UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES E HISTORIA ESCUELA DE HISTORIA
IGLESIA Y TRANSICIÓN
El giro sociopolítico de la Iglesia Católica chilena tras el retorno a la democracia, 1990.1994.
NIZA BELÉN DUARTE GONZÁLEZ
Tesina para optar al grado de Licenciada en Historia
Profesora guía: Verónica Valdivia Ortiz de Zárate
Santiago, Chile 2013
A Dios, por iluminar no sólo esta investigación, sino también toda mi vida.
Agradecimientos:
Son muchos los agradecimientos, mucha la preocupación y sobre todo mucho el apoyo que tengo que retribuir.
En primer lugar, a modo de agradecimiento y homenaje a María Antonieta Huerta por invitarme a conocer nuestra querida Iglesia desde la Academia, por su generosidad y cordialidad.
De manera muy especial a Gaspar Jesús, por ser mi luz, por su paciencia y comprensión.
Todos mis esfuerzos y desvelos van dedicados a ti, con mi más puro y sincero amor.
A Felipe Martínez, por ser mi compañero y mi mayor alentador. Por creer de manera muy poco objetiva que soy la mejor, por no permitir que me rindiera en las múltiples oportunidades que sentí deseos de hacerlo. Mi amor y respeto es una forma de retribuirte.
A mi familia, Verónica, Bárbara, Aníbal Sebastián y Aníbal, por ser mi pilar fundamental, por ser el origen a partir del cual he construido mí historia, por sembrar los cimientos de estos 23 años. Por el amor, la admiración y los reproches. Todo lo que soy se lo debo a ustedes. De modo especial a mi padre por sus incesantes esfuerzos para brindarme todas las herramientas necesarias para alcanzar mis metas, principalmente por darme el mejor y el más valioso de todos los regalos; la educación. Te amo!. A mi madre, por ser mi guía, mi ejemplo y mi adoración, por la desinteresada y abnegada entrega al sustituirme en mi rol de madre en variadas oportunidades, sin tú ayuda nada de esto hubiese sido posible.
A Niza Herrera y Rosa Araos, por pedir en cada una de sus oraciones más fuerzas para mí, por realizar una silenciosa, pero muy preocupada entrega. Por sus fuerzas y cariños, fundamentales para llevar este proceso adelante. No me cabe duda, estarán muy orgullosas.
A Mónica Ramírez, por entregar su tiempo y todo su amor a Gaspar, porque ha sido absolutamente necesario contar con su ayuda para poder concluir esta etapa. Gracias por decir siempre ‘sí’, y más gracias aun porque sé que lo seguirá diciendo.
Infinitas gracias a Roberto Lazcano, por su amistad incondicional, su preocupación sin límites y su ayuda y apoyo siempre desinteresado. Su compañía ha sido fundamental en estos 5 cortos, pero muy intensos años en los que no sólo hemos concluido nuestras carreras, sino que también hemos forjado una maravillosa y sincera amistad.
Finalmente, pero no por eso menos importante a la profesora Verónica Valdivia, por su talento innato que me ha servido de ejemplo y de modelo a seguir. Por su entrega mucho más profunda y dedicada que lo meramente académico. Por la infinita paciencia que me ha tenido. Simplemente porque la admiro y le tengo un profundo cariño.
Gracias a Dios, por todo!!!
Índice
Dedicatoria……….2 Agradecimientos………3 Introducción………...5 Capítulo I: De grandes liberadores a fieles conservadores. El giro de la Iglesia Católica chilena hacia el conservadurismo y la moral, en la década de los
’90……….…11 1.1. Chile de los inicios de la transición. Razones internas en el proceso de giro…………13 1.2. El poder del papado. Razones externas e internacionales que intervinieron en el giro………18 Capítulo II: Nueva Evangelización: reconstrucción doctrinaria, dogmática y sacramental del país………22 2.1. Veritatis Splendor: el paradigma conservador como el esplendor de la verdad católica………..…25 2.2. De la mano del Evangelio: reconstrucción ética y moral de la sociedad chilena tras el retorno a la democracia……….30 2.3. Cartas para los fieles: el llamado de la jerarquía a revalorizar el amor, la familia y el matrimonio………34 Capítulo III: Protagonistas del cambio. Aliados y partidarios del giro de la Iglesia Católica chilena en los ’90………..…37 3.1. Aliados y alianzas: la Nueva Evangelización para Chile y los partidarios de su implementación……….39 3.2. Moral vigilada. Comunidades cristianas moralistas, excluyentes y conservadoras…...42 3.3. Política y religión. La alianza entre derecha e Iglesia Conservadora……….48 Conclusiones………52 Biliografía………...55
INTRODUCCIÓN
En marzo de 1990 Chile retornó a la democracia, tras casi 17 años de dictadura militar. El general Augusto Pinochet dejaba la conducción del país tras un plebiscito popular que puso fin a ese régimen, que desde septiembre de 1973 controló el país.
Comenzó de este modo el proceso de redemocratización, encabezado por el presidente Patricio Aylwin Azocar, quien gobernó desde 1990 hasta 1994, período que corresponde al marco temporal de este estudio.
Como se sabe, tras el golpe militar se instaló el terrorismo de Estado y la única institución que mantuvo su autonomía, enfrentando públicamente a la dictadura fue la Iglesia Católica. Ella logró impedir que el régimen penetrara en su jerarquía interna, constituyéndose en un espacio en el cual pudieron encontrar asilo y ayuda quienes eran perseguidos por causas políticas y los familiares de quienes ya habían sido víctimas del terrorismo de Estado, por eso se ha afirmado que la Iglesia Católica chilena se convirtió en
‘la voz de los sin voz’. Como ha sido señalado en números estudios, está actitud opositora se vio materializada en la fundación y exitoso desarrollo de la Vicaría de la Solidaridad, creada por el Arzobispo de Santiago, Cardenal Raúl Silva Henríquez, a quien se le adjudicó de manera personal la resistencia ofrecida por la Iglesia, recibiendo gran cantidad de acusaciones por parte de los militares, y los adherentes al régimen, de politizar la Iglesia e introducir en ella el “cáncer marxista”.
Una vez recobrada la democracia las instancias e instituciones encargadas de mantener la legalidad y el orden retomaron sus labores de forma regular, razón por la cual la Iglesia se marginó, concentrándose en los denominados temas “valóricos”, que caracterizaban al Chile libre y democrático: los “excesos” de libertad sexual social y la necesidad de rescatar los valores básicos, tales como la moral y la familia. A pesar que esto fue muy claro a partir de 1990, ya desde 1983 fue posible observar cambios en la jerarquía de la Iglesia, con el nombramiento como Arzobispo de Santiago del Cardenal Juan Francisco Fresno, quien fue poniendo cada vez mayor énfasis en el proceso de
“reconciliación” del país. Desde 1990 la Iglesia Católica chilena tomó distancia de los temas referentes a la dictadura militar y violaciones a los derechos humanos y se concentró en un proceso de carácter conservador.
Esta tesina pretende analizar el giro sociopolítico que exhibió la Iglesia Católica chilena durante el gobierno de Patricio Aylwin, considerando que la jerarquía no representa la totalidad de las opiniones dentro del episcopado. De modo más particular, se intentará precisar las razones que impulsaron este giro, desde una acción de lucha y protección por los derechos humanos, a una labor concentrada en la defensa de los valores y la familia, desde una óptica conservadora; asimismo, se especificará quiénes son los actores políticos y religiosos que impulsaron y/o formaron parte de este giro, además de identificar sus aportes e intervenciones. Por otra parte, indagaremos en el actuar del episcopado chileno, particularmente en cómo éste se concentró en desarrollar una reconstrucción doctrinaria, dogmática y sacramental del país, y por último, basándonos en la tesis planteada por Fernando Castillo Larraguirre analizaremos cómo y por qué la Iglesia Católica chilena experimentó una involución, de ser una Iglesia Liberadora a una Conservadora.1
Nuestra hipótesis plantea que en los años 1990-1994, la Iglesia Católica chilena abandonó la contingencia estrictamente político-institucional, para volcarse a la defensa y promoción de temas valóricos, relacionados principalmente con la familia, las conductas sexuales y la libertades morales. Este vuelco se debió a la intervención del Vaticano, particularmente del papa Juan Pablo II, pero también al proceso de liberación ocurrido en Chile a partir de 1990. Este giro eclesial representó una posición fuertemente conservadora, la cual se relacionó y potenció con las influencias políticas y religiosas conservadoras del país y de la derecha.
Para comprender el giro experimentado por la Iglesia Católica utilizaremos el concepto de conservadurismo. Como se sabe, el conservadurismo remonta a corrientes europeas que nacieron en el contexto de la Revolución Francesa: el conservadurismo cristiano2, el conservadurismo radical3 y el conservadurismo liberal.4
En el caso de Chile, el pensamiento conservador enraíza con los escritos de Alberto Edward, reforzados más tarde por las ideas de Jaime Eyzaguirre, quien otorgó al
1 CASTILLO Lagarrigue, Fernando. Iglesia Liberadora y política. ECO Educación y Comunicaciones:
Santiago, abril 1986.
2 NOLTE, Ernst. El fascismo en su época: acción francesa, fascismo, nacionalsocialismo. Editorial Península: 1967.
3 Ibid.
4 SANTA CRUZ, Lucía. Edmund Burke. Dos siglos después. Instituto de Chile. Academia chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales. Editorial Universitaria: 1990.
conservadurismo un marcado tradicionalismo católico, posicionando a la Iglesia Católica como el soporte ideológico de la derecha chilena, encontrando su respaldo en las encíclicas papales5. Otros estudios sostienen que hubo un resurgimiento del conservadurismo en el Chile post dictatorial, el cual habría buscado crear un cierto orden, por medio del cual homogeneizar las conductas de los chilenos. Tras el fin de la dictadura, el neoliberalismo y la globalización crearon los escenarios propicios para que Iglesia redefiniera sus vínculos con la derecha en un contexto de modernización del país, centrando su acción en la
“reconstrucción” de la familia.6 Ello habría permitido incorporar ideas conservadoras a las discusiones políticas de aquel entonces, relacionadas con el divorcio, el aborto, la libertad y educación sexual, entre otras.7
A partir de lo anterior, el presente estudio entenderá conservadurismo como el conjunto de ideas que conforman la cosmovisión y regulan las conductas de la Iglesia Católica, como también de la elite socioeconómica chilena. Tales ideas se centran en un discurso anti revolucionario, que entiende el orden social como un orden natural resultante de la voluntad de Dios y el cual no se debe intervenir; junto con esto resulta fundamental la existencia de la familia nuclear y dentro del matrimonio para un óptimo y pleno desarrollo del ser humano, pues es ésta el núcleo fundamental de toda sociedad. De acuerdo a ello se declara completamente contrario a todo tipo de iniciativa legal que pueda ir en desmedro de esa noción, tales como el divorcio, el aborto, aunque sea terapéutico, el matrimonio homosexual, entre otros. Estas últimas ideas comienzan a formar parte de las discusiones políticas del periodo a estudiar, por lo cual la Iglesia debe reforzar su discurso conservador y lo potenciará con el respaldo de los sectores conservadores.
Sobre el giro de la Iglesia Católica chilena a partir del retorno a la democracia, no existen muchos estudios, aunque sí sobre la Iglesia Católica. Algunos trabajos señalan que el destino de la nación ha permanecido fuertemente vinculado a la Iglesia Católica, por la preocupación de ella por el bienestar de su pueblo, lo cual la ha inducido a intervenir en la
5 RUIZ, Carlos. Corporativismo y hispanismo en la obra de Jaime Eyzaguirre. En Renato Cristi y Carlos Ruiz El pensamiento conservador en Chile: seis ensayos. Editorial Universitaria: 1992 y CRISTI, Renato y RUIZ Carlos. El pensamiento conservador en Chile: seis ensayos. Editorial Universitaria: 1992.
6 VERA, María Antonieta. Chilenos que importan: Familia y pensamiento conservador en Chile actual. En Centro de estudios para el desarrollo de la mujer Conservadurismo y transgresión en Chile: reflexiones sobre el mundo privado. Flacso: 2005.
7 GODOY Ramos, Carmen Gloria. Discurso católico, familia y géneros. En Centro de estudios para el desarrollo de la mujer Conservadurismo y transgresión en Chile: reflexiones sobre el mundo privado. Flacso:
2005.
vida política del país.8 En cuanto a los conflictos Iglesia-Estado se ha planteado que el momento más difícil entre ambas instituciones fue el de secularización.9
Otro de los períodos estudiados ha sido la década de los sesenta y los tres primeros años de los setenta, momento en el que se desarrolló un importante acercamiento entre la Iglesia y los sectores populares, influido por el Concilio Vaticano II (1959) y la Teología de la Liberación (1972), desempeñando además su ministerio a través de la opción por los pobres, proceso que se interrumpió en septiembre de 1973 tras el golpe de Estado.10
En cuanto a la relación de la Iglesia Católica y la dictadura militar, gran predominio han tenido las hipótesis que declaran a la Iglesia como “la voz de los sin voz” y que, a pesar de las diferencias de opinión dentro del clero con respecto al golpe de Estado, pronto la jerarquía de la Iglesia se declaró opositora de la dictadura y emprendió una tarea de resistencia y lucha.11 Se ha señalado que, sin tener una postura partidaria y política única, la Iglesia actuó en defensa de quienes en ese momento se encontraban desprotegidos y vulnerables. Se ha sostenido que la labor emprendida no fue una batalla política, ni ideológica de carácter izquierdista, sino más bien una lucha por el derecho a la vida y el resguardo de los derechos humanos, lo que decantó en el proceso pacífico y pactado que permitió el retorno de Chile a la democracia.12 En este sentido, se ha enfatizado que el actuar de la Iglesia Católica en oposición y resistencia a la dictadura militar no fue una actitud amparada en preferencias políticas, sino una labor emprendida desde el llamado del Evangelio.13
Con el retorno a la democracia, algunas investigaciones han concluido que existió por parte de la Iglesia Católica una clara voluntad por hacer un “repliegue religioso”, es decir, desligarse de los temas políticos propios de la dictadura y abocarse a una labor de
8HUERTA, María Antonieta y PACHECO, Luis. La Iglesia chilena y los cambios sociopolíticos. Pehuén:
1988., SERRANO, Sol ¿Qué hacer con Dios en la República? Política y secularización en Chile (1845- 1885), Fondo de Cultura Económica: 2008
9 KREBS, Ricardo, CORREA, Sofía, RIQUELME, Alfredo, SERRANO, Sol, ARANCIBIA, Patricia, PINTO, María Eugenia. Catolicismo y laicismo. Las bases doctrinarias del conflicto entre la Iglesia y el Estado en Chile 1875-1885. Ediciones Nueva Universidad: 1980.
10 FERNÁNDEZ, David. Historia Oral de la Iglesia Católica en Santiago de Chile. Desde el Concilio Vaticano II hasta el golpe militar de 1973. Servicio de publicaciones Universidad de Cádiz: 1996.
11 MENESES, Aldo. El poder del discurso. La Iglesia Católica Chilena y el Gobierno Militar. 1973-1984”.
Ilades-Cisoc: 1989
12 CORREA, Enrique y VIERA-GALLO José Antonio. Iglesia y Dictadura. Cesoc Ediciones Chile y América: 1986.
13 FERNÁNDEZ, David. Historia Oral de la Iglesia Católica en Santiago de Chile. Desde el Concilio Vaticano II hasta el golpe militar de 1973. Servicio de publicaciones Universidad de Cádiz: 1996.
restauración moral de la sociedad, actitud evidentemente conservadora.14 Con el avance de los estudios dedicados al rescate de la memoria, se sostiene que no existe dentro de la Iglesia una versión oficial que sea capaz de representar a todo el clero. Si bien la jerarquía obliga a que exista una versión oficial, ésta no logra incluir a todas las partes, pues su intención no es rescatar las memorias, sino más bien impedir una politización del clero para poder avanzar hacia la reconciliación nacional.15
Por otro lado, el Papa jugó un papel fundamental en el proceso de cambio de la Iglesia chilena, a partir de su intervención en el nombramiento de nuevos obispos, que volvió al clero chileno cada vez más conservador, permitiendo un mayor acercamiento a esas tendencias políticas y religiosas.16 Allí estaría la relación indisoluble entre elite y catolicismo, puesto que el modelo de vida y de familia católicos sería el patrón que rige las conductas de la clase alta en el caso de Chile, sean o no creyentes. El modelo de vida que ésta promueve sería, efectivamente, el cristal por el cual ven y desarrollan la realidad y es el discurso católico a través del cual justifican su actuar como clase.17
Desde el punto de vista del giro de la Iglesia Católica una vez iniciado el proceso de transición, ciertos estudios plantean que la Iglesia fue uno de los actores centrales del proceso de redemocratización, y que durante él fue estrechando fuertes vínculos con el ala más conservadora de la derecha, lo que llevó a buscar una reconstrucción valórica y moral del país, amparado fuertemente bajo el proyecto de familia y costumbres conservadoras.18 En cuanto a esto, existen estudios más categóricos aún, los cuales afirman que tras la dictadura militar, la Iglesia Católica vive un proceso de “involución”, un intento de disminuir la cercanía con el pueblo ocurrida en las décadas anteriores, y reemplazarla por nuevas alianzas entre la elite y el clero renovado, es decir los nuevos obispos
14RAMMSY, Claudio (editor). Iglesia y transición en Chile. Ediciones Rehue Limitada: 1990.
15 CRUZ, María Angélica. Iglesia, represión y memoria. El caso chileno. Siglo XXI editores: 2004.
16 OTANO, Rafael. Nueva crónica de la transición. Lom: 2006. (Capítulo 20 La Iglesia Católica cambia de piel.)
17 THUMALA, María Angélica. Riqueza y piedad. El catolicismo de la elite económica chilena. Ediciones Debate: junio 2007.
18 La Iglesia chilena desde 1973 a 1993: De de buenos samaritanos, antiguos contrayentes y nuevos aliados.
Un análisis politológico. En Teología y vida, volumen 47, n°1 (Santiago: 2006). Publicado en revista electrónica. http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0049-34492006000100004&script=sci_arttext, (consultada en agosto de 2011).
conservadores, que junto con el cambio en el arzobispado de Santiago darán inicio en 1983 al proceso de transición de la Iglesia Católica.19
En resumen, esta tesina buscará conocer más a fondo el proceso de transición desde la Iglesia Católica, centrándonos en el giro de su actuar a partir de 1990, y los acercamientos con la derecha, precisando las razones, tanto nacionales como internacionales, que impulsaron el giro de la Iglesia Católica chilena, desde una acción de lucha y protección por los Derechos Humanos a otra por los valores y la familia.
Desde un punto de vista metodológico, usaremos prensa de derecha, y fuentes internas de la Iglesia Católica, ya sean revistas, documentos episcopales, encíclicas papales, cartas, homilías y discursos de personeros de ella. El análisis de esta documentación estará guiada por el concepto de conservadurismo y se centrará en la búsqueda de discursos anti revolucionarios, los que entienden el orden social como un orden de carácter natural resultante de la voluntad de Dios y que no debe ser intervenido, junto con esto resulta fundamental rescatar en las fuentes las ideas que destaquen la importancia de la familia y su papel como núcleo fundamental de la sociedad, del mismo modo recoger aquella posiciones contrarias a la libertad sexual y nuevos tipos de familias.
19 Le Monde Diplomatique. Involución de la Iglesia Católica chilena. El catolicismo del siglo XXI. De la teología de la liberación al papa Benedicto XVI. Editorial: Aún creemos en los sueños: 2007. (Capítulo 1:
Involución y deriva conservadora en la Iglesia Católica chilena.)
CAPÍTULO I
DE GRANDES LIBERADORES A FIELES CONSERVADORES. EL GIRO DE LA IGLESIA CATÓLICA CHILENA HACIA EL CONSERVADURISMO Y LA
MORAL, EN LA DÉCADA DE LOS ’90.
En 1990, cuando la dictadura militar que había controlado al país durante casi dos décadas estaba llegando a su fin, también llegaba a su fin la fase liberadora de la Iglesia Católica chilena. Durante los años que duró la dictadura, sacerdotes, obispos e incluso arzobispos unieron sus fuerzas y poder social para desafiar la autoridad de los militares, siendo la única institución que logró mantener su autonomía y por ende ser la única instancia que podía entregar cierto resguardo y protección a quienes eran víctimas de persecución y atropellos a su dignidad y derechos. Consistente con ello, la Iglesia siguió estrechando lazos y generando mayores cercanías con algunos sectores políticos de izquierda y al mismo tiempo aumentando su interés y participación en los asuntos de la política contingente del país. Por ello, se crearon nuevas instancias dentro la misma Iglesia, para poder realizar de mejor manera la labor asumida, tal fue la Vicaría de la Solidaridad, por nombrar el ejemplo más emblemático. A este lugar acudían los familiares de detenidos desaparecidos, o quienes sentían temor a causa de la “casería” emprendida por los militares en contra de todos quienes resultaran ser enemigos de la patria, es decir, todos quienes formaran parte de la disidencia y oposición al régimen.
Como es sabido, el fin de la dictadura y el retorno a la democracia fue también un regreso al Estado de Derecho y junto con ello una restauración de las instituciones propias de un régimen democrático, lo cual significó que la Iglesia Católica ya no debía suplir su ausencia. De este modo, se fue consolidando un repliegue religioso que había comenzado a tomar forma desde la década de los ’80 con el retiro del Arzobispo de Santiago Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien fue identificado como el gestor de la acciones emprendidas por la Iglesia en favor de la libertad y de la vida y su reemplazo por el obispo Juan Francisco Fresno, más cercano a la corriente conservadora.
Este capítulo, tiene como propósito analizar las razones que llevaron a la Iglesia Católica chilena a dar un giro en su acción y relación con la sociedad y la contingencia político nacional. La Iglesia buscó dejar atrás la dictadura, su lucha por la defensa de los derechos humanos, acercándose más a una Iglesia conservadora, empeñada en la reconstrucción moral y valórica del país, que enfatizó el papel de la familia como núcleo básico de la sociedad y de la moral cristiana. e impedir la expansión y aceptación de ideas que atentaban contra el discurso y la esencia del catolicismo.
Por otra parte, las razones que llevaron a la Iglesia Católica a desarrollar este giro se enmarcan en dos orígenes Por una parte se encuentran las razones propias del acontecer y del contexto nacional, donde se hacía cada vez más fuerte y bullado el deseo de legislar
políticas respecto de la familia y la procreación. Por otra parte, en su origen también hubo razones de carácter internacional, que provenían directamente desde el Vaticano, que pretendía desvincular a la Iglesia y el clero de las relaciones con grupos de izquierda y de todo el activismo y participación que habían potenciado tiempo atrás el Concilio Vaticano II, la Teología de la Liberación, Medellín y Puebla.
Para una mejor comprensión del giro realizado por la Iglesia Católica chilena a partir de la década de los ’90, y como se explicó en la introducción, adoptaremos la tesis desarrollada por Fernando Castillo Lagarrigue, quien plantea que la Iglesia Católica en general, y muy fuertemente en América Latina vivió durante la década de 1960 una crisis de identidad, la cual provocó conflictos y diferencias de opiniones dentro del clero. Esta situación de crisis permitió la aparición de tres tipos de Iglesias dentro de un marco institucional unitario; la Iglesia Conservadora, la Iglesia Modernizadora y la Iglesia Liberadora. Del mismo modo podremos entender a la Iglesia como una institución independiente, autónoma y jerarquizada, pero que en su seno interno está compuesta por amplias y variadas opiniones y tendencias, las cuales son finalmente representadas por una sola voz; la de la jerarquía. De este modo, y aceptando lo planteado por Castillo es que consideramos que el giro de la Iglesia Católica chilena fue desde la Iglesia Liberadora hacia la Iglesia Conservadora, es decir, una involución.20
Como se señaló en la introducción, este giro conservador ha sido atribuido a la acción papal, la salida del Cardenal Silva Henríquez y el sucesivo nombramiento de obispos de tendencia conservadora.
Con respecto al giro de la Iglesia Católica y las razones que lo impulsaron se ha planteado que incluso antes de concretarse el retorno a la democracia ya se podía apreciar dentro de la Iglesia Católica un proceso interno de cambio y de transición, iniciando en 1983 cuando el Cardenal Raúl Silva Henríquez abandonó sus labores como Arzobispo de Santiago, al cumplir los 75 años de edad. Su sucesor designado desde Roma, Juan Francisco Fresno, logró mantener la calma durante los años en que ostentó el cargo, aunque su labor no fue de un total agrado para el Vaticano, logrando al menos poner fin al avance del liberalismo en la Iglesia Católica chilena, con medidas como el cierre de la Vicaría de la Solidaridad, por ejemplo. Con todo, tampoco estuvo en contra del sector progresista del clero. Posteriormente fue sustituido en su cargo por Monseñor Carlos Oviedo Cavada, quien se encontró en una postura intermedia o de ‘moderado’. Su exacerbada preocupación por asuntos de índole ético y moral fue una de las razones por las que Juan Pablo II confío en él aquel cargo de tanto peso en el país. Dicha preocupación la expandió al resto de la población, tanto al pueblo clerical, como a los políticos y la sociedad civil, por medio de cartas pastorales. 21
20 CASTILLO Lagarrigue, Fernando. Op. Cit.
21 Le Monde Diplomatique. Op. Cit. OTANO, Rafael. Op.Cit.
Considerando lo anterior, planteamos que al retornar Chile a la democracia en 1990 la Iglesia Católica chilena experimentó un giro en sus prioridades, ya que se desligó de manera pausada de los conflictos políticos heredados de la dictadura y concentró su labor y ministerio en una reconstrucción valórica y la consolidación moral de las familias chilenas, lo que desde nuestro punto de vista estuvo condicionado por factores nacionales e internacionales, particularmente por el Vaticano. De este modo, planteamos que los factores internacionales fueron determinantes en el giro, tratándose de un proceso proveniente desde
‘arriba’.
1.1. El Chile de los inicios de la transición. Razones internas en el proceso de giro.
El contexto nacional fue una razón muy fuerte y profunda en el giro experimentado por la Iglesia Católica desde una actitud liberadora hacia un regreso al conservadurismo. A pesar de que a muchos miembros de la nueva coalición política que se encontraba al mando del país no les gustaba el nuevo perfil que estaba adquiriendo la Iglesia, debieron aceptar el giro y callar ante estos los nuevos tiempos de cambio. En primer lugar, por el incesante afán de dejar atrás los conflictos y las polaridades dentro del país, pues no querían abrir paso a debates o conflictos que pudiesen generar discordia o quiebres en la unidad nacional.
La más importante dentro de las razones de carácter nacional que marcan este giro proviene del temor de los obispos del ala conservadora, de que las libertades que el régimen democrático les estaba otorgando a quienes habían vivido por años bajo un régimen dictatorial pudiese generar una degeneración de dicha libertad y transformarla en libertinaje y en la desintegración de los valores cristianos, los que habrían dominado las conductas de los chilenos a lo largo de toda su historia, sobre todo en el ámbito de la moral individual, de la sexualidad y de la familia.22 Dicha preocupación se pudo ver reflejada en las cifras, ya que se pudo observar una constante disminución en los matrimonios celebrados por parejas católicas, lo que generó un aumento en la cantidad de hijos nacidos fuera del matrimonio de un 20,2% al comenzar la década de los ’70 a un 34,3% en los primeros años de los ’90.23
Esta razón fue la que más impacto y consecuencias acarreó dentro del país, ya que para la Iglesia conservadora, la crisis moral podía estar presente en todas partes, debido a que por esos años, se discutían abiertamente temas tales como la educación sexual, los métodos anticonceptivos, la ley de divorcio y el aborto terapéutico. Asimismo, gran connotación y revuelo causó el aumento de víctimas y portadores del VIH, el cual registró su primer contagio en Santiago en 1984, sin embargo, al comenzar la década de los ’90 ya eran 400 las personas portadoras del virus, y de ellas 190 padecían la enfermedad, el resto
22 La Iglesia chilena desde 1973 a 1993: De de buenos samaritanos, antiguos contrayentes y nuevos aliados.
Op. Cit.
23 VALENZUELA, J. Samuel, TIRONI, Eugenio y SCULLY, Timothy R., editores. El eslabón perdido:
familia, modernización y bienestar en Chile. Santiago: Taurus, 2006.
hasta ese momento solo eran portadores24. Estas fueron las razones principales que alarmaron al clero conservador, pues veían en estos temas un desmoronamiento de la familia, núcleo básico de la sociedad y por supuesto una “crisis moral” que amenazaba muy de cerca con desarticular y deslegitimar los valores cristianos.
En una de sus ediciones, a principios de 1990, la derechista revista Qué Pasa anunciaba que “diversos estudios realizados en colegios privados y municipales prueban que los estudiantes de enseñanza media llevan una vida sexual activa”25. A causa de esta
“alarmante” revelación, se comenzó a difundir en la mayoría de los colegios de Santiago, y otros tantos de regiones, programas de educación sexual, los cuales estaban no solo orientados en los valores cristianos del respeto y el amor, sino que además habían sido creados por la misma Iglesia. “La Comisión Nacional de Pastoral Familiar del Arzobispado de Santiago, por su parte, elaboró un ‘Programa de Educación al Amor y Sexualidad” como guía para padres y educadores.”26 Sin embargo, en la misma edición se indicaba que los folletos y programas de educación sexual que se impartían en ciertos colegios, y que no habrían sido diseñados por la Iglesia, habrían generado la alarma entre los sectores políticos de derecha y en la Iglesia conservadora, pues el contenido al cual aludían se concentraba meramente en un tema biológico, pasando por alto el contenido valórico y de amor que debía inculcar un sistema de información sexual.27 Para la Iglesia Católica, existía una preocupante y extensa brecha entre moral y sexualidad. Una encuesta realizada en agosto de 1993 señalaba que en la década de los ’70 un 38% de la población consideraba inaceptables las relaciones sexuales premaritales, mientras que al comenzar la década de los 90% solo un 18% de la población las consideraba como malas28.
Pero la educación sexual no fue el único tema que causó revuelo y discusiones entre la Iglesia y el Estado, y en algunas ocasiones entre la Iglesia y la sociedad. Con la llegada de los ’90 y el regreso a la democracia se comenzó a discutir con mayor frecuencia y en círculos sociales cada vez más extensos la legalización del divorcio y del aborto.
Hasta el año 2004 Chile se encontraba dentro de los dos únicos países en el mundo donde el divorcio estaba completamente prohibido. Durante los años noventa la discusión sobre este tema se fue extendiendo con gran rapidez, y los diversos grupos interesados en la resolución del conflicto se organizaban y unían fuerzas intentando ser escuchados por las autoridades respectivas29. Pero la aceptación de una ley en favor del divorcio no estuvo en manos de las autoridades, es decir, de la Concertación de Partidos por la Democracia, pues la mayoría de los partidos que conformaban este conglomerado se declaraban abiertamente
24 FERNÁNDEZ, Eugenia. “Chile con Sida: una pesadilla real”. Qué Pasa: 7 junio 1990. P.49, 50, 51.
25 MARÍN, Carolina, MERINO, Mariana. “Novedad en las aulas”. Qué Pasa: 1990. P. 34.
26 Ibid. P. 35.
27 Ibid.
28 “Discusión moral”. Qué Pasa. 14 agosto 1993. P. 36.
29 THUN, Mala. Sexo y Estado. Aborto, divorcio y familia bajo dictaduras y democracias en América Latina.
Ediciones Diego Portales: 2010.
a favor del divorcio. Como reflejo de esto es posible apreciar que dentro de la Democracia Cristiana 59,8% de sus miembros se declaraba a favor, mientras un 39,1% en contra; por su parte el Partido por la Democracia superaba estas cifras con un 70,5% a favor contra un 28,2% en contra, mientras que el más lejano en cuanto a los postulados de la Iglesia era el Partido Socialista dentro del cual existía un 77,5% a favor a diferencia de un 22,5% en contra. Sin embargo la legislación de Chile estaba amarrada al sistema binominal heredado de la dictadura, el cual aseguraba escaños en el Parlamento, los que en conjunto con los sectores de centro contrarios a legislar, lograrían frenar durante todos los años noventa la aprobación de una ley que aceptara el divorcio en nuestro país. La oposición política del periodo estaba representada por Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente. En RN un 44, 9% de sus militantes se declaraba a favor del divorcio mientras que un 55,1% estaba en contra, a diferencia de la UDI donde la opinión se repartía en un 50% por un lado y un 50% por el otro30. A pesar que UDI y RN reunían altas cifras de aceptación, fueron ellos quienes ayudaron a la Iglesia a frenar en el Congreso el intento de hacer efectivo aquel deseo de la sociedad.
No obstante, curiosamente, también existió cierto rechazo con respecto al divorcio desde la izquierda. Aunque la sociedad civil esperaba el máximo apoyo en cuanto a este asunto desde los sectores más laicos de la política, muchos resistieron pronunciarse sobre este tema, debido a que no querían enfrentarse a la Iglesia Católica, como señal de agradecimiento por todo lo que ésta hizo por ellos durante los años de la dictadura. Así, aunque la aprobación del divorcio se dejó sentir en todos los sectores sociales y políticos, muy pocos eran los que se atrevían a ‘lanzar la primera piedra’, otro tanto prefería no poner en discusión asuntos de carácter moral.31. Por su condición de radical y masón no dejó de llamar la atención cuando se presentó el anteproyecto de la ley de divorcio en el parlamento, que Benjamín Teplizky se levantara indignado y gritara a quienes promovían la idea; “¡Que se han creído ustedes! La Iglesia Católica lo sacó de los campos de concentración en defensa de los derechos humanos y al poco tiempo de democracia nosotros le respondemos con esto”32. La opinión de Benjamín Teplisky era bastante común entre los miembros políticos del restaurado sistema democrático, aunque en las encuestas muchas declarasen estar a favor, pero en la práctica preferían esperar a que otros tomaran la iniciativa, pues existía un sentimiento de fidelidad y agradecimiento a la Iglesia.
Mientras tanto, por la otra vereda, la Iglesia Conservadora también se encargaba de hacer pública su opinión, la que fue representada por el obispo de San Bernardo, Orozimbo Fuenzalida, quien formaba parte del selecto grupo de obispos conservadores elegidos por el
30 VITERI, María Antonieta. “Relaciones en conflicto”. Qué Pasa. 3 agosto 1990. P. 28.
31 Abogado, periodista, académico y político radical y masón. Formó parte de la Unidad Popular. Durante la dictadura militar estuvo detenido en Isla Dawson, Regimiento Buin, Ritoque y Tres Alamos, posteriormente partió al exilio hasta agosto de 1987. Desde 1995 fue miembro del gabinete del Presidente Eduardo Frei.
Murió el 3 de agosto de 1997.
32 OTANO, Rafael. Op. Cit.
Papa Juan Pablo II para restaurar la Iglesia chilena. Era además el más antiguo de los Obispos del período, y asumió cargos y responsabilidades dentro del Episcopado Latinoamericano, gracias al impulso que le otorgó el Santo Padre. En una entrevista realizada en 1990 le preguntaban:
“¿Qué le parece que un gran porcentaje de chilenos esté a favor del divorcio?”
Se debe a un secularismo naturalista que hace perder la moral en la familia y en la sociedad.
Hay una corriente permisivista que ha hecho perder el sentido de admiración ante el mal. Los medios de comunicación social son como agentes de amoralidad para ganar más plata. Existe también un descuido no falto de culpabilidad de nuestra parte al no enseñar en forma constante la moral católica. Hay una cierta tendencia peligrosa a una moral de situaciones, más que a la moral que el magisterio permanente de la Iglesia nos enseña.33
Según explicaba, el divorcio significaba romper el plan de Dios y abandonar a los hijos cuando el amor de los padres unidos les es mucho más urgente y necesario, a la vez que aseguraba la resolución de los conflictos sobre violaciones a los Derechos Humanos no era un tema que le competiera a la Iglesia. La opinión del Obispo Fuenzalida era mucho más que una opinión aislada y personal, pues representaba la postura y opinión de todo el clero conservador y por sobre todo, estaba representando la opinión y el proyecto del Vaticano. Estas ideas se vieron ratificadas y respaldadas en agosto de 1990, cuando desde la jerarquía de la Iglesia Católica se emitió un comunicado que amenazaba con excomulgar34 a todos los parlamentarios que legislaran a favor del divorcio. Naturalmente la negación ante el divorcio por parte de la Iglesia se debía a la participación tripartita del sacramento católico, en la cual los cónyuges se juraban amor mutuamente y de por vida en el nombre de Dios, siendo Dios el testigo de dicha unión35. No deja de sorprender el hecho de que desde 1884, por la ley de matrimonio civil, la Iglesia Católica ya no posee el monopolio de las uniones matrimoniales, en el caso de Chile. No obstante, hasta la época aun mantenía un fuerte principio de indisolubilidad y una gran cuota de autoridad moral y cultural acerca del matrimonio. Es decir, la Iglesia seguía teniendo voz y voto a la hora de tomar decisiones referentes al matrimonio, aunque en términos legales careciera de esas competencias.
En definitiva, el divorcio fue una de las razones relevantes dentro del acontecer nacional que impulsaron el giro de la Iglesia liberadora hacia una Iglesia conservadora. La importancia de la protección del matrimonio radicó no solo en la mantención y protección de la familia como núcleo básico de la sociedad, sino también por el valor que el
33 GRUNEFELD, Mariana. “La amnistía es una forma de procurar la paz”. Qué Pasa: 13 septiembre 1990. P.
17.
34 Cabe destacar la profunda importancia que tiene para la Iglesia y para todos los católicos la excomunión, es la deslegitimación absoluta de un católico con la Iglesia y la religión, es la expulsión definitiva e irrevocable del seno de la Iglesia y de la doctrina y la prohibición de obtener cualquiera de los sacramentos del credo católico.
35 THUMALA, María Angélica. Op. Cit.
matrimonio tiene como sacramento cristiano. Promover el divorcio era ir en contra del plan de Dios, y era por lo demás aceptar ciertas libertades que el Papa estaba luchando por erradicar.
Otra de las razones propias del acontecer nacional que afectaron y alentaron el giro de la Iglesia liberadora a la Iglesia conservadora fue el referido al aborto. El aborto terapéutico fue legal en Chile hasta 1989, cuando el general Pinochet lo eliminó del código sanitario, como parte de las leyes de amarre que caracterizaron el paso de la dictadura a la democracia.36 Tal decisión consistió en otro de los temas morales y valóricos que puso en jaque la relación entre la sociedad, la política, y la Iglesia. En este caso es posible hablar de
“la Iglesia”, pues todos los sectores de esta institución independientemente de sus tendencias, ideas o preferencias, rechazaban el aborto bajo cualquiera de sus condiciones, ya fuera o no terapéutico.
El aborto no fue un tema de discusión dentro del Parlamento. Su estrecha relación con la violación del derecho a la vida fue razón suficiente para que muy pocos políticos se atrevieran a darle su respaldo en el Congreso. El conflicto estuvo marcado principalmente por la lucha emprendida por grupos de feministas y liberales que planteaban la necesidad de legislar el aborto como un asunto de salud pública y libertad individual, mientras que los conservadores y todos quienes se oponían al aborto lo entendían como una necesidad de proteger la vida, los derechos humanos, los valores y la moral familiar. En términos de partidismo, los políticos que apoyaban la legalización del aborto eran en su mayoría de izquierda, no solo por su condición de ateos, sino que además por un asunto de justicia social, pues las mujeres de clase alta tenían la posibilidad de intervenir sus embarazos en clínicas privadas y con las medidas de salubridad necesarias, mientras que las mujeres con menores ingresos debían someterse al mismo tratamiento, pero en condiciones deplorables, en cuanto a seguridad e higiene.37
Para el aborto no hubo mucho espacio para la discusión, pues fue un tema más delicado aún que el divorcio y por lo tanto fueron casi nulos los intentos desde el Parlamento por crear un anteproyecto. Nadie quería generar un debate tan conflictivo como el relacionado con la vida. La Iglesia se mantuvo firme en su postura, y se mantiene hasta el día de hoy, abortar significa asesinar una vida inocente38.
Estas preocupaciones se instalaron al interior del clero chileno y principalmente del Arzobispado de Santiago. Desde el inicio de su episcopado Monseñor Oviedo se enfrentó a la compleja labor de no decepcionar las expectativas del Vaticano, ni tampoco enfrentarse con el clero más progresista de la Iglesia chilena, que por esos años era bastante numeroso.
Con su carta “Moral, Juventud y Sociedad Permisiva”, de marzo de 1991, Oviedo dejó
36 THUN, Mala. Op. Cit.
37 Ibid.
38 Ibid.
bastante en claro cuáles eran las prioridades de la Iglesia Católica chilena en su relación con la sociedad civil y el miedo que existía al “desenfreno sexual”, el temor extendido a una sociedad “libertina” y promotora de la “indecencia” y por sobre todo la necesidad de clausurar los debates relacionados al divorcio o al aborto, pues todo eso debilitaba el vínculo familiar y de ese modo se estaba erosionando la base valórica de la sociedad chilena. Al comenzar la década de los ’90 se hizo evidente que el paulatino alejamiento de la Iglesia con los temas políticos propios de la dictadura no era un alejamiento de la política en general, pues amplió su participación y presión sobre la discusión de temas considerados
“conflictivos”, tales como el aborto, el divorcio, la píldora del día después, etcétera. A esto se le llamó la “crisis moral”, ya que al comenzar la última década del siglo XX eran numerosos los movimientos que exigían la solución a estas demandas.
El Arzobispo afirmaba que:
“La verdad y última explicación de este deterioro moral, sin embargo, hay que buscarlo en el debilitamiento de la fe. Sin fe, o con una fe debilitada, no hay moral que pueda sostenerse. Tanto entre quienes no tienen fe, como entre aquellos que la han abandonado, y entre los propios católicos, el inadecuado desarrollo de la conciencia religiosa ha hecho que se haya ido atrofiando y pervirtiendo el sentido de la <<libertad de conciencia>>, de tal manera que ha desembocado en una situación que cada uno hace en su vida afectiva lo que quiere, sin limitación alguna, como también en sus acciones políticas, económicas y sociales, o en cualquier ámbito de la vida diaria.”39
En suma, los cambios en la sexualidad de los chilenos fueron entendidos al interior de la Iglesia como problemas de fe y mal uso y abuso de las libertades propias del ser humano. Lo que el Arzobispo buscaba advertir era que de no seguir el camino y la voluntad de Dios la libertad era malgastada y de ese modo poco a poco se llegaría a perder la fe.
1.2. El poder del Papado. Razones externas e internacionales que intervinieron en el giro.
En el mundo católico los deseos por reformular al clero latinoamericano progresista y liberador no emergieron solo del ala conservadora chilena, sino que también tuvo gran influencia y protagonismo el Vaticano. En el mundo católico la situación era paradójica, pues el Papa Juan Pablo II, antes de ser Papa, cumplió un papel fundamental en la situación política de su Polonia natal, participando e interviniendo en reiteradas ocasiones en asuntos ajenos a su ministerio, con la intención de intervenir y mejorar la situación que enfrentó Polonia ante la URSS durante la Guerra Fría. Sin embargo, una vez asumida su labor como cabeza de la Iglesia mundial no dudó a la hora de tomar medidas drásticas para frenar el
39 OVIEDO Cavada, Carlos. Documentos Pastorales. Tomo I Cartas Pastorales. Departamento de Opinión Pública, Arzobispado de Santiago (DOP): abril 1998. P. 69 y 70.
progresismo y liberalismo del clero latinoamericano, lo que a su parecer significaba una politización del clero40.
Con respecto a la situación de nuestro país en particular, una vez finalizado el arzobispado del Cardenal Raúl Silva Henríquez, el Vaticano dio inicio a una ‘oleada’ de nombramientos de obispos conservadores y de una promoción social de los católicos de derecha. El propósito era erradicar la influencia de la Teología de la Liberación, y concentrar la atención del mundo católico en asuntos morales y valóricos. Para lograr esto desde el Vaticano llegaron las órdenes a nuestro país de reubicar en cargos inferiores dentro de la jerarquía y de enviar al extranjero a realizar nuevos estudios a los obispos más influyentes de la Iglesia Liberadora, “la idea inicial era (…) convencer a los obispos más progresistas de abandonar el discurso de ‘verdad y justicia para la reconciliación’ y que privilegiaran el beneficio de la paz social definitiva, acogiendo finalmente la orientación papal de abandonar los temas de contingencia para abrir un tiempo dedicado exclusivamente a tareas evangelizadoras.” 41 En reemplazo de aquellos que fueron removidos de sus cargos o enviados al extranjero, ascendieron a los cargos de obispos de las nunciaturas más importantes del país miembros del ala conservadora. Entre 1980 y 1983 siete de los diez cargos más importantes de Chile fueron asignados a conservadores, y a finales de los ochenta el Vaticano realizó tres cambios más en los cargos influyentes, nombrando como obispos auxiliares a dos clérigos conservadores y otorgando el cargo de Obispo a quien en ese entonces era la cabeza del Opus Dei42. Entre todos los nombramientos de obispos realizados por el Vaticano destacaron las personalidades más conservadoras y que en su momento entregaron un fuerte apoyo y respaldo a la dictadura militar; Jorge Medina, Antonio Moreno, Adolfo Rodríguez (Opus Dei), Rafael de la Barra, Cristián Caro, Luis Gleisner, Felipe Bacarreza, Renato Hasche y Orozimo Fuenzalida, a quien ya mencionamos anteriormente.
Sin embargo, el arzobispado de Santiago -la arquidiócesis más importante de todo el país- escapó a estos planes. El nombramiento de Monseñor Carlos Oviedo como su guía no fue a causa de esta estrategia, sino por las circunstancias y la deserción de Monseñor Jorge Medina, que recibió fuertes y duras críticas por parte de los miembros de la Concertación, quienes lo acusaron de omisión en cuanto a temas de derechos humanos y llegaron incluso a enviar una carta al Papa para que reevaluara tal designación43. Esta situación provocó que Medina renunciara al cargo a las pocas horas de haberlo aceptado. La designación de Oviedo iba en contra de los planes del Papa Juan Pablo II, debido a que no estaba dentro del hermético mundo conservador, ni tampoco eran miembros de las nuevas prelaturas promovidas y potenciadas por el Vaticano, tales como; el Opus Dei, Shoesntatt y
40 La Iglesia chilena desde 1973 a 1993: De de buenos samaritanos, antiguos contrayentes y nuevos aliados.
Op. Cit.
41 CORDOVA, Hugo. “La última misión”. Qué Pasa. 3 julio 1993. P. 14.
42 THUN, Mala. Op. Cit.
43 “Nuevo Arzobispo: y Medina no fue”. Qué Pasa. 5 abril 1990. P. 12.
Legionarios de Cristo. Al menos no era miembro activo de la Iglesia Liberadora, aunque en su historial se encontraban causas como la lucha por la defensa de la dignidad y la vida, en la diócesis de Calama, la cual tuvo a su cargo durante los años de la dictadura44.
Con la ayuda de los miembros del clero más conservador, se pudo ir reconstruyendo la jerarquía conservadora y las orientaciones fundamentales de la Iglesia. A pesar que en su interior las opciones eran numerosas y en algunos casos opuestas, todas estas “Iglesias” con diferentes opiniones eran representadas por una sola voz, la de la jerarquía, la cual gozaba de poder incuestionable y por lo demás, respaldada por el Vaticano. Esta nueva Iglesia fue creando un grupo de seguidores fieles y sumisos al Papa que lograron privatizar de tal forma su círculo de relaciones e influencias que en realidad leían lo mismo, pensaban lo mismo, predicaban lo mismo, y practicaban lo mismo45, cerrando de este modo las puertas de la nueva Iglesia al pueblo humilde, a aquel pueblo que había sido incorporado en su totalidad al seno de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla. El pueblo que estrechó lazos y alianzas con la Iglesia Liberadora a partir de los sesenta, quedó fuera de la Iglesia Conservadora a partir de los noventa, en cuanto a su papel de actores protagónicos, no obstante para Juan Pablo II los pobres siempre ocuparon un lugar muy importante a lo largo de su papado.
La otra razón de carácter externo a la realidad nacional que provocó grandes y profundos cambios en la Iglesia Católica chilena, fue el gran rechazo que el Papa Juan Pablo II sentía por el marxismo y todo tipo de acción desde la Iglesia que pudiese confundir las relaciones entre el clero y el pueblo y pudiese terminar en una politización de la Iglesia.
Por otro lado, fue posible observar a su vez la manera a través de la cual el discurso conservador logra relegitimarse en la sociedad chilena a pesar de haber pasado algunas décadas relegado a círculos de menos influencia, a causa de su desventaja cuantitativa. “Es completamente asombrosa la manera en que el conservadurismo patriarcal siempre se las arregla para recrear las condiciones óptimas para su propia supervivencia.” 46, el conservadurismo que resurge en los ’90 no es el mismo que ha dominado el imaginario nacional, desde los tiempos de la colonia hasta los gobiernos conservadores de los principios de la República. Este nuevo conservadurismo está adaptado a los nuevos tiempos y a sus respectivos cambios, y que gracias a un impulso desde el Vaticano y el respaldo de la jerarquía nacional, logró imponerse nuevamente como verdad y como dogma en la reconstrucción de la democracia en Chile.
En definitiva, las razones que impulsaron el giro de la Iglesia Católica chilena desde una opción por la política contingente de la dictadura, hacia un rescate de los valores y la
44 J.V. “Monseñor Carlos Oviedo: El álbum del Arzobispo”. .Qué Pasa. 3 mayo 1990. P. 22 y 23.
45 OTANO, Rafael. Op. Cit.
46VERA, María Antonieta. Op. Cit. P. 36.
moral cristiana de la sociedad chilena, se vio influenciada por factores nacionales como internacionales. A pesar de que éstas razones tuviesen otros temas de trasfondo, resultó transversal a todas las razones, la de alejar de las acciones y pensamientos de la miembros de la Iglesia todas aquellas actitudes cercanas al marxismo o a la perdida de los valores esenciales de la sociedad, y de las familias como promotora del orden y del legado católico.
Capítulo II
NUEVA EVANGELIZACIÓN: RECONSTRUCCIÓN DOCTRINARIA, DOGMÁTICA Y SACRAMENTAL DEL PAÍS.
“Existen muchos signos de una Iglesia más bien conservadora que está retrocediendo más allá de lo que fueron los logros del Concilio Vaticano II, incluso negándolo. Se ha vuelto a constituir un fuerte clericalismo por sobre el pueblo de Dios. Así que hasta hoy los catequistas y los laicos más activos están supeditados a este modelo de los clérigos que tienen marcadas visiones autoritarias y conservadoras.”
Pedro Zavala, teólogo.47
Desde su llegada al poder máximo de la Iglesia Católica en 1978, Karol Wojtyla dio muestras claras de su desagrado por el comunismo en todas sus expresiones y con ello su deseo de poner fin al sistema ateo, motivado además por su experiencia personal en su país natal, Polonia48. De este modo, comenzó una discreta labor por reestructurar todas las Iglesias a nivel mundial, fortaleciendo el carácter conservador de cada una de ellas y limitando el avance de los sectores progresistas o aperturistas que habían comenzado a tomar fuerza a partir de los años sesenta y que estaban causando como consecuencia, según la postura conservadora, la politización de la Iglesia y de la mayoría del clero progresista.
Debido a esto, particular atención del Romano Pontífice recibió la situación de América Latina, ya que en esta zona del planeta el Concilio Vaticano II caló de manera profunda en su población, tanto laica como en el cuerpo clerical.
Fue justamente en Latinoamérica que surgieron respuestas importantes en torno al llamado efectuado por medio del Concilio Vaticano II, ya que la situación política, social, y económica del continente generaba – y sigue generando- grandes brechas sociales y abismantes desigualdades económicas. Fue así que surgió una nueva corriente teológica de gran magnitud y promotora de fuertes cambios en la realidad latinoamericana, la “Teología de la Liberación”, que complementó su línea liberadora con las conferencias de Medellín
47 Le Monde Diplomatique. Op. Cit. p. 12.
48 Así quedó demostrado en su Encíclica Centesimus Annus, publicada el 1 de mayo de 1991, en la cual manifestó que el socialismo es un régimen opresor, el cual viola los derechos del trabajador y que estos dos motivos fueron los responsables de las revueltas ocurridas en Polonia, ya que la experiencia de la opresión le permitió a los trabajadores polacos darse cuenta que el socialismo realmente no los representaba. Además de esto, en la misma encíclica Juan Pablo II aseguró que “la experiencia histórica de los países socialistas ha demostrado tristemente que el colectivismo no acaba con la alienación sino que más bien la incrementa al añadirle la penuria de las cosas necesarias y la ineficacia económica”. Encíclica Centesimus Annus, 1 mayo 1991. Disponible en : http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp- ii_enc_01051991_centesimus-annus_sp.html
(1968) y Puebla (1979). En éstas últimas, los Obispos del continente se reunieron a definir la línea de acción del Episcopado latinoamericano, cargando la balanza fuertemente hacia los sectores populares en términos sociales, y de izquierda en términos políticos.
Estas instancias de acercamiento entre el pueblo y la Iglesia Católica se fueron fortaleciendo cada vez más en el transcurso de los años sesenta, setenta y parte de los ochenta. Debido a ello, fue que Juan Pablo II concentró su trabajo en una serie de medidas que buscaron reincorporar a los altos cargos de la jerarquía a obispos de la línea conservadora y fieles al estilo de la “Nueva Evangelización”.
Durante los años que transcurrieron entre el ascenso al poder del Santo Padre (1978) y el retorno a la democracia en el caso chileno (1990), el Vaticano realizó una serie de nombramientos de Obispos conservadores, para fortalecer y consolidar una jerarquía seguidora de la línea wojtyliana y ajena a conflictos políticos, sociales y de derechos humanos. En este sentido destacaron figuras como Jorge Medina (Obispo de Rancagua), José Miguel Ibañez (Opus Dei), Antonio Moreno (Obispo de Concepción), Víctor Gambino (Vicario de la Educación) y Orozimbo Fuenzalida (Obispo de San Bernardo).
Sin embargo, una vez recobrada la democracia y ya encontrándose prácticamente consolidada la jerarquía conservadora chilena, fue necesario realizar un trabajo más profundo y minucioso, abocado a la particularidad del país y de su gente, de las costumbres y prácticas de los fieles de la Iglesia. De este modo, los obispos seguidores del Papa emprendieron la reconstrucción doctrinaria, dogmática y sacramental del país. Es decir, buscaron erradicar la línea liberadora que habían impuesto sus homólogos en el período anterior, con el fin de despolitizar tanto a clérigos como a laicos, y concentrar los intereses de los chilenos en temas valóricos, morales y éticos. A pesar que a la cabeza de la diócesis de Santiago –la diócesis más importante e influyente del país- se encontraba el Cardenal Carlos Oviedo, quien se definió en una postura moderada, el resto de los cargos correspondientes a la jerarquía estuvieron ocupados casi en su totalidad por miembros del ala más conservadora de la Iglesia, lo que significó que la influencia ejercida por los partidarios de la “Nueva Evangelización” tuvo mayor fuerza y respaldo desde el Vaticano que el sector de tendencia moderada.
El panorama social y particularmente juvenil no era muy alentador para la ética social del período. Una encuesta realizada en conjunto por el Episcopado y el Centro Bellarmino reveló que la postura de los jóvenes católicos ante el divorcio se encontraba equitativamente dividida, un cincuenta por ciento de las opiniones apoyaba una ley de divorcio, mientras que la otra mitad se oponía tajantemente49.
El presente capítulo tiene como propósito identificar cuáles fueron las acciones adoptadas tanto por la Iglesia Católica chilena, como por el Vaticano para reconstruir los
49 MYFSUD, Tony, S.J. Mensaje. Los jóvenes y la ética sexual ¿rebeldes sin causa?. Octubre 1990, n°393.
dogmas, la doctrina y los sacramentos propios del catolicismo conservador, los cuales habían dejado de ser la primera prioridad para la Iglesia Liberadora. A la cabeza de la jerarquía chilena en el período anterior, y a causa de sus prioridades y orientaciones, abocaron sus mayores esfuerzos a las relaciones con los sectores marginados de la sociedad, tanto por razones políticas, económicas, ideológicas, etc. En este sentido, buscaremos identificar aquellas acciones que tuvieron una misión en particular, y no medidas universales como lo fue la designación de obispos conservadores realizada desde el Vaticano. La Nueva Evangelización se encontraba en una posición algo contraria al repliegue religioso al cual habían sido llamados los obispos y presbíteros chilenos (y mundiales). Pero la única forma de poder generar un cambio en las conductas sociales y en las orientaciones políticas fue estar inmiscuidos en el acontecer nacional, ya fuera en las relaciones al interior de los templos, como también en las discusiones que por esos años se estaban efectuando al interior del Congreso. Es por ello que buscaremos precisar cuáles fueron esas medidas adoptadas, y cómo se implementaron, sabiendo que al interior de la Iglesia existían muchas opiniones contrarias y opuestas en cuanto a las prioridades y acciones que debían llevar a cabo la jerarquía.
Diversos estudios e investigaciones han planteado y ratificado el importante e incuestionable rol político que la Iglesia Católica chilena ha poseído desde su arribo a Chile en el siglo XVI. Desde el proceso de Conquista, la conformación de la República hasta nuestros días, ha sido una institución muy ligada al poder del Estado. No obstante, a pesar de su separación en 1925 la Iglesia ha mantenido su constante relación y atención por los asuntos de gobernabilidad, ya que su fin principal es la preocupación y el bienestar de la sociedad en su conjunto. Debido a ello, y a su prestigio como institución es que la postura de la Iglesia ha significado la legitimación o deslegitimación de los diversos gobiernos y sus acciones. Por esta causa, es que se asevera que a lo largo de los cuatro años que transcurrieron en el proceso de transición a la democracia, resultó imposible legislar a favor del divorcio, a pesar del numeroso y fervoroso apoyo de la población a esa iniciativa.
Además de esto, las actitudes adoptadas y determinantes acciones ejecutadas por la jerarquía habrían sido la última palabra en cuanto a asuntos de moral, familia y ética.50
De acuerdo a lo anterior, en este capítulo planteamos que a partir de 1990 la jerarquía de la Iglesia Católica chilena adoptó ciertas medidas y emprendió algunas tareas con el propósito de reconstruir y fortalecer el dogmatismo, la doctrina y el carácter sacramental en la forma de vida del país. Todo esto con el claro objetivo de frenar las ideas liberales que comenzaron a tomar fuerza en el discurso social y político tras el retorno a la democracia, tales como el divorcio, el aborto terapéutico, la libertad sexual, la homosexualidad, la propagación del VIH, entre otros. La motivación principal de esta tarea fue la presión ejercida desde el Vaticano por despolitizar a la Iglesia y concentrar su
50 Véase THUN, Mala. Op. Cit., OTANO, Rafael. Op. Cit. THUMALA, María Angélica. Op. Cit.., CRUZ, María Angélica. Op. Cit., HUERTA, María Antonieta y PACHECO, Luis. Op. Cit.
atención en temas de índole conductual, objetivo al que se denominó “Nueva Evangelización”. Ella se planteó como la tarea de los miembros de la Iglesia Católica a través de la cual debían atraer y reconquistar a los fieles que se habían distanciado de la Iglesia y de sus postulados, seducidos por corrientes de pensamiento más liberales, las cuales no imponían un deber ser, ni tampoco principios ni valores. De este modo, las tareas realizadas por la jerarquía chilena fueron consistentes con el llamado a la Nueva Evangelización y el compromiso de la Iglesia Conservadora para con el Papa.
2.1. Veritatis Splendor: el paradigma conservador como el esplendor de la verdad católica.
La iniciativa adoptada desde el Vaticano por impulsar un proceso de Nueva Evangelización fue una medida extendida a nivel mundial, ya que el contexto social, político y cultural que dominaba en el imaginario de la época, en que asumió como Sumo Pontífice Karol Wojtyla, era la Guerra Fría, la bipolaridad mundial y la constante lucha entre dos potencias capaces de todo con tal de triunfar. De este modo, en un contexto en el cual todo estaba íntimamente relacionado con la política, la Iglesia conservadora se sintió en la urgente necesidad de despolitizar a los fieles de la Iglesia progresista, pero principalmente a todos aquellos que componían el cuerpo clerical. Gran incidencia en este sentido marcó la experiencia del Santo Padre en su Polonia natal, la cual, en su condición de satélite de la URSS, sufrió en carne propia. No obstante, el deseo de Juan Pablo II por sepultar al marxismo no significó un anhelo por ver triunfar al capitalismo, pues para el Papa este sistema económico, político e ideológico también debía someterse a una sería reestructuración si no quería llegar a su fin, pues el nivel de desigualdad que provocaba el capitalismo atentaba contra la dignidad humana, y por ende atentaba contra la moral cristiana51, aseguraba Su Santidad.
Fueron principalmente por estas razones, que el llamado a la Nueva Evangelización fue de alcance mundial, y se extendió a todos aquellos países en los cuales el catolicismo contaba con adeptos y el Papa representaba su máxima autoridad. Junto con el llamado a los fieles a cooperar y comprometerse con la Nueva Evangelización a lo largo de todo el mundo, el Papa complementó este proceso con una nueva Encíclica, publicada en agosto de 1993; Veritatis Splendor.
Dicha Carta fue dirigida particularmente a los Obispos de la Iglesia Católica, ya que en sus manos está designada la labor de guiar y orientar al pueblo católico al buen actuar y con ello ayudarles a alcanzar la salvación. Junto con esto, el contenido de la Encíclica estuvo concentrado en aspectos fundamentales sobre la enseñanza moral de la Iglesia, y por ende brindó una respuesta al relativismo moral que supuestamente reinaba en los actos y las conciencias de los fieles, del mismo modo, reafirmó la autoridad moral que le compete a la
51 Juan Pablo II. Encíclica Centesimus Annus. 1 mayo 1991.