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UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA FACULTAD DE PSICOLOGÍA

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UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Máster Universitario en Psicología del Trabajo y las

Organizaciones, Psicología Jurídico-Forense y de la Intervención Social

Percepción de la violencia psicológica sutil y manifiesta y su relación con el

género y la victimización auto-percibida

Trabajo Fin de Máster Curso académico: 2014-2015 AUTORA: Jeniffer Herbón Otero

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El director Ramón Arce Fernández, (Catedrático de Psicología Jurídico-Forense de la Universidad de Santiago de Compostela), y profesor del Máster Universitario en Psicología del Trabajo y las Organizaciones, Psicología Jurídico-Forense y de la Intervención Social (PTOJFIS) de la Universidad de Santiago de Compostela,

INFORMA favorablemente sobre el Trabajo Fin de Máster “Percepción de la violencia psicológica sutil y manifiesta y su relación con el género y la victimización auto-percibida” realizado por la alumna Jeniffer Herbón Otero en el marco del citado Máster Universitario en PTOJFIS (curso 2014-2015), y hace constar que reúne todos los requisitos y condiciones para su presentación y defensa pública.

Y para que así conste, firmo el presente documento

En Santiago de Compostela a ---de 2015

Dr. ___________________ __________________

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PERCEPCIÓN DE LA VIOLENCIA PSICOLÓGICA SUTIL Y

MANIFIESTA Y SU RELACIÓN CON EL GÉNERO Y LA

VICTIMIZACIÓN AUTO-PERCIBIDA

Jeniffer Herbón Otero Universidad de Santiago de Compostela

Resumen

Se diseñó un estudio experimental con el objetivo de conocer la percepción social de la violencia de género psicológica, tanto sutil como manifiesta, y su posible relación con variables como el género y la auto-percepción de haber sido víctima de violencia de pareja. Para ello se presentó a una muestra de 121 participantes de 18 a 66 años un dilema de violencia de género (sutil o manifiesto) que debían evaluar en el grado de violencia, en la influencia del tipo de violencia en el comportamiento de la víctima y en el comportamiento de la víctima. Además, los participantes respondieron al Cuestionario de Sexismo Ambivalente (Expósito, Moya y Glick, 1998), la Escala de Tácticas para Resolución de Conflictos (Straus, Hamby, Boney-McCoy, y Sugarman, 1996), el Cuestionario de Apego Adulto (Melero y Cantero, 2005) y el Cuestionario de Violencia entre Novios (Rodríguez-Franco, López-Cepero, Rodríguez, Bringas, Antuña, y Estrada, 2010). Los resultados mostraron que los dilemas de violencia manifiesta eran evaluados como más representativos de violencia de género que los sutiles. En cuanto al género, los varones, en comparación con las mujeres, valoraron que la violencia sutil influye más en el comportamiento de la víctima y la violencia manifiesta en que la víctima acceda a las peticiones de su pareja. Por su parte, las mujeres informaron que la violencia manifiesta influye más en el comportamiento de la víctima y la sutil en que la víctima acceda a las solicitudes de su pareja. Estos resultados confirman la baja detección de la violencia sutil como constitutiva de violencia de género, y el papel del género en la evolución de la violencia de género.

Palabras clave: violencia de género, violencia psicológica, violencia sutil, violencia manifiesta, victimización auto-percibida, sexismo ambivalente, apego adulto, resolución de conflictos.

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PERCEPTION OF SUBTLE AND OVERT PSYCHOLOGICAL ABUSE

AND HIS RELATION WITH GENDER AND SELF-PERCEIVED

VICTIMIZATION

Jeniffer Herbón Otero

Universidad de Santiago de Compostela

Abstract

In this Master's degree thesis we go through an experimental research. The purpose of the study is get to know a social perception of psychological intimate-partner violence, both subtle and over, and a possible relation with different variable like gender and the self-perception of being a victim of couple violence. For that reason, we've presented the problem of intimate-partner violence (subtle or overt) to 121 participants, between 18 and 66 years old. They've been asked to assess a degree of violence, an influence of the types of violence on the behavior of the victim and the behavior of the victim. All the participants answered these surveys: the Ambivalent Sexism Inventary (Expósito, Moya y Glick, 1998), The Tactic Conflict Scale-2 (Straus, Hamby, Boney-McCoy, y Sugarman, 1996), the Adult Attachment Questionnaire (Melero y Cantero, 2005) and the Dating Violence Questionnaire (Rodríguez-Franco, López-Cepero, Rodríguez, Bringas, Antuña, y Estrada, 2010). The results has shown that the problem of overt violence is considered as the one which represents intimate-partner violence, contrary to subtle violence. In regard to the gender, man, in comparison with women, judged that subtle violence influences more on the behavior of the victim and overt violence makes that the victim is obedient to her partner. On the other hand, women told that overt violence influences more on the behavior of the victim and subtle violence makes that the victim is obedient to her partner. This results confirm that the detection of subtle violence as a constitutive one for intimate-partner violence is really low and the role of gender in the evolution of intimate-partner violence is undervalued.

Keywords: intimate-partner violence, psychological violence, subtle violence, overt violence, self-perceived victimization, ambivalent sexism, adult attachment, conflict resolution.

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Índice

INTRODUCCIÓN ... 6

Violencia de pareja y género... 6

La violencia psicológica: sutil y manifiesta ... 9

El sexismo ambivalente y la violencia de género ... 10

Las tácticas de resolución de conflictos y la violencia de pareja ... 12

El apego adulto y la violencia de pareja ... 13

MÉTODO ... 14 Participantes ... 14 Procedimiento y diseño ... 16 Análisis de datos ... 17 Instrumentos ... 17 RESULTADOS... 19

Tipo de dilema, género y victimización ... 19

Sexismo ambivalente, género y victimización... 20

Resolución de conflictos, género y victimización ... 21

Apego adulto, género y victimización ... 21

Medición objetiva de la violencia de género (CUVINO), género y percepción de victimización de violencia de pareja ... 21

DISCUSIÓN ... 24

REFERENCIAS ... 26

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INTRODUCCIÓN

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1996) define la violencia como el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

En 1996, la Asamblea Mundial de la Salud declaró la violencia como un importante problema de salud pública en todo el mundo y pidió a la Organización Mundial de la Salud que elaborara una tipología de la violencia para caracterizar los diferentes tipos de violencia y los vínculos entre ellos (Foege, Rosenberg, y Mercy, 1995).

La clasificación que se propone aquí, divide la violencia en tres categorías generales, según las características de los que cometen el acto de violencia: violencia auto-infligida, violencia interpersonal y violencia colectiva.

Esta categorización inicial distingue entre la violencia que una persona se inflige a sí misma, la violencia impuesta por otro individuo o un número pequeño de individuos y la violencia infligida por grupos más grandes, como el Estado, contingentes políticos organizados, tropas irregulares y organizaciones terroristas (Krug, Dahlberg, Mercy, Zwi, y Lozano, 2003).

Violencia de pareja y género

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) (United Nations, 1988) define a la víctima como aquella persona que ha sufrido un perjuicio, entendiendo por ello una lesión física o mental, sufrimiento emocional, pérdida o daño material, o un menoscabo importante en sus derechos, como consecuencia de una acción u omisión que constituya un delito con arreglo a la legislación nacional o el derecho internacional, o bien sea un acto de abuso de los poderes públicos. Esto se puede aplicar no sólo a la persona victimada, sino también a colectivos, tales como entidades o asociaciones, así como a los familiares de la víctima y aquellas que intentaron auxiliarla durante la perpetración del delito. Asimismo, la ONU (United Nations, 1993) define la violencia contra las mujeres como todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada.

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La violencia en la pareja es un fenómeno que ocurre en todos los países, independientemente del grupo social, económico, religioso o cultural. Aunque las mujeres pueden agredir a sus parejas masculinas, y la violencia también se da a veces en las parejas del mismo sexo, la violencia en la pareja es soportada en proporción abrumadora por las mujeres e infligida por los hombres (Heise, Ellsberg, y Gottemoeller, 1999; World Health Organization [WHO], 1997).

La OMS distingue entre cuatro tipos de violencia (Krug et al., 2003): física, sexual, psicológica o psíquica y de privación de libertad.

En España, las cifras de incidencia del maltrato a las mujeres por parte de su pareja han ido aumentando paulatinamente. Siguiendo la macro-encuesta de violencia contra la mujer de 2015, del total de mujeres de 16 años o más residentes en España, el 12.5% han sufrido violencia física y/o violencia sexual, el 25.4% violencia psicológica de control, el 21.9% violencia psicológica emocional y el 10.8% violencia económica de alguna pareja o ex-pareja en algún momento de su vida (Macro-encuesta de violencia contra la mujer, 2015).

Frente a estas cifras hay que tener en cuenta algunas consideraciones. Así, es más probable que estemos ante el esclarecimiento de un hecho más que ante el incremento en la prevalencia real del mismo. Esto se puede deber a varias causas. En primer lugar, los daños causados a las víctimas de violencia de género suelen ser continuados y dentro de un control total por parte del agresor, con lo que no resulta fácil que las víctimas denuncien las agresiones sufridas. En segundo lugar, es muy habitual que la víctima se sienta participante y encubridora de la situación (Arce y Fariña, 1995). A estas características particulares, hay que añadir los motivos generales que dificultan la presentación de denuncias, entre las que las más representativas son: el miedo a represalias, el temor a que no se tome en serio la denuncia, un intento de olvidar cuanto antes los hechos y las posibles experiencias negativas de denuncias anteriores (Arce y Fariña , 2006a,2006b; Arce, Videla, y Jólluskin, 2002).

Consecuencias de la violencia de género en la mujer

Si bien todas las víctimas son importantes y únicas, las víctimas de violencia de género presentan una serie de condiciones particulares que agravan aún más la victimización:

- La multi-victimización: esto supone que la práctica totalidad de las víctimas de violencia de género sufren ataques de forma continuada, es decir, sufren repetidas experiencias de violencia (Mawby y Walklate, 1994).

- La red social primaria de apoyo no es operativa en este caso, ya que, al ser uno de los miembros de la familia el que ejerce la violencia sobre otro u otros, el

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potencial apoyo prestado y/o percibido a la víctima por parte de la red social primaria no es tal (Denkers y Winkel, 1998; Taylor y Brown, 1988).

- La victimización directa o indirecta de parte o del total de la familia: entendiendo por victimización indirecta, el proceso de victimización generado en una persona que no ha sufrido ningún delito sino que es producto del contagio de otra que sí lo ha sufrido y con la que mantiene una relación cercana (Denkers y Winkel, 1993) o del auxilio que ha prestado a la víctima inicial y que también la ha convertido en víctima (United Nations, 1988).

Las consecuencias de la violencia de género son muy profundas y de diversa índole y en contra de lo que se cree, no se limitan a la mujer víctima y familiares de la misma, sino que incluso puede afectar el bienestar de toda la comunidad (Krug et al., 2003).

En esta línea, son muchos los estudios que constatan que el maltrato a la mujer por parte de su pareja incide de forma importante en la salud de la víctima, ya que, además de las posibles lesiones físicas sufridas, tiene gran impacto psicológico y supone un factor de riesgo para la salud a largo plazo (Koss, Koss, y Woodruff, 1991). En esta línea, la literatura ha identificado sistemáticamente el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) como daño psicológico al comprobarse que este trastorno estaba relacionado con la victimización de diferentes situaciones traumáticas, entre las que se encuentra la violencia de género (Kessler, Sonnega, Hughes, y Nelson, 1995) con una prevalencia de un 50-55% en aquellas mujeres que se encuentran bajo tratamiento psicológico (Echeburúa y Corral, 1998). Sin embargo, esta operacionalización fue tachada de limitada por Arce y Fariña (2009, 2014) ya que, cuando el estresor es de naturaleza psicosocial, es decir, de menor intensidad, tal como cuando la violencia es psicológica, se puede admitir excepcionalmente como daño psicológico el Trastorno Adaptativo (TA) (American Psychiatric Association, 2014).

Este daño psicológico es comórbido con otros trastornos, estimándose la tasa de comorbilidad en el 92% (Brown, Campbell, Lehman, Grisham, y Mancill, 2001). En violencia de género, los trastornos asociados más frecuentes son depresión, inadaptación social, ansiedad y disfunciones sexuales (Bargai, Ben-Shakhar, y Shalev, 2007; Kessler et al., 1995). Asimismo otras investigaciones han hallado: malestar emocional, caracterizado por sintomatología ansioso-depresiva, bajo autoestima e inadaptación a la vida cotidiana (Amor, Echeburúa, Corral, Zubizarreta, y Sarasua, 2002); deterioro del autoestima (Matud, 2004); disminución del sentido de competencia (Lynch y Graham-Bermann, 2004); uso de fármacos como táctica inadecuada de afrontamiento a los problemas (Echeburúa y Corral, 1998);

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García-Moreno, 2008) e ideación o intentos suicidas (Labrador, Fernández-Velasco, y Rincón, 2010).

A continuación se enumeran las conclusiones derivadas de las investigaciones acerca de las consecuencias generales del maltrato sobre la salud:

- Los síntomas del TEPT pueden persistir durante un largo período de tiempo después de haber cesado la violencia (Woods, 2000; Woods et al., 2005).

- La severidad y la frecuencia del maltrato físico en el presente es un importante predictor de los problemas de salud física y mental (Cascardi y O’Leary, 1992; Tolman y Rosen, 2001).

- Los efectos de diferentes tipos de maltrato y de episodios múltiples de maltrato con el transcurso del tiempo parecen ser acumulativos (Koss, et al., 1991; Follette, Polusny, Bechtle, y Naugle, 1996).

El comportamiento delictivo contra las mujeres supone la ejecución por parte del agresor de actos de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad (art. 1.3 de la L.O. 1/2004), que conllevan en la víctimas, como se ha comentado, secuelas físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida o daño material, o un menoscabo importante en sus derechos (United Nations, 1988). Todas las circunstancias que rodean esta casuística no han pasado inadvertidas para el legislador que ha previsto las mismas a través de los agravantes de la responsabilidad penal (Art. 22 y 23 del Código Penal, Ley 10/1995 de 23 de noviembre) y la adopción de medidas de acción positiva para afrontarla (Ley 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género) (Arce y Fariña, 2009).

La violencia psicológica: sutil y manifiesta

En el ámbito de la violencia contra las mujeres, el estudio del maltrato psicológico ha sido abordado en general en menor medida que el de la violencia física (Katz y Arias, 1999; O´Leary, 1999; Pico-Alfonso, García-Linares, Celda-Navarro, Blasco-Ros, Echeburúa, y Martínez, 2006). Esto puede deberse quizás a que este tipo de maltrato resulta menos objetivo y más difícil de evaluar que otras modalidades (Calvete, Corral, y Estévez, 2005; Rodríguez-Carballeira et al., 2005). En la misma línea, su propia naturaleza ha llevado a minimizar su importancia y su daño potencial, especialmente en comparación con el maltrato físico, cuyos efectos son más fácilmente observables (O´Leary, 1999).

Sin embargo, las investigaciones existentes acerca del maltrato psicológico o emocional muestran que constituye un elemento muy importante en las relaciones de maltrato y que

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puede ser devastador para la salud mental y el bienestar de las mujeres (Buesa y Calvete, 2011). Marshall (1999) señaló que la violencia psicológica, tanto sutil como manifiesta, daña la imagen de uno mismo, con efectos en el bienestar y en la percepción de la relación y de la pareja.

La literatura científica ha establecido que la violencia psicológica se define por conductas, actitudes y estilos de comunicación basados en la humillación, desacreditación, control, retraimiento hostil, así como dominación e intimidación, denigración y comportamientos celosos (Murphy y Hoover, 1999; O’Leary y Smith-Slep, 2003). En ocasiones es imperceptible, ya que se confunde con una interacción cotidiana, propia de los problemas de la pareja, o con una forma de demostrar el interés por el otro, pues los límites de la relación de pareja son imprecisos y contienen una dimensión subjetiva (Hirigoyen, 2005). Las investigaciones internacionales y nacionales muestran mayores índices de prevalencia de la violencia psicológica que de otros tipos de violencia en la pareja (Zorrilla et al., 2010; Liles et al., 2012).

En 1999, Marshall introdujo una nueva perspectiva en el estudio de la violencia psicológica al diferenciar entre violencia psicológica sutil y manifiesta. La violencia psicológica manifiesta se caracteriza por la expresión de comportamientos de control y dominación, que son fáciles de reconocer porque se utiliza un estilo agresivo y dominante y produce efectos en los sentimientos. Se incluyen: dominación, indiferencia, control y desacreditación. Sin embargo, la violencia psicológica sutil puede aparecer en situaciones amorosas, graciosas y de cariño. Mensajes y acciones para subestimar, no tener en cuenta y aislar a la pareja son definidas como sutiles. Estas formas son independientes de las dominantes y producen un daño emocional difícil de reconocer como abusivo. Este tipo sutil de maltrato es un campo que aún está por explorar y, en consecuencia, no se poseen apenas datos acerca del alcance de su impacto (Buesa y Calvete, 2011).

A raíz de lo anterior, Marshall (2000) diseñó la Escala de Abuso Psicológico Sutil y Manifiesto (Subtle and Overt Psychological Abuse of Woman Scale, SOPAS), traducida al español por Buesa y Calvete (2011), en la que se observó que la violencia contra la mujer puede presentar distintas modalidades, incluyendo formas sutiles y manifiestas de victimización en un único factor (Ureña, Romera, Casas, Viejo, y Ortega-Ruíz, 2015).

El sexismo ambivalente y la violencia de género

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estereotipada y negativa de la mujer como ser inferior; y 2) Sexismo Benevolente (SB) que considera a las mujeres débiles y necesitadas de la protección del hombre, y las idealiza pero fundamentalmente como madres, esposas y objetos románticos.

En la sociedad actual las formas de sexismo hostil son rechazadas, sin embargo, las formas benévolas siguen siendo aceptadas, ya que, en general, no se perciben como sexistas. Ante la presencia de estas actitudes sexistas más sutiles y encubiertas, que dan forma al sexismo benevolente, es necesario reconocer el efecto pernicioso que ejerce este sexismo en la consumación de la igualdad entre los sexos (Garaigordobil y Aliri, 2011a). El sexismo es una de las principales creencias que mantienen las desigualdades entre sexos (Garaigordobil y Aliri, 2011a).

Los estudios que han investigado las diferencias en el sexismo en función del género muestran resultados contradictorios. Algunos han evidenciado que los hombres tienen puntuaciones significativamente superiores en sexismo hostil y sexismo benévolo (Fowers y Fowers, 2010; Garaigordobil y Aliri, 2011a; Garaigordobil y Donado, 2011; Glick y Fiske, 1996; Travaglia, Overall, y Sibley, 2009), mientras que otras no han encontrado diferencias en sexismo benévolo (Chen, Fiske, y Lee, 2009; Lameiras, Rodríguez, Calado, Foltz, y González, 2006).

Investigaciones recientes (García-Leiva, Palacios, Torrico, y Navarro, 2009) han evidenciado las relaciones directas entre sexismo ambivalente y violencia física-verbal hacia las mujeres.

En un estudio en el que se relacionaba el sexismo ambivalente y las actitudes hacia la violencia contra las mujeres (Sakalli, 2001), se halló que los participantes con puntuaciones elevadas en sexismo hostil mostraban actitudes más favorables hacia la violencia de género que aquellos con puntuaciones más bajas; sin embargo no se encontró relación entre el sexismo benévolo y la violencia de género. Sin embargo, otras investigaciones han puesto de manifiesto cómo el sexismo benévolo se relaciona con la violencia de género de distintas formas: prejuicio hacia las mujeres que tienen relaciones sexuales prematrimoniales (Sakalli-Ugurlu y Glick, 2003), tolerancia hacia los abusos sexuales (Russell y Trigg, 2004) o la culpabilización de la víctima en caso de violación (Abrams, Viki, Masser y, Bohner, 2003).

En esta misma línea, Begany y Milburn (2002) señalan la relación existente entre el sexismo hostil y actitudes autoritarias como predictoras de acoso sexual. Chapleau, Oswald y Russell (2007), con una muestra de alumnado universitario, hallaron una correlación positiva en los hombres entre sexismo hostil y aceptación de la agresión sexual. En España, la literatura sobre violencia de género también considera el sexismo como un factor de riesgo en

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la violencia contra la mujer (Ferrer y Bosch, 2005), relacionándolo con la discriminación (Pozo, Alonso, Hernández y Mellado, 2005), el maltrato a las mujeres (Torrico et al., 2005), la aceptación de la violencia de género (Expósito y Moya, 2005) e incluso se le otorga un carácter predictor de la violencia contra la mujer (García-Leiva et al., 2009; Palacios et al., 2005).

En contra de lo anterior, los resultados obtenidos en la investigación de Rojas-Solís y Carpintero (2011) sugieren que el sexismo es un elemento asociado y no causal de las agresiones, que al combinarse con diversos factores aumenta la probabilidad de que un hombre determinado en un ambiente determinado ejerza violencia contra la mujer (Heise, 1998).

Las tácticas de resolución de conflictos y la violencia de pareja

Parece lógico que el uso diferencial de tácticas para la resolución de los conflictos esté relacionado con la posibilidad de existencia de malos tratos en una pareja. La Conflict Tactic Scale-2 (CTS-2) (Straus, Hamby, Boney-McCoy, y Sugarman, 1996) a pesar de las críticas, es la herramienta más extendida en el estudio de la prevalencia e incidencia de la violencia contra la pareja a nivel internacional, utilizándose en numerosas culturas y en diferentes idiomas (Loinaz, Echeburúa, Ortiz-Tallo, y Amor, 2012).

Sagrestano, Heavy y Christenson (1999) encontraron utilizando dicha escala que los niveles de agresión física y agresión verbal que los hombres manifestaban hacia sus parejas correlacionaban entre sí.

El estudio realizado por Graña, Rodríguez y Peña (2009) concluye que a la hora de resolver conflictos en las relaciones íntimas, los adultos utilizan y sufren tácticas agresivas diversas, hallándose diferencias de género significativas, de tal forma que, las mujeres ejercen más violencia psicológica hacia sus parejas pero sufren más violencia sexual, mientras que los hombres utilizan con más frecuencia actos menores de violencia sexual contra sus parejas, estableciéndose un uso similar de violencia física tanto en hombres como en mujeres.

En 2012, Loinaz, Echeburúa, Ortiz-Tallo y Amor, hallaron en una muestra española de agresores de pareja, mayor presencia de violencia psicológica o sexual en aquellos agresores que utilizaban más violencia física (o cuya violencia física era más severa) y un incremento de la coacción sexual en aquellos que ejercían mayor agresión psicológica.

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El apego adulto y la violencia de pareja

El apego es un vínculo afectivo, de naturaleza social, que establece una persona con otra, caracterizado por conductas de búsqueda de proximidad, interacción íntima y base de referencia y apoyo en las relaciones con el mundo físico y social (López, 2006). Asimismo existe cierto apoyo empírico para afirmar que los estilos de apego descritos por Ainsworth (1985) para la infancia: seguro, evitativo y ambivalente, se mantienen en la edad adulta (Mikulincer y Shaver, 2007).

Las personas con apego seguro-autónomo aprecian las relaciones de apego y las considera importantes para su propia personalidad. El concepto de apego inseguro contiene dos dimensiones del apego afectivo entre los adultos: 1) El apego evitativo que hace referencia al grado en el cual una persona se puede sentir incómoda dependiendo de otros, o en escenarios de cercanía/intimidad; y 2) el apego ansioso que hace referencia al nivel de miedo al rechazo o al abandono por parte de la pareja afectiva (Garaigordobil, 2013). Desde los trabajos pioneros de Hazan y Shaver (1987) y Shaver y Hazan (1988), la teoría del apego se ha utilizado para analizar las relaciones afectivas en la vida adulta, siendo la pareja la principal figura de apego (Garaigordobil, 2013).

En esta línea, apenas hay estudios que hayan relacionado sexismo y apego. Asimismo Yakushko (2005) demostró que las actitudes sexistas están relacionadas con los patrones relacionales del individuo, de tal forma que en las mujeres la ansiedad de estar en una relación íntima se relacionaba con el sexismo hostil y sexismo benévolo, mientras que en los hombres el sexismo hostil se relacionaba con la evitación de mantener relaciones íntimas y el sexismo benévolo se relacionaba con una menor tendencia a evitar relaciones, aunque sentían mayor ansiedad hacia ellas. En esta misma línea, los resultados de Garaigordobil (2013) han confirmado las conexiones entre sexismo y apego inseguro, evidenciándose que las personas con alta puntuación en sexismo (SH, SB, SA) también mostraban una puntuación alta en apego evitativo y ansioso. Se deduce, por lo tanto, que las personas sexistas tienen apego inseguro en la relación de pareja, es decir, temen ser abandonados por la pareja afectiva; y son habituales las situaciones de dependencia y de intimidad/cercanía con la pareja.

Según Mayseless (1991), el apego podría explicar por qué algunos sujetos en determinados casos expresan la violencia en situaciones en las que otros solo mostrarían enfado. Desde el punto de vista del apego adulto, la violencia contra la pareja se entendería como una forma desproporcionada de reaccionar frente a una conducta interpretada como hiriente, incluso una forma de evitar que el otro rompa la relación (Loinaz y Echeburúa,

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2012). En la misma línea y según Dutton (2008) la agresión en las relaciones sentimentales puede entenderse como un comportamiento de protesta del agresor hacia la figura de apego, en este caso la pareja, precipitado por amenazas de separación o abandono.

La investigación general ha encontrado que los agresores de género, en comparación con sujetos no violentos, muestran apego inseguro, poca estabilidad emocional y gran ansiedad frente al rechazo o abandono por parte de la pareja (Babcock, Jacobson, Gottman, y Yeringtonn, 2000; Twed y Dutton, 1998).

Dada la escasa investigación en torno a la violencia psicológica de tipo sutil y manifiesta, este estudio pretende conocer la percepción social de estos tipos de violencia y su relación con variables de interés como el género o la percepción de haber sido víctima de violencia de pareja.

MÉTODO

Participantes

La muestra estuvo compuesta por un total de 121 sujetos, 48 hombres (39.7%) y 73 mujeres (60.3%), con edades comprendidas entre los 18 y los 66 años (M = 37.08; DT = 11.44).

Gráfico 1. Género

En cuanto al nivel de estudios, el 12.4% tenía estudios primarios o básicos, el 27.4% había completado bachillerato o cursado formación profesional, un 54% presentaba estudios universitarios y el 6.2% restante contaba con estudios universitarios superiores.

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Gráfico 2. Nivel de estudios

En lo relativo al estado civil, 69 eran solteros/as (57.5%), 44 casados/as (36.7%), 6 divorciados/as (5%) y 1 viudo/a (0.8%).

Gráfico 3. Estado civil

Un 77.7% dice tener pareja actualmente (94 sujetos) frente a un 22.3% que no mantiene una relación sentimental en este momento (27 sujetos). De esos 27 individuos, 21 manifiestan haber tenido pareja en el pasado durante por lo menos 6 meses (80.8%) frente a 5 que expresan no haber mantenido una relación de pareja en el pasado durante ese tiempo (19.2%).

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La duración de la relación de pareja (actual o pasada) se encuentra entre 1 y 612 meses (M = 135.25; DT = 125.74).

La situación sutil del dilema 1 se administró a 20 sujetos y la situación manifiesta a 21, la situación sutil del dilema 2 fue respondida por 21 individuos y la situación manifiesta por 19, por último la situación sutil del dilema 3 fue resuelta por 21 sujetos y la situación manifiesta por 19. En total al 51.2% (62) de la muestra se le presentó un dilema “sutil” y al 48.8% (59) restante un dilema “manifiesto”.

Gráfico 5. Tipo de dilema Gráfico 6. Tipo de dilema

Procedimiento y diseño

La metodología de investigación empleada fue de tipo experimental. Antes de llevar a cabo el diseño definitivo, se presentaron los 6 dilemas con sus respectivas situaciones (sutil y manifiesta) a 21 jueces, de los cuales 16 fueron mujeres (76.2%) y 5 hombres (23.8%); con edades comprendidas entre los 22 y los 54 años (M = 27.48; DT = 9.125). La función de los jueces fue determinar si cada una de las situaciones era o no representativa de violencia de género y en qué grado (utilizando una escala likert de 0 a 11, donde 0 significaba “nada representativa” y 11 significaba “totalmente representativa”). De tal forma que, puntuaciones menores a 5 determinan la situación como de “violencia sutil” y puntuaciones superiores a 6 califican la situación como de “violencia manifiesta”. Los jueces fueron instruidos para que no manifestasen su percepción y opinión sobre los dilemas, sino para que evaluaran si los hechos descritos en los dilemas eran representativos de violencia de género y en qué grado.

En cuanto al estudio definitivo, se presentó a cada sujeto un dilema y sólo una de las dos situaciones diseñadas (sutil o manifiesta), en las que debían evaluar el grado de violencia de género, la influencia de la actuación masculina en el comportamiento de la víctima y el comportamiento de ella ante dicha situación.

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de la Escala de Tácticas para la Resolución de Conflictos (Straus et al., 1996), el Cuestionario de Apego Adulto (Melero y Cantero, 2005) y algunos ítems del Cuestionario de Violencia entre Novios (Rodríguez-Franco et al., 2010).

Análisis de datos

Se compararon medias ejecutando MANOVAs con diseños completos o personalizados, según los intereses experimentales. De los tres supuestos de esta herramienta, independencia de medidas, homogeneidad de varianzas y normalidad, la homogeneidad de varianzas fue sometida a prueba dado que podría ser violada, ya que algunas comparaciones implicaban grupos de tamaño iguales (grande/pequeño <1.5). Por ello evaluamos este supuesto por la M de Box. Cuando la M de Box resultó significativa se contrastó la F teórica con la F empírica en aquellas comparaciones con grupos con varianzas heterogéneas (F de Levine) de modo que si la teórica es menor que la empírica debería aceptarse la hipótesis alternativa, y viceversa (Palmer, 1996). Este contraste no modificó ninguno de los resultados de los análisis.

La sensibilidad del diseño (1-β) para la obtención de diferencias significativas con un tamaño del efecto medio es superior a .93.

Instrumentos

Para el análisis de la percepción de la violencia psicológica sutil y manifiesta se elaboraron 3 dilemas que se ajustan a la definición de los distintos tipos de violencia de género. Cada uno de estos dilemas está compuesto de dos situaciones, una de ellas denominada sutil y la otra denominada manifiesta. Dichos dilemas se siguen de una serie de preguntas que actúan como método de evaluación del los mismos: grado de violencia de género, influencia en el comportamiento de la víctima y comportamiento de la víctima.

Para la evaluación del sexismo ambivalente se utilizó la versión en castellano del Ambivalent Sexism Inventory (Expósito et al., 1998). La fiabilidad total de este cuestionario es de α = .90. A su vez, la subescala de sexismo hostil muestra un coeficiente alpha de .89 y la subescala de sexismo benévolo de .86. Según Glick y Fiske (1996), el sexismo es ambivalente porque está formado por dos componentes claramente diferenciados (aunque relacionados): el sexismo hostil y el sexismo benévolo. El primero coincide básicamente con el sexismo tradicional, es decir, la actitud de prejuicio o conducta discriminatoria basada en la supuesta inferioridad o diferencia de las mujeres como grupo. El sexismo benévolo es definido como un conjunto de actitudes interrelacionadas hacia las mujeres que son sexistas

(18)

en cuanto las considera de forma estereotipada y limitadas a ciertos roles, pero que tiene un tono afectivo positivo (para el perceptor) y tiende a suscitar en éste conductas típicamente categorizadas como prosociales o de búsqueda de intimidad.

Se utilizó a continuación la versión revisada de la escala de tácticas para la resolución de conflictos (CTS2) de Straus et al. (1996) adaptada a población española por Montes-Berges (2008). Este instrumento registra los recursos y soluciones empleadas para resolver los conflictos, incluyendo los ataques físicos y psicológicos y el uso de la negociación entre dos personas que comparten una relación marital, de cohabitación o de relaciones esporádicas. Las participantes señalan con qué frecuencia ellos y su pareja llevaron a cabo los diversos comportamientos reflejados en la escala en el último año, utilizando una escala de respuesta tipo Likert con 8 alternativas de respuesta (0 = no ha pasado antes, 6 = ocurrió más

de 20 veces el año pasado y 7 = nunca el año pasado, pero sí antes). En cuanto a la

fiabilidad, el factor de acciones físicas tiene un Alpha de Cronbach de α = .96 mientras que el factor de acciones psicológicas presenta una fiabilidad de α = .77. La escala global presenta un coeficiente de fiabilidad elevado de α = .94.

A continuación, se utilizó el Cuestionario de Apego Adulto (Melero y Cantero, 2005). Este cuestionario consta de 4 factores: la escala de “baja autoestima, necesidad de

aprobación y miedo al rechazo” que obtuvo una fiabilidad de α = .86; la escala de

“resolución hostil de conflictos, rencor y posesividad” con un α = .80; la escala “expresión de

sentimientos y comodidad con las relaciones” con α = .77; y la escala de “autosuficiencia emocional e incomodidad con la intimidad” con un α = .68.

Por último, se evaluó la violencia en la pareja utilizando los ítems del Cuestionario de Violencia entre Novios -CUVINO- (Rodríguez-Franco et al., 2010). Dicho cuestionario está formado por 8 factores: desapego (α = .796), humillación (α = .818), sexual (α = .77),

coerción (α = .739), físico (α = .70), género (α = .743), castigo emocional (α = .681) y castigo instrumental (α = .588). Para el presente estudio se seleccionaron 2 ítems de cada

(19)

RESULTADOS

Tipo de dilema, género y victimización

Se ejecutó un diseño personalizado para los factores género (hombre vs. mujer), percepción de victimización de violencia de pareja (sí vs. no), tipo de dilema (sutil vs. manifiesto), la interacción entre tipo de dilema y género y entre tipo de dilema y percepción de victimización de violencia de pareja en la evaluación de los dilemas. Los resultados mostraron un efecto multivariado significativo para el tipo de dilema, F(3, 107) = 8.14, p < .001, ηp² = .186, 1-β = .990, y para la interacción entre el tipo de dilema y género, F(3, 107)

= 5, p < .01, ηp² = .123, 1-β = .906, explicando el 18.6% y el 12.3% de la varianza, tamaños

elevado y moderado (Cohen, 1988) respectivamente.

Por su parte, las variables género, F(3, 107) = 0.34, ns, ηp² = .009, 1-β = .115,

percepción de victimización de violencia de pareja, F(3, 107) = 0.59, ns, ηp² = .016, 1-β =

.169, y la interacción entre ésta última y el tipo de dilema, F(3, 107) = 1.21, ns, ηp² = .033,

1-β = .318, no resultaron significativas a nivel multivariado.

Los efectos univariados mostraron (ver Tabla 1) que los dilemas manifiestos son evaluados como más representativos de violencia de género que los sutiles. En consecuencia, los resultados relativos al tipo de dilema permiten validar la manipulación experimental del diseño, confirmando la correspondencia de los dilemas con la categoría sutil (M = 1.06, esto es, “un poco” constitutivo de violencia de género, cuyo valor es 1) o manifiesta (M = 2.44, esto es, entre “bastante”, valor 2, y “muy”, valor 3, constitutivo de violencia de género).

Tabla 1. Efectos univariados en la evaluación de los dilemas por el factor tipo de dilema. Efectos inter-sujetos.

Variable F p ηp2 Ms Mm 1-β

Grado Violencia Género 24.60 .000 .184 1.06 2.44 .998 Influye Comportamiento Víctima 0.74 .392 .007 1.72 1.97 .136 Comportamiento Víctima 0.49 .485 .004 0.43 0.33 .107

Nota. gl(1, 109); Ms = Media del grupo dilemas sutiles; Mm = Media del grupo dilemas

(20)

Los efectos univariados de la interacción de tipo de dilema y género (ver Tabla 2) revelaron para los varones la violencia sutil influye más en el comportamiento de la víctima que para las mujeres (Ms = 2.02 y 1.42, para varones y mujeres, respectivamente), en tanto que para ellas la violencia manifiesta es más influyente en el comportamiento de la víctima que para ellos (Ms = 1.75 y 2.19, para varones y mujeres, respectivamente).

En la misma línea, los efectos univariados de la interacción entre tipo de dilema y género (ver Tabla 2) informan que según los hombres las situaciones de violencia manifiesta conseguirán que la víctima acceda a las peticiones de su pareja en mayor medida que según las mujeres (Ms = 0.52 y 0.14, para varones y mujeres, respectivamente), mientras que para las mujeres las situaciones de violencia sutil conseguirán que la víctima acceda a las peticiones de su pareja en mayor medida que para los hombres (Ms = 0.31 y 0.55, para varones y mujeres, respectivamente).

Tabla 2. Efectos univariados en la evaluación de los dilemas por la interacción entre los factores tipo de dilema y género. Efectos inter-sujetos.

Variable F p ηp2 1-β

Grado Violencia Género 0.69 .410 .006 .130

Influye Comportamiento Víctima 7.66 .007 .066 .783

Comportamiento Víctima 11.54 .001 .096 .920

Nota. gl(1, 109).

Sexismo ambivalente, género y victimización

Existen diferencias mediadas por el género en sexismo ambivalente, F(2, 110) = 3.12, p < .05, ηp² = .054, 1-β = .590. Esto es, el factor género media diferencias en el sexismo

smbivalente, explicando el 5.4% de la varianza, tamaño del efecto pequeño. Sin embargo, ni el factor percepción de victimización de violencia de pareja, F(2, 110) = 1.03, ns, ηp² = .018,

1-β = .227, ni la interacción de género por victimización, F(2, 110) = 0.83, ns, ηp² = .015, 1-β

= .189, median diferencias en sexismo ambivalente.

Por su parte, los efectos univariados revelan (ver Tabla 3) que existen diferencias mediadas por el género en el sexismo hostil de tal forma que los hombres puntúan significativamente más que las mujeres en este factor.

(21)

Tabla 3. Efectos univariados en el género por el factor sexismo ambivalente. Efectos inter-sujetos.

Variables F P ηp2 M1 M2 1-β

Benévolo 2.17 .143 .019 1.55 0.98 .309

Hostil 6.28 .014 .054 2 0.99 .700

Nota. gl(1, 111); M1=Media del grupo de hombres; M2=Media del grupo de mujeres.

Resolución de conflictos, género y victimización

No existen diferencias multivariadas en la resolución de conflictos mediadas ni por el género, F(2, 94) = 0.64, ns, ηp2 = .014, 1- β = .155, ni por la percepción de victimización, F(2, 94) = 0.59, ns, ηp2 = .012, 1- β = .146.

Apego adulto, género y victimización

No existen diferencias en apego adulto mediadas por el género, F(4, 107) = 0.42, ns, ηp2

= .014, 1-β = .145, ni por la percepción de victimización, F(4, 107) = 1.56, ns, ηp2 = .055, 1-β = .467, ni por la interacción entre género y victimización, F(4, 107) = 1.29, ns, ηp2 = .046,

1-β = .391.

Medición objetiva de la violencia de género (CUVINO), género y percepción de victimización de violencia de pareja

Los análisis multivariados revelan diferencias significativas en la victimización objetiva (evaluada a través del CUVINO) mediadas por el género, F(16, 95) = 7.79, p < .001, ηp2 =

.567, 1-β = 1, por la percepción de victimización, F(16, 95) = 13.13, p < .001, ηp2 = .689, 1-β = 1, y por la interacción de ambas, F(16, 95) = 7.84, p < .001, ηp2 = .569, 1- β = 1. Estos

resultados reflejan que un 56.7% de las diferencias en la victimización objetiva las explica el género, un 68.9% son explicadas por percibirse o no como víctima de violencia de pareja y un 56.9% son explicadas por la interacción de género y percepción de victimización de pareja, Es decir, el género, la percepción de victimización de violencia de pareja y la interacción entre ambas tienen una capacidad explicativa muy elevada de la victimización objetiva.

Los efectos univariados muestran (ver Tabla 4) que los hombres informan que son objeto de “amenaza con suicidarse o hacerse daño si la dejas”, “te niega apoyo, afecto o

(22)

con ella, porque está casi siempre enfadada o enojada contigo” y “amenaza con abandonarte” en mayor medida que las mujeres. En tanto que en los demás ítems no existen

diferencias significativas.

Tabla 4. Efectos univariados en la victimización objetiva de violencia de pareja por el factor género. Efectos inter-sujetos.

Variables F p ηp2 M1 M2 1-β

Amenaza con suicidarse 12.77 .000 .258 0.75 0.25 1

Niega apoyo 34.76 .000 .240 1.82 0.58 1

Humilla en público 9.33 .003 .078 0.52 0.23 .857

Siempre enfadado/a 5.03 .027 .044 1.45 0.74 .603

Amenaza con abandonarte 7.34 .008 .063 1.06 0.49 .766

Nota. gl(1, 110); M1 = Media del grupo de hombres; M2 = Media del grupo de mujeres.

Los efectos univariados informan (ver Tabla 5) que aquellos que se perciben como víctimas de violencia de pareja son objeto de “no reconoce responsabilidad alguna sobre la

relación de pareja, ni sobre lo que os sucede a ambos”, “ha ridiculizado o insultado tus creencias, religión o clase social”, “te sientes forzado/a a realizar determinados actos sexuales”, “amenaza con suicidarse o hacerse daño si lo/la dejas”, “se burla acerca de las mujeres u hombres en general”, “te niega apoyo, afecto o aprecio como forma de castigarte”,

“ha rehusado ayudarte cuando de verdad lo necesitabas”, “te humilla en público”, “no ha

tenido en cuenta tus sentimientos sobre el sexo”, “sientes que no puedes discutir con él/ella, porque está casi siempre enfadado/a enojado/a contigo” y “te amenaza con abandonarte” en

(23)

Tabla 5. Efectos univariados en la victimización objetiva de violencia de pareja por el factor percepción de violencia de pareja. Efectos inter-sujetos.

Variables F p ηp2 M1 M2 1-β

Responsabilidad relación 12.31 .001 .101 1.75 0.47 .935 Ridiculizado creencias 6.99 .009 .060 0.75 0.14 .745 Forzar actos sexuales 7.18 .008 .061 0.50 0.06 .757

Amenaza con suicidarse 36.12 .000 .247 1 0.00 1

Burla género 29.32 .000 .210 1.54 0.20 1

Niega apoyo 107.20 .000 .494 2.29 0.12 1

Rehusado ayudarte 21.45 .000 .163 1.42 0.13 .996

Humilla en público 46.42 .000 .297 0.71 0.04 1

Ignora sentimientos sexo 5.69 .019 .049 0.96 0.22 .657

Siempre enfadado/a 24.57 .000 .183 1.88 0.31 .998

Amenaza con abandonarte 42.19 .000 .277 1.46 0.1 1

Nota. gl(1, 110); M1 = Media del grupo de sí (víctima) M2 = Media del grupo de no (no

víctima).

Los efectos univariados muestran (ver Tabla 6) que los hombres que perciben que han sido víctimas de violencia de pareja informan ser objeto de “amenaza con suicidarse o

hacerse daño si lo/la dejas”, “se burla acerca de las mujeres u hombres en general”, “te niega apoyo, afecto o aprecio como forma de castigarte”, “te humilla en público” y “te amenaza con abandonarte” en mayor medida que las mujeres víctimas. Por otra parte, las

mujeres que no se perciben como víctimas de violencia de pareja informan ser objeto de “amenaza con suicidarse o hacerse daño si lo/la dejas”, “se burla acerca de las mujeres u

hombres en general”, “te niega apoyo, afecto o aprecio como forma de castigarte”, “te humilla en público” y “te amenaza con abandonarte” en mayor medida que los hombres que

(24)

Tabla 6. Efectos univariados en la victimización objetiva de violencia de pareja por la interacción entre los factores género y victimización percibida. Efectos inter-sujetos.

Nota. gl(1, 110).

DISCUSIÓN

Esta investigación presenta una serie de limitaciones a tener en cuenta a la hora de generalizar los resultados. Primera, se trata de un estudio de simulación de baja fiabilidad con lo que la generalización a contextos reales no se puede derivar automáticamente (Fariña, Arce, y Real, 1994). Segunda, las respuestas de los participantes pueden estar mediadas por deseabilidad social o negación, dos formas de disimulación, dada la temática de la investigación. Con estas limitaciones en mente, de los anteriores resultados se extraen las siguientes conclusiones:

1) La violencia sutil de género no es considerada en la misma medida que la violencia manifiesta como constitutiva de agresiones de género. A este respecto, Calvete et al. (2005) sostienen que la violencia psicológica en general, y la sutil en particular, resultan menos objetivas que otros tipos de violencia como la física o sexual. Deductivamente, la violencia sutil es menos probable que se denuncie y detecte como tal. Todo ello se asocia a cronificación y escala en la severidad de la agresión y, subsecuentemente, gravedad y cronificación del daño psicológico (Arce y Fariña, 2009, 2014; Arce, Fariña y Fraga, 2000;

2) Bargai et al., 2007; Buesa y Calvete, 2011; Kessler et al., 1995; Krug et al., 2003). 3) Los resultados de esta investigación, en línea con estudios previos (Chen, Fiske, y

Lee, 2009; Lameiras et al., 2006), corroboraron diferencias de género en sexismo ambivalente, que se relaciona con violencia física-verbal hacia las mujeres

(García-Variables F p ηp2 1-β

Amenaza con suicidarse 9.03 .003 .076 .846

Burla género 4.28 .041 .037 .536

Niega apoyo 31.39 .000 .222 1

Humilla en público 8.43 .004 .071 .821

(25)

con la aceptación de la violencia de género (Expósito y Moya, 2005). Sucintamente, los varones presentan puntuaciones más elevadas en sexismo hostil que las mujeres. En consecuencia, el sexismo hostil, vinculado con actitudes más tolerantes hacia la violencia de género (Sakalli, 2001) está más impregnado en la mentalidad masculina. Por su parte, ambos géneros están igualados en sexismo benévolo, es decir, es igualmente admitido por hombres y mujeres. En otras palabras, la población de mujeres ha internalizado el sexismo benévolo propio de la mentalidad sexista. En esta línea, existen investigaciones que han puesto de manifiesto la relación entre sexismo benévolo con distintos tipos de violencia de género como el prejuicio hacia las mujeres que tienen relaciones sexuales prematrimoniales (Sakalli-Ugurlu y Glick, 2003), la tolerancia hacia los abusos sexuales (Russell y Trigg, 2004) o la culpabilización de la víctima en caso de violación (Abrams, Viki, Masser, y Bohner, 2003). Estos resultados apuntan que la prevención de la violencia de género ha de centrarse en concienciar a las mujeres de que el sexismo benévolo es una forma de sexismo; y que las actitudes sexistas preceden a la violencia contra la mujer (Díaz-Aguado, 2003; Díaz-Aguado y Martínez-Arias, 2001). Con los varones la intervención ha de dirigirse al control del sexismo ambivalente, especialmente el hostil hacia la mujer.

4) La victimización objetiva se mostró fuertemente relacionada con la percepción subjetiva de victimización y con el género. En cuanto al género, los hombres víctimas informan de mayor gravedad de victimización que las mujeres víctimas. Es muy difícil que realmente la victimización sea mayor en varones que en mujeres, atribuyéndose a una distorsión en la percepción de victimización de los varones, es decir, los umbrales de victimización son diferentes entre hombres y mujeres.

(26)

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ANEXO: CUADERNILLO PARA EL TÉCNICO

Edad

Género Hombre Mujer

Nacionalidad Nivel de estudios Profesión

Estado civil Soltero/a Casado/a Divorciado/a Viudo/a ¿Tiene pareja actualmente? Si No

En caso de no tener pareja actualmente, ¿ha tenido pareja en el pasado durante por lo menos 6 meses?

Si No

Duración de la relación (actual o pasada) en años o meses

Manipulación de la violencia de género: sutil vs. Directa

A continuación, se presenta una serie de situaciones referentes a las relaciones de pareja. Por favor, lea atentamente cada una de las situaciones y conteste a las preguntas que se encuentran más adelante. Se ruega total sinceridad. Muchas gracias.

Dilema 1 Contexto

José y Luisa (47 y 46 años) llevan casados 27 años. Viven en Santiago de Compostela con sus tres hijos de 22, 18 y 14 años. El próximo fin de semana se celebra el día de la madre y después de comer con su familia, Luisa quería pasar la tarde con su madre Teresa de 73 años. Teresa hace 18 años que es viuda y vive en Santiago de Compostela con otra de sus hijas y su marido. José, quien no mantiene una relación cordial con su suegra desde hace unos años, no está de acuerdo en que Luisa pase la tarde con su madre y se inicia una discusión.

Situación A

José le dice a Luisa “…no quiero que vayas con tu madre porque se mete en nuestra vida, nos controla, te habla mal de mi… Tienes que pasar el domingo conmigo y con los niños, que soy yo tu pareja y somos tu familia, no tu madre…”

Situación B

José le dice a Luisa “…no vas con tu madre, no te dejo pasar la tarde con ella porque es una bruja que quiere malmeter, estoy hasta las narices de que quedes con ella y ya se acabó esa tontería…”

- ¿En qué grado consideras esta situación como violencia de género? o Nada

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