PROTOCOLO DE INVESTIGACIÓN
Título: “La Cerámica Prehispánica y su influencia en los espacios Socio-antropológico y Educativo de la Región Ciénega (La Barca, Poncitlán y Ocotlán, Jalisco)”
1.- ANTECEDENTES
El estudio de las culturas prehispánicas se ha basado en el estudio de los vestigios que aun existen de las poblaciones que las desarrollaron; se reducen principalmente a los que fueron realizados con materiales imperecederos o de larga duración, entre ellos destacan los elaborados con y en roca, así como los de alfarería, ya que los objetos elaborados con diferentes fibras vegetales y en piel, son susceptibles de una descomposición relativamente rápida al entrar en contacto con medios húmedos, puesto que facilitan el desarrollo de mohos y otros microorganismos que promuevan la corrupción de los compuestos orgánicos.
Así entonces, los objetos de cerámica son un instrumento que proporciona a historiadores, arqueólogos, antropólogos y estudiosos en general, información referente a las culturas ya desaparecidas; en el caso que nos interesa, son un elemento importante para el estudio de la cerámica prehispánica proveniente de habitantes que se asentaron o tuvieron algún tipo de presencia en cierto periodo en lo que es la actual Región Ciénega de Chapala en el Estado de Jalisco.
Para el estudio de las culturas que se desarrollaron en el territorio que actualmente ocupa la República Mexicana, los especialistas en estos objetos de estudio lo han dividido convencionalmente en tres grandes regiones: Aridoamérica, Oasisamérica y Mesoamérica.
Esta última a su vez, se ha dividido para su estudio en particular en cinco subregiones: 1. Área Maya, 2. Zona de Oaxaca, 3. Zona del Golfo, 4. Occidente de México, y 5. Altiplano central.
De ellas, la más extensa es la del Occidente de México, encontramos algunos escritos que se refieren a sus primeros pobladores diciendo que:
“Tenemos muy poca información sobre las primeras etapas de la ocupación humana en el Occidente. Por analogía con otras regiones de Mesoamérica, podemos suponer que hace unos 20,000 años nuestra área de interés estuvo ocupada por cazadores recolectores, que explotaban una gran gama de entornos naturales. Los pocos hallazgos relacionados con este periodo consisten en algunas lascas y puntas de proyectil hechos de piedra, así como algunos artefactos de hueso (Solórzano 1980;
Hardy 1994)
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En el área costera del Occidente se han encontrado algunos restos de ocupación humana durante periodos bastante tempranos. Según Mountjoy, “la evidencia más temprana de utilización humana de la costa del Occidente es un campamento establecido en la base de un cerro de origen volcánico en la bahía de Matanchén, Nayarit, que tiene una fecha probable de ca. 2200-1730 a.C.” (Mountjoy 2000: 83)1 Los Estados que integran esta zona de estudio son; Michoacán, Colima, Jalisco, Nayarit, Guanajuato y Sinaloa, como se presenta en la siguiente ilustración:
En términos generales cuando se hace referencia desde los estudios arqueológicos de mesoamérica, siempre predomina la visión de las culturas que se desarrollaron en el altiplano o en las demás subregiones.
Tradicionalmente para los estudiosos de las culturas prehispánicas, el Occidente de México se ha visto como algo ajeno a la historia de este periodo.
Sin embargo, en los últimos años esta visión ha cambiado radicalmente gracias a descubrimientos y estudios recientes, que ponen de manifiesto las fuertes relaciones de las culturas de esta área con las del Altiplano central principalmente. Pero es necesario señalar que los estudios se han centrado en regiones, localidades o culturas que históricamente siempre han sido reconocidas por su fuerte tradición prehispánica, tales son los casos de El Opeño en Michoacán, la cultura de Chupícuaro en Guanajuato, la cultura de La Capacaha, desarrollada en diferentes poblados de los Estados de Colima, Jalisco y Nayarit, la cultura llamada de Las tumbas de tiro, que se desarrolló en Jalisco y Michoacán principalmente.
A nivel del Estado de Jalisco, las principales comunidades que se han caracterizado por los estudios realizados en ellos, han sido, aparte de Zacoalco de Torres, la; “[…] cuenca del río Tomatlán, Jalisco (Mountjoy 1982: 325); San Juanito, Teuchitlán, El Refugio y Citala, Jalisco (Weigand 1992: 221)” 2
Otros lugares en que floreció la cultura en el occidente fueron, en diferentes tiempos; Santa Cruz de Bárcenas, Ahualulco y más recientemente Etzatlán. En términos generales estos son los lugares en que se ha centrado la investigación interpretativa de las culturas que allí se desarrollaron, dejándose de estudiar otros lugares que se encuentran diseminados a lo largo y ancho de todo Jalisco, tal es el caso de la Región Ciénega de Chapala, en la que existieron asentamientos humanos –Ocotlán, Mezcala, Chapala y Ajijic- que fueron centros de culto y de peregrinaciones de prácticamente todos los antiguos tlatoanazgos de la región para ofrecer sacrificios de sangre a las deidades de las aguas terrestres, representados por el lago de Chapala y el Río Santiago.
1 Williams, Eduardo. El Antiguo Occidente de México: Un Área Cultural Mesoamericana. Fundación para el avance de los estudios mesoamericanos. Inc. www.famsi.org. Abril de 2005.
2 Ídem.
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El desarrollo de los asentamientos humanos al igual que en las demás culturas del resto del mundo, se dieron al amparo de ciertas características fisiográficas que proporcionaran satisfactores a las necesidades básicas de los grupos humanos, principalmente: caza, pesca y agricultura; estas condiciones marcarían las bases para que el hombre se hiciera sedentario e iniciara la formación de comunidades que después originarían un entramado social con otros grupos humanos que, a su vez, desarrollarían características propias que definirían posteriormente una cultura en particular. Ésta la encontramos manifestada de diversas formas:
la edificación de ciertos centros ceremoniales, el culto a los muertos, el culto a ciertas deidades y algunas manifestaciones artísticas, la cerámica también forma parte de esas manifestaciones.
En lo que se refiere a las características fisiográficas de la Región Ciénega de Chapala, ésta presentó para algunas comunidades primitivas, un ambiente propicio para su desarrollo, pues aquí existieron grandes recursos que proveían de alimentos diversos, agua suficiente y tierras fértiles para el cultivo, así como grandes betas de arcilla para la fabricación de utensilios domésticos primero y después, para la elaboración de objetos artísticos o rituales. Baste recordar que:
“El Río Lerma forma un corredor natural hacia áreas del Occidente accesibles desde el centro del país.
Puesto que este río ofrece una línea de comunicación bien definida y de fácil tránsito, es razonable suponer que el asentamiento inicial hubiera tenido lugar sobre los márgenes del río. Además de la fácil comunicación, los arroyos tributarios del Lerma ofrecieron nichos ambientales únicos, adaptables a la tecnología agrícola traída por los pioneros” (Florance 1985: 43)
Según Boehm de Lameiras, “las características de la cuenca del Lerma hasta Chapala permiten suponer que el atractivo para su utilización agrícola pudo haber sido su potencial chinampero. Cabe recordar que el río avanzó muy lentamente llenando con sus depósitos aluviales lo que hoy son extensas llanuras y, en aquel entonces, una serie de lagos escalonados que vertían sus excedentes de uno al otro con grandes fluctuaciones estacionales de inundación y desecación” (Boehm de Lameiras 1988: 20 -21) Florance complementa diciendo que “la cronología de ocupación dentro del Formativo tardío y terminal en la cuenca del Río Lerma sugiere una subsistencia basada en la agricultura sedentaria. La consideración de factores ambientales en relación con la distribución de asentamientos no deja duda de que los lugares para asentarse se escogieron principalmente por la proximidad a micronichos donde la productividad agrícola podía ser maximizada y los riesgos agronómicos minimizados […]” (Florance 1989: 565)
En la misma cita de Williams leemos que: “El Lago de Chapala es una gran cuenca de 80 Km. de longitud (de este a oeste). Es la única que queda de una serie de cuencas del Terciario, y antiguamente recibía una descarga apreciable de los ríos Lerma, Duero y Zula. El Río Grande de Santiago (o Río Tololotlán) se origina en el Lago de Chapala y cruza el extremo sur de la Sierra Madre Occidental, hasta desembocar en el Océano Pacífico en las costas de Nayarit.” 3
Esta es una aproximación a la realidad que nos da una idea de cómo se desarrolló originalmente la cultura en el área de los tres municipios que conforman el área de estudio de la presente investigación (La Barca, Poncitlán y Ocotlán, Jalisco)
Con el progreso de las comunidades que se establecieron en esta zona, la diversificación del trabajo fue una constante en una sociedad que se complejizaba en la medida en que evolucionaban las relaciones sociales. De esta forma los principales oficios se fueron especializando y depurando técnicamente, a tal grado que, como nos dice Ségota (2005)
3 Ibídem.
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“Algunos historiadores y arqueólogos sugieren que en las ciudades prehispánicas los talleres se encontraban en las mismas casas de los alfareros, éstos a su vez se agrupaban en un mismo barrio y tenían deidades protectoras de su oficio, se especula que se les consideraba como inventoras de las técnicas y poseedoras del material mismo.
Algunos de los relatores españoles narraron la forma en que se desempeñaban estos artistas y artesanos, por ejemplo; Fray Bernardino de Sahagún señala que «…los olleros iban al mercado con sus mercancías y, venden ollas, tinajas, cántaros, cantarillos, bacines, braceros, vajillas bruñidas y todos lo vasos de cualquier manera, cucharas, cazuelas, candeleros, unos bien cocidos y otros mal, unos resquebrajados del fuego y otros medio cocidos y porque no están bien sazonados, o cocidos y tienen mal sonido, y porque parezcan buenos, y muy bien cocidos, echan les (sic) algún color encima y tiñen los (sic) de amarillo.».
Bernal Díaz del Castillo dice que: «Los fabricaban para el uso de la gente del pueblo y para el tlatoani […] Motecuhzoma le tenían sus cocineros sobre treinta maneras de guisados… y tenían los (sic) puestos en braceros de barro, chicos, debajo, porque no se enfriasen. […] Él, sentado en un asentadero bajo […]
cuatro mujeres muy hermosas y limpias le daban aguamanos en unos a manera de aguamaniles hondos (jarro o vasija de pico para el agua)… y le ponían debajo para recoger el agua, otros a manera de platos y le daban sus toallas. […] Servíanse con barro de Cholula, uno colorado y otro prieto.» ” 4
Aunque las obras de los alfareros del occidente de México no fueron usados por tlatoanis tan importantes como Moctezuma, sí cumplieron funciones equivalentes con sus respectivos gobernantes y lo que expresaba este narrador español también era aplicable a las sociedades de esta zona, pues la cerámica se fabricaba para gente de todas las clases sociales.
En lo que se refiere a la belleza estética, la funcionalidad de la cerámica utilitaria y ritual, así como el refinamiento técnico en la elaboración de obras de cerámica del oeste de México rivaliza con prácticamente las de cualquier otra cultura de la mesoamérica prehispánica, esto se aprecia en las colecciones que se exhiben en los museos de la región así como en las piezas de colecciones privadas existentes en los municipios que integran el área de estudio de esta investigación.
La extensión territorial que ocupan los tres municipios objeto de estudio se encuentra aproximadamente en el área del recuadro interior del mapa de la izquierda y se ocupará únicamente de los municipios de La Barca, Ocotlán y Poncitlán.
Toponimia
La región de la Ciénega desde los tiempos anteriores a la era cristiana ya estaba poblada por diversos grupos humanos, como lo demuestran los descubrimientos líticos en diversas localidades de los municipios que integran esta comarca.
4 Ségota, Dúrdica. La Cerámica en el México antiguo; En la mesa en la tumba y en el templo. Citado en Arqueología Mexicana. Editorial Raices, S.A. de C.V. / INAH. México. Edición especial. Número 17. Enero de 2005.
p. 11.
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Con las posteriores migraciones, el contacto, convivencia y mezcla entre diversas culturas fue patente, de esta forma, en diversos periodos habitaron y cohabitaron esta zona etnias como la Coca, la Purepecha y la Náhuatl, principalmente. La dominación de esta última, en lo que se refiere al lenguaje, es clara, como se demuestra en la toponimia de los municipios que integran la región del presente estudio.
De esta forma se tiene que, antes de ser fundada, la población de La Barca llevaba el nombre de Chie – Nahuatenco, Atengo “a la orilla del agua” Chienahua; “Lugar situado a la orilla del río Chienahua” o Río Lerma, el cual era necesario cruzar como parte de la ruta Guadalajara - Ciudad de México y la provincia de Michoacán (pasando por Zamora y Valladolid) Dadas las características del lugar, para atravesar el río fue necesaria la construcción de una gran barca, lo cual da origen al nombre actual del municipio.
Por su parte, el significado etimológico del nombre del municipio de Poncitlán es bastante discutido y se le han dado varias interpretaciones. Para algunos, el nombre de Poantzitlán o Poncitlán se deriva de las voces “Ponsehul” o “Ponzetlán” que significa “lugar de cilacayotes”,
“junto a los chilares de la rivera” o “lugar del dios Ponze”, ídolo que adoraban los naturales de la raza Coca. Ponze o Poanzehui es un término Coca que mexicanizado fue Ponzetlán y en castellano vino a quedar en Poncitlán como se denomina en la actualidad.
En lo que respecta al nombre del municipio de Ocotlán, es de origen náhuatl y significa: “junto a los pinos”; también se ha interpretado como “lugar de pinos u ocotes”.
La extensión territorial que abarcan estos tres municipios se presenta en el siguiente cuadro:
Municipio Superficie en km2 La Barca 379.48 Poncitlán 672.61
Ocotlán 247.70
Total 1,299.79 Marco contextual
La región de la ciénega se encuentra ubicada en la zona occidente del territorio que historiadores y antropólogos han denominado convencionalmente como Mesoamérica.5 Por el tipo de suelo que existe en esta comarca, es posible entender que alguna vez fue parte de una enorme extensión lacustre de la que en la actualidad solo se conserva el Lago de Chapala.
El Occidente de México es una de las cinco subregiones en que se ha dividido Mesoamérica para su estudio, se distingue entre otras cosas, por su gran extensión territorial; de hecho es la de mayor tamaño de las que la integran, aquí se desarrollaron importantes tradiciones culturales como la Capacha, Teuchitlán y la Tarasca.
5 En 1943 el Dr. Paul Kirchhoff llamó mesoamérica a esta región, la que estuvo habitada por un auténtico mosaico de culturas, cada una de ellas poseedora de un conjunto de características propias, si bien siempre inscritas en el marco mesoamericano. En ningún otro aspecto esta diversidad resulta más problemática, que al establecer un esquema cronológico que permita la comparación de distintos desarrollos locales. Éstos, a pesar de darse indudablemente bajo una tendencia común, suelen presentar ritmos distintos, por ello no es raro observar que mientras en alguna región una ciudad se encuentra en pleno apogeo, otra experimenta un proceso de abandono.
Citado por: Solanes Carrazo, María del Carmen; Vela Ramírez, Enrique. Regiones Naturales de México: Atlas del México Prehispánico, Mapas de periodos, regiones y cultura, en Arqueología Mexicana. Editorial Raíces, S. A.
de C. V. / INAH. Edición especial No. 5. Julio de 2000. México. P. 17.
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A las culturas prehispánicas que se desarrollaron en el occidente de México tradicionalmente no se les ha dado toda la importancia que realmente tuvieron, cada que se hace referencia a las culturas prehispánicas de mesoamérica siempre se tiene en mente a las que se desarrollaron en el altiplano central (Teotihuacana, Tolteca, Azteca, Xochicalco y Cacaztla, principalmente) las de Veracruz; (Huastecos y el Tajín) las del sur de México (Mixtecos y Zapotecas) y las del sureste y la península de Yucatán, representados principalmente por los mayas, sin embargo, es necesario reconocer, tal como lo menciona Aimi (2003) que:
“Durante todo el periodo preclásico y gran parte del clásico, una basta región del México occidental permaneció ajena a mesoamérica, sobre todo por la falta de algunos de los rasgos culturales que iban consolidándose en otras regiones. Sorprende, en particular, la costumbre de enterrar a los muertos en tumbas de foso y la ausencia de las divinidades, de los módulos arquitectónicos y de los estilemas que iban afirmándose en otros lugares. Sin embargo, recientes investigaciones iconográficas y arqueológicas han confirmado que la región es plenamente mesoamericana, aunque indudablemente presenta características muy originales.” 6
Con el natural “envejecimiento” de este lago, así como con una serie sucesiva de cambios climáticos, el agua despareció dejando solo los sedimentos arcillosos que fueron arrastrados por las avenidas de agua que fluían hacia el fondo de la cuenca que forman los actuales municipios de Ocotlán, La Barca, Poncitlán e Ixtlahuacán de los membrillos.
La presencia del hombre en estas tierras ha quedado registrada en diversos materiales naturales de larga existencia; las rocas y las arcillas. Son muy conocidas las diversas localizaciones de petroglifos 7 en esta área, cuyos símbolos esculpidos en la roca denotan la presencia del hombre. Es a través de estos grabados que los primeros pobladores o viandantes de esta región han dejado mensajes que transmiten la clara intención de que sus ideas y presencia trascendieran a través de los tiempos.
Si bien estos símbolos transmiten ciertas ideas básicas por lo elemental de sus diseños, la cerámica encontrada por estos rumbos denota una evolución técnica, conceptual y simbólica de una cultura que se fue gestando a lo largo de diversos siglos y transmitida de una generación a la siguiente, en la que su riqueza expresiva se fue enriqueciendo por medio de la influencia de otras culturas que también desarrollaron una fuerte tradición cerámica, llevada y traída por grupos de inmigrantes o a través del establecimiento de relaciones comerciales de trueque y de peregrinaciones religiosas.
6 Aimi, Antonio. Art Book Mesoamérica. Electa. España. 2003. p. 52.
7 Cefere. Morales del Rìo, Juan Alfredo. Arte rupestre: los petroglifos de la Ocotera. Citado en la revista Estudios de la Ciénega. Centro Universitario de la Ciénega. Ocotlán, Jalisco, México. Mayo de 1999. Año 4.
Número 4. pp. 9-10.
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La rica tradición alfarera 8 de la zona occidente de México ha sido reconocida por arqueólogos e historiadores a través de los productos de investigaciones realizadas en los asentamientos de las principales culturas del Occidente de México, tales como la Capacha, Chupícuaro y la Purepecha. Su desarrollo se realizó en asentamientos humanos relativamente cercanos a la región de la Ciénega de Chapala. La cultura de la Capacha 9 fue la más antigua de estas tres y se desarrolló en los pueblos jalisciencias de Sayula, Tuxcacuexco, Amacueca y otros ubicados en el sur del estado, así como en parte de los actuales estados de Colima y Nayarit. Sus principales características cerámicas son terracotas utilitarias, con decorados acromáticos en los que sobresalen principalmente los calados y los esgrafiados geométricos, técnicamente presentan un proceso sencillo, un tanto rudimentario.
La cultura de Chupícuaro 10 se estableció en un lugar del que sus vestigios yacen en el fondo de la actual presa Solís en el estado de Guanajuato. En su producción alfarera predominan las piezas antropomorfas de color crema, decoradas con motivos geométricos en rojo y delineados generalmente por trazos delgados en color negro. La última gran cultura en influenciar a la producción alfarera de la región de la Ciénega fue la Purepecha (también llamada Tarasca) que se desarrolló en el periodo preclásico, primeramente en la cuenca de Zacapu y posteriormente en el posclásico en la de Pátzcuaro. Su producción cerámica se caracteriza por su gran desarrollo técnico y la pureza de sus diseños, sus terminados emplearon engobes rojos y decoraciones cromáticas diversas.
La relativa cercanía de los lugares en que se desarrollaron en diferentes siglos estas tres culturas y con acuerdo en las temáticas tratadas en las obras de cerámica encontradas en este municipio, bien pudieron influir en los ceramistas locales de la Ciénega de Chapala, tanto en la adopción de las diversas técnicas de elaboración, decoración y terminado de sus obras, así como en los motivos que plasmaron en sus decoraciones.
Características de las arcillas locales
Como se ha mencionado con anterioridad, el origen de gran parte de las arcillas locales de la Ciénega de Chapala, se debe al acarreo de diversos materiales cerámicos que hicieron las corrientes de agua producidas por las lluvias, desde los montes y cerros que circundan a esta cuenca.
Esta condición propició que junto con las partículas finas de arcilla se arrastraran diversos óxidos y sales minerales que proporcionarían las propiedades físicas y químicas de las principales arcillas locales.
Las que tuvieron su génesis de esta forma, reciben el nombre de “arcillas secundarias”, desde el punto de vista alfarero, fueron los artesanos ingleses los primeros en clasificarlas como Ball Clay u Old Mine (conocida comúnmente como arcilla de bolas)
8 En este texto se emplea el uso de los términos cerámica y alfarería como sinónimo, tomando como base que su significado etimológico es muy similar por no decir que el mismo, en términos generales se puede reducir como conceptos que hacen alusión a la fabricación de diversos objetos empleando arcillas como materia prima y después sometidos a cocción a temperaturas inferiores a los mil grados centígrados.
9 Se estima que su desarrollo se dio en el periodo Preclásico Temprano (2500 – 1200 a. C.)
10 Se estima que su desarrollo se dio en el periodo Preclásico.
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Desde el punto de vista de la clasificación norteamericana de los suelos, estos se denominan como vertisoles, cuya característica principal es la presencia de grandes cantidades de arcilla contaminada con FeO.
Existe otro tipo, las denominadas “arcillas primarias”, éstas tienen su
génesis en el interior del subsuelo como producto de la descomposición de la roca madre de origen geológico similar a los feldespatos. Éstas son atacadas por los ácidos orgánicos que se forman en el suelo como producto de la combinación del agua de la lluvia con los residuos de materia orgánica podrida que se encuentra en la superficie del suelo.
Ejemplos típicos de estas arcillas, son los barros empleados en la fabricación de la cerámica prehispánica y mucha de la utilitaria de la actualidad, así como los caolines y la pasta blanca de las porcelanas.
Las arcillas secundarias tuvieron un origen similar al de las primarias, solo que al devenir el tiempo y por diversos movimientos de la corteza terrestre quedaron expuestos en la superficie del suelo de donde fueron arrastradas.
En términos generales, la fórmula de los caolines puros o caolinitas se acepta convencionalmente como Al2O3 •. 2SiO2 • 2H2O, el color blanco de las cerámicas elaboradas con base en este material se debe al alto contenido de alúmina (Al2O3)
Con base en el análisis químico de los diversos tipos de barros se determina que su fórmula química general, sigue siendo la de las caolinitas, pero con la adición de un 2 hasta un 7% de óxidos de hierro. Las formas en que estos óxidos se encuentran en las arcillas utilizadas en la producción de cerámica son:
1.- FeO en los barros de color negro cuando están hidratados y grises cuando secos, 2.- Fe2O3 en los barros ferralíticos de color rojizo, ya sea secos o hidratados.
Los barros son las principales arcillas que sirvieron de base para la producción de las obras alfareras prehispánicas encontradas en esta región. Las que contienen FeO se utilizaron principalmente para fabricar las piezas y las que contenían Fe2O3 se utilizaron para la elaboración de engobes y de los pigmentos de diversos tonos de rojo empleados en la decoración de algunos de los cuerpos cerámicos.
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Existe otro material que no puede clasificarse propiamente como una arcilla, es el llamado popularmente en el medio de la alfarería tradicional prehispánica como barniz, cuya principal característica es el alto contenido de alúmina, compuesto químico que aporta una coloración de un blanco puro, mismo que se aprovecha para cubrir el color natural de los cuerpos cerámicos de barro, cuyos colores principales dependen de la temperatura de cocción y varían del ante, al naranja o diversos tonos rojizos.
Con base en el análisis visual de los suelos que contienen a las arcillas locales es posible detectar que en este municipio no existen betas de arcillas rojizas ferralíticas, ni bancos de arcillas puras con alto contenido de alúmina.
Esta limitante denota los problemas que tuvieron que vencer los alfareros prehispánicos locales para la producción de sus obras, ya que fue necesaria la “importación” de estos materiales de diversos lugares, las arcillas ferralíticas podrían encontrarse en lugares cercanos a Los Altos de Jalisco, por su parte el lugar tradicional de donde se surtían del llamado “barniz” era de la región de Sayula.
La cerámica de la Región Ciénega
Los acervos de colecciones de obras de cerámica prehispánica existentes en estos municipios, contienen obras artísticas de una riqueza simbólica muy importante, así como otras, que son representativas de los estilos ceramísticos propios del occidente, a este respecto es necesario señalar que las obras de arte de la cerámica de esta región, tradicionalmente se han interpretado desde los puntos de vista del arte anecdótico y del arte ritual, de tal forma que Aimi (2003) confirma que:
“Las obras del México occidental siempre se han hallado en el centro de dos corrientes interpretativas opuestas. Por un lado están los que creen que se trata de un arte laico que se limita a retratar fragmentos de la vida cotidiana; por el otro, los que sostienen que se trata de un arte ritual que representa figuras y escenas del inframundo. Sin embargo, en los últimos años han madurado poco a poco las consciencias de que una lectura fundamentalmente «laica», que en esencia se limita a confirmar lo que un profano puede ver, resulta excesivamente naif y tautológica.
De todas formas, la cuestión todavía no ha sido resuelta de un modo satisfactorio. En realidad, si bien hay algunas tipologías cuya interpretación goza del consenso de los especialistas (se consideran chamanes a los personajes con un cuerno en la frente, se asocia a los animales con los mitos cosmogónicos de los que son protagonistas, etc.) otras parecen referirse a escenas de la vida cotidiana por lo demás, es evidente que, llevadas hasta el extremo, la distinción laico/simbólico es ajena a las culturas indígenas, en las que todos los acontecimientos del mundo fenoménico están siempre impregnadas de la presencia de lo sagrado.“11
Con base en lo anterior, se puede tener una idea del trabajo que implica el estudio de las obras de cerámica más representativas de cada uno de los periodos evolutivos de las culturas que se desarrollaron en la actual región Ciénega.
11 Aimi, Antonio.Op cit. p. 54
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Problema de investigación
No se tiene conocimiento de la existencia de un estudio formal de las obras alfareras que integran los acervos de la ceramotecas de los museos de los municipios de La Barca, Ocotlán y de Poncitlán, en el que se empleen los fundamentos teóricos de las ciencias y disciplinas auxiliares de la cerámica, para determinar las técnicas de producción, las influencias que recibieron los ceramistas locales, así como, un estudio más detenido de los elementos simbólicos que se plasmaron en la elaboración y decoración de estas piezas, como una forma de comprender o interpretar mas ampliamente las culturas prehispánicas que habitaron en esta comarca y menos aún si éstas influyeron o influyen en las conductas socio antropológicas y educativas actuales.
Justificación de la investigación
La exuberante riqueza técnica, artística y simbólica que presenta la colección de obras prehispánicas de las ceramotecas de los museos y de las particulares de estas tres municipalidades, requiere de un estudio sistemático y profundo que ayude a comprender las manifestaciones culturales que desarrollaron los habitantes de esta región en el periodo prehispánico.
Estos acervos tienen una calidad artística que está a la altura de la colección del Museo de Antropología de Guadalajara, que es uno de los mejores de todo el Occidente del país. En este caso sí existe –aunque sencilla o simplificada- una descripción y catalogación de todas y cada una de las piezas que forman esta colección. De tal forma que por las características de estas colecciones, también se requiere de un estudio más profundo que ayude a lograr una comprensión de las culturas prehispánicas de esta parte del país.
Con base en el objeto de estudio de esta investigación, un factor importante es el reconocimiento elemental de los factores geológicos presentes en este territorio. Este conocimiento permite saber las características físicas, químicas y cerámicas de las arcillas (barros) aquí presentes, la importancia de esta información radica en que ilustra el tipo de objetos alfareros se pudieron haber sido elaborados por los antiguos pobladores de la zona y cuales fueron introducidos por diversos medios.
Por todo lo anteriormente señalado, es posible percibir que esta región es rica en arcillas (barros) material elemental para la elaboración de diversos objetos cerámicos. Esta condición describe porque en la actualidad se mencionan como recursos mineros en La Barca los que están representados únicamente por minerales no metálicos, disponiendo de algunos yacimientos de cantera de primera calidad.
La suma de los factores señalados anteriormente; vestigios líticos de la presencia humana en los períodos preclásicos, presencia de abundantes depósitos de barros, la presencia de varios grupos étnicos con sus respectivas manifestaciones e interpenetraciones, culturales, han posibilitado la existencia de otro tipo de rastros de la presencia y existencia de estas culturas en diversas impresiones primitivas presentes en esta región.
En La Barca existe la zona arqueológica llamada “Las Calles”, misma que se localiza en las faldas del cerro de Portezuelo; en donde se encuentran vestigios de lo que pudo haber sido un centro ceremonial o una fortaleza. Las piedras que forman la rudimentaria construcción no presentan ningún tipo de argamasa o revestimiento; y su antigüedad se ha calculado de 2,000 a 2,500 años.
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En Poncitlán, existen en el cerro de Chiquihuitillo, monolitos labrados y petroglifos. En Ocotlán también existen antiguos testimonios de grupos humanos en el área conocida como la Labor Vieja.
Una presencia constante en los sitios arqueológicos de toda la zona conocida como mesoamérica, son la gran diversidad de piezas de cerámica, en las que se modelaron escenas de la vida cotidiana de aquellas sociedades, así como algunas de sus principales características físicas o inclusive, algunas de sus principales deidades.
En otras se plasmaron en sus decorados, intrincados motivos que describen algunos aspectos de la cosmovisión de aquellas culturas, principalmente en la gran variedad de grecas y simbologías, así como en el plasmado de algunas deidades.
Estas obras de alfarería denotan el gran conocimiento que de los materiales cerámicos tenían esos antiguos artistas y artesanos, así como el refinamiento en el dominio de diversas técnicas de producción. Por fortuna en el Museo de La Barca y en el Museo de Antropología e Historia de Ocotlán, así como en algunas colecciones privadas, aún existen suficientes obras de cerámica que nos ayudarán a comprender mejor la riqueza cultural de las sociedades que habitaron en esta región en los tiempos prehispánicos.
2.- OBJETIVOS Y METAS
1. Contactar con las personas responsables de los museos municipales o con las autoridades competentes para solicitar los permisos correspondientes para realizar esta investigación.
2. Elaborar una catalogo de las piezas que integran el acervo alfarero de los municipios en cuestión por medio de una revisión de estas colecciones y así tener identificadas las piezas utilitarias, las rituales y las artísticas que las componen.
3. Ordenar un padrón que contenga los nombres de las personas que han donado piezas arqueológicas a estos museos, para posteriormente entrevistarlos y ubicar los lugares en que se han encontrado estos vestigios prehispánicos.
4. Visitar y explorar los lugares en que se han encontrado piezas de cerámica prehispánica, con la finalidad de detectar posibles restos arqueológicos de asentamientos humanos y documentar su existencia para posible mantenimiento en el futuro.
5. Ubicar en un mapa de estos municipios los lugares en que se han hecho los hallazgos de piezas de cerámica, con la finalidad de contar con un plano que muestre los posibles asentamientos humanos de origen prehispánico y sea posible inferir algunos elementos topográficos que ayuden a una mejor comprensión de sus formas de vida e interrelaciones.
6. Interpretar hasta donde sea posible el origen de las principales piezas que integran la ceramoteca de cada uno de estos museos, con la finalidad de postular algunas teorías que expliquen algunos de los rasgos más importantes y distintivos de las culturas desarrolladas por los pobladores prehispánicos de esta región.
7. Analizar si existen rasgos de influencia respecto a los vestigios de la cultura prehispánica y en qué grado afectan las conductas actuales de estos pobladores, que posibiliten emitir bases de clasificación dentro de los estados socio-antropológicos y educativos.
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3.- METODOLOGÍA PARA EL ESTUDIO
Sin embargo, aunque los tres municipios tienen sus propios museos con algunas piezas importantes para este estudio, se observa en ellos la falta de una catalogación completa y correcta de las obras, mismas que se presentan en forma hacinada, sin un ordenamiento por periodos o por las temáticas abordadas en estos objetos, lo que hace que no se pueda apreciar la evolución técnica ni conceptual expresado en estos trabajos, más si se toma en cuenta que no existe ninguna información escrita que oriente al visitante de estos museos.
Una forma muy general en que se pueden diferenciar las piezas alfareras, en un primer momento de esta investigación, será emplear una clasificación un tanto simplista y rudimentaria pero que ha funcionado en los aspectos introductorios al estudio de la alfarería prehispánica y que consiste en ubicarlos en función de la finalidad para la que se realizaron, de esta forma se tienen tres grupos principalmente:
1. Cerámica utilitaria. Aquí se agrupan los objetos que se dedicaron al uso doméstico, tales como utensilios de cocina o para el uso doméstico, generalmente presentan formas diversas; ollas, jarrones, platos trípodes, y otros de uso semejante.
2. Cerámica ritual religiosa. Es la que se dedicó a la elaboración de artículos que se emplearon en las celebraciones a las diversas deidades, tales como saumerios, vasos ceremoniales y todo lo que se relaciona con esta actividad, así como aquellas que son representación de dioses y que se usaban en sus diferentes manifestaciones de culto. Esta representación se dio en forma de escultura y como decoración de ciertas obras del arte alfarero prehispánico.
3. Cerámica Artística. Agrupa esta clasificación a las piezas en que los alfareros manifestaron libremente sus ideas en obras que no son utilitarias ni religiosas y cuyo valor estético es su principal característica. Entre estas se ubican la gran variedad de piezas zoomorfas y antropomorfas, así como los juguetes e instrumentos musicales.
A este respecto es importante recordar, tal como lo menciona Aimi (2003) que:
“En mesoamérica no existía el arte por el arte, ya que no se podía ni concebir que la producción artística fuera ajena al contexto religioso – ritual de las élites. Así pues, las obras de arte debían representar a las divinidades, los acontecimientos de los mitos cosmogónicos y los aspectos de la vida más cargados de significados religiosos.[…]
La producción artística estaba, por lo tanto, totalmente subordinada a contenidos y finalidades que constituían limitaciones insalvables. Paradójicamente, sin embargo, esta subordinación absoluta a la demanda permitía a los artistas moverse libremente, en el contexto de sociedades premodernas, en busca de los estilemas y las formas expresivas más apropiadas para expresar las exigencias de la élite.
De modo que en el arte precolombino todo es posible y los artistas, libres de vínculos de la verosimilitud, pueden abarcar desde un naturalismo idealizado hasta el surrealismo, desde la estilización hasta la abstracción, desde el minimalismo hasta el surrealismo y muchos más «ismos» más del arte contemporáneo.” 12
El acervo de la ceramoteca del Museo Municipal de Ocotlán se compone de piezas elaboradas en la región de la Ciénega y algunas piezas procedentes de los estados vecinos de Michoacán, Colima y Nayarit. Con base en esta mezcla de obras, lo que urge primero será separar las autóctonas de las procedentes de los estados ya mencionados, de tal forma que el estudio se centre en los objetos propios de esta investigación.
12 Aimi, Antonio. Art Book Mesoamérica. Electa. España. 2003. p. 30.
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MARCO TEÓRICO
Este trabajo de indagación se realizará en dos grandes momentos, uno de campo y otro documental o de interpretación, la metodología de investigación será mixta (de campo y documental)
Para el trabajo de campo se empleará la entrevista con diversos personajes relacionados con los museos, la museografía, la arqueología, la historia regional y la antropología. Se elaborarán instrumentos para la colecta de información y datos necesarios para la investigación.
El trabajo documental se orientará a la consulta de diversas fuentes locales, así como a las especializadas en el tema. La parte final de este trabajo se dedicará a la clasificación catalogación y ordenamiento de las colecciones, así como a las interpretaciones que de las acciones anteriores se deriven.
Se analizará la influencia que estos vestigios tienen respecto a las conductas actuales (socio antropológico y educativo) y su trascendencia en la formación de una nueva cultura.
4.- INFRAESTRUCTURA DISPONIBLE
Se conoce de la existencia de piezas antropomorfas decoradas con engobes rojos elaborados con base en barros ferralíticos –ausentes en esta región- y otras son simples terracotas cuyo valor artístico se aprecia con sólo ver el trabajo de modelado.
Las piezas utilitarias abarcan terracotas, otras que presentan solo engobes rojos como decoración, las hay que sobre este engobe rojo presentan decoraciones con trazos blancos, así como otras están decoradas con pigmentos de hierro sobre el color natural del barro
Las obras rituales religiosas abarcan desde terracotas hasta piezas engobadas en rojo y en blanco, sobre las que se han plasmado como motivos decorativos grecas y la imagen de algunas divinidades. Inclusive existe una pieza –un saumerio- que por su terminado se podría clasificar como cerámica plumbate.
Los motivos decorativos empleados en las piezas de este acervo abarcan todos los posibles, los acromáticos, representados por calados, incisiones, esgrafiados y modelado directo. Por su parte los decorados cromáticos emplean grecas, líneas, figuras geométricas y deidades, entre otros. Los principales colores que emplean en sus pigmentos son; blanco, negro, diversas tonalidades de rojo y bayo principalmente.
Es necesario señalar que hace falta estudiar con mayor detenimiento las ceramotecas de los museos de La barca y de Poncitlán, ya que ellas pueden contener obras diferentes a las que se exhiben en el de Ocotlán.
No se cuenta aún con un local específico para la observación y estudio, sólo los museos de las poblaciones a cargo de los Ayuntamientos y de algunas colecciones privadas ya detectadas y contactadas para el análisis de las piezas coleccionadas; además, el propio campo y laderas de los cerros o formaciones de terreno en los que se encuentren indicios o existan sospechas sobre la existencia de esta cerámica, para lo cual se requerirá del traslado y exploración en algunos casos y conforme lo requiera la dinámica misma de la investigación.
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Descripción de los observables
Con base en las características que presenta la instalación del Museo Municipal de Ocotlán, así como la forma en que se ha integrado el acervo de su ceramoteca, -sin que se hayan visitado todavía los museos de La Barca y de Mezcala- se han encontrado los siguientes observables:
1. No existe un trabajo sistematizado de clasificación, ordenación y separación por periodo histórico de elaboración de las obras para la exhibición del acervo de la ceramoteca del museo.
2. No se cuenta con un registro de las características físicas de los lugares en que se han encontrado las obras de cerámica donadas a este museo.
3. Falta registrar en un mapa del municipio de Ocotlán los lugares en que se han encontrado piezas de cerámica, así como otros vestigios arqueológicos.
4. Con base en la localización de estos lugares se podrá determinar si las obras de cerámica son de producción local o son de producción externa y llegaron a estos lugares como producto del comercio.
5. No se cuenta con una descripción clara y suficiente de las principales características de las obras de cerámica que ayuden a lograr una mejor comprensión de la riqueza artística, técnica o simbólica expresada por los alfareros que elaboraron estas piezas.
Con base en los anteriores observables, es posible extrapolarlos también a los otros museos, debido al poco interés que tradicionalmente ha existido en las autoridades de esta competencia, ya sea por falta de personal o de recursos económicos, se llega a plantear el problema de investigación que detona la presente investigación.
5.- INCIDENCIA DEL PROYECTO EN EL PROGRAMA INTEGRAL DE FORTALECIMIENTO INSTITUCIONAL (PIFI)
Este proyecto se inserta dentro del Proyecto para el Fortalecimiento de la Planta Académica y consolidación de los Cuerpos Académicos del Centro Universitario de la Ciénega, contemplado en el Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI) que este Centro Universitario presenta anualmente y en donde se busca fomentar el fortalecimiento de las líneas de investigación existentes y su incidencia en los Programas Educativos y específicamente en el Postgrado de Educación.
Además, este proyecto también tiene incidencia en la creación de una nueva línea de generación y/o aplicación del conocimiento para el Cuerpo Académico en que se desarrollará;
dicho CA es el de: las NTIC en el contexto Educación, puesto que, además de abonar conocimiento nuevo en el campo educativo, se buscará su transferencia con el empleo de las nuevas tecnologías de la información y comunicación para su difusión y divulgación; por ahora se contará con el involucramiento de otro investigador para el enriquecimiento del mismo, pero también, se pretende motivar a los alumnos para que se incluyan en esta investigación, al igual que investigadores respecto a algunas áreas específicas que se vayan descubriendo, esto lo constituye como un proyecto colectivo de investigación en el que se analizará el posible involucramiento de influencia de la cultura prehispánica representada en la cerámica de la Región Ciénega del Lago de Chapala, en Jalisco, en el comportamiento y desarrollo educativo y psico-social actual.
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BIBLIOGRAFÍA
1. Aimi, Antonio. Art Book Mesoamérica. Electa. España. 2003. p. 30.
2. Morales del Río, Juan Alfredo. Arte rupestre: los petroglifos de la Ocotera. Citado en la revista Estudios de la Ciénega. Centro Universitario de la Ciénega. Ocotlán, Jalisco, México. Mayo de 1999. Año 4. Número 4. pp. 9-10.
3. Ségota, Dúrdica. La Cerámica en el México antiguo; En la mesa en la tumba y en el templo. Citado en Arqueología Mexicana. Editorial Raices, S.A. de C.V. / INAH.
México. Edición especial. Número 17. Enero de 2005. p. 11.
4. Solanes Carrazo, María del Carmen; Vela Ramírez, Enrique. Regiones Naturales de México: Atlas del México Prehispánico, Mapas de periodos, regiones y cultura en Arqueología Mexicana. Editorial Raíces, S. A. de C. V. / INAH. Edición especial No. 5.
Julio de 2000. México. P. 17.
5. Williams, Eduardo. El Antiguo Occidente de México: Un Área Cultural Mesoamericana. Fundación para el avance de los estudios mesoamericanos. Inc.
www.famsi.org. Abril de 2005.
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