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La ciencia en la ficción

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(1)

Nosferatu. Revista de cine

(Donostia Kultura)

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La digitalización de este artículo se enmarca dentro del proyecto "Estudio y análisis para el desarrollo de una red de conocimiento sobre estudios fílmicos a través de plataformas web 2.0", financiado por el Plan Nacional de I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (código HAR2010-18648), con el apoyo de Biblioteca y Documentación Científica y del Área de Sistemas de Información y Comunicaciones (ASIC) del Vicerrectorado de las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones de la Universitat Politècnica de València.

Entidades colaboradoras:

Reserva de todos los derechos (NO CC)

http://hdl.handle.net/10251/40886

La ciencia en la ficción

Freixas, R.; Bassa, J. (1994). La ciencia en la ficción. Nosferatu. Revista de cine.

(14):38-47.

(2)

Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956), de Fred McLeod Wilcox

La ciencia en

la

ficción

Ramón Freixas y

Joan Bassa

1

~agia,

religión

y

cien-cia

Magia

,

religión

y

ciencia coexis

-ten desde

los

albores de la

hu-manidad.

A

lo comprensible

se

aplicó la técnica -luego ciencia-,

a

lo

inabarcable

se

le dio un

ca-rácter mítico

ocupado

por la

magia y en

algunos

casos por

la

religión.

Allí donde se

podía

lle-gar con

la

razón se formulaban

explicaciones físicas. Donde la

razón se veía

desbordada,

apare-ce la fe en

lo

que está

más

allá de

la fisica,

sean

fuerzas

-peligro-sas- manipulables

por

expertos

-magos

-,

sea

directamente la

omnipotente divinidad.

Durante siglos las

sagas e

histo-rias soñadas

por la

humanidad

han desplegado

h

é

roes

va

lerosos

y

diestros con la espada, pero

que

han

necesitado para

triunf

ar

el a

uxilio

de un mago que

con-trole las fuerzas del bien

a su

fa-vor o

el directo milagro

facilita-do por la divinidad

protectora.

No obstante

,

a partir del

siglo

XVIII

la

humanidad

se

vuelve

cada vez más confiada

en

sus

propias

fuerzas,

y

buen

ejemplo

de ello lo

tenemos

en los

revolu-cionarios franceses,

entronizan-do el

culto a la diosa Razón (1).

No es casualidad. La ciencia

dará

pasos

de gigante

y

se

con-vertirá en la

gran

esperanza,

ha-ciendo pensar que sin otras

ayu-das

el

hombre

puede

devenir

se-ñor del mundo

y

master

del

un

i-verso.

La fe en la ciencia como

vector

del progreso humano

va a

mani-festarse

rotunda

en

l

a

produc-ción

del siglo pasado,

y

buen

re-flejo de

ello subyace

en la

s obras

de

J.

V

eme

o de H.G. Wells. Una

fe convertida

en

bandera

tam-bién por los

revolucionarios

ru-so

s,

que

ven en la

ciencia

la

so

lu-ción

al

futuro. No

podemos

ol-vidar el fina

l

de Lo

viejo

y

lo

nuevo

(Staroie

i

novoie,

1

9

29)

,

de S. M. Eisenstein

,

con las

má-quinas

(pedestres cosechadoras,

para qué no

s

vamos

a

engañar)

arra

s

trando el progreso y

la

fe

li-cidad ...

En nuestro

siglo

por

lo

tanto

asistimos

a una suce

sión

de

para-lelelismos,

confluencias,

conver-gencias

y

hasta

usurpaciones

en-tre los roles

de mago,

sacerdote

y

científico.

E

l

científico puede

devenir

n

igromante,

aprendiz

d

e

brujo

en contacto con

fuerzas

inconmensurables o

laico

sacer-dote

al servicio

de la

nueva di

v

i-nidad,

que

le permitirá

realizar

milagros

de vez en cuando. Así,

el

moderno

científico

convivirá

(3)

co

n este

c

úmulo de fuerza

s

ocu

l-tas

-de

sc

onocidas- mal

conoci-das.

Si las venera y sigue

s

u

lógi-ca, tendremos

al académico

s

a-ce

rdote. Si

se

enfrenta

a ellas y

les

i

mpone su

vo

lw1tad

,

al mago

más

o

menos

librepen

s

ador.

E

n

breve, la cienc

i

a

se

convie1te en

dogma (de fe)

y e

l acce

s

o a ella,

su

contacto, supondrá

la

a

pari-ció

n de nuevos (viejos) rito

s,

fa-c

ilitado

s

por el uniforme

/b

ata

blanca, e

l laboratorio

/

templo, la

cons

ulta

a

libro

s

accesib

l

es

s

ólo

a

l

os

iniciados e incluso

l

a

po

se

-sión

de un idioma

científico

in-co

mpr

e

n

s

ible a

l

os

dem

ás.

Y

poc

o a po

c

o,

la

s

fom1as

escon

-den y

anulan el fondo cien

t

ífico.

Lo

que imposibilita la aparición

de

nuevos

decible

s

filmi

cos, ya

que só

lo

se

efectú

a

su

re

es

truc-turación,

(

falsa) pue

s

ta al día en

detri

m

e

nt

o

de la vigorosa

es

pe-culación

cie

ntífic

a,

prácticam

e

n-te

inexistente en una produ

cc

ión

fun

damentada en

e

l

conservadu-rismo y e

n la e

x

plotación d

e

cli-chés.

Re

su

miendo, no e

s

nec

esa

-rio el co

nocimi

e

nto, de

sie

mpre

aco

mpañ

a

do del

análi

sis y la

re-flexió

n del enunciado propue

s

to

(incluso bastardo

o

paródi

co

de

los elementos y re

s

olucione

s

da-dos,

creíbles

sin

n

ec

e

s

idad de

ningú

n

esfuerz

o),

s

ino qu

e es s

u

-ficie

nte

e

l

s

imple

reconocimien-to

co

m

o

definidor del

verosí-mil

d

e

l género. Y

e

n

es

te dilema

fluc

túa bu

e

na part

e

de la

pro-ducció

n

ge

néric

a,

no

sólo

a

lo

largo de la décad

a

de los 50, con

los

depauperado

s

resultado

s

que

no es

menester

su

bra

y

ar.

No

de

s

cubrimos

el

átomo cuan

-do

constatamos

que el

compo-nente

(y

e

l tratamiento)

c

ientífi-co e

n

la

mayo

a de películ

as

del

sec

tor

,

cuando existe, acaricia la

nimiedad,

trajina

co

n

la

banali-dad

s ex

ultant

e

(e in

s

ult

a

nte)

y

más qu

e

ilwnin

ar

confunde al

difundir

co

ncept

os

borro

sos

por

lo rupestres.

Pero n

o

se no

s

mal-inte

rprete. Con una base

cie

ntífi-ca mis

érri

ma pu

ede

n perg

e

ñarse

óptimas

películ

as

de g

én

ero

,

aun

que

echamos

humildem

e

nte

a

faltar

obras

como

La mujer

en

la luna

(Frau in Mond,

192

8

), d

e

F

ri

tz

Lang

,

o

2001,

una odisea del

espacio

(2001:

A

Space

Odyssey,

196

8)

,

de

Stan

ley

Kubrick, donde

,

excep-ciones a

la

norma, ficción y

ciencia

se

dan

l

a

mano.

La

ma-yo

ría de título

s

optan

por jugar

l

a baza de una visión

de

la

cien-cia

rica en t

óp

i

cos,

es

ter

eo

tipo

s y

arquetipos,

con

v

irtiéndola

,

en

defmitiva

,

en una cuestión de fe

(2). Redund

a

ndo

e

n

l

o

di

c

ho

,

la

cienc

i

a

h

a

u

s

urpado a

la

divini-d

a

d

su

e

s

tatuto

omnipoten

te

.

Como

bien compr

e

ndió

(y

pre-dicó

a

veces

en el de

s

ierto)

Jac-ques Goimard:

"La

religión

es

un cuerpo de creencias ace

ptado

por todos

los miembros de la

so-ciedad

y

la ciencia es en nuestro

mundo el único cuerpo de

creen-cias

aceptado

por

todos

los

miembros de la sociedad"

(3).

2. El sueño americano

La

bomba

atómica

,

ademá

s

de

decidir una

gu

erra, co

nmo

c

ionó

hond

amente

lo

s

es

quema

s so

cia-l

es

y científico

s

d

e

toda la

hwna-nidad

y,

natura

l

mente,

también

de la

soc

iedad norteam

e

ric

an

a.

La libera

c

ión d

e

l

áto

m

o

a

brió

unas optimistas

ex

pecta

t

i

vas

de

futuro,

ma

s

tambi

é

n cambi

ó

la

v

i

s

ión que hasta

e

ntonce

s se

te-nía de la c

i

encia

y

de los científi

-cos.

D

esde

sus

l

a

bor

atorios,

a

quello

s

hombr

es

eran

du

e

ños

de

un poder ilimit

ad

o que

supe-raba con creces

al

que hasta

en-tonces se le

s

había

atribuido

.

En

l

os

años

3

0

,

p

er

íodo d

e

esplen

-dor de la

s

producciones

U

ni

ve

r-sal,

las

ambiciones científicas se

ce

ntraban

en conseguir

r

es

ulta-d

os

"humildes",

como fabricar

h

o

mbre

s

a

partir de

retal

es,

lo-gr~r

l

a

in

v

i

si

bilid

ad

o de

sc

ubrir

el l

ado oscuro

del propio

ego.

Mas

tales

manipul

ac

ione

s

apare-ce

n como puro bricolage

a

nte la

po

s

ibilid

ad

de de

si

ntegrar el pla

-neta o crear monstruos

n

o como

lo

s

del doctor Mo

re

au

a esca

la

humana,

s

ino fuera de toda

pro-porción,

gigante

scos,

y

a

demá

s

en serie, industrialmente.

P

ero

si

las

perspectivas p

a

re

ce

n

abrir gr

ac

i

as

al átomo

un

po

si

ble

cam

ino

d

e

rosas,

la situación

po-lítica del mom

e

nto

s

um

e

al

mundo

e

n

la

incertidumbre

.

Los

EE.

UU.

h

a

n

ve

n

cido

en la

con-flagración y controlan la

ene

rgía

ató

mic

a

,

cie

rto

, pero tambi

é

n

los

sov

iético

s

han

conseguido

otro

tanto

.

Por

ello,

el

átomo

e

n

ma-nos ajena

s,

la posible invasión,

la

interrupción violenta del

s

ueño

americano, dan pie

a un

a

bismo

de terror en la pretendida

seg

uri-d

a

d inici

a

l. La guerra fría d

es

ata

l

as

inseguridade

s

con

la

mi

s

ma

fuerza

con

que

aviva

el

patrio-tismo

m

ás

desenfrenado

, y

la

S.

F.

,

casi de sopetón,

pa

sa

de

una adormecida existencia

a

una

febril pre

se

ncia en las pantalla

s.

Género fácilmente manipulable,

r

es

ponderá adecu

a

damente al

nu

evo

(

?)

di

sc

urso

id

eo

l

ógi

co

impuesto por lo

s

aco

nte

cimien

-tos.

L

a

es

p

er

anza

y

la confi

anza

d

e

los

40

ceden

pa

so

a

l

miedo

"al otro". Y

lo

har

á

n e

n

tod

as la

s

ace

pciones po

si

bles, desde

e

l

op-tim

is

mo de una colonización del

espac

io

mediante cohe

tes

de

se-g

unda m

ano

o d

es

d

e

el p

esi

mi

s

-mo de probable

s

invasiones

del

sa

grado

suelo

yankee

perp

e

tra-d

as

por los

m

onstruosos

h

a

bi-t

a

ntes d

e

l ex

teri

o

r

(en

d

emasia-da

s

oca

s

iones del planeta rojo)

.

En ambo

s

casos es

impr

escin

di-ble el u

so

de

l

a ciencia, a la que

se exigen

milagro

s

desafor

ad

os

que

ha

ga

n

triunfar

la

causa

del

bien. Y

a

dond

e

no alcanza la fe

e

n

la

ciencia

siem

pre llega

la

punta d

e

lanza de

l

a fe r

e

ligio

sa,

co

mo

acaece en

La guerra

de

los

mundos

(Th

e

War

of the

Wor

ld

s, 1953), de B

y

ron Ha

skin,

donde

,

no

lo metafóricamente,

la

s

ple

ga

ri

as

de l

os

terrestres le

s

ga

rantizan

s

u

s

up

erv

i

v

encia

(

4)

.

Y

es

que h

ay

mil

agr

os que

pertenecen a la

más

incr

e

íble

e

~

L:r:J

·~

e

~

;:r---e

e

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t

e

>

·~

(4)

~.

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i

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1

r-x-~

e

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r:r"l

e

::>

Red Planet Mars ( 1952),

de Harry Horner

ciencia-ficción (5). Y, en

fm

,

aunque sea como anécdota,

ano-tar el

"fondo"

de

Red

Planet

Mars

(

1952), de

Harry Homer,

esto

es, la "revelación" de que

lo

s marcianos ¡¡son cristianos! !

,

como

obstinadamente

trata de

ocultar

el

conspicuo equipo

ha-bitual de científicos,

soviéticos

para la ocasión.

Propuestas

tan

disparatadas, no

nos engañemos,

n

o

son

única-mente consecuencia de

l

a imagi

-nación de

lo

s

guionistas

y

del

contexto

político

o social

del

momento. Debemos

recordar

que

acorde con

la

circunsta

n

cia

de la consideración de la

S.

F

.

como subgénero

no

sólo

por la

industria sino incluso por una

le-gión

de temibles teóricos

,

ensa-yeros y

derivados que

circulan

por

la

época,

la producción

de-tenta el

status (o

etiqueta) de

se-rie B,

sin

alcanzar jamás en

el

periodo la categoria A, más bien

al

contrario, derivando hacia la

bien alimentada letra

Z (6).

La

política de producción de las

majors

es transparente al

respec-to: películas

t

an

reconocidas/re-putadas como Ultimátum

a la

Tierra

(The Da

y

th

e

Earth

Stood

Sti/l,

1951), de Robert

Wise

,

Planeta

prohibido

(For-bidden Planet,

195

6),

de Fred

McLeod Wilcox, La

humani-dad

en peligro

(Th

e

m!

,

1954)

,

de Gordon Douglas, La

inva-sión de los ladron

es

de cuerpos

(lnva

s

ion

of the

Body

Snatch

e

rs,

1956), de Donald Siege

l,

El

in-creíble hombre menguante

(The

/ncredible

Shrinking

Man,

1957), de Jack Amold,

La

mos-ca

(The

Fly

,

1958), de Kurt

Neuma

nn,

Tarantula (1955),

de Jack Amold, El

enigma

...

de

otro mundo

(The Thing of

Ano

-ther

World, 1951),

de

Christian

Nyby (y

Howard

H

awks)

,

so

n

ge

nu

inos ejemplos de serie B ro

-dados

con pocos

medios

y

me-nor presupuesto

y

destinados

mayoritariamente

a re

ll

enar

programas dobles,

lo

que

no

im-pide que superen en resultados e

interé

s

a muchas

se

ri

e A

manu-facturadas con mayor

empeño

industrial por los

correspondien-tes Estudios o

por compañías

in-dependientes. Serán pues

pelícu-las de corta duración (o los s

tan-dard

noventa minuto

s

como

mucho) y pobladas de

intérpre-tes

s

ecundarios, de escaso relieve

(que, eso

sí,

facilitan

la

identifi-cación con e

l

"hombre de

l

a ca

-lle")

,

donde

el discurso suele

ser

banal o

,

por

lo

menos, pueril,

de-pendiendo del

ac

ieti

o

,

ambición,

imp

l

icación o

personalidad de

los realizadores

,

de

s

de

la p

ene-trante

inspiración de

Ja

ck

Ar-nold

o Gordon Douglas ha

s

ta

l

a

acomodaticia

medianía del

Ro

-ger Connan

del período

,

apro-piadamente

secu

nd

ado

-

y

mu-chas

veces s

up

erado en

negli-gencia simpática o no

,

ésa es otra

c

u

e

s

tión- por Bert

I.

Gordon,

Herbert

L. Strock, Edward

Wood

,

Jr.

,

Edward

L.

Cahn

,

Edwar

d

L.

Bemds

y compañía

,

que nutren casi siempre el

pelo-tón

de

l

o

s

torpes,

a

pesar de al

-gtmos

hallazgos aislados que,

nos tememos,

son habitualmente

inv

oluntarios (7). Ante

tal

cú-mulo de

condicion

a

nte

s,

una

presencia pura

y

dura de l

a

cien-cia e

s

impensable, antes bien,

s

e

convierte

en

un mero pr

e

texto

para el sueño, simple soporte del

vero

s

ímil que h

a

po

s

ible el

in-fiemo en casa o el p

a

raíso en la

Ti

e

rra.

3.

Aq

uello

s

chalados

...

¿Qué

s

ería

de la

ciencia-ficción

s

in la aparició

n s

evera, rigurosa

,

desmadrada

,

alocada

(tách

es

e lo

que no proceda, según las

ficcio-The Crea

with the

\tom Bra f<J55), de

(5)

nes al uso)

del hombre de

c

i

en

-cia,

personaje y arquetipo

em-blemático

de tantas pelí

c

ula

s?

Tal

vez,

otro género. Si el

uso de

un

refere

nte

científico, o ap

u

ra-damente cientifista, es

primor

-dial

e

n

toda catego

r

izació

n

del

géne

ro

,

es

dificil

-pero no

impo-sible- co

nc

e

bir una ficción

s

in l

a

presencia

de un científico,

prota-go

ni

sta

o secundario,

de

impor-tancia crucial en

la

acción

o

sim-ple espectador de

luj

o, en cuanto

es

w1o de

l

os arquetipos

más

te-nazmente

recurrentes

y

recorri-dos

d

esde e

l

bautismo

del

género

hasta

su

actual

ex

tremaunción

.

Es,

en definitiva

,

un

personaje

idea

l para dotar de

espesor

(ejem, ejem)

a todos

l

os

desva

-ríos,

despan

·

ames,

d

is

funciones,

catás

trof

es

que

lubrican

e

l

caña-ma

z

o argumenta

l

de

tantas

y

tantas películas. Es

irrelevante

que obre con

l

a diligencia

de un

buen padre

de

familia

o

a

nima

-do por el ansia de

poder

,

que

se

arroge

l

a

condición

de demiurgo

o

que oficie

de

abnegado reden

-tor de

l

a

humanidad

,

que

se

pon-ga

hecho

un

asco de radiaciones

muta

nte

s

o que destripe a

li

ení-genas

con

so

fi

s

ticado

s

rayos

l

á-se

r o

,

si

el

pre

s

upue

s

to no da

para

más, con invisib

l

es ondas

hiperboloides. Sin

s

u

co

n

cu

r

so,

mejor aún,

sin

su actividad,

l

a

cienc

i

a-ficció

n no re

spo

ndería

a

los parámetros

de

todos

conoci-dos.

Haciéndonos eco de

la

t

axono-mía

presentada en

nuestro libro

El

c

ine de

ciencia~flcción.

Una

aproximación

(Editorial

Paidó

s,

Barcelona

,

199

3

)

,

podemos

dis-ting

uir

tres tipologías del

hom-bre

de

c

i

e

n

cia:

el

sabio

loco

,

e

l

aprendiz

de brujo y

el

sa

bio

pa-triota y má1tir. Dicho esto,

con-vengamos en

que el prime

r

pro-totipo

n

o apa

re

ce tan cuanti

tati

-vamente

representado como e

n

otros períodos

hi

stóric

os,

y

c

uando lo e

stá s

u

ausencia

de

ambic

ione

s

l

e

dirigirá no a

con-trolar el

mundo

o

a

hacerlo

ex-plo

s

ion

a

r

,

si

no

a ajustar cuentas

pendiente

s,

orquestar

me

z

quinas

venganzas

personales

o

ni

eso.

El

Mabuse langiano

está

hib

er

-nado

y

l

o

reaparecerá

en

l

os

años 60 -década

muy

proc

li

ve a

engordar

este

arquetipo- y e

l

doctor

Strangelove

-y

adláteres-aún

está por

venir. Esta

asevera-ción

no implica

s

u inexistencia,

porqu

e

haberlos haylos,

sobre

todo en lo

s

dominios del

seria

l,

tan llenos de

(entrañable)

caspa

,

y

en la

nutrid

a

serie

Z

mad

e

in

USA,

de

consumo

exclusiva-m

ente doméstico

(8).

Un

ejem-plo de

su

d

ec

live

es

The

Crea-ture with the Atom Brain

(1955)

,

de

Edward

L.

Cahn

,

cuyo

l

eit

motiv

es simple y

llana-m

e

nte

l

a venganza

de

un

cientí-fico obcecado en emp

l

ear

zo

m

-bies

case

ro

s co

n

tracción

atómi-ca

para

despistar a

l

a

policía.

Más

chiflado,

si

cabe,

e

mpar

e

n-tado

con el

prototipo de mad

doctor tan en

boga

en

los 40 (9),

es

el sujeto de Slaves

of the

In-visible

Monster

(1950), de Fred

Brannon

,

ciertamente

poco

reco-mendab

l

e.

Otro e

l

emento

d

e

ar-mas tomar,

loco

peligroso y un

punto

mi

sógino,

es el

impresen-tab

l

e

protagoni

s

t

a

de Mesa of

Lost Women

(1953), de

Her-b

e

Jt T

evos y

Ron Om1ond, una

tardía mu

est

ra

de

se

rial

,

cuyo

juego favorito es convertir a

las

féminas en agresivas arañas

gi-gantes. Un ejemplo en absoluto

inusual -aunque

extremado-de las peculiares

relaciones entre

la

ciencia (es decir, el

hombre,

sea científico o

no)

y

la

mujer.

En resumen

,

un llamativo

expo-nente del machismo

salvaje

que

reina

en

la

S. F

D

e ent

re

la

s

numero

sas

e

s

pecie

s

de

cie

ntífico

s

que habitan

y

de-coran

l

as

ficciones, un

acrisola-do

ejemp

l

o lo constituyen

aque-llo

s

que

,

poniéndose

la

c

i

e

ncia

por monter

a,

la

emp

le

ará

n

para

todo tipo

de

o

bra

s

ben

éficas

y

so

ciales.

En ocasione

s s

olos, ya

maduritos (caso de Cuando

los

mundos

chocan!Wh

en

Worlds

Co

llide

,

Rudolph Maté

,

1951 )

,

~1

GIANT SPIDER STRIKES!

..

CRAWLING TERROR lOO FEET HIGH!

l

o,.,..

i/ llXJ.~

~~

hfllllnll-- -

-ctv:n ... asyou

lfllclf.'

SHE HAD

TO

Klll THE THING

HER HUSBAND HAD

BECOME-ll Plii~

_

:

;

·

L:,.

,

.fJY.

l."" ,;: •. .4,f~

'

""'"'

'

J

S: • •

e

::2

L:r:J

·~

e

::2

~

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e

::2

e

::2

e

=>

·~

(6)

~.

e

J

e

"J

e

"J

THIS

WASTHE

DAY THAT

ENGULFED

THE

WORLD IN

TERROR!

ejercerán

a

demá

s

d

e

padre

s

d

e

l

a

humanidad

y

ad

limitum

pueden

ofrendar

l

a

inm

o

l

ació

n d

e s

u

v

ida

e

n

aras

d

e

p

rój

im

os

s

jó-vene

s.

Profesores

,

pue

s,

en

t

o

d

o

el

sen

tido

de

l

tét

mino

.

O

rodea-d

os

d

e

colegas

,

haciendo d

e

l

a

c

i

e

ncia

un trabajo

de equip

o,

na

-tu

ra

lmente uni

vers

i

ta

ri

o,

lu

c

ha-rán

co

ntra l

o

desconocido

,

corno

en

El enigma

...

de otro mundo

o en

Invi

si

bl

e

lnvaders

(Ed-w

a

rd

L.

Ca

hn

,

1

959),

o

se

d

e

di

-carán

juici

osa

m

e

nt

e

a in

ve

ntar

so

lucion

es

p

ara

e

v

itar la

ca

t

ás-trofe

(ese rayo

q

ue

part

e

de una

p

ae

ll

era

pu

esta

so

bre un

ca

-m

n

),

co

rno

e

n

Eart

h

ve

rsus

the

F

l

yi

ng

Sa

ucer

s

(1956),

d

e

Fred

F

.

S

e

ar

s

(

10

), e i

n

c

lu

so

lle-ga

rán

ge

n

erosa

m

e

nt

e a

t

raba

jar

por

c

u

enta

ajen

a,

aux

ili

an

d

o

a

extr

a

terre

s

tr

es

desvalidos

e

n

This lsland

Eart

h

(

1

955),

d

e

J

oseph New

m

a

n

(

11

). No

es

pre

-ci

s

o

ser

jo

ve

n

y

mu

s

c

ul

oso

para

alcan

za

r la

a

u

reo

l

a

heroica,

aun-qu

e

e

n

e

l

caso

d

e

l

os cientí

fi

co

s

más bien

l

es vemos

in

cl

in

a

d

os a

ha

cerse c

on la

s

palma

s

d

e

l

mar

-tirio

,

como

p

ertoca

a

quienes

a

ú

-nan razón

y

sa

biduria

.

G

l

oriosa

muerte

l

e espera

al

"

ge

nio

"

d

e

Target

Eart

h

(1954),

d

e

Sher-m

a

n

A.

Ro

se,

por

no

hablar d

e

l

o

s

mendmgo

s

de Con

destino

a la Luna

(D

estina

t

ion

Moon

,

1

950),

d

e

I

rvi

ng Pi

c

h

e

l, p

e

l

ean-d

o

p

o

r

se

r

elegidos para

m

or

ir

e

n

el

s

at

é

lit

e (

12

).

A la t

e

nd

e

ncia p

osit

i

va ,

de

cieg

a

confianza

e

n l

a cienc

i

a y e

n

s

u

s

prof

e

tas

-a

vece

s

s

im

ples

voce-r

os

-

s

u

e

l

e

contrapon

e

r

se

un

a

m

o

dalid

a

d pr

e

tendidarnente

c

ri-tica

que plantea

l

a

p

osibi

lidad d

e

fallo

s

(y

f

a

ll

as

en

oca

s

iones)

en

l

os

ex

p

e

rimento

s.

La

cie

n

c

i

a

es

p

e

ligro

sa, y

n

o

toda

s

l

as

in

ves

ti

-gaciones

se ven

coronada

s

p

o

r

e

l

éxito.

Inclu

so

la

energ

í

a

a

tómi-ca

,

tan limpia

,

pu

e

d

e so

ltar una

s

radiaciones

d

e

espanto

,

y

l

a

co

n-sec

u

e

nci

a

de ta

l

es

manipula

c

io-n

es

puede dar

l

ugar

a

mutant

es

,

m

o

n

s

tm

os ...

o

a

mb

a

s

co

sas.

Eso

sí,

n

o

deb

e

j

am

ás in

t

e

rpretar

se

qu

e se

p

e

n

a

li

ce

n

l

os ava

n

ces

t

ec-no

l

ó

g

ic

os.

Lo que deb

e

pro

c

u-rarse

es

l

iquidar

a

zambombazo

s

l

as c

riatur

as

s

ur

g

id

as

de

se

m

e

-jante

s

e

x

p

e

ri

e

nci

as

y

a

seguir

ad

e

l

a

n

te

,

au

nque

fijándo

se

un

p

oco

más (prob

a

bl

e

mente con

contro

l militar

..

.

)

.

Lo

s

fr

ancot

ir

a

d

ores,

h

e

r

e

d

ero

s

d

el

es

píritu

de

l

os

do

c

t

ores

Fr

a

nk

e

n

s

t

e

in

o

Jeky

ll

,

pierden

protagoni

s

mo

, ce

di

en

d

o es

p

ac

i

o

al

equip

o, a

l trab

aj

o

realiz

a

d

o en

g

mp

o, o

al

meno

s

en

c

o

nt

ac

t

o

c

o

n

l

as

uni

versi

d

a

d

es.

Lo

s

li

bre

-p

e

n

sa

d

o

re

s

h

a

n d

e

refu

g

i

a

r

se

muy

lej

os

,

Encontramos

a

un

o

,

e

l

Dr

.

Morbiu

s,

nue

v

o

Pr

ós

p

ero

,

exiliado

ni

s

ni m

enos

qu

e

en

e

l

planeta

A

lt

alr

4

,

en

Planeta

prohibido

,

d

e

m

os

trand

o a

l

pie

de

la letra

qu

e

el

s

u

e

ñ

o

de

l

a

ra

-zón engendra

m

ons

tm

os,

y

com

-pr

o

b

á

nd

o

l

o en

s

u

s

propi

as car

-ne

s.

No

es el

único

al que

l

e

res

-b

a

lan lo

s cálc

ul

os

...

l

as pifias

re

-sonadas abunda

n

.

As

í

,

e

l

prota-go

ni

s

ta

de La mosca

compmeb

a

c

omo

un

s

impl

e

in

s

ec

to

e

n

tro

-m

et

i

do da

a

l tr

a

ste con

s

u

carre

r

a

y

co

n

s

u

h

e

l

é

n

ico p

e

rfil

(

1

3).

E

l

in

ve

nto

gozará

d

e

nu

eva

e

x

p

l

o

-ta

c

i

ó

n

en

l

a co

rr

es

p

ond

i

e

nt

e

se

-cue

l

a:

El

regreso de

l

a

mo

s

ca

(Re

turn

of

th

e

Fly,

1

959),

del

reincidente

Edward

L.

Bemds.

Compañera del

hombr

e

mo

s

c

a

p

o

dría

se

r

la muj

er

av

i

s

pa

d

e

The Wasp Woman (1

959),

del

av

i

s

p

a

d

o

R

oger

Co

m1

a

n

,

inf

e

li

z

co

n

su

midora de

pr

o

du

c

to

s

cos-m

é

ti

cos

y

pot

ingues a

fin

es

9

u

e

l

a

a

b

ocan a

t

a

n

i

natendida

tr

ans-for

m

ac

i

ó

n

.

Tam

bi

é

n mer

ece

ate

n

c

ión

e

l

científico

de

Mons-ter

o

n

the

Ca

mpu

s (

1

958)

,

d

e

J

ack A

mold,

que

,

vícti

ma

de

un

acci

d

e

nt

e

l

a

b

ora

l

, se

r

ec

icla

en

un m

o

n

s

tmo,

par

eci

do

a

l

h

o

m-br

e

de

Cro

m

ag

n

o

n

,

qu

e

aviva

sus

ma

l

os

instintos,

p

a

ra

finali-zar co

n

e

l

gesto

heroico de

s

u

-Target Eartll

(1954). deSiwmum

(7)

Earth vs.

the Spider

'1958). de Berr

cumbir a

n

te las bal

as

de la

poli-cía. O e

l p

atoso

investigador

de

T

he

Magnetic Monster (1953),

de

Curt

Siod

m

ak.

que por falta

de prev

i

s

ión recibe

un l

e

t

a

l

cas

-tigo

a

s

u osadía

...

Y

es

que

c

omo

dice

tan

s

ufrido miembro

del

gre

mio:

"En

la

investigación

nuclear no hay lugar para

lobo

s

solitarios

"

(sic).

¡Contundente

demostración!

U

n

so

plo d

e

aire

fresco

co

mpletamente

autóno-mo

dentro

de

l

género,

lo

aporta

el

prof

eso

r B

a

maby Fulton

de

Me sie

nto rejuvenecer

(Mon-k

ey

Busines

s,

195

2),

de

Ho

wa

rd

Hawks, vícti

m

a

d

e

lo

s

man

ejos

de

s

u c

himp

ancé jun

t

o a

s

u

fami-lia, que p

e

m1

ite a

Hawks

firmar

una

brillante

reflexió

n

en clave

de

co

m

e

dia

so

bre

l

a

ju

ve

ntud

y

l

a

m

a

dure

z

.

E

l

r

esultado d

e

l

a

inescrupulosi-dad cien

tífi

ca,

d

e

fonna general,

no pa

rticul

arizada

e

n un

cie

ntífi-co

específico

qu

e

ll

eve

l

a voz

ca

ntant

e en e

l r

e

parto de

arqueti-pos, como

se

ha v

i

s

to

en

l

os

ca-s

os p

r

ecede

nt

es,

goza

de

un

co-pioso

li

sta

do d

e

co

ntribu

c

i

o

n

es

que

n

os

r

e

crean (

y

a

l

erta

n

)

d

e

l

os

u

sos y a

bu

sos

de

l

a

e

n

e

r

gía

ató

mi

ca.

De la

s

radia

c

ione

s

ex

-pandidas

urbi

et orbi se

oc

up

a

un

prim

e

r

cont

in

gente que

a

fec

-ta

dir

ecta

ment

e

al

se

r humano,

e

ncogi

éndo

l

o caso del

Sco

tt

Ca-r

ey

de

E

l

increíble hombre

m

e

nguante

,

preciada obra

de

l. Gm·don "-""--...L..o.- -•

cabecera donde

l

as

h

aya, o

esti-ránd

o

l

o como

e

n

El

gigante

ataca

(The

Amazi

n

g Colossal

Man,

1957

),

de Bert

I.

Gordo

n

, o

en

Attack of the 50

Foot

Wo-man

( 1958),

d

e

Nat

h

a

n

Ju

ran

,

que di

s

fruta de robu

s

t

a

prot

ag

o

-n

i

s

ta femenin

a.

Si

n

em

bargo

,

será

e

l

r

ei

n

o

a

n

imal (i

n

sec

t

os y

repti

l

es) e

l

más receptivo

a

t

a

n

peculiare

s

influen

c

ia

s,

realiza

n

-d

o

un

a i

n

terp

r

e

tación sui g

e

neris

del m

a

nd

ato bíblico de "creced

y

multiplicaos

". S

in

orden

ni

con-cie

rto

.

citemos

a

l

as

hormiga

s

gigan

te

s

de

La humanidad

en

peligro

,

la m

ejor d

e

la dina

s

tía

,

la

perla

n

egra d

e

l

a colección, la

e

norm

e

araña d

e

Ea

rth

vs.

the

Spider

(

19

58)

,

de Bert

l.

Gor-don

,

l

os escorpio

n

e

s

d

e

The

Black

Scorpion (

1

957)

,

d

e

Edward Lud

wig

,

l

os

be

l

igera

nt

es

es

pe

címenes y además

co

n

a

pe

-tito

de Attack

of the

Ca·ab

Monsters

(1956),

d

e

Roger

Connan,

una

pero que

va

l

e

por

v

aria

s

es

la m

an

ti

s

g

i

gante

d

e

The Deadly Mantis

(

1

957),

d

e

Nat

han Jur

an,

y

en fin

,

e

l

maci

zo

artrópodo d

e

Tarántula

, a

un-que

éste

víc

tim

a

d

e

un

er

r

or

cient

ífi

co,

no d

e

las

se

mpitern

as

r

adiaciones.

Tambi

é

n

l

as

radia-c

i

~nes

va

n

a

de

spertar

de

su

l

e-targo a

dif

ere

nt

es

repti

l

es

sobre-dimen

s

ionado

s: cfr

.

It

Ca

rn

e

from Beneath

the Sea

(1955),

d

e

R

obert Gordon,

El

montruo

de tiempos

remotos (The B

flast

ji·om 20.000 Fathoms,

1953

),

d

e

Eug(me Louri

é,

Monster from

Green Hell

(19

58),

de K

e

n

ne

th

G. C

ran

e, y un farr

agoso

etcéte-ra

(14

). Y e

s

que,

co

mo

se

ve

,

e

l

átomo y

l

as

radia

cio

n

es

nucl

ea-Earth versus the Flying Saucers {1956), de Fred F. Sears

e

~

L:r:J

·~

e

~

::r----:r:J

e

~

e

~

e

~

·~

(8)

~.

l

e

~

e

J

~

J

e

J

~

rr-,

-

J

Kronos ( /957). de Kurr Neumann

res

dan mucho

,

pero mucho

ju(e)go.

Otra variante tradicionaVtópica

del horror

atómico es el

día

des-pués,

la (lucha por la)

supervi-vencia en

un planeta al

que

la

explosión

deja

yermo.

Pero tal

peligro, en

los

50, se

ve

toda

vía

lejano. Si

la

veta

postholocausto

s

erá e

x

primida hast

a

la

sac

iedad

veinte

año

s

después,

en esta

feliz

década se contentaban con soñar

monstruos que permiten,

a su

muerte, un

final

feli

z ...

y verde.

La

idea del beso

entre

la

s

mina

s

no

terminó

de

cuajar. Aunque

distintas producciones

explora-ron

el

t

e

rritorio, algunas, faltaría

s,

bajo la batuta de Roger

Corman,

que

ve

loz

como el

vie

nto,

siempre

precur

s

or

(o

bien

explotador

de

éxitos

aje-nos)

y con

un pr

es

upue

s

to

misé-rrimo

(

¿

no l

es

recuerda a

nadie

más?)

se

acoge

a

la

variable

del

docudrama postapocalíptico,

es

decir

,

al

drama d

e

un

reducido

gmpo de

personajes

vaga

mente

sartrianos encerrados

con

el

úni-co

juguete

de

sus

se

ntimiento

s

exacerbados, en The

Day the

World

Ended (1955)

y

en The

Last Woman on

Earth

(1960)

.

Insistiendo

en el

pai

sa

j

e

deva

s

ta-do propuesto por

Corman, el

protagonista

de Beyond the

Time Barrier

(1960)

,

de

Edgar

G. Ulmer, ofrece

la novedad de

posponer el estallido atómico a

los "fbturo

s"

años

7

0

.

Con un

poco

más de

sentido común,

la

hecatombe

es

s

ituada

en el

s

iglo

XXVI

,

con

la raza humana en

cavernas y

la

superficie

pobla-da por vistosos mutantes

,

en

World Without

End

(1 956),

d

e

Edward

Bemds.

4

....

y sus locos cacharros

Quizá la

culminación

de la

obra

científica

sea

la

creación

de

seres

autónomos

que

auxilien al

hom-bre

en

las tareas má

s

difícile

s,

tanto físicas

como

mentales.

Sueño

de la humanidad

a

lo

lar-go

de los tiempos,

s

u

factibilidad

empezó a ser con

s

iderada

se

ria-m

e

nte

en

nue

s

tro

siglo cuando

la

pluma de

Karel

Kapek les dio

e

l nombre.

Y

desde

entonces

se

han d

esa

n·ollado

so

br

e

todo

en

la literatura, tanto

en su

carácter

como a

partir de

su

s

fundamen-tos científico

s.

No en vano

Isaac

Asimov

redactó

sus

tres

célebres

leyes

en

1950

,

en

lo

s

relatos

de

Yo robot

,

convirtiendo

definiti-v

amente la anécdota

en

catego-ría

(15). Pero

el cine

ha

sido

mu-cho

más cauto -o

conservador

,

o

simplemente

miedo

s

o-

a

la hora

de transportarlos

a

la pantalla

.

Escaso

s

en

su

número

-casi

nun-ca superan el

par por película-,

se convierten en

una imitación

ridícula del

ser humano

,

a su

imag

e

n

y semejanza

,

sí,

pero

torpes y

repletos de decorativas

bombillita

s

,

con

andares patosos

y, en fin,

s

upeditado

s

al

hombre

aunque en algunos aspectos

pue

-dan

ser superiores. Muy

lejos de

sus

homónimos literarios,

entre

epígonos

del

Golem y hermanos

metálicos de la

c

riatura de

Frankenstein, estas chatarras

ambulantes

-dicho

sea

con todo

cariño- estarán también

est

ricta

-mente

divididas según

s

u

s

mdi-mentario

s

"

sen

timientos"

:

bue

-no

s

y

malos

,

éstos,

mayoritaria-ment

e,

fmto de la

ciencia

aliení-gena

que

lo

s

in

strumen

tali

zará

para apoderarse del

planeta

y

aledaños

.

Entre

los fiel

es servidores,

ob

e

-dientes

y serviciales,

merece

un

lugar de

staca

do

el Robby de

Planeta prohibido

,

humano

hasta

el

último relé e

inclus

o

un

punto

voyeur. Atento con las da

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