driguez de M endoza, porqué en sus manos serían semillas que germi-narían en las conciencias de los estudiantes carolinos.
V oces más doctas han de evocar, en esta conmemoración bicente-naria, la trascendencia de la obra educativa y la austera altivez del pre-cursor. Por esc he querido limitarme a destacar las fecundas afinida-des que e! tesonero maestro labró, entre los vetustos claustros de esta casona, iluminado por su fervorosa esperanza en los frutos de la ra-zón. Y desde la histórica tribuna que pisara José Baquíjano y Carrillo cuando pronunció su oración en elogio del virrey Jáuregui, frente a la umbría decoración de! patio de los naranios donde Toribio Rodríguez de M endoza paseó sus angustias de filósofo, el sentimiento revive el vir-tuoso convivio que ambos mantuvieren. Su recuerdo entraña una lec-ción, perenne y vital, que compromete nuestra devoción y nuestra lea? tad. zutsrqponmliedcaZUSRONMLJIEDCBA
DISCURSO DEL DR. JO SE JIM ENEZ BO RJA.
Señores D ecanos; Señores Catedráticos; Señoras y Señores:
La Facultad de Educación de la Universidad N acional M ayor de San M arcos, que me ha conferido honrosa comisión para e! presente acto, concentra su alma germinal y aviva su fervor normativo en esta fecha bicentenaria para rendir homenaje a Toribio Rodríguez de M en-doza, fundador espiritual de la República, al mismo tiempo que funda-dor de nuestra pedagogía independiente, ascua solar en el O riente del Perú, signo alto y generoso, guiador del destino colectivo.
Si figura de procer, de sacerdote, de político, de jurista, de filóso-fo, allega todas sus ricas laderas al vértice de su personalidad d e maes-tro. Esta profesión caracteriza su vida, está en la entraña de su ser, es su actitud agonal. Siendo aún discípulo se convierte en profesor. Y desde entonces enseña con voz vibrante pero circunspecta, como ce-ñida a la metódica que le es consubstancial, con llaneza y elegancia, con incitadora sugestión por lo nuevo y vital de los problemas, con te-naz insistencia por la implantación de reformas y póf la incorporación de'mirajes desconocidos en el ámbito de .la enseñanza.. Es el maes-tro por excelencia a quien no fallan ninguna de las cualidades que*dis-tinguen a esta preciosa vocación y de manera excelsa disfruta de
aque-lla que según Kerschen'steinér singulariza a los grandes educadores y zyxwvutsrqponmlkjihgfedcbaZYXWVUTSRQPONMLKJIHGFEDCBA es culminación y cifra de todas las demás: la inquietud por eil*
hom-bre futuro. Transmite conocimientos no sólo con proposite ele legar, a la nueva géneración la experiencia adquirida y de formarla en
tro-que.eszyxwvutsrqponmlkjihgfedcbaZYXWVUTSRQPONMLKJIHGFEDCBA d e no bleza mo ral sir.c cor. el p ro sp ecto d e una so cied ad supe-ño r en ia q u e el actual alumno ejerza funció n co nd ucto ra, llena d e capa-cid ad para el sacrificio . Es así u;i so ñad o r ro n la fuerza mesiánica d e .a p ro fecía, q u e se imagina una tierra d e p ro misió n hacia la q u e hay q u e enrumbar. c c o id inand o e.n d icno sentid o ted as las fuerzas d e la vid a, d esco ntento d e lo actual en cu d o lo ro sa imp erfecció n, g ano so d e asc end er a lo alto d e la mo ntaña d esd e d o nd e p ued a v erso la llanura red imid a, el p aisaje secreto . E! fo nd o d e su esfuerzo p ed ag ó g ico está co nstituid o po r esta p reo cup ació n d el p o rv enir. Es el acicate y la fuen-te d e energ ías q u e lo asisfuen-te en las ho ras d e la vigilia y el co mbafuen-te, el o áJsam o para las herid as, la exp licació n dpi milagro . Está lejo s d e .a co nv ulsió n inco ntro lad a, d el arrebato extem p o ráneo . Tiene la otra cualid ad p ríncip e d e su v o cació n esp iritual: la serenid ad meditativa q u e lo lleva a trabajar en silencio , a no estrellarse inútilmente con-tra lo s p elig ro s y a esp erar las o c asio nes p ro p icias.
La activ id ad d o cente d e Ro d ríg uez d e Mend o za, se inicia en el m ism o Sem inario d e Santo To ribio , el 22 d e o ctubre d e 1769, al ser no m brad o "p asante d e A rtes" y o btener la " b e c a d e la m erced ". A ! co ntar v einte año s y recibir el g rad o d e Do cto r en Teo lo g ía en la Real Univ ersid ad d e San M arco s, d esp u és d e brillante co lació n, antes d e c u m p lirse el lustro d e su matrícula en ol Sem inario y aún co ntinuand o sus estud io s en el mismo , es llamad o a reg entar cáted ras. Está ya circund ad o d e p restig ie q u e trasp asa el recinto d e las aulas y llega a lo s o íd o s d el V irrey A mat, por ento nc es p reo cup ad o en sustituir los d esap arec id o s Co leg io s d e San Martín y San Felip e, d e la exp ulsad a Co m p añía d e Jesús. El Virrey , q ue p resid e la Junta d e A p licacio nes d e lo s b ienes d e lo s Jesuítas, crea a este fin en 1771 el Real Co nvicto -rio d e San Carlo s y le d estina c o m o lo cal el flo rido , eleg ante y espa-cio so d e la Casa d e Pro bació n d e San A nto nio A b ad q u e la Lima die-c io die-c hesdie-c a die-c o n o die-c e die-co n el no m b re d e N o v idie-ciad o d e lo s Jesuítas, finamen-te restaurad o d esp u és d el finamen-terremo to d e 1746, co n sus p atio s claustrales p o b lad o s d e p ino s, naranjo s y jazmines, centrad o s po r artísticas fuentes y q u e ateso ran hac ia el exterio r la ig lesia d e San Carlo s, d eco rad a con exquisita m ag nificencia, y hacia el interio r la p eq u eña p ero resp land e-c iente e-cap illa d e Nuestra Seño ra d e Lo reto , e-co n sus p erfiles d e oro y fro nd a mística, cro mad a y sentencio sa, so bre la curvatura d e la bó v e-d a, El V irrey quiere llev ar al Co nv icto rio un p erso nal e-d e Pro feso res q u e no d esd ig a d e la antigua y justa fama d e lo s Pad res d e la Co mp a-ñía y d esig na entre aquello s a Ro d ríg uez d e Mend o za p ara enseñar Filo so fía y Teo lo g ía. En ese lo cal y co n tal carácter se aplicará d esd e
ento nces a su apostolado magistral. "En los claustro s del antiguo No-viciado de la Compañía de Jesús se revelaría en brev e co mo un maes-tro en la extensión absoluta del vo cablo , dice Jo rge Guillermo Leguía en las hermo sas páginas de su "Precurso r", esa era la suprema aptitud con que había nacido; esa la impulsión irresistible que le co nd uciría en su existencia a instruir, a educar, desviándo lo d e cualesquiera otras rutas que hubiera adoptado". So lamente una vez, añad e la noticia de Leguía, se aparta por breve tiempo de la tarea esco lar para d irigirse a regentar un curato en la serranía de la Dió cesis d e Trujillo, pero su tránsito por la parroquia es brev e y su reincorporación al Co nvicto rio definitiva. En 1773, la Universidad d e San Marcos, lo d esigna para re-gentar la cátedra del Maestro de las Sentencias, anto no masia co n que se d esignaba al filósofo Pedro Lombardo, cuyo doctrina era co nsid erad a fundamental por ento nces. El tema de las Sentencias había sido el de su grado doctoral y demostró seño rearlo ; pero no o bstante su espí-ritu se revela contra la rutina mental anquilosada y fría, aunque inge-niosa y sutil, que tal enseñanza significa, so bre todo en su po rtento so esfuerzo de retenció nmnemó nica, y lo expresa en la carta d e 3 d e abril d e 1774, descubierta en los últimos año s por Fed erico Schw ab. A llí se refiere claramente a "cuatro siglo s o bscuro s y bárbaro s" co mo los que representan el contenido de la cátedra. En la carta está muy claramente marcado el hito de su evolución intelectual hacia el pensa-miento realístico, analítico y libérrimo, a los veinticuatro año s d e edad. Se ve que el brillante esco lar no se limita a la repetició n d e lo umver-salmente admitido sino que critica la razón de ser de todas las co sas, verifica las fuentes en largas y minucio sas lecturas y, lo que es más difícil 1 riesgoso bajo el imperio da la Inquisición, escrud iña libro s pro-hibido s y asimila el modernismo filosófico en grado que luego va a in-tensificarse con la amistad fraternal y con los facilidades genero sas que le otorgará el Podre Jerónimo Fray Diego Cisnero s. De este modo, ya al comienzo de su carrera está imbuido de principio s no vísimo s y de v ehemente afán de actualidad que se manifiestan en la expo sició n de la referida carta: "Valen más quince año s d el siglo pasado o del presente que todo el tiempo que corrió d esd e Pedro Lo mbardo hasta la Restauración de las Ciencias". Lo que ha deslumhrado su inteligen-cia es el torrente de ideas que se derivan del Renacimiento , particular-mente en los campo s filosófico y científico. Se po sesio na del espíritu del NOVUM ORGA NUM co mo una superació n d e la ló gica puramente formal en que había sido educado y finca su esperanza en la inducción y experimentació n científicas, admirando particularmente a New ton. El
método cartesiano de rechazar toda aserción predestinada y buscar la verdad mediante la duda, lo entusiasma y lo lleva a los subsiguientes sistemas racionalistas y empiristas. Las doctrinas de Lccke y Condillac le son familiares. Su fe religiosa y su conducta de sacerdo te católico, elevado a alia dignidad en el Cabildo Metropolitano, nc cambian, sin embargo, a pesar de estas extremas v heterodoxos incursiones. Era temperamento uncioso v místico y se confesaba con frecuencia antes de celebrar el Santo Sacrificio. La dualidad es explicable dentro de ia época en que muchos grandes espíritus se sentían fascinados por la novedad y fuerza de las modernas corrientes y vivían, sinceramen-te, dentro de una contradicción desconcertante. Sin embargo, aquella filosofía laica, basada en el libre examen, que el piadoso presbítero in-troduce en el Perú no va a influir tanto en la formación religiosa de sus discípulos sino en su formación política y ciudadana. Vice Rector d el Convictorio desde 1375 y Rector desde 1876, prepara y emprende la famosa Reforma de los estudios en el plantel. Consiste ésia, fundamen-talmente en la vivificación de los métodos e incorporación de materias nuevas que interesaban a un mundo ávido de transformación. Se aban-dona el puro y superfiuo ejercicio intelectual y se lo reemplaza por una asimilación más razonada y ponderadle y por un interés hümanís-tico palpitante, encerrado en materias de enseñanzas nuevas. Ellas fue-ron principalmente lo s Derechos Natural y de Gentes que estaban nu-tridos de peregrinas ideas so bre la fuente de la soberanía, so bre la capacidad del pueblo para el gobierno autónomo, so bre las garantías del individuo y so bre la división y equilibrio de los po deres. No es fácil descubrir que del racionalismo filosófico se ha pasado al raciona-lismo político y sociológico y que aquí dominan los postulados del enciclo-pedismo. La inclusión de estas asignaturas con su henchido caudal libertario, despiertan él recelo y la implacable' campaña de las fuerzas conservadoras que se manifiestan en las repetidas "visitas" y admoni-ciones de que es objeto el Convictorio. Rodríguez de Mendoza resiste tranquilamente a ellas, mesurado y sagaz: era hombre de serena auda-cia, ha dicho de él José de la Riva A güero y cuando cae vencid o y los Derechos Natural y de Gentes son eliminados del Curriculum por orden superior, él continúa su enseñanza en secreto, contando para ello con la lealtad de los carolinos que nunca denunciaron las furtivas leccio-nes. En el trascurso de los años la obra del espíritu, en apariencia di-minuta y débil, va enterrando sus poderosas raíces y elevando sus al-tas cúpulas, hasta formar un bo sque de formas nuevas que se agitan en una atmósfera inesperada. Esa atmósfera fué la Revolución de la
Inde-pend encia. El Virrey Pezuela, cuand o ya se aproximan San Martín y Bolívar, denuncia a San Carlo s co mo el más peligro so foco emancip ad o r do nde según sus propias palabras "hasta las pied ras son insurgentes", clausura el plantel pro vo cando la renuncia d e Rodríguez de Mendo za. Pero ya era tarde. Ro deado de sus discípulo s y en su calid ad d e D ip u -tado por Lima, presid e en brev e la primera sesió n del Co ngreso Co ns-tituyente.
Según sus biógrafos más cercano s era de po bre y desairada co n-textura: alto, esmirriado y curvado hacia adelante; de rostro anjuto, tri-gueño y desarmónico, pero que se embellecía co n el imp reciso fulgor d e las realiaddes interiores; de voz plateada que se quebraba a rato s por falta de aliento vigo ro so ; de salud quebradiza por la d o lencia al estó mago que lo atormentó toda su vida. Tenía una co nv ersació n cau-tivante aunque no era de charla abundosa sino más bien p reciso , con la elo cuencia de la solidez y la articulación id eo ló gicas que están palpa-bles en las escasas muestras de su estilo literario que han llegad o has- • ta. no so tro s. Escribí po co po rque estaba co nsagrad o a la labor absor-vente d e dirigir, organizar, enseñar, pasión honda que co mpro mete to-das las energías y no d eja a v eces ni el tiempo ni el equilibrio nece-sario s para la co mpo sició n literaria. Su batalla estaba en el aula. Una batalla silencio sa, la batalla del maestro que pued e ser derro tado una y otra vez, pero d esd e la cual lanza al porvenir puentes d e luz. En el caso de Rodríguez de Mendoza, por eso s puentes llegamo s a la li-bertad y al go bierno republicano y por eso lo pro clamamo s no sólo nuestro primer maestro en el orden cro no ló gico sino también el prime-ro en el orden moral: maestprime-ro permanente en este País del tránsito
hu-mano a la justicia, la verdad y la nobleza del espíritu. zyxwvutsrqponmlkjihgfedcbaZYXWVUTSRQPONMLKJIHGFEDCBA
DISCURSO DEL DR. LUIS ANTONIO EGU1GUREN.
Seño res Decano s de les Facultades de Letras y de Ed ucació n, Seño r Presidente y Vo cales de la Co rte Suprema d e Justicia,
Seño res Miembro s del Comité Organizador d e esta co nmemo ració n, que habéis tenido a bien encargarme esta co nferencia, co n la • ilustrada y benév o la aquiescencia del Sr. Decano d e ésta Fa-. . cuitad,
Seño ras, • Seño res;
• Celebramo s el segund o centenario d el nacimiento de un peruano eminente, en medio d e las más graves interro gacio nes. El mundo d e