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EDIFICIOS SINGULARES DE QUINTANA REDONDA
RESUMEN
Puede que la arquitectura urbana de Quintana Redonda no tenga la fama de otros pueblos, pero no por ello, sus edificios, deben ser puestos en su justo valor, mucho más para todos aquellos que de verdad aman a esta pequeña aldea. Aldea emplazada en el centro de campos abiertos y de la famosa curva de ballesta del río Duero, sin una bruma que detenga sus aspiraciones y anhelos. Sí, cuenta con varios edificios que representan una belleza singular y arquitectónica de otro tiempo, por lo que nos parece apropiado abrir sus puertas para desvelar sus secretos. Una iglesia que se quemó, un ayuntamiento ya desaparecido, un palacio blasonado, un antiguo lavadero de lanas, unos antiguos molinos maquileros, varias casas y otros edificios conforman un conjunto que bien merece ser recordado.
Por lo tanto, vamos a realizar un recorrido, a veces como si se tratase de un viaje en el tiempo, de aquellos edificios singulares, bien por su arquitectura, por su historia o por la industria que en ellos se desarrolló, tanto de los edificios existentes como de los que han desaparecido. Trataremos de detenernos en sus aspectos más característicos y de contar de ellos una pequeña reseña histórica.
Todo lo que aquí se va a exponer es poco más que una recopilación de noticias ya conocidas por no pocos, por lo tanto, nada nuevo. Tal vez algunos si puedan encontrar alguna reseña histórica curiosa, poco conocida o inédita, que les gustara conocer, recordar o releer de nuevo, incluso, en algún caso, datos que les resulten desconocidos y que les pueda sorprender, para ellos va dirigido este trabajo con austeras pretensiones.
UNAS CONSIDERACIONES PREVIAS
Hasta la segunda mitad del siglo XX la construcción de la mayor parte de los edificios de esta aldea era a base de los materiales que le eran más comunes y que más impronta le han dado, como los provenientes de la arcilla y la madera, o lo que es lo mismo, de adobes y ladrillos mezclados, sustentados por vigas, machones, cabríos y colondas procedentes de su pinar, empleándose también la mampostería ordinaria, todo lo cual los dotaban de un carácter singular, propio. La gran mayoría de edificios destinados a viviendas, principalmente las de los agricultores, constaban de piso bajo habitado, cámara o desván, cuadra y pajar. Pueblo este que siempre se caracterizó por la llanura y amplitud de sus calles bien conservadas, aunque solo estuvieran pavimentadas de piedra caliza, procedente de las canteras de Las Cuevas. Para el apisonado de la piedra que se echaba en las calles se disponía de un rodillo que, dado su peso, era necesario que fuese arrastrado por dos yuntas de bueyes (su cuerpo estaba hueco y cuando se utilizaba se rellenaba de agua). El rodillo se encuentra actualmente en el campo de futbol de Tardelcuende, no estaría mal que volviera a donde debe de estar, formando parte de los enseres etnológicos del pueblo.
Esta es la impresión que le causó a Enrique Moreno, que, durante varios años, estuvo en Quintana curándose de sus dolencias, cuando en marzo de 1928, escribía así de este pueblo y de sus casas:
“En el alcor, callado y triste, solitario y serio, el pueblecito (Quintana Redonda) muestra sus casuchas pardas y sus tejados patinados de verdín. Las casas casi se confunden con
Rodillo que el Ayuntamiento de Quintana po-seía para el apisonado de las calles.
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la tierra; parda es la una y pardas son las otras. Tierras pardas y casas pardas; pueblos tristes que parecen pueblos muertos. Rara vez se vislumbra la pincelada blanca de una chimenea o el albo telón en una fachada. Adobes y piedras, barro y argamasa, ladrillos y maderas desnudas, en su primitiva tosca desnudez, envolviendo al pueblo en un manto pardo que apenas se diferencia del tono del alcor. ¡Tristes pueblos de Castilla la ya de por si triste y austera!”.
Pasado la mitad del siglo precedente la fisionomía de sus casas cambió, las ado-beras, con que se hacían los clásicos adobes empleados en casi la todos los antiguos edi-ficios (paredes, próximas al metro, mitad de piedra en el exterior y adobe en el interior), fueron colgadas para siempre. También el ladrillo macizo fue sustituido por el hueco que salía de las nuevas máquinas de extrusión de las que estaban dotadas las tejeras del pue-blo. Con las tejas sucedió algo parecido, se dejaron de fabricar a mano y aparecieron las que salían de las máquinas, mucho más uniformes, pero de una calidad y duración muy inferior. Otro aspecto que también sufrió un profundo cambio es el de ir poco a poco desapareciendo esas casas pardas que, como cantaba el poeta, se asemejaban con las tie-rras pardas de sus campos. Las fachadas de las viviendas se empezaron a revocar con cemento y lucirse de blanco o de colores ocre con lo que cambió su aspecto. Esos tristes alcores bermejos y llanuras pardas ya no se confundían con la alegría que daban esas paredes blancas y limpias o de colores claros.
Otra característica de los edificios anteriores al XIX y principios del XX era el de tener unas ventanas muy pequeñas, no tener apenas cimientos, con lo que ello implica en el nivel freático y la aparición de humedades y, por último, en que lo normal fuese que las cocinas no tuviesen ventana, aun pudiéndola tener, con lo que la iluminación natural era la que entraba por sus amplias chimeneas, si claro, también agua. Dejamos para cuando hablemos de la Posada las clásicas chimeneas troncocónicas que cubrían la prác-tica totalidad de la cocina, de las que estaban dotadas algunas de las casas. La última que existió estaba en la casa del tío Cosme desaparecida en la segunda mitad del XX.
Del conjunto de edificios que forman elpatrimonio histórico-cultural local, resulta gratificante el poder observar, admirar y apreciar detalles que a veces pasan
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desapercibidos, de los existentes y de los que por diversas causas han desaparecido. El resultado de hacer una valoración en conjunto de su estado y compartir conocimientos e historias puede resultar sin duda enriquecedor. Por todo ello, todos estos inmuebles que forman el patrimonio edificado merecen que se le dé una consideración que a nivel insti-tucional o administrativo todavía no tiene, a pesar de sus valores y así poder evitar actua-ciones no apropiadas que vayan en su detrimento.
Tal vez en el pueblo no haya un gran nú-mero de edificaciones que puedan ser recono-cidas por sus valores arquitectónicos o urba-nísticos y, por tanto, con algún nivel de pro-tección; pero si se pue-den encontrar y, debie-ron haberse encon-trado, algunas otras que revisten o revistie-ron un cierto interés ar-quitectónico, estético o histórico, que merecen y debieron haber merecido ser consideradas sus singularidades y haber corrido mejor suerte.
Al igual que en un anterior artículo cuando hablamos sobre las calles de este lugar y de su historia, todos los edificios están estereotipados con certeza en nuestra memoria, unos por haberlos visto, otros por haber oído hablar de ellos o estudiado, algunas veces, vistos como sombras dilatadas en las umbrías de los recuerdos de una época, que empieza a ser lejana, que va desvaneciéndose, poco a poco en la penumbra, dejando detrás de sí en un ya largo camino lleno de destellos que empiezan a ser de pretérito…
Relación de edificios
Antigua Iglesia (*) Casa del americano
Nueva Iglesia Escuelas
Molino de Abajo o de los Plazas Frontón (*)
Molino del Mosco (*), fábrica de harinas “Los Ainos”
Casas de veraneantes Ermita de San Roque (*) / Hospitalillo Casas de los maestros
Ermita de San Agustín (*) Centro Rural de Higiene
Antiguo y nuevo palacio de los González de Gregorio
Plaza de toros
Lavadero de lanas (*), “La Granja” Casas baratas
Ayuntamiento, antiguo (*) Polideportivo municipal “El Cántaro”
Nueva Casa Consistorial Piscinas municipales
Fragua Centro Social “Velasquillo (Sic)”
Cuartel de la Guardia Civil Residencia de ancianos
Tejeras (*) Fuentes (*)
Estación de ferrocarril *.- Edificaciones desaparecidas.
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Empezamos este trabajo con el que fue sin duda el edificio más antiguo de este pueblo, construido poco después de que sus habitantes o nuevos pobladores, con buen criterio, decidieron cambiar su ubicación desde el alto de las Quintanas a implantación un sitio mejor situado, en una pequeña planicie, saneado y con buena ventilación.
La primera pregunta que surge es de que fecha o más bien de qué siglo estamos hablando, la fecha concreta del establecimiento de la población en este lugar, como la de la construcción de su iglesia, no la tenemos, pero si damos por hecho que ambas cosas se produjeron en la época de la repoblación cristiana después de la invasión musulmana, nos deberíamos situar en el siglo XII y siendo un poco más precisos entre el primer cuarto y el último tercio.
La repoblación de los núcleos más importantes del entorno de Quintana Redonda, tales como Soria, Almazán y Berlanga la efectuó inicialmente Alfonso VI de Castilla, si bien sería Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, quien definitivamente dejase asentada esta repoblación allá por los años 1100-1120; después la continuaría Alfonso VII hijastro del Batallador. Todo lo cual hace pensar que este lugar de Quintana Redonda también se repobló en estos mismos años. Otro dato digno de ser tenido en cuenta es que, tanto la iglesia de Los Llamosos como la de Izana corresponden al siglo XII, por tanto, no es descabellado pensar que la de Quintana también lo fuera de estas mismas fechas.
ANTIGUA IGLESIA
Este templo parroquial era de estilo románico de una construcción vulgar y muy po-bre, de una sola nave y sin ca-pillas laterales. Tenía una lon-gitud de 24 m, por 7m de an-chura, su altar mayor estaba orientado al este y en su parte opuesta, se levantaba una torre en forma de espadaña, de unos 10m de altura, con dos campa-nas. Todos los materiales que se emplearon en su construc-ción original, así como en las
sucesivas remodelaciones, al-guna de ellas por derrumbe o deterioro, eran de una calidad muy pobre, en donde la piedra de sillería brillaba por su ausencia.
Después del devastador incendio ocurrido a mediados de agosto de 1918, hoy día solo queda de aquel templo el pórtico, que da entrada al cementerio actual, y la sacristía que hizo hasta no hace mucho tiempo las veces de depósito de cadáveres.
Así se conservó, en su construcción original, hasta el siglo XVIII, tenía la puerta principal orientada al saliente, en la misma pared donde se encontraba la espadaña. Por tanto, el pórtico de la iglesia, la ubicación de la nueva entrada del templo en el lado sur, el cierre de la puerta del oeste y la construcción de la sacristía a la derecha del pórtico corresponde a obras muy posteriores.
La primera de las obras importantes para adecentar este templo fue la llevada a cabo en el año 1565 por Miguel de Antona, quien construyó a su costa, además de su capilla de la Magdalena, el ábside de la iglesia y levantó unos dos metros toda la pared, “desde el arco total del ábside hacia adelante lo hizo Velasquillo (sic)”.
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A tal extremo alcanzó el deterioro de esta iglesia, que llegó a amenazar ruina, por lo que en 1773 el Sr. Obispo D. Bernardo de Antonio Calderón propuso “La remoción y traslación de la parroquia a sitio destinado más cómodo para los vecinos”, con lo que también quedaría exenta de robos. Los buenos propósitos no tuvieron el final pretendido y la iglesia continuó en su deplorable estado.
Otro momento
singular fue cuando el 21 de noviembre de 1808, durante la Guerra de la Independencia, la caballería ligera del Ge-neral Beaumont, a su paso por Quintana sa-queó todo aquello que de valor encontraron, entre lo que destacaba los candeleros y la cruz parroquial de plata de la iglesia que había do-nado Manuel Medrano Aceves al ser nombrado Caballero de la Orden de Santiago.
Asimismo, fue relevante lo ocurrido el 10 de febrero de 1869, miércoles de ceniza, cuando, después de salir todo el pueblo de oír el Santo Rosario un ruido ensordecedor anunció el derrumbe de toda la iglesia, menos de su ábside. El día 7 de febrero de 1873 el ayuntamiento y todo el pueblo tomaron el acuerdo y se obligó con voto solemne a guardar ese día como día festivo en acción de gracias, al considerar lo sucedido como un milagro. De aquí proviene la celebración de la fiesta de “La Función de la Iglesia” el 10 de febrero.
La ornamentación del templo estaba a tono con la pobreza de su fábrica, el altar mayor era lo más valioso, de estilo italiano se componía de cuatro secciones de a cinco cuadros pintados y terminaba en uno solo, que representaba la Crucifixión. En los veinte restantes, se representaba la vida de la Virgen.
Había otros tres altares que destacaban: el del Rosario encima del cual se encontraba una buena tabla que re-presentaba la Virgen de la Soledad, donada en 1732 por D. Manuel Medrano y Aceves, na-tural de este pueblo. A los pies de este altar había una sepultura
do-tada (donde se enterra-ban los miembros de esta familia), la ornamentación de dicho altar corría por cuenta de los Medrano.
Iglesia de Quintana Redonda ya desaparecida. A.H.P.So.
Cementerio, el pórtico y la sacristía que está a su derecha es lo único que se salvó del in-cendio de 1918.
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Otro de los altares destacados era el de la Virgen de la Peña, perteneciente a la familia González de Gregorio, lo presidía un cuadro en lienzo de la imagen de Nuestra Señora de la Peña, patrona de San Pedro Manrique y su tierra, de donde descendían los señores de González. Al pie y detrás del altar había enterrados varios cadáveres pertene-cientes a esta familia. Hasta el año 1840 el cuadro de este altar estuvo colocado en la “Granja de la Asunción”, lugar de esquileo y lavadero de lanas del ganado fino trashu-mante.
Y por último estaba el mal llamado Altar del Velasquillo (sic) (Miguel de Antona), era en forma de tríptico y fue donado por Miguel de Antona a la parroquia en el año 1565, tal como figuraba en una inscripción que en él estaba colocada. Estaban pintados el bufón preferido de Felipe II y su mujer María Rodríguez. La tabla central representaba a Jesús apareciéndose a la Magdalena, con forma expresiva y conteniendo con su mano a la pe-cadora, que se arroja a sus Divinos pies, nos trae a la memoria las palabras que se leen en el Evangelio de San Juan cap. XX, versículo 17 “Noli me tanguere”, es decir, “No me toques” o “No te acerques a mi”. Las figuras de Miguel de Antona y su mujer las mandó emborronar un obispo para así evitar que los fieles creyesen que esas imágenes eran de santos y les adorasen. A los pies del altar, dentro de la capilla mayor, se encontraba la sepultura del mayorazgo fundado por Miguel de Antona, donde se enterraban los posee-dores de esta institución, hasta que, en el año 1892, quedó prohibido enterrar dentro de los templos.
Incendio de la Iglesia
Día aciago y de triste recuerdo fue el de aquella madrugada del 14 de agosto de 1918, cuando los vecinos de este pueblo contemplaron, primero con incredulidad, más tarde con aturdimiento y dolor como, algo muy querido para todos ellos, su iglesia, era pasto de un devastador incendio. Fue duro contem-plar como las llamas eran imparables y ver como el denodado esfuerzo con que trataban de apagar el fuego era infructuoso. Nada se pudo hacer, únicamente observar como una gran columna de humo ascendía hacia el cielo y todo el edificio, en pocas horas, se derrumbaba y desaparecía. Era el fin de un templo que había pasado, a lo largo de su historia por desgraciadas vicisitudes.
En medio de la zozobra y del dolor por la pérdida del templo, el párroco Don Celestino Zamora, “un hombre de singulares méritos, grandes virtudes y una fe inquebrantable, de abnegación sublime y de una voluntad de hierro”, quien tuvo desde muy pronto, cuando todavía humeaban los últimos restos de su Iglesia, que él con la ayuda de Dios sería capaz de que en este pueblo se construyese un nuevo templo.
Recuerdos de la vieja iglesia
De la quema, como ya hemos indicado, no sufrió daño la sacristía, por lo que todo lo en ella contenido se salvó, entre lo que destaca un espectacular terno donado por Mi-guel de Antona; su casulla, de las denominadas “casullas de Obispo Acosta”, es de ter-ciopelo granate de base, sus bordados se caracterizan por la variedad de hilos de seda y oro de ricos colores con una gran perfección de la técnica de las labores y un magnífico diseño, dando como resultado una prenda de magnífica calidad, con un lujoso escapulario, o cenefacentral, que la recorre tanto en el frente como en el dorso.
También nos queda una puerta, que hoy se puede contemplar en el museo de la cerámica, gracias al cariño y buen hacer de un vecino de Quintana, Víctor Romero, quien, primero la puso a buen recaudo para más tarde ser restaurada.
Puerta antigua iglesia. Se encuentra en el mu-seo de la cerámica.
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Esta es la historia, de no por resumida sugerente de la vieja iglesia, hacia donde, de in-nata costumbre, llegaban todos los lugareños para cumplir con sus preceptos religiosos. Ellas ataviadas con las añejas pren-das con las que se tocaban sus cabezas, como muy bien relató Bienvenido Calvo , pocos años antes del fatídico suceso:
“con marcha presurosa, llegaban a la iglesia, los buenos residentes de Quintana Redonda. Cubierta su cabeza con una fina mantilla negra, de un negro brillante con ribetes de terciopelo, enseñando el principio de su linda cabellera, coquetamente partida en dos mitades con una fina y sencillísima línea, mostrando el suave livor de sus ojos de fuego, arribaban al templo las mozas de la aldea.
Hacia la vieja, Iglesia llegaban todos. Es innata costumbre de los lugareños; día festivo, la candelaria, es día de oración”.
NUEVA IGLESIA
El nuevo templo de-bía atender a una serie de pre-misas tales como que el nú-mero de habitantes de Quin-tana Redonda en aquella época era de unos 620 debía ser de una ejecución sencilla y económica y que el estilo del edificio debía estar en consonancia con lo impe-rante en la región. Con estas directrices, D. Eduardo Gam-bra, arquitecto de la Acade-mia de Bellas Artes de San Fernando (un edificio de la Gran Vía de Madrid es obra suya), consideró como más adecuado el estilo neorrománico, de gran sencillez de líneas y sobria ornamentación con arreglo al románico tradicional, con una sola nave longitudi-nal y otra transversal o de crucero.
Se encuentra situada en el centro del pueblo en la calle del Coso, principal arteria de este lugar. Es de forma de cruz latina de 30 metros de larga por 10 de ancha, y 5,40 metros que tiene cada capilla de los lados. A uno y otro lado del ábside se encuentran el Baptisterio y la Sacristía. Cuenta con una puerta principal con un hermoso pórtico, su torre, de 23 m de altura es cuadrada y en cada cara tiene una campana.
Dispone de una hermosa cúpula central, sostenida por cuatro arcos torales que separan el ábside de las capillas y el pie de la cruz; es acampanada o bulbosa, sin linterna y con pechinas, y toda con bóveda de cañón; la bella cruz que remata la cúpula estuvo previamente colocada en la Academia de San Fernando más de 200 años.
Terno donado por M. de Antona a la parroquia de Quintana, finales del XVI.
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Es de estilo románico con cúpula central acampa-nada o bulbosa, sin linterna y con pechinas, y toda embo-vedada con bóveda de cañón.
En los doce capiteles de las columnas, esculpidos con buen gusto, se represen-tan los signos Eucarísticos: espigas de trigo y racimos de uvas. También están repre-sentados los Sagrados Cora-zones de Jesús y el de María traspasado por la espada del dolor; el Pelicano, signo ale-górico de Jesús desangrán-dose por amor de sus hijos; el Espíritu Santo en forma de paloma y motivos vegetales y animales como hojas de acanto, piñas, cabezas de macho cabrío y serpientes.
Una de las cosas más destacable de esta iglesia es la arcada del pórtico, de un románico admirablemente conseguido, que cuando en él incide la luz de la tarde proyecta una estampa magnifica. Se compone de siete arcos sostenidos por ocho columnas. En los capiteles de las columnas están esculpidas figuras alegóricas, en la tercera los cuatro Evangelistas; en la cuarta, las Virtudes cardinales, en la quinta, el buen y el mal pastor, Justicia y el Espíritu Santo iluminando al mundo; en la sexta los patrones San Juan, San Urbano, San Gregorio y San Roque; y en la octava el pecado de Eva y dando de comer a Adán, y aherrojados con la cadena del pecado que pisa el inmaculado pie de María. La cornisa del pórtico es sostenida por 21 canecillos.
La iluminación del templo se consigue por me-dio de tres rosetones de tra-zado sencillo, que van si-tuados a los lados y al pie de la cruz y cinco ventana-les altos de medio punto en el resto del cuerpo de la iglesia. Todos estos venta-nales están debidamente cubiertos por bonitas y ar-tísticas vidrieras de colores con alegorías; las de los tres rosetones: Presencia de Dios, los atributos de la Pa-sión del Hijo, y el Espíritu Santo; las cinco vidrieras: Corazón de Jesús; Corazón de Ma-ría; el simbolismo del pecado rodeando al mundo en la serpiente; arco iris; y María An-cora de Salvación.
El templo fue inaugurado y consagrado por el Sr. Obispo el sábado 18 de octubre de 1924.
Interior del templo. Postal antigua.
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MOLINO DE ABAJO O DE LOS PLAZAS
Hasta no hace mucho todavía se conservaba la estructura del edificio del viejo molino denominado, por unos de Abajo y por otros de los Plazas, pero los nuevos tiempos han hecho, ante la inmi-nente ruina que anunciaba el derrumbe de su tejado, que la corporación municipal tuviese a bien aprovechar este inmueble para otros usos, como ha sido un aparca-miento de caravanas. La uniformidad del nuevo tejado ha dejado atrás la idiosincra-sia de este artefacto harinero. Con anterio-ridad a esta última remodelación todavía se podía percibir la ampliación llevada a cabo por don Leoncio González de Gre-gorio en los años 20 del pasado siglo y, también, la vieja estructura que había quedado de los arreglos efectuados en el año 1850 por su entonces dueño don Francisco Plaza Carni-cero.
Para encontrar la fecha de su primitiva cons-trucción nos hemos de remontar a principios del siglo XVI o tal vez al XV, el primer escrito donde se da cuenta de este molino es del año 1515 cuando se realizó el apeo (deslinde) del término de Quintana y de su dehesa boyal, pero no será hasta 1565 cuando tengamos una descripción bastante detallada de cómo era este artefacto y del costo que supuso su compra.
El 25 de octubre del año 1565 se produce la adquisición de este molino por parte de Miguel de Antona a Diego de Villanueva y Matamala, vecino de Soria y morador en Quintana Redonda. “Un mo-lino harinero de una rueda, con lo a él anejo e per-teneciente, que yo e y tengo e poseo en el dicho lugar de Quintana Redonda en el río que llaman de Izana, con sus sauces e todo ello lo ha ello perteneciente”, por un importe de 360.250 maravedíes, equivalentes a 990 ducados. Unos años más tarde, en 1570 junto al molino se había montado un batán, especie de mo-lino de una rueda vertical con un sistema de mazos, destinado a enfurtir las pieles o los paños, especialmente los de lana. Llegó a disponer de dos rodeznos y ser utilizado como fuerza motriz para mover unos aparatos para aserrar y limpiar el grano. Con la llegada de la electricidad a mediados del siglo XX, sería utilizado para dar energía eléctrica al alumbrado público y al vecindario.
El 1923 se procede a la venta del molino, por sus propietarios: Francisco Plaza 2/3 partes y la otra tercera parte por el matrimonio formado por Lorenza Plaza (hija de Fco. Plaza) y Eugenio Moñúx a don Leoncio González de Gregorio, quien unos años más tarde se lo vendería al ayuntamiento.
Molino de Abajo o de los Plazas, una imagen para el recuerdo.
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Con el molino ya en propiedad del Ayuntamiento, el día 22 de diciembre de 1928 se saca a información pública “autorización corres-pondiente con objeto de faci-litar alumbrado eléctrico al citado pueblo”. Unos meses más tarde, el 10 de agosto de 1929, “Se autoriza al Ayunta-miento de Quintana Redonda, para hacer un transporte de energía eléctrica para alum-brado de Quintana Redonda, desde el molino llamado de Los Plazas hasta el citado pueblo...”.
Durante unos años, la fuerza motriz que proporcionaba este pequeño salto de agua sobre el río Izana, fue utilizada como una pequeña central hidráulica. Se instaló en él una turbinade tipo Francis de eje horizontal de 14 H.P. que, acoplada a un generador, sería suficiente para dar durante algunas horas energía eléctrica al pueblo. Más tarde, cuando ya se disponía de energía suministrada por una compañía eléctrica, el molino fue utilizado como reserva y “stand by” para posibles apagones, frecuentes por otra parte en aquellos primeros tiempos de fluido eléctrico.
El molino en el siglo XX-XXI.
El molino siguió funcionando hasta las pri-meras décadas de la se-gunda mitad del siglo XX, el último molinero fue Ci-riaco Arnanz, eran años en los que los progresos en la industria eran imparables, lo que acarrearía que el viejo molino, que venía funcionando casi ininte-rrumpidamente desde el si-glo XV, dejase de ser ren-table y competitivo y no volviera a moler. Un tiempo después, el ayuntamiento se propuso buscarle otro fin que redundase en beneficio del pueblo, en particular de la juventud que demandaba nuevas instalaciones deportivas. Se pensó que lo mejor sería convertirlo en una piscina municipal; la presa se agrandó y acondicionó para tal fin y así estuvo funcio-nando durante los años 70-80.
También por estos mismos años el viejo molino se había trasformado y adecuado en un mesón para solaz de vecinos y visitantes, su situación lo hacía propicio para ello, regido por parte de Evelio Arnanz; al desaparecer las piscinas el mesón perdió parte de su atractivo y también dejó de funcionar.
En la primavera de 2016 se procedió por la corporación municipal a la colocación de una nueva cubierta del molino sin respetar su antigua estructura. A principios del 2017 se procedió a su remodelación interior, mediante estructura de madera y revoco exterior,
Esquema molino harinero. En base a ilustración de La Verdad digital de Murcia.
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creándose un Área de servicio para autocaravanas “El Molino Harinero”. Algunos de los visitantes salen de esta instalación con la idea de que la antigüedad de este molino es de 1952, fecha que está puesta en su puerta principal, cosa que como se ha apuntado no es así. No estaría de más que se pusiese una placa con una escueta reseña de su historia.
Por último, hay que indicar que el puente que da acceso al molino, sobre el río Izana, en el camino forestal a Almazán, lo construyó la familia González de Gregorio. Mirando aguas arriba, se puede contemplar el escudo de armas de esta familia y la fe-cha, MCMXVI, si bien la compra del mo-lino, como ya se ha indicado, la realizaron en 1923.
No se nos ocurre nada mejor que para terminar este apartado, y como vere-mos más tarde cuando hablevere-mos de la Plaza
de toros, que, con unos versos de Vicente de Pablo Salas, un quintanero de pro, buen conocedor todos y cada uno de los rincones de este pueblo, hombre que supo alternar su profesión de guarda forestal, su afición cinegética y taxidermista con su vocación poética. Sus ratos de asueto, los dedicó a escribir un buen número de poesías en donde la natura-leza está siempre presente, una de las cuales hace referencia al molino y como hemos dicho a la Nevera.
EL MOLINO DE QUINTANA REDONDA EN 1940.Vicente de Pablo Salas. Molino, herramienta indispensable
para fabricar harina.
Se molía el pienso para el ganado y con la harina de trigo
un buen pan blanco se hacía.
El tío Paco el molinero por su nombre se llamaba, cuidaba el caz y la presa, cuando venían riadas.
Otro servicio importante para el pueblo de Quintana se producía la luz,
con la energía del agua.
Parte del agua del río Izana desde el puente de la vía va bajando caz abajo, hasta la presa corría.
Cuando empezaba el trabajo todo lo ponía en marcha, energía natural
era la fuerza del agua.
Desde el molino hasta el pueblo se montó una instalación, aunque no era muy potente, la luz a todas casas llegó. Había varios caminos
con sus talegas cargadas. Mulas, caballos y burros, caminando, paso a paso, hasta llegar al molino.
Trabajaba sin horarios, no había que llevar dinero, te cobraba la maquila; de cuatro partes del saco se llevaba una de harina.
El tiempo se va pasando, el agua no va al molino, los caminos se han borrado, solo quedan los recuerdos de aquellos años pasados. Nota.- El tío Paco citado en estos versos, no es Francisco Plaza dueño del molino hasta 1923, sino el que en esos años era el molinero Francisco Moñúx.
MOLINO DEL MOSCO, FÁBRICA DE HARINAS LOS AINOS
El llamado molino del Mosco que se demolió a principio de los años 20 del pasado siglo para la construcción, por los González de Gregorio, de la fábrica de harinas “Los Ainos”. Se le supone de una antigüedad similar a la del molino de Abajo o de los Plazas. De este molino también se da cuenta en el apeo referido del año 1515 cuando se dice: “En la presa de Diego de la Cal, a pie del cerro Los Aynos, en un spino pusieron moión”. Este molino, al menos desde el siglo XVI hasta 1753-56, perteneció a la familia Barnuevo, uno de los doce linajes de Soria. A mediados del siglo XIX era conocido como el “molino de Eustaquio Carnicero” quien entendemos que poseía el dominio útil, no el directo.
Puente sobre el río Izana de acceso al molino, año MCMXVI. Foto: Pepe Del Olmo
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En un documento de 1605 co-rrespondiente al arrendamiento de este molino harinero se dice que es propiedad de Hernán Yáñez de Bar-nuevo, quien lo arrienda a Alonso An-tón, vecino de La Ventosa, por precio y cuantía en cada uno de ellos “de treinta medias de pan terciado dos partes y una de centeno de dar y to-mar”...
Durante algunas décadas, entre me-diados del XIX y principios del XX, este molino perteneció (¿el dominio útil?) a la familia Carnicero, después figurará como propiedad total (directa y útil) de la familia González de Gregorio, que fue en quienes quedó toda la heredad que los Barnuevo poseían en Quintana Redonda a finales del XVIII.
Fue de este molino, desde al menos 1913, de donde llegó el primer fluido eléctrico al pueblo, eso sí, solo para el servicio privado del palacio de los González de Gregorio. Habría que esperar a que se construyese la fábrica de harinas para que el ayuntamiento, con el permiso de don Leoncio, instalase en ella dos dinamos y un cuadro eléctrico para poder suministrar fluido eléctrico, en este caso en corriente continua, de todo lo cual daba cuenta Tomás Ucero en una crónica que publicaba en enero de 1992 el Avisador Numan-tino:
“En breve dará principio a trabajar la fábrica de harinas que, con todos los adelantos modernos sistema Daverio, ha construido en el río Izana D. Leoncio González de Gre-gorio. De un momento a otro se espera la llegada de una dinamo construida en Londres, y es de suponer que dados los nobles y altruistas sentimientos de D. Leoncio, este vecin-dario pueda en tiempo no lejano disfrutar del beneficio de la luz eléctrica”.
Como hemos indicado, donde se encontraba este molino en los años 20 del siglo XX, la familia González de Gregorio acometió una importante inversión para construir una fábrica de harinas con la maquinaria más moderna del momento.
La fábrica empleó el sistema suizo de cilindros denominado Daverio Henrici y Cía. de Zúrich. La instalación ocupaba tres plantas, más el sótano, en las que se distribuía la maquinaria nece-saria para la molienda de acuerdo con el proceso productivo en el que la fuerza motriz era trasmitida por medio un com-plejo juego de poleas y de cintas. Esta fábrica disponía de una dinamo, traída de Londres, con una potencia de 8 CV que era accionada por la fuerza produ-cida por el salto de agua de la presa. La capacidad máxima de molturación de la fábrica era en jornada de 8 horas de 2.166 kilos, y de 6.500 en jornada normal de 24. Se mantuvo en funcionamiento hasta los años 70.
Fábrica de harinas "Los Ainos", donde estuvo el molino del "Mosco".
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ERMITA DE SAN ROQUE, HOSPITALILLO
Al igual que la antigua iglesia, la fábrica de la ermita de San Roque, a tenor de lo reflejado en los libros parroquiales, no debía ser muy buena y los gastos para su mante-nimiento más bien escasos. Su ubicación se encontraba donde hoy día está el vestuario de los jugadores de futbol, es decir en el barrio de San Roque.
No tenemos la fecha de su construc-ción, todo hace pensar que sería en época muy similar a la de la antigua iglesia. Es-tuvo en pie hasta principios del siglo XX, en un mapa de 1913 figura como en rui-nas. En esta ermita tenía su lugar de reunión la cofradía de San Sebastián, existiendo en ella una imagen de este mártir. Como se ha indicado su estado fue de siempre muy precario, llegando a indicar el Sr. Obispo en 1773 que si no se procedía a su restauración la ermita sería demolida. En una suerte, que podríamos calificar como lamentable, permaneció hasta su ruina total, lo que sin duda debió de ir parejo con la desaparición también de la cofradía de San Sebastián.
Unas consideraciones previas
Una de las muestras de solidaridad social de las viejas instituciones concejiles de este lugar, fue la existencia de un pequeño edificio, consistente en un cuarto donde poder hacer fuego y calentarse, con colchón de paja y chimenea, que utilizaban los pobres y necesitados, para pasar la noche en su duro vagar.
Esta pequeña muestra de caridad y beneficencia venía a complementar o sustituir a la costumbre inveterada de dar, en las casas de los vecinos, una frugal cena y cobijo para pasar la noche, aunque fuera en el pajar de la casa, a los pobres que merodeaban por el pueblo. La cena solía ser muy frugal, unas sopas de pan duro sobrante del día anterior, con una poca grasa o sebo. No todas las casas eran igual de espléndidas en cuanto a la cuantía y calidad de la cena y, como los pobres solían en su mayoría ser siempre los mismos, cuando uno llegaba al pueblo y el alguacil le asignaba el domicilio donde debía ir a cenar y pernoctar, al comprobar que le había tocado una casa no muy desprendida fruncía el entrecejo, como diciendo “hoy no hemos tenido suerte y la cena será escasa”. Esta buena acción, la prestaban todos los vecinos por riguroso turno, de la cual el alguacil llevaba buena cuenta.
Este albergue es lo que se llamaba pobrera, hospital u hospitalillo, de los que to-davía quedan vestigios de sus edificaciones o al menos el recuerdo de donde estuvieron en muchas poblaciones. Es el caso de Quintana, aún puede leerse, como negándose a ser borrado por las capas de sucesivas pinturas, el nombre de ASILO MUNICIPAL.
Construcción del Asilo Municipal de Quintana Redonda
Para la construcción de este edificio de beneficencia fue preciso que el obispado autorizase a la iglesia de Quintana la venta al Ayuntamiento de la ermita de San Roque, que ya se encontraba sin culto y en ruinas, en diciembre de 1934:
“Visto este expediente, el informe del Sr. Cura, y el parecer del Consejo Diocesano de Aviñón de Bienes Eclesiástico, por lo que a Nos toca, y a tenor de los Sagrados Cánones, autorizamos la enajenación de la Ermita de San Roque, cerrada desde hace tiempo al Culto, pero propiedad de la parroquia de Quintana Redonda, a favor del Municipio del
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mismo pueblo, para que pueda destinarla a un Asilo en el cual puedan ser recogidos y pernoctar los pobres mendigos de tránsito; se acepta por Nos el ofrecimiento de trescien-tas pesetrescien-tas que el ayuntamiento Nos ha hecho en su instancia de 15 de los corrientes, como compensación de la misma…”.
El 3 de agosto de 1935 se publica en la Gaceta de Madrid un Decreto mediante el cual, “se autoriza al excelentísimo Sr. Obispo de Osma o al párroco de la iglesia de parroquial de Quintana Redonda (Soria), o a quien legítimamente les represente, para que puedan efectuar la venta o cesión al Ilmo. Ayuntamiento de dicha población del solar y edificio en ruinas que antiguamente fue ermita de San Roque ya cerrada al culto… con objeto de que en él se levante y construya un edificio-asilo para albergar y cobijar pobres y mendigos”. Se especificaba que esta venta debería realizarse sin ánimo de lucro y que la cantidad que el ayuntamiento entregó (300 pesetas) tenía que destinarse a atender las necesidades de la iglesia y debía de considerarse como una limosna, no como precio de venta.
En el Boletín Oficial de la provincia del 22 de abril de 1936 fue publicado el anuncio de “subasta pública para contratar las obras de un asilo municipal para pobres transeúntes en esta localidad”; las obras finalizaron en noviembre de 1936.
Es así como se construyó el Asilo Municipal en el paraje denominado “San Ro-que”, junto a otras dependencias locales como eran: almacén de leñas, cochera y depen-dencias del Sindicato Agrícola Ganadero, en el lugar que ocupó la ermita de San Roque.
Se da la circunstancia de que quienes primero ocuparon estas instalaciones fueron miembros de las tropas italianas del CTV (Cuerpo de Tropas Voluntarias), que estuvieron destacadas en este pueblo, por un corto periodo de tiempo, con motivo de la guerra civil española.
Con este refugio para los pobres se cubrían varios objetivos, por un lado se les ofrecía a los más desfavorecidos un local que reunía unas condiciones de habitabilidad dignas, por otro lado se daba satisfacción a las quejas de los vecinos por las molestias que les originaba el tener que alojar, por riguroso turno, a los pobres que llegaban al pueblo y por último evitar, en los domicilios particulares, focos de posibles enfermedades por las condiciones poco higiénicas con que se presentaban algunos indigentes. El ayuntamiento no se limitó a ofrecer a los pordioseros un edificio decoroso, sino que con cargo al erario municipal dispuso que una señora atendiese este establecimiento benéfico.
Caridad de San Roque
Con anterioridad a la construcción del asilo municipal existió en este mismo paraje un local destinado a este mismo menester llamado entonces “La Caridad de San Roque”. En un acuerdo del concejo de Quintana del año 1807 se dice que en este recinto se pro-ducían ciertos desórdenes entre los que llegaban a ella, por lo que se tuvo que prohibir la admisión de los pobres forasteros, admitiendo únicamente a los pobres vecinos del pue-blo, pero vigilando que no hubiese excesos.
“… que en la caridad de San Roque no se ha de admitir ni dar ración a ningún forastero y a los vecinos y demás del pueblo se les dará únicamente su ración sin exceder en ma-nera alguna para evitar el desorden que todos los años se advierte…”.
En las ordenanzas de los pueblos de la provincia se pueden encontrar varios ar-tículos que hablan sobre la obligación del vecindario “de facilitar hospedaje, y albergue a los pobres transeúntes”, así como permitir pedir limosna, tanto a los pobres forasteros como a los pobres de solemnidad hijos del pueblo.
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“Se permite pedir limosna a los pobres forasteros que acrediten estas circunstancias y dos días por semana (jueves y domingos), a los pobres de solemnidad hijos del pueblo o vecinos y domiciliados en él, que no tuvieran por sus condiciones otro medio de subsis-tencia”.
De igual manera, en las ordenanzas, se establecía que el vecindario debía facilitar bagaje a los vecinos pobres enfermos, para ser trasladados a los establecimientos provin-ciales de beneficencia.
Nota curiosa
En una santa visita realizada el 18 de abril de 1682 por el Sr. Obispo a la parroquia de Los Llamosos, se da cuenta de la existencia en este lugar de un Hospital, el cual tenía de renta dos ducados, que pagaba Juan Recio, vecino del lugar de Navalcaballo. Nada se dice de las actividades que desarrollaba, únicamente se muestra interés en que el cura de la parroquia haga todas las gestiones que haya lugar para cobrar los réditos que, de doce a catorce años no se habían satisfecho. Se debe entender que se trataba de un lugar donde se daba socorro a los pobres y necesitados, que estaba algo desatendido, dado el poco interés del cura en cobrar los réditos que le correspondían.
Un vestigio de la antigua ermita la Pila de agua bendita.
Creíamos que nada había quedado de esta ermita, pero no es así. Todavía se conserva la pila de agua bendita donde los fe-ligreses mojaban sus dedos para santiguarse a la entrada al tem-plo. En un lugar muy próximo a donde se encontraba la ermita se halla esta pila incrustada en el suelo, todo ello debió al buen hacer y al buen recaudo en que la puso quien fuera el constructor del hospitalillo, resulta ciertamente insólito conocer el destino que durante algún tiempo se le dio, nada más y nada menos, que el de aguadero para las gallinas.
ERMITA DE SAN AGUSTÍN
Son muy pocas las referencias que se tienen de esta ermita de San Agustín, y, al contrario de la de San Roque, no ha quedado en el pueblo ningún vestigio de donde pudo estar su ubicación, ni los más longevos tienen noticia de donde estuvo localizada. Los únicos datos que de ella se disponen proceden de las visitas del Sr. Obispo a la parroquia, En el año 1627, con motivo de la visita pastoral, el Obispo D. Pedro Dueñas mandó al cura que se enterrasen las figuras que en ella se encontraban y que no se dijese misa hasta que fuese adecentada.
Cuando, en el año 1773, se realiza una nueva visita del Sr. Obispo se manda que, dado que la ermita “por desamparada se había mandado arruinar”, los materiales que de ella resultasen se empleen en el arreglo de la iglesia.
Don Celestino, párroco de Quintana, apunta en su famoso libro que el origen de esta ermita tal vez se deba buscar en el obispo Agustín de la diócesis osomense (1261-1286), natural de este pueblo, y que su construcción se hiciese en su honor.
A riesgo de ser un poco osados, nos atreveríamos a decir que esta ermita debió estar muy próxima a la antigua iglesia, en la parte del saliente del pueblo, pues, en una hoja de un pergamino que se conserva en el archivo del mayorazgo de Miguel de Antona,
Pila de agua bendita, ermita de S. Roque
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que corresponde a unas ordenanzas municipales, se dice: “E que el vino del almotacenía (*) se descargue en Fantaguftin fo pena de cien maravedís”, lugar este por donde entraba el vino para el consumo de tabernas y vecinos que se traía de Aragón.
*.- Almotacén: empleado público u oficina donde se contrastaban pesas y medidas; almotacenía: derecho que se pagaba al almotacén.
ANTIGUO Y NUEVO PALACIO DE LOS GONZÁLEZ DE GREGORIO
Quien fue el constructor del primitivo palacio y cuando se edificó, son preguntas de las que se carece de una respuesta concreta, si bien, sí se dispone de información sufi-ciente que puede acercarse mucho a lo buscado.
Cuando, en el año 1752, se realizó el Catastro del Marqués de la Ensenada, se puede afirmar que, en la finca en donde hoy día se encuentra el Palacio (propiedad en aquel entonces de Ramiro de Barnuevo), no existía ninguna edificación de importancia.
Más tarde, entre 1753 y 1757, esta heredad pasó de la familia Barnuevo a Doña Nicolasa de Hoces, marquesa viuda de Vadillo, en cuyas manos estuvo hasta su muerte acaecida sobre el año 1784.
La marquesa deja en su testamento como heredero de todos los bienes que posee en Quintana Redonda a Don Juan Manuel Andía, y su cabaña ganadera, de unas 5.000 cabezas, a su sobrino el Conde consorte de Foncalada. A principios de la década de los 90, tanto esta propiedad de Quintana, como la cabaña de merinas, fueron compradas, a sus respectivos dueños, por don Juan Baltasar González, dando así principio a la perte-nencia de esta heredad por los González (más tarde llamados González de Gregorio).
Cuando doña Nico-lasa fue dueña de esta pro-piedad, se hizo vecina de Quintana y situó aquí el es-quileo de su ganado fino trashumante, procediendo para ello a la edificación de una instalación propia para este fin. En un dintel de una ventana de la fachada oeste del actual Palacio figura una inscripción, en la que se puede leer la fecha de 1757, lo que podría hacer pensar, razonadamente, que sea en esta fecha en la que se construyó el primitivo palacio y que, en su planta baja, se localizase el esquileo. En la inscripción completa del dintel se puede leer, de izquierda a derecha, el anagrama corto de Jesucristo, seguido de I MARÍA, y, a continuación, AÑO DE 1757, En su parte central está labrada una cruz.
Para las faenas del esquileo y de otras necesidades del palacio era preciso disponer del agua suficiente y necesaria para el esquileo y para el riego de la finca, su procedencia, al igual que la que necesitaba el pueblo para su servicio y fuentes, procedía de La Canal. El origen
Palacio de los González de Gregorio de Quintana Redonda.
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de donde surgía esta agua estaba en tierras del ayuntamiento y de los dueños del palacio, por lo que fue motivo de disputa la forma de proceder a su reparto. En el año 1768, se produce el primer contencioso serio entre doña Nicolasa y el ayuntamiento sobre el re-parto del agua; contencioso que se repetiría en el año 1794, poco después de pasar esta propiedad a manos de don Juan Baltasar González, en esta ocasión el nuevo dueño indi-caba que precisaba el agua procedente de la Canal y de los Colmenares para “riego de sus huertas y uso de su casa Esquileo”. En estas fechas la finca del Palacio tenía una superficie muy inferior a la actual, pues se indica que el agua se precisa “para regar su casa, cuatroo cinco yubadas de tierra” (1 Ha. = 4,472 Yubadas). El final de este pleito fue que se construyese una caseta en las inmediaciones de la confluencia de la dicha ace-quia con el camino de la Carrera (donde actualmente está un poste repetidor de telefonía), y el reparto fuese cuatro partes para el pueblo y tres para el palacio.
Resulta significativo como, en la actualidad, a los sótanos del actual palacio se les sigue denominando el esquileo. Todo nos lleva a pensar que fue en este año de 1757 cuando se construyó el primitivo palacio y que en él residió la señora marquesa alguna temporada, era importante ser vecino y residir una temporada en su casa palacio porque ello le daba derecho a que su ganado pudiese utilizar los pastos comunales del pueblo.
Los Esquileos eran edificios de buena fábrica, capaces de albergar miles de ovejas, así como a los pastores, esquiladores, apartadores, velloneros, etc. Doña Nicolasa, fue una importante propietaria de ganado merino, en el año 1765 poseía unas 4.500 cabezas. En aproximadamente un siglo, 1752-1839, esta finca, cercada de pared de cal y canto o de piedra seca, pasó de tener poco más de media hectárea a más de 14 Ha, poco más o menos.
Por una escritura de compraventa, por parte de Joaquín González a sus hermanos paternos en 1836 de la parte que les correspondía del palacio, se conocen algunos detalles de esta finca. Joaquín fue quien más incrementó su superficie.
“Habitación y esquileo de ganado lanar; patio espacioso, fuente y arboleda en medio de él, huerta poblada también de árboles frutales e infructíferos a la parte del solano con su estanque para el recogimiento de aguas, y prado por la del cierzo y regañón con su col-menar, estanque y algún arbolado, cerradas de piedra y tapia tanto aquella huerta como este prado y de cabida cinco medias de sembradura la primera y doce a trece medias el segundo (5+13= 18 medias de sembradura <> a unas 7 u 8 Ha) y pegando a las paredes de este por el regañón otras dos casitas pequeñas con su salida al mismo aires y otra de hospedaje (…) lindante toda ella por estos apeos con el camino real que va de esta ciudad a la villa de Berlanga, ejidos, calle pública y fuente del pueblo de Quintana Redonda…”.
Vistas del Palacio. Izquierda primera década del XX, derecha en la actualidad. Obsérvense las diferencias, puerta princi-pal, ventanas, chimeneas, etc.
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El nuevo palacio
A lo largo de los años, el antiguo palacio sufrió varias remodelaciones, pero la más importante se llevó a efecto en los principios del siglo XX, hacia 1905. El nuevo estilo que resultó de estas últimas obras, un tanto afrancesado, es sin duda debido a Doña Concha de Arribas y Turull, que así se llamaba la esposa de don Leoncio. Su huella es manifiesta, le dio un giro muy singular y de cierta elegancia, que venía a romper con la antigua vivienda de un estilo propiamente castellano. Estas obras se acometieron al que-dar don Leoncio González de Gregorio como su único dueño, hasta esa fecha el viejo palacio había sido compartido con su hermano mayor don Aurelio, quien en el año 1902 se avecindó en Soria capital.
También son de estos años las dependencias auxiliares para cuadras de caballerías de tiro, y algunas de monta, así como para los almacenes, construidas en ladrillo macizo de las tejeras del pueblo.
Estas otras edificaciones, al norte y al sur, con el propio palacio al oeste, constitu-yen un armonioso y amplio patio central en donde se encuentra, mirando al este, la entrada principal del palacio. De todo el conjunto sobresale la casa palacio, destinada hoy día a vivienda, con una superficie de más de 1.100 m2. La extensión, de cada
una de las dos alas laterales, es de alrededor de 750 m2.
El actual Palacio tiene una forma de H, con dos cuerpos de más altura, en sus extremos norte y sur, unidos por una parte alargada, con la fachada orientada al este, enfrente de la cual se encuentra una bella fuente de forma circular con cuatro caños de donde el agua fluye en medio de la tranquilidad, el silencio y el verdor de los jardines. Enfrente de la fachada principal se muestra, en todo su esplendor, un magnífico parque en donde se pueden encontrar hermosas arboledas de chopos y avellanos para el disfrute de bonitos paseos.
Capilla del Palacio.
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Además de unos magníficos jardines, adornados por parterres bajos con figuras geométricas y amplias alamedas, son muchas y muy variadas las plantas que nos podemos encontrar en esta finca, así como varias especies de frutales. Sobre todas las plantas por su porte destacan unas magníficas secuoyas que se elevan majestuosas al cielo enfrente de la puerta principal del edificio; fueron traídas, desde Canadá, por don Leoncio a finales del siglo XIX.
Todos cuantos han visitado y gozado de este lugar de inspiración y ensueño no se cansan de cantar su singular belleza, donde se mezcla el ruido de sus cantarinas fuentes, con el silencio que se siente al pasear por sus frondosas alamedas, que invitan al reposo, al descanso y a la meditación, produciendo un sereno bienestar.
El interior del palacio es iluminado por amplios ventanales por los que entra la luz del sol; “en el palacio -dice Pilar la actual dueña- no hay fantasmas porque mi abuela Concepciónse encargó de construir grandes ventanalespara que entrase bien la luz”. A lo largo de sus pasillos y amplios salones se esconden un buen número de objetos de singular valor que, a lo largo de los años, han ido incorporando diversos miembros de la familia González de Gregorio, formando todo ello un pequeño museo. De sus salas cuel-gan y lucen suntuosas lámparas, algunas de ellas de La Granja; una de las cuales no se pudo librar del carácter, un poco encrespado, de uno de sus dueños (Leoncio G. de G. Arribas); el cual, años más tarde, tenía como hobby, al decir de su nieta Pilar, el de “ tu-near” lámparas.
Asimismo, tiene su im-portancia, una amplia estantería en la que se encuentran múltiples trofeos de hípica que consiguió don Leoncio González de Grego-rio y Martí, marido de la Du-quesa de Medina Sidonia, uno de los más destacados jinetes de la España de la época.
Son varias las dependen-cias del Palacio que presentan un encanto especial, cada una de ellas con su propia personalidad. Entre las más destacadas están: la Capilla, el Dormitorio del Obispo, el Cuarto de la Alegría y el Salón Dorado o Isabelino, en las cuales nos detendremos para hacer una pequeña descripción.
En primer lugar, está el llamado “Cuarto de la Alegría”; su nombre lo dice todo, es un lugar donde la luz invade toda la estancia, los rayos del sol entran por todas las partes y desde donde se pueden contemplar maravillosas vistas del jardín, así como la hermosa fuente que se encuentra enfrente de la entrada principal al Palacio.
Otro de los salones, que requiere una mención especial, es el denominado Dorado o Isabelino, uno de los más hermosos de la casa. Este salón está amueblado con butacas de los siglos XVIII y XIX, destacando una consola con un magnífico espejo isabelino y, si nuestra mirada se dirige al techo, se puede vislumbrar, además de una bellísima araña de cristal, una espectacular pintura mitológica firmada por el afamado artista Marcelino Santamaría. Este salón, al igual que el conjunto del palacio, estaba pensado y concebido para disfrutarlo y vivirlo.
Salón azul. Al fondo pintura de doña Modesta López Montenegro, mujer de don Joaquín González.
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No podía faltar en este agraciado palacio su Capilla, mucho más si tenemos en cuenta el gran arraigo católico de la familia. Está bajo la advocación de la Virgen de la Asunción, con un retablo de la época de Felipe V. Entre los diversos ornamentos de este coqueto oratorio destacan “unos ornamentos deiglesia de terciopelo granate con borda-dos en oro, de gran valor artístico y de remota fecha,pero que son una verdadera pre-ciosidad”.
Otra de las estancias singulares es el llamado Cuarto o dormitorio del Obispo. Existen diferentes interpretaciones en cuanto al origen del nombre. Por un lado, están quienes lo atribuyen a que la hermosa y singular cama, de ébano con marquetería de estilo renacimiento español, que preside la estancia, cubierta por un majestuoso dosel tipo bal-daquino, era digna de ser ocupada por una persona tan ilustre como un Obispo. Otros apuntan que su nombre puede deberse a que en este dormitorio durmió el Sr. Obispo D. Juan Plaza, que vino con motivo de la inauguración de la iglesia.
También está el salón con una singularidad propia, dedicado al ocio y diverti-mento, nos estamos refiriendo al salón del billar, que tan de moda se puso en la primera mitad del siglo XX.
De las demás dependencias, todas ellas equipadas con muebles de época, desta-can: el comedor, presidido por el retrato de quien fue el primer González de Gregorio que llegó a Quintana a finales del XVIII, don Juan Baltasar González y el Hall de entrada, con el retrato de Fernando VI sobre un banco de estilo Chip-pendale español del XVIII, de su techo cuelga una hermosa lámpara de cristal de La Granja.
En lo que antiguamente fue el granero, hoy día, conve-nientemente acondicionado, se ha convertido en un lugar ideal para la celebración de bodas y otro tipo de eventos. La gastro-nomía que se sirve corre a cargo de un prestigioso restau-rador. Es, sin duda, una forma imaginativa de proveerse de recursos para el mantenimiento que esta finca trae consigo. Aprovechando esta remode-lación y acondicionamiento de algunas antiguas instalaciones, Pilar Leticia tuvo el buen gusto, y amor, por lo que en décadas pasadas fue este palacio, poniendo en valor lo que fueron las antiguas cuadras, donde todavía se conservaban los nombres de las caballerías de tiro, también de alguna de montar.
En una de las dependencias del palacio, lo que hoy día se destina a comedor para bodas y otro tipo de eventos, juntamente con el almacén que existía en la fábrica de hari-nas, estuvo ubicado el almacén de trigo que tenía el Servicio Nacional del Trigo, tanto para los agricultores del pueblo como para todos de la comarca, hasta que en 1958 se inauguró un nuevo edificio destinado a este fin con un capacidad de 100 vagones. LAVADERO DE LANAS, “LA GRANJA DE LA ASUNCIÓN”
Cuando hemos hablado del palacio ya hemos hablado de don Juan Baltasar Gon-zález, por lo tanto, aquí únicamente daremos cuenta de la construcción del lavadero de
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lanas, llevada a cabo a finales del XVIII y más tarde, ya en el siglo XX, a la instalación de una sierra de madera.
El lavadero de lanas era el lugar donde se realizaban los tra-bajos de limpieza de la lana, así como de su clasificación, en fun-ción de su calidad y de su emba-laje, y preparación para el envío a los lugares de destino; la de mejor calidad allende de nuestras fronte-ras.
Para realizar estos traba-jos, era preciso que el lugar selec-cionado reuniera una serie de re-quisitos que hiciesen que estas ac-tividades se efectuasen en las mejores condiciones, tanto de funcionalidad como econó-micas; es decir era necesario que el lugar contase con abundante agua, amplia explanada, terreno soleado y combustible cercano y barato para calentar el agua necesaria para estos menesteres.
A veces era preciso contar, además de la proximidad de un río de donde se tomaría el agua, con una charca o embalse que hiciese como regulador del caudal, cuando el nivel del río disminuyera por el estío. Tal es el caso del lavadero de lanas de Quintana Redonda que contaba con un gran estanque circular, que todavía hoy día se puede contemplar, tomaba el agua de los ríos Chiquito e Izana. No conocemos el medio de elevación del agua de aquel entonces, hoy día sí se puede contemplar un viejo molino de viento, de fabricación norteamericana, instalado sobre 1903 por don Aurelio González de Gregorio, que accionaba una pequeña bomba para elevar el agua del río hasta el estanque. Este depósito que se encuentra próximo a la Granja de la Asunción, tiene unas dimensiones de unos diez metros de diámetro y dos de profundidad, lo que le da una capacidad de 157 metros cúbicos.
Era habitual por aquellos años que en los lu-gares de esquileo o de lava-dero de lanas hubiese una capilla donde se celebraba, en los días festivos, la Santa misa, sin que por ello se pa-ralizasen los trabajos que se venían realizando, como así ocurría en el lavadero de Quintana. El año 1798 el cura párroco bendijo un ora-torio que se había realizado en el lavadero de Quintana y en 1817 el propio obispo, en una de sus visitas a la parroquia, consagro la capilla. “Para que los fieles así empleados en las labores del lavadero como los que no lo están en la inteligencia de que todos en ella cumplan con el precepto de oír misa en los días festivos. Esta capilla la presidía un retablo, de la Virgen de la Peña, de un cuadro en el lienzo copiado de la imagen de nuestra Señora de la Peña patrona de San Pedro Manrique y su tierra, de donde descienden los señores González”.
Antiguo lavadero de lanas. Su abandono es evidente.
A la izquierda depósito de agua, año 1793; a la derecha Molino de viento, año 1903, en las inmediaciones de la Granja.
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Poco tiempo después de la llegada de Juan Baltasar González a Quintana Re-donda, es cuando se iniciaron los trámites para la construcción del lavadero de lanas en donde se lavase la lana de su importante cabaña ganadera; en 1793 se tiene constancia de que su cabaña de ganado fino trashumante era de más de 12.000 reses. Juan Baltasar pensó que lo más conveniente sería que, próximo a su lugar de esquileo, se construyese un lavadero, con lo que se ahorraría importantes sumas de dinero. El año 1793 en la soli-citud del permiso para su construcción se dice: “Don Juan Baltasar González… expone: que teniendo en el lugar de Quintana Redonda de aquella jurisdicción una Casa Esquileo donde corta la lana de 14.000 cabezas de ganado fino trashumante, a que asciende su cabaña, se ve en precisión por falta de lavadero en el… ha resuelto construir uno en dicho lugar de Quintana Redonda, por tener la proporción de que río pasa muy inmediato al citado mi esquileo, pero como esto se necesita pedir antes la Real licencia”.
En los pueblos de la zona hubo una fuerte oposición a su construcción por los posibles perjuicios que ocasionaría. “sé causaría graves daños al lugar de Tardelcuende y también, aunque no tanto almismo de Quintana Redonda y sería sacrificar el interés común al particular…”.
Juan Baltasar González logró mediante sutiles artimañas convencer a los pueblos de Quintana Redonda y Tardelcuende, pertenecientes ambos a la Tierra de Soria, para que no se opusiesen a esta construcción; no pudo hacer lo mismo con Matamala, que pertene-cía a la Tierra de la Villa de Almazán, quien presentó una dura oposición, “y aunque la prepotencia ydominio de dicho don Juan Baltasar González, ha podido hacerque callen los pueblos de Quintana Redonda y Tardelcuende a quien también se sigue gravísimo perjuicio, ya con el dinero, ya haciéndoles frente, no pueden menos de adherirse a nues-tra oposición a cuyo fin se les ha de citar”.
Finalmente, Don Juan Baltasar González lograría su propósito, la construcción del lavadero, en el año 1794.
Sierra de madera
Con el paso de los años, el antiguo recinto del lavadero de lanas se iba a con-vertir en una sierra de maderas. En sesión del 20 de noviembre de 1921 el Ayunta-miento de Quintana acordó acceder a la solicitud presentada por don Aurelio González de Gregorio para la instalación de una sierra de maderas en su finca de “La Granja”, dado que dicha instalación “favorece grandemente y muy especial-mente a este distrito”. Esta sierra estuvo funcionando hasta los años 70.
Uno de los primeros productos que salió de esta sierra sería la madera ne-cesarias para la construcción de la nueva iglesia, de lo que daba cuenta Tomás Ucero en una crónica que remitía al Avisador Numantino en 1922:
“En la Granja de la Asunción, propiedad de D. Aurelio González de Gregorio, ha quedado ins-talada una sierra moderna y en breve dará principio a sus trabajos elaborando la madera nece-saria para la construcción de la nueva iglesia parroquial, y cuya madera fue cedida, cortada y arrastrada por el pueblo para este fin”.
Compuertas para desviar el agua del río Izana para accionar las sierras de la Granja.
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En el censo de población del Nomenclátor de 1960 en Quintana Redonda figuran 43 personas residentes en edificaciones diseminadas, de las que su gran mayoría corres-pondían a la Granja. Dedicadas unas a las labores de la labranza y otras en la sierra de maderas, la cual llegó a emplear a 17 trabajadores, formando todo en conjunto un pequeño poblado.
ANTIGUO AYUNTAMIENTO
Cuando en el año 1752 se realizó el Catastro del Marqués de la Ensenada, el viejo ayuntamiento, que vieron los más longevos y que se puede apreciar en algunas fotografías que dé él nos han quedado, no existía. En la fecha indicada el ayuntamiento únicamente disponía de tres casas de poca importancia y valor, eso si una de ellas situada donde des-pués se construiría el viejo ayuntamiento y más tarde el nuevo.
Por diversos documentos, se puede aventurar, con poco margen de error, que su construcción fue poco antes de 1790. En una reunión del Concejo de los años 1790-3 se dice que las sesiones se celebraban, como tenían por costumbre, bien en la “casa de con-cejo” o en la “casa capitular”, por lo que debe entenderse que ya en esta fecha se contaba con edificio propio como tal. “En el lugar de Quintana Redonda en ocho días el mes de enero de dicho año (1793) estando el concejo de este dicho lugar junto en su casa de concejo como lo han y tienen de uso y costumbre”. Hasta entonces las reuniones se solían tener en la casa de uno de los dos alcaldes, uno por el estado noble, el otro por estado general, que tenían los pueblos con vecinos hidalgos, como era el caso de Quintana.
De lo que si se tiene constancia es de cuando se colocó en lo alto de la torre el reloj. Este hecho ocurrió el año 1894, “construido en Morez de Jura (Suiza). Es de horas y medias y repetición de la hora, de 8 días de cuerda, fuerza para mover dos esferas del diámetro de 1 metro y 50 centíme-tros cada una y para tocar en campana que pesa 500 kilos”.
En lo alto de la torre se montó una estruc-tura metálica para dar soporte a dos campanas: una grande, la propia del reloj, y otra mucho más pe-queña cuya función es en principio incierta, bien pudiera tratarse de la llamada campana del Con-cejo desde la cual se daban los toques propios de la vida concejil, como era la llamada a concejo abierto, hacenderas, a reparto del vino etc.
En este viejo ayuntamiento, además de las instalaciones propias de los servicios municipales y salón de baile, dio alberge durante algún tiempo a otras dos instituciones importantes como fueron la de escuela para chicos y chicas (hasta que en 1927 se construyó el primer nuevo grupo escolar), y el almacén de grano de una entidad poco cono-cida como fue el Pósito.
El pósito fue un gran granero vecinal principalmente de trigo y centeno, al que acudían los agricultores en tiempos de necesidad para solicitar grano con el que poder sembrar, el cual devolverían al final de la cosecha pagando, en grano, un rédito bajo que se denominaba “las creces pupilares”, medio celemín por fanega. Los agricultores
Antiguo ayuntamiento. Obsérvese un poco más arriba de donde está la campana y a la izquierda otra pequeña campana, ¿la del Concejo?
Francisco Valero Plaza. Quintana Redonda, febrero 2021 25
también podían pedir dinero para realizar algunas labores, en este caso el interés que se cobraba era inferior al del mercado. En algunas ocasiones cuando la necesidad apremiaba se acudía a él para paliar el hambre.
El Diccionario Geográfico-Estadístico de Soria, de Sebastián Miñano Bedoya del año 1826, al referirse a Quintana Redonda entre sus edificios cita un pósito para el alma-cenamiento de granos. En al año 1850 el pósito de Quintana disponía de 194 fanegas de centeno.
A principios del siglo XX empezó el de-caimiento de esta institución y el primer pel-daño para su desaparición fue el convertir el grano existente en los pósitos en dinero y dejar de hacer los préstamos en grano y pasar a reali-zarlos en dinero, es lo que se llamó convertir a metálico los pósitos. Es así como en 1908 el grano almacenado en el pósito de Quintana era de 32.375 kg, grano que se sacó a subasta para convertirlo en dinero; la función de los pósitos estaba finalizando. En 1954 en las arcas del Pósito de esta localidad existía la cantidad de 11.559,45, en poder del Servicio Nacional y 5.437,95 en las arcas locales. En el año 2000 todavía quedaba un remanente en dinero que sería reintegrado al ayuntamiento.
La campana del concejo
Las llamadas que el concejo realizaba por diversos motivos a los vecinos se hacían a “son de campana tañida”, dando a entender que la campana desde donde se ejecutaban estos toques era una de las de la iglesia del pueblo. Como decimos, antiguamente se rea-lizaban desde una campana de la iglesia, pero en tiempos ya más modernos se solían hacer desde una campana que estaba situada en la torre del Ayuntamiento, y no era la del reloj, sino la denominada “Campana del Concejo”.
Eran muy diversos los toques de campana propios del con-cejo, además de llamar a los vecinos a concejo abierto, estaba cuando se debían juntar para cerrar los diversos tratos comunales. Pues bien, todos estos toques se realizaban desde esta campana que era dife-rente a la del reloj y a las de la iglesia y quien realizaba estos toques no era el sacristán, sino un empleado del Concejo (Ayuntamiento).
En el caso concreto de Quintana Redonda la campana pe-queña que estaba en lo alto de la estructura metálica de la torre del reloj, que cono hemos indicado se puede observar en un par fotogra-fías del viejo ayuntamiento, creemos que bien pudiera tratarse de la campana del concejo.
Hay quien pudiera pensar que esta pequeña campana estaba destinada a dar los cuartos de las horas del reloj, lo que nos saca de dudas es la descripción técnica del reloj que se instaló el año 1894 que ya hemos hecho referencia, “Es de horas y medias y repetición de la hora”.
Dos documentos vendrían a confirmar cuanto aquí estamos exponiendo, uno de ellos es cuando en año 1922 el alcalde de Quintana, en la convocatoria de una sesión pública se dice: “hallándose anunciada esta reunión por bandos y edictos publicados en los sitios de costumbre de esta localidad con fecha primero de mayo por medio de pregón y toque de campana”. El otro corresponde a una crónica que sobre el río Izana realizó el “Bachiller de Izana”; en ella se refiriere a los diversos toques de campana, diferenciando
Campana que se encuentra junto puerta sacristía.
Tazas de plata que antiguamente se utilizaban para be-ber vino al finalizar las reuniones del Concejo.