La vocación laical específica

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Texto completo

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Asociación de

Salesianos Cooperadores

Región Ibérica

Septiembre 2011

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4.2.- La vocación del Salesiano Cooperador.

4.2.1.- La vocación laical específica

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Región Ibérica

TEMAS DE FORMACIÓN INICIAL

4.-UN SALESIANO

4.2.-LA VOCACIÓN DEL SALESIANO COOPERADOR

4.2.1.-UN VOCACIÓN LAICAL ESPECÍFICA

4.2.1

Una vocación laical específica

OBJETIVOS

- Profundizar en el hecho de que ser laico es una vocación concreta de la Iglesia.

- Reflexionar acerca de la corresponsabilidad y de la necesidad de una sólida formación.

- Identificar las características de los Salesianos Cooperadores como laicos.

REFERENCIAS

Cristianas

“Porque de la misma manera que en un cuerpo hay muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros”

(Rom. 12, 4-5). “Los fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por tanto, especialmente ellos, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia”

(Encl. Christifideles Laici, 9).

Salesianas

“Los Salesianos Cooperadores laicos realizan su compromiso y viven el espíritu salesiano en las condiciones normales de vida y trabajo, con sensibilidad y características laicales y difunden sus valores en el propio ambiente”.

(PVA.E.art. 4.2).

DESARROLLO

Documento para la reflexión

Aclaración del término laico.

En los distintos medios de comunicación, se hace referencia a lo laico (estado laico, organizaciones laicas, etc.), generalmente para definir una situación de conflicto entre

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política y religión. Por otro lado, con el nombre de laicos (así nos define la Constitución Lumen Gentium) se designan a “todos los fieles cristianos a excepción de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso sancionado por la Iglesia”.

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define el concepto de Laico como: 1. Que no tiene órdenes clericales. 2. Independiente de cualquier organización o confesión religiosa.

El término laico, etimológicamente, proviene del griego λαϊκό, laikós – “alguien del pueblo

y se utilizaba para distinguirlo de otros estados o condiciones, ya sean civiles o religiosos. Así, laico, en su segunda acepción, hace referencia a una distinción entre comunidad política y religión, en la que el Estado debe respetar la libertad de conciencia y religiosa de sus ciudadanos, pero sin imponer ninguna como propia (laicidad) ni negar el papel de la religión en el ámbito de lo público (vs. laicismo). Cuando utilizamos laico en su primera acepción, nos referimos, simplemente, a todas las personas que pertenecen a la Iglesia, a través del Bautismo, pero que no son obispos, sacerdotes, o pertenecen a algún grupo de vida consagrada; usamos también, por tradición, “seglar” como sinónimo de laico.

El laico, una vocación de la Iglesia caracterizada por su índole

secular.

Dios nos llama, a cada uno, con nuestros nombres y apellidos. Dios nos llama a ser sus hijos y lo hace en unas circunstancias y en una realidad específica; todos los bautizados, por el hecho de serlo y porque Dios así lo ha querido, somos llamados a la Santidad y a la construcción del Reino, adquiriendo la “ciudadanía de pueblo de Dios”, poseyendo una

igual dignidad y recibiendo una misma misión. De esta forma, “los laicos no solo pertenecen a la Iglesia, sino que son la Iglesia”. Por el bautismo los laicos son hechos

hijos de Dios, miembros de Cristo y de su cuerpo, que es la Iglesia; son consagrados como templos del Espíritu y participan de la misma misión de Jesucristo. Por eso, la “Iglesia entera”, y cada una de nuestras “Iglesias particulares”, no están plenamente

constituidas si, junto a los obispos, sacerdotes y religiosos, no existe un laicado adulto y corresponsable. No hay, por tanto, distinción ni separación entre sus miembros, sino unas especificidades en el entorno en los que éstos se desenvuelven.

Así, la condición eclesial de los laicos, nuestra pertenencia y participación en la vida y misión de la Iglesia, está caracterizada por el "índole secular", propia aunque no exclusiva, que se concreta en la inserción de la Iglesia, en y para el mundo. Los laicos viven en el siglo (seglar, de "saeculum": siglo) en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social: “son llamados por Dios para contribuir, desde dentro a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas, guiados por el espíritu evangélico, y así manifiestan a Cristo ante los demás, principalmente con el testimonio de su vida y con el fulgor de su fe, esperanza y caridad". De este modo, el ser y el actuar en el mundo es para los laicos no sólo una realidad antropológica y sociológica, sino también, y específicamente, una realidad teológica y eclesial. Dios les manifiesta su particular vocación de buscar el Reino tratando las realidades temporales y ordenándolas según sus designios. “No te ruego que los saques del mundo...para que el mundo crea que tú me enviaste...y que los has amado a ellos como a mí” (Jn 17,15.21.23). Así, todas las obras, las oraciones e iniciativas apostólicas,

la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano.., si son hechos en el Espíritu, sacralizan y consagran nuestra vida, y por extensión el mundo, a Dios. “Todo cuanto hagáis, de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre" (Col. 3, 17).

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Región Ibérica

TEMAS DE FORMACIÓN INICIAL

4.-UN SALESIANO

4.2.-LA VOCACIÓN DEL SALESIANO COOPERADOR

4.2.1.-UN VOCACIÓN LAICAL ESPECÍFICA

La corresponsabilidad del laico y su necesidad de formación.

La corresponsabilidad y participación de los laicos en la Iglesia brota de la iniciativa misma de Jesucristo que nos llama y nos envía, a todos, a trabajar por su Reino. El apostolado de los laicos es prolongación en la historia de la acción salvífica de Cristo, colaborando, desde la peculiaridad de nuestra vocación, para que el divino designio de la salvación alcance a todos, y en todas las partes del mundo. La corresponsabilidad en la misión es, por tanto, una de las exigencias y expresiones más significativas de la comunión. “En el conjunto de un cuerpo vivo no hay miembros que se comportan de forma meramente pasiva, sino que todos participan en la actividad vital del cuerpo, de igual manera en el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia, todo el cuerpo crece según la operación propia de cada uno de sus miembros” (Ef 4,16).

Los laicos cumplen, en la Iglesia y en el mundo, la parte de la misión que les atañe, si bien ésta se está incrementando de manera significativa. La disminución de vocaciones sacerdotales y religiosas, pero también una mayor concienciación por parte de nuestros hermanos religiosos (sobre todo a raíz del Concilio Vaticano II), hace que los laicos deban asumir, en mayor proporción, el apostolado y la ordenación de las realidades temporales. De esta forma, el desafío y la responsabilidad serán cada vez mayores por lo que debemos ser conscientes de la necesidad de una formación integral, tanto espiritual como doctrinal. Potenciar nuestras capacidades y mitigar nuestras debilidades (una mejor preparación), ser coherentes (no tener fracturas entre fe y vida) y poseer una fuerte espiritualidad (llenarnos de Dios) han de ser las armas para llevar a cabo la encomienda y llegar al corazón del hombre del siglo XXI.

El Salesiano Cooperador: un laico, en y para el mundo.

El Cooperador Salesiano es un cristiano que, en sus ámbitos y en su vida, es sensible y se siente especialmente interpelado por la situación de los jóvenes y las clases populares. Esa es la “gracia especial” que enriquece nuestros corazones. De esta forma,

no amamos a los jóvenes porque somos Salesianos Cooperadores, sino que Dios nos quiere Salesianos Cooperadores precisamente porque amamos a los jóvenes. A partir de esta experiencia de amor, el Salesiano Cooperador compromete su vida a los jóvenes y busca hacer fructificar, en el seno de una comunidad de referencia y en la Iglesia, la gracia recibida. Así de simple. Así de difícil. D. Bosco nos define para un objetivo, una realidad y una misión concreta: “laicos bien formados, dentro y para la Iglesia Universal, con una fuerte espiritualidad, cuya finalidad fundamental es la de hacerse bien a sí mismos llevando un plan de vida, por cuanto sea posible, semejante al que se lleva en la vida de comunidad, teniendo como fin principal la caridad con el prójimo y especialmente con la juventud en peligro”. Somos cristianos, con nuestras familias y nuestros trabajos

que, inspirados en la figura de D. Bosco, damos respuesta, en la medida de nuestras posibilidades, a la vocación prioritaria de la salvación de los jóvenes. Este es el camino de santidad que los Salesianos Cooperadores eligen y la humilde contribución que hacemos para que el proyecto de D. Bosco siga vivo hoy.

Pistas para la reflexión y el comentario en grupo

- ¿Qué conciencia hay, entre los laicos, de que las realidades del mundo son lugares de santificación?

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- ¿Qué valores deberían testimoniar y promover los laicos?

- ¿Qué actividades de nuestro entorno tienen mayor necesidad de ser animadas cristianamente? ¿Qué miedos y/o carencias formativas advertimos, entre los laicos, respecto a la misión?

PARA DOCUMENTARSE – OTROS RECURSOS

Bibliografía

- Constitución “Lumen Gentium”. nn. 30-38. Concilio Vaticano II.

- Constitución “Apostolican Actuositatem”. Concilio Vaticano II.

- Encíclica “Christifideles Laici”. Juan Pablo II.

- Reglamento de los Cooperadores Salesianos. D. Bosco. 1876. Capítulo III.

- Proyecto de Vida Apostólica. Estatuto, Reglamento y Comentario (fichas).

- Memorias Biográficas de D. Bosco. Tomo XI, pag. 74.

- Ficha formativa nº 5 “El Cooperador, un seglar comprometido”. Inspectoría Sícula (Sicilia-Italia). Formación inicial.

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Referencias

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