ACIERTOS
Y
DESACIEñTOS
DELPROYECTq
SEWLTA ANTI-VIOIENCIA ESCOLAR (SAVE)ROSARIO ORTEGA (*) ROSARIO DEL REY (*)
RENaaEN.
EI proyecto Sevilla anti-violencia escolar, desarrollado entre
los cursos amdémicoc 1996 y 15% ha significado un trabajo investigador y de intervenci6n educativa en 26 centros escolares de primaria y secundaria que ha afectado de for- ma direcm e indirecta a casi 5.000 escolares. La exploraci6n del problema de la violencia entre iguales, el establecimiento de perfiles de centro en relaci6n con este problema y la implicación de los docentes de nueve escuelas en un proyecto de prevencidn del maltrato entre compafieros, nos ha permitido desarrollar un mo- delo abierto, eeol6gico y comprensivo de trabajo educativo que se ha mostrado beneficioso para mejorar la convivencia y prevenir la violencia. En el arrículo se exponen las daves del desarrollo del proyecto Sevilla anti-violencia escolar y aIgu- nos de sus resultados. Aciertos y errores con comentados en orden a ofrecer suge- rencias sobre qut conviene volver a repetir y qué conviene mejorar o evitar.Los
estudios sobre violencia escolar inscri- tos en el ámbito delas
Ciencias de la Edu- cacidn han incluido, en la mayoría de los casos, procedimientos de intervencidn maso
menos
estructurados,
prolongados
o puntuales. Parecesensato
pensar que la in- dagación yel
estudio descriptivo no es su- ficiente cuando lo que se aborda es un problema quetiene
efectos negativos parael
buen desarrollo de los escolares, como ocurre con el problema de la violencia en- tre escolares.Tal
esel
casodel
proyecto Sevilla anti-violencia escolarSAVE
a partirde ahora- (Orteg, 1997; Ortega y Mora-Mer-
chán,
1m
Ortegay
Lera, 2000).El
SAVE hasido un trabajo investigador que ha induido un proyecto
de
innovacidn educativa desti-nado a la prevención del rnalmto entre igua- les, mediante el desanolio de un proyecto de innovación tasado
en
la
educaciónpara
la
convivencia escolar.Inspirado en
el
modelo
desarrollado durante los años comprendidos entre 1591 y 1994 en la universidad de Sheffield (Smithy
Sharp, 19941, el SAVEha puesto
en marchauna
serie de iniciativas educati- vas basadas en Ia consideraci6ndel centro
(*) Universidad de Sevilla.Ei proytcro 5miüa anri--a escdar h sido @le al apoyo econónilfo del Minisrerio de Edu- maQi y 0 3 h m BroyaM SEC-95459 del P h W iI+D).
R a t a &Educad& niim. 324 WOl), pp. 253-270
educativo como un ámbito de convivencia en el que es posibIe, si para ello
se
arbitran las medidas necesarias, cambiar el climade
relaciones interpersonales y hacer de tstas un escenarioen el cual se rechace el
abuso, la
prepotencia y los malos tram, altiempo que se estimule la cooperación y la solidandad.
Aunque af-
la semibiüdad
ante losproblemas
de
la convivencia escolar y, partidarmente el de la videncia, ha au- ~ m u c h o e n l o s ~ c i n c o a ñ o s , no d aasi cuando comenzamos nuestro trabajo investigador sobre d asunto & iosmalos
tratosentre iguales (el ilamado
úu- @@. En aqueiios años, pocas peisoriasse
Interesabgn
por el problema
de la violencia escolar y, menos aún, lo consideraban unasunto
que exigiese untrabajo
educativo persistentey bien
pianificado.
];O primero que
habk que
dechsobre
los programas educativos contra los malos
tratos entre escolaresen
España es que, en su inicio, éstos chocaron conia
ausenciaen nuestra culnira & cualquier tipo de
in-
formaci6n sobre la naturaleza & estepro-
blema. Las escuelas españolashan
desarrollado una tradicibn educativa muy académica que ha dejado delado
la atenciónaaspectosdeldesadlosocialeigmdo,
casi &mimen&, el
valor
dei
desanolioemo-
cional y afectivo. Las relaciones ifiterpersc~ nales yl
a
confliaoo
que surgendentro
&ellas
-en
d o d ehay que
situardesde
peque
ños desencuentros mal resueltos hasta los
serios problemas de
mala
tratos y abusos entre los escolares-no han tenido cabida
en el formalista y poco sensible sistema educativo español.El profesorado, formado para focallzar su trabajo hacia el aprendizaje de
disdpli-
nas curriculares básicas como el lenguaje,
las ciendas o las matemáticas, solla inter-
pretar los fenómenos de convivencia
más en términosde problemas
de disciplina ycrastomos individuales
de la conducta que de fendmenos sociales basicos para el buen funcionamiento del centro. Ahora nonos
r e f d o s s61o a las malas relaciones sino, en generaI, al ámbito personal, nunca suficientemente considerado como objeto de trabajo educativo. En este contexto, los problemas & abuso, prepotencia o mala tratos de unos escolares a otros siemprehan estado presentes en nuestras escuelas,
pero nohan tenido un vocablo
especifico
que
los denomine. La ausenda de un &r- mino verbal que lodesigne
no es 'mas que el reflejo &la ausencia de una
cultura es- colar que comprenda el fen6meno.De
hecho,
éste ha sido uno de los pr8- blemas con los que nos enfrentamos cuan-&
quisimosabordar
deforma
educátiva el problema de los malos tratos y los abusos entre escolares. Sehito
patentela
necesi- dad & explicar a profesores y alumnos enque
consiste este tipo de violencia
que
unos chicos pueden ejercer sobre otros, ddhdtar el campo conceptual y aclarar qué es unconflicto,
qu6son
los problemas dedisciplina
yque son
losfenbmenos
de vio- ,lencia (Ortega,
19%).
Sin embaqp, en los W- timos años, conla
implantación obiigamriadei modelo de
escuelacomprensiva,
para
la
Educación
!kcunciaria Obligatoriam),
y con la obligatoriedad de la e s c o ~ c i 6 n hasta los dieciséis años, se hagenerado
un
pmeso
deophidn
pública referido a la
n e
&dadde
presta atención a l a problemas de convivencia d a r .Paralelamente, un fuerte incremento & la sensibilidad de 10s investigadores ha- cia este tema est3 dando lugar a un
gran
avance en el desarrollo tanto de estudiosdescriptivos como
& medidas educativas.de
los pioneros trabajos de Vieira, Fer-níindez y Quevedo (1989, (19921,
y
Cerezo y Esbeban (1992), realizados so-bre muestras
pequeñas de escolaresy
&- ~arrollados enescuelas
locales concretas, hasta el amplio informe de la oficinadel
Defensor del Pueblo (2000),, que recogeuna muestra
de escolares ¿etodo
el
Esta-el equipo de investigaci6n que, des&
la
Universidad
de
S e d a , coordinabael
pro-
ceso.h
condldonec requeridas parafor-
mar partede
la pequeñad
de centros cid proyectofueron
las siguientes: que ungm-
PO,
de al
menos tres docentes yel
orienta-
dor/a del centro, se constituyesecomo
grupo de trabajoSAVE;
obtener el recono- cimientoy
la aceptaci6n por parte del claustro como gmpo de trabajo;dtseñar
su propio plan de actuacih preventivay
soIi-citar al
Centro
& Profesores & suzona su
inscripci6n como equipo de innovacidn
educativa. También era necesario elegir un coordinador de proyecto y que éste acep- tara acudir peri6dimmente (una vez cada cuatro semanas aproxhnadamente) a cele- brar
reuniones
de coordinaci6ndel
pro- yectocon
el resto de losequipos SAVE
y
con los investigadoresde
la
Universidad.Del
mismo modo, debían buscary
aceptar el apoyodel
orientadodade
zona ode
centro. Al igualque ios
g n i pde
innova-
ción educátiva constituidos por doceas, los orientadores escoIares, a su vez, se constituiríanen Seminario
Permanente, iguaimente reconocidoy
aceptado porel
Centro
& Profesores de laZona.
]EL MODELO DE XNTERVENCI~N
SAVE
En
eI Proyecto SAVE (Ortega,1997;
Ortega y otros,1998)
hemos propuesto un m d e l o de intervencidn educativa que, partiendo & un anailisis ecológico, vaya más allá de lo personal, para abordar el propio sistema de normas, valores, sentimientosy
com- portamientos que están detrás de una vio-lencia que se repite, se encubre y brota
con múltiples formas.
Este modo de trabajar propone, al pro- fesorado de cada centro que se interesa
por luchar contra la violencia,
el
diseño de un proyecto educativo concreto focalizadoen Ia atencidn
a las
relaciones interperso- d e s bajo dos planos & análisis del eco-sistema
sociai del
centro: el de la convi- vencia y el dela
actividad. Estos dospla-
nos,
consideradosdos
grandes
factores ariicuiados entre sí, nos dan una visi6n de la &d social, psicol6gicay
a c a d h i ~ ,del centro como una verdadera comunidad de convivencia en la que se aprende no s61o lo que se proyecta
como
curriculumexpiicito,
sino
tambiénlo
que no
se pIani- fia y se convierte en c u r r í d m impiícitou
oculto; se trata & rescatarparael
análisis
escolar
el
viejo modelo comunitario.El modelo comunitario, importado de otras iireas científicas y profesionales, como la antropoIogía, la epistemología o las ciencias de la salud, resulta particular- mente Cdi para la propuesta & trabajo in- vestigador
y
educativocon
laque
nosha
parecido id6neo abordar la prevención de la violentia escolar. Desdeesta
perspectiva & intervenci6n, cada centro se presentacomo una unidad de convivencia,
confgu-
rada a partir de Ia cciexismcia
y
la articu-laci6n -mejor o peor- de
los
siguientes gruposhumanos:
el profesorado, el alum- nadoy
las f a d a s . La planjlf1caci6n con- creta dela
actuación,dentro
del proyecto que mda centro diseña, se rediza median- telos
llamadas progmnasde
trabajo.E1 proyecto
SAVEno
nace p r e c ~ ~ g u r a d omhs que en sus bases conceptuales: el an5- lisis de los sistemas de actividad (instruc- cidn, reparto de tareas, actividad recreativa
y de tiempo libre, etc.) y el analisis de los modelos de convivencia (distribucidn y ejercicio del poder, modos de comunica-
u6n, normas y convenciones que regulan la vida cotidiana, etc.). El concepto de pro- grama, como tal diseno & metas y accio-
nes para conseguir dichos fines, nace
como consecuencia lógica de la necesidad
docente sugiere. Por lo tanto, el concepto
de programa, cerrado en sus elementos de planes concretos, encaja mal con un mo-
delo teórico tan abierto
como
el SAVEse
propuso ser. De ahí que los programas nohayan sido en ningún momento en el SAVE un diseño cerrado
y
ordenado desde el grupo coordinador. Este s61o diseñó tres grandes iíneas de programaci6n (intencio-nes ordenadas) a las que vinculamos con el concepto metafdrico de caja de herra- mientas~ (recursos posibles).
La caja de herramientas-, vieja metáfc- ra vigotskiana CVigotski, 1934/78), expresa la necesidad de disponer de instrumentos útiles para realizar trabajos. Los programas
del SAVE
han sido
eso, lííeas de actuación para las cuales era -necesario disponer de herramientas conceptuaies, procedimenta- Ies y actitudinales. Tres grandes líneas pro- gramátiwsfueron
elaboradascon
la
ayudade los docentes que se enfrentaban a su ta- rea de prevenir la violencia tratando de mejorar la convivencia:
el programa
de e d u c a c i h m sentimbentos, m c i o n e s que fue visualizado como la intenci6n & incor-porar la atencidn a la vida afectiva y emo- cional de los escolares como el camino idóneo para la educacibn en valores. El
programa de gesH69a democráticu de la
c o n v i w i q que
h e visualizado como lanecesidad de prestar acenci6n a cómo se diseñan y se cumplen las convenciones, las normas y reglas que regulan la vida co- tidiana en el aula y en el centro escolar. El programa de
trabajo
m
grupo
coopemtim
que fue considerado como la elecci6n i d 6 n t a para la actividad instructiva; aprendery enseñar considerando que la unidad de la acción instructiva es el
grupo
& alum- nodas que seenfrenta
a la tareacomo
una unidad humana de aprendizaje y desarro-iio, conversando y regulando las iniciativas que
dan
lugar al cumplimiento de las ta- reas que sugiere el profesoda.Las líneas programáticas nunca fueron un único programa de aplicacion uniforme en todas las escuelas. El proyecto $AVE ha
huido del concepto de aplicador de pro-
grama en el sentido clásico. El profesorado nunca ha sido considerado
un
instructor, ni un monitor de una idea única centraliza-da, sino un educador creativo que sobre la
base de
unos
ciertos compromisos toma-dos
en grupo, se esfuena por prestar aten- ci6n a partes & su propio mbajo que hanpodido estar oscurecidas anteriormente, tales como las que hemos considerado nuevas lineas programáticas. Al profesora- do del SAVE
no
se le ha exigido ni contro- lado una accidn educativa diferente de iaque
6Vella
misma ha diseñado. Se le haes-
timuladoa
que piense y decida en estos tres grandes ámbitos de su acción educati-va. Tres
ámbitos
que pensábamos cubrían ciertas necesidades de cambio: la gestión de la vida cotidianaen
términos de demo- cracia viva (analizar normas y convencio-nes
y
procurar que no sean incoherentes ni autoritarias, sino demouáticas y posibles); analizar la formaci6n en valores q u e esta- mos haciendo, y observar cómo no es po- sible valorar aquello que nos hace sufrir o que no nos permite sentirnos queridosy
respetados (de ahi la vinculaci6n formal de la educacibn emocionalv
sentimenmi con los valores morales); analizar el tipode
en- señanza que hacemos y observar c6mo lacooperación, el dialogo y la discusión son más productivos que la adquisici6n indivi-
dualista y competitiva. Nuestros programas son iííeas de &bajo que permiten 1a pues- ta en comtín de todos aquellos
que
se de-ciden por
dichasvías
y no por doctrinasinstructivas que no necesitan ser discuti-
das, observadas o modificadas porque todo está en el catecismo del programa.
Hemos buscado la alianza con un pro-
fesorado en el que creíamos;
un
profesora- do innovador, seguro de sí mismo, quesido
un
proyecto ideol6gicoen
granm&-
da,pero
enel
sentido & serio de la pa- iabraideología.
Unm
cuyo prfncipio es que A10se
cambia cuando se está con-vencido intelectual y moralmente de que
el
cambio^^.Profesorado y
alumnado sondos
mime sistemassaciales muy
d i f que ~ne- ~cesitan encontrar sus propias formas de
gesrión
& la vida &diana conjunta,cosa
nada
fád
cuando
se vive sobrearigdo por las tareasescolares.
la
interseccióndel
pianode
la
convivencia con elplano
&la
activi-dad
escolarpone
antenuestros
ojos eres gtandesprocesos:
la
actividadinstmuim, Ia
g&h
de
la
convivenda y los mbientosy
emociones
que la vida en cornfin vaha-
ciendo aflorar. De
ahl
que el SAVE se plan-teara sus programas de actuacibn bajo la etiqueta de estas tres h e a s de actuacibn.
Veamos
algunos
principios basicosde
losprogramas del
%VE.
Tornar conciencia que
h
actividadde
aula
y decentmsepue¿egestIonar&variasfor- mas, es una manerade
clarificar sl esta ges- ti6n adquiereun
formato paílicipativo o no. Asi pues, lo primero es asumir quela
vidadel
aula requiere una g&6n y que &a pue-de
y
debe
ser dernocr%tica, sin que d o eli-mine la autoridad
mora1
del
profesorado.La
propuestade
atender
ala
gestión de- m c d t i a e n e l a u l a y e n d ~ i n c l u y e e l a n á W cielos
acontecimientosde
la convi-vencia diaria. Se trata & ir profundizando juntos
en
aquello que, tanto elpmfesorado
comoel
alumnado, endendenpor
parücipa- ción coopeEatrva y *tiaLa elaboraci6n
de
normas
expiícitasy
claras, el
establecimiento de
un modelo disciplinar, sencilio,justo
y transparente,con unas
prohibiciones claramente acepta- das por tdos y conun
estímulo amplio ypdtivo hacia
la
libertad,h
igualdady la
solidaridad entre los miembros de lam-
munidad, abren un camino progresivo de acercamiento entre el profesorado yel
alumnado a una tarea que no pued= sersino comfm, porque
la
convivencia no es patrimonio & nadie en particular, sino & todos los que viven juntos.La
descripcibn y comprensidn de lagestidn
de la vida social de cada aula ycentro permite disponer de un perñi sobre lo que habitualmente sucede
y
predecir loque es posible
que
suceda en ~ r m i n o s dereladom
de
unos con otros,no
s610 entre el profesory
susalumnos,
sino en el mi- crosistema de relaciones entre escolares,que es el que ahora nos interesa destacar.
El adlisis de los sistemas de gestidn
de
la
convivencia se convierte en un htnimento
conceptual necesario para abor-dar
los
problemas que pueden surgir. Se trata de considerarla @bn
&la
convi-vencia como un factor
importante
para comprenderla
vidaen
el
aula.Algunas propuestas concretas que
ha
ckarrouado el
SAVE
denm
de este progra- ma son: asambleas deaula, establecimiento
concensuado de normas, debates sobre asuntos de interés común, resolución de contiictos cuando &os se presentan,diseño
de
materiales espemcos para animarlos
diálogos, W nde
sugem~ciasy,
engene-
ral,
-dades para el desarrollo deb
parti-cipación en
la
vida de aula y centro.mediante
un
modelo cooperativo, supone considerar el proceso comunicativo (siem-pre
implicim en la actividad de enseñar) en su imerci6n con la actividad de apren-~ , c o n a o u n a m r e a ~ c a y e M q u e c e d o r a
para
todos..lnB
sistemas de actividad están impregnada de valores queson
o nocohe-
rentes
conla
a d 6 n
quese
realiza.Por
ello, el &&ajo p m t i v o contra la vioiencia es- colar exige d a rla f o m & wiseñanzay aprendizaje hacia
un
modelo cooperativoque
&dela
comunicaci6n yla
negoda- ción.S610
& esta f o m temMn l u p ape riendas que fawmmm la mejora del ciima afectivo, las actitudes y los d o e s positivm de u n a escoiarahacia
otros.La
cooperaci6nse
ha &taca& como la via másef~caz
para
cumplir objetivos deaprendizaje, tanto para
aquellos que sonayudados
por
otros, como paralos
que sa-h
más
y ayudana
los
que sonmás
inex- pertos.Cooperar
esunir
ideas, actividades, críticas y evaIuaci6n en una acci6n conjun-m.
Por d o , elSAVE
ha propuesto el traba- jo en grupo cooperativocomo
modelo &aprendizaje y
enseñanza.
Eneste
sentido
se han diseñado una serie de actividades (ver Ortega y otros,1998)
en las que se in- cluye en algún momento el diálogo y lacooperación sobre
los propioscontenidos
dela
enseña-.Toda la actividad de enseñanza y aprendi-
zaje se rediza sobre
Ia
base de las motiva- ciones e intereses que, tanto el profesoda como los alurnnos/as,pongan
en
ello,
y
esta motivacidn depende fundamental-mente
de susestados
actitudinales y afecti- vos. El sistema educativo tradicional espaiiol ha vivido de espaldasa la
vidaafectiva y emocional de
sus
promgonictas,pero todo lo que sucede en el aula, como lo humano,
tiene
una connotaci6n emocio-nal, es más
o
menos agradable,nos
provo-
ca una actitud positiva o entusiasta, ouna
actitud negativa, defiiaida4 rechazo
o in- comodidad, cuando no de miedo o ira, siendo éstas últimas las emocionesque
quisihmos prevenir. .
Aunque el tratamiento
curricuiar ha in-
cluido
la
educación
delas
actitudes y la educación en valores como transversali- dad, es interesante,desde
nuestro punto de vista, desarroliarun
programa
concretode trabajo cuyos contenidos se refieran a los sentimientos,
lac
actitudes y los valores. Se trata de trabajar direcmmente con el lia- mado conocimiento interpersonal o psico- lógico; de profundizar de forma expresa .en
el conocimiento de uno mismo y de losotros en todas sus dimensiones, pero espe-
cialmente como
seres
cuyasemociones
y
sentimientos afectan a la vida & relaciónsocid;
de comprender que podemos hacerdaño
si no aprendemos
a conocerlos y res- petarlos;y
también,
de aprendera
apreciar los propios sentimientos y valores para evitar ser heridoy lesionado en
los &re-chos
personales.El
SAVE haejemplificado
esta línea de actuacidnc m
algunos recursos y ttknicas,como
son:
el
uso
deljuego,
los cuentos, lasimulación
&papeles
y
el estudio de casos.Unidades
de trabajo didácticoen
el queel
foco
central está puesto enel
adisis
de sen- ' timientosnecesarios
canok
soMaridad, el respeto mutuo,el
~ ~ e ny
modula- t oci6n emocional, la autoestima, erc.
Pero además de la acción preventiva, que debe
estar
inserta
enel
desarrollo del currículum, e1 SAVE ha propuesto medidas de trabajo directo con aquellos chicos/asque,
por sus condiciones personaies, fami- liaresy sociaies,
estan
en riesgo deimpii-
carse en problemas de violencia. El equipo docente debe disponer de recursos parala
intervencibn en riesgo y para la interven-Smith, 19941,
~ediación
en conficm
(Fer- nández, 1998),m
ayuda entre #guales (Co- wie y Wallace, 19981,Ei
método de repartir re@omabilZ&des Pikas, 1989), L a s esbrla- -'as de deslarroEl0 de la asm'vdad y ius estrawdas dedesarroIk0
de laempcapsá
(Or-tega, 198). El objetivo común y principal de los tres primeros es ofrecer a los chi- cos/as un apoyo sociaI, en Ia mayoría de 10s casos de sus compañeros, para resolver situaciones ante las que éVella se siente in- seguro. En este sentido, la experiencia nos ha revelado que los compañeros pueden
llegar a desernpehr una importante labor en pro del desarrollo socio-afectivo de es-
tos chicos, debido a que estos los prefieren porque entre los propios
alumnos
existenconvenciones homogéneas, valores com- partidos y una reciprocidad moral, que en muchas ocasiones a los adultos nos es irn-
posible
acceder.EL
PROCESODE
DESARROLLO DEL SAVEEl SAVE se ha implementado durante tres cursos acadtmicos y ha supuesto un movi-
miento d e sensibilizaci611, toma de con- ciencia, formación
y
actuaci6n de un total de 70 profesores/as, repartidos en diez grupos de trabajo, nueve docentes y ungrupo d e orientadores escoIares de prima- ria y secundaria, con los que hemos traba- jado de forma sostenida durante este
intervalo de tiempo.
Todos ellos han esta-do organizados en equipos que han recibi- do apoyo económico y reconocimiento institucional del Centro de Profesores de
su zona. Cada uno de ellos ha &sarroIlado su propio proyecto de prevenci6n de la violencia escolar en su centro, basado en el modelo antes descrito, pero desarrolla- do d e forma particdar por cada grupo.
Cada uno de ellos ha realizado una memo-
ria final de curso sobre su trabajo y acudi- do regularmente a las reuniones de coordinaci6n con los miembros del equipo
d e la Universidad que
hemos
trabajadocon
ellos. El equipo de lg Universidad, compuesto por los invesrigadores del pro- yecto (ver Ortega y otros, 198) ba desple- gado una actividad de apoyo, colaboracibn yayuda,
cuandoha
sido requerido para ello. Dicha ayuda, ademPs d e la coordinaci6n de Ias reuniones periódicas (una cada mes durante cada curso) ha consistido en la aportación de recursos (desde referencias bibliográficas, pequeños programas de for-mación
específia en estrategias concrems, invitaci6n a seminarios y conferencias con expertos, hasta asistencia a las reuniones de trabajo del equipo docente cuando era- mos requeridos para ello). Haremos un breve resumen de1 proceso dividiéndolo en fases temporales.La primera fase, de sensibiiizaci6n t inclu- sidn & personas en el proyecto, se realizó
mediante un sistema de seminarios, donde se present6,
al
equipo rector & las escue- las de la provincia (Delegado, Equipo Pro-vincial de Inspecu6n, Equipo Central de
Orientación Escolar, responsables de pro- gramas especiales, etc.1, la iniciativa del es-
tudio, aportando aspectos conceptuales sobre !a naturaleza del problema de la vio- lencia entre iguales
y algunos
datos prove-nientes de
estudios anteriores.
El objetivode este encuentro fue no s61o obtener per- miso d e la administración educativa
pro-
vincial, necesario para establecer contactos con los centros escolares, sino también sensibilizar a un conjunto & agentes ex- ternos, pero influyentes en la vida escolar desde la política provincial, sobre la im-portancia de1 problema.
En un modelo de sensibilizaci6n, que
se trata sólo de informar, sino & requerír lo deseaban. En todo caso, para reanudar
la implicau6n de las personas a las que se ia marcha del proyecm, debían decirlo ex-
informa y de ofrecerles tareas adecuadas a1 presamente o aceptar nuestra invitación a
papel que desempeñan, y eso fue lo que una nueva reuni6n que se hizo por escrito
hicimos. Por ello, sugerimos que fueran y telef6nicamente cuando los informes so- ellos los que señalaran las escuelas en las bre el pedid del centro estuvieron disponi-
que debíímos trabajar, medante la selec- bles.
ci6n de centros localizados en zonas con necesidades específicas sobre este proble-
ma y así lo hicieron.
LA
SEGUNDA FASE! lXAX%VANDOJUNTOS
El
segundo círculo humano que n e c e s i h -moc sensibilizar e involucrar era el pmfeso- rado. Lo hicimos mediante e1 mismo
procedimiento. Los centros seleccionados recibieron una carta de presentacibn del pro- yecto junto con
una
invitaci6n a partiupar en un seminario en el que se hablaría del pro-blema de la violencia y al que debían asistir, además de un grupo de al menos tres profe- sores/as, el director/a del centro y eVlos o r i e n t a b escolares de la zona.
Este fue un seminario de 20 horas, rea-
lizado en el marco institucional del Centro & Profesores de Sevilla, que culmin6 con un compromiso, por parte de la mayoría de ellos, para participar en la primera fase del proyecto. El profesorado y eI resto de los agentes educativos tuvo un nivel muy alto de participacidn. Pudieron introducir no s61o sus preocupaciones sobre el tema, sino tambien sus pIanteamientos educati- vos. Tras la recogida de información en los centro, ellos debían madurar su compro-
miso mientras nosotros estudiPbamos los datos e informes. Lo que nos mantuvo uni- dos fue el contacto estable con los equipos & orientaci6n educativa de las zonas, con los que lievábamos un año trabajando en un seminario permanente instituciona!- mente apoyado por el CEP de Sevilla. Du-
rante el tiempo que nosotros analizibamos los datos se gestaban las iniciativas del profesorado
y estábamos en
contacto si asíEl tránsito de un curso a otro implic6 la modificacibn del mapa de centros debido a la implantaci6n de la Educación Secun- daria Obligatoria, lo que afectb a casi la
w
talidad & las escuelas del proyecto, que sufrieron una ca6tica moviIización & suprofesorado. A pesar de todo, diez escue-
las solicitaron formar parte del proyecto
para la segunda fase.
No
fue nada fácil arrancar, pues de- bían hacer su propio proyecto anti-viokn- cia de forma autdnoma, creando su propio modelo de trabajo dentro del marco de es-trategias de intervencidn que nosotros les
proponíamos. Y todo ello, en las estresan- tes condiciones profesionales en que fre- cuentemente trabaja este profesorado,
debido a las características sociales & Ia
población a la que atienden, en el limite mismo, o claramente dentro, de lo que se conoce como marginalidad.
Asl, d curso 1996-97 fue, para el equi- po de la Universidad del proyecto SAVE, un año ilinerante: asistimos a las reuniones de los grupos docentes en los centros; ce- lebramos varios seminarios formativos, en algunos de los cuales contamos con la pre-
sencia y la participación de un par de cole-
En junio de
1997
celebramos una jor- nada de puesta en común sobre la marcha del proyecto. 75 profesores/as hicieron ba- lance de sus actividades, enuna
sesión de reflexidn sobre el proceso, propiciada porel CEP de Sevilla, al
quepertenecían
la
ma-
yoría de los dwentes en calidad de equi- pos de formación en servicio.En aquella reunión se puso de rnani-
fiesto que la experiencia había merecido la pena y que queríamos continuar mbajan- do de esta forma el curso prdximo. En sín-
tesis, allí descubrimos
que
algunos equipos docenteshabían
progresado ripi- damente en autonomía y desenvolvimien- to de su propio proyecto, mientras otros iban más lentamente. Para casi todos, las sesiones de trabajo, que tenían una perio-dicidad quincenal y una duraci6n de dos
horas aproximadamente, signifimron
una
suerte deapoyo
mutuo
y la experiencia de compartir preocupaciones profesionales,iniciativas y recursos que fortalecían su co- hesión como gmpo y afirmaba su motiva- cion para seguir juntos. Todos empezaron a comprender que se traah de un proyecto a largo
plazo
que implicaba una paulatinamo-
dif1caci6n de sus propias concepciones y ac- titudes ante el problema & la violencia; que fundamentalmente era necesario ir modifi-
cando el
dima
de convivencia y la gesti6n de la vida en d centro medianre un tipo de trabajo curricular m á s cooperativoy
demo-crático en el que se atendieran no s610 los conocimientos,
sino
muy especialmente, lossentirnienros y
losvalores.
Muchos
co-
menzaron
a reconocer en sus propios comportamientos, si no generadores de violencia, sí actitudes intolerantes o ambi- guas. Lo mejor de todo fue observar que se podía ser autocrítico y reflexivo sin culpa-bilidad ni
miedo.
Nos
despedimos con el compromiso d e continuar d trabajo conjunto el curso próximo, en la medida enque
la nueva red de centros escolares que la reforma educa- tiva estaba reestructurando permitiera que , un mínimo & cuatro o cinco docentes de1equipo continuaran en el
mismo
centro. Así fue, y al inicio de ese curso escolar continuamos trabajando con la red de cen- tros anri-violencia escolar del proyecto. Aunque habían vuelto a cambiar las condi- ciones de vinculacibnal
CEP, la mayoría de los equipos obtuvieron el reconocimiento institucional d e su trabajo. Los equipos afrontaron los nuevos retos, propiciando que ciertos equipos cambiaran en alguna medida las propuestas d e intervencibn para su centro,iERCER.4 FASE: CONSOLIDAR i0.5 EQUIPOS Y L O G E I A I I A ~ N O M ~ D O C E N T E
Durante los cursos siguientes, la din5mica del proyecto ha evolucionado hacia la con- solidaci6n de
los
grupos
docentes y hacre-
cido en autonomía. En el curso 1998-99,algunos centros comentaron a focalizar su
actuación en los chicos/as en situacidn d e riesgo o implicados. Se seIeccionaron cua-
rro
de ellos (dos de primaria y dos de se-cundaria) para realizar un programa d e
Ayuda
entre iguales, lo que implic6 un tra- bajo de formacidn específica con los do- centesy
una secuencia de accidn directa con grupos de escolares seleccionadospara participar en dicho programa. S610
dos
centros consiguieron culminar d pro-grama, pero los resultados de ambos fue- ron buenos (ver Ortega y Del Rey, 1999).
Al final
de
cada
curso, todos losprofe-
sores implicados en el proyecto SAVE se han reunido para sacar conclusiones sobre los logros conseguidos y diseñar los pasosa dar en el siguiente curso.
Durante el curso 199-00 se denivo la
atención sostenida por parte del equipo de
En la actualidad, muchos de
los
cen- tros q u e han participado en el proyecto SAVE continúan su trabajopreventivo
y al- gunos están irnplementando medidas con- cretas con alumnos/as que tienenproblemas
de
victimizaci6n oque
son
agre- sivos con sus compañeros. El proyecto origi-nal ha
ido sufriendo mmbios, porque éste hasido
un proyecto abierto. Los centros que in-cluían
entresus planes una
línea de trabajo del SAVE han seguido manteniéndola aun- que hayan cambiado algunos de los miem- bros & los equipos docentes de cada centro. Los programas se han ido modificando, siempre en lah e a
& ir manteniendo lo que salía bien e ir abandonando lo que no fun- cionaba, por distintas razones.A ~D E S A ~ ~ ~ : Y ULAAUZAC~~N
DEL SAYE
Evaluar un proyecto como &te en el que se han ido implicando distintas personas,
sobre
todo docentesy
alumnos/as, pero también orientadores escolares, algunospadres
y
madres,
directores
de centro, in-vestigadores, expertos de distinto nivel, e incluso la propia admnistraci6n educativa (que unas veces ha sido más activa apo-
yando el trabajo docente y otras veces in-
diferente, cuando no inconveniente) es muy difícil y requiere medidas de muy di-
verso orden. Los documentos producidos
por
los docentes, Ias actividades de acción externa, como conferencias y seminarios organizados desde el centro para informar y sensibilizar a familias y sociedad, los cambios & actitudes diversas, las decisio- nes de la administración, el papel de la for- maci6n permanente del profesorado y delos Centros
de profesores, el cambio o no de actitudes d e los docentes, las familias, etc., requieren un trabajo m5sprofundo
del que hemos podido realizar hasta e1 momento. N o obstante, una primera eva- luacidn objetiva destinada a tratar de com-probar hasta qué punto se ha producido un cambio en el alurnnado, en términos de
mejora de sus relaciones interpersonales y
de
disminucidn de los problemas de vio- lencia,así
como de cambio d e actitudes hacia el problema de laviolencia,
ha sidorealizada. De esta evaluación extraemos ai- gunos de las más relevantes conclusiones
que son las aquí presentes.
La evaluacidn de los efectos del mode- lo
SAVE
se ha realizado desde dos marcos de h€ormaci6n diferentes. En primer lugar, hemos usado un m d o de prerest-postest para medir, sobre todo, el número de im-plicados en el problema, así como posibles cambios en actitudes del alurnnado en reia-
ci6n al maltrato enw iguaIes. Para eiio, he- mos utiIizado el Cuestbonario sobre Intimddw'ón y Mdtruto entre Qmih
de Or-
te@, Mora-Merchán y Mora (1995). Este ins- trumentoha
sido aplicado endos
momentos diferentes: antesde
comenaar la interven- ción (curso1995-96)
y cuatro años & tarde (curso 1999-00) en algunos de los centrosque
habían trabajado bajo la coberturadel
d e 1 0 SAVE, ya &rito. Conaetamente, el alumnado & unco centrosha
vuelto a res-ponder al
cuestionariosobre
intimidacidn, Io que supone el5W
de las escuelasque
handesarroliado
programas
SAVE de prevenci6n del abuso entre iguales, mediante distintos programas de Ed-ón para Eaconvim-
c& (ver Ortega y otros,1998).
Dentro de este mismo marco d e eva-
luación objetiva, desarrollado
hasta
elmo-
mento, estála
comparacidn de ciertos aspectos relevantes entre centros que han trabajado bajo el paraguas metodol6gico del SAVE y centros que no lo han hecho y que pertenecen a ámbitos poblacionales semejantes; así se aplic6 también el cues- tionario a tres centros (dos de primaria y uno & mU) decondiciones
s o c i d d e s pamidas alas del
%VE, yo o m m
sus resultados en cuanto a niveles de violencia es- colar, actitudes hacia la misma, etc.efectividad &
la
intervención reaiizada. te- niendo en cuenta el punto de vista del pro- pio alumnado. Consideramos que la labor de los docentes,a
veces inespdca y titu- beante, otras veces segura-y entusiasta, puedetener un
reflejo
enel
bienestardel
alumnado o no, dependiendo de muchos factores, pero era Imprescindible pregun- tarle a los chicodas si habfanobservado
cambios y en que dkeccidn. Así pues, he- mos explorado
la
efectividad de los pro- gramas SAVE desdela
perspectiva de los alumnos/asque
sehan
beneficiado de ellos. Para ello, hemos utilizado un peque- ño cuestionario con tres cuestionmen
hs
que se
pregunh
a los alumnos sobre qué cosas han hecho sus profesores para mejo- rar las relaciones entre los compañeros, desde cuando lashacen
y
cuáieshan
sido
los efectos de dichas intervenciones.
Expondremos
los
resultados
quepro-
vienen de estosdos
marcos exdoratmios en tres grandes grupos & ido1hac16n:el
nivel de presencia de los fendmenos de abuso y malos tratos entre escolares, mi- diendo e1 núrnero total de alumnos/asdel
centro implicados
en problemas de violen- ciay
su distribucidn en los distintos pape- les que estosasumen
dentrodel
problema de relaciones interpersonales. En este sen- tido, continuamos con el criterio ya expli- citado (Ortega y Mora-Mechan, 19971 deconsiderar el f e n 6 m o de los abusos entre esoolares más como un fendmeno de rela- ciones interpersonales que como un com- portamiento aislado. El siguiente grupo
de
informaci6n recoge aspectos tales como: ti-
pos
de violencia,diferencias
rehciomdascon
elmero y la
edad, lugares de riesgo, etc. Por último, se anallzará la percepcidndel
alumnado sobre la intervención reali- zada por los docentes. Y todo ello s e d ex- puesto de forma comprensiva y ofreciendo un comentario explicativo a cada uno de los grandes grupos de información.Tras
analizar los resultados del pretesten
los centros
experimentalesy
compararlos con las respuestas obtenidas cuatro años después, observamos que la participación de los alumnoshabia
cambiado & forma sigdficatlva. El número' de espectadores ha aumenmdo (de 869'0 a 92%), elde
víctimas (de9%
a4%)
y
víaimas provocativas (de 0,7% a O,%) seha
reducido m%s de lami-
tad y
el
de agresores tambignha
dlsminui- do. En la grsfica 1 seresumen
Iasdiferencias pretest y postest entre vlctimas,
Del mismo mdo, si comparamos 10s re- que los índim de @trato entre compañe sultados con los centros conml encontramos
ros
son m h leve en los centros SAVE.E
ControlW
ExperimentalPara ari2lllzar este
grupo de
resultados,he-
mos
o g d a d o la Mormad6n alrededor de cuatro grandes bloques &contenido:
las re-laciones
interpersonales entrelos
escolares; la experienciade
v i w c i 6 n sentida porlos
alumnos/as que han sufrido agresiones por partede sus
c o m p a ñ d a s (dwaci6n dela
tqeriencia y bhqueda de ayuda);las
actitudes de los escoiares haciael problema
M maltrato entre compañedas; y las for- mas,
lugares y
causas delos
fenómenos
demala
tratos entreesoolares.
Las
relaciones
inkrpersonales
decali-
dad se han
mostradocomo
un eficazpro-
tector enla
vida social y, por tanto,de
prevencidnde
la
violencia.Tener buenas
relaciones con losdemás facilita
elen-
cuentro con el otroy disuelve de
forma m5s rápida losposibles
conflictos.Para
nuestros
objetivos, cobraespecial impor-
tancia suestudio,
yaque
el
SAVE
se ha basa-do en
la
idea & lamejora
&la
convivenciacomo
prevenci6n dela
violenda.Los resultados que
hemos
obtenidoson
bastante positivos
en estesentido.
Trasel período
de inervencidn,los
aIurnnos/as de los centros evaluados muesmnmas sa-
tisfaccidn con lasrelaciones
quemantie-
nen consus
iguales (de66%
a77%),
mientras quela
valoración negativa conla
vida en general en el centro disminuye (& 2,2% a1,8%).
AL
mismo tiempo, los estu-diantes
afimian sentirsesolos
oaislados
enmenos ocasiones durante el periodo
de re- creo, disminuyendo prácticamente a lami-
tad tanto el número de alumnosque
se sentían aislados muchas veces (de 7% a 3,5%), como los que afirmansentirlo
pocasveces
(de 31,5% a15%).
La intervencidn
del
SAVE
tambikn
seha
mostrado influyentesobre
lasexperiencias
de victirnizaeión. Especialmenteen dos
as-peaos:
la duración
de
estas experienciasy
la
búsqueda activade apoyo
por parte delas víctimas. En relaci6n
al
primero
de
lospuntos,
el modelo SAVE ha logrado
reducir(& 25% a 15%) el
número de
víctimas &o .desde siempre.). Así mismo, resulm de interés observar que mmbign han cambia- do, en los centros en los
que
se ha trabaja-do de forma preventiva, la actitud y el comportamiento de búsqueda de ayuda
por parte de
Iac
víctimas, que
ahora son más las que buscan un apoyo activo a suproblema; ya que el número de alumnos que decide no decir nada sobre su expe- riencia como víctirna disminuye (de 12% a 9%).
Sin
embargo, no cambia la elección de laspersonas
en las que se busca el apo-yo. La
preferencia es contársdo a SUS com- pañeros, desputs a la familia y por último a los profesores.CAMBIADO IAS ACTFCUDES ANTE U36 M- LOS TRATOS
Han cambiado algunas de las actitudes ante el fen6meni d e Ia violencia entre compañeros/as. En los resultados
del
pos- test, aumenta el número de alumnos/as que valora de forma negativa a aquellos que intirnidan a sus compañeros, disminu-yendo
deforma
importante el número dequienes aprueban o justifican estos com- portamientos (de
13%
a 99'0). Igualmente,se aprecia un cambio importante cuando se pregunta a los escolares si serían capa- ces de intimidar a otros compañeros/as, ya que
d
número & chcos que afirman nun- ca intimidarían aumenta de43%
a 52%, y losque si
lo harían por distintas razones disminuye (de 36% a 27%).También se a~recian
cambios
en cuan- to a las formas, lugares y causas atribuidasal maltrato entre escolares. Aunque se
mantiene la nominaci6n del maltrato direc-
to (agresión física y verbal), aumenta la no- minición de formas indirectas de
malos
tratos (agresi6n indirecta, exclusibn so- cial). Este dato parece contradictorio con los que indican un descenso en el número de agresiones; sin embargo, desde nuestro punto de vism, esta transfomci6n reflejauna mayor sensibilización ante Ias formas menos visibles de violencia. Igualmente aparecen cambios en los lugares de mayor riesgo. En los datos posteriores a la inter- vención, el aula se ha convertido en un lu-
gar
más
seguroya que
disminuye el número de chicos que la señalan como es- cenario de la violencia (de 3844 a 27%).En relación a las causas del maltrato percibidas por los escolares, también apa- recen cambios. Se reduce el volumen de
atribuciones que señalan la provocación previa
o
las ganas de gastar una broma como posibles causas, aumentando las afirmaciones relacionadas con la gananciade estatus social de los intimidadores. Posi- blemente, estas variaciones responden a una mayor precisión por parte de los alumnos a la hora & atribuir las razones de los actos de malos tratos en la medida en que son más conscientes, es& mejor informados y valo- ran m á s los detalles del problema.
Otro de los indicadores
que
usamos para evaiuar la efectividad de la intervencidn es la valoración de los alumnos sobre la ac- tuacidn desarrollada en el centro contra el problema del maltrato. Para ello, distingui- remos entre las diferentes actuaciones rea- lizadas por los docentes dentro del marco general del SAVE (gestión democrática de la convivencia, trabajo en grupo cooperati-vo; educación & sentimientos, actitudes y
valores; trabajo con familias; intefirencidn cIi- recta con agresores y víctimas; resolución & confiicms
y
otras)y las respuestas de
los es-colares apreciando y valorando los cambios observados en su aula y centro.
Dentro de cada una de estas categorías
o programas de intervención, las respues-
veles de respuesta: uno ha servido para nada-, -el problema ha mejorado- x o n tres posibilidades a su vez: .disminuye el mal-
trato~, #mejoran las relaciones entre
los
compaíier&/as~ y se producen *mejoras noespecificas-
y,
finalmente, la categoría*el
problemaha
empeorado* (conlas
mismasposibilidades
que
d
anterior pero en senti- do negativo).No
se ha distinguido entre agresores, espectadores y víctimas puesto queno han
aparecido diferencias significativas entre los diferentes
tipos
de
alumnos
al contestara este indicador. Nos centraremos sólo en
aquellas
relacionesque
sehan
mostrado más relevantes en el análisis. Tambitn hayque destacar que en ningún caso se han encontrado valoraciones negativas hacia cuaIquier tipo de intervenci6n & carácter
sidcativo.
En &u6n
aI trabajo con las familias, la mayoría & los chicos y chias han señaladoque este tipo de acniaciones es efectiva para
mejorar las relaciones entre ellos (71%). La educacidn en sentimientos v valo-
res
tambiénha
sido bien valoradaPor
los
alumnos. La mayoría (73%) s e M ael
efecto positivo que tiene sobre lamejora
del cli-ma de relaciones ineerperconales en el cen- tro. Además existen otras opiniones más minoritarias:
que
ha favorecido el descen- so de los episodios & maltrato (22?h), que aparecen otras mejoras sin especificar (22%) y que no ha sido efectivo(16%).
Las intervenciones dentro del programa de la gestión democrátia de la convivencia
han
sido,
con diferencia, las mejor vaioraúas por parte de los alumncis y alumnasde
nues- tta mestra. ElM%
de los &diantes que se- ñaia este tipo de intervenci6n afirma que elclima
& relaciona interpsonales mejora,d
21% que los episodios de m a i m entrecompañeros
disminuyen,
yúnicamente el
2%de
los
alumnos señala esta propuesta deintervencidn como sin resultado.
El trabajo con grupos cooperativos es la propuesta que menos intensidad ha al- canzado en su valoracidn: S610 las mejoras
inesp&cas, reoonocidas por el 23% de los alumnos, han mostrado valores estadística- mente ~ c a t i v o s . No obstante, la mayoría
(64%)
continúa señaiando que se producen mejorasen
Ias relaciones interpersonalesdel
centro. Esta estrategiaes
la que mayor por- cenmje & aIumnos ha agrupado,el 31%,
se-ñalando
que careda & efectividad.Las actuaciones del profesorado dirigi- das a los chicos que maltratan a sus com- pañeros también son valoradas como efectivas. El
65%
de los alumnos afirmaque
e1 dirna &relaciones
mejora y el 17%que las situaciones de maltrato entre com- paiieros
disminuyen.
Sin embargo,el
por-
centajede
alumnos que piensan que nocausa ningún tipo de efecto también es re- lativamente alto (22%).
La intervenci6n directa con las vícti- mas se percibe como positiva especial-
mente de cara a la reduccidn
de
losproblemas de bdly'ng (29% & los alum- nos), así como
la
mejora del clima d e rela- ciones interpersonales (70% d e los alumnos). S610 el 10% consideróque
estaintervención
carecía de eficacia.La intervención sobre las situaciones
conflictivas también se ha valorado como positiva.
El
72%de
losalumnos
señala
que mejorael
clima de relaciones intapersona- les;d
16% que bajan los episodios de vio- Iencia y el 9940 que las mejoras en el c e m sehan producido en otros aspectos. Al igual
que
en otras propuestas,el
porcentaje d e alumnos que opinan que esta propuesta nopresenta
resulmdos
es reducido (&O).Por último, en los centros tambien se
han desarrollado otras intervenciones de carácter
mis
general e inespecífico para mejorar el probIema como tearros, activi- dades fuera del centro, etc. que losalumnos
también han valorado como positivas. El
73%
afirmaque
ias relaciones interpersona- les mejoran, e1 14% que las situaciones de maltrato entre compañerosdisminuyen
yDEBATE Y CONCLUSIONES
El SAVE ha tenido aciertos
y
desaciertos. Enrre los primeros quisiéramos destacar la propia experiencia d e trabajo conjunto & investigadores y educadores. Ambosgru-
pos se han enriquecido. Los investigadores porque han entrado en contacto directo con las escuelas, su cuItura, su forma de ver las cosas y la necesidad de que éstassean
tenidas en cuenta en cuaIquier acci6ninvestigadora
que
busque
mejorar la cali-
dad del climay
la reduccidnda
la violtn-cia. El profesorado de escudas concretas
nos
ha enseñado que toda intervencidn re- quiere contar con ellos, asumir su perspec- tiva, escucharlos, apoyarlos y esperar que sea el ritmo de1 propio desarrollo curricu- lar elque
exija cambios. S610 así el docen- te estA dispuesto a mmbiar. De esta forma,lo que cambia es
ya
lo que éVellaconside-
ra que debe ser modificado.Asumir,
así mismo, la concepción que el equipo docente tiene sobre las claves dela dinámica relaciona1 de su centro, es fun- damental. Nada cambia si no es desde lo
que
antesexistía.
Una
representación cogni-tiva de las necesidad= del centro, de los re- cursos que ya tiene, y de Io que requiere para hacer m ~ ~ c a c i o n e s es imprescindible para que la intervención se adecue a lo exi-
gido, en
cada momento hwt&ico de la vida del centro. El concepto de programa comblínea & trabajo y su complementario, el con- cepto & a j a & herramientas., como h b i - tos d e conocimiento conceptual y
procedimental respectivamente, optimizan el
p r m de cambio porque pemiten al d e cenw sentirse seguro en la medida que con- trola sus propios instrumentos para eI cambio, sabe lo que quiere
y
por qué lo quiere hacer asi.En
este sentido, teorías ge- nerales como la fdos0í-h educativa de la in-vestigaci6n-acción (Stenhouse, 1984) y el
modelo de profesionales refie5vos (Schon, 1392) ha tenido en el
SAVE
una presenciaque
creemos ratifica su idoneidad.En reIaci6n a nuestro gran objetivo, ir ganando para la paz y la convivencia
h c -
tífera la batalla contra la violencia escolar, pensamos q u e los resultados obtenidosnos
permiten ser optimistas: el clima mejo- ra, los escolaresson conscientes
deello,
el profesorado se entusiasma cuando cree que puede cambiar las cosas, etc. Sin em- bargo, ni el problema ha desaparecido, nitodos los indicadores son 6ptimos: la bata-
ila contra la violencia escolar no ha hecho
mas
que empezar, No todos los factores que desencadenan el fen6rneno de los ma-los tratos entre escolares se generan en el propio centro. Muchos son factores exter- nos, de influencia difusa, como las propias convcncionts y estilos de vida social, cuyo efecto es dificil de determinar.
Otros
son factores m u y personales, cuyo valor estambién difícil de observar y medir en un
proceso eduativo. N o podernos olvidar que en la permanencia de fenómenos de violen- cia no inciden d o las condiciones escolares sino, muy especialmente, las condiciones de vida familiar
y
las caractedgicas personales & los chimy
chias que se ven seriamente afectados por estos problemas. Des& las a- racterístias personalec de algunos chicodas (particularmen~ & vidmas y agresores) a lascondiciones
familiaresy
sociales en las queéstos se desenvuelven, pasando por las for-
mas de integiacihn escolar se extiende un amplio conjunto de elementos que siem- pre hay que tener en cuenta.
Sin embargo, muchos & los problemas personales y sociales se presentan en forma de violencia eccolar que hay que atajar, aun-
que estos no hayan sido generados por la propia escuela. Para ello, los mgtodos pre- ventivos son idóneos, aunque no eficaces al cien por cien.