TESIS DOCTORAL
La Transferencia.
Psicoanálisis, Ciencias Cognitivas y Filosofía
Facultad de Filosofía de la UNED
Departamento de Lógica, Filosofía e Historia de la Ciencia
(2006)
Autor
Juan Antonio Trujillo López
Ldo. en Derecho y Filosofía
Facultad de Filosofía de la UNED
Departamento de Lógica, Filosofía e Historia de la Ciencia
La Transferencia.
Psicoanálisis, Ciencias Cognitivas y Filosofía
Autor
Juan Antonio Trujillo López
Ldo. en Derecho y Filosofía
Director de tesis
Dr. Eduardo de Bustos Guadaño
Codirector de tesis
ÍNDICE Página INTRODUCCIÓN 15 1. PSICOANÁLISIS 1.0. GENEALOGÍA DE LA TRANSFERENCIA 40 1.1. FASE INICIAL (1890-1905) 63 1.2. FASE CENTRAL (1906-1914) 92 1.3. FASE TARDÍA (1915-1939) 107
1.4. LACAN Y EL RETORNO A FREUD 124
2. CIENCIAS COGNITIVAS
2.1. INTRODUCCIÓN
2.1.1. INCONSCIENTE 166
2.1.2. PERCEPCIÓN 178
2.2. CATEGORIZACIÓN 199
2.2.1. REPETICIÓN Y CATEGORIZACIÓN 207
2.2.2. MODELO BÁSICO DE INTERACCIÓN 215
2.2.3. FORMACIÓN DEL OTRO COMO RE-CONOCIMIENTO 223
2.2.4. METÁFORA Y CATEGORIZACIÓN 230
2.2.5. EL PSICOANALISTA COMO OTRO: EJEMPLARIDAD Y TIPICIDAD 236
2.3. MEMORIA 241
2.3.1. MEMORIA=CODIFICACIÓN+RECUPERACIÓN 251
2.3.2. AUTOBIOGRAFÍA E IDENTIDAD 258
2.3.3. IMPLÍCITO, PROCEDIMENTAL, INCONSCIENTE 266
2.3.4. TRANSFERENCIA Y NIVELES DE CODIFICACIÓN 271
2.5. MODELO 200
3. FILOSOFÍA
3.1. PRIMEROS ANALÍTICOS: WITTGENSTEIN Y FREUD 310
3.2. PSICOANÁLISIS Y TEORÍA 328
3.3. MENTE=CEREBRO=CONCIENCIA 361
3.4. IA, EMERGENCIA E INCORPORACIÓN 381
3.5. OTROS Y TEORÍA DE LA MENTE 398
Lista de Ilustraciones
Figura 1.1. Jerónimo del Bosco - La Extracción de la Piedra de la Locura (1475-80). Figura 1.2. Los pases magnéticos de Mesmer.
Figura 1.3. André Brouillet- La leçon clinique du Dr. Charcot (1887). Figura 1.4. Representaciones de estados histéricos.
Esquema 1.1. Evolución diacrónica de los precedentes psicoanalíticos de la
transferencia.
Figura 1.5. División anatómica del cuerpo.
Figura 1.6. Anna O (Berta Pappenheim) y Josef Breuer. Figura 1.7. Freud en su mesa de trabajo (teoría).
Figura 1.8. Freud y su madre.
Figura 1.9. Freud en su 'laboratorio' (práctica).
Esquema 1.2. Evolución diacrónica y estructural del concepto de transferencia en
Freud.
Figura 1.10. Paul Sermon - At Home with Jacques Lacan . Figura 1.11. Esquema L.
Figura 1.12. Grafo del deseo a)b)c)d). Figura 1.13. Jacques Lacan.
Figura 1.14. Esquema del ramillete.
Figura 1.15. Relación entre posiciones subjetivas.
Esquema 1.3. Evolución diacrónica y estructural del concepto de transferencia en
Freud y Lacan.
Figura 2.1. David Hockney - Kasmin Los Angeles 28th March 1982 (1982). Figura 2.2. Modelo de cerebro triuno de MacLean.
Figura 2.3. Triángulo de Kanisza.
Figura 2.5. Pedro Pablo Picasso - Estudio de un toro. Gráfico 2.1. Arquitectura de la red ALCOVE.
Figura 2.6. Johntimothy Pizzuto – Relative Memory. Figura 2.7. Auguste Rodin - El dolor (1889-1892).
Figura 2.8. Diversos circuitos de procesamiento emocional. Gráfico 2.2. Relación entre estímulos y respuestas.
Gráfico 2.3. Recorrido cerebral del evento emocional.
Esquema 2.1. Modelo de integración del desarrollo de la transferencia y de
mecanismos cognitivos.
Figura 3.1. La representación y el procesamiento, el significado y la información. Esquema 3.1. Ejemplo del programa 'Overcoming Depression'.
Agradecimientos
Este trabajo ha sido posible gracias a la ayuda de diversas personas, en especial David Laznik, profesor de la Universidad de Buenos Aires, y los psicoanalistas Gladys Abella, Hugo Lietaer, Milagros Picón y Lola López. Igualmente agradezco las facilidades ofrecidas por las bibliotecas de la Katholieke Universiteit de Lovaina, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Buenos Aires y la de Columbia en Nueva York, así como la gentileza del Instituto Psicoanalítico de Buenos Aires y el New York Institute of Psychoanalysis. Mención especial merecen las personas que siempre han estado a mi lado, por su afecto y soporte, Juany, Manolo y Juan; las opiniones, sugerencias y a menudo iluminaciones de Pat Perna, Steven Speaks y mi codirector de tesis, Jesús Mancilla, así como la confianza y apoyo inquebrantable de Eduardo de Bustos. Finalmente, los esfuerzos que conlleva un trabajo de investigación se han visto en este caso en todo momento aliviados, aligerados, por la ayuda material, académica y quasi-espiritual de esta casa libre-pensadora, la UNED.
“...parce qu’elle cherche toujours à reconstituer, et à reconstituer avec du donné, l’intelligence laisse échapper ce qu’il y a de nouveau à chaque moment d’une histoire. Elle n’admet pas l’imprévisible. Elle rejette toute création.”
Introducción
Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso. Julio Cortázar, 'Instrucciones para subir una escalera', Cuentos.
Si bien subir una escalera parece una tarea sencilla que realizamos de forma cotidiana, sin mayor dificultad para los que gozamos de buena salud, su descripción, tal como la realiza Cortázar, nos sume en una multiplicidad de aspectos, de instrucciones, que nos resultan habitualmente inadvertidas por completo. De modo similar llevamos a cabo una inmensa variedad de comportamientos inteligentes, bajo la modalidad de automatismos aprendidos, que implican un procesamiento complejo en condiciones de incertidumbre.1 Es en este
tipo de circunstancias donde la cognición humana destaca por su capacidad o performance.
Sin embargo dicha performance puede verse mermada por un aprendizaje erróneo. A diferencia de los procesadores sintéticos, el organismo humano, biológico e irreversible, tiene mayor dificultad a la hora de reorganizar patrones 1 J.A. Bargh y T.L. Chartrand, “The unbearable automaticity of being”, American Psychologist, 54, 1999, pp.
aprendidos de comportamiento. Entre éstos algunos surgen como automatismos que son experimentados subjetivamente como malestar; en el caso de la escalera quizás un balanceo inadecuado de la cadera, una postura incorrecta de la espalda. La dificultad en estos supuestos estriba en la forma de deshacer dichos patrones confirmados en cada nueva instanciación y la adopción de nuevas pautas corporales.
De modo similar ocurre con la realidad psíquica del sujeto, su experiencia fenomenológica. Ésta, amoldada más bien a un flexible sustrato experiencial que a una sólida estructura física, posee unas modalidades de adaptación al medio mucho más ricas que en el caso de nuestro cuerpo a la escalera. Si bien conformamos nuestra posición automáticamente a la forma de la escalera, acomodamos igualmente nuestro modo idiosincrásico de experimentar la realidad de acuerdo con nuestra experiencia. La excelencia de nuestro cerebro como procesador central reside en la capacidad de producir una apariencia de estabilidad en dicha experiencia. Lo difícil de esta tarea se evidencia en la constante activación de millones de neuronas con un número exponencial de posibles conexiones entre ellas. Pese a ello nuestra experiencia nos resulta, a menudo, rutinaria. En esto confluye el hecho de que sólo diez bits de información formen parte de nuestra conciencia, de nuestra experiencia fenomenológica, por segundo, mientras que el número de neuronas oscilaría alrededor de los diez y cien mil millones (1010-1011),
el número de conexiones neuronales factibles, y presumiblemente los posibles estados de procesamiento, es de diez billones 1013.
En las situaciones en que dicha adaptación produce malestar o inadaptación el psicoanálisis provee con un medio de alterar nuestra 'postura mental', nuestra posición subjetiva, el denominado cambio terapéutico. En el contexto clínico en que
éste se produce, el concepto más relevante, y a la vez más complejo, es el de transferencia, alrededor del cual se elaboró toda la práctica emprendida por Freud.
Al igual que la descripción que nos ofrece Cortázar suena abstrusa a nuestros oídos por el grado de abstracción en una tarea motora aparentemente sencilla, la transferencia goza de una difícil explicitación, por un lado por sus vaivenes dentro de la teoría psicoanalítica y, por otro, por su inextricable componente intersubjetivo, de difícil reconciliación con el objetivismo científico,2 así como su relación con
aspectos motivacionales y emocionales de difícil estimación.3
El psicoanálisis, basado en una metapsicología sistematizada a modo de teoría, propone una explicación de dicha noción. El caso es que la transferencia, como todo fenómeno psíquico, estaría vinculada a aspectos cognitivos4 y
neuronales,5 si bien el psicoanálisis sólo da razón de ésta con respecto a su propia
metapsicología, intrateóricamente. La labor planteada en este trabajo es la elaboración de un esbozo de explicación de dicho término desde una perspectiva cognitiva y neuronal, dotándola de un contenido empírico ¿Cómo se puede explicar 2 Cf. W.N. Goldstein, “The Transference in Psychotherapy: The Old vs. The New, Analytic vs. Dynamic”,
American Joutnal of Psychotherapy, 54, 2000, pp. 167-171. M. Ponsi, “Interaction and transference”, International Journal of Psychoanalysis, 78, 1997, pp. 243-263. A.O. Horvath, “The therapeutic relationship: from transference to alliance”, Journal of Clinical Psychology, 56(2), 2000, pp. 163-173.
3 El afecto es así visto como pista principal a la hora de hacer interpretaciones. La importancia de la emoción al
procesar estímulos queda demostrada en la inflexión o tono de voz a la hora de proferir una oración, cuya valencia emocional puede variar totalmente en función de dicha prosodia cf. A. Schwartz, “Not art but science: applications of neurobiology, experimental psychology, and ethology to psychoanalytic technique. I.
Neuroscientifically guided approaches to interpretive "what's" and "when's"”, Psychoanalytic Inquiry, 12, 1992, pp. 445-474.
4 Así señala Fonargy cómo “hay buenas razones para creer que el psicoanálisis funciona modificando
procedimientos antes que creando nuevas ideas,” P. Fonagy, “Memory and Therapeutic Action”, International Journal of Psychoanalysis, 80, 1999, p. 219. “La única forma en que podemos saber lo que ocurre en la mente de nuestro paciente, lo que podría haberle ocurrido, es cómo están con nosotros en la transferencia. Vienen a nosotros con una especie de modelo -una red de expectativas inconscientes o modelos mentales de relaciones de sí mismos con otros,” ibid., p. 217.
5 A.W. Epstein, “Neural Correlates of Psychodynamic Science,” Journal of the American Academy of
Psychoanalysis, 26(4), 1998, pp. 503-512. “No está claro si los descubrimientos de la neurociencia en relación con las influencias arriba-abajo (top-down) de los mecanismos mnésicos de percepción se aplican también al complejo fenómeno relacional de la transferencia y similares en el que los psicoterapeutas están interesados. Sin embargo, parece una hipótesis de trabajo razonable que estos mecanismos expliquen al menos parte de estos fenómenos más complejos,” M. Solms y O. Turnbull, The Brain and the Inner World. An Introduction to the neuroscience of subjective experience, Nueva York, 2002, p. 156. Cf. S.I. Cohen, “The psychobiology of transference”, Journal of the American Academy of Psychoanalysis, 11(2), 1983, pp. 183-201.
la transferencia desde fuera de la teoría psicoanalítica? ¿Qué perfiles adquiriría dicho concepto? Desde una perspectiva filosófica trato de mostrar su posible elucidación. El avance de ciertas ideas cognitivas por parte de Freud ha sido puesto de relieve por Erdelyi6 que señala cómo aquel pensaba ya en términos de
diversos sistemas mnésicos y procesamientos. En efecto, el énfasis de las ciencias cognitivas en los procesos frente al modelo input-output conductista señala cierta sinergia con el psicoanálisis.7
Levin ha señalado la convergencia entre el concepto de transferencia psicoanalítico, el juicio de similitud cognitivo,8 y el priming neurocientífico9 a la hora
de referirse a una remozada noción de transferencia que redefine en el sentido de una facilitación de cierto tipo de aprendizaje.10
Otro precendente más lejano lo podemos encontrar en Charcot, que influyó decisivamente en el joven Freud neurólogo, e investigaba la posible base neurológica de ciertas enfermedades nerviosas. Freud, siguiendo su estela, formularía su Proyecto de una psicología científica en 1895, publicado póstumamente en 1950. Al poco de elaborarlo, abandonó dicho esfuerzo por entender que el conocimiento que se tenía en su fecha acerca del sistema nervioso no era capaz de proveer con modelos válidos de explicación, y aún menos de intervención sobre las enfermedades que exhibían sus pacientes.
6 M.H. Erdelyi, Psychoanalysis. Freud's Cognitive Psychology, Nueva York, 1984.
7 “...ambos se centran en las estructuras de la mente y la forma en que éstas determinan los fenómenos mentales,”
D.J. Stein, “Cognitive Science and Psychiatry: An Overview”, Integrative Psychiatry, 8, 1992, p. 112.
8 F.M. Levin y E.W. Kent, “Psychoananlysis and knowledge: Part 2. The special relationship between
psychoanalytic transference, similarity judgment, and the priming of memory”, Annual of Psychoananlysis, 50, 1995, pp. 117-130.
9 F.M. Levin, “Transference, Trauma and Attention”, Samiksa, 52, 1998, pp. 7-14.
10 “...las transferencias crean oportunidades para el aprendizaje en tanto que posibilitan la modificación de
prototipos o esquemas reprimidos, un proceso que óptimamente involucra la activación de la memoria activa.” F.M. Levin, “Integrating some Mind and Brain views of transference: the phenomena”, Journal of the American Psychoanalytic Association, 45(4), 1997, p. 1146.
En la terapia el analizante produce, en un nuevo contexto intersubjetivo, reminiscencias de carga emocional que son comunicadas lingüísiticamente. Así memoria, emoción y categorización se interrelacionan en dicho fenómeno clínico. La incapacidad de recordar era, según Freud, la causa de una carga (emocional) no liberada y su transformación o conversión, frecuentemente, en dolencia física. La transferencia conseguía, en este sentido, una cierta transformación energética. No se trataba simplemente de reactivar recuerdos, desde una perspectiva más estática, sino de modificarlos en su recuperación, de producir formas nuevas de experimentarlos mediante un aprendizaje intersubjetivo.11
La ciencia cognitiva podría ayudar en la tarea conceptual psicoanalítica proveyendo con un referente ineludible, mostrando su convergencia con resultados experimentales.12 Desde una perspectiva interteórica el análisis de la transferencia
resulta fundamental, hasta el punto que se ha señalado cómo la posible divergencia dentro del propio psicoanálisis, la pluralidad de heterodoxias desarrolladas a partir de la obra freudiana, se debería a diferentes modos de experimentar la transferencia por parte del analista y su modo posterior de conceptualizarla.13
11 “El psicoanálisis es más que la simple creación de una narrativa, es la construcción activa de nuevas formas de
experimentarse uno con otros,” P. Fonagy, op. cit., p. 218.
12 Así se ha sostenido cómo “...la relevancia mayor de la neurociencia para el psicoanálisis es que nos ayuda a
elegir entre teorías psicoanalíticas en competencia. No genera nuevas,” S.E. Pulver, “On the astonishing clinical irrelevance of neuroscience”, Journal of the American Psychoanalytic Association, 51(3), 2003, p. 9. A sensu contrario desde una perspectiva teórica cf. A. Cooper, “Will neurobiology influence psychoanalysis?” American Journal of Psychiatry, 142, 1985, 1395-1402. La relevancia de las ciencias cognitivas para el psicoanálisis podría seguir, según Henningsen, cuatro vías: la ausencia de relevancia, poseer un valor metafórico, servir de
fundamento neurobiológico del psicoanálisis, o, por último, su comparación como teorías diversas pero relacionadas en cuanto a su objeto, cada disciplina tendría que reconocerse en el espejo de la otra, P.
Henningsen, “Im Spiegel des Anderen sich selbst erkennen? Zur Bedeutung der kognitiven Neurowissenschaft für die Psychoanalyse”, Psychotherapeutische, Psychosomatische und medizinische Psychologie, 48, 1998, pp. 78-87. Para llevar a cabo esta tarea sería necesario, no obstante, buscar una traducción conceptual
interdisciplinar. Según Solms y Turnbull la solución estaría en la búsqueda de correlatos neuronales para los conceptos básicos psicoanalíticos que puedan, en una segunda fase, ser verificados como parte de una teoría, M. Solms y O. Turnbull, op. cit.
13 B. Bird, “Notes on Transference: Universal Phenomenon and Hardest Part of Analysis”, Journal of the
American Psychoanalytic Association, 20, 1972. “Se podría plantear una cuestión, por ejemplo, si las diferencias en el manejo de la transferencia que en un principio eran la propiedad de un analista, se desarrollaron
De acuerdo con Luborsky y su equipo de colaboradores, la transferencia sería el concepto clínico más importante acuñado por Freud.14 Con este trabajo espero
poder desmentir las creencias acerca de la 'ambigüedad necesaria' del concepto de transferencia,15 y retomar la dificultad de su conceptualización intrateórica16
mediante una reconsideración en diálogo con las ciencias cognitivas y la neurociencia.
Desde otras disciplinas experimentales se ha resaltado el carácter universal de la transferencia como fenómeno psíquico general, estando bien documentado en otras áreas cada vez más centrales a la empresa cognitiva como la psicología social cognitiva.
Dentro del marco de la cognición social hemos demostrado que las representaciones mentales de otros significantes, desarrollada en la familia y otros lugares, están relacionadas con las representaciones del yo en la memoria y están fuertemente cargadas con afecto y motivación. Más aún, estas representaciones se activan y utilizan frecuentemente respondiendo a nuevas personas que se asemejan al otro significante (...) Nuestro trabajo constituye la primera demostración experimental de la transferencia.17
gradualmente en métodos clínicos formales utilizados por muchos, y si estos métodos clínicos, tras ser conceptualizados, sirvieron como el comienzo de varias escuelas divergentes de análisis. Una ocurrencia tal, consistente con mi creencia de que las ideas analíticas surgen de este modo, básicamente de experiencias de transferencia en la situación analítica, nos llevaría a la pregunta de si la historia de las diferencias ideológicas entre las diversas escuelas puede encontrarse más consistentemente trazada mediante las diferencias
idiosincrásicas en lo que fue de hecho dicho o hecho, en respuesta a respuestas a la transferencia, más que a cualquier otro factor,” ibid., p. 271. Cf. J.H. Ehrenreich, “Transference: one concept or many?” Psychoanalytic Review, 76(1), 1989, pp. 37-65.
14 L. Luborsky, P. Crits-Cristopherson y J. Mellon, “Advent of Objective Measures of the Transference
Concept”, Journal of Consulting and Clinical Psychology, 54(1), 1986, p. 39.
15 M. Rendon, “The Ambiguity of Transference”, American Journal of Psychoanalysis, 55( 3), 1995, pp. 199-214. 16 Cf. la referencia del autorizado J. Laplanche y B. Pontalis, Diccionario de Psicoanálisis, Barcelona, 1996. “La
transferencia es un aspecto tan crítico en el psicoanálisis que es probable que nuestros intentos por apreciar adecuadamente lo que lleva a cabo, como patrón potencialmente adaptativo de nuestra especie, tardará generaciones en ser desenmarañado,” F.M. Levin, Psyche and Brain. The biology of talking cures, Madison, 2003, p. 250. Incluso Solms, pese a lo informado de su obra, comenta, de una forma un tanto oscura, acerca de la naturaleza de la transferencia: “De esto no sabemos virtualmente nada, y lo mismo es aplicable a una gran cantidad de temas relevantes a la cuestión que nos hemos puesto,” M. Solms y O. Turnbull, op. cit., p. 289.
17 S.M. Andersen y R. Miranda, “Transference: How past relationships emerge in the present”, The Psychologist,
13 (12), 2000, p. 608. Cf. D. Fried, P. Crits-Christopherson y L. Luborsky, “The first empirical demonstration of transference in psychology”, Journal of Nervous and Mental Diseases, 180, 1992, pp. 326-331. Watt señala cómo el carácter universal de la transferencia se debe a que se trata de un proceso elemental a nivel biológico, D.F. Watt, “Higher Cortical Functions and the Ego: Explorations of the Boundary Between Behavioral Neurology, Neuropsychology, and Psychoanalysis”, Psychoanalytic Psychology, (7)4, 1990, pp. 487-527. “La meta es
A diferencia de las disciplinas experimentales, Grünbaum, conocido crítico del psicoanálisis, sostendrá que la verificación de la clínica psicoanalítica requería, debido precisamente a la imposible objetividad de las observaciones, -la ausencia de hechos brutos-, una validación externa de sus principios, pues de por sí resulta intestable. Mostraba así las insuficiencias de un método basado en la singularidad de cada caso clínico a falta de un mecanismo de verificación objetivo o de variables independientes, de experimentos y pruebas de control.18 Llamaba la atención sobre
la multitud de confirmaciones provenientes de la práctica analítica que no podían convalidar la teoría por la ausencia de objetividad, por la necesaria implicación del analista, por la existencia de la propia transferencia. Concluía su estudio señalando cómo la evidencia clínica era insuficiente para dar razón de la teoría; por ello, la validación de hipótesis habría de venir de un contexto extraclínico.19
Éste es el complejo enclave del psicoanálisis como práctica que requiere al analista formando parte de cierta forma en su tarea. Grünbaum entendía que la teoría psicoanalítica no podía generar sus propias verificaciones y sus hipótesis debían ser escudriñadas de forma externa. Es, en este sentido, en el que desarrollo una elucidación del concepto psicoanalítico clínico central, la transferencia, desde el estudio de las ciencias cognitivas y neurociencia. Como señala Schore, uno de los referentes en la integración de los datos psicoanalíticos y neurocientíficos desde una perspectiva del desarrollo:
desarrollar puentes conceptuales básicos entre las disciplinas, no mirando solamente a los elementos exóticos, esotéricos o marginales, sino examinando conceptos centrales en ambas disciplinas a la luz de la otra,” ibid., p. 488. De hecho, según Watt, “...la vida podría ser una serie de situaciones de transferencia que resultan en la modificación gradual de, elaboración, y evolución de sistemas de imágenes básicos,” ibid., p. 512.
18 S.M. Andersen, “Toward a Psychodynamically Relevant Empirical Science”, Psychological Inquiry, 3(1),
1992, p. 14.
19 Éste sería el grave problema con el que el psicoanálisis ha topado una y otra vez: “las proposiciones centrales
de varias versiones de modelo (psicoanalítico) no han estado sujetas a test empírico, en parte porque se formularon en términos que las hacía intestables,” A. Grünbaum, The Foundations of Psychoanalysis: A Philosophical Critique, Berkeley, 1984, p. 278.
Las respuestas a varias cuestiones principales inexplicadas sobre la naturaleza de los sistemas vivos pueden encontrarse en la elucidación de interconexiones entre los diferentes niveles de análisis que son representados en las diversas disciplinas científicas.20
Habré de recuperar el concepto básico de la técnica psicoanalítica más allá de una disquisición escolástica intradisciplinar, mediante una visión interdisciplinar que señale puntos de apoyo conceptuales. Pese a los problemas de traducción de diferentes teorías propongo un principio de elucidación de una noción esencial al desarrollo del psicoanálisis extrapolando su marco de justificación al diálogo con otras teorías.
Desde el propio psicoanálisis hay voces que hablan de una 'traducción conceptual' que permita el flujo de comunicación entre la abundante cantidad de experiencia procedente de un siglo de práctica analítica y la exactitud propia de las ciencias cognitivas.21 Ya en 1973, Piaget, en una importante publicación
20 A.N. Schore, Affect regulation and the Emergence of the Self, Hilldale, 1994, p. 64. “La auto-regulación, la
modulación de procesos energéticos subcorticales mediante la actividad cortical superior, representa un punto de contacto potencial entre el psicoanálsis y la neurobiología,” ibid., p. 534. Este mismo autor señala la posibilidad que Freud entreveía al principio de su carrera de reconciliar psicología y ciencia natural. El psicoanálisis había de proveer un contacto con la biología. A.N. Schore “A century after Freud's project: is a rapprochement between psychoanalysis and neurobiology at hand?”, Journal of the American Psychoanalytic Association, 45(3), 1997, pp. 807-840. Cf. D.J. Siegel, “Memory, Trauma and Psychotherapy: A Cognitive Science View”, Journal of Psychotherapeutic Practice and Research, 4(2), 1995, pp. 93-122.
21 D. Westen y G.O. Gabbard, “Developments in Cognitive Neuroscience: I. Conflict, Compromise and
Connectionism”, Journal of the American Psychoanalytic Association, 50 (1), 2002. En nuestro ámbito cf. A. Herreros, “Un camino cognitivo al psicoanálisis”, http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/herreros.pdf, A parte Rei, 21. D.J. Stein, “Psychoanalysis and cognitive science: contrasting models of the mind”, Journal of the American Academy of Psychoanalysis, 20(4), 1992, pp. 543-559. L. Miller, “Freud's brain: Towards a unified neuropsychodynamic model of personality and psychotherapy”, Journal of the American Academy of
Psychoanalysis, 21, 1993, pp. 183-212, señala la unidad en la falsa dicotomía subjetivo-orgánico y la insuficiencia de una perspectiva sólamente neuronal para la determinación de algún tipo de desajuste de la personalidad. D. Olds y A.N. Cooper, “Dialogue with Other Sciences: Opportunities for Mutual Gain”,
International Journal of Psychoanalysis, 78, 1997, pp. 219-225. J.E. Harris, Clinical Neuroscience, Nueva York, 1986, lleva a cabo una traducción conceptual de los procesos biológicos cerebrales con conceptos
psicoanalíticos. M.F. Reiser, Mind, Brain, Body. Toward a convergence of Psychoanalysis and Neurobiology, Nueva York, 1984. R. Brockman, “Transference, Affect and Neurobiology”, Journal of the American Academy of Psychoanalysis, 28(2), 2000, pp. 275-88. “La naturaleza complementaria de las fuerzas y debilidades del psicoanálisis y las ciencias cognitivas podría sugerir que los dos serían partes perfectas en un matrimonio. Cada uno podría ofrecer lo que le falta al otro, y la unión resultante podría procurar mucho del funcionamiento mental humano (y específicamente inconsciente),” J. Weinberger, y J. Weiss, “Psychoanalytic and Cognitive
Conceptions of the Unconscious”, D.J. Stein (ed.), Cognitive Science and the Unconscious, Washington, 1997, p. 47. M. Solms “Preliminaries for an integration of psychoanalysis and neuroscience”, British Psychoanalytic Society Bulletin 34(9), 1998, pp. 23-38. M. Edelson, “The convergence of psychoanalysis and neuroscience:
psicoanalítica, señalaba la posibilidad de formular una 'psicología general' que incluyese al psicoanálisis y la psicología cognitiva.22 Trataré de demostrar que las
diferencias provienen tanto de la falta de diálogo entre dichas disciplinas como de la ausencia de una delimitación y traducción sofisticada de algunos de sus conceptos fundamentales. Pese a ello, sí se ha llevado a cabo algún intento de puesta en contacto de estas dos teorías, pero aludiendo a conceptos un tanto vagos y genéricos, a falta de un análisis más detallado. Al relatar un caso, Westen y Gabbard perfilan en su descripción psicoanalítica ciertos aspectos cognitivos:
Primero, una mayor intimidad y dependencia marcaron su relación con el analista y activaron redes que probablemente no se hubieran puesto en juego en una relación más superficial, al igual que no lo habían hecho en la relación analítica en una fase previa del tratamiento, pues las características del prototipo (su representación de su 'yo con madre') no hubiese estado en un estado suficientemente alto de activación inconsciente. Por ello, los paradigmas relacionales que los pacientes pueden expresar en el tratamiento psicoanalítico son típicamente muy diferentes de las transferencias más específicas, variadas y complejas que se vuelven manifiestas a medida que el proceso se intensifica, especialmente si el paciente forma una relación de apego con el analista (Gabbard 2001). En segundo lugar, la exploración explícita, declarativa, de los significados, los sentimientos, y recuerdos de la Srta. C. con su madre llevó a un “andamiaje” cognitivo para sus experiencias, un bosquejo de una narrativa coherente que le ayudó a darse cuenta de quién era con su madre, con su analista, y con otros, y a la consiguiente activación de de recuerdos, pensamientos y sentimientos asociados, las representaciones conscientes propagaron la activación a redes inconscientes afines.23
Illusion and reality”, Contemporary Psychoanalysis, 22, 1986, pp. 479-519, apunta la irreducibilidad de las teorías psicoanalíticas y proponía hace dos décadas la convergencia de ambas en tanto disciplinas autónomas. D.J. Stein “Introduction: Cognitive Science and the Unconscious”, D.J. Stein (ed.), Cognitive Science and the Unconscious, Washington, 1997. “Así, la neurociencia, en virtud del estatus objetivo de su evidencia supone una serie de útiles puntos de apoyo desde los que reevaluar los conceptos psicoanalíticos. Y el psicoanálisis, en virtud de su rica tradición teórica, les ofrece a los neurocientíficos un marco conceptual comprensivo para guiar su investigación en la neurociencia de la experiencia subjetiva,” M. Solms y O. Turnbull, op. cit., p. 43. P. Kitcher, Freud's Dream: A complete interdisciplinary science of mind, Cambridge, 1992.
22 J. Piaget, “The affective unconscious and the cognitive unconscious”, Journal of the American Psychoanalytic
Association, 21, 1973, pp. 249-261.
23 D. Westen y G.O. Gabbard, “Developments in Cognitive Neuroscience: II. Implications for theories of
Transference”, Journal of the American Psychoanalytic Association, 50 (1), 2002, p. 109. Un modelo genérico de explicación es el que nos ofrece Levin en sus conclusiones relacionando aspectos cognitivos y cerebrales con otros de tipo psicológico: “las transferencias llevan a cabo una variedad de efectos: conectan los hemisferios; estimulan recuerdos arcáicos basados en el cerebelo; activan patrones habituales del cortex estriado adquiridos preedípicamente; activa sistemas léxicos en el hemisferio dominante; identifican sistemas de gestos o prosódicos bilateralmente junto con sus efectos asociados; y significan la 'amusicalidad' particular que conlleva un déficit neurocognitivo,” F.M. Levin, Psyche and Brain. The biology of talking cures, op. cit., p. 248
La relevancia de la transferencia como instrumento clínico queda patente en su amplia utilización por parte de psicólogos que reconocen emplear en mayor o menor medida principios dinámicos.24 Por otro lado, frente a un paradigma
biomecánico que entiende la enfermedad desde una perspectiva puramente fisiológica, las perspectivas biopsicosociales se acercan al fenómeno de la enfermedad desde una óptica que atiende a la influencia de factores tanto sociales como psicológicos y culturales.
La importancia de una elucidación adecuada viene dada por el hecho de que, de acuerdo con Dawes, los especialistas de la salud mental son más eficaces, al actuar de conformidad con el conocimiento acumulado acerca de su materia, antes que siguiendo algún tipo de conocimiento pseudo-intuitivo. Según reseña, uno de los resultados más importantes de la investigación existente acerca de la efectividad de las psicoterapias muestra cómo no posee ninguna relación con el bagaje o experiencia del practicante.25 En este sentido se refiere a la existencia de
'efectos inespecíficos' en la efectividad de la terapia, efectos que tendrían que ver con la 'calidad de la relación'.
Nuestro cuestionamiento va dirigido hacia una explicación de la efectividad de la clínica, a los procesos subyacentes en la práctica, a mostrar sus fundamentos.26
24 K. Pope, B. Tabachnick y P. Keith-Spiegel, “Ethics of practice: The beliefs and behaviors of psychologists as
therapists,” American Psychologist, 42, 1987, pp. 993-1006.
25R.M. Dawes, House of Cards. Psychology and psychotherapy built on myth, Nueva York, 1994. De hecho su
trabajo acaba afirmando, o casi más bien difamando, la técnica de los especialistas en la salud mental que no se diferenciaría en gran cosa de los poderes sugestivos. “En resumen, creemos en la autoridad de los profesionales de la salud mental porque hemos oído contínuamente que son los expertos, porque estamos predispuestos a aceptar lo que gente que afirman ser autoridades dice de todas formas, porque estas autoridades particulares nos dicen lo que ya creemos, y porque refuerzan nuestro sesgo al atribuir el comportamiento indeseable de otros a características personales (“enfermedad mental”) y en nosotros debido a circunstancias ambientales...” p. 223.
26 “La cuestión no es ya si las psicoterapias son efectivas (algunas lo son en algunas personas) sino porqué y
cómo funcionan cuando lo hacen. ¿Qué procesos causales, de control y de auto-corrección están involucrados?” K.M. Colby y R.J. Stroller, Cognitive Science and Psychoanalysis, Hillsdale, 1988, p. 152.
Los más acérrimos críticos del psicoanálisis no paran de señalar la ignorancia de los propios analistas de los mecanismos en juego en el cambio terapéutico.27
Nuestra explicación estaría basada tanto en los aspectos cognitivos como en la implementación neural de dichos procesos y la producción de cambios, de nuevas pautas de aprendizaje. Tanto la mielinación del cortex prefontal, como el contínuo surgimiento de neuronas en el hipocampo de los adultos muestra la flexibilidad en la reconfiguración de la experiencia del sujeto e indica posibles sustratos neuronales de un nuevo aprendizaje.28
En la elucidación de este concepto, el renovado papel que juegan las emociones desde un punto de vista neurocientífico permite retomar algunas de las nociones más vagas y a la vez más necesarias del descubrimiento de Freud. Éste señalaba la importancia de los afectos, sentimientos, y finalmente del propio amor como elemento fundamental de su técnica. Su trabajo se remite así mismo a modos de conceptualizar la experiencia almacenada y recuperarla. Estas pautas componen el aspecto técnico de una reeducación de patrones de procesamiento y 27 M. Macmillan, Freud Evaluated. The Completed Arc, Amsterdam, 1991. Refiriéndose a las posibles causas del
cambio terapéutico, y a las características del analista como fundamentales en éste, señala: “Incluso si fuesen éstas o la relación con el paciente o cliente críticas nos faltan conceptos, psicoanalíticos o de otro modo, para superar la brecha entre ellas y las consecuencias que se suponen producen,” ibid., p. 607. “Incluso si la idea de un inconsciente, descifrable solo mediante una técnica sobre la que Freud ostentaba la patente, sucumbiese frente al escepticismo, algo de algún modo contínuo con el psicoanálisis tal como lo hemos conocido podría aún ser sostenible. La prática podría transmutarse en una actividad autónoma desvestida de pretensiones explicativas y crudamente terapéuticas, a despecho de lo grandisos del fundador, y consagrada a un sólo objetivo, la
elucidación y articulación del sentimiento del yo. Pero, ¿sería una actividad concebida de esta manera aún psicoanálisis?” F. Cioffi, Freud and the question of pseudoscience, Chicago, 1998, p. 287. Sulloway, por su parte, se refiere en especial al carácter sectario del análisis, su falta de integración con otras disciplinas científicas y con el método científico en especial en su fase de verificación, acusando más bien a los practicantes de
pseudocientíficos que a la propia teoría, en la entrevista de M. Borch-Jacobsen con F.J. Sulloway, “Freud recycleur: Crytobiologie et Pseudoscience”, C. Meyer (ed.), Le Livre Noir de la Psychanalyse: Vivre, penser et aller mieux sans Freud, París, 2005, pp. 49-66. Por último Crews llama la atención sobre el carácter mítico de la invención psicoanalítica en especial en manos de su creador F.C. Crews, The Random House Handbook, Nueva York, 1987, más moderada, F.J. Sulloway, Freud, Biologist of the Mind: Beyond the Psychoanalytic Legend, Nueva York, 1979.
28 “Si atender de modo consciente así como la verbalización pueden promover la activación cortical, se podría
argumentar teóricamente que tratamientos como el análisis refuerzan el funcionamiento cortical y aprovechan la plasticidad cortical para modular respuestas emocionales profundamente arraigadas,” R. Pally, “I: How the Brain Development is Shaped by Genetic and Enviromental Factors”, International Journal of Psychoanalysis, 78, 1997, p. 593.
actuación recurrentes que conlleva respuestas fisiológicas, neurovegetativas y pautas de activación, aparte de modalidades simbólicas.
Freud fue un pionero precisamente al resaltar la importancia de los aspectos emocionales en la constitución psíquica del sujeto. Tras un amplio estudio de la literatura sobre el concepto de motivación en psicología experimental, Westen señala el acuerdo de ésta con el psicoanálisis frente a las teorías de un calado más propiamente cognitivo clásico.29 De forma similar se expresan los mayores
especialistas en neurociencia afectiva, que resaltan la cercanía de las propuestas psicoanalíticas con la más avanzada neurociencia afectiva.
La especialización de disciplinas es un proceso exponencial que ha venido acompañado de una defensa a ultranza de los marcos teóricos o paradigmas de diversas comunidades y una asunción defensiva de sus teorías. La guerra de facultades y departamentos es patente si uno analiza los planes de estudio de diversos países e incluso de diferentes facultades a nivel nacional. Es interesante resaltar cómo un psicólogo en Argentina saldrá con un conocimiento amplio no sólo de las teorías de Freud, sino con un amplio bagaje de buena parte de la literatura psicoanalítica posterior y de sus diversas áreas de influencia y no obstante apenas poseerá nociones generales sobre lo que es psicología experimental y cognitiva. En España sucede prácticamente lo opuesto, un estudiante de psicología habrá oído hablar de Freud como capítulo frustrado en los antecedentes de la psicología auténtica, experimental, y repetirá, sin mucho fundamento, que el psicoanálisis no posee ni validez científica ni utilidad clínica.
29 “Freud y los teóricos psicoanalíticos que han seguido sus pasos han acabado teniendo razón donde teorías
psicológicas competidoras habían estado completamente equivocadas y donde la mayoría de las teorías de la conciencia contemporáneas siguen siendo o bien incorrectas o incompletas,” D. Westen, “The scientific legacy of Freud: Toward a psychodynamically informed psychological science”, Psychological Bulletin, 124(3), 1998, p. 344.
Pese a ello, especialistas de primer rango aún mantienen una apertura al diálogo, reconociendo el valor del psicoanálisis. Según el biólogo y Premio Nóbel Eric Kandel, el psicoanálisis 'representa la visión más coherente e intelectualmente satisfactoria de la mente'30
A la hora de estudiar la función mental los biólogos necesitan un guía. Es aquí donde la psiquiatría y la psicología cognitiva, como guías y tutores pueden hacer una valiosa contribución a la ciencia del cerebro. Una de las cualidades de la psiquiatría, de la psicología cognitiva y del psicoanálisis reside en sus perspectivas. La psiquiatría, la psicología cognitiva y el psicoanálisis pueden definir para la biología las funciones mentales que deben ser estudiadas para una comprensión significativa y sofisticada de la biología de la mente humana.31
Kandel aboga por una reconsideración del psicoanálisis que atienda al avance de otras disciplinas y que, frente al aislamiento, se abra a influencias externas. Ello resulta complicado en cuanto el propio Freud, vilipendiado por los científicos de su tiempo, creía haber descubierto un campo de racionalidad, ajeno a la ciencia, que había elaborado como disciplina independiente.
Si bien la crítica a Freud, desde una perspectiva epistemológica, se ha concentrado en la reificación del inconsciente y su conversión de éste en una instancia subpersonal con características subjetivas, la ciencia cognitiva puede desmenuzar esta petitio principi ontológica en una serie de procesos concretos con contenido empírico. Al teorizar y descubrir el inconsciente, Freud estaba dando cuenta de sucesos reales, pero que en un marco empírico han de ser elucidados
30 E.R. Kandel, “Biology and the future of psychoanalysis: A new intellectual framework for psychiatry
revisited,” American Journal of Psychiatry, 156(4), 1999, p. 505. Cf. E.R. Kandel, “Psychotehrapy and the single synapse: The impact of psychiatric thought on neurobiologic research”, New England Journal of Medicine, 301, 1979, pp. 1028-37.
31 E.R. Kandel, “A new intellectual framework for psychiatry”, American Journal of Psychiatry, 155(4), 1998, p.
acudiendo a procesos antes que a instancias. Ese es el camino emprendido también por Jacques Lacan al procedimentalizar el inconsciente como lenguaje.
El error epistemológico de Freud vendría dado por su creencia de que los conceptos que vertebran su visión de la psique humana son la única interpretación posible de los fenómenos. Es ahí donde se desmarca de la ciencia experimental falsable.32 Si bien la creación de conceptos en ciencia juega un papel fundamental,
éstos, a falta de contrastación empírica, no son sino una interpretación de la naturaleza, antes que un modelo de explicación. Así nuestra tarea será intentar mostrar el contenido empírico de su concepción de la transferencia remitiéndolo a los conocimientos que se derivan de las ciencias cognitivas y neurociencia, haciendo del explanadum transferencia un explanans cognitivo. ¿En qué medida es posible un ajuste y una comprensión de la teoría freudiana en diálogo con las ciencias cognitivas? Ésta sería pues la tarea que llevaré a cabo en la segunda parte de este estudio, dotar de contenido empírico a una teoría por medio de la elucidación de un término teórico a través de otras teorías; elucidar el halo enigmático que rodea al psicoanálisis, su marchamo mitológico que previene el diálogo con otras disciplinas. Para ello me pareció oportuno llevar a cabo una genealogía del concepto de transferencia mediante la cual se pueden observar las hondas raíces epistémicas del método que forjó Freud. Así, éste siempre estuvo comprometido con cierto ideal positivista de ciencia basado en su experiencia. Partimos de su pensamiento no tanto para justificarlo, para demostrar la certeza de sus aserciones, sino con el fin de completar la tarea que él comenzó.33
32 D.P. Spence, The rhetorical voice of psychoanalysis: Displacement of evidence by theory, Cambridge, 1994. 33Cf.M. Solms “Preliminaries for an integration of psychoanalysis and neuroscience”, op. cit. “Más bien,
volviendo a las raíces neuropsicológicas del psicoanálisis podemos obtener una nueva perspectiva sobre su relevancia para nuestras teorías actuales y prácticas clínicas,” L.M. Miller, op. cit., viii. En concreto Miller señala la relación entre tres conceptos alrededor de los cuales Freud elaboró su teoría, la histeria, los actos fallidos y los sueños, y su relación actual con la neuropsicología.
Si bien Freud comenzó con el intento de creación de una ciencia cognitiva completa, interdisciplinaria, tomando elementos de la biología y neurofisiología, ésta, al aislarse, se volvió rápidamente obsoleta, provocando su ostracismo bajo el sello de la independencia. De acuerdo con Kitcher dos teorías son interdependientes si al alterarse algún aspecto de la teoría que sirve de base a la teoría interdisciplinaria ésta también resulta alterada.34 El psicoanálisis perdió su
impronta interdisciplinaria que la ligaba a otras disciplinas más básicas. Nuestro camino es el contrario, buscar nuevas formas de correlación.35
Desde una perspectiva filosófica se debiera estímular el diálogo y reconocimiento mútuo de disciplinas enajenadas por la incomprensión y por las barreras alzadas, a menudo arbitrariamente, por las espúreas exigencias de una integridad metodológica de calado más sociológico que propiamente científico, en el sentido amplio de empresa racional.
Uno de los inspiradores de un nuevo estilo filosófico, Ludwig Wittgenstein, nos introducirá al psicoanálisis mediante su personal lectura de Freud. Precisamente es su valoración del psicoanálisis como mitología la que será reconsiderada mediante la elucidación de la transferencia. El propio Wittgenstein nos servirá de referencia para analizar dos visiones filosóficas acerca de la ciencia, una positivista, más centrada en la posibilidad de una referencia estricta del lenguaje, y otra basada en el lenguaje como juego, como hermenéutica.
34 P. Kitcher, Freud's Dream: A complete interdisciplinary science of mind, op. cit.
35 Así, frente a la propuesta de Watt, no resulta extraño que sólo con el abandono de los conceptos rudimentarios
del modelo energético-mecánico se pueda desarrollar el psicoanálisis en un diálogo interdisciplinario. “Es irónico que el abandono del antiguo modelo energético-mecánico de la transferencia -un modelo estrechamente
relacionado con los esfuerzos de Freud por establecer una base biológica para su psicología- haga ahora posible desarrollar relaciones más estrechas entre construcciones neuropsicológicas y psicoanalíticas.”
D.F. Watt, “Transference--A Right Hemisphere Event?: The Boundary Between Psychoanalytic Metapsychology and Neuropsychology”, Psychoanalysis and Contemporary Thought, (9)1, 1986, p. 52.
Un análisis de las críticas epistemológicas y metodológicas al psicoanálisis dará pie a la discusión de los problemas de éste como teoría y, en especial, la incapacidad de extraer hechos incontaminados de su propuesta clínica. La validez del psicoanálisis como heurística metodológica, los diversos niveles de análisis de los fenómenos transferenciales, su relación con la inteligencia artificial, la emergencia biológica y la incorporación, así como el problema de las otras mentes, son también analizados.
En cierto sentido nuestra tarea es similar a la propuesta 'centralista' de Daniel Dennett, relacionar explicaciones extensionales e intencionales.36 Poseemos una
teoría intencional de la mente como el psicoanálisis y una posible referencia extensional en las teorías que se aglutinan bajo las ciencias cognitivas. Su relación, diálogo e hibridación quizás permita un acercamiento a la relación entre sentido y referencia más allá de la reducción y la enajenación. El psicoanálisis no sólo produce una teoría del sentido, sino que permite alterar las raíces de la experiencia del sujeto. Mediante la transferencia se conseguiría la reconstrucción de creencias intencionales con efectos funcionales y comportamentales. Es así como el análisis de la transferencia puede abrirnos nuevas perspectivas a la hora de acometer un acercamiento al concepto cognitivo más básico y complejo, la conciencia.
Frente a otras terapias que se limitan a actuar sobre un síntoma concreto o le señalan al paciente la inadecuación de sus creencias acerca de ciertos estados de cosas, el psicoanálisis propugna una técnica que más que mostrar la incorrección del comportamiento a un sujeto le conviertan en agente, a diversos niveles, de sus respuestas y procesos, permitiéndole, en definitiva, adquirir conciencia de ciertas respuestas automatizadas que componen su comportamiento. Frente al 36 D.C. Dennett, Content and Consciousness, Nueva York, 1969, esp. p. 85. Cf. J. Hornsby, “Personal and
achatamiento del mundo que produce la psicología experimental que trata de explicar fenómenos complejos de la conducta humana como subir una escalera basándose en parametrizaciones, el psicoanálisis da buena cuenta del universo lingüístico, de la relación entre el significado, su producción intersubjetiva y su incorporación fisiológica, situándose entre las ciencias de la conducta, el procesamiento de información, y el significado.37
37 “Si el conocimiento humano no consiste en descripciones almacenadas ¿cuál es entonces la relación entre lo
que decimos y hacemos? Hablar ha de ser visto no como sacar lo que estaba ya dentro, sino como un modo de cambiar lo que está dentro. Hablar no es volver a declarar lo que ha sido puesto de modo subconsciente en el cerebro, sino en sí mismo una actividad de representación,” W.J. Clancey, Situated Cognition: On Human Knowledge and Computer Representations, Cambridge, 1997, p. 3. “Conceptualizar situaciones, problemas y acciones alternas implica inherentemente un aspecto de autoreferencia en el mecanismo perceptual-conceptual. Esto es, la comprensión de una persona de '¿qué está pasando?' es realmente '¿qué me está pasando a mí ahora?'” ibid., p. 27.
“Pude apreciar claramente, durante nuestro primer encuentro personal, en el año 1907, la alta significación que Freud atribuía a los fenómenos de la transferencia. Después de una conversación de muchas horas, se produjo una pausa. De pronto Freud preguntó, inopinadamente: ‘¿Y qué piensa usted de la transferencia?’ Respondí con la más honda convicción que era el alfa y el omega del método analítico. A lo cual él repuso: ‘Entonces ha comprendido usted lo principal’.”
Reevaluación del Descubrimiento de la Transferencia
El hallazgo de la transferencia puede ser considerado uno de los sucesos vertebrantes del sistema psicoanalítico,38 su condición de posibilidad. La propia
evolución del pensamiento acerca de la transferencia prosigue, en sus rasgos generales, una cronografía que ha sido delineada por los principales biógrafos de Freud.39 Si Freud va elaborando su teoría en contacto con su experiencia clínica, a
través del tratamiento con sus pacientes, el papel clave de la transferencia, no sólo como medio terapéutico, sino como punto de apoyo de sus ulteriores investigaciones, no puede ser infravalorado.
Claro está que el pensamiento de Freud se ha de incardinar dentro del conocimiento terapéutico y teórico propio de su época. Sus conceptos, sólo a medida que se vuelven sistemáticos se independizan del contexto en el que se habían generado, creando una discursividad y un campo de saber nuevo. Según Isabelle Stengers, Freud poseía la pretensión de hacer tabla rasa frente a cualquier
38 Dos de los principales especialistas en la primera fase del pensamiento de Freud sontienen que “se puede
afirmar hoy en día, con una certeza casi plena, que el descubrimiento de la transferencia fue el primer descubrimiento capital de Freud, aquel que abre el camino a todos los que seguirían...” L. Chertok y R. de Saussure, Naissance du psychanalyste. De Mesmer à Freud, París, 1974, p. 147. Breuer, colaborador de Freud en sus Studien über Hysterie (1895), dirá que el fenómeno de la transferencia era el gran descubrimiento que debían ofrecer al mundo.
39 P. Gay, Freud. Una vida de nuestro tiempo, Barcelona, 1989. Así las tres partes centrales de la vida de Freud
son recortadas de acuerdo con una primera que trazaría su frontera con la siguiente alrededor de 1905 (Fundamentos 1856-1905). El caso de Dora escrito en 1901 y sólo publicado en 1905 entra justo dentro del período de inflexión en el que se sitúan otros casos clínicos discutidos por Freud. Así la segunda parte
(Elaboraciones 1902-1915) igualmente participa de un acontecimiento externo, el estallido de la Primera Guerra Mundial, que,no pudo dejar indiferente a nadie. Finalmente una última etapa vendría dada por las ampliaciones y correcciones (Revisiones 1915-1939) que lleva a cabo Freud hasta el fin de sus días. El estudio clásico de E. Jones, The Life and Work of Sigmund Freud (abreviado por L. Trilling y S. Marcus), Nueva York, 1961, sigue un patrón similar al dividir el devenir freudiano en una primera fase que llegaría hasta 1900 con la publicación de la Traumdeutung, una segunda que finaliza con el término de la contienda mundial (1919) y una última etapa que se extiende desde dicho año hasta su muerte. Veremos como estas cronografías son consistentes con el desarrollo del concepto de transferencia a lo largo de la obra de Freud y que éste es modificado de acuerdo con alteraciones en otros puntos de su teoría. Otras obras de calado mucho más crítico, M. Macmillan, Freud Evaluated. The Completed Arc, Amsterdam, 1991, no tratan de forma adecuada el desarrollo de la transferencia y simplemente lo refieren a las últimas formulaciones relativas a la repetición en la transferencia.
otro tipo de terapia previa y, si bien aprovechó las influencias a las que estuvo sometido, ciertamente su técnica supuso un giro epistemológico.40
De esta forma he incluido un desarrollo prefreudiano de la transferencia que no existía sino como amalgama de nociones acerca de la relación entre el médico y el paciente. A través de la evolución de su pensamiento llegamos a una revolución, una alteración fundamental de la tradición en la cual surge.
A su vez, el propio pensamiento psicoanalítico recibe diversas formalizaciones en el transcurso de la vida y obra de Freud.41 Por ello me pareció oportuno trazar
las discontinuidades dentro de éste con el fin de delimitar la polivalencia del concepto teórico en cuestión y su propia evolución. Diversos aspectos van ocupando una posición más o menos privilegiada en este desarrollo.
La transferencia representa, junto con el método psicoanalítico en conjunto, pero como pieza clave de éste, la introducción del sujeto en la medicina tal como discurriría hasta el padre de la antropología médica, Viktor von Weizsäcker. Podemos estar de acuerdo en afirmar que “...Freud, no sólo en el dominio de las neurosis, sino en el de la patología entera, ha llegado a ser la gran figura inicial en la empresa de personalizar el saber y el quehacer médico.”42 O, como señala
Foucault, Freud es el primero en atender a la relación médico-enfermo.43
40 I. Stengers, La volonté de faire science. À propos de la psychanalyse, Le Plessis- Robinson, 1996. 41 Así por ejemplo J. Sandler, C. Dare y A. Holder, El paciente y el analista, Barcelona, 1993, sostienen la
necesidad de un aproximamiento histórico y contextual a la hora de elucidar los conceptos analíticos, misma fórmula adoptada en el clásico Diccionario de Psicoanálisis de J. Laplanche y B. Pontalis. Por otro lado la división en fases del pensamiento freudiano ha de responder a criterios técnicos y conceptuales y no pude abarcar las diversas facetas de su obra, debido al propio carácter de ésta. Freud no abarca en su totalidad,
sistemáticamente, sus descubrimientos, sino que trata de alumbrar diversos territorios a medida que se producen sus avances.
42 P. Laín Entralgo, Historia de la Medicina, Barcelona, 1978, p. 635.
43 “...el médico disipa la enfermedad mental con el concepto crítico de la locura. De tal manera que no quede
más, fuera de las formas vacías del pensamiento positivista, sino una sola realidad concreta: la pareja médico-enfermo, en la que se resumen, se anudan y se desanudan todas las alienaciones. Y es por esto por lo que toda la psiquiatría del siglo XIX converge realmente en Freud, el primero que haya aceptado en serio la realidad de la pareja médico-enfermo, y que haya consentido en no apartar de allí ni sus miradas ni sus investigaciones, que no haya intentado ocultarla en una teoría psiquiátrica que tanto bien o mal armonizaba con el resto de la ciencia médica; el primero en haber sacado rigurosamente las consecuencias de esa realidad,” M. Foucault, Historia de la Locura en la Época Clásica III, Barcelona, 2002, p. 261.
Esta personalización se produce, no ya tanto como un reconocimiento del carácter individual del paciente, sino de una forma más profusa, como interacción, como relación en la que la figura del terapeuta y el paciente se interrelacionan. La imposibilidad de afirmar la presencia aislada del paciente, la irresolubilidad del síntoma sin la existencia de la transferencia, hace imprescindible la figura presente en el otro extremo de la relación.44
El sujeto cartesiano es criticado no sólo por el requisito del otro, sino por una interioridad conflictiva en la que diversos mecanismos imponen sus leyes ajenas e indeterminables; se produce una crítica extra e intrasubjetiva. Se introduce al hombre en la práctica médica mediante la destitución de su comprensión clásica como sujeto, no ya como objeto de saber, sino como realización, en conexión, en movimiento. Un saber empírico, una techné, pues, del único tipo posible, quizás, en las ciencias del hombre, que no se desenvuelve en la objetivación del sujeto, en las operaciones realizadas sobre él, sino que se produce en la interacción. Techné también en el sentido de delimitación entre praxis y theoría: práctica, como terapia, y teórica, en tanto construcción conceptual.
Uno de los problemas de la investigación interdisciplinar entre psicoanálisis y ciencias cognitivas ha sido la falta de precisión conceptual a la hora de abordar una posible elucidación. Hace falta aclarar el propio explanandum para poder remitirlo a un explanans adecuado, pues los conceptos psicoanalíticos sólo de manera indirecta se refieren a los conceptos de la psicología general.
Nuestra aproximación optará por mostrar la aportación de Freud en su discurrir temporal. Éste siempre creyó en una cierta objetividad de su descubrimiento y 44 Hasta el punto que hay autores que opinan que sólo en la interacción se produce el inconsciente, así J.-D.
Nasio, en sostiene en Les Yeux de Laure, París, 1987, que “la transferencia analítica es el equivalente al inconsciente”, p. 48, es decir, somete a cuestión la existencia del propio inconsciente más allá de la relación que se produce en el análisis.
luchó frente a las heterodoxias debido a la importancia de su hallazgo,45 una nueva
forma de afrontar al otro y tenderle la mano.
45 “El psicoanálisis, como cualquier otra rama de la ciencia sólo, puede ser estudiado provechosamente en su
evolución histórica, nunca como un cuerpo de conocimiento perfeccionado, y su desarrollo estuvo íntima y peculiarmente relacionado con la personalidad de su fundador,” E. Jones, op. cit., p. xx.
Figura 1.1. Jerónimo del Bosco- La extracción de la Piedra de la Locura (1475-80). El Bosco, pintor
renacentista irreverente donde los hubiese, muestra en esta pintura un espejo bordeado por una inscripción que reza: “Maestro quítame la piedra. Mi nombre es Lubbert Das.” Vemos una vivisección del cerebro con el fin de extraer la 'piedra de la locura'. El que lleva a cabo la operación posee un embudo, signo de su estupidez, y una bolsa de dinero. Así mismo, acompañando a las figuras centrales, encontramos un fraile con expresión de sorpresa, como si el maestro realizase algún tipo de milagro, y una monja, esta última con un libro sobre la cabeza, a modo de sombrero. El resultado, la extracción de una flor negra de la cabeza del paciente, diverge del previsto.
1.0. Genealogía de la transferencia
: Magnetismo, sugestión e hipnosis
El surgimiento del estudio supuestamente empírico de la mente podemos retrotraerlo al siglo XVIII, a la Ilustración. Aunque existen indicios de prácticas previas,46 éstas se encuentran envueltas en un halo misterioso, no sólo en relación
a su propio ejercicio, sino en cuanto a las fuentes que poseemos al respecto. Sólo la derrota de l’Infâme, de lo oculto y de la superchería, mediante la luz de la razón, pudo introducir el estudio de la mente en un ámbito, al menos, pre-científico.
Así se suele situar como punto de arranque las prácticas de Franz-Anton Mesmer(1736-1815).47 En un período de consolidación del newtonianismo frente al
cartesianismo, de la propagación de leyes universales más que de mecanismos particulares para la explicación de los fenómenos naturales, Mesmer abre en París una consulta para el tratamiento de desórdenes nerviosos48 creyendo en la
existencia de cierto fluido universal, con semejanzas al pneuma estoico, que unía a todos los seres y, en concreto, a los seres humanos entre sí.49
Según Ellenberger, el magnetismo de Mesmer vendría a ser la otra cara de la moneda en la que también se encontraría el exorcismo, tal como lo practicara el célebre padre suizo Gassner. Éste trataba ciertas enfermedades del alma a través 46 En el primer capítulo de F.H. Ellenberger, The Discovery of the Unconscious. The History and Evolution of
Dynamic Psychiatry, Londres, 1970, se abordan algunos de estos antecendentes. Pedro Laín Entralgo realiza una profunda exégesis de los tratamientos pre-psicoterapéuticos en la antigua Grecia en La curación por la palabra en la Antigüedad clásica, Barcelona, 1984. Sobre la relación entre poder y capacidad de sanación así como de la interacción de las esferas divinas y terrenas cf. el estudio clásico de M. Bloch, Les Rois Thaumaturges, París, 1997. Aún hoy en día se anuncia un curso de postgrado o Master en exorcismo de dos meses de duración que comenzó en el año 2005 en el Athenaeum Pontificium Regina Apostolorum.
47 Previamente podemos observar la existencia de ciertas aserciones teóricas acerca de su contenido y
surgimiento tales como las reflejadas en el diálogo entre empiristas y racionalistas, un caso ejemplar podrían ser las Consideraciones acerca del entendimiento humano de Locke y las Nuevas consideraciones acerca del entendimiento humano de Leibniz, ambas carentes del sentido práctico propio de la psicoterapia tal y como la conocemos.
48 Cf. por ejemplo J. Ehrenwald, The history of Psychotherapy: From Healing Magic to Encounter, Nueva York,
1976. F. Rausky, Mesmer ou la révolution thérapeutique, París, 1977. Las obras de Mesmer se encuentran en F.-A. Mesmer, Le Magnétisme Animal, París, 1971.
49 La importancia simbólica y operativa del concepto de fluido en el arte curativo clásico está bien documentado
en M. Foucault, Historia de la Locura en la Época Clásica, II, México, 2000. Así el fluido estaba relacionado con la inmersión y la purificación; igualmente ofrecía un medio en el que la transmisión de cualidades se hacía posible. “En este medio fluido, se hace el intercambio universal de cualidades,” ibid., p. 490.
de los ritos del exorcismo. El propio Mesmer, al dar su opinión acerca de las prácticas de Gassner sostenía que éste mismo estaba, sin saberlo, utilizando el
magnetismo animal,50 en lo que creía que era expurgación demoníaca. Dos
técnicas diferentes obedecían a un mismo principio actuante.
El magnetismo respondía a la teodicea ilustrada cuya asimilación de Dios y naturaleza, Deus sive Natura, no permitía la actuación de ninguna instancia divina ajena a la propia consustancialidad de las cosas. Por tanto, en el estudio de los fenómenos anímicos habría que prescindir de toda referencia a creencia mítica o religiosa alguna. La ciencia natural iría absorbiendo la omnisciencia divina en favor de explicaciones inmanentistas, relativas al orden visible. Newton y su ley universal gravitatoria habrían supuesto un apoyo decisivo y contundente a la idea de un Dios conservador de la naturaleza, deista (Natura), frente al omnipotente creador cristiano (Deus).
Hay también una referencia a Descartes y su idea de espíritus animales insita en el pensamiento de Mesmer. Para Descartes éstos serían como un aire sutil o “…más bien como una llama muy pura y viva que, subiendo continuamente en abundancia del corazón al cerebro, [y] se distribuye de ahí por los nervios a los músculos y da el movimiento a todos los miembros.”51
El interés médico de Mesmer se va desarrollando con la imposición de imanes a ciertos miembros de las clases altas de su Viena natal. A lo largo de sus indagaciones empieza a conjeturar cómo la curación que observaba en algunos de sus magnetizados no podía deberse a la simple presencia de un imán y es así que 50 Hay indicios de ideas cercanas al magnetismo en una obra que parece haber sido escrita por Herman
Boerhaave, An Essay on the virtue and efficient cause of magnetical cures, Londres, 1743. Su autoría, dudosa, pondría sobre la pista del magnetismo a uno de los fisiólogos más ejemplares del siglo XVIII.
51 R. Descartes, Discours de la Méthode, V. Así mismo el Dictionnaire de l'Académie Française de 1762 se
refiere a estos ‘esprits’ como pequeños cuerpos ligeros, sutiles e invisibles, que llevan la vida y el sentimiento a las partes del animal. Nótese la relación con el éter y la pérdida de toda connotación animista por una
habrá de sostener la existencia de un fluido universal, de idéntico porte a la ley gravitacional newtoniana. Éste permearía todo tipo de organismos, produciendo sus modificaciones una variedad de afectos y padeceres. Pasa así de una práctica a la formulación de una teoría.
Recurriendo a la analogía galénica, la enfermedad se entendía no ya como una alteración interna, un desequilibrio de los fluidos, sino como una distribución incorrecta de una especie de fluido externo y universal en un individuo, sobre su constitución orgánica. Se pasaba así de la metáfora mecanicista a otra de tipo universal legalista, presupuesto de toda ciencia natural; igualmente se situaba al individuo en complejos estructurales superiores a éste, en los que se insertaba como simple nodo o gozne. Se cuestionaban, pues, los presupuestos del humanismo y el antropocentrismo, al igual que lo hiciesen los descubrimientos científicos de ese período.
Junto con la aceptación de los postulados newtonianos se sucede una oleada de anticartesianismo que niega uno de sus principios fundamentales. De acuerdo con éste uno puede adquirir un conocimiento interno, personal, mucho más profundo del que se puede llegar a poseer del mundo externo, el llamado paradigma de interioridad. Otra crítica que empieza a elaborarse es la relativa al materialismo, que acabará con la supuesta división ontológica entre res extensa y cogitans, entre dos tipos de substancia, y tendrá como resultado último el monismo. El monismo materialista de la ciencia tal y como llega hasta nuestros días, preconizado por hombre-máquina de La Mettrie, y delineado por Vesalio y su De humanis corporis fabrica.
En resumidas cuentas, los principios del sistema de Mesmer serían los siguientes: