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ANÁLISIS DEL ROMANCERO GITANO, DE FEDERICO GARCÍA LORCA

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ANÁLISIS DEL ROMANCERO GITANO, DE FEDERICO GARCÍA LORCA 1. Aparición y acogida de la obra.

2. La estructura. 3. La métrica. 4. Los personajes. 5. El espacio. 6. Los temas. 7. Los símbolos. 8. El estilo. 9. El sentido de la obra.

1.

APARICIÓN Y ACOGIDA DE LA OBRA

La obra apareció en julio de 1928 y tuvo siete ediciones distintas en vida de Lorca. Su publicación puso fin a un proceso de escritura llevado a cabo entre 1924 y 1927. La mayoría de los romances habían ido apareciendo en revistas literarias de la época y lograron su redacción definitiva al publicarse el libro.

El libro apareció con el título de Primer romancero gitano, lo cual no indica que el autor tuviese previsto publicar otros sino que trata de destacar el hecho de que el tema gitano se poetiza por primera vez.

El Romancero gitano convertiría a su autor en un mito: “el cantor de los gitanos” y reflejaría el tema central de toda la obra lorquiana: la aparición de seres al margen del mundo convencional (Antoñito el Camborio, Soledad Montoya, “El emplazado”...), que buscan la felicidad y el amor, pero no llegan a alcanzarlos porque se encuentran abocados a un destino trágico, a la frustración o a la muerte. Todo ello rodeado de una atmósfera de misterio y sensualidad en la que destaca la brillantez de las imágenes poéticas: comparaciones, metáforas, personificaciones...

El libro constituye un perfecto ejemplo de la síntesis de lo tradicional y lo vanguardista, propia de los poetas de la generación del 27. Síntesis de lo tradicional, porque Lorca utiliza una forma muy arraigada en nuestras letras: el romance; de lo vanguardista, porque se trata de un poeta del siglo XX que ha recibido la influencia de la poesía de vanguardia de comienzos de siglo.

2.

LA ESTRUCTURA

La obra presenta dos bloques desiguales, con características propias cada uno de ellos. El bloque primero, el más extenso y, sin duda, el principal, va desde el romance primero al decimoquinto. Contiene la personal visión de Lorca del mundo gitano o su personal invención de un mundo gitano que se subjetiva a través de materiales tomados de la gitanería como realidad social y, sobre todo, folclórica. El mundo que allí existe es un mundo cerrado, autónomo, inconfundible, no identificable con ninguna realidad existente. Es un mundo que el poeta empezó a crear cuando en el romance primero vio a la luna acercarse a la fragua para llevarse consigo una incipiente vida gitana. Y es un mundo que el poeta destruye en el romance decimoquinto, cuando los gitanos son brutalmente sorprendidos, saqueados, quemados, asesinados bajo idéntica presidencia luminosa de una luna, que en el romance primero era luna llena (polisón de

nardos), y que aquí es luna menguante y ajena a la existencia humana: la media luna soñaba/ un éxtasis de cigüeña. Un mundo que se abrió entre nardos embriagadores y se cierra con

siemprevivas (Romance de la Guardia Civil), lorquiana flor de la muerte. Un mundo que se abrió en armonía e íntima comunión con el cosmos favorable y bien dispuesto, aquel aire conmovido

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que participaba en el velatorio de la fragua enlutada, y se cierra con un cosmos, dolido y altivamente despreocupado: el alba meció sus hombros/ en largo perfil de piedra. Un mundo que se abrió al ritmo marcado por jinetes que regresaban de correrías nocturnas tocando el tambor

del llano, y se cierra cuando un fantasmal, bíblico, nocturno y picassiano caballo malherido/ llamaba a todas las puertas.

El bloque segundo está compuesto por otros tres poemas históricos, romances decimosexto, decimoséptimo y decimoctavo, que sirven al poeta para dar su versión agitanada de unos cuadros histórico-legendarios de extracción literaria (Romance de don Pedro a caballo), o de contenido religioso (Martirio de Santa Olalla y Thamar y Amnón).

En la mitad del libro se encuentran los tres romances dedicados a ciudades andaluzas. El centro de ese trío lo ocupa el romance dedicado a San Rafael, es decir, el romance evocador y exaltador de las esencias de Córdoba, ciudad a la par árabe y romana, y esencialmente andaluza. Los otros dos, San Miguel y San Gabriel, exaltan a las otras dos ciudades andaluzas que ocupan lugares importantes en la poética de Lorca: Granada, de la mano de San Miguel, objeto allá de popular romería, y la capital, Sevilla, identificada con la gracia de San Gabriel. Estos tres romances conforman el centro del libro. Canta a las femeninas ciudades (Granada, Córdoba, Sevilla) a través de figuras de sujetos masculinos, los arcángeles, en una típica maniobra confundidora de sexos en Lorca. Los siete primeros romances del libro presentan protagonistas femeninas: en el primero es la luna, en el segundo es Preciosa, en el cuarto la gitana suicida, el quinto está ocupado por la reprimida figura de la gitana monja, en el sexto la protagonista es la casada infiel, y en el séptimo es protagonista única la figura desvariante y honda de Soledad, la encarnación de la “Pena Negra”, la encarnación del eterno femenino lorquiano, anhelante y frustrado.

En el bloque siguiente, predominan los hombres: Antoñito, que protagoniza los romances undécimo y duodécimo; el Muerto de amor del tercero; el Emplazado, al que se le cumple el plazo fatal del decimocuarto; don Pedro a caballo, que de tanto jugar con el agua de las lagunas, acaba muerto en el romance decimoséptimo, ay, jugando con las ranas.

En la primera parte dominan los temas de la frustración amorosa. Tras los poemas centrales, el libro se centra más en temas de sangre, violencia y muerte.

Finalmente, se fusionan las dos fuerzas motrices de todo el Romancero Gitano y de toda la obra literaria de Lorca, el sexo conflictivo y la violencia destructora, en el romance último del libro, el de Thamar y Amnón, el de la muchacha violada por el hermanastro.

3.

LA MÉTRICA

Desde el punto de vista métrico el romance lorquiano sigue en gran medida las características del romance tradicional: tirada ilimitada de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares. No obstante existen algunas particularidades en alguno de los siguientes aspectos:

a) El verso

A pesar de un cómputo métrico basado en números pares, el total de versos del Romancero

Gitano es impar. Dos poemas, La casada infiel y el Romance del Emplazado presentan un

número impar de versos. En ambos casos se debe al hecho de poner en el comienzo del poema un número impar de versos con rima asonantada.

Y que yo me la llevé al río / creyendo que era mozuela / pero tenía marido. (La casada infiel)

Dejando aparte el romance de Don Pedro a caballo, la casi totalidad de versos del

Romancero Gitano es octosílaba con excepción del primer verso de la casada infiel que tiene

nueve sílabas. (Y que yo me la llevé al río)

La Burla de Don Pedro a caballo se separa por completo del romance tradicional, al predominar el verso hexasílabo, por lo que se aproxima más bien al romancillo.

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3 b) La rima

En relación con la rima, el Romancero Gitano es igualmente fiel a la tradición de la asonancia en los versos pares. Catorce romances se limitan a lo que el romancero tradicional tenía por norma: una sola asonancia en toda la composición. Algunos romances se dividen en secciones que tienen una asonancia diferente por cada sección. En dichos casos, se ve cómo el sistema de la rima corresponde funcionalmente a un procedimiento de estructuración del poema.

c) Escenificación estrófica

En los romances de Lorca suele haber subsecciones que vienen marcadas, o bien con un espacio en blanco, o bien con un sistema de asteriscos de separación.

Las secuencias narrativas conllevan movilidad y cambio, bien de espacio, bien de tiempo, o de personaje, de perspectiva, etc., que legitima la introducción de elementos de separación.

d) Ritmo de intensidad y tipo de romance

En cuanto al ritmo acentual puede establecerse una cierta relación entre el esquema rítmico de los versos y el tipo de romance –épico, dramático, lírico- de que se trate. En líneas generales, existe en todos los romances lorquianos un nivel básico de tipo narrativo: un episodio, un fragmento narrativo, una anécdota. Cada romance es un breve segmento de un conjunto mucho más amplio cuyos rasgos generales y explicativos sólo se sugieren, dejando así un lugar al misterio. Se dan, de este modo, las características propias del romance tradicional, como el comienzo in media res o los finales truncados.

Pero además son muchos los romances que introducen, como ya hacía el romance tradicional, un diálogo entre sus personajes. Algunos constituyen verdaderas piezas dramáticas, como el diálogo entre la luna y el niño, en el Romance de la luna, luna; o el diálogo entre el gitano y su compadre en el Romance sonámbulo.

No obstante, el predominio de lo lírico en el romance de Lorca, lo aleja del romance tradicional. En este sentido, hay que señalar la abundancia de personificaciones, sinestesias, metáforas y los elementos de repetición como las anáforas, paralelismos, y aliteraciones, recursos todos ellos relevantes en la configuración rítmica del poema.

Centrándonos ahora en el ritmo acentual, hemos de tener en cuenta que si los versos son octosílabos, para dotar al poema de una estructura rítmica es imprescindible el acento en la séptima sílaba. Sin embargo, un periodo de ocho sílabas necesita más apoyos de intensidad y este suele aparecer en las tres primeras sílabas del resto. La acentuación de los versos es importante porque se corresponde con una voluntad de expresión semántica. Así, cuando lleva el acento en la primera sílaba (dáctilos) el verso suele transmitir una sensación de exaltación, de grandilocuencia en lo referido por lo que, en principio, se usa más en los romances de tono dramático y narrativo; con la segunda (mixto) se busca una tensión; mientras que la tercera (trocaico) responde a una búsqueda del equilibrio y la serenidad que implica un mayor grado de subjetividad y lirismo.

Por el número total de versos que aparecen puede decirse que son romances básicamente trocaicos “Romance de la luna, luna” y “Romance sonámbulo”. De modalidad dactílica es “Muerte de Antoñito el Camborio”, mientras que un ejemplo de romance mixto es “Thamar y Amnón”.

Todo este conjunto de procedimientos rítmicos determinan, en suma, que el poemario posea una extraordinaria musicalidad.

4.

LOS PERSONAJES

La construcción de los personajes constituye el mejor ejemplo de la compleja elaboración del universo lorquiano. Los tres personajes principales son: el gitano, la mujer (gitana) y la pena (imagen simbólica personificada) que recorre todo el poemario. También hay un personaje colectivo, opresivo y represor, la Guardia Civil, que representa lo civilizado frente a lo primitivo de los anteriores, la ley y la norma frente a la libertad y el individualismo.

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El gitano se encuentra con dos realidades: el amor y la muerte. El amor desemboca casi

siempre en el mundo natural del sexo y acaba con la muerte. Así sucede en el Romance de la

luna, luna, o en el Romance sonámbulo.

Otras veces el encuentro amoroso desemboca en una herida de carácter moral. Por ejemplo, en el romance de La casada infiel, que termina expresando la frustración de la casada que no ama a su marido y lo engaña, y la frustración del mozo que se siente deshonroso e incapaz de querer a una adúltera.

Los antagonistas invaden aquello que el gitano cree sus derechos o su prestigio, lo que

lleva casi siempre no solo a la frustración sino también a la sangre. Estos antagonistas son, en primer lugar, gitanos también. La sociedad y el código gitano (Reyerta), las creencias, las fuerzas naturales. Y después la sociedad, la civilización ajena al gitano cuyo símbolo último es la Guardia Civil.

El Romance del emplazado muestra la lucha contra la naturaleza “los densos bueyes del agua embisten a los muchachos que se bañan en las lunas de sus cuernos ondulados” y contra la sociedad al ser un gitano condenado a muerte “porque dentro de dos meses yacerás amortajado”.

En Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla un gitano es asaltado, agredido y arrestado por la guardia civil. Se nos muestra la lucha entre la sociedad gitana, minoritaria, y la sociedad dominante:

Y a la mitad del camino, bajo las ramas de un olmo, guardia civil caminera lo llevó codo con codo.

Además, en el romance se percibe cómo el código gitano induce a la violencia; un gitano debía defender su honor y el de los suyos con la sangre si hacia falta:

Antonio, ¿quién eres tú? Si te llamaras Camborio, hubieras hecho una fuente de sangre con cinco chorros. Ni tú eres hijo de nadie, ni legítimo Camborio. ¡Se acabaron los gitanos que iban por el monte solos! Están los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo.

En cuanto a la caracterización de los personajes, se utiliza principalmente la proyección de estos en el espacio. Tanto con valor real, describiendo objetos en relación con la vida gitana: fragua, yunque, collares, anillos, alhelíes, azafranes, girasoles, caballos, navajas) indicándonos el modo de vida, sus costumbres y profesiones, su manera de vestir, de comportarse o defenderse, su carácter apasionado a través del caballo o el toro, su primitivismo y su contacto con la naturaleza (olivares, el mar, corazones de aceite/ de azúcar y hierbaluisa, las piquetas de los gallos). Como por sugerencia: “compadre quiero cambiar / mi caballo por su casa, / mi montura por su espejo, / mi cuchillo por su manta” (un jinete, nómada, desea intercambiar su modo de vida con un gitano establecido que lleva vida sedentaria). Todo esto se nos indica a través de la proyección espacial de los dos gitanos caracterizados por los objetos que cada uno

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posee y que representan los distintos aspectos de su vida. En otros romances la dualidad se produce de otra manera:

“por los ojos de la monja galopan dos caballistas”

Los ojos, el espejo del alma representando la imaginación de la gitana nos presentan a dos caballistas, que simbolizan la pasión y la libertad deseada por la monja cautiva. En la celda,

“la luz juega el ajedrez alto de la celosía”

La imagen –casi una greguería- de la sombra proyectada trasmite la idea de rejas, lo que permite asociar el claustro con una cárcel.

En suma, los personajes, además de tener la función de remitir al mundo real y andaluz cumplen una función relevante en el significado de la obra, como lo hacen el negro de Poeta en

Nueva York, el niño de Libro de poemas y la mujer en los dramas –Yerma, La casa de Bernarda Alba- de la época de plenitud del autor. García Lorca sitúa a personajes marginados,

repudiados o infravalorados por el resto de la sociedad en un espacio que presenta el conflicto entre los deseos de dichos personajes, (especialmente el anhelo de libertad) y el impedimento que presenta la sociedad del entorno que no se la concede. El resultado de este conflicto es la frustración del personaje que se ve forzado a reprimir este anhelo y a renunciar a sus sueños para poder adaptarse a una sociedad que no quiere concederle el derecho de libertad al no reconocerlo como igual.

5.

EL ESPACIO

El escenario principal es la Andalucía mítica y profunda, reflejo del alma del poeta. Tiempo y espacio se entrelazan puesto que es un libro que recorre la historia y busca las raíces y la cultura del espacio andaluz, incluso se remonta al pasado romano, judío e islámico. El mundo para Lorca es Andalucía, microcosmos creado y representado en sus poemas en donde nos muestra un equilibrio perfecto entre lo particular y lo universal, entre lo real y lo imaginario, entre la tradición y la vanguardia.

El hábitat que se nos presenta es un cosmos muy activo, de acuerdo con el primitivismo de sus habitantes ya que los gitanos estaban en constante movimiento y contacto con la naturaleza. Aparecen, por tanto, el viento “el viento-hombrón la persigue”, el agua “la sostiene sobre el agua”, la luz “relucen como los peces”, el mar “no me recuerdes el mar”, la luna “la luna vino a la fragua”, la vegetación “¡qué girasol! ¡qué magnolia!”, animales “como un oso panza arriba”, en relación muy estrecha con los personajes. Los elementos descriptivos nos hablan del paisaje (“al mirar nubes y montes en las yertas lejanías”) Nos hablan sobre usos y costumbres, como el bordado y la vida del convento en La monja gitana; sobre la vida cotidiana de los gitanos con elementos como yunques, fraguas, caballos, canasteros, abalorios, farolillos…que sugieren sus oficios y hábitos y su manera de vivir, pero también la proyección espacial de los personajes.

A lo largo del libro se dan oposiciones espaciales que expresan la dualidad del mundo poético creado. Estas oposiciones ayudan a trasmitir el conflicto entre el mundo real y el deseado:

a) Lo rural frente a lo urbano:

Hay un contraste entre elementos campestres y de la vida rural y aquellos urbanos, de la ciudad que nos muestran el conflicto entre una sociedad primitiva que trata de adaptarse y convivir con una sociedad urbanizada y civilizada. Por tanto encontraremos elementos humanos, como por ejemplo construcciones en medio del paisaje:

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Un solo pez en el agua que a las dos Córdobas junta: Blanca Córdoba de juncos. Córdoba de arquitectura. Niños de cara impasible en la villa se desnudan, aprendices de Tobías y Merlines de cintura, para fastidiar al pez en irónica pregunta si quiere flores de vino o saltos de media luna. Pero el pez, que dora el agua y los mármoles enluta, les da lección y equilibrio de solitaria columna. El Arcángel aljamiado de lentejuelas oscuras, en el mitin de las ondas buscaba rumor y cuna.

Un solo pez en el agua. Dos Córdobas de hermosura. Córdoba quebrada en chorros. Celeste Córdoba enjuta.

b) Lo natural frente a lo artificial:

En el Romancero se presenta un conflicto entre la raza gitana, que tiene una mayor afinidad con la naturaleza debido a su primitivismo, y la sociedad española que al urbanizarse y civilizarse ha perdido el contacto con lo natural y se ha vuelto por tanto más artificial. Por ello, considerará lo artificial, aquello impuesto por la sociedad a través de unas reglas, por encima de la voluntad natural del individuo. Estas reglas no tienen sino el fin de hacer posible la convivencia de un mayor número de personas pero para ello se alejan de la individualidad, sustituyéndola por códigos de conducta que se imponen. La sociedad está más interesada en guardar las apariencias y mantener una buena reputación que en perseguir sus sueños y realizar sus deseos. Esta limitación impuesta al gitano, un ser instintivamente más natural es lo que le va a causar frustración al no poder obtener lo deseado y tener que contentarse con la realidad que la sociedad que le rodea le ofrece. Así, en La monja gitana,

“¡qué azafranes y qué lunas en el mantel de la misa!”

a la monja le gustaría bordar con colores el mantel de su señor, mostrando la alegría de la vida pero la sociedad (la iglesia) impone el blanco impoluto que no trasmite sentimiento alguno y es por tanto artificial.

c) Lo abierto frente a lo cerrado:

El modo de vida gitano, estrechamente vinculado a la naturaleza y al campo contrasta con los espacios civilizados cerrados. Lo abierto simboliza la libertad natural y lo cerrado la imposición social artificial. Por ejemplo, la monja está enclaustrada en un espacio cerrado y sueña con salir al exterior, sueña con su libertad.

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6.

LOS TEMAS

Es bien sabido que al publicarse el libro, la crítica y los lectores empezaron a hablar de García Lorca como el poeta de los gitanos, y a considerar el libro como una summa del neopopularismo y del folklorismo más o menos de moda. Y Lorca sólo pudo –en cuantas ocasiones le vinieron a la mano– decir que no, que el libro no era aquello. El libro era para él antipintoresco, antifolklórico, antiflamenco. En este sentido señala Luis Antonio de Villena:

Si de nada local trata entonces el libro, o si (para decirlo más ajustadamente) el localismo andaluz es sólo telón de fondo de una más bien irreal atmósfera, ¿cuál resulta el tema de ese libro, de dónde ha de venir parte de su fuerza? Y ¿quiénes son esos gitanos que superan el gitanismo?

En su artículo titulado La sensibilidad homoerótica en el Romancero gitano, defiende que la obra tiene como tema fundamental la exaltación de la sexualidad desde lo masculino y desde una sensibilidad homoerótica:

Romancero gitano es una exaltación –un canto, dirían antes– a la pasión del sexo, de su fuerza, de su arrebatamiento poderosísimo y de la libertad que le acompaña o supone. Todo ello simbolizado en un pueblo primitivo, de ansias vírgenes y potentes, donde ese sexo y esa libertad ensamblan necesariamente con la muerte, la magia y la violencia siempre como elementos primigenios y puros. Los gitanos son pues un símbolo y una figuración –cercana a Lorca– de ese pueblo primitivo, especialmente vinculado además con lo mágico. De forma que (y más allá de cierto localismo de fondo) los elementos primordiales de

Romancero gitano son sexo, muerte, violencia, onirismo y una

consecuente, pero nunca atosigante, defensa de la libertad, encarnada en quienes viven esa vida ancestral, telúrica y plena. La libertad se simbolizará preferentemente en una ciudad de los gitanos, que en otro poema […] acercará vínculos con Sodoma.

Así es que –concentrando– Romancero gitano es un himno al sexo, al sexo sin discriminación, ni distinción de género, al sexo total. Y esa es la gran fuerza del libro: su permanente vibración sexual, plasmada en un lenguaje simbolista-surreal lleno de color, de músicas, y de esa sensualidad o sexualidad misma. Pero ese sexo omnímodo, destaca siempre, describe o alaba ante todo la positividad masculina. Es decir, que la encumbración del sexo se hace desde la potencia masculina, desde el deleite en las distintas formas de lo viril y macho. El libro se tiñe así de una evidente carga homoerótica. Porque, en efecto, desear lo masculino o pintar esa masculinidad en su violencia o en su gracia es siempre el modo que adopta en el Romancero gitano la exaltación de la sexualidad –sin adjetivos– que es su gran tema.

A partir de esta afirmación, podemos enumerar esquemáticamente, además del tema fundamental, los otros temas que van asociados a él.

a) El amor, el erotismo y el sexo. En el libro aparecen diferentes conceptos de amor: amor

frustrado, amor ansiado, amor prohibido, amor imposible, amor incestuoso. Todo el libro está creado sobre una realidad amorosa frustrada. El individuo de Lorca está marcado por el instinto, el erotismo y el sexo. Se podría hablar de una dualidad sexo-muerte muy presente en la obra, lo

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que es símbolo de vida (deseo, pasión, sexo) será precisamente lo que amenaza y anuncia la muerte. La homosexualidad también tiene un papel importante en este contexto porque es un tabú social y una manifestación individual ante una rigidez social representada por la Guardia Civil. La danza y la música muestran la figura gestual del contacto entre cuerpos porque interactúan y permiten experimentar el deseo de uno mismo y el del otro; contribuyen a la integración sexual del hombre.

b) El mundo andaluz con los tipos, costumbres y actitudes de los gitanos en su paisaje

andaluz. Se inspira en sus propias experiencias y en leyendas de la tierra. El elemento gitano es el común denominador de todo el libro y representa la libertad, la aventura, la fantasía, la ensoñación y lo que está al margen de la ley. Aparece el gitano idealizado, convertido en mito, prototipo de hombre libre que intenta afirmar su individualidad frente al mundo y que sucumbe ante un destino trágico del que no logra escapar.

c) La violencia y la muerte. La violencia hacia los marginados irrumpe continuamente en el

paisaje poético lorquiano. Esa violencia física es también violencia represiva contra la ideología cultural. La sangre es la esencia de la vida y su derramamiento es la esencia de la muerte.

d) El dolor y la frustración El conflicto entre las instituciones opresivas y el deseo de

libertad del individuo. La lucha contra la hegemonía cultural está marcada por el sufrimiento y la frustración. El dolor de los personajes del Romancero manifiesta la opresión y la soledad del individuo. Presenta un mundo donde los personajes van perdiendo su identidad y son despojados de lo material y también se pierden o buscan sin encontrar sentimientos.

e) El destino trágico. Este tema aparece bien definido en el libro y centrado en el personaje

de la Pena. Se trata de las fuerzas ocultas y el destino trágico del hombre. La muerte aparece como desenlace de una situación marcada por el fatalismo.

7.

LOS SÍMBOLOS

Además de símbolos convencionales consagrados por la tradición cultural, hallamos en el poemario un universo creado mediante simbolos específicos del poeta. La característica fundamental del símbolo es su polivalencia que deviene tanto de las diversas cualidades del objeto que le sirve de soporte como de la interrelación que establece con otros símbolos.

La presencia de lo gitano encarna el conflicto entre primitivismo y civilización, entre instinto y sociedad. En este conflicto el gitano fracasa en sus intentos de adaptación a la sociedad y sucumbe a su “fatum” o destino trágico. Podemos señalar, por lo tanto, que el gitano, personaje central del libro, es en sí mismo un símbolo, el símbolo que encarna el conflicto entre el instinto y la sociedad, entre la vida en libertad y la vida sometida a unas normas a las que el gitano, siempre problemático, no se podrá adaptar.

Pero existen en el poemario otros símbolos que inciden y ahondan en la sensación más importante que se deriva de la lectura del libro: la muerte. La muerte planea en todos los poemas y los símbolos que se utilizan para aludir a ella son varios; colores como el verde o el negro; sustantivos como la luna o los cuchillos.

Los sustantivos funcionan como símbolos. Si el nombre propio se define como aquel que identifica, esta premisa se cumple plenamente en los nombres que Lorca elige para algunos de sus personajes. Soledad, Amargo… ponen de relieve a través del nombre las sensaciones y los sentimientos que definen al personaje, es decir, el nombre se utiliza como símbolo de lo que es y de lo que siente el personaje. Soledad Montoya tiene nombre propio. Soledad símbolo de la frustración individual, representa la pena negra de los gitanos.

Entre los sustantivos comunes hallamos una predilección por los elementos de la naturaleza. Algunos entroncan en la tradición, otros son más personales. La luna es un elemento trágico que implica presagios funestos que acaban desembocando en la misma muerte. Remiten a la muerte: navajas, adelfas, sangre, cruz, cicuta, ortigas, cuchillos.

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Como todos los símbolos del poemario, el agua también puede relacionarse con la muerte, sobre todo cuando se alude a ella como mar –como sucede en “Romance sonámbulo-; pero es también símbolo de la nueva vida, de la purificación de la vida pasada y entonces aparece como “río”, es decir, símbolo de la fecundidad de la tierra.

El viento, que suele aparecer personificado, es un símbolo cargado de sensualidad y erotismo. La rosa es un símbolo de la pasión.

El toro simboliza el poder porque es indomable y vive libre, pero también puede expresar la sangre y los malos augurios. El caballo, asociado a la vida errante de los gitanos, es el símbolo animal que más se emplea y se asocia, en general, a la libertad y el vitalismo, aunque dado el matiz personal de la simbología de Lorca en algunos poemas es más fácil identificarlo con el deseo sexual y la pasión e incluso la muerte. Otro animal que aparece es el pez, que a veces se asocia a lo sexual (en tus pechos altos / hay dos peces que me llaman) o al amanecer (pez de

sombra / que abre el camino del alba).

Las tijeras son símbolo de la destrucción y el pozo simboliza la pasión estancada. El espejo puede entenderse como el hogar, la vida sedentaria, y a veces la luna es el gran espejo en que se refleja el mundo. Los metales aluden a una triple gradación que se establece entre luna –por el resplandor- y muerte –por el frío del metal; mientras que las metonimias con que se nombra el cuerpo humano (pechos, muslos, cintura) remiten en general al erotismo femenino y al poder de seducción que se ejerce sobre lo masculino.

Entre los adjetivos destacan con valor simbólico los que expresan colores. Entre ellos los más empleados son: blanco, verde y negro, todos ellos asociados a la muerte, aunque el blanco, en algunos casos alude a la vida eterna. También se asocia a la muerte el color plateado. El rojo, por metonimia, es la sangre; el azul, la pureza o la esperanza; mientras que el amarillo lo mismo puede sugerir malos presagios como ser el color del erotismo o el hastío.

Algunas expresiones que también simbolizan la muerte aparecen con cierta frecuencia. Entre ellos: fría plata, verdes barandas, verde pelo… Los caballos negros y las herraduras negras oscilan entre nombrar la muerte y la destrucción.

Como un símbolo debe entenderse la personificación de la pena que es la esencia del cante jondo y que es un motivo central en el poemario pues esta implica el destino trágico a que se ven abocados los personajes. Por eso la pena, una honda pena por el vivir, a pesar de que los personajes manifiestan unas tremendas ganas y una voluntad firme de vivir, está en el fondo de todos los personajes marginados del poemario.

8.

EL ESTILO

Al margen de la hondura de los temas, el mérito de la obra radica en la forma en que se han convertido esos temas en asunto literario. Entre los recursos que definen el estilo de la obra se pueden señalar los siguientes:

a) La base realista.

En el libro existe una perfecta armonía entre la imaginación más audaz para crear metáforas o imágenes sorprendentes y la base sólidamente realista de lo que se poetiza. Lorca parte de acontecimientos absolutamente reales y los transforma en un mundo propio, de sabor mítico.

Así en el romance primero, por ejemplo, se presenta la muerte de un niño, de noche, en presencia únicamente de la luna. Lorca presenta el suceso con una transformación de planos que convierte a la luna en ejecutora activa de la muerte y al niño en víctima de ella.

En el segundo, una joven gitana es sorprendida de noche por una tormenta. Esa realidad objetiva es interpretada poéticamente como un acto voluntario de agresión por parte de un viento humanizado.

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Para subrayar esta conexión con la realidad Lorca nos aclara en bastantes ocasiones aquellas metáforas muy audaces en las que se ha alejado demasiado del referente del que partió. Así en el romance primero “las cabezas levantadas y los ojos entornados” explican el sentido de “bronce y sueño” con que se describe a los gitanos que regresan fatigados en la oscuridad de la noche. En el segundo, “Preciosa tira el pandero” explica el metafórico “luna de pergamino”. En el décimo “los breves lutos celestiales” están aclarados con “zapatos de charol”. En el último, “Thamar estaba cantando” aclara el sentido de los versos anteriores: “Thamar estaba soñando / pájaros en su garganta”.

b) Vivificación o personificación de lo inerte o lo animal.

Otra de las características permanentes en la poesía de Lorca es su capacidad de dar vida a lo inerte, de humanizar animales, de animalizar objetos, situaciones o accidentes atmosféricos.

Así en “Preciosa y el aire” “los olivos palidecen” al enseñar el envés de las hojas movidas por el viento; en el “Romance sonámbulo” los faroles “tiemblan” y la superficie del agua es “el rostro del aljibe”; en “Muerto de amor” la noche “llama temblando / al cristal de los balcones”; en el “prendimiento de Antoñito el Camborio” “tiritan los cuchillos”; en “La monja gitana” la luz “juega al ajedrez / alto de la celosía”.

En muchos de estos casos Lorca atribuye a elementos no humanos reacciones de simpatía o conmiseración hacia los personajes.

En otras ocasiones los elementos se desentienden de los problemas del protagonista o les son claramente hostiles. Así ocurre en el “Romance de la Guardia Civil” cuando “el alba meció sus hombros / en largo de perfil de piedra”, en el “Romance sonámbulo” el monte convertido en “gato garduño” “eriza sus pitas agrias”.

Todo esto contribuye a la creación en todo el Romancero de una atmósfera cargada de dramatismo, de un paisaje que se impregna de las emociones y las creencias de los personajes.

c) Sensualismo y atención a lo concreto.

García Lorca practica una escritura alejada del plano conceptual y circunscrita a lo concreto y, preferentemente, a lo que se capta sensorialmente. El poeta, que entendía como condición básica para serlo, el uso magistral de los cinco sentidos, hace en el Romancero una auténtica exhibición de captación del entorno a través de éstos. Un ejemplo muy claro lo tenemos en “La monja gitana”, donde aparecen referencias a la vista (cal, tela pajiza, siete pájaros del prisma), el oído (silencio), el olfato (mirto y todas las flores), el gusto (cinco toronjas se endulzan) y el tacto (le despega la camisa).

Estas percepciones sensoriales son ofrecidas con mucha frecuencia mediante audaces sinestesias, siempre ligadas a construcciones metafóricas. Así, por ejemplo, en “Muerto de amor” “clamaban las luces / en los altos corredores” y en “Reyerta” “sangre resbalada gime / muda canción de serpiente”. En ambos casos se transmiten percepciones visuales ayudándose de sensaciones auditivas.

Además Lorca consigue visualizar, hacer tangibles las sensaciones, los sentimientos. Así conocemos la amargura de Soledad Montoya porque llora “zumo de limón / agrio de espera y de boca”, el carácter violento de la Guardia Civil lo conocemos porque ocultan en su cabeza “una vaga astronomía / de pistolas inconcretas”. En otros casos son situaciones las que se materializan como la violenta discusión entre los gitanos que se convierte en “un toro” que “se sube por la paredes”

Hay, además, una abundancia de indicaciones horarias y cuantificaciones exactas que tienden a facilitarnos la reconstrucción imaginativa de los sucesos poetizados. Así, por ejemplo, en “Muerto de amor” la madre dice “cierra la puerta, hijo mío / acaban de dar las once”; ante los

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gritos de Preciosa acuden “tres carabineros”; a Antoñito el Camborio lo prenden “cinco tricornios” y acaban con su vida “cuatro puñales” (metonimias); en “Reyerta” mueren “cuatro romanos y cinco cartagineses”

d) Condensación verbal, sinestesia y metáfora: Neogongorismo.

En una conferencia titulada La imagen poética en don Luis de Góngora, Lorca recoge una serie de reflexiones estéticas que se sitúan entre los movimientos de renovación de los años veinte y que explican la influencia de Góngora en sus metáforas así como cierto grado de hermetismo en muchos romances.

Nuestro poeta tiene una extraordinaria capacidad para encerrar en escasas palabras una enorme cantidad de sugerencias y apreciaciones. Su estilo se caracteriza por la densidad verbal que le lleva a crear expresiones enormemente sintéticas, como en el “Romance sonámbulo” “el barco sobre la mar / el caballo en la montaña” que sugiere la actividad de contrabando a que se dedica el amado, o “cara fresca, negro pelo” que recuerda la belleza de la mujer cuando estaba viva. Recurre en estos y otros muchos casos a la nominalización (ausencia de verbos) y a la yuxtaposición. En otras ocasiones estas expresiones sintéticas van ligadas a la consecución de brillantes metáforas, como Antoñito el Camborio dando “saltos / jabonados de delfín”.

También se consigue esta condensación mediante los “desplazamientos calificativos”, que consisten en el traslado de una cualidad desde su soporte natural a los alrededores físicos del mismo. El intento de explicar estas expresiones hace necesario recurrir a largas frases para recoger todo el contenido. Así tenemos “desplazamiento calificativo”, por ejemplo en la “oración decapitada” de Santa Olalla.

Por su parte, las metáforas aparecen frecuentemente en la más audaz de sus formulaciones, es decir, con sustitución plena del objeto real. Así es la imaginación del lector, apoyándose en el contexto y en su conocimiento de los recursos expresivos de Lorca, la que debe interpretar esas imágenes: son saltos de los peces las “glorietas de caracolas” de “Preciosa y el aire”; o peces, los “gitanos del agua” del mismo poema; portazos, los “truenos” de “Muerto de amor”; una nube rasgada en el amanecer, el “pez de sombra” del “Romance sonámbulo”.

e) Carácter popular y recursos tomados del Romancero medieval: Neopopularismo.

El romance lorquiano es un romance culto, de sabia complejidad, si bien utiliza muchos de los recursos de una remota tradición oral. Al ámbito popular pertenecen el ritmo deliberadamente musical de muchos romances (“el niño la mira, mira / el niño la está mirando” del “Romance de la luna, luna”), así como los asuntos que tratan: peleas, suicidio por amor, etc., además de expresiones coloquiales o entroncadas con giros flamencos.

García Lorca, al tiempo que utiliza todas las técnicas literarias cultas, como hemos visto hasta ahora, también entronca con el espíritu y los recursos del Romancero medieval:

 Hay calcos directos de expresiones tomadas del Romancero medieval, como “¡Míralo por dónde viene!” de “Preciosa y el aire”, o como la metáfora del “Romance de la pena negra”, “las piquetas de los gallos/ cavan buscando la aurora”, inspirada en el verso del Cantar de Mio Cid “Apriessa cantan los gallos e quieren crebar albores”.

 También es perceptible la reminiscencia medieval en la intervención de aves como la zumaya que augura la muerte del niño en el romance primero.

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 Tiene sabor medieval la utilización del adverbio “ya” para asomarnos a las acciones dramáticas, como sucedía en el Romancero medieval: “Ya mi talle se ha quebrado / como caña de maíz”, dice Antoñito el Camborio.

 Un fortísimo sabor a romance medieval tiene la presencia frecuente de diálogos dramáticos, que aparecen sin verbo alguno de presentación, entre los personajes o entre el poeta y los personajes: “¡Preciosa, corre, Preciosa / que te coge el viento verde!”

 El fragmentarismo es, probablemente, el recurso medieval de mayor rendimiento: el desdibujamiento de los perfiles argumentales, la presentación directa de acontecimientos dramáticos (“Voces de muerte sonaron / cerca del Guadalquivir”, en “Muerte de Antoñito el Camborio”), la creación de escenas en que se selecciona exclusivamente el momento que se quiere trasmitir.

 Uso de los tiempos verbales, con los valores propios del Romancero medieval: el imperfecto de indicativo que no indica pasado sino subjetivismo, afectividad, “Temblaban en los tejados / farolillos de hojalata” (“Romance sonámbulo”); las alternancias temporales “La luna vino a la fragua” / “el niño la mira, mira” del “Romance de la luna, luna”.

 Las repeticiones que aparecen de diversas formas: en las frecuentes reduplicaciones como “el aire la vela vela” del “Romance de la luna, luna”, “por el monte monte monte” de “San Miguel”; anáfora, anadiplosis y epanadiplosis: “Verde que te quiero verde / verde viento, verde rama” (“Romance sonámbulo”); paralelismos: “dejando un rastro de sangre / dejando un rastro lágrimas” (“Romance sonámbulo”)

 Lorca quiso fundir el romance narrativo y el romance lírico tradicionales. Así podemos distinguir en la mayoría de los romances hasta tres niveles textuales. Hay siempre un primer nivel narrativo (episodio o anécdota) en tercera persona, excepto en

La casada infiel, focalizado en primera persona. En muchas ocasiones introduce

fragmentos dialogados, creando breves escenas dramáticas entre los personajes o entre éstos y el poeta (Muerte de Antoñito el Camborio). Existe un tercer nivel que podría llamarse lírico-expresivo, constituido por breves intervenciones exclamativas o interrogativas que constituyen comentarios o interpelaciones a los protagonistas. En muchos casos el elemento lírico y el dramático se unen.

f) La coherencia constructiva.

La coherencia constructiva de Lorca se pone de manifiesto en su capacidad de conseguir poemas de concepción perfecta y cerrada, en los que cada uno de los elementos presentes, estilísticos, cromáticos, paisajísticos, tiene una razón de ser directamente conectada con el sentido del poema en que se integran. Así en los romances dedicados a Antoñito el Camborio, que iba a Sevilla a ver los toros, se prodigan las metáforas taurinas. Y en el “Romance de la Guardia Civil” todo está cargado de connotaciones negativas para sugerir el ambiente de violencia y muerte.

9.

EL SENTIDO DE LA OBRA

Ya hemos señalado que para el poeta los gitanos representan en la obra solo un tema literario. No se trata, pues, de un libro realista, que pretenda darnos un testimonio social, documental o retratístico del mundo gitano. Es un libro en el que se utilizan elementos anecdóticos del ámbito gitano al servicio de una finalidad que trasciende lo puramente testimonial. El poeta nos presenta su mundo, sus problemas, sus obsesiones, su choque con lo convencional, utilizando como instrumento el mundo gitano. Lorca dejó dicho expresamente que le interesaban muy pocas familias gitanas, y éstas eran aristocráticas y cultas.

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El propio autor nos ha dejado en la obra la clave para su lectura acertada. Él mismo nos explica que el mundo gitano que nos presenta, es un mundo imaginado, soñado, inventado. En

el Romance de la Guardia Civil resuelve al final del poema el enigma que ha planteado sobre la

localización de la ciudad de los gitanos “Que te busquen en mi frente. / Juego de luna y arena”. Se trata de una ciudad que sólo existe en su imaginación (frente), fruto de la ensoñación nocturna (de luna), sin consistencia material (arena, como los castillos de arena). Por ello cuando la ciudad arde nos dice explícitamente que está ardiendo la imaginación, “la imaginación se quema”.

Además, en los últimos versos del último poema, el poeta nos aclara cómo corta definitivamente el tratamiento de este tema en su obra “David con unas tijeras / cortó las cuerdas del arpa”.

García Lorca se atreve con esta obra a experimentar con el género poético central de la literatura española. La originalidad del Romancero gitano ("gitano" como "morisco" o "fronterizo") se muestra en dos aspectos principales. El primero es sintetizar el género. En palabras del poeta Pedro Salinas, Lorca "cruza por los campos del romance llevándose sus virtudes"; del viejo recoge la "intensidad emocional"; del nuevo, "la opulencia del estilo"; del romántico, “la creación de escenas novelescas"; del vulgar, las caídas en el decir prosaico y común". El segundo aspecto deriva de la "genialidad metaforizante" del poeta, que da lugar a la "saturación del cuerpo entero del romance por el espíritu metafórico, por la metáfora". Para realizar sus propósitos Lorca se apoya en la conciencia moderna que aprecia sobre todo el fragmentarismo de los romances (cuya incoherencia semántica queda compensada por la abundancia expresiva) y en la proximidad entre este fragmentarismo y la estética vanguardista de la

discontinuidad, expresa en metáforas y metonimias. De hecho, en la conferencia sobre La imagen poética de don Luis de Góngora, aunque a propósito de las Soledades, describe el

propio García Lorca la estructura de los romances: "...la narración es como un esqueleto del poema, envuelto en la carne magnífica de las imágenes".

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