Platería madrileña en la Diócesis de Ciudad Rodrigo. De la Corte a “la Raya”
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(2) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. Cronológicamente estas obras nos van a ofrecer un recorrido a través de la platería madrileña desde la segunda mitad del siglo XVI, datación de la más antigua, hasta la segunda mitad del XIX, fecha esta última en la que una buena parte de la platería se labraba en establecimientos fabriles especializados en el empleo de las modernas aleaciones y que estaban regentados por apellidos tan ilustres como Meneses, Espuñes o Adradas.. Por otra parte, la presencia de obras labradas en talleres distintos a los establecidos en Ciudad Rodrigo deberá ser una circunstancia a tener en cuenta, tanto para conocer la evolución o continuidad de esta práctica artística en ese territorio, como para valorar la proyección que en él alcanzaron otros centros en determinados momentos. En el caso de este conjunto, y excepción hecha del cáliz y patena regalados por Felipe II al convento franciscano del Zarzoso, la mayoría pertenecen a un periodo en el que apenas consta la existencia de talleres de platería estables en Ciudad Rodrigo, o los que había estaban muy lejos de poder competir con otros de mayor renombre. Así, el marco cronológico de todas ellas, excepción hecha de la señalada anteriormente, está comprendido entre la segunda mitad del siglo XVII y el XX, de hecho consta documentalmente que ya desde finales del Seiscientos el cabildo mirobrigense trataba de abastecerse en otros centros de mayor prestigio, precisamente por la decadencia en que estaba sumida la platería local desde el segundo cuarto de esa centuria, y la ausencia de plateros de garantía5.. Será sin embargo después de la Guerra de la Independencia, y dada la necesidad de reponer el diezmado tesoro catedralicio6, cuando sean más frecuentes las noticias que remiten a plateros e instituciones fabriles madrileñas, o que nos informan de que fueron estas las que se pusieron en contacto con las autoridades eclesiásticas para ofrecer sus productos7. Precisamente corresponde a ese momento el mayor número de obras del conjunto que analizamos, por otra parte lógico si tenemos en cuenta la necesidad que tenían los templos de reponer sus maltrechos ajuares8.. Otra de las circunstancias a considerar para explicar la llegada de este tipo de piezas a partir de la segunda mitad del Setecientos tal vez haya que buscarla en el carácter ilustrado de algunas personalidades del momento, como son los casos del obispo Cayetano Cuadrillero Mota, que ocupó la sede entre los años 1763 y 1777, promotor de un conjunto de intervenciones arquitectónicas caracterizadas por una fuerte impronta clasicista9, Ramón Pasqual Díez, asistente y amigo personal del obispo Cuadrillero, racionero y posteriormente canónigo de la catedral mirobrigense, colaborador e informador de Antonio Ponz sobre cuestiones artísticas de la zona de Ciudad Rodrigo para su Viaje de España, y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, además de autor del tratado titulado El arte de hacer el estuco jaspeado, o de imitar los jaspes a poca costa, y con la mayor propiedad10, o Simón Rodríguez Laso, dignidad de maestrescuela de la Seo mirobrigense, corresponsal también del abate Ponz, y posteriormente rector del Colegio Español de la Universidad I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 21.
(3) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. de Bolonia. Una muestra palpable del resurgir intelectual y cultural vivido en Ciudad Rodrigo en el último tercio del siglo XVIII fue la creación, impulsada por el grupo de ilustrados que en ella residían, de la Sociedad Económica de Amigos del País de Ciudad Rodrigo, cuyos estatutos se aprobaron por Real Cédula del 27 de noviembre de 1781. Entre los miembros fundadores estaban los citados Rodríguez Laso, primer secretario de la misma, y Pasqual Díez11. De ese selecto grupo de ilustrados también formaban parte otras personas entre las que destacamos, por ejemplo, a don Luis de Nieulant, Teniente General de los Reales Ejércitos y Gobernador Político y Militar de la plaza de Ciudad Rodrigo, que asumió el cargo de primer director de la Sociedad de Amigos. Y como muestra del ambiente ilustrado que se respiraba por esos años en la ciudad baste señalar la fundación de diversas fábricas, dedicadas a la producción textil, curtidos, loza, aceite, jabón, cordobanes…, siguiendo de este modo la senda modernizadora propuesta por Campomanes y otros ministros ilustrados de tiempos de Carlos III12.. Otro de los aspectos a considerar es el de los promotores de estas obras, muchas, como consta por inscripción, debidas a la munificencia de destacadas personalidades, sirvan de ejemplo el cáliz de Felipe II y el limosnero de Carlos III hallados en el convento del Zarzoso y parroquia de Vilvestre, respectivamente. Tampoco faltan regalos realizados por dignidades eclesiásticas de la Seo mirobrigense, como el cáliz de la iglesia de Pastores, que por inscripción consta que fue un regalo del deán y canónigo de la catedral don José Jerez. Probablemente también se trate de una persona vinculada al cabildo la que responde a las iniciales P.G.S. que aparecen en un juego formado por el cáliz, un par de vinajeras y campanilla de la catedral.. Ninguna duda sobre los donantes y momento del regalo nos plantean dos conjuntos de altar, el más antiguo es el perteneciente a la iglesia de Sobradillo, el otro se localiza en la seo; de ambos hemos podido reconstruir su “biografía” a través de la información encontrada en los archivos parroquial y catedralicio, respectivamente. Del citado en primer lugar sabemos que fue un obsequio efectuado en 1816 por don Fernando de la Concha, beneficiado del templo, y sus sobrinos13. Por lo que respecta al segundo, lo regaló en el año 1829 el obispo Pedro Manuel Ramírez de la Piscina14. Restan, en fin, otras piezas del conjunto que o bien no contienen ninguna inscripción, por lo que debemos entender que se trata de obras adquiridas con cargo a recursos de la propia fábrica (una circunstancia que tampoco hemos podido comprobar por lo diezmado que nos han llegado los archivos), o que señalan el nombre del donante (o donantes), pero sin ningún tipo de referencia a su condición, así sucede con los cálices conservados en las localidades de Cabrillas, ofrecido por un desconocido Isidro M. Gavilán, y Carpio de Azaba, que lleva grabadas las iniciales P.P.V.; o las personas que regalaron en el año 1758 la custodia perteneciente en la actualidad a la parroquial de Santiago Apóstol de Saldeana, Antonio Martínez, Santiago Sáez de Zaldúa y Juan Manuel de Vaños (sic), respectivamente coadjutor, síndico y secretario de la Venerable Orden Tercera de San Francisco del Real Convento de San Gil, entendemos que el I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 22.
(4) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. fundado por Felipe III en 1606 en Madrid, muy cerca del Real Alcázar, y que fue derribado durante la Guerra de la Independencia.. Centrándonos en la autoría de las piezas, y excepción hecha de aquellas que por no estar marcadas (algo por otro lado habitual, sobre todo, en la platería de buena parte del Seiscientos), nos impide afirmar categóricamente su origen madrileño, aunque consideramos que bien pudiera ser esa su procedencia, como son el caso del cáliz regalado por Felipe II, otro conservado en el tesoro catedralicio, un copón de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Lumbrales y la custodia de la iglesia del Seminario. El conjunto de piezas con ese origen localizadas en la diócesis de Ciudad Rodrigo va a ampliar la nómina de obras conservadas de un destacado número de plateros madrileños.. Del primer cuarto del siglo XVII es la custodia de Hinojosa de Duero con marca del ensayador Esteban de Pedrera, marcador de la Villa de Madrid en 1607. En tanto que de mediada la centuria siguiente son las de Navasfrías, labrada por un desconocido Pita y que fue punzonada en 1742 durante el fielato de Beltrán de la Cueva, o la que actualmente se conserva en Saldeana, que aunque sin marcas reproduce un esquema muy característico en ostensorios madrileños de ese momento, siendo varios los reproducidos en diversas publicaciones que siguen un modelo casi idéntico.. Dentro de lo que podríamos denominar estética rococó, de la que también participan las dos custodias citadas en último lugar, encontramos el cáliz conservado en la iglesia parroquial de Navasfrías obra de Santiago Bermejo del año 1767, se trata de la pieza más antigua salida de su taller, pues las conocidas hasta este momento están comprendidas entre 1779 y 1800. También una bandeja del tesoro catedralicio, sin duda resto de un juego de aguamanil del que ha desaparecido la jarra, labrada en 1777 por el platero madrileño Joaquín Antonio de la Fuente. Aunque con tendencia a la desornamentación, todavía mantienen una estructura típica de las piezas de astil de la segunda mitad del XVIII otros dos cálices, el limosnero de tiempos de Carlos III, del año 1774, de la iglesia de Vilvestre, que por las fechas puede atribuirse a José Alarcón, platero encargado de realizar este tipo de cálices entre los años 1764 y 1788, año de su fallecimiento, y el de Antonio García Mascaraque, del año 1784, que se conserva en la de Pastores.. A pesar de ser cronológicamente coetáneo de los anteriores, una sensibilidad bien distinta refleja el excelente juego de altar localizado en la parroquia de Lumbrales, labrado por Benito Lázaro en 1788, así como un cáliz perteneciente a la iglesia de la Asunción de Tamames, obra del arriba citado García Mascaraque del año 1807 que denuncia una clara asimilación de los modelos acuñados en la Real Fábrica. De su discípulo, Antonio Morago, conserva la parroquia de Sobradillo un cáliz y un par de vinajeras, resto de lo que inicialmente I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 23.
(5) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. fue un juego de altar, con marca cronológica que indica su realización en 1814. En la parroquia de Barruecopardo se conserva un cáliz muy endeudado con los modelos divulgados por la Real Fábrica, se trata de una obra realizada en el año 1823 por el platero madrileño Francisco Moreno15.. Mención aparte merecen el conjunto de obras salidas de la Real Fábrica de Platería fundada en Madrid, en 1778, por el oscense Antonio Martínez del Barrio, piezas que, de forma sumaria, van a permitirnos un recorrido por la historia de esta fundación fabril y por las diferentes etapas en que suele dividirse su siglo de existencia16. Así, del primer momento, cuando la fábrica estaba dirigida por su fundador, son los juegos de altar conservados en la catedral y parroquial de Mieza de la Ribera, este último un conjunto de calidad excepcional, que además tiene el mérito de conservarse en su estuche original; a la etapa intermedia, comprendida entre los años 1815 y 1819, tiempo durante el que fue director de la misma Celestino Espinosa, pertenece un cáliz de la iglesia de la Purísima de Cabrillas; y a la última etapa, contenida entre 1847, en el que fue alquilada a la Compañía Iris, y 1867, fecha de la venta del edificio al Estado y con ello el cese de su actividad, corresponde el juego de seis candeleros labrados en plata plaqué encontrados en el convento de Santa Clara de Ciudad Rodrigo.. Además de obras salidas de la Real Fábrica de Platería Martínez, diseños acuñados en ella fueron manejados por algunos de los alumnos más aventajados que en ella se formaron, como José María Dorado o Juan Sellán; el primero, autor del excelente juego de altar regalado en 1829 a la catedral por el obispo Ramírez de la Piscina; y el segundo, autor de dos cálices, uno conservado en Carpio de Azaba y el otro en la capilla mirobrigense de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, ambos labrados en fechas muy próximas, 1858 y 1860, respectivamente.. Nos queda, para finalizar, aludir a un conjunto de piezas, fechadas en la segunda mitad del siglo XIX, e incluso alguna ya del XX, que tienen en común el estar realizadas en las nuevas aleaciones. El grupo más numeroso presenta diferentes variantes del punzón empleado en el taller fundado en 1840 por Leoncio Meneses, cuya actividad pasó después a sus hijos17. Las variedades encontradas son: MENESES, MENESES/MADRID acompañado por una M enmarcada por rayos, y MENESES/Metal platinado acompañado por una M con ráfaga de rayos y una corona real dentro de un hexágono (punzón de fabricante).. Se trata de piezas de escaso mérito artístico. Como signo del carácter industrial de los nuevos tiempos, suelen reproducir el mismo diseño, o con escasas variantes, en tanto que estilísticamente responden al historicismo habitual en la platería del momento. Atendiendo a su elaboración más cuidada, destacamos de entre todas ellas: el juego de sacras de la catedral18 o el farol conservado en la iglesia de la Asunción de I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 24.
(6) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. Tamames, ambas de estética neogótica19; un copón en la iglesia del Sagrario de Ciudad Rodrigo (Capilla de Cerralbo) que reproduce esquemas habituales en este tipo de piezas de finales del siglo XVII y primer tercio del XVIII20; dos cálices con idéntica estructura, uno conservado en Bermellar y el otro en Espeja, aunque se diferencian en que el primero es liso y el segundo lleva distribuidos en la peana los símbolos de la pasión dentro de medallones circulares21; finalmente dos palmatorias muy similares, una conservada en Barruecopardo22, y la otra en Lumbrales23.. Por último señalar la existencia de tres custodias idénticas, ya del siglo XX, realizadas en plata de 916 milésimas y estética neorrococó. Todas ellas salieron del obrador de M. Adradas24, y pertenecen a las iglesias de Pedrotoro, Peñaparda y Valdecarpinteros25.. Para el análisis individualizado de cada una de las piezas hemos optado por agruparlas por tipologías y seguir un orden alfabético y cronológico26, recogiendo en el estudio no solo la ficha técnica de cada una de ellas, sino también el correspondiente análisis estilístico y comparativo con otras obras conocidas, así como la información sobre el platero que la realizó, en el caso de ser conocido.. Dados a conocer en la exposición La platería en la época de los Austrias Mayores en Castilla y León (Valladolid, 1999), tanto el cáliz como la patena del convento de Porta Coeli del Zarzoso, de franciscanas de la Tercera Orden Regular, nos han llegado en un excelente estado de conservación (Fig. 1)27. Cuenta la tradición, en cierta medida ratificada por la inscripción en latín que luce el cáliz en el pie, “PHILIPVS HISPANIE PEX (sic)” “ME DONAT ANNO 1567”, que ambas piezas fueron un regalo del monarca Felipe II (hecho que avalaría la tesis de su más que probable origen madrileño) a este monasterio en agradecimiento por haberle permitido pernoctar en él en su viaje hacia las Hurdes.. El cáliz, pieza muy estilizada y equilibrada, se asienta sobre un pie circular compuesto por una pestaña saliente y dos molduras de diámetro decreciente; la inferior lisa y animada con espejos ovalados bien delimitados y muy resaltados, y la superior convexa y engalanada con la inscripción ya referida que, grabada y acogida en dos alargadas cartelas con los extremos a manera de pergaminos enrollados, se inicia y se interrumpe, como ha quedado patente en su trascripción, con dos escudos inscritos en tondos; el primero, el real, el de Felipe II; y el segundo, el de la orden franciscana. El astil presenta un gollete cilíndrico rematado en una arandela muy volada y estriada, y un nudo ovoidal de cierto desarrollo que, habitual en la platería del momento, se divide en dos partes mediante un liso y grueso anillo, animándose la inferior con gallones planos y la superior con espejos circulares apenas resaltados. La copa, de perfil acampanado, luce un listel moldurado I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 25.
(7) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. para marcar la subcopa, que se anima con unos estilizados motivos fundidos de inspiración floral.. Fig. 1: Monasterio de Porta Coeli (El Zarzoso). Cáliz y patena.. La patena tiene un ancho reborde en cuyo interior luce, por el anverso, única parte decorada, grabada y sobre un fondo dorado un águila nimbada, símbolo de San Juan Evangelista, junto a la inscripción “S(AN). I(VAN).” “EVANGELISTA”; y en el exterior, también grabada, sobre un fondo dorado y separada por motivos florales, la siguiente inscripción: “NVESTRA” “SENORA” “DE PORTA” “CELI (sic)”. En la concavidad central, sobre un fondo dorado, la imagen grabada de medio cuerpo y sentada de la Virgen con el Niño en brazos rodeada de estrellas y acogida por una media luna y dos haces de rayos alternantes rectos y ondulados.. Aunque no sin reservas y basándonos para proponer su procedencia madrileña en un criterio tan poco objetivo como es el de la calidad técnica de su ejecución (en alguna ocasión ya hemos afirmado que se trata de un criterio más orientativo que determinante), se conserva en la seo mirobrigense un cáliz datable en la segunda mitad del siglo XVII (Fig. 2)28. Realizado en plata dorada y decorado con esmaltes, reproduce un esquema habitual en la platería española de buena parte del Seiscientos, ilustrando una tendencia en la platería hispana de esa centuria que la profesora Heredia Moreno denominó el “estilo cabujón de esmalte”. Con una concepción basada en la yuxtaposición de sus partes estructurantes (peana, astil y copa), cada una de ellas ve reforzada su unicidad por la serie de cabujones de esmaltes que van distribuidos por su superficie. Concluimos I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 26.
(8) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. reforzada su unicidad por la serie de cabujones de esmaltes que van distribuidos por su superficie. Concluimos reafirmándonos en lo que ya dijimos en otras ocasiones, su excelente factura nos hace proponer para ella un origen cortesano29.. Fig. 2: Ciudad Rodrigo. Catedral. Cáliz.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 27.
(9) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. En otra ocasión planteamos una posible relación de este cáliz con un copón localizado en la iglesia de Lumbrales (Fig. 3)30 y que a la luz de la información hallada sobre este último seguramente debamos descartar. Los argumentos en los que nos basábamos para defender la posibilidad de que inicialmente hubieran formado un conjunto eran: la excelente calidad técnica de ambos, la coincidencia estructural, aunque éramos conscientes de que el esquema empleado en ambos no es exclusivo de un único centro, la coincidencia del dibujo contenido en los esmaltes opacos que dentro de cabujones aparecen distribuidos por diferentes partes de los vasos31, y también del dibujo inciso que sirve de marco a dichos cabujones. Hoy podemos asegurar que ese copón se hizo para la iglesia de Lumbrales, hacia el último cuarto del siglo XVII, y que fue una donación de dos mayordomos de la cofradía del Santísimo, como lo confirma la noticia contenida en un inventario del año 1709: “Mas un copon vien dorado con sus porcelanas y relieves todo de plata, en que esta su divina majestad en el sagrario principal, y le dieron de limosnas siendo mayordomos de el Santísimo Sacramento Antonio Bartolomé de Varona y Domingo Pascual Rubio vecinos de esta villa. Peso veinte y ocho onzas y media”32. La ausencia de cualquier referencia al cáliz catedralicio parece disipar la posibilidad que en su momento sugerimos, en tanto que las afinidades entre ambos sirven de ejemplo para esa estandarización que caracteriza a la platería Seiscentista.. Fig. 3: Lumbrales. Copón.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 28.
(10) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. El más antiguo de los cálices mirobrigenses con un origen madrileño confirmado por sus marcas está localizado en Navasfrías (Fig. 4). Se trata de una pieza realizada por Santiago Bermejo en 176733. La estructura corresponde al modelo de cáliz dieciochesco desornamentado, caracterizado por el intenso dinamismo generado por la sucesión continuada de molduras cóncavas y convexas, basta comparar el perfil dibujado por el pie y astil de esta pieza con el que presenta el que analizamos a continuación, para apreciar cómo en este último, elaborado apenas siete años después, se ha atemperado el fuerte ritmo que caracteriza al primero. La copa es acampanada, y como suele ser habitual en la platería madrileña de mediados de siglo, presenta una moldura a la mitad de su altura.. Fig. 4: Navasfrías. Cáliz.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 29.
(11) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. Del autor, Santiago Bermejo, el profesor Cruz Valdovinos ha publicado en los últimos años diversas noticias, aunque algunas no del todo coincidentes. Así, en el estudio de una escribanía perteneciente a la colección Hernández-Mora Zapata señala su origen asturiano, nació en Piloña en el año 173534, en tanto que en otro artículo publicado recientemente indica que su lugar de nacimiento fue Sevanes (sic) y el año 172835. Completa el perfil biográfico señalando que realizó su aprendizaje en el taller de Ángel Gonzalo, obtuvo el título de maestro en 1765, y que debió fallecer en 1809, pues ya no figura en el repartimiento de la contribución forzosa impuesta ese año por José I.. No son muchas las obras conocidas con el punzón de este platero, formado por la inicial de su nombre y las dos primeras del apellido, con una “o” volada al final; además todas las publicadas hasta este momento corresponden a una cronología bastante avanzada (entre 1779 y final de siglo): dos escribanías, una en la precitada colección particular y otra en el Museo Municipal de Madrid (un encargo de los duques de Osuna), una campanilla en la catedral del Burgo de Osma y posiblemente un copón en Alcuéscar (Cáceres). Reside ahí otros de los atractivos del cáliz mirobrigense, pues fue realizado apenas dos años después de obtener la maestría, eso también podría explicar el contraste entre el carácter barroco del cáliz y las formas más geométricas, de corte neoclásico, de la escribanía de la colección Hernández-Mora Zapata.. En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Vilvestre se conserva el único cáliz limosnero que hemos localizado en la diócesis de Ciudad Rodrigo (Fig. 5)36. La abundante bibliografía existente sobre este tipo de cálices, ofrecidos en el nombre del Rey durante la festividad de la Epifanía por su capellán, Limosnero Mayor, y en muchas ocasiones Patriarca de las Indias, nos exime de repetir aquí lo ya dicho por quienes se han dedicado al estudio de estas piezas, ya sea como tipología o analizando los conservados en un determinado territorio37. Baste decir que se trata de un ceremonial cuyo origen se remonta al reinado de Carlos I, y que con escasas interrupciones se mantuvo hasta el de Alfonso XIII, que rememora la ofrenda efectuada por los Reyes Magos al Niño Jesús, de hecho eran tres los cálices regalados y cada uno de ellos contenía uno de los presentes que los Magos entregaron a Jesús (oro, incienso y mirra). Una vez pasada la celebración, los vasos eran regalados a iglesias y conventos, bien previa petición o por iniciativa real.. Siguiendo la norma general en este tipo de cálices se trata de una pieza sencilla, carente de decoración, aunque bien estructurada. En el caso del que ahora publicamos no lleva marcas ni de autor ni de localidad, si bien ambas cuestiones ofrecen pocas dudas, pues por la fecha, 1774, corresponde al periodo en el que estas piezas fueron labradas por el platero de origen gallego José Alarcón, de hecho es evidente su similitud con el localizado en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Mochales (Guadalajara), coincidiendo no solo en estructura sino en detalles como la localización de las inscripciones o del escudo real. Todavía es mayor la coincidencia, aunque el tamaño del salmantino es ligeramente mayor, con el realizado por el mismo platero I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 30.
(12) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. que se conserva en la parroquia segoviana de San Bartolomé de Sangarcía39, en este caso coinciden incluso en el limosnero que lo entregó, el cardenal y Patriarca de las Indias Occidentales Buenaventura de Córdoba Espínola de la Cerda40.. Fig. 5: Vilvestre. Cáliz.. De los dos cálices hallados en la diócesis mirobrigense salidos del taller regentado por Antonio García Mascaraque, el conservado en Pastores (Fig. 6), donado en 1785 por José Jerez, deán y canónigo de la catedral de Ciudad Rodrigo, es el más antiguo, y el que estructuralmente se mantiene más fiel a los modelos rococós, en los que se inició su autor, si bien es posible advertir una estilización en elementos como el subimiento del astil y copa que lo van aproximando a diseños de corte clasicista41. Conserva de los cálices dieciochescos, sobre todo el desarrollo del astil, compuesto por una sucesión de molduras cóncavas y convexas, o el nudo de sección periforme invertida. Aunque es en el repertorio decorativo donde la persistencia de motivos de ascendencia rococó es más evidente, como denuncian las rocallas que rodean la moldura superior del pie y nudo. Sin duda, se trata de una obra de estilo muy diferente al practicado por este maestro en sus últimos años, y del que tenemos una muestra en el cáliz que luego analizaremos perteneciente a la iglesia de Tamames. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 31.
(13) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. Fig. 6: Pastores. Cáliz.. De su autor y fecha de realización no hay duda, la nitidez de las marcas solventa ambas cuestiones. Antonio García Mascaraque, nacido en La Solana (Ciudad Real) en 1746 y fallecido en Madrid en 1809 o 181042, es un platero del que son numerosas las obras conocidas, principalmente en Madrid y provincias limítrofes (Cuenca, Segovia), aunque su obra también llegó a otras más alejadas, como Granada o Zamora43. Su nombre figura en el listado de plateros aprobados en Madrid el año 1808, teniendo su taller y vivienda en la calle Milaneses44. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 32.
(14) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. De excelente calidad es el juego de altar conservado en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Lumbrales (Fig. 7)45, del que bandeja, vinajeras y campanilla formaron parte en la exposición Jesucristo. Imágenes del Misterio46. Se trata de uno de los primeros conjuntos conservados en la diócesis civitatense en los que advertimos una tendencia a la sustitución de los estilemas rococós por otros de corte neoclásico, cierto es que su autor, Benito Lázaro Labrandero, aún sigue haciendo uso de recursos propios de esa estética, como el perfil ondulado de la bandeja o la abundancia de símbolos eucarísticos distribuidos por la peana y subcopa del cáliz, entre otros.. Es en el cáliz donde la coincidencia de dos estéticas contrapuestas se hace más visible. La estructura de la pieza es lo más novedoso, especialmente por el diseño del pie y composición del astil, con un nudo muy estilizado que da como resultado una pieza no exenta de esbeltez. La copa es de perfil acampanado. La decoración, por su parte, evidencia el empleo de recursos decorativos de tradición rococó, como el tratamiento escamado de la mayor parte de la superficie, o los acantos asimétricos que enmarcan los medallones dispuestos en el pie, que reproducen esquemas arrocallados. Por el contrario, la cinta entrelazada que lleva alojados en su interior motivos florales y que recorre el frente del pie, moldura de remate del nudo y friso que delimita la subcopa, así como la guirnalda de diseño ondulante dispuesta en esos mismos lugares, denuncian ya el manejo de un repertorio de corte clasicista.. Fig. 7: Lumbrales. Juego de altar.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 33.
(15) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. El conjunto de bandeja, vinajeras y campanilla, como de otro modo no podía ser, ofrece idéntico hibridismo. La bandeja es ovalada, aunque su contorno describe un perfil cuadrilobulado, el borde está recorrido por una orla de acantos planos, que en la orilla se transforma en un motivo de cintas entrelazadas con flores en su interior. Las jarras, cuyo contenido se identifica por el motivo sobrepuesto a la tapadera (concha para el agua y racimo de uvas para el vino) reproducen una tipología que será bastante habitual en la platería madrileña del último cuarto del siglo XVIII, inspirada en diseños de jarros de la platería inglesa. Fue un modelo que alcanzó gran difusión gracias a la Real Fábrica de Platería. En lo ornamental, en cambio, vuelven a resultar más ancladas en la tradición, con un repertorio, donde repite los motivos señalados en el cáliz, que se extienden por la mayor parte de la superficie. Destaca en este sentido el fuerte barroquismo de las asas, compuestas por una sucesión de molduras cóncavas y convexas. La campanilla sobresale por la originalidad del mango, formado por un entrelazo vegetal fundido, una solución que no resulta extraña en la platería madrileña, como lo demuestra el parecido que tiene con el de una campanilla de la colección Hernández-Mora Zapata, aunque en su caso se trata de cuerpos entrelazados de serpientes47.. Del autor, Benito Lázaro, no abundan las noticias. Sabemos que formaba parte de una familia de plateros originaria de la localidad madrileña de Brunete. Entre los escasos datos biográficos que de él se tienen destaca uno fechado en el año 1783 y que lo sitúa entre los firmantes de un memorial dirigido a la Real Junta de Comercio y Moneda protestando por el nombramiento de Antonio Martín como contraste de la Villa48. Cruz Valdovinos, por su parte, documenta la existencia de dos plateros con estos apellidos en el índice de maestros aprobados en Madrid en 180849, uno de nombre Romualdo y el otro Gregorio. El platero autor del juego de altar de Lumbrales era hermano del primero y padre del segundo, y consta además que ambos se formaron en su taller. Su ausencia del citado listado puede ser indicativa de que ya había fallecido.. De la etapa inicial de actividad de la Real Fábrica de Platería nos han llegado dos juegos de altar, uno más modesto e incompleto conservado en la catedral y el excelente conjunto de Mieza de la Ribera.. El conjunto catedralicio (Fig. 8) ciertamente no se encuentra entre las mejores obras salidas de la Real Fábrica (a ello contribuye que su estado de conservación no sea óptimo, sobre todo el de las jarras), aunque no por ello deja de ser muy revelador de los modelos que desde la institución fabril se difundieron, primero por la platería madrileña y posteriormente por toda España, y en consecuencia muy diferentes a los diseños retardatarios que seguían manejando las platerías periféricas50. Es por eso que, aún cuando solo las jarras llevan las marcas de procedencia, el estilo de todas las piezas nos remite directamente a diseños elaborados en la Fábrica Martínez, en tanto que de su pertenencia al mismo conjunto dan cuenta las iniciales P.G.S. grabadas en las tres piezas. Se trata de obras ejecutadas con arreglo a una estética neoclásica que paulatinamente se va imponiendo como alternativa al exuberante rococó, surgen así piezas de una extremada pureza en las formas, I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 34.
(16) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. en las que ningún elemento distrae la atención de quien las observa, sobriedad que solo se ve afectada por la serie de molduras perladas dispuestas en peana, nudo y astil en el caso del cáliz, en la peana y hacia la mitad de la panza en las jarras, y en la base de la campanilla; en todo caso será este un motivo de uso frecuente en la platería madrileña de la época.. Fig. 8: Ciudad Rodrigo. Catedral. Juego de altar.. El punzón de las vinajeras no deja lugar a dudas de su procedencia, aun parcialmente frusto puede distinguirse con relativa precisión el sello bilobulado con las iniciales Z/M característico del periodo en el que la Real Fábrica estuvo dirigida por su fundador, acompañado de las de Villa (apenas legible) y Corte, en esta puede distinguirse el primero de los dígitos que compondría la fecha, el número nueve.. De mayor calidad, y en un impecable estado de conservación, pues incluso conserva el mueble original forrado en su interior de tafetán verde, donde van alojadas cada una de las piezas, es el conjunto de altar de la iglesia de San Sebastián de Mieza de la Ribera (Fig. 9)51, uno de los templos de la diócesis civitatense con el ajuar más completo de platería religiosa. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 35.
(17) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. Fig. 9: Mieza de la Ribera. Juego de altar.. El cáliz reproduce una estructura similar al conservado en Priego de Córdoba, y al dibujo de un cáliz conservado en el Museo Lázaro Galdiano52. Se compone de una peana circular, astil con nudo semiovoidal rematado con una moldura cilíndrica y acaba con otra de perfil bulboso. Copa acampanada con hojas de palma en la base y mediada su altura un friso entre molduras, la superior con el característico motivo de perlas, tan frecuente en las piezas salidas de la Real Fábrica en el periodo en el que Antonio Martínez fue su director, friso que en su interior desarrolla roleos y flores de diseño muy parecido al de las vinajeras cordobesas.. La bandeja es ovalada. En el borde, las características cuentas y un friso de roleos grabados en la caída similar al que lleva la campanilla. En el campo dispone de sendos pocillos para alojar en su interior las jarras. Estas reproducen el modelo característico de la Real Fábrica, coincidiendo su diseño con el empleado en el juego de jarras de la catedral. Van rematadas con un círculo perlado que contiene en su interior las iniciales A y V. La campanilla, por su parte, repite el diseño de la conservada en la catedral, aunque en esta la decoración es más variada, y al friso de cuentas de la base suma una sucesión de roleos grabados y otra moldura con el motivo de espiga en la parte superior. El mango reproduce el característico perfil abalaustrado de este tipo de piezas.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 36.
(18) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. El punzón, localizado en las jarras y bandeja, no deja lugar a dudas de su procedencia y fecha de ejecución. El de Villa y de Corte sobre la cifra 90 fija su realización en el año 1790, y el lugar la Real Fábrica de Platería fundada por Antonio Martínez del Barrio, siendo el perfil de doble lóbulo empleado en el periodo inicial de esta institución; es más, nos atreveríamos a afirmar que por lo refinado de su factura y la diversidad y exquisitez de las técnicas empleadas en su realización, bien pudiera ponerse en el haber del maestro oscense.. El archivo documental del templo no detalla el momento en el que estas obras llegaron, de hecho en un inventario elaborado en el año 1801 no aparece recogida ninguna pieza que podamos relacionar con este juego de altar. Sí lo hace en otro fechado en el año 1827, donde literalmente se dice: “Un caliz sobredorado con platillo, y vinageras, y campanilla”53. Del mismo modo, y aunque no se describe como tal conjunto, entendemos que estas piezas deben ser las que se inventarían en otro del año 1853, concretamente el cáliz debe ser uno de los cuatro con los que contaba el templo, y las restantes pueden ser las que se describen como “un par de vinajeras de plata con platillo y campanilla, de peso dos libras y quatro onzas, su valor sobre quinientos reales”54. Con tan escuetas noticias solo podemos concluir que el conjunto debió llegar a la iglesia entre los años 1801 y 1827, en todo caso años después de haber sido fabricado, y muy probablemente donado por alguna persona vinculada a ese lugar. Se abre aquí la duda de si, como consta por tradición oral en la localidad, pudo ser regalado por uno de sus hijos más ilustres, Santiago Hernández Milanés, nacido en Mieza de la Ribera, en cuya iglesia recibió el bautismo el 10 de marzo de 175555. Colegial del Mayor de San Bartolomé de Salamanca, del que salió graduado en 177656, ocupó el obispado de Mérida de Maracaibo (Venezuela) entre los años 1801 y 1812, en que falleció57. ¿Podría haberlo regalado a su parroquia natal al partir para ocupar la sede venezolana, o habérselo legado a su muerte?. Si el cáliz de García Mascaraque localizado en la iglesia de Pastores nos mostraba a un platero caracterizado por su indefinición estilística, el de Tamames (Fig. 10)58, labrado por el mismo platero apenas dos décadas después evidencia una plena asimilación de los postulados clasicistas divulgados por la Real Fábrica, como lo pone de manifiesto no solo las diferencias estructurales existentes entre ambos sino también la depuración ornamental a la que ha sometido a este último; de hecho, si exceptuamos las estrías verticales que recorren el nudo, por otro lado un recurso habitual en otras obras de astil de este maestro, el resto de las superficies están libres de cualquier ornato. Cabe señalar, además, que se trata de un diseño que Antonio García Mascaraque empleó en varias ocasiones, como lo confirma que este cáliz sea prácticamente idéntico al que dimos a conocer en otro momento y que pertenece al convento de Santa Clara de Zamora59. Aunque no tenemos más argumento que la proximidad cronológica de la noticia, los punzones de Villa y de Corte indican que el año de fabricación fue 1807, es probable que se trate del cáliz nuevo abonado en las cuentas del año 1810, y cuyo coste ascendió a 421 reales, incluida la patena60. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 37.
(19) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. Fig. 10: Tamames. Cáliz.. La documentación proporcionada por el archivo de la iglesia de Sobradillo sobre el juego de altar que en ella se conserva nos permite constatar que no han llegado todas las piezas que lo formaban (Fig. 11)61, pues del conjunto inicial han desaparecido la patena y la campanilla, también nos aclara que se trata de un regalo efectuado en el año 1816 por los sobrinos de un beneficiado de la iglesia, don Fernando de la Concha, como expresa la carta dirigida al párroco por el obispo mirobrigense Pedro Manuel Ramírez de la Piscina62, ordenando fuera recogido, como así debió ser, pues en las cuentas del año 1816 figura un descargo de 50 reales que se abonaron a la persona que fue a buscar el cáliz y demás alhajas por orden del Obispo63. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 38.
(20) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. Fig. 11: Sobradillo. Juego de altar.. Se trata de unas obras que confirman la difusión alcanzada por los diseños acuñados en la Real Fábrica, modelos que de una u otra forma acabaron reproduciendo en sus piezas una buena parte de plateros madrileños. El cáliz presenta un pie circular con zócalo liso rematado por una moldura sogueada que da paso a un cuerpo de perfil convexo decorado con acantos en toda su circunferencia, y que se eleva en el centro para servir de asiento al astil, llevando aquí sobrepuestas hojas de palma muy estilizadas. Astil abalaustrado con nudo prismático, decorado en cada uno de sus frentes con un motivo floral. Copa acampanada y lisa, con la subcopa decorada con hojas rematadas con una orla de perlas.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 39.
(21) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. También las jarras destinadas a contener el agua y el vino de la consagración reproducen uno de los modelos más frecuentes en la platería madrileña del momento. Se trata de unas jarras con cuello cóncavo, boca de perfil lanceolado, y panza troncocónica que descansa sobre un pie circular liso. Resalta por su originalidad el diseño del asa, de gran altura, formado por un motivo de zarcillo que remata en uno de sus extremos con una hoja de parra y un racimo de uvas. Destacan por su sobriedad, la superficie lisa solo se ve interrumpida por las hojas de palma de la base de las jarras y el consabido motivo que identifica el contenido de cada una de ellas: haz de espigas y racimo de uvas.. Del autor, Antonio Morago, sabemos que nació en Madrid en 1785, y que aprendió el oficio con Antonio García Mascaraque, en cuyo taller ingresó como aprendiz en 1796, alcanzando la condición de maestro en 181464, es por eso que su nombre no aparece en el índice de plateros aprobados e incorporados en el colegio de San Eloy de Madrid en 1808. Las únicas obras suyas publicadas que conocemos son sendos cálices conservados en el convento placentino de clarisas capuchinas65 y en la iglesia de Cendejas de Padrastro66. Si bien es cierto que estilísticamente ambos están en la línea del cáliz mirobrigense, las mayores afinidades las encontramos con un cáliz de Antonio Macazaga perteneciente a Patrimonio Nacional67.. En la iglesia de la Purísima Concepción de Cabrillas hemos localizado un cáliz de plata blanca salido de la Real Fábrica de Platería que fue donado en 1816 por un desconocido Isidro M. Gavilán (Fig. 12)68. Estructuralmente reproduce el estilo característico de cáliz de la platería Martínez, definido por su pureza formal, y por el predominio de las superficies lisas, que solo se ven afectadas por pequeñas fajas troqueladas distribuidas en partes concretas de la pieza: borde del pie, nudo y moldura del remate del astil. La copa es completamente lisa y reproduce una forma acampanada muy estilizada.. Los punzones que lleva resuelven tanto la datación como la procedencia de la pieza. En el primero de los casos, a pesar de estar ligeramente frustras las marcas de Villa y Corte (especialmente la primera), todavía se acierta a leer la segunda cifra de las dos que llevaban, un seis que iba precedido del uno (1816). El sello perteneciente a la Real Fábrica corresponde a la variante empleada durante el tiempo en que estuvo dirigida por Celestino Espinosa69, y que se caracteriza por el perfil recto de su contorno, diferente al diseño de doble lóbulo de la etapa de Martínez.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 40.
(22) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. Fig. 12: Cabrillas. Cáliz.. Una pervivencia de la sobriedad que caracterizó a buena parte de la platería madrileña desde el último cuarto del siglo XVIII es la que manifiesta el cáliz perteneciente a la iglesia de Barruecopardo (Fig. 13)70, obra salida del taller regentado por el afamado platero madrileño Francisco Moreno (1773/74–1860)71. Como va dicho, se trata de una pieza de extrema sobriedad, en la que ni siquiera hacen acto de presencia las características cenefas que vemos en piezas coetáneas distribuidas por peana, astil y copa. Se trata, no obstante, de una pieza elegante y bien proporcionada, gracias en parte a lo esbelto de su astil, con nudo de cuerpo cilíndrico habitual en la platería madrileña del momento, y copa acampanada de diseño estilizado. Se trata de un modelo que coincide en lo sustancial con el empleado por Antonio Moreno, su padre, en el cáliz conservado en el Palacio Real72, labrado en 1808, algo que no debe extrañar, pues Francisco Moreno se formó en el taller paterno, y lo I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 41.
(23) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. heredó a la muerte de su progenitor en 1815. Esta obra confirma, por otro lado, el camino recorrido por numerosos plateros madrileños de esta época, que partiendo de modelos clasicistas acabaron cultivando en sus años finales otras tendencias, como la romántica, que en el caso de Francisco Moreno representan las piezas que componían el encargo recibido en 1842 de la Casa Real, consistente en la fabricación de diversas piezas para el servicio de alumbrado y refresco de las habitaciones reales73.. Fig. 13: Barruecopardo. Cáliz.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 42.
(24) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. Sin duda el clasicismo de este cáliz se explica también por lo temprano de su realización, 1823; de hecho, es la pieza suya más antigua que se conoce, junto con unos candeleros, con idénticos punzones, pertenecientes a una colección privada y que fue recogida por los autores de las Marcas de la Plata74. Por otra parte el diseño y la grafía del punzón personal es la más habitual en ese momento, un casetón superior con la inicial de su nombre, y el apellido completo en la línea inferior (F./MORENO).. De su perfil biográfico y profesional subrayamos las anomalías detectadas por Cruz Valdovinos y Nieva Soto en lo relativo a su periodo de formación y primeros años de actividad, desarrollados en el taller paterno, razón por la que su nombre no aparece en el listado de plateros aprobados activos en Madrid a principios de 180875. De hecho fue tras producirse el fallecimiento de aquel (1815) cuando solicitó el preceptivo examen e incorporación al Colegio, lo que sucedió en 1817; curiosamente, como señalan los citados autores, obtuvo la aprobación como platero de oro, igual que su padre, lo que no excluye que de ambos nos hayan llegado obras realizadas en plata.. El juego de altar regalado a la catedral en 1829 por el obispo Pedro Manuel Ramírez de la Piscina (obispo de Ciudad Rodrigo entre los años 1815 y 1835)76, cuyo autor es el platero formado en la Escuela de Platería, José María Dorado (1800-1860), constituye uno de los conjuntos de origen madrileño más refinados de cuantos se han conservado en la diócesis civitatense (Fig. 14)77. Fabricado en plata sobredorada, lo componen un cáliz y el correspondiente juego de bandeja, vinajeras y campanillas78.. El cáliz descansa sobre un basamento poligonal, al que sigue una secuencia de molduras circulares, alternativamente de perfil cóncavo y convexo, la última decorada con hojas muy estilizadas; el resto de la superficie, hasta confluir con el astil, presenta una decoración compuesta por hojas de parra y racimos de uvas, motivos en sintonía con la función de la pieza. El astil, con forma de balaustre, tiene el nudo cilíndrico y remata con una moldura cónica decorada con acantos. La copa, ligeramente acampanada, presenta en la base una superficie gallonada que evoca soluciones empleadas en la platería del Quinientos, a la que sigue un friso de sabor renacentista, que contiene los cuatro medallones laureados que albergan en su interior las representaciones cristológicas y eucarísticas reseñadas en la ficha técnica.. No le va a la zaga en mérito artístico el resto de piezas. La bandeja es ovalada y sin ninguna decoración, únicamente el borde está recorrido con un friso de acantos. Las jarras descansan sobre un zócalo poligonal (similar al del cáliz), al que sigue un estrecho basamento circular, panza ovoidal decorada en su mitad inferior por unas hojas de palma muy estilizadas, cuello liso de perfil convexo y borde lanceolado. Remata con una I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 43.
(25) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. tapadera sobre la que van dos niños, uno portando una A (agua), el otro portadno un racimo de uvas (vino); muy original es el diseño del asa, de formas vegetales que culminan con la cabeza de un guerrero79. Ya se ha subrayado la dependencia del diseño empleado en las jarras con los empleados en la Real Fábrica, a lo que hay que sumar la semejanza de esas figuras con las que coronan los botes de pomada del juego de tocador fabricado en esa institución en los años 1815-1816 para la reina Isabel de Braganza80. La campanilla dispone de un mango abalaustrado que parte de un cuerpo prismático cuadrangular decorado con una flor en cada uno de de los cuatro frentes, además de ese motivo solo presenta el característico friso de perlas en el borde inferior.. Fig.: 14: Ciudad Rodrigo. Catedral. Juego de altar.. El autor, José María Dorado81, nació hacia el año 1800, y aunque consta que aún vivía en 1860 debió fallecer poco después, pues no figura en la relación de plateros madrileños del año siguiente82. Realizó su formación en los talleres de Carlos Marschal83, Joaquín Manrique y Juan Antonio Fernández Quero. Obtuvo el grado de maestro el 27 de junio de 1825. Incorporado a la congregación de plateros, desempeñó diversos cargos, como el de mayordomo, durante los años 1832, 1851 y 1856; fue aprobador en los años 1834 y 1835, tesorero y presidente en 1855. Su actividad fue continuada por su hijo José Pedro, aprobado el 25 de octubre de 1857. Obras suyas se encuentran en Patrimonio Nacional, Madrid, Valdemoro, catedrales del Burgo de Osma y Coria, colegiata de Talavera de la Reina y parroquia de San Mateo de Cáceres. Fernando A. Martín lo considera, junto a Francisco Moratilla, Juan Sellán y José Ramírez de Arellano, como los continuadores de la estética neoclásica acuñada en los primeros años de existencia de la Real Fábrica, aunque en estas obras incorpora ya algunos elementos de sabor romántico. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 44.
(26) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. Los dos cálices más modernos de procedencia madrileña encontrados en la diócesis mirobrigense se localizan en Carpio de Azaba (Fig. 15)84 y en la capilla de la Venerable Orden Tercera de Ciudad Rodrigo (Fig. 16)85, además ambos tienen en común haber salido del mismo taller, el regentado por Juan Sellán, y en fechas muy próximas, 1858 y 1860, respectivamente. A pesar de la aparente diferencia entre ambos lo cierto es que estructuralmente son idénticos, distanciándose únicamente en el repertorio decorativo, más rico y profuso el perteneciente a Carpio de Azaba, pues suma a las típicas fajas distribuidas por pie y nudo una composición de hojas de naturaleza diversa (acantos y palmas) en la superficie desde la que arranca el astil, parte inferior del nudo y subcopa86. En el conservado en la capilla mirobrigense las superficies pulidas solo se ven alteradas por las estrechas franjas troqueladas dispuestas en el borde del pie y arandela superior del nudo. La semejanza entre ambos se advierte incluso en la original moldura fasciculada que sirve de remate al astil.. Fig. 15: Carpio de Azaba. Cáliz.. Fig. 16: Ciudad Rodrigo. V.O.T. Cáliz.. En distintas ocasiones se ha indicado la condición de aprendiz en la Real Fábrica del platero Juan Sellán (ya va dicho que otros maestros destacados que también lo fueron serían el mencionado José María Dorado, o José Ramírez de Arellano, que llegó a ser director de la misma)87, y por ello uno de los encargados de proyectar el estilo clasicista en la platería madrileña hasta mediar el siglo XIX, para pasar posteriormente a asimilar un cierto gusto romántico, una doble sensibilidad que, en parte, queda reflejada en estas dos obras. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 45.
(27) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. De los tres ostensorios de tipo sol procedentes de talleres madrileños que hemos localizado en la diócesis88, el más antiguo pertenece a la iglesia de Hinojosa de Duero (Fig. 17)89. La custodia fue sobredorada en 1994 en los Talleres Santa Rufina, una intervención carente del más elemental respeto hacia la pieza, aberrante es el adjetivo más suave que se nos ocurre para definir lo realizado, pues con ella han desparecido las diferentes texturas que proporcionaban a la superficie los motivos florales grabados en la peana.. Fig. 17: Hinojosa de Duero. Custodia.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 46.
(28) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. No obstante lo afirmado anteriormente, la obra sigue siendo un excelente ejemplo que reúne las características de este tipo de objetos del primer tercio del siglo XVII. Piezas de una extrema sobriedad, constituidas por la yuxtaposición de tres elementos: peana circular compuesta por sucesivos cuerpos, astil formado por una superposición de molduras separadas por arandelas, y expositor con viril circular del que salen rayos rematados en estrellas, alternando rectos y flameados. Remata con una cruz de travesaños prismáticos, acabados con el motivo de bolas.. Las dos marcas presentan una impronta muy nítida. En una se puede leer P/DRERA90, perteneciente a Esteban de Pedrera, platero madrileño cuya actividad está documentada entre los años 1590 y 1633, fecha de su muerte. Aprobador de la Villa entre 1606 y 1622, fue ensayador mayor del reino en 1623 y 162491. El segundo de los punzones, a pesar de su nitidez, ofrece más dudas en su interpretación, pues como señalamos en la ficha técnica lleva alojadas en su interior una superposición de letras, entre las que llegamos a identificar una A con una “o” sobrevolada, una B y una R, todas timbradas por una corona92.. A través de noticias recogidas en el archivo parroquial podemos completar la historia particular de esta obra. Así, según consta en la descripción que de ella se hace en un inventario realizado durante la visita pastoral del año 1668, se afirma que fue una donación a la cofradía del Santísimo efectuada por el licenciado y beneficiado de la iglesia Francisco Santos de Cañamones y por Fernando Sendín93.. Muy característico de la platería madrileña del siglo XVIII, sobre todo por el original diseño de los rayos que rodean el viril (idéntico al que podemos ver en el ostensorio de Saldeana), es la custodia conservada en la parroquial de Navasfrías (Fig. 18)94. Peana y astil describen un perfil muy dinámico, en el caso de la primera el contorno dibuja un perfil polilobulado, que se repite en los sucesivos cuerpos, por su parte el astil dispone de un nudo en forma de pera invertida característico de las piezas de astil de mediado el XVIII. Es en el expositor donde el platero ha centrado toda su atención, y de manera particular en el cerco de rayos que rodea el viril, que arranca de una cabecita alada. En vez de la consabida alternancia de rayos rectos y flameados característico de las custodias de tipo sol del siglo XVII, o la gloria de nubes algodonosas salpicadas de espigas, uvas y cabecitas aladas de ángeles de los ostensorios rococós, este presenta una solución en la que alternan haces de rayos biselados y una composición formada por molduras fundidas en forma de ces vegetalizadas que rematan en una estrella donde se aplica la alternancia de rayos rectos y flameados.. Como ya dijimos, se trata de una solución que no es desconocida en la platería madrileña del siglo XVIII, como lo demuestra que encontremos esquemas similares en una custodia de Patrimonio Nacional95, otra de la catedral de Ávila96, o en la de la iglesia de Saldeana que veremos a continuación. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 47.
(29) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. Fig. 18: Navasfrías. Custodia.. Las marcas, visibles en el cerco del viril, nos facilitan la datación, 1742, y el nombre del fiel contraste que la ensayó, Francisco Beltrán de la Cueva, no así el nombre del autor, pues a pesar de su nitidez, PITA, ignoramos a quien puede corresponder. Francisco Beltrán de la Cueva fue tasador de joyas de Cámara de la Reina, y contraste de la villa de Madrid en 1742 y 1754, en que falleció97.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 48.
(30) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. Más elaborada, y de mayor calidad, es la custodia portátil que actualmente se encuentra en la iglesia de Saldeana (Fig. 19), aunque como consta por la inscripción inicialmente fue un regalo realizado por varios devotos de la Venerable Orden Tercera de San Francisco del Real convento de San Gil98.. Fig. 19: Saldeana. Custodia.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 49.
(31) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. Técnicamente es una pieza de factura muy elaborada, con gran variedad de técnicas de trabajo de la plata, que le otorgan pictoricismo y plasticidad. Se compone de una peana ovalada y perfil mixtilíneo, recorrida por cuatro molduras lisas que dividen su superficie en otras tantas secciones donde van alojados, dentro de espejos enmarcados por rocallas, símbolos franciscanos, cristológicos y eucarísticos. En el astil tienen su prolongación las molduras lisas que recorren el pie, destaca el protagonismo del nudo, en forma de pirámide invertida de lados cóncavos que dispone cuatro cabezas aladas de ángeles en la parte superior. El expositor tiene en su base una cabecita alada de querubín en el frente y otra en el reverso, del viril circular parten radialmente, y de forma alternativa, haces de rayos rectos decorados con cabezas de ángeles y la composición de tornapuntas vegetales rematadas en una estrella de rayos rectos y flameados similar a la descrita en la custodia de Navasfrías.. Si al referirnos al expositor de la custodia de Navasfrías señalábamos su parecido con el de otras custodias de origen madrileño, en el caso que nos ocupa es la totalidad del conjunto el que vemos reproducido en otras, pudiendo concluir que se trata de un diseño que gozó de cierto éxito, y que además permaneció vigente durante algún tiempo. Así es notable la semejanza que guarda con la custodia labrada en 1731 por Manuel Medrano y que pertenece a Patrimonio Nacional99. Aún mayor es el parecido con una custodia recogida por Natividad Esteban en su estudio sobre la platería de Cogolludo, se trata en su caso de una obra del año 1755 realizada por Santiago de Salazar100. El mismo platero hizo por esos años otra localizada en la catedral de Ávila, enriquecida en su caso con pedrería perteneciente al legado del obispo fray Pedro de Ayala, muerto en 1742101. Todavía se conoce otro ejemplar que demuestra la vigencia de este diseño, se trata de la custodia realizada en el año 1780 por Manuel Esgueva “menor” que se encuentra en la iglesia de San Andrés de Baeza102.. El expositor de Saldeana carece de punzones, aunque presenta un sello compuesto por el número cuatro en romanos (IIII), se trata de una marca empleada a principios del siglo XIX para señalar los granos que resultaban del ensaye sobre los once dineros de la ley de la plata, ya que hasta entrado el reinado de Felipe V se había empleado una ley superior. La ley de esta pieza sería, concretamente, once dineros y cuatro granos. No podemos descartar que ese troquel se impusiera al ser adquirida por el templo donde actualmente está.. Hemos localizado además algún ejemplar suelto de otras tipologías. Es el caso de la fuente perteneciente al tesoro de la catedral (Fig. 20)103, una obra de año 1777 labrada por el platero madrileño Joaquín Antonio de la Fuente, único resto que nos ha llegado de lo que originalmente fue un juego de aguamanil (ha desaparecido la jarra), que según se precisa en algunos inventarios del siglo XIX se empleaba el Jueves Santo en el lavatorio de los pies104. Se trata de una obra fuertemente anclada en la tradición barroca105, y a pesar de ser una pieza. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 50.
(32) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. desornamentada, lógico si tenemos en cuenta su función, el dinamismo que confiere a la pieza el perfil sinuoso de la moldura pestaña exterior conecta con los gustos de la época para este tipo de piezas.. Fig. 20: Ciudad Rodrigo. Catedral. Fuente.. Un origen madrileño proponemos, aunque con alguna reserva, para la palmatoria existente en el tesoro catedralicio (Fig. 21)106, una pieza sencilla y funcional en la que únicamente sobresale la moldura perlada del borde de la arandela que sirve de soporte al mechero, motivo que se repite en el borde superior del mismo, y una venera cincelada en el extremo del asa. Precisamente el friso de perladura y la morfología del punzón, con la inicial del nombre en el casetón superior y apellido completo en el inferior, S/BAZAN, nos inducen a proponer para ella un origen madrileño, si bien desconocemos la identidad del platero que se esconde tras ese apellido.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 51.
(33) ARS & RENOVATIO, núm. dos, 2014, pp. 20-59. Fig. 21: Ciudad Rodrigo. Catedral. Palmatoria.. Finalizamos este recorrido por la platería madrileña localizada en la diócesis civitatense con el juego de seis candeleros conservados en el convento de Santa Clara de Ciudad Rodrigo (Fig. 22)107. Son un ejemplo de cómo el desarrollo de esta técnica experimentó a lo largo del siglo XIX con nuevas aleaciones, dada la dificultad de seguir abasteciéndose con la plata que llegaba desde las colonias y la imposibilidad de adquirirla en otros países debido a la grave crisis económica por la que atravesaban tanto el Estado como los particulares e instituciones eclesiásticas. Así se empezaron a utilizar esas nuevas aleaciones (plaqué, similor, metal blanco…), algo a lo que no fue ajena la Real Fábrica, como podemos comprobar en este juego de candeleros, identificándose con las iniciales z/M dentro de un sello de perfil recto, tradicional en las piezas salidas de ella, al que se añade la leyenda PLAQUE, indicativa del tipo de aleación, y un número, en este caso el 10, creemos que indicativo de calidad. Se trata pues de unas piezas que debieron salir de la Fábrica Martínez en su último periodo de existencia, el comprendido entre 1857 y 1867, tras abandonar la dirección José Ramírez de Arellano108.. Están formados por una peana circular decorada con hojas de palma y lengüetas radiales que sirve de asiento al astil. Este está configurado por un cuerpo ajarronado en la parte inferior, un fuste cilíndrico estriado. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 52.
(34) MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ. EDUARDO AZOFRA AGUSTÍN. y una moldura convexa. El mechero tiene perfil acampanado y de él sobresale una arandela. A pesar de que por esas fechas la platería estaba impregnada de un fuerte romanticismo, estos cálices conservan el aire clasicista que definió a una buena parte de las piezas salidas de la institución fabril.. Fig. 22: Ciudad Rodrigo. Convento de Santa Clara. Candelero.. I.S.S.N.: 2340-843X. pág. 53.
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