Nosferatu. Revista de cine
(Donostia Kultura)
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Entidades colaboradoras:
Reserva de todos los derechos (NO CC)
http://hdl.handle.net/10251/40886
La ciencia en la ficción
Freixas, R.; Bassa, J. (1994). La ciencia en la ficción. Nosferatu. Revista de cine.
(14):38-47.
Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956), de Fred McLeod Wilcox
La ciencia en
la
ficción
Ramón Freixas y
Joan Bassa
1
~agia,
religión
ycien-cia
•
Magia
,
religión
y
ciencia coexis
-ten desde
los
albores de la
hu-manidad.
A
lo comprensible
se
aplicó la técnica -luego ciencia-,
a
lo
inabarcable
se
le dio un
ca-rácter mítico
ocupado
por la
magia y en
algunos
casos por
la
religión.
Allí donde se
podía
lle-gar con
la
razón se formulaban
explicaciones físicas. Donde la
razón se veía
desbordada,
apare-ce la fe en
lo
que está
más
allá de
la fisica,
sean
fuerzas
-peligro-sas- manipulables
por
expertos
-magos
-,
sea
directamente la
omnipotente divinidad.
Durante siglos las
sagas e
histo-rias soñadas
por la
humanidad
han desplegado
h
é
roes
va
lerosos
y
diestros con la espada, pero
que
han
necesitado para
triunf
ar
el a
uxilio
de un mago que
con-trole las fuerzas del bien
a su
fa-vor o
el directo milagro
facilita-do por la divinidad
protectora.
No obstante
,
a partir del
siglo
XVIII
la
humanidad
se
vuelve
cada vez más confiada
en
sus
propias
fuerzas,
y
buen
ejemplo
de ello lo
tenemos
en los
revolu-cionarios franceses,
entronizan-do el
culto a la diosa Razón (1).
No es casualidad. La ciencia
dará
pasos
de gigante
y
se
con-vertirá en la
granesperanza,
ha-ciendo pensar que sin otras
ayu-das
el
hombre
puede
devenir
se-ñor del mundo
y
master
del
un
i-verso.
La fe en la ciencia como
vector
del progreso humano
va a
mani-festarse
rotunda
en
l
a
produc-ción
del siglo pasado,
y
buen
re-flejo de
ello subyace
en la
s obras
de
J.
V
eme
o de H.G. Wells. Una
fe convertida
en
bandera
tam-bién por los
revolucionarios
ru-so
s,
que
ven en la
ciencia
la
so
lu-ción
al
futuro. No
podemos
ol-vidar el fina
l
de Lo
viejo
y
lo
nuevo
(Staroie
i
novoie,
1
9
29)
,
de S. M. Eisenstein
,
con las
má-quinas
(pedestres cosechadoras,
para qué no
s
vamos
a
engañar)
arra
s
trando el progreso y
la
fe
li-cidad ...
En nuestro
siglo
por
lo
tanto
asistimos
a una suce
sión
de
para-lelelismos,
confluencias,
conver-gencias
yhasta
usurpaciones
en-tre los roles
de mago,
sacerdote
y
científico.
E
l
científico puede
devenir
n
igromante,
aprendiz
d
e
brujo
en contacto con
fuerzas
inconmensurables o
laico
sacer-dote
al servicio
de la
nueva di
v
i-nidad,
que
le permitirá
realizar
milagros
de vez en cuando. Así,
el
moderno
científico
convivirá
co
n este
c
úmulo de fuerza
s
ocu
l-tas
-de
sc
onocidas- mal
conoci-das.
Si las venera y sigue
s
u
lógi-ca, tendremos
al académico
s
a-ce
rdote. Si
se
enfrenta
a ellas y
les
i
mpone su
vo
lw1tad
,
al mago
más
o
menos
librepen
s
ador.
E
n
breve, la cienc
i
a
se
convie1te en
dogma (de fe)
y e
l acce
s
o a ella,
su
contacto, supondrá
la
a
pari-ció
n de nuevos (viejos) rito
s,
fa-c
ilitado
s
por el uniforme
/b
ata
blanca, e
l laboratorio
/
templo, la
cons
ulta
a
libro
s
accesib
l
es
s
ólo
a
l
os
iniciados e incluso
l
a
po
se
-sión
de un idioma
científico
in-co
mpr
e
n
s
ible a
l
os
dem
ás.
Y
poc
o a po
c
o,
la
s
fom1as
escon
-den y
anulan el fondo cien
t
ífico.
Lo
que imposibilita la aparición
de
nuevos
decible
s
filmi
cos, ya
que só
lo
se
efectú
a
su
re
es
truc-turación,
(
falsa) pue
s
ta al día en
detri
m
e
nt
o
de la vigorosa
es
pe-culación
cie
ntífic
a,
prácticam
e
n-te
inexistente en una produ
cc
ión
fun
damentada en
e
l
conservadu-rismo y e
n la e
x
plotación d
e
cli-chés.
Re
su
miendo, no e
s
nec
esa
-rio el co
nocimi
e
nto, de
sie
mpre
aco
mpañ
a
do del
análi
sis y la
re-flexió
n del enunciado propue
s
to
(incluso bastardo
o
paródi
co
de
los elementos y re
s
olucione
s
da-dos,
creíbles
sin
n
ec
e
s
idad de
ningú
n
esfuerz
o),
s
ino qu
e es s
u
-ficie
nte
e
l
s
imple
reconocimien-to
co
m
o
definidor del
verosí-mil
d
e
l género. Y
e
n
es
te dilema
fluc
túa bu
e
na part
e
de la
pro-ducció
n
ge
néric
a,
no
sólo
a
lo
largo de la décad
a
de los 50, con
los
depauperado
s
resultado
s
que
no es
menester
su
bra
y
ar.
No
de
s
cubrimos
el
átomo cuan
-do
constatamos
que el
compo-nente
(y
e
l tratamiento)
c
ientífi-co e
n
la
mayo
rí
a de películ
as
del
sec
tor
,
cuando existe, acaricia la
nimiedad,
trajina
co
n
la
banali-dad
má
s ex
ultant
e
(e in
s
ult
a
nte)
y
más qu
e
ilwnin
ar
confunde al
difundir
co
ncept
os
borro
sos
por
lo rupestres.
Pero n
o
se no
s
mal-inte
rprete. Con una base
cie
ntífi-ca mis
érri
ma pu
ede
n perg
e
ñarse
óptimas
películ
as
de g
én
ero
,
aun
que
echamos
humildem
e
nte
a
faltar
obras
como
La mujer
en
la luna
(Frau in Mond,
192
8
), d
e
F
ri
tz
Lang
,
o
2001,
una odisea del
espacio
(2001:
A
Space
Odyssey,
196
8)
,
de
Stan
ley
Kubrick, donde
,
excep-ciones a
la
norma, ficción y
ciencia
se
dan
l
a
mano.
La
ma-yo
ría de título
s
optan
por jugar
l
a baza de una visión
de
la
cien-cia
rica en t
óp
i
cos,
es
ter
eo
tipo
s y
arquetipos,
con
v
irtiéndola
,
en
defmitiva
,
en una cuestión de fe
(2). Redund
a
ndo
e
n
l
o
di
c
ho
,
la
cienc
i
a
h
a
u
s
urpado a
la
divini-d
a
d
su
e
s
tatuto
omnipoten
te
.
Como
bien compr
e
ndió
(y
pre-dicóa
veces
en el de
s
ierto)
Jac-ques Goimard:
"La
religión
es
un cuerpo de creencias ace
ptado
por todos
los miembros de la
so-ciedad
y
la ciencia es en nuestro
mundo el único cuerpo de
creen-cias
aceptado
por
todos
los
miembros de la sociedad"
(3).2. El sueño americano
La
bomba
atómica
,
ademá
s
de
decidir una
gu
erra, co
nmo
c
ionó
hond
amente
lo
s
es
quema
s so
cia-l
es
y científico
s
d
e
toda la
hwna-nidad
y,
natura
l
mente,
también
de la
soc
iedad norteam
e
ric
an
a.
La libera
c
ión d
e
l
áto
m
o
a
brió
unas optimistas
ex
pecta
t
i
vas
de
futuro,
ma
s
tambi
é
n cambi
ó
la
v
i
s
ión que hasta
e
ntonce
s se
te-nía de la c
i
encia
y
de los científi
-cos.
D
esde
sus
l
a
bor
atorios,
a
quello
s
hombr
es
eran
du
e
ños
de
un poder ilimit
ad
o que
supe-raba con creces
alque hasta
en-tonces se le
s
había
atribuido
.
En
l
os
años
3
0
,
p
er
íodo d
e
esplen
-dor de la
s
producciones
U
ni
ve
r-sal,
las
ambiciones científicas se
ce
ntraban
en conseguir
r
es
ulta-d
os
"humildes",
como fabricar
h
o
mbre
s
a
partir de
retal
es,
lo-gr~rl
a
in
v
i
si
bilid
ad
o de
sc
ubrir
el l
ado oscuro
del propio
ego.
Mas
tales
manipul
ac
ione
s
apare-ce
n como puro bricolage
a
nte la
po
s
ibilid
ad
de de
si
ntegrar el pla
-neta o crear monstruos
n
o como
lo
s
del doctor Mo
re
au
a esca
la
humana,
s
ino fuera de toda
pro-porción,
gigante
scos,
y
a
demá
s
en serie, industrialmente.
P
ero
si
las
perspectivas p
a
re
ce
n
abrir gr
ac
i
as
al átomo
un
po
si
ble
cam
ino
d
e
rosas,
la situación
po-lítica del mom
e
nto
s
um
e
al
mundo
e
n
la
incertidumbre
.
Los
EE.
UU.
h
a
n
ve
n
cido
en la
con-flagración y controlan la
ene
rgía
ató
mic
a
,
cie
rto
, pero tambi
é
n
los
sov
iético
s
han
conseguido
otro
tanto
.
Por
ello,
el
átomo
e
n
ma-nos ajena
s,
la posible invasión,
la
interrupción violenta del
s
ueño
americano, dan pie
a un
a
bismo
de terror en la pretendida
seg
uri-d
a
d inici
a
l. La guerra fría d
es
ata
l
as
inseguridade
s
con
la
mi
s
ma
fuerza
con
que
aviva
el
patrio-tismo
m
ás
desenfrenado
, y
la
S.
F.
,
casi de sopetón,
pa
sa
de
una adormecida existencia
a
una
febril pre
se
ncia en las pantalla
s.
Género fácilmente manipulable,
r
es
ponderá adecu
a
damente al
nu
evo
(
?)
di
sc
urso
id
eo
l
ógi
co
impuesto por lo
s
aco
nte
cimien
-tos.
L
a
es
p
er
anza
y
la confi
anza
d
e
los
40
ceden
pa
so
a
l
miedo
"al otro". Y
lo
har
á
n e
n
tod
as la
s
ace
pciones po
si
bles, desde
e
l
op-tim
is
mo de una colonización del
espac
io
mediante cohe
tes
de
se-g
unda m
ano
o d
es
d
e
el p
esi
mi
s
-mo de probable
s
invasiones
del
sa
grado
suelo
yankee
perp
e
tra-d
as
por los
m
onstruosos
h
a
bi-t
a
ntes d
e
l ex
teri
o
r
(en
d
emasia-da
s
oca
s
iones del planeta rojo)
.
En ambo
s
casos es
impr
escin
di-ble el u
so
de
l
a ciencia, a la que
se exigen
milagro
s
desafor
ad
os
que
ha
ga
n
triunfar
la
causa
del
bien. Y
a
dond
e
no alcanza la fe
e
n
la
ciencia
siem
pre llega
la
punta d
e
lanza de
l
a fe r
e
ligio
sa,
co
mo
acaece en
La guerra
de
los
mundos
(Th
e
War
of the
Wor
ld
s, 1953), de B
y
ron Ha
skin,
donde
,
no
só
lo metafóricamente,
la
s
ple
ga
ri
as
de l
os
terrestres le
s
ga
rantizan
s
u
s
up
erv
i
v
encia
(
4)
.
Y
es
que h
ay
mil
agr
os que
sí
pertenecen a la
más
incr
e
íble
e
~
L:r:J
·~
e
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te
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c
i
:J
e
::>
e
::>
1r-x-~
e
::>
~.
r:r"l
e
::>
Red Planet Mars ( 1952),
de Harry Horner
ciencia-ficción (5). Y, en
fm
,
aunque sea como anécdota,
ano-tar el
"fondo"
de
Red
Planet
Mars
(
1952), de
Harry Homer,
esto
es, la "revelación" de que
lo
s marcianos ¡¡son cristianos! !
,
como
obstinadamente
trata de
ocultar
el
conspicuo equipo
ha-bitual de científicos,
soviéticos
para la ocasión.
Propuestas
tan
disparatadas, no
nos engañemos,
n
o
son
única-mente consecuencia de
l
a imagi
-nación de
lo
s
guionistas
y
del
contexto
político
o social
del
momento. Debemos
recordar
que
acorde con
la
circunsta
n
cia
de la consideración de la
S.
F
.
como subgénero
no
sólo
por la
industria sino incluso por una
le-gión
de temibles teóricos
,
ensa-yeros y
derivados que
circulan
por
la
época,
la producción
de-tenta el
status (o
etiqueta) de
se-rie B,
sin
alcanzar jamás en
el
periodo la categoria A, más bien
al
contrario, derivando hacia la
bien alimentada letra
Z (6).
La
política de producción de las
majors
es transparente al
respec-to: películas
t
an
reconocidas/re-putadas como Ultimátum
a la
Tierra
(The Da
y
th
e
Earth
Stood
Sti/l,
1951), de Robert
Wise
,
Planeta
prohibido
(For-bidden Planet,
195
6),
de Fred
McLeod Wilcox, La
humani-dad
en peligro
(Th
e
m!
,
1954)
,
de Gordon Douglas, La
inva-sión de los ladron
es
de cuerpos
(lnva
s
ion
of the
Body
Snatch
e
rs,
1956), de Donald Siege
l,
El
in-creíble hombre menguante
(The
/ncredible
Shrinking
Man,
1957), de Jack Amold,
La
mos-ca
(The
Fly
,
1958), de Kurt
Neuma
nn,
Tarantula (1955),
de Jack Amold, El
enigma
...
de
otro mundo
(The Thing of
Ano
-ther
World, 1951),
de
Christian
Nyby (y
Howard
H
awks)
,
so
n
ge
nu
inos ejemplos de serie B ro
-dados
con pocos
medios
y
me-nor presupuesto
y
destinados
mayoritariamente
a re
ll
enar
programas dobles,
lo
que
no
im-pide que superen en resultados e
interé
s
a muchas
se
ri
e A
manu-facturadas con mayor
empeño
industrial por los
correspondien-tes Estudios o
por compañías
in-dependientes. Serán pues
pelícu-las de corta duración (o los s
tan-dard
noventa minuto
s
como
mucho) y pobladas de
intérpre-tes
s
ecundarios, de escaso relieve
(que, eso
sí,
facilitan
la
identifi-cación con e
l
"hombre de
l
a ca
-lle")
,
donde
el discurso suele
ser
banal o
,
por
lo
menos, pueril,
de-pendiendo del
ac
ieti
o
,
ambición,
imp
l
icación o
personalidad de
los realizadores
,
de
s
de
la p
ene-trante
inspiración de
Ja
ck
Ar-nold
o Gordon Douglas ha
s
ta
l
a
acomodaticia
medianía del
Ro
-ger Connan
del período
,
apro-piadamente
secu
nd
ado
-
y
mu-chas
veces s
up
erado en
negli-gencia simpática o no
,
ésa es otra
c
u
e
s
tión- por Bert
I.
Gordon,
Herbert
L. Strock, Edward
Wood
,
Jr.
,
Edward
L.
Cahn
,
Edwar
d
L.
Bemds
y compañía
,
que nutren casi siempre el
pelo-tón
de
l
o
s
torpes,
a
pesar de al
-gtmos
hallazgos aislados que,
nos tememos,
son habitualmente
inv
oluntarios (7). Ante
tal
cú-mulo de
condicion
a
nte
s,
una
presencia pura
y
dura de l
a
cien-cia e
s
impensable, antes bien,
s
e
convierte
en
un mero pr
e
texto
para el sueño, simple soporte del
vero
s
ímil que h
a
rá
po
s
ible el
in-fiemo en casa o el p
a
raíso en la
Ti
e
rra.
3.
Aq
uello
s
chalados
...
¿Qué
s
ería
de la
ciencia-ficción
s
in la aparició
n s
evera, rigurosa
,
desmadrada
,
alocada
(tách
es
e lo
que no proceda, según las
ficcio-The Crea
with the
\tom Bra f<J55), de
nes al uso)
del hombre de
c
i
en
-cia,
personaje y arquetipo
em-blemático
de tantas pelí
c
ula
s?
Tal
vez,
otro género. Si el
uso de
un
refere
nte
científico, o ap
u
ra-damente cientifista, es
primor
-dial
e
n
toda catego
r
izació
n
del
géne
ro
,
es
dificil
-pero no
impo-sible- co
nc
e
bir una ficción
s
in l
a
presencia
de un científico,
prota-go
ni
sta
o secundario,
de
impor-tancia crucial en
la
acción
o
sim-ple espectador de
luj
o, en cuanto
es
w1o de
l
os arquetipos
más
te-nazmente
recurrentes
y
recorri-dos
d
esde e
l
bautismo
del
género
hasta
su
actual
ex
tremaunción
.
Es,
en definitiva
,
un
personaje
idea
l para dotar de
espesor
(ejem, ejem)
a todos
l
os
desva
-ríos,
despan
·
ames,
d
is
funciones,
catás
trof
es
que
lubrican
e
l
caña-ma
z
o argumenta
l
de
tantas
y
tantas películas. Es
irrelevante
que obre con
l
a diligencia
de un
buen padre
de
familia
o
a
nima
-do por el ansia de
poder
,
que
se
arroge
l
a
condición
de demiurgo
o
que oficie
de
abnegado reden
-tor de
l
a
humanidad
,
que
se
pon-ga
hecho
un
asco de radiaciones
muta
nte
s
o que destripe a
li
ení-genas
con
so
fi
s
ticado
s
rayos
l
á-se
r o
,
si
el
pre
s
upue
s
to no da
para
más, con invisib
l
es ondas
hiperboloides. Sin
s
u
co
n
cu
r
so,
mejor aún,
sin
su actividad,
l
a
cienc
i
a-ficció
n no re
spo
ndería
a
los parámetros
de
todos
conoci-dos.
Haciéndonos eco de
la
t
axono-mía
presentada en
nuestro libro
El
c
ine de
ciencia~flcción.Una
aproximación
(Editorial
Paidó
s,
Barcelona
,
199
3
)
,
podemos
dis-ting
uir
tres tipologías del
hom-bre
de
c
i
e
n
cia:
el
sabio
loco
,
e
l
aprendiz
de brujo y
el
sa
bio
pa-triota y má1tir. Dicho esto,
con-vengamos en
que el prime
r
pro-totipo
n
o apa
re
ce tan cuanti
tati
-vamente
representado como e
n
otros períodos
hi
stóric
os,
y
c
uando lo e
stá s
u
ausencia
de
ambic
ione
s
l
e
dirigirá no a
con-trolar el
mundo
o
a
hacerlo
ex-plo
s
ion
a
r
,
si
no
a ajustar cuentas
pendiente
s,
orquestar
me
z
quinas
venganzas
personales
o
ni
eso.
El
Mabuse langiano
está
hib
er
-nado
y
só
l
o
reaparecerá
en
l
os
años 60 -década
muy
proc
li
ve a
engordar
este
arquetipo- y e
l
doctor
Strangelove
-y
adláteres-aún
está por
venir. Esta
asevera-ción
no implica
s
u inexistencia,
porqu
e
haberlos haylos,
sobre
todo en lo
s
dominios del
seria
l,
tan llenos de
(entrañable)
caspa
,
y
en la
nutrid
a
serie
Z
mad
e
in
USA,
de
consumo
exclusiva-m
ente doméstico
(8).
Un
ejem-plo de
su
d
ec
live
es
The
Crea-ture with the Atom Brain
(1955)
,
de
Edward
L.
Cahn
,
cuyo
l
eit
motiv
es simple y
llana-m
e
nte
l
a venganza
de
un
cientí-fico obcecado en emp
l
ear
zo
m
-bies
case
ro
s co
n
tracción
atómi-ca
para
despistar a
l
a
policía.
Más
chiflado,
si
cabe,
e
mpar
e
n-tado
con el
prototipo de mad
doctor tan en
boga
en
los 40 (9),
es
el sujeto de Slaves
of the
In-visible
Monster
(1950), de Fred
Brannon
,
ciertamente
poco
reco-mendab
l
e.
Otro e
l
emento
d
e
ar-mas tomar,
loco
peligroso y un
punto
mi
sógino,
es el
impresen-tab
l
e
protagoni
s
t
a
de Mesa of
Lost Women
(1953), de
Her-b
e
Jt T
evos y
Ron Om1ond, una
tardía mu
est
ra
de
se
rial
,
cuyo
juego favorito es convertir a
las
féminas en agresivas arañas
gi-gantes. Un ejemplo en absoluto
inusual -aunque
sí
extremado-de las peculiares
relaciones entre
la
ciencia (es decir, el
hombre,
sea científico o
no)
y
la
mujer.
En resumen
,
un llamativo
expo-nente del machismo
salvaje
que
reina
en
la
S. F
D
e ent
re
la
s
numero
sas
e
s
pecie
s
de
cie
ntífico
s
que habitan
y
de-coran
l
as
ficciones, un
acrisola-do
ejemp
l
o lo constituyen
aque-llo
s
que
,
poniéndose
la
c
i
e
ncia
por monter
a,
la
emp
le
ará
n
para
todo tipo
de
o
bra
s
ben
éficas
y
so
ciales.
En ocasione
s s
olos, ya
maduritos (caso de Cuando
los
mundos
chocan!Wh
en
Worlds
Co
llide
,
Rudolph Maté
,
1951 )
,
~1
GIANT SPIDER STRIKES!
..
CRAWLING TERROR lOO FEET HIGH!
l
o,.,..
i/ llXJ.~~~
hfllllnll-- -
-ctv:n ... asyou
lfllclf.'
SHE HAD
TO
Klll THE THING
HER HUSBAND HAD
BECOME-ll Plii~
_
•
:
;
·
L:,.
,
.fJY.
l."" ,;: •. .4,f~'
""'"'
'
J
S: • •e
::2
L:r:J
·~
e
::2
~
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e
::2
e
::2
e
=>
·~
~.
e
J
e
"J
e
"J
THIS
WASTHE
DAY THAT
ENGULFED
THE
WORLD IN
TERROR!
ejercerán
a
demá
s
d
e
padre
s
d
e
l
a
humanidad
y
ad
limitum
pueden
ofrendar
l
a
inm
o
l
ació
n d
e s
u
v
ida
e
n
aras
d
e
p
rój
im
os
má
s
jó-vene
s.
Profesores
,
pue
s,
en
t
o
d
o
el
sen
tido
de
l
tét
mino
.
O
rodea-d
os
d
e
colegas
,
haciendo d
e
l
a
c
i
e
ncia
un trabajo
de equip
o,
na
-tu
ra
lmente uni
vers
i
ta
ri
o,
lu
c
ha-rán
co
ntra l
o
desconocido
,
corno
en
El enigma
...
de otro mundo
o en
Invi
si
bl
e
lnvaders
(Ed-w
a
rd
L.
Ca
hn
,
1
959),
o
se
d
e
di
-carán
juici
osa
m
e
nt
e
a in
ve
ntar
so
lucion
es
p
ara
e
v
itar la
ca
t
ás-trofe
(ese rayo
q
ue
part
e
de una
p
ae
ll
era
pu
esta
so
bre un
ca
-m
ió
n
),
co
rno
e
n
Eart
h
ve
rsus
the
F
l
yi
ng
Sa
ucer
s
(1956),
d
e
Fred
F
.
S
e
ar
s
(
10
), e i
n
c
lu
so
lle-ga
rán
ge
n
erosa
m
e
nt
e a
t
raba
jar
por
c
u
enta
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a,
aux
ili
an
d
o
a
extr
a
terre
s
tr
es
desvalidos
e
n
This lsland
Eart
h
(
1
955),
d
e
J
oseph New
m
a
n
(
11
). No
es
pre
-ci
s
o
ser
jo
ve
n
y
mu
s
c
ul
oso
para
alcan
za
r la
a
u
reo
l
a
heroica,
aun-qu
e
e
n
e
l
caso
d
e
l
os cientí
fi
co
s
más bien
l
es vemos
in
cl
in
a
d
os a
ha
cerse c
on la
s
palma
s
d
e
l
mar
-tirio
,
como
p
ertoca
a
quienes
a
ú
-nan razón
y
sa
biduria
.
G
l
oriosa
muerte
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e espera
al
"
ge
nio
"
d
e
Target
Eart
h
(1954),
d
e
Sher-m
a
n
A.
Ro
se,
por
no
hablar d
e
l
o
s
mendmgo
s
de Con
destino
a la Luna
(D
estina
t
ion
Moon
,
1
950),
d
e
I
rvi
ng Pi
c
h
e
l, p
e
l
ean-d
o
p
o
r
se
r
elegidos para
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or
ir
e
n
el
s
at
é
lit
e (
12
).
A la t
e
nd
e
ncia p
osit
i
va ,
de
cieg
a
confianza
e
n l
a cienc
i
a y e
n
s
u
s
prof
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-a
vece
s
s
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ples
voce-r
os
-
s
u
e
l
e
contrapon
e
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se
un
a
m
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dalid
a
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e
tendidarnente
c
ri-tica
que plantea
l
a
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osibi
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fallo
s
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as
en
oca
s
iones)
en
l
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p
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rimento
s.
La
cie
n
c
i
a
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p
e
ligro
sa, y
n
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toda
s
l
as
in
ves
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-gaciones
se ven
coronada
s
p
o
r
e
l
éxito.
Inclu
so
la
energ
í
a
a
tómi-ca
,
tan limpia
,
pu
e
d
e so
ltar una
s
radiaciones
d
e
espanto
,
y
l
a
co
n-sec
u
e
nci
a
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l
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manipula
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io-n
es
puede dar
l
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a
mutant
es
,
m
o
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s
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sí,
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ec-no
l
ó
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os.
Lo que deb
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pro
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u-rarse
es
l
iquidar
a
zambombazo
s
l
as c
riatur
as
s
ur
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id
as
de
se
m
e
-jante
s
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p
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y
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l
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,
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nque
fijándo
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un
p
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mente con
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..
.
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Lo
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a
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ores,
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de
l
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ll
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protagoni
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mo
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a
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es.
Lo
s
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muy
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os
,
Encontramos
a
un
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,
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l
Dr
.
Morbiu
s,
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v
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Pr
ós
p
ero
,
exiliado
ni
má
s
ni m
enos
qu
e
en
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l
planeta
A
lt
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4
,
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Planeta
prohibido
,
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qu
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l
o en
s
u
s
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-ne
s.
No
es el
único
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l
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res
-b
a
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os
...
l
as pifias
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-sonadas abunda
n
.
As
í
,
e
l
prota-go
ni
s
ta
de La mosca
compmeb
a
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un
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et
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a
ste con
s
u
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r
a
y
co
n
s
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h
e
l
é
n
ico p
e
rfil
(
1
3).
E
l
in
ve
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gozará
d
e
nu
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e
x
p
l
o
-ta
c
i
ó
n
en
l
a co
rr
es
p
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e
se
-cue
l
a:
El
regreso de
l
a
mo
s
ca
(Re
turn
of
th
e
Fly,
1
959),
del
reincidente
Edward
L.
Bemds.
Compañera del
hombr
e
mo
s
c
a
p
o
dría
se
r
la muj
er
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i
s
pa
d
e
The Wasp Woman (1
959),
del
av
i
s
p
a
d
o
R
oger
Co
m1
a
n
,
inf
e
li
z
co
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midora de
pr
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cos-m
é
ti
cos
y
pot
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fin
es
9
u
e
l
a
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b
ocan a
t
a
n
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natendida
tr
ans-for
m
ac
i
ó
n
.
Tam
bi
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n mer
ece
ate
n
c
ión
e
l
científico
de
Mons-ter
o
n
the
Ca
mpu
s (
1
958)
,
d
e
J
ack A
mold,
que
,
vícti
ma
de
un
acci
d
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e
l
a
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, se
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un m
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n
s
tmo,
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do
a
l
h
o
m-br
e
de
Cro
m
ag
n
o
n
,
qu
e
aviva
sus
ma
l
os
instintos,
p
a
ra
finali-zar co
n
e
l
gesto
heroico de
s
u
-Target Eartll
(1954). deSiwmum
Earth vs.
the Spider
'1958). de Berr
cumbir a
n
te las bal
as
de la
poli-cía. O e
l p
atoso
investigador
de
T
he
Magnetic Monster (1953),
de
Curt
Siod
m
ak.
que por falta
de prev
i
s
ión recibe
un l
e
t
a
l
cas
-tigo
a
s
u osadía
...
Y
es
que
c
omo
dice
tan
s
ufrido miembro
del
gre
mio:
"En
la
investigación
nuclear no hay lugar para
lobo
s
solitarios
"
(sic).
¡Contundente
demostración!
U
n
so
plo d
e
aire
fresco
co
mpletamente
autóno-mo
dentro
de
l
género,
lo
aporta
el
prof
eso
r B
a
maby Fulton
de
Me sie
nto rejuvenecer
(Mon-k
ey
Busines
s,
195
2),
de
Ho
wa
rd
Hawks, vícti
m
a
d
e
lo
s
man
ejos
de
s
u c
himp
ancé jun
t
o a
s
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fami-lia, que p
e
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ite a
Hawks
firmar
una
brillante
reflexió
n
en clave
de
co
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e
dia
so
bre
l
a
ju
ve
ntud
y
l
a
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a
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z
.
E
l
r
esultado d
e
l
a
inescrupulosi-dad cien
tífi
ca,
d
e
fonna general,
no pa
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arizada
e
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cie
ntífi-co
específico
qu
e
ll
eve
l
a voz
ca
ntant
e en e
l r
e
parto de
arqueti-pos, como
se
ha v
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s
to
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l
os
ca-s
os p
r
ecede
nt
es,
goza
de
un
co-pioso
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e
co
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c
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n
es
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n
os
r
e
crean (
y
a
l
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n
)
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e
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u
sos y a
bu
sos
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l
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gía
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ca.
De la
s
radia
c
ione
s
ex
-pandidas
urbi
et orbi se
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a
un
prim
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cont
in
gente que
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fec
-ta
dir
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ment
e
al
se
r humano,
e
ncogi
éndo
l
o caso del
Sco
tt
Ca-r
ey
de
E
l
increíble hombre
m
e
nguante
,
preciada obra
de
l. Gm·don "-""--...L..o.- -•
cabecera donde
l
as
h
aya, o
esti-ránd
o
l
o como
e
n
El
gigante
ataca
(The
Amazi
n
g Colossal
Man,
1957
),
de Bert
I.
Gordo
n
, o
en
Attack of the 50
Foot
Wo-man
( 1958),
d
e
Nat
h
a
n
Ju
ran
,
que di
s
fruta de robu
s
t
a
prot
ag
o
-n
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s
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a.
Si
n
em
bargo
,
será
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l
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ei
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a
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imal (i
n
sec
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l
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l
más receptivo
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a
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peculiare
s
influen
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ia
s,
realiza
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-d
o
un
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terp
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tación sui g
e
neris
del m
a
nd
ato bíblico de "creced
y
multiplicaos
". S
in
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con-cie
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.
citemos
a
l
as
hormiga
s
gigan
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s
de
La humanidad
en
peligro
,
la m
ejor d
e
la dina
s
tía
,
la
perla
n
egra d
e
l
a colección, la
e
norm
e
araña d
e
Ea
rth
vs.
the
Spider
(
19
58)
,
de Bert
l.
Gor-don
,
l
os escorpio
n
e
s
d
e
The
Black
Scorpion (
1
957)
,
d
e
Edward Lud
wig
,
l
os
be
l
igera
nt
es
es
pe
címenes y además
co
n
a
pe
-tito
de Attack
of the
Ca·ab
Monsters
(1956),
d
e
Roger
Connan,
una
pero que
va
l
e
por
v
aria
s
es
la m
an
ti
s
g
i
gante
d
e
The Deadly Mantis
(
1
957),
d
e
Nat
han Jur
an,
y
en fin
,
e
l
maci
zo
artrópodo d
e
Tarántula
, a
un-que
éste
víc
tim
a
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e
un
er
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or
cient
ífi
co,
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las
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mpitern
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adiaciones.
Tambi
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l
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radia-c
i
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va
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a
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de
su
l
e-targo a
dif
ere
nt
es
repti
l
es
sobre-dimen
s
ionado
s: cfr
.
It
Ca
rn
e
from Beneath
the Sea
(1955),
d
e
R
obert Gordon,
El
montruo
de tiempos
remotos (The B
flast
ji·om 20.000 Fathoms,
1953
),
d
e
Eug(me Louri
é,
Monster from
Green Hell
(19
58),
de K
e
n
ne
th
G. C
ran
e, y un farr
agoso
etcéte-ra
(14
). Y e
s
que,
co
mo
se
ve
,
e
l
átomo y
l
as
radia
cio
n
es
nucl
ea-Earth versus the Flying Saucers {1956), de Fred F. Sears