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LÁSICASrwvwn novsoi
: La descripción de la enfermedad en
Eurípides e Hipócrates
(Memoria de Grado para optar al Título de Licenciada en Letras mención Lenguas y Literaturas clásicas)
Br.: Alexandra Cruz Akirov Tutora: Prof. Esther Paglialunga
A Yuya, mi babushka, por visitarme de vez en cuando en sueños.
Pág.
Resumen I Introducción 1
PRIMERA PARTE:La ilustración ateniense 10
I. Eurípides y el pensamiento racional 12
II. Hipócrates: La medicina entre ciencia y empirismo 21
SEGUNDA PARTE:Los tratados hipocráticos y la tragedia
euripídea 31
I. Eurípides. Las tragedias: Heracles mainómenos; Orestes 32
I.I. Héroes perturbados: la trama trágica y la locura 32
I.I.I. Heracles mainómenos 32
I.I.II. Orestes 39
II. Los tratados hipocráticos: Sobre la enfermedad sagrada;
Enfermedades I 50
II.I. Sobre la enfermedad sagrada 50
II.II. Enfermedades I 56
TERCERA PARTE:Lugares y manifestaciones de la enfermedad 61
I. 62
II. 64
III. Lugares y manifestaciones de la enfermedad 66
III.I. 67
III.II. 77
III.III. ☺ 82
III.IV. 84
Conclusiones 87 Bibliografía 96
Índice de términos griegos 103
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
ESCUELA DE LETRAS
DEPARTAMENTO DE LENGUAS Y LITERATURAS CLÁSICAS
rwvwn novsoi: La descripción de la enfermedad en Eurípides e
Hipócrates Br.: Alexandra Cruz Tutor: Prof. Esther Paglialunga
Mérida - 2005
RESUMEN
El presente estudio tiene por objetivo la elaboración de un análisis lexicográfico de la descripción de los síntomas propios de la locura presentes en las tragedias Heracles mainómenos y Orestes de Eurípides y en los tratados hipocráticos Sobre la enfermedad sagrada y Enfermedades I. Partiendo de la figura del héroe perturbado presente en estas tragedias, se realizó un estudio comparativo de las descripciones sintomatológicas de cada héroe y de éstas con los síntomas de la enfermedad definidos en los tratados hipocráticos seleccionados, con la finalidad de:
1) establecer la relación existente entre el padecimiento del héroe y el sentido general de las tragedias seleccionadas, y
2) elaborar un estudio lexicográfico y semántico de la sintomatología de la enfermedad en las tragedias y en los tratados hipocráticos escogidos.
Para la elaboración del presente estudio se recurrió al método filológico y literario, consistente en la lectura y traducción de los textos en lengua original, apoyándose igualmente en diversas ediciones con la finalidad de confrontar las propuestas que para el texto tiene cada una de ellas. De igual forma, se contextualizan las obras estudiadas para lograr la comprensión del estilo e intencionalidad del autor. Luego, el análisis es complementado con la exposición de las principales posiciones críticas sobre el tema, con el propósito de mostrar los diversos puntos de abordaje posibles. Finalmente, se elabora el análisis comparativo lexicográfico de los fragmentos seleccionados, con la finalidad de determinar las similitudes encontradas en los textos en cuanto al vocabulario y estructuras sintácticas empleadas.
Los resultados arrojados de este análisis, demuestran la existencia de un vocabulario común para la descripción de ciertos síntomas, como se muestra a continuación:
SÍNTOMAS TRATADOS HIPOCRÁTICOS TRAGEDIAS
LOCURA y derivados de
: .
Derivados de :
☯
AMNESIA Derivado de : Derivado de : .
y su compuesto:
OJOS ☯ y . Compuesto de
: ☯ . Derivado de :
BOCA Y ESPUMA y , y su derivado:
APNEA y sus derivados:
.
I
NTRODUCCIÓNEn las últimas dos décadas, los estudios sobre medicina hipocrática han
experimentado un renovado interés, no sólo en el ámbito médico, en el cual siempre
han sido referencia obligada, sino también en el de la bioética y, por supuesto, en el
de la filología. Obras como Au temps d’Hippocrate. Médecine et société en grèce ancienne, de Verbank-Piérard, publicada en 1998; Greek medicine. From the Heroic to the Hellenistic Age. A source book, de James Longrigg, publicada en 1998; The
concept of contagion in medicine, literature and religion, de Saul Jarcho, publicada en 2000 y In the grip of disease. Studies in the Greek Imagination, de G.E.R. Lloyd, publicada en 2003, son una muestra de que estos estudios se actualizan día a día.
Cada vez son más numerosos los trabajos que relacionan la medicina antigua con
otras áreas del saber como la filosofía, la sociología, la lingüística y la lexicografía,
por mencionar algunas. Sin embargo, son muy pocos los que la relacionan con la
literatura y, en especial, con la tragedia clásica griega1. Este hecho ha llamado nuestra
atención, puesto que en muchas de las obras de los grandes tragediógrafos se
encuentran abundantes referencias a enfermedades y dolencias, padecidas
generalmente por el héroe de la tragedia. Obras como la Orestíada de Esquilo y el Filoctetes de Sófocles son una pequeña muestra de ello. No obstante, nos parece aún más interesante el hecho de que existan muy pocos estudios que relacionen la
1 P.e., el estudio de Jean Dumortier: Le vocabulaire médical d’Eschyle et les écrits hippocratiques, Paris, Les belles lettres, 1975 [1935].
medicina hipocrática con las obras de Eurípides2, dada su contemporaneidad con
Hipócrates y las nuevas escuelas de medicina. En efecto, Eurípides3 era
aproximadamente veinte años mayor que Hipócrates4, hecho que, como se verá, los
hace partícipes del mismo contexto intelectual, político y cultural.
Sobre la vida de Eurípides se tienen pocos datos confiables5, pues la mayor parte
de la información está influenciada por las numerosas críticas y burlas hechas por
Aristófanes, especialmente en Acarnienses6, Tesmoforiantes7, Ranas8, y Lisístrata9.
Sin embargo, la tradición ha establecido como lugar de nacimiento de Eurípides,
Salamina, en el año 485/484 a.C.. A pesar de haber conseguido la victoria sólo cuatro
veces en los certámenes trágicos, su obra ejerció gran influencia en otros poetas,
sobre todo en Sófocles, quien en su Filoctetes, emplea el deus ex machina siguiendo
el modelo euripideo10. Otra de las características usualmente atribuidas a sus obras es
la influencia de filósofos como Anaxágoras, Pródico y Protágoras e incluso, Sócrates.
A este respecto, López Férez11 afirma que “Desde sus primeros textos, en verdad,
Eurípides muestra extraordinario interés por los fenómenos y problemas físicos. Por
lo demás, hallamos en su obra profundas huellas de otros ilustres pensadores:
2 Tenemos conocimiento del estudio de J. C. Kosak, Heroic measures. Hippocratic medicine in the
making of Euripidean drama, Leiden, Brill, 2004. Sin embargo, no hemos podido tener acceso a él. 3 Ca. 485/484-406 a.C.
4Ca. 460-370 a.C
5 Sobre las diferentes anécdotas de la vida de Eurípides, así como también sobre los datos más
confiables sobre su biografía, cf. J.A. López Férez, “Eurípides”, en Historia de la Literatura Griega, J.A. López Férez (ed.), Madrid, Cátedra, 1988, pp. 352-405.
6 Vv. 457, 478.
7 Vv. 383 y ss., 453 y ss. 8 Vv. 840, 946, 1048.
9 Vv. 283, 368 y ss.
10 López Férez, “Eurípides”, op. cit., p. 392. 11Ibid., p. 354.
Jenófanes, Heráclito, Empédocles, Demócrito, etc.”. Estos particularidades de su
obra, demuestran el interés que sintió Eurípides por los movimientos intelectuales de
su época12.
Al igual que su vida, su muerte está rodeada de anécdotas13. La versión más
difundida sostiene que fue devorado por los perros del rey Arquelao de Macedonia en
cuya corte se hospedaba para la época, en 406 a.C14.
De Eurípides se conservan dieciocho15 tragedias de las noventa y dos que se le
atribuyen, clasificadas, generalmente, bajo un criterio cronológico: Alcestes (438 a.C.), Medea (431 a.C.), Heraclidas (430/427 a.C.), Hipólito (428 a.C.), Andrómaca (430/421 a.C.), Hécuba (424 a.C.), Suplicantes (423 a.C.), Electra (417 a.C.), Troyanas (415 a.C.), Heracles (420/415 a.C.), Ifigenia entre los Tauros (414 a.C.),
Helena (412 a.C.), Ión (413/412 a.C.), Fenicias (412/408 a.C.), Ifigenia en Áulide (409 a.C.), Bacantes (406 a.C.), Orestes (408 a.C.). Igualmente, han llegado hasta nosotros numerosos fragmentos de otras obras de Eurípides que proporcionan no sólo
títulos de tragedias, sino también información sobre el argumento de las mismas. Así,
gracias a esos fragmentos16, tenemos conocimiento de obras como Télefo, Dictis,
12 Cf. infra, pp. 12-20.
13 Una de las cuales sostiene que fue muerto por un grupo de mujeres enfurecidas por todos los insultos
y desprecios de que eran víctimas las heroínas de sus obras (J.C. Hoefer, Nouvelle biographie générale depuis les temps les plus reculés jusqu’a 1850-60, Copenhague, Rosenkilde et Bagger, 1966, s.v. Euripide).
14 López Férez, “Eurípides”, op.cit., p. 355.
15 Algunos estudiosos cuentan diecinueve tragedias, incluyendo Reso. No obstante, la mayoría de los estudiosos la excluye de sus obras por no considerarla como auténtica. Cf. A. Lesky, La tragedia griega, Barcelona, Labor, 1973, p. 165; López Férez, op. cit., p. 355.
16 Para más detalle sobre estos fragmentos, cf. Augustus Nauck, Euripidis perditarum tragoediarum
Cretenses, Ino, Belerofonte, Cresfontes, Eolo, Esteneba, Erecteo, Faetón, Melanipa cautiva, Alejandro, Andrómeda, Antíope, Hipsípila, Arquelao, Meleagro, Dánae. El gran número de obras y fragmentos conservados de este trágico es testimonio de su
popularidad y de “su enorme aprecio en el Egipto helenizado”17, de donde provienen
la mayor parte de los papiros sobre Eurípides.
En el caso de la vida de Hipócrates, corremos con poca suerte, pues son muy pocos
los datos que han llegado hasta nosotros18. Al parecer nació en la isla de Cos en 460
a.C. y murió en 370 a.C.. Su padre, Heraclidas, era un famoso médico, con quien
seguramente se inició en este arte. Existe también una tradición mítica según la cual
toda su familia pertenecía al grupo de los “Asclepíadas”, esto es, a los hijos o
descendientes de Asclepio, dios de la medicina19; con lo cual, la medicina formaba
parte de su tradición familiar. A menudo se le atribuye la creación de la escuela
médica de Cos20, sin embargo, dada la tradición médica de su familia
(independientemente de la versión mítica, se conoce que de hecho muchos familiares
de Hipócrates, su padre entre otros, practicaban la medicina), es probable que
sencillamente perteneciera a esta escuela y que, al viajar por diferentes lugares de
17 López Férez, “Eurípides, op. cit., p. 378-379.
18 Sin embargo, existe una amplia bibliografía sobre la figura de Hipócrates, cf. J. Jouanna,
“Hipócrates”, en El saber Griego. Diccionario crítico, J. Brunschwig y G. Lloyd (eds.), Madrid, Akal, 2000, pp. 510-517.; P. Laín Entralgo, La Medicina Hipocrática, Madrid, Alianza, 1987; J.A. López Férez, “Las ciencias. La colección hipocrática”, en op. cit., pp. 613-649.
19 Al respecto, cf. J. Jouanna, op. cit., p. 511.
20 Esta era la escuela médica más conocida, no obstante, existía también la escuela Cnidia de medicina,
la cual se diferenciaba de la de Cos principalmente en el enfoque que de la enfermedad tenía. Mientras que los médicos pertenecientes a la escuela de Cos se preocupaban más por hallar las causas de la enfermedad para evitar su futura aparición, los cnidios se centraban más en identificar y curar la enfermedad lo más rápido posible sin atender a las causas. Sobre la Escuela Cnidia cf. A. Alamillo Sanz y M. D. Lara Nava, Tratados Hipocráticos VI. Enfermedades, Madrid, 1990, pp. 10-13.
Grecia, consiguiera divulgar su nombre a la par que él mismo se hacía de una buena
reputación21.
Bajo el nombre de Hipócrates ha llegado hasta nosotros un grupo de textos
médicos conocido como la Colección Hipocrática o Corpus Hipocraticum. Esta colección la conforman cincuenta y tres tratados en setenta y dos libros. La
clasificación del material de la Colección ha tenido, a lo largo de la historia, diferentes criterios: el de la autoría, el cronológico y el temático. En 1839, E. Littré
publicó las obras completas de Hipócrates en diez volúmenes, clasificando los
tratados según el criterio de la autoría, esto es, en tratados atribuibles o no a
Hipócrates22. Hoy en día, la edición de Littré sigue siendo la más completa, aunque
respecto a la clasificación de las obras, difieran algunos estudiosos23. Otro problema
relacionado con la Colección, es la llamada “cuestión hipocrática”, similar a la cuestión homérica, relativa a la autoría de los tratados. Como ya se señaló, Littré
clasifica las obras de acuerdo con su posible atribución a Hipócrates, sin embargo, se
ha llegado a sostener la hipótesis de que ninguna de las obras de la Colección fue
21 Sobre la figura de Hipócrates como médico destacado, cf. Platón Phaedr. 269c-272a, Prot. 311b-c. 22
Oeuvres complètes d’Hippocrate. Paris, J.B. Baillière. Disponible en http://www.bium.univ-paris5.fr/histmed/medica/hipp_vf.htm. Para la clasificación de los tratados, cf. vol. I, pp. 292-439. 23 Sobre las posiciones en cuanto a la clasificación de los tratados, cf. C. García Gual et al, Tratados
HipocráticosI, Madrid, 1983, pp. 9-61; P. Laín Entralgo, op. cit., 1987, pp. 11-20; López Férez, “Las ciencias. La colección hipocrática”, op. cit., pp. 619-621. Cabe señalar que, debido a las dificultades que presenta el establecimiento de la autoría de los tratados y su clasificación cronológica, las mayoría de las ediciones recientes prefieren una clasificación temática. Así, por ejemplo, García Gual et al, op. cit., Madrid, 1983-1989, en seis volúmenes.
escrita, en efecto, por él, incluso “casi nadie se atreve hoy día a poner nombre de
autor a texto hipocrático alguno”24.
La dificultad en la resolución de la cuestión hipocrática ha llevado a numerosos
filólogos a renunciar a su discusión, centrando la atención en el estudio del contenido
literario y científico de los tratados. Incluir aquí una lista de todos los tratados de la
Colección sería de poca utilidad, sin embargo, sí creemos necesaria la inclusión de una lista abreviada de los tratados, con la finalidad de presentar un panorama de la
diversidad temática presente en ellos25:
• de carácter general: Juramento, Ley, Sobre el arte médica, Sobre la medicina
antigua, Sobre el médico, Sobre la decencia, Preceptos, Aforismos
• anato-fisiológicos: Sobre la anatomía, Sobre el corazón, Sobre la naturaleza
del hombre, Sobre la generación, Sobre la naturaleza del niño
• dietéticos: Sobre la dieta, Sobre la dieta sana
• de carácter patológico general: Sobre los aires, aguas y lugares, Sobre los
humores, Sobre los días críticos, Sobre los flatos, Pronóstico, Predicciones I y III
• de patología especial: Epidemias I-VII, Sobre las afecciones, Sobre las
enfermedades I-III, Sobre la enfermedad sagrada
• de contenido terapéutico: Sobre la dieta en las enfermedades agudas
24 López Férez, “Las ciencias. La colección hipocrática”, op. cit., p. 621. 25 Esta lista ha sido tomada de López Férez, Ibid., p. 622.
• quirúrgicos: Sobre las fracturas, Sobre las articulaciones, Sobre la palanca,
Sobre las heridas de la cabeza
• oftalmológicos: Sobre la visión
• ginecológicos, obstétricos y pediátricos: Sobre las doncellas, Sobre la
naturaleza de la mujer, Sobre las enfermedades de la mujer.
Finalmente, puesto que Eurípides e Hipócrates compartieron el mismo escenario
intelectual, político y cultural, es altamente probable que sus obras se vieran
influenciadas por las principales tendencias de la época, resultando en la existencia de
puntos de coincidencia a nivel léxico y/o ideológico a pesar de pertenecer a géneros
literarios tan diferentes.
O
BJETIVOSPartiendo de la figura del héroe perturbado presente en las tragedias Heracles mainómenos y Orestes, realizaremos un estudio comparativo de las descripciones sintomatológicas de cada héroe y de éstas con los síntomas de la enfermedad
definidos en los tratados hipocráticos Sobre la enfermedad sagrada y Enfermedades
I, con el objeto de:
3) establecer la relación existente entre el padecimiento del héroe y el sentido
4) elaborar un estudio lexicográfico y semántico de la sintomatología de la
enfermedad presente en las tragedias y en los tratados hipocráticos escogidos.
M
ETODOLOGÍAPara la elaboración de este estudio comparativo, se recurrirá al análisis filológico y
literario26, consistente en la lectura y traducción de los textos en lengua original27,
apoyándose igualmente en diversas ediciones con la finalidad de confrontar las
propuestas que para el texto tiene cada una de ellas. De igual forma, es necesaria la
contextualización de las obras estudiadas para lograr la comprensión del estilo e
intencionalidad del autor. Luego, se complementa el análisis con la exposición de las
principales posiciones críticas sobre el tema, con el propósito de mostrar los diversos
puntos de abordaje posibles. Finalmente, se elabora el análisis comparativo
lexicográfico de los fragmentos seleccionados, con la finalidad de determinar las
similitudes encontradas en los textos en cuanto al vocabulario y estructuras
empleadas.
Así, siguiendo estas pautas, en la Primera Parte del presente estudio se describe el
contexto cultural y político que influyó en Eurípides e Hipócrates y, especialmente, la
manera como se reflejó en sus obras. Luego de contextualizada la obra de ambos
autores, se realiza en la Segunda Parte, un breve estudio sobre las tragedias y tratados
26 Sobre los orígenes y pautas de este tipo de análisis, cf. A.M. González de Tobía, “El análisis
filológico-literario en el estudio de los textos griegos clásicos”, Actual (Mérida) (35): 15-24, 1997. 27 Para el presente estudio, los textos griegos serán tomados de D. J. Dumont y R. M. Smith, Musaios, CD-ROM versión 1.0d, © 1992-1995.
escogidos, exponiendo brevemente su contenido y estableciendo las semejanzas y/o
diferencias existentes entre ellos en cuanto a las descripciones sintomatológicas de
cada héroe. Al mismo tiempo, se presentan los diversos puntos de vista de algunos
especialistas respecto a cada aspecto estudiado de las obras escogidas, con la
finalidad de mostrar los posibles puntos de abordaje28. Por último, en la Tercera
Parte, se procede a la elaboración del análisis comparativo lexicográfico en lengua
original de los fragmentos escogidos, con el objeto de demostrar la existencia de
similitudes en el vocabulario y en las estructuras sintácticas presentes en las
descripciones sintomatológicas de las tragedias y los tratados hipocráticos.
28 Entre los puntos de vista expuestos tenemos: sobre Eurípides y las tragedias Heracles y Orestes: U. Albini, Euripide o dell’invenzione, Milano, Garzanti Libri, 2000; F. Dunn, Tragedy’s end. Closure and innovation in Euripidean drama, New York, O.U.P., 1996; J. Gregory, “Euripides as social critic”,
G&R (49; 2): 145-162, 2002; J. López Saco, “El héroe griego perturbado y criminal: Heracles trágico”, Praesentia (Mérida) (4-5), disponible en http://vereda.saber.ula.ve/sol/praesentia6/julio1.doc; Z. Theodorou, “Subject to emotion: exploring madness in Orestes”, CQ (43, 1): 32-46, 1993; sobre la medicina hipocrática: P. Laín Entralgo, La medicina hipocrática, Madrid, Alianza, 1970; M.D. Lara Nava, “El prestigio del médico hipocrático”, C.F.C. (G): Estudios griegos e indoeuropeos (14): 45-58, 2004; I. Rodríguez Alfageme, La literatura científica griega, Madrid, Síntesis, 2004; O. Temkin y C. Temkin (eds.), Ancient medicine. Selected papers of Ludwig Edelstein, Baltimore, The John Hopkins University Press, 1967.
PRIMERA PARTE
La Ilustración Ateniense
Durante el siglo V a.C. Atenas fue objeto de numerosas transformaciones29 que
cambiaron la mentalidad de sus ciudadanos. La instauración de la democracia como
régimen fue el hecho que permitió la prosperidad de la ciudad, no sólo en el ámbito
político y económico, sino también en el científico y cultural. Este nuevo sistema que
promovía la participación de todos los ciudadanos30 en los asuntos del Estado, creó
un ambiente propicio para la discusión y el debate de diversas posturas, atrayendo a la
ciudad intelectuales de orígenes diversos que veían en Atenas el escenario ideal para
la difusión y discusión de sus ideas y postulados. Además, el establecimiento de
tribunales populares para la resolución de casos judiciales y los discursos sobre
diversos temas en el ágora convirtieron a los atenienses en lo que Gómez Espelosín
llama “buenos ‘catadores y degustadores’ de palabras”31. Este ambiente dominado
preponderantemente por la palabra, abierto a la discusión y participación, fue
29Para una información pormenorizada sobre dichas transformaciones Cf. C.M. Bowra, La Atenas de
Pericles, Madrid, Alianza, 1974; R. Flacelière, La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles, Madrid, Temas de Hoy, 1989; F.J. Gómez Espelosín, Introducción a la Grecia Antigua, Madrid, Alianza, 1998; C. Rocco, Tragedia e Ilustración, Barcelona, Andrés Bello, 1996; F. Rodríguez Adrados,Ilustración y Política en la Grecia Clásica, Madrid, Revista de Occidente, 1966, Democracia y literatura en la Atenas Clásica, Madrid, Alianza Universidad, 1997, Historia de la democracia. De Solón a nuestros días, Madrid, Temas de Hoy, 1997; R. K. Sinclair, Democracia y participación en Atenas, Madrid, Alianza, 1999.
30 Sobre la participación del ciudadano Cf. Sinclair, op.cit., “Ciudadanos y participación política”, pp. 187-236.
determinante para el surgimiento y difusión de movimientos intelectuales como la
sofística32, el nuevo impulso de géneros como la tragedia y la definición y desarrollo
de la medicina como ciencia, pues en un comienzo, ésta se valió de discursos de
carácter público para dar a conocer sus nuevas tendencias y principios, como veremos
más adelante. Es en este ambiente donde según Jaeger, la producción estética e
intelectual de los atenienses no alcanzó nunca un estadio más alto, llevando a “la
agudeza espiritual de un pueblo, ya de por sí extraordinariamente inteligente y
sensible, a la plenitud de su desarrollo”33. Indiscutiblemente, todo esto no hubiera
sido posible sin la iniciativa constante y participación directa de un gobernante
genuinamente interesado en el desarrollo y expansión (en todos los niveles) de su
ciudad como lo fue Pericles. Bajo su mandato, emprendió un proyecto de obras
públicas, tanto en Atenas como en otras ciudades de Grecia, con la finalidad de
imprimir en ellas la grandeza que, a su parecer, merecían. Así, se construyeron en
Atenas templos dedicados a diferentes divinidades como Hefestos y Dionisos, siendo
el más significativo y costoso el Partenón, dedicado a Atenea Parthenos, protectora de
la ciudad.
Sin embargo, de la mano de este ambiente de progreso cultural y económico,
estuvo presente la guerra, elemento profundamente devastador. La creciente
expansión del dominio de Atenas hacia occidente creando alianzas con ciudades
32 Para una información detallada de la sofística, sus postulados y principales representantes, Cf. T.
Calvo, De los sofistas a Platón: Política y Pensamiento, Madrid, Cincel, 1986. 33Paideia: los ideales de la cultura griega, 2ª ed., Bogotá,F.C.E., 1997,p. 306.
como Leontini y Regio34, incrementó la preocupación de su gran rival: Esparta.
Desde el 431 al 404 a.C. Atenas y Esparta se vieron involucradas en la Guerra del
Peloponeso. Aunado a esto, durante el primer año de la guerra, Atenas fue devastada
por una terrible peste que diezmó considerablemente su población, acabando además
en 429 a.C. con la vida de Pericles, así como también con el ánimo de sus
sobrevivientes. Luego de períodos intermitentes de paz y guerra durante casi treinta
años, Atenas se vio obligada a claudicar en 404 a.C., luego de la invasión del Ática
por parte del almirante espartano Lisandro.
Lo importante de esta breve exposición es que, a pesar de la desolación y
desequilibrio causados por la guerra, el ambiente de apertura y tolerancia reinante en
la Atenas del siglo V permitió que personajes tan importantes como Esquilo, Sófocles
y Eurípides, Protágoras y Gorgias, Heródoto, Tucídides, Hipócrates y Sócrates, por
mencionar algunos, convivieran en el mismo espacio geográfico, difundiendo los
movimientos y géneros de los cuales eran representantes.
I
.
E
URÍPIDES Y EL PENSAMIENTO RACIONALPara el momento en que Pericles se encontraba en la cúspide del poder, Eurípides
estaba también en el mejor momento de su producción. Este apogeo de la obra
euripídea se debe a que el teatro y, especialmente la tragedia, representó “uno de los
fenómenos culturales más característicos de este período de florecimiento de la
cultura y de la vida atenienses”35, pues los festivales dramáticos en Atenas estaban
bien instituidos y gozaban de gran popularidad. No obstante, a pesar de que la base de
la tragedia sigue siendo de naturaleza mítica, el héroe trágico es enfocado desde un
punto de vista un tanto diferente, en el que predominan juicios matizados y
complejos, debates y una diversidad de opiniones que, finalmente, reproduce a escala
mítica, el ambiente democrático36.
En un artículo titulado Tragedia, ilustración y socratismo, Nava Contreras37 propone enmarcar la obra de Eurípides dentro de la “gramática del pensamiento
ilustrado” señalando, a su vez, que este pensamiento “debe inscribirse en el marco de
las complejas relaciones políticas y sociales que caracterizan la convivencia
democrática en la polis ateniense”. En esta convivencia democrática, los dilemas existentes “entre filosofía y sofística, individuo y colectivo, razón y retórica, voluntad
de conocimiento o de poder”38, son los que encontramos más vigentes. Gracias a los
beneficios de la , estos dilemas encontrarán salida en la tragedia,
que al “apropiarse de los antiguos mitos destaca e interroga acerca de los valores del
presente, al confrontar a los opuestos, al presentar lo extraño, lo desconocido, al crear
esa extraña fórmula nutrida de lo extravagante, la desmesura, lo deinós, no hace más
35Ibíd, p. 177.
36 Rodríguez Adrados, Democracia y literatura en la Atenas clásica, p. 17.
37 M. Nava Contreras,“Tragedia, ilustración y socratismo”, Praesentia (Mérida) (4-5): 1-11, 2000. 38Ibid, p. 5.
que cuestionar los preceptos básicos de la civilización, la eficacia del progreso
humano, de la justicia y de la vida de la polis”39.
Partiendo de las críticas postuladas por Nietzsche en El nacimiento de la Tragedia,
Nava nos recuerda que para el filósofo alemán, la obra de Eurípides personifica el
drama socrático en tanto que sus héroes, al igual que Sócrates, se ven obligados a
justificar sus acciones por medio de razonamientos, argumentos y contra-argumentos,
perdiendo para nosotros como espectadores, todo interés trágico40. Trata de llamar la
atención sobre el hecho de que, mediante el debate dialéctico, los valores de la
tradición religiosa se tambalean, siendo sustituidos por la razón.
En este contexto en que la razón reemplaza las creencias tradicionales, en donde
“esa conciencia democrática de que la verdad puede esconderse detrás de cualquier
ciudadano, aún en el más humilde”41, trae como consecuencia precisamente eso, que
cualquier ciudadano se crea poseedor de la verdad, demostrando así que la nueva
tendencia a explicar todo racionalmente se vuelve manipulable e influenciable. No
obstante, esta posibilidad de participación activa de cualquier ciudadano en cualquier
debate se verá reflejada en la tragedia, no siempre en los mismos escenarios, pero
siempre con la misma arma: el argumento de la razón, y siempre persiguiendo el
mismo fin dialéctico: la ☺ .
39Ibid, p.7 40Ibid, p. 2 41Ibid, p. 9. 42Ibid, p.10.
Eurípides, como buen representante de la sociedad en que le correspondió vivir, se
interesó por todos los nuevos movimientos de su tiempo sin permanecer fiel a
ninguno en particular, impregnando sus obras de elementos que evidencian la
influencia de estas nuevas tendencias, especialmente, del arte de la discusión43. Según
Jaeger44, el torneo retórico se convirtió, poco a poco, en uno de los aspectos más
atractivos del teatro y por esta razón, encuentra en la obra de Eurípides la sala de
debate de las corrientes más importantes de su época45. Rodríguez Adrados concuerda
con Jaeger al afirmar que “lo esencial es que sus obras son una oportunidad para el
debate de todas las posiciones, de todas las ideas que luchaban en la época”46,
definiendo la tragedia como un tercer foro donde se discutían, con matiz mítico, los
mismos problemas. De igual manera, Nava opina que en las obras de Eurípides es
perceptible “El peso de una tradición sofística y retórica, así como la fe en los
poderes de la dialéctica y en la validez del concepto como estrategia de apropiación
de la verdad” 47.
Autores como Gómez Espelosín y Bowra concuerdan en que, a pesar de pertenecer
a la segunda mitad del siglo V a.C., la mentalidad de Eurípides se corresponde con
una época más avanzada. Esto se evidencia en los diferentes puntos de vista
adoptados en su obra y en la de su contemporáneo Sófocles:
43 Sobre el criticismo literario y la retórica en la época clásica, cf. E. Paglialunga, Manual de Teoría
Literaria Clásica, Mérida, U.L.A., 2001 y la bibliografía allí citada. 44Op. cit., p. 315.
45Ibid., p. 318.
46 Rodríguez Adrados,Democracia y literatura en la Atenas clásica, p. 18. 47 Nava, op. cit., p. 9.
Eurípides es un artista menos perfecto y menos ingenuo que Sófocles, pero en ciertos aspectos es más interesante y, aunque no exprese un punto de vista único y coherente, refleja varias especulaciones corrientes y nos informa mejor que Sófocles acerca de las luces conductoras de la época de Pericles... El respeto por el razonamiento... conmueve a Eurípides y explica un principalísimo rasgo de su estilo dramático. Sin duda, responde a una tendencia personal, pero es también característico de su tiempo y algo notoriamente ausente en Sófocles48.
De igual forma, Gómez Espelosín señala que “La doctrina cívica y moral que se
desprende de las obras de Esquilo y Sófocles está ausente de la de Eurípides. Sólo le
interesaba la búsqueda y el análisis de las cuestiones, no su resolución definitiva”49.
Y es precisamente ese análisis (que no su resolución) lo que le permite a nuestro
poeta adoptar una postura más subjetiva respecto a sus personajes, una más
individualista. Esta postura se ve reflejada en el tratamiento aplicado a sus héroes,
pues los ha despojado de su grandeza mítica y los ha vuelto más humanos, “son los
hombres ‘como son’ los que su teatro nos hace ver, con sus vicios y sus virtudes”50
que se manifiestan al momento de tomar alguna decisión por medio de reacciones
imprevisibles, “mediante un salto en su conducta... merced a potencialidades que
existen en el alma humana”51. Dichas reacciones se traducen en cambios inesperados
en la conducta del héroe, arrepentimientos insospechados, indecisiones sobre las
acciones a seguir, es decir, el problema se convierte en una perturbación psicológica
48 Bowra, op. cit., pp. 145-146. 49Op. cit., p. 181.
50 Rodríguez Adrados, Ilustración y política en la Grecia clásica, pp. 476-477. 51Ibid., p. 469.
del héroe, en el surgimiento de otra fase de su ser52; en otras palabras, el héroe
euripideo carece de una estabilidad psíquica que lo dote de unidad de carácter53.
Otro aspecto reflejado en su obra es el de la inclusión de personajes normalmente
marginados: la mujer, el esclavo y el bárbaro. Con respecto al tema de la mujer,
creemos, al igual que Alsina, que Eurípides era en realidad un defensor de la mujer
que antes de él, estaba encerrada entre las paredes de su casa y las del gineceo54, y es
él quien la saca de esas restringidas esferas y les da un papel protagónico.
Presumiblemente, el interés en estas esferas se debe a la apertura que estaba
experimentando la sociedad ateniense, albergando en su seno a intelectuales
extranjeros y fomentando el interés de todos los ciudadanos en los asuntos del Estado.
Es importante destacar que nuestro poeta no sólo pone en escena a clases marginadas,
sino que se toma el tiempo necesario para dibujarles un perfil psicológico definido,
nunca antes expuesto; como menciona Bowra, los “tipos humanos, antes
menospreciados o relegados, se convertían en centros de interés... Es la doctrina de
Pericles a la que Eurípides aporta una nueva fuerza al hacer asumir a Atenas la
responsabilidad del oprimido, cualquiera que sea su origen”55. Sin embargo, no
necesariamente debemos ver en nuestro poeta a un crítico social, sino a alguien que se
52 Rodríguez Adrados, op.cit., p. 469.
53 J. Alsina, Tragedia, religión y mito entre los griegos, pp. 90-91.
54 Alsina, op. cit., p. 76. Sobre la mentalidad griega y lo femenino, Cf. Gómez Espelosín, op. cit., pp. 204-210; A. Iriarte Goñi, De Amazonas a ciudadanos. Pretexto ginecocrático y patriarcado en la Grecia Antigua, Madrid, Akal, 2002; N. Loraux, Las experiencias de Tiresias (Lo masculino y lo femenino en el mundo griego), Barcelona, Acantilado, 2004; C. Mosse, La mujer en la Grecia Clásica, Madrid, Nerea, 1991; S. Pomeroy, Goddesses, whores, wives, & slaves. Women in Classical Antiquity, London, Pimlico, 1994.
preocupa por la estructura de su sociedad y que su intención es mostrar todo el
panorama social y rechazar las actitudes sociales predominantes del momento56.
Como se mencionó más arriba, en medio del ambiente de prosperidad intelectual
que Atenas estaba experimentando, coexistía también, con períodos de intermitencia,
la guerra. Esta circunstancia tan desfavorable ocasionó que la población comenzara a
cuestionarse sobre le proceder de las divinidades protectoras de la ciudad:
El escepticismo sobre el culto estadal a las divinidades protectoras empezó a difundirse entre la gente ante la creencia, cada vez más generalizada, de que los desastres del momento ponían de manifiesto un cierto distanciamiento de la divinidad. Este espíritu escéptico se deja sentir bien patente en los sofistas y en las obras de Eurípides... Además, las críticas a la religión tradicional por parte de los sofistas y, en general, por todo el movimiento intelectual de estos momentos minaron de forma decisiva todo el entramado en que se basaba la polis57.
La guerra y la peste, fueron factores determinantes en el comienzo de una crisis
cívica y moral que se convirtió en anarquía y en el cuestionamiento de la divinidad.
Tucídides nos informa sobre cómo estos factores habían afectado a la sociedad
ateniense:
También en los demás aspectos, la enfermedad fue para la ciudad el inicio de una falta de respeto a las normas... Ni el temor de los dioses ni la ley de los hombres eran un obstáculo, por juzgar que lo mismo daba ser respetuoso que no, cuando veían que todos perecían por igual y por creer que nadie viviría hasta el juicio para pagar por sus delitos, sino que ya pendía sobre ellos un castigo mucho mayor y, antes de que les cayese encima, era natural que disfrutasen algo de la vida.
Los atenienses, inmersos en tal calamidad, se sentían agobiados cuando morían las personas dentro y era devastada la tierra fuera58.
56 J. Gregory,
“Euripides as social critic”, G&R (49; 2):145-162, 2002. 57 Gómez Espelosín, op. cit., p. 217.
Todos estos cambios de mentalidad consiguieron un medio de expresión en la obra
de Eurípides, quien en su afán de comprender el proceder de la divinidad, analiza
escrupulosamente en sus tragedias la relación del hombre con los dioses59. Al
expresar en sus obras la realidad que lo rodea, nuestro poeta consigue acercar esa
esfera tan distante de lo divino imprimiéndole matices más terrenales, con la finalidad
de intentar comprender el destino del hombre y su relación con los dioses: “Por
primera vez en Eurípides aparece como un deber elemental del arte la voluntad de
traducir en sus obras la realidad tal como se da en la experiencia. Y puesto que halla
el mito ante sí como una forma previamente dada, el poeta deja fluir a través de su
cauce un nuevo sentido de la realidad”60. Es por esto que muchas veces se ha
intentado ver en Eurípides una tendencia a racionalizar los mitos, sin embargo,
preferimos seguir a Alsina cuando afirma que “la fuente de inspiración de Eurípides
se halla en algo más que en la pura y simple reflexión racionalista sobre el mundo. La
raíz de su obra poética, el hontanar del que se ha nutrido esa magna y paradójica
producción, es un esfuerzo descomunal por hallar el sentido del cosmos y del destino
humano”61. En otras palabras, creemos, con Festugière62, que ese análisis tan racional
y minucioso de lo divino y de las relaciones hombre-dioses, no tiene como fin último
59 Festugière, La esencia de la tragedia griega, Barcelona, Ariel, 1986, p. 33. 60 Jaeger, op.cit., p. 312.
61Op. cit., p. 99.
62 Op. cit., pp. 33-35. En el capítulo titulado “Eurípides el contemplativo”, Festugière expone que Eurípides “lejos de denotar un alma irreligiosa, manifiesta el sentido religioso más auténtico, que es esencialmente una ‘Búsqueda de Dios’, un esfuerzo siempre y siempre renovado para conocer mejor a Dios, para comprenderlo mejor”.
racionalizar los mitos sino el intentar acercarse a la divinidad para comprender mejor
su proceder.
Vemos entonces cómo el conjunto de cambios sociales e intelectuales de la Atenas
del siglo V encuentran salida en la obra del poeta, no sólo a manera de vitrina de
exhibición, sino como una prueba de que el autor también experimenta y sufre todas
las transformaciones de su tiempo.
Finalmente, los aspectos más influyentes en la obra de Eurípides se pudieran
reducir a:
1) El auge de la discusión y la participación, que se tradujo en el debate de
diversos puntos de vista entre los personajes, reproduciendo ese ambiente
democrático dominante.
2) El uso de mitos antiguos como medio de exposición de los valores del
presente, de confrontación de opuestos, es decir, de la vida de la
.
3) El enfoque individualista y subjetivo de los héroes míticos, como producto del
análisis psicológico de los mismos ante diversas situaciones.
4) El análisis exhaustivo de la relación entre el hombre y la divinidad, en la
búsqueda de una mejor comprensión del proceder de la divinidad y de su
relación con el destino de los mortales.
63 El empleo de mitos antiguos para exponer valores y situaciones del presente se encuentra también en
II
.
H
IPÓCRATES.
L
A MEDICINA ENTRE CIENCIA Y EMPIRISMOEn medio de este ambiente de constantes cambios, surge la figura de Hipócrates64 y
su escuela, cuyos preceptos llevarán a la medicina hacia importantes
transformaciones. El primero de estos cambios es, como vimos también en Eurípides,
la importancia que va a adquirir el pensamiento racional, el cual se manifestará
principalmente en la forma que tendrá el médico de concebir su arte, pues a partir del
siglo V a.C. el médico empezará a abandonar el aspecto mágico y religioso que
anteriormente acompañó a la medicina. Al respecto, Laín Entralgo señala la
necesidad de tener en cuenta que:
... en la génesis de esa medicina ‘científica’ o ‘fisiológica’ concurrieron –para no hablar de lo fundamental: la madurez intelectual y técnica del genio griego en el siglo V- tres instancias históricas distintas: una empírica (la acumulación de experiencia por los prácticos nómadas capaces de ello), otra religiosa (algo tuvo que ver con la medicina hipocrática el culto médico a Asclepio) y otra filosófica (el pensamiento presocrático acerca de la physis)65.
Nos ocuparemos de cada una de ellas, pero no en ese estricto orden.
Por ahora volvamos al racionalismo. En los tratados que conforman el Corpus Hippocraticum66, se percibe una firme tendencia hacia la búsqueda de explicaciones
concretas para el fenómeno de la enfermedad. A este respecto, Rodríguez Alfageme
comenta que para el autor del tratado Sobre la medicina antigua “los descubrimientos
64 Cf. pp. 4-5.
65La curación por la palabra en la antigüedad clásica, Barcelona, Anthropos, 1987, p. 165. 66 En adelante, C.H.
del ‘arte’ se han logrado mediante el razonamiento siguiendo el camino adecuado y
no por obra del azar. De esta forma, ha sido en el ámbito de la medicina hipocrática
donde se han planteado por primera vez en la historia los problemas epistemológicos
de la ciencia”67. Igualmente, Babini afirma que el rasgo característico del C.H. estriba en el nuevo enfoque con que el médico se aproxima a su ciencia:
... el nuevo carácter que adopta la medicina entre los griegos del siglo V, reflejado en las concepciones respecto del médico, del enfermo, y de la enfermedad, que en definitiva no son sino los rasgos de la medicina científica, surgida de la medicina empírico-racional de los siglos anteriores, con escasa dosis de elementos mágico-religiosos, y cuyo fundamento sigue las huellas de los fisiólogos del siglo VI al reconocer la enfermedad como un fenómeno natural sujeto a la ley de causalidad68.
De la opinión de Babini se desprende que la nueva corriente racional tiene como
una de sus finalidades (más adelante nos referiremos a otra) despojar a la medicina
del matiz mágico-religioso que desde sus inicios la ha acompañado. Y el primer
síntoma de ese despojo es la nueva concepción sobre los orígenes de la enfermedad,
comenzando a desechar la explicación de su origen divino:
Frente a la concepción de ésta como un castigo de origen divino causado por la falta de un hombre, o como una posesión demónica, idea que estaba muy presente en la sociedad de la época, los tratados del Corpus Hippocraticum adoptan una postura racional a la hora de explicar las causas morbosas. La enfermedad forma parte de la Naturaleza (physis) y por lo tanto ha de obedecer a causas naturales69.
En el C.H. encontramos claramente expresada esta nueva concepción en el tratado Sobre la enfermedad sagrada, en el cual el autor señala que el origen de esta
enfermedad (identificada actualmente con la epilepsia) es el mismo de las demás, es
67Literatura científica griega, Madrid, Síntesis, 2004, p. 66. 68Historia de la medicina, Barcelona, Gedisa, 2000, p. 30. 69 Rodríguez Alfageme, op. cit., p. 64.
decir, tiene unas causas naturales como las demás, y al mismo tiempo, desdeña a las
personas que le atribuyen un carácter divino:
Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede lo siguiente. En nada me parece que sea algo más divino ni más sagrado que las otras, sino que tiene su naturaleza propia, como las demás enfermedades, y de ahí se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideraron los hombres como una cosa divina por su inexperiencia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demás. Pero si por su incapacidad de comprenderla le conservan ese carácter divino, por la banalidad del método de curación con el que la tratan vienen a negarlo. Porque la tratan por medio de purificaciones y conjuros (1, 1-10).
En el fragmento citado se refleja la intención del médico hipocrático de plantear su
conocimiento en términos objetivos, alejándolo de cualquier matiz mágico y/o
religioso. Es precisamente esta nueva perspectiva lo que transformará a la medicina
en una ; así “La práctica terapéutica, en consecuencia, deja de ser
empirismo rutinario, operación mágica o ‘purificación’ del enfermo, y se trueca en
‘arte’ o tékhnê, en tékhnê iatrikê”70. Sin embargo, el médico hipocrático se encontrará a menudo con el inconveniente de que el individuo común acude a curaciones
religiosas y mágicas en las que confía plenamente, pues esta nueva tendencia de
incredulidad hacia la divinidad estaba restringida a un cierto grupo, a los
‘ilustrados’71.
Otro fin perseguido por esta corriente racionalista es el de definir el campo de la
medicina separado de la filosofía, pues si bien es cierto que la medicina nace de la
mano de la filosofía, y específicamente de la filosofía natural jonia, llega un momento
70 Laín Entralgo, op. cit., p. 167.
71 L. Edelstein, “Greek medicine in its relation to religion and magic”, en Owsei Temkin y C. Lilian
Temkin (eds.), Ancient Medicine. Selected papers of Ludwig Edelstein, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1967, pp. 207-210.
en que los métodos y preceptos de esta última le son insuficientes. Sin embargo, la
medicina no podrá nunca negar su herencia filosófica, pues, como afirma Jaeger, “La
medicina jamás habría llegado a convertirse en una ciencia sin las indagaciones de los
primeros filósofos jónicos de la naturaleza que buscaban una explicación ‘natural’ de
todos los fenómenos”72.
Dos nociones fundamentales de la filosofía jonia73 se convirtieron en el punto de
partida de la medicina hacia su camino como ciencia independiente: la noción de
, la naturaleza, y la de , el equilibrio.
En cuanto a la noción de , la medicina hipocrática se verá
influenciada por el concepto de , la
naturaleza del universo, como conjunto, que “se realiza y concreta dando a cada cosa
su propia phýsis”74, y de allí forjará la pauta para el concepto de
; este concepto de se
convertirá en el punto unificador de los escritos del C.H.. En otras palabras, “¿Qué es la physis para los médicos hipocráticos? Fundamentalmente, la ‘naturaleza’ del
conjunto de todas las cosas y la ‘naturaleza’ de cada cosa en particular”75. Más
concretamente, este concepto tendrá aplicación en la nueva forma de acerarse al
estudio de la enfermedad, pues ésta ya no será considerada como un hecho aislado
sino que será abarcada no sólo en relación con el individuo al que afecta, sino
72Op. cit., p. 785.
73 Para un estudio sobre la ciencia jonia, cf. A. Cappelletti, Ciencia jónica y pitagórica, Caracas, Universidad Simón Bolívar, 1980.
74 Laín Entralgo, La medicina hipocrática, Madrid, Alianza, 1970, p. 47. Sobre la medicina hipocrática y la noción de , cf. el capítulo “Medicina y ‘Physiologia’”, pp. 43-109.
también en relación con su propia y con la naturaleza que rodea al
individuo. Es éste precisamente el tema principal del tratado Sobre los aires, aguas y lugares, en el que el autor manifiesta la importancia que tiene para todo médico el
conocer las condiciones ambientales en las que vive y se desarrolla el paciente, ya
que dependiendo de la ubicación del lugar, el tipo de vientos que comúnmente corren
y las características del agua de la región, el paciente será más propenso a tal o cual
enfermedad.
El interés de buscar la causa de la enfermedad, ya sea en el ambiente o en cualquier
otro fenómeno, es igualmente herencia de la filosofía. La etiología practicada por los
médicos hipocráticos demuestra la estrecha relación que la medicina mantiene aún
con la filosofía: el reducir todo fenómeno, incluido la enfermedad, a causas
naturales76. En este punto empieza a abrirse una brecha entre ambas. La etiología de
los filósofos los llevó a explicar que los cuerpos están constituidos por opuestos; así,
para Anaximandro, estos opuestos son lo caliente, lo frío, lo húmedo y lo seco, y para
Empédocles, el fuego, el aire, el agua y la tierra. El equilibrio
( ) entre éstos garantiza la conservación de los cuerpos. Sin
embargo, estos opuestos resultan muy abstractos para la medicina, por lo que el
médico hipocrático se ve en la obligación de añadir los nombres de otras potencias
más tangibles como lo salino, lo ácido, lo astringente, lo insípido y otros más. Según
Cornford77 “El aspecto esencial consiste en que las listas contienen únicamente
76 Rodríguez Alfageme, op.cit., p. 76.
propiedades sensibles, cuya presencia en el cuerpo es directamente perceptible a
través de la vista, el tacto y el gusto”; y he allí un punto de separación, pues esos
conceptos abstractos de lo caliente, lo frío, lo húmedo y lo seco, no pueden aislarse
fácilmente como lo salino, lo ácido, lo astringente, etc. No obstante, la medicina
seguirá manteniendo la noción de que el equilibrio ( ) entre
estos elementos garantiza la salud, mientras que la supremacía ( )
de uno de ellos causa la enfermedad.
A partir de ese punto de separación de propiedades sensibles, la medicina comienza
su propio camino, basado en el conocimiento que de la naturaleza aportan los
sentidos, alegando que la medicina “se ha practicado desde hace mucho tiempo
siguiendo totalmente un proceder propio y un mismo punto de partida, lo que ha
llevado a realizar numerosos descubrimientos admirables”78; incluso el autor del
tratado Sobre la medicina antigua llega a afirmar que “sólo a partir de la medicina es posible conocer algo cierto sobre la naturaleza” (20, 14-15)79.
Llama la atención el hecho de que también para Platón, la medicina ya posee un
método definido, y así lo expone Sócrates:
Pues bien, en lo relativo a la naturaleza observa qué es lo que dicen Hipócrates y la estricta razón. ¿No es así como se debe reflexionar sobre la naturaleza de cualquier cosa? En primer lugar, ver si es simple o complejo aquello sobre lo que queramos poseer un conocimiento científico, y tener la posibilidad de transmitírselo a otra persona. Luego, si es simple, examinar sus capacidades: cuál es la que tiene por naturaleza para obrar, y en qué, y cuál otra para padecer, y por la acción de qué agente. Por último, si tiene varias partes; tras haberlas enumerado, ver en cada una de ellas, como en el caso del objeto simple, qué es lo que puede hacer por naturaleza y con cuál
78 Cornford, op.cit., p. 50.
79 Cf. García Gual et al., Tratados Hipocráticos, Madrid, Biblioteca Básica Gredos, 2000, p. 51, nota a pie no. 41.
de ellas, y qué es lo que puede padecer, en qué parte y por qué agente... el método que prescindiera de esto se parecería al caminar de un ciego80.
Como señala Jaeger, “Esta descripción del método hipocrático no encaja en el tipo
de médico que empieza el tratamiento de un resfriado con la definición del universo y
de su causa primera. Encaja más bien en el procedimiento seguido por el verdadero
observador, procedimiento que encontramos aplicado siempre en los mejores escritos
del Corpus hipocrático”81. Así, la separación entre filosofía y medicina se hace cada vez más evidente. Esta tendencia se ve reforzada por el hecho de que el médico
hipocrático comienza a rechazar frontalmente el proceder de los filósofos que
fundamentan sus discursos en un postulado o en una suposición que generalmente les
lleva a hacer afirmaciones falsas, es decir, el médico hipocrático está plenamente
consciente de la fuerte oposición entre el método dogmático del filósofo y el método
empírico del médico82:
Los que han pretendido hablar o escribir de medicina basando su explicación en postulados como ‘lo caliente y lo frío’, ‘lo húmedo y lo seco’ o cualquier otro, cometen errores de bulto en muchas de sus afirmaciones por querer reducir al mínimo la causa de las enfermedades y de la muerte del hombre, atribuyendo a todas el mismo origen, en base a uno o dos postulados. Pero son todavía son más criticables porque se equivocan en un arte que ya existe, un arte del que todos se sirven en momentos cruciales y por el que sus practicantes y profesionales expertos son tenidos en gran estima (Sobre la medicina antigua, 1, 1-9).
Así, el rechazo manifestado hacia la concepción de que todas las enfermedades y la
muerte del hombre se pueden reducir a una sola causa es de suma importancia para el
método empírico de la medicina hipocrática. Este nuevo método se va a enfocar en
80Phaedr., 270 c. 81Op. cit., p. 805. 82 Cornford, op.cit., p.49.
buscar la (s) causa (s) de la enfermedad en el estudio de casos particulares,
observando al individuo y su entorno83, cómo y dónde vive, qué come, etc., para así
poder aplicar un tratamiento adecuado al caso específico que garantizará un resultado
más efectivo. Aquí se comprueba un procedimiento experimental de ensayo-error con
los remedios y tratamientos convenientes a cada caso, con la intención de aplicarlos
en situaciones similares en el futuro. Es ése el objetivo de los diversos tratados del
C.H. titulados Epidemias, pues son una recopilación de casos particulares con la
descripción de los síntomas, del entorno del paciente, de su dieta, del tratamiento
aplicado y de sus resultados; obviamente la intención es la de crear una base de datos
que orienten rápidamente al médico y que además le brinden la información necesaria
para prevenir la enfermedad, ya que al conocer los errores que llevaron a determinado
paciente a contraer una cierta dolencia, podrá ayudar a otros sugiriéndoles cierta dieta
o la adopción de determinadas conductas.
Otro de los factores influyentes en la medicina, al igual que en Eurípides, es el
auge de la retórica. Sus principios se hacen bastante notorios en el C.H., pues dentro
de la producción literaria médica encontramos no sólo escritos destinados a usos
específicos de la escuela, sino también escritos publicados para ser leídos ante un
público amplio. Según Edelstein, gracias a ese carácter público la medicina era “el
único arte o ciencia sobre la que todo el mundo sabía algo; los médicos escribían
83 Recuérdese la noción de y la de
mencionada más arriba. Para una lista detallada de los distintos signos a los que el médico debe prestar especial atención cf. Rodríguez Alfageme, op. cit., p. 65.
libros para el público en general; los hombres comunes discutían sus problemas
médicos con sus doctores; en otras palabras, el conocimiento médico fue quizá más
difundido en la antigüedad grecorromana que en cualquier otro período de la
historia”84.
Jaeger85 comenta que el hecho de que el médico se comportara como un orador
ambulante tenía como intención realzar la importancia pública de la profesión86.
Asimismo, Rodríguez Alfageme coincide con Jaeger al afirmar que al ser público el
acto terapéutico por tener lugar en la plaza pública, el médico se veía obligado a
recurrir a la oratoria con la finalidad de conseguir clientela en cada ciudad a la que
llegaba y, en muchos casos, debía enfrentarse dialécticamente con posibles colegas
más conocidos y con más clientela87.
El médico hipocrático también está consciente de la importancia de comunicar su
saber al hombre común, pero específicamente, al enfermo:
Es fundamental, en mi opinión, que el que habla de este arte diga cosas inteligibles para los profanos, ya que no le compete ni investigar ni hablar de algo distinto a las dolencias que ellos mismos padecen y sufren. Ciertamente que a ellos, por ser profanos, no les resulta fácil comprender sus propias enfermedades, cómo se producen y cesan y por qué causas crecen o disminuyen; pero si es otro el que lo ha descubierto y se lo explica les es comprensible porque cada uno, al escuchar, no tiene más que recordar lo que le sucede a sí mismo (Sobre la medicina Antigua, 2, 9-15).
84 Edelstein, op. cit., p. 361. 85Op. cit., p. 794.
86 Para una aproximación al prestigio de la profesión médica Cf. Lara Nava, “El prestigio del médico
hipocrático”. CFC (G): Estudios griegos e indoeuropeos (14): 45-58, 2004. Para la tradición médica griega posclásica, cf. G. Sarton, Ciencia Antigua y civilización moderna, México, F.C.E., 1960. 87 Rodríguez Alfageme, op. cit., p. 72.
De esta forma, el , cumple una función
ilustradora o esclarecedora cuando el médico se dirige al paciente para explicarle su
enfermedad y de esta manera ganarse también su confianza88.
Vemos pues cómo la medicina, a pesar de estar fundamentada en un saber especial
que diferencia al médico del hombre común, busca la manera de comunicar a éste el
conocimiento, volviéndose inteligible a él y es así como surge una literatura médica
dirigida a personas ajenas a la profesión89.
Así, podríamos resumir lo anteriormente expuesto en los siguientes puntos:
1) La nueva tendencia racional que experimenta el médico al concebir su arte lo
lleva a rechazar el carácter mágico-religioso que siempre había acompañado a
la medicina.
2) Esta nueva percepción de la medicina conlleva a su separación de la filosofía,
conservando de ésta, sin embargo, las nociones de e
3) La separación entre medicina y filosofía trae también como consecuencia un
cambio en el método de aquélla: el médico abandona el método dogmático del
filósofo para adoptar uno propio basado en el conocimiento que del cuerpo
aportan los sentidos, definiendo así una
88 Laín Entralgo, La curación por la palabra en la antigüedad clásica, pp. 179-180. 89 Jaeger, op. cit., p. 793.
4) El médico se verá en la necesidad de echar mano de la retórica, tanto para
difundir su conocimiento como para conseguir la confianza del paciente y así
formarse una clientela.
SEGUNDA PARTE
Los tratados hipocráticos y la tragedia euripídea
Una vez establecido el panorama social, político e intelectual común a ambos
autores y la influencia ejercida por éste en sus obras, intentaremos determinar la
relación existente entre las tragedias seleccionadas y los tratados hipocráticos
escogidos.
En primer lugar, es necesario precisar el criterio de selección de las tragedias de
Eurípides. Dado que nuestro objeto de estudio es la figura del héroe perturbado y del
cuadro sintomatológico presentado por éste, las tragedias que, a nuestro parecer,
cumplen a cabalidad con estas características son Heracles mainómenos, y Orestes. En ambas, nos hallamos ante la figura de un héroe enloquecido: en el primer caso, la
locura repentina llevará a Heracles a cometer un crimen; mientras que en el caso de
Orestes, es precisamente la perpetuación de un crimen lo que lo llevará al estado de
locura.
Cada uno de estos personajes presenta un conjunto de síntomas definidos que nos
permitirán vincular las tragedias antes mencionadas con los tratados hipocráticos
Sobre la enfermedad sagrada y EnfermedadesI. En ellos encontramos descripciones de enfermedades que nos remiten directamente a las dolencias sufridas por los héroes
objeto de nuestro estudio.
A continuación, expondremos en detalle el argumento de las tragedias y de los
tratados seleccionados para mostrar posteriormente y de una forma más precisa, la
relación entre ellos.
I.
E
URÍPIDES.
L
AS TRAGEDIAS:
H
ERACLES MAINÓMENOS;
O
RESTESI
.
I.
H
ÉROES PERTURBADOS:
LA TRAMA TRÁGICA Y LA LOCURAI
.
I.
I.
H
ERACLES MAINÓMENOSComo se vio en el capítulo anterior, el drama de Eurípides muestra características
especiales, particularmente en el tratamiento de los mitos. Heracles no es la
excepción.
En la tragedia, el héroe lleva ausente mucho tiempo realizando sus famosos
tanto, el tirano Lico90 ha asesinado a Creonte, rey de Tebas, y se ha apoderado del
trono. Para lograr consolidarse, planea asesinar a toda la familia de Heracles:
Anfitrión, su padre, Megara, su esposa, y sus tres hijos, quienes representan la única
amenaza de venganza, pues son descendientes directos de Creonte.
Aterrorizados por los planes asesinos de Lico, se refugian en el templo de Zeus
Salvador, con la esperanza de la llegada de Heracles. Sin embargo, el tiempo pasa y
las esperanzas de su regreso se desvanecen. Lico ordena los preparativos para la
ejecución y, en el momento en que todo se encuentra dispuesto, aparece
repentinamente Heracles, quien al fin ha regresado de su viaje al Hades, uno de sus
doce trabajos. Al percatarse de las intenciones de Lico, Heracles le da muerte,
salvando así a su padre, su esposa y sus tres hijos.
Mientras todo parece volver a la normalidad, Iris ordena a Lisa (diosa de la locura)
que ataque a Heracles y le haga perder la razón, pues Hera así lo desea. En contra de
su voluntad, Lisa accede, haciendo enloquecer a Heracles, quien asesina a sus tres
hijos y esposa sin saberlo. Justo en el momento en que se propone matar a su padre
Anfitrión, Atenea interviene golpeándole en el pecho, dejándolo dormido, atado a una
columna.
Cuando empieza a recobrar sus sentidos, Anfitrión le explica lo sucedido y, lleno
de dolor y remordimiento, Heracles decide suicidarse. Sólo la llegada de su amigo
90 El origen de este personaje no está del todo claro. P. Grimal comenta que, probablemente sea un
personaje creado por Eurípides tomando como modelo a Lico, habitante de Eubea, quien tras dar muerte a uno de los hijos de Ares, se refugia en Tebas bajo la protección del rey Penteo y que, al morir éste, Lico ocupa el trono de la ciudad (Diccionario de mitología griega y romana, Barcelona, Paidós, 1981, p. 321).
Teseo evitará que el héroe se quite la vida, pues lo persuade para que afronte lo
sucedido con resignación y lo acompañe a Atenas, donde tendrá riqueza y conseguirá
la purificación de sus crímenes.
El primero de los cambios realizados por Eurípides al mito
tradicional es el haber situado el parricidio al final de los trabajos
de Heracles, pues la tradición mitológica más común91, ubica este suceso antes de
comenzar a ejecutar los trabajos; son éstos la manera como Heracles debe pagar la
expiación de sus crímenes. No obstante, esta alteración de los hechos permite resaltar
un lado más humano del héroe, sello particular de nuestro poeta. La intervención de
Teseo se convierte en la plataforma ideal para humanizar a Heracles. Durante el
diálogo entre ambos se percibe el dolor y remordimiento del héroe, haciéndolo
descender de la esfera semi-divina a la que pertenece a una más humana. Al inicio del
drama, “Heracles es aún ese héroe que viene orgulloso de vencer al Hades, mientras
que después del magnicidio definitivamente se humaniza, se percibe como un
hombre, un mortal acechado por el destino y el sufrimiento”92. En este sentido, la
participación de Teseo es fundamental, pues es él quien le hace ver que el sufrimiento
y el dolor son elementos constantes en la vida, y que la única salida es afrontarlos con
91 Para un seguimiento de los orígenes, trabajos y expediciones de Heracles cf. Grimal,, op. cit., pp. 239-257; Graves,R., The greek myths (complete edition), London, Penguin, 1992, pp. 446-568; sobre el tema específico de la locura de Heracles cf. pp.462-465. Sobre la similitud del mito de Heracles con la saga hindú del héroe Krishna, cf. O. Rank, El mito del nacimiento del héroe, Barcelona, Paidós, 1991.
92 López Saco,J., “El héroe griego perturbado y criminal: Heracles trágico”, Praesentia (Mérida) (6). pp. 1- 27, 2005.
Modificaciones a la tradición