I. Psicoanálisis
1.0. Genealogía de la transferencia
: Magnetismo, sugestión e hipnosis
El surgimiento del estudio supuestamente empírico de la mente podemos retrotraerlo al siglo XVIII, a la Ilustración. Aunque existen indicios de prácticas previas,46 éstas se encuentran envueltas en un halo misterioso, no sólo en relación
a su propio ejercicio, sino en cuanto a las fuentes que poseemos al respecto. Sólo la derrota de l’Infâme, de lo oculto y de la superchería, mediante la luz de la razón, pudo introducir el estudio de la mente en un ámbito, al menos, pre-científico.
Así se suele situar como punto de arranque las prácticas de Franz-Anton Mesmer(1736-1815).47 En un período de consolidación del newtonianismo frente al
cartesianismo, de la propagación de leyes universales más que de mecanismos particulares para la explicación de los fenómenos naturales, Mesmer abre en París una consulta para el tratamiento de desórdenes nerviosos48 creyendo en la
existencia de cierto fluido universal, con semejanzas al pneuma estoico, que unía a todos los seres y, en concreto, a los seres humanos entre sí.49
Según Ellenberger, el magnetismo de Mesmer vendría a ser la otra cara de la moneda en la que también se encontraría el exorcismo, tal como lo practicara el célebre padre suizo Gassner. Éste trataba ciertas enfermedades del alma a través 46 En el primer capítulo de F.H. Ellenberger, The Discovery of the Unconscious. The History and Evolution of
Dynamic Psychiatry, Londres, 1970, se abordan algunos de estos antecendentes. Pedro Laín Entralgo realiza una profunda exégesis de los tratamientos pre-psicoterapéuticos en la antigua Grecia en La curación por la palabra en la Antigüedad clásica, Barcelona, 1984. Sobre la relación entre poder y capacidad de sanación así como de la interacción de las esferas divinas y terrenas cf. el estudio clásico de M. Bloch, Les Rois Thaumaturges, París, 1997. Aún hoy en día se anuncia un curso de postgrado o Master en exorcismo de dos meses de duración que comenzó en el año 2005 en el Athenaeum Pontificium Regina Apostolorum.
47 Previamente podemos observar la existencia de ciertas aserciones teóricas acerca de su contenido y
surgimiento tales como las reflejadas en el diálogo entre empiristas y racionalistas, un caso ejemplar podrían ser las Consideraciones acerca del entendimiento humano de Locke y las Nuevas consideraciones acerca del entendimiento humano de Leibniz, ambas carentes del sentido práctico propio de la psicoterapia tal y como la conocemos.
48 Cf. por ejemplo J. Ehrenwald, The history of Psychotherapy: From Healing Magic to Encounter, Nueva York,
1976. F. Rausky, Mesmer ou la révolution thérapeutique, París, 1977. Las obras de Mesmer se encuentran en F.- A. Mesmer, Le Magnétisme Animal, París, 1971.
49 La importancia simbólica y operativa del concepto de fluido en el arte curativo clásico está bien documentado
en M. Foucault, Historia de la Locura en la Época Clásica, II, México, 2000. Así el fluido estaba relacionado con la inmersión y la purificación; igualmente ofrecía un medio en el que la transmisión de cualidades se hacía posible. “En este medio fluido, se hace el intercambio universal de cualidades,” ibid., p. 490.
de los ritos del exorcismo. El propio Mesmer, al dar su opinión acerca de las prácticas de Gassner sostenía que éste mismo estaba, sin saberlo, utilizando el
magnetismo animal,50 en lo que creía que era expurgación demoníaca. Dos
técnicas diferentes obedecían a un mismo principio actuante.
El magnetismo respondía a la teodicea ilustrada cuya asimilación de Dios y naturaleza, Deus sive Natura, no permitía la actuación de ninguna instancia divina ajena a la propia consustancialidad de las cosas. Por tanto, en el estudio de los fenómenos anímicos habría que prescindir de toda referencia a creencia mítica o religiosa alguna. La ciencia natural iría absorbiendo la omnisciencia divina en favor de explicaciones inmanentistas, relativas al orden visible. Newton y su ley universal gravitatoria habrían supuesto un apoyo decisivo y contundente a la idea de un Dios conservador de la naturaleza, deista (Natura), frente al omnipotente creador cristiano (Deus).
Hay también una referencia a Descartes y su idea de espíritus animales insita en el pensamiento de Mesmer. Para Descartes éstos serían como un aire sutil o “…más bien como una llama muy pura y viva que, subiendo continuamente en abundancia del corazón al cerebro, [y] se distribuye de ahí por los nervios a los músculos y da el movimiento a todos los miembros.”51
El interés médico de Mesmer se va desarrollando con la imposición de imanes a ciertos miembros de las clases altas de su Viena natal. A lo largo de sus indagaciones empieza a conjeturar cómo la curación que observaba en algunos de sus magnetizados no podía deberse a la simple presencia de un imán y es así que 50 Hay indicios de ideas cercanas al magnetismo en una obra que parece haber sido escrita por Herman
Boerhaave, An Essay on the virtue and efficient cause of magnetical cures, Londres, 1743. Su autoría, dudosa, pondría sobre la pista del magnetismo a uno de los fisiólogos más ejemplares del siglo XVIII.
51 R. Descartes, Discours de la Méthode, V. Así mismo el Dictionnaire de l'Académie Française de 1762 se
refiere a estos ‘esprits’ como pequeños cuerpos ligeros, sutiles e invisibles, que llevan la vida y el sentimiento a las partes del animal. Nótese la relación con el éter y la pérdida de toda connotación animista por una
habrá de sostener la existencia de un fluido universal, de idéntico porte a la ley gravitacional newtoniana. Éste permearía todo tipo de organismos, produciendo sus modificaciones una variedad de afectos y padeceres. Pasa así de una práctica a la formulación de una teoría.
Recurriendo a la analogía galénica, la enfermedad se entendía no ya como una alteración interna, un desequilibrio de los fluidos, sino como una distribución incorrecta de una especie de fluido externo y universal en un individuo, sobre su constitución orgánica. Se pasaba así de la metáfora mecanicista a otra de tipo universal legalista, presupuesto de toda ciencia natural; igualmente se situaba al individuo en complejos estructurales superiores a éste, en los que se insertaba como simple nodo o gozne. Se cuestionaban, pues, los presupuestos del humanismo y el antropocentrismo, al igual que lo hiciesen los descubrimientos científicos de ese período.
Junto con la aceptación de los postulados newtonianos se sucede una oleada de anticartesianismo que niega uno de sus principios fundamentales. De acuerdo con éste uno puede adquirir un conocimiento interno, personal, mucho más profundo del que se puede llegar a poseer del mundo externo, el llamado paradigma de interioridad. Otra crítica que empieza a elaborarse es la relativa al materialismo, que acabará con la supuesta división ontológica entre res extensa y cogitans, entre dos tipos de substancia, y tendrá como resultado último el monismo. El monismo materialista de la ciencia tal y como llega hasta nuestros días, preconizado por hombre-máquina de La Mettrie, y delineado por Vesalio y su De humanis corporis fabrica.
En resumidas cuentas, los principios del sistema de Mesmer serían los siguientes:
(1) Un sutil fluido físico llena el universo y forma un medio de conexión entre el hombre, la tierra y los cuerpos celestes e igualmente entre los hombres. (2) La enfermedad surge de la distribución desigual de este fluido en el cuerpo humano, la recuperación se logra cuando dicho equilibrio se restaura. (3) Con la ayuda de ciertas técnicas, este fluido puede ser canalizado, guardado y transferido a otras personas. (4) De esta manera se pueden provocar ‘crisis’ en los pacientes y, de esta forma, curar enfermedades.52
La función del terapeuta, según Mesmer, sería restablecer el equilibrio de este fluido dirigiendo las corrientes magnéticas que se encuentran dispersas en el paciente. El magnetismo surge así como técnica que trata de forma genérica y universal un fenómeno en el que la presencia del magnetizador es, no obstante, requisito imprescindible. Mediante sus pases magnéticos, el magnetizador era capaz de dirigir cierta cantidad de este fluido a través del cuerpo del paciente: el magnetizador se convertía en canalizador de dicho fluido.
Uno de los postulados de la ciencia iluminista, su validez universal, no debía verse desmentida por la peculiar relación paciente-enfermo:53 el magnetizador era
simple medium de este proceso. En física, la imposibilidad de la detección de un mecanismo subyacente a la ley universal de gravitación ya había sido puesta en tela de juicio y sus acciones a distancia en forma de leyes universales provocaron en primera instancia una suspicacia generalizada.
En el tratamiento de una tal Fräulein Österlin que sufría de parálisis, diversos dolores y extremos cambios de humor, Mesmer fue capaz de notar cierta periodicidad en su enfermedad y entendería que una serie de movimientos planetarios estaban vinculados a dichos padecimientos. Los imanes le permitían
52 F.H. Ellenberger, op. cit., p. 62.
53 A este respecto cf. la obra de Pedro Laín Entralgo, La relación médico paciente, Madrid, 1983 y M. Foucault,
inducir un cambio del fluido que dependía de estos accidentes cósmicos, produciendo flujos artificiales.
Después de mucho tiempo manipulando los imanes, fue capaz de dispensarse de su uso, pues sostenía que su cuerpo estaba ya lo suficientemente cargado como para no necesitar los imanes. La explicación que daba Mesmer de los éxitos de Gassner se refería al hecho de que aquél poseía en su cuerpo una cantidad de magnetismo animal superior al suyo propio.
La propia disertación doctoral de Mesmer trataba la teoría gravitacional de Newton y la influencia de los planetas en el estado de los enfermos. Un Newton también conocido por sus estudios de alquimia y por su postulación en ellos de un poder o espíritu externo a la materia. Pasamos de la especulación acerca de un éter, que actuaría entre los planetas a un fluído que abarcaría todos los fenómenos, animales y humanos. En esta misma época se producían los primeros experimentos de Galvani y su descubrimiento de la electricidad animal, según él, presente en el animal diseccionado. Sólo la elaboración de Volta mostrará que era el contacto de los metales sobre los que se encontraba el animal, la creación de un circuito, lo que producía el efecto eléctrico; aún así la idea de un organismo conductor de fluido se mantendrá latente.
Si en un universo armónico sólo podía existir una ley universal, Mesmer estaría dentro de aquellos que pensaban que en el campo médico, aún en un estado precientífico, sólo existía una enfermedad y una cura. La enfermedad era un desarreglo del citado fluido y su forma de curación poseía un carácter muy preciso. Este magnetismo animal, “...debe, en primer lugar, ser transmitido a través del sentimiento.”54
54 Cit. en L. Chertok, “The discovery of the transference: towards an epistemological interpretation”,
De hecho, afirma que el factor determinante en el resultado positivo de la aplicación del fluido era la voluntad del magnetizado de ser magnetizado, lo cual implicaba la participación personal y directa del terapeuta en la terapia, incluso si no se le ascribía al terapeuta el misterioso poder de curar que Mesner había atribuído a los imanes. Éste no es el caso usual de un paciente confiando una parte de su cuerpo a un médico y su instrumental, un abandono de sí sobre el que el magnetista pudiese operar, sino la renuncia a su propia conciencia, y la voluntad de acomodarse a la conciencia y voluntad de otro.55
Se trataba de llevar al magnetizado a un estado de catarsis prelingüística, de tipo somático, en el que el magnetizador se convertía en amo de la voluntad del magnetizado, “un magnetizador, proclamaba Mesmer, es el agente terapéutico de sus curas: su poder reside en sí mismo. Para hacer la curación posible, debe primero establecer una relación, esto es, un tipo de ‘sintonía’ con su paciente.”56
La idea de un fluido, por su parte, parecía apuntar hacia una presencia física y objetiva, despersonalizada. Al igual que sucede con los planetas que siguen su órbita debido a su interacción, demostrable como relación matemática, el resultado de la terapia sería la restauración del orden, de la mensura en la relación.
Los tres caracteres esenciales en el sistema mesmérico son, pues, (α) la suposición de la existencia de un fluido, (β) la relación como medio de curación y (γ) el sentimiento como contenido de la relación entre magnetizador y magnetizado. Es importante que retengamos estas tres características pues serán sus oscilaciones, sus vaivenes dentro de las especulaciones subsiguientes, las que determinen el rumbo que reciba el magnetismo originario.
Sus prácticas, desde luego, no pasan inadvertidas. Por ello en Francia se encarga una comisión para el estudio del magnetismo formada por científicos de primera talla y dirigida por Bailly. Al no permitir Mesmer que se le investigase personalmente, la comisión realiza sus pesquisas con uno de sus discípulos, 55 A. Carotenuto, Kant’s Dove. The History of Transference in Psychoanalysis, Wilmette, 1991, p. 26.
Charles Deslon, y amplía su examen a las prácticas de Mesmer. Éstos dictaminarán que se trata de un fenómeno imaginario, es decir, que ocurre en el interior de la mente del magnetizado y que no se observa medida objetiva de fluido alguno.57 Si bien reconocían la producción de curaciones no encontraban rastro
alguno de medida cuantificable, la eficacia de su tratamiento no servía como prueba de su teoría acerca de la enfermedad, la práctica no era avalada por su epistemología.58 De este modo el primer pilar del modelo fluidista, su ontología
primigenia, recibe su primer gran revés.
Si la procedencia económica y social de los pacientes le permite a Mesmer llevar una vida sin preocupaciones, la cantidad cada vez mayor de personas que desean beneficiarse del magnetismo le hace elaborar un ingenioso artilugio, parte de la mitología magnética, el baquet, con el que poder curar a una multitud de pacientes.
...un tubo de roble especialmente diseñado para almacenar y transmitir el fluido magnético. El tubo, de unos cuatro o cinco pies de diámetro y uno de profundidad, poseía una tapa construida en dos piezas. En el fondo había botellas dispuestas en círculos concéntricos, algunas vacías y apuntando hacia el centro, otras contenían agua magnetizada y apuntaban hacia el perímetro. Había diversas capas de tales hileras. El tubo estaba lleno de agua, a la cual se añadían limaduras metálicas y cristal en polvo. Unas varillas de hierro que salían por los agujeros de la tapa eran dobladas en ángulos rectos, de tal forma que éstas pudiesen ser puestas sobre el área afectada del cuerpo del paciente. Así una serie de pacientes podían utilizar el
57 “Los comisarios no se darían cuenta de que constataban de esta manera la realidad de la acción psicológica
interpersonal: la relación de objeto precisamente,” L. Chertok y R. de Saussure, op. cit., p. 23. Relación de objeto es la relación del paciente con el mundo mediante sus representaciones y, en concreto, con el analista.
58 J.F. Kihlstrom, “Mesmer, the Franklin Comission and their Legacy,” paper presented at the celebration of
Mesmer Week, Department of Psychology, University of Wisconsin, Madison, 1984.
http://socrates.berkeley.edu/~kihlstrm/mesmer84.htm. Según nuestro esquema, los trabajos de Mesmer aparecen en el surgimiento de un giro epistémico que también conllevará las primeras prácticas de psicología
experimental. “El único método decisivo, (la comisión) concluyó, eran experimentos designados para revelar la propia naturaleza de los efectos mesméricos. De acuerdo con ello condujeron una serie de experimentos, aparentemente designados por Lavoisier, sobre voluntarios. Estos estudios pueden ser considerados como los primeros experimentos psicológicos formales –ciertamente son los primeros ejemplos del uso del método experimental en el estudio de psicología clínica y social.”
tubo a la vez. Se les animaba a aumentar el fluido magnético cogiéndose de las manos y creando, de esta forma, un circuito.59
Como vemos un mecanismo similar a las botellas de Leyden que el abad Noset y Musschenbrok harían populares en el siglo dieciocho, aparentemente más un artilugio de feria que un dispositivo médico. De nuevo las críticas de sus enemigos se harían patentes, sus pretensiones de ciencia no serían más que el resultado de la ignorancia y la debilidad de sus magnetizados. Precisamente del surgimiento del magnetismo proceden, a su vez, las pretensiones de formular aserciones universales y válidas acerca de los fenómenos referidos al alma o psicológicos, “desde ese momento, para los psicoterapeutas, el nuevo juramento hipocrático incluiría una nueva cláusula: la obligación de asumir una metapsicología.”60 En este sentido el magnetismo señala una clara línea de
demarcación con las especulaciones previas, lo que podríamos denominar el comienzo de una reflexión teórica, de un corte epistémico.
En Francia el movimiento comienza una fase de expansión. Pese a lo numeroso de sus detractores, los seguidores de Mesmer comienzan a llevar a cabo sus prácticas de forma secreta y se organizan en Sociedades de Armonía cercanas a la masonería. Se institucionaliza así el magnetismo, permitiendo su supervivencia y desarrollo y, a su vez, haciendo trascender las prácticas de su creador, generalizando las actividades magnéticas a sus sucesores. Pasamos de una práctica individual a una técnica generalizada.
Los dos discípulos más conspicuos de Mesmer comenzarán a devaluar la importancia de la idea de fluido, ya puesta en tela de juicio por el informe de Bailly,
59 A. Crabtree, From Mesmer to Freud, Yale, 1993, pp. 13-14 60 A. Carotenuto, op. cit., p. 4.
y se centrarán en el aspecto relacional, sosteniendo, en uno y otro caso, la preeminencia de uno de los dos polos.
De un lado, el reverendo José Custòdio Faria (1755 -1819), discípulo de Mesmer, será el primero en reconocer la capacidad regresiva del total sometimiento del paciente al magnetizador y sostendrá la primacía de la voluntad del paciente; abandona las especulaciones mesméricas acerca de un magnetismo universal y se centra en el paciente, le otorga una importancia subjetiva, ajena a ontología naturalista alguna. No se encargará tanto del fluido como entidad ajena al magnetizador y al magnetizado, sino que la propia voluntad de éste será la que dé lugar a la curación. Faría comienza a utilizar ciertas técnicas que serán retomadas por Braid, la fijación en un objeto, y la sugestión como la practicará Liébeault. Faría abre así el camino a lo que después sería denominado sugestión: no en vano se le considera el pionero de las ideas que dieron lugar a los postulados de la Escuela de Nancy.
El marqués de Puységur (1751-1825), discípulo aventajado de Mesmer junto con Faría, entenderá la voluntad del terapeuta como fundamental.61 Puységur
obtendrá los primeros resultados que podríamos denominar hipnóticos, aunque no fuese sino Braid, más tarde, quien acuñase el término. Puységur renuncia al contacto físico con el paciente y recurre a las palabras como medio de aproximación y alude a la sintonía, cercana a la idea de empatía.
Recreará así lo que se denominaba ‘sonambulismo magnético’, frente a las convulsiones animales del magnetizado alcanzadas por Mesmer. Se trata de un sueño en el que el magnetizado lleva a cabo las órdenes del magnetizador y
61 Así comenta: “Creo en la existencia dentro de mí de un poder. De esta creencia se deriva mi voluntad de