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Del análisis del discurso a las ciencias de la información y la comunicación

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de la información y la comunicación

Simone Bonnafous* Traducción de Ramón Alvarado

EL PROPOSITO de este artículo, que retoma en lo esencial los argumentos de una conferencia que impartí recientemente,1 es el de dar cuenta del camino

recorrido por numerosos investigadores que se involucraron desde los años setenta, en Francia y en México, en lo que por común acuerdo se ha denomi-nado "el análisis del discurso de la escuela francesa"; este mismo recorrido los ha llevado a situarse actualmente, aunque quizá no tanto en lo referente al conjunto de su investigación, pero sí en lo relativo a la docencia y a su estatu-to académico, en el campo de las "ciencias de la información y la comunica-ción".

Lo anecdótico y la historia personal no tienen interés en sí, pero para mí es sintomático el hecho que uno de los investigadores mexicanos que dirigen la revista Versión —en la que aparece este artículo— se haya dotado de sus pri-meras herramientas en el entorno científico e ideológico de Michel Pécheux, en París, y se encuentre trabajando como yo, veinte años después, en un programa de formación en ciencias de la comunicación.

Quisiera ilustrar cómo estos recorridos son un tanto sorprendentes a pri-mera vista y, si nos situamos en el contexto histórico e ideológico que presidió la emergencia del análisis del discurso, pueden incluso considerarse como una "traición ideológica" o "una defección a las filas del enemigo". Ulteriormente, me propongo demostrar cómo la evolución de los dos campos, el análisis del discurso y los estudios en comunicación, y también la evolución histórica y política permitieron que se atenuaran los diferendos y que emergieran objetos de común interés. En fin, me pregunto si, a través de una mirada retrospecti-va, no sería más prudente hablar en la actualidad tanto de relaciones de inclu-sión como de intersección entre estos campos de estudio.

* Profesora-investigadora en Ciencias de la información y de la comunicación, Universi-dad de París XII; miembro del Laboratorio de I.cxicometría y Textos Políticos (CNRS)

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Análisis del discurso y ciencias de la información y la comunicación: dos universos a priori contrapuestos por su historia, su objeto y la función social.

No voy a abordar aquí la historia del análisis del discurso que ya ha sido ampliamente referida,2 sino que me limitaré a retomar algunos pasajes de la

misma.

Para empezar, el "análisis del discurso" que abordaremos aquí no debe confundirse con la "lingüística del discurso". Como dice Dominique Maingueneau en un reciente artículo de síntesis: "el interés que orienta el análisis de discurso, no es de aprehender la organización textual en sí misma, ni la situación de comunicación, sino el dispositivo de enunciación que asocia una organización textual a un lugar social determinado".3 Todo estudio del

discurso no supone un "análisis del discurso", aún cuando éste se encuentre muy diversificado desde su fundación en la década de 1970.

"Nacido en el ámbito de una crítica de las ideologías que retomaba los planteamientos del marxismo, el psicoanálisis"4 y de la lingüística estructural,

el análisis del discurso es indisociable del contexto histórico y filosófico de fines de la década de 1960. Es una "disciplina" que postula de entrada su compromiso político y sitúa su proyecto de reflexión en torno a lo "impensa-do" del discurso en el marco de una visión marxista crítica. La concepción del "discurso" y de las "formaciones discursivas" sustentada por Michel Pécheux5

es indisociable a este respecto de aquella del "sujeto sujetado" en el "sentido"de Louis Althusser.6

Aún cuando la referencia al marxismo y al psicoanálisis ya no es en la actualidad un recurso obligado para aquellos que se reconocen en lo que Dominique Maingueneau llama las "tendencias francesas"del análisis del dis-curso, la herencia es manifiesta: la preeminencia atribuida a la "materialidad discursiva" (que aún sustenta la oposición entre el análisis del discurso y el análisis de contenido), la imbricación del ínterdiscurso y del intradiscurso y sobre todo la pretención de una función crítica y desmistificadora. Como

2 Véanse en particular los trabajos publicados por Dominique Maingueneau: en 1991,

L'analyse du discours, París, Hachette y, en marzo de 1995, la revista Langages, n. 117. "L'analyse du discours en France aujourd'hui", en Le Francais (Inris le monde, julio de 1996, Hachette, París.

4 S. Bonnafous, "Linguistique et communication: une rencontre obligée" en Les théories

de la communication, revista Cmhnactwn, n. 63, marzo de 1992.

5 Véase "L'analyse du discours", en Langages, n.

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recientes testimonios de ello se puede citar, entre otros ejemplos, el trabajo de Patrick Charaudeau y Rodolphe Ghiglione que denuncia la ilusión de la "li-bertad de palabra" representada por los "talk-show" de tres países europeos7 o

el número que la revista Mots dedicó a "Los medios en el conflicto de Bosnia": Medias dans le conflit bosniaque? En el libro consagrado a los talk-show, los autores empiezan citando profusamente las habituales declaraciones de la gente de "televisión" que se precia de las virtudes liberadoras y redentoras de este medio de comunicación... para oponerles enseguida un ceñido análisis de la puesta en escena, del estatuto y los roles, de los tiempos y los turnos de habla de cada uno de los participantes. La conclusión a la que llegan no admite réplica alguna:

De este m o d o , el c i u d a d a n o ordinario invitado al talk s h o w es apabullado t a n t o por el m a z o de los m u n d o s impuestos c o m o p o r el y u n q u e de la d r a m a -tización de su caso. Actor de una pieza de teatro de la q u e ignora t o d o , el a r g u m e n t o o los diálogos, se e n c u e n t r a a m e r c e d del a n i m a d o r / d i r e c t o r de escena q u i e n , presente en el m i s m o escenario, se sirve de él en provecho de sus propias representaciones de la d r a m a t u r g i a q u e p u e d e captar la a t e n c i ó n de las tele-audiencias.

El número de Mots al que me he referido pretende analizar —a modo de pregunta y no de denuncia— algunos mecanismos del discurso mediático que permitan una comprensión apropiada sobre cómo se forman, en particu-lar en materia de política internacional, las opiniones públicas, las emociones, y también los fenómenos de indiferencia, incomprensión, desconfianza o pa-sividad. En este sentido yo misma he analizado, en el caso particular del "des-cubrimiento de los campos de concentración" en agosto de 1992, lo que po-dría llamarse la "técnica de la balanza",técnica que consiste a combinar en los medios de comunicación orientaciones argumentativas contrapuestas, de tal modo que no se pierdan las ventajas de la exclusividad de la nota o de su dramatización, por una parte, y sin que se corra el riesgo de ser acusados de manipulación o ligereza, por la otra.9

Es aún más difícil definir las ciencias de la información y la comunicación que el "análisis del discurso", en la medida en que corresponden a un campo de investigación diversificado y a una pluralidad de teorías. Sin embargo, se

7 La parole confisquée, un genre télevisuel: le talk-show, París, Dunod, 1997.

8 Número 47, junio de 1996, dirigido por Simone Bonnafous, Fierre Fíala y Alice Krieg.

9 S. Bonnafous: " La gestión de l'mcertain par les medias contemporains dams la crise

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pueden señalar ciertas características comunes, en lo que se refiere a los oríge-nes disciplinarios, la metodología, la función social y el objeto.

Una vez más, no pretendemos resumir en detalle aquellos panoramas his-tóricos que han sido tan bien delineados por otros autores,10 pero cabe

recor-dar aquí las afirmaciones de Armand et Michéle Mattelart11 en el sentido de

que la prehistoria del pensamiento comunicacional debe buscarse de entrada en las ciencias económicas. Desde fines del siglo XVIII y principios del XIX, Adam Smith, Francois Quesnay, John Stuart Mili y Saint Simón asocian los términos de "flujo" "intercambio" y "organismo-red" a la ideología del pro-greso y a las filosofías emergentes del liberalismo y el industrialismo. Otra disciplina portadora de una reflexión precoz en términos de comunicación es la "psicología": desde Adolphe Quételet, matemático y astrónomo belga, que en 1835 ambicionaba elaborar un cálculo de las patologías sociales, hasta Freud y Tarde, pasando por Gustave le Bon y la célebre Psicología de las masas12 encontramos la misma preocupación en el fondo: aquella de la

"ges-tión de las multitudes".13 En sus orígenes, el pensamiento comunicacional se

encuentra indisociablemente ligado a la expansión del capitalismo y de las fuerzas sociales que le acompañan; en lo esencial este es el pensamiento de la burguesía o de los aristócratas viculados social y políticamente al nuevo orden en vías de instauración.

En el siglo XX, cuando la investigación en comunicación se desarrolló como tal, ésta tomó su asiento en los Estados Unidos y procedió sobre bases empíricas. Sucesora de la escuela de Chicago y su "aproximación microsocio-lógica a las modalidades de comunicación en la organización de la comunica-ción",14 la corriente de "mass communication research" adquirió una

hege-monía mundial, de los años cuarenta a la década de los ochenta, e impuso los métodos cuantitativos como parámetros para la medición de los efectos de los medios en la opinión pública. En el Estado norteamericano, comprometi-do con el New Deal, la lucha contra el nazismo o la guerra fría, las empresas de prensa escrita y audiovisuales y los sectores de la venta y la publicidad financiaron muy ampliamente estos trabajos que el mismo Lazarsfeld calificó en 1941 como "administrativos".15 El análisis de contenido, los experimentos

10 Véase en particular Unesociéte de communication, de Erik Neveu, éditions Montchrestien,

París, 1994.

11 En Histoire des théories de la communication. La Découverte, París, 1996, capítulo I. 12 Publicado en 1895 y reeditado en París, PUF, 1988.

13 Cf. Mattelart, op. cit. p. 9 y ss.

14 Idem, p. 14 y ss 15 Idem, p. 23 y ss.

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en "grupos de control" y los sondeos de opinión caracterizan esta corriente

cuya función social "utilitaria" contrasta agudamente con el proyecto crítico del análisis del discurso.

Cuando en los años sesenta y setenta se desarrolló en Francia un análisis del discurso basado en la filosofía marxista y la crítica de la ideología domi-nante, todo parecía oponerlo a las "ciencias de la información y la comunica-ción" que en aquel momento comenzaban a emerger institucional mente en Francia: los orígenes disciplinarios, la filosofía política subyacente, la función social, los métodos y de modo parcial el objeto de estudio.16

A pesar de todo... un encuentro obligado en los años ochenta y noventa17

Desde los inicios de la década de 1980, diversos factores concurrieron a ate-nuar el conflicto "postura crítica" vs. "especialidad técnica" que parece resu-mir la oposición entre el análisis del discurso y las ciencias de la información y la comunicación.

En lo que se refiere a la información y la comunicación, la corriente empí-rica ameempí-ricana ya no es tan hegemónica. Si bien la escuela de Frankfurt se constituyó desde los años cuarentas en Europa con Horkheimery Benjamín y conoció su apogeo en los años setentas, cuando los textos de Adorno o de Marcuse apoyaron conceprualmente al gran movimiento internacional de pro-testa contra la sociedad de consumo, "en ese entonces el interés se centraba en cuestiones relativas a los medios de comunicación, la cultura de masas, esto es en la manipulación, y no tanto en la "comunicación" como tal. El universo mediático entraba en el campo de visibilidad y de sensibilidad social, pero la comunicación aún no formaba parte de las palabras clave de una doxa".18 No

fue sino a fines de los años setentas que con Jürgen Habermas, cuyo libro La opinión pública, publicado en Alemania en 1962, y traducido en Francia has-ta 1978, la corriente crítica adquirió sus títulos de nobleza en el seno mismo de las ciencias de la información y la comunicación. Con la publicación de la Teoría de la acción comunicativa,19 para retomar las palabras de Erik Neveu, se

16 Cf. Xavier Dclcourt, "Sciences de la communication: une discipline e formation", en

L'état dessciences sociales en Frunce, bajo la dirección de Marc Guillaune, La Déeouvcrte, París, 1985.

17 Les théories de la communication, título de uno de mís artículos aparecido en la revista

Cinémaction, París, marzo de 1992.

18 Erik Neveu, Une sociéte de commmunicaiion?, Montchrestien, París, 1994, p. 38. 19 Publicado en traducción francesa en 1981 por Ediciones Fayard, París, 1987.

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desarrolló en Francia una verdadera "habermasología".20 Habermas —citado

con frecuencia y poco leído — se ha convertido en una referencia obligada para quien pretende ejercer cierta crítica a la ideología de la comunicación y la lexia "espacio público" es una de las palabras-estandarte que todo mundo enarbola, incluso los mismos políticos, como la marca distintiva de un discur-so cívico e inteligente. Muy bien podemos lamentarnos con Erik Neveu de esta "especie de agotamiento mediante la incesante rutina de las lecturas y los usos de este clásico contemporáneo"21 pero es claro que esta "fijación" motivó

también una reanimación intelectual de las ciencias de la información y la comunicación que ya no se presentan como una práctica sometida sistemáticamente a los "estudios por encargo" sino que se encuentran atrave-sados, como todos los campos científicos, por diversas corrientes, que se dis-tinguen entre sí por sus referencias conceptuales, sus métodos y sus objetos. Paralelamente a esta "filosofía de la comunicación" se ha desarrollado tam-bién lo que Michéle y Armand Mattelart llaman una "economía política de la comunicación",22 Esta última está presente aún en las instancias

internacio-nales bajo las formas del "Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación," el famoso NOMIC, o de las "industrias culturales". Este pen-samiento asocia una visión crítica con el análisis de datos concretos tanto de orden cultural como económico o político.

Actualmente, la perspectiva crítica ha adquirido una visibilidad y una legtimidad en el campo de las ciencias de la información y la comunicación ejemplificadas en Francia por varios trabajos consagrados a los "discursos de los medios" o a la "comunicación política", como aquellos del Centro de Aná-lisis del Discurso de París XIII, la revista Hermes, las publicaciones de Patrick Champagne,23 Erik Neveu o de Daniel Bougnoux24 y otros tantos.

Mucho ha evolucionado también el análisis del discurso en los últimos años, en sus presupuestos teóricos, y también en sus métodos y en sus corpus. Un reflujo de referencias al marxismo y el psicoanálisis, el fortalecimiento de la problemáticas enunciativas y pragmáticas, una diversificación de los corpus

20 Cf. Erik Neveu, "Las sciences sociales face á l'Espace public, les sciences sociales dans l'espacc public" en L'espace public et l'emprise de la communication, Ellug, Grenoble, 1995.

21 Ibidem, p.39

22 Para una presentación detallada de esta investigación, léase Mattelart, op. cít. p. 64-74. 23 Pensamos desde luego en su Faire l'opinion, le nouveau jaipolitique, Editions de Minuit,

París, 1990.

24 Cf. La communication par la bande, en la colección "Questions de société", Hachette,

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hacia lo audiovisual y lo oral, son las tendencias más recientes.25 A esto hay

que añadir una demanda institucional y social cada vez más fuerte, y por lo tanto un crecimiento consecuente de los estudios por encargo (al servicio de un partido o de un político, de un periódico, una revista o una empresa, etc.). No sorprende entonces que, actualmente, "las ciencias de la información y la comunicación" y el "análisis del discurso" coincidan en torno a algunos objetos de investigación comunes.

Esto se atribuye en principio a la dimensión mediática del discurso políti-co que se impone a los analistas del discurso. Independientemente de los que se piense de esta tendencia, el discurso politico no existe prácticamente hiera de los medios. Desde luego aún quedan las resoluciones de los congresos o los programas de los partidos, pero ¿acaso no es verdad que la mayor parte de éstos están pensados para ser retomados por los medios y de este modo alcan-zar una audiencia mucho más amplia de la que permite una sala de congresos o el número restringido de miembros y seguidores de un partido? Si se hace caso omiso de esta dimensión constitutiva del discurso político se ignora al mismo tiempo un aspecto esencial del mismo. Mi propio recorrido es un testimonio de esta evolución ya que mi primera tesis de doctorado estuvo dedicada a las mociones del partido socialista francés26 y la segunda abordó

"los inmigrados y la inmigración en la prensa política francesa".27

El interés específico por la materialidad discursiva que desde sus inicios define al análisis del discurso se complementa ahora por un interés en la ma-terialidad de los soportes mediáticos. Un número reciente de la revista Mots dedicado a "los medios en el conflicto yugoslavo" es un ejemplo de ello como también lo es el artículo de Michael Palmer dedicado al trabajo de los perio-distas que tienen a su cargo el control de la calidad de los despachos en las agencias de prensa.28 Otros ejemplos de este interés manifiesto son las propias

interrogantes que recorren los textos de este número en torno a: los efectos del mimetismo y la competencia entre periódicos, la distribución de los roles enunciativos entre diversas personas que laboran en el mismo peródico o las técnicas que presiden la elaboración de los paratextos.

25 Léase sobre este punto "L'analyse du discours en France aujourd'hui" de D. Maingueneau, op. cit. pp. 8-15.

26 Véase el n. 73 de la revista Langages, titulado "Processus discursifs et structures lexicales: le congres de Metz (1979) du Parti Socialiste", París, septiembre de 1983.

27 Véase L "nnmigration prise aux mots, les irmnigrés dans la presse au toumant des aunes SO,

París, éditions Kimé.

28 Número 47, junio de 1996, Presses de la Fondation Nacionale des Sciences Politiques, pp. 73-88.

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De este modo, al considerarse las dimensiones intitucional y mediática del discurso, se rehabilita también la dimensión de las estrategias adoptadas deli-beradamente. Contrariamente a la tradición inicial del análisis del discurso "a la francesa" que, bajo la doble influencia del marxismo y del psicoanálisis, no concebía al sujeto sino como "pensado" y "sujetado" en el sentido de "preconstruido",29 el análisis del discurso contemporáneo concibe el sentido

como "una negociación en un espacio necesariamente conflictivo: atrás de las unidades semánticas, se restituye el movimiento de una enunciación que, bajo la doble determinante de lo ya dicho y de lo decible, debe concordar a la vez con el sistema de la lengua y con otras palabras".30 Al analizar la

argumen-tación del líder de extrema derecha Jean-Marie Le Pen en un programa de televisión reciente, trabajé desde luego con sus presupuestos ideológicos refe-ridos por ejemplo al encuentro de "razas"o jerarquías sociales, pero también describí cómo el líder del Frente Nacional es capaz de manejar las represen-taciones sociales articulándolas con sus propias tesis al mismo tiempo que construye, en la interacción con el periodista, la imagen de un demócrata apacible.31

Y si el análisis del discurso no fuese sino uno de los componentes de las ciencias de la comunicación

A primera vista, esta proposición da la impresión de ser un tanto iconoclasta. Pero no es tan absurda como parece si apelamos a la etimología y la epistemo-logía.

La acción de "poner en común" que designa etimológicamente el término de comunicación ¿acaso no implica en principio el intercambio de palabras? Tal como lo he señalado en un artículo reciente, escrito en colaboración con P Charaudeau,

29 Cf. L' inqniéiude dit disam, textos de Michel Pécheux, escogidos y presentados por Denise Maldidier, Editions des Cendres, París, 1990.

30 Maingueneau, "L'analyse du discours en Frailee aujourd'hui" en Le francais clans le

monde, París, 1996, p . l l .

31 Artículo titulado "L'arguincntation du leader francais d'cxtréme-droite Jean-Marie Le

Pen dans une grande émission politique", que aparecerá en inglés en Politiaü Language Workiwid-e, libro colectivo dirigido por los profesores Christ'l De Landstheer y Oder Feldman, Anisterdam, 1997.

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Las ciencias del lenguaje, c o m o tales se reconocen a través de las p r o b l e m á t i -cas de la e n u n c i a c i ó n y la pragmática, y las ciencias de la c o m u n i c a c i ó n tienen q u e ver en parte con ello, tal c o m o lo ejemplifican en el orden de la divulgación algunos manuales universitarios q u e tratan del lenguaje y t a m -bién de la imagen así c o m o del espacio, del cuerpo o de las " c o m u n i c a c i o n e s de masa".3 2

En tanto "organización textual asociada a un lugar social determinado" para retomar la expresión de Dominique Maingueneau citado al inicio de este artículo, el "d'scurso" es entonces un componente de la comunicación social. La historia del análisis del discurso se enriquece entonces al integrarse a una historia general de las teorías de la comunicación. Lo que favorece la perspectiva de Armand et Michéle Mattelart, quienes sostienen en su Historia de las teorías de la comunicación {Histoire des théories de la communication) que las investigaciones de diversos orígenes disciplinarios resultan ser profunda-mente coherentes en el plano ideológico e histórico. Describen también33

la especificidad intelectual y cultural de los años sesenta caracterizada por la difusión o la emergencia de diversas escuelas de pensamiento crítico sobre los medios, la cultura, las ideologías y la formación de opiniones. Algunas de estas escuelas fueron más bien de inspiración filosófica, como la Escuela de Frankfurt en Estados Unidos y en Alemania, las publicaciones de Louis Althusser en Francia3,1 o la obra de Foucault; otros abrevaron a la vez en la

lingüística y la sociología, así como en la semiología barthesiana o la del Centro de estudios de comunicación de masa en París (CECMAS), en el que se reunieron Georges Friedman, Edgar Morin, Roland Barthes, Julia Kristeva, Christian Metz, Elíseo Verón, etc. ; otros más se nutrieron de estudios litera-rios, de sociología y de antropología así como de los Estudios Culturales in-gleses. Aunque Armand y Michéle Mattelart no refieren directamente ni citan a Michel Pccheux en su bibliografía, es claro que el nacimiento del análisis del discurso "a la francaise" no puede aislarse de este movimiento intelectual in-ternacional fundado a la vez en una reinterpretación crítica y, al menos en Francia e Inglaterra, en la teoría estructuralista.

Nos hemos alejado así de la visión sustentada inicialmente en este artículo y que se representaba al "análisis del discurso" y las "ciencias de la información y la comunicación" como dos esferas totalmente opuestas, pienso que es más

32 "Les discernís des medias entre sc.ienc.es du lengages et scienc.es de la communication",

en Le Francais dans de monde, París, julio de 1996, pp. 39-45.

33 Op. cit., pp. 40-63

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apropiado representarse al análisis del discurso como el componente discursivo y aplicado de un campo más vasto que es aquél del estudio de las comunica-ciones sociales. Este campo se encuentra recorrido por diversos presupuestos ideológicos y epistemológicos, en ocasiones diametralmente opuestos. Desde este punto de vista, la emergencia de un Análisis del discurso de inspiración marxista y estructuralista no puede disociarse del desarrollo de una corriente crítica relacionada con la problemática de los medios y de la opinión publica. Como tampoco se puede disociar en la actualidad el desarrollo de cierto tipo de análisis del discurso "por encargo", realizados a toda prisa y sin ningún apoyo teórico, del fuerte impulso de ciertas investigaciones puramente prácti-cas en este sector de la comunicación. Esto mismo sucede con el desarrollo actual del interaccionismo simbólico y la etnometodología que va aparejado a la reciente expansión de los análisis de la conversación.

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