ALBANYÀ
Albanyà es un municipio de la comarca del Alt Empordà que, con una extensión de casi 95 km², se encuentra en el extremo noroccidental del Pirineo ampurdanés, en el límite con las comarcas de la Garrotxa y del Vallespir (Francia). En 1969, el municipio vecino de Bassegoda fue incorporado al de Albanyà, dando lugar a uno de los términos municipales más grandes de la provincia de Girona, en el que se contabilizan hasta 13 iglesias románicas.
El municipio se formó al entorno del monasterio benedictino de Sant Pere d’Albanyà, fundado por
el abad Dònmul hacia los años 820 y 825. Dejamos constancia de la existencia en el municipio de vestigios de castillos o torres de vigía relacionados con el sistema defensivo propio de los pueblos de montaña en época visigoda, andalusí y carolingia que perduró hasta el siglo XI,como el castillo
d’Arget.
La principal y única vía de comunicación es la pintoresca carretera local GI-511 que parte de Figueres y conduce a Albanyà pasando por Terrades y Sant Llorenç de la Muga, y continúa como pista de montaña hacia Corsavell y Bassegoda. Una red de caminos y carreteras vecinales unen Albanyà con los restantes núcleos del término.
La cabecera del río Muga se encuentra en la zona del término de Bassegoda y da origen a unas zonas boscosas de encinas y pinos que proporcionaban madera a los carboneros que alimentaban los numerosos molinos harineros que coexistían en la zona hasta hace unas décadas.
Portal d’Albanyà
l SURESTE DE LA POBLACIÓN, en una calle quediscurre paralela al río Muga, se conserva una interesante puerta de muralla medieval con un tramo de dicha muralla a su izquierda. Corresponde a la antigua entrada del núcleo medieval amurallado, situada en el camino que, paralelo al río, comunicaba Albanyà con Sant Llorenç de la Muga.
Vista del portal
Está formado por un arco de medio punto adovelado, con sillares de buena factura, y una bóveda, también de medio punto, a base de hiladas longitudinales formadas por sillarejo, que debía soportar una torre defensiva desaparecida. Precediendo al arco adovelado, otro arco, con dovelas de pequeño tamaño, que se sustenta en sendas impostas de cuarto de círculo convexas. Su datación, teniendo en cuenta que cerraba el recinto amurallado que albergaba el monasterio de Sant Pere d'Albanyà, la situamos hacia el siglo XI.
TEXTO Y FOTO:MJV
Bibliografía
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1977-1981,II-A, P.16;CATALUNYA ROMÀNICA,1984-1998,IX, P.401.
Sant Pere d’
Albanyà
A IGLESIA DE SANT PERE ENCUENTRA en el
centro del pequeño pueblo, antes amurallado, de Albanyà. Se accede, desde Figueres, por la carretera GI-5107 en dirección hacia Llers y Terrades, y por la GI-511 de Sant Llorenç de la Muga a Albanyà.
Vista desde el oeste
El topónimo de Albanyà lo encontramos documentado por primera vez en el año 844, con el nombre de Albanianum, en un diploma de Carlos el Calvo otorgado al abad Dòmnul, a quien se atribuye, en el año 820, la fundación del monasterio benedictino de Sant Pere de Albanyà; el monasterio, a su vez, poseía las celdas de Sant Romà de Casamor y de Sant Miquel de la Cirera. A partir del 869 el cenobio pasó a ser posesión de Santa Maria de Arles
(Vallespir), dependencia confirmada
documentalmente en 878 y en 881.
Un hecho destacado tuvo lugar en 957, cuando el obispo de Girona, Arnulf, a petición del abad de Arles, Aimeric, consagró el templo de Albanyà con tres altares dedicados a santa María, san Pedro y san Pablo. En el 1078, el conde Bernat II de Besalú lo cedió a la abadía occitana de Saint Pierre de Moissac, dependencia que perduró durante cuatro siglos. En 1157, Bernardi de Albaniano aparece como firmante en el acta de consagración de Sant Esteve de Arles, y la parroquia se vuelve a citar en las Rationes decimarum de 1279 y 1280. Se desconoce el momento en que se extinguió la vida monacal para pasar a ser simplemente parroquia, si bien figura como tal en las listas diocesanas del año 1362; a finales del siglo XVII se indica que estaba unida a la
parroquia de Sant Llorenç de la Muga, lo que indicaría un descenso de población de la vecindad, que se recuperaría hacia mediados del siglo XIX. En 1936 la iglesia padeció la
destrucción de su imaginería, mobiliario y ajuar litúrgico, y posteriormente el obispado llevó a cabo obras de restauración, destacando la eliminación de una torre cuadrangular que se había añadido en el siglo XVIII.
Cabecera con brazo norte del transepto
Estamos ante un edificio de planta de cruz latina, una sola nave con tres ábsides y un transepto que sobresale notablemente. Sabemos que ha sido objeto de sucesivas remodelaciones que han ido alterando su composición inicial, que datamos hacia el siglo
XI. El ábside central es de planta semicircular
al igual que las absidiolas laterales, que destacan por su escasa profundidad.
Detalle del ábside mayor. Alzado Este y alzado Oeste
Posee aberturas de doble derrame que corresponden al edificio primitivo: dos en el muro lateral sur de la nave, otra en el muro meridional del transepto, y también una en el ábside central. También hay una ventana de derrame simple en la absidiola meridional, que corresponde asimismo a la etapa inicial del edificio. Cabe añadir que está tapiada del mismo modo que la de la absidiola norte, que no se ha conservado en el exterior. En la fachada occidental observamos una ventana de dos arcos en degradación de doble derrame, coronada por una cornisa biselada.
La bóveda de la nave y del crucero es de cañón, mientras el ábside cubre cuarto de esfera. El aparejo es muy variable. Podemos decir que en la parte más antigua predomina material casi sin desbastar, de diversos tamaños y dimensiones. Por otra parte, la fachada occidental, que alberga la puerta de acceso al templo, muestra sillares de caliza formando hiladas regulares, y corresponde a una remodelación de finales de la época románica. La fachada actual se remata con una espadaña de dos vanos de medio punto, mientras que la
cubierta es a doble batiente, sobresaliendo la cornisa de la nave y el transepto.
El interior está encalado con la excepción de las partes inferiores de la nave, del crucero y de la zona absidal. Por otra parte, en el exterior encontramos un aparejo tosco, de aspecto homogéneo a base de piedras medianas y pequeñas trabadas con mortero y dispuestas en hiladas más o menos regulares. Destacan, no obstante, los sillares voluminosos de las esquinas y la variedad de piedra del conjunto
que presenta calcáreas, esquistos,
conglomerados, granito y piedra pómez de travertino que se usó para las cornisas, muy desgastadas, en bisel, que resiguen todo el edificio. El mismo material está presente en las dovelas de los arcos de las ventanas del muro sur.
La fachada oeste remite a modelos parecidos de la región, como las de Sant Martí de Dosquers (Garrotxa), Sant Martí de Corsavell (Alt Empordà) o Sant Andreu de Serinyà (Pla
de l’Estany), que se suelen datar entre la segunda mitad del siglo XII y el primer cuarto
del XIII.. El aparejo es a base de sillares de
piedra caliza de gran tamaño y buena factura, dispuestos en hiladas regulares que van disminuyendo en tamaño en sentido ascendente. Contrasta con el aparejo del resto del templo, mucho más tosco.
Interior
Se abre, en dicha fachada, una portada sencilla pero elegante, que debió substituir un acceso primitivo mucho más simple. Consta de cuatro arcos de medio punto en degradación, adovelados, que descansan sobre un dintel liso al igual que el tímpano que albergan. Todo el conjunto está protegido por un guardapolvo a base de moldura cóncava y descansa sobre cornisa horizontal idéntica a la anterior citada. Justo encima de la portada, se abre una ventana de doble derrame formada por dos arcos de medio punto en gradación, igualmente adovelados, y también protegidos por un guardapolvo de las mismas características que el de la portada. La fachada remata con una moderna espadaña superior de dos vanos, que substituyó a una estructura cuadrangular anterior, que conocemos gracias a fotografías antiguas.
Por otra parte, el resto de la estructura del edificio y su historia nos conduce a una datación hacia los inicios del siglo XI, si
tenemos en cuenta su carácter arcaico, o incluso anterior, si nos atenemos a la fecha de consagración del templo del año 957. Para ello nos basamos en elementos como la cabecera triple, con absidiolas apenas visibles y dotadas de las ventanas de un solo derrame. Este tipo de construcciones, más o menos modestas,
fueron frecuentes en la etapa inicial del románico en la zona de influencia de los condados catalanes nororientales; hay ejemplos cercanos en las iglesias monásticas de Sant Andreu de Sureda y Sant Genís de Fontanes, en el Rosellón, y en la de Sant Miquel de Cruïlles, en el Baix Empordà, aunque todas son más monumentales. Del mismo modo, se ha relacionado Sant Pere de Albanyà con Santa Helena de Rodes, a pesar de que ésta presenta un ábside cuadrangular.
Planta
Como ya hemos apuntado, el edificio ha sido objeto de remodelaciones a lo largo de los siglos, pero ha mantenido su estructura inicial
con añadidos posteriores como la
sobreelevación del ábside central y del brazo meridional del transepto, que le proporcionan un aspecto fortificado. En el pasado siglo XX se
eliminó la estructura cuadrangular del campanario, y se rehízo la portada substituyendo elementos muy deteriorados como el dintel monolítico y la mayoría de los sillares de las jambas, a la par que se renovó la moldura horizontal.
ELEMENTOS DE FORJA DE LA PUERTA DE ACCESO
La actual puerta de Sant Pere consta de dos batientes de madera de época moderna que conserva algunos elementos de forja que no podemos determinar si corresponden a la etapa románica del templo. No obstante, son de factura casi idéntica a los que se conservan en la puerta de Sant Martí de Corsavell, que se conserva hoy precisamente en la iglesia de Sant Pere Albanyà (donde se trasladó para evitar su sustracción).
Detalle de los herrajes
Del conjunto de herrajes destacamos el cerrojo, de gran tamaño, que termina en una cabeza ladeada con forma de serpiente y desliza entre tres anillos decorados con incisiones semicirculares. Llaman igualmente la atención los dos picaportes. Constan de sendas placas circulares, dentadas, con tres círculos decorativos a base de pequeños orificios. De ellas penden las argollas decoradas con tres protuberancias.
Sección Longitudinal
No podemos aseverar que el resto de elementos, a base de una cinta ancha plana y lisa, de la que surgen a cada extremo dobles espiras enrolladas en sentido opuesto, correspondan a la etapa románica; por este motivo se hace complicada su datación. Hay que recordar que desde el siglo X se citan
algunas fraguas o herrerías en esta región; en concreto, la más antigua documentada, en el año 957, corresponde al molino de Fàbregues, muy cercano a Albanyà.
TEXTO:MJV–FOTOS:MJV/ATR–PLANOS:ATR
Bibliografía
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Monasterio de Sant Llorenç de Sous
ANT LLORENÇ DE SOUS, tradicionalmente
denominado Sant Llorenç del Mont, se encuentra situado en un despoblado paraje boscoso que, hasta 1988, correspondía al ayuntamiento de Bassegoda (Garrotxa). Desde ese año, esta población fue incorporada al término municipal de Albanyà, en la comarca del Alt Empordà, correspondiente al obispado de Girona. Para llegar hasta la ruina de este monasterio, reducido a la parroquia de Sant Llorenç de Sous desde el siglo XVII, es
necesario tomar la N-260 que va de Besalú a Figueres, tomar el desvío a Sant Martí Sesserres y Cabanelles pero sin acceder a ella, siguiendo por la GIP 5237, en un serpenteante trazado hasta que sale un desvío a la derecha que se indica como la Carretera del santuario de la Mare de Déu del Mont. Al cabo de 2,5 km se alcanza el pago del monasterio (855 m).
Costado norte de la iglesia, muro de cierre y nave norte
En la accidentada vertiente de la montaña se encuentra una planicie que, no obstante, fue necesario aterrazar a fin de poder habilitar en ella una superficie suficiente para disponer cada una de las grandes unidades del monasterio: iglesia, área claustral y oficinas, dependencias y almacenes. Ese proceso fue consumándose a medida que se incrementaron las necesidades del cenobio, a lo largo de los siglos bajomedievales.
El establecimiento se menciona por primera vez en un documento expedido por el rey Carlos el Calvo el 11 de abril 871. En el
precepto, que concedía al cenobio benedictino
de Sant Aniol d’Aguja la demarcación de un territorio monástico, se alude a una iglesia sita en la montaña de San Lorenzo, que cabe interpretar como una celda monástica:
montem sancti Laurenti cum basilica in honore
Sancti Laurenti eusdem fundate próxima a una
fuente; el término basilica no indica en absoluto que la topografía del santuario poseyera tres ábsides ni otras tantas naves. Los recursos del monasterio de Aguja eran demasiado exiguos. Su comprometida supervivencia sólo pudo garantizarse sometiéndose al dominio del capítulo catedralicio de Girona. Esta adscripción quedó sancionada por sendos documentos concedidos por el rey Carlos III el Simple en 899 y 922, y por una bula del papa Silvestre II en 1002. Ese nuevo estatuto también incluyó, obviamente, a la filial cellam Sancti Laurentii cum terris et vineis.
Sector oeste, con almacenes, puerta de acceso a la iglesia y puerta del claustro
Entre los siglo X y XI los condes de
Besalú-Cerdanya otorgaron rentas y bienes raíces a la cápsula monástica, lo que proporcionaba una perspectiva de crecimiento. Los monjes de Sant Aniol, conscientes de sus angosturas en el valle de Aguja y de las opciones de crecimiento, en cambio, de la celda de San Lorenzo decidieron trasladarse a este lugar más próspero, posiblemente después de 922. En 1003 se funda la abadía benedictina de Sant Llorenç del Mont, con el primer abad Abbó al frente, exenta de la mitra gerundense y
sometida a los condes bisuldinenses, que fueron sus promotores económicos e institucionales, al tiempo que lo constituían como agente local de su política territorial. Las donaciones testamentarias de Bernat Tallaferro en 1020 (ante el abad Tassi) y de Guillem de Besalú, en 1034, sitúan a la abadía de Sant Llorenç en el mismo nivel de
tratamiento que los monasterios de Banyoles, Camprodon y Canigó. La donación de Ermessenda antes de emprender su peregrinación romana y compostelana (1057) y la de Ramon Berenguer III (1131), toda vez que el condado de Besalú fue absorbido por el de Barcelona, prueban el respaldo condal, un tanto discontinuo.
Galería norte del claustro
El sobrenombre del monasterio viene dado por la titularidad de la imagen de culto de Nuestra Señora del Monte, que consta en 1222. El crecimiento de esta devoción comarcal estimuló al abad Bernat a construir en 1311-1318 un santuario mariano en la cima del monte, advocado a la Mare de Déu del Mont. La confrontación por la propiedad de la capilla, que enfrentó a la comunidad benedictina y al obispo Guillem de Vilamarí, se resolvió con atribución de la administración abacial y la jurisdicción episcopal.
En 1322 residían en la casa ocho monjes, pero en 1438 eran ya sólo dos, apremiados además
por la merma de recursos económicos y la decadencia material del cenobio. Los violentos terremotos de 1427, 1428 y 1434 provocaron el colapso de las bóvedas de la iglesia y de algunas oficinas monásticas. Las bóvedas, nunca repuestas, fueron substituidas por cubiertas de envigado. Consta que la fábrica se encontraba en tan lamentable estado que resultó imperioso trasladar el altar mayor de Sant Llorenç de la iglesia al claustro, probablemente a la galería septentrional del mismo. El nártex, despojado de su función litúrgica original, devino en los siglos XV-XVI en
la nueva área cementerial del monasterio.
Ábside mayor, con la cripta
La restauración arquitectónica y espiritual llevada a cabo en la primera mitad del siglo XVI
por el abad Francesc Albanell, con la institución de cuatro beneficios, palió sólo durante unas décadas la agónica situación de la casa. En 1592, en el marco de los decretos acordados entre Felipe II y Clemente VIII, Sant Llorenç del Mont fue suprimido y sus monjes trasladados a la comunidad de Sant Pere de Besalú, aunque de facto el monasterio siguió existiendo hasta 1605. Desde entonces, la iglesia no tuvo otra condición que la parroquial. Sus desmesuradas proporciones para una magra población dispersa imposibilitaban disponer de los recursos necesarios para su costoso mantenimiento. Se optó por abandonar la basílica e instalar el altar y el culto en la antigua sala capitular, en la panda meridional del claustro, con entrada directa desde el exterior. La nueva iglesia parroquial fue consagrada en 1829.
En su visita de 1884 Verdaguer lamentaba que el otrora monasterio de los condes de Besalú se viera devastado, reducido a unos desoladores escombros. El despoblamiento completo del vecindario de Sous en el siglo XX
sumió al monasterio en un estado espectral, enterrado en sedimentos y maleza. En 1983
las ruinas fueron declaradas Bien Cultural de Interés Nacional. Al año siguiente se emprendieron campañas arqueológicas por parte del Servei de Patrimoni Arquitectònic de la Generalitat, que se han prolongado hasta 2014. Todas estas tareas han recuperado los perfiles del conjunto hasta sus niveles de circulación y han puesto en valor el conjunto. El acuerdo institucional de 2008 ha proporcionado recursos didácticos para auxilio y estímulo de visitantes.
El conjunto monástico exhumado se compone de una iglesia basilical, con tres ábsides y tres naves, nártex, atrio, claustro trapezoidal con oficinas en los tres lados, edificios de servicio en el compás de dentro, cerramiento con muro y torre junto a la puerta del recinto y un aljibe. Todo ello se dispuso en orientación Sur-Norte y adaptado a una planicie que atempera la pendiente de la montaña. El agua se canalizaba desde la fuente de Esparraguera (fonte vocabulo Sparrigaria) y discurriría por la vertiente, con el consiguiente riesgo de que la humedad afectara a toda la estructura. Por ello, los monjes tuvieron que realizar desmontes que evitaran la congestión de los muros.
Las excavaciones arqueológicas de los años ochenta exhumaron, en el seno del absidiolo meridional, la fundamentación de un muro semicircular. Cabe interpretar este testimonio como la exedra única de la iglesia del siglo X.
Esta fábrica, aparentemente muy elemental, y por tanto atribuible a la cela de San Lorenzo, revela su insuficiencia. Sin duda, se planteó la necesaria substitución por una iglesia de mayor capacidad espacial y cultual cuando esa nueva iglesia fue requerida por la comunidad llegada desde Sant Aniol, que al establecerse convirtió a Sant Llorenç en una abadía. Sus necesidades litúrgicas, de herencia carolingia, requirieron un espacio eclesiástico articulado, con una distribución apropiada para la diversificación de los oficios y el calendario cultual. Dado que desde 1003, año de consagración de Sant Pere de Besalú, Sant Llorenç contaba con la promoción económica de los condes acentuada desde 1020 y 1034, la comunidad dispuso de recursos suficientes en esas décadas. En ese lapso, abad y monjes se constreñirían en la pretérita iglesia. El nuevo edificio debió iniciarse por el ábside mayor, con su singular cripta, extendiéndose hacia ambos flancos y englobando en el absidiolo meridional el viejo santuario. Aunque carecemos de evidencias materiales o documentales, podría sugerirse con prudencia que la construcción se llevó a efecto en el segundo tercio del siglo XI y que a mediados de
esa centuria estaría ejecutado el cuerpo de la iglesia o buena parte del mismo.
Ábside sur, con los restos de una edificación precedente
Topográfica, técnica y plásticamente la iglesia corresponde a la generación románica de mediados del siglo XI, con todos los
formulismos característicos (lesenas de dos y de cuatro arquillos) de los constructores de curriculum comacini. Los muros se aparejaron empleando sillarejo devastado, dispuestos en ambas caras de los habituales muros de tres hojas (salvo en el extremo del muro norte, donde se emplearon bloques ciclópeos irregulares), y conservan los mechinales del andamiaje, pautados en el lienzo con un intervalo de seis a nueve hiladas. Los lienzos son lisos en el costado interior, pero asumen contrafuertes en el exterior. La ubicación de los contrafuertes del lado norte no mantiene correspondencia con la de los pilares, de lo que se infiere que esos resaltes no se dispusieron para absorber los empujes de los pilares sino para reforzar la estabilidad del propio lienzo. En cambio, en el muro sur sí existe una correspondencia entre ubicación de pilares y contrafuertes, que asumen los empujes del edificio y, sobre todo, del desnivel del terreno. Los contrafuertes escasean entre los edificios del siglo XI, y fueron empleados en
Cardona (1040) o en Olius (1079), como recordó Adell.
Cabecera, ábside central, meridional y cerramiento de la panda oriental del claustro
Los tres ábsides están conformados por exedras sin tramo presbiteral. Los laterales, sencillos presentan ventanas de doble derrame y un codillo de transición al primer tramo de la nave. El ábside central, en cambio, presenta una complejidad mayor. Ofrece dos alturas, con una superposición cultual que no
es sencillo interpretar en términos
funcionales. En la parte inferior una cripta semisubterránea –iluminada por un vano simple, con rellano ante su umbral y carente de escaleras de fábrica para descender a la cota del suelo–, se abre a la nave mayor con un gran vano que perfila la bóveda semicircular. A pesar de refacciones modernas en el dovelaje, la morfología espacial tiene que ser la original, tanto por la ventana cuanto por la originalidad de los peldaños de subida al altar mayor instalados en los riñones de la bóveda de la cripta. Ese recinto semienterrado, que necesariamente requeriría el empleo de escaleras muebles de madera para días determinados del año, solo se justifica por la presencia en él de unas reliquias relevantes, que difícilmente pudieron corresponder a nadie más que al titular de la casa. La abertura
explícita a la nave recuerda, con todas las salvedades, a otras criptas explícitamente abiertas a la nave, como Olius o Roda de Isábena, con una visibilidad manifiesta desde el eje mayor de la iglesia.
La cubierta de la cripta alza a más de 2’5 m la plataforma del altar mayor, al que se podía ascender por medio de dos escaleras habilitadas en sendos extremos del semicilindro del ábside. Los primeros peldaños han sido repuestos en la obra de restauración, pero los últimos conservan un revoco de mortero de cal que prosigue en la parte inferior del muro, proporcionando una valiosa información. El paramento que envolvía el altar mayor se articula con tres arcos ciegos, sobre cuatro columnas adosadas de piedra arenisca más oscura, constituidas por tambores largos alternados con otros menores que se insertan en la fábrica, y remate en capiteles prismáticos lisos. Los arcos alojan tres nichos casi semicilíndricos, iluminado cada uno de ellos por ventanas de doble derrame y codillo y trasdós perfilado por lajas estrechas perimetrales, fórmula
empleada también en la puerta oeste.
La iglesia carece de transepto, de modo que la planimetría no marca ninguna discontinuidad entre ábsides y primeros tramos de las naves. En estos, la cota de circulación está tres escalones por encima del resto de las naves. Por otro lado, el ábside meridional, tuvo su pavimento medio metro más bajo, tal y como revelaron las excavaciones, hasta el punto de que el nivel de circulación del nuevo absidiolo de la Epístola exigió el desmonte radical del ábside prerrománico. La diferencia de cota da lugar a un resalte, con dos intrigantes
intersticios adintelados sin aparente
propósito práctico. Este lienzo funcionó como contención y soldadura por la base del primer pilar sur con la confluencia entre el ábside central y el meridional, lo que evitó el desplazamiento del pilar en un
emplazamiento orográficamente comprome-tido.
Las naves se articulan en cuatro tramos por la sucesión de los pilares de sección cruciforme oblonga, como en Estamariu, aunque en Sous no hay un pedestal cúbico y los pilares arrancar directamente del suelo. El resalte de la nave mayor servía de arranque para los fajones planos que reforzaban la cubierta de la nave mayor. Por el contrario, el apéndice encarado a las naves laterales se empleó para generar un perfil de dobladura en los formeros, como en Amer. En consecuencia, los muros de cierre de las naves laterales se proyectan lisos en altura y sin arranque de fajones. La solución empleada para abovedar la mayor y las colaterales difirió, como en tantos otros edificios de los siglos XI y XII en el paisaje románico catalán. De la huella de la bóveda septentrional en el flanco interno del hastial de poniente y de los arranques de la curvatura en los muros por encima de los formeros doblados se infiere que las naves laterales se cubrieron con cañones corridos y no con cuartos de cañón, una fórmula común empleada más tarde en Cervià, Palera, Vilabertran, Sant Joan les Fonts, Besalú o Galligants. La solución de Sous implicó que el empuje exterior de la bóveda fue continuo a lo largo de la misma, de manera que la instalación de los dos menudos contrafuertes
buscó una distancia homogénea entre ellos y el extremo del muro, independientemente de la ubicación de los pilares. En la nave norte se estableció una contraposición de presiones: por un lado, de las bóvedas hacia el muro empotrado en la tierra –más de un 1’5 m, al margen de los fundamentos no visibles– y, en el sentido inverso, de la montaña contra el muro, cuyo empuje debía ser compensado por las bóvedas. Esa presión se trasladaría en todo el cuerpo de la iglesia en sentido norte-sur. Es lógico que, cuando a fines del siglo XII, se
decidió monumentalizar el claustro se considerase como necesidad prioritaria disponer un elemento de recepción y descarga de empujes en el exterior de la nave meridional de la iglesia, esto es, en la galería septentrional del cuadrilátero claustral. La iglesia recibió tres puertas en sendos costados. El vano principal, en el eje del hastial occidental, se construyó con sillares bien regulares y de mayor tamaño que el resto de los muros, con montantes constituidos por bloques paralelepípedos verticales trabados con lajas horizontales, que alcanzar el arco exterior, constituido por dovelas regulares de tamaño medio, mientras que el seno semicilíndrico del vano –que constituye un segmento de bóveda de cañón– se encuentra más elevado y se define hacia la iglesia con unas dovelas estrechas pero bien perfiladas, trasdosadas por cuidadosas lajas que
subrayan el perfil circular; se conservan las quicialeras superiores e inferiores, el hueco para contener el travesaño de tranca y el umbral, aunque este no parece el original sino
una pieza repuesta siglos después,
evidenciando que las hojas se abrían hacia dentro. La puerta sur, habilitada en el segundo tramo de la nave de la Epístola para permitir el acceso al área de clausura, presenta también un codillo que permitía alojar los batientes –
también con giro hacia el interior– y dos arcos a diferente altura operados ambos de modo apresurado sino desmañado con dovelas groseras y sin resalte en el trasdós. Por otro lado, la puerta norte se halla anómalamente ubicada a un metro y medio sobre el nivel de circulación del primer tramo de la nave del Evangelio –como en Galligants–, por lo que se requería el empleo de una escalera de mano. El umbral de esta puerta se sitúa en la cota de circulación del patio norte del monasterio e inusualmente se dispone el acodillamiento hacia el exterior, de modo que los monjes tendrían que abrirla hacia fuera. En numerosas iglesias monásticas la puerta norte corresponde a la salida al cementerio de monjes, uso que podría considerarse topográficamente coherente también aquí, pero en Sous como después en Galligants resultaría desconcertantemente incómodo. En el segundo y tercer tramo de la nave mayor se construyeron en fábrica los cerramientos de un coro monástico, solución excepcional que asume el perfil de dos corchetes y fue ejecutada probablemente en el siglo XII, desde
luego antes e independientemente de los tabicados de las naves que entestan contra muros, pilares y coro. Los hallazgos de cerámica del s. XV data la operación de cerramiento de los formeros. Con ello se pretendió paliar compromisos estructurales del edificio, acaso los derivados de los terremotos de 1427-1428 y 1434. Por otro lado, la segmentación del espacio debió ser una medida necesaria en una iglesia que resultaba ya demasiado grande para el número de usuarios que acabó teniendo en el siglo XVI.
La iglesia de Sant Llorenç se complementa con un nártex, adosado a los paramentos de la iglesia –y, por tanto, posterior aunque fuera
escasa dilación–, de la misma anchura que el conjunto de las tres naves. El estado ruinoso de esta construcción limita su interpretación, pero es plausible que los dos contrafuertes aplicados a la cara externa del muro oeste de la iglesia tuvieran su correspondencia en sendos contrafuertes en la cara interna del nártex. El arranque de un muro, del que se adivina el umbral, que segrega el sector norte del vestíbulo de su parte central sugiere un cerramiento interno del nártex, producido en el siglo XV o incluso en la centuria siguiente.
Los mencionados contrafuertes exhiben, además, unas severas muescas a la misma altura, que denotan la instalación de arcos o arquitrabes, lo que plantearía el eventual añadido de una habitación elevada, por encima de la puerta de ingreso al templo.
La salida de la iglesia al claustro se efectúa a través de escalones (hoy metálicos, en su día de piedra) que salvan el desnivel. La galería contigua a la iglesia constituye una terraza desde la que se desciende, de nuevo por escalones, a las galerías este, oeste y sur, a un tercer nivel de circulación. El escalonamiento de estas terrazas y el cerramiento del cuadrilátero, efectuados en el último tercio del siglo XII o inicios del siguiente, supuso la
ordenación de un área que comenzó a definirse arquitectónicamente desde que se construyó la oficina del perfil meridional. Esta estructura inicialmente aislada, y obrada con sillarejo menudo muy similar al de la iglesia, cumplía como refectorio-dormitorio y posiblemente contaba con dos plantas en origen, aunque las reformas en el siglo XIII-XIV
cubrieron las sala con arcos diafragmáticos apuntados. A partir de este edificio, que habría que situar a mediados del siglo XI, se desarrolló el claustro monástico, conforme a un proceso que observó pautas homologables, aunque con diferentes apriorismos, en Sant Pere de Rodes y Sant Llorenç prop Bagà. El eje de esa primera oficina no es paralelo al de la iglesia, sin duda por los condicionantes del terreno. Cuando se edificaron las otras dos galerías se buscó una perpendicularidad asimétrica: la panda este es ortogonal con la iglesia, mientras la oeste entesta en 90º con el refectorio-dormitorio. Como consecuencia, el cuadrilátero resultante asumió una planta trapezoidal.
Claustro, estado actual tras la reposición de arcos en la galería oeste
El proyecto de monumentalización del claustro fue ejecutado por canteros con buen oficio, que emplearon sillares de grandes dimensiones perfectamente perfilados, para definir paramentos y bóvedas. Desde el compás interno se accede al vestíbulo del claustro, situado en la panda oeste contiguo al muro sur de la iglesia. Ese distribuidor de planta rectangular se cubre con bóveda de cuarto de cañón, que descarga los empujes del último tramo de la nave en un muro muy espeso. Esa misma disposición de muro de contención proyectado en bóveda de cuarto de esfera define la galería norte del claustro, que absorbe los empujes de los otros tres tramos de las naves hasta el límite del ábside meridional. El muro de la galería se proyecta con retranqueo en las cuatro primeras hiladas que sobresalen del terreno (y seguramente sucede lo mismo en las enterradas) e incorpora dos arcos de paso a las galerías contiguas y tres ventanas lisas, de medio
punto, sin molduras ni inflexiones, que iluminan el pasillo sin debilitar la resistencia. Dado que la bóveda arranca a la altura de los salmeres de los arcos y las ventanas, el perímetro semicircular de los vanos queda resaltado por el desplome, recurso empleado también en el claustro de Vilabertran para solventar el arranque de las bóvedas en una cota inferior a las claves de los vanos (muy diferente en términos estructurales del claustro de Lillet, a pesar de lo que se ha dicho). El muro de esta galería se proyecta en sendos estribos en el inicio de las galerías este y oeste y en el zócalo continuo de las galerías este, sur y oeste, colmado de tierra en su interior para incrementar la resistencia de la galería norte con la contención del compactado espacio del jardín central. Zócalos y paramentos de cierre de las oficinas de levante y de poniente se ejecutaron con la misma buena sillería ya observada desde el vestíbulo. En cambio, el tabicado de las
estancias y el cierre exterior de las mismas se operó con sillarejo sin acabado. El empleo discriminado de dos tipos de aparejos manifiesta no solo un limitación de materiales o una carencia de recursos; la cuidada disposición de los sillares rigurosos revela que la comunidad benedictina interpretó el claustro como un escenario de representación que, por ello mismo, debía asumir una dignidad formal y un acabado plástico superior a la de las habitaciones.
En la panda meridional, se entestó contra el edificio preexistente una habitación que definió el cierre del ángulo sureste del claustro. Este ámbito estuvo dotado de dos alturas, son sendas puertas superpuestas en el paño, de modo que el acceso a la superior requirió disponer los escalones alrededor de la puerta de abajo. Este ingreso ha sido interpretado como el acceso a la sala capitular, carente de las usuales ventanas laterales, que en realidad tampoco están presentes en Vilabertran, donde también la escalera de acceso al piso superior salva la puerta del capítulo. Fue este edificio el que asumió la iglesia parroquial de Sant Llorenç de Sous desde el desmantelamiento del monasterio, iglesia consagrada en su segunda refacción, en 1829. El uso cultual exigió alteraciones en el espacio y el cegamiento de la puerta alta. Las galerías este, sur y oeste estuvieron cubiertas por envigado, a diferencia de la septentrional, aunque algunos extremos plantean dudas, puesto que el encuentro entre la galería norte y la oeste ha sido recreado en la restauración. Las fotos más antiguas del patio muestran los restos de tres arcos sobre columnas simples, que han sido apeados y repuestos en el proceso de restauración, y ahora son cuatro las columnas. Basas, fustes, capiteles y cimacios están ejecutados en una caliza blanquecina de apariencia marmórea, con labra fina pero sumaria. Todas las piezas son idénticas entre sí, fruto de una producción casi seriada. Los capiteles (uno de ellos ingresó en el Museu Arqueòlogic Comarcal de Banyoles) presentan perfil troncopiramidal y están definidos con cuatro grandes hojas desplegadas a los ángulos y puntas de otras menores en el centro de cada cara, fórmula
elemental empleada también en Vilabertran. Ciertamente en la canónica ampurdanesa los capiteles de cuatro hojas se conjugaron con otras soluciones de mayor plasticidad. Probablemente el claustro de Sous asumió más de un motivo escultórico, a tenor de la cesta conservada en Girona.
En el Museu d’Art de Girona se conserva un
solitario capitel procedente del monasterio de Sous (25 x 23 x 23 cms). Se trata de una pieza esculpida por las cuatro caras, datable en el último cuarto del siglo XII o incluso en el
umbral de 1200. No es descartable que proceda del claustro del conjunto, aunque sus dimensiones no se compadecen con el tamaño de las cestas hoy insitu. Camps comparó esta pieza con algunas del claustro de Sant Pere de Galligants, lo que proporciona un horizonte
post quem para el capitel de Sous. Sobre el collarino, se desarrolla un motivo vegetal de tres hojas alternado con cabezas felinas invertidas, con la boca hacia arriba. De las cuatro testas, sitas en el centro de cada una de las cuatro caras de la pieza, surgen dos cintas paralelas, perladas con perfiles lisos, que se bifurcan en la mitad superior de la cesta, desarrollando una curvatura sobre sí mismas, que remata en una semipalmeta, que es tangente a la cinta perlada de la cara siguiente del capitel. El hueco generado por las bifurcaciones es ocupado por otras cabezas, sitas bajo los dados de las cuatro caras y simétricas a las cabezas inferiores; en la boca de las cabezas superiores se introducen los ápices de las semipalmetas. Como consecuencia, se genera un sugestivo juego de volúmenes angulares que resaltan sobre el ahuecamiento, conjugando luces y sombras. Estas soluciones plásticas fueron habituales en los talleres de Girona (Galligants, Catedral) y sus herederos (Sant Cugat del Vallés). Fuera del patio comunitario se sitúan dos ámbitos que cierran el conjunto por su perfil meridional. Próximo al dormitorio se ubica lo que cabe interpretar como cocina, edificado con el mismo paramento menudo ya visto en el edificio residencial. En el esquinazo suroeste, junto a la puerta exterior de acceso al compas monástico, se ubicó la torre, construida en la primera mitad del siglo XII, o
en todo caso, antes de que se monumentalizara el claustro. Se recurrió a sillarejo para la parte inferior y superior de los lienzos, y se montaron sillares bien escuadrados en las esquinas y en las hiladas centrales del bloque. Las estrechísimas
saeteras corresponden con la función poliorcética y con su disposición a ras de suelo. Aspilleras se encuentran también en el muro exterior de la panda de levante, en un cierre inusualmente circular, encarado al exterior del ábside sur del templo.
TEXTO Y FOTOS:GBV–PLANOS:JGF
Bibliografía
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Iglesia de Sant Cristòfol dels Horts
AS RUINAS DE SANT CRISTÒFOL DELS HORTS
se encuentran en el extremo más septentrional del término de Albanyà. Para acceder a ellas tomaremos, desde la N-II, la carretera GI-502/503 que conduce a Maçanet de Cabrenys. Seguiremos hasta el vecindario de Tapis y, pasado el km 22, una señalización nos indica el camino sin asfaltar que conduce hasta la iglesia.
Ya encontramos una mención al lugar de Ortos en un precepto real del 878, y más adelante, en el año 954, se menciona la parroquia de Sancti Christophori de Ortis. En una bula del papa Juan XV, del 990, consta como alodio perteneciente a Sant Pere de Rodes. En época postmedieval dependían de esta parroquia las iglesias de Sant Feliu de Carbonils, Sant Miquel de Fontfreda, Sant Pere dels Vilars, Sant
Andreu d’Oliveda y el santuario de Santa Maria
del Fau. El edificio se mantuvo en pie hasta comienzos del siglo XX, según se constata en
una fotografía del año 1902. Luego fue decayendo progresivamente, hasta que sus restos quedaron casi ocultos por la vegetación. En 1986, el Grup d’Art i Treball del Centre Excursionista Empordanès procedió a la limpieza del recinto.
La iglesia es un edificio de una sola nave, reforzada tardíamente con contrafuertes laterales. Se conserva sólo el tramo oriental de su bóveda de cañón apuntado, reforzada por dos fajones y unida al ábside mediante un doble arco triunfal, de gran rotundidad. El ábside, semicircular, cubre con bóveda de cuarto de esfera. Todo ello es obra de finales del siglo XII o inicios del XIII.
Vista general
Sección transversal
La parte de la cabecera es la mejor conservada. Su aparejo es a base de sillares bien cortados y de buen tamaño. Un muro con restos de pinturas de época barroca separa la zona absidal de la nave, alzado en época bastante tardía, cuando el templo sufrió varias modificaciones. El aparejo exterior muestra sillares de piedra de gres, alternados con otros de caliza, que indican las diferentes fases constructivas entre el siglo XI y el XIII.Del muro meridional solo se conserva el tramo correspondiente al presbiterio, con una ventana de doble derrame que debía ser gemela de otra del mismo muro, desaparecida. En la zona de poniente queda gran parte de la fachada en pie, con una ventana de doble derrame.
La puerta de acceso estaba ubicada en el muro sur; la conocemos solo por la foto ya mencionada del 1902. Constaba de tres arcos de medio punto en degradación, adovelados, que encerraban un tímpano liso y descansaban sobre un dintel igualmente liso, pero con una gran abertura en la zona central. Este modelo es muy habitual en la comarca ampurdanesa y en la vecina Garrotxa. La foto deja constancia, a su vez, de la cornisa que
perfilaba todo el edificio.
Interior, con muro moderno ante el ábside
TEXTO:MJV–FOTOS:MJV/ATR–PLANOS:ATR
Bibliografía
ARNALL I JUAN,M.J.,1981-1982B, PP.49-50;BADIA I HOMS,J.,1977-1981,II-A, PP.18-22;BADIA I HOMS,J. Y OLAVARRIETA I SANTAFÉ,
Sant Feliu de Carbonils
A IGLESIA DE SANT FELIU DE CARBONILS era
la parroquia de un grupo de masías que se localizaban al mediodía del macizo del Fau. Situada a unos 3 km al Norte del casco urbano de la población de Albanyà, cerca del monte de Sant Feliu, en un entorno boscoso donde predominan las encinas. Está adosada por el lado norte a los restos de un templo anterior. Para acceder, recomendamos tomar la pista de tierra que parte del km 7,5 de la carretera GI-511 que va de Terrades a Albanyà. Al cabo de unos 9 km de recorrido por este camino (se recomienda vehículo TT) llegaremos a la ermita.
El lugar de Carboniles aparece mencionado el año 878 en un precepto otorgado a Santa
Maria d’Arles por Luis el Tartamudo. No obstante, no es hasta mucho más tarde que se documentan noticias sobre la iglesia de Sant Feliu, a pesar de que el conjunto edificado conserva partes claramente prerrománicas. Constan donaciones de mansos de la parroquia de Carbonils a Santa Maria de Lledó en 1165, 1225 y 1248. En 1279 y 1280 la iglesia de Sant Feliu aparece mencionada en las Rationes decimarum del obispado gerundense. El topónimo de Carbonils se relaciona con la producción de carbón vegetal, que perduró hasta finales del siglo XIX. La
iglesia dejó de tener culto debido al
despoblamiento que se produjo tras la Guerra Civil, y a partir de ese momento entró en un proceso de degradación y expolio. Entre 1976 y 1986 se hicieron trabajos de limpieza y de restauración y consolidación.
Nos encontramos ante un templo que conserva partes adosadas al norte, en la zona absidal, de la etapa inicial prerrománica. Nos referimos al ábside prerrománico de planta trapezoidal que se conserva hasta el arco triunfal. Se levantó con un aparejo a base de piedras calizas de pequeño tamaño, sin desbastar, trabadas con argamasa, dispuestas en hiladas irregulares. En los ángulos se utilizaron sillares más grandes y de mejor factura hasta aproximadamente la mitad de la altura del edificio, y algo más toscas en el resto. El arco triunfal presenta una ligera forma de herradura, y se sustenta sobre
impostas monolíticas rectangulares,
decoradas con una moldura horizontal de escaso relieve. Conserva tres aberturas, dos en los laterales y una en el centro. De las tres, sólo la del lado sur corresponde a la obra primitiva; es de derrame simple, pero queda cegada por la fábrica de la posterior nave románica. Las otras dos ventanas son de doble derrame, adoveladas, con arco de medio punto monolítico; corresponden a una reforma tardía.
Vista del lado sur, con restos del ábside prerrománico
Alzado Sur
Este edificio prerrománico debe fecharse entre los siglos IX y X. A su lado meridional se
adosó más tarde otro edificio, cuya construcción se hizo, en realidad, en dos fases distintas. Es un templo de una nave rectangular, cubierta con bóveda apuntada, y cerrada al Este por un ábside semicircular, cubierto con bóveda de horno igualmente apuntada. Para acceder a la zona presbiteral hay dos escalones y, desde el lado de la Epístola hasta la mitad de la nave, se puede ver un banco corrido de piedra. Tanto el ábside como toda esta mitad oriental de la nave, corresponden a una obra románica de finales de siglo XII o inicios del XIII, mientras que el
sector occidental (cubierto por un tejado a dos aguas, producto de la restauración de 1977-1986) es claramente posterior, construido en fecha indeterminada parece que entre los siglos XV y XVII.
Cabecera
El muro norte del interior de la nave muestra un arco tapiado que hace pensar que, en algún momento, hubo otra nave o quizás capillas laterales que se debieron suprimir. Las bóvedas están construidas con sillares de buena factura dispuestos en hiladas regulares, y arrancan de una cornisa en bocel, que también recorre el trasdós de los arcos de las ventanas del templo.
Las ventanas que iluminan la iglesia son de doble derrame y coronadas por arcos de medio punto. Hay una en el muro meridional de la nave, y tres en el ábside. En el centro de la fachada occidental hay una pequeña abertura rectangular de un solo derrame. Corona dicha fachada una espadaña de doble
vano, medio derruida. La única puerta de entrada está abierta al lado de mediodía. Es de un solo arco adintelado con el perfil muy rebajado, con dintel monolítico y el tímpano hecho de sillares. Junto a la puerta observamos un ojo de buey construido con dos arcos de medio punto monolíticos que posiblemente proceden de sendas ventanas desaparecidas.
El aparejo es a base de grandes sillares de piedra arenisca, de buena factura, dispuestos en hiladas regulares; en el muro norte se nos muestra un aparejo de menor calidad. En la parte superior del ábside hay un friso de dientes de sierra, y una cornisa moldurada perfila la parte superior del muro de mediodía.
Interior
PILA BAUTISMAL
En el ángulo suroeste del interior del templo se conserva una pila bautismal. La pieza apareció bastante maltrecha, bajo los escombros del edificio, durante los ya mencionados trabajos de rehabilitación del templo.
bloque de piedra monolítico, de forma troncocónica, muy sencilla en sus formas. Es de tamaño medio (75 cm de alto, 96 de diámetro externo) y carece completamente de decoración; le falta un gran fragmento, algunos de cuyos restos están en su interior. La simplicidad de la pieza hace difícil su datación, que quizás deba situarse en la primera etapa constructiva del templo.
ARA DE ALTAR DE PIEDRA
En el centro del espacio presbiteral se conserva el altar románico. La base está formada con pequeños sillares de piedra arenisca de buena factura, que sostienen un ara pétrea rectangular, monolítica, sin decoración, de perfil biselado, con unas medidas de 89 X 71 X 16 cm. La pieza se
encontraba fragmentada y fue ensamblada durante los trabajos de rehabilitación del espacio.
LÁPIDA SEPULCRAL
En el muro sur exterior de la iglesia de Sant Feliu de Carbonils se conservaba una interesante lápida sepulcral de piedra caliza decorada con un relieve figurativo, lápida que hoy se guarda en el interior de la vecina iglesia de Sant Pere de Albanyà, donde se trasladó en el último cuarto del siglo XX para evitar un
posible robo. No obstante, dejamos constancia de que en el exterior de Sant Feliu se conservan algunos fragmentos que fueron reutilizados para construir el muro del cementerio, actualmente en desuso.
Se trata de una pieza rectangular con un marco de considerable anchura, unos 14 cm, de sección plana y en caveto. En la parte superior horizontal, observamos el caveto que presenta decoración vegetal a base de palmetas. El conjunto mide 140 por 62 cm, y está formado por diversas piezas labradas en bajo relieve, en piedra caliza.
Las dos piezas del interior del marco muestran escenas mortuorias relacionadas con las exequias de un eclesiástico, si bien la de menor tamaño presenta un estado de degradación
tan acusado que hace prácticamente imposible su descripción. En cambio, la que ocupa las dos terceras partes, a pesar de su deterioro, permite apreciar al yacente, en la parte inferior, vestido con túnica mortuoria, sosteniendo un cáliz entre sus manos cruzadas sobre el pecho. Sus facciones, muy desdibujadas, están enmarcadas por melena corta y barba. A sus pies, un personaje pequeño, que podría ser un acólito, sostiene una cruz procesional patada, con los brazos levantados; pensamos que en la mano izquierda sostendría un hisopo o contenedor del agua bendita. A continuación, hay otro personaje que identificamos como un sacerdote, con la mano derecha en actitud de bendecir mientras que pensamos llevaría el libro sagrado en la derecha. En segundo término de la escena se nos representa un ángel con las alas desplegadas, y cuerpo mitad humano y mitad ave. Con una mano sostiene una pequeña figura que representa la elevación de la personificación del alma del difunto, mientras que con la otra mano maneja un incensario, lo que le confiere carácter turiferario. Completan la composición dos candelabros, de tres brazos sobre tres pies.
Al referirnos a dicha lápida no podemos dejar
de mencionar otra, de parecidas
características, conservada en la parroquia de Sant Martí de la vecina localidad de Maçanet de Cabrenys, pero perteneciente a la iglesia de Sant Miquel de Fontfreda (situada en el mismo término municipal de Maçanet). Dado que el priorato de Santa Maria de Lledó tenía posesiones en Carbonils, y que Sant Miquel de Fontfreda fue donada en 1115 a dicho priorato de Lledó, nos aventuramos a relacionar ambas piezas con priores de la canónica.
La escena representada presenta semejanzas compositivas, no solo con otras lápidas sepulcrales (como la del sepulcro de Ramon Berenguer III conservado en el monasterio de Ripoll) sino también con las que aparecen en otros soportes, como frontales de altar de madera pintada (frontal de Puigbó, frontal de Sant Cebrià de Cabanyes, ambos en el Muse Episcopal de Vic), o incluso con la pintura mural (véase, en particular, la decoración del absidiolo de Santa Maria de Egara con el martirio y el entierro de Tomás Becket).
Lápida sepulcral
TEXTO:MJV–FOTOS:MJV/ATR–PLANOS:ATR
Bibliografía
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Iglesia de Sant Miguel de Bassegoda
I BIEN EL TOPÓNIMO DE BASSEGODA (montis Bassegoti) aparece de forma temprana en el precepto concedido por Carlos el Calvo al monasterio benedictino de Sant Aniol
d’Aguja (872), la iglesia de Sant Miquel no es
mencionada en la documentación hasta el año 1280, en este caso como ecclesia de Bassegoda. Carecemos de datos documentales hasta el año 1362, en el que la iglesia consta en el Llibre verd del Capítulo de la catedral de Girona como
Parrochia Sancti Michaelis de Bassagoda, mientras que en los nomenclátores coetáneos es mencionada como Ecclesia parroquialis sancti Michaelis Bassegoda. Todo parece indicar que a partir del siglo XVII la iglesia se
convirtió en sufragánea de Sant Andreu de Llorona. Prueba de ello es la visita pastoral realizada por el obispo de Girona a la archidiócesis de Besalú, acaecida en 1722, en la que estableció que el rector de Llorona
celebrase misa los días festivos en Bassegoda y Corsavell.
El templo es un edificio de nave única y ábside semicircular, de factura simple pero con sillares bien trabajados, dispuestos en hiladas uniformes y regulares, que rondan los 30 cm de altura. El semicilindro absidial se ilumina mediante una estrecha ventana rectangular, sin adorno. También se abren dos vanos de idénticas dimensiones en el muro meridional, donde se ubica el acceso al templo. La puerta, sencilla, se dispone a partir de un arco de medio punto adovelado, solución semejante a la empleada en otras iglesias coetáneas de la zona, y que también encontramos en Sant Miquel de la Montella, en el cercano valle del río Borró.
En el muro de los pies nos encontramos con el cuarto vano de la iglesia, que presenta en general un esquema bastante parecido a los anteriores. Además, sobre el hastial occidental se yergue una pequeña espadaña que alberga dos ventanales en arco de medio punto para las campanas.
En el interior, la nave se cubre con medio cañón apuntado y el semicilindro absidal con bóveda de horno asimismo apuntada. La austeridad y sencillez decorativa del exterior tiene continuidad en el interior del templo. Tan sólo se adivina una moldura que indica el arranque de la bóveda y del ábside, que presenta una sencilla ornamentación de bolas en algunos de sus puntos. Las bolas son utilizadas como recurso ornamental en otros conjuntos de la zona; entre los ejemplos más próximos, nos parece oportuno evocar la presencia de este elemento decorativo en las portadas de Sant Cristòfol de Beget y Sant Miquel de Pera. Asimismo, la moldura también aparece, aunque sin decoración escultórica, en el interior de la iglesia de Sant Andreu de Bestracà.
Las soluciones constructivas del edificio así como su austeridad y sencillez decorativa hacen de esta iglesia una muestra característica del románico rural de las cuencas pre-pirenaicas, en una cronología cercana a los últimos decenios del siglo XII.
Interior
TEXTO Y FOTOS:CSM
Bibliografía
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Iglesia de Sant Martí de Corsavell
A IGLESIA DE SANT MARTÍ SE ENCUENTRA a
poco más de dos km de distancia del pueblo Bassegoda, situada en la ladera del monte, entre bosques y junto a la antigua casa señorial de Corsavell. Desde Albanyà, debe tomarse la pista forestal que cruza el río Muga y después la riera de Bassegoda. Proseguiremos por el camino durante siete km hasta alcanzar un pequeño sendero que, a mano derecha, nos conduce a Corsavell, poco antes de llegar al cruce donde nace la pista que lleva a Llorona.
El lugar (Curçeavel) ya se menciona en un diploma carolingio del año 878, momento en que el valle fue colonizado por monjes benedictinos procedentes del monasterio de Santa Maria de Arles (Vallespir). Sin embargo, carecemos de datos precisos de la iglesia hasta el 1019, en que el obispo de Girona, Pere Roger, dotó la canónica de la catedral con muchos bienes, entre ellos la ecclesiam de Curçavello cum ómnibus suis pretinentiis. Más tarde, en 1071, Arnau de Palera evacuó la iglesia de Sancti Martini de Curchavello a favor de Guillem, obispo de Girona. En la documentación del siglo XIII es mencionada
como ecclesia de Cursavello, y en el siglo XIV
como iglesia parroquial de sancti Martino de Curçavello. A partir del siglo XVI pasa a ser
sufragánea de Lliurona.
Fachada
Vista general
Se trata de un edificio de factura simple pero con sillares bien trabajados, con unas hiladas que rondan los 30 y 35 cm de altura. Presenta nave única cubierta con bóveda de cañón ligeramente apuntada, que arranca en una moldura que rodea los muros de todo el templo. El exterior es de gran sencillez, tanto arquitectónicamente como en lo relativo a elementos decorativos. En la cabecera advertimos dos tipos de aparejo que constatan el sobrealzamiento del ábside semicircular, producto de una remodelación que debió efectuarse en un momento posterior a la construcción inicial. Del mismo modo, en el sector oriental yacen los vestigios de una estructura semicircular con sillares más pequeños e irregulares y poco trabajados; todo parece indicar que se trata de los cimientos del ábside de la fábrica anterior a la actual. Finalmente, se aprecia un contrafuerte en cada uno de los muros exteriores, a la altura del arranque del semicilindro absidial. Debe indicarse, además, que el muro sur está perforado por dos ventanas rectangulares de doble derrame que iluminan el interior del templo
La fachada occidental es, sin duda, el elemento más remarcable del conjunto. La portada está constituida por un arco de medio punto cuyo derrame permitió la realización de tres
arquivoltas adoveladas carentes de
decoración. Están rodeadas por una moldura de doble baquetón, cuyo bloque desemboca en un cimacio biselado. La solución recuerda a portadas de estructura sencilla emplazadas en las comarcas de la Garrotxa y el Alt Empordà, como la cercana iglesia de Sant Miquel de Bassegoda, con la que guarda ciertas particularidades. Mención aparte merecen las puertas de madera, que fueron custodiadas en
la parroquia de Sant Pere d’Albanyà tras un
intento frustrado de robo. Estas presentan un minucioso trabajo de forja con bandas horizontales que culminan en espirales dobles.
Sobre el portal, una franja moldurada delimita en segundo cuerpo de la fachada, presidido por una ventana de doble derrame enmarcada por un cimacio semicircular. El frontispicio es coronado por una moldura de doble vertiente,
una solución decorativa desarrollada con sorprendente semejanza en la fachada de la iglesia de Dosquers, también dedicada a San Martín. Sobre el hastial occidental se yergue una pequeña espadaña que alberga dos ventanales en arco de medio punto.
Interior
El interior, que presenta los efectos de un prolongado abandono, va a proporcionarnos pocas sorpresas. La nave se cubre con medio cañón apuntado y el semicilindro absidal con bóveda de horno asimismo apuntada. Quizás el legado más remarcable sea el banco corrido adosado a los muros de la nave. El arco triunfal acoge una moldura que avanza hacia los pies y rodea todo el edificio.
Desafortunadamente, la documentación no permite concretar la cronología de este templo románico. Si atendemos a las múltiples interrelaciones con otros edificios de las comarcas próximas, podremos incluir la iglesia de Corçavell en el amplio catálogo de edificios que se construyeron en el territorio del antiguo condado de Besalú en el siglo XII.
TEXTO Y FOTOS:CSM
Bibliografía
CATALUNYA ROMÀNICA, 1984-1998, IV, pp. 123-124;
COROMINAS PLANELLAS,J.M.yMARQUÉS CASANOVAS,J.,
1976-1978, IV, pp. 106-107; MURLÀ I GIRALT, J., 1983, p. 106;
SALA I CANADELL,R. y PUIGDEVALL I DIUMÉ, N., 1977, p. 14.
Torre de Corsavell
A TORRE DE CORSAVELL SE HALLA JUNTO a la
iglesia de Sant Martí, en la vertiente oriental del Puig de Bassegoda. Si bien el lugar de Curçeavel aparece ya citado en un diploma carolingio del año 878, las noticias sobre esta casa señorial son escasas y mucho más tardías, ya del siglo XIV.Así,en el año 1347
aparece documento como señor del lugar un tal Bernat de Corsavell. Años más tarde, en un inventario de los hogares de la veguería de Besalú (1370), se cita a Guillem de Corsavell, doncel, poseedor de 8 hogares en la parroquia de Corsavell y 3 en Lliurona.
A unos 50 m de la iglesia de Sant Martí de Corsavell, un sendero nos conduce hasta los vestigios de esta casa fuerte de la baja nobleza
catalana, conocida como “la Torre”. Del edificio en cuestión, hoy en estado de ruina absoluta, todavía se conserva bastante definido el muro norte de lo que, en origen, sería una construcción de planta rectangular y
dos niveles. Presenta una longitud
aproximada de 11,65 cm y una anchura interior que llega a los 5,75 m. Es probable que el piso inferior estuviera formado por una espaciosa sala, con dos arcos de medio punto que dividirían la estructura en tres partes. La
puerta de acceso estaba acabada con un arco de medio punto en el exterior, y con un arco rebajado en el interior. Del piso superior
conservamos gran parte del muro
septentrional, con una puerta adovelada que constituía el ingreso. En las paredes originales de este nivel alto pueden apreciarse un buen número de saeteras: cuatro en el muro septentrional, una en el muro occidental y dos
más en el oriental. En general, la construcción presenta sillares irregulares y poco trabajados que miden unos 15 cm de alto por 30 de ancho.
Es difícil precisar la época de realización de la torre. En función de los escasos datos documentales y de la tipología del edificio, varios autores datan la construcción, en sus líneas fundamentales, entre los siglos XII y XIII.
Vista general
TEXTO Y FOTO:CSM
Bibliografía
CATALUNYA ROMÀNICA,1984-1998,IV, PP.125-126;COROMINAS PLANELLAS,J.M. Y MARQUÉS CASANOVAS,J.,1976-1978,IV, PP.
106-107;MURLÀ I GIRALT,J.,1983, P.106;SALA I CANADELL,R. Y PUIGDEVALL I DIUMÉ,N.,1977, P.14.
Ermita de Sant Joan de Baussols (o de
Bussols, Mussols o dels Corbs)
A ERMITA DE SANT JOAN DE BAUSSOLS
(también conocida como de Bussols, Bauçols, Mussols o la Mare de Déu dels Corbs) se encuentra situada sobre un risco,
como si fuera una extensión de la misma roca, adquiriendo un cierto aire de fortaleza. Se halla en la vertiente oriental del macizo del Bassegoda, a unos 8 km del municipio de
Albanyà. El camino es pedregoso y empinado, impracticable en automóvil.
Son escasas las referencias históricas al templo, limitadas prácticamente a una mención tardía de 1413. En este momento, Pere Gassiot, vicario general de la catedral de Girona, hizo públicas unas indulgencias para adquirir ornamentos litúrgicos para la capilla de Santa Maria, recientemente construida, en la cima de la montaña conocida como Puig de Bauçols.
Se trata de un edificio modesto, con nave rectangular de tramo único construida en mampostería con refuerzo de sillares en los ángulos. La entrada a la iglesia se efectúa mediante una sencilla portada de arco de medio punto encastada en el muro occidental de la nave. Presenta dovelas de grandes dimensiones. A los pies del edificio también se alzan los vestigios de una espadaña, que presentaba dos vanos de medio punto para campanas.
Fachada oeste
El interior presenta una marcada austeridad y sencillez decorativa que tan sólo se ve truncada por una cornisa que recorre el perímetro de los muros y que, a su vez, marca el arranque de la bóveda de cañón. La nave se abre al presbiterio mediante arco triunfal que descansa sobre semicolumnas adosadas. Adosado con posterioridad al costado meridional de la nave aparece un cuerpo
rectangular. Asimismo, los muros del templo son perforados por dos vanos de doble derrame, uno situado en el ábside y otro en el muro meridional.
Es preciso destacar que en el interior de Sant Joan de Baussols se conservan algunos vestigios de pintura mural. Del conjunto original sólo son perceptibles los restos de una decoración a base de formas geométricas. Se trata de tres círculos concéntricos, divididos por líneas dispuestas radialmente, que enmarcan una cruz de brazos triangulares de color rojo.
Planta
Por lo que concierne a la cronología del templo, la difícil datación de las sencillas arquitecturas rurales se agrava en este caso por la carencia de datos documentales. La morfología y la austeridad constructiva –en consonancia con algunos templos de la zona como Sant Martí de Corsavell o Sant Miquel de Bassegoda– nos llevan a situar la construcción en un momento avanzado del siglo XII. Por otro
lado, la mención del año 1413 en el que se habla de la iglesia recientemente construida permite pensar que el templo sufrió una importante campaña constructiva en época posterior, aprovechando las estructuras precedentes de época románica.
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Bibliografía
BADIA I HOMS,J., 1988, p. 365; CATALUNYA ROMÀNICA,