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La tragedia como fundamento estructural de "La Hojarasca"

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(1)

La

rfragedia

con1

0

fundan1

e

nto

de

,

:

La

Por

PEDRO LASTRA

'

~

-

-es

tru,

·turu

l

II

-

oJarat;ca

.

,.

-de

1!t

~~

e

~

-

rc~,

mk~lffl

1

ij{fsf

;t

'i14~

~

ºa

ul~;i;t~ib\l~d~~

des

que podría

.ti.!o

e

eellt

1

n

,

,e:

·

if~

t

0m,

u

'.!31

r

m

~

vo tipo

d

e

inv

e

sti-gación,

fundado en e análisis de ciertos

tópicos

y

motivos -

e

n

parte,

inclu

s

o,

al

m

a

rgen de la

tradición euro

p

e

a- , que en

al-gunas

importante

s

par

raciones

hisp

a

noameric

2

.n

a

s

funcionan

como correlatos de comprensión

que

permi

ten

in

tegr

a

r

y

ha-cer

inteligible

el

s

entido

último de

e

s

as creacion

e

s(

1).

A la

s

obras

citadas

por

Leonidas

Moral

e

s, ad

e

más d

e

La

11orcígin.e

(Los

pasos perdidos, de Alejo

Carpentier

y

El Sefior

Presiden-te, de

Miguel Angel Asturias), habría (lue agregar

La hojaras.

ca,

prim

e

ra

novela del

escritor colombiano

Gabriel García

Márquez

(n.

1928), publicada

en

1955

(2).

.

No

conocemos ningún

t

r

abajo crí

ti

co

dedicado

a

La

ho-¡aras<:a

que

a

tienda al sentid

o esclarecedor del

epígrafe

que

Gabriel García

Márquez

pone

a

l

comienzo

de

su

novela.

Se

trata

de

una

ci

ta

de

Antigona,

de Sófocles,

que

corresponde

(l) {to

1nidas Morales. "La vortüdne: un viaje al pafs ele los muertos". En Anales de ln

lsn8 · v15e9rsldad v. particularmend~ Chile. Año te, ppCXXIII. 169-170. . N~ 134, abril-junio ele 1965. pp. 148-170. Cf. pp.

(2) La ho_larasca. (Novela). Bo,::otá-Colombia, Ediciones - S.L.B .. 1955. 137 p.

(2)

r

1

-a

l

mom

ent

o

en

qu

e

Antígon

a comunica

a

I

sme

na l

a

det

er

mi-n

ac

ión

de Cr

eont

e

acerca

d

e

los

funerales

de

E

te

ocl

es

y

d

e

Po-linices:

Y

respecto

d

e

l

cadáver de

Poli

nice

s,

que

mi

sera

bl

e

m

ente

ha mue

1

·to,

di

cen

qu

e

h

a

pu

blicado

un ban

do

par

a

que ni

ng

ún

ciudadano lo entierre

n

i

l

o

ll

o

r

e,

sino que

insepulto

y

si

n

l

os

honores del llanto, lo

dejen par

a sab

rosa

pr

esa

de las

aves

que

se

aba

l

ancen

a

devorarlo.

Ese

b

ando dicen que e

l

bueno

de

C

r

eon

te

ha h

echo

p

regona

r

por

ti

y

por m

í,

qu

i

ere

decir que

po

r m

í;

y

qu

e

v

endrá

aq

para

anuncia

r esa

ord

en

a los

que

no

la

cono

c

en;

y

qu

e

l

a

co

sa se

h

a

de

to

mar n

o

de cualquier

manera,

por

qu

e

quien se atreva

a

h

acer

al

go

de lo

que

prohi-be será lapidado por

el

pu

ebl

o.

(3)

El

únic

o

crí

tico

que

se

d

etiene brevemente

a

considera

r

el

ep

íg

rafe

es

Luis

H

a

rss, p

e._

ro

e

e

n

é

l un simp

le com

entario

i

r

ónic

o

de

l

a

s

ituación:

"

Y"

as

1

c

omo Po

lin

i

ce

s,

perec

er

{

e

l

doctor,

per

o

no

s

u

r

ec

uerdo

~

t

odas

]

as pasiones· que de

j

ó

atr

ás,

que

segu

i

rán

r0

,

lan

k

do

c

~

un

cas

tigo

p

or

e

l

pu

eb

lo"

(

4) . - • "

-P

ara nosotros

,

en

c':

~bio

esa

cita

de

Antígona es

reve

la-do

ra, en

la m

e

dida

en

q

u

a_

e

l

arale

li

smo

d

e

l

a

s

sit

uaciones

plantea

d

as

en

J

a

tra

ge

dia

"ae

Sófocles

y

en

l

a

novel

a

de

Gar-cía M

árquez

p

er

mi

te

ver

es

ta última corno

un inten

to de d

esa-r

ro

llo,

sutilme

nt

S

bp0¿:p¡

do

'"

a

e

~

v

i

§iq

n. a.

1:c

ágica

de

un

pre.

sent

e

socia]

con

c

r

et

o

,

4u

l

l

ena

de

p

.tr'

e

1

ism

o

,..,

-al

h

acerla com

-pr

e

nsiva- una

exp

res

n

lit

ed

l.Fia

q

úe

11

se

p

r-0

yecta

e

n e

l

he

c

ho

hi

stó

rico

que

conocemos

hoy

baj

o

la

denominació

n

socio

l

ó

-g

i

ca

de

l

a

"vio

lenc

i

a

colo

m

biana

"

(

5).

Aunqu

e e

l

a

contec

im

ie

n-t

o

cen

tra

l

d

e

l

a

nov

e

l

a ocurre

en

1

928,

es e

v

i

d

e

nte

qu

e

la

"vio

-le

ncia"

cons

ti

t

uye

l

a base

d

e

con

te

ni

d

o

s

objetivos inme

di

a

to

s

que

el au

t

or

aprehende

aquí

en

su

dim

ens

ión

trág

i

ca.

Despl

eg

ar

esa

dim

e

nsi

ón

de l

o trágic

o

en

La

ho

jar

asca

sup

o

ne,

n

ecesariamente, un

a

inte

li

ge

nci

a

clara

del funda

m

t

nto

pr

oporcionado por

la

t

radición

li

tera

r

i

a,

que

aquí h

a

s

ido

ac-C3>

Hemos consultado varias ediciones de las Tra¡¡cdlas de Sófocles.

Para

las

citas

que

si,rucn, nos atenemos a la traducción de J. Alcmany Bolufcr (Sófocles. Tragedias. Prólogo de Félix F. Corso. Madrid-Buenos Aires. Librería Perlado Editores, 19~). cuva lectura cori~cspondc. casi cabalmente, .il tc;,i;to del epígrafe elegido por García Már-quez. Las demás traducciones dific:en en mayor o menor grado en m.Hlces de

inter-pretación del orhi:inal strici::o. •

(4) Luis Harss. "Gabriel Garclo Márqucz o la cuerda floja". En Los nuestros. Buenos Aires.Editorial Sudamericana. 1966. Vid. p. 396. ·

(5) Sobre este tema, véase la impresionante inveslii?ación realizada por Mons. Germán Gu1.mán Cnmpo~. Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna: La violencia en Co• lomhln. Es1t.1dio de un Proceso Socinl. Bof!otá. Colomhia, Ediciones Tercer

Mun-do, Tomo I, Segunda edición, 1962. 430 p.; Tomo II, 460 p.

(3)

tualizado

y,

en

más ele

un momento, a

lt

c

rnclo o fundido,

de

acuerdo con la

s

ex

i

genc

ias de

una estructura

particular

- l

a

d

e

la

n

ovela

qu

e

examim1.m

os

- , a

tr<1

vés

de la cua

l

e

l

novelis-ta

qui

so cxpn

.:

sar

su

p

e

r

cepc

i

ón

d

e

b

rea

lidad.

D

es

d

e

lu

ego,

deb

emos

seña

la,·

qu

e

La hojarasca

no nos

parece

una

obrn

a

b

solutamcnlc

lograda,

a

pesar de

la

efica-cia con que

Garcí

a Márquc:z

u

t

iliza

c

J

esquema

de la tragedia

y

del

rigor

y

J

a

belleza

d

e su

l

enguaje.

Lo

que

8tenta

contra

su

perfección

es la

pri

sél

con

q

u

e

el

esc

r

ito

r

se enfren

tó a

cier-to

s

prob

lemas

for

m

a

l

es: el

pun

l

o ele v

i

s

t

·

a triple a

que

r

ecur

r

e

,

por

ejem

plo,

1

·equcría una

dif

e1·cnciación conv

inc

e

nte

de

cada

p

e

rson

a

j

e.

El

viejo corone

l, l

a

mujer

y

el

niño que

asisten

co-mo

testigos

y

real

i

zadores

d

e

l

ac

t

o

el

e

sc

p

ultación

d

e

l

cadá-ver

d

el

m

é

dic

o su

ic

ida,

condenado

por el pueblo a

pudrirs

e

de

trás

de

las pan::des de

s

u

casa,

v

cuya

historia

es

la

que

se

reconstn1ye

a través de os

C

rnonólogos

,

hablan

co

n

una

voz

indi

stinta.

"Como

no

1

~

y

ntrn

.

1idad

c

1~

los

11:onólogos

-ap\1~

;

ta

Ha

rss

- ,

el

result~do 1

o

es

~

s

1dad smo

la monotoma

(Los nuestrns,

p.

397

1

/ •

~

Otros

desniveles

de

la o

~

ra

,

~

rvados en

m21s de una

no-ta crítica (

6) ,

son

i

n;w¡:

t

a

l

a impericia juvenil,

a l

a

adhesión,

tal

vez

exces-i.

.

v

·

,

a

l

sistema

narrativo

faulkncriano,

etc.

Pero nuestra

tentativa,

@

r

ahora, se l

imita a proponer

un

anál

isis

que

,i¡~

'{E

·

&~

en

La ho

j

a,;asc¡.1;

la

visión

d

e

la

realidad

histórico-social

i::dlmü

l5l

°!i6Céal~

t

.e.

siwf

cál

_

ercibida ~orno

trági-ca

y

configurad_

f'L

Jcr

elll

1

&~1}

&í~PC~vJ

r

§W,9

h

an_ ~ido

asun~i1?s

elem

en

tos

y

motivo

d

eTa

111.as anl:1:gua

y

prest1g1osa

trad1c10n

literaria

(7)

.

(6) Véase, al final de este trab.iio, la bibliog1·nfia que hemos nrcp.1rado.

(7) Gilbert Highet ha estudiado delnlladnmenlc la influencia clásica en las lilcrnturns de

la Europa occidental v de los Estndos Unidos, en su mcmor.ible investigación titulada

LaA. tradición clásica (1949). Tra<lucciún cspaiíola tic Antonio Alatorrc. México-Buenos

134

•re~. Fondo de Cultura Económica, 1954. (Lcn¡::un y Estudios Lllcrnrlos). 2 vols. Los .,capitu_los XXII y XXIII de esta obra -"Los poetas simbolistas v James Jovcc" y 1

!---"

.rcmterpretoción de los mitos' ' - son particularmente iluminadores de la ·pre

va--~ncra dcdd1\'ersos elcmcnto5 de la tradición clásicn en In Jitcrnturn contemporánea, en

e caso e autores "que cucntnn y reinterprelnn los mitos gricaos en forma

drá-1as o _relatos. dán<;toles n vece~ un nml1icnte_ moderno. pero casi siempre conscrmndo

e a_nti~o escenario v los antiguos persona1cs" (t. II, p. 338). En este punto, la

in-v~stigac1ón de Hi!!het nartc ele ¡,, cnnsicleraciCn ele situocioncs reconocibles en las

o

/n

como cl.ibor~c(oncs de esos mitos. Nos parece ,·e,· una dirección distintn del

gidn ,.ema en la pnsic16n ac!rmtada por T. S. F.hot .il conc-<'br ~ Cockt11II P~rtv, Convcn, • 0 de oue uno de los d<'fcclos m:worcs de Reunión de famtlla era "la f;ilta de con-f,\;r~ e¡;1r

1c la historia l!riel!a v la situación morlern;i", e inclinado toclavla - al esc ri-"to ne, ta .1 Pnrtv- a huscnr su tema en un dr?mafur!!o !!ricl!o. señal,i que decidió

quem~rd~ simnl_emcnte como punto de pc1-tid.1" v disimular s11s nr~,,.enes de tal manera m

ª

~e Pt1r!rern i<lcntificarlns micntrns no los dcscuhriese él mismo: "En esto. al ciónlns. e temdn éxitn. Pu.-,s ne1dic. n11c vo .sen'\ - v ninrrr',n crítico teatral-

rccono-en

i~

~;icntcs de !11i ~istoria en el Akl'stes de Eurfr,ides. Tuve. ,-n rfrc,n. n11c <'ntrnr

tr;,,m I"! ~ ;:i<"l:i~ cxr,hcar.1t•mcs t>:it·;, rnnvcnrer n oui~nc~ c~t:1hnn f:trniliari7.ados con to

mir-n~oc ~ cs(:t _oh-a <le '" n,_,tr,nticicl:id rl•.~ su insnir;ici~n. Y ao11cllos Que en un co-cido

·

ant:

;~n!Jeron cnr:,fnnd1dns nnte la exc,-<ntric;i concl11ct;i ele mi hu~sned

(4)

CORRESPONDENCIAS

ENTRE

LOS

MOTIVOS

FUNDAMENTALES DE "LA

HOJARAS

CA

"

Y

LAS

TRAGEDIAS DE SOFOCLES

1. Formul

ac

ión d

e

una

promesa, cuyo ownplimiento tendrá

consecuencias

dram.dticas o

fatales

.

Hacia

el

fi

nal

de

Edipo en.

Col

on

o,

Polinices ob

tie

ne la

promesa d

e

Antígona d

e

que le tributar

á

honras fúnebres a

su mu

erte.

Polinice

s,

he

r

ido

p

or lª

i

mprecación paterna,

d

i

ce

a

Antígona

y

a

Ismena:

¡Oh,

niñas,

herma

n

as mía

s!

A

vos

otras

pues,

ya

que hab

éis

oído

la

crueldad

de

)

padre que así me maldice, os

ruego por

l

os dioses que si las

maldic

i

ones del padre

se cum

p

l

en

y

vo-sotras

volvéi

s

de

a

lgún

modo a

l

a

patria no me menospreci

é

is,

sino sepultadme

y

celebra mis funerales;

que

vuestra

gloria

de

ahora,

l

a que tenéis

or

as

penas

que

p

as

áis

po

r

este

h

om-bre, se

a

crecent

~

á co otra

menor por

la asistencia

q

u

e

m

e

pre

sté

is.

(8)

/

• - ' \ ;

L

a

correspondencia.. de

est

~

sit

u

ación en

La hojarasca

se

d

a en e

l

compromiso qu~

\

con rae

el coronel con el médico,

cuando

éste,

tres años

ai

~

s

e

su suicid

i

o,

le sa

l

va

l

a

vida.

Monologa

el coronel:

Yo

h

~

ía

ct

f

Rr

1:19"

le

clDs día$ de

¿;.

ués

cuál

era

mi deu

-d

a,

y

é

l

ha

fi

a de

ia

s~onder·

)

·

:

~

te no m

~

debe

na

d

a, coronel.

Pero

si qui

~

~&

r&fe

1

1JR

H

~

,Pe

"t

é'

m encima

un

poco

de

ti

er

ra

cuando

amanez

ca

tie

so.

Es lo único

que

necesito

para

que no

me coman

los

gallinazos".

En e

l

mismo

compromiso

que me hacía con

t

raer,

en la

manera de

proponerlo, en el ritmo de sus

pisadas

sob

r

e

l

as

baldosas

del

cuarto, se advertía que este hombre

había

em-pezado a

morir

desde

mucho t

ie

mpo a

t

rás,

aun9-

u

e h

a

bían

de tran

s

curr

i

r

aún

t

re

s

año

s

antes

d

e

que esa mu

e

rte ap

l

aza-da

y

defectuosa

se

re

a

lizara por

completo.

Ese día

ha

sido

el

de hoy.

Y

hast

a

creo que

no

habría

tenido necesidad

de

]

a

s

oga. Un

li

gero

soplo

h

abría b

as

tado para

extinguir

el úl

-timo r

esco

l

do

de vid

a

que quedaba

en

sus

duros

ojos

ama-allZÜn consuelo después que hube llnmado su atrnción hacia el comportamiento de Hcracles en la obra de Eurípides". (Poesln y drama. Traducción de Jo;gc Zalam~a.

Buenos Aires. Emecé Editores, S.A., 1952. p. 46 v 4S). En el Prefacio a su traducción

de CocktaJI Parly, Miguel Alfredo Olivera puntualiza la relación entre la obra griega Y

la de Eliot. Cf. Cocktail Parry. Buenos Aires. Emecé Editores. S.A., 1950 p.11.

En un plano semejante al indicado por Eliot se nos aparece el propósito narrativo

de Gabriel Garcla Márqucz en La holorasca.

(8) Sófocles. Edlpo en Colono. Edit. cit.. po. l65•166.

(5)

ri!l

os

.

Yo había

prc

!-;

cn

t

idu

todo ..::-;o c.lt.:sclc

l

a

noche en

que

h

a

bl

é

c

o

n

é

l

e

n

e

l

cua

rtito

,

~111Lcs

de que

se

vi

ni

era

a

vivir

con Meme. A

s

í

que

cu:

rn

do

me hizo

con

t1

·aer

el

compromiso

qu

e

ahora voy

a

c

umpli1·, no

me :-;cn

desconcertado.

Senci-llamente

l

e

dije:

-

E

s

una peti

c

i

ón

inn

ccc

s

:-i

ri

a,

doctor Us

t

ed

me conoce

y

debía

sab(!r

que

yo

lo habría

en

t

erra

do

por encima de

la

cabeza de todo el mund

o,

aunqu

e

no

le

d

ebier

a la vida.

Y

él

so

nriente, por

pr

im

e

ra

vez apaciguados

su duros,

ojos amarillos:

-Todo eso es cierto, coronel.

Pero

no olvide

que un

muer-to no habría podido eotcrrarme.

(9)

2. La

condenación.

1

La

condenación d

~

oJ

j;üees

se decreta a su

muerte,

cuan-do

éste cae

luchando

~

~

j1'r

a s_;1

~

1?U1a

no

Eteocles,

defensor de

Tebas,

a

la

que a tac~

c

v

e

_j

é921t_(}

~

g-:ivo

comandado

por

aqué

l.

Creonte,

promovido a

[

Cin

éfcl

o d

~

---e

bas,

determina

que

Eteo-cles, héroe de

l

a ciudad, se

l

inhumado

gloriosamente.

Polini-ces,

que ha

invadido h1.

\

tie

-r

a

natal, no tendrá

sepultura en

ella. Su cuerpo,

arro_iacl

O"

fuera de las murallas, servirá

de

ali-mento a perros

y

aves de rapma.

D

ice Antigona a

Ismena:

¿P

B

:I

Jl

i

n

t

l:li

G,~

c

d~

J

~tre

a

q

~

e,

de

nuestros dos

her-manos

1

<

§t':')i~0<i,u.llt@in6~}

<il@ U¡!

~

@Í!:

nebres y se

deje

al otro

insepulto?

A

Eteocles, según

dicen,

en cumplime

i

nto

de la ley

divina

y

humana,

sepultó en tierra

para

que obtenga

t

odos

lo

s

honores,

allá bajo, ent

r

e

los

muertos.

Y

respecto

de

ca-dáver

de Polinic

es,

que miserablemente ha muerto, etc

.

(Cf.

Supra,

la cita recogida como

epígrafe en

La

hojarasca)

.

(9) ~ l!oJarasca. Edil. cit._ p. 131. En Mlenlms agonizo, de William Faulkncr, el cum-plumcnto de una promesa conslituyc también el núcleo de ta siLuación dcscncadc-danAte. Las peripecias del fúnebre viaje hacia Jefferson tienen su origen en la decisión

e nse ~e cumplir la promesa hecha a su esposa: "Estaría impaciente por llegar al cementerio ese de los su:vos, el de Jeffcrson, donde tantos de su mism_a san¡¡rc la esperan. L':' prometí que yo y los chicos la llevaríamos all:i todo lo aprisa que las :;nul~ ca_minen,. de fo:ma y m::inera que puc~lá d~scansar tranquila" (Mientras

agonl-j:,°·

;idrid, Agudar, 1957. p. 36). Aunque la s1tuac1én que se dcsarroll:l en la novela de A~~Jkner es des<?lada v dram:'itica, no tiene la Lcrr-ibiliclad ele la tragedia, en la que ROna es lapidada por cumplir el compromiso contraído con Polinices; en La h

o-Jaras1ca, la acti_tud del coronel lend~á consccuencia5 imprevisibles. Recuérdese que la

~ove a concluye en el momento en que el cadáver del médico va a ser conducido al u~m?iteí'o ?ºr aquél, desafiando la voluntad del pueblo. Se trata, por lo tanto, de

los hm¡;t.1 a ierto, Que apunta a la violencia de una 1·eacci6n más que probable de

este a I an!es_ contra el coronel v sus escasos acompañantes. No es la única vez que

tudia~r~f"cl1m 1ento aparece en la obra de García Márqucz. Luis Hcrss lo describe al

es-de una . cuento La siesta del martes, cuando anota que el relato vive en la sugerencia 0 mi ·t·d I o esta nna~er_1mp!fcito" 1 de algo que (Los no nuestrosha sucedido todavía" ... de algún , p. 404). modo lo que fue

(6)

Y Antígona continúa:

Ya s

abe

s lo

que h

a

y,

y

pronto podr

ás

demostrar si eres

de

sa

ngr

e

noble o

una cob

arde

que d

esd

ice de la

nobleza

de

sus

p

a

<lres.

·

Ismcn

a.

-

¿

Y qué? ¡Oh d

es

dich

a

da!,

s

i

la

s cosas están así

,

¿podré

rem

e

di

ar

yo.

t

an

to

s

i

desobedezco

como

s

i ac

ato

a

esas órdenes?

Antíg

ona.-

Si me aco

m

pañ

a

rás

y me

ayudarás

,

es

l

o

que

has

d

e

pens

a

r.

·

I

sm

e

na

. -

¿E

n qué

empresa? ¿

Qué

es

lo

que piensas?

Antí

go

na.

-

Si

vendrás

conmigo

a

levantar

el

cadáver.

Ismena.-

¿Piensas sepultarlo,

a pesar

de

haberlo prohibido a

t

oda

la

ciuclad?

Antí

go

na.- A mi herm

an

o,

(y no al

tuyo,

si

no

qui

e

res; pues

nunc

a

di

rán

d

l

o

he

abando

nad

o.

I

smena.

-

¡Oh

~

dic

l,ac

;

;,l

-

¡¿

Habi

en

dolo prohibido Creonte?

Antígona.-

Ningún

dereéf

o

t

i

ene

a privarme

d

e

lo

s

míos. (10)

"A

fin d

e

cornprende

~

la

A

bnegación

de

An

gona -dice

Paul

de Saint

-

Víct

or

-

,

convie

~

tene

r

en

cu

e

n

ta

las

ideas

que

se

abrigan

en

la

ntigü

e

d

ª-

d respect

a

1

,e

sep

ultura.

Esta

e

ra,

e

ntonces,

el

v

e

rd'

adév

o

f

ln

e

tt

e'íl.

h

e

,

{

.e

&

ndo

es trecho e

inmu

ta

ble de

.

s

u

p

enir.

L

a

sruva

ci

'

n

,

~

e

l

senti

do

relig

ioso

de

la

palabra, depencfia

de a

ob

se

:?v

anc1

l

de sus

rito

s

. - Ser

enterrado

o n

o

serlo era el problema

de l

a

vida

futura"

(

11 ).

La

privación de la

s

epultur

a

equivalía, pu

es

, a una

c

on

dena-ción,

y

no

se

i

m

p

onía s

i

no

a

los

c

riminales más odiosos,

a

los

tra

id

ores a

Ja

p

atri

a

y

a

lo

s

ase

s

inos.

Era sa

c

rilegio

execr

a

-ble dejar

sin sep

ultura

el

cadáver de un ciudadano.

Aunque

l

a

concepción

crist

iana -

específica

m

e

nt

e

l

a

ca.

tólic

a -

excl

u

ye

d

e

hon

ras

fúnebres

a

los

su

icid

as

,

en

L

a

ho

-jarasca

e

l

alcance de

la

condenación adqui

er

e otra

d

i

m

ensió

n

de terribilidad, de

si

gno eminent

e

mente trágico. El pueblo de

Macondo

es

p

e

ra qu

e

el

médico se pudra dentro

d

e

s

u

casa

,

si

n

que

nadi

e

se

pr

este siquiera

para

sepultarlo.

(10) Sófocles. Antf¡:ona .. Eclil. cit., pp. 177-178.

(11) Paul de Saint-Victoi:. Las dos carátulas, Historia del teatro griego y de las grande,

épocas del orle teatral. Buenos Aires, Editorial "El Ateneo", 1SS2. 2 vols Vid. Tomo

I, p. 466.

(7)

La

sentencia con

d

enatoria

del pueblo contra

e

l

médico

ha

sido dictada h

ace

di

ez

.1ños. Recuerda el corone

l:

Porqu

e

l

a

noch

e

en que pu

s

ieron ln

s

cuatro

damajuanas de

aguai

·

di

cn

t

e e

n

la plaza,

y

Macando fue un pueblo atropellado

por un

g

rupo

de bárbaro

s

am

1ado

s;

un

pueblo

empavorecido

que enterraba

s

u

s

muertos

en

la fo

sa

común,

a

l

guie

n

debió

de recorda

r

que

en e

s

ta

e

s

quina

había un médico. Entonces

fue cuando pm,i

e

ron las parihuelas

co

ntra

In

pu

erta, y

Je

gri-t

n

ron

(porque

no

ab

rió

;

habló de

s

de

~tdcntro);

le

g1

-

itaron:

"

Docto1

·,

atienda

a

es

tos h

e

ridos

qu~

ya los

otros

médico

s

no

dan

nbasto",

y él

rc

s

pondi

6:

"Llévenlos

a

ot1

·:1

pal"le,

yo no

nada de esto'';

y

le dijel"On: "Usted

es

el único médico que

nos queda. Tien

e

que

ha

ce

r una

obra

de c

a

ridad";

y

é

l r

es-pondió

(

y

tamp

oco a

brió la

puerta),

im

a

ginado por la tu

rb

a-multa

e

n la mitad

de

la

sala

,

la

lámpara

en a

lto,

i

lu

mi

n

a

dos

l

os

duro

s

ojos

am

a_

r

i

ll

i

s: •'Se

me olvidó todo lo

que

sa

bia

de

eso.

Llévenlo

s

a

'o

tr

a_.

ar

t

e"

y

sigL1ió

(porqu\.! la puerta no

se abrió jamás) con la

pu

e

ta cerr

a

d

a,

mientras hombres

y

mujere

s

de

Mac

o

ndo

~-

onizab.in frente

a

ell

a.

La

multitud

habría

s

ido

cap

' f

de

odo e

v

oehe.

Se disp

o

nío1n a

in

ce

n-diar

la

casa

y

e

q:1

cir

j

cenizas a su único

habit

ante

. Pero

en

esas ap

a

reció

El

(Sac

h

or

ro.

Dicen

que

fu

e

como

si

hubiera

es-t

ado aquí

invisibl

e

.,

m ntando gu

a

rdi

a

para

e

vitar la de

s

t

ruc-ción

de la casa

y

el

ho

re. "Nad

i

e

to

c

ará esta

pue

rta

'

', dicen

que dij

~

~

yflchorro.

Y

icer que fue eso

tod

o

lo

qu

e

dijo,

abierto

I

e

il

a:\ltOÚ

LWU

ñh

o

tresp

landor de

la

furia rural

s

u

i

nexpres·v,0

Y.>

·

do

osliro

d

e.

~

a.._vera

de

vaca.

Y

e

n

to

nces

e

l impul

so

s

c?';

efren

~

, c

~

rnbió de cur

s

o,

pero tu

vo a

ún la

fuer-za suficiente

para

que gritaran esa

sente

ncia

que

aseguraría,

para

todo

s

los

siglos, eJ advenimiento de

este

miércoles.

(

12)

Con

anterior

idad,

el corone

l

ha

rememorado

la

misma

si-tuación:

...

mientras el ren

c

or crecía,

s

e ramificaba,

se conver

a

en

una viru

l

e

ncia col

ec

tiva, qu

e

n

o

daría tregu

a

a

Mac

ondo

en

d

re

sto

<le su vida para que

en

cada oído siguiera

retumban-do la sentencia

-

gritada esa noche- que condenó al doctor

a

pudrirse detrás de esta

~

paredes.

(13)

La

condenación

del médico que

ha d

efraudado

l

a

inv

oca.

ción

del

pueblo

,

traicionando

u

n principio de soJidaridad, por

02) La_ ho.lnrasca. Edit. cit. pp. 129-130.

(13) lb1dem, p. 26.

138

(8)

l

o

que se

ha

hec

h

o

ac1:eedor

a

l

odio

co

le

c

tivo,

repit

e

en

s

de un sentido

l

a condenación

de

Polinic

es

po

r

s

u

acto de

re-belión

con

t

ra

la

Ciudad.

Estos

son

los motivos

qu

e est

imamo

s

como pr

i

ncipales

e

n

La hojaras

ca,

y

c

u

yo

correlato es el

de

las

dos

c

i

ta

d

as

tra.

gedias de

S

ófocles, especia

l

mente Anlígona.

P

ero

aún es

posi-ble

es

ta

blecer

otras re

l

aciones

muy claras.

ACTITUD

DE

L

O

S PERSONA

JES

1.-

El

carácter

d

e

An

gona

es

inflexible. "Es

l

e

corazón

to

do te

rnu

ra

-

señala Sa

in

t

-

Víctor

-

se

env

u

e

lv

e en el

deber

co

m

o

en

una tri

pl

e

coraza

d

e

bronce. Inacces

ibl

e a

l

miedo,

n

o

a

dmit

e

que

lo

s

i

enta

n

l

os d

e

más; su

e

ne

rgía no

concibe

dis-c

ulpas

p

ara

l~

flaqueza.

En

e

ste

aspecto

,

una

líu

e

a

de

ri

g

id

ez

la dib

uj

a,

pa

rec

ida

a

l tr

az

o

du

ro

y

pu

ro

qu

e

d

esc

r

ibe

en

sil

u

e-ta

a

las

f

iguras

trágicas repr

ese

n

ta

das

en

lo

s

vasos gri

e

gos". (

14

)

De

ah

í

sus reproches a

smena, gu

e

s~

sien

t

e incapaz de

o

b

rar

contra

la

volunt

ad

,

e

lo

s

ci

ud

ad

anos

-

r

epresen

t

ados

por e

l

Coro-,

cuya voz

ayor e

a

clei

Creonte. Nada

l

a

de.

ten

dr

á en su decisión

de

l

a

rrowar

]

a m

u

e

rte

po

r

cumplir

l

a

promesa formula

d

a a

Poli

n

ices

,

E

l

coronel acLúa con la

1

!.@1

1a

entereza; com

o

Ant

í

gena,

podrí

a

d

eci

r: "No

be

n

acido

pa

r

a

com

p

art

i

r o

di

o,

sino amor":

Vi

n

e.

I!b\'t

é

9t~~

a

d

e

J

a

?i

tr

q

u

e se

han

c

riado en

m

i

cnsa. <Obb

u

l:: a

~

h

ti~

l

~c\§

e a

·

g

\l

c;~e aco

mp

añara.

As

í

el

aclo se

co

nvi

erLe

en a

l

go

más familiar,

m

ás

h

umano,

me-n

os

personalis

t

a

y

desafi

an

te

que

si yo mis

m

o

hub

iera

arras-tr

a

d

o

e

l

cad

á

v

er

por

l

as

call

es

del

pueblo

ha

sta

e

l

cem

ent

erio.

Creo a Macando capaz

de to

do

después de

l

o que

h

e

visto

e

n

lo que

va corrido

de

este s

i

g

l

o.

P

e

r

o s

i

no

han

de

res

p

eta

rm

e

a

mí,

ui siquiera po

r

ser

viejo, corone

l

de la rep

úb

lica, y

para

rema

te

c

ojo de

l

cuerpo

y

entero

d

e la conc

i

enc

i

a, e

s

p

ero

que

a

l m

e

n

os respeten a

mi hij

a p

o

r

se

r

mujer.

No lo

hago po

r

mí.

T

a

l

vez

no se

a

tampoco

p

o

r

la

t

ranquilidad

del

muerto.

Apen

as

para

cum

plir

con

u

n compromiso sagrado. Si

h

e

t

raí·

do

a

I

sabel

no

h

a sido

por cob

ar

día,

sino por una simple

medida

de caridad

.

Ella

ha

tr

aído

e

l

niño

(y

entiendo

que lo

ha

h

echo

p

or

eso

mismo)

y

ahora estamos aqu

í,

lo

s

tres,

so•

port

a

ndo

el

peso

de

est

a

dura

emergencia

(15).

Cl4l Paul de Sa.im-Victor. Ob. cit., Tomo I, p, 474.

( IS) La hojarnsca- Edít, cil., pp. 27-28.

(9)

En uno de

sus

monólogos, Isabel

s

e

ha

reforido

también

a la actitud

de

s

oberbia

desafinnte que

su

padre ::i.doptaba ca.

cla

vez que hacía

algo con

lo

cual no estarían de

acuerdo

los

demás

(

16 ).

2.-

Ot

ro parale

lism

o evidente es e

l

que

corresponde

a

la

situación

de

los personajes trügicos Polinices

y

Eteoclcs

fren-te

a

la

del médico

y e]

sacerdote conocido

en

Macando

como

El

Cachorro.

Estos últimos

han llegado

al

pueblo

e

l

mismo día,

hac

e

veinticinco

años

. L

ejos

ele

ver aquí

una coincidq1cia

gra-tuita, nos parece que

e

l

novelista quiso

alegor

i

zar en este

he-cho la

relación

de

l

os

hermanos

en

la trng;,;dia.

La

llegada al

pueblo viene a

se

r,

por lo tanto, una

forma

ele

nacimiento co.

mún.

Po

r

otra par

.

te, debe

tenerse

<.;.'.Il

cuenta

que la

impresión

de un notab

l

e

parecido

físico entre e

l

médico

y

El

Cachorro

se explícita claramente

en

la

novela en

más ele una ocasión;

de manera muy precisa, en

elos

momentos

de

los recuerdos

del coronel:

t:z

'

\l

-

¿Usted

1

o' o

habar

d:&E.

l Cachorro?-

Le

pre

g

unt

é

.

Respond;6

-

q e no

? :

dfje:

"El Cachono

es

el párrnco,

peco

más que

'es

o es

i

•:igo de todo

e

l

mmdo. Usted

debe

conocerlo"

_.

...

-Ah,

sí,

,

dijo

é

-

.

1

también

tiene

hijos,

¿no?

-N

~tl:>Ugta

e

cfu~

Q~

Jc

g~é\§

ora,

dije

yo. La

gente

inventa

<

d(j

s

w

e

~

dntell~

G

61?p'i$f'cf6

1

Jo

qui

eren

mucho

y

h

a-ce lo pos

i

ble

por demostrar

lo contrario. Pero allí tiene usted

un

caso, doctor.

El

Cachorro

está muy lejos de ser un

r

ezan-dero, un santurrón como decimos

.

Es un hombre comp

l

eto

que

cumple con sus deberes corno un hombre.

.

.

.

.

.

.

. .

..

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

. . .

.

. . .

. .

...

..

...

..

.

...

.

-Creo

que

El Cach.o

ro

va a ser santo,

dije

yo

-

.

Y

en

eso

también era sincero. "Nunca

habíamos visto

en

Macando

n

a-da

i

gual.

Al

principio se le tuvo

desconfianza

porque es

de

~quí, porque los viejos

l

o recue1·dan cuando salía a coger pá

-Jaros como todos

lo

s

muchachos. Peleó en

la

guerra, fue

co-ronel y eso

era

una dificultad. Usted

sabe

que

la

gente no

respe

t

a a

los

veteranos

por

l

o

mismo que

respeta a

lo

s

sacer-dotes

.

Además, no estábamos acostumbrados a que se

nos

leyera

el

almanaque

Bristol

en vez de

l

os Evangelios" .

.

.

.

.

.

.

.

.

.

. .

. .

.

.

.

.

.

.

. .

.

.

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.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

~-::::--:::-:---

-(16) Cf. Ibídem. p. 33.

(10)

..

1 ,

Ahora

estaba sonriente y escuchaba con

una

atención

di-námica

y

complacida.

Yo también me sentía entusiasmado.

Dije:

''Todavía

h

a

y algo

que

a

usted

le

interesa, doctor. ¿Sabe

desde cuándo

está

El Cachorro en

Macando?

El

dijo

que no.

-Llegó por casualidad el

mismo día que usted -dije

yo-

.

Y todavía

algo

s

curioso:

Si usted

tuviera

un hermano

ma-yor, estoy seguro

de

que

seria igual

a

El

Cachorro.

Física-mente, claro.

(17)

E

l

s

e

gundo

momento clave

alude a

la única vez en que se

encuentran

El

Cachorro

y

el

médico:

El

Cachorro

habló

muy

poco en esa visita.

Desde

su

en-tr

a

da

a

la habitación

parecía

impresionado por la visión del

único hombre

que n

~

conoció en

quince años de estar en

Ma-condo.

Esa

vez

me

d

i>

~

ta

(y

mejor que

nunca,

acaso

por-que e

l ·

doctor

~

e

.

l

a

bia

co

~

~

bigote) del extraordinario

par

e

cido de es

os

d

ó"s

ho

~

re

s

o eran exactos,

pero parecían

hermanos. El

<U

n

{

era

¡y

arr

o

~~

mayor,

más delgado y

es-cuálido

.

Pero

~

l:!iía

en e ellos la

comunidad de rasgos que

existe

entre dos

h

rrna

os,

aunque el uno

se

parezca

al

padre

y

el

otro a

l

a

~

d

e

.

Entonces me

acordé de

la

última noche

en el corredor.

o

m

:

-E

st

~

,

e

\

p

l

Cachorr

a

o doctor. Alguna

vez

usted me

pro-metió

B1~2rn

~

ca e Letras

Mientras

E

t<~clJllogH

c

fJWr. P

g

~P9

V

cftf§U

l

a

la

vida del

pue-blo, el

m

é

dico concita en torno suyo, cada vez más, esa sorda

odiosidad que

culmina en el repudio

final

y

en la condenación.

A la muerte de

El Cachorro,

ocurrida hace cuatro años,

Ma-condo le rinde

--como

Tebas a Eteocles-

los

más

conmove-dores homen,Ztjes

fúnebres

.

Monologa

el

coronel:

El

Cachorro

los

tenía sometido!- a

una disciplina

férrea.

In-cluso

despu

é

s de que murió el sacerdote,

hace cuatro años

-uno

ante

s

de mi

e

nfermedad

-

se

m

a

ni

f

es

esa

disciplina

en

la manera apasionada como todo

el

mundo

arrancó

las

flores

y

los arbustos

<le

su huerto

y

los

llevó a

la

tumba, a

rendir

l

e a

El

Cachorro

su tributo

final. (19)

(17) La boJarascn. Edil. cit., pp. 101-102. (18) La ho.larnscn. Edil. cit., p. 118. (19) Ibídem. pp. 128-129.

(11)

Sabemos

ya cuá

l

es

la

actitud de Macando an

Le

el médico.

La

rel~~ión entre el destino de éste

y

el

de

Po

l

inices

nos

pa-rece

indudable.

3.-

Situación de

I

smcna. Repue

s

ta

de

su

temor

in

ic

i

al,

I

smena

in

tenta reivindicar

su

p

arte en

l

a acc

i

ón de Ant

ígon

a

y

afrontar también

el

castigo. S

i

n

forzar

demasiado e

l

parale

-lismo,

creemos que

l

a primera actitud negativa

de

Ismcna

es-tá

representada

en

La

hojarasca por

e

l

tcnninante rechazo

de

la mujer del coronel, Adclaida,

a

acompnñar

l

o

(2º).

El

segun-do

momento, r

eivindicatorio

,

corre

s

pond

e

a

la posiciün de

I

sa

-bel,

a pesar

de

que

l

a adhesión de ésta hacia su

padre

aparece

dismin

u

ida por la resen

•a

y

e

l

mi

e

do.

4.-

Otras

relaciones.

H

ay e

n

La hojarasca alguno

s

aspec

-tos

que

contri

bu

yen a fijar aún

s

la

determinación

del

co-rrelato

que hemos

propues

i

.

I

L

a

Antigüedad

r

emot

~

n

~

G

~

bía

la

separación d

e

l

alma

y

l

a

del

cuerpo.

El

sep

'\~1

:k

ii"

er§l

...1

Ía

~

a

de una nueva ex

ist

en-cia. Se colocaban, pues

:,,

laero

l

~

ifun

to s

u

s vasos

y

sus

armas; "a veces

-dice Saint

-)'

ictor

-

se

ll

egaba

has

la

a

de-gollar sus

caball_os

y

su

"!'

e

~

cla

¡

os

para que

el

espectro

de

l

due-ño

estuviese rodeado

d

e"'9.J)q_

a

,

s~r

v

i

dumbrc de fantasmas" (

21 ).

En

La hojarasca,

un

acto y

¡,¡na

-1.

·eflcxión

del

cornnel

es

table-cen una suerte de

correspopdcncia

con esta costum

br

e:

B

usco

c

J3i:Q,\iQJ~~ª

e

Q.~rb•~!J;'q~

fondo sus barati

j

as

di

s

pcrsa

s~

J

B

[ ~ ~ .

1(

1.l

'fü\l

'

éJ

~

YtJ'i G

!mY©rál"f'

ncó

n,

con

las mismas

cosas que

trajo hace

veint

icin

co años.

Yo recuerdo:

Tenía dos

camisas

ordinarias,

una caja de dientes,

w,

retrato

y

ese

viejo

formulario

empastado

.

Y

voy reco

g

i

endo estas cosas

a

ntes

d

e

que

cierren el

a

taúd

y

las

echo dentro de

é

l.

E

l

retrato

está

todavía

en el fondo

del

baú

l

,

cnsi en

el

mismo

s

i

t

io

en

que

estuvo aquella vez.

Es

el daguerrotipo de

u

n militar

condeco-rado. Echo

el retrato

e

n

la caja.

Echo la

dentadura pos

ti

za y

finalmente

el formular

i

o.

Cuando he

concluido

l1ago

una

se-ñal a

l

os

hombre

s

para

que cierren el

ataúd.

P

i

enso:

,1hora

está

de viaje

otra vez.

Lo

más

natw

·

a[

es

que en

el

último se

lleve las cosas que l

e

acompaiiamn

en

el penúltimo. Por lo

m:nos,

eso es

lo

más natural.

Y

entonces

me parece verlo, por

pnmera vez, cómodamente muerto.

(20) Cf. Ibídem. PP. 124-125

(21) Paul de Saint-Victor.

Ob.

cit.. Tomo I. p, 466.

14

2

)

(12)

Examino

la

habitación

y

veo que se ha olvidado un zapato

en

la cama.

Hago

una

nueva señal

a

mis

hombres, con el

za-pato

en

la mano,

y

ellos vuelven a

levantar

la tapa en el

pre-ciso

instante

en que

pita el

tren, perdiéndose en la

última

vu

elta

a

l

pueblo

(22).

Nos parece también altamente significativa la manera

có-mo el médico decide suicidarse. En el ámbito de

la

tradición

- y

desde los tiempos homéricos-

la

inuerte

por

ahorcamien-to

era considerada infamante o propia

de

los

impuros. Es por

eso que

se ha

ahorcado

Yocasta.

En

Edipo rey,

éste

expres

a

que sus crím

e

nes "son mayores que

los

que se

expían

con

la

es

trangul

ación"

(2

3).

Ismena, al recordarle

a

Antígena la

su

ma

de las

desgracias familiares,

a

lude

igualmente

a

este

pe-cho:

¡Ay de mí! Reflexio

~

a,

1ermana,

que

nuestro padre

murió

aborrecido

e

infamaclo,

d'es

pués que, por los pecados que en

sí mismo hab'a

.

ae

p

u15Ierto

~

;,

rrancó los ojos él con

su

propia mano. Ta

~

tíié

n

SJJ,'

ma

1i_

e

--:._

y

mujer

-nombres

que

se

contradicen-

<e0

un l

ai'

o

ele

~

as

se quitó

la

vida. Y como

tercera desgra

§i:

a

nues

}:

os dos

'

fiermanos

en un mismo

día

se -degüellan los

d

sdic

actos

dándose muerte uno a otro

con

sus propias mano~.

Y

ahora

que

solas

qtredamos

nosotras dos, considera de

qué

ma

e

1

a_

rr

ás

-t

in

~

me

~

1o

i;j,

r

e

r

i

o

~J

i con d~sprecio de la

ley des

00

'!Ué

C!:e

fil02

fo

..

i

rl1e

n.

y

.la

momd

a

del tirano (24).

((Jorge Pucdnelli Con_verso»

La

presencia de la

fa

t

ahdao

en

La hojarasca

y

el

senti-miento de

expiación

de oscuras culpas

'reconocidas

por el

co-ronel

remiten

también el sustrato trágico

que

da sentido

a

la

no~ela. Recuérdase

el

final de

Antígona:

Coro.

-

Pues no pidas nada; que

de la

suerte

que el

destino

tenga

asignada

a

los

mortales, no hay quien pueda

eva-dirse.

Creont

e. -

Echad

de

aquí

a

un hombre inútil, que

¡ay,

hijo! te

maté

sin

querer;

y

a ésta también. ¡ Pobre de roí!

No sé hacia

qué

lado

deba

inclinarme,

porque todo

lo

que tocan mis

ma-nos

se vuelve

contra mí; sobre

mi

cabeza descargó intolerable

fatalidad.

(25)

(22) La ho.iarasca. Edil. cit.. p. 29. (23) Sófocles. Edioo rey. Edit. cit., p. 120.

{24) Sófocles. An:kona. Edil. cit., p. 178. (25) Id., Ibídem, p. 212.

Referencias

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