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Los "fantasmas" de Cristo y la alienación de la fe [The "ghosts" of Christ and alienation from faith]

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Los "fantasmas" de Cristo y la alienación de la fe [The "ghosts" of Christ and alienation from faith]

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Authors Freijo, Enrique

Publisher Asociacion Iglesia Viva

Rights With permission of the license/copyright holder Download date 15/03/2022 21:03:47

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http://hdl.handle.net/20.500.12424/223807

(2)

LOS "FANTASMAS"

DE

CRISTO

Y

LA ALIENACION DE LA FE

¿EL M|SMO CRTSTO?

LOS CAMINOS DE ACCESO

A

CRISTO, HOY

LOS CREYENTES EN CBISTO ANTE EL DESCREDITO DEL HUMANISMO

CBISTO, ESTRUCTURA DE LA REALIDAD

CONCIENCIA CRISTÍANA

Y

SOCIEDAD VIOLENTA LIBERACION

Y

SALVACION

EN JESUCRISTO

EL SENTIDO DE LA OBACION, HOY

Vivir en Crisfo hoY

IGLT,SIA

REVISTA DE PENS,4MfENTO CRISTIA NO

VIVA

(3)

IGLESIA VIVA

Vivir en Cristo hoy

(4)

IGLESIA VIVA

385

N."' 4z-48, SeptiemL".-Ji.i.-L". 1923

PHESENTACION

ESTUDIOS:

Los .fantasmas"

de

Cristo

y la

alienación

de la te.

Por

Enrique Freiio Balsebre

... ...

389

¿El mismo Cristo? Por Jean Pierre Jossua

... ...

397

Los caminos de acceso a Gristo, hoy. Por Víctor

Godina...

413

Los creyentes en Cristo ante

el

descrédito del humanismo.

Por José Francisco Fontecha

lnyesto

427

Cristo, estructura de la realidad. lntento de síntesis cr¡stoló- gica. Por José

l.

Gonález Faus

...

453

Conciencia cristiana y sociedad violenta. Por Emesto

Balducci.

475

Liberación y salvación en Jesucristo. Por Ghristian Duquoc

...

489

lntentos para resituar el sentido de la oración, hoy. Por Luis

Maldonado

499

NOTAS:

La figura de Cristo vista por los intelectuales de

la

revista

.España,. Por Víctor Manuel

Arbeloa

519

Contemplación

y

compromiso. Por Segundo

Galilea

535

Crónica de

la

lglesia Viva. Por Manuel de

Unciti

545

Resolución de sobreseimiento en

el

expediente por

el

nú-

mero

41/42

555

LIBROS: Becensiones LIBROS RECIBIDOS

INDICE GENERAL DEL AÑO 1973

561 567

569

(5)

VIVIR EN CR¡STO HOY EN UN MUNDO EN CONSTRUCC¡ON

Cuando hace dos años "IGLESIA VIVA" publicó su número 35-36, soóre "Tendencias actuales

del

catolicismo españo|", quedó

en

el grupo

de

redactores

la

preocupación

por

seguir profundizando en Ias causas de ese "imposible pluralismo" de maneras de interpretar

y vivir

las exigencias de

la te

cristiana.

Esfo nos llevó rápidamente

a

centrarnos

en el

problema

de

la misma interpretación

y

vivencia

de la figura de

Cristo. Efectiva- mente, todo pluralismo

de

tendencias

en el

catolicismo

se

rerÍleia

en

y

dimana

de

un pluralismo en

la

mísma imagen

de

Cristo que se forma cada uno

o

cada grupo. El pluralismo entre cat6licos hoy

no es de

superticie,

de

consecuencras

o

aplicaciones prácticas, sino

de

fondo,

de la

misma comprensión vivencial

del

misterio de Cristo.

Para iluminar este tema, buscando

la

superación

de un

plura-

lismo no

legitimo,

no es

suficiente

el

recurso

a una

cristología tormal,

a

tórmulas dogmáticas

sobre

Cristo. Estas tó¡mulas, aun aceptadas sinceramente, per,miten

no

sólo

Ia

existencia

de

actitu-

des

cristianas externas demasiado plurales,

sino la de

imágenes

o

"tantasmas" interiores

de

Cristo realmente' divergentes.

Por

eso nuestro número soóre

la

VIVENCIA

DE

CRISTO, nuclo gordiano de muchos enredos eclesiales, no podíamos plantearlo si

no

era haciendo referencia

a

nuestro HOY

y a

NUESTRO MUNDO

EN

CONSIRUCCION. Cualquier cristología

que no parta de

los condicionamientos personales

y

socia/es que

hoy

están operando en

el

mismo tormarse de una imagen vivencial

de

Cristo, guedaría

en la

periferia

del

auténtico problema.

Así planteado

el

número,

su

estructura, dentro de

las

limitacio- nes, pues siempre es más

lo

que se intenta que

lo

gue se consigue, aparece clara.

Primero hace

falta ser

consciente

del

problema. ¿Por

qué

la pluralidad

de

imágenes

o

rosfros

de

C¡isto entre quienes manifies-

tan

profesat una misma

fe en El?

Los estudios

de E.

FREIJO y PnrspNr^lc¡óx

PR trS

Ef{T ACION

385

(6)

J. P.

JOSSUA llegan

por

distintos carninos

(uno, por el

análisis

psicocultural,

y

otro,

por la

retlexión histórico-teológica)

a la

cons- tatación de /as necesaras mediaciones

de

nuesf

ra

vivencia perso-

nal de

Cristo.

Después es necesario establecer los criterios para una adecuada solución

del

problema: hay unos caminos

de

acceso

a

Cristo que pueden servir

de

guía

-V. CODINA-, y hay un

posible díscer-

nimiento

de

nuestro mundo' cultural

y de

nuestra civilización, que señalan

los

srglnos

de la

presencia

de

Cristo

hoy en la

historia

_J. F.

FONTECHA-.

A partir de

aquí,

y en

íntima conexión

con los

planteamien-

tos

anteriores, empieza

la

reflexión más directa'mente cristológica.

J. l.

GONZALEZ FAUS nos otrece un eiemplo de cómo pueden ser visfos

y

asimilados, desde nuestro más auténtico

hoy,los

misferios centrales

de la figura de

Cristo:

su

encarnación, muerte

y

resu- rrección.

E.

BALDUCCI

se

pregunta

qué

sentido

tienen

las bien- aventuranzas en nuestro mundo de violencia. Y CH. DUQUOC señala las condiciones para una relectura actual del carácter liberador de Cristo.

Hablar

de

vivencia

de

Cristo implica hacer referencia

a la

vida

de

oración

y a la vida

sacra,mental.

A

encontrar

el

sentido

de

la oración hoy en nuestro mundo pueden ayudar

el

estudio de L. MAL- DONADO

y la nota de S.

GALILEA. Nos hubiera gustado incluir

otro

estudio parecido

soóre los

sacramenfos. Esperamos poderlo otrecer

a

nuestros lectores en próximos números.

Expresamente hemos querido que

en

este número hubiese una participación mayor

de la

normal

de

autores extranjeros. Esto ha

sido

posible gracias

a

las lacilidades

que

nos

han

prestado, iunto

con

los rnismos autores, los directores

de

otras publicaciones, con las que desde hace tiempo esfamos en estrecha relación y que están

poco

difundidas

en

nuestro país

(1). A

todos damos

las

gracias.

(1)

Nos referimos concretamente a: "Lumiere et vie". 2, pl. Gailleton, 69002.

Lyon (Ar. de Jossua).

-

"Testimonianze". Via Gino Capponi, 36, 50121 F¡renze (Balducci).

-

"Cerdic-Publications", place de l'Université, 67084 Strasbourg. (El artículo de Duquoc fue una ponencia en el lV Coloquio organizado por este Cen-

tro, cuyas actas aparecen en el volumen "ldeologies de liberation et message du salut", todo él de gran interés.)

-

"Mensaie". Sant¡ago de Chile.

PnrsBNrecróN 386

(7)

Querido suscriPtor Y amigo:

Con

el

número 47-48 se concluye su suscripción anual

a

nuestra revista. Está próximo

a

aparecer

el

número 49, primero

de

1974, dedicado

al

lema «Nacionalismo, inter- nacionalismo

y

cristianismo,,.

Si no nos manifiesta su voluntad en contra,

le

seguire-

mos contando entre nuestros suscriptores.

Para facilitar

et

cobro

le

sugerimos domicilie los reci- bos en una entidad bancaria, utilizando la iarieta que acom- pañamos.

De no hacerlo así, te rogamos esté atento al reembolso,

que

le

llegará

a

los 15 día1, aproximadamente,

de

recibir este número.

Esperamos sea comprensivo con !a subida a 450 pesetas

del

precio

de

suscripción, dado

el

aumento

de

los costos

y

la escasa difusión que, desgraciadamente, aún iiene nues-

tra

revista.

Y a

propósito. Aunque sabemos

que el

caÉcter de

reflexión críiica

de

una revista así exige

un

público muy cualificado

y, Por tanto,

minoritario, vamos

a

iniciar, a

pesar

de

las dificuttades, pero con

la

ayuda

de

nuestros suscriptores

y

amigos, una campaña de difusión. Le pediría-

-os p"t"

elío listás

de

personas posiblemente interesadas en el contenido de «IGLESIA VIVA». Y le rogamos a la vez que disculpe et que siendo suscriptor pueda recibir

en

las

próximas iemanai alguna hoia

de

invitación

a

suscribirse' Agradecido, queda

a

su disPosición,

Cmrt

DBL DIREcToR 387

(8)

LOS "FANTASMAS"

DE CRISTO

Y LA

ALIENACION DE

LA

FE

Enrique Freiio Balsebre

-

I

El cristiano está bautizado en

et

nombre del Señor Jesús. Si es consecuente con

su

bautismo, éste implica su

fe

en Cristo,

fe

que

no sólo

supone

creer en su

realidad histórica,

ni

incluso afirmar teóricamente

su

condición

de

Dio+Hombre. Creer

en

Cristo exige, además, una adhesión personal

a

El. Exige identificarse con Gristo:

ser "el

hombre

de

Cristo",

el que

"lleva

su

nombre". Esto puede querer

decir:

pronunciarse

y

decirse

a sí

mismo, cuando

se

dice

"Cristo", es decir,

intentar vaciarse

de todo

lenguaje

en el

que,

en el

fondo,

nos

alienamos

para

inscribirse

en la única

Palabra que, se pretende, realiza

y

salva.

Cristo

es,

para

el

creyente,

e!

único significante

válido de

su deseo

de

realización

y

salvación: "vivo

yo,

más bien no soy quien vivo,

es

Cristo quien vive

en mí"

(Gal., 2, 20). Todo

otro

lenguaje

es

alienación

para el

creyente.

Cristo, como

significante

de

su deseo,

ha de

salvar

de la

propia alienación

en el Yo,

desde la

cual el

creyente también

de

hecho vive. Regresar

a la

ausencia donde

el

deseo pueda ser desalienado más allá de toda represión, significa buscar

a

Gristo. Porque Cristo está,

de

hecho siempre reprimido

en el

creyente, perpetuo neurótico

de su

fe.

Eunrqun FnB¡¡o

BlrsB¡nr

389

F-S'IT

DIOS

(9)

EI

cristiano quiere identificar

su Yo con

Gristo,

pero

humana- mente

sólo

consigue identificar

su Yo

alienado

con el

fantasma

alienado de Cristo. Su proceso de maduración

y de

"santificación,"

deberá de iniciarse con la toma de conciencia de este hecho. Este fue, en realidad,

el

camino que siempre siguieron los santos. Preci- samente

a

causa

de su

inevitable necesidad,

la

teología

es

una mediación

de la fe, y por

tanto,

de

alguna manera,

su

alienación.

De aquí esa especie de "esquizofrenia" del creyente

y

de la comu- nidad creyente. "Esquizofrenia"

de la

que, sin embargo, se espera ser liberado por

el

Espíritu, reencontrando

el

deseo libre

y

su signi- ficante: Cristo.

Son a los

fantasmas

(1) de Cristo a los que el

creyente se adhiere, cuando cree adherirse

a

El.

Y

esto por dos razones:

a)

Por

la

ausencia de Cristo. Cristo es para

el

creyente, Aquél que se fue:

el

que abandonó este mundo

y

se fue

al

Padre. Y, por

lo tanto, al que hay que

esperar

en su

última venida.

Es

cierto que

el

vacío de su ausencia

lo

cubren los símbolos de

su

presen-

cia. Pero incluso los signos

eucarísticos

de su

presencia sólo pueden

ser

captados desde

la

esperanza

de su

vuelta,

es

decir,

en última

instancia, desde

la

ausencia

de su

rostro significante.

b) El

deseo

de fe del

creyente

se ve

necesitado,

por

esta ausencia

de

Cristo,

de investir los

fantasmas

de

Cristo,

en

los cuales

el

propio deseo se aliena y, con é1, la propia fe del creyente.

De aquí que

la

imago

de

Cristo que vivencia

el

creyente,

y

en

la que cree que cree, pueda ser, por

lo

pronto, muchas cosas: por ejemplo,

un

reflejo

de

clase, una representación socio-cultural de pueblo, una proyección

del

triángulo edipiano familiar, etc.

Por

lo

que

el

Cristo, con

el

que

el

creyente cree tratar

y

en el que pretende creer,

no sólo

plantea

un

problema de

fe,

sino que incluso, previamente, plantea

unos

problemas psicológicos, fami-

liares,

socio-económicos,

políticos e

histórico-culturales.

(1)

Fantasma,

en

psicoanálisis: "Escenificación imaginaria

en la

que se

halla presente

el

sujeto

y

que representa, en forma más

o

menos deformada

por los procesos defensivos,

la

realización de un deseo y, en últlmo térm¡no,

de un deseo inconsc¡ente" (J. LAPLANCHE,

J.

B. POWTALIS, Dicciona¡io de Psicoanálisis, LABOR, Barcelona, 1971). Esta definición es más próxima al con- cepto escotástico de "fantasma" que su uso vulgar actual.

Los "FANTAsMAS" DE Cnrsro 390

(10)

il

Desde

el

punto de vista creyente,

la

afirmación anterior resulta especialmente grave, porque deviene esencial.

Y

quizás haya que buscar

por este

camino

la

más honda

raiz de

aquellos ',juicios proféticos" acerca

de

las estructuras

y de

los problemas llamados temporates

que la

comunidad creyente reclama

para sí.

Porque

lo que

llevamos hasta

aquí

dicho significa

que los

fantasmas de Cristo, sobre los cuales los creyentes hacen su investidura alienada

de

objeto,

sólo

podrán

ser

válidos

en la

misma medida

en

que pueda ser válida

la

crítica

de

aquellas estructuras

o

aquellas ten- dencias

que

estén

en los

orígenes

de la

dinámica

de su

propia

sociogénesis

y

psicogénesis.

lntentemos aclarar

lo que

pretendemos

decir con

algún ejem- plo:

el

fascismo, como sistema económico, social

y

político, puede encontrarse,

por

razones históricas

y

culturales, necesitado de conseguir

un

compromiso

con la

conciencia cristiana;

de

seme-

jante

mixtificación surgirá

un

fantasma crístico

que

invista simbó- licamente, por ejemplo,

el

poder del tirano. Supongamos que sirva para

ello la

imago

de

"Cristo-Rey", en tanto que personifícación e hipóstasis

del

poder absoluto

y

concentrado como fuente

de

todo derecho

y

socialidad.

El

fantasma

crístico

servirá entonces para legitimar y sacralizar a un sistema totalitario. Puesto que en el fondo,

el

mensaje

que se

emite

y

que

se

impone significa

que

creer y obedecer

al tirano es

creer

y

obedecer

a

Cristo,

y

aquél pasará

a

ser fácilmente

su

representante concreto,

su

real significado. Un triunfalismo religioso acabará por orquestar esta falsa identificación.

Y se acabará prometiendo iunto con

la

paz,

el

orden,

la

exaltación narcisística

de la "patria", etc..., la paz

eterna,

la

salvación, la posesión,

no

menos narcisista,

de la futura

Patria...,

todo ello

al

precio del sometimiento

y de la

opresión.

En

la

dinámica

de las

relaciones entre capitalismo

y

cristianis- mo puede acontecer otro tanto. Se originará el fantasma de ,,Cristo- gran-empresario-del-trust-cósmico".

La

mejor inversión será

la

de

la

salvación eterna: negocio entre negocios. Si se acierta

a

invertir

en lo

natural

y en lo

sobrenatural,

las

vacaciones consumistas estarán perfectamente aseguradas

en esta vida y en la otra,

a

precio rentable. Este precio

se

valora, sobre todo, en función del dinero. La miseria

del

pobre

y

del oprimido permitirá incluso tran-

quilizar !a

conciencia,

por poco que se

practique

la

generosa

limosna,

sin

necesidad

de recurrir a

psicofármacos. Porque ya aquel gran empresario había

dicho:

"pobres siempre habrá entre vosotros..."

ENnrqur Fnrr¡o

B¡lsssnr

391

(11)

Cierto marxismo podrá también proyectar

el

fantasma del Cristo humano, proletario, explotado

y

libertador. "Jesús

obrero"

será subversivo, revolucionario...,

porque las

estructuras económicas, políticas

y

religiosas de su medio histórico, no toleraron su protesta

y

su acción

de

masas

en

busca

de la

liberación

de

los oprimidos.

En consecuencia, Cristo sólo será

un

destacado revolucionario de

una larga lista

heroica

que jalona la historia

prometeica

de

!a

rebelión

de los

oprimidos.

El

precio

de la

identificación

con

esta

"fantasma

crlstico"

podrá ser, en

un

momento dado,

la

"disciplina

de

partido",

la

"sumisión

a

las tácticas clandestinas", etc.

Al

final, se podrá esperar "morir crucificado".

Así

el

"fantasma crístico" basculará psico

y

sociogenéticamente

entre el "hippie" y el

"tecnócrata",

entre el

"empresario"

y

el

"proletario", entre

el

"poderoso"

y el

"oprimido", etc.

Resulta

tan

claro que todos estos "fantasmas crísticos" alienan

el

deseo primordial

y

origínario

de la fe del

creyente, como que

no

alienan

de la

misma manera

y en el

mismo grado. Es cierto:

la

fe

se "ideologiza" necesariamente,

y al

ideologizarse se adultera siempre. Pero hay mediaciones ideológicas que mixtifican

y

repri- men frontalmente

el

deseo originario, trastocándolo radicalmente

y

convirtiéndolo

en su propia

negatividad. Pretenden neutralizarlo mediante una especie de mecanismo de conversión en

lo

contrario.

Y

puede haber, también, mediaciones desde las cuales, histórica y culturalmente,

se

pueda intentar

una

regresión

y

aproximación al misterioso significante

del

deseo originario.

Con esto

queremos

decir algo

sencillo,

pero

también entera- mente necesario.

La fe no

puede

ser, en

principio,

el caión

de sastre

de

todas

las

ideologías mediatizantes.

Un

pluralisrno cris-

tiano que

arrancara

de

semejante escepticismo

sería

repudiable.

"El

pluralismo teológico

es el

resultado

de la

indigencia

de la

fe

-de

la falta de visión, como dice San

Pable y

debe ser juzgado por esa misma

fe

indigente.

Y el

hombre creyente

-crítico,

libre y

social-

tiene que

tratar de

poner ese pluralismo

en

común para intentar reducirlo en

el

ámbito comunitario de

la

lglesia y, también, en

el de la

humanidad entera. En definitiva:

la

aceptación acrítica,

sin

más,

del

pluralismo

'cristiaflo'...,

supondrla,

en el

fondo, una

actitud de

indiferencia cristiana,

es decir, una actitud "atea"

y, por tanto, imposible cristianamente. Estamos ante

el

pluralismo irw posible" (21.

(2)

E. FREIJO, El pluralismo imposible, lglesia Viva (35/36), 1971, p. 525.

392 Los "FANTASMAs" DE Cn¡sro

(12)

tll

La

dialéctica

de esta

reducción

ha de

orientarse

por dos

ca- minos:

a) Por la

crftica interna

de los

propios "fantasmas" mediado-

res que

una cultura ideologizada

ha

proyectado

a

través

de

una serie de mecanismos defensivos psicogenética

y

sociogenéticamente condicionados.

El

"fantasma

crístico"

fascista, capitalista

o

socia-

lista vale

religiosamente,

en

primer lugar,

lo

que valgan humana- me'nte

el

fascismo,

el

capitalismo

o el

socialismo.

Y la crítica

de estos sistemas

será lo

primero

que

haya

que hacer para

situar objetivamente

el valor

mediador

de

aquéllos.

No

hay escapatoria posible

al

problema.

Y

cuando se pretende encontrar esta escapa-

toria,

como acontece

con

ciertos pretendidos pluralismos neutra- listas,

se

puede descubrir detrás

de ello, el

intento

oculto de

la manipulación

de la

fe.

Expresando

lo.dicho de otra

manera:

si la crítica

económico-

social,

psicológica,

cultural, etc.,

muestra

que el

fascismo

o

el

capitalismo

crean

sistemas socio-económicos

y polfticos,

anti- humanos,

que

impiden

la

expansión, libertad

y

creatividad

de

los pueblos

y

de las personas,

y

que

el

socialismo resulta más raciona!

y

conforme con las necesidades de aquellos pueblos

y

de aquellas personas, entonces

se

deberá afirmar

que el

"fantasma crfstico"

que

proyectan

el

fascismo

y e!

capitalismo

resulta

alienante

y

anti-humano, y que el del socialismo resulta más liberador

y

humano.

Es decir, el valor de

mediación

del

"fantasrna

crfstico"

depende

del valor de la crftica social de sus

proyecciones ideológicas o

de la crftica

psicológica

de sus

proyecciones inconscientes. El

problema

no es aún

estrictamente religioso, aunque,

como

es obvio, afecta directamente

a la

consciencia creyente. Porque

la

fe queda

en

ambos casios mediada

y

alienada

de

manera fundamen- talmente diferente.

El

problema

de las

relaciones entre

fe e

ideología parece, en consecuencia, inevitable.

Se

intenta,

a

veces

-<omo

acontece en

cierto neutralismo-,

desideologizar totalmente

la fe y

proyectar consecuentemente,

por

ejemplo, "fantasmas

crlsticos"

angelistas, sentimentales

o

puramente "moralistas". Pero estos nuevos "fan-

tasmas"

amenazan

con ser

solamente representaciones crlsticas forjadas según mecanismos defensivos

a la

medida de pseudoespi- ritualistas obsesivos,

de

reprimidos sexuales

o de

culpabilizados por

el

temor

de la

castración.

Evidentemente, estos nuevos "fantasmas" atie,nan también

la

fe

y su

deseo originario,

y la

alienan, en primer lugar, según los ine-

ENRreur Fnr¡¡o Be¿srrnn 393

(13)

vitables

mecanismos defensivos psicológicos

y

sociológicos que han puesto

en

juego.

El

análisis psicológico

y la crítica de

estos mecanismos son los que pueden mostrar

el

grado de infantilismo/

madurez, escisión/integración, regresión/progresión...,

de las

per- sonalidades que viven

la fe

desde esos fantasmas

y, por

tanto, el grado

en

que

et

fantasma mismo aliena

et

deseo primordial

de

la

propia fe.

b)

Pero

el

progreso desvelante

del

rostro de Jesús,

al

que se espera que vendrá, no acaba aquí, aunque esta crítica de

la

media-

ción es

ideológica-sociotógica

y

psicológica

sea su

precondición necesaria. E! problema de

la

reducción

y

de

la crltica de

los "fan- tasmas

crlsticos"

alienadores

de la fe,

deviene,

en

última instan-

cia,

religioso "strictu sensu".

El

olvidar este proceso radical pone

en cuestión ciertos intentos de una cristologla

exclusivamente potítica, sociológica

o

psicológica. La crítica radical

y la

constante

reducción de los

fantasmas alienadores

del rostro de

Cristo

de las

magnlficas tareas

de la

comunidad creyente en

el

contexto

de su

experiencia histórica, mientras

lee la

Escritura

y

confiesa la fe en

la

muerte

y

resurrección de Cristo en

el

seno de

la

lglesia.

El

rostro

de

Cristo

se le va

desvelando

y se le

aproxima

en

el marco

de la

esperanza

escatolfuica. Un rostro vivo que ha

de acabar

por

investir

ese

deseo originario

de fe, sin

alienarlo. El rostro vivo que

ha

de acabar, por

fin,

haciendo posible

la

identifi- cación

gue

autorrealiza

en el

sobrepasamiento radical.

Al

menos,

en ello se

espera.

Esta esperanza escatológica

es

fundamental para

el

creyente, porque

es en ella

donde

el

deseo

de la fe

exactamente

se

sitúa

Y sólo

desde esta esperanza

se

descubre

el

originario

clan

cris- tiano que hace cobrar todo su sentido nuevo

a la

opción creyente,

a!

compromiso cristiano,

a Ia crítica

profética

y a la

libertad de

los

hijos

de

Dios.

IV

La crltica poiítica, sociológica, cultural

en la

que incide "profé- ticamente"

la

cristologfa, puede ser eficaz históricamente,

es

más,

puede que sea revolucionaria

y

que haga progresar a

la

humanidad hacia

sus

utopías

de justicia y

libertad.

Es claro

que, entonces, esta

crftica es

liberadora.

Es

claro, también,

que !a

lglesia debe

de

estar comprometida

en

hacerla

y que los

hombres

"de

buena voluntad'! tienen derecho a exigírsela Porque la misión de la lglesia

394 Los *rnNt.lsMAs" DE Cmsro

(14)

es de

serv¡c¡o

al

hombre, abriéndole espacios críticos

de

Iibertad, como "maestra" que pretende

ser de

humanismo.

Y,

también fundamentalmente-, porque

si no lo hace

favorecerá indirecta-

-y

mente

la

proyección

de

imágenes crísticas alienantes manipulado- res

y

opresores.

Max y

Freud lo vieron ya así

y

lanzaron un grave reto

a la

consciencia creyente, reto que,

por

desgracia,

no se

ha recogido frecuentemente con suficiente lucidez

ni

hondura.

En

consecuencia,

el

pretender

una fe y una

lglesia descom- prometida, destemporalizada, hierática

en su

sacralidad,

es

caer en una trampa sutil en la que la

fe

misma acaba haciéndose impo-

sible,

pues pasará

a

transformarse

en

superestructura ideológiea

de

sistemas socio-económicos opresores

o en delirio

paranoide colectivo para hombres radicalmente escindidos.

En este sentido hasta parecerá que merezca

la

pena

ser

"polí-

ticamente cristiano" o

"psicoterápicamente

cristiano"

-en

el

marco del

pluralismo

que la lglesia dice admitir y estimular-,

aunque no se fuera "religiosamente cristiano".

La

"imago" desalie- nada

de

Gristo libera

al

hombre,

le

compromete

en la

lucha por

la

desalienación, fortalece

la

libertad

de crltica, funda la

frater-

nidad universal,

etc. La

"imago

crística"

desneurotizada

es psico

terápicamente eficaz, favorece

la

integración, hace superar

los

in- fantilismos, conduce

a la

madurez

y a la

autorrealización,

etc.

Es decir,

"Cristo" se

muestra entonces fomentando

la

paz social

y

la paz interior,

la

libertad estructural

y la

libertad personal,

el

amor

productivo, oblativo, creador, etc.

Pero

quedarse

en este

proceso

sería la gran

tentación del creyente

y, de

hecho, muchas veces

lo

ha sido

y lo

está siendo.

No

tener la

Iucidez

-lucidez

oscura

de la fe- y la

audacia de

dar "el salto en el vacío", de

afirmar

la

dialéctica radical

de

la esperanza para creer simplemente en

el

Cristo que murió, resucitó

y ha de venir,

acabará

por ser no sólo

complejo

y

timidez de

creyente inseguro e

inidentificado

-acosado por sus

propias

angustias

y por

las angustias de los

que le rodean-,

sino traición

a lo

que

de

é1, sobre todo, esperan

los

hombres

y al

deseo más

radical

de su

autoidentificación.

Sin esta actitud

"religiosamente cristiana",

la actitud

política-

mente cristiana o psicoterápicamente cristiana acabará conduciendo,

por su

propio dinamismo,

a la

polltica cristiana

de

partido

o a

la psicoterapia cristiana

de

escuela. Ambas resultarían parciales y aberrantes. No hay un sistema político

ni un

método psicoterápico que ostente

en

monopotio

la

verdad

ni el

cristianismo. La verdad cristiana es, siempre,

"ot¡a

cosa".

ENmque Fner¡o Bersrrnn 395

(15)

Pero

la

humanidad

no

sólo necesita

ser

liberada, sino salvada.

Y sólo se podrá liberar radicalmente

si

es salvada.

El

hombre sólo puede autorrealizarse si se sobrepasa radicalmente: si se "diviniza".

Si estas cosas son posibles no pueden aclarárnoslas ni la sociología política,

ni el

psicoanálisis,

ni el

resto

de las

ciencias

y

técnicas que desarrollamos. Pero, sin embargo, es en ellas en las que cree

el

cristiano cuando busca

a

Cristo

y

espera

en El.

Este

es su h

mensaje

y

su evangelio.

Y la

opción por esta

fe,

religiosa por radi-

cal, es la

que

da

sentido

al

resto

de

sus opciones,

y el

compro-

miso con ella el que da

sentido

al resto de sus

compromisos

"temporales".

Ser no sólo polftica

o

psicoterápicamente cristiano, sino religio- samente cristiano:

ésta es, en el fondo, la

cuestión decisiva. El

cristiano

ha de optar por la

utopía definitiva

y que

compromete radicalmente: Cristo.

Y

más

allá de las

mediaciones

de sus

"fan- tasmas" inconscientes

y

culturales,

en las que

tantas veces se aliena, esperar

en el

desvelamiento

del

significante

de su

desgo

de fe y

buscarlo

en

lucidez crítica

y en

gracia.

Su

propio deseo de

fe

!e sobrepasa, por eso

se le

aliena en sus fantasmas, en su Ienguaje

y

en

su

ideología. Pero

su

deseo

es

radical

y

originario, por lo que apostar por la fe en Cristo es pretender

y

esperar sobre- pasar desde su rafz todas las alienaciones existenciales e históricas.

Esto

es:

"escándalo para los judlos

y

locura para los gentiles". El

creyente

cree que

puede querer

ser

escandaloso

y loco, porque

'

sólo

"sabe

a

Cristo

y a

éste crucificado".

396 L.os "FAñTASMAS" DE Cnlsro

*

Referencias

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