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Décima y cantos de vaquería: adaptación de estas expresiones a las nuevas generaciones

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Academic year: 2020

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UNIVERSIDAD DE BOGOTÁ JORGE TADEO LOZANO FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

COMUNICACIÓN SOCIAL Y PERIODISMO

MONOGRAFÍA DE GRADO PARA OBTENCIÓN DEL TÍTULO DE COMUNICADOR SOCIAL - PERIODISTA

DÉCIMA Y CANTOS DE VAQUERÍA: ADAPTACIÓN DE ESTAS EXPRESIONES A LAS NUEVAS GENERACIONES

AUTORES

Luis Daniel Ortiz Barrios Stefanny Carolina Silva Zayas

TUTORES

Benjamín De La Pava Vélez Moisés Limia Fernández

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2 TABLA DE CONTENIDO

1. INTRODUCCIÓN ... 3

1.1. Planteamiento del problema ... 4

1.2. Justificación ... 5

1.3. Objetivos ... 7

2. MARCO TEÓRICO ... 9

2.1. Cultura e identidad cultural ... 9

2.2. Tradición Oral ... 18

2.3. Elementos de la tradición oral en Montería ... 39

2.3.1. La Décima ... 41

2.3.1.1. Cantos de vaquería ... 50

3. METODOLOGÍA ... 57

3.1. Entrevistas ... 57

3.2. Encuestas ... 60

4. RESULTADOS ... 64

4.1. Hallazgos ... 64

4.2. Discusión de resultados ... 82

5. PROPUESTA COMUNICATIVA ... 88

5.1. Actividades de la Propuesta comunicativa ... 90

6. CONCLUSIONES ... 94

7. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ... 96

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3 1. INTRODUCCIÓN

La presente monografía fue realizada como opción de grado para obtener el título profesional de Comunicación Social y Periodismo.

Este trabajo reúne la investigación, los planteamientos teóricos y prácticos que surgen alrededor de un tema fundamental para la construcción de comunidad en la actualidad, la cultura. Hoy en día, es común encontrar distintas manifestaciones sociales que promueven la aceptación de corrientes culturales ajenas al entorno social propio, un ejemplo claro es la popularización del movimiento musical coreano K-Pop en Colombia, son muchos los esfuerzos de las industrias para que los colombianos acepten y se apropien de esta corriente cultural; sin embargo, esa voluntad de divulgación y aceptación no es equitativa cuando se trata de la cultura local, esto se refleja en la poca visibilidad que se le da a nivel nacional, en medios de comunicación y en el mundo educativo, a las investigaciones y proyectos enfocados en rescatar y promover las raíces culturales de las distintas regiones del país.

El primer acercamiento que se tuvo con la temática de esta monografía, fue un análisis sobre la Décima1 como expresión cultural en la actualidad, con respecto a

la globalización y las industrias musicales, presentado para la materia “Comunicación y Cultura”; a partir de allí se despertó un interés en los investigadores sobre las expresiones de tradición oral que hacen parte de la identidad cultural de una comunidad y su relación con las nuevas generaciones y los cambios digitales.

1 Expresión poética de tradición oral practicada principalmente en la costa norte

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En las siguientes páginas se hará un recorrido por las fundamentaciones teóricas y filosóficas relacionadas con la cultura, la identidad cultural, la tradición oral y los antecedentes de investigaciones sobre esos temas, para luego abordar la Décima y los Cantos de Vaquería2, elementos sobre los que gira nuestra investigación.

Posteriormente se revisará y debatirá el trabajo de campo realizado, para culminar con una propuesta comunicativa que fusiona lo digital y lo cultural, con la intención de visibilizar y acercar la tradición oral con los jóvenes y adolescentes.

1.1. Planteamiento del problema

Colombia es un país marcado por su diversidad cultural, resultado de distintos métodos de colonización ideológica que se dieron al momento de la conquista española. Las mezclas entre indio, negro y blanco dieron como resultado una quimera de raíces culturales, que con el paso de los años fueron forjando la identidad cultural nacional; sin embargo, actualmente, se vive otro gran proceso de colonización cultural a causa de la globalización que introduce nuevas corrientes ideológicas, costumbres y comportamientos de distintos lugares del mundo, creando así una aldea global que se convierte en el detonante de fenómenos sociales como la aculturación.

Por lo anterior, son muchas las iniciativas que nacen a nivel nacional con la intención de mantener o rescatar aquellos elementos culturales que se han transmitido de generación en generación y han permitido mantener vivas nuestras raíces ancestrales que hacen de Colombia uno de los países con mayor diversidad cultural en Latinoamérica.

2 Composición poética propia de la tradición oral en los sectores ganaderos de

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La tradición oral es uno de los ejes centrales, sobre los cuales están basadas las investigaciones, artículos, documentos, tesis y proyectos que consultamos; sin embargo, la mayoría coincide en el análisis y el trabajo para rescatar aspectos culturales como: el lenguaje, la música y herramientas lúdicas para el aprendizaje (juegos); además de la crítica directa a los mínimos esfuerzos mostrados por las entidades gubernamentales encargadas de regir, potenciar y apoyar las diversas prácticas culturales que caracterizan a cada uno de los pueblos ubicados a lo largo y ancho del territorio colombiano.

Para nadie es un secreto que las tradiciones culturales se están perdiendo. Tal como lo afirma el historiador y antropólogo Cartagenero José Sánchez Conesa en una entrevista con el Portal Web “La Verdad”, “Muchas tradiciones se han perdido. Antes las gentes de los pueblos tenían unas pautas a seguir. Su día a día giraba en torno al encuentro entre personas. Y eso ahora se ha perdido”. Otros expertos en cultura, como el fallecido escritor cordobés David Sánchez Juliao, se atrevieron a afirmar que gran parte de la responsabilidad de esta pérdida es debido a la globalización que “genera un proceso de aculturación por la imposición comercial de nuevas corrientes culturales”.

Con base en lo anterior y la experiencia directa con las expresiones culturales cordobesas por parte de uno de los integrantes de la monografía, se quiso investigar a una población específica de jóvenes en Montería, Córdoba, pues se considera que las nuevas generaciones llegan a tener conocimiento de sus raíces culturales, pero, no existe una verdadera motivación que los impulse a profundizar su conocimiento sobre estas.

1.2. Justificación

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recursos culturales refinados como la décima o el porro y otros más coloquiales como los cantos de vaquería y los cuentos costumbristas.

Con el paso de los años, la creación e interpretación de estas expresiones culturales se han transmitido de generación en generación por medio de la oralidad y se han logrado mantener a través de factores como la retención auditiva y la mnemotecnia. El paso del tiempo y con ello el cambio generacional, han reestructurado dichas tradiciones, para adaptarlas al contexto sociocultural actual; sin embargo, hoy día las nuevas generaciones no demuestran cercanía, ni motivación por apropiarse de su identidad cultural, como en algún momento lo hicieron sus antepasados.

Se podría decir que uno de los factores que genera este tipo de desinterés y desapego por la cultural es la globalización, que arrastra consigo la colonización cultural potenciada por los desarrollos tecnológicos y las nuevas plataformas digitales que de alguna forma acercan a las personas hacia los lugares más recónditos, pero, irónicamente las aleja de la realidad de sus propios territorios. La aculturación de las generaciones cordobesas más jóvenes, también se genera por la ausencia de espacios (principalmente en el área educativa) que reivindiquen la importancia de las expresiones culturales autóctonas de la región; si esta tendencia continúa la tradición oral dejará de existir en algún punto.

Esta monografía busca ser una guía de estudio para futuros trabajos relacionados con la tecnología en la tradición oral, gracias a su trabajo de campo y propuesta comunicativa; además, pretende visibilizar y promover la importancia de la tradición oral y sus juglares dentro de la Capital cordobesa, con el fin de incrementar la motivación de los cordobeses por el conocimiento de las distintas expresiones culturales; además de rescatar un tema que no ha sido tan visibilizado y por ello requiere mayor atención debido al gran peso que tiene dentro de la identidad cultural Sinuana.

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vida de las nuevas generaciones y que contemplen la enseñanza y el estudio de prácticas culturales de manera dinámica y atractiva; pues esto permitiría que el legado ancestral sea reproducido y exaltado, perdurando así en el tiempo, sin importar los cambios generacionales.

Pregunta de Investigación

¿Cuál es el estado actual de conocimiento y aprendizaje en los jóvenes de Montería – Córdoba sobre la Décima y los Cantos de Vaquería como tradición oral – musical?

1.3. Objetivos

Objetivo General

Plantear una estrategia de comunicación transmedia que incentive a los

jóvenes de Montería, Córdoba a conocer en profundidad sobre la Décima y los Cantos de Vaquería.

Objetivos Específicos

- Resaltar la importancia de expresiones culturales como la décima y los cantos de Vaquería para la idiosincrasia cordobesa.

- Conocer y apropiarse de la historia y estructura de la décima y los cantos de Vaquería.

- Exaltar la labor de los juglares como precursores de la tradición oral cordobesa.

- Evaluar el conocimiento sobre expresiones culturales cordobesas por parte de los jóvenes monterianos.

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9 2. MARCO TEÓRICO

2.1. Cultura e identidad cultural

No es posible hablar de identidad, sin hablar de cultura, ya que un individuo construye su identidad a partir de los rasgos que adopta del grupo social al que pertenece; a partir de la interiorización de las prácticas sociales (y la reproducción de las mismas), el sujeto crea una identidad individual y a la vez adquiere una identidad cultural, Gilberto Giménez (2010) dice que:

“La cultura no debe entenderse nunca como un repertorio homogéneo, estático e inmodificable de significados. Por el contrario, puede tener a la vez “zonas de estabilidad y persistencia” y “zonas de movilidad” y cambio […] Algunos de sus sectores pueden estar sometidos a fuerzas centrípetas que le confieran mayor solidez, vigor y vitalidad, mientras que otros sectores pueden obedecer a tendencias centrífugas que los tornan, por ejemplo, más cambiantes y poco estables en las personas, inmotivados, contextualmente limitados y muy poco compartidos por la gente dentro de una sociedad” Giménez (2010: 3)

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Con base en lo anterior, la identidad cultural no es homogénea, sino que es un proceso selectivo, que coincide en algunos gustos o comportamientos con los que las personas se sienten representadas y caracterizadas.

Por otra parte, la memoria colectiva es un factor fundamental en la construcción de identidad cultural, ya que es a través de la rememoración y reproducción de prácticas y comportamientos comunitarios que se pueden establecer las características de un pueblo. En un artículo publicado por la revista “Ópera”, Olga Lucía Molano (2007:74) asegura que “La identidad cultural no existe sin la memoria, sin la capacidad de reconocer el pasado, sin elementos simbólicos o referentes que le son propios y que ayudan a construir el futuro.” Es así, como la gastronomía o las prendas de vestir apelan a la memoria de una comunidad, ya que estos elementos permiten la construcción y supervivencia de un pueblo en su lugar de asentamiento; con el paso de los años estos factores han hecho que se la tradición se mantenga, pero evolucione. A esto se le suma lo que dice Rafaela Macías Reyes (2014):

“Al estudiar la tradición se observa la presencia de lo residual en la memoria de los actores sociales que aún viven, pero cuyos recuerdos los unen al pasado que forman parte de su herencia cultural: en los ritos religiosos católicos que superviven dentro de los grupos portadores: y los prejuicios existentes en las mentalidades del presente con relación a los mismos, a pesar del discurso acerca de la libertad de los cultos y las creencias” Macías Reyes (2014:618).

Esto evidencia el papel fundamental que tiene la memoria grupal e individual en la transmisión de una costumbre, para la permanencia de esta en el tiempo y su posterior integración a la identidad cultural de distintas generaciones.

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y repetición de una práctica. Frente a esto, Javier Arévalo (2004: 993) dice que: “La identidad consiste en la interiorización por un grupo dado de que posee formas de vida específicas. La identidad, entonces, se construye a partir de la alteridad, en el contraste cultural”.

Retomando al sujeto, su identidad individual está formada a partir de los rasgos culturales aprendidos a lo largo de su vida, entonces, podría decirse que un individuo es inconsciente de su identidad cultural, hasta que se encuentra en un ambiente social totalmente diferente al de su lugar de origen y es allí cuando empieza a reconocerse culturalmente, en las diferencias de comportamientos y costumbres que tiene con las personas que conforman el nuevo espacio que habita; salen a flote sentimientos de pertenencia, aceptación, orgullo e incluso vergüenza porque los comportamientos arraigados y articulados en la forma de ser pueden ser aceptados o rechazados por la comunidad externa; tal como dice Carlos Herrejón Peredo: “La persona se construye por lo que le viene dado al nacer y al criarse, y se construye en procesos temporales por la asimilación de ese patrimonio original y de todas sus experiencias posteriores que implican un sinnúmero de cambios” Herrejón Peredo (1994:143).

Con lo mencionado anteriormente, el grupo legitima y normaliza un comportamiento o práctica que condiciona la convivencia entre sus integrantes. Además, el desacato a las condiciones impuestas en el grupo, significa la exclusión del infractor. Frente a esto, Carlos Herrejón Peredo (1994) afirma que:

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Frente a lo anterior, María Madrazo Miranda (2005) sostiene que:

“El grupo humano es el responsable de conservar y seleccionar los contenidos de las transmisiones, es quien controla y establece los mecanismos de repetición: procesos de adquisición y memorización, así como situaciones y contextos de interacción social en que se manifiesta la tradición.” Madrazo Miranda (2005:125).

Entonces se puede decir que la identidad de un grupo social es el resultado de la diversidad individual y subjetiva que lo integra, de la que nacen una serie de acuerdos y concesiones reguladas comunitariamente, interiorizadas y replicadas con la mayor frecuencia posible. Dicha identidad no se puede separar de la cotidianidad comunitaria.

Hasta este punto se puede establecer que la cultura es un constructo social consensuado que se encuentra en constante cambio. De acuerdo con Herrejón Peredo (1994) el sujeto es formado y condicionado a vivir bajo las costumbres del grupo; pero desde la subjetividad, un individuo puede aportar nuevos elementos a la identidad cultural del grupo; sin embargo, el mismo Herrejón Peredo (1994) y María Madrazo Miranda (2005), afirman que en el grupo se clasifican las actividades para acoplarla a su estilo de vida y así convertirlas en doctrina para las siguientes generaciones. Por último, apoyados en lo que dice Olga Lucía Molano (2007) se puede afirmar que la memoria individual y colectiva, es un factor relevante para mantener viva la identidad cultural de un grupo social a lo largo del tiempo; los actores sociales de los grupos enseñan a las nuevas generaciones desde la subjetividad de sus vivencias y las doctrinas de enseñanza en un grupo apelan a la memoria colectiva tal y como lo expone Macías Reyes (2014).

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no son elementos estáticos, sino entidades sujetas a permanentes cambios, están condicionadas por factores externos y por la continua retroalimentación entre ambos”.

Por otra parte, Manuel Esmoris (2014) define patrimonio como: “la herencia compartida entre personas de bienes materiales (inmuebles o muebles) e inmateriales que son seleccionados por algunas de estas dimensiones: sentido de identidad, estéticos / artísticos, etnográficos pues la distancia temporal es imprescindible para que haya patrimonio.” Esmoris (2014:3). Este patrimonio puede ser clasificado como local, nacional e incluso mundial, dependiendo de los intereses y los grupos humanos que representen. Un ejemplo de patrimonio mundial, son las pirámides de Egipto; en el caso de Colombia, las murallas de Cartagena son patrimonio nacional y en el ámbito local las procesiones de Semana Santa realizadas en Ciénaga de Oro – Córdoba son consideradas como patrimonio por el departamento.

Relacionado con lo anterior, Javier Marcos Arévalo (2004) expone que:

“El patrimonio, remite a símbolos y representaciones, a los “lugares de la memoria”, es decir, a la identidad. Desde este punto de vista el patrimonio posee un valor étnico y simbólico, pues constituye la expresión de la identidad de un pueblo y sus formas de vida. El patrimonio reviste formas ideológicas: por una parte están las Bellas Artes, caracterizadas por la singularidad y especialmente valoradas por la estética y la antigüedad; y por otro lado, la Cultura Popular (el patrimonio modesto), lo común, propio de los sectores subalternos.” Javier Marcos Arévalo (2004:929).

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“Aquella que necesita de educación formal sistemática y especializada en quien ejerce la creación y producción. Desde la apreciación, los productos de alta cultura requieren un receptor con particular predisposición y acumulación de información y experiencia cultural, debido a la «mayor» complejidad de los bienes en relación con los populares.” Manuel Esmoris (2014:3)

Mientras que la cultura popular es aquella que se adquiere empíricamente, que nace de la creatividad del sujeto sin tener ningún condicionamiento académico que restrinja su actuar, solo la regulación grupal decide los límites de su arte o práctica. Con respecto a la alta cultura y la cultura popular, Arévalo (2004) hace una comparación entre las prácticas de alta cultura con su equivalente en la cultura popular:

“Frente a Arquitectura Monumental...Arquitectura Popular Literatura Culta (escrita)...Literatura Popular (oral) Arte...Artesanías

Religión...Religiosidad Música...Música Popular

Creencias... Supersticiones” Arévalo (2004:930)

Desde la mirada histórica, “patrimonio” es un concepto que ha evolucionado con el paso del tiempo, desde su origen, luego de la revolución francesa, ha pasado de ser un término que hace referencia a lo infraestructural (monumentos o lugares) o lo artístico (Escultura y pintura), a tener una connotación más simbólica, intangible, como las costumbres o tradiciones de un pueblo.

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estructura física a pesar del paso de los años; mientras que el patrimonio intangible o inmaterial, es el conjunto de costumbres, saberes, leyes, normas o comportamientos que caracterizan a una comunidad o pueblo y que facilitan su relación con el entorno, como lo son la tradición oral, las danzas, la música, los rituales religiosos o medicinales, entre otros.

(La UNESCO) estableció que:

“El patrimonio inmaterial abarca los procesos adquiridos por las personas junto con las competencias y la creatividad heredadas y que continúan desarrollándose, los productos que manufacturan, los recursos, el espacio y otras dimensiones de corte social y natural necesario para que perduren e inspiren dentro de sus comunidades, un sentimiento de continuidad y nexo con las generaciones procedentes; ello revierte en una importancia crucial para la identidad, salvaguardia, diversidad cultural y creación de la humanidad”. Conferencia General, UNESCO (2001)

Fundamentados en los autores podemos decir que el patrimonio es una herencia compartida, material o inmaterial que tiene gran relevancia para la identidad cultual de una comunidad. Por una parte, el patrimonio material es el resultado de la creación humana apoyada en la naturaleza, es así como las comunidades emplean herramientas o lugares como elementos para facilitar la supervivencia y con el paso del tiempo se van a volver parte del diario vivir del grupo y van a evolucionar para pasar de herramientas a elementos que permiten el entretenimiento o el esparcimiento individual o grupal.

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Dentro de una comunidad, la identidad cultural se desarrolla a partir de la relación sujeto-entorno, y en casi todos los casos, es el territorio lo que caracteriza los estilos de vida y las prácticas culturales del grupo, llegando al punto de impulsar su desarrollo socioeconómico. Frente a esto, Molano (2007) dice que:

“La cultura tiene gran relevancia en el progreso territorial de los pueblos, tanto así que algunos revalorizan lo cultural, lo identitario y lo patrimonial para potenciar el desarrollo económico de su comunidad; todo esto conlleva a repoblar áreas rurales y potenciar acciones que mejoren la calidad de vida en la comunidad.” Molano (2007: 74)

Lo citado anteriormente, se aplica en el trabajo de Carrasquilla Baza (2010) en el que abarca el folclor de la región sabanera en la costa norte colombiana, como un elemento que le permite a la comunidad contemplar su identidad cultural y concientizarse de la importancia que esta tuvo y tiene en la construcción de su pueblo. El autor hace hincapié en las raíces folclóricas de ascendencia indígena y africana de Sucre y expone que distintas vertientes musicales nacientes en esta región como la cumbia y el porro, se popularizaron. Sin embargo, esto significó el abandono de otras prácticas que tenían como eje central la tambora y la gaita; frente a esto, se promovieron festivales que realzaban los ritmos menos populares, trayendo como consecuencia la resignificación de estas prácticas y el desarrollo económico y cultural de Tamalameque y Oveja (Sucre).

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estos relatos orales jugaron un papel fundamental durante la migración, ya que lo que buscaban era la recuperación de su territorio, pues, con la colonización española, esta comunidad fue desplazada desde el Piedemonte amazónico, hasta la región andina colombiana.

López Cortés (2016) hizo una comparación de los registros documentales dejados por los españoles, frente a los relatos que hacían parte de la identidad cultural en la comunidad indígena, revisando meticulosamente las concordancias e incongruencias; llegó a la conclusión de que los documentos españoles estaban equivocados, ya que, atribuían la pertenencia de algunos sectores baldíos del piedemonte amazónico a personas que nunca habitaron por la región, mientras que las narraciones indígenas describían aspectos geográficos y lugares representativos en los cuales habitaron sus antepasados, dándole veracidad a sus reclamos por las tierras que por derecho ancestral les pertenecían.

Los tres casos expuestos anteriormente muestran cómo la identidad cultural juega un papel importante para el desarrollo económico, territorial y patrimonial dentro de una comunidad. Por un lado, en Sucre, el potenciar el folclor y concientizar a la comunidad de su importancia, generó mayor afluencia de personas nativas y extranjeras y con esto un mayor crecimiento en el sector económico, reivindicando la herencia musical de sus antepasados y evolucionando las prácticas culturales, a tal punto de llevarlas a ser patrimonio inmaterial de la región.

Por otra parte, la perseverancia, la preservación de su identidad cultural y los relatos ancestrales, permitieron a “Los Pastos” recuperar sus tierras y mejorar su calidad de vida en el piedemonte amazónico.

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18 2.2. Tradición Oral

Anteriormente, se dio una breve conceptualización sobre identidad cultural; uno de sus principales componentes es la tradición oral, término que abarcaremos en este apartado con la intención de desglosar sus características y qué la hace tan importante al momento de tratar los rasgos culturales de una comunidad, pero no se puede hablar de tradición oral sin antes explicar la oralidad.

La oralidad es un instrumento básico para la construcción de sociedad, que desde su aparición en el desarrollo humano ha facilitado los procesos de comunicación, intercambio de ideas, gustos, deseos y sentimientos, dando así origen a nociones como significante y significado, que no son más que herramientas utilizadas por el hombre para conceptualizar su abstracción y relación con el mundo que lo rodea. La capacidad comunicativa en la oralidad es un factor fundamental, ya que a partir del uso de palabras de fácil recordación, se puede mantener por décadas e incluso siglos relatos sobre acontecimientos, tradiciones, costumbres o conocimiento, como asevera Sara Vallecilla (2010):

“En la cultura oral, el sonido determina los procesos de pensamiento y la palabra se convierte en un modo de acción por lo que esta, a su vez, posee un gran poder. La oralidad, tiene como aspectos fundamentales, la repetición y el ritmo ya que es por medio de estas que el pueblo tiene la capacidad de memorizar y recordar, pues la experiencia es intelectualizada mnemotécnicamente (memoria); las historias orales populares no existen en otro lugar sino en la mente. Por esta misma razón, los cuentos de tradición oral están llenos de epítetos y exageraciones que permiten mantener al oyente y, al mismo tiempo al hablante, en una misma sintonía.” Vallecilla Lizarralde (2010: 31)

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el oyente quien califica y regula los contenidos que ofrece el hablante, ya que a través de la aceptación o crítica del contenido expresado, es que se siguen reproduciendo los relatos de una persona a otra e incluso de una generación a otra. En este sentido, Isabel Contreras (2005) expone que:

“La oralidad comprende una gama de expresiones narrativas que no disponen de libros para su vigencia, ya que su experiencia yace y se mantiene en la memoria de sus participantes… La oralidad es, entonces, palabra viva; cobra sentido en el acto mismo de ser contada, pronunciada y registrada en la memoria de sus narradores; es la manera como los pueblos la recuerdan y la conservan” Contreras (2005: 7)

El relato no está exento a sufrir modificaciones con el paso del tiempo, bien sea que se le agreguen partes exageradas o se le quiten detalles irrelevantes, dándole así una caracterización mágica, que acude al uso de la imaginación para la rememoración y reconstrucción de lo contado. Esto con el fin de generar asombro en la persona que se encuentre por primera vez con esa construcción narrativa. Es importante resaltar que el orador crea relatos a partir de su contexto sociocultural, con el fin de reseñar los sucesos importantes que afectan directa e indirectamente a su comunidad, por esta razón se facilita la recordación de dichos relatos; con base en esto, hay que aclarar que los relatos pueden estar llenos de exageración y principalmente de autoexaltación. Es allí donde figura el etnocentrismo, que consiste en mostrarse a sí mismo con superioridad frente a los demás individuos o comunidades.

Con respecto al etnocentrismo, Ramírez Vargas (2009) expone que:

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Sin embargo, es a partir del etnocentrismo que se desarrollan los rasgos identitarios y diferenciadores apoyados de la oralidad, los cuales dan forma a un constructo social que se caracteriza por tener unos comportamientos, costumbres, tradiciones determinados. En el momento de transmitir esto a las siguientes generaciones, nace el concepto de tradición oral, aquella encargada de mantener viva la identidad cultural de una comunidad específica.

Para algunas culturas basadas en la oralidad, no es necesario utilizar la expresión gráfica de sus conocimientos para que estos perduren en el tiempo, debido a que desarrollan una capacidad retentiva que es potenciada por la tradición oral y utilizan mecanismos sistematizados en su estructura social para educar a los más pequeños y reafirmar en los más grandes la cosmovisión que tienen los líderes de la comunidad a la que pertenecen. Nancy Ramírez Poloche (2012) afirma que:

“La lengua oral ha sido catalogada por diversos autores como más expresiva y más práctica, pero menos estable en comparación con la escrita. (…) con la oralidad iniciamos las relaciones cotidianas de intercambio con los demás y las mantenemos.” Ramírez Poloche (2012: 131-132)

Walter Ong da una visión más profunda sobre la oralidad en la sociedad actual: “Oralidad primaria, se refiere a la oralidad de una cultura que carece de todo conocimiento de la escritura o de la impresión. Es 'primaria' por el contraste con la 'oralidad secundaria' de la actual cultura de alta tecnología, en la cual se mantiene una nueva oralidad, mediante el teléfono, la radio, la televisión y otros aparatos electrónicos, que para su existencia y funcionamiento, dependen de la escritura y la impresión” Ong (1996: 21)

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comunicarse de forma oral con sus estudiantes para poderles explicar una multiplicación o una división. Frente a esto, Eric Havlock (1996) dice que;

“El ser humano natural no es escritor, ni lector, sino hablante y oyente […]Desde la perspectiva del proceso evolutivo, la escritura, en cualquier etapa de su desarrollo, es un fenómeno advenedizo, un ejercicio artificial, una obra de la cultura y no de la naturaleza, impuesta al hombre natural” Havlock (1996: 37).

En torno a la oralidad, podemos concluir que es una función comunicativa básica en los seres humanos, empleada para la supervivencia y que conllevó a la construcción de sociedad; a partir de la creación de comunidad, el hombre utilizó la palabra para expresar pensamientos, sentimientos, reglas o procesos de supervivencia, desarrollando una capacidad de memorización para poder repetir dichas normas, como expone Vallecilla Lizarralde (2010). Por otra parte, Contreras (2005) nos enseña que para la memorización de los relatos son necesarias una serie de características esenciales en el orador, como el ritmo, la dicción y la entonación para que el oyente interiorice fácilmente la narración.

Las figuras literarias como la hipérbole, la metáfora, el símil, entre otros, cobran mayor importancia cuando el relato es pronunciado ya que otorgan sorpresa y asombro al mismo; estas figuras retóricas son explotadas en muchos casos cuando se narra la historia de un pueblo, para exaltarlo y sobreponerlo entre los demás, lo que es denominado por Ramírez Vargas (2009) como etnocentrismo.

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Luego de abordar los elementos más relevantes de la oralidad, nos centraremos en el la tradición, cuyo origen etimológico viene del vocablo latín traditio, que a su vez procede del verbo tradere, lo que significa entregar o transmitir.

Para que el legado de un pueblo perdure es necesario instaurar en las nuevas generaciones el conocimiento sobre su origen y las prácticas que ayudaron a sus antepasados a sobrevivir en su territorio; entonces se puede decir que la tradición es la transmisión de generación en generación del conocimiento sobre hechos que marcaron la historia de un lugar, las características y comportamientos de una comunidad o individuo, para facilitar la relación de las nuevas generaciones con el entorno y con esto hacer que un pueblo progrese.

Se puede hablar de tradición en distintos campos dentro de lo social, existen tradiciones religiosas, festivas, gastronómicas, entre otras. Todo esto va formando la identidad cultural de una comunidad; sin embargo, hay que aclarar que no todas las tradiciones subsisten con el paso de los años, estas se van modificando para adaptarse a las necesidades y los cambios sociales que existan en la época. Rafaela Macías Reyes (2014) define la tradición como una acción repetida a lo largo del tiempo y que está acompañada de una serie de características que generan sentimiento de pertenencia en un grupo.

“La tradición, es la expresión de una actividad que se ha repetido de generación en generación, y expresa un tipo específico de actividad acompañada de un vocabulario determinado, expresiones corporales, vestuario específico de un escenario participativo, de una fecha y se convierte en un elemento que aglutina a los grupos humanos, un elemento de participación cultural, sensibilidad y sentimiento de pertenencia.” Macías Reyes (2014: 618).

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“la tradición es un proceso de transmisión, que viene del pasado al presente, se realiza mediante una cadena de repeticiones que no son idénticas, sino que presentan cambios e innovaciones, y se van acumulando para crear lo que sería la gran tradición, un acervo reunido a lo largo de las repeticiones y que abarca las diferentes versiones de la transmisión. El estudio de cualquier tradición requiere del conocimiento del entorno físico y el contexto cultural en donde ésta se presenta.” Madrazo Miranda (2005: 123)

Con base en lo que dice Madrazo Miranda (2005), se puede concluir que la tradición es la repetición de una serie de actos que caracterizan la identidad cultural de una comunidad, dichos actos se adaptan a los contextos generacionales para crear una interacción y un sentido de pertenencia del individuo dentro la comunidad y en esto intervienen distintos actores sociales. Esto se reafirma en lo que expone Marcos Javier Arévalo (2004)

“Si la tradición es la herencia colectiva, el legado del pasado, lo es también debido a su renovación en el presente. La tradición, de hecho, actualiza y renueva el pasado desde el presente. La tradición, para mantenerse vigente, y no quedarse en un conjunto de anacrónicas antiguallas o costumbres fósiles y obsoletas, se modifica al compás de la sociedad, pues representa la continuidad cultural.” Arévalo (2004: 926)

Estas posturas contrastan con lo que afirma Gérard Lenclud (1987: 113): “No es el pasado el que produce el presente, sino el presente que da forma a su pasado.”, aclarando que si bien la tradición es la repetición de los actos del pasado, depende de la sociedad en el presente la selección y aceptación de dicho pasado. En otras palabras, el pasado que se refleja en las tradiciones, tuvo que filtrarse por unos procesos meticulosos de selección, adaptación y apropiación por parte de la sociedad en el presente.

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medios para afirmar su diferencia y, por lo tanto, para establecer su autoridad […] la tradición integra el pasado y el presente en el futuro en vez de sustituirlo.” (1987: 115).

Lo tradicional es aquel remanente en la memoria colectiva o individual de los adultos y adultos mayores, quienes mantienen viva su herencia cultural acudiendo a la creatividad para complementarla con su diario vivir. Es así, como el presente se convierte en un legado cultural, en un progreso que se transforma constantemente y va dando forma al mundo sociocultural de una comunidad.

Arévalo (2004) afirma que:

“Lo tradicional, en general, es propio -aunque no en exclusiva- de las clases y sectores sociales rurales (clases bajas, especialmente agrícolas o campesinas) y de los obreros en el medio urbano. Pero la tradición existe en todas partes. Todos los grupos sociales, urbanos o rurales, tienen tradición. En la ciudad también se dan expresiones tradicionales provenientes del mundo rural a través de la emigración. Es decir, existe una cultura tradicional, más allá de la ruralía, en el medio urbano. Lo que del pasado queda en el presente eso es la tradición.” Arévalo (2004: 927)

Es importante reiterar que no todo lo pasado se convierte en tradición, solamente aquellas prácticas o costumbres que son aceptadas socialmente en el presente y que sirven de alguna forma para fundamentar el progreso de la sociedad o comunidad.

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Jorge Homobono Martínez (1990) agrega que la tradición se convierte en un ritual, que implica normas, valores y comportamientos repetitivos que le dan continuidad a prácticas selectivas del pasado y es por la “promesa de continuidad”, que las generaciones sucesivas acuden a la tradición como método de enseñanza y aprendizaje.

“El ritual y el festejo ritualizado ejercen una función didáctica más o menos explícita, mediante la dramatización-simbolización de un referente mítico o histórico. Pero, por otra parte, la noción de tradición utilizada para configurar simbólicamente una identidad y diferencial no se corresponde necesariamente con las costumbres o persistencias culturales del pasado histórico, sino también con una tradición inventada o creada con fines de inculcación ideológica o catequética.” Homobono Martínez (1990: 50).

Cuando la tradición se vuelve popular, esta a su vez va tomando forma de folklore. Según Luis Diaz Viana (1987) “la danza ritual que era ejecutada en un ámbito comunitario dentro del cual todos se sentían partícipes, se convierte en teatro folklorizante o remedo de ballet; en algo bien distinto, por su sentido y función, a pesar del esmero con que puedan reproducirse los detalles extremos” Diaz Viana (1987: 14); agrega que la cultura popular es de todos, incluso de las élites sociales, que lo popular presenta distintos tipos de folklore, diferenciándose solamente las características que lo adornaron (características rurales, orales, religiosas, etc.). Hasta aquí nos queda claro que la tradición es un conjunto de comportamientos y prácticas que se repiten a través del tiempo; sin embargo, la tradición se va adaptando a los cambios sociales que hay de generación en generación.

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Para finalizar, Homobono Martínez (1990), nos muestra que lo tradicional no solo representa la identidad cultural, en muchos casos también es utilizada para modificar comportamientos o manipular ideológicamente a las comunidades

Dejando claro los conceptos de oralidad y tradición, podemos pasar a hablar sobre tradición oral. La tradición oral es una forma de transmitir conocimientos de generación en generación por medio de cuentos, mitos, leyendas, refranes, que recrean historias y vivencias de nuestros antepasados con la intención de dejar enseñanzas o formar a los individuos de una comunidad.

La tradición oral es el acto comunicativo que permite a las personas transferir distintos conocimientos a las generaciones futuras. Esta trasmisión va moldeando la identidad cultural de las comunidades generando un sentido de apropiación por lo transmitido oralmente y con esto sentimientos de pertenencia o exclusión del grupo.

Dentro de una comunidad, las personas con mayor experiencia en la interacción con el mundo, asumen el papel del comunicador o emisor de conocimientos y los más jóvenes son quienes ocupan el papel del receptor. Con esto, las comunidades se pueden organizar jerárquicamente al momento de instaurar conocimiento y delegar oficios.

Los mitos, leyendas, refranes, chistes, retahílas, oraciones, conjuros canciones, adivinanzas, entre otros recursos, son utilizados en la tradición oral como elementos lúdicos y didácticos para que los receptores decodifiquen y comprendan de mejor manera los mensajes entre líneas que tiene cada relato.

La UNESCO define tradición oral como: “el conjunto de todos los tipos de testimonios sobre el pasado que son transmitidos verbalmente por un pueblo” (UNESCO, 2006); por otra parte, Jan Vansina (1985) afirma que:

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los productos son mensajes que tienen sus raíces en otros mensajes que para llegar a considerarse como tradición deben tener una edad de al menos una generación.” Jan Vansina (1985: 27,28)

La tradición oral es entonces un conjunto de construcciones verbales que fueron filtradas a lo largo del tiempo como mínimo por una generación, con la intención de mantener el legado de un conocimiento o alguna práctica característica de una comunidad.

Margarita Ramírez Vargas (2009) sostiene que la tradición oral abarca:

“Todos aquellos acontecimientos, hechos, testimonios, historias, cuentos y costumbres transmitidos verbalmente. Es una fuente de aprendizaje, pues contiene información de diferentes áreas como: historia, mitos y textos sagrados, tecnología, instituciones políticas, ritos y música. La tradición oral tiene valor histórico y es fuente de valores culturales, de los cuales surgen las identidades nacionales y regionales.” Ramírez Vargas (2009:13)

Marisela Jiménez (2017) también agrega que:

“Sin la tradición oral no se hubiera efectuado la transmisión de conocimientos y por ende, el uso y la propagación de, las tradiciones, advertencias y consejos, las leyes y las costumbres, entre otros, claves para la supervivencia de la especie humana. La riqueza cultural es posible así mismo, por la gama de matices relacionales, la relación entre visitantes y pobladores, la riqueza étnica y cultural.” Jiménez (2017: 301)

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un gran margen de error al momento de replicar la información, ya que la memoria humana no está exenta de fallos y confusiones.

Siguiendo la misma línea, Carlos Montemayor (1998:7) define la tradición oral como “un sistema de organización literaria, un método de composición o versificación que permite formalizar ciertos elementos rítmicos, temáticos, lógicos, metafóricos, a partir de los cuales es posible crear modelos que se puedan engarzar en forma rítmica, metafórica o temática para construir sin escritura obras complejas”.

De esto se puede deducir que la tradición oral se convierte en un elemento cultural cuya función principal es transmitir saberes ancestrales a través de la palabra, con la finalidad de mantener en el tiempo las características de un pueblo, punto en el que concuerdan los autores, agregando que a partir de los relato orales, se fundamenta la historia que hoy en día conocemos sobre distintas comunidades. La tradición oral implica procesos mentales que le permiten al individuo desarrollar un sistema de claves y tácticas para la memorización; además, le da al individuo una apertura mental y creativa para mantener la reproducción de historias y relatos. La tradición oral también puede ser escrita, por ejemplo: caperucita roja o la llorona. Esto sucede cuando se hace una recopilación de relatos con la intención de evitar que se pierdan a lo largo del tiempo.

Dentro de la tradición oral, a consideración de nuestra experiencia, el orador juega un papel muy importante, pues depende de él que el mensaje sea recibido de forma adecuada, por esta razón los emisores de la narración, generalmente son adultos mayores, ya que por su edad tienen más experiencia en la mayoría de labores, lo que genera convicción por parte del receptor; además, en las culturas ancestrales, los ancianos representan una figura de autoridad y tienen una cosmovisión más amplia.

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permanece una estructura prácticamente homogeneizada que es la de ‘inicio’, ‘nudo’ y ‘desenlace’ y los personajes cambian de nombre o forma, pero se mantienen la representaciones icónicas del héroe y el villano, y casi siempre los relatos tienen finales felices.

En contraste con Rada Serpa (2019, sep 09), Ángel Hernández Fernández (2006) dice que las narraciones orales de ficción como cuentos, tienen la posibilidad de ser moldeados al antojo del orador, ya que no tienen la necesidad de aportar datos, fechas o características exactas de sus protagonistas. Sin embargo, en otros géneros orales como la leyenda, se hace indispensable la mención de algunos rasgos para darle forma al relato. En estos casos el orador tiene cierta limitación para modificar la estructura del relato.

“El cuento de ficción suele comenzar con una fórmula introductoria que alude a un espacio y tiempo inconcretos y remotos, y terminar con un dicho que cierra rotundamente la narración. El narrador de la leyenda aporta desde el comienzo una serie de informaciones acerca de las personas que intervienen en el relato, la fecha, la fuente o el lugar en que ocurrieron los acontecimientos, elementos que actúan como marco de la narración y que pueden repetirse al final de ésta para proporcionarle veracidad.” Ángel Hernández Fernández (2006:70)

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En su artículo, Diana Toro Henao (2014) abarca la tradición oral como una forma artística caracterizada por una estética que la diferencia de obras literarias netamente escritas; propone una metodología de análisis para las formas artísticas orales, o como las denomina la autora etnotextos, con la finalidad de analizar características superficiales de los relatos, factores de espacio, tiempo, caracterización de personajes, características del orador y sus formas de presentar la narración, entre otros; también, propone analizar los trasfondos de las narraciones, la cosmovisión de la comunidad, la relación del hombre con su entorno, las acciones de tipo moral, la relación del hombre con las divinidades, las relaciones ente familia, política, cultura, historia, economía entre otras.

Hasta aquí, resaltamos la concepción que tiene Toro Henao (2014) sobre la tradición oral o etnotextos como forma artística y hacemos hincapié en el papel del orador como dador de forma y sentido al relato, aportando sus dotes vocales e imaginarios, los cuales pueden seguir o no un orden específico para narrar una historia que puede representar la postura de un grupo social frente a la política, religión, familia, etc.

Por otra parte, Darío Gómez Sánchez (2017) ubica las literaturas precolombinas entre lo ancestral y lo colonial; asegura que existe una brecha importante entre la tradición oral y las sociedades. En su opinión, la literatura (de tradición) oral implica un contrasentido o, en el mejor de los casos, es considerada una expresión antropológica cuyas características no son asimilables en el campo de los estudios literarios: el contenido mítico-religioso; el carácter ritual-grupal; la preponderancia de rasgos proxémicos, quinésicos y prosódicos; además de la funcionalidad en la memoria colectiva, todo esto entra en conflicto con un pensamiento letrado que define la literatura como una práctica de escritura individual, organizada por géneros e identificada por su contenido predominantemente ficcional.

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conforman la tradición oral y que esto permita entender por qué es válido clasificar la oralidad como literatura. El autor llega a la conclusión de que “lo precolombino es más un sustrato que una entidad, es decir, una base sobre la cual se construye el corpus de textos escritos que identificamos como precolombinos; lo que no implica la ausencia de una dimensión estética o literaria anterior a la escritura colonial y presente en la oralidad ancestral”. Sin embargo, Toro Henao (2014) expone la tradición oral como un factor folclórico que apela a la memoria colectiva como elemento que crea identidad cultural.

Según Marisela Jiménez (2017) la tradición oral trasciende de lo individual a lo grupal y depende directamente de la memoria colectiva para la aceptación o exclusión de un relato como elemento característico de su identidad cultural.

“La tradición oral transmite la conciencia, no de los individuos, sino de la comunidad; no vivencias personales, sino una herencia que se ha hecho colectiva con el tiempo. El entorno comunitario y sociocultural es lo que le da sentido a este flujo de información diacrónica. Por ello, el imaginario social que llamamos tradición, es parte sustancial de las identificaciones que nos forman como pueblo y como individuo” Jiménez (2017: 301).

Por otra parte, para José Luis Garcés Gonzáles (2002: 243), la tradición oral forma una posición frente al individuo y frente a la sociedad anclada en la historia y filosofía y divide la tradición oral en dos vertientes. La primera es la tradición oral ‘fiel’, aquella que se aprende de memoria y se transmite tal cual es y la segunda es la tradición oral ‘libre’, donde cada quien puede agregar o quitarle partes al relato original, para transmitirlo como quiera.

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enseñanza y preparando al individuo para los retos que puede enfrentar a lo largo de su vida.

Reafirmando lo anterior, una publicación en línea realizada por la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) exalta la importancia de la tradición oral dentro de la construcción de comunidad y sociedad:

“La importancia de recurrir a la tradición oral radica en que es un elemento básico y referencial al mismo tiempo, la vuelta a los ancestros, el orden, la ley... la dialéctica entre lo nuevo y las raíces... determinan una forma de ver la realidad en cada momento, se adecuan a las formas, filosofías y maneras de pensar de cada tiempo y son, de alguna forma, los cronistas que nos permiten conocer y entender cómo han ocurrido los hechos de los últimos cien años.” (UNAD, 2011)

En Latinoamérica, las principales tradiciones fueron marcadas por el ámbito religioso y la colonización ideológica por parte de España, pero, según Macías Reyes (2014), las tradiciones: “fueron perdiendo este carácter después del triunfo revolucionario y adquirieron matices laicos, en los que predomina la intención recreativa, la patriótica, y donde la unidad doméstica de vida íntima y actividad social se reproduce con la participación unida de la familia” Macías Reyes (2014: 618), dando paso a que lo tradicional, se volviera popular y se expandiera por los territorios a otras comunidades o sociedades. También añade, que en la mayoría de los casos los integrantes del grupo social son ignorantes de lo que representan dichas costumbres en la diversidad cultural de una sociedad y que “en muchas ocasiones personas de zonas aledañas a la comunidad son las que crean discursos idealizados de estas costumbres.” Macías Reyes (2014: 618)

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distintos países de Centro y Suramérica. Con este mestizaje cultural, cada grupo aportó una característica importante para la creación de lo que actualmente se conoce como tradición oral latinoamericana, esto se puede reflejar en el misticismo indígena y su estrecha relación con el entorno que los rodea, pasando por la espiritualidad española fundamentada por el cristianismo, hasta los rituales africanos, su dialecto y los ritmos que acompañaban las narraciones, para después evolucionar a conformar la jerga de las comunidades precolombinas. Frente a esto, Víctor Montoya (2008) explica que:

“los folklorólogos detectaron que las fábulas de origen africano, aunque en versiones diferentes, se contaban en las minas y las plantaciones donde existieron esclavos negros; los cuales, a pesar de haber echado por la borda a los dioses de la fecundidad para evitar la multiplicación de esclavos en tierras americanas, decidieron conservar las fábulas de la tradición oral y difundirlas entre los indígenas que compartían la misma suerte del despojo y la colonización.” Montoya (2008:47)

En la cultura oral latinoamericana se pueden encontrar narraciones que tienen como personajes principales a los animales o a la naturaleza. Estos relatos se centran principalmente en educar e instaurar valores como la lealtad o la honestidad. Margarita Ramírez Vargas (2009) describe que: “Los animales son los personajes principales y se comportan como seres humanos. Su función principal es divertir, aunque llevan consigo alguna lección: no se debe ser envidioso, no se debe mentir.” Ramírez Vargas (2009:18).

Ramírez Vargas (2009) hace otra clasificación de los relatos orales en América Latina:

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mejor suerte que el rico o poderoso. Nos causan risa y gracia, porque fácilmente nos identificamos con ese personaje pícaro, que no es malvado, pero que su astucia lo hace sobresalir. Los cuentos humorísticos son característicos de la población mestiza.” Ramírez Vargas (2009:18).

Los relatos de tradición oral en Latinoamérica se fueron pasando de generación en generación y durante esos procesos de traslación algunos desaparecieron; sin embargo, esto se acabó debido a los letrados españoles o criollos, quienes decidieron transcribir las narraciones, tal y como lo dice Víctor Montoya (2008):

“La tradición oral latinoamericana, tuvo innumerables Iriartes, Esopos y Samaniegos que, aun sin saber leer ni escribir, transmitieron las fábulas de generación en generación y de boca en boca, hasta que aparecieron los compiladores de la colonia y la república, quienes, gracias al buen manejo de la pluma y el tintero, perpetuaron la memoria colectiva en las páginas de los libros impresos, pasando así de la oralidad a la escritura y salvando una rica tradición popular que, de otro modo, pudo haber sucumbido en el tiempo y el olvido.” Montoya (2008:47)

Gracias a eso, estos relatos quedaron registrados y abiertos a la consulta de los ciudadanos, logrando mantenerse hasta la época actual, donde han sido musa de inspiración para distintas expresiones de arte en la actualidad, así lo presenta Gabriel Cocimano (2006):

“En la actualidad las múltiples manifestaciones orales no sólo se producen en los sitios más remotos, sino también en las grandes ciudades. El teatro, la poesía, las canciones y las telenovelas –un producto proveniente de la oralidad, apropiado por la maquinaria cultural– son todas manifestaciones de esa simbiosis.” Cocimano (2006:24)

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escribir, por ende la oralidad se convirtió en la herramienta adecuada para poder plasmar sus sentimientos y las situaciones que vivían a diario. Con respecto a esto, Diana Toro Henao (2011) hace una distinción entre los orígenes de la tradición oral colombiana:

“La oralitura afrocolombiana y la oralitura indígena se comprenden como las formas artísticas exclusivamente orales de las comunidades indígenas y afrodescendientes del país. La tradición oral de ascendencia hispánica, por su parte, se entiende como las formas artísticas exclusivamente orales españolas que son recreadas y modificadas en Latinoamérica gracias a las interrelaciones con otras culturas.” Toro Henao (2011: 268)

Lo expuesto anteriormente es complementado con lo que Nina S. De Friedemann (1996) expone:

“En Colombia, la historia oral, empieza a ser considerada como una fuente para la historiografía no solo de los aborígenes y sus descendietes, sino de los descendientes de esclavos, gentes y comunidades afrocolombianas, que estuvieron privadas de escribir sus memorias, sus sentimientos, sus conceptos.” Nina S. De Friedemann (1996: 22)

Todas estas narraciones orales se convirtieron en una forma de crear contextos socioculturales para comprender el funcionamiento interno de las comunidades. Por ejemplo, en Córdoba los cuentos costumbristas de Guillermo Valencia Salgado (2014); en una serie de relatos, el fallecido escritor describe cómo enfrentaba el pueblo cordobés las situaciones adversas que enfrentaban a diario.

“Así como son los chuzo de montiá en Semana Santa, atravesando las tranca

en dirección del pañol me llegó el sonío de un pito. Era el cacho de Francisco que avisaba la desgracia: puuuuu, puuuuuuu, puuuuu…

Me quité el sombrero y dije: ¡Murió mi compae’ Rumaldo! Ya lo había presentío

la noche aquella en que toaj las gallinas del totumo

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36 “pobrecita de Tomasa-

Respondió mi compañera- Ahora sí se queda sola

como alma en pena en su casa”.

“¡Sí mija.

Ya mi compadre Rumaldo, al fin estiró la pata!”.

Y curucuteando en el monte como con punta de garabato el cacho seguía avisando: puuuuu, puuuuu, puuuu. y por entre los florisantos, el eco también pitaba: piiiiiii, piiiii, piiiiiiiii.

Ya es hora de dar el pésame. Sácame la ropa blanca. Pésame, pero bien pesao Una cuartilla de arro. Y en cascarones de mai, eso sí, bien amarrao,

pónme unos güevo e gallina, una docena de tabaco

y mételo en la mochila. Amárrame bien el saco. Hazme bien ese envoltorio, que antes de que cante el gallo tengo que está en el velorio”. Valencia Salgado (2014:61-62)

El texto anterior, es un fragmento de un cuento costumbrista titulado “Velorio Campesino” en el que el autor describe cómo una familia campesina afronta la muerte de un allegado, también evidencia cómo el grupo asiste, presenta sus condolencias, acompaña el acto fúnebre y cómo las personas aportan la comida que la esposa del difunto reparte en el velorio, lo que evidencia la unión comunitaria y la cooperación del pueblo desde la generosidad en sus hogares.

A partir de relatos como estos que se presentan a lo largo y ancho del territorio colombiano, los historiadores han podido compilar una serie de datos para poder caracterizar a los pueblos y de esta forma comprender sus ritmos de vida.

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Con los distintos cambios generacionales, la evolución tecnológica y la apertura de fronteras culturales, muchas prácticas de tradición oral han quedado en el olvido y la UNESCO ha mostrado su preocupación frente a esto:

“Los medios de información y comunicación de masas pueden alterar profundamente, o incluso reemplazar, las formas tradicionales de expresión oral. La recitación de poemas épicos que en otros tiempos necesitaba varios días puede quedar reducida hoy a unas pocas horas, y las canciones tradicionales con las que se cortejaba a la novia antes del matrimonio pueden sustituidas por discos compactos o archivos digitales de música.” (UNESCO, 2006).

Sin embargo, la misma organización afirma que si se hace un uso adecuado de las distintas herramientas tecnológicas que brindan los avances de la ciencia, es posible hablar de una reorganización de la tradición oral. Al momento de recopilar y transcribir la tradición oral, se crearía una dualidad entre lo escrito y lo oral, se podría hablar de literatura de tradición oral.

Como vimos anteriormente, la tradición oral y la identidad cultural son capaces de adaptarse a los distintos cambios generacionales que se presentan con el paso del tiempo. En la actualidad, las herramientas tecnológicas brindan el espacio propicio para que lo tradicional de un nuevo salto para su perdurabilidad, lo que sucedió anteriormente con las literaturas de tradición oral y la transcripción de los relatos, puede suceder actualmente con la digitalización de la tradición, lo que representaría una posible reproducción en masa de lo tradicional en una comunidad.

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cómo vivían sus ante pasados, un ejemplo es el uso de gafas de realidad aumentada para recrear los entornos socioculturales de las sociedades antiguas. Andrés Sampedro Fernández (1990) afirma que las rupturas culturales entre lo rural y lo urbano no nacen ahora, sino desde hace varios siglos:

“El proceso de desmoronamiento de la cultura rural tradicional se inicia con anterioridad, con la revolución industrial, con la asimilación de modelos sociales foráneos, con la implantación, entre otras cosas, de la energía eléctrica y la aparición de la radio que se va convertir en difusor de unos determinados valores y aportaciones culturales unificadoras, etc. En resumen, han sido de diversa índole los aspectos que han influido en esta hecatombe cultural.” Sampedro Fernández (1990:3).

Esta “hecatombe” como la denomina el autor, no necesariamente es mala, debido a que lo rural puede cobrar peso dentro de lo urbano si se le da el enfoque adecuado, tal y como pasa en algunas ciudades del mundo con las denominadas “huertas urbanas”, las cuales son la adaptación y normalización de un oficio rural, dentro de una ciudad.

Otro factor beneficioso para la perduración de la tradición oral como identidad cultural de una comunidad, es la cultura de las masas, ya que las distintas herramientas con las que esta cuenta, se pueden difundir a gran escala las prácticas ancestrales de un pueblo. Elementos como los medios de comunicación, las redes sociales y las distintas herramientas web, brindan la oportunidad de abrir fronteras culturales para poder mostrar al mundo las riquezas tradicionales que pueden tener las comunidades.

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2.3. Elementos de la tradición oral en Montería

Hasta aquí hemos estudiado la identidad cultural y la tradición oral como elementos característicos del desarrollo cultural, social o comunitario de un grupo en específico, pero ahora, nos vamos a adentrar en dos manifestaciones que hacen parte de la identidad cultural y la tradición oral de Córdoba – Colombia.

Para empezar, cabe aclarar que Colombia es un país con gran riqueza cultural, a tal punto de tener distintas características culturales desarrolladas a partir las actividades económicas, gastronómicas y geográficas que se practiquen en algún lugar específico; es así, como se hace una división a grandes rasgos de las regiones culturales del país en: Caribe, Andina, Amazónica, Insular y Orinoquía.

En este apartado nos centraremos en la región Caribe, específicamente en el departamento de Córdoba como lugar de estudio para la tradición oral, analizando dos de los elementos más relevantes dentro de la oralidad cordobesa, que son: la décima y los cantos de vaquería.

Como estudiamos anteriormente, la permanencia en el tiempo de un grupo social está ligada directamente a la conservación de las tradiciones que conforman su identidad cultural. En este caso, Córdoba, es un departamento caracterizado por las prácticas ganaderas y agrícolas que sostienen la economía de las familias que habitan allí.

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practicadas por los nuevos asentamientos y a partir de estas desarrollaron actividades culturales que poco a poco fueron caracterizando la identidad cultural del territorio.

Con la colonización española, se introdujeron a Colombia varias expresiones poéticas como la décima, la copla real, las redondillas, entre otras; estas formas poéticas de composición fueron utilizadas como elemento fundamental para la colonización ideológica y religiosa, ya que por su rima octosílaba consonante, era más fácil aprender lo que se entonara. Con el paso de los años y la independencia de la corona española, estas expresiones poéticas fueron evolucionando hasta hibridarse con las actividades cotidianas de los colombianos, en especial de los campesinos. Y fue así como la décima y las redondillas adoptaron letras relacionadas con el campo y las labores del diario vivir.

Las redondillas, cambiaron su nombre y pasaron a ser “cantos de vaquería” ya que los vaqueros las entonaban cuando arreaban el ganado entre grandes extensiones de tierra y la décima mantuvo su nombre, pero no su contenido, los campesinos las entonaban al momento de desmontar y arar la tierra y principalmente cuando estaban ebrios en las cantinas, cantándolas para expresar una pena de amor, alegría o alguna anécdota que los marcara.

Con el paso de los años, estas dos expresiones han sufrido cambios drásticos, a tal punto de casi desaparecer, el desarrollo tecnológico del campo, los cambios generacionales y la introducción de nuevas corrientes culturales, han significado el abandono de estas prácticas que acompañaron el desarrollo económico y social del departamento y que en la actualidad pueden ser empleadas como herramientas lúdicas para la enseñanza de la historia local.

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identidad local de los sinuanos, a tal punto de formar parte de su diario vivir; es allí donde la décima y los cantos de vaquería, se vuelven indispensables para la construcción de comunidad y la convivencia, siendo elementos fundamentales para la aceptación de un individuo dentro de un grupo humano específico.

Por otro lado, la reproducción de estas prácticas y la enseñanza de generación en generación, se fueron grabando en la memoria colectiva de las comunidades, a tal punto que se convirtieron, de alguna forma en un patrimonio inmaterial, siendo esa herencia compartida, invisible, pero está presente en la mayoría de los ámbitos dentro de su vida, la religión, la música, las anécdotas de los abuelos, etc.

En los inicios, la mayoría de las comunidades sinuanas eran analfabetas, razón por la cual, la oralidad fue un elemento esencial para la comunicación y expresiones como la décima y los cantos de vaquería se volvieron las herramientas propicias para expresar pensamientos y sentimiento, además, la rima de sus versos hacían que la construcción y recordación de historias fuera más fácil. En estos casos, los relatos estaban plagados de figuras literarias como las hipérboles, las metáforas, las metonimias, entre otras y muchas veces, las historias contenían un tinte de etnocentrismo, que aumentaba ese sentimiento de orgullo localista en los sinuanos, ayudando así a reforzar su identidad cultural y a generar diferencias marcadas con respecto a otros sectores del país, e incluso de la región.

A continuación profundizaremos sobre cada expresión de tradición oral:

2.3.1. La Décima

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“Es en la tradición oral en donde la décima se convierte en el tercer género literario de la poesía popular, que es un «género integral», múltiple en sus diversas manifestaciones y que recorre temáticamente el universo entero de la vida del hombre, sea tanto en la esfera individual como colectiva”. Trapero (2008:4)

Esta expresión cultural se utilizó en sus orígenes como elemento de festejo en los castillos de Andalucía y Extremadura, como relata Ricardo Olea (2012). Para el siglo XV, aún no adquiría la estructura de composición que tiene actualmente; en esos momentos, eran estrofas de diez versos octosílabos, en los que la rima se acomodaba al gusto del poeta, eso era llamado copla real.

Históricamente, se ha creído que Vicente Espinel fue el creador de la décima y son muchas las fuentes escritas que así lo afirman. Sin embargo, Mery Suescún, precursora de la décima en Colombia y licenciada en literatura afirma que la décima viene mucho antes de Espinel. “La décima lleva el nombre de Espinel, porque fue él quien empezó a emplearla en obras que se popularizaron y que finalmente han permanecido en el tiempo; pero, los primeros registros que se tienen de la de la décima como se conoce hoy día, remiten a Juan de Mal Lara quien utilizó esta composición poética en obras literarias españolas”. (Suescun, 2019)

(Arias de la Canal, 2008) afirma que el único registro que se tiene de la décima ´Malara’, se titula mística pasionaria, un esbozo religioso – poético, del Calvario del Señor, cuya pasión y muerte están expuestas en catorce estaciones, siendo cada una de ellas una ‘espinela’ encabezada por un garabato alusivo a la pasión del Señor; este texto fue impreso en Sevilla, en 1863.

La estructura de composición de la décima actual, es la siguiente: El primer verso es rimado A

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Y cuando el seis ha llegado A Con el siete se sujeta C El octavo se repleta C Rimando con el noveno D Así cuadra el poeta bueno D

Una décima completa C

Rafael Pérez García

La décima llegó a Latinoamérica con los españoles, quienes la utilizaron como medio de evangelización y aculturación de los pueblos indígenas y esclavos. Con el paso del tiempo la décima fue asimilada y aceptada hasta el punto de hibridarla con prácticas ancestrales de los indígenas, esclavos africanos y sus descendencias. Alguna de las oraciones católicas que memorizamos de niños, están escritas en décima y somos inconscientes de ello. Olea (2012:49) narra que en el 2011, el decimero Eduardo Guerrero se dio a la tarea de analizar una oración que repetía y escuchaba cada vez que iba a misa y notó que se trataba de una décima:

“Bendita sea tu pureza A Y eternamente lo sea B Pues todo un Dios se recrea B En magnífica belleza A A ti celestial princesa A Virgen sagrada María C

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