CATÁLOGO DEL GABINETE DE ANTIGÜEDADES
MADRID
2006
ANTIGÜEDADES
MEDIEVALES
por
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA
CATÁLOGO DEL GABINETE DE ANTIGÜEDADES
MADRID
2006
ANTIGÜEDADES
MEDIEVALES
por
EIROA RODRÍGUEZ, JORGE A.
Antigüedades Medievales / por Jorge A. Eiroa Rodríguez. — Madrid: Real Academia de la Historia, 2006. — 224 p., il. ; 30 cm. — (Publicaciones del Gabinete de Antigüe- dades de la Real Academia de la Historia. Antigüedades Medievales).
Precede al tít.: Real Academia de la Historia. Catálogo del Gabinete de Antigüedades. D.L. M. 10.852-2006. — ISBN 84-95983-76-1.
1. ANTIGÜEDADES MEDIEVALES - Real Academia de la Historia (España) - Gabinete de Antigüedades - Catálogos.
I. Eiroa Rodríguez, Jorge A. II. Real Academia de la Historia, ed. III. Título. IV. Serie. CDU: 738.032(37):069.538(460.27 M)
Esta obra forma parte del Programa de colaboración de la REAL ACA-
DEMIA DE LA HISTORIA con las Fundaciones «BANCO BILBAO VIZ- CAYA ARGENTARIA», «RAMÓN ARECES», «CAJA MADRID», «TELE- FÓNICA», «RAFAEL DEL PINO», «ALSTOM», «DELOITTE» y «MAPFRE»
Portada: Capacete de hierro y latón dorado de fines del siglo XV procedente de Córdoba (Catálogo n.o 81).
© REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA I.S.B.N.: 84-95983-76-1
Depósito Legal: M. 10.852 - 2006 Fotocomposición e impresión: TARAVILLA
Mesón de Paños, 6. 28013 Madrid e-mail: [email protected]
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA
COMISIÓN DE ANTIGÜEDADES
Presidente: Excmo. Sr. D. José M.a Blázquez Martínez
Vocales: Excmos. Sres. D. José M. Pita Andrade, D. Martín Almagro-Gorbea y D. Francisco Rodríguez Adrados
CATÁLOGO
DEL
GABINETE DE ANTIGÜEDADES
editado por Martín Almagro-Gorbea I. ANTIGÜEDADES I.2. ANTIGÜEDADES ESPAÑOLAS I.2.3. ANTIGÜEDADES MEDIEVALESEsta obra se ha llevado a cabo gracias a la Acción Especial BHA-2002- 10562-E «Estudio y publicación de las colecciones del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia y potenciación de su labor científica», concedida por la Dirección General de Investi- gación del Ministerio de Ciencia y Tecnología.
ÍNDICE
PRESENTACIÓN ... ... 9
INTRODUCCIÓN ... 11
LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA Y LA CATALOGACIÓN DE LAS ANTIGÜE DADES ESPAÑOLAS MEDIEVA LES .. 11
LA COLECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA MEDIEVAL ... 12
LA FORMACIÓN DE LA COLE CCIÓN DE “ANTI GÜE DADES MEDIEVALES” ... 15
PROCE DE NCIA DE LAS ANTIGÜEDADES MEDIEVALES ... 17
BIBLIOGRAFÍA ... 21
CATÁLOGO ... ... 37
ADVERTENCIAS PARA EL USO DEL CATÁLOGO ... 38
1. TEXTIL ... 39 2. MARFIL Y HUESO ... 43 3. PIEDRA ... 51 4. YES O ... ... 67 5. METAL ... ... 69 6. CERÁ MICA ... 127 7. MADERA ... 165 LÁMINAS ... ... 171 ÍNDICES ... ... 197 1. ÍNDICE DE MATERIALES ... 199
2. ÍNDICE ONOMÁSTICO Y DE INSTITUCI ONE S ... 203
3. ÍNDICE DE LUGARES ... 207
4. ÍNDICE DE EQUIVALENCIAS ... 211
5. ÍNDICE DE REFERENCIAS DOCUMENTALES DEL CATÁLOGO ... 213
6. ÍNDICE DE PROCEDENCIAS ... 215
7. ÍNDICE DE COLE CCIONES Y DONA NTE S ... 217
8. ÍNDICE DE FIGURAS Y CUA DROS ... 219
PRESENTACIÓN
Es una profunda satisfacción presentar este volumen del Catálogo de Antigüedades de la Real
Academia de la Historia, dedicado a las Antigüedades Medievales. Con él la Real Academia de
la Historia da un paso más para concluir la ambiciosa empresa emprendida en estos últimos años
de dar a conocer todos los objetos reunidos en su Colección de Antigüedades, conforme a lo que
prescriben sus Estatutos y cuyo estudio y publicación exhaustiva ha sido el objetivo del Gabinete
de Antigüedades durante estos últimos años.
La Colección de Antigüedades de la Real Academia de la Historia se inició en el siglo XVIII,
con un contenido muy variado, que comprendía desde monedas y medallas a epígrafes y a cuantos
objetos del pasado, entonces denominados “antigüedades” y hoy “objetos arqueológicos”,
permitieran estudiar la cultura material como parte integrante de la Historia de España y de sus
gentes. Sin embargo, esta colección de Antigüedades Medievales se formó en su mayor parte
durante el siglo XIX, cuado ingresaron las mejores piezas que la enriquecen, cuya llegada a la
Academia fue resultado de la Desamortización de Mendizábal, con la penosa consecuencia que
tuvo para el Patrimonio Histórico y Artístico de España.
La Real Academia de la Historia, a pesar de loables iniciativas, como la de crear un Museo
Español de Antigüedades que acabaría dando lugar al Museo Arqueológico Nacional, apenas pudo
enfrentarse a las duras circunstancias de aquella época. Pero, gracias a su labor, desarrollada con
altibajos siguiendo los avatares de la Historia de España, se fue formando esta colección, con
algunas piezas muy destacadas del Patrimonio Histórico de España.
Entre otras piezas que custodia, cabe señalar el almaizar atribuido a Hixem II, pieza muy bien
conocida pero que en esta ocasión queda bien documentada por primera vez. No menos significativa,
de nuestro Património Histórico, es la arqueta de Martín I el Humano, procedente de la Cartuja de
Valdecristo en Segorbe y cuyas vicisitudes, desde su creación, posiblemente en el Egipto del siglo XII,
hasta la actualidad parece un compendio de la Historia del Mediteráneo, que refleja hasta qué punto
estos pequeños pero valiosos objetos ofrecen, junto a su belleza, un gran contenido histórico.
Otra joya de estas Antigüedades Medievales es, sin duda, el Altar Relicario procedente del
Monasterio de Piedra. Se trata de una de las más bellas creaciones del arte gótico aragonés, con
un fuerte influjo mudéjar que acentúa su personalidad en el arte europeo de fines del siglo XIV.
A ello une su procedencia de un panteón de los reyes de Aragón, donde constituiría uno de sus
mayores tesoros, lo que explica la magnificencia de la obra.
P R E SE N TAC IÓ N
Junto a ellas, cabría mencionar otras piezas de las 282 que se han reunido en este Catálogo.
No todas son tan significativas, pero junto a cerámicas y bronces de menor importancia, que se
publican igualmente dada pretensión de que el Catálogo de la Real Academia de la Historia sea
exhaustivo, destacan otros objetos singulares. De cultura árabe son un alifato sobre escápula,
diversos capiteles, yeserías y socarrats entre los elementos arquitectónicos y dos magníficos
astrolabios del reino árabe de Granada, todo lo cual documenta el interés de la Corporación por
el mundo islámico. Pero también forman parte de la colección algunos objetos litúrgicos cristianos,
armas y la lauda sepulcral del Doctor Montalvo, procedente de Huete, interesante obra del final
del gótico. Además, la realización de este Catálogo de Antigüedades Medievales ha “descubierto”
algunas piezas de interés, hasta ahora prácticamente inéditas, como la empuñadura de marfil de
una espada granadina o el magnífico capacete de hierro pavonado y latón dorado de la época de
los Reyes Católicos.
El somero repaso de las piezas más singulares de este Catálogo permite comprender su interés.
A él se añade su realización por un joven investigador y profesor de la Universidad de Murcia, el
Dr. Jorge A. Eiroa Rodríguez. Su buen hacer, fruto de su buena formación y de su amplia
experiencia de trabajo en diversos países, testimonia el creciente interés por estos estudios en
España, que ha llevado a una profunda renovación de arqueología medieval en nuestro país. En
este sentido, este Catálogo de Antigüedades Medievales añade a su propio interés el de ser una
prueba fehaciente de esta prometedora situación de la arqueología medieval, a la que que
auguramos un próspero futuro dada la riqueza y personalidad que ofrece en el panorama de la
Europa medieval.
Por todo lo dicho, es para mí, como arqueólogo y como Académico Anticuario, una
satisfacción ver cómo esta nueva obra constituye otra valiosa aportación a la necesaria
revitalización del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Sólo me queda
agradecer a su autor, en nombre propio y de la Institución a la que ha rendido tan buen servicio,
el haberse sumado con tanto éxito a la labor de publicación de la Colección de Antigüedades de
la Real Academia de la Historia, tarea ejemplar que esperamos contribuya a estimular la
realización de otros catálogos semejantes, para el mejor conocimiento y disfrute del rico Patrimonio
Cultural de España.
M
ARTÍNA
LMAGRO-G
ORBEAAnticuario Perpetuo de la Real Academia de la Historia
INTRODUCCIÓN
LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA Y LA CATALOGACIÓN DE LAS ANTIGÜEDADES ESPAÑOLAS MEDIEVALES
El presente Catálogo se debe situar en el marco del proceso de renovación del Gabinete de Antigüe- dades emprendido por la Real Academia de la Historia a partir de 1997 con el fin de actualizar su funcionamiento, facilitar su conocimiento por parte de los especialistas y agilizar el disfrute público de las colecciones, a partir del estudio detallado de sus fondos. En este contexto han visto la luz recien- temente los catálogos de Epigrafía Hispánica, Moneda Hispánica, Monedas Andalusíes, Monedas Visigodas,
Inscripciones Prerromanas, Prehistoria o Epigrafía Hebrea1. Ahora se presenta el conjunto de las Anti-
güedades Medievales del Gabinete de Antigüedades, la colección de objetos arqueológicos y artísticos, inscripciones y monedas pertenecientes a la Real Academia de la Historia, principal centro de investiga- ción de España en Arqueología, con sus más de 250 años de historia.
En 1903 se publicó el que, hasta la actualidad, ha sido el único catálogo disponible de las piezas que componen la colección. Llevaba el título de Inventario de las antigüedades y objetos de arte que posee la Real Academia de la Historia y su autor era Juan Catalina García y López2. La mayor parte de
las piezas que conforman la Colección de Antigüedades Medievales y que entraron a formar parte de la misma antes del siglo XX se recogieron en este trabajo que, intencionadamente, no abordó las piezas epigráficas ni las del monetario, destinadas a engrosar catálogos independientes. Las piezas medievales se enmarcaban, en su mayoría, en dos de los cinco apartados o epígrafes que García y López
individualizaba3, los que llevaban por título Civilización arábiga y, curiosamente, Civilización clásica
(junto con piezas de arte hispanorromano, imitaciones clásicas e, incluso, piezas de la Edad Moderna), si bien algunos errores le llevaron a clasificar erróneamente algunos materiales en los otros tres aparta- dos4.
Exceptuando esta primera aproximación, algunos trabajos de investigación de carácter más restringi- do y monográfico y la encomiable tarea llevada a cabo con motivo de la celebración de la exposición Tesoros de la Real Academia de la Historia, en 20015, no se había realizado un estudio sistemático de
las piezas medievales que forman parte de la colección de la Institución. En este sentido, el presente Catálogo tiene como objetivo esencial dar a conocer y poner a disposición de los investigadores espe- cializados un conjunto de objetos medievales caracterizados por su marcada heterogeneidad y su ex- traordinaria variedad, como resultado de la diversidad de las procedencias y de los medios a través de los cuales han ingresado en el Gabinete. No se trata de una obra cerrada, ya que en ningún caso se ha pretendido realizar análisis exhaustivos de las piezas, sino presentar el estado actual de conocimientos sobre las más conocidas y representativas y realizar una primera aproximación en el caso de los objetos
1 Abascal, Gimeno, 2000; Abascal, Ripollés, 2000; Canto et al, 2000; Canto et al, 2002; Almagro-Gorbea, 2003; Almagro-Gorbea et al, 2004; Csanaovas Miró, 2005.
2 Fue publicado en cuatro entregas en el Boletín de la Real Academia de la Historia (García y López, 1903 a, b, c y d) y de forma completa e independiente en una monografía (García y López 1903 e), siempre bajo el mismo título.
3 Además se incluía un apartado final en el que se recogían las piezas que componen la colección de Pascual de Gayangos, clasificadas en función de los mismos cinco epígrafes.
4 Los tres epígrafes restantes llevaban por título Civilizaciones primitivas, Pueblos orientales y Antigüedades americanas. 5 Almagro-Gorbea, ed, 2001.
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hasta ahora descatalogados y, por lo tanto, inéditos. Todo el texto, de esta forma, es entendido como un adecuado punto de partida para futuros y, sin duda, más completos análisis de la colección, más aún teniendo en cuenta el nivel actual de los estudios crono-tipológicos en Arqueología Medieval, toda- vía muy por debajo del alcanzado en lo relativo a los materiales arqueológicos de otros períodos.
Para la realización del Catálogo ha sido necesario un examen previo, no exhaustivo, de la documen- tación conservada en la Academia (Actas de sesiones, el conjunto de la Comisión de Antigüedades y de Monumentos, expedientes personales de los académicos numerarios y correspondientes) que ha servido para precisar el origen, procedencia o circunstancias del hallazgo de muchas de las piezas, hasta enton- ces desconocidas, y para aclarar, definitivamente, bastantes dudas y confusiones que se venían arrastran- do desde mucho tiempo atrás. Tanto en esta tarea como en la crucial labor previa de catalogación y creación de un inventario informatizado ha sido decisivo el trabajo de D. Fernando Fontes, D. Daniel Casado y D. Jorge Maier.
Para la realización de las fichas del Catálogo han sido cruciales los estudios previos de Dña. Pilar Benito, D. Patrice Cressier, Dña. Concha Herrero, Dña. María Antonia Martínez Núñez, D. José Manuel Pita, D. Álvaro Soler, D. Joaquín Vallvé y D. Juan Vernet, todos ellos incluidos en el Catálogo de la exposición Tesoros de la Real Academia de la Historia, que han sido empleados como auténticos puntos de partida para sus respectivas piezas. La Dra. Ángela Franco Mata y el resto del personal del Departa- mento de Antigüedades Medievales del Museo Arqueológico Nacional nos facilitaron amablemente el estudio de las piezas depositadas en esa institución. También ha sido fundamental la colaboración des- interesada de diferentes especialistas, que resolvieron muchas de las cuestiones planteadas; en concreto, quisiéramos agradecer la inestimable ayuda de D. Jordi Casanovas, D. Herbert González Zymla, D. Jorge Juan Eiroa, D. Antonio Malpica, D. Francisco Marsilla, D. Andrés Martínez, D. Angel Luis Molina, Dña. Mireia Rosich Salvó, D. Juan Carlos Ruiz Souza, Dña. María Paz Soler y D. Juan Zozaya. Igualmente es preciso señalar la decisiva colaboración de algunos expertos en epigrafía islámica para transcribir y tra- ducir algunas de las leyendas árabes que presentaban determinadas piezas: la Dra. Mona R. Bastawi, que realizó una primera valoración de los anillos que conforman la Colección Gayangos; el profesor D. Alberto Canto; la arqueóloga Dña. Reem Shqour; y, muy especialmente, D. Tawfiq ibn Hafiz Ibrahim, autor de las lecturas de los cuatro amuletos y otras piezas significativas de la colección.
Finalmente, queremos hacer constar nuestra gratitud hacia el personal del Gabinete de Antigüedades, en concreto hacia D. Jorge Maier, Dña. Eva Mesas y, de forma muy especial, hacia el Anticuario Perpe- tuo, D. Martín Almagro-Gorbea, pues este trabajo es el resultado de su generosa iniciativa y de su ines- timable y continua ayuda y supervisión.
LA COLECCIÓN DE ARQUEOLOGÍA MEDIEVAL
No es este el lugar adecuado para profundizar en la juventud de una disciplina, la Arqueología Medieval, que sólo ha comenzado ha tener impacto académico y editorial en nuestro país a partir de los años setenta, ni tampoco es esta la ocasión para reflexionar sobre la configuración de una Colec- ción, la del Gabinete de Antigüedades, que destaca por su compleja articulación y de la que los objetos medievales constituyen solo una mínima expresión. Sí debemos, en cambio, presentar algunas breves consideraciones de carácter general que sirvan de presentación al conjunto de las piezas, tal y como se viene realizando en los catálogos de la Institución hasta ahora editados.
El volumen I.2.3 del Catálogo de la Real Academia de la Historia dedicado a las Antigüedades Me-
dievales recoge un total de 282 piezas6, hasta ahora sólo conocidas de forma incompleta a través del
mencionado trabajo de Juan Catalina García y López de 1903 y por algún trabajo aislado dedicado de
forma monográfica a alguna de las piezas más destacadas7. Teniendo en cuenta la imposibilidad de conocer
la procedencia de la mayoría de los objetos, se juzgó adecuado ordenar el Catálogo a partir de los diferentes tipos de material empleados para la elaboración de los objetos.
En primer lugar se recogen 3 piezas textiles que suponen una mínima parte de la colección (1,06 %) pero que, por el contrario, constituyen objetos de especial valor arqueológico e historiográfico. En con-
creto, nos referimos a los ropajes mortuorios de Enrique IV de Castilla (n.o 2), procedentes del sepulcro
6 Las piezas bizantinas y visigodas se han dejado al margen para engrosar un futuro catálogo que reúna las Antigüedades Tardorromanas y Visigodas. Igualmente otras piezas de la colección, como el epígrafe califal de Baños de la Encina o la conocida estela almeriense donada en 1859, serán parte del catálogo monográfico de Epigrafía Islámica, ya en preparación.
7 En especial los ya mencionados estudios realizados con motivo de la elaboración del catálogo de la exposición Tesoros de la Real Aca- demia de la Historia, celebrada en Madrid en 2001, pero también algún trabajo de investigación aislado, como el reciente estudio de Galán y Galindo (2004) sobre la arqueta ebúrnea de Don Martín el Humano.
del monarca en el monasterio de Guadalupe (Cáceres), al fragmento de los ropajes mortuorios del in-
fante don Felipe de Castilla procedentes de la iglesia de Santa María de Villalcázar de Sirga (n.o 3) y,
muy especialmente, al almaizar de Hisam II (n.o 1
), hallado en la iglesia parroquial de Santa María de Rivero de San Esteban de Gormaz (Soria), que constituye la muestra de tejido califal más conocida de cuantas se conservan en la península Ibérica.
A continuación se presentan 10 objetos realizados en marfil y hueso, que suponen el 3,53% de la
colección (n.o 4-13). Entre ellos, además de un curioso lote de elementos óseos islámicos vinculados al
trabajo textil, entre los que destaca una torre de rueca (n.o 12), y un dado procedente de Velilla del
Ebro (n.o 13), encontramos algunas de las piezas más importantes de la Colección de Antigüedades
Medievales. En primer lugar, la arqueta ebúrnea de Martín I el Humano (n.o 4), verdadera obra maestra
elaborada en algún taller siculo-normando o egipcio y posteriormente reformada en época del monarca aragonés, que fue recuperada de la Cartuja de Valdecristo de Segorbe (Castellón) en 1838 y constituye, por lo tanto, una de las primeras donaciones que recibió la Real Academia de la Historia. También, el
fragmento de empuñadura de espada jineta (n.o 5), hasta ahora prácticamente desconocido, que se trata
de uno de los pocos ejemplos de este tipo de piezas de marfil conservados en la península Ibérica. Finalmente, dentro del conjunto de marfil y hueso, destaca el alifato sobre escápula procedente de Huete
(n.o 4), que viene a engrosar el cada vez más importante grupo de este tipo de omóplatos trabajados
hallados en la península Ibérica en los que parece mezclarse el utilitarismo con el significado mágico- religioso.
FIGURA 1.—Número y porcentaje de objetos de cada material en la Colección de Antigüedades Medievales de la Real Aca-
demia de la Historia
El conjunto de las piezas pétreas (n.o 14-47) es igualmente heterogéneo, no muy numeroso (12,01%)
y en él es preciso señalar la inclusión de nueve reproducciones (n.o 38-46) y una falsificación (n.o 47).
Entre los objetos realizados en piedra destacan, además de un lote de cinco piedras de molino de di-
fícil adscripción cronológica depositadas en el Museo Arqueológico Nacional (n.o 14-18
), el capitel califal
de la segunda mitad del siglo X conservado en la misma institución (n.o 19), el capitel románico del
siglo XII de San Benito de Sahagún (n.o 20), la lápida sepulcral del jurisconsulto Alonso Díaz de Montalvo
(n.o 22) y el lote de piezas decorativas procedentes de la ciudad palatina de Madinat al-Zahra’ (n.o 23-26).
Con respecto a las reproducciones, merecen la pena ser destacadas, por su especial valor historiográfico,
la realizada de la lápida sepulcral de Atarfe (n.o 40), una de las inscripciones funerarias mozárabes más
conocidas, y el vaciado de la lápida sepulcral hebraica de Puente Castro (n.o 45). Respecto a la falsifi-
cación (n.o 47), se trata de una pieza con una sugestiva inscripción relativa a Pelayo realizada sobre
una estela discoidal que ha sido incluida en el Catálogo por su evidente valor historiográfico.
El Catálogo incluye, a continuación, un breve capítulo en el que se recogen las dos únicas piezas de
yeso de la colección (n.o 48-49), uno de los característicos escudos de la Alhambra (n.o 48) y un frag-
mento de paño decorativo nazarí (n.o 49) procedente de alguna de las construcciones levantadas en
R E A L A C A D E M I A D E L A H I S T O R I A
FIGURA 2.—Reproducción de la litografía de la lápida fune-
raria del Dr. Montalvo incluida en el libro Conquenses Ilus- tres III: Doctor Montalvo, de Fer min Caballero, publicado
en Madrid en 1873.
El capítulo que reúne las piezas metálicas es el más numeroso, con 131 objetos (engloba casi la mitad de las piezas de la colección, el 46,28%). En primer lugar se incluyen los dos conocidos astrolabios de la Institución (n.o 50-51), el extraor-
dinario ejemplar de Ahmad ibn Husayn ibn Baxo, que es uno de los tres ejemplares conservados en el mundo firmados por ese personaje, y el as- trolabio de Ibrahim i bn Muhammad ibn al- Raqqam. A continuación se reúnen toda una se- rie de útiles metálicos (n.o 52-65), entre los que
destacan , ademá s de las dos azuelas, una espabiladera de candil o una reja de arado, un lote compuesto por cinco dedales islámicos de sastre y guarnicionero en excelente estado de con-
servación (n.o 58-62). En este mismo capítulo po-
demos encontrar varios útiles de carácter ceremo- nial, en concreto el excepcional conjunto de dos vinajeras y dos cálices bajomedievales proceden- tes de Burgos (n.o 66-69) y un curiosos hostiario
de bronce (n.o 70
), única pieza de la Colección procedente de Galicia. Al conjunto de cinco lla-
ves (n.o 71-75), de variadas procedencia y carac-
terísticas, le sigue el importante grupo de piezas
de armamento (n.o 76-121), del que sobresalen,
por encima de las más de treinta y cinco puntas de flecha o de virote de ballesta (que, por sí solas, constituyen una de las mejores colecciones de armamento ligero medieval de la península Ibérica), el conocido puñal de hierro del siglo XIII con inscripción (n.o 77) y, especialmente, el
capacete aragonés de calva cónica y ala caída de
finales del período medieval (n.o 81). También se
incluyen dentro de este capítulo un grupo de piezas que permiten profundizar en el empleo y acondicionamiento del caballo en el mundo me-
dieval (n.o 122-129), especialmente el importante lote de cuatro espuelas posiblemente procedente de
Guadalajara, y un conjunto de once pinjantes y piezas de jaez de caballo (n.o 130-140). Los cuatro
amuletos islámicos de reciente donación (n.o 141-144) configuran una modesta muestra de este tipo de
piezas, tan poco frecuentes todavía en los estudios de Arqueología Medieval, mientras que el variado
grupo a continuación incluido (n.o 145-152) reúne distintos útiles de función diversa (mango, hebillas,
apliques), en algunos casos vinculados al adorno personal. En este sentido, merece la pena hacer espe-
cial referencia a la importante colección de anillos medievales (n.o 153-174), en la que destaca alguna
muestra de anillo epigráfico (n.o 166), en algún caso con perla incrustada (n.o 165) o el curioso anillo
hebraico perteneciente a un personaje de la Orden del Santo Sepulcro (n.o 167). El capitulo se cierra
con los cuatro vaciados del conocido almirez de Monzón de Campos (n.o 175-178), la reproducción de
la mítica llave de la Sevilla islámica entregada a Fernando III (n.o 179) y una curiosa falsificación (n.o 180),
una lucerna de bronce de tipología claramente romana con una inscripción árabe.
Los materiales cerámicos (n.o 181-276), un total de 96 objetos (33,92 %), se caracterizan por su hetero-
geneidad y, en líneas generales, por su pobreza. A pesar de los numerosos fragmentos de difícil adscrip- ción cronológica o tipológica, la colección permite documentar algunas de las técnicas decorativas más
características del mundo andalusí, como la cuerda seca (n.o 226-230), el estampillado (n.o 245-256 y la
curiosa reproducción de prisma-sello de alfarero n.o 275) o el esgrafiado (n.o 258-263). Mención aparte
merecen dos grupos de materiales cerámicos. En primer lugar, la muy destacada colección de candiles (n.o 231-244), con magníficos ejemplos de los distintos períodos que permiten analizar la evolución de este
tipo cerámico desde época emiral hasta los siglos finales de la Edad Media. En segundo lugar, los dos socarrats
procedentes de la ermita de Santa Ana de Simat de Valldigna (n.o 272-273), posiblemente la antigua mezquita
Un breve capítulo centrado en los materiales de madera cierra el Catálogo, reuniendo un total de 6
piezas (n.o 277-282), entre las que destaca, por encima de los curiosos fragmentos de madera proce-
dentes del interior de algunas construcciones medievales, de indudable valor historiográfico, y más allá
del bello fragmento de frontal de altar gótico pintado (n.o 278), la pieza quizás más importante de toda
la colección, el altar relicario del Monasterio de Piedra (n.o 277): de madera pintada y traza mudéjar,
constituye un excepcional ejemplo de la riqueza de la pintura gótica de influencia italiana, de la pujan- za del mudéjar aragonés y de la gran importancia, a veces olvidada, de la herencia islámica en el terri- torio peninsular.
LA FORMACIÓN DE LA COLECCIÓN DE “ANTIGÜEDADES MEDIEVALES”
Teniendo en cuenta que probablemente el principal valor de la Colección de Antigüedades Medieva- les es el historiográfico, es importante hacer algunas referencias, aunque breves, a su proceso de forma- ción, sin duda decisivo en su composición y configuración final.
Dejando a un lado los confusos orígenes del Gabinete de Antigüedades, dos hechos fueron conclu- yentes en la creación de la colección. En primer lugar, la aparición del cargo académico de Anticuario perpetuo en 1763 y, en segundo lugar, la Real Cédula de Carlos IV del 6 de julio de 1803, una de las primeras actuaciones legislativas españolas sobre conservación del Patrimonio arqueológico, que en su
artículo 2.o indicaba la obligación de informar a la Academia de los descubrimientos arqueológicos, a
fin de que ella determinara su adquisición por medio de compra, gratificación o acuerdo. Tanto ambos hechos, relevantes por sí mismos, como la no siempre valorada labor del quinto Anticuario, José Anto- nio Conde (1803-1820), gran arabista y uno de los precursores de la Numismática árabe, debieron ser decisivos para que, tal y como demuestra la documentación conservada, la Real Academia de la Historia comenzase a recoger los primeros objetos medievales, ya avanzado el siglo XIX. Algunas de las prime- ras piezas que pasaron a formar parte de la colección del Gabinete de Antigüedades son, en la actua- lidad, parte del selecto grupo de objetos de excepcional valor arqueológico; por ejemplo, el capacete
(n.o 81) regalado a la institución por el Sr. Muñoz en diciembre de 1838, junto a un fragmento de cota
de malla o jubón de armas; o, muy especialmente, la arqueta ebúrnea de Martín I el Humano (n.o 4),
cedida por el cabildo de la catedral de Segorbe ese mismo año, tras la intercesión de D. Antonio María Álvarez. La colección nacía, si bien con posterioridad a las colecciones de Epigrafía y Numismática, que surgieron a finales del XVIII, y viviría, en los años posteriores, su época de mayor crecimiento.
FIGURA 3.—Cuadro de ingreso de las colecciones y donaciones de objetos de la Colección de Antigüedades Medievales de
R E A L A C A D E M I A D E L A H I S T O R I A
Al igual que sucede con el resto de colecciones que componen los fondos de la Real Academia de la Historia, fueron las donaciones, directas o a través de las gestiones de los Académicos y Correspondientes, las que permitieron obtener la mayor parte de las piezas, siendo los objetos entregados por el estado poco habituales y, tras la configuración de los Museos Provinciales y la creación y puesta en funcionamiento del Museo Arqueológico Nacional, prácticamente excepcionales. Tampoco fueron frecuentes las adquisiciones por compra, limitándose, en el caso de la Colección de Antigüedades Medievales, a una única pieza.
En el tercio central del siglo XIX, coincidiendo aproximadamente con el período en el que desempe- ñó el cargo de Anticuario D. Antonio Delgado (1848-1867), la Real Academia de la Historia aumentó cualitativa y cuantitativamente su colección de Antigüedades Medievales, tal y como reflejan, no solo el resto de colecciones de la institución, sino también la intensa actividad de la Comisión de Antigüeda- des, que evidencia el aumento de la documentación de archivo en el Gabinete de Antigüedades. Al indudable impulso personal del Académico hay que unir otros hechos decisivos de carácter administra- tivo (reforma de las Academias en 1847, reorganización de las Comisiones Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos en 1854), económico (los procesos desamortizadores) o derivados de la propia evolución de la institución (los proyectos de Museo Nacional de Antigüedades o de creación de cuer- pos auxiliares en cada una de las provincias), que confluyeron para dar lugar a una etapa de excepcio- nal crecimiento de la colección. Este es el momento en el que se incorporan algunas de las piezas más
significativas y alabadas de la Colección de Antigüedades Medievales: el almaizar de Hisam II (n.o 1
), incorporado en 1854 gracias a las gestiones del académico correspondiente y deán del Burgo de Osma
D. Eusebio Campuzano; el altar relicario del Monasterio de Piedra (n.o 277), ofrecido por el sr. D. Fe-
lipe Canga Argüelles y Ventades, Director General de Fincas del Estado y académico de número, y acep-
tado en 1851; el conjunto de dos vinajeras y dos cálices procedentes de Burgos (n.o 66-69), donados
por el sobrino de Juan Corominas en marzo de 1861; o el conjunto de un anillo con perla engastada (n.o 165), un candil islámico falsificado (n.o 180) y un pomo de espada (n.o 79) donado por el Sr. D.
Manuel Codina en junio de 1865.
I Miguel Pérez Pastor y Molleto (1763)
II Alonso María (o Alfonso) de Acevedo (1769-1774) III José de Guevara Vasconcelos (1775-1798)
IV Joaquín Traggia de Santo Domingo (1798-1802) V José Antonio Conde (1803-1820)
VI José Sabau y Blanco (1820-1833) VI bis Antonio Siles y Fernández (1833-1834)
VII Juan Pablo Pérez Caballero (1834-1836) VIII Juan Bautista Barthe (1836-1848)
IX Antonio Delgado y Hernández (1848-1867) X Aureliano Fernández-Guerra y Orbe (1867-1894) XI Juan Facundo Riaño y Montero (1894-1901) XI bis Juan de Dios de la Rada y Delgado (1901) XII Juan Catalina García y López (1901-1908) XIII Fidel Fita y Colomer (1909-1913)
XIV José Ramón Mélida y Alinari (1913-1935) XV Manuel Gómez Moreno y Martínez (1935-1956) XVI Joaquín M.a Navascués y de Juan (1956-1975)
XVII Luis Vázquez de Parga e Iglesias (1975-1994) XVIII José M.a Blázquez Martínez (1994-1996)
XIX Martín Almagro Gorbea (1996- )
FIGURA 4.—Anticuarios de la Real Academia de la Historia
En los años posteriores, la colección sufrió el impacto de la Revolución de 1868, posteriormente corregido en el decenio 1870-1890, en el que se produjo la Restauración y en el que ingresaron en la
colección algunas piezas significativas como la escápula con alifato procedente de Huete (n.o 6) o la
lápida sepulcral del doctor Montalvo (n.o 22), adquiridas y donadas a la Real Academia de la Historia
por el Sr. D. Fermín Caballero y Morgáez en 1874 y 1872 respectivamente.
Poco después, en el decenio de 1890, se produjo, en esta como en el resto de colecciones del Gabinete de Antigüedades, el mayor acopio de piezas. Sin duda a ello contribuyó la donación, en 1898, de la
Colección Pascual de Gayangos y Arce por parte de sus hijos y herederos; colección en la que se hallan
destacadas piezas medievales como la empuñadura de espada jineta (n.o 5) o los dos astrolabios de la
Institución (n.o 50 y 51). A partir de entonces, los ingresos decayeron a lo largo de todo el siglo XX,
si dejamos a un lado las lógicas excepciones, en algunos casos destacadas, como sucede con los ropa- jes mortuorios de Enrique IV de Castilla, que ingresaron en 1945. Hay que esperar hasta los últimos años, ya en el siglo XXI, cuando la Colección del Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia, que parecía una colección histórica cerrada, comienza a recibir una serie de donaciones de especial importancia; en este contexto debe situarse la Colección Turiel, recientemente integrada, que ha
permitido incorporar importantes piezas medievales, principalmente amuletos, pinjantes y anillos (n.o 137,
138, 139, 141, 142, 143, 144, 149, 172, 173 y 174).
FIGURA 5.—Principales colecciones y donaciones de la Colección de Antigüedades Medievales de la Real Academia de la
Historia
PROCEDENCIA DE LAS ANTIGÜEDADES MEDIEVALES
Todas las reflexiones expuestas sobre el modo en el que la colección se formó sirven para compren- der la procedencia de las antigüedades medievales. El análisis de las regiones y provincias de las que provienen los objetos ofrece conclusiones muy interesantes relativas no sólo al conocimiento arqueoló- gico de los objetos, sino también a los contactos y las áreas de interés de la Real Academia de la His- toria.
El examen de la documentación conservada en la Institución (Comisión de Antigüedades y de Monu- mentos, expedientes personales de los académicos numerarios, Actas de Sesiones, etc.) y su cotejo con los datos del Catálogo de 1903 y con las referencias conservadas con los propios objetos, además del propio estudio de las piezas, ha permitido esclarecer las circunstancias del hallazgo de muchas de las piezas que componen la colección, así como, lógicamente, su procedencia. A pesar de esta difícil tarea de identificación, iniciada hace ya varios años con la configuración del inventario vigente hasta ahora, sólo se ha podido identificar la procedencia de 135 piezas, un porcentaje menor (47,7 %): la mayor parte de la colección, un 52,3% (148 piezas) es de procedencia desconocida.
Otro dato significativo se aprecia tras un primer examen de los resultados: al igual que sucede con las antigüedades prerromanas, tal y como se ha puesto de manifiesto con la reciente catalogación publi-
cada8, sólo están representadas aproximadamente 2/3 del total de las provincias españolas, en concreto
31 de las 49 existentes y esta proporción, muy alejada de la que ofrecen los hallazgos epigráficos9 o la
8 Almagro-Gorbea et al, 2004: 34.
R E A L A C A D E M I A D E L A H I S T O R I A
colección numismática10, resta representatividad a la colección y pone de manifiesto el menor interés de
la Real Academia de la Historia por coleccionar antigüedades medievales.
La procedencia de los objetos, en líneas generales, no responde a la existencia de áreas o temas de estudio preferentes por parte de la Institución, ni a una política de adquisiciones dirigida; más bien estamos ante el resultado de una serie de donaciones producto de motivaciones de carácter personal y de muy diversas circunstancias: las provincias representadas por un mayor número de objetos disfrutan de ese privilegio porque de ellas proceden los conjuntos más numerosos donados a la Academia.
FIGURA 6.—Procedencia por provincias de los objetos de la Colección de Antigüedades Medievales
de la Real Academia de la Historia.
Así, la provincia más representada, al igual que sucedía en el caso de las antigüedades prehistóricas, es Jaén, con 17 objetos (el 12,59% de las piezas de procedencia conocida), pues de ella proviene el lote de armamento ligero hallado en el lugar en el que tuvo lugar la batalla de las Navas de Tolosa (Santa Elena). Le siguen Murcia, con 13 objetos (9,62 %), especialmente representada por los lotes pro- cedentes del Cerro de Los Jarales (Lorca) y Tiñosa, y las provincias de Baleares y Salamanca, ambas con 10 objetos (el 7,40 % en cada caso), gracias al conjunto de proyectiles de piedra, en primer lugar, y al lote cerámico procedente de Béjar, en el segundo de los casos. Málaga está representada por 9 objetos (6,66 %), en su mayoría procedentes de Ronda, y Córdoba, por 7 objetos (5,18%), provenientes tanto de la propia ciudad de Córdoba como del conjunto palatino de Madinat al-Zahra’. Almería y Palencia constituyen, cada una de ellas, la provincia de procedencia del 3,70 % de las piezas (5 objetos) y Burgos y Valladolid, la del 2,96 % (4 objetos). Después, el resto de la provincias representadas, lugar de pro- cedencia de 3 objetos (ese es el caso de Cuenca, Guadalajara y León), 2 objetos (Cáceres, Santander, Sevilla, Soria, Tarragona, Toledo, Valencia y Zaragoza) y 1 objeto (Alicante, Asturias, Castellón, Gerona, Huelva, Huesca y Orense), ya con escasa representatividad porcentual (el 2,22 %, 1,48 % y 0,74 % res- pectivamente).
El análisis por regiones también ofrece conclusiones interesantes. Andalucía responde a su indiscuti- ble importancia en la Historia de la Arqueología española y en la del propio Gabinete de Antigüeda-
des11 y confirma su rica tradición en estudios anticuarios al ser el lugar al que se adscriben una mayor
cantidad de piezas de procedencia conocida, un total de 48 (35,55 %). En la misma línea debemos si- tuar a la región de Murcia, con 13 objetos, que destaca por su carácter uniprovincial, a pesar de que Castilla y León atesore un mayor número de piezas, 28. Por lo demás, hay que resaltar la escasa
10 Abascal, Ripolles, 2000: 27. 11 Almagro-Gorbea, 1999: 52.
representatividad de extensas regiones con alta densidad de yacimientos arqueológicos, como Cataluña (1 objeto), Aragón (3 objetos) o Castilla-La Mancha (8 objetos) y, muy especialmente, la inexistencia de piezas procedentes de la Rioja, el País Vasco y Navarra.
FIGURA 7.—Procedencia de los hallazgos medievales conservados en la Real Academia de la Historia.
ALICANTE: Elche: 276; ALMERÍA: Alcazaba de Almería: 256-258, 281, 282; ASTURIAS: Lugo de Llanera: 57; BADAJOZ: Badajoz: 266-271; BALEARES: Palma de Mallorca: 28-37; BURGOS: Burgos: 66-69; CÁCERES: Monasterio de Guadalupe: 2; CASTELLÓN: Car- tuja de Valdecristo (Segorbe): 4; CÓRDOBA: Córdoba: 80, 81, 280; Madinat al-Zahra’: 23-26; CUENCA: Castillo de Huete: 6; Iglesia de San Esteban de Huete: 22; GERONA: Iglesia de Sant Andreu de Coll (Olot): 38; GRANADA: Granada: 48, 50; Guadix: 51, 73; Paraje “Los Secanos” (Atarfe): 40; Trevélez: 46; GUADALAJARA: El Pedregal (Molina de Aragón): 126-128; HUELVA: Isla de Saltés: 164; HUESCA: Huesca: 147; JAÉN: Cazlona: 249; Santa Elena: 110-125; LEÓN: Monasterio de San Benito (Sahagún): 20; Montañas de León: 131; Puente Castro: 45; MÁLAGA: Ronda la Vieja: 82-89; Málaga: 56; MADRID: Arganda del Rey: 189-194; MURCIA: El Castellón (Los Jarales, Lorca): 181-185; Murcia: 274; Rambla de la Boltada (Cartagena): 205; Tiñosa: 7-12; ORENSE: Nogales: 70; PALENCIA: Monzón de Campos: 175-178; Villalcázar de Sirga: 2; SALAMANCA: Béjar: 228-230, 259-265; SANTANDER: Espinilla (Reinosa): 14; Castrillo del Haya (Reinosa): 47; SEVILLA: Lebrija: 275; Sevilla: 179; SORIA: Ágreda: 77; San Esteban de Gormaz: 1; TARRAGONA: Tarragona: 130, 154; TOLEDO: Finca Majazul: 140; Iglesia de San Andrés (Toledo): 42; VALENCIA: Simat de Valldigna: 272, 273; VALLADOLID: Peñafiel: 186-188; ZARAGOZA: Monasterio de Piedra: 277; Velilla del Ebro: 13.
* * *
Como conclusión podemos afirmar que nos encontramos ante una modesta colección de objetos medievales, poco numerosa y marcadamente heterogénea. A pesar de su escasa representatividad, el alto valor arqueológico de algunas pocas piezas y, muy especialmente, el gran valor historiográfico del conjunto a la hora de reconstruir la Historia de la Arqueología Medieval Española, invitan a que la colección se convierta necesariamente un punto de referencia y el presente Catálogo, en un modesto punto de partida.
JORGE A. EIROA RODRÍGUEZ
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