lisa y Elisa son mis testigos. – Por esa razón, eran inseparables, porque hacían todo lo que Alicia les decía y sin objetar.
- Quisimos hacer algo, pero Kate no nos dejó y nos empujó hacia una esquina maestra. – dijo Lisa. – Creo que es muy violenta y no sabe controlar sus impulsos. – secundó Elisa.
- Nada de lo que dicen es verdad. – solté para interrumpirles. Es aquí donde necesitas público y no aparece nadie que te ayude. De todas maneras, la Sra. Robles les creyó y me tomó una vez más por el brazo para llevarme a su salón favorito: El salón de detención.
¡Este día no podía ser peor!
Capítulo 3
Detención
- ¡Suélteme, esto es una injusticia! – gritaba mientras nos dirigíamos al salón de detención.
- ¡Silencio Kate! No puedo creer que hayas peleado con una compañera el primer día de clases, esto es inaudito. – increpó la Sra. Robles al momento de sentarse en su escritorio preferido: “El escritorio de detención”, en donde aplicaba tareas ridículamente extensas a modo de castigo.
- Kate, toma asiento. ¡Ya basta de tanto berrinche!
Resignada pero aún enojada decidí escoger un lugar para sentarme y contar una vez más las horas para salir de este calvario, sin embargo, al hacerlo me di cuenta de que esta vez tendría compañía, puesto que tres chicas con caras de pocos amigos detenían fijamente su mirada en mí. Estaban sentadas en forma horizontal de frente a la pizarra, una al lado de la otra y al final de la línea una silla vacía esperaba por mí.
Tomé asiento con disimulo y comencé a analizarlas con detenimiento. Comenzando con la primera de la línea, era delgada, piel clara, mucho diría yo, como si pocas veces saliera a darse un baño de sol, cabello largo teñido de negro, pero con las puntas de un tono rojizo, nariz pequeña pero ancha, labios un tanto gruesos, ojos achinados y pómulos pequeños, no olvidando sus uñas naturales que eran bastante largas. Yo no podría mantenerlas así, aunque las dejara crecer toda una vida.
La siguiente era un poco más voluminosa que la pelirroja, pelo castaño oscuro y abundante que le llegaba hasta un poco más debajo de los hombros, piel más bronceada y ligeramente más
oscura, nariz fina y pequeña, labios redondos y gruesos y rostro ovalado marcando sus altos pómulos. Y por último la que estaba a mi lado, tenía el pelo ondulado y muy oscuro, casi negro que caía sobre sus hombros, piel más oscura y facciones más destacadas, como sus cejas que estaban muy bien pobladas, pero de forma uniforme, nariz fina y respingada, labios simétricos y gruesos, grandes pómulos y ojos saltones, que adornaban su rostro. En conclusión, eran chicas bonitas pero enojadas que habían hecho algo malo y por eso estaban en detención, al igual que yo.
Confieso que me gustaría mucho saber qué las trajo hasta aquí, a sabiendas de que a mí me castigaron por defenderme de una irritante y molestosa Alicia, quien también debería haber venido, aunque es muy probable que esté en la enfermería recibiendo atención por los golpes que le propiné. –sonreí – eso me hace sentir un poco mejor.
- Señoritas. - Dijo al fin la Sra. Robles incorporando su viejo y gastado cuerpo.
En comparación con las descripciones anteriores esta mujer tenía todas las de perder. Lo lamento, pero ser tan mala con los estudiantes la volvió fea, arrugada y decrépita. Aunque también está el hecho de que la Sra. Robles pertenecía al grupo de las maestras antiguas, que todo lo resolvían con una vara fina de madera, ya sea golpeándote en la palma de tus manos o en las piernas y considerando que en sus sesenta y tantos años, llevaba una vida entregada a la enseñanza, brusca, pero siempre maestra.
- Me da gusto que estén aquí. - Y extendió su boca ampliamente en un pobre intento de reír con malicia. Una vista no muy agradable para percibir. - Ustedes cuatro, engendros de Satán, han querido verme la cara de inútil, y han hecho lo que les dio su gana pretendiendo que nadie las viese, pero no les salió bien el numerito, o ¿Qué creen ustedes que soy?
- Una vieja loca, boba y aburrida que al parecer su sueldo como maestra no les es suficiente para vivir y por eso tiene que pasarse el
tiempo molestando a otros con sus estupideces que no le hacen gracia a nadie. – interrumpió la pelirroja. Inmediatamente, vi como el rostro de Robles se encendió con furia y con paso apresurado se colocó frente a la pelirroja.
- ¡Ponte de pie insecto! – gritó.
- ¿Que quiere? – ni siquiera se inmutó o hizo esfuerzo alguno por levantarse de su asiento, lo que hizo a Robles enfurecer aún más. Todas nos quedamos sorprendidas y a la expectativa, de cómo terminaría esta disputa.
- Quiero que hagas 20 páginas de caligrafía diciendo “Debo respetar a mi maestra”. – se los dije, nadie hace eso en este siglo.
- ¿Y quién dijo que voy a escribirle a usted 20 páginas? – y sacó una lima de uñas de su bolsillo y comenzó a tallarla sobre su dedo índice con suma lentitud.
Eso era precisamente lo que tenía a Robles echando humo por los oídos, la manera descarada con la que no le hacía caso a ninguno de sus mandatos, denigrando completamente su autoridad.
Entonces, perdiendo completamente toda la paciencia comenzó a gritar de manera desquiciada, mientras pretendía echarse sobre la pelirroja con furia y tirar de sus cabellos. Ante tal reacción nuestras bocas cayeron abruptamente en plena demostración de shock y la pelirroja extendió rápidamente sus brazos sobre su cabeza para evitar cualquier ataque, sin embargo, los gritos de Robles cesaron de golpe al escuchar la puerta abrirse y aparecer tras ella, la Directora Guzmán.
- Buenos días. - Dijo con voz cortés.
Saben, la Sra. Robles y la Sra. Guzmán eran muy diferentes en algunos aspectos. La Sra. Robles podría bien ser comparada con una de esas brujas de los cuentos de hadas, cabello canoso, verruga en la nariz, ropas largas y anchas y muchas más similitudes que pudiésemos encontrar, pero al hablar
de la Sra. Guzmán, tendríamos que dirigirnos a esas películas en donde la villana es una mujer con apariencia joven, aunque su edad ronde por los cuarenta y los cincuenta, estilo formal, pero impecable, cabello rubio, corto y bien cuidado, rostro maquillado con moderación y cuerpo esbelto y atractivo. Pero eso no quita que una sea más buena que la otra, al contrario, la segunda aquí viene siendo la más imponente y peor de las dos.
- Sra. Robles necesito hablar con usted. – y no se dignó tan siquiera en preguntar el motivo del alboroto o cuáles eran las intenciones de Robles. Eso no le interesaba en lo absoluto, por lo que simplemente se dio la vuelta, no sin antes mirarnos despectivamente y murmurar:
- ¡Cuán detestables son!
Ante tal expresión Robles, quien ya se había alejado de la pelirroja, quiso agregar algo parecido, sin embargo, la
directora no se lo permitió, más
la llamo otra vez haciéndola desaparecer del salón.
- ¿Acaso iba a halarte el cabello esa mujer? – reaccionó la castaña.
- Pero qué atrevida. – secundó la que estaba a mi lado.
La pelirroja, no había hablado otra vez. Actuaba en cierto aspecto como si trataba de ignorar lo recién acontecido, sin embargo, a leguas se notaba su incomodidad y enojo. Fue algo demasiado inapropiado el querer lastimarla y aunque ella no obedeció las palabras de Robles, no había ningún derecho de querer hacerle daño. Y lamentablemente, no teníamos a nadie quien pudiera defendernos, puesto que como se habrán dado cuenta, a Guzmán le importa muy poco lo que los maestros hagan con nosotros, es por eso por lo que teníamos dos opciones: quedarnos sin hacer nada, o tomar carta en el asunto con nuestras propias manos y adivinen cuál opción me gustaba más.
- Tenemos que ponerla en su lugar. Mucho gusto, mi nombre es Kate.
Capítulo 4
Detención II
Un pequeño silencio arropó el salón, sin embargo, vi como luego de algunos segundos, quien estaba a mi lado estrechó su mano hacia mí a modo de saludo.
- ¡Si! Completamente de acuerdo contigo. Mucho gusto, soy Lory. – sonriente me incorporé para responderle mientras que la castaña se unía a la interacción.
- Quiero ser parte también, soy Yule. – me da la impresión de que aun sin conocerlas en lo absoluto, pueden ser chicas agradables y geniales. Luego de intercambiar algunas palabras entre las tres, nos dirigimos hasta la pelirroja. Continuaba serena, analizando en silencio cada una de las cosas que decíamos.
- Emmm ¿Te vas a quedar ahí? - Le pregunte. Ella, alzó su mirada con detenimiento y se quedó observándome por unos segundos. Su rostro no daba ningún indicio de querer participar de lo que sea que fuésemos a hacer y eso en parte sería un poco decepcionante, puesto que ella fue la atacada por Robles, sin embargo, poco a poco una sonrisa juguetona se fue formando en sus labios, afirmando lo que necesitaba. Ya era un hecho, el equipo estaba completo.
- ¡Venga, vamos a jugar sucio!
Tengo como costumbre todos los primeros días de escuela hacer una broma, es como una especie de tradición y no es que sean cosas graves, de hecho, son tan divertidas que al final, nadie nunca, se ha daba cuenta de quién era el responsable. Cosas como, llenar los pasillos de papel de baño, esconder el celular de Robles y hacer que esta se tarde horas en encontrarlo, pegar chicle en las sillas de
algunos y así por el estilo. Todo eso para aligerar un poco lo tedioso del primer día de clases y ya se había convertido en una constancia para mí, por lo que en esta ocasión no habría excepciones, es más, había motivos de sobra para causar problemas y no sentirme arrepentida por ello en lo absoluto. Además, esta vez no estaría sola, tenía la ayuda de tres chicas que al parecer eran lo bastante rebeldes, al igual que yo.
Entonces, rebuscando en mi mochila, encontré unos globos y un poco de pintura acrílica negra, tenía pensado ensuciar algún lado de la cancha o del patio, pero me llegó a la mente algo mucho mejor.
- ¿Qué les parece si le damos un pequeño susto a esta mujer?
Quizás estas cosas sirvan para algo. – señalé lo que había en mi mochila.
- Bien. - dijeron y todas nos pusimos a trabajar.
Y comenzó el desastre, Lory tomó un marcador y comenzó a rayar la pizarra escribiendo varias cosas y haciendo dibujos exagerados, en lo que Yule, la pelirroja y yo tirábamos todas las cosas que estaban en su escritorio, entiéndase libros, cuadernos, lápices y todo lo que se pudiera botar al piso, no sin antes tachar nuestros nombres de la lista de indisciplinados. Si bien, eso no eliminaría nuestro mal comportamiento, nos permitiría salir de allí, puesto que una vez que el maestro encargado de detención tacha tu nombre, significa que habías cumplido con las horas establecidas y ya podías volver a tus clases, o con un poco de suerte, a tu casa.
Por último, llenamos dos globos con la pintura y con cinta adhesiva los pegamos a su silla. Creo que después de esto, Robles sufrirá un ataque cardiaco.
El plan era el siguiente: esperar a la Sra. Robles en la puerta y simular que queríamos hacerle daño, utilizando la “filosa” lima de uñas, que era simplemente una lima fabricada con un material duro, como si fuera de hierro y con una pequeña punta para limpiar las uñas, un objeto bastante inofensivo, perteneciente a... ¿La pelirroja?
Bueno aun no me dijo su nombre y es un poco agotador llamarla de esa manera simplemente por el color de su cabello, mejor llamémosla “Mechonada”, creo que es un buen apodo.
En fin, entre las cuatro haríamos como si fuéramos a atacarla haciéndola entrar al salón de espaldas a su escritorio. Con un poco de suerte, ella caminaría en retroceso y cuando llegara a su silla, la empujaríamos lo suficientemente fuerte para que caiga de golpe y exploten los globos con la pintura dentro. Una cosa no muy grave, pero de seguro muy divertida.
- ¡Escuchen, ahí viene! - Les advertí, entonces apagamos todas las luces y se abrió la puerta. La hora del espectáculo había llegado, por lo que rápidamente nos abalanzamos sobre ella y tal como lo acordamos, la Mechonada colocó el "arma” sobre su cuello haciéndola palidecer con miedo.
- ¡Tranquilas!... No me hagan daño por favor... – realmente se podía percibir que estaba muy asustada.
- Pero si no te haremos nada brujita. Solo queremos enseñarte quienes tienen el control aquí. - Dijo la Mechonada con bastante firmeza. En verdad quien no supiera que esto era una broma podría llamar a alguna autoridad y denunciarnos. Pero como en esta escuela a nadie le importaba el bien o mal del otro, no nos preocupamos por eso en lo absoluto.
De un tirón metimos a Robles en el aula y cerramos la puerta inmediatamente, encendimos una bombilla y la obligamos a leer lo que había escrito en la pizarra. Definitivamente, debimos haber grabado esto.
- Va… va… vamos a… - leía entrecortada la pobre mujer. Tal vez piensen que nos pasamos un poquito, pero es que esta señora era demasiado desvergonzada, había que enseñarle que las cosas ya no eran a su estilo y que actuaba demasiado mal. – Vamos a…
cortar…te en peda…ci… - ni siquiera terminó de leer la frase, puesto
que comenzó a llorar desconsolada suplicando que la dejásemos en paz.
Entonces, aprovechando su estado de vulnerabilidad, la acercamos a su silla y cuando estuvo en el lugar indicado, entre todas la empujamos hacia abajo con tanta furia que la silla se desplomó por completo, haciéndola caer de golpe al piso y quedarse con toda su ropa llena de pintura.
Nuestros vítores y carcajadas ahogaron los gritos incesantes de Robles, quien al comprender que había sido víctima de una broma pesada, comenzó a maldecirnos como decrépita mientras intentaba levantarse del piso, sin embargo, le fue muy difícil conseguirlo, puesto que se había quedado atascada por los bordes de la silla que no se rompieron, manteniéndola aprisionada contra el piso e impidiendo su incorporación, por lo que continuaba maldiciendo y gritando, ocasionando que nos explotáramos de la risa frente a sus narices.
- ¡Ya verán lo que les haré cuando pueda levantarme! ¡Son ustedes unas desgraciadas! ¡Haré que las expulsen inmediatamente! - el vientre me dolía ya, de tanto reírme- ¡Llamaré a la directora en este mismo instante!
- Pero ¿Qué es este escándalo? – qué habilidad de aparecerse justo cuando es nombrada. Guzmán se adentró al salón bastante sorprendida por la situación.
- ¡Estos demonios me hicieron esto, dijeron varias cosas hirientes, hasta me golpearon! – gritó exasperada, mientras la directora le ayudaba a ponerse de pie y una vez conseguido, señaló con su dedo a La Mechonada en forma de acusación. – Tú, estas violando las reglas de la escuela, tienes un arma.
- ¿Un arma? – Preguntó la directora alterada. Ante tal declaración, La Mechonada sacó a la luz su lima y se la tendió a la directora, quien comenzó a analizar el artefacto con atención.
- Nunca pensé que las limas de uñas eran armas. ¿Maestra usted está segura de que fue un arma lo que vio? – atacó en su defensa.
- ¡Claro que la vi! Todas se pusieron de acuerdo para hacer de las suyas.
- No sé quiénes son maestra, no nos conocemos. – dijo Yule fingiendo inocencia. – lo más probable es que todo eso lo hayan hecho algunos de los chicos de afuera haciendo de las suyas y han querido inculparnos.
- Bueno, pero tampoco es que ustedes son lo más angelical que ha pasado por esta escuela. – increpó Guzmán. – Se supone que si están castigadas deben pasarlo aquí adentro, es muy probable que sean ustedes las causantes de este desastre.
- Con todo respeto Sra. Guzmán. – interrumpí. No pretendíamos su visita, pero había que salir de esta jugarreta lo antes posible.
Preferiblemente para evitar otro castigo más. – Salimos por unos minutos al patio mientras la Sra. Robles no estaba y cuando llegamos, un poco antes que usted, la encontramos de esta manera.
Quisimos ayudarla, pero se negó rotundamente. – el rostro de Robles se volvió rojo intenso al escuchar mis palabras.
- Además, creo que nuestro tiempo de estar aquí ya concluyó. – añadió Lory. Robles, buscó el registro con rapidez, mientras afirmaba que estaríamos castigadas durante mucho más tiempo y que, si pretendíamos que nos fuéramos en este momento, estábamos muy equivocadas. Sin embargo, su rostro quedó desencajado al encontrar nuestros nombres tachados de su lista.
Esto estaba quedando mejor de lo planeado.
Desesperada, Robles volvió a gritar una vez más señalando que habíamos tocado sus cosas y que esas tachaduras la habíamos hecho nosotras mismas y un sin número de cosas más. Creo que la vejez la estaba dejando sorda, porque sí que era chillona esta mujer.
- Agh ¡Silencio! – declaró Guzmán hastiada. – Ya me cansé de escucharlas a todas. Mire Sra. Robles, estos chistecitos no les pegan a las mujeres de su edad. Mejor póngase a recoger todo esto, porque no le pago para montar estos espectáculos. – todas estábamos bien cerca a explotar de la risa, pero debíamos contenernos para así poder irnos más rápido.
- Ustedes, muchachitas sin oficio. – señaló. – Recojan sus cosas y se van a sus casas, ya me cansé de verlas aquí hoy. Y si saben que mañana me darán problemas, mejor quédense y molesten a su familia. - ¡Cuanta dulzura en una sola mujer! Les dije que ninguna de las dos podría resultar agradable para mí. sin embargo, esta vez acatamos sus órdenes con todo gusto y nos fuimos de allí inmediatamente.
- Nunca había visto a una mujer que gritara tanto. – afirmó Yule mientras salíamos de la escuela. No teníamos mucho que hace, por lo que las invité a almorzar a mi casa y así conversar mejor sobre lo sucedido.
- Caramba sí, pero todos sus gritos me causaron bastante diversión.
– añadió Lory. – Para haber sido improvisado, la broma quedó bastante bien.
- ¡Si! Fue muy divertido. – exclamó La Mechonada.
- ¡Oye Mechonada! Eres una gran actriz. – en verdad parecía toda una pro cuando amenazaba a Robles con la lima. Al escuchar mi comentario, la susodicha pegó una risotada haciéndonos detenernos.
- ¿Cómo fue que me llamaste? – creo que lo dije sin darme cuenta.
Bueno, si desconozco su nombre debía mencionarla de alguna otra forma.
- Es sólo un apodo. – respondí un poco avergonzada. – Tú sabes, por tus mechones rojos. Ella dejó de reírse y nos indicó que
volviéramos a caminar. No creo que le haya molestado el mote asignado.
- Mechonada es un poco raro ¿No crees? – alegó. – Llámame Walky.
- Eso está mucho mejor.
Capítulo 5
Amigas
- Bienvenidas a mi humilde morada. – durante el camino nos dimos cuenta de que compartíamos el mismo vecindario. Realmente no me fue muy sorpresivo saberlo, puesto que no salía mucho de casa una vez que nos mudamos allí. También descubrí que en la escuela nunca frecuentamos porque no tuvimos ninguna clase juntas, aunque también estaba el hecho de que tenían muy poco yendo a F&G’s School - un nombre muy peculiar para una escuela
¿No creen?
Mi casa no era muy grande, ni muy lujosa, pero si acogedora y agradable. No teníamos todos los lujos del mundo, pero no nos sentíamos mal por ello. A mi madre y a mí nos bastaba nuestra mutua compañía y con eso era suficiente. Siempre había sido así, de hecho, fueron pocas las veces que escuché a mi madre hablar de mi papá, por eso, cuando tuve uso de razón y comprendí que él no estaría en mi vida de ninguna manera, me resigné y me acostumbré a ello, porque es normal que todo niño quiera crecer con la figura paterna a su lado, sin embargo, mi mamá se encargó de evitarme tristezas con respecto a eso y que su ausencia no me hiciera daño. Y aunque de vez en cuando añoraba conocer al menos su rostro y saber cómo era, si me parecía a él o no, me aferré a la idea de que mi papá había tomado un largo viaje y nunca más regresaría, metafórica o literalmente.
- ¡Mama, ya estoy en casa! –
- ¿Qué hiciste de nuevo? – escuché desde la cocina. No pude evitar sonreír mientras invitaba a las chicas a acomodarse. Una de las cosas que implica crecer solamente con tu madre, es el hecho de que conoce demasiado bien todas tus andanzas, fechorías o demás, es decir, todas las madres del mundo conocen a sus hijos
como la palma de sus manos, o al menos la gran mayoría, pero cuando eres hija única y sólo son tú y tu mamá, hay un nivel de confianza muchísimo más profundo.
- ¿Por qué crees que podría haber hecho algo? – el olor a pollo horneado golpeó mis sentidos con fiera intensidad. ¡Delicioso!
- Porque lo sé, así de sencillo. – dejé un beso en su mejilla mientras ella continuaba cortando algunos vegetales.
- Bueno sí te sirve de consejo, no me escapé de la escuela. – escuché como resoplaba en un intento de querer enojarse. – Tranquila mamá, la directora nos dejó venir a casa. – sonreí.
- Qué atenta de su parte, debe ser una señora agradable. – uf sí, es tan genial que destella brillitos cuando habla. Creo que en mi vida nunca había conocido a una mujer tan amarga como Guzmán.
Todas las cosas le parecían desagradables, es más ella odia a todo el mundo, eso es seguro.
- Entonces esta vez te portaste bien. ¡Qué hija tan obediente tengo! – y me echó una mirada de reojo, de esas que aparecen cuando no creen nada de lo que dices.
- Bueno, ese no es el punto ahora mamá. – tomé una fruta de la cesta que estaba sobre la mesa. Se estaba quedando vacía, por lo que luego tendré que comprar algunas cosas. – Quiuieurio prieseurntarte a…
- ¡No hables con la boca llena niña! – tragué lo que tenía con rapidez, lo lamento, pero mi estómago necesitaba suplementos. – Esos no son los modales que te he enseñado. – movió algunas ollas sobre la estufa y se volteó hacia mi limpiándose las manos con un paño.
- Que quiero presentarte a algunas personas. – su frente se arrugó en sinónimo de incredulidad. Si, esos no eran los planes, pero al parecer hoy había conseguido nuevas amigas. No es que sea una inadaptada o algo así. Pero la única amiga que llevaba a
casa era Ana y pues ella estaba en estos momentos a muchos kilómetros de aquí. Tampoco es que en la escuela no me hablaba con nadie, de hecho, mantengo una buena relación con la mayoría de mis compañeros de estudio, pero no son más que eso, compañeros.
- Alguien amaneció de muy buen humor hoy. – una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Rodé los ojos y la halé por un brazo para llevarla a la sala. Lory, Yule y Walky nos recibieron sonrientes.
- Chicas ella mi mamá, Ana. – mamá solo se quedó mirándome como, oh sí es cierto que trajo gente a la casa.
- Pensé que eran imaginarias. – soltó en una carcajada. Las chicas sólo sonrieron con timidez y luego de las presentaciones correspondientes, mamá volvió a la cocina y yo las llevé a mi habitación.
- Tu madre es muy agradable Kate.
- Un pan del cielo Yule. – respondí feliz. – Creo que ya estamos en confianza, y por eso me tomaré el atrevimiento de preguntar
¿Por qué las llevaron a detención? – era muy común estar sola en ese lugar, hasta hoy.
- Nos portamos tan bien que para no contagiar el exceso de buenas obras nos aislaron de los demás. – una gran carcajada brotó de mis labios sin poder evitarlo.
- Oye, el sarcasmo déjalo para cuando estemos con la maestra Robles otra vez. – dijo Lory dándole un codazo a Walky. – Pero en verdad es una pregunta un poco eh... ¿obvia? – bueno simplemente quería indagar un poco, no sé. Ser chismosa de vez en cuando no está mal.
- Bueno tampoco es que le van a caer encima a la pobre Kate. – espetó Yule. – Comenzaré yo. Había una chica en mi salón que no me caía muy bien. No sé, hablaba con una voz muy aguda y quería ser como el centro de la atención. – hizo una ligera pausa mientras
acomodaba su cabello. – Entonces, vino hasta donde mí para hacerme pertenecer a una de esas molestas campañas sobre cómo ella podría ser la candidata perfecta para ser la Representante estudiantil o algo así.
- ¡Qué superficial!
- Exactamente Walky, bastante. Entonces con mucho tacto le dije que no me interesaba, pero la chica siguió insistiendo y lamentablemente tengo muy poca paciencia. Si dije que no a la primera no sigas molestándome. – sé bien lo que es esa sensación.
No suelo perder los estribos con rapidez, pero Alicia es una de esas pocas personas que me hace pasar mis límites. – Resulta que la chica, rubia por cierto Kate, tendió la lista de firmas en la mesa como queriendo obligarme a inscribirme. Solo la miré, respiré profundo, la halé por las greñas y le dije que no me interesaba en lo absoluto su estúpida campaña.
Tomé mi pelo instintivamente y comencé a acariciarlo como si lo estuviera curando de ese ataque. No era rubia teñida, y tampoco era de esas rubias tirando a blanco o dorado. Más bien, tenía el pelo bastante claro, muy claro, que me convertía en rubia natural.
Tampoco lo tenía muy largo, me llegaba hasta la mitad de la espalda y me sentía bastante cómoda con tenerlo así.
- Imagino que después de eso ni siquiera volvió a mirarte. – añadió Lory.
- Efectivamente, luego la maestra me mandó a detención y allá me encontré con Walky. – todas la miramos inmediatamente.
- Lo mío no fue tan épico o descontrolado. Sólo le enseñé a alguien que mis uñas son completamente naturales. – alzó sus manos mostrando sus largas uñas pintadas de amarillo. - Un par de rasguños, no mucho.
- No parecen falsas. – de hecho, se ven muy bien cuidadas. – Ese color te queda muy bien.
- Gracias Kate, es mi favorito.
- A diferencia de ustedes, mi problema fue con un chico. – no es que sea por mera casualidad, hay chicas que pueden llegar a ser muy insoportables. – Estaba comiendo una manzana en la cafetería cuando de pronto un chico pasó corriendo y me pisó los zapatos. No saben cuánto detesto que me pisen. Le grité lo que había hecho y simplemente se echó a reír con descaro, como si lo hubiera a propósito. Si se hubiese disculpado, no hubiera pasado nada, pero como se comportó como un estúpido, le lancé la manzana con tanto ímpetu, que le cayó en la cara dándole justo en la nariz. – gestos y ademanes de sorpresa llenaron la habitación. – Creo que se lastimó feo la nariz, porque se quejó bastante.
- Qué ruda eres niña. Recuérdame no pisarte nunca. –añadió Walky.
- Descuiden, puedo ser muy pacífica de vez en cuando. Pero bueno Kate, tú fuiste la que llegó molesta y haciendo berrinche.
- ¿Se fijaron que llegó haciendo alboroto y desde que nos vio se calló y se sentó? – esta vez todas se echaron a reír. – ¿Pensaste que te haríamos algo o qué?
- Nada de eso Walky. Sólo se me hizo raro estar acompañada. Y además nunca las había visto con anterioridad. – son de estas casualidades de las cuales siempre estarás agradecida por ellas. – Y me pasó casi lo mismo que a Yule. Perdí la paciencia y golpeé a una chica que no soporto ni un poquito.
- Kate, la comida está lista. – se escuchó a mamá desde abajo. -
¿Quién tiene hambre? – rápidamente todas bajamos a la mesa y disfrutamos de la rica comida de mi mamá. Está de más decir que nos pasamos la tarde hablando y riéndonos bastante. Eso nos dio la oportunidad de conocernos mejor y descubrir que teníamos más similitudes que diferencias. Por lo que puedo asegurar, que, a partir de entonces, ellas ocuparían una parte muy significativa de mi vida.
Capítulo 6
La Plegaria
Sólo a mí se me ocurre que puedo reordenar mi habitación en menos de una hora. Cuando las chicas se fueron me dispuse a ordenar algunos documentos que tenía en mi escritorio y ahí tuve la brillante idea de reordenar todo, porque mi decoradora interior le pareció que era hora de hacer cambios en la habitación. No es que sea una holgazana, me parecía bien cambiar un poco, pero llevo horas sacando y tirando papeles inservibles, no sé por qué guardo tantas cosas, no sé para qué me puse a hacer esto. – Agh ¡Qué desastre! – la frustración me consume.
La puerta se abrió dejando entrar a mamá. – Wow, qué ordenado esta esto por aquí. – achiqué mis ojos para proporcionarle una mirada no muy amigable.
- Algo me dice que el sarcasmo se está apoderando de tu alma.
– ella sólo se tumbó en la cama escapando un pesado suspiro.
Inmediatamente, dejé lo que estaba haciendo y me acerqué a ella.
- ¿Está todo bien? - suspiró nuevamente mientras se incorporaba delatando su estado de preocupación. Saben, mi mamá podría tener un gran sentido del humor, ser cariñosa y demostrarme muchísimo afecto, pero sí había algo en ella que por más que buscara siempre estaba apagado, como si le faltara algo en la vida para ser complemente feliz. Por eso, aunque no supiera el motivo, siempre trataba de ahorrarle malos o desagradables momentos, ella no era merecedora de la tristeza.
- El dueño de la casa pasó por aquí. Me pidió el alquiler y como vio que aún no lo tenía, se enfadó mucho y me exigió que le pagara cuanto antes o sino… - un ahogado sollozo la interrumpió. – Nos
sacaría de aquí. – mi madre tenía un trabajo, no muy productivo, pero con el cual lográbamos mantenernos a flote, hacer las compras, pagar algunas cuentas etc., Sin embargo, a veces tenía algunas temporadas de baja en donde ella no conseguía ganar mucho para resolver con las cotidianidades de la casa. Mamá nunca me decía cuando en su trabajo las cosas no iban bien, pero al parecer esta era una de esas veces en la que estaríamos bien apretadas.
- Oye, no… - la envolví en un abrazo. – No quiero que llores.
Vamos a salir de esta como siempre lo hacemos. – acaricié su cabello y la abracé un poco más.
- Lo sé cariño, pero las cosas se vuelven más difícil todos los días. Creo que fue un error habernos mudado aquí. – en nuestro antiguo barrio, teníamos bastantes amigos y conocidos que siempre estaban al pendiente de nosotras y nos proporcionaban ayuda ante cualquier situación. Tampoco es que viviéramos mal allá, pero la casa estaba teniendo muchos desperfectos y el dueño nos dijo que no podía solucionarlo a menos que lo hiciéramos nosotras mismas.
Y bueno, ya podrán adivinar el resto. Fue triste la despedida, pero no tuvimos otra alternativa.
- Ninguna cosa es por azar o por mera coincidencia mamá.
Agradezco a Dios que, aunque no estemos en donde queremos o como deseamos estar, estamos juntas y tenemos salud para vernos todos los días y darnos mucho amor. – le di un sonoro beso en la mejilla, obteniendo una bonita sonrisa de su parte. – Es verdad que con besos y abrazos no pagamos la renta, pero sí nos hace sentir mejor ¿No lo crees?
- Completamente de acuerdo cariño. Eres lo mejor que me pasó en la vida. – me abrazó aún más fuerte.
- Lo sé. – y con nuestras carcajadas fue disipada un poco su tristeza. Algunos minutos más tarde, se levantó de la cama y salió de la habitación, pero antes de irse me dijo que hablaría con su jefe por la situación a ver cómo mejoraba sus ingresos. En verdad verla
preocupada tenía efectos negativos en mí. Porque sí podía consolarla y animarla, pero no podía hacer nada más. Muchas limitantes me acompañaban, pero la disposición y la fe sería lo último que perdería, por lo que bastante convencida de por mis pensamientos me tumbé de rodillas frente a la cama y cerré mis ojos para sentir esa paz, que sólo podría ser percibida a través de una oración.
- Hola Dios. – comencé. – Es Kate otra vez. – sonreí, hablar con Dios era algo muy satisfactorio y placentero para mí. – Como soberano y dueño del universo ya te habrás dado cuenta de lo que nos pasa a mamá y a mí. Pero estoy tranquila, porque confío en que sabes cómo ayudarnos y sé que no te opondrás a hacerlo. Gracias porque sé que estás ahí, en algún lado, escuchándome. Amén. – saben, aunque muchos crean que está mal hacer una plegaria solo cuando estas en apuros, yo digo que no, porque sé que hablar con Él y confiarle mis problemas, le hace feliz.
Me levanté más relajada decidida a terminar de recoger la pila de basura que tenía en toda la habitación, en eso, la esquina de un papel de color azul sobresalía en el montón. Algo como lo que parecía una carta, doblada rigurosamente, llamó mi atención.
Curiosa por saber su contenido, puesto que no recordaba haberlo tirado ahí, lo tomé con premura y me acomodé para leerlo.
Efectivamente era la primera vez que sostenía este papel en mis manos, ya que, al leer su encabezado, percibí que no existía manera alguna de yo haya interactuado con algo así con anterioridad:
“Receta para hacer Cupcakes de Chocolate en casa”
A medida que asimilaba este maravilloso contenido, una idea fugaz cruzó por mi mente. Sonriente apreté sobre mi pecho tan dichoso papel y cerré mis ojos con lentitud para ordenar todos esos locos pensamientos que se asomaron en mi cabeza.
- No sabía que trabajabas tan rápido Dios, así que gracias. – murmuré emocionada.
Capítulo 7
El Concurso
Hoy estaba teniendo un gran día, en la escuela recibí la grata noticia de que mis nuevas amigas estarían conmigo compartiendo todas las clases y mi mamá estaba más animada porque, aunque no consiguió el aumento que pidió, logró que el dueño de la casa nos alargara un poco más el plazo de pago del alquiler, dándome así el chance de concretar el proyecto que tengo desde ayer. El concepto de ello era, preparar la mayor cantidad posible de estos pastelitos tan deliciosos que vi en la receta, y buscar un punto estratégico para venderlos, esperando que con ese dinero se puedan cubrir nuestros gastos actuales. Algo simple, pero con un buen equipo se logra sin problema alguno y ya se podrán imaginar quienes serían mis ayudantes.
La mañana pasó relativamente rápido, así que le pedí a las chicas que fuéramos a mi casa para charlar sobre el plan ideado y ponerlo en función. Por tanto, sólo esperábamos que las clases culminaran para irnos de allí.
- Pueden irse a sus hogares jóvenes. – anunció la Srta.
Gonzáles. – Con la excepción de Kate, Walky, Lory y Yule, la directora las espera en su oficina. Todas nos miramos un poco sorprendidas y con la esperanza de que no sea algo referente a un castigo por la broma hecha a Robles nos dirigimos a su despacho.
***
- Bienvenidas mis queridas. – un intento de cálida sonrisa apareció en su rostro. No es por nada, pero no existía manera de que esa señora fuera de mi agrado. En todos mis años de estudiante aquí, nunca le encontré algún indicio de amabilidad o cortesía de su parte hacia cualquier estudiante o maestro.
- El motivo de esta pequeña reunión es para informarles que, de todos los estudiantes de esta escuela, ustedes han sido las escogidas para participar en el primer concurso de Reconocimiento Inter escolar, que se llevará a cabo el mes entrante y que consiste en seleccionar un grupo de chicos para que realicen diversas asignaciones buscando exaltar las cualidades educativas de la escuela a la que pertenecen. – hablaba con tacto, muy sorprendente la verdad, y bastante seriedad, pero forzando esa sonrisa, muy impropia de ella. – Hemos hecho una reunión con los maestros y entre todos creemos que ustedes son las estudiantes mejor preparadas para este reto.
Y una vez más la sorpresa nos invadió de repente. Sólo nos quedamos calladas mirándonos una a la otra sin saber qué decir o responder ante tan inusual ofrecimiento.
- Nunca había escuchado hablar sobre ese concurso.
- Me parece que tu atención estaba desenfocada estimada Lory, es la primera versión de esta actividad. – respondió de inmediato.
- Con su permiso Sra., no queriendo poner en dudas nuestro desempeño escolar o su criterio al escogernos, pero ¿Por qué precisamente nosotras? –no me mal interpreten, al menos de mi parte, yo no era mala estudiante y aunque era la primera vez que me tocaba compartir estudios con las demás chicas, se notaba con bastante claridad de que también eran muy aplicadas, hasta aquí estamos claros, pero si hablamos de nuestro comportamiento sería un salto del cielo a la tierra. O sea, nos castigaron el primer día de clases y ya al segundo día somos algo así como “excelentes estudiantes”. Algo raro debe haber ahí.
- Ya les dije Kate, ¿En qué estaban pensando mientras hablaba?
– Walky levantó la mano dudosa mientras ocultaba una sonrisa traviesa.
- No sé ellas, pero yo tengo hambre. – grandes fueron los intentos para contener nuestra risa, pero fue inevitable. – Oigan, es
en serio, pensaba en un rico plato de papas fritas con hamburguesa y …
- No es necesario tantos detalles. – increpó Guzmán con un grito severo, haciéndonos callar inmediatamente. Al ver su notorio desliz, suavizó su rostro, sonrió y retomó el tema de la conversación anterior. – Les decía niñas, que nos hemos dado cuenta de que sus promedios académicos son los más altos en comparación con todos los estudiantes registrados en F&G’s School.
- Tampoco es que seamos muchos. – interrumpió Yule con la mirada sumergida en una carpeta abierta que estaba sobre el escritorio, en donde se podía apreciar los datos generales de la escuela, incluyendo la cantidad exacta de todos los estudiantes pertenecientes a esta. Lo que llamó por completo toda la atención de Guzmán.
- Lamentablemente Yule, esta escuela no tiene espacio para albergar una cantidad mayor a 499 estudiantes. – siempre supe que esta escuela era la más rara de todas. La estructura de este lugar la convertía en uno de los edificios más grandes de la zona, dando a entender que había espacio de sobra para muchísimos alumnos, pero éramos tan pocos y no por falta de asistencias, porque había visto como en los días de inscripción venían muchos padres a ofrecer de todo para que sus hijos estudiasen aquí y siempre les cerraban las puertas. Y por si se lo preguntan, sí, esta es una institución supuestamente pública. Al parecer era una “dicha”
estudiar aquí. ¿Debo sentirme halagada o algo así?
- Pero aquí dice que la matrícula estudiantil comprende un total de 500 estudiantes. – atacó Yule una vez más. La directora, al ver el lugar de donde provenía la información con la que Yule hablaba, alargó inmediatamente su mano con un toque de nerviosismo y tomó la carpeta con premura para guardarla en su escritorio.
Segunda actitud rara del día.
- Actualmente solo hay 499 estudiantes en esta institución. – su voz, su rostro, sus movimientos, todo delataba su estado de
incomodidad.
- Parece que el estudiante 500 se quedó dormido el día del censo. – tal comentario por parte de Walky, fue premiado con una mala mirada de la directora.
- Sé lo que sucedió con ese joven. El año pasado comenzó a faltar con regularidad a sus clases, parecía que estaba teniendo muchos problemas familiares, por lo que un día se fue durante plena clase y no volvió más. – esa historia me parece haberla escuchado antes. Se rumoraba que el chico estaba ligado al vandalismo y esas cosas, pero pensaba que eran solo suposiciones, no creía que llegara a ser cierto.
- ¿Cómo se llamaba?
- Qué preguntona estas hoy Yule. – habló Lory por lo bajo. Yule solo hizo un gesto restando importancia al comentario y todas quedamos a la expectativa de la respuesta de Guzmán.
- Cristopher Rawlins, mi sobrino. – nuestros ojos se abrieron con bastante sorpresa. – Perdí la comunicación con él muy rápido, pero quizás sea muy probable que lo tengamos de vuelta en este periodo escolar. – finalizó con una sonrisa, que, a diferencia de las anteriores, estaba cargada con algo más que felicidad. Algo así como siniestra, lo que nos dejó en silencio y más perplejas aún.
- En fin, ya que conocieron el motivo de mi llamado y aprendieron lo que no debían, - esa parte la dijo entre dientes, qué mujer tan rara. – Pueden irse. Estudien y más adelante sus maestros les explicarán con más detalle lo que tienen que hacer.
- Pero no hemos aceptado aún. – interrumpió Lory levantándose de su silla.
- Oh descuida querida, no tienen otra opción. – mi nivel de emoción está tan alto, que desearía no haber venido a esta tonta reunión. ¡Rayos!
Recogimos nuestras pertenencias con la intención de salir al fin de allí, pero nuevamente fuimos interrumpidas por la Guzmán quien se dirigió a la puerta para comentarnos algo más. Tan bien que iba mi día.
- Me gustaría que fueran a mi casa el próximo domingo a la hora del almuerzo. – no sabía que nuestro nivel de confianza había crecido tanto. Que se note mi sarcasmo en todo su esplendor. Agh, me es imposible soportar a esa mujer y ahora tendré que ir a su casa, maravilloso, simplemente maravilloso. – Quiero compartir un rato con ustedes, algo fuera de lo académico. Son las ventajas de este maravilloso concurso. Las espero. – y al fin se metió en du despacho dándonos un portazo de despedida. ¡Cuánta cortesía en una sola persona!
- Soy la única que piensa que todo esto ha sido rarísimo.
- No mi querida Lory. – imité el acento de Guzmán lo más ridículo posible. – lo que acabamos de escuchar fue súper incómodo.
- Lo único bueno de este caso es que somos una leyenda aquí, eso hay que celebrarlo. – no sé de dónde, pero Walky siempre tenía un comentario que nos hacía reír no importando en dónde estemos, ahora bien, no la hagan enojar, ahí no es muy divertida que digamos.
- Sé una manera en la que podemos festejar nuestro repentino y sorpresivo éxito. – saqué de mi mochila la magnífica receta llamando por completo su atención. – Vamos a derrochar nuestro ingenioso talento. – sonreí, esto en verdad sería divertido.
Capítulo 8
Casualidades
Un poco de polvo de hornear, chocolate, chispas de colores, harina, huevos y muchas otras cosas completaban la lista de ingredientes que necesitarían para elaborar tan delicioso postre.
Quedaron en el acuerdo de buscar en el súper mercado todo lo necesario y esperar hasta el sábado para hacer los productos destinados a la venta en casa de Walky, puesto que ahí tendrían más espacio y comodidad.
- Siéntanse como en casa, Walky y yo las estábamos esperando.
– una mujer pelirroja y de piel muy clara las recibió con calidez. – Me presento, soy Susan. Si necesitan algo estaré en mi habitación y les preparé algunos bocadillos mientras realizan sus quehaceres.
- A eso le llamo yo una mujer agradable. – dijo Lory dirigiéndose con premura a la cocina.
- Qué niña más hambrienta. – secundó Yule. – Pero esos bocadillos no se comerán solos. – y se fue tras Lory haciendo a Walky rodar los ojos.
- ¿Por qué todo el mundo va a mi cocina sin pedirme permiso?
- Porque no es necesario hacerlo. – se escuchó desde la cocina.
Kate sólo se echó a reír y haló a Walky por un brazo para llevársela a la cocina.
Varias horas después, en las que el arduo trabajo, la entrega y por qué no, el desastre, tuvieran participación en su dulce proyecto, las chicas terminaron de decorar la última caja de cupcakes.
Consiguieron hornear y decorar 50 paquetes con 10 pastelitos en
cada uno. Sería una venta exhaustiva, pero esperaban obtener los resultados deseados.
- No sabía que tenías tanto talento para la cocina hija, esto está muy bueno. – las chicas solo pudieron sonreír observando como Susan engullía uno de los cupcakes con grato placer.
- Nada que un buen tutorial no pueda resolver.
- ¿Se van a quedar a dormir? Es muy tarde ya.
- Sí señora Susan, vinimos preparadas para ello. – respondió Kate terminando de recoger los últimos desperdicios de la cocina.
- Maravilloso. – Susan batió las manos generando unos pequeños aplausos que evidenciaban su agrado por ello. – Walky, llévalas a tu habitación, pero antes tomen una ducha señoritas, así llenas de harina y chocolate no podrán descansar. – instintivamente, todas miraron su aspecto, dándose cuenta de la vista no muy agradable que tenían. Sin perder más tiempo se despidieron de Susan y luego de darse un magnifico baño, se tendieron en el piso de la habitación a charlar un rato.
- ¿Ya pensaron en dónde vamos a vender los cupcakes?
- Qué bueno que lo recuerdes Walky, necesitamos ideas.
- ¡Qué te parece el Centro Comercial Kate! – gritó Lory exaltada.
- Sabía que comer tanto podía generar buenas ideas. – interrumpió Yule en una carcajada, ganándose un golpe suave de Lory con una almohada.
- Comer es sagrado niña, no lo olvides. – si bien era cierto que todas eran parecidas en ese aspecto, Lory se había ganado el puesto de ser la más insaciable del cuarteto, y aunque entre ella y Walky había un ligero empate, de seguro Lory conseguía salir victoriosa.
- Bueno, pues ya está decidido, mañana en la mañana iremos al centro comercial para vender y…
- ¿Por qué en la mañana? Quiero dormir. – interrumpió Walky en un puchero.
- ¡Qué rápido olvidas!
- Recuerdo sólo lo que me interesa eh… espera ¿Cuál es tu nombre? ¿Tomate, aguacate, Yule? – esta vez la almohada cayó sin previo aviso sobre la cabeza de Walky, haciéndola emitir pequeños quejidos de dolor.
- Muy graciosita.
- Mañana tenemos que almorzar con la directora. – continuó Kate con pesar. – No sé quién le dijo que tendría deseo alguno de querer ir a su casa, a las brujas no se les visita.
- Bueno, pero tampoco seamos descorteces, no podemos igualarnos. – Lory se recostó sobre las piernas de Yule con resignación. – Tampoco es que teníamos forma de negarnos a tal invitación.
La puerta de la habitación dio acceso a una Susan que venía cargada con varias tazas de un líquido humeante.
- Sabía que aún estaría despiertas así que preparé un poco de leche caliente. Es muy relajante, se los aseguro. – le entregó a cada una su respectiva porción y se alejó hasta la puerta bajando un poco la luz. – Que tengan una bonita noche.
- En serio, tu mamá es muy agradable. – dijo Lory saboreando la caliente bebida.
- ¿Puedo hacerte una pregunta sin sonar chismosa?
- Adelante Yule, siéntete libre de hacerlo.
- ¿Tu padre, vive en esta ciudad? – un silencio un poco tenso se adueñó de la habitación. Walky simplemente se encogió de hombros y dejó a un lado la taza para mirar fijamente a las chicas que aguardaban pacientes por su respuesta.
- No crecí con mi padre, ni lo conozco ni siquiera. – un suspiro brotó de sus labios. – Mi mamá se ha esforzado bastante para evitar que lo quiera en mi vida, pero es inevitable sentirme como si me faltara algo.
- Pensaba que mi mamá era la única que actuaba de esa forma.
– dijo Kate sintiendo bastante empatía por Walky.
- ¿En qué sentido? – Walky calló un momento, pero luego de unos segundos se exaltó entendiendo al fin lo ocurrido. – Pensaba que tu papá estaba en el trabajo o algo parecido, el día que fuimos a tu casa. – Kate sonrió con un toque de tristeza.
- Bueno, pero si el consuelo es permitido aquí. – interrumpió Yule. – En casa sólo somos mi mamá y yo. – la tensión inicial, fue sustituida por asombro que poco a poco invadían sus rostros.
- Demasiadas coincidencias en esta vida. – gritó Lory. – O somos muy bendecidas o la desdicha nos controla. – esto último las hizo sonreír inmediatamente.
- Es verdad, de todas las cosas que se puede tener en común con otras personas, no esperaba que fuera eso. – añadió Walky. – Quizás y sí seamos parecidas en algo más.
- Todas somos hijas únicas. – comenzó Yule.
- ¿Tenemos todas las mismas edades? – añadió Lory. – Quien no tenga 17, que levante la mano derecha. – todas se quedaron quietas, manifestando cómplices sonrisas mientras transcurrían los segundos.
- Quien no haya nacido en Julio, que levante su mano derecha. - nuevamente todas se quedaron estáticas mientras disfrutaban de su
sorpresa.
- Yo el 17. – inició Yule.
- 18. – continuó Walky.
- Increíble, mi día es el 19. – terció Lory.
- O sea que de todas soy la más pequeña. – espetó Kate. – cumplir el día 20 ya no es emocionante.
- Es Impresionante cuántas casualidades podemos tener en común. – una sonrisa bastante emocionada bailaba en el rostro de Walky. – Esta sin duda es una amistad muy especial.
- Pero ¡Qué tierna nos has salido! – Walky entrecerró los ojos hacia Lory.
- No me hagas golpearte.
- Es así como dices Walky, esta relación es bastante peculiar. – Kate se encogió de hombros. – Lo único que hace falta es que nuestros padres y madres se hayan conocido anteriormente y por eso es por lo que tenemos tantas similitudes. Porque si es así no te lo creo. – y todas asintieron entre risas.
- Y Por qué no pensar que nuestros padres fueron secuestrados y alejados de nuestras madres y por eso no están aquí hoy. – esta vez las risas se convirtieron en amplias carcajadas. Resultaba un poco ilógico pensar en esa posibilidad. – Pero en serio, imagínense que una banda de delincuentes se los haya llevado a todos y los mantienen cautivados comiendo solo una vez al día. – Lory se llevó las manos al pecho con aires dramáticos. – Es una cruel tortura comer una sola vez en todo el día. ¡Qué dolor! – otra oleada de risas las atacó sin poder evitarlo.
- Pero qué cosas dices. – dijo Yule regulando su respiración.
- Creo que la falta de sueño nos está haciendo delirar. Mamá nos mandará a dormir nuevamente. – Walky se levantó del piso acomodando las sabanas de la cama para echarse sobre ella. – Vengan aquí, mañana tendremos un día bastante agitado. – y luego de un momento todas cayeron en un sueño profundo, aunque en su mente aún predominaban esos raros pensamientos sobre el paradero de sus progenitores y qué habría pasado con ellos. Quizás estas ideas solo podrían ser suposiciones o bien podrían estar cerca de la verdad.
Capítulo 9
Cupcakes X Beso
Walky
Miré mi reloj con ansias que marcaba las 10:00 AM y resoplé quitando varias gotas de sudor que bajaban por mi frente. Obviando la pereza y mis ganas de seguir durmiendo, debo decir que con mucha emoción esperaba que a esta hora estuviésemos recogiendo nuestros puestos porque toda la mercancía se nos había acabado.
Pero nos pasó todo lo contrario ya que con más de la mitad de los paquetes sin vender, nos estábamos quedando cortas y el tiempo se nos estaba acabando.
Cuando llegamos al lugar que reservamos con un permiso de las autoridades del centro comercial, recibimos varios clientes de los que salían del comercio, pero poco a poco esas visitas fueron disminuyendo y las ventas se fueron cayendo, así como los ánimos de Kate, quien suspiraba cabizbaja desde su puesto de ventas.
Ella fue la de la idea, pero no lo hacía por méritos propios, sino para ayudar a su mamá a resolver con sus problemas. Quizás mi mamá y yo nunca hemos pasado por una crisis como ellas, pero yo sin pensarlo haría lo que fuese por ayudarla. Creo que por esa razón ninguna de nosotras puso objeción cuando Kate nos presentó su proyecto y aunque nos ganaríamos una comisión por ayudarle, no podría aceptarlo por ningún motivo, es más haría lo necesario para que toda la venta se realice sin problema alguno.
- Buenos días. – un chico no muy alto, pelo castaño y pecas en su rostro llamó mi atención. - ¿Cuánto por un cupcake? – el chico me miraba de arriba hacia abajo, como cuando alguien se concentra en su comida antes de devorarla. Era algo raro y molesto, pero
debía ser amable con el cliente, lo que buscábamos era que compraran no ahuyentarlos.
- Cincuenta pesos amigo. ¿Se lo va a llevar? – intenté expresar una sonrisa lo mejor posible, en realidad no era muy agradable ser mirada de esa forma y no es que llevaba algo revelador o inapropiado. Pelo suelto y un vestido de estilo playero, holgado, pero hasta las rodillas y con los hombros descubiertos por el calor intenso que hacía. Una ropa normal, que al parecer estaba llamando su atención.
- Y si te doy un beso. ¿Me lo puedo llevar gratis? – mis ojos se abrieron con bastante sorpresa mientras observaba cómo sonreía el chico un poco nervioso. Respiré profundo antes de contestarle, sin embargo, mi atención fue desviada hasta un grupo de chicos que miraban fijamente hacia mi puesto de ventas. Creo que ya sé lo que estaba sucediendo.
- Me parece que tus amigos quieren presenciar si en verdad te dejaré besarme o si te daré una bofetada por tu atrevimiento. – el chico se puso más nervioso aun y sin disimulo alguno echó su mirada hacia su grupo quienes comenzaron a burlarse de él con abucheos y palabras inentendibles. Quizás estaba participando en alguna apuesta o algo así.
Rápidamente una idea fugaz corrió por mi mente. Creo que ya sé cómo encender esto. Saqué de pronto mi celular y les escribí un mensaje a las chicas.
“Ya tengo una estrategia de ventas que será imposible de fallar. Miren y aprendan nenitas” ^_^
Guardé mi celular y extendí ante el chico uno de los cupcakes que estaban sobre la mesa. - Esta bien, acepto. – un rubor con intensidad atacó su rostro.
- ¿De… de… verdad?
- Por supuesto. – sonreí de inmediato en un intento de coquetearle y sí estaba funcionando, tenía al chico completamente cautivado. – Sólo con una condición.
- Lo que tú digas. – asintió exaltado. Él buscaba ganar algo y yo también por lo que este se convertiría en un negocio con doble ganancia. Oportunidades como esta no pueden ser desaprovechadas.
- Te daré un beso, si me compras todo un paquete de cupcakes.
– si esto sale bien, me dedicaré a ser comerciante. El chico se quedó mirándome pensativo por unos minutos, rebuscó en su cartera y sin vacilar, me pasó un billete de alto valor. De dónde este muchachito habrá sacado tanto dinero, no lo sé. Lo único que me interesaba era acabar con todos los paquetes que tenía y cerrar una buena venta. Le serví el paquete en una bolsa, y desde mi espacio me acerqué a él y le di beso muy cerca de la comisura de sus labios.
- Si quieres un beso en los labios, tendrás que comprar dos paquetes más. – susurré en su oído. Decepcionado tomó sus pastelitos y se fue hacia donde estaban sus amigos, quienes le esperaban boquiabiertos y deseosos por saber qué había pasado aquí.
- ¿Qué le hiciste al pobre chico? – Lory dejó su puesto y se acercó a mí. Las demás no tardaron en llegar.
- Él quería un beso – señalé el lugar por dónde se había ido. - Y yo negocié con él. – me encogí de hombros y guardé el dinero en el lugar correspondido. – Bueno, ya saben lo que tienen que hacer, señoritas. Vamos a ganarnos unos buenos clientes.
Sonrientes, todas volvieron a sus estaciones de trabajo para recibir a los amigos de mi reciente cliente, quienes venían buscando lo mismo que él. Definitivamente, la cosa se estaba poniendo interesante.