Esclarecimiento en una edad
de destrucción
Una vez fui invitado a dar una conferencia en la ciudad de Barcelona. El evento tenía lugar en una prestigiosa institución financiera y lo coronaba la presencia de un ministro, varios
secretarios de estado, diversos funcionarios públicos y directo-res bancarios…
La fecha era significativa: el 27 de enero de 2009, aquellos mismos días en que el presidente del gobierno español reco-noció que la economía nacional entraba en una recesión. Terminada la conferencia hubo una reunión a puerta cerrada. En ella uno de los líderes administrativos subrayó que la crisis sería positiva porque a medio plazo incrementaría la producti-vidad.
Aumentar la productividad significa disminuir los salarios o incrementar los conocimientos tecnocientíficos, y favorecer el desarrollo intelectual como su necesaria premisa. Y enton-ces le pregunté al ministro: ¿Cómo se puede in crementar la productividad en un país que no invierte en educación y se permite el lujo de despachar a sus cabezas más despiertas e intelectualmente más ambiciosas a países mejor educados de Europa, a los Estados Unidos o a la Chi na?
Se hizo un silencio. El director del banco me regaló una son-risa cómplice que la respuesta del ministro congeló instantá-neamente:
– ¡Mire Usted, en los medios políticos de este país el tema de la educación no es relevante y no se puede mentar!
* * *
Tan clara respuesta exhibe un límite radical de la transición postdictatorial española: su incapacidad de reformar la memo-ria histórica, su inhabilidad para reformar el pensamiento, su ineptitud frente a formas e instituciones educativas obsoletas, su falta de creatividad, su impotencia inventiva lo mismo en las humanidades que en las tecnologías. Más aún: la condena por parte del establishment político español de toda reforma de la memoria, de toda revisión del pasado nacionalcatólico, y de toda crítica de una imperante irresponsabilidad y corrupción políticas, y el restablecimiento solapado de la censura en las corporaciones de la comunicación o en la industria del libro señalan la estructura profunda de una regresión política e inte-lectual de la que los dramáticos efectos sociales de la crisis eco-nómica actual sólo representan primeros síntomas tímidos.
Introducción
Los malos días pasarán
Francisco Goya: El sueño de la razón produce monstruos (Pluma y tinta, 1797)
“Sueño 1: Idioma universal… El autor soñando. Su yntento es solo desterrar vulgaridades perjudiciales y perpetuar con esta obra de caprichos, el testimonio
Ciertamente, el problema no es nuevo. La síntesis de po der político y demencia se ha arrastrado perezosamente a lo largo de la historia española reciente y remota. Lo han esgrimido por igual intelectuales casticistas, como Ortega, y lo han atacado reformadores y exiliados paradigmáticos, co mo Américo Castro. Sus constituyentes se han achacado a una interminable sucesión de gobiernos autoritarios y a la ausencia de las gran-des reformas del pensamiento que han forjado la conciencia europea moderna: ausencia de un humanismo filosófico y de una reforma religiosa en el dieciséis, inexistencia de un escla-recimiento científico y filosófico en los siglos siguientes, omi-sión de una reforma política liberal en el siglo diecinueve, y no en último lugar la privación de una inteligencia crítica e inde-pendiente en el siglo veinte, junto a la continuidad postdicta-torial de censuras, exilios y ninguneos, y el ahogo de la transi-ción democrática en un fallido modelo neoliberal y subalterno.
* * *
Nuestros ensayos confluyen en un paisaje cotidiano. Uno: el colapso global de la inteligencia a espaldas de los estructuralis-mos y postestructuralisestructuralis-mos, hipnotizados por el esplendor de un universo de fantasmas híbridos, democracias alucinógenas y un consumo suicida que se corona con guerras coloniales, armas y estrategias genocidas, la expansión del hambre y la destrucción de la biosfera, bajo una intelligentsia académica y mediáticamente acuartelada hasta el extremo de la parálisis mental. Y dos: el desmantelamiento sistemático por parte de las autoridades financieras y militares mundiales de los siste-mas educativos, la intensificación de los instrumentos de estu-pidización electrónica masiva y la desarticulación social a gran escala.
El punto de convergencia de estas dos críticas es el concep-to de esclarecimienconcep-to. Un esclarecimienconcep-to que carece de con-cepto en las culturas de habla hispánica. Que carece incluso de nombre propio. Un esclarecimiento perseguido por el nacio-nalcatolicismo español hasta el día de hoy. Un esclarecimiento degradado por los positivismos del siglo diecinueve y los estructuralismos del siglo veinte. Y un es clarecimiento que ha sido y sigue siendo el blanco de los exorcismos del postmodern hasta el extremo de la ignorancia y la censura académicas.
Frente a este panorama alentado por la imbecilidad, la cen-sura y la arrogancia, nuestros ensayos reivindican un concepto abierto de esclarecimiento en consonancia con ob jetivos humanistas de la educación: educación no sólo en un sentido estricto, pedagógico, científico y técnico, si no también
reflexi-vo e intelectual: educación en su sentido más elemental de la salida del humano de una falta de autonomía de la que él mis -mo es responsable: educación, a fin de cuentas, co-mo emanci-pación, independencia y rea li za ción no sólo a un nivel indivi-dual sino también co mu ni tario.
Los ensayos de Horst Kurnitzky, Paul Fenn, Christopher Britt y João de Sousa Müller son propuestas de un esclarecimiento aquí y ahora, frente a un antiesclarecimiento de la academia y los medios de comunicación que conduce di rectamente a un nuevo fascismo sin rostro humano –co mo re cuerda Jorge Cas -tillo en el artículo que escribe so bre su censurado “Palomares”.
Concha Fernández Martorell, Danielle Carlo y Javier Corona trazan un diagnóstico doblemente interesante por sus coinci-dencias a partir de tres experiencias aparente men te separadas:
(1) la destrucción del sistema de educación primaria por los sucesivos ministerios españoles; (2) la mutilación y manipula-ción de la inteligencia crítica e independiente en los estudios
Francisco Goya: Capricho 43
superiores de las universidades corporativas norteamericanas; y last but not least (3) la violencia y la destrucción social irre-versible subsiguiente a la exclusión de grandes sectores de la población joven de México a la educación impuesta por los programas social men te criminales del neoliberalismo. Carlos Subirats Rügge berg reconstruye limpiamente los fundamentos gramatológicos de esta reacción permanente en las institucio-nes españolas.
En un tercer capítulo, Lunden Mann, Juan Pascual Gay, así como Graciela Báez y Aureliano Ortega examinan aspectos constructivos y categorías críticas para el análisis del pasado, el presente y el futuro de la las culturas hispánicas a ambos lados del Atlántico.
Francisco Goya ha sido una voz única – junto a José Ma ría Blanco White en el exilio español e hispanista, y junto al vene-zolano Simón Rodríguez en el exilio latinoamericanista y lati-noamericano. El ensayo de Susanne Dittberner rescata su obra tardía como representante de “otro” esclarecimiento. Y a Goya le rendimos un homenaje en estas páginas (al lado del tríptico Palomares del destacado pintor argentino Jorge Castillo y de la impresionante obra del mexicano Fernando Flores). Lo hace-mos bajo dos motivos centrales: la crítica del oscurantismo, la tiranía eclesiástica y la miseria del mundo hispánico; y la refle-xión sobre el esclarecimiento formulada en los dibujos y el gra-bado de los “sueños” de la razón – su doble visión de los mons-truos que genera el sueño de una razón dormida y las soñadas quimeras imperiales de la razón moderna.
* * *
Los ensayos que reunimos en El viejo topo están atravesados por una voluntad programática. Son el resultado de un largo trabajo de investigación y de discusión entre cuatro puntos cardinales: São Paulo y Berlín, y New York y México. Es el pro-grama de una nueva crítica y una solidaridad intelectual frente a un mundo en descomposición. Y un comienzo.
E. S. São Paulo, Mayo de 2011. C. B. Washington, DC, Mayo de 2011
Nota: Los ensayos de Javier Corona Fernández, México: Tierra
devastada, y Aureliano Ortega Esquivel, México: Años de peste,
serán publicados en el próximo número de El Viejo Topo.
U
no
Esclar
ecimiento
y
cr
isis
mundial
Cuando en 1784, en la Berlinische Monatsschrift2, Im ma nuel Kant describió a la Aufklärung como “la salida del hombre de su Unmündigkeit3(subdesarrollada individualidad), causada por su propia culpa”, declaró culpable de su situación al hom-bre mismo y a la vez lo convocó a la llamada “Sapere aude! Ten
el valor de servirte de tu propia inteligencia”. Con esta procla-ma, la auto-liberación del individuo de cualquier tutela se convirtió en la divisa de la Aufklärung. En la Europa progresis-ta del siglo XVIII, el interés se centró ante todo en la liberación del comercio de la tutela del Estado y la liberación de los
indi-¿Qué quiere decir
Aufklärung
hoy en día?
1
Horst Kurnitzky
viduos de los dogmas de fe. Siguiendo la concepción histori-cista de la Aufklärung, ese siglo también se conoció como el “Siglo de las Luces”, ya que, en efecto, la Aufklä rung está rela-cionada con la luz; la Aufklärung quiere sustituir la oscuridad de la ignorancia por la luz del conocimiento. Pero la designa-ción de un siglo como “siglo de la Aufklärung” corresponde a la proto-historia de los cronistas acostumbrados a relatar lo que pasó sin entender su significado. La división e interpreta-ción de la historia por épocas conserva el pobre modelo de la crónica. Solo por medio del entendimiento y la explicación, de la búsqueda de la razón histórica, el pasado largamente con-cebido como crónica se transforma en Historia, para con esta poder admitir que el fundamento de la Aufklärung sí consiste en el uso de la propia inteligencia. La duda y la crítica de la Aufklärung son mucho más antiguas y significan mucho más que un hecho histórico ubicado en una época específica. Las preguntas de Sócrates, por ejemplo, así como su manera de someter todo a duda, requieren Aufklä rung, igual que la pre-gunta de un niño por el funcionamiento del mundo y lo que lo conserva unido. ¿Puede la Aufklärung haber acompañado toda la historia de la humanidad?, ¿fue quizás algo que des-pués de todo la puso en movimiento? A la búsqueda de la ver-dad y el deseo de liberarse del miedo, propios de la condición humana; al esfuerzo por explicar lo inexplicable y perseguir la justicia establecida en los derechos humanos universales, res-ponde la concepción de la Aufklä rung como progreso de la humanidad, tal y como lo pensó Kant. ¿Produciría la Aufklä -rung el avance de todos los individuos hacia un mundo justo y equitativo donde cada quien encontrara la felicidad a su manera, como se ha soñado alguna vez? ¿Debería ser esta la meta de la historia?
El que esto no sea así, nos lo dice la propia Aufklärung. Mientras la mitología griega puede entenderse como una cier-ta proto-Aufklärung producida en contra del mundo mágico, la Aufklärung empobrecida por un conjunto de símbolos es presentada por la sociología de Auguste Comte como una nueva religión cuya gran intención es restaurar el pasado.4O cuando la Aufklärung se limita a la divisa del racionalismo crí-tico anglosajón: “lo que no es conmensurable, no existe”5y se transforma en el vehículo del puro progreso tecnológico, esto es, en sirviente del crecimiento económico capitalista cuyas fuerzas de producción se convierten, con la divisa de la lucha de todos contra todos, en fuerzas de destrucción. En este esta-do ya no coloca al homo faber ante las preguntas: ¿por qué y para quién hago lo que hago?; ¿qué consecuencias acarrean estos hechos? Incluso cuando el intento de liberación de los individuos de cualquier tutela y explotación se reduce a los dogmas del llamado materialismo dialéctico, los cuáles, de
acuerdo con los administradores de esta doctrina, no se deben cuestionar, el ensayo de liberación humana pasa a ser una nueva contra-Aufklärung con la cual la opresión y explotación del hombre por el hombre, esta vez revestidas de acciones humanitarias, vuelven a imponerse sin resistencia notoria.
Cada Aufklärung produce una contra-Aufklärung que a veces aparece disfrazada como Aufklärung.6Pero el someti-miento de una sociedad a una nueva doctrina política no se puede esclarecer exclusivamente invocando el miedo a la libertad7, pues a ese sometimiento también contribuyen las fuerzas de la imposición y conservación del poder político y económico. De esta forma, sobre los débiles y temerosos ensa-yos de liberarse de la tutela de la iglesia católica, esta institu-ción instrumentó su imperio de dominainstitu-ción en la Inquisiinstitu-ción y el exterminio de los infieles a sangre y fuego; y al movimien-to de la reforma protestante respondió con una inmensa con-trarreforma que, al menos por unos siglos, ha garantizado que la Aufklärung no eche raíces en las zonas más católicas de Europa –en España y Polonia, sobre todo– y tampoco en Amé -rica Latina. Instrumentos semejantes emplearon los funda-mentalistas protestantes en otras zonas de Europa para después emigrar y arraigar en los Estados Unidos de Nor te -américa. Poco después, las revoluciones burguesas, cuyo liberalismo preveía ser el medio para alcanzar una sociedad don -de cada individuo se -desarrollara libremente,8fueron anula-das con la contra-Aufklärung, con la restitución del ancien régime como administrador del sistema económico capitalis-ta que tomó algunos elementos técnicos de la Aufklärung como instrumentos de dominación, pero no condujo a los seres humanos a su liberación individual.9Tanto en Europa como en América, la contra-Aufklärung del siglo XX recurrió a las formas de organización corporativa procedentes de una interpretación cristianomedieval del mundo y de un desa -tina do bricolage de mitos de origen. Muchas almas necesitaría el nacionalismo para imponerse como la nueva religión de Europa y América, no tanto en el siglo de su surgimiento (el si glo XIX), sino en las décadas subsecuentes, con la carrera ar -mamentista, las guerras mundiales, las dictaduras militares, los totalitarismos, etcétera.
En cuanto vemos a la Aufklärung como un impulso, como un deseo humano de esclarecer cuáles son las condiciones para alcanzar una vida más satisfactoria y tranquila, sin la vio-lencia que impone la lucha por una sobrevivencia incierta; o la usamos para preguntar y responder ¿qué se esconde detrás de las cosas? y liberarse del miedo a una naturaleza oscura o a cir-cunstancias de vida inextricables, entonces confirmamos que la Aufklärung significa mucho más que una época histórica o la solución de un problema técnico. Por eso, al inicio de su
libro Dialektik der Aufklärung, Horkheimer y Adorno escribieron: “desde siempre la Aufklärung, en el sentido más amplio de un pensamiento en continuo progreso, ha per-seguido el objetivo de quitar el miedo a los seres humanos y convertirlos en amos. […] El programa de la Aufklärung fue el desen-cantamiento del mundo.”10
El temor a un mundo en el cual cae el ser humano al nacer para entrar en serios con-flictos es algo que lo ha acompañado desde tiempos inmemoriales.11El miedo conduce a los seres humanos a protestar contra el amenazador y angustiante statu quo, y la negación de este statu quo es el motor más fuerte de la historia. Contra los impondera-bles del mundo exterior e interior12 se ha inventado la magia ejecutada por los cha-manes. Las explicaciones mágicas del fun-cionamiento del mundo han sido tranquili-zadoras y han pro por cionado una cierta seguridad frente lo inexplicable de esa naturaleza siempre amenazante. Restos de esta proto-Aufklärung la en contramos hoy en día en la actitud de la gente frente la ciencia, sobre todo frente a la me dicina, cuando los chamanes en blanco o verde curan con placebos o con la simple imposi-ción de sus manos sobre los cuerpos. Y cuando los chamanes con su incomprensi-ble magia perdieron credibilidad, fueron sustituidos por héroes y dioses cuyo interés siguió siendo el mismo: dar protección a la gente frente a esa naturaleza plagada de monstruos que los héroes y santos sí podrí-an combatir y vencer.13Como siempre, en el fondo yacía la oferta de superar las enfer-medades y la azarosa muerte que conduce a todos los seres hu manos a su desapari-ción en la nada. Esto explica porqué los fundadores de las religiones –el fundador de la religión cristiana por ejemplo– apare-cen como curanderos aliados de fuerzas superiores, o de un dios todopoderoso,
pre-Francisco Goya, Auto de fe de la Inquisición (1814-16. Óleo sobre tabla, 46x73 cm) Detalle central
feriblemente un creador del mundo, responsable, protector y mantenedor de las co sas. Y cuando además estos fundadores pro meten una vida eterna en un más allá después de la muer-te, la gente queda mucho más tranquila que acudiendo a cual-quier otro me dio de evasión de la realidad.14Por eso las reli-giones, al igual que los pequeños grupos reunidos en torno de curanderos, las miles de sectas que brotan cada día como hongos o los grandes movimientos monoteístas, forman parte de la historia de la Aufklärung, aunque a menudo parezcan parte de la contra-Aufklärung que acompaña a su historia. Entonces, la Historia como historia de la Aufklä rung es un proceso dialéctico pues también contiene su movimiento contrario. En este sentido, Klaus Heinrich ha escrito:
“Aufklärung es, en el sentido objetivo, un [...] proceso irreversible; el intento de salirse de él, ficticio; el inten-to de recaer detrás de él también forma parte de la his-toria de este proceso, cortado solo está cuando quienes lo practicaron fueron extinguidos por catástrofes con-feccionadas por seres humanos. Para la Aufklärung como concepto de un proceso, el axioma crucial fue que la especie humana recorre un camino, da un paso que la lleva afuera de las cuevas para entrar en casas situadas en la luz. Es un paso que la lleva afuera del embotamiento de una percepción que comparte con otra animalia, a un conocimiento con el cual puede auxiliar a otra animalia.”15
Cuando consideramos toda la historia humana como histo-ria de la Aufklärung, incluida la contra-Aufklärung como su réplica acompañante, ambas provocadas por el mismo miedo, miramos el pasado como el camino de la especie humana desde su oscuro principio hasta la época contemporánea, co mo el camino dialéctico entre Aufklärung y contraAufklä -rung. Por eso resulta incierto que la Aufklärung nos lleve nece-sariamente a la autodestrucción, tal y como Horkheimer y Adorno lo sospecharon. Porque la búsqueda de liberarse de la oscuridad y la ignorancia propias de cualquier fe, inclusive de la fe en una Aufklärung reducida, o la renuncia a indagar las cosas y a dominar el miedo y la violencia nos conduciría, por el impulso humano vital, a una nueva forma de Aufklärung. Un contrato social que logre equilibrar los intereses de las dis-tintas partes de la sociedad y garantice la vida tranquila y satisfecha de la gente, libre de la violencia de la lucha de todos contra todos por la sobrevivencia del más fuerte, que no pare de indagar, preguntar y resolver los conflictos inherentes al ser humano, fue igualmente una meta de la Aufklärung; por ello la Aufklärung se inscribe en el proceso de la civilización.16
En la historia de la civilización, el dominio y el control de la violencia, tanto de la violencia surgida de la naturaleza como de la naturaleza humana, han sido elementos determinantes para la conformación de la sociedad. La domesticación de la violencia, como es el caso de permitirla con restricciones por formar parte de rituales, o de sublimarla en cultura y civiliza-ción, fue el fundamento de la reunión de los seres humanos en sociedad, teniendo en las fiestas sacrificiales la expresión sen-sible de un sistema de obsequios y contra-obsequios, de eco-nomía. Transformados en actos de intercambio, los sacrificios constituyen la base de la reproducción social17 establecida sobre una frágil relación con la violencia. Las relaciones entre los sexos, las relaciones al interior de las comunidades y entre las comunidades, la sociedad misma y sus relaciones con otras sociedades, todas ellas están determinadas por sus vínculos con la violencia. Su limitación y dominio constituyó un estí-mulo esencial para el establecimiento de la sociedad, no obs-tante la violencia se desprende nuevamente cuando la socie-dad falla en mantener el equilibrio entre intereses contra-puestos. De este modo, la Aufklärung ayuda a la sociedad a liberarse de la violencia y la violencia domesticada representa una manifestación de la sociedad civilizada.18
Para que la Aufklärung se opusiera a los dogmas de fe requi-rió desarrollarse primero en los mismos marcos de la fe. Los filósofos del siglo XVIII desnaturalizaron a Dios y deificaron a la naturaleza, dice Carl Becker19. Esto ha tenido consecuencias hasta hoy en día pues, desde entonces, las ciencias naturales han limitado o negado a la Aufklärung al impedir el surgi -mien to de cuestiona-mientos fundamentales de sus axiomas, han aceptado verdades endebles en su beneficio o han des-preciado o dominado a las humanidades. Aufklärung y ciencia se volvieron sinónimos. Por ello, no es de extrañar que los chi-nos entiendan la Aufklärung europea como qimeng, esto es, como antecesora de la época científica y el socialismo cientí-fico. Aunque los resultados de la ciencia son siempre hipótesis dispuestas a ser sustituidas por nuevas hipótesis, actualmente la ciencia misma carece de esa crítica radical capaz de cues-tionar también sus sólidas bases. Uno más uno son dos, ¿pero, en todos los casos es siempre así? O, ¿valen las leyes de la na -turaleza de nuestro universo en otros universos a los cuales todavía no accedemos?
En efecto, unas pseudociencias ocuparon el lugar de las reli-giones –hay hechos del mundo que no se ponen en tela de jui-cio– y, con esta actitud, han ejercido una fatal influencia en las ciencias sociales desde hace más de medio siglo. Me refiero a la adopción de la frase darwinista del survival of the fittest (“la sobrevivencia del más apto”) por la doctrina neoliberal (Frie -drich Hayek, Milton Friedman, et al) y su transferencia a la
economía, falseando la frase original por “la sobrevivencia del más fuerte”.20Hasta hoy, no existe una doctrina económica in -fluyente cuyas bases no se sustenten, de una u otra manera, en el postulado de la libre competencia económica como funda-mento del progreso, el crecimiento y el bienestar sociales. Con el abandono de la Aufklärung, el liberalismo económico radi-cal renunció a las metas humanas de la sociedad para conver-tirse en apologista de la lucha brutal que impone la compe-tencia social. La batalla por la sobrevivencia en su forma más desnuda ha alcanzado los últimos rincones del mundo y, en este proceso de destrucción, la sociedad no ha podido generar una reflexión sobre las perspectivas ni las metas de la vida con fundamentos en la historia, la economía y la sociedad; sola-mente ha abonado el terreno para la emergencia de nuevos movimientos salvacionistas.
Vivimos globalmente en la época de una contra-Aufklärung que no solo involucra a una doctrina eco nómica dirigida por una supuesta mano invisible y sus correspondientes formas políticas de gobierno que prometen llevarnos al mejor de los mundos posibles, también involucra a los me dios de informa-ción y comunicainforma-ción de sarrollados en las últimas décadas por gigantescos monopolios de la contra-Aufklärung, los cuales determinan todas las relaciones sociales. Vivimos en la época de una democracia dirigida por los mass media, cuyas formas y métodos de propaganda comercial conducen los sentimien-tos y las emociones y determinan los deseos reales de la gente. Los programas de la televisión forman las competencias y guían las elecciones. Las frases permanentemente repetidas sobre la falta de opciones y la ausencia de proyectos sociales, y la no menos ex presada justificación de la presión de las cir-cunstancias –circir-cunstancias siem pre creadas por los propios seres humanos– como imperativo pa ra seguir los dictados del establishment, promueven la aceptación dogmática de la polí-tica que rechaza o prohíbe cualquier cuestionamiento radical, mientras, en realidad, ella misma sir ve a intereses económicos particulares.
Pero la actual contra-Aufklärung no se agota en el retorno de los dogmas de la fe y la cancelación de las libertades disfrazada de una simulada libertad total, la aparición de innumerables comunidades religiosas donde la gente busca la protección de una fuerza superior también se muestra en el espíritu antiinte-lectual de la política y de la vida cotidiana.21Los mass media aparecen hoy en día en todo el mundo como exterminadores de una Aufklärung interesada realmente en la comunicación. Y Aufklärung no se reduce a la comunicación intelectual de la Aufklärung, porque siglos atrás siempre tuvo a la vista, como meta, la construcción de una sociedad justa y democrática, vigía del cumplimiento de los derechos humanos22y las
liber-tades de cualquier individuo. Este fue siempre su fin. Vivir no quiere decir únicamente sobrevivir físicamente sino también vivir mentalmente satisfecho. De eso estamos muy lejos.
Por todas partes encontramos formas de violencia que se han extendido al grado de darse por sobreentendidas en la vida cotidiana. La violencia se expresa tanto en el trato mutuo entre los individuos como en las formas de auto-representa-ción individual. Cuando los lazos de unión se disuelven a causa de la lucha por la supervi ven cia, la ausencia de solidari-dad se compensa con subordinación y con for mismo. Simplemente la uni formación global a través de la ropa y el comportamiento, inclusive a tra vés de las lenguas de una su -puesta comunicación, permite ad vertir que la presión por la adap tación social es enorme, y la gama de accesorios con los cuales se puede establecer una identidad es más bien reduci-da. Paso a paso se expande una cultura estimulada por ele-mentos militares que prolifera en la vida cotidiana y pe netra hasta el interior de los hogares de gente carente de algún tipo de ansiedad por la guerra. El ju guete electrónico popular con-vierte al hogar en un centro de co mando, el diseño de los apa-ratos, en especial de los automóviles ré plica de vehículos mili-tares y el lenguaje y el espíritu de los juegos de estrategia, impiden diferenciar con claridad la guerra de la paz. Lo priva-do se vuelve militar, así como la guerra se convierte en un asunto privado. Las formas de organización militares, con los emblemas correspondientes que proporcionan identidad, así como el conformismo se expanden de ma nera epidémica en contra de aquella vieja esperanza de que con la eliminación de todos los obstáculos que hasta ahora han afectado a la econo-mía también los individuos se li bren de cualquier clase de obligación y restricción.23
El que los participantes en los eventos posmodernos de con-sumo y entretenimiento inspirados en Disney sufran una regre-sión psíquica que los infantiliza lo comprueban las formas que adquieren los espectáculos de masas, así como el carácter gene-ral de las personas siempre dispuestas al juego y al entreteni-miento propios de la mentalidad de niños de diez o doce años. En términos ontogenéticos, esta regresión corresponde, en la psique del individuo, a una regresión al periodo de latencia del desarrollo, o sea, a una fase en la que normalmente las tensio-nes sexuales están suprimidas; a un momento del desarrollo psíquico individual en el cual el individuo ha dejado atrás el periodo de finalización del complejo de Edipo, pero las nuevas relaciones sexuales aún no se han estructurado.24A esta fase corresponde la atracción por lo romántico, así como la forma-ción de bandas y el interés por los cultos, las re ligiones y las dro-gas. La violencia, la evasión y los movimientos de escape son parte de la vida cotidiana de la cultura juvenil posmoderna. En
lugar de seguir la recomendación del psicoanálisis de trasladar los deseos y afectos inconscientes a la conciencia, aunque sea en parte, lo que se intenta es liquidar la tensión productiva encarnada en ellos. Esto se muestra en el efecto deserotizante de los productos de la posmodernidad, lo mismo en el gusto kitsch, esa otra cara de la medalla de la violencia que ha asalta-do, entre otras cosas, no sólo al cine de Ho lly wood, sino, por extensión, al cine mundial. La contra-Aufklärung expulsa cual-quier erotismo en favor de la sexualidad bélica expresada con términos bélicos, lo que en lenguaje psicoanalítico significa que impone una sexualidad reprimida por la sexualidad misma.
Con la reducción de la Aufklärung a la racionalidad de la acumulación capitalista o socialista fue posible, a través de una crítica igualmente simplificada, quitarle a la Aufklärung su fundamento en el humanismo universal, para dejar enor-mes montañas de basura y el caos de las sociedades en des-composición, como los llamados estados fallidos,25donde los organismos sobrevivientes del capitalismo salvaje se han
podido prolongar en formaciones mafiosas que con terror y violencia arrebatan la riqueza de las naciones. El miedo y el juego con el miedo favorecen el surgimiento de esos movi-mientos fundamentalistas de salvación que, como en la época medieval, protestan contra la miseria y prometen salidas a la crisis universal. Esto conecta el frente de salvación del Islam con el nuevo fundamentalismo del Vaticano, con las numero-sas sectas y movimientos de salvación guiadas por gurúes, y con las derechas y las izquierdas unidas en la fascinación por promover el culto al líder, el autoritarismo y la formación de falanges y guerrillas. En este contexto, el neoliberalismo actúa como una variante adicional asociada a las nuevas doctrinas de salvación, todas ellas vinculadas por el consenso común de la contra-Aufklärung. El retorno a los mitos eternos y la ten-dencia a la mistificación del mundo parecen ser característi-cas de las doctrinas de salvación posmodernas, pues en lugar de esclarecer los conflictos y fines sociales y reflexionar en torno a sus perspectivas, esperan que potencias oscuras y
mís-Notas
1. Tomé la palabra alemana “Aufklärung” (originalmente una traducción del francés “éclairé”) que a lo largo de la discusión sobre el sig-nificado y las consecuencias de la liberación de la tutela autoritaria tanto del poder profano como del religioso acumuló la más amplia acep-ción del concepto de liberaacep-ción humana. Frente al concepto de esta liberaacep-ción, las palabras “ilustraacep-ción” o “iluminaacep-ción” empleadas en espa-ñol son limitadas y tal vez equivocadas. Véase la discusión de Eduardo Subirats sobre esta materia en este número: “No es sólo una cuestión de palabras: Aufklärung, Lumières, Esclarecimento, Enlightenment, Esclarecimiento…”
2. Immanuel Kant, Schriften zur Anthropologie, Geschichtsphilosphie, Politik und Pädagogik, Obras en VI tomos, ed. por Wilhelm Weischedel, tomo VI, Insel Verlag, Frankfurt Main, 1964, p. 53.
3. Kant usa en su texto la palabra Unmündigkeit que en español se acostumbra traducir como “inmadurez”. Esta traducción es falsa por-que insinúa un proceso de tipo vegetal según el cual todos los seres humanos pueden madurar por naturaleza, sin intervención propia. Pero, como hombre de la Aufklärung, Kant se refiere a la liberación del individuo de cualquier tutela y su autonomía como meta de la Aufklärung. Por eso he propuesto traducir Unmündigkeit por “individuo subdesarrollado”, entendido como “individuo no autónomo”. Esto tiene muchas consecuencias: solo un individuo autónomo puede solidarizarse con otros individuos; solo un individuo autónomo puede articular sus pro-pios intereses políticos. En alemán las palabras Mündel, unmündig, etcétera, se refieren siempre a personas dependientes, en general meno-res de edad, mientras mündig es una persona que tiene personalidad jurídica, que puede participar en elecciones y aceptar meno- responsabilida-des en la sociedad civil.
4. Auguste Comte, Filosofía de la Religión, Porrúa, México 1979; Wolf Lepenies, Auguste Comte, die Macht der Zeichen, Ed. Hanser, München 2010.
5. Véase Max Horkheimer, “Der neueste Angriff auf die Metaphysik”, en: Zeitschrift für Sozialforschung, tomo VI, año 1937, p. 4; y Theodor W. Adorno u.a.: Der Positivismusstreit in der deutschen Soziologie. 6. Ed., Luchterhand, Darmstadt/Neuwied 1978. Esta crítica por parte de dos miembros de la Escuela de Frankfurt culminó en la llamada “querella sobre el positivismo”, en la cual Max Horkheimer y Theodor W. Adorno criticaron desde su Teoría Crítica al Racionalismo Crítico de Karl Popper. Aunque todos estaban de acuerdo en que cualquier teoría sale siem-pre de un juicio de valor, los defensores de la Teoría Crítica insistieron en un concepto de totalidad, mientras los defensores del racionalismo crítico sostuvieron que cualquier ensayo de solución de los problemas sociales debe referirse necesariamente a los aspectos singulares. Interesante en esta controversia es cómo los representantes de la Teoría Crítica conciben toda verdad como verdad histórica mientras para los representantes del racionalismo crítico la historia no es más que una crónica.
6. Es el caso de la actualmente en boga ideología de la “sociedad del conocimiento”. 7. Véase Erich Fromm, El miedo a la libertad, Paidós, Madrid 2008.
8. Véase Adam Smith, La teoría de los sentimientos morales, Alianza, Madrid 1997 y Adam Smith, Una investigación sobre la naturaleza y
causas de la riqueza de las naciones, Alianza, Madrid 2002.
ticas arriben del más allá para salvar al mundo: las desconoci-das fuerzas del mercado regulándose a sí mismas.26
Aufklärung quiere decir hoy en día cuestionar radicalmente todo lo que parezca seguro, poner en duda todos los supues-tos hechos –porque los hechos siempre están hechos por seres humanos–, examinar, dudar y criticar aquello donde no cabe duda alguna, lo que parece evidente, lógico, natural. Entonces, criticar a la misma Aufklärung es emprender una tarea no siempre fácil, porque algunas veces la contra-Aufklärung aparece como crítica a la Aufklärung en un falso sentido de Auf klärung, es una contraAufklärung disfrazada como Aufklä -rung, o tal vez como autocrítica simulada de ella. Por ello, la Aufklärung tiene que ocuparse de preguntar sobre todo de una cosa: ¿Por qué tanta atención a la Aufklärung para negar-la? ¿Por qué rechazarla, intentar destruirla o ver en ella a la culpable de los males? ¿Por qué la gente desea fugarse? ¿Por qué no quiere saber cómo andan las cosas como, por ejemplo, qué se esconde detrás de una irrefutable verdad? ¿Por qué la
gente se evade o corre a cobijarse debajo de una imaginada fuerza mayor, sea una magia, una religión o un dios todopo-deroso? ¿Por qué la gente rechaza madurar y desea refugiarse en el retorno a la etapa infantil que la convierte en inocente, le quita cualquier responsabilidad sobre sus hechos? Estas son algunas preguntas que una sólida Aufklärung debe plantear y discutir actualmente. Esta es la Aufklärung de hoy: la Aufklä -rung que explica las razones de la contra-Aufklä-rung.
Horst Kurnitzky es autor entre otros de: Triebstruktur des Geldes (La estructura libidinal del dinero), Berlin 1974/1980, México 1978/1992; Zapata, Berlín 1975/1978; Ödipus, ein Held der westlichen Welt (Edi -po, un héroe de la cultura occidental), Berlín 1978/1981, México 1992; Der heilige Markt (El santo mercado), Frankfurt Main 1994; Verti ginosa Inmovilidad, México 1998; Globalización de la violencia, Mé
xico 2000; Retorno al Destino, México 2001; Die unizivilisierte Zivilisa
-tion (La civilización incivilizada), Frankfurt Main 2002, Vilnius 2004,
México 2005, etc.
10. Max Horkheimer/Theodor W. Adorno, Dialektik der Aufklärung, Fischer TB, Frankfurt Main 1971, p. 7.
11. Véase Horst Kurnitzky, “Tauschverhältnisse, die Kunst mit Geld und guten Worten ans Ziel der Wünsche zu gelangen“, en: Oliver Decker, Christoph Türcke, Tobias Grave (Ed.), “Geld, Kritische Theorie und psychoanalytische Praxis”, Psyche und Gesellschaft, Psychosozial-Verlag, Gießen 2011; Horst Kurnitzky, Edipo, un héroe del mundo occidental, siglo XXI, México 1992.
12. Para nuestros lejanos antepasados la muerte no fue algo natural sino algo producido por hechicerías o fuerzas desconocidas. 13. Véase Horst Kurnitzky, “Tauschverhältnisse…”, op. cit.
14. La inseguridad de la vida, sobre todo en el llamado tercer mundo, se observa hoy en día en la incesante y mensual fundación de miles de nuevas iglesias de corte cristiano o animista. En general son grupos pequeños cohesionados alrededor de un curandero que promete libe-rarlos de sus miedos.
15. Klaus Heinrich: Aufklärung in den Religionen, gesellschaftlich vermitteltes naturverhältnis, Dahlemer Vorlesungen Bd. 8, Stroemfeld, FFM/Basel 2007, p. 42.
16. Véase Horst Kurnitzky, Una civilización incivilizada, El imperio de la violencia en el mundo globalizado, Océano, México 2005. 17. Véase Horst Kurnitzky, La estructura libidinal del dinero, Una contribución al la teoría de la femineidad, Siglo XXI, México 1978/1992. 18. Kurnitzky, Una civilización incivilizada…, op. cit.
19. Carl L. Becker, The Heavenly City of the Eighteenth-Century Philosophers, Yale University Press 1932, second edition as Yale Nota Bene book 2003.
20. Véase Horst Kurnitzky, “Una nueva religión: El neoliberalismo”, en: Horst Kurnitzky, Vertiginosa inmovilidad, los cambios globales de la
vida social, Blanco y Negro, México 1998.
21. Véase Susan Jacoby, The Age of American Unreason, Pantheon Books, New York 2008.
22. Fue Domitius Ulpianius, uno de los más importantes juristas romanos, quien formuló por primera vez en la historia occidental los derechos humanos: “Par in parem non habet imperium”, quiere decir que los iguales no tienen poder sobre los iguales. Este es un principio del derecho natural cuya intención descansa en que todos los seres humanos sean por naturaleza iguales. Sin esta condición los derechos humanos no alcanzarían una base legal.
23. Kurnitzky, Una civilización incivilizada…, op. cit.
24. Véase Horst Kurnitzky, “Digresión sobre el fetiche y el fetichismo”, en: Horst Kurnitzky, La estructura libidinal del dinero, op. cit. 25. Según Fund for Peace (Fondo por la Paz), un centro de estudios estadounidense, los Estados fallidos no son capaces de aplicar sus leyes de manera uniforme, tienen altas tasas de criminalidad y corrupción política, un vasto mercado informal, una burocracia y un aparato judi-cial ineficiente, interferencias militares en la criminalidad, poderes civiles no estatales con presupuestos y poder político muy superiores al los del Gobierno. Entre estos estados este centro ha listado a algunas naciones africanas, sobre todo de África central, otras en Asia, sobre todo en los países árabes, y en America Latina.
Ambigüedades Americanas
Entre 1810 y 1830, violentas revoluciones y prolongadas guerras de independencia acabaron con el dominio imperial de España y Portugal en las Américas. Los ideales esclarecidos de la libertad, la igualdad, y la solidaridad, que habían anima-do la Revolución Francesa y la Guerra de Independencia en los Estados Unidos, también impulsaron estas guerras contra la tiranía española y portuguesa. A su vez, el pensamiento escla-recido –con su nueva ciencia, su nuevo lenguaje de derechos políticos, legitimidad democrática, y progreso humano–ayudó a justificar filosófica y políticamente a estas sangrientas revo-luciones de independencia. En el nuevo mundo que los liber-tadores esperaban crear, la vida ya no tendría porqué some-terse al poder arbitrario de los tiranos del Viejo Mundo; al con-trario, se gobernaría con justicia absoluta, a base de leyes uni-versales que reconocían los derechos naturales de los hom-bres y según instituciones democráticas que defendían esos derechos con autoridad y legitimidad.
Hoy, a unos dos cientos años de distancia del comienzo de esas revoluciones, los Latinoamericanos, desde México a Br -asil y desde la Argentina a Colombia, están conmemorando el bicentenario de su independencia. Sin lugar a dudas, la gran causa de su independencia merece todo nuestro afecto. Pero también ha de suscitar en nosotros cierta ansiedad. Es triste tener que reconocerlo, pero los ideales esclarecidos que ani-maron aquellas luchas por la independencia todavía no se han podido realizar del todo. La independencia en Latino américa sigue siendo incompleta. Las persistentes crisis políticas, eco-nómicas, sociales, y ecológicas con que se enfrenta esta región ofrecen un testimonio brutal, pero elocuente, de los límites actuales de su independencia y el carácter todavía insuficien-te de su esclarecimiento cultural.
¿A qué se debe este fracaso? Según la crítica del Escla re -imiento que se ha puesto de moda en nuestra época “postmoderna,” todos los fracasos del Esclarecimiento –tanto en La -tinoamérica como en Norte América, tanto en Europa como
en África– se deben a una sola condición: la falsa conciencia de los pensadores esclarecidos. Según este planteamiento, cuando los revolucionarios y libertadores de los siglos diecio-cho y diecinueve hablaban en términos universales de la liber-tad, la igualdad, y la solidaridad, lo único que estaban hacien-do era armar un simulacro basahacien-do en estrategias discursivas de simulaciones y disimulaciones. Este simulacro servía como una máscara detrás de la cual se escondían los verdaderos intereses del Esclarecimiento: justificar el dominio de élites europeas y criollas sobre el resto de la humanidad. Por lo tanto, concluyen estos críticos postmodernos y post-colonia-les, el Esclarecimiento jamás supo emancipar a nadie y sólo sirvió para justificar el eurocentrismo, el colonialismo, el im -perialismo, y hasta el fascismo: en fin, todos los malditos –ismos que han empeorado nuestro mundo y empobrecido nuestras vidas. La crítica no podría ser más severa, y sus con-clusiones, por consiguiente, nos deben resultar demasiado pesimistas e innecesariamente nihilistas.
El legado del Esclarecimiento, tanto en Europa como en las Américas, es bastante más ambiguo de lo que pretenden sus críticos postmodernos. Mientras el Esclarecimiento generó tecnologías industriales y militares extremadamente destruc-tivas que actualmente amenazan con destruir el balance eco-lógico del planeta y acabar con poblaciones enteras de seres humanos, borrando de nuestro mundo sus lenguas locales, sus culturas milenarias, y sus conocimientos espirituales, también es verdad que con su nueva ciencia ha generado el bienestar físico que caracteriza la vida moderna. Hoy vivimos en un mundo donde ciertas élites económicas y políticas do minan la forma y contenido de nuestras instituciones gu -berna mentales, sociales, y económicas; pero el Esclareci mien-to celebraba más bien las virtudes de la democracia moderna. Hoy en día, las identidades políticas van tomando cada vez más formas tribales: frente al individuo y su independencia moral e intelectual, se exaltan las creencias y supersticiones religiosas; se afirman las esencias étnicas; se elogian las pecu-liaridades raciales y nacionales; pero el Esclarecimiento
enno-Reivindicación del
esclarecimiento
blecía la autonomía, la dignidad, y la racionalidad de los indi-viduos.
Como resultado de este legado mixto y ambiguo, los deba-tes públicos de nuestro momento ofrecen escasos ejemplos de la independencia moral e intelectual que asociaríamos con seres esclarecidos; lo que se escucha más bien son las quejas, las sospechas, y los reproches de un grupo de fundamentalis-tas frente a los demás fundamentalisfundamentalis-tas. Una deplorable caco-fonía de sentimientos anti-esclarecidos. Y al margen de todas esas voces, a una distancia crítica pero segura, se escucha la risa irrisoria de los críticos postmodernos de la ilustración. ¡Ojalá tuvieran ellos la razón! Así todas estas profundas ambi-güedades del Esclarecimiento no serían nada más que un simulacro macabro, una farsa absurda, una pesadilla pasajera
de la que nos podríamos despertar todos sin demasiado es -fuerzo.
Pero la verdad es que en el nuevo mundo creado por las re -voluciones esclarecidas, la vida sigue estando gobernada por las tiranías activas y dominantes que ese mundo nuevo here-dó del viejo continente. A pesar de estos fracasos históricos, o tal vez gracias a ellos, el pensamiento esclarecido sigue siendo una fuente imprescindible de ideas con que combatir las fuer-zas de destrucción –las fuerfuer-zas anti-esclarecidas– que domi-nan nuestras vidas. Por eso, este legado debe ser estudiado desde una perspectiva dinámica que ponga de manifiesto sus pro fundas ambigüedades históricas, políticas, y morales a la vez que haga posible recuperar precisamente aquellos aspec-tos del pensamiento esclarecido que nos ayuden a articular
auténticos programas de emancipación e independencia.
Los Enemigos del Esclarecimiento
En términos normativos, el Esclarecimiento afirma que la inteligencia humana es capaz de comprender el mundo, de entender el lugar de los seres humanos en el cosmos, y de actuar en él con inteligencia, con un sentido de propósito, y con independencia. Fue precisamente en estos términos que en su día Kant definió el esclarecimiento como la emancipa-ción de los seres humanos de una “minoría auto-impuesta.” Él asociaba la minoría con un estado de tutelaje donde las per-sonas se atrevían a pensar sólo de acuerdo con la autoridad de ciertas instituciones poderosas y bajo la dirección de otras personas “mayores”. Kant sostenía, en este mismo sentido, que era por culpa del miedo que los hombres se imponían este triste estado de tutelaje. En vez de confiar en su propia inteli-gencia, preferían seguir siendo fieles a las personas e institu-ciones que les gobernaban. Si por el contrario, los hombres tu vieran más coraje y pensaran por sí mismos y no reconocie-ran ninguna autoridad por encima de su razón, Kant creía que los seres humanos podrían emanciparse y gobernarse a sí mis-mos. Por supuesto que Kant no era el único pensador esclare-cido que consideraba con optimismo el poder emancipador de la razón. Pensadores esclarecidos de los siglos dieciocho y diecinueve, en Europa y las Américas, también estaban con-vencidos del poder emancipador de la razón. Ellos creían que del mismo modo que la razón y su nueva ciencia habían expuesto las leyes que gobiernan la naturaleza, la razón podía identificar y articular las leyes que deberían regir la conducta humana, y de esa manera liberar a toda la humanidad de la tiranía.
Cuando se mide este concepto normativo del poder eman-cipador de la razón contra nuestra terrible realidad histórica, es perfectamente legítimo afirmar que las promesas hechas por el Esclarecimiento jamás fueron cumplidas. Ni en Europa ni en las Américas han llegado la independencia, la libertad, y la solidaridad a disfrutarse universalmente. Para explicar este fracaso histórico, el pensamiento postmoderno ha acostum-brado a enfocar las debilidades inherentes al proyecto del Esclarecimiento y cuestionar sus contradicciones conceptua-les y discursivas. En efecto, estas críticas han reducido el con-cepto del esclarecimiento a un discurso falso por medio del cual los pensadores modernos buscaban, no emancipar a la humanidad de su minoría auto-impuesta, sino imponer sobre ella un nuevo orden racional. Con una militante ironía post -moderna, se les ha venido acusando a los pensadores esclarecidos de ser unos hipócritas y sicofantas en servicio de los po
-derosos enemigos de la libertad, la independencia, y la digni-dad humanas. Bien puede ser que estas críticas severas no sean del todo descabelladas. Sí señalan correctamente ciertos aspectos dogmáticos del pensamiento esclarecido. Por ejem-plo, frente al poder emancipador de la razón, estas críticas oponen el ejemplo de una razón instrumentalizada que, en vez de emancipar, ha servido más bien para deshumanizar, esclavizar, y destruir la vida. Pero reducir todo el legado del Esclarecimiento a los abusos de la razón instrumental es crear una pobre caricatura de un movimiento intelectual y político que nunca fue ni tan extremadamente instrumental ni tan inflexiblemente racionalista.
Estas críticas tampoco toman en cuenta el sentido en que los fracasos históricos del Esclarecimiento pueden ser explica-dos, no sólo en términos discursivos, sino mas bien en térmi-nos plenamente históricos. Desde esta perspectiva, los fraca-sos del Esclarecimiento en España, Portugal, y sus excolonias en las Américas, no se deben únicamente a las contradiccio-nes discursivas de los pensadores esclarecidos; se deben tam-bién al poder acumulado a lo largo de los siglos por todas aque llas instituciones políticas, económicas, religiosas, y cul-turales que se opusieron al Esclarecimiento. Debe considerar-se, en este sentido, la ferocidad con que la monarquía absolu-tista y la iglesia inquisitorial de España persiguieron a los pocos pensadores esclarecidos del mundo Hispano. El carác-ter tímido, insuficiente, e inacabado del Esclarecimiento en el mun do Ibero-americano, ¿no tendrá más que ver con esta persecución histórica que con las contradicciones y debilida-des discursivas del Esclarecimiento per se?
Las críticas postmodernas, al no fijarse lo suficiente en los poderes históricos que se opusieron al Esclarecimiento, aca-ban ignorando también las peculiaridades históricas de movi-mientos esclarecidos en diferentes contextos culturales y regionales. Los pensadores postmodernos hablan de un solo Esclarecimiento –del Esclarecimiento como el “Gran Dis curs -o” de la modernidad– pero la verdad histórica desmiente esta idea monolítica de un Esclarecimiento monumental. No sólo existían diferencias significativas entre los esclarecimientos europeos del llamado Siglo de las Luces (el escocés, el alemán, el francés) o entre éstos y los que se dieron a conocer en las Américas, desde los Estados Unidos hasta la Argentina, sino que también existen diferencias llamativas entre estos esclare-cimientos modernos y otros esclareesclare-cimientos de la época pre-moderna que, en vez de salir del seno de la Europa cristiana, habían salido de los vientres de la cultura Hebrea, Islámica, Maya, Azteca, e Inca.
De allí que resulte imprescindible mantener una perspecti-va dinámica del esclarecimiento y su legado ambiguo de
libertades e independencias ina -cabadas. Frente al pesimis-mo pesimis-moral y nihilispesimis-mo histó-rico del pensamiento pos-tmoderno, hace falta reafirmar ciertos ideales es cla re -cidos. Pero hay que ha cerlo de manera dinámica, opo nien do conceptos nor ma ti vos del Esclarecimiento a di -versas realidades históricas.
Programa de reconstruc-ción
La tendencia a distanciar-se del esclarecimiento y orientarse hacia el nihilismo no se encuentra únicamente entre los filósofos, teóricos, e historiadores de la postmodernidad. Tam bién se ob ser va en el campo del His pa -nismo. De origen premoder-no, pero actualmente traves-tido a la moda postmoderna, el Hispanismo no ha sabido entender el objeto único de su estudio: la modernidad
truncada del mundo Hispano. Esta falta de comprensión se ex plica con facilidad si se considera que, como disciplina, el Hispanismo todavía no ha sabido desarrollar los métodos interpretativos necesarios para entender la modernidad de Es paña, Portugal, y Latino amé rica. Al contrario, el Hispa nis -mo ha sostenido un marco interpretativo y conceptual que está basado sobre dos premisas anti-esclarecidas: la autoridad imaginaria de los valores premodernos del nacionalismo im perial español y la autoridad pretendida de críticas post mo -dernas que han sido importadas al Hispa nis mo desde otros campos de estudio.
Hace falta pues una alternativa a esta incomprensión de los fracasos y éxitos relativos del esclarecimiento en el contexto del mundo Ibero-americano. De ahí la necesidad de elaborar una crítica constructiva del Hispanismo y sus tendencias anti-esclarecidas: tanto las que siguen conceptos premodernos como las que imitan la moda postmoderna. Amén de este tipo de crítica doble, el Hispanismo podría contribuir productiva-mente al estudio del ambiguo legado del esclarecimiento en
la Américas y el mundo ente-ro. Este es el re t o. Esto es lo que le hace falta al hispanis-mo y nos hace falta a todos: Recuperar el espíritu crítico del esclarecimiento.
Como punto de partida his tórico, es preciso recordar que Johann Godfried Herder designó la cultura medieval de Es paña como el primer es clarecimiento europeo, que incluía fi lósofos, místicos, y poetas preeminentes como Averroes, Maimo nides, Ibn’ Arabi, o Ibn Gabirol. Con in -sistencia, la gran ma yoría de los hispanistas e historiado-res del Es clareci mien to euro-peo han ignorado este bri-llante legado cultural de la Pe nínsula Ibérica. Para com-batir esta ceguera, es preciso que se ligue este legado de pensamiento es clarecido de la época premoderna a toda una serie de pensadores es clarecidos de la época mo -derna: desde León Ebreo y el Inca Gar cilaso a José María Arguedas y Darcy Ribeiro. Es pre-cisamente por medio de estas conexiones entre distintos esclarecimientos históricos y culturales que se puede producir el tipo de crítica inmanente que tanta falta le hace al hispanis-mo. A su vez, estas conexiones enriquecerían las humanida-des en general con una nueva perspectiva crítica que resalta-ría la continuidad de estos esclarecimientos diversos.
Por último, interesa estudiar las diferencias nacionales y regionales entre los esclarecimientos de los siglos dieciocho y diecinueve: desde San Petersburgo a Cádiz, desde Edimburgo a Filadelfia, y desde París a Bogotá. El esclarecimiento norte -americano también añadió nuevas dimensiones al legado del esclarecimiento: desde las investigaciones que hizo Franklin con la electricidad o los experimentos botánicos de Jefferson a las polémicas de Paine a favor de radicales reformas políticas o la teorización por Hamilton de una economía laissez faire, el esclarecimiento Americano expandió el dominio de la razón de tal modo que acabó abarcando numerosas cuestiones so -ciales, políticas, y científicas. Pero encontramos una situación
completamente diferente en el caso de las culturas ibero-americanas, donde las profundas reformas éticas, pedagógi-cas, y políticas que formularon pensadores como Hume, Rousseau, Diderot y Kant jamás ocurrieron … porque los ene-migos del esclarecimiento jamás lo permitieron.
Este programa de reconstrucción hermenéutica y rede fi -nición filosófica de los valores fundamentales del esclarecimiento corresponde a una necesidad urgente. Para que se en -table un diálogo verdaderamente productivo entre las cultu-ras de Norte América y Sudamérica, o entre las cultucultu-ras modernas de las Américas y Europa, no existe mejor platafor-ma que los varios proyectos huplatafor-manísticos y esclarecidos que van desde el humanismo, el clasicismo, y el esclarecimiento hasta los textos fundacionales de la democracia Americana y los proyectos de esclarecimiento artísticos e intelectuales de los siglos diecinueve y veinte en Latinoamérica.
Estos proyectos contribuyen a nuestra comprensión de pro-blemas asociados con las memorias nacionales y culturales, la
educación democrática y los derechos humanos, la libertad y el respeto por la dignidad humana en un entorno que ha sido, y sigue siendo, políticamente inestable y tumultuoso. En una época como la nuestra, de violencia sistemática y decepción masiva, la reconstrucción crítica de estos legados humanísti-cos y esclarecidos es la mejor manera de reforzar un diálogo necesario entre las culturas de las Américas y entre ellas y Europa.
Christopher Britt enseña literatura española y latinoamericana en The George Washington University. Es autor del libro Quixotism y de
otros ensayos que critican la ideología nacional española y sus terri-bles consecuencias en la vida histórica de las Américas. No se consi-dera un hispanista, ni un latinoamericanista. De corte intelectual emersoniano, su posición intelectual independiente y crítica ha sido contestada por el hispanismo norteamericano postmoderno, de corte fundamentalmente anti-esclarecido.
Dialéctica Positiva y
Localización: Un Manifiesto
Paul Fenn
–1–
El alma de América está deprimida. Los pensadores secula-res de los siglos veinte y veintiuno, sintiéndose traicionados por los fracasos del Esclarecimiento, le han declarado la gue-rra al Esclarecimiento y, sin querer queriendo, han acabado por declararse la guerra a sí mismos, provocando una peligro-sa dislexia de electro-disimulación que encubre el colapso progresivo de la memoria histórica. Esta erradicación de la memoria le da cada vez más fuego, cada vez más ímpetu, cada vez más energía a la Máquina de Guerra.
¿Una máquina? ¡Quinientas máquinas! ¿Cuántas máquinas te harán falta? ¿Cuántas para saciarte? ¿Y para esclavizarte? La violación de la Tierra ha llegado a ser tan extensiva que nos aterroriza a todos. Si hemos adoptado una actitud anti-moderna, sin duda alguna será por culpa de este terror, de este terrorismo, de este afán con que nos olvidamos de lo importante y necesario que es pensar. Esta actitud es tiránica.
Es servil. Lo que la motiva y sostiene es la lógica instrumental de un rito sadomasoquista de purificación espiritual. ¡Mira cómo brilla la máquina! ¿Existirá vehículo más conveniente a nuestros deseos?
El Esclarecimiento está fracasando –el secularismo, la cien-cia, la democracia: todos están desapareciendo… justo cuan-do el muncuan-do comienza a democratizarse. Si se buscan prue-bas de este fracaso, no hace falta mirar más allá del cambio cli-mático, de la proliferación nuclear, y de la toxicidad cultural con que se socavan la independencia, la libertad, y el auto-gobierno en nuestra época. El SIMIO ya no soporta la VER-DAD. Las palabras ya no exigen obediencia ni inspiran coope-ración: están hundidas en el marasmo de una “crisis de legiti-midad.” Y como resultado, gobernarse de manera democráti-ca se ha vuelto un quehacer tedioso, mediocre, y dentro del contexto de otros males –como, por ejemplo, las manipulacio-nes disimuladas de monopolios capitalistas– se ha convertido en el mismo Mal de los Males. La ausencia de la virtud
públi-pública ha inspirado a los agentes de la irracionalidad, entre ellos los llamados “intelectuales” postmodernos, a enfrentarse con el Esclarecimiento como si fuera un toro y ellos unos tore-ros, comprobando una vez más lo que Goya había dicho hace unos doscientos años: El sueño de la razón produce mons-truos. Suplentes del poder, distorsionados por la envidia, estos intelectuales asesinan al buen padre: la RAZÓN.
Donde la razón duerme, allí predominan los monstruos. Prin cipalmente, son de dos tipos: sádicos y masoquistas. ¿Cuán tas máquinas requiere el sádico para satisfacer sus de
-seos de humillar a los demás? ¿Cuántas necesitará el maso quis ta para calmar su vergonzosa culpabilidad?
Desde sus comienzos, el Es clare ci -miento se ha visto atacado por enemigos poderosos. De ahí que resulte incoheren-te juzgar sus fracasos como si éstos deri-varan simplemente de las propias incohe-rencias internas del Esclarecimiento. El Esclarecimiento se generó dentro de un contexto de enemistad política; y es den-tro de ese mismo contexto histórico que la idea del esclarecimiento debe probar su valor o sufrir un desengaño. Una con-tra-revolución en contra de la Revolución que montó el Esclarecimiento en contra del Rey y de la Teocracia se arrima al pre-cipicio de un nuevo éxito … o de un fra-caso épico.
–2–
La marcada tendencia de intelectuales académicos a aislarse en monasterios donde se pueden dedicar a sus saberes esotéricos e ignorar el resto del mundo es un síntoma más del fracaso del Escla re -cimiento. El Esclarecimiento quiso crear sociedades libres capaces de gobernarse a sí mismas, pero los intelectuales acadé-micos han huido de ese ideal social, elu-diendo el compromiso moral que les exige. Como resultado –y esto ya lo mostró Theodor Adorno con su Dialéctica Ne -gativa– os intelectuales se han di vor cia do del proletariado. Y las consecuencias de este divorcio han sido devastadoras: por un lado, el intelectual ensimismado y aco pado por la academia, por otro lado el proletariado infan-tilizado y convertido en “masa”. O sea, fascismo, comunismo, totalitarismo. La Dialéctica Negativa expresó la idea más fun-damental de la Deconstrucción y de la Teoría de la Resistencia: que la crítica es acción: una práctica escrituraria.
La Dialéctica Positiva comprende otro tipo de catarsis: una transgresión intelectual. No se trata simplemente de una for -ma de poner en práctica la escritura; se trata más bien de una práctica política, un diseño y un proyecto. La práctica escritu-raria de un historiador intelectual no tiene porqué limitarse a
teorías de la resistencia. Los intelectuales pueden inscribirse en el ám -bito público y escribir leyes –si no del todo esclarecidas, por lo menos esclarecedoras. Es decir, el historia-dor puede hacer la historia; puede intervenir en el ámbito político y económico y es cribir leyes que ayu-den a crear la sociedad ideada por el Esclarecimiento. Para hacer es to, re -sulta necesario enfrentarse a todas aquellas fuerzas que se oponen al esclarecimiento. En mi caso, esto ha significado escribir leyes relaciona-das con la producción, distribución, y consumo de la energía; y mi rival hegemónico ha sido y sigue siendo el proyecto de ley propuesto origi-nalmente por la Primer Minis tra de Inglaterra –Mar garet That cher– en los años 90. Esa visión Thatche riana de la energía se importó a los Es -tados Unidos du rante la época de Reagan bajo el concepto de la priva-tización; desde entonces, ha sido re-exportado des de los Estados Unidos a la Unión Eu ropea con el resultado que hoy nos encontramos frente a la globalización de la energía per se.
Este manifiesto de la Dialéctica Po sitiva sólo describe una de las múl tiples transgresiones intelectua-les que la Dialéctica Positiva con-templa. En este caso, se trata nada me nos y nada más que la
formula-ción de una nueva política energética que, hoy por hoy, repre-senta el 38% de los Estados Unidos en términos de volumen cuantitativo. Pero esta nueva política no ha podido imponer-se todavía positivamente. La lucha contra los monopolios energéticos continúa: pero a pesar de ello, en los pasillos se -cuestrados de megavatios y unidades termales, ya se reconoce que esta nueva política energética es mucho más que una mera teoría, un lindo ensueño, o una estúpida broma intelec-tual: es una realidad. En los últimos veinte años, he escrito leyes y hasta re-escrito las constituciones de varias ciudades; he diseñado programas y estrategias; he negociado acuerdos para transformar nuestras ciudades y ahora los gobiernos lo -cales se ven forzados a analizar, formular, e implementar el
más ambicioso proyecto público que existe en todo el mundo para la producción y distribución de energía sostenible. Es tan ambicioso este proyecto que ya comienzan a temblar los rascacielos de Wall Street. La transgresión, no sólo intelectual sino también política, económica, y ecológica, comienza a hacer nueva historia.
Lo que tal vez resulte más importante de esta inmersión en el ámbito público es que ha creado una perspectiva clara con respecto a las posibilidades que existen más allá del sistema de infraestructura doméstica que se creó durante la Guerra Fría y que se ha venido manteniendo desde entonces. Gracias a esta sumersión, hoy podemos reconocer cuáles son los ver-daderos obstáculos que obstruyen el cambio. Y podemos
gir un plan de acción: acción imperfecta, sí; pero aún así esta acción ha sido reconocida públicamente y ha ganado cierta legitimidad, creando autoridades energéticas locales que per-miten que las mismas comunidades y ciudades se adueñan de la energía e insisten en que se produzca de manera sostenible. Estas autoridades locales sirven a más de un millón de Ame ricanos; pero sirven también para cuestionar las llamadas “le -yes de la economía” según las cuales generar y distribuir ener-gía sostenible cuesta más que producir y distribuir enerener-gía fósil o nuclear.
Por decirlo con otras palabras: la Dialéctica Positiva ha reve-lado el carácter esperpéntico del status quo de la energía en los Estados Unidos. Se mire por donde se mire, la crisis energéti-ca comprueba que la democracia está fraenergéti-casando. Una tradi-ción irresuelta duerme en un lecho lleno de arañas venenosas: se columpia por encima del desbarrancadero de un silencioso caos social –la deslegitimación de la Modernidad. El gobierno se colapsa: las elecciones fracasan: el fraude toma control de las decisiones democráticas. Las corporaciones de los Estados Unidos llevan décadas actuando en su propio país como si estuvieran operando en un país extraño, manipulando gobier-nos, administrando las relaciones públicas, y donando cientos de millones de dólares a sus políticos fantoches. Que lo sigan haciendo con aparente impunidad, está íntimamente ligado a la pobreza espiritual de la crítica. Los intelectuales (ya sean académicos o no) necesitan participar en la vi da pública y deben reconocer, de una vez para todas, que el comercialismo les ha engañado y que es por culpa de ese en gaño que se en -cuentran actualmente postrados ante las autoridades corpo-rativas y reducidos a sus vedados cotos disciplinarios. Sin una sociedad intelectual orgánica, los Estados Uni dos ha llegado a estar bajo el control de un complejo industrial que se ha adue-ñado, no sólo del gobierno federal y los gobiernos es tatales, sino también de los medios de comunicación. Ana crónico en el amplio contexto de estas tendencias culturales, el Hu ma -nista, el Hombre del Renacimiento, el Esclarecido no es sino una reliquia en este estado-silo mental. En este país no existe un aquí y ahora: Estados Unidos se ha convertido en un no-lugar dis-tópico.
La crítica se ha agotado: se ha convertido en impotencia. El Deconstruccionismo jamás supo proveer una base para la crí-tica del poder. Gracias a ese fracaso, la teoría se volvió más libre y se la toleró más; pero también se volvió enclenque, abs-traída. Perdió su sustancia, y con ella la capacidad de motivar la lealtad, obligar obediencia e inspirar la cooperación entre individuos libres. Esta retirada del activismo revolucionario ha cia la crítica radical, que define tanto al Deconstruc cio nismo como a la Teoría de la Resistencia, tiene que ser in
-vertida. Se requiere una nueva práctica: la re-inmersión de la teoría en la acción democrática: la Dialéctica Positiva.
La impotencia de la filosofía política radical en el ámbito político de los Estados Unidos y de Europa se debe a este de -fecto de la crítica como una práctica escrituraria. Ritua li zada como fetichismo y mercancíaa, la Deconstrucción ha caído en un estado decadente de dislexia. Hace falta una nue va serie-dad. Así se podrá socorrer al Esclarecimiento de aquella con-tra-revolución que hoy día amenaza con deshacer todo lo que se ha ganado en términos de libertad a lo largo de los últimos doscientos años. Son muchos los que buscan restaurar la et -no-arquía tribal, pre-moderna y globalizante: espían, tortu-ran: una pesadilla sulfúrica de híper-desarrollo económico. La teoría, convertida en una práctica escrituraria nueva, ¿puede cruzar las fronteras que separan las disciplinas académicas y ofrecer una visión intelectualmente coherente de cómo se relacionan la ciencia, la tecnología, la economía, y la política? Esta coherencia es la fundación de una libertad falsa y manu-facturada que perdura en un estado administrado de crisis.
–3–
La Teoría no debe colocarse por encima de la historia y pro-curar explicar lo que ocurre; ni tampoco debe predecir lo que ocurrirá. Al contrario, debe entrar en liza y transformar la his-toria.
El propósito original de la Dialéctica Positiva nunca fue cambiar el mundo, aunque eso es lo que afirmaba. La idea era mejorar la Teoría de la Resistencia que habían avanzado M. De Certeau y J. Derrida, como también enfrentar las inquisiciones sociológicas de Bourdieu respecto a la producción de saberes en las universidades, y la arqueología radical de Foucault, y el arte politizado de W. Benjamin, y la intención crítica negativa de prácticamente todos los pensadores postmodernos. Los sindicatos del siglo veinte subyugaron a sus líderes intelectuales. El Nazismo y el Stalinismo se robaron el sueño del Co -munismo Marxista. El fracaso fundamental de los intelectua-les fue huir de la cara resentida del hipócrita y refugiarse en la crítica negativa –lo cual ayuda a “explicar” las causas moder-nas de la hipocresía.
Creyendo que este secuestro –que este Segundo Com -promiso (que siguió el com-promiso del Esclarecimiento con el Papa)– era la clave para entender el fracaso de la crítica que hizo Foucault de la psiquiatría y de las prisiones, y siguiéndo-le los pasos a la crítica que hizo Illich de escuelas y hospitasiguiéndo-les, la “Dialéctica Positiva” (una tesis que escribí en 1990) procura-ba identificar un nuevo camino. Se trataprocura-ba de un estudio de la orientación racial del Socialismo Austriaco de Otto Bauer y