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(1)

LOS TEXTOS HISTORICOS

Las s

i

gu

i

entes cartas dirigidas

po

r el

doctor

Eladi

o Urizarri al General Franci

sco de Pa

u

la

Santander,

fueron

publicadas en el periód

i

co "El

Orden",

en

1890,

del

81

de octubre al

18

de di

ciem

-bre. Estas

cartas

serán

publicadas en d

o

s

ent?

·eg

.

as.

CARTA

1~

Bogotá,

17 de Diciembre de 1837.

Seño1· ex-Gene

'

ral

Fran

cisco de

P.

San

tande

r.

Muy

señor

nuestro:

Por fin,

de

s

pués

de haber excitado por largo tiempo

la

espectación

pública, ha

sa

lido

á

luz en buenas 29 páginas

e

l

cé-lebre

manifiesto de

s

u

conducta, que vende V.

á

cuatro reale

s

en la tienda

del

señor

Aguilar

.

Estábamos bien per

s

uad

i

dos

de

que este folleto

se

ría

,

como todas las

obra

s

de V. una

oración

fúnebre de

su

autor; porque mientras V.

viva

no

faltará

quien lo elogie. Si

damos

crédito á V.

es

V.

el

s

va-liente,

e

l

más generoso,

el

más

humano

, el

s

sabio, el má

s

honrado y el

s

patriota de

lo

s

mortale

s

:

e

l

que fija

la

s

mi-radas de los pueblos,

y llena

de ad1niraci

ó

n

á

l

a

Améri

ca

, la

Europa, la Asia, la

Africa y

ha

s

ta

la

Au

s

trala

s

ia mi

s

ma;

e

l

grande entre

los nacido

s

, el varón sin mancha, el héro

e s

in

se

-gundo,

y el

hombre privil

e

giado, sin el

cu

a

l

es

t

a

a

mo

s s

um

e

r

-gidos

en

el abatimiento y en

la nada;

V.

es

el fund

a

dor d

e

l

a

República, el que

la sacó del

caos,

su con

s

ervador y

s

u padr

e

.

(2)

Todos los

granadinos

deben

prosternar

se

ante

V.,

y erigirle

altares como

á su

dios tutelar,

porqu

e si

V.

le

s

retira

s

u brazo

omnipotente,

s

e desploma el edificio,

ca

e

la casa,

y por lo menos

se

queda

sin techa1·

.

i

Oh

República!

una y tres veces feliz,

que

tienes la ind

ec

ible honra de que haya

nacido en tu

se

no,

en

esta

tierra de

enanos, ese gigante,

á quien,

como él

dice, no hay

cua-tro

que le

lleguen

al tobillo; y cu

y

o

ge

nio

sublime

s

e

encuentra

estrecho en

la

Nueva Granada,

porque él nació para

mandar

el

orbe ent

e

ro. Tal es

l

a

idea que V. tiene de

s

í

propio;

pero

á

decir verdad, no es este el juicio

que forman

los

que lo conocen.

N o nos

h

a

sorprend

ido

la lectura

de e

se

follet

o,

obra

pro-digiosa de

á

cuatro

reales,

porque no es la prim

e

ra

que

s

ale de

l

a

gallarda pluma

de V.

:

pero

ella nos

ha

acabado

d

e

p

ers

u

adir

que

V. es

uno

de esos

seres

con quien podría h

a

cer

se

una muy

lucrativa

espec

ulación,

comprándolo

por

lo que vale

y

v

e

ndién-dolo

p

or

lo

qu

e se estima;

y

que, como dijo un

amjgo

de

V.,

viejo

machucho,

V.

NO ES MAS QUE UN COLEGI

A

L DE

CU

ARENTA

Y

SEI

S

AÑOS.

Convenimos co

n

V. en que

no

es

á

hombres apasionados

á

quienes co1·1·esponde esc1·ibir la historia

d

e

la Nueva Granada,

sino

á

aquel que

li

bre d

e

odios

é

inn

obles

pas

iones,

pueda reje1-ir

los

h

ec

hos

impat·

c

i

a

lmente

,

examina?·

sus causas,

pesar

las

c

ir-cunstancias que influyeron en ellos

y

hacer

obs

erva

c

iones

co

n

exactitud

é

impasi

bil

ida

d.

Pero, ¿es aca

s

o V.

ese

h

ombre

im-parcial

-

Y. que n

o

habla

sino el

lenguaje de mezquinas

pasio-nes,

en quien se

descubre el

odio más cruel,

la

venganza

más

ruín,

la

envidia más exaltada

,

la

animosidad más

decidida

,

y

cuya pluma

no

de

s

tila sino

hiel? Hablando

de

V.

y de

sus

ene-migos,

¿se

V. imparcial? Esos pensamientos

que, si

n

sabe

r

cómo,

estampa

V.

á

la

entrada de

s

u

manifiesto,

h

arán que

hasta

el

homb

re

que no tenga sino

senti

do

común,

lo lea con

prevención;

porque, ¿cómo se

pintará

V.,

que t

ie

ne

una

id

ea

tan

encumbrada

d

e s

í

propio; ¿y

córno pintará

á

lo

s

que

dete

s

-ta?

¿Se

esperará

ju

sti

cia de un hombre

apasionado

como

V.

cuando

comienza, sin sab

er

se

por qué c

o

mparándo

se

á

lo

s

hom-bres más grandes

,

y

d

ep

rimiendo

al

Pre

s

ident

e,

á

quien profesa

una

aversi

ón

mortal?

En cuanto á

las

com

p

a

ra

cio

n

es,

no

s

asombra

que u

n

ente

como

V.

quiera

hombrearse con Napoleón, con \V

as

hin

gton,

con

Bolívar. ¡Hombre de

Di

os!

¿ha

per

dido

V.

enteramente el

(3)

juicio? Por

lo

que

hac

e á la

depresión

e

n

que quiere

colocar

al

Presidente, no

es

V.

qu

ien

debe juzgarlo ni

valuarlo, porque

no

es en

la balanza del

odio,

de

la venganza

y

de la envidia

qu

e

d

ebe

pesarse á

lo

s

hombre

s;

ni el

juicio

de

enemigos

en-carnizados es el que

d

eci

de

e

n la opin

n

pública,

ni aun de

aque

ll

os

hombres que no tengan

pr

ecede

nt

es

conocidos

.

El señor

Márquez

no

es

un

g

u

erre

ro,

ni

será

un

sabio

pr

ofundo,

ni un

emi

n

ente esta

d

ista

, p

o

rque

,

¿quién

lo

es e

n

esta

n

aciente

Repú-blica? Pero, ¿podrá negarle

V.

s

us t

ale

nto

s

,

s

u

ilustración

y

su

patriotismo? ¿podrá

V

.

dejar de

confesar

qu

e él

h

a

hech

o

servicios

importantes;

que ha de

sem

pe

ñ

ado

con celo,

activi

dad

é

int

eligencia

los

primeros destino

s

de

este país ; que

no es

t

án

manchadas

s

u

s

manos

con el peculado, ni con

el asesinato,

y

que

s

u

alma pura no

es

la mansión

del crímen

?-V.

lo n

ega

r

á,

porque V. ve por

el

prisma

de la pr

evención

y

d

e

l

aborreci-miento

;

pero

la gran mayoría

de

la N ación

lo

confiesa. Y

si

nó,

d

íganos

V. -el

señ

or Márquez

,

qu

e

no tiene

el

prestigio

que dan

siemp

r

e

l

as

pr

oezas

militare

s,

que no deslumbra

con

las

charreteras,

los penachos y los bordados, ¿á qué

ha

brá

de-bido

las distinc

ion

es nacio

n

ales

que ha

reci

bid

o siem

p

re y los

altos puestos á

que

se

le

ha

lla

m

ado?

¿qué

h

a

br

á

inf

luído

para

que

contra

los decididos

es

fu

erz

o

s

y terrible

intri

ga de V.,

fu

ese

elevado á

la

silla presidencia

l c

o

n

preferencia

á

tantos

grana-dinos

beneméritos? ¿Será

tan pequeño

,

como V. lo cree, un

hombre

que

en

la

s

corporaciones

le

gislativas

ha

llamado

siem-pre la

atención

y ocupado continuamente

el

primer

asie

nt

o;

que

d

espués

de haber gobernado dos

dep

a

rta

me

nto

s

h

a si

do

dos

veces

Secreta

rio

de Estado,

dos Vicepre

side

nte,

en

una

de las

cuales

h

a man

d

a

do

con

gl

ori

a

la N ación en circunstan

cias

difí-cil

es;

Presidente

d

e

l

Consejo de

E

stad

o,

y,

en

fin, Presidente

de

l

a República con aclamació

n

popular, s

in

que los mismos que

se

opu

siero

n

á su elección

s

e atreviesen

á

negarle

su

mérito?

Vuelva V. sobre

,

ó á lo menos aprenda V. á

ocultar

mejor

.

sus

p

aswnes.

Qu

iere

V. a

p

licarse el grande pensamiento de

Zea; pero

él

hablaba de Bolívar; y de V. á él hay una distanci

a

incon-mensurable. A

p

esar

de

sus muchos defectos

,

de

sus g

rand

es

errores y

de

s

u

s

di

sparatadas

pretensiones,

que nosotros

com-batimos con vigor, Bolívar

se

halla

á un altura inmensa re

s

-pecto á V.

Por

más que

se

hinche

la

rana,

reventará antes que

igualarse

al

buey.

(4)

Nos enumera

V. los destinos que ha tenido;

¿pero

los ha

servido

bien? Fué V. Oficial, ya lo

sabíamos

, y

entonces

trai-cionó

s

us

juramentos. Estuvo algunas

veces

con

los

vencedores,

y siempre

que mandó V. fué

vencido.

Fué

Vicepresidente

de

Cundinamarca, y entonces se

dilapidaron los

secuestros, se

des-preció la moral,

se

derramó

l

a

sangre sin figura

de

juicio,

los

pueblos

sufrieron vejaciones y se

despotizó militarmente

el

país.

Fué

Vicepresidente

de

Colombia, y entonces cargó

la

N

ación

con

una

deuda inmens

a; estuvo en des

orden la hacienda

pública, mal

vestido el ejército, se oprimía en

nombre

de

la

Constitución, y, en

fin,

su

impericia

y sus

vicios exas

peraron

algunas

provincias y el

país

se

puso

en conmoción. Fué conven

-cional

en Ocaña, y su

ma

l

comportamiento y sus

niñerías, los

geroglí

fico

s

ins

ultantes

que pasaba desde

su a

s

iento

á

FUER

DE

COLEGIAL, contribuyeron mucho á agriar

lo

s

ánimos sin

que no

s

diga

qué

hizo de

provecho.

Fué Presidente de la Nueva

Granada,

y entonces

introdujo la división, reanimó lo

s

odios

,

hizo revivir

los

partidos,

insultó

á los

hombres de bien,

oprimió

á

los

ciudadano

s,

disimuló

los crímenes

, patrocinó y

premió-¡

qué

decimo

s

! ordenó el ase

s

inato .

Ha

pasado

por un

juicio

criminal, y

s

ufrido

pri

siones y destierro, en lugar del último

suplicio á qu

e se

le había condenado,

p

orque era

neces

ario

cas-tigar

un

horrendo crimen. No

ha

merecido

las

eleccion

es

popu

-lares

;-las

ha

obtenido, y ¡Dios

sabe cómo y por qué!

Ha

reco-rrido époc

as

difíciles-todos

las

hemos recorrido

;-ha tenido

relaciones

con

los

p

er

s

onajes

más

prominentes

de esta

ti

erra,

y muchos, s

i

no todos

,

han

tenido

motivos

para arrepentirse

de

haberlas

cu

ltivado; V. se

ha

acercado

á mucha

s

de

las

naciones

más

cultas, como tantos

otros,

sin que ellos hagan alarde,

y

sin

que

esto

sea

un m

érito. Ganó V. con adulaciones

la confianza

de Bolívar, que p

erdió porque al

fin

él pudo conocerlo: tuvo,

como todo

s

ti

enen

, verdaderos y falsos amigos

; hizo la guerra

á lo

s

es

p

a

ñ

oles con

cobardía,

mien

t

ras que

otro

s

que

g

uardan

sile

nci

o

la hi

cieron con

valo

r; particip

ó

y a

g

itó las

contiend

as

civiles y

h

a quer

id

o siempre hac

er un

pape

l

prin

cip

al

en ellas

,

aunqu

e

no fu

ese m

uy

honroso.

Ha

cont

ribuído V. á la

confec-ci

ón de mu

ch

as leyes y sacado mucha

s á

s

u

am

a

ño

; h

a

celebrad

o

tratado

s

ominos

os

a

l

pa

ís

;

ha

trans

ig

ido difer

en

ci

as

graves

comprom

etiendo el

h

on

or n

acional; y ha t

eni

do,

p

or d

esgr

a

ci

a

,

una parte

no p

equeña en los

negocio

s

públi

cos, no

en 27 año

s,

p

orque V

.

no

negará qu

e en lo

s s

ucesos

ocurri

do

s

d

esde

N

(5)

o-á no ser que V. crea, como

creemos no

sotros,

que mucha

p

a

rte

de los

infortunios

de

aquella época eran una consecuencia de

sus

errores y de

sus

vicios.

Si la primera parte

del

parágrafo de que nos ocupamos

está

llena de

sandeces

y

de una loca presu

nción,

la

segunda

es

el colmo

de

la

elación

y

del i

n

fatuami

ento.

V.

se

presenta como

un hombre

histórico;

piensa

que

el

mundo se

ocupa de V

.

,

y se

equivoca. A los

hombres

se

les

juzga

por

sus

hechos

y

no

por

lo que

ellos

dicen:

así será

V.

juzgado, y los

h

echos

que

refe-riremos

acreditarán,

que en V. jamás

se ha

notado

ese amor

decidido á la

l

ibertad

de la Patria, ni

esa consagración á

su

se

rvicio

que V. supone,

ni

m

e

n

os

esa

fidelidad á

sus promesas.

Cree

V.

que la elecció

n

de Presidente hecha

en

V.

el año

de

32 ha

sido el

fallo de un

gran jurado

nacional

en su favor;

y

nosotros,

examinando las

circu

n

stancias en que se hizo, y los

motivos que

influyeron

en

ese

acto,

no

juzgamos del mismo

modo. Y ¿qué dice V. de no

haber

sido

nombrado

Senador por

esta Provincia, en que V

.

es más

conocido,

á

p

esar

de sus

ma-nejos,

y de que todos los electores

habían

s

ido nombrado

s

el

año

pasado? En cuanto á no

haber habido

acusación en las pasadas

legislaturas,

hay

mucho que

decir,

y

lo diremos

.

V. que

ha

tenido tanto

cuidado de

pillar aquí y allí

los

pasajes de

obras

y

de papeles

en

que

se

ha hecho de

V. alguna

mención

honrosa,

porque

los

pequeños

espíritus

se

alim

e

ntan

de humo,

mientras

las grandes almas no hacen caso de

alaban

-zas

;

nos pone algunos

rasgos de obras

y de periódicos

extran-jeros, en que

unos

por

error,

otros por

especulación, mencionan

á

V.

¿Y por qué no

recuerda V.

las infinitas

publicaciones

nacionales

y

aun

extranjeras que

denunciando

hechos

y

ponien-do claro la conducta de V.,

lo han

pintado tal como

es

? Aunque

todas las obras que

se

han

escrito en el

mund

o des

de

que hay

imprenta hasta

hoy,

aunque todos los periódicos

que

se

han

redactado y

se

redactan, nos dijesen que V. es un

valiente

ca-pitán,

un hombre desinteresado, desnudo de innobles pas

iones,

exento de vicios

y

de doblez; nosotros que

lo conocemos,

jamás

lo creeríamos

,

ni lo creerán

las

noventa

y

nueve

centésimas

partes de la Nueva Granada: siempre nos

atendríamos

á

los

hecho

s

que

los

desmentirían.

Recuerd

e

V.

que Bolívar

e

ra

elo-giado

en

Europa en tiempo de

su

nefanda di

ct

ad

ura

, y que

Santa-Cruz recibe

elogi

os

y obtiene

di

stincion

es

de

lo

s

(6)

poten-iados de la tierra,

no

siendo más

que

un

tirano

vulgar

.

Reco

-miéndese V

.

por

sus

obras, y

no por

los elogios

que,

como nada

cuestan, se

prodi

gan

con

facilidad,

y

son

frecuentemente !a

n1oneda

con que

se

comp

r

an

los que

valen poco.

Adiós,

señor,

hasta

el

domingo próximo que con

tinua

rem

os

la

m

ateria.

Sus muy atentos observadores,

LO

S S

I

N

-C

UENTA

.

CARTA

2~

B

ogotá,

24

de

Diciembre

de 1837.

Scño·r

ex-General

F

-

rancisco

de

P.

Santande?'.

Muy

señor

nuestro:

Permítanos V. continuar

h

ablándole

con

franqueza,

por-que

mientras

más

amista

d

n1ás claridad. La explicación que

usted da

á

los hechos feos que

en

diversas ocasiones

se

han

de-nunciad

o

al público,

y

los

documentos que inserta,

no satisfacen

ni les

quitan el carácter

negro que tienen unos,

é

ilegal

otros

.

N

o podemos

anticipar

las

pruebas porque

es

n

ecesa

r

io seguir

paso

á

pa

s

o

el fo

ll

eto de

á

cuatro

Teales

.

N o

se equivoque

V.

:

no

han sido los

enemigos

de

su

poder legal

los

que los han

denunciad

o

:

han sid

o

aquéllos que desean orden,

p

az,

exacta

ejecución

de las

leyes,

prosperidad

n

acional

y

progresos

mate-riales,

intelectuales

y

1norales

.

Ello

s

han

s

i

do los

que

co

n

más

ó

m

enos

1noderación

han ele

va

do

s

u

voz

contra unos

actos

que

contrar

jand

o

á

aquellos bienes

han

alarmado

e

l patriotismo.

Asegura V.

que no

trata

de

satisfacer

á

los que dice

que

lo aborrecen porque

detestan

su conducta.

V. no

satis

face

á

ning

ún

hombre de juicio

.

Pre

t

ende V.

proveer de rnateriales

JJU?'OS

y

verdaclen>s

á

los que

algún

día

Izan

de escribir la histo

-ria de>

la

Nu

ev

a Granada,

y

así quedaría la

hi

storia

que se escri

-biese

sobre

materiale

s

que, saliendo

de

una

plum

a

envenenada.

no tienen

ni

pueden tener nada de

pu1'o ni de

veTdadero

.

Nadie

menos

que

V. puede en

esta

tierra

proveer

á

la historia

de

n1ateriales

pw·os

y

ve1·dacleTos,

porque d

ev

orado

de

odio, de

rencor, de ambición, de envidia y

de

venganza, cuanto de an1or

(7)

propio, no puede juzgar

con impasibilidad ni escribir con

im-parcialidad. Podríamos citar mucha

s

frases de su

folleto

que

están demostrando

que ha

sido escrito

bajo

el triste

i

nflujo

de

sus

altas pasiones

y

que no ha

pre

tendido

si

n

o

elevarse

sobre

e

l

bu

e

n

concepto

de

otros;

pero

el que conoce á

V.

se

ríe de

su

pu1·eza

y ve1·acidad,

como se

reiría de

la

pudicicia

de Mesalina

y de la

h

umanida

d

de

Neró

n. En

el

curso de

estas

cartas

ten-dremos

muc

h

as ocasiones de

justificar

esta aserción.

Mi lenguaje,

dice V.,

será el que corresponde

al

asunto

y

á

la

dignidad de mi posición social.

E

l

tono acerbo

é incivil

nunca ha

servi

do de raciocinio

fundado

en verdad,

razón

y

ju

sticia; y

V.

cum

pl

e

tan

bi

en

su promesa

que trata con suma

ci

vi

li

dad

y dulzura

a

l primer Magi

stra

do d

e

la República, al

ejército, á

lo

s

particulares y

á

l

a

N

ació

n

mism

a. S

u

l

eng

uaje,

ya se ve, es

propio de

su asu

nto,

que

es insultar á cuantos

abo-rr

ece,

y

de

s

u dignid

a

d

social,

que

es la

que le han conferido

sus

manejos y la conducta

innoble que

sigue.

E

n

el tono de la

p

e

r

suas

ión

asegura

V.

que

están

sacia-dos c

u

antos

deseos ha

pod

ido

tener en la ca1

·

rera

política y en

la

militar,

satisfecho

d

e

haber

oc

upa

do

en su

país

todos los

puestos

eminentes en

una y otra y agotadas todas sus aspiracio

-nes.

Embusterito,

decía

un

a abuela á s

u

nieto,

por

ciertas

m

e

n-tiri

ll

as que le refería.

V. ha halagado

algunas pasiones,

p

ero

no está saciado; y e

n

c

u

anto

á

de

seos

...

,

se

lo

diremo

s

clara-mente

como

amigos.

V. de

s

ea y

t

r

abaja

por

hacerse necesario,

se

desvela por

desacreditar

la

presente

administración,

para

que

se

crea que

la

suya

fué buen

a y

qu

e

V.

es el único que

puede

mandar bien e

l

pa

í

s; desea

que

caiga el

Gobi

erno

porque

no

fué de

s

us

votos y

por

p

asar

por buen

profeta político;

quiere tener influencia en

el Gabinete, y porque no

lo logra

clama y

se

desgañita contra

todos los

actos

del

Ejecutivo;

pre-tende deprimir al

señ

or Márquez

porque cree que apocando

á

los d

e

más, lo tendrán á

V. por hom

b

re

grande,

y

quiere

ven-garse en él

del

chasco

que le

dió la N

ació

n

despreciando

sus

indic

aciones

y dejando burlados los locos esfuerzos de V.;

desea

que para

el

próximo

p

eríodo constitucional

se

le

elija

Presi-dente, ó ACASO algo más, porque

lo

que V. detesta

en otros

lo

quiere para

.

Este

es

el

carácter

de la ambición . Mas,

¿á

donde

irí

amos

á parar

si

enumerásemos todas

las a

s

piraciones

que

su

conducta

no

s

está

de

sc

ubriendo?

Y si

e

s

t

á

n

saciados

sus

de

se

o

s, sat

i

sfechas sus

pretensiones

y agot

a

da

s s

u

s

a

s

(8)

pira-ciones,

si se

halla ho

st

igado de

l

a vida pública

,

s

i

s

ólo apet

ec

e

pa

z

y

tranquilidad,

¿

por

qué

no

abandona

esa vida agitada que

lleva, por qué

n

o

hu

ye

de los

di

sgustos que

le proporciona

ese

e

mp

eño e

n me

zcla

r

se

en todo y

de

e

s

tar

embebido

en

los

n

ego-cios

público

s?

Dirá V. que

es por

puro

y

d

esin

te'

resado

pat?·io-tismo,

y

tend

r

á

l

a san

dez de

creer

qu

e

si

n

V. la República

no

pu

e

d

e

ma

rc

har,

ó

en los términos que

V.

u

sa,

qu

e

la casa

se

queda

sin

techa?·

.

Retírese V

.

tranquil

o, se

r

ene s

u

s

temore

s.

Sin V.

volcamos

y

ente

r

ramos

la

di

ctadura

;

sin

V. de

st

ruímo

s

el

Go

bie

rn

o

u

s

urpador;

s

in

V.

no

s

dim

os

i

n

st

ituciones análoga

s

á

nu

est

r

as

circunstancia

s

;

si

n

V.

se

organizó

e

l

ejército,

se

r

eg

ul

ar

i

la

h

acie

nd

a

nacional,

se

introduj

eron

muc

h

as me

-joras

s

ociale

s;

y

si

n

V.

marchaba

la

R

e

pública

en la

tranqui-lidad

y

s

in p

artidos

. A

s

í marcharí

a

ho

y sin

V.,

porque

no

h

a

-bria qui

en s

op

lase

la di

scor

di

a;

y

si

no

,

h

aga V. la experie

n

cia

.

Pe

ro

no, V.

q

u

i

e

r

e paz y

tranquilidad ocupand

o siem

pre

la

primera

s

illa

del

Estado; quiere l

eyes

liberales para

sí,

que

se

ejecute

n

á

s

u

aco1nodo, y

que

su

e

st

recho

círculo tenga e

l

privi

-le

g

io

exc

lu

sivo

para lo

s

destinos y

p

ara la

im

punidad; que

se

persiga á los que no

pi

ensa

n

c

omo

V.

y á

l

os

que

no favorecen

sus

pro

yec

tos;

y po

r

que

no

se

h

ace,

grita

V. que

se

r

etrog

rad

a,

qu

e s

e oprime

á los

patriotas, que

los

libe

r

ales

so

n

víctimas

de

la parcialidad.

¿N o es esto

lo

q

ue

nos

está

manife

sta

n

do

s

u

con

-ducta? ¿No es este

e

l

origen,

carácter

y objeto de

su

apasionada

y

antipática oposición

a

l Gobierno?

Asienta

V. con

aire magistral

que

los

que lo censuran

so

n

l

o

s

godos, los monarquistas,

los

revoltosos de

1833

y

34,

y

los

que han

fundado

su

podeT

y

s~t-

patTimonio en

odiosos

pr

ivile

gios

y

gros

eTos

e?·?·ores

y

p?

·e

ocupaciones

.

Confesamos á

V.

se

n

ci

-ll

amente que

no

sa

bemo

s

á

quiénes a

l

ud

e

esta

última

fra

se

.

Si

es á las familias

antig

ua

s

y

virtuosas

,

que en

tiempo del

Gobi

erno

es

p

a

ñol

se rep

u

taban po

r

nobles, V. les

h

ace

una

ma-nifie

sta

injusticia, porque

ellas

han

contribuído decidida y

efi-cazmente

á

la transformació

n

polí

tica

y

han pro

clama

do

pri-mer

o que

V. las

dulc

es palabras

de

lib

e

rt

ad

é

igualda

d;

s

i

es

al

cle1·o,

¿lo h

a

visto

V.

en

alguna parte más d

ec

idido

por l

a

in

dependencia y libertad,

más de

s

pr

e

ndido de

esos

privilegio

s

odio

s

os,

m

á

s sometido á las leyes

y más obedi

ente

al

Gobierno?

¿

ó

llama

V.

groseros errores,

privilegio

s

y preocupaciones

el

que él

exista

y

tenga con

q

sosteneTse?

Hábl

enos clar

o

y

sin

(9)

la hi

storia de la Nueva Granada.-No

son

los

godos,

l

os

monar-quistas,

los revoltoso

s

ni los partidarios

de

la ari

sto

cracia

y e

l

fanati

s

mo los que

imprueban

la

conducta de V.-hombres

de

mucho

juicio,

que han

esta

do

por la libertad más

de

corazón

que

V

.,

que jamás

plegaron á las ideas de Bolívar, que jamás

brindaron porque

se

perpetuase en el mando, que nunca, nunca

se

han

manchado con

la nota de

conspiradores, que no tienen

esas

preocupaciones que V. supone, ni fincan

su

patrimonio

e

n

privilegios

y

e

'

r

r

ores groseros;

hombres

que algún tiempo

fue-ron amigos de V. porque lo creían sinceramente

liber

al,

critican

sus

procedimientos y sienten

que

después de

la

excesiva

indul-gencia con

que

se

ha

tratado á V., tenga todavía

un

comporta

-miento

tan irregular como indecoroso. Los

que

hoy redactan

lo

s

periódicos

que

sostie

nen

l

a

administración, los

que la sirven

con fidelidad,

mir

a

n

á

V.

como

un hombre

cuyos

manejos

lo

desacreditan, y no

so

n de la

clase que V. dice, sino liberales

exaltados, despreocupados y virtuosos ciudadanos; y

si

todos

ellos pertenecen á

esas

clases, es

necesario

que V. convenga en

que

la

N ación entera, con excepción solamente del pequeño

círculo que rod

e

a á V., es boliviana, fanática, monarquista y

conspiradora. Tal vez V.

le

hará este agravio, porque también

aseg

ura

que es

INCAPAZ

DE DISCERNIR.

As

í

se

in

s

ulta

á

un pueblo entero! Con razón

pretende

V.

e

nga

ña

r

lo cuando

tien

e

de él un concepto tan bajo

.

Como lo que ha acabado

de

turbar el

mal

asentado juicio

de V

.

es

la elección

del

señ

or Márquez, la ha

traído de los

ca-bellos para

d

en

igrar

este acto

nacional,

queriendo

hacer

creer,

porque V. lo dice,

que

l

os

que la

sostuvieron han

tratado

de

crear una reacción contra

l

as ideas y contra

la

s

personas. V.

s

ufrirá

le digamos

que

sólo

e

l

encono que dirige

s

u

pluma ha

podido

s

umini

strarle tan injurioso

pen

samiento.

Bueno

es

el

señor

Márquez para apoyar semejante reacción;

él

que

siempre

ha marchado por el camino

de lo

s

principios

más

liberales,

y

por el

sendero

de la honradez; que ha sufrido persecuciones

por

sus

ideas eminentemente

republicana

s, y

qu

e

jamás se

le

ha

visto

humillar

se ante el ídolo del

poder.

Su conducta

constante

é

invariable,

no

en

veintisiete años, pero

des

de qu

e su

edad

le permitió

e

ntr

ar en

la carrera

pública,

¿no

desmiente

la

aser-ción de V. á

l

a vez

que

da

la

más

segura

garantía á

favor de

los

buenos principios? ¿Cuándo

se

le

ha

visto

traici

on

a

rl

os?

Cite V. los hechos, porque por

e

llo

s

deseamos

conocer á

los

(10)

hombre

s

.

Liberales y

patriotas por convencimi

e

nto y

por

incli-nación dejaremos

de

apreciarlo, si

V. no

s

da

un

precedente

de

c

i

s

ivo,

de

que haya

s

ostenido opiniones retrógrada

s

,

y

s

eguido

idea

s

qu

e

no e

s

t

é

n

de acuerdo

con la ilustración del

siglo, y

c

on

lo

s

pro

g

r

es

o

s

bien entendidos

de la

Nación.

S

e

a V. imparcial por un

momento,

vea V. qu

n

e

s son lo

s

S

ec

retario

s

del

De

s

pacho,

quiénes

son

los

Gob

e

rn

a

dores, á qui

é

-n

es se

han

dado ú ofrecido las legacione

s

y otro

s

pu

es

to

s

d

e

importan

c

ia, y

diga

si todavía se atreve á so

s

ten

e

r

que la

elec-ción del

actual

Presidente

tenía

por

objeto una r

e

acción contra

la

s

ideas

y contra

las personas.

Díganos V. de buena fe:

quién e

s

el que

s

e ha manife

s

tado

hostil,

¿V.

contra el

Presidente ó el Pre

s

ident

e

contra V. ? ¿N o

es

verdad que V. hasta

le

ESQUIVÓ

una

visita, que

s

i no fuer

a

acon

s

ejada por

la urbanidad, lo

sería por l

as

c

o

n

s

id

e

ra

c

ion

es

que un General

d

e

la República debe al

primer M

ag

i

st

r

a

do de

la

N ación? ¿N o e

s

cierto que

por

todo

s

lo

s

m

e

dio

s

po

s

ibl

es

h

a

tratado

V.

de

hac

e

r la gu

e

rra á la Admini

s

tr

ac

i

ó

n

, s

in qu

e el

Presidente le haya hecho á

V.

nunca

el má

s

li

g

ero a

g

ravio?

¿Y no prueba

bi

e

n

claramente

tal

proc

e

dimien

t

o que V.

es

el

que qui

e

r

e

af

e

ar y

e

nnegrecer

la

pre

s

en

t

e Admini

s

tración

,

par

a

qu

e l

u

z

ca

y

re

s

plandezca

l

a

de V.,

ó que tiene V. un rencor

profundo

,

ó que lo

devora

una

mortal

envidia, ó qu

e

lo de

s

e

s

-pera ver

q

u

e e

l

Pr

e

sidente

puede

gobernar sin V. ? Qué

funda-mento

s

ti

e

ne

V. para

afirmar

tan

positivamente

q

u

e

lo

s

que

s

o

s

tuvieron

la

elección

del

señor

Márquez, han

querido crear

una

r

e

acción contra

las ideas y contra

las

per

s

onas? S

e

gura-mente no recuerda

V. que

entre ellos

hay

patriotas

decididos

y

liberale

s

ex

a

ltado

s

,

hombres intachables bajo

e

s

te punto.

Tam-poco

r

e

cuerda

V. que tan pronto

como se terminó

la

elección

,

todo

s

ellos

proclamaron reconciliación,

y que

lo

s

que V

.

mira

como su

s

encarnizados enemigos,

protestaron que

no volverían

á

e

s

cribir contr

a

V.,

si,

como

esperaban,

V.

s

eguía una

con-ducta decent

e

. N o obstante esto, se trató formalmente

de

una

revolución

para

impedir la posesión del Pre

s

idente, s

e

dieron

los pa

s

o

s

p

a

ra

que en algunas

pro

v

incia

s s

e

hiciesen

act

as

,

pronunci

a

mi

e

nto

s

, y

no

se dudó

que V.

era el móvil

principal

de todo.

Por

lo menos e

s

cierto

que

sus amigo

s

er

a

n

lo

s

pro-movedore

s

, y que V.

no podía ignorarlo.

Sin embargo, cuando

s

e vió que tal

e

s

locuras no tenían

apoyo,

V

.

, que no ignora

nada

(11)

al Pre

si

d

en

t

e,

tres

ó

cuatro

días

antes

del d

e

la po

sesió

n

,

qu

e

ha

s

ta entonce

s

lo

había

s

abido. Después V. no dejaba de

cri-ticar

con amargura los actos

s

inocentes d

e

la

Administra-ción

,

ya en las tiendas,

ya

en

las casas

p

art

i

culares

,

ya

en lo

s

corrillos, ya en

l

o

s

pa

s

eo

s

. Si

s

e dictaba alguna prov

idencia

que

pudiera mo

les

tar á

alguna persona ó

corpo

ració

n

, trataba

d

e

halagarla, manife

s

tándole que

V.

habría hecho lo

contrario.

Si no

se

confería

un empleo á

alguno

d

e

lo

s

much

os

preten-di

entes,

atestiguaba

s

u disgu

st

o delante del

interesado,

ó de

algún otr

o

qu

e

pudiera

.ce

ferírse

l

o; e

s

cribía

á

la

s

provin

c

ia

s e

n

el

mi

s

mo

sentido,

intri

g

aba en las

elecciones

p

a

ra qu

e

no

sa-liesen

nombrados

los

amigos

de

la Administración,

por

patrio-tas, honrado

s

y

a

ptos que fuesen,

s

ino lo

s

que la atacab

a

n,

aun

cuando les

faltasen

estas cualidades; y al fin V.

h

a enarbolado

la

Bande

ra

de

la

hostilidad, é insultado gratuítament

e

al Pr

e-sidente

de la República.

Díganos

V.,

le

suplicamos

de

nuevo:

¿qué agravios

había

ó ha

recibido

del

se

ñor Márquez? Si un

escritor estimulado por

las imprud

entes

y

extravagantes

pro-duccione

s

d

e

V.

,

dió á

luz

un papel contra V.,

no

puede V.

atribuírlo á un pl

a

n concertado de

r

eacción

contra la

s

p

e

r

s

onas.

P

e

ro

s

í hay un plan para desacreditar

la

Admini

s

tración,

para

de

s

popularizarla,

para

minarla y para. .

. . .

el

tiempo dirá lo

demás:

escrito está

,

y

la

ex

pe

rien

c

i

a lo co

n

firma

,

q

ue

la

vet·dad

es

grande

y

que

al fin p

-

revalece.

N o ha tenido V. o

cas

ión

de

a

r

repentirse de no

h

a

b

e

r esta

do

p

or

la

elección

del

señor

Márquez, dice V

.

, y ya

l

o sa

bíamos.

Su oposición

era

por

no

ser militar, y todavía no lo es porque

sabía

que

él

no había

de

recibir

influencias de

V.,

y él

no la

s

recibe, porque no le tema

que

el país

pudies

e

marchar bien

sin

V., lo que

l

e

quitaría el

aire

de necesario que V.

se

qui

e

re dar

,

y

e

s

to

s

recelo

s se

han realiza

do:

porque V. lo aborrecía,

y

h

oy

l

o

aborre

ce

s

. Existiendo los mismos motivo

s,

natural

es que

V. no d

e

pon

ga s

u

s

antipáticas

idea

s

.

V. n

os

cuenta

qu

e

estudió en

San B

a

r

tol

om

é,

y

n

os

dice

que

allí

habí

a

n

vestido la

beca

en

el

siglo

pa

s

ad

o

dos

h

erma

n

o

s

su

yo

s

y tr

es

tío

s

materno

s

, ¿y querrá V. d

eci

r

nos

á qué

viene

esta

sa

ndez? Por cierto que esta circun

s

tancia

borra

s

u

s

f

ec

ho-rías

y realza

s

u

s

proezas

; podía también d

eci

rno

s, si vivió e

n

las Niev

es

en

un palacio

,

ó en una miser

a

ble

casa

de

vendimia,

s

i

se

ve

st

ía con decencia ó

s

e

cubría

d

e

andrajo

s; s

i t

enía

mesa

15

(12)

pr

o

p

·

ia

, ó

mendig

aba

los

mendrugo

s

de

la

aJena

. Pero

vamos

adelante.

De

alfé1·e

z

aban

d

er

ado comenzó

V

.

s

u carr

era,

¿y

q

uié

n

creería

que la había de acabar del

mismo

modo

?

Adiós,

señor

abanderado,

ha

s

ta

el

domingo.

LOS

S

IN-

CUENTA.

CARTA

3~

B

og

otá,

24 de

D

iciembre

de

1837.

Señor

ex

-General

F

rancisco

de

P.

Santand

e1·

.

M u

y

señor nue

st

ro :

Entró, pues, V.

de

Alférez aba

nde1·ado

á servir al

Gobier-no de

Cu

ndin

ama

r

ca,

le

juró obediencia

y

estuvo

V. percibiendo

el

s

ueldo de

su grado.

A

s

í comprometido

, sa

lió

V. con una

co-lumna

de tropa ha

cia

la

Pr

ov

incia de

Tunj

a.

¿Es e

st

o

verdad,

ó

no

s

equivocamos?

También es cierto

que fué uno

de

los r

e

-fractarios,

que

traicionó al

Gobi

e

rn

o

á

quien

se

rvía

y

que faltó

á

la confianza que

se

había

hecho

de V. ¡Buen principio!

Tiene

V.

la

sinceridad

de

co

nf

esar

lo

que todo

s s

abemos, que

no

f

éste un

acto de d

isci

pl

ina

mil

i

taT

,

pero

se

e

xcusa con el

opú

sc

ulo

qu

e

escribió

el

doctor

Pombo

sobre

la

s

ventajas de la

fede

r

a

-ció

n. ¡Gracio

s

a

excusa!

co

n que

sien

do

e

l último oficial,

cedió

á

la voz

y

mandato

de

los

je

fes d

ejándoles

la debida

'

responsa

-b

ili

dad,

como

si

un

of

icial

s

ubalterno no

fuese

re

sponsab

l

e

por

entrar con sus jefes en

un acto de

traición.

Si mientras

V.

mandó la República, un

c

uerpo hub

iera

conspirado

contra el

Gobierno

,

desobedeciéndolo

y

traicionánd

olo, ¿V.

habría

excu-sado

á los alfére

ces

por la razón que V. da para

excusarse?

¿pudo

s

ervir de

aJgo

es

ta razón á lo

s

oficia

l

es s

ubal

ter

no

s

del

Callao?.

.

.

Se di

sc

ulpa

V. co

n

que Bolívar de

sc

on

oció

la auto

-rid

ad

d

e s

u Jefe Labatut,

y

posteriorm

e

nte la del Gobi

er

no de

Ca

rtagena

;

que

su

primer hecho glor

ioso

lo ejecutó

d

ese

rtán-do

se

del

ejército

de

Santa

-Mar

ta,

y que

e

n

1815 bloqueó

á

Car-tagen

a

contra

la

s

órdenes

del Gobierno

general;

¿y quién

le

ha

dicho que los crímen

es

de Bolívar

autorizan

la

traición

d

e

V

.

?

Mañana

se

no

s

har

á

V.

dictador,

echará abajo

la Consti

t

u

c

i

ó

n

,

y nos

s

aldrá diciendo que así lo hizo Bolívar. Vamo

s,

que

la

disculpa

es galan

a

y

l

a

lógica peregrina.

Si

s

u

s

opiniones

no

e

s

taban

de acuerdo

con las

de

N ariño, V. tenía

un m

edi

o

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