lan Gibson, definido por Francisco Umbral como "el hispanista más listo y más golfo de Europa", está orgulloso de haber nacido en Dublín (1939) y de hablar un inglés con marcado acento celta. Ha sido profesor de español en Belfast y, últimamente, en la
Universidad de Londres. Harto del cielo gris y del lento ritmo ingleses, abandonó cargo y país en 1975 para dedicarse exclusivamente a escribir. Apasionado de la investigación ("Quien no ha trabajado en una hemeroteca no ha vivido"), Gibson ha obtenido un éxito mundial con sus libros sobre el asesinato de Federico García Lorca y la represión nacionalista de Granada, el primero de los cuales, editado en París por Ruedo Ibérico, fue prohibido por la censura franquista y galardonado en 1972 con el Premio Internacional de la Prensa en Niza. La edición original de El vicio inglés, que apareció en Londres en 1978, ha sido considerada por casi todos los críticos como una importante contribución al estudio de la sexualidad y la hipocresía británicas. Con su último libro, En busca de José Antonio, ha ganado el Premio Espejo de España 1980. El autor está casado, tiene dos hijos y vive en España.
Una aportación a la tarea de esclarecimiento de las complejas realidades
peninsulares de toda índole —humanas, históricas, políticas, sociológicas, económicas...— que nos conforman individual y colectivamente.
Últimos títulos publicados: 31/Xavier Tusell
LA OPOSICIÓN DEMOCRÁTICA AL FRANQUISMO (1939-1962)
32/Ángel Alcázar de Velasco LA GRAN FUGA
33/Ramón Tamames
LA OLIGARQUÍA FINANCIERA EN ESPAÑA 34/Eduardo Pons Prades
GUERRILLAS ESPAÑOLAS. 1936-1960 35/Ramón Serrano Suñer
ENTRE EL SILENCIO Y LA PROPAGANDA, LA HISTORIA COMO FUE. MEMORIAS 36/José María de Areilza
DIARIO DE UN MINISTRO DE LA MONARQUÍA 37/Ramón Garriga Alemany
EL CARDENAL SEGURA Y EL NACIONAL-CATOLICISMO 38/Manuel Tagüeña Lacorte TESTIMONIO DE DOS GUERRAS 39/Diego Abad de Santillán MEMORIAS (1897-1936) 40/Emilio Mola Vidal MEMORIAS
41/Pedro Sainz Rodríguez TESTIMONIO Y RECUERDOS 42/José Mario Armero
LA POLÍTICA EXTERIOR DE FRANCO 43/Baltasar Porcel
LA REVUELTA PERMANENTE 44/Santiago Lorén
MEMORIA PARCIAL 45/Rafael Abella
POR EL IMPERIO HACIA DIOS 46/Ricardo de la Cierva HISTORIA DEL FRANQUISMO
AISLAMIENTO, TRANSFORMACIÓN, AGONÍA (1945-1975) 47/José María Gil Robles
NO FUE POSIBLE LA PAZ
48/Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate DIÁLOGOS CONMIGO MISMO 49/Ernesto Giménez Caballero MEMORIAS DE UN DICTADOR 50/José María Gíronella. Rafael Borras 100 ESPAÑOLES Y FRANCO
51/Raymond Carr y Juan Pablo Fusí
ESPAÑA, DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA 52/Víctor Alba
EL PARTIDO COMUNISTA EN ESPAÑA 53/Miguel Delibes
CASTILLA, LO CASTELLANO Y LOS CASTELLANOS 54/Manuel Fraga Iribarne
MEMORIA BREVE DE UNA VIDA PÚBLICA 55/José Luis de Vilallonga
LA NOSTALGIA ES UN ERROR 56/lan Gibson
EN BUSCA DE JOSÉ ANTONIO 57/Luis Romero
CARA Y CRUZ DE LA REPÚBLICA
«Ni está el mañana —ni el ayer— escrito.» ANTONIO MACHADO
El dios ibero
1. La colección ESPEJO DE ESPAÑA, bajo el signo de Editorial Planeta, pretende aportar su colaboración, no por modesta menos decidida, al cumplimiento de una tarea que, pese a contar con tantos precedentes ilustres, día tras día se evidencia como más urgente y necesaria: el esclarecimiento de las complejas realidades peninsulares de toda índole —humanas, históricas, políticas, sociológicas, económicas...— que nos conforman individual y colectivamente, y, con preferencia, de aquellas de ayer que gravitan sobre hoy condicionando el mañana.
2. Esta aportación, a la que de manera muy especial invitamos a colaborar a los escritores de las diversas lenguas hispánicas, se articula inicialmente en siete series:
l los españoles II biografías y memorias
III movimientos políticos, sociales y económicos IV la historia viva
V la guerra civil
VI la España de la posguerra Vil testigos del futuro
Con ellas, y con las que en lo sucesivo se crea oportuno incorporar, aspiramos a traducir en realidades el propósito que nos anima.
3. Bueno será, sin embargo, advertir —puesto que no se pretende engañar a nadie— que somos conscientes de cuantas circunstancias nos limitan. Así, por ejemplo, en su deseo de suplir una bibliografía inexistente muchas veces, que cabe confiar estudios posteriores completen y enriquezcan, ESPEJO DE ESPAÑA en algunos casos sólo podrá intentar, aquí y ahora, una aproximación —sin falseamiento, por descontado, de cuanto se explique o interprete— a los temas propuestos, pero permítasenos pensar, a fuer de posibilistas, que tal vez los logros futuros se fundamentan ya en las tentativas presentes sin solución de continuidad.
4. Al texto de los autores que en cada caso se eligen por su idoneidad manifiesta para el tratamiento de los temas seleccionados, la colección incorpora' un muy abundante material gráfico, no, obviamente, por razones estéticas, sino en función de su interés documental, y, cuando la obra lo requiere, tablas cronológicas cuadros sinópticos y todos aquellos elementos que pueden
complementarlo eficazmente. Se trata, en definitiva, de que cada uno de los títulos en su unidad texto-imagen, responda a la voluntad de testimonio que preside las diversas series.
5. Sería ingenuo desconocer, empero, que este ESPEJO que, acogido a la definición que Stendhal aplicara a la novela, pretendemos pasear a lo largo del camino, según se proyecte a su izquierda o a su derecha recogerá, sin duda, sobre los mismos hombres, sobre los mismos hechos y sobre las mismas ideas, imágenes diversas y hasta contrapuestas. Nada más natural y deseable. La colección integra, sin que ello presuponga identificación con una u otra tendencia, obras y autores de plural ideología, consecuente con el principio de que ser liberal presupone estar siempre dispuesto a admitir que el otro puede tener razón. Aspiramos a crear un agora de libre acceso, cerrada, única excepción, para quienes frente a la dialéctica de la palabra preconicen, aunque sólo sea por escrito, la dialéctica de la pistola.
6. Y si en algunas ocasiones la estampa que ESPEJO DE ESPAÑA nos ofrezca hiere nuestra sensibilidad o conturba nuestra visión convencional, unamos nuestra voluntad de reforma a la voluntad de testimonio antes aludida y recordemos la vigencia de lo dicho por Quevedo: «Arrojar la cara importa, que el espejo no hay de qué.»
En busca de
lan Gibson, definido por Francisco Umbral como "el hispanista más listo y más golfo de Europa", está orgulloso de haber nacido en Dublín (1939) y de hablar un inglés con marcado acento celta. Ha sido profesor de español en Belfast y, últimamente, en la
Universidad de Londres. Harto del cielo gris y del lento ritmo ingleses, abandonó cargo y país en 1975 para dedicarse exclusivamente a escribir. Apasionado de la investigación ("Quien no ha trabajado en una hemeroteca no ha vivido"), Gibson ha obtenido un éxito mundial con sus libros sobre el asesinato de Federico García Lorca y la represión nacionalista de Granada, el primero de los cuales, editado en París por Ruedo Ibérico, fue prohibido por la censura franquista y galardonado en 1972 con el Premio Internacional de la Prensa en Niza. La edición original de El vicio inglés, que apareció en Londres en 1978, ha sido considerada por casi todos los críticos como una importante contribución al estudio de la sexualidad y la hipocresía británicas. Con su último libro, En busca de José Antonio, ha ganado el Premio Espejo de España 1980. El autor está casado, tiene dos hijos y vive en España.
_ . . lanGibson
En busca de
JOSÉ ANTONIO
Premio Espejo de España 1980
ESPEJO DE ESPAÑA Dirección: Rafael Borras Betriu Serie: Los españoles
© lanGibson, 1980
Editorial Planeta, S. A., Córcega, 273-277, Barcelona-8 (España) Edición al cuidado de Ester Berenguer
Sobrecubierta de Hans Romberg (realización de Jordi Royo)
Procedencia de las ilustraciones: Alberto Viñals, Alfonso, Archivo Planeta, Campúa, Europa Press, Goyenechea, Keystone, Más y Rafols
Maquetas de ilustración interior: Eduardo Asensio Producción: equipo técnico de Editorial Planeta Primera edición: marzo de 1980
Depósito legal: B. 6420-1980 ISBN 84-320-5656-1
Printed in Spain-lmpreso en España
.Composición, compaginación e impresión: Talleres Gráficos «Dú-plex, S. A.», Ciudad de la Asunción, 26-D, Barcelona-30
Esta obra obtuvo el Premio Espejo de España 1980, concedido por el siguiente jurado: Manuel Fraga Iribarne teniente general Diez Alegría, Ramón Garriga Alemany, José Manuel tara Hernández y Rafael Borras Betriu
Dedico este libro a cuantos militan por la paz, la convivencia y el diálogo entre los españoles.
ÍNDICE
Citas y referencias: Advertencia al lector 14 I. Reflexiones sobre «La España eterna» 15 José Antonio y Castilla, 17; «Unidad de destino en lo universal», 23; La
vida como «empresa», 25; José Antonio y el Imperio, 30; Algunas preci-siones sobre el yugo y las flechas, emblema de la Falange, 37.
II. José Antonio: primeras andanzas con el fascismo 43 «El Fascio», 43; El Movimiento Español Sindical (M.E.S.) y el Frente
Español (F.E.), 57; Sobre el origen del nombre «Falange Española», 64; El acto de la Comedia, 70.
I I I . La revista «F.E.» y los enemigos de «España» 73 1. «O España o marxismo», 78; 2. El Parlamento, 82; 3. Los judíos, 86;
4. Los masones, 89; 5. Los pacifistas, 89; 6. Los separatistas, 91; 7. La C.E.D.A., 94.
IV. La Falange, los monárquicos y las elecciones de 1936 101 La Falange y Renovación Española, 101; Calvo Sotelo, José Antonio y el
Bloque Nacional, 105; La Falange y las elecciones de febrero de 1936, 115.
V. La Falange y la conspiración 129 VI. La entrevista de Jay Alien con José Antonio en la cárcel
de Alicante 161 VIL José Antonio: aspectos del honibre (1) 185 1. El Héroe fascista, 186; 2. José Antonio y la violencia, 189; 3. Ironía
y sarcasmo, 207.
V I I I . J o s é A n t o n i o : a s p e c t o s del h o m b r e (2) 211 1. El autoperfeccionista-y el intelectual, 211; 2. José Antonio y Federico
García Lorca, 215; 3. El parlamentarismo, 221; 4. «Ella», 228.
IX. José Antonio: mito, utilización y balance final 233 Diego Martínez Barrio (1883-1962), 259; Felipe Sánchez Román (1893-1956),
260; Melquíades Alvarez (1864-1936), 263; Miguel Maura y Gamazo (1887-1971), 263; Manuel Pórtela Valladares (1868-1952), 266; Mariano Ruiz Funes, 267; Juan Ventosa Calvell (1879-1959), 267; José Ortega y Gasset (1883-1955), 268; Indalecio Prieto (1883-1962), 268; Agustín Viñuales Pardo, 270; Gregorio Marañón y Posadillo (1878-1960), 270.
Apéndice 273 Cronología 318 Bibliografía seleccionada 327 índice onomástico 331
Me habría sido imposible escribir este libro sin la ayuda y el apoyo de muchas personas. Pienso especialmente en mí esposa y compañera Carole, cuya fe en mi labor nunca ha desfallecido. También quiero dedicar unas especiales palabras de gratitud a los funcionarios de la Hemeroteca Municipal de Madrid, que me han atendido siempre con mucha amabilidad. Debo expresar también mi agradecimiento a las siguientes personas cuya aportación a mi tarea investigadora ha sido, en diversos órdenes y en distintas medidas, particularmente útil; con la esperanza de no olvidar in-voluntariamente a nadie: José M.a Alfaro, Juan Aparicio, José M.a de
Areilza, José Bergamín, Rafael Borras Betriu, Antonio Bouthelier Espasa, Gerald Brenan, Fina de Calderón, Tomás Castaño, Josefi-na Cedillo, José Fernández Berchi, Raimundo Fernández-Cuesta, José Luis Franco Grande, Miguel García Posada, Alfonso García Valdecasas, Ramón Garriga, José M Gil Robles, Ernesto Giménez Caballero, Francisco Giner de los Ríos, Gunter Grossbach, Gabriel Jackson, José Luis Jerez-Riesco, José Landeira Yrago, Margarita Larios, Trinidad Ledesma Ramos, Juan Antonio Maravall, Euti-mio Martín, Ángel Mateos, conde de Mayalde, Mariano del Mazo, marquesa de Narros, Helen Oppenheimer, José M Pemán, Nar-ciso Perales, Antonio Prat y Sáenz de Heredia, Pilar Primo de Rivera, Miguel Primo de Rivera y Urquijo, Pedro Sainz Rodríguez, Ramón Serrano Suñer, Herbert Southworth, Daniel Sueiro, mar-quesa de Valdeiglesias, Manuel Valdés Larrañaga, Pilar Varela, Ángel Viñas.
Yo, por mi parte, serviría para todo menos para caudillo fascista.
JOSÉ ANTONIO P R I M O DE RIVERA, 1933 1
José Antonio Primo de Rivera fue un soñador con sueños cimentados en violencias.
INDALECIO PRIETO, 19472
1. Carta de José Antonio a Julián Pemartín, 2 de abril de 1933.
2. INDALECIO PRIETO, «El testamento de Primo de Rivera», 24 de mayo de 1947,
CITAS Y REFERENCIAS: ADVERTENCIA AL LECTOR
Todas las citas de José Antonio, o referencias a sus escritos y dis-cursos; se toman de las Obras completas (así llamadas) recopila-das por Agustín del Río Cisneros (Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1976, dos tomos): siglas OC.
En cuanto a las citas de, o referencias a, libros o artículos de otros autores, adoptamos la siguiente norma: en la primera men-ción o cita se da el nombre completo del autor, seguido por el título del trabajo, lugar de publicación, editor y fecha y, en las que siguen, sólo el nombre del autor, y página, o páginas, a que se alude. En el caso de obras colectivas, en la segunda mención y si-guientes se da sólo un título abreviado. Cuando se trata de dos o más títulos de un mismo autor, se da, después de la primera referencia, sólo el nombre del autor seguido por un título abre-viado. Las primeras referencias a las obras mencionadas (de las cuales no todas se encuentran en la bibliografía) se pueden locali-zar fácilmente al consultar el índice.
I. Reflexiones sobre
«La España eterna»
Madrid, plaza de Oriente, domingo 18 de noviembre de 1979. «20-N». Francisco Franco Bahamonde y José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, ausentes y presentes. Un sol espléndido —expre-samente concedido por Dios a instancias de Franco, en opinión de uno de los concurrentes— luce sobre las cabezas de la inmensa muchedumbre, y hace centellear a lo lejos las nevadas cimas de Guadarrama. Banderas rojigualdas, pañuelos, bufandas y gorras con los colores nacionales. Pegatinas, «Cara al sol», insignias y grandes pancartas ondeadas por el entusiasmo: «Monzón no nos engaña, Vascongadas y Navarra son España»; «Sin discusión ni negociación, Gibraltar es español»; «No a los estatutos»; «Aragón es España»; «Andalucía defenderá la unidad española»; «España, una y no cincuenta y una».
Por todas partes, en todos los labios, la palabra unidad. Es la obsesión de los oradores. Luis Peralta España, secretario de la Con-federación Nacional de Excombatientes, habla de «la sagrada e in-disoluble unidad de la patria». Luis Jáudenes pide «unidad y enten-dimiento para evitar la liquidación de España y la desaparición de los valores morales y religiosos que le son propios». Para el carlis-ta Santiago Martínez Campos, «se tracarlis-ta de mantener la unidad de la patria, y cueste lo que cueste se ha de conseguir. Pero no sólo aquí y hoy, sino todos los días del año y en cada rincón de España, porque el enemigo no descansa y trabaja a diario». Otro carlista, J. E. Casariego, teme que España, con las autonomías, «en un bár-baro salto regresivo, disfrazado de falsos progresismos, retorne a las tribus celtibéricas y los reinos de taifas», mientras que, para Raimundo Fernández Cuesta, «la unidad de España ha sido puesta en trance de ruptura por decisión unilateral de quienes no se con-sideran españoles, en contra de la voluntad de los que tienen a honor el serlo, como si a éstos esta unidad no les afectase o les fuese indiferente». Blas Piñar proclama que España, «otra vez en peligro, nos convoca para mantenerla unida, frente a toda de-sunión», y José Antonio Girón que «nos reúne algo que no admite demoras ni desviaciones: la unidad. Todos sabéis que España está seriamente amenazada por el enemigo de siempre».1
Leer estos discursos es convencerse de que, entre 1933 —acto del teatro de la Comedia y fundación de Falange Española— y 1979 —acto de la plaza de Oriente—, el pensamiento de las «fuerzas nacionales» apenas ha avanzado un paso. Es m á s : diríamos que ha retrocedido. En el acto del 18 de noviembre de 1979 no se oyó ni una sola opinión original sobre la realidad española y, aunque se habló mucho, eso sí, de rescatar o salvar a España de la amenaza del separatismo, de las Internacionales del capitalismo y del mar-xismo, etc., nadie trató de explicar cómo podría ser la España así puesta a salvo, ni qué papel podría desarrollar en el mundo mo-derno. Donde José Antonio hablaba de la unidad de España en función de una gran empresa nacional, de un «destino universal» que diese sentido a la vida colectiva de los españoles, Blas Piñar, Fernández Cuesta y sus compañeros no tenían nada que ofrecer. Hablaban de esperanza, de futuro, pero realmente lo que trascen-día era una profunda nostalgia, no sólo en relación con los dos desaparecidos caudillos de la España nacional sino con algo más antiguo, más lejano, más intangible: el perdido Imperio español, y la pujanza que lo hizo posible.
Esta añoranza no es nueva. El pensamiento español conserva-dor —y no sólo el de la Falange y sus afines— ha estado obsesio-nado desde hace mucho tiempo por la memoria de la pasada gran-deza de la nación (Fernando e Isabel, la Reconquista, el descubri-miento y colonización de América, la Reforma —España como «brazo diestro del catolicismo»—-, Carlos V, Felipe II, etc.), an-gustiado por la larga decadencia posterior (desde la pérdida de las primeras colonias hasta el Desastre de 1898 y, después, las gue-rras de África), y perseguido por la visión de un gran renacimien-to nacional.2 «En todo el pensamiento de la España
contemporá-nea —ha escrito Pierre Vilar— hallaremos siempre esa presencia del Siglo de Oro.»3 Es cierto, y no hay estudiante de cultura
espa-ñola que no conozca los textos fundamentales de la llamada «ge-neración del 98» sobre el «problema de España» y que no haya me-ditado, con Unamuno, Ganivet, Azorín, Maeztu, Baroja, Antonio Machado y sus sucesores, acerca del tan llevado y traído tema del porqué de la decadencia de la nación.
No cabe duda de que las ideas de José Antonio Primo de Ri-vera, nacido en 1903, fueron profundamente influidas por los
es-2. Según Onésimo Redondo, «España es un pueblo dando vueltas desde hacía ciento cincuenta años para reanudar la ruta de su grandeza. Un pueblo que se siente a disgusto como todos los pueblos mal gobernados, pero con una singular circunstancia que produce a la vez comezón y pesimismo, que sirve de acicate y causa tristeza. Es el recuerdo vivo, aunque en casi todos borroso, de un esplendor que pasó. Por eso todas las fórmulas presentadas "para salvar a España" y todos los bandos y partidos entre sí opuestos, coinciden en ofrecer una grandeza equi-parable a la pasada. En el fondo significa este ofrecimiento la reanudación de la vida imperial» («Castilla en España», J.O.N.S., núm. 2, junio 1933, pp. 63-64).
3. PIERRE VILAR, Historia de España (Barcelona, Crítica, 7.a ed., 1978), p. 67.
crítores del 98 y, más concretamente, por su sucesor José Ortega y Gasset. Desde el momento de la aparición de José Antonio en el escenario político español, en 1930, hasta su muerte en 1936, ex-presaría ideas sobre la «esencia» de España —o como él solía lla-marla, «el genio permanente» o «genio perenne» de España— y sobre la «misión» española en el mundo, cuya deuda con la gene-ración del 98 y con Ortega sería innegable y, a menudo, reconoci-da por él mismo. Estas ideas matrices, que apenas sufrieron mo-dificaciones durante los pocos años de actividad política de José Antonio, eran la base sobre la cual se construyó buena parte de la doctrina falangista, y después la del Estado de Franco. Por lo tanto, nos parece necesario comentarlas aquí con cierto deteni-miento, y relacionarlas con sus antecedentes.
José Antonio y Castilla
Los hombres de 1898, obsesionados por la decadencia de España y empeñados en desentrañar sus causas, fijaron su atención pre-ferentemente en Castilla —corazón de España, cuna de la Recon-quista— y desarrollaron la noción de que, si se pudiera volver a reanimar el espíritu castellano de los días heroicos de los si-glos xv y xvi, el país podría abrirse otra vez camino en el mundo. En En torno al casticismo (1895), Miguel de Unamuno, cuya in-fluencia sobre los jóvenes escritores del 98 era crucial, había iden-tificado la esencia de España, su «intrahistoria», con el alma de Castilla («lo castizo, lo verdaderamente castizo, es lo de vieja cepa castellana»), alma forjada en la cotidiana lucha con el despiadado clima de la meseta: «nueve meses de invierno y tres de infierno». El hombre que habita el duro paisaje castellano, según Unamuno, «siente en medio de la sequía de los campos sequedades del alma», y un imperioso deseo de liberación, o bien hacia arriba (misticis-mo) o bien hacia el mar y la aventura (impulso heroico o militar). Tanto el misticismo como la empresa imperial se consideran, desde esta óptica, como expresión íntima y permanente del alma castella-na. Unamuno, al contemplar la decadencia del campesino caste-llano a fiíjales del siglo XIX, medita sobre su heroico pasado y su
posible regeneración:
Estos hombres tienen un alma viva y en ella el alma de sus antepasados, adormecida tal vez, soterrada bajo capas sobre-puestas, pero viva siempre. En muchos, en los que han recibido alguna cultura sobre todo, los rasgos de la casta están allí.
tiempo en que conmovió al mundo y lo deslumhró con sus re-lámpagos, y en las erupciones de su fe levantó montañas.4
Antonio M a c h a d o , g r a n a m i g o de U n a m u n o y poeta a d m i r a d o p o r José Antonio, d a r í a f o r m a poética a ideas m u y parecidas en
Campos de Castilla (1912). Como U n a m u n o , Machado se
conmo-vía al c o m p a r a r la Castilla a c t u a l («Castilla miserable, ayer domi-n a d o r a edomi-nvuelta e domi-n sus a domi-n d r a j o s desprecia c u a domi-n t o igdomi-nora»), u domi-n a Castilla p o b l a d a de «atónitos p a l u r d o s sin danzas ni canciones», c o n s u p a s a d o t a n vital, t a n expansivo, t a n creativo. E n s u p o e m a «A orillas del Duero», m e d i t a c i ó n s o b r e el t e m a del t i e m p o y las f o r t u n a s d e Castilla, M a c h a d o s e d e j a r í a llevar p o r u n a nostalgia m u y p a r e c i d a a la q u e e n c o n t r a m o s veinte a ñ o s después en textos j o n s i s t a s y falangistas —y casi s e t e n t a a ñ o s d e s p u é s en los
férvi-dos d i s c u r s o s de la plaza de O r i e n t e — :
La madre en otro tiempo fecunda en capitanes, madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes. Castilla no es aquella tan generosa un día,
-cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía, ufano de su nueva fortuna y su opulencia, a regalar a Alfonso los huertos de Valencia; o que, tras la aventura que acreditó sus bríos, pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados, guerreros y adalides que han de tornar, cargados de plata y oro, a España, en regios galeones, para la presa cuervos, para la lid leones...
El p e n s a m i e n t o político de J o s é Antonio, y p o r t a n t o de la Fa-lange, p a r t e de la p r e m i s a n o v e n t a i o c h i s t a de q u e la esencia es-p a ñ o l a es castellana, es-p r e m i s a c o m es-p a r t i d a con los j o n s i s t a s , es-p a r a q u i e n e s Castilla es el «corazón del t r o n c o racial», «la m a d r e de n a c i o n e s y m a e s t r a de E s p a ñ a » y «la región matriz».5 En ningún
sitio e x p r e s ó t a n clara y t a n «poéticamente» esta visión José Anto-n i o c o m o eAnto-n el d i s c u r s o p r o Anto-n u Anto-n c i a d o eAnto-n Valladolid el 4 de marzo de 1934. « T e n e m o s m u c h o q u e a p r e n d e r de e s t a t i e r r a y de este cielo de Castilla los q u e vivimos a m e n u d o a p a r t a d o s de ellos», e m p e z ó . La t i e r r a y el cielo de Castilla son intransigentes, «abso-lutos», sin s o m b r a s , y p a r a J o s é Antonio la m e s e t a es «deposita-ría de valores e t e r n o s , la a u s t e r i d a d en la conducta, el sentido re-ligioso en la vida, el h a b l a y el silencio, la solidaridad e n t r e los a n t e p a s a d o s y los descendientes». Y j u s t a m e n t e p o r q u e el cielo y la t i e r r a castellanos son «absolutos», José Antonio afirma que
Cas-4. MIGUEL DE UNAMUNO, En torno al casticismo (Madrid, Espasa-Calpe, «Austral», 9.» ed., 1979), p. 59.
5. ONÉSIMO REDONDO, pp. 63-69. Dicho artículo contiene una de las mejores ex-posiciones jonsistas del tema de Castilla.
tilla reacciona contra estrechos localismos y «ha tenido que as-pirar, siempre, a ser Imperio». Era una idea que ya había sido desarrollada algunos años antes por los pensadores del grupo de Ledesma Ramos, Onésimo Redondo y La Conquista del Estado. Continúa José Antonio:
Así Castilla, esa tierra esmaltada de nombres maravillosos —Tor-desillas, Medina del Campo, Madrigal de las Altas Torres—, esta tierra de Cnancillería, de ferias y castillos, es decir, de Justicia, Milicia y Comercio, nos hace entender cómo fue aquella Espa-ña que no tenemos ya, y nos aprieta el corazón con la nostalgia de su ausencia. (OC, I, 327.)
Cuando José Antonio terminó su discurso al exclamar «¡Cas-tilla, otra vez por España!» no se hacía eco solamente de la con-signa de Onésimo Redondo «¡Castilla, salva a España!», sino que pensaba posiblemente en una frase de Ortega en España
inverte-brada (1921): «Porque no se le dé vueltas. España es una cosa
hecha por Castilla, y hay razones para ir sosteniendo que, en ge-neral, sólo cabezas castellanas tienen órganos suficientes para per-cibir el gran problema de la España integral.» 6
José Antonio, pues, cree que Castilla es la esencia de España —habla como sacerdote del culto místico de la eterna Castilla— y que dentro del alma castellana se ocultan, intactas, las virtudes heroicas de la raza. Una y otra vez encontramos en sus discursos y artículos la idea de que este «espíritu perenne de la raza» puede ser redescubierto, excavado, como si se tratara de un vivo tesoro oculto. Unamuno había dicho, en el pasaje que hemos citado, que el alma castellana estaba «soterrada bajo capas superpuestas». Para José Antonio, «tenemos todavía nuestra España, y no hay más que escarbar un poco para que la encontremos. España está ahí, y un día encontraremos a España» (OC, I, 206).
José Antonio explica que, en momentos de crisis, esta España eterna emerge indefectiblemente para defenderse contra sus ene-migos. En octubre de 1934, por ejemplo, cuando las virtudes de «la Santa Inquisición y los maridos calderonianos» habían cedido el paso a «la más ejemplar mansedumbre» y los revolucionarios de Asturias y de Barcelona casi lograron su propósito de destruir la sagrada unión de la nación, ¿qué pasó?: «A la hora decisiva aflo-ró del subsuelo de España la corriente multisecular que nunca se extingue. Surgió la vena heroica y militar de España; el genio sub-terráneo de España» (OC, 1,460).
Comentando los mismos acontecimientos en las Cortes el 6 de noviembre de 1934, José Antonio desarrolló esta idea y recurrió otra vez a imágenes que podríamos llamar espeleológicas:
6. JOSÉ ORTEGA Y GASSET, España invertebrada (Madrid, Revista de Occidente, 7.ª ed., 1951), p. 34. Todas las referencias posteriores remiten a esta edición.
No cabe duda de que las ¡deas de José Antonio Primo de Rivera, nacido en 1903, fueron profunda-mente influidas por los escritores del 98 y, más concretamente, por su sucesor José Ortega y Gasset.
De izquierda a derecha, A. Machado, G. Marañen, J. Ortega y Gasset y R. Pérez de Ayala en el mitin celebrado en Segovia para presentar la «Agrupación al servicio de la República».
Artículo
de J. A. Primo de Rivera sobre Ortega y Gasset, publicado en «Haz» (5 diciembre 1935).
Como Unamuno, Machado se conmovía al comparar la Castilla actual, una Castilla poblada de «atónitos palurdos sin danzas ni canciones», con su pasado tan vital, tan expansivo, tan creativo.
Ni el Estado español, ni la sociedad española se hubieran de-fendido con brío frente a la revolución si no hubiera entrado en juego el factor, que siempre nos parece imprevisto, pero que no falta nunca a la cita en las ocasiones históricas, de ese genio subterráneo de España, de esa vena perenne de España que, ahora como siempre, albergada en uniformes militares, en uni-formes de soldaditos duros, de oficiales magníficos, de vetera-nos firmes y de voluntarios prontos, una vez más, ahora como siempre, ha devuelto a España su unidad y su tranquilidad.
(OC, I, 473.)
Algunos meses d e s p u é s , en el p r i m e r n ú m e r o de la revista fa-langista Haz, revista de e s t u d i a n t e s , José Antonio volvió a utilizar u n a i m a g e n p a r e c i d a :
Nosotros, estudiantes, no os llamamos con la invocación del nombre de España a una charanga patriótica. No os invitamos a cantar a coro fanfarronadas. Os llamamos a la labor ascética de encontrar bajo los escombros de una España detestable la clave enterrada de una España exacta y difícil. (OC, I, 594.)
Y, en la m i s m a revista, el 19 de julio de 1935, explicó q u e había u n a sola m a n e r a de r e m e d i a r los m a l e s de la p a t r i a , a s a b e r :
... metiendo el arado más profundo en la superficie nacional y sacando al aire todas las reservas, todas las energías, en un em-puje colectivo que un entusiasmo formidable encienda y que una decisión de tipo militar ejecute y sirva. (OC, II, 727.)
En las t e o r í a s de J o s é Antonio s o b r e la heroica y militar esen-cia de E s p a ñ a y el «genio s u b t e r r á n e o » de la raza —y conste que no e r a n m á s q u e t e o r í a s o hipótesis a u n q u e se convirtiesen luego en d o g m a de la Falange—, y en la imaginería q u e utilizaba p a r a e x p r e s a r l a s , yace implícita la noción de q u e la vida del c a m p o es s u p e r i o r a la de la ciudad, y q u e el c a m p e s i n o es m o r a l m e n t e me-j o r q u e el o b r e r o i n d u s t r i a l y m e n o s c o n t a m i n a d o q u e él p o r ideas falsas. La Falange dirigió sus m a y o r e s esfuerzos propagandísticos h a c i a las regiones agrícolas m á s s u b d e s a r r o l l a d a s del país, y antes de la g u e r r a a p e n a s t u v o influencia en los g r a n d e s c e n t r o s indus-t r i a l e s . La s o b r e v a l o r a c i ó n falangisindus-ta del c a m p o —menosprecio
de la Corte y a l a b a n z a de la aldea— ha sido m u y bien analizada p o r H e l e n o S a ñ a :
En los centros industriales y fabriles del país —como Cataluña, Asturias o Vascongadas— su repercusión fue verdaderamente reducida. Los ámbitos nacionales con una gran tradición políti-ca eran impermeables a la propaganda falangista, pues su esti-lo, expresado mediante un lenguaje entre místico, poético y mi-litar, sólo podía hallar un auditorio propicio entre clases de
población socialmente desfasadas y políticamente arcaicas. Geo-gráficamente, la Falange sólo pudo abrir algunas brechas en la España mesetaria y pobre, sublimada por Unamuno [...] En la España costera, dotada de una burguesía y de un proletariado vigoroso, su influencia fue exigua [...] La exaltación del campo, aunque obedecía en parte a una sincera indignación por la mi-seria en que se hallaba la clase campesina española, tenía por objeto básico movilizar las reservas políticas del país con me-nos preparación teórica —la clase campesina— y lanzarlas con-tra la vanguardia revolucionaria del proletariado industrial, ubi-cado en las grandes ciudades. Sociológicamente, la concepción falangista sobre el significado de las zonas rurales y agrarias era el reflejo de una visión anacrónica de la historia y de las fuer-zas sociales. Su virus reaccionario consistía en la tendencia irra-cional de querer negar el industrialismo y retroceder a una so-ciedad y tipo de producción paternalistas.7
«Unidad de destino en lo universal»
Sabemos q u e l a u n i d a d e s p a ñ o l a h a sido s i e m p r e u n a obsesión d e la Falange. José Antonio insistiría u n a y o t r a vez en q u e el I m p e -rio, fundado bajo inspiración divina p o r F e r n a n d o e I s a b e l y de-sarrollado p o r sus sucesores, sólo h a b í a sido posible c o m o conse-cuencia de la previa unificación i n t e r n a del país, unificación t a n t o territorial c o m o r e l i g i o s a :
Se dijera que su destino universal [Primo de Rivera se refiere al destino de España], el que iba a darle el toque mágico de na-ción, aguardaba el instante de verla unida. Las tres últimas dé-cadas del quince asisten atónitas a los dos logros, que bastarían por su tamaño para llenar un siglo cada uno: apenas se cierra la desunión de los pueblos de España se abren para España —allá van los almirantes vascos en naves de Castilla— todos los caminos del mundo. (OC, I, 229.) 8
E s t a i n t e r p r e t a c i ó n historiográfica — q u e p r o c e d e de Ortega y Gasset—, se convirtió en d o g m a de la Falange (lo sigue siendo), y trajo consigo el corolario de q u e c u a l q u i e r c o n a t o a u t o n o m i s t a vasco o catalán, c u a l q u i e r a s p i r a c i ó n s e p a r a t i s t a , es, l i t e r a l m e n t e , un c r i m e n c o n t r a E s p a ñ a y su s a g r a d a u n i d a d . N o s c o n s t a q u e este concepto es s e n t i d o s i n c e r a m e n t e p o r las «fuerzas naciona-les», hoy c o m o ayer, y q u e , c o m o tal, m e r e c e c o m p r e n s i ó n si no
7. HELENO SAÑA, «La Falange. Intento de un diagnóstico», índice, Madrid, nú-meros 257-258 (nov. 1969), pp. 24-27.
8. Cfr. Ortega, pp. 37-38: «La unión [de Castilla y Aragón] se hace para lanzar la energía española a los cuatro vientos, para inundar el planeta, para crear un
a c e p t a c i ó n p o r p a r t e d e los q u e t i e n e n o t r a s ideas s o b r e e l tema. Pues bien, en 1933 J o s é Antonio e n c a p s u l ó dicho d o g m a en u n a l a p i d a r i a definición de E s p a ñ a y dé su «misión» en el m u n d o que,
a p a r t i r de e n t o n c e s , a p a r e c e r í a i n s i s t e n t e m e n t e en sus discursos y a r t í c u l o s : « E s p a ñ a es u n a u n i d a d de destino en lo universal.» Se p o d r í a n d a r cientos de e j e m p l o s dé c ó m o utilizaba, y a veces explicaba al m i s m o t i e m p o , e s t a definición José Antonio. Basten d o s o t r e s :
Nosotros amamos a Cataluña por española, y porque amamos a Cataluña la queremos más española cada vez, como al país vasco, como a las demás regiones. Simplemente por eso, porque no-sotros entendemos que una nación no es meramente el atractivo de la tierra donde nacimos, no es esa emoción directa y senti-mental que sentimos todos en la proximidad de nuestro terruño, sino que una nación es una unidad en lo universal, es el grado a que se remonta un pueblo cuando cumple un destino univer-sal en la Historia. Por eso, porque España cumplió sus destinos universales cuando estuvieron juntos todos sus pueblos, porque España fue nación hacia fuera, que es como de veras se es na-ción, cuando los almirantes vascos recorrían los mares del mun-do en las naves de Castilla, cuanmun-do los catalanes admirables con-quistaban el Mediterráneo unidos en naves de Aragón, porque nosotros entendemos eso así, queremos que todos los pueblos de España sientan, no ya el patriotismo elemental con que nos tira la tierra, sino el patriotismo de la misión, el patriotismo de lo trascendental, el patriotismo de la gran España. (OC, I,
240-241.)
España es una unidad de destino en lo universal. Toda conspi-ración contra esa unidad es repulsiva. Todo separatismo es un crimen que no perdonaremos. (OC, I,478.)
España es una unidad de destino en lo universal. Esto es lo im-portante. Eso que nos une a todos y unió a nuestros abuelos y unirá a nuestros descendientes en el cumplimiento de un mismo gran destino en la Historia. (OC, II, 864.)
J o s é A n t o n i o no e r a un p e n s a d o r original, y este concepto de E s p a ñ a c o m o « u n i d a d de destino en lo universal», a u n q u e la for-m u l a c i ó n lingüística p r e c i s a sea suya, p r o c e d e , en g r a n p a r t e , de Ortega, t a n t o de España invertebrada c u a n t o de sus discursos en las Cortes a n t e r i o r e s a 1933. En u n o de éstos, p r o n u n c i a d o s duran-te el d e b a t e s o b r e el E s t a t u t o de C a t a l u ñ a en m a y o de 1932, Orduran-tega s o s t u v o la tesis de q u e el p r o b l e m a del s e p a r a t i s m o catalán no te-nía solución y q u e h a b í a , p u e s , q u e «conllevarlo» lo m e j o r posible y « r e n u n c i a r a la p r e t e n s i ó n de c u r a r r a d i c a l m e n t e lo incurable». Y dio a c o n t i n u a c i ó n u n a definición del n a c i o n a l i s m o cuya relación c o n el p e n s a m i e n t o de J o s é Antonio en la m a t e r i a salta a la v i s t a :
¿Qué es el nacionalismo particularista? Es un sentimiento de contornos vagos, de intensidad variable, pero de tendencia su-mamente clara que se apodera de un pueblo o colectividad y la hace desear ardientemente de vivir aparte de los demás pueblos y colectividades. Mientras éstos anhelan lo contrario: a saber, adscribirse, integrarse, fundirse en una gran unidad histórica, en esa radical comunidad de destinos que es una gran nación, esos otros pueblos sienten, por una misteriosa y fatal predispo-sición, el afán de quedar fuera, exentos, señeros, intactos de toda fusión, reclusos y absortos dentro de sí mismos.9
Son p a l a b r a s q u e h u b i e r a p o d i d o e s c r i b i r J o s é Antonio. P a r a éste el E s t a t u t o c a t a l á n constituye, sencillamente, un c r i m e n contra E s p a ñ a , y se refiere en 1934 a los r e s u l t a d o s de su p r o m u l g a -ción c o m o «dos a ñ o s de deshispaniza-ción» (OC, I, 516) y a Catalu-ña c o m o «una región en q u e no s a b e m o s suficientemente arraiga-do el sentiarraiga-do de la u n i d a d nacional« (OC, I, 519). En su crítica de Manuel Azaña, a r q u i t e c t o del E s t a t u t o , J o s é Antonio no se entre-ga al a b u s o p e r s o n a l p r a c t i c a d o p o r o t r o s d e t r a c t o r e s del ex pri-m e r pri-m i n i s t r o . Sin e pri-m b a r g o , le p a r e c e q u e el E s t a t u t o hizo inevita-bles los a c o n t e c i m i e n t o s de o c t u b r e de 1934 y q u e , en consecuen-cia, Azaña m e r e c e un e j e m p l a r c a s t i g o :
Si a los cuatro días o los seis días del 6 de octubre de 1934 el Estado español, considerando a don Manuel Azaña representan-te de un sentido opuesto e incompatible con el propio Estado, le hubiera hecho fusilar por un piquete, es muy posible que hubie-se cometido una injusticia penal, pero es evidente que hubiera servido una justicia histórica. (OC, I, 586.)
Cabe s u b r a y a r , finalmente, q u e la p r e o c u p a c i ó n p o r la univer-salidad del destino e s p a ñ o l e n c u e n t r a expresión ya, en 1931, en el manifiesto del g r u p o de La Conquista del Estado, c a p i t a n e a d o p o r Ramiro L e d e s m a R a m o s , discípulo de Ortega y c o l a b o r a d o r de
La Revista de Occidente: « H e m o s p e r d i d o así el p u l s o u n i v e r s a l .
Nos h e m o s desconexionado de los d e s t i n o s u n i v e r s a l e s . »1 0 J o s é
Antonio, c o m o y a h e m o s dicho, n o e r a u n p e n s a d o r original.
La vida como «empresa»
I n t i m a m e n t e ligada a la p r e o c u p a c i ó n de José Antonio p o r la uni-dad de E s p a ñ a y el I m p e r i o ( t e m a é s t e q u e e x a m i n a r e m o s en un momento) es la noción de la vida c o m o empresa. Es o t r a p a l a b r a
9. Citado por José Plá, Historia de la Segunda República Española (Madrid, Destino, 1940), II, p. 91. Le agradezco a mi amigo Mariano del Mazo el haber atraí-do mi atención sobre este texto.
10. Citamos del facsímil de la primera hoja del manifiesto, publicado por Gu-mersindo Montes Agudo, Vieja guardia (Madrid, Aguilar, 1939), p. 31.
clave de su p e n s a m i e n t o . José Antonio no a d m i t e d u d a s acerca de la existencia del Dios católico («La i n t e r p r e t a c i ó n católica de la vida es, en p r i m e r lugar, la v e r d a d e r a ; p e r o es a d e m á s , históri-c a m e n t e , la española», OC, I, 225), y e s t i m a q u e el h o m b r e ha sido c r e a d o p o r Dios p a r a realizarse en la acción, en el servicio. «Sólo se alcanza dignidad h u m a n a c u a n d o se sirve», le explica a J u a n Ignacio L u c a de Tena, d i r e c t o r de ABC, en 1933, a ñ a d i e n d o : «Sólo es g r a n d e q u i e n se sujeta a llenar un sitio en el cumplimien-to de u n a e m p r e s a g r a n d e » {OC, I, 164). Y o t r a v e z : «La vida no vale la p e n a si no es p a r a q u e m a r l a en el servicio de u n a e m p r e s a g r a n d e » {OC, I, 319). La v e r d a d e r a felicidad está en saber encon-t r a r la vocación y luego vivir en a r m o n í a con e l l a :
He visto a muchos hombres que en medio de las profesiones más apasionantes —como, por ejemplo, la magnífica, total, hu-mana y profunda profesión militar— soñaban con escaparse un día, con hallar un portillo que los condujera a la tranquilidad burocrática o al ajetreo mercantil. Éstas son gentes que viven una falsa existencia; una existencia que no era la que les esta-ba destinada. A veces siento pirandeliana angustia por la suerte de tantas auténticas vidas que sus protagonistas no vivieron, prendidos a una vida falsificada. Por eso miro en lo que vale el haber encontrado la vocación. Y sé que no hay aplausos que valgan, ni de lejos, lo que la pacífica alegría de sentirse acorde con la propia estrella. {OC, I, 593.)
La vida e n t e n d i d a c o m o servicio a u n a e m p r e s a g r a n d e sólo p u e d e t o m a r dos f o r m a s p a r a P r i m o d e R i v e r a : «No hay m á s que dos m a n e r a s serias de v i v i r : la m a n e r a religiosa y la m a n e r a mi-litar» {OC, I I , 473). «Lo religioso y lo m i l i t a r son los únicos dos mo-d o s e n t e r o s y serios mo-de e n t e n mo-d e r la vimo-da» {OC, I I , 812). La Falange solía afirmar q u e su p e c u l i a r «estilo» i n t e g r a b a a m b o s m o d o s de e n t e n d e r la vida, p e r o en la p r á c t i c a nos c o n s t a q u e m o s t r a b a pre-ferencia m a r c a d a p o r lo m i l i t a r . José Antonio se ufanaba de la t r a d i c i ó n m i l i t a r de su familia y tenía un claro concepto de lo que, p a r a él, significaba la g u e r r a en la vida de los p u e b l o s : «La guerra es inalienable al h o m b r e . De ella no se evade ni se evadirá. Existe d e s d e q u e el m u n d o es m u n d o , y existirá. Es un elemento de pro-g r e s o . ¡Es a b s o l u t a m e n t e necesaria!» {OC, I I , 954). También pro- gusta-ba de c i t a r a Spengler, p a r a quien «a ú l t i m a h o r a s i e m p r e ha sido un p e l o t ó n de s o l d a d o s el q u e ha salvado la civilización», cita opor-t u n a m e n opor-t e i n opor-t e r c a l a d a p o r J o s é Anopor-tonio en su conocida «Caropor-ta a los m i l i t a r e s de E s p a ñ a » , del 4 de m a y o de 1936 {OC, I I , 989).
P u e s bien, si el i n d i v i d u o sólo p u e d e realizarse plenamente al vivir su v i d a vocacional c o n i n t e n s i d a d religiosa y militar, p a s a lo m i s m o con las n a c i o n e s : sin g r a n e m p r e s a (quehacer, misión) n o h a y n a c i ó n g r a n d e . O t r a vez J o s é Antonio lo ve t o d o en blanco y n e g r o :
O se es un país inmenso que cumple una misión universal, o se es un pueblo degradado y sin sentido. A España hay que devol-verle la ambición de ser un país director del mundo. (OC, I, 306.) Aquel mismo año de 1492 en que logró España acabar la empre-sa univerempre-sal de desislamizarse, encontró la empreempre-sa univerempre-sal de descubrir y conquistar un mundo. (OC, I, 321.)
España alega su condición de eje espiritual del mundo hispánico como título de preeminencia en las empresas universales. (OC, I, 428.)
España, desde que existe, es y será siempre un quehacer; que Es-paña se justifica por una misión que cumplir. (OC, I, 541.) Una nación es siempre un quehacer, y España de singular ma-nera. O la ejecutora de un destino en lo universal o la víctima de un rápido proceso de disgregación. (OC, II, 900.)
H e m o s dicho q u e J o s é Antonio no es un p e n s a d o r original. Tam-poco lo es en su insistencia s o b r e la vida — t a n t o la del individuo cuanto la de la nación— c o m o empresa. T o d o e s t á ya dicho en la
España invertebrada de Ortega y p a s a p o r los j o n s i s t a s , y
especial-mente p o r Giménez Caballero, a n t e s de llegar a las formulaciones del jefe de Falange. P a r a Ortega, p r e o c u p a d o p o r la
desarticula-ción de E s p a ñ a q u e ve reflejada a la vez en los m o v i m i e n t o s
sepa-ratistas y en las divisiones de clase, «Las naciones se f o r m a n y viven de t e n e r un p r o g r a m a p a r a m a ñ a n a » (p. 27). Es decir, con
un p r o g r a m a de a c c i ó n :
Sólo la acción, la empresa, el proyecto de ejecutar un día gran-des cosas, son capaces de dar regulación, estructura y cohesión al cuerpo colectivo (p. 59).
Sólo una acertada política internacional, política de magnas em-presas, hace posible una fecunda política interior, que es siem-pre, a la postre, política de poco calado (p. 36).
Los i m p e r i o s r o m a n o y español e m p e z a r o n a t a m b a l e a r s e , según Ortega, c u a n d o p e r d i e r o n la visión de su m i s i ó n u n i v e r s a l :
El día que Roma dejó de ser este proyecto de cosas por hacer mañana, el Imperio se desarticuló (p. 27).
Mientras España tuvo empresas a que dar cima y se cernía un sentido de vida común sobre la convivencia peninsular, la incor-poración nacional fue aumentando o no sufrió quebranto (p. 41).
En España invertebrada, además, Ortega expresa ideas sobre la guerra que influyeron poderosamente en José Antonio. Para este filósofo la guerra es «la gran cirugía histórica», un proceso natural e inevitable, y se puede verificar la vitalidad o falta de vi-talidad de una nación al conocer la calidad de su ejército: «El grado de perfección de su ejército mide con pasmosa exactitud los quilates de la moralidad y vitalidad nacionales» (p. 31). Con tales ideas es normal que Ortega considere como un tremendo defecto el pacifismo español del momento, resultado de la desilusión que trajo consigo la pérdida de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas en 1898, y del deprimente espectáculo de los miles de harapientos sol-dados que volvieron entonces a España. En un pasaje que sería elogiado por Giménez Caballero en Genio de España (1932), Or-tega medita sobre la actual situación del ejército español:
Un ejército no puede existir cuando se elimina de su horizonte la posibilidad de una guerra. La imagen, siquiera el fantasma de una contienda posible, debe levantarse en los confines de la pers-pectiva y ejercer su mística, espiritual gravitación sobre el pre-sente del ejército. La idea de que el útil va a ser un día usado es necesaria para cuidarlo y mantenerlo a punto. Sin guerra po-sible no hay manera de moralizar un ejército, de sustentar en él la disciplina y tener alguna garantía de su eficacia (p. 59). Con la pérdida de las últimas colonias americanas, el único horizonte abierto a la ambición militar era África, escenario, en la época en que Ortega publica España invertebrada, de continuos fracasos de las armas españolas y, en julio de 1921, del desastre de Annual. Las heridas de Annual serían sólo en parte restañadas por el general Miguel Primo de Rivera en 1923, con la victoria de Alhucemas; y la reivindicación de un nuevo Imperio español en África, donde el prestigio nacional había sido «pisoteado por mo-ros»,11 se haría cada vez más explícita con el crecimiento del
fas-cismo en los años 30.
La idea de una gran empresa nacional preconizada a partir de 1933 por José Antonio no era, lo hemos visto, original, y arrancaba en gran parte de Ortega. Quisiéramos subrayar, además, que antes de que se alzara la bandera de la Falange, Giménez Caballero había comentado profusamente las tesis de Ortega en Genio de España (1932) y destacado su importancia en relación con el naciente fas-cismo español. José Antonio admiraba este libro, y no cabe duda de que el comentario de Giménez Caballero influyó decisivamente —además de la lectura directa de Ortega— en la elaboración de su doctrina política.
11. ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO, Memorias de un dictador (Barcelona, Planeta,
1979), p. 33.
Antes de que se alzara la bandera de la Falange, Giménez Caballero había comentado profusamente las tesis de Ortega en «Genio de España» (1932) y destacado su importancia en relación con el naciente fascismo español.
José Antonio y el Imperio
H e m o s m e n c i o n a d o ya la tenaz obsesión e s p a ñ o l a p o r la p é r d i d a del I m p e r i o . P o r lo q u e t o c a a la p r e o c u p a c i ó n imperial del nacien-te fascismo e s p a ñ o l , t a n consciennacien-te del r e s u r g i m i e n t o italiano y de su agresiva política e x t e r n a , h a y q u e s e ñ a l a r q u e La Conquista del
Estado de L e d e s m a R a m o s reivindica desde su aparición
(mar-zo de 1931) la e x p a n s i ó n i m p e r i a l , y no sólo en el sentido metafó-rico-espiritual del c o n c e p t o . «Vamos a la afirmación de la c u l t u r a e s p a ñ o l a con afanes imperiales», afirma el manifiesto del grupo.1 2
El s í m b o l o de «La g a r r a h i s p á n i c a y el i m p e r i o solar» con el lema «No p a r a r h a s t a c o n q u i s t a r » q u e a p a r e c e en varios n ú m e r o s de la revista es b a s t a n t e explícito, m i e n t r a s q u e el manifiesto de las J.O.N.S. (finales de 1931) reivindica a Gibraltar, reclama a Tánger y a s p i r a al d o m i n i o de M a r r u e c o s y Argelia.13 E n t r e 1931 y la
fun-dación de la Falange en n o v i e m b r e de 1933, la p a l a b r a I m p e r i o llega a o c u p a r un p u e s t o clave en la r e t ó r i c a jonsista, indicio de lo cual es el célebre a r t í c u l o de J u a n Aparicio, « I m p e r i o o anar-quía», p u b l i c a d o en el s e g u n d o n ú m e r o de J.O.N.S. (junio de 1933). No p o d e m o s m e n o s de c i t a r un p a s a j e de este artículo que no sólo expresa bien el t e m a t r a t a d o , sino q u e n o s p r o p o r c i o n ó u n a de las p o c a s r i s a s q u e h e m o s e x p e r i m e n t a d o a l e n t r e g a r n o s a l estudio
d e José A n t o n i o :
I M P E R I O : Descubrimiento de América. Esto es, el mayor
ejemplo de potencia expansiva que conoce la Historia. Dilatán-donos en el transcurso de un siglo desde la California y la Flori-da hasta el Cabo de Hornos. El conquistador se traga a la tierra. El espacio se achica, desaparece ante la maravilla del hombre.
ANTEIMPERIO: Copia de un parte militar de la última
cam-paña de la Monarquía en África: «Hemos avanzado del kilóme-tro 48 al kilómekilóme-tro 49» (p. 56).
J o s é Antonio siente la n o s t a l g i a del I m p e r i o y, tal vez p o r h a b e r p a s a d o b u e n a p a r t e de su infancia cerca de Cádiz, suele referirse a él p r e f e r e n t e m e n t e en t é r m i n o s m a r i n o s , r e c o r d a n d o a m e n u d o las «naves i m p e r i a l e s de E s p a ñ a » . P a r a J o s é Antonio, la p a t r i a es «un g r a n b a r c o d o n d e t o d o s d e b e m o s r e m a r , p o r q u e j u n t o s nos h e m o s de salvar o j u n t o s perecer» (OC, I I , 937), y el líder nacional ideal sería «rector del r u m b o de la g r a n nave de la Patria» (OC, I, 610). D á n d o s e c u e n t a de la significación histórica del hecho de q u e las i n s u r r e c c i o n e s de Asturias y de Cataluña fueron
suprimi-12. Véase nota 10.
13. JOAQUÍN ARRARÁS, Historia de la Segunda República Española (Madrid, Edi-tora Nacional, 5.* ed., 1970), I, p. 276.
das un 7 de o c t u b r e (de 1934), José Antonio observa q u e «sobre las calles resplandecía el sol q u e o t r o 7 de o c t u b r e brilló s o b r e las naves de Lepanto» (OC, I, 613), y, el 18 de abril de 1935, a p u n t a a m a r g a m e n t e en Arriba q u e «la ú l t i m a línea de b a r c o s españoles ha e m p r e n d i d o su p o s t r e r viaje a América», d e j a n d o así «libres los caminos atlánticos a las quillas de o t r a s naciones» (OC, I I , 652). En o t r a ocasión, un m e s después, el jefe de la Falange exclama en Málaga, d u r a n t e u n a c o m i d a celebrada al aire libre bajo un toldo y frente al M e d i t e r r á n e o : « H a g a m o s de esta lona u n a vela nave-gante y l a n c é m o n o s de nuevo p o r el m a r a la c o n q u i s t a de las em-presas imperiales. ¡Arriba E s p a ñ a ! » (OC, I I , 733).
Es difícil creer que las c o n s t a n t e s referencias de la Falange a «la voluntad de I m p e r i o » fuesen s i m p l e m e n t e m e t a f ó r i c a s alusio-nes a un r e n a c i m i e n t o espiritual de la raza, m á x i m e después de leer los d o c u m e n t a d o s estudios s o b r e el t e m a p u b l i c a d o s p o r Her-bert S o u t h w o r t h , p a r a quien u n a de las m e t a s f u n d a m e n t a l e s del fascismo es, p r e c i s a m e n t e , convertir en e m p r e s a i m p e r i a l las ener-gías revolucionarias de las m a s a s de izquierdas.1 4 Es un h e c h o
que, en febrero de 1934, José Antonio afirmó en u n a interviú q u e «No hay c o n t i n e n t e s ya p o r c o n q u i s t a r » , p e r o a ñ a d i ó a continua-ción: «Pero va c a d u c a n d o ya en lo i n t e r n a c i o n a l la idea democrá-tica que b r i n d ó la Sociedad de las Naciones. El m u n d o tiende o t r a vez a ser dirigido p o r tres o c u a t r o e n t i d a d e s raciales. E s p a ñ a pue-de ser u n a pue-de estas t r e s o cuatro» (OC, I, 306), lo cual d e m u e s t r a que no d e s c a r t a b a la posibilidad de u n a f u t u r a a c t u a c i ó n imperia-lista p o r p a r t e de E s p a ñ a . Doce días d e s p u é s volvió al t e m a : «Te-nemos q u e e s p e r a r en u n a E s p a ñ a q u e o t r a vez i m p e r e . Ya no hay tierras que c o n q u i s t a r , p e r o sí hay que c o n q u i s t a r p a r a E s p a ñ a la rectoría en las e m p r e s a s universales del espíritu» (OC, I, 318). Pero a u n q u e no h a b í a la m e n o r posibilidad de r e c u p e r a r el I m p e r i o americano, en África — t i e r r a de p r o m i s i ó n m u c h o m á s c e r c a n a — sí había «tierras q u e c o n q u i s t a r » . H e m o s visto que, en el manifies-to de las J.O.N.S., se r e c l a m a b a explícitamente a Tánger y se as-piraba al d o m i n i o de M a r r u e c o s y Argelia. En su Discurso a las
juventudes de España (1935), R a m i r o Ledesma R a m o s volvió al
tema del nuevo i m p e r i o africano :
Si España venciese su actual crisis interna del lado favorable a su recobración nacional, entonces las perspectivas internaciona-les resultarían infinitas. Se atrevería a todo y podría atreverse a todo. A recuperar Gibraltar. A unir en un solo destino a la Penín-sula entera, unificados (ahí sí que cabe que se ingenien los
par-14. HERBERT R. S O U T H W O R T H , Antifalange. Estudio crítico de «Falange en la
guerra de España: la Unificación y Hedilla» de Maximiano García Venero (París,
Ruedo Ibérico, 1967), p p . 1-61; «La Falange: Un análisis de la herencia fascista es-pañola», en Paul Preston (recopilador), España en crisis: La evolución y decadencia
del régimen de Franco (México-Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1977),
pá-ginas 29-60.
tidarios de estatutos, federaciones y autonomías) con el gran pueblo portugués.15 A trazar una línea amplísima de expansión
africana (todo el norte de este continente, desde el Atlántico a Túnez, tiene enterradas muchas ilusiones y mucha sangre espa-ñola). A realizar una aproximación política, económica y cultu-ral, con todo el gran bloque hispano de nuestra América. A su-poner para Europa misma la posibilidad de un orden continen-tal, firme y justo.16
¿Es posible que José Antonio pudiese estar indiferente ante la realidad de un resurgimiento italiano cuyos afanes imperialistas africanos eran cada vez más aparentes? Creemos que su reacción ante la invasión mussoliniana de Abisinia deja bien clara su po-sición al respecto. Las democracias europeas fueron profundamen-te sacudidas por dicha invasión, que tuvo lugar a principios de oc-tubre de 1935, y, en España, varios escritores de significación li-beral y republicana, entre ellos Antonio Machado y Federico Gar-cía Lorca, expresaron públicamente su desaprobación de la políti-ca imperialista del Duce.17 José Antonio la aprobó, como era de
es-perar. Hablando el 2 de octubre en las Cortes, dijo que «el coloni-zar es una misión, no ya un derecho de los pueblos cultos», aña-diendo que «el Imperio es la plenitud de los pueblos» y que, en su política abisinia, Italia expresaba legítimamente su destino.18 ¿Cómo
no ver en la intervención de José Antonio la probabilidad de que un estado fascista español, aliado de Hitler y de Mussolini, estaría dispuesto a embarcarse en una aventura imperialista en África?
La opinión de Ernesto Giménez Caballero sobre este tema es digna de tenerse en cuenta, y se puede seguir a través de las dis-tintas ediciones de su libro Genio de España, publicado por vez primera en 1932. En la edición de 1932 el autor había exclamado: «Españoles: por primera vez desde tres siglos ¡hay un alma
espa-15. La Falange nunca ha insistido en el tema de la reincorporación de Portu-gal al territorio nacional, lo cual es ilógico en vista de su doctrina del carácter sagrado de la unidad de la patria. Según Felipe Ximénez de Sandoval, José Anto-nio diría una vez a un grupo de amigos: «El Imperio español de la Falange tendrá una sola bandera, un solo idioma y una sola capital. Su bandera habrá de ser la catalana —la más antigua y la de más gloriosa tradición militar y poética de la Península—. Su idioma será el castellano, el de más prodigiosa fuerza expansiva y universalidad —el que sirve para hablar con Dios, según decía Carlos V—. Y su capital, Lisboa, por donde entran en el Atlántico todos los ímpetus ibéricos que resume el Tajo, y desde donde puede mirarse cara a cara la inmensa Hispanidad de nuestra sangre americana {José Antonio [Biografía apasionada], Barcelona, 1941), p. 457.
16. Citamos por la edición del Discurso publicada, con ¿Fascismo en España?, por Ariel, Barcelona, en 1968. Esta cita, p. 252.
17. Manifiesto titulado «Los intelectuales y la paz», publicado por Diario de Madrid (9 noviembre 1935) y reproducido en Ian Gibson, Granada en 1936 y él asesinato de García Lorca (Barcelona, Crítica, 1979), pp. 300-301. Con Machado y Lorca firmaron el documento Teófilo Hernando, Fernando de los Ríos, Ángel Osso-rio y Gallardo, Roberto Castrovido, Alvaro de Albornoz, Rafael de Buen y Luis Jiménez de Asúa.
18. Véase el texto completo de la intervención de José Antonio en Obras com-pletas, II, pp. 753-759.
ñola q u e os p r o m e t e s e r i a m e n t e , f u n d a m e n t a l y f u n d a d a m e n t e , optimismo, grandeza, r e c o n s t r u c c i ó n y genialidad! I m p e r i o . » 1 9
En u n a extensa n o t a a este p á r r a f o a ñ a d i d a a la edición de 1938, al a c e r c a r s e el final de la g u e r r a , Giménez explicó su concep-to del i m p e r i a l i s m o fascista c o m o m e d i o de s u p e r a r la l u c h a de clases:
La consigna de «Imperio» lanzada por este libro en los mo-mentos más antiimperiales de España —los de la República so-cial-demócrata del 14 de abril— pareció entonces una locura o un desvarío de poeta. Pero nosotros los poetas somos, a fin de cuentas, los hombres más prudentes y sensatos de un pueblo. Ignoraban aquellos social-demócratas que el «Imperio» era la única fórmula capaz de superarles su lucha de clases. No ahora, con los llamados regímenes totalitarios, sino desde que el mundo es mundo.
Nosotros —los imperiales— no ignoramos en cambio que la
lucha de clases es una realidad eterna en la Historia. Porque
siempre ha habido débiles y poderosos, feos y guapos, tontos e inteligentes, cobardes y valientes. Y siempre existirá la lucha y el odio, del miserable, del feo, del tonto y del cobarde contra el pudiente, el apuesto, el capaz y el hombre bravo.
Sólo ha existido en el mundo un sistema eficaz para superar ese encono eterno de clases: y es: trasladar esa lucha social a un plano distinto. Trasladarla del plano nacional al internacional.
El pobre y el rico de una nación sólo se ponen de acuerdo cuan-do ambos se deciden a atacar a otros pueblos o tierras cuan-donde pueden existir riquezas y poderíos para todos los atacantes. El sentimiento de igualdad social en el ataque a otros países que son desiguales a nosotros. Esa expansión de pobres y ricos de un país, contra otras tierras, es lo que constituye la motivación íntima del Imperio.20
Pensamos con S o u t h w o r t h q u e n i n g ú n t e ó r i c o del fascismo es-pañol ha s u p e r a d o , al definir «la m o t i v a c i ó n í n t i m a del Imperio», la exposición de Giménez Caballero.2 1 Es evidente, a d e m á s , q u e
Giménez p e n s a b a q u e , u n a vez t e r m i n a d a la g u e r r a , E s p a ñ a e m p r e n -dería u n a expansión i m p e r i a l i s t a . En la edición de m a r z o de 1939 el autor de Genio de España e s c r i b e : «De e s t e E j é r c i t o v e n c e d o r , al terminar la g u e r r a , s a l d r á el núcleo q u e p r o s e g u i r á n u e s t r a Cau-sa más allá de las fronteras» ( p . 215). ¿ D ó n d e ? Sólo en África podía concebirse tal p r o s e c u c i ó n de la «Causa».
E s bien s a b i d o , a d e m á s , q u e F r a n c o e s p e r a b a p o d e r c o n t a r con el apoyo de H i t l e r en su e m p e ñ o de llevar a c a b o u n a expan-sión española al o t r o l a d o del e s t r e c h o . O c u p ó T á n g e r ( u n a de las reivindicaciones e n u n c i a d a s en 1931 en el manifiesto de las J.O.N.S.)
19. Citamos por la edición de 1939, p. 235. 20. Ibíd.
21. SOUTHWORTH, «La Falange: Un análisis», p. 35.
José María de Areilza. Fernando María Castiella La ¡dea del símbolo del yugo y las flechas fue propuesta, concretamente
por Juan Aparicio en la reunión fundacional de las J.O.N.S. Éste la había tomado de una persona inesperada: el socialista Fernando de los Ríos.
Portada de «Reivindicaciones de España».
Desde el momento de su aparición, el partido concibió la conquista del Estado como un proceso que sería apoyado por las potencias
fascistas en auge, pensando que, llegada la coyuntura europea deseada, podría tomar el poder en España sin el concurso de los obreros. (En la fotografía, sentados y de izquierda a derecha, M. Valdés Larrañaga J. Ruiz de Alda, J. A. Primo de Rivera y A. Salazar)
Rafaei Sánchez Mazas, el primer protofascista español en proponer en letras de molde y casi cinco años antes de la fundación de las J.O.N.S., una significación y utilización contemporáneas para los famosos símbolos de los Reyes Católicos
y, en una carta entregada al Führer el 19 de junio de 1940, ofreció entrar en la guerra al lado de los nazis a condición de que, entre otras cosas, España recibiera como su parte del botín todo Ma-rruecos (que sería un protectorado español), el Oranesado, nue-vos territorios en el interior del Sahara español, y la expansión de sus posesiones en la región costera de Guinea española, entre el estuario del Níger y Cabo López.22
Aquel mismo verano Franco estuvo en Sevilla y pasó dos horas en el simbólico Archivo General de Indias. Según quien fue enton-ces archivero del mismo:
Se le invitó a firmar en el libro de oro del Archivo [...] Se fue decidido a donde estaba el libro y con su buena caligrafía escri-bió sin vacilar: «Ante las reliquias de un imperio, con la prome-sa de otro.» 23
Pero Hitler se negó a aceptar las demandas de Franco, dema-siado exigentes a su parecer, y durante los meses siguientes los ale-manes llegaron al convencimiento de que la ayuda bélica ofrecida por los españoles —agotados por los tres años de la guerra civil— era una quimera y nunca podría tener la eficacia que éstos preten-dían. Se alejaba cada vez más, pues, la posibilidad de que España entrase en la guerra y de que se pudiesen realizar sus afanes impe-rialistas, absolutamente impractibles e impensables sin el concur-so de las potencias fascistas.24 Entretanto se había publicado el
célebre libro de José María de Areilza y Fernando María Castiella,
Reivindicaciones de España, en el cual aquellos afanes se
expresa-ron muy concretamente.25 Cuando tuvo lugar el desembarco
nor-teamericano y británico en África, el 8 de noviembre de 1942, se desvaneció totalmente cualquier posibilidad de que se convirtiese en realidad el sueño de un nuevo Imperio español al otro lado del estrecho de Gibraltar, sueño en cuya divulgación había participa-do José Antonio Primo de Rivera:
Tenemos voluntad de Imperio. Afirmamos que la plenitud his-tórica es el Imperio. Reclamamos para España un puesto pre-eminente en Europa. No soportamos ni el aislamiento interna-cional ni la mediatización extranjera. (OC, I, 318.)
22. SOUTHWORTH, Antifalange, p. 47.
23. «Las dos horas más aburridas que Franco pasó en Sevilla», entrevista hecha por Holgado Mejías a José de la Peña Cámara, El Correo de Andalucía, Sevilla, 14 de octubre de 1979. Le agradezco a Mariano del Mazo el haberme pasado el re-corte de esta interviú.
24. Afirma Southworth: «Hay que insistir en que la idea imperial falangista nunca fue concebida como una empresa española independiente; fue concebida como una acción combinada con los nazis y los fascistas, para cambiar el mapa de Europa» (Antifalange, p. 40).
25. Véase el detallado análisis a que somete Southworth este libro (Antifalange, pp. 48-49).
Algunas precisiones sobre el yugo y las flechas, emblema de la Falange
En u n a n o t a a pie de página a ñ a d i d a a la s e g u n d a edición de su
Genio de España (1934), E r n e s t o Giménez Caballero afirma q u e
fue él quien p r i m e r o percibió y p r o c l a m ó —«con lucidez a s o m b r o -sa», agregaría en 1938— la relación familiar existente e n t r e el fas-cismo de Mussolini (el italiano fascio, c o m o el e s p a ñ o l haz, proce-de proce-del latín FASCIO) y el yugo y las flechas, símbolos de F e r n a n d o (F = flecha) e Isabel (I o Y = yugo), reyes t a n v e n e r a d o s p o r los tradicionalistas e s p a ñ o l e s :
El Haz y el Yugo —símbolo unitario de los Reyes Católicos— fue propuesto por mí en 1928-9, «Carta a un compañero de la Joven España», en mi libro «En torno al casticismo de Italia», como signo nacional de futuridad. La idea fue recogida por Ra-miro Ledesma Ramos en La Conquista del Estado (1931). Y di-bujado por el carlista Roberto Escribano Ortega que fijó en cinco el número de flechas para que fuesen radiales al yugo, si-tuado en la intersección del haz. Pasó a las J.O.N.S., y actual-mente a Falange Española. Es hoy el emblema del naciente mo-vimiento fascista, hacista, en España. (Edición de 1939, pági-na 16, nota.)
En su «Carta a un c o m p a ñ e r o de la Joven E s p a ñ a » , p u b l i c a d a en La Gaceta literaria el 15 de febrero de 1929 a n t e s de salir en el libro aludido, Giménez Caballero h a b í a escrito, e x a c t a m e n t e :
Nudo y haz, Fascio: haz. O sea nuestro siglo xv, el emblema de nuestros católicos y españoles reyes, la reunión de todos nues-tros haces hispánicos, sin mezclas de Austrias ni Borbones, de Alemanias, Inglaterras, ni Francias...
La E s p a ñ a i n m e d i a t a m e n t e a n t e r i o r a la u n i ó n de F e r n a n d o e Isa-bel la ve Giménez Caballero c o m o «La E s p a ñ a p r e h a c i s t a » , y la nueva E s p a ñ a de dicho reyes c o m o «fascista». Según este razona-miento, E s p a ñ a fue la p r i m e r a nación fascista de E u r o p a , m á s de cuatro siglos avant la lettre: «Antes de q u e el fascismo de h o y sur-giese en Italia h u b o el h a c i s m o de la E s p a ñ a c u a t r o c e n t i s t a . »
En Genio de España (1932), Giménez Caballero d e s a r r o l l a estas ideas, d i s c u r r i e n d o s o b r e la significación simbólica del yugo y de las flechas y p r o c l a m a n d o o t r a vez las raíces indígenas del fas-cismo e s p a ñ o l :
Para España el fascio existe antes de que lo clavara en su som-brero un ítalo Balbo. Lo pusieron en su escudo nuestros Reyes