UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA
Máster en Intervención Social con Individuos, Familias y Grupos
2013/2014
DISCURSOS DE ADOLESCENTES DE
BERRIOZAR SOBRE LA VIOLENCIA DE
GÉNERO
Autora: Itziar Doray Oscoz
RESUMEN
La violencia de género se manifiesta como la máxima expresión de desigualdad entre hombres y mujeres. Es un fenómeno que se produce en todas las clases sociales, edades y grupos étnicos. Este estudio se propone investigar cuáles son las percepciones, actitudes y comportamientos de la juventud del municipio de Berriozar (Navarra) acerca de la violencia de género. Puesto que la realidad indica que esta población sigue reproduciendo aquella problemática en sus relaciones interpersonales, hemos recogido diferentes discursos de jóvenes para conocer cómo perciben la violencia de género. Para ello, se ha utilizado una metodología cualitativa basada en la técnica del grupo de discusión. De nuestro estudio se desprende que, aunque la mayoría de los jóvenes conocen esta problemática y en general son capaces de describirla, también presentan carencias que demuestran la necesidad de desarrollar programas de prevención dirigidos a este segmento de población.
PALABRAS CLAVE: Violencia de género, adolescencia, desigualdad, sistema
sexo-género, amor romántico, mitos.
ABSTRACT
Gender-based violence is the biggest representation of the inequality between men and women. It happens in every social class, age and ethnic group. This paper aims to investigate which the perceptions, attitudes and behaviour about the gender based violence are according to the youth from Berriozar (Navarra). Due to the fact that the reality shows that this population keeps on reproducing this problematic within the interpersonal relationships, there have been gathered different opinions from young people to learn how they perceive gender-based violence. To do so, a qualitative methodology has been used based on the discussion group technique. As far as this study is concerned, although the majority of young people are aware of this problematic and in general are capable of describing it, they also present a shortage that shows the necessity to develop prevention programmes addressed to this section of population.
KEYWORDS: gender-based violence, adolescence, inequality sex gender-based
AGRADECIMIENTOS
Este trabajo representa la finalización del Máster en Intervención Social con Individuos, Familias y Grupos así como la finalización de una etapa. Una etapa que me ha aportado mucho por los aprendizajes realizados, las experiencias vividas y el establecimiento de nuevas amistades pero en la que también han surgido dificultades que finalmente han sido superadas. Por todo ello, quiero expresar mi agradecimiento a varias personas que han sido partícipes en todo este proceso y que han sido muy importantes ya que sin ellas todo este camino habría sido más costoso.
En primer lugar, me gustaría agradecer a José Antonio Perales el interés que ha mostrado por la temática de mi Trabajo Fin de Máster que a pesar de no ser su especialidad se involucró con ella y me ha servido de mucha ayuda frente a dificultades que han ido surgiendo.
A los/as verdaderos/as protagonistas de este estudio que voluntariamente han participado en las actividades realizadas para poder obtener la información necesaria para la investigación. Me refiero a las personas que han participado en los grupos de discusión: jóvenes de entre 15-19 años de Berriozar. Porque sin ellos y ellas esta investigación no habría sido posible. También a los profesionales de distintos servicios de Berriozar como son los profesionales del Centro Juvenil, la técnica de juventud así como el servicio de Igualdad de Berriozar por prestarme atención y la información necesaria para este trabajo.
También quiero agradecer al profesorado del Máster en general por facilitarme sus conocimientos, orientación y apoyo.
A mis compañeras del Máster, que nos hemos animado, ayudado y escuchado mutuamente en todo el proceso. En especial, a Maider y Leire que han supuesto un apoyo muy grande y con las cuales he compartido risas y agobios. Así como a Jessica, María y Paola por su ánimo y apoyo.
Finalmente, quisiera nombrar a mi familia que ha supuesto un apoyo muy grande en toda esta etapa puesto que siempre han tenido unas palabras de ánimo cuando lo necesitaba, que me han ayudado a seguir adelante con más fuerza.
ÍNDICE
1. Introducción……….1
1.1Motivación para realizar el trabajo………2
1.2Estructura del trabajo………...3
2. Marco teórico………...4
2.1 Aproximación teórica a la violencia de género……….4
2.1.1 Sistema sexo-género……….5
2.1.2 Amor romántico y mitos………...8
2.1.3 Violencia de género definiciones………...12
2.1.4 Formas de violencia de género………...14
2.1.5 Dinámica de la violencia de género: ciclo de la violencia……….17
2.1.6 Consecuencias de la violencia de género………...19
2.1.7 Datos sobre violencia de género en España y en Navarra………..21
2.2 Violencia de género y adolescencia……….27
2.2.1 Adolescencia………...27
2.2.2 Principales características de la adolescencia……….28
2.2.3 Teorías sobre la adolescencia………...30
2.2.4 Características de la violencia de género en la adolescencia……..31
2.2.5 Estudios realizados sobre violencia de género y adolescentes: Principales conclusiones y cifras………...……...32
3. Contextualización………...36
3.1 Descripción de Berriozar y de su población………36
3.2 Datos sociodemográficos………...39
3.3 Otras características de Berriozar………...41
3.4 Servicios con los que cuenta Berriozar para atender esta problemática…...41
4. Objetivos………43 5. Hipótesis………....44 6. Aspectos metodológicos………...44 6.1Metodología……….45 6.2Grupos de discusión……….………....45 6.3Cuestiones y dimensiones………....47
6.4Proceso llevado a cabo………...48
7.1 Grados de visibilización del problema………55
7.2 Ideas acerca de la violencia de género………57
7.3 Interpretaciones que dan del problema………59
7.4 Víctimas y agresores………...59
7.5 Experiencias personales de violencia de género………...62
7.6 Actuaciones frente a la violencia de género………63
7.7 Medidas propuestas para erradicar la V.G………...65
7.8 Estereotipos de género: pareja ideal………...67
7.9 Mitos y amor romántico………..69
8. Redes sociales y violencia de género………...73
8.1 Igualdad vs. Desigualdad………...74
8.2 Evaluación………...76
8 Conclusiones………..77
Nota: Aunque en este trabajo se ha intentado usar un lenguaje no sexista, se ha hecho uso de términos masculinos para incluir a ambos sexos en algunas ocasiones para así facilitar su lectura, no obstante incluyen a hombres y a mujeres.
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1.
INTRODUCCIÓN
La violencia de género es una problemática social que afecta a mujeres de todas las edades, culturas y perfiles socioeconómicos. Tiene múltiples consecuencias personales, sociales y psicológicas. Estas se manifiestan mediante diversas formas: agresiones físicas, abuso psicológico, coerción sexual, dominación y control, etc... Todavía hoy en día la violencia de género sigue manifestándose como expresión de la desigualdad entre hombres y mujeres.
A pesar de los cambios sociales acaecidos en las últimas décadas respecto a la mujer en cuanto a sus derechos, a su papel en la sociedad, en la pareja y en la familia, y a la mayor sensibilización de la sociedad, estos últimos años ha aumentado la violencia de género en relaciones afectivas de adolescentes como lo demuestran varias investigaciones. Sin embargo, las explicaciones de los motivos que llevan a este aumento de la violencia de género entre la juventud son insuficientes haciendo ver que es necesario comenzar a prevenir estas situaciones desde edades tempranas.
El objetivo central de esta investigación es conocer la percepción, actitudes y conductas de los adolescentes de Berriozar (Navarra) sobre la violencia de género. Se trata de conocer cuáles son sus creencias y opiniones sobre este tema y también de estudiar cuáles son las necesidades sociales que se plantean para la superación de esta violencia. Ya que el modo en que se percibe, define, jerarquiza e interpreta un problema condiciona su abordaje.
Para la consecución de este objetivo general, el perfil de los sujetos que se plantea es: personas de entre 15-19 años tanto chicas como chicos. Puesto que es en este tramo de edad donde empiezan las relaciones de pareja y porque las relaciones violentas se gestan desde sus comienzos siendo la violencia progresiva.
Para llevar a cabo esta investigación, utilizaremos una metodología cualitativa. Como técnica para la obtención de datos, se plantea el grupo de discusión, dado que esta técnica posibilita llegar a un mayor número de personas y obtener una visión de la realidad más concreta partiendo de los relatos de los sujetos participantes.
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1.1
Motivación para realizar el trabajo
La temática a escoger para realizar el trabajo fin de máster no fue fácil puesto que tenía varias ideas en mente pero ninguna me convencía del todo. Finalmente escogí este tema por ser un tema de interés personal que me motivaba estudiar, me parecía interesante y porque era un tema que tenía que ver con lo trabajado en el máster. Pero fundamentalmente porque era un tema que me motivaba trabajar del cual quería aprender más.
Aparte de estas razones, mis experiencias hasta la actualidad también me han llevado a profundizar más en esta temática. Siempre me han interesado los colectivos de mujeres y juventud y por ello quizás haya dirigido mis experiencias hacia esos ámbitos y haya escogido este tema.
A lo largo de la carrera de Educación Social que concluí, escogí realizar las prácticas en Kamira en el programa Servicio de Atención Integral a Mujeres y sus hijos/as en dificultad social y/o problemática de género (SIF Mujer). Este recurso, tiene como objetivo conseguir la incorporación o reincorporación social y laboral de las mujeres en situación de alto riesgo social y problemática de género, que se encuentran en una situación de exclusión y que precisan de una actuación profesional global, intensiva y acotada en el tiempo. En él conocí a muchas mujeres con hijos/as, que no habían tenido una vida fácil, sin redes sociales, las cuales en la mayoría de los casos habían sufrido malos tratos y estaban luchando por salir adelante. Esa experiencia fue muy gratificante e intensa en la que me di cuenta de la dificultad añadida que supone en esta sociedad ser mujer. También he trabajado con adolescentes en diferentes grupos de ocio y tiempo libre que me han ayudado a entender mejor este colectivo muchas veces visto como un problema en esta sociedad.
Al terminar la carrera, decidí seguir formándome y comencé este máster eligiendo las especializaciones de género y familias, infancia y adolescencia. La especialización en género ha sido muy enriquecedora para mí porque aunque siempre he estado concienciada y sensibilizada con este tema, muchas veces vives inserta en la sociedad que no te deja ver la realidad y este experto me ha abierto los ojos en ese sentido del cual he aprendido mucho y considero que estos aprendizajes me marcarán para toda la vida. En la actualidad me encuentro trabajando en Xilema en el servicio de acogimiento
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residencial para menores conociendo a diferentes adolescentes y aprovechando la experiencia para nuevos aprendizajes que me posibiliten realizar mejor mi labor profesional.
Considero que todas estas experiencias me han marcado y por eso he escogido estudiar la percepción que tienen los adolescentes sobre la violencia de género. Dado que los adolescentes de hoy serán los adultos del mañana y es necesario conocer qué piensan y qué conocen sobre diferentes fenómenos, para tratar de que el futuro sea mejor para ellos y para todo el conjunto de la sociedad.
1.2
Estructura del trabajo
El trabajo que se presenta, consta de varias partes:
En primer lugar, el marco teórico que gira en torno a dos conceptos que son fundamentales en esta investigación: la violencia de género y la adolescencia. Se estudian ambos fenómenos contrastando diferentes lecturas e investigaciones sobre el tema, para luego relacionarlos.
En un segundo apartado, a modo de contextualización, se describe el pueblo donde se enmarca esta investigación, Berriozar, con algunos datos socio-demográficos y características para acercarnos a su realidad actual.
Tras este apartado, se explican los objetivos que persigue este estudio y las hipótesis que se plantean en torno al tema que nos ocupa.
Se prosigue con la metodología que se ha seguido para la consecución de los objetivos propuestos, definiendo la muestra y perfil de los participantes con la que se ha contado. Finalmente, se presentan los resultados obtenidos en la investigación junto con las conclusiones finales del estudio que enmarcan todo el corpus de la investigación.
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2.
MARCO TEÓRICO
2.1
Aproximación teórica a la violencia de género
La violencia de género es la manifestación más visible de la desigualdad entre hombres y mujeres. Se produce por igual en todas las clases sociales, con independencia del nivel económico o educativo de las personas implicadas, edad u origen étnico. Numerosos autores coinciden en que la que posibilita que la violencia de género siga siendo noticia es la estructura social, basada en relaciones de dominación/sumisión a través de la cual se adscribe a cada sexo un género determinado con significados socioculturales diferentes.
Para Lorente (2003), es el contexto el que hace posible que esto ocurra: dado que la sociedad androcéntrica sitúa a hombres y mujeres en una posición diferente, les asigna roles distintos, y amparado en ellos permite que el hombre mantenga una superioridad sobre la mujer, y tenga por tanto la potestad de controlarla. Para conseguir este objetivo, puede recurrir a diferentes mecanismos, como la violencia.
Simón (2004), por su parte, establece las causas de la violencia de género en el dominio de las mujeres por parte de los hombres y la creencia de que las mujeres son más débiles por naturaleza, lo cual se manifiesta en diferentes leyes, costumbres y creencias que aún existen en muchas sociedades y comunidades culturales y denominadas patriarcales.
En este sentido, Hirigoyen (2006), afirma que la vulnerabilidad de las mujeres es de orden social, se encuentra en posición de inferioridad frente al hombre y se basa en las relaciones de dominación/sumisión. Según ella la violencia está vinculada y tolerada por el patriarcado y los hombres la utilizan para ejercer control y autoridad sobre las mujeres.
En palabras de Martín (2013), “la violencia de género es el resultado de una
organización patriarcal que construye las relaciones entre mujeres y hombres sobre jerarquías asimétricas de poder, en la que la autoridad está asignada solamente a los varones”. Así también la directora del Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde, Txaro
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Arteaga, en una entrevista realizada al País (2014)1 declara que “se trata de un problema estructural, asentado sobre una situación de desigualdad entre hombres y mujeres que persistirá durante muchos años”.
A modo de conclusión podemos afirmar que la violencia de género es un mecanismo de poder y control que utilizan los hombres por su posición asignada de superioridad frente a la posición de inferioridad de las mujeres con el objetivo de mantener su estatus en la estructura social jerárquica.
2.1.1 Sistema sexo-género
La violencia de género se sustenta en un sistema sexo/género que produce y organiza las relaciones entre géneros a partir de la interpretación del “sexo” (Amigot, 2012). Es reseñable recordar que la primera persona en diferenciar estos dos términos fue la filósofa Simone de Beauvoir en su trabajo “El Segundo Sexo”. En esta obra declara que las mujeres “no nacen como mujeres sino que se les hace mujeres”. Para comprender el sistema sexo/género, es necesario diferenciar entre ambos términos, puesto que tienen significados distintos a pesar de que a menudo se tiende a confundirlos.
El sexo hace referencia a las características biológicas que distinguen al hombre y a la mujer, las cuales hacen posible la reproducción humana y son de carácter universal. El género según Keller (1994) es una “construcción social de la naturaleza relacional, que no se identifica con la condición humana de nacer sexuado, aunque hunde sus raíces en ella, estableciéndose entre ambos conceptos múltiples interdependencias”. Siguiendo en esta línea, Rosa Cobo (1995) concibe el género como “la idea de que lo femenino y lo masculino no son hechos naturales o biológicos, sino construcciones culturales”.
En la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing (1995) el género se define en función de “los papeles sociales construidos para la mujer y el hombre asentados en base a su sexo y dependen de un particular contexto socioeconómico, político y cultural y están afectados por otros factores como son la edad, la clase, la
1Disponible en línea:
http://elpais.com/diario/2004/02/08/paisvasco/1076272806_850215.html Consultado en fecha: agosto de 2014
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raza y la etnia”. Así el género es una construcción social que toma como base la diferencia sexual, por el cual se asignan a hombres y a mujeres diferentes características, valores, ideas y creencias, que varían dependiendo de la cultura y del tiempo.
Es al distinguir entre estos dos conceptos cuando el sistema sexo/género resulta más comprensible. Gayle Rubin (1986:97) lo define como: “El conjunto de disposiciones
por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana y en el cual se satisfacen esas necesidades humanas transformadas”. Por tanto, para Rubin, el sistema sexo/género es una estructura social construida por la cual a partir del mero hecho biológico de la diferencia sexual, se crean unas relaciones jerárquicas donde se señala quién debe ocupar cada espacio, tanto física como simbólicamente. Así pues, se utiliza el sexo como referente para atribuir el género, ya que el sexo está biológicamente determinado y el género es socialmente construido. En definitiva, la violencia de género es consecuencia del sistema sexo/género, que el hombre utiliza como recurso para mantener el orden establecido.
Este orden se reproduce a través de la socialización de género, por la cual se asignan a cada uno de ellos características diferentes aparentemente complementarias pero jerarquizadas, en función del valor social y cultural que impera en la sociedad y que a su vez son transmitidas de una generación a otra como un hecho natural. Es decir, el género masculino en este caso disfruta de mayor poder y estatus, situándose en una posición de superioridad frente al género femenino, que posee un estatus devaluado, situándose en una posición de secundariedad frente al género masculino.
Según Simón2 (2007), la socialización de género se da bajo dos leyes diferentes: la ley del dominio masculina que se caracteriza por la fuerza, el dinero y el poder y la ley del agrado femenina que es complementaria a la primera que se caracteriza por la belleza, el cuidado y el amor. Por lo tanto, un género, el masculino, se caracteriza por la fuerza, el poder y la competitividad mientras que el femenino, se caracteriza por el cuidado y el amor. Esta aparente complementariedad es una idea errónea, ya que es esta desigualdad
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de poder la que posibilita que se den relaciones asimétricas en las que la violencia de género esté presente en la cotidianeidad de las personas.
Es a través de la socialización de género como se adquieren los roles, entendidos como las funciones y tareas asociadas a hombres y mujeres por el hecho de pertenecer a este grupo, y que son diferentes en función de las culturas. Aunque estos roles evolucionan en gran parte gracias a los movimientos feministas, tradicionalmente al rol de la mujer se le han atribuido tareas de cuidado, y al hombre, la función de trabajador y sustentador familiar. Por tanto la mujer queda relegada al ámbito privado y el hombre al ámbito público.
Esta asignación diferenciada de roles ha dado lugar a distintas posiciones de mujeres y hombres dentro de la estructura social. Es por ello que la estructura sociocultural androcéntrica imperante sitúa a éstas en una posición de subordinación respecto a ellos. Así la mujer debe permanecer en el lugar correspondiente desempeñando su rol porque de lo contrario, la estructura social construida de esta manera cobraría inestabilidad (Lorente, 2001). Por consiguiente, la agresión a la mujer se convierte en una violencia estructural, como elemento estabilizador para que todo permanezca en el mismo estado.
Estas tareas asociadas a la mujer y al hombre (roles de género), generan estereotipos de género. Estos son una construcción social que se tiene de la concepción del hombre y de la mujer (Mateos, 2013). También pueden definirse como un “conjunto de ideas simples, pero fuertemente arraigadas en la conciencia, que escapan al control de la razón” (Cobo, 1995:9). Es decir, representan las creencias que tiene la sociedad sobre las mujeres y los hombres, que realzan sus desigualdades. Según Mateos (2013) las características tradicionalmente asociadas a los estereotipos de género son:
- Hombre: masculino, fuerte, racional, inteligente, tenaz, autoritario,
impulsivo, violento, sexual, emprendedor, independiente, controla sus emociones, etc.
- Mujer: femenina, débil, tierna, cuidadora, intuitiva, sensible, emocional,
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El aprendizaje de los comportamientos correspondientes a los roles de género y la interiorización y naturalización de los contenidos de los estereotipos de género son procesos que intervienen en la construcción de la identidad de género. Porque “la
identidad no es un hecho dado sino un proceso que se construye partiendo del individuo y estableciendo una relación dialéctica con su cultura comunitaria” (Herrera, 2010: 42). De esta forma, la identidad se entiende como la capacidad de las personas para identificarse con otras, en las que el modo de entender la realidad, en este caso cómo la sociedad está organizada jerárquicamente en dos esferas diferenciadas, juega un papel determinante. Así el género es la primera instancia de definición de la identidad de una persona, que junto con el aprendizaje de los roles y estereotipos de género creará su autoconcepto e identidad.
En definitiva, se ha transmitido la visión de la mujer y del hombre en contraposición uno del otro. Esta visión de la mujer y del hombre determinan cómo debe ser una mujer y un hombre mostrando modelos de masculinidad y feminidad tradicionales que tiene como objetivo fortalecer el mantenimiento del sistema. Ello tiene como consecuencia la desigualdad en todos los ámbitos de la vida (político, social, psíquico, familiar…). Es en este contexto en el que tiene su origen la violencia. Pero no todos los hombres ejercen violencia contra las mujeres a pesar de haber sido socializados en base al sistema sexo/género. Como tampoco existe un perfil único de maltratador. Eso quiere decir, que otros factores influyen en la manifestación del fenómeno de la violencia de género. En consecuencia, se hace necesario investigar en torno a este tema puesto que afecta gravemente a todo el conjunto de la sociedad.
2.1.2 Amor romántico y mitos
El modelo de amor y específicamente el amor romántico imperante en nuestra sociedad y los mitos asociados a él, estarían entre los factores que pueden contribuir y/o mantener la violencia de género en las parejas (González y Santana, 2001). Por tanto la concepción del amor romántico vigente hoy en día es un factor de riesgo en las relaciones de pareja. Resulta necesario prestar atención a la etapa de la adolescencia, en la que el ideal de amor romántico es más peligroso aún, por ser una fase donde se inician las primeras relaciones de pareja. La inexperiencia puede favorecer el seguir este
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ideal sin ni siquiera cuestionarlo, dado que se nos transmite como un hecho incuestionable a través de la socialización y la industria cultural.
El amor es una construcción cultural, en la que cada periodo histórico ha desarrollado una definición del concepto. Así, el significado varía según el momento histórico, la cultura y la sociedad, y esto quiere decir que al haber existido diferentes formas de entender el amor, cada interpretación del amor ha influido a su vez en el propio desarrollo de las relaciones amorosas.
El amor romántico, es pues una forma entre otras de entender el fenómeno amoroso, que según especialistas se trata de un producto exclusivo de occidente. Algunos sitúan su nacimiento entre los siglos XII y XIII con la tradición del amor cortés de los trovadores. Este tipo de amor fogoso, basado en sentimientos de exclusividad y posesión y en el deseo de eternidad y fidelidad aparece ya en la antigüedad griega, sin embargo, en aquella época el ideal amoroso era de carácter homosexual y pederasta. Es en la Edad Media cuando se impone la heterosexualidad en la cultura amorosa. Así el amor cortés evoluciona hasta el Romanticismo como movimiento que tiene una gran influencia en la cultura de occidente hasta la actualidad (Herrera, 2010).
Es gracias a la industrialización de la cultura y al proceso de globalización como el amor romántico se extiende por todo el mundo hasta hoy en día, siendo el gran tema de numerosas películas, libros, canciones, series televisivas, obras de teatro, anuncios... etc. Se puede afirmar que el amor romántico se convierte en el elemento central tanto de la literatura como del cine.
Dado que la concepción del amor está sujeta a aprendizajes culturales y condicionamientos sociales, es equívoco hablar de amor como sentimiento universal. Hoy en día entendemos el amor de pareja como un tipo de afecto que tiene varias características en común:
- Ha de ser para toda la vida - Exclusivo
- Incondicional
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Estas características rigen muchas de las relaciones amorosas, pero es de mencionar que al haber sido socializados de manera diferente, los hombres y las mujeres no conciben de la misma forma esta idea del amor. Porque como dice Herrera, (2010:207): “Un sistema social basado en las jerarquías y en la supremacía de lo masculino sobre lo femenino modela y construye los sentimientos y las relaciones afectivas entre los dos grupos, perpetuando las desigualdades”. Al haber sido educados de forma diferente, tanto los hombres como las mujeres expresan sus sentimientos también de diferente manera, ya que las emociones se construyen socioculturalmente, y el género influye significativamente en las emociones y en cómo se relacionan los seres humanos.
Las mujeres interiorizan el amor como entrega total. El amor ocupa un lugar privilegiado en la identidad femenina. Ello implica renunciar a lo personal, olvidarse de una misma, potenciar comportamientos de dependencia y sumisión, etc. En general se les transmite la idea de “ser para el otro”. Porque de alguna manera la industria cultural del amor romántico va más dirigida a ellas, y en el imaginario social las mujeres deben tener un hombre que las proteja y las cuide, ya que que te amen, es sinónimo de éxito social. De lo contrario, son consideradas difíciles, raras o demasiado liberales. Los hombres por su parte, interiorizan el amor como posesión. Como algo que la otra persona les debe dar de manera incondicional, y ellos deben recibir y retener. Son educados para contener sus emociones. Se les enseña desde pequeños que el amor no debe ser el centro de su vida, como lo es para las mujeres. Puesto que un hombre se define por oposición a la mujer, a los hombres se les ha enseñado a controlarse y contenerse emocionalmente, a no expresar valores como fragilidad, ternura, cariño o amor considerados negativos para ellos y lo que también les perjudica. Se les enseña que tienen que ser valientes, fuertes e independientes. Por tanto, se les niega una parte importante de los seres humanos, marcando a su vez, cómo deben relacionarse (Herrera, 2010).
Es importante romper con estas ideas dado que como se ha dicho anteriormente, el romanticismo desmedido puede convertirse en peligro para muchas parejas y especialmente para las parejas más jóvenes. Porque el romanticismo facilita el mantenimiento de relaciones destructivas. De ahí que sea necesario romper con mitos en torno al amor romántico que justifican muchos de los comportamientos humanos
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injustificables como la violencia de género. Según Yela García3 (2002) estos son los mitos actuales que guían nuestras relaciones amorosas:
- Mito de la media naranja: por el que pensamos que elegimos a la pareja que teníamos predestinada.
- Mito de la exclusividad: creencia de que no es posible estar enamorado/a de dos o más personas a la vez.
- Mito de la fidelidad: creencia de que todos los deseos eróticos, pasionales, románticos etc. deben satisfacerse con la pareja si es que se la ama de verdad.
- Mito de los celos: creencia de que los celos son un signo de amor o incluso el requisito indispensable de un verdadero amor.
- Mito del emparejamiento: creencia de que la pareja heterosexual es algo natural y universal y que la monogamia está presente en todas las épocas y todas las culturas.
- Mito de la equivalencia: creencia de que el amor como sentimiento y el enamoramiento como estado más o menos duradero son equivalentes.
- Mito de la omnipotencia: creencia de que el amor todo lo puede. Si hay verdadero amor no deben influir los obstáculos externos o internos sobre la pareja y es suficiente con el amor para solucionar todos los problemas.
- Mito del libre albedrío: creencia de que nuestros sentimientos son absolutamente íntimos y no están influidos por factores socio-biológico-culturales ajenos a nuestra voluntad.
- Mito del matrimonio o convivencia: creencia de que el amor romántico-pasional debe conducir a la unión estable de la pareja, y constituirse en la única base del matrimonio.
- Mito de la perdurabilidad: creencia de que el amor romántico y pasional de los primeros meses de una relación debe perdurar tras años de convivencia.
Estos mitos amorosos perpetúan un sistema jerárquico, desigual y basado en la dependencia entre las personas. Además provocan una utopía del amor romántico que no es real, creando confusión y malestar en muchas personas. De ahí proviene la
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Yela, C. (2002). El amor desde la psicología social. Ni tan libres, ni tan racionales. Ediciones Pirámide, Madrid.
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habitual insatisfacción continua y la tensión permanente entre el deseo y la realidad que viven muchas de ellas. Es necesario deconstruir desde la etapa de la adolescencia estos mitos y falsas creencias para prevenir futuros casos de violencia de género. Asumir esta idea de amor romántico como natural, dificulta la identificación en la pareja de los primeros signos de violencia que se suele dar desde sus comienzos, justificando así ciertos comportamientos dañinos para las mujeres en nombre del amor y la creencia de que el amor todo lo puede. Porque según un artículo de Pikara magazine, “El amor romántico es la herramienta más potente para controlar y someter a las mujeres, especialmente en los países donde son ciudadanas de pleno derecho y donde no son legalmente propiedad de nadie” Herrera (20124). A su vez los celos y el control sobre la pareja se sobrevaloran, concebiendo como manifestaciones de amor lo que en realidad no son más que signos de restricción de la libertad y posesividad.
2.1.3 Violencia de género definiciones
Existen múltiples definiciones de violencia de género. En este trabajo se van a destacar las más relevantes tanto a nivel internacional como estatal. A nivel internacional es referencia la definición de la ONU5 (1994) en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que se define la violencia contra la mujer como:
“Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.
Esta definición incorpora una visión más amplia ya que no sólo se centra en la violencia que se produce en el seno familiar sino que va más allá, incluyendo la que se da en la comunidad en general, en el trabajo, instituciones educacionales y otros ámbitos, y toma
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Herrera, C. (2012): “La violencia de género y el amor romántico”. Pikara magazine. Disponible en: http://www.pikaramagazine.com/2012/11/la-violencia-de-genero-y-el-amor-romanticocoral-herrera- gomez-expone-que-el-romanticismo-es-el-mecanismo-cultural-mas-potente-para-perpetuar-el-patriarcado/
Consultado en fecha: 03/07/2014
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en cuenta en general la violencia física, sexual o psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra.
A nivel estatal la ley que ampara a las mujeres y que las protege de la violencia por razón de género es la Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Esta ley en el preámbulo afirma que:
“La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”.
Esta definición remite al elemento estructural como causa de que se produzca esta problemática que afecta a todas las mujeres. Pero, en el artículo 1 objeto de la ley, se especifica que “se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia”. Es decir que no se considera violencia de género a aquella que ocurre fuera de las relaciones afectivas o de pareja como el acoso sexual o la violencia que se da en la comunidad en general.
En cuanto a la Comunidad Foral de Navarra la ley que trata sobre el tema que nos ocupa es la Ley Foral 22/2002, de 2 de julio, para la Adopción de Medidas Integrales contra la Violencia Sexista. En ella se utiliza el término violencia sexista el cual define en su Artículo 1 del Capítulo 1 de Disposiciones generales como:
“Se entiende por violencia sexista o de género todo acto de violencia o agresión, basado en la superioridad de un sexo sobre otro, que tenga o pueda tener como consecuencia daño físico, sexual o psicológico, incluida la amenaza de tales actos y la coacción o privación arbitraria de libertad, tanto si ocurren en público como en la vida familiar o privada”
En esta definición queda claro que se trata de una violencia basada en la desigualdad entre hombres y mujeres que causa un daño y que puede ocurrir tanto en el ámbito
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privado como en el público. Es decir, en cualquiera de los espacios en los que las mujeres se desenvuelvan.
Como podemos observar en las distintas definiciones, existe una terminología distinta para hacer referencia a lo mismo. En la definición de la ONU se habla de “violencia contra la mujer”, en la ley orgánica 1/2004 se habla de “violencia de género” mientras que en la Ley Foral 22/2002 se emplea el término “violencia sexista”. Es necesario definir y diferenciar la terminología en este ámbito, puesto que es muy habitual utilizar términos de forma sinónima como: “violencia doméstica”, “violencia conyugal”, “violencia sexista”, “violencia machista”, “violencia de género”, etc. Esta variedad de denominaciones tiene distintos significados según los cuales la sociedad interpreta este fenómeno y actúa en base al significado que le otorga.
Así cuando hablamos de “violencia doméstica o intrafamiliar” se incluye la violencia de género producida en el hogar, el maltrato infantil y cualquier tipo de maltrato que pueda generarse en el hogar, por lo que esta violencia implica convivencia familiar. El término “violencia conyugal” por su parte, implica un estado civil: el matrimonio en el cual hoy en día podemos encontrarnos con parejas heterosexuales y homosexuales. Aunque generalmente la literatura científica se refiere sólo a parejas heterosexuales, es necesario aclarar este concepto, ya que podemos presuponer que se trata de todo tipo de matrimonios. Para terminar, los términos “violencia machista o sexista” no delimitan el ámbito, implican claramente que el sujeto que ejerce violencia es el hombre, se refiere a parejas heterosexuales y remite a las diferencias por sexo (biológico) más que por género (social) (Mateos, 2013).
En este trabajo se ha preferido el término “violencia de género”, porque hace referencia a todo acto basado en el género, que no determina si implica o no convivencia familiar y tras la ley orgánica 1/2004 es la expresión que se ha extendido entre diferentes ámbitos para designar esta problemática.
2.1.4 Formas de violencia de género
Al hablar de violencia de género solemos pensar en violencia física, la cual tiene graves efectos en la salud e incluso puede producir la muerte. Esto es así en gran medida por la
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influencia de los medios de comunicación y las campañas de sensibilización, que nos han transmitido esta imagen. Pero esto no es más que la punta del iceberg, su parte visible, y es que todo empieza mucho antes de los empujones y los golpes cuando ya al principio se producen comportamientos abusivos, intimidaciones y microviolencias, que van preparando el terreno.
Existen otras formas de violencia más cotidianas y más difíciles de identificar como son la violencia sexual, psicológica, ambiental, social y/o económica (Ruiz-Jarabo y Blanco 2007).
La violencia física produce daño corporal o lesión a través de golpes de diversa intensidad, con las manos, instrumentos o armas. Las manifestaciones de esta violencia pueden ir de empujones, patadas, puñetazos, palizas, mordeduras, quemaduras, cortes, a intentos de estrangulamiento.
La violencia sexual son las acciones que obligan a una persona a mantener contacto sexual o a participar en otras interacciones sexuales, mediante el uso de la fuerza, intimidación, chantaje, amenaza, coacción, estado de inconsciencia/indefensión o cualquier otro mecanismo que anule o limite la voluntad personal. Incluye desde la imposición de una relación sexual no deseada, de posturas, gestos, actos, etc. hasta abuso y violación a través de la fuerza física. Así como insultos, acusaciones, chantajes, coerción social, amenazas implícitas o explícitas.
La violencia psicológica incluye conductas destinadas a degradar o controlar las acciones, comportamientos, creencias y decisiones de otras personas y que producen en ellas malestar psicológico, sufrimiento y desvalorización. Para ello utilizan insultos, humillaciones, burlas, coerción, descalificaciones y críticas constantes, desprecios, abandono y aislamiento emocional, incomunicación, gritos, chantajes, amenazas de tipo económico o emocional, control de lo que dice, hace, etc.
La violencia social consiste fundamentalmente en el aislamiento de la persona de sus redes sociales de apoyo. Se manifiesta a través de humillaciones, descalificaciones y burlas en público, control e impedimentos para relacionarse con otras personas etc.
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La violencia ambiental hace referencia a cuando el hombre rompe y golpea objetos, destroza enseres, tira sus cosas etc.
Por último la violencia económica trata de la presión que se ejerce sobre otra persona mediante el manejo y control de los recursos y bienes económicos, controlando así su independencia. Se manifiesta cuando el agresor controla el dinero, le impide su acceso y conocer el patrimonio familiar, toma de decisiones unilaterales sobre su uso, se apodera de los bienes, le impide tener un trabajo asalariado, le asigna una cantidad y le exige explicaciones de los gastos realizados.
Son de mencionar también los Micromachismos (Mm), según Bonino también llamados violencia suave o terrorismo íntimo según diferentes autores. Estos son comportamientos que pasan desapercibidos e incluso invisibles por lo normalizados que están, pero que están presentes en la vida cotidiana de una gran mayoría de mujeres.
Incluso en la actualidad quizá sean las armas, trucos, las tretas más frecuentes que los varones utilizan para ejercer su autoridad frente a las mujeres, debido a que la violencia de género más explícita se está deslegitimando socialmente cada vez más. Se definen como: “actitudes de dominación “suave” o de “bajísima intensidad”, formas y modos
larvados y negados de abuso e imposición en la vida cotidiana. Son específicamente hábiles artes de dominio, comportamiento sutiles, reiterativos y casi invisibles que los varones ejecutan permanentemente” (Bonino, 2004). Pueden ejecutarse
intencionadamente o siendo inconscientes, dado que son comportamientos que siguen el modelo de masculinidad y de la concepción que se tiene de “ser hombre”. Como ejemplos se podrían destacar el uso expansivo del espacio físico y del tiempo para ellos mismos, la no participación en lo doméstico, delegar la atención emocional de los vínculos y personas, etc.
Todas ellas tienen en común que producen efectos dañinos en las mujeres, disminuyen el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de la mujer, se basan en el control sobre las mujeres y perpetúan la injusta distribución de derechos y oportunidades.
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En una relación de maltrato pueden producirse todas las formas de maltrato o sólo algunas. Así es que no siempre se produce violencia física como nos hacen ver, pero es destacable decir que a la violencia física siempre le acompaña la violencia psicológica. Es más, la violencia psicológica se da antes de llegar a la violencia física, y es que la violencia aparece de forma gradual y con el tiempo va aumentando en intensidad y frecuencia.
En una primera etapa, la violencia es sutil y en forma de agresión psicológica. Así, la persona que padece estas conductas no las vive como violentas pero provocan en ella un continuo debilitamiento psicológico. La mujer comienza a tener miedo de hablar o hacer algo por temor a las críticas y se va sintiendo cada vez más débil y deprimida. En una segunda etapa, aparece la violencia verbal, que refuerza la violencia psicológica y comienzan las amenazas con agresión física, con matarla o el suicidio. El agresor le acusa de ser la culpable de que ocurran esas situaciones y poco a poco consigue aislarla de su red social. A continuación puede aparecer la violencia física.
2.1.5 Dinámica de la violencia de género: ciclo de la violencia
Los primeros especialistas que estudiaron la violencia de pareja describieron que esta se manifiesta en forma de ciclos. Leonore Walker describe en 1979 el ciclo de la violencia, que ayuda a entender cómo se produce y se mantiene la violencia en la pareja. Esta investigadora trabajó en una casa refugio para mujeres maltratadas y observó que muchas mujeres describían un patrón muy parecido en el proceso de maltrato, que tenía forma cíclica y que se desarrollaba en tres fases: la fase de tensión, la fase de agresión y por último la fase de conciliación, arrepentimiento o también conocida como “luna de miel”.
1. La fase de tensiónse caracteriza porque la relación entre el hombre y la mujer se
va volviendo más tensa y distante de forma progresiva. En ella predomina el silencio, la agresividad más o menos encubierta, relativamente leve y aislada al principio, pero que cada vez se va haciendo más notable, intensa y frecuente
(Lorente, 2001:55). El maltratador expresa hostilidad, pero no en forma explosiva. La mujer intenta calmar, complacer, o al menos no molestar a la pareja, basándose
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en la creencia irreal de que ella puede controlar la agresión. Pero esta sigue aumentando y se produce la siguiente fase.
2. Fase de agresión en esta fase se produce una descarga de tensión acumulada durante la primera fase. Así estalla la violencia psíquica, física y/o sexual. Esta puede variar en gravedad pero suele tratarse de episodios agudos de violencia. Es en esta fase es cuando la mujer puede decidirse a contar lo que le está pasando, denunciar los malos tratos o pedir ayuda.
3. Por último la fase de conciliación o “luna de miel” se caracteriza por la actitud del agresor en la que se arrepiente, pide perdón, hace promesas de cambio, llega a hacerle regalos y se muestra amable y cariñoso. Este momento supone un refuerzo positivo para que la mujer siga manteniendo la relación. Le hace creer que no volverá a ocurrir y esta, al ver el lado bueno de su pareja, confía en que puede llegar a cambiar (Osborne, 2009).
El ciclo de la violencia explica de esta manera cómo se produce la violencia y explica a su vez cómo muchas mujeres retiran la denuncia que interponen en la fase de agresión al encontrarse en la fase de luna de miel con el hombre del que ellas se enamoraron, con la esperanza de que cambie y no tengan que volver a vivir ninguna situación semejante. También explica cómo disculpan o minimizan lo ocurrido e incluso justifican al agresor tras haber verbalizado lo que estaban padeciendo.
Pero cuando la violencia se asienta, el ciclo vuelve a repetirse una y otra vez. Volviendo de nuevo a la fase de tensión, luego la fase de agresión seguida de la fase de conciliación, y así, cuantas más veces se completa el ciclo, menos tiempo necesita para completarse. Es decir, la fase de agresión se repite más a menudo o se está todo el tiempo entre la tensión y la agresión, sin apenas fase de conciliación. Cuando esta fase desaparece, es cuando las mujeres suelen buscar ayuda o se separan. Así que si este ciclo no se rompe a tiempo, las agresiones se repetirán siendo cada vez más frecuentes e intensas, de mayor gravedad y riesgo para la mujer (Ruiz-Jarabo y Blanco 2007).
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2.1.6 Consecuencias de la violencia de género
La violencia de género tiene consecuencias devastadoras para las mujeres tanto para su integridad física, como para su integridad psicológica y sexual. Aunque las consecuencias físicas son más fáciles de identificar, las más graves son las psicológicas. Las consecuencias de las agresiones físicas acaban borrándose, mientras que los insultos, humillaciones, desvalorizaciones dejan marcas imborrables. Por esta razón, es necesario tomar en consideración todos los aspectos que abarca la violencia, y no sólo tener en cuenta la violencia física.
Como se ha mencionado antes la violencia física se caracteriza por producir lesiones de todo tipo como hematomas, arañazos, erosiones, heridas, fracturas, etc. Las mujeres suelen presentar lesiones en diferentes partes del cuerpo, generalmente por la espalda, la cabeza y el pecho, para que de esta manera no sean marcas que los demás puedan ver. Las mujeres tienden a justificar las lesiones explicando que se trata de hechos fortuitos, como por ejemplo que se ha caído por las escaleras o se ha dado un golpe en casa. Junto a un cuadro de depresión, este hecho debe ponernos en alerta de que puede que se trate de un caso de maltrato.
En cuanto a las consecuencias psicológicas, según Lorente (2001) es preciso distinguir dos momentos: el momento tras la agresión, y las alteraciones que aparecen a largo plazo, derivadas de la repetición de las agresiones físicas y del mantenimiento de la situación de agresividad.
Tras la agresión la mujer queda aturdida, confusa, llena de terror en un estado de shock
por lo ocurrido. Cuando se produce la repetición de las agresiones, el daño psíquico va en aumento. Predomina el estrés, la actitud de hipervigilancia y un estado permanente de alerta, sabiendo que en cualquier momento se puede producir otro episodio de violencia. Esta actitud crea una gran ansiedad y deterioro. En muchas ocasiones pueden recurrir al alcohol, a las drogas o a medicamentos psicotrópicos para ocultar su ansiedad.
El mantenimiento de esta situación y la repetición de los hechos conducen a lo que Leonore Walker llamó “síndrome de la mujer maltratada”. Estado que se caracteriza por
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una baja autoestima, por la presencia de un síndrome depresivo, por presentar reacciones de estrés y por tener una sensación de impotencia y de abandono por parte de los demás. Las mujeres maltratadas presentan temor, ansiedad, fatiga, alteraciones del sueño y del apetito, pesadillas, molestias y dolores inespecíficos. Pero todos estos hechos no son suficientes para que se dé cuenta de la gravedad de la situación. Además su pareja y el contexto le remite mensajes haciéndole sentirse culpable de lo que le sucede, como si fuese ella la causante de los hechos. Es así como se centran en su rutina del día a día para intentar encontrar un significado y un sentido a su vida, y a su vez se van aislando de su entorno, ya que el agresor va cortando cualquier relación que tenga con el exterior dependiendo así exclusivamente de él.
Es necesario mencionar que la violencia de género no acaba una vez terminada la relación de pareja, y por lo tanto tampoco acaban sus consecuencias. De este modo, se puede producir el llamado “trastorno de estrés postraumático” que aparece cuando las personas son sometidas a una situación de estrés en la que se sienten sobrepasadas, sin salida o amenazadas de muerte. Les acompañan síntomas como revivir una y otra vez el acontecimiento traumático, dificultades para dormir o concentrarse y estar constantemente en alerta.
La actitud de la mujer maltratada también va cambiando tras las consecuencias psicológicas de las agresiones sufridas. La primera fase se caracteriza por hacer frente a la violencia, enfrentándose a las agresiones e intentando detenerlas incluso interponiendo denuncias. Poco a poco va percibiendo la inutilidad de su actitud debido a las especiales circunstancias que rodean los hechos y la relación, que hacen que vaya entrando en la segunda fase. En esta fase la mujer cree que la mejor opción es tratar de controlar la situación por medio de la negociación que le permita manejar la agresividad del hombre. Esta actitud va fracasando y lo que es peor, la mujer va incorporando el mensaje que su compañero y la sociedad le transmiten de que lo que le ocurre es por su culpa. Así llega a la tercera fase que es la de huida, en la que la mujer trata de escapar de la situación que padece de forma desesperada pudiendo agredir al agresor o llegando al suicidio, ya que las otras alternativas no le han sido válidas. Por esta razón es preciso que la mujer perciba que existen diferentes recursos y ayuda para superar su situación antes de que llegue a ese punto (Lorente, 2001).
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2.1.7 Datos sobre violencia de género en España y en Navarra
Es importante cuantificar los casos de violencia de género aunque es una tarea difícil ya que muchos casos se mantienen ocultos a pesar de la visibilización y concienciación existente hoy en día en torno a este fenómeno.
Aunque a la hora de cuantificar los casos de violencia de género se utilizan las denuncias interpuestas esto presenta varios inconvenientes, puesto que no todas las personas que padecen esta situación interponen denuncia y porque no es posible establecer características socio-económicas de las personas denunciantes.
Una de las referencias más importantes para conocer la magnitud de la violencia de género en España son las macroencuestas promovidas por el Instituto de la Mujer realizadas en los años 1999, 2002, 2006 y 2011 respectivamente. Estas macroencuestas van dirigidas a toda la población y al realizarse en distintos años posibilitan realizar comparaciones y acercarse más a la realidad existente, favoreciendo a su vez la visibilización de esta problemática. También tiene algún inconveniente como que está dirigida a mujeres de 18 y mayores, siendo imposible contar con el total de la población femenina puesto que las menores de edad no son parte de la muestra.
La última realizada es la Macroencuesta de Violencia de Género 20116 en convenio con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Expone los siguientes datos:
6 Delegación del Gobierno para la violencia de género (2012). Macroencuesta de Violencia de Género
2011. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e igualdad. Disponible en:
http://www.observatorioviolencia.org/upload_images/File/DOC1329745747_macroencuesta2011_princ ipales_resultados-1.pdf fuente consultada en fecha: 20/07/2014
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Tabla 1: Datos de Maltrato de Género
Macroencuesta Extrapolación de
2011 datos
TOTAL MUJERES de 18 y más años según Padrón Municipal a 1 de enero de 2010
100 19.767.943
Maltrato de género NUNCA 89,1 17.613.237
Maltrato de género alguna vez en
la vida 10,9 2.154.706
Maltrato de género en el último año 3 593.038
Maltrato de género alguna vez en la
vida pero NO en el último año. 7,9 1.561.667
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la Macroencuesta de Violencia de Género 2011
Como se puede apreciar en la tabla, la mayoría de mujeres entrevistadas (89,1%) afirma no haber sufrido maltrato de género nunca por parte de su pareja o expareja. Pero un porcentaje elevado de mujeres, el 10,9% exactamente el equivalente a 2.154.706 mujeres, afirma haber padecido alguna vez violencia de género. Concretamente en el año 2011 se encontrarían en situación de maltrato el 3% de las entrevistadas, 593.038 mujeres, y el 7,9% de las encuestadas, un total de 1.561.667 mujeres habrían padecido antes esta situación.
En esta Macroencuesta se expone que “respecto a las Macroencuestas anteriores, los
datos reflejan un aumento muy importante de la proporción de mujeres que declaraban en 2011 haber sufrido malos tratos alguna vez en la vida (10,9%, como se ha indicado) frente a los años 2006 (6,3%), 2002 (6,2%) y a 1999 (5,1%)”. (P.3)
Este aumento de la proporción de mujeres que declaran haber padecido malos tratos alguna vez en la vida se puede deber a que esta problemática es cada vez más visible y también a la concienciación de la población que rechaza y denuncia este tipo de abusos y agresiones a las mujeres públicamente, abogando por la igualdad real y efectiva.
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Es de vital importancia el denunciar los casos de violencia de género, ya que a la vez de poder impedir que se den más casos, posibilita acercarse más a la realidad existente. En este sentido, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España publica anualmente los datos disponibles de las denuncias interpuestas que se muestran en la siguiente tabla:
Tabla 2: Denuncias por Violencia de Género en España
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos en el informe anual del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad7
Como se observa en la tabla las denuncias por violencia de género estas se mantienen estables desde el año 2007 hasta la actualidad, aunque a partir del año 2009 el número desciende hasta llegar al 2013 con un total de 124.893 denuncias. Este dato puede atribuirse a la crisis económica existente, pues esta acentúa el miedo en la población provocando así que muchas mujeres sigan permaneciendo en situaciones de maltrato por miedo a no poder salir adelante solas y porque el divorcio o separación acarrea sumas de dinero que en muchos casos no poseen. La salida de estas situaciones se
7
Portal estadístico del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España [sitio web]. Disponible en:
http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/portalEstadistico/docs/Ultimos_datos_31052014.pdf Consultado en fecha: 20/07/2014 POBLACIÓN TOTAL ESPAÑA % Número Población total 100 47.129.783,0 Mujeres de 15 y más años 43,5 20.493.732,0
DENUNCIAS POR VIOLENCIA DE GÉNERO
Total denuncias 100 925.435,0 Año 2007 13,6 126.293,0 Año 2008 15,4 142.125,0 Año 2009 14,6 135.540,0 Año 2010 14,5 134.105,0 Año 2011 14,5 134.002,0 Año 2012 13,9 128.477,0 Año 2013 13,5 124.893,0
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complica, siendo aún más complicada para las mujeres con menores recursos económicos.
En cuanto a la Comunidad Foral de Navarra, se puede apreciar que el número de denuncias se mantiene estable año tras año habiendo también un descenso a partir del año 2011 en las denuncias interpuestas por violencia de género. Este descenso más tardío puede ser debido a que en Navarra la crisis económica se hace notar más tarde que en otra comunidades autónomas de España.
Tabla 3: Denuncias por Violencia de Género en la Comunidad Foral de Navarra
POBLACIÓN TOTAL NAVARRA % Número Población total 100 644.477,0 Mujeres de 15 y más años 42,6 274.499,0
DENUNCIAS POR VIOLENCIA DE GÉNERO
Total denuncias 100 9.574,0 Año 2007 14,4 1.377,0 Año 2008 15,6 1.490,0 Año 2009 12,9 1.236,0 Año 2010 15,4 1.470,0 Año 2011 15,1 1.449,0 Año 2012 13,9 1.333,0 Año 2013 12,7 1.219,0
Fuente: Elaboración propia a partir de los datos obtenidos por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad por Comunidades Autónomas8
Pueden ser varias las razones por las cuales las denuncias por violencia de género han descendido en los últimos años, aunque como observa Lorente (2001:76), “no se puede
contar de manera exclusiva con los casos que se denuncian, los cuales sólo suponen una pequeña parte del total, como mucho el 10% de los que realmente ocurren. Por lo tanto, no es correcto sacar conclusiones generales a partir de un porcentaje tan
8
Portal estadístico del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España [sitio web]. Disponible en:
http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/portalEstadistico/CCAA/2013/docs/NAVARRA_31122013. pdf
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reducido sobre todo cuando la victimología ha demostrado cómo existen determinadas circunstancias en esos casos para que sean denunciados”.
Pero aunque las denuncias por violencia de género van a la baja, los datos muestran que muchas mujeres siguen padeciendo situaciones de maltrato que son importantes considerar. También es destacable decir que aunque estas cifras han bajado, las denuncias por agresiones sexistas y violencia de género entre la juventud concretamente van en aumento. El Instituto Navarro para la Familia e Igualdad (INAFI) destaca recientemente que una de cada tres denuncias por violencia de género se producen en verano según los datos del año 20139. Así un 35% de las denuncias totales registradas el año pasado, 352 exactamente, se concentraron en los meses de verano, estación del año especialmente caracterizada por las fiestas patronales que se celebran en toda la geografía navarra.
Las denunciantes fueron en su mayoría mujeres de edades entre 35 y 50 años, aunque es también notable la presencia de demandantes más jóvenes. Es remarcable que en el mismo período comprendido entre enero y abril de 2013 se contabilizaron 307 denuncias, y que durante este año han sido 358 las registradas, lo que supone un notable incremento. Si bien son múltiples las campañas de fiestas contra las agresiones sexistas, puede que el aumento de las agresiones signifique que sea necesario redoblar esfuerzos desde todos los ámbitos.
Aun con todo siguen siendo noticia las víctimas mortales de violencia de género como manifestación de la forma más cruel que conlleva este fenómeno. Año tras año los datos son alarmantes, dejando en evidencia que a pesar de los pasos realizados aún no son suficientes.
9 Noticia sobre el aumento de las denuncias por violencia de género en verano [sitio web] [Consulta el 13 de agosto de 2014] Disponible en:
http://www.noticiasdenavarra.com/2014/08/13/sociedad/navarra/el-verano-concentra-una-de-cada-tres-denuncias-por-violencia-de-genero
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Gráfico 1: Víctimas mortales por Violencia de Género en España
Fuente: Extraído directamente de la ficha estadística de víctimas mortales por Violencia de Género año 2013, publicado por el Gobierno de España10
En la tabla se puede apreciar que en la última década siguen siendo muchas las víctimas mortales que ocasiona este fenómeno. Aunque las cifras se mantienen bastante estables año tras año, a ellas hay que sumarles las 41 mujeres que han sido asesinadas hasta el 5 de septiembre de 2014. Conviene recordar que muchas mujeres son asesinadas a manos de sus maridos, pero otras deciden quitarse la vida por no poder aguantar más la situación.
Aunque las cifras son importantes, esta problemática no se puede reducir a un número. Resulta primordial incidir en las causas que envuelven este fenómeno para atajar desde la raíz este problema estructural y prevenir que muchas mujeres sufran estas situaciones y sus graves consecuencias.
10 Portal Estadístico del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. [sitio web]. Víctimas
mortales de Violencia de Género e información estadística de Violencia de Género. Disponible en:
http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/portalEstadistico/docs/VMortales_2014_26_05.pdf Consultado en fecha: 13/08/2014
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2.2 Violencia de género y adolescencia
2.2.1 Adolescencia
Resulta imprescindible definir el concepto de la adolescencia, por ser pertinente en este trabajo. Se considera que la adolescencia, es sobre todo un fenómeno social y cultural en un determinado contexto teniendo significados y características diferentes en cada sociedad.
Hay distintas definiciones de la adolescencia, como la realizada por la OMS, que la define como: “la etapa que transcurre entre los 10 y los 19 años, considerándose dos fases, la adolescencia temprana 10 a 14 años y la adolescencia tardía 15 a 19 años”.
Aunque es difícil establecer límites cronológicos para este período, transcurre desde la pubertad y se caracteriza por los cambios fisiológicos que dan lugar a la capacidad reproductiva y la figura sexual adulta, pero no se sabe muy bien cuándo acaba por ser un hecho cambiante y que depende de factores sociales, culturales, ambientales y personales. En nuestra sociedad este periodo es cada vez más prolongado debido a la exigencia de formación y especialidad para acceder al mercado laboral y la inestabilidad para fundar una nueva familia. La RAE define la adolescencia como: “la edad que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo del organismo”. Por tanto podemos afirmar que la adolescencia es una etapa evolutiva que
se caracteriza por ser un periodo de transición entre la niñez y la vida adulta que varía de una cultura a otra y que dentro de una misma cultura cambia a lo largo de la historia.
Como se ha mencionado anteriormente, en nuestro contexto esta fase se prolonga cada vez más. Es por este motivo que muchos autores lo dividen en etapas, siendo habitual encontrarse con tres etapas diferenciadas (Pérez 2010):
1. Adolescencia temprana: esta primera etapa abarca de los 10 años a los 14 años aproximadamente. Los cambios más notables son: la maduración sexual y los inicios del pensamiento formal.
2. Adolescencia intermedia: de los 15 a los 18 años. Las transformaciones más notables son la creciente autonomía respecto de los padres y la expansión de las
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relaciones con los iguales a la vez que siguen los esfuerzos por ajustarse a la maduración biológica y los progresos de razonamiento intelectual.
3. Adolescencia tardía: desde los 18 años hasta mediados de la veintena. El logro de la independencia y la autonomía respecto de los padres y la definición de las relaciones de amistad y afectivas siguen siendo importantes. Asimismo otros temas referidos a su definición como persona que va a desempeñar roles adultos también cobran relevancia. Es de destacar la maduración del córtex frontal y el desarrollo del pensamiento postformal.
A través de estas etapas las personas alcanzan la maduración física, el pensamiento abstracto y su propia identidad.
Es un periodo en el que se producen grandes cambios físicos, psicológicos y sociales los cuales tienen como finalidad obtener mayor independencia psicológica y social. De esta manera, es una etapa complicada dado que los adolescentes empiezan a conformar su propia identidad. Como dice Jaume Funes, en la adolescencia existe una inestabilidad evolutiva en la que el/la adolescente “no sabe a qué atenerse, no sabe si lo que le pasa
es o no normal, de pronto descubre los sentimientos desbordantes” (Funes, 2007).
2.2.2 Principales características de la adolescencia
Las principales características de esta etapa son según Arza, J. y Carrón, J.11:
Los cambios físicos puesto que en este periodo sufren muchas transformaciones: la cara y el cuerpo adoptan las formas de un adulto, crece el vello, se transforma la voz, los aparatos genitales se desarrollan… en las chicas aparece la menstruación y en los chicos aparecen las primeras secreciones seminales. Esto quiere decir que adquieren la capacidad reproductiva.
Además de estos cambios físicos el adolescente también deberá enfrentarse a cambios sociales. Puesto que se esperará de él un comportamiento más autónomo e
11
Arza, J. y Carrón, J. “Desarrollo evolutivo”. Famired, Herramientas para el agente comunitario. FAD, Madrid